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[Entrenamiento] Quien estudia no siempre es por ignorancia. [Priv. Marc]

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[Entrenamiento] Quien estudia no siempre es por ignorancia. [Priv. Marc]

Mensaje por Poe el Dom Abr 15, 2018 4:45 pm

Su vida se había vuelto estable en Durban, sus ingresos eran constantes y le permitían darse bastantes gustos ocasionales de viajar para alimentar sus pasiones, en este caso mezclado con su propia profesión: la literatura. Por eso se había embarcado en una aventura que esperaba que fuese corta pero productiva, empezando por tierra natal en Ilia, planeaba ir a algunas bibliotecas que había averiguado que habían sin necesidad de viajar demasiado.

El viaje había sido corto, había salido a primera hora de la mañana y estaba llegando a puerto antes de que fuese la hora de almorzar y estando ansioso miraba desde la proa apoyaba sus manos enguantadas en el barandal que le prevenía a los viajeros caer al agua. A su alrededor se movían con rapidez los marineros que jalaban y ataban gruesas cuerdas mientras la embarcación con bandera de Durban se acomodaba en el atracadero. Sonreía mientras su mapache se se aferraba con sus pequeñas garritas a la chaqueta de lana asomando sobre su hombro - Ya casi bajamos, dentro de poco ya podremos almorzar, debes estar hambriento como yo. - habló con tono profundo y bajo ladeando su rostro hacia el animal que solo miraba con atención su entorno.

Al bajar la tabla y permitir que los pasajeros bajaran fue uno de los primeros en pisar tierra firme. El entusiasta escritor cargaba un gran bolso en su hombro cruzando la correa por su pecho y sujetando la misma se adelantó hundiendo sus pies en la nieve sucia que se acumulaba en los bordes de las calles, dentro de poco el sol estaría en lo más alto y comenzaría a derretirse pero en Ilia extrañamente habían momentos del día donde no hubiese nieve, incluso en la costa donde el aire húmedo tendía a hacer hielo en lugar de nieve. Compró un pan relleno de carne a una vendedora ambulante y compartiendo pequeños trozos con su mascota que caminaba apresurada a su lado parando para tomar entre sus manitas el pan y la carne para comerlas y dar otra pequeña corrida hasta al lado del humano que le cuidaba. El puerto estaba bastante animado sobretodo por la cantidad de puestos ambulantes que se habían acomodado al margen del camino. Pero no era allí donde se dirigía, el mercado se formaba alrededor de la calle de la plaza, gente que bajaba de los barcos y armaban sus puestos mientras estos estuviesen en el puerto, normalmente por unos pocos días, allí podía comprar más barato que en tiendas establecidas pero habían productos “legales”, productos regulados por el puerto aduanero que normalmente eran alimentos, ropas y armas, con suerte algunas chucherias y libros pero nada que captase su interés. En cambio si se adentraba en las callejuelas periféricas al mercado podía encontrar telas en el piso con personas vendiendo objetos más interesantes. Sabía que la mayoría de esas cosas eran robadas y normalmente solo habían joyas y sombreros a precios muy bajos pero a veces, si se sabía donde buscar, podía encontrar personas que tenían objetos ingresados ilegalmente al país.

Sus botas de cuero, ribeteadas en piel en sus tobillos le protegían del frío y dejaban huellas en la calle más estrecha, su mirada semi oculta por sus largos cabellos oscuros miraban los objetos sobre las telas o simplemente sobre la sucia nieve en las calles. Su mapache se había alejado en uno de los callejones donde daba la parte trasera de una carnicería y revolvía entre la basura buscando comida pese a estar bien alimentado. Elías lo dejaba ya que sabía que siempre terminaba regresando a él.

