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[Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

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[Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Lun Abr 09, 2018 9:59 pm

Y bueno, ahí se encontraba de nuevo; frente a frente con la nieve que se camuflaba con su cabello, con las tierras donde una vez inició su viaje más largo, con el primer paisaje que vio junto a él. Ilia, el país del invierno infinito... allí donde conoció al que una vez llegó a ser el amor de su vida. Más de tres años habían pasado ya desde entonces, pero el hielo seguía crujiendo a cada una de sus pisadas. Lo único que había cambiado tal vez, era que ahora se escuchaba más silencioso; si antes era un lugar aburrido y apenas poblado, con la victoria de los emergidos lo era aún menos.

Y por eso es que estaba allí, no había vuelto precisamente a recordar. Era un territorio caído, estaba a lado de sus queridas planicies... podría ser perfectamente de donde habían venido.
Khigu llevaba semanas siguiéndole el rastro al grupo de emergidos que habían ocupado el viejo campamento Lorca, para después huir. Podrías llamarlo venganza, pero ella jamás perdonaría ese hecho... tenía que acabar con aquellos seres que siempre se entrometían y le querían arrebatar todo. Ya lo habían hecho con Guzman, al fin y al cabo.

Pero ya llevaba mucho camino recorrido, tenía hambre y había que reconocer el descanso que merecía. Por eso buscó un sitio donde sentarse a comer, y lo encontró en unas rocas a las cuales les quitó la nieve que tenían por encima. Sólo sería una breve pausa, así que sólo sacó unas tiras de carne seca de su pequeña bolsa de provisiones y empezó a mascar, pensativa mientras su mirada estaba perdida en el cielo.

Y entonces, lo vio. Avistó un pegaso sobrevolando los cielos por un par de segundos, aunque era a lo lejos, aquello sin duda no había tenido cuerpo de wyvern o cualquier otra ave gigante... no cabía duda. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, ¡aquello era tan inusual que parecía una bendición de la diosa Khirin! Se había quedado totalmente fascinada, sus ojos bien abiertos y su mandíbula también, dejando incluso caer las tiras al suelo. Absolutamente sin palabras.

Tanto, que no se percató de que no estaba a solas en aquel páramo.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Miér Abr 11, 2018 6:28 pm

Un páramo blanco. ¿Cuántas veces habría empleado aquellas palabras para describir a llia? En su memoria. En sus monólogos para ser escuchados sólo por él mismo. En conversaciones con personas cuyas caras se difuminaban en sus recuerdos ahora ocupados en un mar invernal. Pero una vez el estudiante de las Artes Arcanas pisó las tranquilas tierras níveas del país más septentrional de Elibe todo lo que había fuera de sus fronteras parecía irreal. Etéreo. Un sueño tal vez. Pero los sueños están hechos para ser rotos y todo aquel que una vez dormía debía despertar. No podía quedarse ahí más tiempo.

Sindri no tenía un lugar que llamar hogar. No en el mismo lugar que mucha otra gente lo tenía, al menos. Una ciudad, un país o un continente en el que se sintiera suficientemente cómodo para tratar de construir una vida mejor. Incluso el nómada que llevaba su casa a cuestas podía considerar cualquier como hogar usando las estrellas como manta si lo deseaba. Por otro lado, los mercenarios bien que llamaban “hogar provisional” cualquier lugar con suficiente oro y alcohol como para aplacar sus deseos. El hogar era un concepto más allá de fronteras y cuatro paredes con un tejado. Sabía de buena tinta que algunos poetas aficionados que sobrevaloraban sus talentos se llamaban a sí mismos “ciudadanos del mundo” mientras pedían que les llenaran de nuevo el vaso de absenta barata. Como si no tuviera ya suficientes penurias como para además tener que obedecer todos los ordenamientos jurídicos de este condenado mundo a la vez.

Pero convenía recordar que el que no tenía hogar en el mundo sólo podía representar el papel de intruso.

Así que un intruso vestido de colores oscuros se adentró en Ilia. O quizá llevaba ya tiempo dentro y no quería hacer más que salir. No por el frío. El frío lo había echado de menos durante todos sus viajes. Las “razones” y los “motivos” eran para aquellos que los necesitaban, y Sindri no se había considerado en aquella categoría desde hace años. ¿Por qué pensar largo y tendido en hacer o no hacer algo cuándo podías simplemente hacerlo y arrepentirte durante el resto de tu miserable y corta vida? Si quería ir al sur, iba al sur. Si quería quedarse en aquel montoncito de nieve mirando el horizonte, pues entonces era que no tenía otra cosa mejor que hacer. Pero no quería, por lo que la sombra continuó su camino austral sin ningún tipo de divertimento ni de contratiempo.

Un tiempo imposible de determinar por cualquier método humano después, la mancha negra informe encontró algo más interesante que dos copos de nieve idénticos. Una figura de algo que podía considerarse humana. Quizá era un arbusto de hojas puntiagudas con una forma rara vagamente humanoide en el que habían quedado enganchadas algunas prendas. Anda que Sindri no había saludado por error a alguno en el pasado. O a muñecos de nieve con sombreros. Con curiosidad, cada vez se acercó más y más y la figura se fue perfilando más y más en el horizonte, hasta crear una espalda sentada en una piedra que, seguramente, debía estar congelada. Pero con la proximidad tuvo la certeza que esa persona debía tener más problemas con el frío de los que imaginó en un primer momento.

Los pegasos de Ilia son reputados por todo Elibe, ¿sabe usted? Suelen viajar en manada, por lo que ver uno solo es una imagen harto extraña. Pero corren tiempos extraños, ¿cierto? – mencionó con una voz suave mientras trataba de adivinar qué estaba observando en la lontananza aquella misteriosa mujer que parecía gritar a los cuatro vientos un desafío al frío invernal. O bien era aquel pegaso o bien era esa nube de ahí que parecía tener un cierto parecido a una mofeta haciendo el pino royendo una manzana partida por la mitad. Apostó por el pegaso, pero tuvo lista la segunda mención – ¿Que necesita acaso usted un poco de aislamiento térmico, señorita? No dudo de su valor, coraje, aplomo, brío, valentía ni arrojo pero quizá su indumentaria no es la más… adecuada al tiempo de Ilia. – señaló la gruesa capa que llevaba cubriéndole las espaldas. Quizá no fuera la última moda en las cortes de Etruria, pero el muchacho podía asegurar no notar el frío. Bueno, lo notaba un poco. Un poco mucho. Pero lo notaba mucho menos que si no llevara la capa.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Dom Abr 15, 2018 12:24 am

No sabía cómo reaccionar a lo que acababa de presenciar, dejando que su mente se perdiera años atrás.

¿Qué hubiera pasado si nunca lo hubiera acompañado en sus viajes? O más bien... ¿qué hubiera pasado si hubiera ido con él la última vez? ¿Si él le hubiera dejado...? ¿Podría haberlo protegido? ¿Habría muerto con él?
Sacudió su cabeza, sacándose aquellos pensamientos de la cabeza. Siempre que volvía a ver algo que le recordaba a él, eso pasaba. ¡Lo odiaba! Las últimas semanas no había dejado de darle vueltas a todo, habían sucedido demasiadas cosas que retaban la fuerza interior de Khigu.

El suspiro salió de su garganta junto a una pequeña nube formada por su cálido aliento contrastando con las bajas temperaturas del lugar. ¡Tenía que centrarse en lo que había venido a hacer!

La albina asintió con la cabeza, por reflejo al escuchar la voz externa. Tiempos extraños, sí... Aunque, ¿qué quería decir con reputados? ¡Qué palabra más extraña!
...Espera.

- ¡! -se giró, levantándose de inmediato tomando su hacha con una mano. Estaba aún algo apartado de ella, pero había sido bastante descuidado por su parte abandonar su estado de alerta... ¡había fallado como cazadora! Aunque quizás es que tampoco esperaba encontrarse allí algo que no fueran silentes.

Y ahí vio al extraño tipo que, de no haber sido porque había hablado, lo hubiera confundido con una chica; piel pálida, delgado y con un corte de cabello particular... demasiado recto y cuidado, ¿acaso era alguna clase de noble? Aunque sus ropas no destacaban como para tanto. Pero esperó antes de juzgar más, ya que parecía que no iba armado, así que bajó el hacha.

- ¿Huh? -Y pronto, lo que volvió a salir de su boca no fue nada más y nada menos que una especie de halago... o algo así. Aunque ahora que decía aquello, no sabía si estaba, por el contrario, metiéndose con su aspecto. Si era así... ella haría lo mismo, ¡estaba acostumbrada! Aunque debía reconocer que le habían gustado aquellos adjetivos. - ¡¡El frío no es nada para mí!! Esto abriga más de lo que parece, ¡y no es la primera vez que paso por Ilia! -comentó, orgullosa. Aunque por el contrario, él sí que tenía razón. Su estado no era como antes, ni llevaba la capa de pelaje de oso que solía ponerse en aquel entonces, ¡la echaba de menos! Si no que además, con sus costillas aún rotas, estas chirriaban al sentir el aire gélido por encima de la piel de su costado. Pero, siempre y cuando se volviera a mantener en movimiento, no habría ningún problema. - Yo que tú me preocuparía más por tu... -flexionó brevemente su brazo libre- constitución. -por no llamarlo flacucho, en la tela de sus ropajes se arrugaba lo suficiente para ver que el extraño no poseía precisamente un cuerpo de guerrero. ¡Y mucho menos como ella!

