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[Entrenamiento] El final de una historia, solo es el comienzo de otra [Priv. Aran]

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Mensaje por Invitado el Vie Jun 08, 2018 11:47 am

Gracias a que el país ya había logrado una buena estabilidad, los emergidos se habían convertido en una amenaza algo mas secundaria a lo que el rey había descubierto de muchos de sus nobles. Aprovechando la llegada de los emergidos, muchos de los nobles se habían corrompido y habían decidido aprovecharse del pueblo llano, realizando crímenes atroces como pedir grandes cantidades de dinero como tributo, ejecuciones publicas por no pagar las deudas, el rey se dio cuenta de que tenía que actuar si quería que Etruria volviera a prosperar y como las malas hierbas de un bonito jardín, aquellos nobles debían ser destituidos de todos sus cargos y llevados ante la justicia para que nuevos brotes florecieran. Los padres de Mulitia eran parte de aquellas malas hierbas de las que había que deshacerse fue por eso que para Mulitia fue una sorpresa recibir una misiva de las fuerzas de Mulitia en apoyo a su causa.

Las fuerzas de Etruria sabían de ella, quizás habían oído hablar de todo lo que había hecho para ayudar al reino de Etruria y que nunca había hecho nada malo en contra del pueblo, habiendo vivido entre ellos todo aquel tiempo que había tenido que viajar, fue por eso quizás que Etruria la apoyaba, preferían algo bueno y nuevo, a que el ducado de Fenn siguiera siendo saqueado por sus propios lideres. Mulitia decidió llevar a aquellos que le habían sido leales hasta el final, Aran y Erk, quienes habían permanecido con ella hasta el final. La joven había logrado crear un vinculo muy fuerte, sobretodo con el soldado, con el que había compartido mucho, y al que realmente quería.

Las fuerzas de Etruria que la apoyarían se reunirían con ella cerca del bosque, donde avanzarían todos juntos hacia la mansión Fenn. La joven realmente estaba algo nerviosa, después de todo aquello era lo que había estado esperando desde hacía mucho tiempo...y aun así también era lo ultimo que quería, volver a ver a sus padres y tener que echarlos de allí, probablemente incluso luchar contra ellos, pero debía ser fuerte, debía pensar en lo mejor para su pueblo y lo mejor era que ellos dejaran sus pertinentes cargos. El grupo llego hasta el punto de encuentro y le sorprendió el hecho de ver a tantos caballeros con las banderas de Etruria, sin duda había venido un gran grupo de soldados de Etruria a apoyarlos. -Los abusos que han cometido los duques de Fenn no pueden quedar impunes, pero tampoco podemos ser los primeros que tiren la piedra, les daremos la oportunidad de que salgan en paz de la mansión, sin que haya un enfrentamiento, se que han realizado crímenes innombrables contra el pueblo de Etruria, pero si puedo salvar aunque sea la vida de una persona, lo haré. Las fuerzas de Etruria parecían estar de acuerdo y en cuanto la joven cleriga empezó a avanzar estos hicieron lo mismo. La visión que se les presentaba antes de llegar a la mansión era la de un pueblo en decadencia, habían instaladas varias horcas en el pueblo, además podía verse que en muchas partes aun había sangre seca, como si las ejecuciones no solo se realizaran con la horca. La gente ya había sido rescatada, pero realmente estaban muy mal, aquello mas parecia un pueblo fantasma, algo peor que un pueblo arrasado por emergidos.
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Mensaje por Aran el Miér Jul 18, 2018 10:18 pm

¿Había verdaderamente un final para cada viaje? Para Aran, cada uno encapsulaba otro, y otro más. Su viaje a los desiertos, su visita a los bosques, pueblos y playas de Etruria, todo era parte de un destino aún más importante. Sin duda, el objetivo al que tanto se habían esforzado en llegar residía ahora delante de sí, y podía verlo claramente dibujarse en el horizonte. Ese sitio que por cuenta propia jamás hubiera pensado ni siquiera conocer, pero que ahora se volvía una voz que clamaba por justicia. Sería fácil decir que se internaba allí por puro deber, pero el soldado no podría mentir. Era todo por Mulitia. Pero aparte de ella, era su oportunidad de redimirse, de por fin limpiarse de sus culpas, valiendo para una causa en la que en verdad podría ser útil.

Bastaba con recordar su pasado para darse cuenta en verdad de cuánto había cambiado su vida. Nunca antes, nunca en el pasado se le había impuesto una misión de tan gran importancia, ni siquiera en su antigua Begnion, donde había ganado sus armas en primer lugar. Proteger las fronteras, no... servir de asesino no tenía comparación alguna con verse rodeado de compatriotas etrurianos, como si ese fuera su lugar, y tan solo se hubiera desviado un poco  de su camino para finalmente volver.

