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[LotA] Kuroyuki vs Corrin [Ronda 1]

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[LotA] Kuroyuki vs Corrin [Ronda 1]

Mensaje por Narrador2 el Dom Jun 10, 2018 7:03 pm

Grupo B - Ronda 1 - Kuroyuki vs Corrin

Las peleas constaran de temas un de 4 post por luchador (8 posts totales), donde se considera el primer turno introductorio, el segundo y tercer turno de combate. Tras el tercer turno, entrará una cuenta Narrador a ayudarles a definir quién debería ganar, realizará un calculo del "potencial" de ambos personajes en el combate sumado al resultado de un dado aleatorio para meter un poco de azar y diversión, ganando quien logre tener el número más alto. De este modo, influenciará qué tan fuerte sea su personaje o qué tan bien equipado esté, pero la suerte también tendrá su influencia.

El calculo será el siguiente:
arma utilizada + progreso del pj + dado d4

Arma utilizada: valor del 1 al 4, siendo 1 bronce y 4 arma legendaria.
Progreso del pj: valor del 0 al 3, segun la cantidad de barras de experiencia completadas por el pj.

Definido así cual será el ganador, en el último turno se rolea ese desenlace.

Inventario :
Premio misterioso
Tónico de res. [2]
Tónico de def [2]
Elixir [2]
Arco de bronce [2]
1620 gold

Support :
None.

Experiencia :

Gold :
3370


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Re: [LotA] Kuroyuki vs Corrin [Ronda 1]

Mensaje por Kuroyuki el Dom Jun 17, 2018 7:17 am

- ¡De las tierras de Valentia, heraldo de la reina de Sindhu, la princesa de la nieve negra!

Kuroyuki se había presentado al gran torneo de Regna Ferox en representación de su país, Sindhu. La reina no perdió la oportunidad de enviarla para que fuera su campeona en el torneo, y ya de paso aprendiera la complejidad del mundo en el que vivía con sus propios ojos. Pasó toda su vida en la selva, un milenio para ser exactos y lo que conocía del mundo exterior sólo lo había aprendido de libros. A ojos de Sissi, Kuroyuki sufría de un vacío cultural enorme y era imperativo que su sirvienta se empapara de la vida y tradiciones humanas de cara a integrarse mejor en su propio reino. Regna Ferox, controlado por Altea, era una buena base de la que partir: Predominancia humana con una larga historia a sus espaldas y una política que la misma reina veía con buenos ojos, Kuroyuki estaría en el entorno perfecto para aprender más sobre los beorcs que tanta indiferencia le suponían.

Pero, antes de acudir al torneo, no podía faltar en gran sermón por parte de la manakete sagrada. Fueron pronunciados con una seriedad y preocupación extremas, pues de su impredecible dama de colores oscuros y rosados dependía la reputación de su país y la cordialidad política entre sus actuales aliados. La primera y más importante de todas: Tenía absolutamente prohibido matar a nadie, ni por accidente ni por supuesto usando su hálito de dragón pues convertiría a cualquier ser humano en ceniza. Pelearía con sus garras y fauces con el objetivo de inmovilizar al rival y obligarlo a que se retire, si no podía asegurarse la victoria de ese modo se rendiría inmediatamente. La segunda regla atendía más a su propia seguridad, y era que mantuviera el origen de su fuerza en absoluto secreto, pues los los hombres desconocían -en su mayoría- la fuente de poder de los antiguos y debía permanecer así. Todos ocultaban su existencia a plena vista, haciéndolas pasar por joyas ornamentadas en anillos, colgantes, hasta injertos en su propia piel, todo con el objetivo de que nadie supiese que la forma de acabar con ellos era tan fácil como arrebatarles su Dragonstone. La piedra de Kuroyuki, legada de su padre, era burda, tosca y más grande de lo que debería y debía tener especial cuidado con eso. Y el último de los importantes mandatos de la reina fue que, por el amor de Naga, no ofendiera públicamente a todo el mundo con alguno de sus comentarios. Había sufrido en sus propias carnes la falta de tacto de la pragmática pelinegra y no quería tener que hacer una disculpa oficial por sus actos a través de correspondencia. Hubo docenas de indicaciones más, pero puramente anecdóticas: adaptar su dieta a la gastronomía local -los mangos de importación eran absurdamente caros-, transitar por calles seguras para evitar ataques raciales, dormir bien, no fiarse de nadie desconocido que la abordase amigablemente...