Finalmente llegó a observar algo que llamó su atención, quizás mostrando demasiado entusiasmo se acercó a un hombre de dudosa apariencia que se limpiaba las uñas con la punta de una daga y delante suyo sobre un cuero extendido con tiras de cuerda, diseñado más que nada para jalar de estas y huir en cualquier momento sin perder su mercancía, mostraba una selección corta de libros así como algunas piedras preciosas, un par de diminutos cuchillos de mangos engarzados, pequeños huesos en platillitos junto con varias pequeñas curiosidades que se veía a leguas que se trataba de objetos arcanos. Sus manos fueron directo a los libros que miró sus portadas y sus lomos leyendo sus títulos. - Quinientas monedas cada uno. Se puede llevar todos por un par de sólidos. - el escritor miró con interés los libros pero no contaba con tanto dinero, un sólido era la forma de referirse a las barras de oro que equivalían a mil monedas. Apenas si podía permitirse uno de los libros pero se quedaría demasiado pronto sin fondos para el resto de su viaje y debería de volver a Durban. Sus manos no soltaban uno de los tomos, habían seis en total, dos de ellos eran un simples tomos de magia básica que él ya poseía y el vendedor pedía mucho más de lo que realmente valían, sobretodo por que parecían usados ya. Los otros eran diferentes, tres solo eran registros y guías que reconocía de cuando trabajó en la biblioteca de ese país. Pero el último, el que sus manos no querían soltar era uno que nunca había visto antes. El título se leía en el idioma de la magia y podía llegar a ver que entre palabras que aún no conocía, reconocía “Maldiciones” y “Pócimas”, al abrirlo veí una variedad de guías y recetas para diferentes tipos de maldiciones y ritos oscuros que él desconocía. Tímidamente intentó regatear pero el bandido viendo con ojo afilado y entrenado las buenas ropas del presunto comprador comenzó con quejas de lo difícil que era conseguir este tipo de cosas y que era difícil venderlas así que no tenía de otra que subir tanto sus precios para poder sobrevivir, que arriesgaba su cuello por solo poseer estos materiales y que quizás si le dejaba ver el anillo que abultaba su guante de gamuza podría tomarlo como parte del pago, claro, con monedas encima siempre.

Desanimado volvió a dejar el libro sobre los demás y agradeció al hombre antes de alejarse, no sin mirar un par de veces a su espalda. El vendedor mantuvo su postura de no bajar el precio, convencido de que por la actitud del otro regresaría, pero el escritor se perdió de vista en uno de los callejones donde se sentó sobre un barril volcado a pensar en que hacer. Realmente quería aquel libro pero tras contar con el dinero que tenía guardado confirmó que si lo compraba sería su única compra en ese viaje. Mientras deliberaba que hacer el regordete mapache se acercó a sus pies mirando con sus curiosos ojos a su dueño, este por instinto revisó en su bolso y sacó un gajo de manzana seca y se lo dio, mientras el animalito manipulaba con sus manos el dulce y lo iba mordisqueando el rostro del pelinegro se iluminó con alegría. Karl, su mapache, sabía ir a buscar objetos, tomarlos entre sus manos o su boca y llevarlos hasta él, cosa que le había enseñado por diversión y para comprobar que así como había entrenado a los perros de caza y guardia podía entrenar también un mapache. Se asomó por el borde del callejón mirando al bandido... no tendría carga de conciencia, total, aquel libro seguro era robado y si se apresuraba a volver a la seguridad del puerto se podría perder entre la gente rápido y tomar la primera caravana al este que encontrase antes de que dieran con él.
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Re: [Entrenamiento] Quien estudia no siempre es por ignorancia. [Priv. Marc]

Mensaje por Marc el Dom Abr 15, 2018 7:27 pm

Aquella necesidad de hacer paradas en cuanto puerto existiera era sin lugar a dudas uno de los motivos por los que Marc había atrasado un viaje fuera de Akaenia tanto tiempo. Sin contar lo lento y tan lleno de imprevistos que era viajar por mar, su poca capacidad de autonomía y auto sustento que requería tantas paradas por el camino eran una perdida total de tiempo.

