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[LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

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[LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Narrador2 el Dom Jun 10, 2018 6:51 pm

Grupo A - Ronda 1 - Hrist vs Pelleas.

Las peleas constaran de temas un de 4 post por luchador (8 respuestas), donde se considera el primer turno introductorio, el segundo y tercer turno de combate. Tras el tercer turno, entrará una cuenta Narrador a ayudarles a definir quién debería ganar, realizará un calculo del "potencial" de ambos personajes en el combate sumado al resultado de un dado aleatorio para meter un poco de azar y diversión, ganando quien logre tener el número más alto. De este modo, influenciará qué tan fuerte sea su personaje o qué tan bien equipado esté, pero la suerte también tendrá su influencia.

El calculo será el siguiente:
arma utilizada + progreso del pj + dado d4

Arma utilizada: valor del 1 al 4, siendo 1 bronce y 4 arma legendaria.
Progreso del pj: valor del 0 al 3, segun la cantidad de barras de experiencia completadas por el pj.

Definido así cual será el ganador, en el último turno se rolea ese desenlace.

Inventario :
Premio misterioso
Tónico de res. [2]
Tónico de def [2]
Elixir [2]
Arco de bronce [2]
1620 gold

Support :
None.

Experiencia :

Gold :
3723


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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Hrist el Mar Jun 12, 2018 2:34 pm

El entusiasmado griterío del público inundó la Arena mientras las rejas que tenía delante se abrían para dejarle paso. Logi rugió a pleno pulmón mientras seguía obedientemente a Hrist. La reacción del animal debió de alimentar las ansias de espectáculo de la gente, pues alzaron aún más la voz, coreando palabras incomprensibles a oídos de ella, desordenadamente y sin sincronía alguna. El wyvern estaba algo alterado, inquieto. Miraba alrededor bruscamente, con la boca abierta, enseñando su dentadura en todo su esplendor. No estaba acostumbrado a estar rodeado de miles de personas que se dejaban la voz y la garganta gritando y chillando todos a la vez.

-Tranquilo. –le dijo ella, en voz recia, lo suficientemente alta como para que la oyese por encima del jaleo de fondo.

El animal se giró hacia ella en seco, con las pupilas destelleando frenéticamente, y exhalando bufidos perfectamente audibles. Le contestó con un gemido ronco. Hrist le acarició el hocico con suavidad, lentamente. Incluso bajo sus dedos enguantados podía notar la rugosidad de las escamas de su cabeza. Al cabo de unos segundos, el wyvern relajó el cuello, aunque seguía examinando de cabo a rabo lo que le rodeaba. El comentarista procedió a presentarla.

Hrist y su compañero inseparable, Logi! –anunció.  

Se llevó una mano al rostro, ahogando un gruñido que parecía un gemido.

-La madre que los parió…  

Dirigió una mirada severa al hombre que anunciaba los nombres, que se la quedó mirando petrificado, mientras alguien aparecía por detrás y le susurraba algo al oído.

-Se escribe “Hrist”… -masculló entre dientes, apoyando su frente en el cuello de Logi, refugiándose en él para ocultar su enfado y calmarse mientras lo acariciaba. –… pero se pronuncia “Jírist”.

Se lo había explicado hasta tres veces al encargado de las inscripciones, y no le hubiese importado repetírselo una quinta vez. Pero era evidente que algo había fallado. La gente del público se dio cuenta de que algo iba mal, y los gritos de euforia dieron paso a los susurros.

-¡Ejem!... ¡Quería decir…! ¡Hrist y su compañero inseparable, Logi!

La gente volvió al griterío que anticipaba las ansias de ver espectáculo. Hrist levantó el pulgar, dándole su aprobación al comentarista por pronunciar correctamente su nombre. El hombre respiró aliviado.

-Pues nada, mi entrada triunfal mediocre se va a tomar por saco. –rezongó con una sonrisa, comprobando que las riendas de Logi estaban bien atadas y sujetas. –Qué asco de vida…

El wyvern resopló, a modo de respuesta, pero aún seguía dando vistazos a un lado y a otro, arriba, atrás… contestando al público a base de estridentes rugidos, ofendido porque hablaban todos a la vez y a un volumen desagradablemente alto. Al final, Hrist lo hizo sentarse.

-¡Logi! ¡Ya vale! –Le advirtió. Dio un chasquido de dedos y señaló al suelo. –Siéntate.

Logi dejó de prestar atención al público, se calló como una tumba, y procedió a dejar caer su pesado trasero dracónico en el suelo. No volvió a rugir. Aunque seguía examinando las gradas con la mirada frenéticamente.  

-Muy bien, así se hace. –le recompensó con unos golpecitos afectuosos en el cuello.

En esos instantes, oyó la reja del lado contrario. La estaban levantando. Su oponente entraría en unos segundos. Se le aceleraba el pulso. Un poco más a cada segundo que pasaba. Aún estaba de espaldas a la reja. Respiró profundamente, y relajó su postura todo lo que pudo. Dio media vuelta y se giró.

Y se le escapó de golpe todo el aire que había inspirado cuando el comentarista anunció el nombre del otro contendiente.

-Están de broma… -farfulló con un hilo de voz. –Tienen que estar de broma… O es una casualidad con muy mala leche.

La expresión facial se le congeló al verle aparecer tras la reja. Tragó saliva. En aquellos momentos, Anankos se debía estar partiendo de la risa en su trono divino de la Oscuridad Oscura, secándose los lagrimones.
Sólo conocía a un Pelleas. Y decir que lo “conocía” era quizás sobrestimar la palabra. Había tenido la oportunidad de verle fugazmente tras llegar a la capital de Daein junto a Jill, aquella fatídica noche en que atravesaba la frontera entre Begnion y Daein y unos emergidos las emboscaron a ambas. Un joven más alto que ella, apuesto y educado, pero de mirada huidiza. Hrist se preguntó desde entonces si le habría causado mala impresión, o si simplemente le incomodaba estar ante plebeyos.

Observó al joven, dudando de cómo debía actuar. ¿Cómo había que comportarse ante la realeza? ¿Debía sostenerle la mirada? No, a lo mejor le molestaba que una mera plebeya extranjera lo mirase a la cara… Y examinándolo de arriba abajo, mientras Logi le olisqueaba a distancia, algo llamó su atención. Un libro. Un libro de colores oscuros. Sospechosamente similar a los que usaba Sindri, el ex bibliotecario de la Gran Biblioteca de Ilia. Aquello olía a magia arcana. El agarre de su hacha larga de bronce se hizo más tenso.

-Aquí yace Hrist, derrotada por el Hombre de la Esquiva Mirada y la Espesa Cabellera Ondulada. –rezongó en tono prácticamente inaudible, apenas sin mover los labios.

Logi le soltó un bufido a la altura del flequillo.

-Estoy bien, pitufo… Estoy bien. –Hrist agradeció el interés de Logi por su tumultuoso conflicto interno. Aquel joven no le había hecho nada, ni tenía los aires de petulancia insoportable propios de la mayoría de la nobleza y la realeza. No le salía de dentro agredirle. –Mi único consuelo es que, si me dan una paliza, me la dará un chico mono y educado.