Pero algo parecía tener él, que no era exactamente ropajes de más, que no poseyera ella. Y era lo que le había llamado la atención desde un principio. Se reincorporó bien, recogiendo la carne seca que previamente había dejado caer. - Ey, ¡dime! ¿¿Sabes más de los pegasos?? -se acercó a él demostrando bastante interés.

Habían muchos significados que la tribu les daba a los pegasos. Si ya de por sí los caballos eran sagrados, estos mismos seres con alas eran algo especial, ¡que rozaba la descripción de la diosa unicornio! Aunque no hubiera visto a ningún unicornio, y nadie del exterior tampoco... Pero ¡la leyenda decía que existían!, y ella creía fervientemente en eso.

- Es deshir... eresh de aquí, mmñ... ¿verdad? -preguntó mientras mordisqueaba la tira de carne seca sin ningún pudor.

No es que supiera reconocer si los de Ilia tenían un acento, pero entre eso y que sabía de pegasos... De otro modo no se explicaría qué haría un tipo como él en medio de aquellas montañas congeladas. Aunque también... cualquier otra persona la hubiera ignorado.
A menos que fuera un bandido.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Mar Abr 17, 2018 3:53 pm

El muchacho sonrió ampliamente. Había algo en el tono de aquella mujer que le recordaba al que un niño pequeño usaría para negar fehacientemente que no había cogido ninguna galletita de la cocina. Había algo en aquella conversación que le daba un cariz onírico, quizá la extraña manera de expresarse de aquella señorita que, según ella, ya había estado en Ilia en el pasado. Preguntarle si se había perdido parecía una nimiedad, pues – Mis disculpas, pues, no pretendía ofenderla. No era más que una simple pregunta de un exhausto y cansado viajero a otro viajero. – Ilia era el lugar más frío de todo Elibe, por lo que la gente que la visitaba de otras partes solía prepararse a consciencia para visitarla. Ropa de abrigo, carruajes con mantas extra y pieles en sus paredes de tela y comida seca y salada que aguantase por mucho tiempo en caso que tuvieran que hacer una parada de emergencia por una ventisca, entre otras muchas cosas – Aunque me alegro de oír que abriga más de lo que aparenta…  ya que no parece abrigar en absoluto. ¿Que le interesaría una capa mullida? Debo tener una de repuesto por aquí… – los instintos de uno que ha sido criado en una corte le llevaron a ofrecer a la damisela algo de ayuda automáticamente. Pero por suerte tuvo la suficiente mano diestra para disfrazarlo de la ayuda que un viajero ofrece a otro por la amabilidad y compañerismo de los que están en rumbo a algún lugar.

Tras oír que la mujer se preocupaba por su “constitución” no pudo sino echar la cabeza atrás y soltar una risa cristalina, como si hubiera escuchado un buen chiste. No sabía exactamente si lo que le había hecho gracia era que la mujer tratara de usar sutileza y consideración en sus palabras pero que el gesto de su brazo actuara de dedo acusatorio. O el hecho que sí, Sindri prefería ser visto como alguien flacucho y esmirriado, débil incluso, cuando el hecho de haber usado la Magia Arcana durante años había hecho su cuerpo sorprendentemente resistente para alguien sin mucho músculo. Nadie sospechaba nunca del bibliotecario. Exbibliotecario – ¡Qué vista más aguda tiene usted, señorita! Sí, no puedo negar que me falte… “constitución”. Pero en mi oficio no se desarrolla tanto esto… – dio un par de gráciles golpecitos con el dedo de su mano derecho en su brazo izquierdo, justo en el lugar que deberían estar sus bíceps – … sino esto. – levantó el brazo y con una sonrisa ladina golpeó su sien con el índice un par de veces – Agradezco su preocupación, no crea usted. Lo que pasa es que no tengo mucho tiempo que dedicar a la gimnasia y otros quehaceres físicos… – se llevó la mano al mentón disimuladamente y alzó la vista al cielo, como perdiéndose en sus pensamientos. No era alguien al que le gustaba esforzarse, precisamente, por lo que si podía encontrar motivos para quedarse quietecito en una silla o en un sofá no tenía inconveniente alguno en hacerlo. Y siempre los encontraba.

El muchacho era del parecer que la curiosidad era una virtud, por lo que se dispuso a responder de buen gusto la pregunta sobre los pegasos de la señorita que no parecía tener reparos en comer algo que cayó al suelo, no sin antes añadir – No puedo decir que los pegasos entren mucho en mi ámbito de investigación, pero trataré de responder lo que esté en mi mano. – a ver, a ver, pegasos, pegasos… la verdad es que eran animales muy agresivos que parecían tener una vendetta particular con los hombres. Pero si había algún lugar con toneladas de información sobre esos caballos alados, esa era la Gran Biblioteca de Ilia – Veamos… los pegasos no son simplemente caballos alados como muchos afirman, sino otro animal completamente distinto. Un caballo no suele vivir mucho más de veinte años, pero un pegaso es capaz de vivir durante generaciones. No es inusual que el pegaso de una abuela pueda servir perfectamente a su nieta sin mostrar ningún indicio de vejez, por ejemplo. – no creyó necesario decir que los pegasos odiaban a las personas de sexo masculino y no les dejaban ser sus jinetes, eso ya lo sabía todo el mundo de Elibe. Quizá le interesara una pieza de información menos conocida como por ejemplo… – ¿Sabía usted que los pegasos vuelan cabalgando sobre el aire? Mucha gente cree que se impulsan con sus alas, pero simplemente las usan para planear sobre el aire.

Verdaderamente, era una visión muy particular la que se estaba acercando. La damisela podía asegurar y reasegurar que aquella ropa abrigaba, pero cubrir, lo que se dice cubrir… ¡Si le dejaba el abdomen entero al aire! Un abdomen tonificado y bastante musculoso, todo sea dicho de paso. Igual que los muslos. Muy, muy, muy tonificados. Y muy, muy, muy al aire libre. Ejem. ¡Uy que adorno más bonito tenía en la cabeza! Obligó a los ojos a despegarse bajo amenaza de forzarles a leer el libro más aburrido que encontrase y a mirar aquella diademita tan cuca que parecía el cuernecito de un unicornio. Los mismos unicornios que aparecían en los cuentos que su madre le contaba de pequeñito – ¿Eh? ¿Qué? ¿Si soy de Ilia? He vivido unos pocos años aquí, si le soy sincero, pero a día de hoy… – si bien había sido su lugar de residencia no consideraba este país como hogar. Pero no podía evitar que le diera algo de pena verlo de este modo – He regresado un tiempo, pero hoy por hoy no tengo hogar ni residencia. Pero puedo darle algo de información sobre Ilia si la necesitase.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Lun Abr 23, 2018 11:00 pm

No era la primera ni última vez que la gente le comentaba cosas por el tipo de prendas que llevaba... ¡pero que para ella eran cómodas! Así se podía mover mejor. Además, la piel del chaleco, el pelaje, el cuero de los protectores del brazo... todo eso ayudaba a mantener su temperatura corporal, no importaba si hacía calor o frío.

Levanto la ceja; si era de repuesto... ¿por qué no la llevaba él encima? ¿Era un comerciante, quizás? No tenía dinero ni tenia la paciencia para aceptar algo que no se había conseguido ella misma. Además... ¿por qué iba a interesarse si no en ella?
- ... ¿Me ves con cara de llevar alguna moneda encima? -murmuró. De todas formas, ¡abrigarse mucho más era de débiles! Y le molestaría a la hora de pelear, que para eso había venido, al fin y al cabo.

Y entonces, su risa rompió por completo cualquier esquema que ella se hubiera esperado, como la molestia ajena o el ser ignorada por tal. Definitivamente en su rostro se leía su sorpresa. No siendo sólo eso si no que... ¡le había seguido el rollo! Ella no pudo evitar también soltar una risa. - Aham. ¡Claaaro...! Pero bueno, si pensar mucho te hace mantenerte en caliente, adelante~ -encogió los hombros con una pequeña sonrisa. Eso significaba que poseía extensos conocimientos, hecho que en un momento comprobaría.

