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[Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

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[Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Abr 15, 2018 5:32 pm

Habia pasado tiempo,mas del que le hubiese gustado, pero al fin la mujer había emprendido el viaje. Abandonando por primera vez su patria. Era la reina no podía dejar a los suyos y sus responsabilidades,pero en esa ocasión debía de hacerlo. Y por primera vez podía permitírselo. Los emergidos habían sido expulsado de su país así como una gran cantidad de piratas, los que quedaban habían decidido ser mas cautos o simplemente evitar esas aguas ante dicho panorama. Aun existían,ambos enemigos,aun eran una amenaza.Pero comparado con tiempos pasado el país estaba en relativa calma, sus ciudadanos seguros gracias a su propio esfuerzo y el de todo aquel que luchaba por el bien de las islas. Tenia gente de confianza a quien confiarle su país, había repartido poder y responsabilidades entre el consejo y varios guardas reales para que una única persona no ostentase su poder en su ausencia y abusara del mismo,a pesar de confiar en ellos no venia mal ser precavido. Habia adelantado mucho de su trabajo, pasando noches en velas y trabajando hasta agotarse  para dejar todos sus deberes zanjados. El papeleo y las asuntos burocráticos zanjados, los impuestos recaudados y repartidos en distintas obras y labores para el bien del país, las ordenes e instrucciones para su ausencia dada y todos informados debidamente de lo que debían hacer o no. El viaje había sido planeado, todo el equipaje guardado ,armas,víveres y regalos. Los barcos que realizarían dicho viaje elegidos y preparados,así como su escolta. Y lo mas importante, por primera vez la reina tenia un motivo para abandonar su patria.

Era el momento adecuado para emprender el viaje. Así que no espero mas y así lo hizo. No fuese a ocurrir algo que lo retrasase.

La alianza con Daein hacia pocos meses que había sido pactada, había dejado todo los asuntos a arreglar en Daein en manos de Pelleas y tal y como había esperado de el lo había logrado. Lo único que faltaba era hacer la alianza publica para ambas naciones y firmar ambos monarcas el tratado, el cual llevaba ya tiempo poniéndose en marcha y cumpliéndose, poco a poco y de manera gradual, algunos de sus puntos. Algunos hombres de Daein ya les ayudaban con la conquista de Kilvas y ellos ya habían enviado carpinteros ,arquitectos y marineros a Daein para ayudar en la reconstrucción de su puerto y comenzar a establecer la ruta comercial.

Así pues la reina se dirigía a realizar lo único que faltaba, plasmar su firma e informar a los suyos del trato. Conocer en persona el país ajeno,pues era lo justo tras las visitas de Pelleas al propio. Que ella también conociese la patria tan amada por su compañero arcano.

Pelleas ya había sido avisado de su viaje y de la fecha aproximada de su llegada. La ceremonia para hacer publico el tratado estaba siendo preparada en el país mientras la reina realizaba su viaje. La acompañaban  tres navíos. Su barco personal con su capitán y los soldados que siempre le acompañaban, otro navío de su ejercito y uno mercante que habían contratado pues el capitán era quien mejor conocía la ruta hasta Daein y seria ,acompañado de otro capitán del ejercito en su navío,quien les guiase a su destino.

A pesar de que iban dos barcos del ejercito no había tantos armas y soldados en ellos como cabria esperar,pues la reina había dejado a la mayor parte de sus efectivos atrás defendiendo su país. Llevaba solo la escolta imprescindible.la que su consejo le había aconsejado llevar, y por una vez los había obedecido. Así pues la mayor parte de los navíos estaban cargados con vivieres para el largo viaje, materiales para la reconstrucción del puerto de Daein y regalos para el príncipe. Los acompañaban también varios mercaderes y marineros,para comenzar a dialogar sobe las rutas marítimas y comerciales a abrir con los representantes del país.

Cuando avistaron después de largos meses el puerto ajeno,la mitad destruido y la otra mitad siendo construido ,la reina supo que había acertado en aquello que levaba consigo. Ordeno a los suyos que atracasen el barco donde pudiesen,a ser posible fuera de los pocos muelles disponibles en el puerto. Pues su estancia seria indefinida y no deseaba ocupar parte de los muelles ajenos con sus navíos, no cuando serian tan necesarios y cuando ellos tenían la experiencia necesaria para poder descender sin muelles, con la única ayuda de las tablas que para ello portaban en los navíos. El barco comercial si que tuvo que atracar en los muelles, los de ejercito no.

Cuando la mujer descendió acompañada de los suyos los soldados del ejercito de Daein la esperaban para escoltarla a palacio. La reina acepto el transporte y cargo en el carruaje que había ido a buscarla su equipaje personal. Seria acompañada por dos de sus generales. El resto de sus hombres se quedarían en los barcos o la seguirían a pie,siendo guiados por los soldados locales. Ya se encargaría cuando se hubiese acomodado y reunido con el príncipe daenita de ordenar que descargasen todo y lo enviasen a sus lugares correspondientes.

El viaje trascurrió en silencio,la mujer sentada frente a los dos generales que paseaban su mirada por el lugar con cierto nerviosismo. Aunque en un carruaje no había mucho que ver,menos con las cortinas corridas impidiendo ver el exterior. Aun así la mujer disfrutaba del silencio. Un pequeño descanso antes de su aparición en publico. Se acomodo la falda del vestido y el primordio que descansaba sobre su regazo. Se había cambiado de ropa al divisar tierra, ataviándose con uno de los dos únicos trajes que alguna vez se había puesto en mas de una ocasión. Aquel que usaba para audiencias y actos formales. Era un vestido negro de manga larga. Tenia unas hombreras altas y un escote que mostraba gran parte de su pecho. Si bien el atuendo llegaba hasta sus pies,sin dejar ver sus zapatos de tacón negro, tenia una abertura en el centro del mismo,entre las piernas de la mujer. Una abertura que se elevaba hasta sus rodillas. Rodeando dicha apertura unos dibujos blancos haciendo de marco, intercalados con dibujos de color morado. Todo el traje en si estaba bordeado por tela blanca, los mismos patrones de dibujos blancos y morados se repetían en las amplias hombreras. Por debajo de su pecho otra linea blanco delineando los mismos. Se veía por la apertura del traje y por las anchas mangas que el interior del mismo era de tela morada. Junto con ello la mujer llevaba un collar negro pegado al cuello,del cual caía una media luna negra,como la del trono, y unas cuentas. Unos enormes pendientes morados y rojos formados por figuras redondas. Su cabello sujeto en una moño, y aun así dejando largos cabellos sueltos ,estando solo la mitad de su cabellera sujeta.Se los sujetaba con un pasador de los cuales caía un trozo de tela blanca que alcanzaba hasta la mitad de su espalda descubierta. Acabando en pico y con una media luna sobre la tela ,esta vez en color morado. De su cintura colgaba un tomo, tal y como siempre hacia, estando el mismo envuelto en una tela negra,con el símbolo del país bordado en blanco sobre el mismo. La mujer se acomodo las telas y el tomo y se cruzo de piernas mientras esperaba llegar a su destino.

El viaje se le hizo largo, tal y como siempre ocurría cuando uno no sabia el camino que seguía ni cuando tardaría en llegar a su destino. Cuando el carruaje paro la puerta fue abierta y sus generales descendieron primero,ofreciéndole una mano para ayudarla a bajar. La tomo. Lo único que lamento fue las prisas con las que los soldados daenitas le instaron a entrar apresuradamente  a palacio, pues no le permitieron admirar el exterior del mismo. Mas no los culpaba,ni hizo comentario alguno. Ellos también debían de estar ansiosos por la presencia de la monarca extranjera en palacio y deseaban conducir a la mujer cuanto antes ante la presencia del príncipe . Luego le pediría a Pelleas si podía hacerle de guía por el lugar. Una vez hubiesen reunido ,acomodado y zanjado todo lo que había que zanjar.

Una suave sonrisa de felicidad se poso en los labios de la mujer. Hacia meses que moría de curiosidad por conocer el país del mago arcano, de hacer publica la alianza. Estaba deseando volver a encontrarse con el príncipe,disfrutar de su compañía y observar como se comportaría en la ceremonia.