Era un mago, estaba segura. El libro que llevaba en las manos lo delataba. Respiró hondo una vez más, y recibió a su contrincante con una amable sonrisa en los labios, tan educadamente como pudo, sin moverse de su sitio, con todos y cada uno de sus músculos encarcarados, tensos. Lo último que quería era parecer agresiva.

De todos los posibles contrincantes de su primer combate, tenía que tocarle alguien así.

Spoiler:

Hrist usará un hacha larga de bronce.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Pelleas el Vie Jun 15, 2018 3:35 pm

Sabía la diosa Ashera y sabía Grima, por seguro, que aquel mago tenía escaso lugar entre los vítores de la gente o en un espectáculo público siquiera. La gloria lucía como una excesiva responsabilidad a sus ojos, así como el proceso hacia ella una suerte de tortura para los nervios; nada que él por propia volición pudiera desear. Pero su consejero había sido tan insistente con ello como para enviar hasta una notificación escrita a Regna Ferox en su nombre, por adelantado, y allí la falta de carácter le había jugado más en contra que nunca al príncipe, sometido a hacer lo que un asistente con personalidad más fuerte estimara de provecho. No era que los combates en sí le fuesen motivo de turbación, había peleado por su propia vida incontables veces antes, en sus solitarios viajes, mas los miles de ojos escrutinadores que pudieran posarse sobre su persona mientras peleara le aterraban fuera de explicación, tantos de ellos a la vez. El sólo pensamiento le aceleraba el pecho, le reducía la respiración. Su único sosiego podía yacer en enfocarse en sus libros de magia, cabizbajo, abriendo el que portaba para pasar los dedos mudamente por los caracteres y sentir un atisbo de lo que esperaba del otro lado.

Tan inquieto estaba por la inminente salida a la arena, que no escuchó el nombre de su contrincante siendo anunciado y apenas sintió como un cosquilleo dentro del pecho el rugido de aplausos y gritos animados. Distinguió tan sólo que no era su propio nombre llamado todavía y continuó ensimismado. El suyo, luego, no debía de llegar como sorpresa alguna, mas así lo hizo y hasta le cayó como plomo en el pecho. Pelleas tragó saliva. Fue quizás adrede, quizás nada más que inevitable la lentitud con que comprobó estar listo antes de salir, arrastrando un poco el paso bajo el mecer de los bajos de su capa. Salido del túnel oscuro del que la reja había sido retirada, la luz cayó cegadora sobre su figura de capa blanca y dorada sobre túnicas oscuras. Una parte de él se alivió de ser aplaudido tal como todos en lugar de recibir un incómodo silencio, mientras otra se arrojó de inmediato a convencerse de que todas esas personas no estaban allí. Al andar guardó silencio, mirando tan sólo a su contrincante, la mano tensándose alrededor de su tomo mágico al hallar primero la figura de un wyvern; uno agitado, inclusive, que por seguro respondería a su más mínimo amago de ofensa. No obstante, conseguir discernir a la jinete contra el animal resultó tanto más sorpresivo.

- Es us-- es usted... - Dijo enseguida, con una voz gruesa pero poco más que murmurando, detenido a la distancia que consideraba prudente para no incitar un arranque de carácter del wyvern. Conocía a aquella mujer y, en retrospectiva, caía en perfecta cuenta ahora de que era su nombre el que el anunciador había errado en decir. No sabía mucho de ella, más allá de que parecía haberse relacionado con Jill, una notable jinete wyvern daeinita, y que por alguna circunstancia u otra había prestado su hacha en ayuda al reino. Pelleas había visto prudente compensarla y dar su agradecimiento con un repuesto por su arma, cuyo tipo se manejaba tan comúnmente en Daein, pero no era que hubiera mucho más. Tampoco había intercambiado más que dos o tres palabras, terrible en interacción con nuevas personas. Aún así, algo parecía mal respecto a combatir, respecto a atacar a alguien por quien sentía gratitud. Su mirada divagó, esquiva otra vez, dirigiéndose más bien hacia los palcos del lugar, donde debían estar las autoridades organizadoras. - Aah, no, ¿qué deberíamos hacer? Me pregunto si... -

Se detuvo a sí mismo antes de que ese hilo de pensamiento cobrara cualquier sentido. No había nada que hacer, ni se atrevería a pedir un cambio; irritaría a toda la arena y nada sería peor. Negó con la cabeza y reencaminó su intención. Hrist le sonreía, su wyvern podía ser distinto pero ella le transmitía suficiente gentileza y no debía de ofenderla. Él, cuanto menos, intentó poner de su parte, con una breve risa nerviosa. - En todo caso, um, es decir, no vaya a preocuparse por mi. Soy más resistente de lo que debo parecer. - Dijo. Era largirucho después de todo, poco fornido, mas igual de alto que los demás hombres del norte, de hombros anchos pese a lo huesudos y manos considerablemente grandes, atiborradas usualmente de gruesos anillos de oro y piedras. Inclinó la cabeza un poco y acto seguido tomó algunos pasos atrás, dispuesto para el inicio, aunque en ninguna forma pensaba ser quien diese el primer ataque. Sólo abrió su tomo, pasivamente; en cada contacto y pasada de página jugaba ya en las puntas de sus dedos un deje ennegrecido, como de humo. - Espero no causarle enfados. -

Spoiler:
Olvidaba lo del arma!! Tomo de Worm pls, el presupuesto está limitado... (?)
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Hrist el Jue Jun 21, 2018 4:01 pm

La reacción del joven príncipe no distaba mucho de lo que Hrist recordaba. Poca gesticulación, pocas palabras, mirada esquiva. Un rápido vistazo a su indumentaria le refrescó la memoria un poco más. Estaba casi segura de que eran los ropajes que Pelleas vestía aquella vez que recompensó su ayuda a Daein con un hacha larga de bronce. La misma hacha larga de bronce que en aquellos mismos instantes sujetaba con fuerza su mano enguantada y protegida por su guantelete. ¿Habría caído el príncipe también en ese detalle?

-Cuánta razón tiene mamá… -acarició el contorno del lado romo del filo de su hacha larga, la mirada perdida en el reflejo distorsionado que ofrecía de la muchedumbre. –El mundo es un pañuelo…

Miró fugazmente a Logi, cuyos ojos amarillos con pupilas verticales la observaban con atención, pendiente de cualquier movimiento suyo. El animal acercó su cabeza un poco a ella, para mirarla mejor. Podía sentir el aire que salía de sus fosas nasales.

-… ¡Pero por lo menos esta vez no está lleno de mocos! –le susurró a su montura con una sonrisa de oreja a oreja, rascándole enérgicamente la garganta. Éste levantó un poco la cabeza para que pudiese rascarle más y mejor. Le siguió un ronquido grave y lento.

No le cabía la menor duda de que el príncipe Pelleas tenía que ser más resistente de lo que, a primera vista, pudiese parecer. Las apariencias eran engañosas, al fin y al cabo. Si había pasado las preliminares era porque le debía dar veinte patadas a los macarrillas y camorristas con los que se había topado ella en las rondas previas. Un mago que superaba eso era un mago al que no había que subestimar ni por descuido. Grima la guardase de pasar por alto detalles así. Inclinó un poco la cabeza, igual que él, y se dispuso a poner el pie en uno de los estribos para montar sobre Logi. Entonces le oyó.