Lo cierto es que Etruria había ganado su completa admiración. Siendo Aran verdaderamente un "hombre de ninguna parte", había sido fácil para él aclimatarse a aquella tierra distante, tan diferente de la rudeza de su antigua Tellius. Todo era mucho más modesto y tranquilo, las personas y sus encuentros. Incluso si no todas sus experiencias habían sido perfectas, por una vez había sido capaz de olvidarlas, de perdonar el pasado. ¿Sería verdad que Santa Elimine tenía poder entonces? Si Mulitia era la demostración de ello, no tenía otra opción más que creer.

Estaban situados ya en los bosques, y no tardaron en marchar hacia el corazón del ducado, a su ciudad. Aran se mantenía cerca de la clériga, aunque intentando no interferir en su liderazgo. Aún así vigilaba su semblante desde la distancia, notando alguna reacción en ella al ser testigos todos del escenario que se les presentaba. El dolor que la gente había experimentado allí estaba escrito con sangre. Los emergidos, hasta donde él sabía, nunca usaban elementos de tortura en sus ataques. Solo mataban y conquistaban sin emoción ni motivación clara. Aquella destrucción allí presente era el acto más humano del que podría ser testigo. Inspirando hondo, sujetando bien sus armas y manteniendo la cabeza en alto, Aran se acercó a la joven y le habló de medio lado:

- No... no tengo un buen presentimiento. -consiguió murmurar apenas. Aran recién se daba cuenta de lo nervioso que estaba al hallar su voz entrecortada y temblorosa.  No, no eran solo nervios, era miedo. Un soldado de Begnion contaminado por el más irracional temor. No había nada, ni un solo ruido ni adversario, y aún así no hallaba por donde calmarse sin ser un incordio. En un intento de por fin concentrarse, Aran buscó con la mirada la mansión de Fenn, un edificio que desde allí se adivinaba enorme, pulcro, impenetrable.- A-ah... ¿Mulitia, están allí? -preguntó entre sorprendido y en duda. Parecía un blanco fácil de vigilar. Incluso cuando todo el mundo afirmaba que los encontrarían dentro, aún podía ser que no los esperaran y hubieran huido. Pero, como siempre, el soldado no quiso indagar de sobra en aquello, no quería quitar fe a Mulitia, quien probablemente aún rezaba porque sus padres finalmente se rindieran. Los soldados de Etruria rodearon la plaza, cortaron los caminos y se prepararon para resguardar cualquier vía de escape de la mansión, todo a espera de que la clériga anunciara su presencia y llamara a los duques de Fenn a encarar a la ley. Aran hizo un último intento , por ambos, de esperanzar el futuro, poniéndose delante de ella y sosteniendo sus manos con las suyas, buscando que lo mirara fijamente.

- Estaré aquí, con mi escudo y mi lanza. Ahora tú tienes que usar tus palabras, pero... sea como sea, yo te protegeré. -La soltó antes de que notara el temblor de sus manos, sonriéndole, y una vez dicho esto retrocedió unos pasos para observar lo que haría, sin nunca dejar de observar a sus espaldas.
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Mensaje por Invitado el Lun Sep 17, 2018 1:32 pm

La compañía de Aran le daba fuerzas, había estado junto a ella en todo momento, casi desde que empezó su misión hacía ya bastante tiempo, estaba allí, junto a ella, protegiéndola y ayudándola, nunca había sentido desconfianza alguna por su parte, estaba muy agradecida de que la hubiera seguido, tanto en los momentos buenos, como en los malos que les habían ocurrido a lo largo de todo aquel tiempo. Allí estaba el peliverde, se le notaba asustado, nervioso, aun así avanzaba junto a ella y aun que se le notara así, ella misma sabía que nunca huiría, que la seguiría siempre. El pueblo estaba desierto, probablemente habían sido avisados de que venían y habían decidido refugiarse en otras partes hasta que pasará la tormenta, eso es lo que esperaba la cleriga, porque no quería imaginar que otra cosa podría ser.

Llegar a ver la mansión Fenn, la comenzaba a poner mas nerviosa, aquella había sido su jaula desde pequeña, nunca había salido, no conocía lo que hacían sus padres, era como una muñeca, sin conocimientos del exterior, dándose con todo de bruces al salir de allí. Ahora estaba volviendo a aquella mansión, no para convertirla en una jaula, no para convertirlo en un edificio al que temer, sino uno en que la gente del pueblo pueda admirar, pueda visitar, sin miedo alguno, pero aun debía conseguirlo. Llegaron a los jardines de la mansión, los soldados de Etruria estaban preparados para cualquier huida, realmente se notaba su profesionalidad. El jardín si que parecía muy bien cuidado, todo lleno de flores, algo sorprendente teniendo en cuenta la imagen que daba el pueblo, en comparación con la propia mansión y sus jardines, era como si las flores se hubieran alimentado de la desgracia del pueblo y con ello hubieran crecido fuertes.