Su cuerpo recto, sin moverse ni pestañear siquiera. Ella lo escuchaba muy atenta, como el fiel canino que esperaba al pequeño premio que le otorgaba su dueño, pues le encantaba aprender cosas nuevas, y no solía tener la oportunidad de saberlas por gente ajena. Y él... no parecía tener ningún reparo en contárselas, es más... ¡en mantener una conversación con ella!... ¡Y en medio de la nada! Eso sí que era una estampa extraña de ver, y no esos paisajes nevados que los rodeaban.
Sin querer interrumpirle, en su cabeza se formulaba todo tipo de preguntas, sobretodo aquellas que tenían que ver con las diferencias que ella conocía. ¡Era obvio que los caballos y los pegasos eran distintos! Pero en su cultura, sí eran del mismo tipo, venían de la misma rama animal... por lo que no sólo seguían siendo sagrados, si no que estaban más cercanos a los semidioses, aquellos que lo veían todo; las nubes y el cielo.
- Ah... ¿"servir"? -puso mala cara al escuchar aquello. Sí, sabía que habían caballeros que también montaban pegasos y no solo caballos, que no es que le hiciera mucha gracia pero jamás usaría una palabra como esa. Ella era del tipo que pensaba que, en caso de montarlos, tenía que ser el animal sagrado quien eligiera a su jinete, como había sido el caso de su pequeña amiga años atrás.
Pero el breve amargor desapareció al terminar de escuchar la nueva información, tanto, que parecía que sus ojos brillasen. - Eso... ¡¡eso es genial!! ¡Sabes mucho más de lo que me esperaba! -Que era nada, tenía que reconocer... teniendo en cuenta que jamás externo a su tribu le había contado mucho más que alguna frase con desgana. - Hmm... al final sí que es cierto que tu músculo de la cabeza sí que estaba trabajado. -rió al imaginárselo haciendo flexiones con el cerebro.
Y por suerte para el pelimorado, aún estaba demasiado ocupada pensando sobre todo aquello que había aprendido, que no se fijó en las miraditas que le echaba. Algo que la solía molestar.

Oh, no tenía hogar... eso para un "civilizado" sólo podía significar un par de cosas. O que le hubiesen echado... ¿o habrían sido los emergidos que también se lo hubiesen arrebatado? Con el estado actual de ese país, no era nada extraño eso. Y el joven no tenía pinta de la primera opción de todas formas.

- ¿Sobre Ilia? Nah, no exactamente. -miró hacia el camino por donde había venido- Pero quizás... -volvió a dirigir la vista hacia él- ¿has visto por aquí emergidos con bandera de... Regna Ferox? -preguntó, con un tono de voz más serio. Aunque le bastaba cualquier grupo emergido, esos eran los que habían huido del campamento Lorca. Los que había jurado perseguir y acabar con ellos en honor a su mejor amiga.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Vie Abr 27, 2018 8:28 pm

En cuanto la mujer le contestó sobre su imagen y si la relacionaba con alguien que iba con el mundo con algo tan útil como monedas, la sonrisa del muchacho se volvió más ladina si cabe – ¿Ahora quiere que la juzgue por su aspecto, señorita? Parece ir mal equipada para el frío, pero usted me acaba de revelar que lo está. ¿Acaso pretende que aventure más sobre usted cuando me equivoco en cosas tan “evidentes”? – ¿Realmente creía que iba a venderle una capa aquí y ahora? ¡Como si no tuviera mejores cosas que hacer que ir por el mundo como un mero comerciante! Era una perspectiva de negocio arriesgada, pero en cierto modo tenía sentido ir a vender los productos donde más se necesitaban. El herrero seguía al ejército para vender espadas, lanzas, hachas, armaduras y herraduras, sin ir más lejos. Pero no pudo evitar que le hiciera cierta gracia el ser confundido con un mercader que se paseaba por las tierras de Ilia vendiendo mantas y capas – Quizá sus ropajes tengan mil y un bolsillos secretos. Tal vez guarde un verdadero tesoro de monedas y joyas en cada uno de ellos. ¿Y si es usted la princesa de un reino perdido en el tiempo y en la memoria con más dinero del que es posible contar? – ladeó la cabeza manteniendo la sonrisa de manera juguetona. Si no podía confiar en lo que veía, entonces inventaría y sacaría conclusiones de la nada, igual que un mago sacaba conejitos de su sombrero. Bueno, Sindri sacaría gatitos negros. Gatitos negros con pequeños sombreritos púrpura.

Bueno, siempre hay cosas que uno puede pensar para mantenerse… ¿Cómo ha dicho usted? ¿“En caliente”? – una manera muy diplomática de decirlo, aunque a más de uno o de dos se le podía calentar lo que tenía por encima de sus hombros si trataban de hacer cosas complicadas. Como sumar dos números de dos cifras cada uno. O tener tres ideas a la vez. Diría cuatro, pero eso ya tendría resultados mucho más funestos que un simple aumento de temperatura craneal – Hogueras, mantitas, comida caliente, una risa en pleno verano, una taberna a rebosar con amigos, una cama mullida, un yunque en una forja. Pensamientos que pueden ayudar a mantener a raya el frío. – meros ejemplos que eran adecuados para las conversaciones formales, pero había muchas más cosas que uno podía imaginar para no encontrarse con los pies metidos en cuatro palmos de nieve. Sindri, pero, ya se había acostumbrado en cierta medida al frío, por lo que podía ocupar su mente con otros quehaceres. Como tratar de seguir el tren del pensamiento de aquella misteriosa persona.

Sí, servir. Ya sabe usted. Las famosísimas jinetes de pegaso de Ilia. Son las mercenarias más populares de este páramo helado. Eran. Eran las mercenarias más populares de Ilia. – ya no había ahí ninguna. Ni una sola. Los mercenarios fueron los primeros en irse de Ilia en busca de fama y fortuna cuando los Emergidos aparecieron. Y el antiguo bibliotecario dudaba seriamente que ninguno de ellos se hubiera quedado a “defender el reino” cuando no había nadie allí que pudiera pagarles – Se dice que son diestras aurigas que hacen llover destrucción sobre sus enemigos desde los cielos. Imposibles de ver y mucho menos de detener, cada jinete es capaz las vidas de sus oponentes con tal gracia y distinción que eleva la carnicería a un arte. – movió las manos al compás de una canción desconocida mientras relataba las peripecias de las jinetes de pegaso de Ilia recogidas en siglos y siglos de cuentos y tradición oral. Pero era cierto que las mercenarias a lomos de pegaso eran apreciadas en todo el continente, por lo que dichas historias podían tener una semilla de verdad. Podían – ¡Me alegro haber demostrado ser más inteligente de lo que supuso en un principio! Al final será verdad que no hay que juzgar a la gente por sus apariencias. Ahuhuhu~ – le hacía cierta gracia que esa señorita no sólo había decidido que le faltaba constitución, sino que también lo consideraba falto de mollera. ¡Qué imagen más zafia, burda y ruin debía dar al mundo! Quizá sí tendría que haber tomado esas clases de “Carisma y Liderazgo” tal y como le había sugerido su madre…

Regna Ferox. Regna Ferox. ¿Qué bandera tenía Regna Ferox, exactamente? ¿La que tenía un león mal hecho? No, ésa era la de Gallia. No tenía animales, ¿cierto? ¿Circulitos? ¿Colores vivos? ¿Algún lema pretencioso? Ninguna de esas preguntas tenía mucho valor ya que… – Pues no, no he visto Emergido alguno en un buen trecho, aunque yo suelo evitarlos si es posible. – y si no era posible, entonces los Emergidos estaban invitados a la mejor (y última) clase de magia práctica de su vida – Encontrar Emergidos en Ilia no le supondrá desafío ninguno, sólo debe caminar unos minutos en cualquier dirección. ¿Pero Emergidos con una afiliación concreta? Una aguja en un pajar, nada más ni nada menos. – seguramente los Emergidos no dejarían que un humano comprobara sus estandartes sin más y, si su búsqueda había sido infructuosa, se disculpase con un “Oh, perdonen ustedes, son Emergidos de Begnion. No se preocupen, seguiré mi búsqueda”. Pero una gran curiosidad llevó a Sindri a preguntar con un tono distendido – ¿Por qué busca usted Emergidos de Regna Ferox, exactamente? ¿Y por qué en Ilia, de entre todos los lugares de este mundo?
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Dom Mayo 20, 2018 10:38 pm

Frunció el ceño y abrió la boca, iba a rechistar; tal vez tenía razón, pero a la vez era algo que le confundía mucho. - ¡...! -Estaba tan acostumbrada a aquel tipo de trato que ni ella misma podía evitarlo. Así que optó por no responder a eso, ya que tampoco sabía qué.
Estaba jugando con su cabeza... ¡¡Eso era!! Maldito pelimorado, no le bastaba con burlarse de ella... porque es lo estaba haciendo, ¿verdad?

Pero nuevamente sus especulaciones la dejaron atónita. ¿Que era la PRINCESA de un reino perdido?... ¿Pero qué hierbas fumaba este tío? La albina echó a reír a carcajada sonora. - ¡¡¡PFFFFF AHAHAHAHAHA!!! ¡¡Imposible, imposibleee!! -descartó sacudiendo la palma de la mano en movimientos bruscos en el aire. - ¡El único tesoro que tengo puede ser descubierto al levantarme el taparrabos! -bromeó haciendo un gesto grosero mientras se señalaba hacia donde quedaría su entrepierna.