“Espero no causarle enfados”.

Al principio no entendió el significado de la frase. Cuando ya estaba levantando la pierna derecha para pasarla por encima de la silla de montar, se quedó clavada en el sitio. Sus ojos se dirigieron instintivamente hacia su contrincante, sin girar la cabeza, clavados en éste, mientras poco a poco su pierna volvía a moverse para acabar de sentarse sobre su montura.

Hrist sonrió una vez más. Pero esta vez su sonrisa tenía una nota de tristeza que no lograba reprimir. Y a la vez, un escalofrío recorría su espinada. No iba a tener el más mínimo miramiento con ella.  

Ya sentada y acomodada en la silla, abrochándose las sujeciones para no caer de la silla en el peor momento, siguió con la mirada fija en aquel hombre de cabellos ondulados… y su grimorio de magia… arcana. Sí, aquello tenía que ser magia arcana. El color de la tapa, y lo oscuro de esa especie de bruma que emanaba de sus páginas y sus dedos… le traían a la mente recuerdos de Kilvas e Ilia. Sindri el ex bibliotecario, que no era un mero mago oscuro, ni un Dark Sage, sino un Hechicero en toda regla, había usado magia así contra emergidos. Y ahora ella iba a ser el objetivo de esa magia. Nunca había tenido la desgracia de que le acertase un chorro de magia arcana, y tenía la sensación de que no iba a gustarle. La voz de Sindri resonó en su mente, recordándole que su magia era “seriamente perjudicial para la salud” ("Ahuhuhu~").

-Ojalá pudiese ofrecerle un desafío a su altura. –dijo con un deje de desencanto en la voz, en un vano intento de enmascarar su frustración. Tenía la oportunidad de medir fuerzas con alguien de la realeza, y temía no dar buena impresión.

¿Qué hacer contra alguien que puede atacar a distancia y con magia? Un jinete de wyvern no estaba hecho para recibir embestidas mágicas. De poco le serviría su armadura. Ella funcionaba para atacar con fuerza y resistir ataques físicos. Aún no tenía la desmedida fuerza bruta de otros jinetes de wyvern más adultos y musculados, pero si algo tenía a su favor en los enfrentamientos físicos era su tolerancia al dolor. Ser capaz de finalizar el ataque pese a haber recibido uno podía ser la diferencia entre la vida y la muerte cuando no se trataba de duelos recreativos.
Seguía con la mirada fija en Pelleas. Tenía que pensar qué hacer y rápido. Y no darle pistas sobre sus intenciones. Él podía atacarla enseguida, no tenía que esperar a tenerla al alcance de su mano. Ella, en cambio, iba a tener que acercarse a él, hasta tenerlo al alcance de su hacha larga. Y acercarse iba a ser lo peligroso. Un paso en falso y todo se echaría a perder a la primera. A medida que su cabeza contemplaba diversas opciones, su rostro iba mostrando menos expresividad, concentrando sus esfuerzos en reflexiones relámpago, escudriñando de arriba abajo al Hombre de la Esquiva Mirada y la Espesa Cabellera Ondulada.

Logi estaba ya en posición, con las patas firmemente aposentadas. Listo para salir volando, atacar, o lo que le ordenasen. Por su parte, Hrist tenía ya listos los pies en los estribos, y las rendas cogidas con una sujeción milimétrica, que le permitiesen dar órdenes de inmediato sin tener que dejar de tener lista el arma.

-Tenemos claramente las de perder. –le susurró a Logi, acercando su cabeza a la del animal. –Pero no por eso hay que dejar de darlo todo. Él no se contendrá. No somos rival para alguien así, pero no podemos permitir que piense que somos unos gandules que abandonan antes de empezar.

Respiró hondo y tragó saliva, esperando la señal que haría estallar la descarga de adrenalina que recorrería todos y cada uno de los rincones de su cuerpo de veinteañera. Se santiguó mentalmente a Anakos. Aquello sería más intenso que tener novio, de eso estaba segura.

-¡Que empiece el combate! –gritó el comentarista, desgañitándose para sonar por encima de la corneta que anunciaba el inicio del duelo.

No había tiempo que perder. No confiaba en tener la más mínima posibilidad. Y precisamente por eso, era todo o nada. Inmediatamente dio un toque de estribos y un tiró de las riendas. Logi se precipitó a la carrera, como un toro de dos patas con escamas hacia Pelleas, rugiendo intensamente por encima del jaleo del público, aleteando y alzando el vuelo en el proceso, pero a una altura lo suficientemente baja como para que su jinete le tuviese al alcance una vez estuviese cerca. En apenas nada le alcanzaría. Se abstuvo de expresar nada con el rostro o con la mirada con tal de no dar pistas con su lenguaje corporal sobre su objetivo.

Tan rápido como la carrera y vuelo del wyvern le permitieron, empuñó con fuerza el hacha larga con ambas manos. Quería descargar un primer golpe en la mano con la que su rival sujetaba el tomo de magia. No exageradamente fuerte, para poder reaccionar lo más rápido posible, y así tantear la situación de buen principio. Le preocupaba más acertar, que avasallar con fuerza física.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Pelleas el Jue Jun 28, 2018 1:30 am

Casi era hora. El mago respiró hondo y exhaló con lentitud, poco a poco restándose noción de la arena y los espectadores, para enfocarse en su lugar en quien estaba allí ante él, en la bendita sonrisa y los gestos firmes de la jinete al ubicarse en la montura. De alguna forma los preparativos ajenos lo tranquilizaban, le recordaban que él también debía estar listo, sosegarse y poner su mente en el enfoque correcto. Guardó silencio y tan sólo asintió a las palabras que le eran dirigidas, pese a sentir que le evadía el sentido completo de ellas; pero habría de buscar oportunidad de platicar con Hrist después, si le era posible y la indecisión no traicionaba. De momento, intentaba emular su serio semblante y contemplar él también el inevitable enfrentamiento. Su vista bajó con evidente cautela al wyvern, sus dedos haciendo una prolongada pausa en el abrir del grimorio.

Sabía, desde ya, que no tenía el corazón como para atacar de frente a un rostro conocido. Podía pretender que sí, razonar consigo mismo que era lo preciso, mas permanecería incapaz de confiar en que no temblaría su mano en el instante crucial. Simplemente carecía del temple. Podía emplear su magia y cometer otra infinidad de crueldades contra un ser emergido, que por humano que pareciera no era percibido como tal por el príncipe. Su empatía hacia las criaturas era tan nula que había podido pensar de sus cuerpos como objetos de estudio, de su cualidad viva como un intrumento de prueba y medición para hechizos y maldiciones. Había peleado con decenas de ellos en sus viajes, con escaso titubeo. Del mismo podía actuar sobre un laguz, una bestia subhumana, donde la hallara. No obstante, combatir con otro ser humano, más aún alguien cuyo rostro reconociera, tenía todavía la capacidad de cerrar su estómago en un nudo. De cualquier modo, ingenuamente, era al wyvern al que más temía, inclusive por sobre la mordida mucho más cruel de un hacha. En los últimos segundos de calma miraba el hombre al gran reptil, tragaba saliva al medir por el grosor de sus garras y la coloración de las mismas que se trataba de un adulto sano, perfectamente fuerte.