-Si, mis padres están allí, las personas que han hecho esto, las mismas personas que quiero tanto castigar, como salvar de la muerte. Dijo ella, sin duda se le notaba muy afectada, nerviosa incluso, aquella situación era demasiado para ella, y sin duda era cuando mas necesitaba al soldado a su lado. Sentir sus manos junto a las de ella le hizo suspirar mas aliviada, observando sus verdosos ojos con una sonrisa leve asintiendo suavemente, acariciando con sus dedos las manos encueradas del soldado. -Muchas gracias, gracias a ti, soy mas fuerte, gracias por estar siempre conmigo. Cuando se retiro ella se adelanto y levanto la cabeza hacia la mansión, levantando la voz.-Llamo a la justicia a los duques de Fenn, señores nobles de Etruria, señores que debían proteger su pueblo y no saquearlo como bandidos, por sus crímenes, se les permite salir y rendirse, se les tratara con respeto y tendrán un juicio justo, pero pagaran por sus crímenes!

No se escucho respuesta alguna, solo el sonido del viento...como si no hubiera nadie allí, pero pronto se escucho se escucharon las puertas abrirse, las grandes puertas de Fenn. Sus padres no estaban allí, solo un grupo de hombres armados, se escucho, sin embargo, una voz grave, muy fuerte, la de su padre desde el interior, un grito muy fuerte. -Matad a esa desgraciada! A esa traidora desagradecida! La joven no supo como reaccionar cuando vio como varias flechas eran disparadas, directamente hacia ella, sin importarles nada los demás soldados, todas iban dirigidas hacia ella. Las palabras de su padre la habían afectado por lo que se mantuvo inmóvil, sin saber que hacer, hasta que sintió dolor, algo había penetrado su carne, una flecha clavada en su pecho fue el inicio de la batalla.

Padre...
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Mensaje por Aran el Miér Oct 31, 2018 2:27 am

- Sí... -contestó al oír sus palabras, mirándola a los ojos, acercando un breve beso a su frente. En su lugar, Aran jamás podría traer abajo a quienes sentía cercanos. Si bien recordaba, nunca había cuestionado o enfrentado a sus superiores allá en Begnion, a quienes creía tan erróneos. Por otra parte, no era muy capaz de comparar a sus padres adoptivos con los de Mulitia en esa situación, no había manera. Por eso aún le era difícil creer que en verdad estuvieran enfrentados, pero en ningún momento dudó de lo que habían decidido. Iban a arrastrarlos fuera de esa mansión, incluso si debían recurrir al acero y el fuego; iban a sacarlos. Solo quedaba oír las palabras de la joven, y rezar por que fueran suficientes.

Se había puesto a su lado, algo más atrás. Entonces, al oír abrirse las puertas enfrente suyo, Aran congeló su mirada en los soldados que de allí emergieron. Tuvo un terrible presentimiento, mas su error fue no acercarse a Mulitia, advertirle que algo no estaba bien. En cambio, sus brazos y piernas se anclaron en su lugar, incapaz siquiera de arrastrar su pie hacia delante. Las palabras del hombre que comandaba a aquellos otros estremeció su pecho de tal forma que quiso contestarle de la misma forma, sin embargo, aquella fracción de segundo se convirtió rápidamente en una pesadilla. Aran estaba lejos, pero aún así intento dispararse hacia delante al oír los arcos tensarse, alzando su escudo en frente de Mulitia. Las flechas lo encontraron, chocando contra el metal, rozándolo por todas las partes del cuerpo que no alcanzaba a cubrir. Unas flechas le abrieron la piel, sin llegar a clavarse, pero creando cortes que lo hicieron flaquear. Su única confianza era que ninguna de ellas había tocado a la clériga, o al menos eso había querido creer. No había notado aquel proyectil certero el cual, en forma de arco, había esquivado su férrea defensa, impactando justo en el corazón de la mujer. Lo vio apenas se giró, deseoso de comprobar que había terminado ilesa, chocando con una imagen tan atronadora, tan irreal, que por un momento imaginó que sus ojos lo habían engañado con la peor de las perversiones. Pero era real, la sangre... la sangre no podía ser la suya. Y entonces la voz de quien se suponía iba a protegerla, a salvar su vida sobre la suya propia, se deformó de tal manera que perdió la razón de sí mismo.

 - ¡AAAHH...AAAAHHH!  