Pero quitando las evidentes burlas, aunque no fuese dinero, o algo que las personas externas a su tribu no comprenderían; su preciado tesoro sería su cuerno. Arrebatárselo significaría que ella era débil, que no era digna de llevarlo puesto a pesar de que se lo había ganado con su propio esfuerzo, sería arrancarle una parte de su propio cuerpo.

Pensaba, mientras levantaba una ceja escuchando la forma infantil de hablar del otro. Es decir, no tenía forma aún de saber si hablaba en serio o simplemente era así por naturaleza. A pesar de que le había confirmado que poseía conocimientos que ella no.

Por lo que en su mente se formuló una pregunta sobre aquellas "jinetes de pegaso". Si tan populares y fuertes "eran"... ¿dónde se encontraban ahora, entonces? ¿A dónde se habían ido, abandonando fácilmente sus tierras? Le costaba creer que animales sagrados como esos lo permitieran. Le interesaba aquella respuesta, pero entonces un malentendido había surgido. - No lo decía por tu aspec... Bah, olvídalo. -Desistió, no creía que fuese a importarle al cantarín, por muy tipo raro que fuese. La verdadera razón había sido porque no acostumbraba a que la gente le hablara tanto y le siguiera las conversaciones, por tanto nunca se esperaba nada de nadie.

- ¡Pféh! -Su emoción bajó al oír que ni siquiera había visto emergidos, parecía el típico cobarde que huía de ellos, ¡menuda pifia! Al menos había aprendido algo nuevo sobre los pegasos con él... - Ah, en general me vale de cualquier lugar, en realidad. ¡Mataré a cualquiera que se me interponga en el camino! -Aunque estaba siguiendo el rastro de aquellos que se habían apoderado del campamento de Lyn, tampoco le diría que no a otros emergidos, obviamente.
- Peeero... -¿Qué le importaba la razón? ¿Por qué tan curioso con ella, de pronto? - persigo a un grupo en concreto que vi huir hacia esta dirección. Y, digamos que tengo unos... asuntos pendientes, con ellos. -dijo crujiéndose los nudillos.

Crack.

Pero ese sonido no había procedido de sus manos. Khigu miró hacia el lado donde había escuchado aquel ruido. - Vaya, precisamente cuando estábamos hablando de ellos... -Llamados por el escándalo de las risotadas anteriores, a lo lejos se podía distinguir unos cuantos orbes rojizos entre la nieve. La cazadora entonces volvió a alzar su hacha a uno de sus hombros, no parecía ser el mismo número que los emergidos de Regna Ferox, pero no importaba. Miró al flacucho de reojo.

- Chico, será mejor que te escondas por ahí porque yo no pienso cuidar de nadie. -y así era, por mucho que le cayera bien alguien, siempre haría lo mismo. Y si además había dicho que estaba cansado, sería mejor que el cerebrito no se quedara donde lobos o emergidos le pudieran ver.

- Bueno, ¡¡ya era hora de seguir haciendo algo de... ejercicio físico!! -exclamó sonriente antes de salir corriendo en dirección hacia los enemigos para atacarles de frente.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Miér Mayo 23, 2018 6:11 pm

La manera como hablaba. La manera como se movía. La manera como se desenvolvía en compañía. Para alguien que había sido criado en una corte era escandalosamente obsceno, falto de decoro y completamente inaceptable en cualquier evento social. Los nobles tenían unas muy estrictas guías de comportamiento. De lo que se esperaba de ellos en cuanto a miembros de una dinastía. ¿Pero esta muchacha? No parecía tener reparos siquiera en señalar (señalar) ciertas partes de su anatomía cuyo nombre las damiselas de la corte no se atrevían incluso a cuchichear. Y Sindri encontraba su compañía muy grata. Sí, los años que el bibliotecario había pasado viviendo con el vulgo le habían servido para aprender a tratar con ellos mejor, pero esta mujercita era todo un soplo de aire fresco. Era taciturna, pero, a la vez, podía conjurar una risotada alegre y darle una contestación extremadamente picaresca. ¿De dónde había salido esta mujer que portaba un hacha como quién lleva un bolsito a la moda?

¿Taparrabos? ¿De veras llama así a su indumentaria? No es que tape mucho, si me permite el comentario indiscreto. – puesto que la mujer había apuntado a su entrepierna, entonces nadie podría tomar contra él que volviera a echar un vistazo a los muslos de la señorita. Es decir, ella misma había atraído la atención con sus gestos, sería sumamente despectivo que no le hiciera caso y mirara, no sé, a un pelotón de Emergidos que se estaban dirigiendo a ellos a toda velocidad con las armas en ristre. Había cosas más importantes que observar ahora por ahora – No seré yo quien discuta lo que usted llama o no llama “tesoro”, señorita. Es decir, no está en mi posición opinar. En absoluto. Sería una falta de tacto. – visiblemente incómodo, Sindri paseó sus ojos un poco tratando de pensar algo divertido que decir o alguna conversación perspicaz sin ningún tipo de éxito. Así bien su mirada finalmente dio con la diadema que antes había visto, sí, pero en la que no se había fijado. Ahora que la miraba bien, era un accesorio extremadamente elaborado y, si bien la exploradora valiente llevaba algunas piedrecitas azules a modo de zarcillos y broches, ninguno era tan detallado como aquel cuernecito – ¿Y ese cuerno de unicornio azul que lleva ahí arriba, en la cocorota? No sé si llamarlo tesoro, pero al menos parece bastante valioso desde aquí. – a diferencia de los pegasos, los unicornios eran seres equinos gráciles, elegantes, bien intencionados que traían la magia y la amistad allí por donde pasaban… según los cuentos de hadas que Sindri escuchaba de pequeño. Al menos eran mucho mejores que otros caballos alados que te odiaban por haber nacido con unas características físicas concretas. Obviamente que el cuerno no fuera de unicornio ni se le había pasado por la cabeza.

El clima cambió de uno divertido y distendido a uno más… bélico en el que, tras una frase entrecortada, la mujer dejó clarísima su opinión sobre la mejor vía de resolución de los conflictos personales. Una guerrera nata, al parecer, que estaría satisfecha con pelear con cualquier cosa que le ofreciera un desafío. Pelear y no derrotarlo, sino matarlo. Seguramente aquella hacha era un arma ejecutora – Ah, bien, le deseo buena suerte con su cacería. Seguramente encuentre Emergidos de sobra por aquí para pelear tanto como le apetezca y… – su mente entonces hizo “clic” al decir en voz alta aquella palabra. ¿No había visto Emergidos hace nada? Imágenes difuminadas comenzaron a concentrarse en su memoria hasta que un sonido fuerte le hizo mover instintivamente la cabeza.

Ah. Sí. Claro. Las prioridades.

Ahuhuhu~ Qué damita más desconsiderada. No pensar en el bienestar del pobrecito muchacho falto de constitución y sin mucha mollera. – no pudo sino reír suavemente mientras la mujer se lanzaba en una confiada carga contra los Emergidos seguramente con la intención que rodaran algunas cabezas. No sólo lo había identificado como un debilucho sin mucho seso, sino que ahora era alguien que ni siquiera era digno de ser protegido. Con un suspiro, el Hechicero buscó entre los enseres personales de su zurrón y sacó de manera triunfal su confiable Tomo de Worm, que abrió al momento.

Con unos diestros movimientos ya conocidos, Sindri canalizó los Poderes Más Oscuros a través de sí y los moldeó con la ayuda del Tomo de Worm como un alfarero creando una vasija de barro. Y poco a poco de las páginas del libro comenzó a salir una neblina negruzca que fue ganando densidad paulatinamente mientras flotaba alrededor del mago casi de una manera juguetona, esperando alguna orden. Parecía un lodo flotante que ahora se dividía en varias esferas perfectas, ahora se apelotonaba en una de grande y se estiraba hasta deformarse tan largo cuán podía ser. En silencio, claro, siempre en silencio. Y jugando estuvo hasta que el Sorcerer apuntó con su mano a uno de los Emergidos que estaban más cerca de la aguerrida batalladora sin miedo.

Sin embargo alguno, quizá yo pueda cuidar de usted. Uno es así de generoso. – la masa de oscuridad se lanzó a máxima velocidad contra su objetivo, un Emergido con una lanza maltrecha, y lo envolvió sin problemas como si fuera una cálida manta. Una cálida manta para morirse. Sin importar lo mucho que intentó golpearlo con su lanza y cuánto forcejeó, pronto las fuerzas lo abandonaron sin remedio. Cuando la Oscuridad lo soltó, el cuerpo del Emergido golpeó el suelo con un sonoro golpe, mostrando a los espectadores una expresión difícil de apreciar y unos ojos apagados completamente. Ese no iba a levantarse más – No se preocupe, oh luchadora audaz. Yo le cubro sus espaldas. No le voy a quitar el ojo de encima~
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Jue Jun 21, 2018 8:12 pm

Su prenda inferior... sabía que no tapaba mucho, solo lo justo para cubrirse del viento y molestias como las plantas. Era cómodo y con ello puesto podía hacer ciertas cosas mucho mas rápido... como correr. ¡Cómo odiaba los pantalones! Le restringían el movimiento.
Y no era la primera vez que recibía un comentario al respecto de ello, sabia que algunos hombres de fuera se quedaban mirando, así como él... Era lo único que no parecía desagradarles. - Ey, no te distraigas mucho y vigila tu propia retaguardia, no la mía. -no pudo mostrar aquella sonrisa ladeada debido a que ya estaba yendo de camino a luchar.