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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Mar Mayo 22, 2018 12:58 am

En sus cientos de años de historia y trece generaciones de reyes, con Pelleas en línea para convertirse en el decimocuarto, Daein no había recibido jamás la visita de un líder extranjero. El país poco abierto tanto a las ideas como a las gentes del resto de Tellius experimentaría un cambio ese día, y este no sería cediendo aún a las relaciones en el continente, como se rehusaban más que nunca a hacer, sino celebrando relación con un reino afín de más allá de los mares. Un aliado más apto, uno del que se reconocían las proezas de saber vencer en la guerra contra los emergidos, como también de ser muy probablemente el primero en dominar por completo a uno de los reinos subhumanos del Sur. El pueblo cultivaba una variedad de expectativas, dudas y ansias de ver, y la aparición de la representante de Durban que en cualquier momento habría de arribar se tornaba el foco de atención de todo ello. La plática al respecto dominaba las calles. Llegado el momento, sin lugar a dudas, cada ojo en el reino estaría vuelto en dirección a ella y a la presentación formal.

Pelleas había debido oír del Rey la observación de que un monarca ajeno pisaría por primera vez esas tierras, para caer en cuenta de lo histórico que verdaderamente era ese día, mas en ningún momento llegó a temer al hecho. Confiaba en que Durban y su reina satisfarían cualquier expectativa puesta sobre ellos, que todo saldría bien. Por supuesto que él también tendría su parte en la ceremonia y no se sentía en absoluto igual de confiado respecto a eso, mas lo limitado de su participación reducía inmensamente la posibilidad de arruinar algo y, por tanto, no representaba gran problema. Cuanto menos, era algo ínfimo que enfrentar a la alegría y emoción de todo el asunto.

Sobrellevó de buena forma, pues, el anuncio del avistamiento de los barcos extranjeros en el horizonte y el inicio de preparativos que ello implicaba. Aquellos días el joven sabio habitaba y residía mayoritariamente en la torre construida a su petición tras la biblioteca de Nevassa, su propia escuela de magia negra, y fue allí mismo donde la noticia llegó a él, traída en persona por su siempre informado consejero. Abandonando por el momento sus estudios, encomendó al mismo servidor comunicar a los discípulos sobre la ausencia que tomaría y el motivo de la misma, y pidió organizara cualquier preparativo necesario para que estudiasen por su cuenta si elegían hacerlo. Lo cierto era que desconocía el período exacto de tiempo por el que se ausentaría. Se dirigió así al palacio, confirmando con los sirvientes de su Rey los detalles de la ceremonia venidera antes de retirarse a su vieja alcoba para prepararse a sí mismo. A sabiendas de que contaba como mínimo con un par de ahoras aún, tomó cuanto tiempo necesitara en vestir el atuendo formal que le aguardaba desde semanas y en mantenerse a sí mismo calmo, contemplando el arribo de los barcos desde las ventanas del palacio o la lenta acumulación de los habitantes de la ciudad en torno al mismo.

Cualquier mago plegiano habría podido decir que lucía como uno de ellos, aunque para los ojos de quienes habitaban ese continente no hubiese mucho qué reconocer en el atuendo del príncipe. La ceñida túnica negra que abrazaba hasta su cuello resaltaba el ancho de sus huesudos hombros, la caída larga de los ceñidores de tela sobre el pantalón claro acentuaba la altura propia de realeza daeinita, el principal ceñidor que caía por delante del cinto dibujando una serie de ojos abiertos bordados en dorado. Apenas en las mangas se ensanchaba el atuendo, sólo para cerrarse nuevamente en las muñecas con brazaletes dorados tan gruesos que recordaban a grilletes, así como la delgada pero rígida pieza de oro que rodeaba su cuello, obligando la postura a mantenerse recta. La capa sujeta a tal pieza, de tela liviana que se mantenía también cercana al cuerpo, constaba de un interior de opaco morado y un exterior negro, en cuya espalda se repetía el patrón de ojos abiertos, en esa instancia en el adecuado orden y disposición para representar los tres pares del dragón oscuro que regía sobre su doctrina. No había motivo para no llevar los atavíos de un mago oscuro, en su reinado ya eran conocidas las artes a las que se volcaba y aceptadas como una fuente más de poder, especialmente tras haberle ganado a Daein soberanía sobre la vecina Crimea. A fin de cuentas, a Pelleas le enorgullecía poder mostrarse de ese modo, aunque nadie sino sus propios discípulos supieran detalle de lo que los bordados y decoraciones representaban más profundamente. Siendo ese día el primero en que él participaría de una ceremonia pública, en cierta forma su primer acto de aparición como príncipe, se exacerbaba su importancia.

Finalmente le fue notificada la llegada de la reina Yuuko al palacio. Recibirla y ponerla al tanto de los procesos era una responsabilidad que quedaba en manos del mismo Pelleas, pues los pormenores diplomáticos no eran del menor interés de su padre y Rey, quien de todos modos habría de acudir en cualquier momento al balcón principal para dirigirse a su pueblo respecto al pacto a sellar. Habría otro momento para que los monarcas hablasen en persona y en privado, mas todo en su adecuado turno. Por lo pronto, el mago descendió directamente al recibidor, sonriendo al atisbar allí la figura siempre inmensamente digna de la mujer, en otro de sus grandiosos y elborados vestidos. Por pudor y cortesía cuidó que su vista no divagara al aproximarse más, posándola sólo en el rostro ajeno.

- ¡Yuuko! ... su Majestad, quiero decir. - Se corrigió sin más que una corta risa. La presencia ya le era sobradamente familiar, por lo que no se le dificultaba dirigirse a ella con soltura; no abandonaba por completo su timidez, que seguía siendo tan inherente a él, pero cuanto menos su carácter ya no terminaba enterrado bajo la misma. Pudo, inclusive, tomar su mano y llevarla ante su rostro acompañando al gesto de inclinarse ante ella, acercando los labios al dorso sin realmente rozar la piel. El protocolo no era difícil de seguir. Al enderezarse, le invitó inmediatamente a andar a su lado. - ¿Cómo se encuentra? ¿Ha sido un viaje duro? Ah, ¿ha visto a la gente afuera, al llegar? Se ha reunido una gran cantidad... - Comentó. Estar en su propia tierra, aquel reino norteño en que por suerte todavía no se asentaba del todo en cortante frío del invierno, le imbuía de cierta alegría disimulada, como también en el último tiempo una particular relajación consigo mismo.
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Jun 10, 2018 4:55 pm

Las puertas que daban acceso al palacio se cerraron tras ello haciendo eco en la inmensa estructura. La mujer iba a permitirse el pasear su mirada con discreción por el interior del edificio, tan distinto a su propio palacio. Era mas amplio,mucho mas alto en contraste con el bajo edificio ubicado entre las montañas de Durban, pero el propio tomaba mas extensión de tierra para compensar. La piedra y el mármol con el que habían sido construidos le eran familiar,pero no había madera. El numero de columnas y el tamaño y numero de escaleras también eran nuevos. En cuanto a la decoración ni pudo apreciarlos, ni pudo compararlos con lo ya conocido. Pues a medida que era guiada y avanzaba alejándose de la puerta sus ojos rojos no tardaron en captar a la familiar figura,esperándola.

La sonría de la mujer se amplio,se suavizo aun mas, y su atención se centro solo en el príncipe. Sus ojos examinándolo de arriba abajo a medida que se acercaba, con cuidado y discreción,siendo mucho mas fácil el disimular cuando analizaba a solo una persona que a toda una estancia. Los colores oscuros de su atuendo con los metales dorados sentaban bien al hombre,con su complexión alta y delgada,su piel pálida contrastando con la oscuridad de las telas y sus cabellos violáceos acompañando el tono oscuro de su figura. Los símbolos no pasaron desapercibidos por la reina,reconociendo los mismos a pesar de no ser creyente ni de compartir dicha doctrina, pero siendo conocedora de ello como todo buen mago oscuro debería. Pero sus ropas no lo eran todo. Su postura era mas recta, dando así un aspecto mas seguro,mas digno. La sonrisa y el acto de tomar su mano, la cual la mujer alargo para comodidad ajena dejándola tomar, actos mas naturales que en sus anteriores encuentros. La risa sincera y no nerviosa.