Sus dedos se detuvieron sobre el papel de tan familiar textura, el pasaje del tomo elegido sin necesidad de mirarlo, sino sólo por la sensación que infundía, cual susurro en el oído marcando aquí. Resonó entonces el cuerno de inicio y el joven sabio, en murmullos, recitó las escasas palabras en lengua muerta que necesitaba para invocar. Del tomo salió expedida una amplia sombra, que con la textura del humo se esparció fuera del objeto, arremolinándose enseguida para mantenerse en torno a su amo. Acompañado al fin en forma física de esa manifestación, esa presencia conocida y más fuerte de lo que podía soñar ser él a solas, se sintió buena parte más seguro. Habría sido imposible, sin embargo, cesar de temer a lo que se precipitaba en su dirección. Con el corazón hundiéndose a sus entrañas siquiera miró por un instante al wyvern, musitando con urgencia la palabra de comando restante, acompañada del quedo gesto de la mano con que la oscuridad se lanzó también. A lo que más temía era, naturalmente, de lo que primero deseaba defenderse.

Pero la magia arcana era lenta; severa, pero lenta. Mientras la oscuridad se revolvía contra la criatura, adentrándose por la boca rugiente, los orificios de la nariz e inclusive forzándose bajo las escamas que pudiese, apuntando a herir desde dentro con su helado y doloroso tacto, el hecho era que todo llegaba ya hasta él. Y Pelleas no había tenido ocasión ni quizás posibilidad de huir de una aproximación tan implacable. Su propio ataque no surtía efecto tan rápidamente, el humo pesado y oscuro todavía obscureciendo el espacio entre él y Hrist cuando el hacha de ella fue blandida en un amplio arco hacia el tomo entre sus manos. Un instinto inculcado, practicado, dominó las ideas del arcano; no el de salir de la trayectoria, no el de bloquear con el tomo mismo ni siquiera protegerlo, sino el de posicionar los brazos para atrapar el paso del hacha. El de buscar la herida, allí donde fuera destructiva, allí donde pudiera él usarla. Cruzados los antebrazos, cubrió el flanco en que venía el arma y apretó los dientes, anticipando el dolor.

- ¡A.... Agh...! - El bronce cortó en amplitud y el príncipe falló en ahogar su grito. Aún sin el crujido que había esperado oír de sus propios huesos, sin la sensación eléctrica y paralizante que esperaba, el daño en el antebrazo derecho le obligó a soltar el tomo mágico, que cayó abierto a su lado, las páginas dobladas contra el suelo de la arena. Tomó aire afanosamente, por entre dientes apretados. No podía ver ni percibir con exactitud la herida, no tenía tiempo para ello, pero sangraba tan profusamente como para correr espesa por su brazo y era suficiente. Su mirada ensombrecida buscó a la mujer, y apenas enfocado en ella volvió a pronunciar, como si le hablase a sus sombras, nuevas palabras arcanas: el disparador de una maldición, un hechizo en venganza por heridas recibidas. Apartó enseguida la vista, sabiendo que el efecto le daría otro vuelco al corazón si lo contemplaba. En el próximo instante, una herida idéntica a la sufrida en su brazo habría de aflorar en el de la mujer. Diestra o zurda, la había visto blandir con ambos brazos el hacha y suponía, rogaba, que una herida amplia en uno le restara capacidad; o la desconcertara momentáneamente, cuanto menos, para poder él recobrar su tomo del suelo y proseguir.

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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Hrist el Dom Jul 01, 2018 2:22 pm

Con una rápida carrera al vuelo, Logi alcanzó en nada a Pelleas. Sabía de sobras que el ataque era cosa de su jinete, y que él tenía que limitarse a acercarla hacia el rival, y a llevarla donde le indicase. El joven príncipe ya les apuntaba con un dedo inquisidor, indicándole a aquel remolino de magia arcana a dónde ir. No estaba muy segura de si lograría acertarle antes de que él pudiese abrir fuego. No parecía tan rápido como otros magos que usaban fuego o viento, pero no había que subestimarle. Presintiendo el golpe de magia, Hrist sintió todas y cada una de las fibras de su joven cuerpo tensarse. La magia se le iba a tirar encima, y no sabía qué dolor sentiría. Tenía el corazón en la garganta. ¿Quemaría? ¿Se le helarían los músculos? ¿Se le escaparía el aire de los pulmones?

-¡Agacha la cabeza! –ordenó a su montura, completamente convencida de que el ataque iba por ella. Y si no, para encajarlo ella en su lugar.

Tenía la mirada fija en aquel extraño amalgama de energía mágica, de un color difícil de describir. Avanzaba inexorablemente hacia ella. La tentación de dar media vuelta y huir era fuerte, pero eso echaría por tierra la aproximación relámpago para llevar la iniciativa. No debía perder de vista, por lo más sagrado que hubiese en aquel mundo, que detrás de aquella nube de humo oscuro estaba él.

-¿Logi? ¡¿Logi?!

Hrist gritó horrorizada. Aquella magia oscura, incorpórea como el humo y falta de luz como las sombras, penetraba por el cuerpo de Logi, en todos los rincones que encontraba, incluso bajo las escamas.

-¡LOGIIII! - Su grito se desgarraba, como si fuese ella la que padeciese en sus carnes la magia arcana. Logi estaba sufriendo, y ella tenía pocos métodos al alcance para poner fin a eso. Pero tenía que detenerlo. Como fuese.

Pese al ataque, Logi no frenó. Siguió con su carrera, a ciegas. Dolorosamente a ciegas. Había que alejar aquel maldito librejo de las manos de Pelleas. Con la mirada fija más allá del humo oscuro que le entorpecía la visión parcialmente, Hrist hizo de tripas corazón y descargó un golpe en la mano con la que sostenía el libro su contrincante. Siguió con su plan inicial, dar prioridad a la precisión antes que a la fuerza bruta. Si acertaba, conseguiría el mismo efecto sin necesidad de cansarse tan pronto.  

El golpe acertó. Pero algo no había ido como tenía que ir.

-¡¿Pero qué hacéis?! –exclamó, con los ojos saliéndosele casi de las órbitas, con un deje de desconcierto y rabia en la voz. Ver sangrar al príncipe no era plato de buen gusto. Especialmente porque no tenía nada en contra de él. Especialmente por tener que atacarle a la fuerza.

Pero tampoco era plato de buen gusto que fuese precisamente su wyvern quién se llevase el primer golpe. Sentía rabia por lo que había tenido que pasar Logi. Sentía desconcierto por esa salida por peteneras de Pelleas. Estaba a nada de escandalizarse. ¿Iba en serio, eso? ¿O es que no le habían enseñado a cubrirse correctamente de un golpe? De hecho, se esperaba más bien que lo esquivase. ¿Quién en su sano juicio encajaba así un golpe? De no ser por su atuendo de jinete de wyvern, cualquiera que la oyese pensaría que era una madre cabreada dirigiéndose a un hijo que le ha gastado una broma pesada y cruel.