Podía pagar más y conseguir barcos que le transportaran con esperas más cortas y creados para surcar las olas con velocidad, pero era un nivel de gastos que no se permitiría jamás realizar. Manejar sus asuntos laborales y los gastos que los espías y emisarios requerían era un costo suficientemente alto como para pagar viajes costosos en por agua.

¡Tenía que haber alguna forma más rápida e inmediata de viajar!

Estaba la alternativa de volar, medio de transporte que prefería en lo posible evitar pero que era una alternativa. Alternandose con periodos en tierra y solo surcando el mar en lugares específicos...

Posible, pero una gran inversión de movilización de tropas y coordinación entre ellas que hacían a la alternativa irrisible como método efectivo.

Su mente pululó hacia leyendas y cuentos leidos antaño, en su niñez, y que había vuelto a visitar una vez sus experiencia con la  magia estaba avanzada. Relatos sobre hechizos y rituales que permitían moverse de una punta a otra del pais en un abrir y cerrar de ojos... Simples locuras, según su experiencia e investigación, pero sin duda una idea maravillosa e ingeniosa con la que era divertido soñar.

Despertar en los calabozos de Plegia, desayunar en Nohr y realizar una operación en una aldea en Ylisse todo antes del almuerzo... Su vida sería mucho más fácil con un hechizo asi.

Su mal ánimo cuanto menos estaba apaciguado con el buen clima que contaban. La nieve era equivalente a moverse por los pantanos plegianos para él, el frio le gustaba y acaso el sol parecía iluminar de una forma opaca y sin ganas que hacía aquel un lugar que sin duda guardaría en su corazón.

Bueno, preferentemente mejorando un poco más la limpieza ¡Había creído ver una enorme rata sobre un hombre al bajar del barco! No que tuviera nada contra las ratas, eran utiles y tenían interesantes reacciones si las colocabas con un vote de metal contra el estomago de un prisionero... Pero nunca auguraban nada bueno en cuanto a la organización de una ciudad.

Si acaso podía llamar aquel agujero ciudad.

Su humor había continuado en pequeño ascenso luego de intercambiar informes con un espía local. Había informado a sus hombres en las cercanías a sus escalas conocidas de antemano sobre su fecha de llegada, y siempre le era grato un intercambio de información eficiente y secretivo.

Se sentía orgulloso aun de su metodo de intercmabio de informes en libros de poesía. Lentamente comenzaban los espías a comprender los conceptos de rima y Marc había analizado la posibilidad de publicar en algun momento una compilación de ellas. Las ganancias obviamente serían destinadas al presupuesto de la inquisición, presupuesto que a su parecer nunca era suficiente por más que se esforzara en ordenar y reordenar los números.

¡Pero el reporte! ¡Oh! Fuera de los asuntos habituales, una pagina extra informandole de un vendedor con libros robados posiblemente de la biblioteca de Illia ¡Casí podía cantar de la emoción! Tenía una buena voz, siendo objetivo, pero era desgraciadamente una persona más de coros que de cantos solistas, por lo que desistió.

Encajándose  bien la capucha de la escueta túnica marrón que le cubría, entró al callejón en cuestión y no tardo en encontrar al pintoresco vendedor de productos absoluta y sin lugar a duda legales. Le gustaba cuando las cosas eran escuetas, delicadas y altamente secretivas, pero había un cierto encanto y emoción en una venta tan ilegalmente ilegal como aquella. Un encanto puro, bruto y sin filtros como un desastre natural.

¡Y que desastre eran aquellos precios!

Ni bien escucharlos, escondió su expresión de sorpresa y disgusto, y se limitó a asentir, tomando los dos libros que menos resaltaban de aquellos y examinandolos ¡La ira de su padre caería sobre aquel hombre! ¡Era un robo! Por libros que seguro si analizaba en detalle descubriría le pertenecían originalmente a él (bueno, a Plegia).