Pero entonces, sí que al escuchar "cuerno de unicornio" su mirada volvió hacia atrás, ¡era como si le hubiese leído la mente! Su rostro hizo varios cambios de expresión en cuestión de segundos, por un primer momento con los ojos abiertos como platos, pasando a un rostro bastante serio, casi amenazante. Pero finalmente se relajó, expresando orgullo en ella. - ¡Jé! ¡¡Sólo los más fuertes poseen cuerno!! ¡Y el mio es muy grande y poderoso! ¡Como un unicornio! -Presumió tal como en su día había alardeado con su amiga de la infancia sobre el día que consiguiera uno. Y tal vez no era como el ostentoso cuerno que el líder de la tribu llevaba sobre su cabeza, otro de los pocos que se atrevían a llevarlo de aquella manera para representar a la diosa Khirin; pero para Khigu significaba algo mucho más que para el resto de los que habían superado la prueba. - Me alegra que notes su valor. Pero olvídalo: Ni se te pase por la cabeza querer arrancármelo y comerciar con él, porque antes te arrancaré yo a ti la cabeza. -declaró, demostrando en su voz un tono no demasiado juguetón pero tampoco demasiado agresivo.

Y de nuevo, volvió a lo suyo. Esta vez, ya había entrado en modo pelea, y por ello tampoco escuchó las palabras juguetonas del "muchacho pobrecito". Uno tenía que saber arreglárselas por sí solo. Había sido criada con ese modo de vida, prácticamente... Así que si el pelimorado era tan listo, sabría de sobra dónde y cómo protegerse. El cargo de cuidar de alguien le dejaría demasiada distracción, ¡tener que arreglar las torpezas de otro!
Y ella... Ella no era alguien protector, eso había aprendido en el ultimo encuentro con aquellos precisos emergidos que buscaba. Podía luchar en nombre de alguien y defender un lugar, ¿pero proteger?... No, seguramente "ella" no necesitaría ninguna protección, la pequeña era una gran espadachina.
¿Y Khigu? Aún tenía mucha confusión en su cabeza como para andar cuestionándose algo más que atacar bruta y fieramente.

Por eso mismo es que siguió concentrada atacando al primero que se interponía en su camino, pero entonces una masa oscura que no vio venir, envolvió al enemigo.
- ¡¡¡AH!!! ¿¡Pero qu... -no dio un paso hacia atrás, pero el ver algo nuevo e inesperado provocó esa exclamación en la confundida guerrera, que no hizo mas que provocar su rabia, mirando al resto de emergidos pero sin perder atención... ¿sería una nueva táctica emergida? No había visto algo así en su vida, ¡y había viajado mucho! ¿Qué clase de efecto era aquél? Era como si aquella nube se estuviera comiendo al emergido, el cual no parecía muy contento. Mas mantuvo su hacha apuntando hacia él, en caso de que sólo la quisiese confundir con aquello, ¡ella no era tan ingenua para caer en una trampa así!

Pero entonces, tras el emergido intentar zafarse inútilmente de esa cosa, finalmente cayó al suelo, aparentemente derrotado. El resto de emergidos entonces miraron más allá de la albina, hacia detrás suya, que era de donde había venido aquel ataque que la nómada había pasado por desapercibido hasta que lo había visto enfrente suya. Eso le parecía demasiado extraño para ser una trampa, así que junto a la vocecilla que recién había escuchado, siguió la dirección de las miradas.

Oh, no.

¡Claro que había parecido alguien desarmado! ¡Para ella las únicas armas eran las afiladas!
Comprendió entonces y ató cabos, ¿quien más que un cerebrito flaco y desarmado podría defenderse en medio de la nada, con ahora un libro en su mano?

- ¿Un mago? - ¿¡Tenía que ser un mago?! Era decir, al menos se podía valer por sí solo pero... ¡ella no es que se llevara muy bien con los magos! Aunque ahora que lo pensaba, había sido de esperar si era un ciudadano de Ilia, ahí abundaban. Y claro... lo de viajar solo ahora no sonaba a tanta locura como pensó en un principio para alguien que no era ella. Si ahora mismo no estaba ocupada en volver a ponerse a pelear, se hubiera golpeado la cara con la palma de su mano. - ¡NO ME DIJISTE QUE ERAS UN MAGO! -reprochó, balanceando su hacha contra los emergidos más cercanos.

No, más que eso incluso...

- ¿¡TE PARECE QUE NECESITE AYUDA?! -Gritó enfadada, agarrando la mandíbula de uno de los emergidos con la mano, pero mirando hacia el pelimorado. Entonces, rebanó rápidamente el cuello del enemigo atrapado, acabando de inmediato con la vida de éste. - SÉ CUIDARME SOLA. -Claramente sus palabras la habían ofendido, así que tiró a la nieve la cabeza que había estado agarrando, con desprecio.

- Tch. -escupió, sin molestarse si quiera a limpiarse la sangre emergida que le había salpicado de frente, por toda la cara. Pues ahora estaba molesta ya que... ¿qué demonios? Seguro que más que cubrir su espalda, él quería aprovecharse y atacarla... ¡Ese había sido su plan desde el principio! Por supuesto, ¿qué si no? Así era todo el mundo.

Pero primero, tendría que encargarse del resto de los emergidos, era su prioridad.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Jun 24, 2018 6:00 pm

¡Oh, no puede pedirme eso, señorita! Los compañeros de batalla se cuidan las retaguardias mutuamente. Es parte del fragor de la batalla. – y menuda retaguardia era. Desde su posición pudo ver como una espalda musculosa y llena de cicatrices de batalla se dirigía rauda y veloz contra los enemigos llevada por un par de piernas extremadamente tonificadas que seguramente podrían romperle el brazo de un golpe. Además, el cabello al aire le daba un aspecto muy cuco y juguetón, aunque se imaginó que la mujer no apreciaría tales calificativos por su parte. “Fiera” y “ardiente” quizá preferiría. Pero, de todos modos, al Hechicero ni se le ocurriría susurrarle ninguna palabra así hasta que se hubiera asegurado que la guerrera ha soltado el hacha – ¡Su retaguardia está a salvo conmigo! ¡No se preocupe! ¡Cualquier enemigo que quiera acercarse a su retaguardia tendrá que vérselas conmigo! – había algo inherentemente divertido en la palabra “retaguardia”, por lo que Sindri no pudo evitar decirla en voz alta varias veces. Igual que tampoco pudo reír quedamente cada vez que lo hacía. Además, la guerrera estaba muy lejos ahora por ahora y su única arma era el enorme instrumento de leñador que llevaba consigo, así que seguramente no se lo lanzaría para no quedarse sin defensa contra los Emergidos. Seguramente.

Creo que los unicornios son un poquito más amigables y menos... agresivos que usted, si me permite el comentario de nuevo. O, al menos, no tan dados a amenazar a los demás con arrancarles la cabeza. ¡No es usted muy buena unicornio! – matizó el muchacho con una sonrisa que no correspondía en absoluto a alguien que acababa de ser amenazado de muerte. Quizá porque confiaba en que podría sobrevivir a un ataque de la mujer. Quizá porque no creía que lo fuera a hacer de verdad. O quizá porque no le importaba que sus últimos momentos en este mundo estuvieran en las manos de la hachera – Además, yo nunca lo arrancaría. Lo trataría de conservar diadema y todo así que se la quitaría suavemente, quizá mientras durmiera o mientras estuviera ocupada. ¿Y si se rompe tras un forjeceo? ¿O se le escapa mi cabeza recién arrancada de entre las manos y cae sobre el cuerno haciéndolo añicos? La sangre es resbaladiza. ¡Hemos de pensar en el pobre unicornio que no tiene cuerno para que usted luzca más radiante! – obviamente los pobres unicornios no tenían ninguna culpa que los humanos seamos tan quisquillosos sobre lo que es bisutería y lo que no. Hay que recordar dejar siempre unas pocas zanahorias en el alféizar de la ventana de casa por la noche por si unos amiguitos de cuatro patas, largos cuellos y bellos cuernos pasan con hambre por ahí.