Sonrió satisfecha, sus ojos brillaron con un toque de ternura. Se habían visto hacia apenas unos meses y en esos momentos sentía que el tiempo había sido mucho mayor. El cambio en la persona ajena siendo visible a sus ojos,con apenas un leve vistazo. Sentía una mezcla de tristeza, al no haber tenido la oportunidad de apreciar dicho cambio en persona,al no conocer por completo los motivos del mismo. Una ola de orgullo al ver todo lo que el daenita había avanzado.

-Príncipe Pelleas... Como siempre es un placer el volver a estar en vuestra presencia... Tenemos tanto de lo que hablar...

Saludo la monarca a su ahora anfitrión. Cuando el otro le invito a acompañarla a su lado la reina hizo un leve gesto a sus guardias, uno de sobra conocido para ellos. Una indicación de que les diesen espacio,de que permaneciesen unos pasos por detrás. Las dudas en su rostro indicaban que lo cumplirían,aunque no guardarían tanta distancia como lo hacían usualmente.

Cuando estuvo par en par con el príncipe tendió su brazo,tal y como en otras ocasiones, para que el mismo lo tomase mientras caminaban. Un acto que demostraría confianza y cercanía, tanto de la reina para con el príncipe como del príncipe para con la reina. Bajo su tono de voz,apenas un susurro que solo llegaría a oídos del mago.

-Podéis llamarme por mi nombre cuando estemos solos querido, de echo es una idea que me complace mucho...

Volvió a dirigir un rápido vistazo a la figura ajena, esta vez sin disimular,para que el otro captase el recorrido de su mirada. Le dedico una sonrisa algo maliciosa. Sus palabras seguían siendo bajas.

-Esos ropajes os favorecen. Tenéis el porte de un príncipe y de un mago oscuro de gran poder... Demostráis lo que sois...

Volvió la vista al frente,dejándose de concentrar en el daenita. Respondió a sus preguntas hablando esta vez en un tono de voz normal. Cierto toque de alegría en ellas.

-El viaje a sido largo no lo negare,pero no hemos tenido mas inconvenientes en el mismo que los creados con la climatología. Y contra el los elementos no hay nada que podamos hacer... Aun así estamos acostumbrados a la mar,hay ciudadanos en mi país que viven mas sobre las tablas de los barcos que sobre tierra firme, así que no... No ha sido duro... Y en cuanto a la gente me temo que no. He tenido una gran escolta hasta palacio, una que se a asegurado de que llegase sana y salva a mi destino. Para conseguir dicho propósito han considerado oportuno traernos en un carruaje nada mas descender de nuestros navíos,ocultándonos de la vista de los civiles... Una lastima para ellos, al no ver saciada su curiosidad, y para mi al no poder saciar la propia y poder apreciar mas de tus tierras... Pero tiempo al tiempo, todo en su debido momento. Podemos contentar al pueblo en la ceremonia, contentarme a mi tras la misma... Espero que para ello accedáis a ser mi guía durante mi estancia, si no es molestia y si no interviene con vuestra propia agenda.

Después de todo suponía que Pelleas era un hombre ocupado,a pesar de no ostentar la corona aun eso no le eximia de no tener responsabilidades con su patria.

-Ahora que lo menciono... Como van los preparativos? Cuando creéis que podemos realizar la firma?

El mar era caprichosa,por lo cual no se podía dar una fecha de llegada exacta. Solo aproximaciones. Aproximaciones que no eran suficientes para establecer una fecha concreta para firmar el tratado,pues si hubiesen llegado a retrasarse y firmar el tratado mas tarde de la fecha señalada... Aquello no seria una buena señal para el pueblo,crearía dudas y temores donde no debería haberlos.
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Mar Jun 19, 2018 9:10 pm

Eran pocas las personas a las que Pelleas podría llamar confiadamente sus amistades, ante quienes los usuales temores eran dejados de lado para sólo existir como era, y Yuuko estaba entre ellas. No sufriría grandes inquietudes en su presencia, ni conversando como variadas veces antes. Era capaz inclusive de atinar con la respuesta adecuada a sus gestos, uniendo sus brazos pese a carecer de la gracia con que hacía ella las cosas, simplón en comparación mas cuanto menos cuidadoso de no ser brusco. Ignoraba el joven príncipe la inmensidad de cosas que aún existían capaces de desbaratarlo otra vez, de reducirlo de regreso al manojo nervioso que había sido al conocerla; una sola palabra, por ejemplo, un encariñado término que ninguna atención femenina le había dedicado jamás. Un querido como una espada al pecho y una mirada que no sabía interpretar, pero que lo atravesaba de lado a lado. Por un momento, ni siquiera escuchó las palabras que Yuuko le estaba diciendo, sino tan sólo el sonido de su propia respiración traspuesta de repente, perdido allí con el entendimiento a medias y un fuerte rubor subiéndole al rostro. Bajo la espesa mata de cabello oscuro, no se disimulaba en absoluto.

- Sí... bueno... - Susurró, la mirada esquiva. Por un tiempo todavía le costó retomar consciencia de lo que la reina comentaba, mas se esforzó por hacerlo. Era un día importante, no podía permitirse desconcentración sin importar el modo en que llegara. Retomó el cauce y con lentitud asintió, todavía esperando que el calor le dejara la cara, a la idea de guiarle por Daein. - Lo haré, por supuesto. Quizás no pueda ser pronto, con tanto que necesitará su atención primero, pero estaré encantado de. - Tuvo que carraspear antes de hablar, pero pudo hacerlo con soltura igualmente. Nadie esperaba mucho de él, y por tanto poco se le encomendaba. Su responsabilidad no era más que sobre su escuela de magia e inclusive en eso, su consejero era quien llevaba las riendas. Gozaba por tanto de cierta indebida libertad, de la que el mago tampoco sospechaba nada ulterior.

- Hmm... - Titubeó, pensativo, a la pregunta de la dama, al tiempo en que la guiaba por los grandes corredores de piedra, bajo sus techos tan altos que se perdían en alturas ensombrecidas. Habían ascendido al segundo piso, desde allí con lentitud la guiaba al salón adecuado, rebasando puertas innecesariamente altas y de aspecto pesado. Optó al fin por explicar las cosas desde el principio. - La gente espera. Dentro de poco, mi pad-- mi rey, um, saldrá al balcón principal para dirigirse a todos. Hablará sobre el acuerdo, sobre las Islas, los cambios... nos será avisado el momento, ya que tendremos que salir posteriormente, usted y yo, para saludar también a la gente. Es natural que ansíen verla en persona. En cuanto a mi... supongo que es circunstancial. Mucho ha ocurrido en el último tiempo. - Se encogió un poco de hombros. Como estaban las cosas, como siempre se le había tenido, todavía era poca la gente que lo reconocía en su misma capital. Ahora que enseñaba, apenas, había empezado a ser reconocido como el sabio de aquella torre, mas su título como heredero no era de conocimiento amplio. No obstante, lo que se sabía era que el príncipe daeinita había subduido al castillo de Crimea, motivo por el que asumía que su padre le mandaba a mostrar la cara como un hombre por una vez. - Después... este, me temo que poco tendrá que ver conmigo, como príncipe... - Prosiguió, su sonrisa decayendo un poco. El tiempo en el balcón sería su única participación junto a Yuuko en cuanto a procesos oficiales, a fin de cuentas. - Mi rey querrá verla a solas, no estoy seguro de si para realizar la firma o discutir algo más antes... no, supondría que la firma, si usted se siente lista. Nuestra Majestad no es partidario de prolongar las cosas donde no hace falta. -

Arribado a la puerta correcta, se separó del brazo ajeno para empujar las dos hojas con ambas manos. La madera gruesa, reforzada de metal, se movió con lentitud acorde a su peso. Dentro se hallaba un salón con numerosas pero estrechas ventanas, presentando un ambiente iluminado y de clara vista a los exteriores del palacio; en esa jornada, a la cantidad de personas que se habían acumulado allí, en un alboroto de movimiento y plática. No más que a un par de metros desde aquellas ventanas se atisbaba la esquina del balcón principal, donde se dirigiría el actual rey a su pueblo. Adentrado en la habitación, Pelleas se detuvo para volver la vista a la mujer de cabello negro, sonriendo suavemente. - Pero estaré esperándola. Um, si desea, claro. - Ofreció. Desconocía cuanto pudiese tardar todo, pero jamás le había incomodado estar en horas tardías. Al contrario, era difícil que durmiera por la noche si su consejero no lo echaba del trabajo, aún de ese modo mantenía un mal horario.
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Jul 01, 2018 6:32 pm

Ignoraría el rubor en las mejillas ajenas, no intentaría analizar la causa del mismo.Pues seria descortés con el que seria su anfitrión , y lo que era aun peor, aumentaría el nerviosismo del que consideraba su amigo.Puede que incluso le crease cierto malestar al recalcarlo o siquiera mencionarlo. No,era mejor ignorarlo,como si nunca hubiese sucedido, y centrarse en las palabras ajenas. En el echo de que había aceptado ser su guía en su tierra natal. Sonrió ante ello.