Kuroyuki, como no, acataría los designios de su reina con profesionalidad y puso rumbo, o más bien vuelo, a las tierras del Este. Aunque no le importara especialmente el torneo, estaba ilusionada por visitar la tierra en la que nacieron sus padres, el origen de los manaketes. No estaba segura de que Sissi también hubiera planificado enviarla por eso. En el torneo participarían personas de todo tipo y procedencia, era posible que otros manaketes también fueran a combatir en la arena. ¿Tendría la esperanza de que su súbdita se reencontrara con sus progenitores después de tanto tiempo? La sirvienta le quitó valor a la buena voluntad de la reina, pues ella confiaba en la promesa de su madre en la que le dijo que volverían, que esperara en casa -la selva- su reencuentro. Cuando Padre y Madre estuvieran listos para volver, lo harían, no le importaba esperar mil años más si era necesario. No obstante, lo que si le hacía ilusión era conocer a sus primos lejanos de Akaneia.

Las rondas preliminares transcurrieron sin sorpresas. Todos humanos, pequeños, débiles, con armas inútiles. Pudo inmovilizarlos fácilmente en su forma dragón si es que o se rendían inmediatamente al verla. Fue un camino fácil hasta el evento final, y ahí estaba: Tranquila, resuelta, pero algo impaciente por conocer a su nuevo oponente. Desde que entró en el coliseo, la cantidad de almas que acudieron para ver o participar era tan abrumadora que su sentido de manakete no podía determinar el aura de cada uno. Sabía que había personas, laguz, otros manaketes, e incluso objetos con un poder que nunca había sentido... Mas no era capaz saber quién era quien hasta que su presencia no estuviera lo suficientemente cerca.

Y es por aquello que, cuando la mujer que le daría combate ese día apareció, no pudo evitar mover sus alas por la emoción que sentía al encontrarse con alguien de su especie. Comenzó a preguntarse cual sería su ancestro común más cercano, desgraciadamente no podía llamarla prima pues sus ojos no desprendían la misma luz dorada que los suyos. Eran rojos, algo apagados, pero no le importaba lo más mínimo pues ambas compartían un estrecho lazo sanguíneo. Tantas preguntas que hacer, tanta amistad que entablar... Kuroyuki estaba emocionada, sin embargo, la sequedad de su rostro hacía entender todo lo contrario. No cambió su expresión en ningún momento, derrochaba serenidad y falsa indiferencia. Cuando ambas fueron presentadas, Kuroyuki hizo una leve revenrencia.

- Hola. - Su expresividad no cambiaría tampoco en su forma de hablar. Pragmática, sobria, no dando ningún adorno al mensaje que quería transmitir. La actuación y habla refinadas no era más que un juego para ella, una herramienta que empleaba en su entretenido trabajo de dar un buen trato a los huéspedes de la corte de Sindhu. No obstante, hubo algo que le extrañó, incluso llegó a perturbarla, aunque su rostro no mostrara ninguna de esas emociones. - ¿Por qué tienes una espada? ¿No vas a usar tu verdadero poder?