Soy un Hechicero. Y no me venga ahora con el “oh, todos los magos son iguales para mí”, que ya lo he tenido que oír más de una vez o dos. O peor, un “no me importa”. Seguro que a usted no le gustan que le llamen lo que no es, ¿cierto? – no se había pasado años aprendiendo sobre la Magia Arcana como para que ahora lo confundan con un Mago de Ánima del montón, no señor. Se había ganado sus galones de Hechicero con el sudor de su frente y el esfuerzo de horas y horas con los ojos pegados en tomos polvorientos – Bueno… ¡Y usted no me ha dicho ni siquiera su nombre! Ni su ocupación, lugar de residencia… ni si está soltera y sin compromiso. Es información muy importante. Especialmente la última parte. Sí, sí, créame. ¡Ningún equipo de combate puede funcionar adecuadamente sin ella! – se llevó una mano a la boca con gesto cómplice, ojos medio cerrados y sonrisa sinvergüenza y pilla, una expresión que seguramente la falsa unicornio estaría demasiado ocupada para ver. Estaba testado que bromear durante un combate tenía un 5% de posibilidades de aumentar la moral, un 45% de posibilidades de no hacer nada, otro 45% de posibilidades de empeorar la habilidad combativa de los que le escuchaban y un 100% de hacer que Sindri se lo pasara bomba.

Ooooh~ Yo creo que sí necesita mi inestimable y urgente ayuda. – ahora por ahora el ex bibliotecario se encontraba en su salsa, por lo que su voz mostraba un inimaginable buen humor. Los Emergidos estaban muy ocupados con la mujer, pero habían comenzado a dudar qué hacer: alguien debía ir hasta la persona que estaba atacando a distancia para detenerlo, ¿cierto? Pero si uno lo hacía, entonces eran menos en la zona de la guerrera del hacha, y ella parecía mucho más poderosa y aterradora que el lanzador de conjuros unos metros más allá – ¡Reconocer cuando uno necesita ayuda es una virtud! La humidad, para ser concretos. No hay nada de malo en ello. – siguió hablando en tono distendido mientras hacía movimientos con el brazo que tenía libre, comenzando a concentrar energía arcana. Una nueva neblina se formó de forma mucho más rápida y concisa que la primera y comenzó a rodear al Hechicero de manera juguetona, como un animalito que deseaba jugar. Un animalito amorfo, denso y cuyo toque era mortal para los órganos internos del cuerpo humano (y Emergido).

A orden del Hechicero el conjuro salió volando a toda velocidad, tanta que sólo parecía una mancha estirada negra contra el panorama blanquinoso, y buscó su nueva víctima, un Emergido que portaba una lanza y en aquel mismo instante no estaba prestando atención al estudiante de las Artes Arcanas. La nieblecita le cubrió con sumo cuidado y más silencio del que cabía esperar con un abrazo delicado y mortal, pero hermoso visto desde cierta óptica. En cuanto la manta de oscuridad se desvaneció, también lo hicieron las energías del Emergido, quien cayó suavemente en una cama blanca y fría – No se preocupe, cuidaré muy bien de usted~ – y es que Sindri era muy bueno cuidando de sus compañeros de batalla: ninguno se había quejado jamás de su actitud en batalla. Bueno, quizá una persona había tenido algún problema con el hecho que usaba Magia Arcana. Vale, dos personas, pero es que había gente muy supersticiosa en este mundo. Tal vez tres o cuatro personas si nos ponemos quisquillosas. O diez. Muy bien, muy bien, veinte. Pero ninguna de sus críticas había sido constructiva, por lo que Sindri no las tenía en cuenta para cambiar su manera de actuar o pelear.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Mar Jun 26, 2018 11:23 pm

Su mirada malhumorada seguía a la par que sus riñas con el pelimorado. ¡Encima no paraba de referirse a ella como "señorita"!

- ¿Amigables? ¿Por qué necesitaría ser amigable con un extraño que solo parece querer burlarse de mí? -bufó. Buena unicornio, decía... - ¿Y acaso has visto alguno como para comprobar eso, listillo? -dio un par de golpecitos en su propia frente, imitando su gesto anterior.

Mago, hechicero... oh, vamos. - ¡Todos los...! -rechistó al momento, siendo interrumpida por el joven, irónicamente con lo que ella misma iba a decir- Hmpf, me da i.... -pero una vez más el otro se adelantó a sus palabras, así que sólo gruñó. ¡¡USABA MAGIA!! ¿Qué más daba? ¡Ese era el problema al fin y al cabo!
Además, él mencionó lo último, algo en lo que... si bien tenía razón, podría ser entendido de una manera bastante diferente en cuanto intenciones. No soportaba admitir lo primero, pero esta vez prefirió no pensar demasiado en la segunda opción, ya que de sólo ser llamada por cierta palabra, que nada más escucharla sería el detonante de su furia; "Salvaje"... Sí, definitivamente no soportaba aquel apelativo, y menos si eso le hacía recordar el odio que le tenía al monarca de Bern, cuyo encuentro le había amargado la existencia.
- Te estás metiendo por un mal camino... -murmuró, rozándose en un breve movimiento con los dedos de una mano, la costra aún rojiza de su rostro, de manera inconsciente.

Sin dejar de luchar suspiró, resignada a tener que admitir que a él tampoco le gustaba que le llamasen lo que no era. - ¡Ya lo pillo! Los hechiceros son adivinos o algo así, ¿verdad? -preguntó con sarna, porque no parecía dejar de meterse en su cabeza. Y por esto no se le daba bien relacionarse, especialmente con magos... o bueno, "usuarios de magia" en general.

Al escuchar la "petición" de información, y en palabras del hechicero, ESPECIALMENTE LA ÚLTIMA PARTE; la albina dio un paso en falso, fallando en su ataque y clavando el hacha en la mera nieve. - ¡Q-qu...! -Pero no daba tiempo de volver a comprobar si había entendido bien o mal, pues uno de los emergidos aprovechó para hacerle un corte cerca del pecho, no profundo pero sí que había hecho bastante daño. Podría haber resultado un golpe fatal si no se hubiera movido a tiempo, aunque de todas formas tampoco era que hubiera podido esquivarlo bien debido al reuma que atacaba de nuevo sus costillas, algo que estaba siendo más recurrente en aquellos páramos helados.

Se hizo hacia atrás unos largos segundos en silencio, ignorando toda burla del pelimorado que seguía lanzando aquellas sombras tan negras como el cabello de la gente de su tribu. Su mano izquierda destapó la herida, viendo como su sangre había teñido el guantelete y el trozo de tela que usaba para taparse el pecho. Al lado de aquella herida, aún permanecía, pálida, una fina linea, una cicatriz que conservaba desde hacía años, unos lobos que la habían atacado en aquel mismo valle helado. No era especialmente grande, ni visible, de hecho había recibido arañazos más potentes que el de aquella vez, y mucho más recientes. Pero esa marca no se borraba, casi haciéndole recordar esos tiempos. Todas sus cicatrices contaban algo de su historia, y esa no iba a ser menos. Era irónico, que en ese mismo lugar, había recibido otra herida, en la misma zona... y por culpa de aquella mención.

Pero no estaba deprimida por ello.

Compromiso, equipo, ayuda... No era su costumbre, ciertamente, pero también sería mentir que ella no conocía aquello. Y entonces recordó algo importante, ¿por qué estaba aquí? ¿por qué luchaba contra aquellos seres?

Empezó a gruñir, quitándose el chaleco de encima, como si le pesara sobre los hombros. Pero sólo quería mostrar, mostrar aquella herida y todas aquellas que, si bien no ocultaba, no se apreciaban con aquella pieza puesta. Así como mostrando sus definidos y tonificados hombros, de los cuales sus brazos ahora agarraban a la par la misma arma, en cuyo acero podía reflejarse los ojos llenos de ira que ardían al mirar a aquellos emergidos. Y efectivamente, no hizo falta mucho más tiempo para que acudiera a desgarrar el cuerpo de uno de ellos en un solo ataque. - ¡¡¡MI NOMBRE ES KHIGU!!!

Había gritado. Y a lo mejor así dejaba de llamarla señorita.

¿Humildad, en serio? ¡Si parecía que ni él mismo tenía mucho de eso tampoco! Al ver como se elogiaba tanto a sí mismo, diciendo y repitiendo que podía ayudarla...