Se lanzó hacia ella. Tiró sus armas. Corrió y recogió a Mulitia con manos torpes  y temblorosas. Sintió que apenas podía sostenerla, que en cualquier momento caería de sus manos al suelo. Estaba de espaldas a la batalla, y sus ojos solo veían rojo. El caos, la ignorancia de quien no sabe enmendar el daño de un arma, consumía sus pensamientos inconclusos. Sacar la flecha, o no hacerlo. Buscar sus ojos, hablar a su oído, esperar que lo mirara. Nada, no podía hacer nada. Sin embargo su instinto actuó por sobre su mente, y su mano viajo hasta sus bolsillos, de donde sacó al azar una de sus medicinas, las cuales había conservado todo ese tiempo con devoción. Sus ojos vidriosos apenas le permitían ver con claridad su rostro, su expresión, pero aún así... Aún así cerró sus párpados, pues no era capaz de ver lo que había decidido hacer.- ¡AAAAHHH..! -gritó, arrancando la flecha de su pecho con una sola mano. Sus dedos, incontrolables, dejaron caer la poción sobre ella sin aplicarla bien, escurriéndose su contenido por sobre su herida.- ¡Ahhh..hah..hah...! -era imposible para él articular palabra alguna, ahogando su boca entre los cabellos de Mulitia, acercándola en un abrazo que escondía de sí el daño que parecía mortal. Enceguecido por la oscuridad de sus párpados cerrados, Aran se desahogó en un llanto inaudible y extenso.
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Mensaje por Invitado el Vie Ene 11, 2019 11:25 am

-A...Aran... Su nombre fue lo ultimo que dijo, titubeando, la sangre corría por su vestido, manchandolo de rojo, un gran contraste debido a que su vestido era blanco, el dolor no era solo físico, su alma estaba adolorida también al saber que su padre había sido el causante de aquello, saber que para el no era nada, que no había ni un mínimo de compasión y amor por ella como su hija, aunque aquello le había abierto los ojos, su padre nunca mas volvería a ser el mismo, no recibiría piedad por su parte, ni nada bueno, lo había tenido que descubrir de la peor forma posible, pero ahora lo sabía y si salía de aquella situación, lo tendría en cuenta en batalla. Los soldados ya no sabían que hacer, habían atacado a la cabeza del grupo, debían saber que estaba viva para proseguir ya que sino no tendrían ningún derecho para atacar las tierras Fenn, ella era la llave y sin ella no podrían hacer nada.

La cleriga cayo de su yegua sin poder evitarlo, con una mueca de dolor continuo, no habiendo sentido si quiera el golpe al caer, pues el dolor de su pecho solapaba lo demás, todo fue volviéndose negro a su alrededor, nubloso, pero un grito la despertó, pudo diferenciar una figura que estaba con ella, su grito, su cuerpo, podía reconocerlo, era Aran, lloraba. La joven temblando paso su mano ensangrentada por la mejilla del peliverde, acariciándolo con suavidad con sus temblorosos dedos, pero en su rostro ahora podía verse una suave sonrisa, no sabía si era su propia compañía o la poción que había esparcido por su herida, ni si quiera sintió cuando este quitó la flecha de la herida. La herida empezó a sanar poco a poco, signo de que la flecha no había llegado a atravesar algún punto mortal, algo sorprendente, los soldados cercanos podían ver que la herida sanaba por lo que estaba viva, así que comenzaron a avanzar contra la mansión, lo primero que hicieron fue encargarse de aquellos arqueros.

Ambos permanecían en el suelo, Mulitia poco a poco se iba recuperando, la herida seguía ahí, pero dejo de sangrar y ya no dolía por lo que tuvo fuerzas para abrazar al soldado contra ella tranquilamente. -Shh...estoy...estoy aquí, sabía que estarías aquí, mi amor... Tenemos que...luchar, no podemos dejar que se salgan con la suya...llévame contigo, y juntos lo conseguiremos. Volvió su rostro hasta mantenerlo frente al de Aran sonriendo levemente mientras miraba sus ojos. -Tranquilo... conozco un atajo, podremos llegar ante mis padres sin que tengamos que luchar con los demás. Se le veía bastante recuperada, aun así intentar levantarse le costó un poco, pero la herida se veía que poco a poco iba a recuperarse, solo era cuestión de tiempo.
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Mensaje por Aran el Lun Ene 14, 2019 6:09 pm

No quería abrir los ojos. No sobreviviría ver un rostro inanimado, o incluso uno que apenas se sostenía de la vida. Si el calor de su sangre ya era suficiente para hacerlo temblar, sabía que no podría. Ni siquiera sentir su mano lo liberó de su trance, sino que fue su voz, aún presente, la que logró reanimar su espíritu. Sus pupilas aparecieron brevemente, hallando delante de sí una sonrisa, una que no imaginaba, y que por supuesto lo sorprendió. - ¡A-ah…! -cerró sus párpados una vez más. De pronto sentía un gran alivio, uno tal como si todo ese tiempo hubieran estado estrangulando su cuerpo y entonces, finalmente, lo soltaran. Cuando Mulitia se afirmó a él, no pudo más que corresponderle, enterrando su rostro en su cuello, bajo su mentón. Fue entonces que palpó su vestido, ya no sintiendo que se le escapaba la vida de aquella herida. Era increíble... ¿Había sido la poción? ¿Había... logrado salvarla, o había sido algo más?