Spoiler:
Kuroyuki emplea su dragonstone
Afiliación :
- Sindhu -

Clase :
Manakete

Cargo :
Sirvienta real

Autoridad :

Inventario :
Dragonstone [3]
Vulnerary [3]
Llave de cofre [2]
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Gold :
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Re: [LotA] Kuroyuki vs Corrin [Ronda 1]

Mensaje por Corrin el Dom Jun 17, 2018 8:13 pm

Después de los altercados del camino hasta el lugar de la celebración del torneo sentía que todo podía acontecer en aquella tierra desconocida para ella. A pesar de formar parte del territorio de Altea, no dejaba de presentar emergidos en su vasta extensión, tal y como ocurría en otros reinos de Akaneia, incluso como ocurría en su propio hogar, en Nohr. No había sido la fortuna, esa vez, quien se había encargado de volver a encauzar los hilos, sino que había sido ella misma junto con un viejo conocido quienes habían blandido juntos sus espadas en pos de liberar a un pequeño pueblo de perecer a manos enemigas.

Sin embargo, ahora en su mente flotaban miles de otros pensamientos, diferentes, pero a la vez con un denominador común: los combates. Conociendo que grandes guerreros se reunirían en el torneo que se celebraba en Regna Ferox, su propia curiosidad, e impulsividad, la había llevado a querer indagar más sobre los poderes tan grandes que podían llegar a existir. El mundo era mucho más extenso de lo que había podido imaginar tiempo atrás, un mapa, o más bien unos cuantos, no detallaba con suficiencia todo cuanto parecía estar dibujado sobre él. ¿Y qué mejor manera de conocer otros países, otros reinos, que a través de sus combatientes más poderosos? La opción de mantenerse en las gradas observando el transcurso del torneo habría sido, con toda probabilidad, la opción más acertada para recolectar información, pero por otra parte, como había aprendido, era la propia experiencia en primera persona aquella que brindaba un mayor conocimiento. Nada como vivir la experiencia de un combate contra alguien completamente desconocido para nunca olvidar sus movimientos.

Un combate. Dos, tres. El filo de su espada de había enfrentado a otros tantos aceros diferentes, saliendo victoriosa de varios combates. Ninguno de ellos se parecía a la furia con la que un emergido luchaba, o con la habilidad y destreza de su hermano mayor. No existía punto de comparación. Tampoco había sido como golpear al aire, pero en definitiva no había requerido de su máximo poder para poder llegar hasta su posición.

Su máximo poder. Tragó saliva, desviando la mirada hasta las rejas que la separaban de su siguiente adversario o adversaria. No quería ni siquiera acordarse de lo que había ocurrido tan poco tiempo atrás. No. Era lo mejor para todos. Quizás ahora veía el torneo como un método de redimirse, por intentar descubrir de lo que verdaderamente era capaz sin necesidad de recurrir a ello. O a lo mejor podía servir para aclarar todos sus pensamientos, ordenando cada una de las piezas de un puzle que era incapaz de construir con las piezas que se hallaban sobre la mesa. Necesitaba muchas respuestas, pero cada una de ellas solo derivaba a más y más cuestiones, sin llegar nunca un punto y final −Suficiente, no es el momento… −Murmuró para sí misma, rascándose con uno de sus pies el gemelo de la pierna contraria, intentando mantener controlado el nerviosismo previo a la pelea que, inminentemente, daría comienzo.

El tintineo de las rejas fue el desencadenante. Sus pies se movieron solos hasta la arena. La presentación de su contrincante provocó que posara sus ojos sobre su persona, directamente. ¿Desde Valentia? ¿Heraldo de la reina de Sindhu? Contra quien iba a luchar debía tratarse de alguien sin igual, si contaba con la confianza de un monarca. Desconocía las leyes de un reino tan lejano, de un continente del que apenas tenía información, pero en comparación con Nohr, no un cualquiera contaba con el favor del rey. En realidad, además de sus propios hijos, el rey Garon podía contar a su séquito de confianza con los dedos de una sola mano. No era más que una jovencita de cabellos oscuros quien sería su oponente en la ronda a punto de comenzar, no tendría más edad que la de su hermana menor, Elise, ¿cómo había sido capaz de llegar tan lejos? No parecía intimidatoria, ni siquiera llevaba un arma consigo, ¿cómo pretendía entonces luchar? ¿Con los puños? No tenía sentido.

¡Frente a ella, desde nuestro amplio continente de Akaneia, Corina, la aventurera peliblanca!

