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[Campaña de liberación] Las opiniones no definen tu realidad. [Priv Sissi]

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[Campaña de liberación] Las opiniones no definen tu realidad. [Priv Sissi]

Mensaje por Poe el Lun Abr 16, 2018 1:59 am

La llegada a Sindhu era un alivio para él, después de un largo viaje donde había tenido que hacer tanto para llegar, estaba agotado y rogando por una cama y comida decente.
Su llegada por el norte fue a lomos de caballo, un buen animal que había valido todo lo que había pagado por él y ahora, después de semanas de viaje a su lado ya lo consideraba parte de su familia, pues habiéndose separado, más bien siendo exiliado, por la suya se había apegado mucho a sus mascotas. Habiendo cruzado la cordillera donde se había unido a una pequeña caravana mercantil ingresó a la ciudad que le dijeron que se llamaba “Valle diamante”, con tan pintoresco nombre esperaba poder encontrar al menos una posada que pudiese darle alivio, no esperaba sin embargo, después de tanto viaje por ruinas y tierras desoladas, encontrarse con tanta vida en aquel lugar.

Había llegado en la madrugada donde la caravana tuvo que esperar a que les permitieran el paso con la salida del sol, Poe había dormitado abrazado de su mapache bajo una ligera capa de hilo que le protegía del viento, pero el clima era bastante cálido como para no pasar frío. Cuando el sol comenzó a aclarar el cielo fueron recibido por guardias que solo les tomaron sus datos y les permitieron pasar a la ciudad que comenzaba a despertarse. Mientras avanzaba llevando por las riendas a su caballo vio como los puestos ambulantes se armaban, mulas y camellos traían bolsos con productos, desde comida a ropa y joyería, y animadamente la gente se saludaba entre ella riendo y compartiendo desayuno mientras trabajaban. Su estomago rugió de hambre al sentir el aroma de los panes y bollos calientes que los comerciantes desayunaban y agradeciendo se separó del grupo para buscar una posada donde poder dejar su caballo y sus cosas, y quizás comer algo. No tardó mucho en llegar a la plaza central y allí vislumbrar un local donde una regordeta mujer barría con fuerza el polvo del piso hacia la calle, el cartel indicaba que era un lugar para comer y alojamiento, si bien no estaba la palabra posada podía servirle. Al acercarse pudo ver con sorpresa que la mujer tenía una larga cola y pequeñas orejas saliendo de entre su cabello. Se detuvo en seco y fue empujado por su caballo que siguió caminando a su espalda cayendo de bruces al piso. Fue esta misma mujer que acudió en su ayuda y tras unas palabras confundidas terminó aceptando algo de comer y que se hicieran cargo de su caballo.

Era la primera vez en su vida que veía un laguz en persona, siempre en libros los había visto como bestias salvajes y peligrosas pero esta mujer era la persona más amable que había conocido. Dejó una gruesa propina y dejó su equipaje en la habitación que había alquilado por una noche y salió a recorrer el mercado como le había recomendado muy enérgicamente la posadera.

Ya con el estomago lleno y avanzada la mañana, todos los puestos estaban armados y los vendedores gritaban con fuerza sus ofertas. A su desgracia ninguna llamó su atención pero comenzó a tener miradas extrañadas y malos tratos cuando se acercaba preguntando por libros de magia oscura, fuesen tomos o solo guías. Después de preguntar en unos diez puestos de libros o curiosidades varias, los vendedores ya habían alertado a los guardias y estos miraban de cerca al extranjero de mirada oculta. Sintiéndose observado avanzó con mayor timidez por las amplias calles sujetando contra su pecho al regordete mapache que estiraba su nariz hacia los diferentes olores fuertes de las especias y los horneados. Alguien que preguntaba sobre magia arcana era alguien que podía traer problemas en esas tierras, y él lo ignoraba.
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Re: [Campaña de liberación] Las opiniones no definen tu realidad. [Priv Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Jun 28, 2018 11:32 am

- ¿Me está tratando de engañar? – la voz de Sissi hizo que un silencio sepulcral se estableciera en la pequeña tienda del bazar. Los ojos dorados de la reina, casi siempre brillantes y llenos de amabilidad y cercanía, estaban fruncidos y fijos en el comerciante que tenía delante que, desde el mismo momento en el que había puesto pie en su territorio, no había hecho más que mentir y mentir y mentir. Por su parte, Sissi le había dado una oportunidad detrás de otra para ver si se retractaba de sus palabras y volvía al camino de la honestidad. Sin embargo, se le hizo obvio que aquel joyero no pretendía venderle piezas de artesanía de calidad. Parecía inmutable a los comentarios en apariencia inocentes de la reina: ¿Está seguro de que es un collar de esmeraldas? No veo ningún jardín en su interior,  “Le aseguro que es la esmeralda más pura que encontrará en el país, mi reina.” O Mire qué diamantes. Podría confeccionarle una corona, si su majestad lo deseara, “Oh, son pesados para ser diamantes”, “Eso por su tamaño, mi Reina, pocos diamantes hay así en Sindhu”.