-¡Así no se bloquea! –gritó mientras acariciaba el cuello de Logi, animándole a no frenar. –Lo siento, patatita… ¿Cómo estás? De veras lo siento… Pensé que me apuntaba a mí… - El wyvern respondió con un gemido afónico, lánguido. Si se quedaban parados, serían un blanco aún más fácil. Así que volvió a centrar su atención en su rival. -¡Sólo conseguiréis haceros daño a lo tonto!

El Hombre de la Esquiva Mirada y la Espesa Cabellera Ondulada le dirigió una siniestra mirada durante unos instantes. Aquello ya era el colmo de los colmos.

-¡No me mire así! –Le reprendió con el ceño fruncido, ofendida, con un nudo en la garganta a punto de explotar que le rompía la voz, más por frustración que por auténtico odio, al ver que Pelleas apartaba su esquiva mirada de ella… de nuevo. -¡¿A quién se le ocurre parar un hacha con los br…?!

Entonces lo notó. Lo sintió. Una sacudida. Seca y certera, que interrumpió su reproche. En el antebrazo derecho. Logi la oyó. Notó el soplido ahogado cargado de dolor de Hrist, que tenía la mirada pertificada y el sudor helado.

-¡SIGUE! –rugió ella de inmediato. La primera reacción del wyvern iba a ser parar para comprobar que la jinete seguía ahí, viva. Y eso iba a restarle tiempo. Un tiempo precioso que escaseaba. -¡Estoy bien! ¡Sigue!

Siguió con la orden que había recibido, la orden de seguir, de virar y volver a encarar. En la cabeza de Hrist todo iba a mucha velocidad. Los sucesos se precipitaban y se agolpaban ante sus ojos, pero el tiempo no se detenía para que ella pudiese reflexionar. Y era difícil recapitular cuando uno veía que, a través de los gruesos guanteletes y la codera, la ropa se teñía de oscuro. Y dolía. Leches, si dolía…

“Tranquila… No es nada que no puedas soportar… Por ahora”. Había aguantado dolores mucho más intensos sin detenerse, pero era en peleas a vida o muerte… ¿Y qué puñetas era eso? El ataque mágico había alcanzado a Logi, pero era ella la que le había alcanzado con un golpe de hacha… su mirada saltó varias veces de la herida de Pelleas a la suya. El antebrazo derecho del príncipe, su antebrazo derecho… un ANTEBRAZO derecho, otro ANTEBRAZO derecho… antebrazo DERECHO, antebrazo DERECHO… No dijo nada. Si bien su cabeza iba a más de cien por hora. Su boca había pasado del rictus tenso a morderse el labio inferior, en un intento desesperado por no desconcentrarse… ¿Estaba alucinando? ¿La herida que le había infligido… se la había infligido también a ella misma?

-Es como un espejo… -atinó a susurrar entre jadeos, con un hilo de voz titubeante. –Por eso no bloqueó bien… No… ¡Por eso busca hacerse más daño! –concluyó con los ojos como platos, con una gota de sudor cayéndole por el lateral de la sien, alarmada.

Ya le había parecido de idiotas hacer lo que había hecho el príncipe Pelleas. Pero el príncipe no daba puntadas sin hilo, claro que no. De lo contrario, no habría llegado a la primera ronda. No sólo tendría que lidiar con sus ataques mágicos, si no con el daño que ella misma le infligiese. ¿Pasaría lo mismo cada vez que su hacha le alcanzase? Eso iba a requerir escoger muy cuidadosamente dónde y cómo atacar.  

-No hay tiempo. NO HAY TIEMPO, LOGI. –Gruñó desesperada, con las mandíbulas casi pegadas, el pulso amenazando de explotarle las venas. El joven iba directo a recuperar su libro, y había que impedírselo. O por lo menos, no ponérselo fácil.

Así que dio un golpe de estribos y tiró de las riendas con la mano zurda. Una de dos, o lograba alejar más el libro, o le atacaba de nuevo en otro punto distinto. El aleteo de Logi casi a ras de suelo levantaba un poco de arenilla a su paso, directo de nuevo hacía Pelleas. Empequeñeció durante unos instantes los ojos, escudriñando de arriba abajo al susodicho.
Quizás era pedir demasiado que Logi lograse alejar el libro de un golpe de viento de sus alas… Ordenó desplazarse hacia la izquierda para tener a su objetivo a ese lado, con tal de poder dirigir un potente golpe a las piernas del príncipe. Tan potente como su antebrazo derecho herido le permitiese mientras usaba la mano zurda. Él iba a pie, pero ella aún podría dirigir a Logi con un pie o una pierna inutilizados, si el ataque volvía a reflejarse en ella. A malas, aún podría darle órdenes con las riendas y con la voz.

-A tomar vientos, hagamos lo que hagamos lo tenemos todo en contra...

Cerró con fuerza la mandíbula, y puso en tensión el tronco, ignorando las lágrimas de dolor que le resbalaban mejilla abajo, que se mezclaban con el sudor. Se estaba ya anticipando al dolor inhumano que le esperaba si lograba acertar, y al que le sobrevendría si le acertaba a ella con su magia. Aquello iba a decidir si la fulminaba al instante, o si jugaría un poco más con ella antes de aplastarla del todo con su magia.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Pelleas el Jue Jul 05, 2018 9:18 pm

No era nada menos que razonable, que la jinete reaccionara como lo hacía a sus actos. El sabio no era alguien ágil ni particularmente diestro defendiéndose mano a mano, pero al menos un intento de esquivar habría servido de algo, si hubiera tenido la voluntad de hacerlo. Entendía que lucía irracional y lo era. Pero bajo presión y ante posibles titubeos de su parte era su más segura forma de atacar, así como apuntar a por el wyvern primero había sido la más provechosa a sus ojos. Aún así, no dijo nada al ser confrontado. Sus hombros sólo se encogieron un poco ante el alzar de voz de la mujer, amedrentado, acostumbrado sólo a la inexpresividad de los emergidos en su contra. Era raro tener a un contrincante dirigiéndole palabra, gritándole. Aprisa surgió el instinto de disculparse, pero desistió a fin de cuentas.

- Lo sien-- - Llegó a modular antes de callar. Llevaba en la cara la expresión de un culpado al que le habían tendido todas las pruebas de su crimen a los pies, esa taciturna mezcla de defensividad y tensión, pero ya había comenzado y ahora no podía sino llevar el asunto hasta el final. Entre más rápidamente, por seguro mejor sería. La mirada ensombrecida ya tenía otro enfoque, se fijaba en el libro caído solamente. Al dejar el brazo herido caer lánguido a su costado, a modo de evitarse más dolor que el que ya le tomaba la voz por moverlo de sobra, agregó. - Lo verá pronto. - Y nada más. No había tiempo que perder, ni sentido alguno en quedarse a observar su maldición cobrando efecto. Bastaba con la pausa ahogada de la mujer y el timbre de su voz al reaccionar para hacerle saber que así había sucedido.