Durante la inscripción, había estado tentada durante unos minutos de inscribirse con su verdadera identidad, incluso con su título de princesa de Nohr, pero actuando bajo su propio instinto no quería provocar consecuencias de ningún tipo hacia propia nación. Tampoco sería inteligente llamar la atención sobre su propia persona tratándose de un miembro de la realeza de un país con un culto tan diferente, allí, donde ahora Altea había extendido sus alas. Únicamente conocía a una de las personas presentes, así que su identidad se mantendría oculta, casi con seguridad.

Cuando estuvo en posición, mantuvo el rostro serio, pero no tanto como en combates anteriores. No obstante, algo en su oponente hacía que se mantuviese alerta. Su vestimenta. ¿Por qué portaba esos adornos extraños en su espalda? No eran para nada prácticos, mucho menos en un combate donde cualquier protuberancia era, claramente, una ventaja de la que tu adversario podía sacar partido. Aunque extrañamente se movían… Posando la mano sobre la empuñadura de su arma, le devolvió el saludo, asintiendo cortésmente con la cabeza −Espero que este combate sea digno para las dos −A pesar de sus crecientes dudas sobre la capacidad de la menor en cuanto al combate se refería. No obstante, el último detalle de su oponente fue el que más le chocó, quedándose casi petrificada en su posición. ¿Cómo era capaz de saber que…? ¡No! Eso era imposible, ¿una espía? ¿Una adivina? ¿Acaso se le notaba el temor en el rostro y era capaz de leer lo que ocurría? ¿O quizás…? −La espada es mi arma predilecta, será con lo que combate.

Ni siquiera ella misma estaba segura de sus palabras.

Spoiler:
Corrin usa una espada de bronce.
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Great Lord | Manakete

Cargo :
Princesa de Nohr

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
lanza de bronce [2]
Vulnerary [4]
DragonStone [3]
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Especialización :

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Gold :
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Re: [LotA] Kuroyuki vs Corrin [Ronda 1]

Mensaje por Kuroyuki el Vie Jun 22, 2018 7:53 pm

Su instinto de manakete había leído todas las emociones de la mestiza sin dificultad. Fluctuaciones en su aura que denotaban confusión, inseguridad y sospechas cuando escuchó la pregunta, poco después trascendieron en una respuesta acompañada de una voluntad férrea. Kuroyuki no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza y le ofreció una sobria sonrisa a su oponente.

Sin duda alguna, la capacidad de autoconvencimiento de los humanos era su mayor virtud y estaba claro que Corina había bebido de esa cultura. De no ser así no estaría renegando de su verdadera fuerza en combate para luchar contra alguien de su especie. Eso la ponía en desventaja en teoría, mas la terquedad de los beorcs los hacía capaces de grandes logros con tal de no aceptar su derrota. Aunque su rostro no lo evocara, la criada real estaba un poco decepcionada por no poder pelear con su familiar en igualdad de condiciones, pero no podía echarle en cara su decisión pues estaba en su derecho de elegir como combatiría. - Al menos no eres tan endeble como los anteriores. - Comentó, nuevamente ausente de detalles no verbales. Podría divertirse un poco con ella en su forma ancestral sin peligro de matarla, no accidentalmente.

El gran cuerno sonó y así el combate dio inicio, la fase de torneo, un proceso de “ley natural” creado por el hombre donde el más fuerte era el que se llevaba el gran premio. De forma directa: recursos, dinero, objetos valiosos; y de indirecta: fama e influencia. Ambos incentivos, de un modo u otro y sin que los humanos fueran claramente conscientes, acababan suponiendo un aumento en las probabilidades de encontrar parejas sexuales y por ende un método de trascender su linea sanguínea. Kuroyuki sonrió ante la ironía: Los humanos creían tener el control de sus propias vidas, pero su condición animal acababa atando su supuesto libre albedrío a las leyes naturales. Ella, por supuesto, no tenía edad corporal ni interés en el objetivo de aquella competición y participaba cumpliendo los deseos de su reina. Ni siquiera tenía que ganar el torneo, estaba segura de que su llegada a la fase final era suficiente para contentarla, así que aquella vez emplearía su poder para su propio divertimento y nada más.