Skill utilizada:
IraFighter
Skill que causa que, cuando el luchador se encuentra gravemente herido (50% de su HP o menos en modo mapa), sus capacidades se vean aumentadas por un aumento súbito de adrenalina, que potencia sus ataques al punto en que estos causan el doble de daño.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Jue Jun 28, 2018 6:25 pm

Pues porque eso es lo que hacen las personas normales y corrientes. Bromean. ¿Sabe usted lo que es una broma, señorita? ¿Sabe lo que es el humor? ¿La diversión? – ¿Por qué parecía que en este mundo el sentido común y el sentido del humor brillaban por su ausencia? La gente parecía tener los nervios a flor de piel las veinticuatro horas del día seguidas y se lo tomaban absolutamente todo como Don Rodrigo en la horca. ¿Qué había de malo en sonreír un poco de vez en cuando? Se ejercitan más músculos al fruncir el ceño que al poner una sonrisa en el rostro, por lo que la conservación de la energía no podía ser la razón – Pues mira, resulta que yo soy un experto en unicornios. ¡Claro que conozco todo lo necesario sobre ellos! – durante años y años su madre, la marquesa Toriel de Ryerde, le había contado a él y a sus hermanas una miríada de cuentos antes de ir a dormir. En muchos de esos cuentos aparecían multitud de criaturas mitológicas del folklore de Elibe, especialmente las de Lycia, pero los protagonistas indiscutibles en la mayoría de cuentos de hadas eran los unicornios. Unicornios blancos y negros, gráciles y mágicos que vivían mil y una aventuras, castigaban a la gente mala y premiaban a los buenos humanos que les ayudaban – Y resulta que los unicornios son amables y cariñosos, además de muy alegres y vivarachos. Su voz es melodiosa como el viento de mañana de primavera y dulce como la primera miel del año. ¡Y en ningún caso amenazarían a nadie de arrancarle la cabeza! – sintió unos pinchazos de amargura en la boca de su estómago al recordar la voz de su madre describiéndole los unicornios que aparecían al final de la historia para asegurarse que acababa bien.

¿Mal camino? ¿Mal camino? No pudo reprimir una risita al oír aquellas palabras salir de la boca de la guerrera. ¿Quizá era un atisbo de broma? Su voz característicamente seria y gruñona parecía indicar que no, que era otro intento de amenazarle para que no siguiera hablando – Señorita, me metí en el peor de los caminos hace un lustro. Año arriba, año abajo, tampoco hay que ser perfeccionista. Incluso el camino que acabara en las fauces de un dragón sería más colorido y mejor opción que en el que estoy ahora, si le soy completamente sincero. – desde el momento que uno aceptaba la Oscuridad dentro de sí mismo en el Ritual, el Mago Oscuro sabía que su destino estaba sellado. Hiciera lo que hiciera o tratara de hacer lo que tratara de hacer, su vida iba a terminar de la misma manera. Terminaría en la Oscuridad. Y, puesto que el destino estaba escrito en piedra y no había manera de evadirlo… ¿Por qué preocuparse? – Bueno, hay una rama de la Magia Arcana que asegura poder ver el futuro empleando ecos y grietas temporales pero… digamos que es una teoría muy discutida por los expertos. – más que nada, la inversión de energía taumatúrgica necesaria para abrir una de esas grietas era… descomunal. Simplemente, no había manera humana de reunir tanta magia en un mismo lugar para permitir tal afrenta a las leyes de la naturaleza.

Pero, al parecer, sus palabras juguetonas habían tenido un efecto nocivo en el rendimiento del combate de la mujer. Una distracción, una mínima distracción, había resultado en una herida en su pecho que tiñó de rojo la nieve bajo sus pies. No es que las heridas fueran algo anormal en los combates, especialmente en el caso de la gente que iba con poca armadura como él; pero el hecho que tal daño pudo ser culpa suya le llenó el estómago de un cierto sentimiento que, debidamente analizado, podía ser algo parecido a la culpa o el remordimiento. Sí, había sido educado en una corte, por lo que el hecho que por sus acciones (u omisiones) una damisela hubiera resultado herida le sentó como una puñalada trapera. Instintivamente, levantó el brazo y trató de decir algo en voz alta, un gesto vacuo pero necesario. Quizá quería asegurarse que estaba bien. Que la herida no era profunda. Que los enemigos no se aprovecharan de esta oportunidad. Disculparse. Asegurarle que eso no sucedería de nuevo. Hacer algo.

Pero un estallido le hizo olvidarse de todo ello.

Una pieza de ropa que caía al suelo, un preludio de la tormenta que se iba a desatar. Un lienzo de heridas que cada una contaba una historia. Historias desconocidas para Sindri, quién no podía sino imaginarlas para tratar de saciar su curiosidad. El reflejo de dos ventanas del alma en el frío metal del hacha. Un grito de rabia primigenia. Una declaración de identidad. Y un trozo de metal partiendo en dos la carne, vengando la sangre vertida con sangre. Huesos astillados. Un cuerpo inservible que cayó sin remedio.

Poder. Fuerza. Determinación. Eso es de lo que fue testigo el Hechicero, quién quedó paralizado ante el despliegue de brío y potencia. Como si fuera una ejecutora, una verdugo, la mujer había arrancado una existencia de un plumazo. Resultaba poético. Bello, incluso, desde una privilegiada perspectiva. Grácil y diestro. Los músculos tensos, la voluntad de la mujer ejercida a través del hacha, los Emergidos paralizados ante tal macabro escenario. Ecos de lo que acababa de suceder recorrieron el valle nevado como una avalancha invisible.

Embelesado por el espectáculo, Sindri comenzó a caminar hacia la mujer, hacia los enemigos, hacia el peligro. Quería verlo más. Verlo mejor. Un mago normalmente no abandonaría la seguridad que le daba la distancia, pero ensimismado como por los cantos de la sirena, el hechicero no pudo hacer más que acercarse. Comenzó a mover su brazo para llamar la energía arcana – ¡Dama Khigu! ¡Más! ¡Más! ¡Muéstreme su fuerza una vez más! ¡Más! – canalizó la magia a través del Tomo de Worm y el hechizo surcó los cielos casi sin esperar una orden del lanzador de conjuros. La neblina juguetona simplemente agarró un enemigo, el que estaba más lejos de la mujer, y lo estrujó con toda la dureza de una fina tela de seda – ¡Magnífico! ¡Maravilloso! ¡Sublime! ¡Una ejecución sin parangón! – cada palabra entusiasmada del muchacho creaba una nube de vaho blanco delante de él. Su voz era completamente sincera, mostrando quizá demasiado júbilo ante la sangrienta escena, ahora acompañada de un nuevo Emergido que no se volvería a mover jamás – ¡Dama Khigu! ¡Acabemos con ellos! ¡Con todos! – y tras aquellas fervorosas palabras, Sindri llamó a la Oscuridad para que hiciera acto de presencia para ayudarles en lo que quedaba de lucha.

Al momento, el gélido aire se enrareció y un viento antinatural comenzó a azotar el valle nevado, portando consigo un sentimiento ominoso. Pronto los susurros comenzaron, palabras inconexas y en idiomas olvidados comenzaron a sonar al borde del límite auditivo. Voces que estaban ahí sólo si prestabas la atención que no podías permitirte en medio de una batalla campal. Un Mal Augurio se había asentado en el campo de batalla, un horror primitivo que impediría que los Emergidos lucharan a pleno rendimiento… o trataran de huir. Solo esperaba que la ira de la furibunda guerrera la escudara de los efectos más nocivos de su invocación.

off:
Empleo la habilidad Mal Augurio en este post.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Jue Jul 26, 2018 10:48 pm

Había mirado bastante curiosa, ¿era... un experto en unicornios? ¿Cómo era posible aquello? ¡Ni en su vida había visto uno en persona siquiera!... ¡Tendría que preguntarle luego! Necesitaba saber más, entonces. Maldición... ¿por qué aquel hechicero tendría que saber tanto?
Aunque eso tenía algo de extraño, sabiendo que en su tribu no los describían así, eran más como dioses de la fuerza... ¡Agh! Todo era tan complicado de procesar, suerte que no tenia tiempo para ello.
Pero ella no tendría problema en admitir aquel caso... al fin y al cabo, ella misma ya era una prueba que dentro de un grupo siempre había una diferencia... ¿podría ser que con los unicornios pasara lo mismo? De todas formas no era la primera vez que escuchaba otras versiones de los relatos que estaba acostumbrada en su tribu. Pasó algo parecido con lo que le había contado el pelo de paja.

Por otro lado... ¿Qué era un "lustro"? ¿y de qué estaba hablándole? Parecía haberle malentendido... o más bien; quizás se había tomado sus palabras demasiado en lo literal. No le quedó claro tampoco si adivinaban la mente o qué, pero decidió ignorar aquellos comentarios que no entendía y de los que no era el momento para ponerse a pensar en ellos. Cosas de hechiceros. Le encantaba aprender pero aquello era demasiado complicado para ella.

[...]

Después de prácticamente partir en dos el cuerpo de aquel emergido como si fuera un tronco, cuyo recorrido del filo de su hacha no se vio interrumpido hasta que no terminó golpeando el suelo duro antes de que las piezas de carne cayeran también, terminando de manchar lo que quedaba de nieve en esa zona.

Sin detenerse ni un segundo, volvió a arrancar el arma de la tierra y la levantó a la par que escuchaba al portador de aquella oscura magia acercarse tras de sí. Y sonrió de lado, mostrando sus fauces como lo haría un animal salvaje confiado frente a su presa. ¡Eso le gustaba más! Que halagaran su fuerza sí que era lo que mejor le ponía de buen humor. Podría decirse que era una sensación bastante egocéntrica, pero los años y el esfuerzo que ella sudaba por conseguir su meta era algo de lo que estar orgullosa, ni más ni menos.