-No tiene que ser pronto... Solo tiene que ser... Con eso sera suficiente... Después de todo seria una lastima el realizar el viaje hasta aquí y el no poder ver la tierra que tanto amas, que seas tu quien me la muestre... Te agradezco de antemano que accedas a guiarme...

A medida que avanzaba la mujer se preguntaba internamente sobre la altura del palacio. Sobre la superficie que ocupaba el mismo en la tierra. Pues a pesar de que habían ascendido al segundo piso los techos no parecían mas cercanos, de echo envueltos en la oscuridad parecían mas altos,mas inalcanzables.Una inmensa muralla que los cubría .Todo de un tamaño proporcional a los altos techos. Un trabajo de arquitectura magnifico que habría necesitado de décadas. Que creaba mas preguntas en la mujer,dudas que no era momento de despejar. El tamaño del lugar, los años que necesito para erigirse , el porque de tanto silencio,el porque no había mas eco...

La reina se dejaba guiar,confianza en aquel que sostenía del brazo,mientras sus ojos analizaban todo lo que a ellos llegaba y sus oídos esperaban las palabras ajenas,deseando dedicarles toda su atención a las mismas.

-Ya veo... Algo simple pero sumamente efectivo. Un anuncio del mismísimo rey atrae la atención del pueblo,mas tratándose de un asunto tan novedoso para ambos reinos. El echo de que sea publico aumenta el numero de oyentes y las probabilidades de que las noticias del acuerdo se expandan con mayor rapidez por el territorio. Rápido,simple y efectivo. Una buena decisión. Decirme,su majestad desea que yo también le dedique unas palabras a su pueblo o sera suficiente con mi sola presencia?

Estaba en territorio extranjero, bajo otro rey,otro mando.Su autoridad perdía fuerza en ese lugar, su persona apenas conocía las costumbres y al pueblo daenita. Lo mínimo que podía hacer era preguntar sobre ello,sobre como deseaba su majestad realizar dicho anuncio, y respetar dichos deseos. Después de todo era lo correcto al realizarlo en sus tierras, era justo después de realizar las negociaciones sin su persona . Siempre y cuando en dicho anuncio sus palabras fueran ciertas, no pedía que desvelase todos los detalles,si no que aquello que desvelase fuese cierto o no pusiese a sus islas en alguna posición comprometedora por no desvelar lo suficiente....

Siendo así,dejandole al rey y príncipe daenitas la responsabilidad de organizar las ceremonias,lo mínimo que la mujer podía preguntar era lo que se esperaba de ella en las mismas.

Le sorprendió las palabras ajenas. Siendo su presencia a su lado en el balcón el único momento en el que tomaría parte. No pregunto por ello,pues no sabia a que se debía dicha decisión. Puede que fuese costumbre del lugar, o una manera de hacerlo todo mas justo y entre iguales,pues las Islas de Durban no contaban con ningún príncipe por el momento, ni ningún otro miembro de la familia real mas que la propia reina. Podía ser tantas las causas... y tan poco prudente el preguntarlo, pues podía tomarse como una ofensa el cuestionarse las decisiones del rey que acababa de recibirla en sus tierras. Pero aun así eso no mitigaba la sorpresa,lo imprevisto e injusto que le parecía a la mujer que el participe de todo aquello. Aquel que tuvo la idea de la alianza y dio el primer y mas importante paso para llevarlo a cabo ,apenas participase en la parte publica del mismo.... Era importante... pero no importaba. Pues ella sabia, y su rey sabia, y Pelleas sabia, lo imprescindible que el ultimo había sido en todo aquello.... Y esperaba que el príncipe lo supiese...

-Si vuestro rey no es partidaria de prolongar las cosas mas de lo necesario supones bien. Sera la firma. No lo conozco tanto como vos pero si es como dices... Si no hubiese aceptado las condiciones pactadas el tratado no se firmaría, y no perdería su tiempo ni el mio en hacerme venir en vano...

Si no aceptaba las condiciones no había garantías de la firma. Y una discusión sobre los acuerdos podía ser cosa de cinco minutos o de días,incluso de semanas hasta que ambas partes se pusiesen de acuerdo en ello. Una perdida de tiempo demasiado incierta para alguien que no deseaba prolongar lo que no debía ser prolongado. Lo mas rápido hubiese sido hacer los arreglos mediante correspondencias, o mandar a Pelleas o cualquier otro emisario en su nombre para dicha tarea,quedando el libre de la misma para realizar algún otro de sus deberes. Y no había sido el caso. Así que la reina compartía la suposición del príncipe. Se reuniría en privado con el padre de su amigo para firmar aquel documento que uniría por siglos, o por suerte para siempre, ambas naciones. Eso o deseaba discutir algo con la reina. En persona. En privado. Algo importante... Y no se hacia a la idea de lo que podría ser aquello...

Los brazos de ambos se separaron al llegar a su destino. La mujer espero frente a las enormes y aparentemente pesadas puertas a que las mismas fueran abiertas. Entrando en la estancia tras el mago oscuro.Dejando de lado la decoración de la estancia siguió los pasos ajenos y se encamino hacia las ventanas. Deseando conocer la vista desde el palacio.La visión de la cuidad a sus pies. Ya habría tiempo después para muebles y decoración. Se sorprendió,pues no se encontró con el paisaje, si no con la gente que se acercaba a palacio y comenzaba a reunirse bajo su balcón. Centenares de rostros y ropajes identificables desde su posición y con semejante cantidad, aprenciandose solo coloridas manchas deformes con algún que otro detalle mas marcado.

La cantidad de gente reunida demostraba lo próximo que estaba el anuncio. Ella ya estaba preparada,no habría problemas...

Se giro,dándole la espalda a la ventana y encarando al príncipe. Sonriendole con suavidad correspondiendo así la sonrisa del hombre.

-Me encantaría... Podremos ponernos al día cuando todo acabe, y celebrar todo lo que debe ser celebrado... Brindar por todo tu duro trabajo,ese que nos ha traído a este lugar,en este momento, en esta situación... Merece ser celebrado...
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Mar Jul 24, 2018 12:48 pm

Bien había debido aprender el mago, en veces a regañadientes, que las cosas no se hacían en todo el mundo como se acostumbraba en Daein. Había visto reinos donde el nacimiento bajo casa pobre o rica era la definición entera del destino de las personas, reinos donde los sabios eran celebrados, reinos donde las mujeres no se consideraban capaces de combatir con ferocidad y entrega por tan sólo el hecho de ser mujeres, reinos donde subhumanos caminaban a la vista por la calle, reinos con inviernos gentiles y menos prolongados; todos y cada uno tan distintos a lo que conocía él. Leer sobre ello y verlo en persona eran experiencias sin mutua comparación. No obstante ahora, en su tierra, era la mujer de las islas la que por seguro fuese a ver mil cosas ajenas, extrañas o incomprensibles. Cuanto menos, parecía preverlo, a juzgar por sus miradas curiosas derredor y su humildad en preguntar protocolo. Pensativo en torno a ello, Pelleas tardó unos instantes en responderle.