Sissi le había dado oportunidad tras oportunidad, pero incluso alguien con tanta confianza en la gente podía volverse receloso si veía que lo trataban de engañar de forma continua. Si ella, alguien que no era ni mucho menos experta en el campo de las piedras preciosas y las joyas, había podido ver a través de varios engaños del comerciante, no podía imaginar la cantidad de falsedades que un respetado joyero podría encontrar. El conocimiento de la reina era de principiantes, algo que había comenzado a aprender desde que subiera al trono. Era su deber conocer su país, su territorio, y todo lo que de él se producía para poder comerciar. Además, Sissi era una intelectual y había pocos campos del conocimiento que no hubiera tocado en 800 años. La joyería era uno de ellos, así que había comenzado a estudiarlo con muchas ganas. Sus tutores eran expertos en el tema, muchas veces aquellos que confeccionaban las joyas que llevaba ella misma, y hasta el momento le habían enseñado a diferenciar piedras preciosas y semipreciosas, y los tipos más comunes de tallado. También a distinguir, a grandes rasgos, joyas reales de imitaciones.

Berilos verdes y circonitas. Eso era lo que le pretendía vender en vez de esmeraldas y diamantes. Daba lo mismo que Sissi le dijera que notaba diferencias claras, el comerciante había continuado mintiendo como si le fuera la vida en ello. Al final, la manakete sagrada se había cansado. Cambió su rostro sonriente por uno poco amigable, su ceño fruncidos y sus labios colocados en una mueca de decepción. – Sabe que tratar de timar a una reina es una pena capital en muchos otros reinos. Sabrá además que Sindhu tiene una estrecha relación con Senay. – Sissi se levantó de su asiento y los guardias que la acompañaban se colocaron a su lado en una posición más agresiva. – Realmente no entiendo los motivos que ha podido tener para hacer algo así. Créame, lo trato de entender, pero tal vileza escapa a mi entendimiento. Habría pagado gustosa por sus piezas de joyería, y usted habría ganado una popularidad tremenda en el mercado de todo el Valle, e incluso de todo el reino. – Desde siempre, y como norma general en el mundo, la moda se dictaba por lo que llevaba la nobleza y realeza. No se tardaba mucho en imitar los vestidos y los abalorios de la Reina. Aquel hombre seguramente nunca estuviera falto de clientela si hubiera sido honesto.

El mercader, por su parte, comenzó a llorar y a deshacerse en súplicas. Se arrodilló y con las manos llenas de anillos agarró la larga falda rosa de la reina. Sissi trató de echarse hacia atrás pero el nombre no la dejaba ir de lo fuerte que había aferrado su saree. Las lágrimas le caían en los pies desnudos y poco le faltaba al hombre para usar la tela como un pañuelo. Le pidió clemencia, que no había tenido mayor alternativa: los emergidos habían tomado multitud de rutas y arrasaban con muchas de las caravanas que transportaban los minerales desde las montañas, así que estaba falto de recursos; además, la venta había sido muy mala en los últimos meses, pues la gente prefería ahorrar para comida que dejarse el oro en joyas. En definitiva, él, y muchos otros, debían hacer lo posible por sobrevivir y alimentar a sus familias. Para la reina, estaba claro que ese hombre tenía un don para la teatralidad, pero eso no evitaba que sus palabras no tuvieran cierta verdad. Al estar tan alejado de la capital o la Universidad, Sissi admitía que no había velado con tanto ímpetu por la seguridad del Valle. Tendría que investigar más a fondo ese asunto.

Lo que había sido una mañana de compras se había convertido en más asuntos de estado. Ya debía de estar acostumbrada. Sissi suspiró y rompió el contracto entre el hombre y su ropa, pero antes de que pudiera dictar un veredicto otro guardia, ataviado con un turbante y una barba espesa y oscura, apareció tras la tela que servía de puerta entre el puesto y el resto del bazar. Le avisó de que había un asunto urgente que merecía su atención, por lo que Sissi se limitó a indicar a sus soldados que llevaran al hombre ante de la Mano de la Reina. – Él sabrá qué juicio merece este hombre. – Esa era quizás la parte más dura de ser monarca: juzgar, tener en la palma de la mano la vida de tantísimas personas. Por supuesto, Sissi deseaba ser benévola y querida por su pueblo, pero había una delgada línea entre la magnanimidad y la aparente debilidad de carácter, y aún debía hallar la manera de balancear ambas.