La sangre bajaba espesa por el brazo y la mano del hombre, fluía y goteaba a su paso al correr a por el tomo caído, manchando las arenas claras. Sentir el ardor y la profundidad de la herida confortaba cuando sabía que era la misma que su enemiga sufriría; el dolor latente se volvía algo en lo que se enfocaba con metódico pensamiento, sopesando cuanto podría afectarla a ella, en lugar de algo que intentara ignorar. No obstante, el viento alzado por las alas del wyvern le revolvía ya el cabello y la ropa desde la espalda, y como un escalofrío premonitorio los oía volver al ataque. No había pasado más que un par de instantes, pero se abalanzaban a por él a cuenta nueva, incluso tras experimentar Venganza. La jinete era verdaderamente tenaz. Admirable le resultaba esa capacidad de mudar semblante una vez entrada en combate, de tornarse digna de temer. Decidido a terminar las cosas hizo acopio de todo su coraje y pretendió reflejar la seriedad ajena. A toda costa, debía de evitar la acometida. Su maldición no funcionaría dos veces y no pretendía dejar ese hecho expuesto. Con el tomo a los pies, cruzando las estelas de humo negro que deambulaban sueltas y sin dirección encima, en lugar de intentar recogerlo, Pelleas supo que debía primero evadir como se pudiese el nuevo ataque. Se giró aprisa, sin frenar.

No hubo modo. Incluso blandida con una mano, el hacha tenía un alcance considerable y el golpe bajo le tomó desprevenido. Trastabilló, alcanzado esta vez de forma más superficial en la pantorrilla; por un momento el filo atascó en el grueso material de las botas, y esa contundencia adicional le hizo caer en definitiva hacia atrás. Esta vez no habría herida reflejo, no habría maldición que demorara a su oponente. Boca arriba, se vio por un aterrador instante quedando bajo la sombra del wyvern. Pero con los codos atajó incómodamente su caída y entonces sintió sus dedos rozar las familiares páginas, que para aquel instante prácticamente gritaban por verse reunidas a él.

Con firmeza plantó toda la palma en la tapa del libro y a voz alta profirió sus comandos en lenguaje arcano. La oscuridad se arremolinó con nuevo propósito, emanando mucho más abundante del tomo y esparciéndose en torno a los tres seres en la proximidad. Sin posibilidad ni espacio en su mente para opciones, sólo atacó como sabía, ordenó a las sombras inmiscuirse y debilitar, debilitar hasta que no hubiera conciencia en la jinete o la montura; lo que primero sucediera. No podía permitirse una derrota. Daein no tenía comprensión ni aprecio para los débiles, el príncipe no podía mostrar el rostro de regreso en casa sin honores, no podía ser terminado allí. Tensó los gruesos dedos sobre la tapa del libro, murmurando en repetida sucesión los pasajes que ordenaban a las sombras entrar, tomar, dañar, consumir. Bajo respiración agitada, alzaba sin pretenderlo la voz.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Narrador2 el Vie Jul 06, 2018 11:56 am

Bonificadores actuales:
Hrist: Barras completadas 0 + Arma de bronce 1 = 1
Pelleas: Barras completadas 2 + Arma de acero 2 = 4

Procedemos a la tirada de dados correspondiente a Hrist y Pelleas, en ese orden.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Narrador el Vie Jul 06, 2018 11:56 am

El miembro 'Narrador2' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


#1 'Bioritmo' :


--------------------------------

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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Narrador2 el Vie Jul 06, 2018 11:58 am

Resultado final:

Hrist: Barras completadas 0 + Arma de bronce 1 + Bioritmo 2= 3
Pelleas: Barras completadas 2 + Arma de acero 2 + Bioritmo 3 = 7


¡Ganador Pelleas! ¡Felicidades!



Pueden proceder a rolear el ultimo turno.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Hrist el Vie Jul 06, 2018 4:37 pm

De nuevo, el golpe acertó. No sabía ni cómo. Pese al penetrante calambre de su antebrazo derecho, y pese a las lágrimas que le empañaban la visión por segundos había logrado darle en la pantorrilla. Quizás valía la pena entrenar un poco más con la mano zurda, vistos los resultados. Tan mal no había ido. Lo que sí que le había faltado era fuerza. Tenía más empuje si empuñaba con la diestra que con la zurda.

Tras ver al joven príncipe perder el equilibrio y caer al suelo, puso la mandíbula en tensión, esperando notar una sacudida en la misma zona de la pierna. Pero no sucedió nada. Miró varias veces la pierna de Pelleas y la suya. Sus ojos iban de una pierna a la otra.

-¿Qué…? ¿Qué está pasando? –masculló entre jadeos, secándose torpemente el sudor de la frente con la mano cerrada alrededor del hacha larga. -¿Por qué no pasa lo mismo de antes?...

El ataque no le había rebotado. O reflejado. O como fuese que se llamase eso en términos de magia. A lo mejor la segunda vez tardaba más. A lo mejor en su estrategia no entraba usarlo más veces. ¿Podía ser que usarlo más de una vez le pasase factura a un mago arcano?

-Mierda, ¡MIERDA! –gruñó sin despegar la dentadura al ver a Pelleas boca arriba en la arena, pero con el maldito libro de la Oscuridad Oscura a tiro de mano. Había plantado la mano encima del maldito libro. Y para colmo de males, uno de los cinturones que le hacían de sujeción cedió y se rompió. –Lo que faltaba… -bufó. Un bufido que se deformó en gruñido gutural a medida que las silabas avanzaban.  

Aquello se acababa. Estaba claro que le bastaba con tocar aquel condenado librejo para hacer magia. Estaba también muy claro quién iba a salir vencedor. Hrist no era rival para alguien capaz de hacer que el enemigo sufriese las mismas heridas que infligía, ni tampoco para alguien que hacía magia.

-Vamos, Logi, que no se diga que somos unos gandules… -le dijo al wyvern mientras se secaba la sangre del guante en el pantalón reforzado de montar. Ya podía ver la nube de magia arcana arremolinándose alrededor de él.  

La sangre acumulada en la mano le dificultaba el agarre del arma. Lo último que le faltaba que aderezar aquel sufrimiento en aras de satisfacer la sed de sangre y de espectáculo del público. Su pecho agitado delataba el estrés por el que pasaba. Se mordía el labio inferior tan fuertemente que empezó a sangrarle. La tímida gota de sangre que asomó enseguida se mezcló con el sudor de su rostro.

Siguiendo la orden de Hrist, Logi acabó de coger carrerilla y rebotó en la pared de delante para salir disparado con muchísima más rapidez. Ya daba igual si un posible tercer golpe se “reflejaba” o no en ella. Lo único que importaba era acabar el combate y no alargar más el padecimiento de los tres. Asió con fuerza el hacha larga de bronce, con tanta fuerza como pudo con la mano izquierda. A cada metro que le recortaba a Pelleas tenía más claro que iba a ser ella la que iba a morder el polvo. Se convenció de ello cuando se dio cuenta de que su rival había disparado ya una bocanada de magia que iba directa hacia ellos.

-¡Abajo! ¡AGACHA LA CABEZA! –ordenó con un grito desesperado, con la voz rota.

Vio la nube de magia oscura ir directa hacia ellos. O hacia Logi. No podía permitirlo una segunda vez. Ya no únicamente por Logi, que siempre había sido su prioridad. También por lo que podía pasar si su montura perdía el control moviéndose a tanta velocidad con un jinete sin sujeciones sobre su lomo. Pelleas aún tendría que dar las gracias si lograba no salir disparada como una flecha y arrollarlo como un saco lleno de rocas en el pecho. Forzó a Logi a perder altura, casi a punto de poder tocar el suelo de la arena con las patas. Y no contenta con eso, hizo acopio de fuerzas (y de respiración profunda) y lo obligó a bajar la cabeza, en un intento desesperado por que la magia le ignorase y se centrase en ella. Con un último esfuerzo, descargó un tajo contra la amalgama de magia arcana… en vano.