- Como lo desee usted, creo. Después de todo, es algo sin precedente. - Dijo al fin, un atisbo de extrañada risa en la voz. La explicación necesaria no tardó en darse, aunque en una voz que reflejaba especial cuidado. - Daein ha existido por casi 250 años ahora. En este tiempo... desde que el primer rey, el ex-senador Hengist fundó este reino independiente de Begnion, rechazando la sociedad humana y subhumana que habían decidido tener... la verdad es que ni una sola autoridad extranjera ha estado dentro de nuestras fronteras. - Así era, pues, que la visita de Yuuko era excepcional en más de un sentido. Creía Pelleas que no hacía falta decirlo en voz alta, si acaso al menos para no poner presión adicional sobre los hombros ajenos. De cualquier modo, lo histórico del día le traía fascinado ya, ansioso de documentarlo en su diario personal y hacerlo igualmente escribir en la biblioteca del reino. En cual fuera el modo en que se desarrollara, era una acontecimiento inmenso. - Por eso, actúe como usted actuaría. Creo que eso es lo que mi Rey, mi gente y la suya estarían esperando ver; cómo luce y muestra su presencia una persona de las Islas. -

Dicho eso, aguardó con el mismo aire expectante, dando tiempo a la monarca a familiarizarse con la vista que se desplegaba fuera de las ventanas, varios metros más abajo. Así como ansiaba presenciar la impresión que causara ella en los daeinitas, sentía similar curiosidad por la opinión que se formase ella misma del pueblo, tanto como de la ciudad entera, del reino entero. Sólo podía esperar a verlo. En ese sentido, le molestaba tanto menos someterse a la inquietante experiencia de aparecer a ojo público, temor que tercamente intentaba ignorar ese día, con tal de poder verlo todo ocurrir de cerca. Los planes respecto a cómo procederían quedaban ya dichos, resueltos. Los de después de la ceremonia de presentación y la firma del tratado casi, si las cosas procedían como anticipaban y sin imprevisto contratiempo. Asintiendo de buena gana a las sugerencias de la mujer mayor, Pelleas no demoró en tomar sitio junto a ella, aunque de cara a la ventana, paseando la vista con interés en la ciudadanía reunida.

- Muy bien. Me aseguraré de preparar eso. - Concordó, satisfecho con la perspectiva futura de brindar en calma. Pediría a su consejero conseguir algo que pudiese satisfacer gustos elevados, esa parte no habría de ser difícil. Su vista bajó sin particular enfoque, tan sólo plácidamente gacha al proseguir, con un suspiro breve. - Han sido tantas cosas en verdad, en tan corto tiempo... desde la última vez que le vi también ha sido así. La anexión de Crimea a Daein debe haberla oído ya, es una noticia grande como para asumir que no, pero es sólo una parte. Si pudiera contárselo todo... - Musitó. El desembarque en Crimea, la toma del reino caído, la travesía y el retorno a casa, las tribulaciones de presentar todo lo que traía a su padre, la reforma de la biblioteca nacional, los planes e inicio de construcción de la nueva torre tras el edificio... temería aburrir a la mujer si pudiera contárselo todo, pero las partes pertinentes, por seguro, las comentaría. En cierta forma, muchas guardaban relación con la alianza misma, pues eran parte de lo que Daein representaba, conllevaba y ostentaba. La miró con ánimo de iniciar, y repentinamente se sintió sorprendido por el sólo hecho de cuan cerca podía estar de ella sin problema alguno, en esa particular atmósfera, permitiéndose platicar tan abiertamente. Curioso fenómeno, que se había dado sin hacerse notar. Con discreción se suavizó su sonrisa, del mismo modo la mirada siempre un poco esquiva, y gentilmente se corrigió. - No, espere, estoy atropellándome mucho, ¿cierto? Este... ¿qué hay de usted? ¿Había estado tan lejos de casa antes? -

Habría tiempo para todo, de cualquier forma. Quizás no allí, en ese mismo instante junto a las ventanas, con casi toda Nevassa reunida a la espera de un anuncio formal, pero lo habría igualmente. Después de todo, en no más que un minuto llegaría el toque a la puerta y el escueto aviso de hallarse preparados.
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Mar Ago 07, 2018 1:39 pm

Esa vez,como tantas otras veces había tenido que hacer,se contendría de recordarle a su interlocutor sobre el peligro de las palabras. Mas poderosas de lo que uno podía imaginar. No era el momento,no era el lugar para expresar la diferencia que había entre "lo que usted desee" y "lo que usted crea conveniente". La primera da poder a la persona no solo de actuar como le plazca,si no de tomar aquello que desee aunque no le corresponda...libertad absoluta ,una libertad que en ocasiones resultaba sospechosa. La segunda ataba a la persona,a actuar de la manera correcta,de la manera en la que había sido instruido que lo hiciera,siguiendo protocolos propios y ajenos... La reina entendía dicha diferencia,por eso no abusaría de ello.

-Siendo así nuestras naciones tienen en común mas de lo que en un primer momento habíamos supuesto... Nuestras islas son tierra de paso, y en alguna que otra ocasión hemos tenido autoridades extranjeras surcando nuestros mares... pero hasta el momento no se habían intercambiado mas que algún que otro saludo y palabras de cortesía. Ninguna relación fue establecida,ni había intenciones de ello... Y cuando el problema de la piratería llego a su punto mas alto generaciones atrás mis predecesores decidieron cortar todo contacto con países extranjeros,para no involucrarlos en lo que era nuestra lucha... Aunque los únicos cambios que se hicieron notar fue el corte de algunas rutas comerciales... Cuando tome el trono,decidí abrir mis islas al mundo una vez mas... Aunque nunca imagine que llegaríamos a este punto en tan poco tiempo...

La mujer sonrió. De la misma manera en la que ese día era histórico para Daein ,también lo eran para sus propia patria. Aunque el acuerdo no se firmase en sus tierras quedaría constancia de que la alianza había sido acordado en las islas,sucediendo en ambas tierras partes fundamentales del acuerdo. Era importante,era histórico, y era nuevo... y como tal no tenia un ejemplo que seguir,no tenia un precedente... si no que ella se convertiría en el precedente junto con su majestad Ashnard. Era una gran responsabilidad... pero esa su responsabilidad... era su decisión... y no iba a dejar que un peso tan inútil y molesto como la presión pudiera con ella. Si Pelleas deseaba que actuase tal y como ella misma era así lo haría. Estaba acostumbrada a reinar,a hablar delante de la gente. Consideraría a aquellos que la esperaban a los pies del balcón como sus ciudadanos,sus protegidos, y los trataría como tales. Después de todo... de cierta manera a partir de ahora también consideraría a esa gente como suya... Una alianza no se trataba solo de recibir beneficios si no de también compartir cierta responsabilidad...

-Actuar como yo misma actuaria... creo que soy plenamente capaz de ello... Y siendo así me alegro de haber decidido no portar mi corona... pues apenas la porto en mis propias tierras,tampoco hay necesidad entonces de portarla aqui ni ahora...

Dijo con un aire de diversión, una ligera broma para relajar el ambiente. Para eliminar la tensión que se generaba en ese tipo de actos,aumentando la misma a medida que la espera aumentaba,que el momento se acercaba.

Tener la ceremonia en esos momentos,apenas poco después de su desembarco,suponía una ventaja. Tanto el monarca de Daein como ella misma podían acabar con las ceremonias y formalismos lo antes posible, sin la necesidad de alargar todo el proceso con protocolos y reuniones innecesarias,sin desperdiciar el tiempo. Permitiendoles a su majestad volver a su día a día lo antes posible y dándole libertad a ella para permanecer en el país el tiempo que desease. En otras palabras,poder volver cuando lo desease,cuando lo necesitase,sin temor a que su estancia se alargase mas de lo necesaria al no haber concluido todos sus quehaceres en Daein.

Pero también suponía una desventaja. Pues debía de esperar para ponerse al día con aquel que consideraba su amigo,de escuchar que había sido de el desde la ultima vez que le vio.De disfrutar de la compañía de Pelleas como tal no como príncipe... Seria pronto,si, pero aun así seria después de la firma... eso no le daba tiempo a preguntar como había ido la presentación de la alianza con su padre,ni hablar sobre como se sentía el con todo lo que estaba por suceder... Una lastima...

-Esta bien querido, no te preocupes... de echo me gustaría que me lo contases todo. Me gustan las historias,las palabras,los detalles... me encantara oír sobre eso... Aunque tendrá que esperar... puedes contármelo mas tarde,mientras brindamos...

Aparto la mirada de la ventana,de la gente que a la distancia era apenas motas sin forma. De la cantidad de ciudadanos que poco a poco se acercaban, hasta llenar el lugar,hasta alcanzar mas allá de lo que su vista podía alcanzar. Serian acaso los habitantes de la cuidad? O acaso se había reunido gente de todo el país? No había podido ver la capital en su viaje desde el barco hasta el palacio,pero había sido suficiente para llegar a la conclusión de que era mas grande que cualquier cuidad de las islas. Después de todo sus tierras estaban distribuidas por el mar, y así lo estaba su gente, sus ciudades y pueblos... Aparto la mirada y se concentro en el rostro del hombre,en su suave sonrisa. Correspondió a la misma de manera inconsciente suavizando también la propia.