- ¿Cuál es la urgencia? – preguntó una vez se llevaron al hombre con el rostro cubierto de lágrimas. Ante la conmoción, la reina se cubrió la cabeza con una tela del mismo color rosa fuerte de la falda, a la espera de encubrir algo más su identidad del resto de comerciantes y compradores, aunque no tenía mucho éxito en su empresa. Al parecer había un extranjero haciendo preguntas impertinentes sobre magia oscura y se estaba barajando la posibilidad de que fuera un espía. Sissi se puso pálida. ¿Acaso sabía Plegia que Sindhu y Altea iban a estrechar sus lazos de amistad? Hasta el momento, ningún país había tenido demasiado interés en ellos y la manakete prefería que esto siguiera siendo así. - ¿Sobre quién recae la sospecha, decís? – Sobre un muchacho joven, con una especie de osezno en los brazos que caminaba por las amplias calles del bazar. ¿Un traficante de animales, además? Los osos bezudos eran bestias fáciles de encontrar en las cordilleras de Sindhu, si aquel chico había robado una cría, debía devolvérsela a su madre. Aunque se comercializara en Sindhu con algunos animales salvajes, nadie era tan desalmado como para separar a un cachorro de su madre osa, ni tan estúpido.   Traedlo ante mí. - ¿Ladrón y espía? No lo permitiría.

Ropa de Sissi:
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

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Re: [Campaña de liberación] Las opiniones no definen tu realidad. [Priv Sissi]

Mensaje por Poe el Dom Jul 08, 2018 11:14 pm

Su postura un tanto encorvaba empeoraba cuanto más observado se sentía. Era un introvertido de alma y ya de por si le costaba bastante cualquier clase de interacción social nueva como para que se le hiciera más difícil con la mirada constante de los guardias y hasta podía jurar que habían hombres armados y de apariencia intimidante que le estaban siguiendo. No conocía los uniformes militares de aquel país y siendo todo tan diferente a cualquier cosa que hubiese visto no los identificaba tampoco como personas de la ley si no como mercenarios o bandidos, sobretodo por los extraños sables que cargaban. Nervioso y temeroso de que lo hubiesen visto demasiado extranjero y quisieran robarle comenzó a apresurar su paso y sin intención, comportarse de manera más sospechosa aún, esquivando a estos hombres y hasta desviando el paso para alejarse, meterse en algún callejón y hasta en una tienda intentando perderlos. No entendía por que la gente no reaccionaba a ellos y se mostraban tan tranquilos con ellos a su alrededor, quizás era el efecto de una ciudad turística acostumbrada a ver diferentes tipos de personas o que como comerciantes no se meterían si no era a ellos que robasen.

Había logrado meterse dentro de una tienda improvisada en la entrada de una casa, la puerta estaba abierta y solo una tela separaba el interior de la calle, pero un cartel daba la bienvenida y había una mesa con variedad de curiosidades sobre el mantel, en el interior la salita había sido acomodada para exponer gran variedad de mercadería, mayoritariamente decoraciones y chucherias vistosas de otros países que el hombre de la casa traía de sus viajes. El pelinegro se creyó de momento a salvo, allí no se meterían los ladrones ni mercenarios. Un poco agitado miró a la muchacha que estaba cosiendo sentada junto a la ventana donde entraba el sol, le recibió con una sonrisa y tras saludarle le preguntó en que podía ayudarle, aunque la mirada de esta vagaba constantemente al mapache que el hombre tenía entre sus brazos. El regordete animalito tenía las patas traseras y su tupida cola anillada colgando por debajo de los brazos del hombre y sus rostro parecía cubierto por un antifaz, un animal que nunca se había visto en Sindhu y que fácilmente era confundible con un cachorro de oso o similar. Con tono titubeante y bajo se dirigió a la joven - S-solo estoy mirando... pero dígame, veo que tiene algunos libros ¿tendrá por casualidad algún libro arcano o de magia oscura? No me importa su estado, ehh... espere... - la muchacha alarmada se levantó tirando lo que cosía al piso y salió disparada de la casa. De inmediato entraron los hombres que le habían seguido entraron a la reducida habitación y tomaron al escritor por los brazos, uno de ellos arrebató el mapache de sus brazos quien comenzando a chillar y retorcerse terminó mordiendo a uno de los guardias que lo envolvió con una mantel del mismo comercio.

Por más que intentó zafarse, que gritó que soltasen a su mascota y exigir (si es que a sus balbuceos podían llamarse “exigencias”) que le diesen explicaciones. Los hombres mantuvieron silencio y lo llevaron por las calles hasta la presencia de la reina. Uno de los guardias acercó el bulto envuelto en tela que se movía con brusquedad - Mi alteza, aquí está el animal, es agresivo, claramente salvaje y el hombre entró a la casa de una muchacha sola a hablarle de magia prohibida. - de inmediato el pelinegro habló con voz profunda y bajo - Se llama Karl, no es salvaje, es mío... y le pregunté si tenía libros de magia oscura... ella tenía varios libros a la venta... - su voz se fue perdiendo a la par que su mirada bajaba, podía intuir que estaba en problemas, y en problemas graves si la dama de rostro cubierto y vistosas vestimentas era llamada “alteza”.
Afiliación :
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