Perdería un poco más de tiempo con esos dos libros, haciendo preguntas y como que los inspeccionaba antes de decidirse, para luego irse sin comprar nada y esperar a la noche. Le seguiría a su escondite y luego tomaría los libros de magia oscura, todos ellos pese a la carente calidad de los otros dos ¡Pero ese libro de maldiciones! Era una edición vieja, y podía incluso jurar que identificó paginas omitidas de ediciones más recientes.

¿Acaso un mítico ritual como aquel de los cuentos de la transportación magica podría estar presente allí?

¡La excitación era tal que no podía contenerse!

Pero lento, con calma. Las sombras ganan la luz no con su poder sino con su astucia, inundando todo con lentitud hasta caer la noche y actuar...
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Re: [Entrenamiento] Quien estudia no siempre es por ignorancia. [Priv. Marc]

Mensaje por Poe el Mar Abr 17, 2018 1:48 pm

Sus dedos enguantados jugaban con el doblez del cuero que se formaba sobre su pie al estar en cuclillas contra la pared del callejón. Había estado pensando en como podría hacer para robar el libro, considerando cada posible escenario, desde que Karl no lo hiciera o tomase cualquier otra cosa en lugar del libro, cosa que simplemente se disculparía y regresaría, hasta que pasaba si lo llegaban a atrapar, siempre podía pagarlo en el peor de los casos y de mera venganza avisar a las autoridades locales. Pero pese a que se envalentonaba mucho en su mente, la realidad era que seguía en la duda si hacerlo o no. El mapache de mirada cristalina y tupido pelaje se había resguardado bajo la capa del escritor y hecho una bola de piel dormitaba con el estomago lleno mientras su amo decidía. Desde aquella posición podía observar al supuesto mercader y su tela con objetos, su mente intentaba esquivar, inconscientemente, el peligro que podía correr aquella acción y se distraía con los otros objetos, los pequeños cuchillos de disección, donde los había visto con anterioridad y para que se utilizarían, recordando recetas y ritos donde se pedian ciertos órganos de animales pequeños que con un cuchillo de caza normal no podría extraerlo sin dañarlos... también estaban los pequeños huesos, reconocía el cráneo de un cuervo por su pico negro y los ojos ligeramente al frente, a diferencia de una urraca que los tenía más sepadados.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando un transeúnte se paró frente al vendedor y mostraba interés en los libros también. Sus manos apretaron sus propias botas y se quedó con la espalda tensa observando, un tema era robar a un ladrón pero no podría robarle a alguien que había pagado como correspondía por el objeto. Perdería su oportunidad si se dejaba estar. Con su mirada oculta por el largo cabello apenas asomando uno de sus ojerosos ojos por entre la abertura entre los mechones, miró con temor como manipulaba el libro que quería y lo volvía a dejar en la pila quedándose con otros en la mano. Era ahora o nunca. Apresuradamente abrió su bolso y sacó un libro de los tantos que cargaba, movió a su mascota para que este se despertase y le prestase atención - Karl, mira, mira. Traelo, trae uno de estos. Allá. - con palabras simples le señalaba el libro y señaló al vendedor. El animal miró con interés creyendo que iban a jugar y extendió sus pequeñas manos negras hacia el libro que sostenía el escritor pero este lo apartó enseguida - No, este no. Allá. Aquel de allá. - volvió a señalar y el mapache miró hacia allí. Casi de inmediato, usando sus cuatro patas, se acercó a paso lento a la espalda del vendedor, olfateando el lugar se fue acercando a la tela.