Es por eso que canalizó la magia de su dragonstone en un cincuenta por ciento, la energía fue suficiente para iluminar sus alas pero no para activar su transformación de forma inmediata. Las extremidades de mariposa comenzaron a sufrir cambios anatómicos en dirección a su forma dracónida, del mismo modo que el iris de sus ojos se iluminó en un color oro puro con unas pupilas reptilianas. De la espalda de la sirvienta comenzaron a brotar escamas, sobre todo en la zona de sus alas, aunque Corina no podía darse cuenta de aquello por estar de cara a la manakete. Tras recibir el primer impulso transformador de su piedra, Kuroyuki se lanzó directamente sobre la peliblanca con su forma híbrida. Estaría cometiendo un terrible error de no ser por lo concienciada que estaba del terreno en el que luchaba. Sus pies desnudos sentían con nitidez la suavidad de la arena. Nueva y sin pisar, ergo, también era muy susceptible a ser levantada con una ráfaga de aire.

Como era de esperar, la estructura circular del coliseo mitigaba por completo la acción del viento en la pista, mas ella podía levantar una densa nube de polvo haciendo uso de sus alas.

Al ser el ella el foco, la arena desprendida iba únicamente en dirección a Corina, dificultando sus movimientos considerablemente. Kuroyuki aprovechó su ventaja y abordó a la mestiza de frente ayudándose de sus alas para tomar impulso. Empleó su puño derecho para golpearla en el vientre. Justo después, con su mano izquierda, agarró la diestra de su oponente por la muñeca para trabar su defensa con la espada. Esa mano era considerablemente más grande y estaba semitransformada en una garra por haber estado sujetando la dragonstone. El artefacto brillaba con una fuerte tonalidad violácea. Durante el forcejeo, Kuroyuki miró a su enemigo a los ojos y le habló con una voz cavernosa.

Traduccion:
No puedes renegar de lo que eres.

Corina no necesitaba entender sus palabras para captar el mensaje que le estaba mandando. Durante el forcejeo había logrado que la piedra hiciera contacto con la mano de la mestiza y estaba tratando de canalizar parte de su poder a través de ella.
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Re: [LotA] Kuroyuki vs Corrin [Ronda 1]

Mensaje por Corrin Ayer a las 12:38 pm

De una manera u otra, no había dicho ninguna mentira. A pesar del nuevo descubrimiento de sus poderes ocultos, con la cantidad de posibilidades que le habría la nueva, aunque peligrosa puerta, la espada siempre sería su arma favorita. Desde que tenía uso de razón había observado a su hermano mayor entrenar con ella durante las visitas que realizaban a la torre mientras se encontraba viviendo en las frías tierras del norte. Su destreza desde joven había sido una motivación para la joven y cautiva princesa, que se había pasado la mayor parte de su infancia entrenando junto con sus criados para que, luego, cuando el mayor regresaba, poder retarle a un duelo de entrenamiento.

Por ese motivo siempre que pudiera usaría su espada. Se sentía protegida si caminaba a su lado, al contrario de lo que ocurría con sus nuevos poderes. ¡Ni siquiera era capaz de controlarlos! No se podía arriesgar a dañar a alguien, y menos delante de los ojos de cientos y cientos de personas que se agolpaban en el coliseo. ¿Y si encima también hacía daño al público? Por unos segundos se le heló el corazón, negando la cabeza casi imperceptiblemente. No iba a arriesgarse. Ni por ellos ni por ella misma. A saber qué consecuencias tenía el adoptar esa forma tan extraña…

Apretó los labios, mirando fijamente a su extraña oponente. Incluso su actitud parecía carecer de cuidado, de precaución en sus palabras, en su tono. Casi le recordaba, por extraño que fuera, a la actitud de los emergidos, siempre actuando hacia delante sin importar en las consecuencias. Pero los emergidos no hablaban, y la chica, además de contar con alas, no parecía pertenecer a esa especie humanoide que aterraba las tierras en toda su expansión −No soy endeble, ni pienso hacer que este combate sea fácil para vos ya que tengo intención de demostrar a este coliseo de lo que soy capaz −De lo que era capaz sin necesidad de utilizar otras armas, otras fuerzas.