-Nunca había salido de mi patria. Tome una decisión,por voluntad propia,que me impedía hacerlo...

El sonido de los suaves golpes en la puerta la interrumpió. Anunciando con ese gesto que era hora. Que todo estaba listo,que debían partir...

-... después os lo contare en detalle... Ahora hay algo mas importante que debemos hacer... Vamos?

Pregunto,esperando a que el otro estuviese listo.La determinación visible en sus ojos rojos. Su sonrisa una decidida,segura,confiada. Era el momento.
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Pelleas el Vie Sep 14, 2018 6:15 pm

Antes de su primera visita a Durban, lo recordaba bien, había parado en Ilia y allí había leído lo poco que hallaba al alcance sobre el reino costero. En aquel momento, en aquellos libros, se hallaba ilustrado como monarca todavía un hombre que debía haber sido el padre de Yuuko, según ahora podía deducir. Había conseguido aprender un tanto respecto a la historia y características del lugar, lo suficiente para no acudir por completo ignorante en su visita. Sin embargo, tanto en aquel entonces como aún ese mismo día, el de la firma de la alianza, restaba mucho que desconocía de la historia y asuntos de las islas, así como ideas que sólo un mayor contacto con el lugar podían embeber en su persona. Aprenderlo de Yuuko era tan importante como hacerlo de sus futuros embajadores, sus líderes militares y la gente que pudiera aparecer en tierra daeinita. La escuchaba, pues, con abierta consciencia de lo poco que sabía aún, e imaginaba en fuero interno cómo los demás habrían de verla y percibirla a ella también. Asintió a su disposición final, la de mostrarse en su propia forma de obrar y proceder ante la ciudadanía; sin dudas, la única forma en que aquello debía de transcurrir.

Por lo demás, su conversación personal parecía quedar enteramente para después de realizada la ceremonia, según Yuuko indicaba. Pelleas dirigía una mirada curiosa en su dirección, considerando los minutos que podrían tener todavía en esa sala, mas la mujer hablaba con razón; apenas comenzaba a darle respuestas, cuando el indicativo toque en la puerta aparecía. Su tiempo juntos quedaba así postergado, junto con todo lo que no podía aún contarle. - Sí. Parece que así tendrá que ser. - Respondió, con una breve risa, contraída por la aceleración de su pulso en su pecho. Se irguió con deliberada lentitud. - Preguntaré por el resto luego, su Majestad. - Agregó. Apenas había comenzado a mencionar su falta de experiencias fuera de sus fronteras, después de todo. Todavía quedaba mucho que querría saber sobre sus impresiones del viaje, y su perspectiva de Daein como la pieza de mayor importancia.

Era hora de partir. El príncipe respiró hondo y asintió mudamente, concordando en ello. No conseguía por lejos la seguridad que irradiaba la reina, mas logró cuanto menos sonreír de regreso y no cometer particular torpeza en el acto de abrir las pesadas puertas dobles. Permitió que la dama cruzara primero el umbral para salir luego él, la puerta cerrándose por sí sola a su espalda, con un grave y reverberante eco. El guardia que había tocado a modo de aviso les escoltó sin palabra alguna los escasos pasos hasta la salida hacia el balcón, separándose pronto para volver a su puesto a un lado de esta; modales algo secos, poco primorosos, pero usuales en el castillo y toda Daein. Pelleas allí se detuvo, parado donde la luz fría del exterior le bañaba el cuerpo hasta lo alto del pecho, sin llegar a alcanzar su rostro. Con una corta mirada y un gesto leve de la mano, sólo rozando en tacto el codo de la reina, le indicó aguardar también.

Desde allí mismo, el amplio balcón y la persona que lo ocupaba se distinguían a la perfección. La voz que mantenía acallados a cientos se esparcía también por el interior del castillo, recia, cargada de implícita presencia. Con las manos apoyadas en la baranda de piedra, el rey hablaba ya a su gente de un reino sureño, poderoso y libre. Un conquistador no doblegado ni ante emergidos ni ante nadie, digno de estrechar la mano de Daein en amistad. Aunque era su espalda la que desde allí atrás se veía, se obviaba igualmente una altura tan considerable como la del príncipe, mas en un físico quizás el doble de fornido, una constitución de hombre de armas tan temible como respetable. Ante el sonido de su habla, quizás la proximidad y nada más, Pelleas inconscientemente cuidaba su postura; se paraba cabizbajo pero de espalda recta, bien erguido, con las manos en la espalda, como un soldado en posición de espera. Su rostro perdía expresión, visiblemente enfocado tan sólo en respirar, en hacerlo con lentitud y así mantenerse. Respetaba, temía, estimaba y admiraba a su padre más de lo que podría respetar en su vida a la diosa; comprendía y aceptaba ya esa realidad. De ella surgía su disposición maquinal a corregir su postura, como el hombre le había corregido incontables veces en el pasado. En un momento tan importante como aquel, no debía de avergonzarse a sí mismo, no podía permitirse fallar. Aunque la sola mención de la conquista de Crimea, la posibilidad de que su nombre fuera dicho ante la gente, le generase un escalofrío terrible. Las manos le temblaron, mas las afirmó de inmediato la una a la otra.

Cayó en cuenta de que su corazón latía con fuerza cuando percibió tapados sus oídos, quedándose escuchando amplificado el presuroso latir. Notó, igualmente, que el nombre de Yuuko e inclusive el suyo propio eran dichos. Por primera vez, el príncipe heredero era digno de ser mencionado. El ruido de acalorados vítores desde afuera le pareció retumbar en el pecho, en todo el suelo bajo sus pies. De reojo veía la ancha figura del rey apartarse, mas no se atrevía a alzar la cabeza para sostenerle la mirada. Apenas lo hizo en dirección a Yuuko, sintiendo la boca demasiado seca como para musitar palabra alguna, mas ofreciendo su brazo, esta vez él, para llevarla afuera. Nuevamente inspiró hondo y se forzó a centrarse en los más inocuos detalles de la persona a su lado, a escuchar el repiqueteo de sus aretes o sus joyas y sólo mirar distraídamente el perfil de su rostro o su cabello. Era un cuadro bello, tranquilizador de observar. De esa forma, resultaba más fácil caminar, salir al aire helado, a la luz y a los ojos expectantes.
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Oct 28, 2018 4:23 pm

No seria el príncipe quien firmaría la alianza con ella, ni sabia si sus palabras acompañarían a las de la mujer en el balcón. Pero era él el artífice de todo aquello,la razón por la que la alianza se había llevado a cabo. Era su anfitrión,y al parecer su guía en aquel lugar. La mujer lo prefería de dicha manera. Una presencia familiar, apreciada,que hacia su estancia en tierras extranjeras,en palacios nunca visitados, mas cómoda. Le permitía ignorar los nervios que de otra manera estaría segura de que le estarían invadiendo. Después de todo ella también era humana,era consciente de la importancia de lo que estaban a punto de realizar,de su presencia en un país que no era el propio con pocos aliados,poca gente conocida... Las oportunidades de dañarla,de dañarlo todo,de que el desastre se cerniese sobre ellos eran ilimitadas... Y a pesar de ello no se podía permitir,ni iba a permitirse , sucumbir ante aquellos nefastos pensamientos. Ni dejarse llevar por el nerviosismo. Y era capaz de ello por su determinación,su cabezoneria,su experiencia, y la presencia del príncipe a su lado. Aunque no era momento ni lugar de expresar aquello en voz alta.

No. Era el momento de seguir a su guía. Colocarse a su lado y seguir sus pasos,interpretar sus gestos y traspasar ella primero las enormes puertas que separaban la habitación donde habían esperado del pasillo del palacio. Espero a que el hombre se colocase una vez mas a su lado,reanudando sus pasos tras esa leve pausa. La distancia a recorrer era escasa. Pronto se encontró la mujer en la entrada del balcón al que habían sido escoltados. Noto una mano sobre su codo ,interpretando el gesto. Era innecesario,pues sus pies ya se habían detenido al ver como el otro también lo hacia. Pelleas había parado,y junto con el la mujer,hasta que alguien le indicase lo contrario,le hiciese ver que era su momento de tomar parte. De hacer aparición frente al pueblo daenita.