- ¿Cómo… es que sanas? No lo entiendo… ¿Tengo que agradecer… a Elimine? -preguntó Aran con la voz atragantada de lágrimas. Levantó una mano y acarició los cabellos de la joven, tocando sus orejas también. Nunca solía permanecer demasiado con sus manos jugando de esa forma, pero aquel momento se lo exigía. Sobre todo porque la urgencia lo perseguía por detrás, la batalla cuya mecha había vuelto a ser encendida. No podían quedarse allí, pues sus vidas corrían aún más peligro que antes. Aran oyó a la clériga atentamente, sosteniendo sus pupilas en las suyas, sin embargo escapando su mirada a los alrededores de vez en cuando, atento al peligro.

- ¿Un atajo? Pero, si solo vamos nosotros, digo, todavía no sanas… Mulitia, apenas tú...-murmuró Aran, cabizbajo y frunciendo el ceño. Ella acababa de darle el susto de su vida, y por lo mismo, sus ansias de conservarla, de huir, eran muy grandes.- No podemos pelear. -inspiró.

El soldado atendió a los intentos de levantarse de la clériga, ayudándola a erguirse y sin nunca dejar de sostenerla.- Dónde estás… ¿Purpurina? -buscó a la yegua con la mirada. Esta se encontraba caminando algo más lejos, visiblemente alterada. Aran intentó llamarla, pero como no sabía bien, prefirió poco después acercarse y traerla de sus riendas.- Al menos no camines. -dijo seriamente a la joven. No había por donde cambiar su resolución ya que sin escuchar protesta, se agachó y levantó a Mulitia, sosteniéndola de su espalda y piernas, y la ayudó a montar de nuevo.

Siendo que entonces podía volver a convertirse en el blando de flechas, Aran guió a Purpurina lejos y con prisa, trotando incluso, hasta posicionarse más por el costado de la mansión en vez de enfrente. Quizás parecía que huían, pero Aran solo necesitaba desaparecer y encontrar tranquilidad, sobre todo un espacio abierto donde la clériga pudiera explicarle mejor lo que tramaba. Encontró finalmente el lugar que quería, por lo que soltó a la yegua y se quedó de pie, recogiendo su aliento. Se llevó ambas manos a la cara e intentó limpiarse el sudor, que entonces se confundía aún con sus lágrimas. Nervioso, aún temblaba, pero sus ojos y oídos permanecían despiertos.

- S-sea como sea, no permitiré que ese hombre… salga impune. No después de esto. -alcanzó a decir, cubriéndose los ojos y luego pasándose la mano hacia arriba, desordenando sus cabellos.
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Mensaje por Invitado el Miér Ene 23, 2019 2:14 pm

Dolía mucho, aquello era inevitable, había sido alcanzada por una flecha directamente cerca de su corazón, la sanación tampoco es que fuera algo agradable de sentir, era doloroso sentir poco a poco como su herida iba curándose poco a poco, aun así Mulitia no se quejaba demasiado, no era una persona quejica, sabía que si lo hacía aun preocuparía mas al nervioso soldado de cabellos verdosos que tenía encima, hecho un mar de lagrimas después de aquella dramática escena. Por un momento ella misma creía que nunca mas volvería a verlo, aquello era lo que mas le aterraba, le daba igual la mansión, el ejercito de Etruria, aquello no le importaba, lo primero que pensó fue en el. La joven observaba su vestido, estaba toda manchada de sangre, pero no le importaba, acariciaba el rostro del otro levemente para calmarlo, asintiendo suavemente. -Me...me has sanado, puede que Santa Elimine haya ayudado también...Ah...gracias.

Intentaba calmarlo de todas las formas, sintiendo sus caricias, la joven intentaba por su parte intentar limpiar sus lagrimas con sus dedos. Después de aquel ataque, su propia piel se había vuelto algo mas pálida de lo que ya era de por si, pero poco a poco, el calor de su cuerpo iba volviendo, había sido un susto muy grande para ambos. Aran demostraba sentirlo con gran intensidad. Mantenía su rojiza mirada puesta en la verdosa suya sonriendo levemente. -Tra...tranquilo, mi amor...no he venido aquí para quedarme a las puertas, entraremos juntos, porque me he dado cuenta que todo lo demás importa poco...solo me importas tu, y no quiero verte sufrir. Suspiro levemente asintiendo levemente, sin embargo, su alrededor no compartía aquel punto de vista suyo, los guerreros de Etruria seguían avanzando en contra de los mercenarios contratados por sus padres.