Un fuerte alarido, roto, agudo, y desgarrado, escapó de su garganta, reverberando en toda la arena, por encima de jaleo del público. No fue capaz de saber cuánto tiempo gritó. Segundos. Minutos. Hora y media… El remolino de magia oscura la rodeó, y todo quedó a oscuras y en silencio. Una extraña sensación de frío y vacío penetró por todos y cada uno de los rincones de su joven cuerpo. Unos dedos invisibles empezaron a hacer presión en el pecho, los brazos, el cuello, el vientre, las piernas, las caderas, las manos… la cabeza… Los sentidos se le entumecieron. Algo le estrujaba el cerebro y luego lo abofeteaba sin piedad. Se le cortó la respiración durante ¿segundos? ¿minutos? No era capaz siquiera de pensar. Su mente estaba abrumada de dolor: pinchazos y calambres intensos ejercían una presión inhumana en cada fibra muscular, en cada centímetro de su piel, y prácticamente le impedían moverse ni reaccionar. Suspendida en el tiempo y el aire, no podía retorcerse de dolor ni llamar a Mamá ni a Papá.  

De repente, la luz volvió. Y con ella, una violenta sacudida de espaldas. Hrist había salido despedida hacia atrás, mientras Logi seguía avanzando como una flecha. Dio unas cuantas volteretas hacia atrás, rodando de cualquier manera, como un monigote de entrenamiento. Le llegaba luz a los ojos, pero su vista estaba totalmente nublada. Sólo acertaba a ver retazos desenfocados de una luz muy intensa y molesta. Casi no oía nada. Lo único que le llegaba a los oídos eran murmullos y zumbidos ahogados, amortizados, como si llevase unos tapones de mala calidad en los oídos. Sentía que su cuerpo chocaba contra algo y que daba vueltas, pero su figura entumecida no sentía sensación alguna todavía.
Cuando por fin todo dejó de darle vueltas, empezó a toser y toser. Una tos ronca, que le irritaba la garganta a cada bocanada de aire que pasaba por ahí. Tosía magia arcana. Sus pulmones lidiaban por expulsar aquella bruma mágica de color oscuro de su interior. Igual que su piel, que exudaba aquella neblina mágica por todos sus poros. Mientras se revolvía en el suelo, ajena a lo que le rodeaba, su mente no daba para nada más, y se aferró al único pensamiento que le tendía una mano entre toda aquella vorágine de sensaciones e idas y venidas de sentido, lo único que le permitía pensar en algo que la ataba a la realidad.

-Lo… Coff… coff… Log-gi… -atinó a gemir lastimosamente entre arcadas y tos. –Looog-g-gii…

Sentía que flotaba, como una pluma mecida al son de la suave brisa estival. Pero a la vez también pesaba mucho, como una piedra hundiéndose en las profundidades de un lago. Se dio la vuelta sin poder usar los brazos, y acabó boca abajo. Tosiendo magia todavía, con el pecho agitado y agotado, desesperada por un poco de aire puro y fresco, en el momento en que hizo fuerza con los brazos para levantarse un velo invisible de dolor la cubrió de arriba abajo. Todo le dolía. Los codos. Las manos. La nariz. El pecho al respirar. Las piernas. Las rodillas… Toda ella por dentro gritaba de agonía, pero nadie la oía. Las lágrimas que le inundaban la mirada perdida cayeron en la arena, sucia de sangre, mientras se incorporaba entre jadeos, gruñidos y gemidos. Un fino reguero de sangre empezó a bajarle por la nariz. Pero no se dio cuenta. Su mano zurda se aferraba inútilmente al hacha larga, que apenas pudo sino llevar a rastras, mientras ella misma se arrastraba con movimientos pesados y erráticos. El dolor punzante en todo el cuerpo estaba dejando paso a una visión levemente menos desenfocada, pero también estaba viendo doble. O triple. Y todo daba vueltas de nuevo. No estaba segura de lo que veía. Una o dos personas, quizás tres, parecían estar delante de ella, una al lado de la otra. Otras dos o tres figuras, más grandes, enormes, se hacían cada vez más cercanas, mientras emitían un fuerte ruido que resonaba lejano en su cabeza.

-L-Log…

¿Cuál se ellas era Logi? En su estado no era capaz de ver que la figura que quedaba más a su derecha era el príncipe Pelleas, y que la bola oscura que se acercaba ruidosamente era el wyvern.
Logi, en aquel lapso de tiempo, había frenado repentinamente su carga contra el príncipe de Daein, derrapando, levantando una polvareda notable, pasando por encima de él de un salto. Su jinete le había ordenado cargar hacia él, no embestirlo ni atropellarlo. Su jinete se enfadaría si le desobedecía y atacaba a ese otro humano sin permiso. Había incluso chocado contra la pared del fondo para frenar. Se había dado cuenta de que su jinete no estaba encima de él. Y eso sólo podía hacer que retrocediese a buscarla, ignorando por completo al joven que usaba magia arcana.

Guiada por los rugidos estridentes de Logi, que le llegaban distorsionados y apagados, Hrist se movía a golpe de estertor. La última bocanada de aire pareció hacerle sacar fuerzas de flaqueza. Respirando hondo, y con las pupilas dilatadas, ajenas a la luz que le llegaba de cara, hizo un último amago de carrerilla. Enajenada por el dolor, y guiada por los ruidos que parecían de wyvern, sólo logró dar unos cuantos pasos rápidos antes de que sus piernas cediesen finalmente. Con el rostro marcado de sangre, sudor y lágrimas, la nariz y el labio inferior sangrando, y la mirada perdida más allá de las borrosas siluetas que se movían ante ella, cayó de rodillas a escasos metros de su contrincante, susurrando el nombre de su montura con su último aliento. Antes de caer como una muñeca de trapo hecha trizas, junto a su hacha larga. Sin saber si el príncipe Pelleas se habría dignado a verla caer, o si habría mirado hacia otro lado, aburrido y falto de interés.  

Inconsciente, ya no sintió el temblor de tierra que provocaban los pasos desordenados del wyvern, que se acercó a ella con una mezcla de rugidos estridentes y gemidos lánguidos. La movía con el hocico, pero ella no respondía. Más gemidos. Más toques con el hocico. Intentó escurrir su morro bajo el vientre de ella para levantarla, pero lo único que logró fue ponerla bocarriba. Su jinete no se movía. SU JINETE NO SE MOVÍA. No había un dulce “Estoy bien, buñuelito”. Logi siguió empeñado en despertarla, en hacerla moverse. Se negaba a abandonarla. Se acurrucó junto a ella, en un vano intento de recuperarla, ajeno a todo.