Adoptó una pose regia, severa, cerrando los ojos mientras su mano se adaptaba perfectamente a la empuñadura de la espada. Solamente cuando el cuerno dio inicio al combate de ambas jóvenes abrió los ojos, con el rostro cargado de concentración.

La transformación de la joven de cabellos azabaches era más que obvia. De pronto, simplemente tras un destello, sus rasgos comenzaron a mutar. Lo más llamativo fue el cambio que realizaron sus alas. Habían adoptado la forma más robusta de las extremidades típicas dragontinas, eran más fuertes y más grandes, perdiendo en gran parte la delicadeza que hasta el momento parecían tener. Las alas de las mariposas eran frágiles, como ellas mismas, ¿pero las de un dragón? Todo lo contrario. Las escamas y las membranas, más duras que el mejor de los cueros curtidos por manos expertas, las convertían en unas extremidades potentes y peligrosas. Pero no solo ese fue el único cambio, otro mucho menos destacable había acontecido: sus ojos. Unos ojos dorados, centelleantes, aparecieron. Sus pupilas eran como las de un wyvern, como las de un dragón. Como las suyas propias.

Se protegió el rostro con el antebrazo contrario al que manejaba la espada, protegiéndose del polvo levantado por su oponente. Sin embargo, en un rápido movimiento, sintió una fría mano agarrándole la muñeca −¡Ah! −No había dolor, solo impresión por contemplarla tan de cerca, a escasos centímetros de ella.

¡Déjame, no puedes estar tan cerca! −En el forcejeo, se estaba valiendo de sus piernas para asestar patadas a la semitransformada dragona. Su brazo reptiliano no dejaba de agarrar el suyo propio. El temor y el agobio crecían, más de lo que le gustaría admitir. Necesitaba reaccionar con premura si no tenía intenciones de finalizar aquel combate rápido, como perdedora.

¡Aléjate, AHORA! −Rugió. Desconociendo el motivo, su propia extremidad adoptó un tamaño muy superior al convencional. Más grande, más robusto. De un color grisáceo con toques oscuros, unas garras se abrieron paso donde antes reinaban sus dedos, finos y blanquecinos como la nieve. El terror se extendió por su cuerpo, casi petrificando sus movimientos, pero un acto prácticamente involuntario asestó un fuerte golpe en el costado a su enemiga en la arena, recuperando los metros perdidos previamente. Observó el resto de su cuerpo, no había sufrido cambios. ¿Por qué su brazo sí? ¿Por qué justo en ese momento? ¡Su piedra no estaba cerca! La había escondido a buen recaudo para no perderla pero para que no estuviera cerca, porque precisamente era ese tipo de transformaciones lo que quería evitar −¡¿Qué has hecho…?! −Solo podía ser obra de la joven extranjera. ¿Había hechizado su brazo, acaso? Hasta que su brazo volviera a la normalidad, tendría que combatir usando su espada con mano no dominante.

Se adelantó hacia su oponente, con la rabia dibujada en el rostro. Todo lo que estaba ocurriendo era por su culpa. ¡No tenía que haber actuado como tal, era su secreto! Con suerte muchos pensarían que no era más que algún truco de magia, no tendría que dar explicaciones, pero bien sabía que otros tantos más avispados podrían llegar a atar cabos −Las pagarás, perderás este combate y te demostraré que no es necesario… “esto” para vencer −Lanzó un vistazo rápido a su brazo medio transformado antes de asestar un golpe giratorio en el costado contrario a la pelinegra, aprovechándose del peso de su extremidad para girar más violentamente.
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Great Lord | Manakete

Cargo :
Princesa de Nohr

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