-Tengo una idea...pero no nos tienen que ver... Vio como el mismo se encargaba de traer a la alterada yegua, agarrándose a el para después dejarse llevar por su yegua, su montura parecía saber que ella no estaba en plenas condiciones, que aun estando en plena batalla mantuvo la calma en cuanto ella se montó alejándose de la batalla antes de que cualquier persona mas alertara su presencia. La joven una vez estuvieron alejados de la batalla y tapándose la herida que aun sanaba, cada vez mas recuperando sus fuerzas, observo los dorsales de la mansión. -Podemos entrar por la entrada del servicio, puedo abrirla sin problemas, por ahí fue por donde me escape... Este ataque, esta herida en realidad nos han hecho un gran favor, ahora mis padres y sus fuerzas creen que estoy muerta, eso nos viene de perlas...no esperaran un ataque nuestro. La joven fue avanzando poco a poco por los jardines, toda la atención se centraba en la entrada principal, por lo que llegar a la entrada del servicio no sería mucho problema para dos personas. -Una vez entremos...solo tendremos que subir, mi madre estará en su habitación, viendo el transcurso de la pelea desde el balcón, ahi se siente segura pero...la atraparemos y tendrán que rendirse.
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Mensaje por Aran el Mar Feb 05, 2019 9:10 pm

Mulitia parecía tener una clara idea de cómo terminar con aquella pesadilla. Aran no deseaba dudar, pero sí desconfiaba del destino, de que ambos pudieran salir ilesos, considerando lo que apenas acababa de ocurrir, y la sangre que se había derramado sobre ambos. ¿Cómo no podía aquella mansión estar repleta por completo de criminales y asesinos, preparados para emboscarlos tras cada puerta? ¿Cómo podría saber si una fila de arqueros les esperaba ya con saetas en mano? Aran temía, sí, pero entonces no había cómo interrumpir el conflicto que se desarrollaba en el exterior, y de la misma forma, tampoco había camino por el cual retroceder. El peliverde tragó saliva, avanzando junto con la clérica y su montura, rodeando el campo de batalla y atravesando el jardín exterior de la mansión.

-Solo puede funcionar si no saben que estamos allí. -murmuró para sí mismo lo ya obvio.- Me vieron sacarte. Quizás piensan que huí contigo. Eso… eso quizás… -algo de confianza se irguió dentro de sí, estando ya frente a frente con la puerta que Mulitia había señalado, sin haber sido descubiertos.- Entonces, yo voy a subir. Subiré, y me aseguraré de que esa mujer ya no puedo hacer daño a nadie…

Aran no quiso especificar sus propias palabras. Más bien, no tuvo el valor de admitir de lo que era capaz. Todo podía suceder, dependiendo de cómo reaccionara aquella criminal ante su presencia. Porque así era, para Aran poco significaba quien hubiera sido, o si algo en su vida le redimía. Si estaba contenta con la muerte de su propia hija no podía ser más a sus ojos.

-  Mulitia, si sabes… -titubeó un poco.- ...si sabes qué debo hacer para que no luche y se rinda, lo que sea, ahora es el momento. -miró a la clériga fijamente. Sus ojos verdes estaban abandonados de miedo, pero encontraban refugio en aquellos, rojos, ajenos.- No quiero pensar que pude no haber oído tu consejo. -entonces sonrió y tocó su brazo, sujetándolo con calma.

Efectivamente, le pedía algún punto débil, algo que evitara que pudiera caer en cualquier clase de sucia trampa. Aran, por supuesto, aún no imaginaba a Mulitia luchando tras apenas haberse sanado sus heridas, por lo que debía exigirse a sí mismo ser rápido y eficaz, para así acabar con aquella pesadilla. El soldado prestó una mano a la joven para que bajara de la yegua, pues de todas formas deberían dejarla allí fuera, ya que no sería práctico que entrara también a un lugar así de estrecho.

- Vamos. -una vez pudieron abrir la puerta, Aran ingresó al edificio, siendo enceguecido por el brusco cambio de luz. Una vez se hubo acostumbrado, sintió también un cambio de temperatura al hallarse puertas adentro, el cual alivianó la carga de su armadura. Alrededor de sí habían cantidad de implementos que no podía definir, los cuales debían auxiliar a los sirvientes de aquella mansión en sus labores diarias. Sin embargo no iba a detenerse allí, pues sabía que más allá, tras cruzar otra puerta, encontraría el salón principal, y con él la escalera que lo llevaría a su objetivo.

Aran había estado anteriormente en edificios así, de tanto o más lujo, por obedecer a su labor. No para quedarse, por supuesto, sino para servir de escolta y guardia a sus dueños. Por eso imaginaba que habrían mercenarios allí esperándolos, sin embargo hallando frente a sí ni una sola alma. Tan solo lo recibió el terciopelo de una enorme alfombra, y a su alrededor una cantidad de decoraciones a par de la riqueza de aquellos individuos. Pero no era su preocupación admirar nada, ni le importaba. Tan solo debía subir y encontrar a aquella mujer, fuera como fuera. Tal como había imaginado que haría, caminó antes que Mulitia y puso su primer pie en los escalones, subiendo, una expresión seria y decidida dictando todo su cuerpo. Por fin estaba allí.
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Mensaje por Invitado el Sáb Feb 23, 2019 11:24 am