A su lado, allí estaba Logi, donde yacía Hrist, derrotada por el Hombre de la Esquiva Mirada y la Espesa Cabellera Ondulada... El príncipe Pelleas de Daein.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Pelleas el Miér Jul 11, 2018 10:35 pm

Por largos momentos el mago perdió toda vista y noción de su oponente; segundos como de tiempo congelado en que las exclamaciones de asombro de los espectadores o sus vítores para un luchador o el otro seguían ajenos a él, separados por un velo de misericorde sordera. Tan sólo veía la magia moviéndose ante sí, arremolinada, espesa, ocultando lo que venía a él de tal modo que no podía siquiera saber si aún llegaría o no. El zumbido grave se había tragado, de momento, hasta el pesado aleteo del wyvern. Pelleas cesó de conjurar entonces, tomando del suelo el tomo polvoriento y de hojas arrugadas, presuroso de tomar nueva distancia. No obstante, no llegó siquiera a terminar de alzarse cuando le heló un sonido escalofriate, perforador: el grito de la jinete atacada por la magia. La crudeza de ello le erizó la piel al instante.

Muy, muy rara vez producía sonido la garganta de un emergido. Bajo circunstancias en exceso especiales podían soltar alguna palabra entre ellos, y entonces sus voces eran tan secas y rasposas como la arena, mas los gritos no nacían. Sus mismas muertes tendían a producirse en llano silencio. Para Pelleas, quien sólo conocía la guerra contra tales criaturas, el sonido quebrado e irregular de la voz femenina en ese momento evocaba lo inenarrable, le hablaba de terrores sólo reproducidos en sus recuerdos del internado de Plegia, sus últimas experiencias contra seres vivos. Aún así, nada se comparaba, amén de que la deformación de una voz que había oído emitir palabras amables antes fuese lo que peor lo hacía. Espesamente tragó saliva. Mas aunque todo ello le remeciera el alma, se obligó a sí mismo a mantener la vista sobre la masa oscura, serio de mirada, aguardando resultados. Al fin surgió de entre el negro la figura entera que esperaba, wyvern y jinete según creería en tal instante, en un movimiento que no distinguía como abalanzarse o acaso sólo caer, pero que le obligó a mantener la cabeza gacha para no ser embestido. Las patas del reptil golpearon el suelo con fuerza un par de veces antes de pasar por completo sobre él. Fue recién pasado aquello, cuando el príncipe hubo podido alzarse y mirado en tal dirección, que notó la ausencia de la joven de cabello claro sobre la montura.

Abrió los ojos de par en par, por un momento nada más que quieto allí, tenso como alambre desde el cuerpo hasta las puntas de los dedos, uñas presionándose en la tapa del tomo que sostenía. En aliento pesado recuperaba el aire perdido en los pasados caóticos minutos, el brazo derecho quieto a su lado, sangrando menos pero sangrando, la pierna doliéndole de forma sorda; el material grueso de las botas había evitado un corte profundo cuando el hacha había dado ahí, pero había sido un golpe y tendría un moretón enorme, negruzco y violáceo probablemente formándose ya, la pierna resentida al apoyarse en ella su peso. Aún así, al hacer sentido de lo que veía, al wyvern solo y luciendo por su propia parte alterado, se volvió derredor en inmediata búsqueda de la mujer. Los vestigios de magia a su alrededor bien le guiaron la mirada, encontrando a Hrist junto a la muralla opuesta de la arena, doblada sobre el suelo, tosiendo fuera del cuerpo la invasiva magia que le pululaba todavía cerca. Seguro de que las cosas habrían terminado allí, Pelleas murmuró el cierre del encantamiento y con un único golpeteo de las puntas de los dedos sobre el libro de Worm llamó de regreso a su sobrenatural compañía. La magia terminaría de abandonar el espacio junto a la jinete, arrastrándose o lánguidamente flotando de regreso al amo y al tomo, pero él se adelantaba ya.

- ¡Hrist! ¡No se mueva, por favor! Quédese allí... - Ignorando la sensación que se disparaba en la pierna dañada, habituado al menos a ciertos umbrales de dolor, el arcano se dirigió inmediatamente hacia ella para asistirla. Pero el encuentro no se daba por finalizado si ninguno de ellos caía inconsciente o clamaba rendición y Hrist, pese a su estado, no estaba haciendo tal cosa aún. Cualquier daeinita habría comendado el espíritu de la jinete por la persistencia mostrada, como hacía Pelleas en ese momento, asombrado y enmudecido de verla ponerse en pie, encaminada a su wyvern pese al daño interno que la magia habría hecho, evidenciado por la sangre emanando de la nariz. Fue apenas cuando volvió a caer, esta vez en definitiva quieta, que se anunció la victoria del príncipe y mago. El público rugió sus celebraciones por el buen espectáculo con tanta fuerza que no consiguió ignorarlos, retumbándole todo en el pecho. Pero todo lo que ocupaba su atención era el estado de ella, su contrincante caída.

El hombre de oscuro cabello ondulado y el wyvern separado de su dueña se encaminaron a la vez hacia ella. El animal, desde luego, la alcanzó primero, empujándola con el hocico y profiriendo sonidos que Pelleas reconocía vagamente como de angustia. Se aproximó él con entera intención de tomarla, su brazo derecho no estaba en un estado apto, pero se las arreglaría, de alguna forma la levantaría para llevarla a sanar. Era parte de su responsabilidad. No obstante, viendo a quien los había atacado y que representaba una activa amenaza acercarse tan resuelto, lógicamente, el wyvern ladeó la cabeza en su dirección y profirió un rugido de amenaza que empujó todo el cabello del príncipe hacia atrás, despejando inclusive la runa del espiritista trazada en su frente. El hombre supo frenar allí, indeciso y cauteloso.

- Sólo intento... sólo quiero... ayudar. - Habló con suavidad, comprendiendo mientras lo hacía la futilidad de tal cosa. Hablar no haría que fuera entendido. En cambio alzó un tanto las manos y soltó el libro de magia, apartándolo con la pierna dañada por temor a apoyarse en la misma, pero la criatura no lucía mansa ante aquello tampoco. Un wyvern difícilmente llegaba a estarlo, hasta donde su experiencia en casa decía. Sin embargo y por fortuna, se aproximaban en aquel entonces los sanadores alteanos a cumplir sus labores en el evento. Mientras una dama santa se aproximaba sosteniendo en alto un báculo de sueño para adormecer al gran reptil, otros sanadores se acercaban ya a los participantes del combate para deshacer sus heridas. Con un largo suspiro, Pelleas se resignó a la imposibilidad de ayudar a la jinete y aceptó con murmuradas gracias la asistencia. La necesidad de compensar permanecería en su mente de cualquier modo, y cuanto menos habría de enviar sus respetos a la mujer luego, si no acudía a su mente algo más.
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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

Mensaje por Eliwood el Dom Jul 29, 2018 11:46 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Hrist ha gastado un uso de su hacha larga de bronce.
Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Worm.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al incremento de experiencia, Hrist obtiene un nuevo skill de la rama Wyvern Rider:

Provocar - Skill que permite al caballero wyvern desviar la atención enemiga hacia sí mismo y su montura, como los blancos grandes y llamativos que son, actuando como distracción para atraer todo ataque o persecuciones hacia su persona en lugar de cualquier otro. La buena defensa y la movilidad del caballero wyvern hace al acto posible, aunque riesgoso.

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Re: [LotA]Hrist vs Pelleas [Ronda 1]

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