Era extraño encontrarse en aquel lugar, su cuerpo sumido tanto en luz como en oscuridad. Parecía el borde del abismo,el limite entre la vida y la muerte. Aunque fue un pensamiento que desecho a un lado,que trato de ignorar. Prefirió clavar su mirada en la figura frente a ella, analizándola en su totalidad, con intensidad mas intentando ser discreta en sus acciones.

El primer pensamiento de la mujer fue que acaba de descubrí de donde había heredado el príncipe su altura. Aunque era aquello y el tono oscuro de sus cabellos,sin resultar ser el mismo,los únicos rasgos que Pelleas compartía con su soberano. Desde su posición la mujer solo podía admirar su constitución,comparar el cuerpo delgado y esbelto de aquel que consideraba un amigo con  la espalda y hombros anchos,el cuerpo fornido con musculatura bien definida incluso a través de la armadura que veía en el rey daenita. Un guerrero,de pies a cabeza, fue su segundo pensamiento.

Escucho su voz,reparo en las palabras que le eran dedicadas a su reino. Mas se centro mas en la manera de ser pronunciadas. Un tono que se elevaba,pidiendo silencio sin necesidad de palabras. Que imponía su presencia ,que llegaba a todos aquellos que estaban ante su presencia,e incluso a algunos que no apreciaban a verle. La voz de un general. De un líder. De un rey.

Sus ojos viajaron un momento,por puro reflejo,a la presencia a su lado. El cambio de actitud ajena tan descarado ante sus ojos que solo necesito de un rápido vistazo para apreciarlo. No para ser capaz de identificar y reconocer todos los cambios en postura y expresión sufridos por el príncipe en tan corto intervalo de tiempo,pero si para ser capaz de percatarse de que en esos momentos no era el mismo.No era libre. No lo culpaba. La corte era dura, las posiciones sociales tan elevadas una carga sobre los hombros. Pocos podían tomarse la libertad de ser ellos mismos,de dejarse expuestos ante lo que les rodeaba,mostrar lo que otros podrían usar como arma en su contra. Entendía pues que el otro cambiase su postura,su ser.Ante su rey,ante su pueblo. Si aquello le hacia bien o mal no podía saberlo. No sin preguntar su estado. Y era consciente de que aquello no era posible en sus circunstancias.

Se limito a acomodarse levemente los ropajes,intentando eliminar con ligeras palmadas,ligeros toques de su mano,las arrugas en la tela. Se acomodo el tomo que colgaba de la su cintura. Dejándolo en el lado de su cuerpo junto al que se encontraba el cuerpo del príncipe,acercándole una presencia familiar,conocida. Lo coloco para que al verla de frente el tomo quedase a la vista. El rey de aquellas tierras era un guerrero y su presencia lo demostraba. Ella era una maga. E iba a demostrarlo.

Su atención volvió al frente,al rey,al balcón,al publico que observaría una vez se acercase a la barandilla de piedra. Su atención volvió a todo ello una vez su nombre y el del príncipe fueron pronunciados. El clamor del pueblo acompañando su anuncio. Desvió la mirada unos instantes a su lado,esperando las acciones ajenas. Le sonrió con cierta ternura mientras tomaba su brazo,acariciando el mismo con la punta de sus dedos antes de sostenerlo,queriendo trasmitirle así cierta calma.Cierto sentimiento de cercanía,de que ella estaría a su lado. Se dejo llevar afuera.

Mantuvo la postura,firme.Con la cabeza alta y una sonrisa confiada posada en sus labios. La primera impresión siendo importante,no deseando dejarse intimidar,que el rey ajeno considerase sus acciones muestras de algún tipo de debilidad. Cuidando de no parecer tampoco excesivamente confiada,no deseando trasmitir la falsa apariencia de subestimar al contrario.

Acercándose al rey separo con cuidado su brazo del del príncipe,habiéndolo mantenido en ese lugar hasta dejarse ver por el pueblo,para que el mismo fuese testigo de la cercanía entre ambas noblezas. Separándose solo cuando estuvo apunto de llegar al monarca, dando en solitario los últimos pasos,aquellos que le acercarían al balcón. Se coloco a un lado del rey,el lugar abierto para ella al hacerle el sitio al ladear su cuerpo. Decidió ,en señal de cierto respeto,de ser el monarca del país anfitrión,permanecer medio paso detrás de el.Cercana,pero no a su par. Y decidió también,en señal de cierto respeto,inclinar levemente la cabeza ante el. No era una reverencia,ni una señal de que mostraba cierta sumisión ante el. Era un gesto sutil,pero visible a todos los ojos presentes. Señal de reconocimiento ante un par,un igual.

-Es todo un placer conocerlo al fin y estar ante su presencia, Rey Ashnard de Daein.

Pronuncio con cierta seriedad,en un tono de voz que solo fuese audible para los tres habitantes del balcón. Intento no observar ,no analizar el rostro ajeno, no en aquellos momentos. Si no que en su lugar giro levemente su cuerpo ,encarandolo al frente del balcón. Del publico. Saludo con el elegante gesto de su mano al publico que les vitoreaba. Y tras ello ,tras el breve saludo,detuvo su mano,aun en alto.Y con ello poco a poco comenzó a silenciarse la voz del publico.

La mujer aprovecho el momento para alzar su propia voz. En un tono elevado,aquel empleado cuando comandaba ordenes a su ejercito. Cuando quería dejarse escuchar en cada recoveco del salón del trono,de sus navíos,del campo de batalla. No era un grito,pero era potente,para dejarse oír. Era un tono amable,pero firme. Determinado. Y con el mismo indico el placer que era para ella el estar en esas tierras,el poder por fin conocer aquel maravilloso país del que tanto había oído hablar. Por el que tanto amor le habían trasmitido.

-Soy Yuuko Ichihara. Decimotercera y actual monarca de las Islas de Durban. Comandante de su ejercito. Maga de las islas. Es un honor y un placer para mi estar hoy en tierras Daenitas. Ante su monarquía y su pueblo.

Comenzó presentándose ante el pueblo,con seguridad y orgullo en su voz ante su titulo,su posición. Ante el echo de estar allí. Y entonces comenzó a hablar,a dedicarle palabras al pueblo,con la vista clavada en ellos en todo momento.

Agradeció a su majestad por las amables palabras sobre su pueblo. Les agradecido tanto a el,como al príncipe,como al pueblo,la cálida bienvenida que los suyos habían recibido nada mas pisar esas tierras. Correspondió a las palabras del rey daenita hablando de la fuerza de Daein. De aquella tierra de conquistadores y guerreros,de un pueblo fuerte que no había dejado que el miedo cundiera y que sus tierras y sus gentes fuesen masacradas por aquel enemigo mundial. Alabo la valentía,la fuerza y la determinación con la que los emergidos habían sido expulsados del lugar,siendo de los primeros países en lograr tal hazaña. Alabo al país e indico el gran honor y el placer que era estrechar su mano en amistad,el unir los destinos de ambas tierras en aquella alianza que no haría mas que aumentar las fuerzas de ambos. Y entonces comenzó a hablar de las diferencias. De como en Daein había tierra,montañas, wyverns y guerreros. Y como en su lugar La Islas de Durban contaban con las islas y con el mar, con la destreza de sus marineros y la habilidad y sabiduría de sus magos. Expreso las similitudes de ambos reinos. Ambos fuertes, poderoso, libres. Y de como las diferencias no harían mas que aumentar dicha fuerza, del brillante futuro que les deparaba el unir la fuerza y conocimiento de ambos reinos,de todas las opciones que se presentaban ante ellos al complementarse ante ellos. Y expreso ,de todo corazón , el deseo de ver ante sus ojos,de vivir aquel brillante futuro que les deparaba a ambos reinos. De como dos reinos ya imparables y que no se rendían ante nada ,ahora que se unían en amistad volviéndose con ello prácticamente invencibles.