Esperaba realmente que su estrategia funcionara en serio, ya que sino funcionaba estarían solos en la mansión, no habría ningún soldado de Etruria apoyándolos allí dentro, podrían morir y ningún soldado enterarse de que aquello había ocurrido ya que estaban demasiado ocupados en la batalla que se estaba produciendo en las puertas principales de la mansión, ahora todo recaía en ellos, la misión fracasaría o triunfaría según como lo hicieran y aquello aun ponía mas nerviosa a la joven de cabellos anaranjados, aun así no iba a mostrarlo, sabía bien que Aran podría ponerse aun mas nervioso que ella si la veía flaquear, por eso, en aquella situación debía mostrarse todo lo fuerte que pudiera, aunque su corazón no dejará de palpitar, del miedo, de la emoción. Seguramente todas las fuerzas que habían logrado contratar sus padres se encontraban defendiendo la puerta principal, después de todo no había tantos mercenarios para defender toda la mansión entera, la única esperanza que tenían era proteger la entrada principal con esos hombres y mujeres pagados con oro manchado de sangre.

-Tengamos esperanza...es lo único que nos queda, si funciona, no habrá que derramar mas sangre, todo acabará por fin. La joven intentaba inspirar al soldado, aunque este parecía decidido y parecía creer fervientemente en su estrategia, la joven asintió convencida también, observando al joven peliverde fijamente. Sabía que haría cualquier cosa para acabar con aquello, en su mirada podía verlo, pero aun así quería saber algo que pudiera ayudar a que su madre no tuviera que recibir ningún daño, que no tuviera que haber un enfrentamiento directo con ella por lo que suspiro y asintió levemente. -Hay algo que quizás... mis padres valoran mucho mas lo material ahora, pero lo verdaderamente importante que hay en esa habitación son sus libros, los guardan en el cajón de la izquierda, en su escritorio, son unos libros bastante antiguos... escritos por ella antes de casarse con mi padre, si la amenazas con que los destruirás seguramente no intentará hacerte daño y se rendirá. Se que les tiene mucho apreció.

Era lo único que podría parar cualquier ataque de su madre, perder el trabajo que mas le había hecho sentir dichosa, aquello por lo que se sentía tan orgullosa. Aun así Mulitia no podía estar segura de que aquello funcionará, sus padres habían cambiado mucho desde su huida. -Yo los cogeré, tu no dejes que se acerque... si la cosa se pone mal, te necesitaré allí, cerca de ella.

Una vez penetraron en la mansión a Mulitia le dio un soplo de añoranza, todos los recuerdos vinieron a ella de golpe, de su infancia...no podía evitar sentirse melancólica al volver a pasar por aquellos pasillos, ver los mismos cuadros de cuando era pequeña y los jarrones con los que había tenido tanto cuidado al jugar en la mansión. Caminaba observando todos aquellos elementos, eran sin duda, los menos lujosos que se encontraban en la mansión, pero los que mas transmitían, todo lo demás era nuevo. Subían por las escaleras, no había nadie vigilando, como intuía la joven cleriga, podrían entrar sin problemas. Una vez arriba, llevo al soldado hasta la puerta de la habitación y abriendo un poco, solo para poder ver el interior, pudo verla...a su madre, allí estaba, con su larga cabellera rubia, observaba desde el balcón todo el caos formado en el exterior. No era el momento para sentirse mal, para sentir melancolía, había que actuar cuanto antes, por eso la joven señalo el escritorio para que lo viera el joven soldado, y entonces paso a adentrarse en la habitación poco a poco y con sigilo se escondió tras el escritorio y saco los libros del cajón, levantándose.

-Se acabó madre, se terminó vuestro reinado de terror, deponed las armas, rendiros o juro por Santa Elimine que los destruiré.

La mujer se giró sorprendida entonces, pero una vez vio que lo que llevaba en las manos su hija eran los libros, su rostro cambió, no parecía tener expresión alguna, miraba a la joven como si estuviera mirando la pared.

-Niña estúpida... ¿Crees que tu o esos libros me importáis algo?! Lo único que importa en este mundo es el poder...y no me lo vas a arrebatar.

La mujer fue a sacar un tomo de portada verdosa de sus ropajes, dispuesta a atacar con el.
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Mensaje por Aran el Sáb Mar 23, 2019 10:55 pm

¿Los libros? Aran en ese entonces no consideraba el valor que podían tener ellos. Aún bastante iletrado, suponía que el verdadero valor que tendrían entonces para aquella mujer era que los había hecho ella, y nada más. Y, por supuesto, todo trabajo propio es arduamente defendido por quienes incuban su esfuerzo en él. Al menos eso entendió, pero no confiaba en que eso fuera a detenerla. Es más, le molestó el enorme interés que podía tener en algo material, por lo que, que Mulitia insinuara que por eso fuera a detenerse, no hacía sino reducir su confianza en ella. Se molestó, e incapaz de ahogar completamente su emoción, murmuró apenas- ¿Quiere más a unos libros que la vida de las personas? Monstruo… -frunció el ceño, y avanzó sin descuidar más el tiempo. Estaría preparado para proteger a la clériga si así era necesario, ahogando su sentimiento, y rezando por no perder control de sí.