El supuesto mercader estaba muy centrado en el posible cliente, inclinado un poco hacia adelante en su asiento improvisado del contenido de su bolso, no notó al mapache hasta que este estuvo a un lado de los objetos. Con una corta exclamación de molestia, creyendo ver la rata más gorda y extraña de su vida, estiró su mano intentando espantarla pero el animalito se paró sobre sus patas traseras y avanzó un paso hasta apoyar ambas patas delanteras sobre el costoso libro,por un momento miró al vendedor que se levantaba con la daga en su mano listo para ir hacia él en una actitud poco amigable. Miró a su dueño que ya de pie en el costado de la calle sonreía - ¡Trae! ¡Trae! - le gesticuló y el mapache tomó con sus manos el libro y lo llevó a su boca donde lo mordió y largó a correr hacia su dueño. - ¡Maldita comadreja ladrona! - gritó el vendedor que jaló de la cuerda que levantó el cuero del piso frunciéndose y dejando toda su mercadería dentro y arrancando los libros de la mano del inquisidor corrió detrás del animal que ya le tomaba ventaja.

Al ver que su plan había tenido éxito largó a correr en dirección a una calle estrecha, si mal no recordaba su país natal, de allí podría salir a la peatonal principal. El mapache corría con su cabeza en alto para no perder el libro y rápidamente dio alcance a su dueño que apenas deteniéndose lo tomó de debajo de los brazos y lo alzó contra su pecho tomando el libro en un apretado abrazo. Agitado por la corrida y dando alegres cumplidos a su mascota dobló mal en un recodo donde se ocultó entre dos casas aparentemente abandonadas, cerradas puertas y ventanas a cal y canto. El bandido que venía corriendo detrás de él con la daga en su mano pasó de largo doblando en un recodo más adelante. Su respiración agitada por la corta corrida apenas hacía ruido pero si condensaba grandes cantidades de aliento caliente en el frío aire, sonriente miro al libro entre sus manos ¡lo había logrado! Aunque estaba lejos de la peatonal y temía salir de su escondite por si el bandido lo llegaba a ver.
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Re: [Entrenamiento] Quien estudia no siempre es por ignorancia. [Priv. Marc]

Mensaje por Marc el Mar Abr 17, 2018 8:21 pm

Estaba a punto de terminar su charada con los libros y retirarse con una expresión de disculpa y de "me lo pensaré y volveré luego" cuando de repente el vendedor se levantó de forma agresiva. Su actuación era excepcional asi que a menos que pudiera leer la mente, y dudaba que aquel hombre siquiera supiera pensar claramente de buenas a primeras, siguió la vista del hombre y lo vio...

¡Un gran espécimen de mapache! Había visto varios en sus viajes pero no eran criaturas de por si inexistentes en Plegia, de por sí jamás había visto una tan bien alimentado... Y mucho menos con tal afición por libros sobre magia oscura.

Su mente trabajaba mientras su cuerpo aun congelado simplemente emitía un "Ah" al ver a su preciado futuro tesoro huir a manos del roedor y saltar encima de quien indudablemente era su amo. Sus estudios jamás habían develado la posibilidad de amestrar a esas bestias para aquellas tareas.

Sabía que eran más listos que una rata pero el usarlos para cometer actos delictivos era sin lugar a dudas una novedad para él. Mientras una parte de su mente consideraba la inclusión de espías con alimañas como herramientas para el trabajo, jugandoles en contra de entrada el poco aporte literario de los mapaches a sus sistemas y los costos de alimentación y posible corta esperanza de vida, su cuerpo al fin siguió a su mente y siguió al vendedor en lo que solo podía llamarse un trote lento que facilmente calificaba de caminata rápida para una persona más atlética.

Siguió el rastro de gritos y amenazas del vendedor hasta que le perdió de vista por su diferencia en velocidad, terminando solo en un callejón. Resignandose a la persecución en un aspecto físico, en silencio comenzó a analizar sus opcciones. El tesoro había sido perdido, aunque no completamente la esperanza.

Un ladron con un modus operandi tan peculiar no debía de ser dificil de rastrear, incluso de seguro su espía debía de tener información y reportes del mismo. Había llegado a ver los rasgos generales del sujeto, de seguro podría generar un dibujo aproximado y distribuirlo y...
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