Expreso todo con voz firme,con sinceridad. Agradeció una vez mas la bienvenida que el pueblo le había dado, e invito a todo aquel que lo desease a acudir a las Islas de Durban,donde aseguro que serian recibidos como legítimos ciudadanos del lugar. Y entonces finalizo sus palabras, mas no indicándole al pueblo que así lo haría. Si no que solo dejo de hablar,les sonrió. Los vítores,los clamores volvieron a alzarse una vez mas ante el silencio de la reina. La cual aprovecho y con algo de disimulo observo al rey,y después al príncipe deteniendo su mirada en el mas que en el rey. Mas segura de quedarse observándolo a el. A la espera de acciones ajenas,de palabras de parte de ambos daenitas. Todo era nuevo,era libre de obrar como desease.Por ello nada estaba planeado. Y quería,siendo así,darles la oportunidad a ambos de expresarse,de volver a tomar la palabra. Si es que eso era lo que deseaban.

Para también deseaba saber sus acciones. Su aquello pronunciado había sido adecuado. Si las reacciones a ello eran positivas.

El problema de lo nuevo era que no se conocían las consecuencias que aquello podría acarrear...
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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

Mensaje por Pelleas Ayer a las 7:04 pm

Todo lo que Pelleas podía hacer era enfocarse en lo mínimo: sostenerse en pie, caminar, mantener la postura, hacer de las manos puños para que no temblaran, respirar, no agachar la cabeza al caminar, pasar la mirada de una forma que pareciera casual, sostenerla por algunos segundos cuando había que. Agradecía infinitamente el sutil confort que a su modo le ofrecía la reina, mas de momento era incapaz de comunicárselo en forma alguna, siquiera de mostrarse más tranquilo. Curiosamente, el ajuste de su ropa contra su garganta y contra sus muñecas contribuía a aterrizarlo también, haciéndole sentir que aquellos pocos puntos de firmeza eran todo lo que lo sujetaba armado y de pie. Gracias a todo ello y pese a lo que siempre se debatía en su interior, su salida al balcón ocurrió sin incidente, su figura luciendo bastante natural y hasta bien puesta junto a la de la monarca extranjera y el rey anfitrión. No podía sino estar perfectamente callado, pero allí se encontraba también, bajo la luz del día. Respiró hondo aquel aire frío y familiar. No creía hacerse jamás con la clase de entereza que Yuuko mostraba, mucho menos la majestuosidad innata de su progenitor, mas de momento, con estar allí era suficiente. Después de todo, aparecer ante la vista de su pueblo era como comenzar a existir.

Mientras la mujer comenzaba a dirigirse al pueblo, se esforzó él por mirarlos. Más que extraño resultaba que las mismas personas a las que tenía pavor, de cuyas risas o muestras de decepción había tenido incontables pesadillas, fueran por quienes sentía el más inconmensurable amor. Su pueblo, ese impreciso concepto de su reino virtuoso y adorado representado en rostros concretos. Mirándolos por primera vez desde esa posición, el mago sintió cierto cambio formularse y producirse entre él y ellos: ahora que conocían también su rostro, que podrían reconocerlo como el príncipe donde lo viesen, el título se tornaba recién verdaderemente suyo, y de forma inamovible. Ya no cesaría de estar sujeto él también a las demandas de ese título, no habría modo en que pudiese continuar oculto aún si lo deseara. De algún modo, se sentía en completa paz con ese nuevo hecho. Fue capaz, inclusive, de esbozar una sonrisa al verlo todo, sin perder detalle de las miradas que apenas reconociéndolo, pasaban a centrarse enseguida en la mujer extranjera. Su curiosidad era notoria, aunque sus impresiones no se dejaban todavía entrever. Cuanto menos, pensándolo en la perspectiva de ese mismo balcón, Pelleas podía estar seguro de que su porte les resultaría satisfactorio y respetable, así como su aspecto, de un refinamiento poco visto en esas tierras, seguramente les fuera de enigmática belleza. Con la vista quieta en un punto inpreciso escuchó cada palabra que la mujer pronunciaba, midiéndolas y estudiándolas, desde los términos elegidos hasta la entonación de la voz, considerándolo todo agradable a los oídos; nada habría de gustar más que oír que los reinos se fortalecerían juntos, que la gloria alcanzada hasta ese punto no era en absoluto el final, y por seguro al rey más que al mismo pueblo.

Habría deseado escudriñar su expresión y adivinar sus opiniones cuando todo hubo terminado, mas su padre era la única persona a cuyos ojos no era capaz de mirar si no se sentía autorizado. Notó que el hombre de hecho se giraba en su dirección y la de Yuuko, mas por instinto bajó respetuosamente la cabeza y la vista. No podía hacer otra cosa. No obstante, aún a través de los aplausos finales, fue capaz de oír la voz más gruesa dar indicación a los escoltas, cuestionando si el salón de reuniones para la firma del pacto estaba preparado, en un tono que daba a sobreentender que más valiera que lo estuviese. Se dictaminó que partirían allí enseguida. Siendo allí que se trazaba la línea límite del involucramiento del príncipe, este supo dirigirse en otro rumbo apenas regresaron dentro. A Yuuko dedicó apenas una mirada rápida, sin desear interrumpirla de la labor venidera; no cabía en su mente que tal personal conociera el nerviosismo ni que tuviese gran necesidad de su apoyo, por lo que más que cualquier otra cosa, apuntaba a no distraerla. Con tan sólo una mirada y una sonrisa de cierto alivio, se volvió hacia sus propias habitaciones en el palacio. Nada había salido mal y nada se había arruinado, mas le sobrecogía un inmenso cansancio.

[...]

Suponía que tras tumbarse a relajarse, hasta dormitar un poco, leer por largo tiempo y dar vueltas a lo largo y ancho de su habitación habría de estar dándose por terminada ya por esas horas la reunión diplomática entre regentes, mas no parecía ser así. No debía deberse a nada en particular, por seguro hubiese bastantes detalles que ultimar, planes de construcción que dejar revisados o similares, atendiendo a la practicidad, mas crecía igualmente su impaciencia. Se había hecho de noche y la luna ascendía cada vez más.

A fin de cuentas, se adelantó. Se metió al pequeño estudio donde solía escribir en los años anteriores a los emergidos, a su viaje fuera de Daein y a todo, habitación que con un par de velas ya se iluminaba al completo, acogedora pese a lo estrecho y amueblada con lo justo: dos muebles de biblioteca con los libros ya montados en un sentido y otro, un escritorio, una mesa redonda y pequeña con un par de sillas cuyas superficies se hallaban también ocupadas por papeleo, y finalmente un largo diván en una esquina, que le había hecho las veces de cama cada vez que le apetecía mantenerse recluido. Sin contar su dormitorio, habitación en que estaba totalmente fuera de cuestión recibir visita femenina, era el lugar en que más podía contar con tranquilidad; un rincón únicamente suyo en que nadie tenía motivo para aparecer. Mandó pedir por coñac y licores, destinados en verdad a después, aunque intuía que bebería también antes. Sin pensar mucho respecto al espacio ni fijarse donde podía apoyar nada, cuando la servidumbre arribó debió de tomar en brazos todo lo que había sobre la mesa y sólo ponerlo en el suelo, lo mismo que lo apoyado en las sillas. Amablemente rechazó ayuda en organizar su estudio, pues por lejos prefería reconocer donde se hallaba todo. Con eso despidió enseguida a los criados.

Y en efecto, supuso que nada de malo habría en servirse cuanto menos un trago que tener mientras esperaba. Llenando un vaso de coñac, lo llevó consigo junto a la ventana. La única ventana de la estancia apuntaba hacia el edificio de la biblioteca de la capital, tras la cual, ahora, se erigía la irregular forma de la nueva torre en construcción. La vista se diferenciaba enormemente de la que había vislumbrado por tantas estaciones antes, desde ese mismo lugar. Empinando un par de tragos y exhalando en agrado, el joven sabio permaneció contemplando la negra silueta de aquel nuevo edificio, en la que se movían las lámparas y antorchas de los constructores que se retiraban por la jornada. Era natural que los reyes hablasen de igual a igual y quien era sólo príncipe de momento debiese quedar subordinado a la espera, mas no evitaba que fuera una espera inquieta.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Sorcerer

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Concoction [1]
Tomo Nosferatu [1]
Vulnerary [2]
tomo de Worm [3]
.
.

Support :
Judal
Virion
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
139


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Re: [Social] El pacto Arcano sellado [Pelleas - Yuuko]

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