Para su sorpresa, realmente no había nadie más allí. Ningún soldado, ninguna trampa. Aran desconfiaba en demasía, pero ya que Mulitia conocía ese lugar mejor que él, suponía que ella notaría si algo estaba fuera de lugar. Pues, nadie podía tener una mejor percepción de ese edificio que quien lo consideraba, o lo había considerado, su hogar.

Una vez frente a la puerta, puso su mano en el hombro de Mulitia y la miró, buscando en ella la seguridad de que, esta vez, ninguno de ellos saldría herido. Antes sería aquella criminal, quien siquiera parpadeaba ante el caos del cual era testigo. Hizo el esfuerzo de ver a esta última, hallándola allí presente. No sabía si era como la había imaginado, no sabía si la había imaginado alguna vez siquiera. No podía ver bien su rostro, por lo que no podía decir realmente que tan parecida a Mulitia era. Sin embargo, presentía de ella un aura de potestad y poder, una que quizás los superaba. No le sorprendía realmente que fuera ella quien comandara a aquellos villanos en el exterior, junto con su marido, quien estaba fuera. No sabía si sería capaz de enfrentarse a ambos, por lo que aquella era la oportunidad perfecta de detenerla.

Aran esperó a que Mulitia entrara, pues a diferencia de la clériga, no podría ser sigiloso cargando con su armadura y su arma. Pero una vez ella cogió uno de esos libros, salió disparado dentro, colocándose entre medio de ambas mujeres, quieto como una estatua. Probablemente se preguntaría qué estaba haciendo él allí, pero no le importaba. No le imprtaba que lo juzgara, pues ella jamás sabría su relación con Mulitia. No tenía el derecho de saberlo o que le importara.

Sin ánimos de rendirse, aquella madre insultó a su hija como si hablara a un animal, a un perro. Aran abrió los ojos, cogiendo aire. Era él quien podía ignorar aquellas palabras si eran dirigidas a su persona, pero no a Mulitia. Ella no merecía ser tratada de esa manera por nadie. Apretó el mango de su arma y sin dudar, pisó adelante con la fuerza de una roca, interponiéndose en las intenciones de aquel demonio. No sería el tan rápido, pero no era estúpido.

-¡Detente ahí…! -Aran usó su lanza para golpear el libro de las manos de la mujer, y una vez en el suelo lo atravesó por la mitad. Así, no tardó en voltearse y apuntar el filo de su arma contra el pecho de la invocadora. -¡Ya está!...  has perdido… -murmuró. Sus ojos estaban enrojecidos, y su piel sudaba, de terror, de ira. Si no fuera por su determinación, sus manos temblarían. Sin embargo, sentía que la había superado, a pesar de que entonces no sabía qué haría. ¿La retendrían? Tarde o temprano llegaría aquel hombre, a quien no podría parar tan fácilmente. Temía que los sorprendiera, pero no podía mirar hacia atrás, sus ojos clavados en el rostro de aquella otra.

-Mulitia .-alzó la voz entonces, aunque sin mirarla. No podía permitir distraerse por nada.- Busca con qué evitar que se resista... .-había dicho eso, porque no sabía qué hacer. No sabía si la tendrían como rehén, o si se preocuparían por ella siquiera, dado a que quienes luchaban allí abajo tampoco tenían alma. Solo sabía una cosa, y era que se resistía a dañarla. Aquello fácilmente podía acabar siendo su perdición, pero no temía en tomar el riesgo, por Mulitia.
Afiliación :
- BEGNION -

Clase :
Halberdier

Cargo :
Soldado de Begnion

Autoridad :

Inventario :
Jabalina [4]
Lanza de acero [3]
Lanza de bronce [2]
llave maestra [2]
.
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Support :
Pelleas [Entrenamiento] El final de una historia, solo es el comienzo de otra [Priv. Aran] JEIjc1v

Especialización :
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Mensaje por Eliwood el Dom Ago 25, 2019 3:59 pm

Tema cerrado. 30G a Aran.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
espada de acero [5]
.
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.

Support :
Marth [Entrenamiento] El final de una historia, solo es el comienzo de otra [Priv. Aran] Iwzg0SR
Lyndis [Entrenamiento] El final de una historia, solo es el comienzo de otra [Priv. Aran] JEIjc1v
Nils [Entrenamiento] El final de una historia, solo es el comienzo de otra [Priv. Aran] JEIjc1v
Izaya [Entrenamiento] El final de una historia, solo es el comienzo de otra [Priv. Aran] JEIjc1v

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[Entrenamiento] El final de una historia, solo es el comienzo de otra [Priv. Aran] Iu4Yxy1

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