- Heh... -asintió, viendo como él acababa con otro de los emergidos- Está bien, ¡te demostraré que puedo ser amable cuando me lo propongo! -Y su manera de hacerlo era confiando en las habilidades del otro. Ya que ahora, los gritos de "ánimo" del pelimorado conseguían llegar hasta su sangre y hervirla, y no precisamente de forma negativa hacia él.

Por ello, dejó que el hechicero se llevara parte de los emergidos que quedaban, haciendo lo que quisiera con sus... con aquellas masas negruzcas, mientras ella iba a por los suyos.

Pero entonces, notó que el clima comenzó a cambiar drásticamente, y más que sentir lo contrario, era quizás una sensación que no terminaba de cuajar como una sola. Como si un mal presentimiento se hiciese físico en el aire, indicios mezclados de diferentes tipos de tormenta en la misma temperatura. - ¿Pero qué... -tras atacar, no sabía que ocurría, si era por su propia rabia, pero todos los enemigos empezaron a temblar notoriamente, como conejos despavoridos en presencia de un depredador. Y al mismo tiempo, al devolver la mirada sobre el hechicero, le pareció por un momento que aquella vista imponía, aun si fuera ligeramente. Aquellos conjuros tan extraños... frunció el ceño, debía de ser sólo su imaginación. ¡Obviamente que la temían a ella! ¡Hasta él la había halagado!

Lo cierto era, es que ahora le respetaba un poco. No había sido tan cobarde de haberse quedado atrás ¡y se había acercado al fin a primera línea de batalla!

- ¡Dime...! -comenzó a hablar, mientras no dejaba de filetear a aquellos seres- ¿qué te importa... mi información? -Genuínamente confundida por el interés del contrario, aún sin saber si era porque aquel cambio de clima le había afectado.

- Como sea... ¡supongo que eres un tipo divertido! -exclamó, apartando el arma del emergido al empujar de frente con su hacha, tirándolo al piso y viendo como intentaba escabullirse inútilmente.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Jue Ago 02, 2018 3:49 pm

Quizá cualquiera otra persona hubiera reculado al ver una sonrisa de tal calibre con un maquillaje de sangre ajena seguramente indeseado, pero extrañamente adecuado. Sería una reacción natural de muchos, al fin y al cabo, cualquier sonrisa que enseñara los colmillos tenía un deje de amenaza y de peligro implícito para el que la observaba. Pero Sindri tenía unos gustos más refinados y no podría describir tal sonrisa de otra forma que no fuera encantadora. Encantadora queriendo decir “llena de encanto”, claro. Sí, una expresión de felicidad desmedida plasmada en una cara bonita con unos ojos despiadados. ¡Y el hechicero sabía de sonrisas! Cada mañana se plantaba una en su cara con ayuda de su espejito y trataba de llevarla todo el día consigo. Con el tiempo venía la experiencia y la capacidad de analizar las sonrisas ajenas, y aquella era una que bien valía dos mil monedas de oro. Tres mil si enseñara un poco más los colmillos. Y el hecho que le estaba mirando como si pudiera desgarrarle la yugular sin esforzarse en absoluto no hacía otra cosa que aumentar la belleza de aquel gesto.

¡Ahora sí está siendo una buena unicornia! La amabilidad corre por su sangre. Ahuhuhu~ – exclamó de buen humor tras escuchar que ella podía ser generosa dando muertes rápidas a los Emergidos, una gesta que quizá los unicornios de verdad no estaban muy dispuestos a otorgar. Mirándola con más detenimiento (y, siendo sinceros, Sindri la estaba mirando mucho), la mujer parecía de mejor humor que antes incluso teniendo en cuenta la herida anterior, lo que alegró en cierta medida al Hechicero. Había un je ne sais pas quoi en su temperamento y su manera de actuar que hacía que Sindri quisiera ver un poco más de ella. Pero incluso el estudiante de las Artes Arcanas más ciego podía ver que pinchar a la señorita llamada Khigu era una idea bastante mala, salvo que no tuvieras en mucha estima tu integridad física. Por otro lado, ¿Qué era un hachazo en el bazo si lo comparabas con verla tartamudear una vez más?

Comenzó a arrepentirse un poco de acercarse cuando vio que determinados enemigos decidieron acercarse, pero poder ver bien esa sonrisa ya pagaba cualquier peligro inmediato. Seguramente si se hubiera quedado atrás sólo hubiera podido ver la melena de la muchacha y, sí, era un pelo muy bonito y natural, pero no tenía la misma categoría. Por suerte el Mal Augurio había provocado cierta consternación en las filas enemigas y, en vez de acercarse como una unidad cohesionada y disciplinada, parecían dar un paso adelante y dos atrás dubitativos de qué hacer. Eso le dio una oportunidad de oro al hechicero para responder a la pregunta de la audaz luchadora, una respuesta que tuvo que pensar durante unos instantes.

¿De veras necesito una razón para querer saber algo? ¿No puedo preguntarle por el mero hecho de saber la respuesta? Si quiere alguna respuesta concreta… ¿Supongo que porque satisface mi curiosidad? ¿Porque continua la conversación? – preguntó de vuelta el muchacho sin mucha determinación mientras observaba como Khigu seguía repartiendo hachazos a diestro y siniestro. La curiosidad era algo tan arraigado en Sindri que jamás se paraba a pensar un porqué para aprender algo nuevo o sonsacar información a alguien, simplemente lo hacía automáticamente. Obviamente, sabía leer la situación y sabía que había cosas que no debía preguntar, pero no le pareció que esta era una de ellas – Un buen día una arrebatadora mujer con un hacha aparece en las desoladas planicies de Ilia y me revela que está buscando Emergidos. Eso es fácil, hay muchos aquí. Pero no cualesquier Emergidos, no, sino unos específicos con los que tiene “asuntos pendientes”. ¿Quién no tendría curiosidad de saber cuáles son? – terminó la pequeña explicación con una sonrisa inocente, como si lo que estuviera diciendo fuera lo más natural del mundo. Una conversación harto peculiar en un campo de batalla.

¿Divertido? Vaya… ¡Jamás ninguna mujer me había dicho eso! – y no estaba exagerando, la mayoría de mujeres que había conocido en su viaje lo consideraban o bien estrambótico en sus mejores momentos o bien molesto en sus peores. O al menos eso era lo que decían sus caras y, en especial, sus ojos. No las culpaba en absoluto, claro, seguramente ellas eran las que tenían toda la razón del mundo – Hm… divertido… ¿Quiere ver algo verdaderamente divertido? Le aseguro que no le decepcionará. – el tono del Hechicero dejaba claro que estaba tramando algo. Algo interesante. Algo que llevaba tiempo pensando y queriendo probar, pero que jamás había tenido oportunidad de testar. Y, puesto que estaba relacionada con los Poderes Más Oscuros, no era algo con mucho margen de error. Y aun así…

Había algo primario en su impulso. Un impulso adolescente, casi. Todo hombre lo ha experimentado en algún momento de su vida. El deseo de querer lucirse ante una fémina que estaba cerca de él para impresionarla y ganarse unas palabras bonitas o una mirada intensa. Oh sí, el soldado que al ver aparecer mujeres comenzaba a hacer movimientos con su lanza que normalmente eran reservados para la práctica de combate. El gallardo caballero de brillante armadura sacaba su espada perfectamente bruñida a relucir a la luz del sol cuando la princesa salía al balcón. Pero siempre había el contratiempo. Cuando querías hacerte el gallito, el mundo y la historia siempre se ponían a conspirar contra ti para que quedases mal. Puede que hubieras practicado un millón de veces el movimiento de la lanza, pero si había alguien a quién querías impresionar viéndote entonces tus manos estarían demasiado sudadas o el sol te cegaría un instante y el arma se te caería al suelo. O sobre tu pie, si el Destino se sentía especialmente cruel hoy. Y, claro, el día que la princesa te miraba a ti precisamente también era el día que no habías encerado la vaina y la espada se te atascaría. Oh, esas risitas que oyes no eran de alguien entusiasmado por tu actuación, precisamente…

Finalmente, uno de los Emergidos, uno que portaba consigo una espada, se decidió a atacar con un brazo tan tembloroso que parecía hecho de gelatina. Sindri lo vio por el rabillo del ojo y se giró hacia él, pero no hizo nada mientras se acercaba. De hecho, no fue hasta que alzó el brazo con el arma y se dispuso a descargarlo contra él que dijo – ¡Mire, mire, Dama Khigu! – y con los brazos abiertos, como esperando un abrazo, el muchacho se dejó golpear en su hombro izquierdo. La hoja de la espada era afilada y bien cuidada, por lo que traspasó tela, carne y músculo por igual… pero al no contar con la fuerza de un brazo decidido no pudo hacer nada contra el hueso. La sangre comenzó a manar de la herida y con parsimonia, recorrió el brazo inutilizado hasta caer al suelo en gotitas primero, y en tropel después, tiñendo la nieve de rojo. Dolía. Dolía mucho. Hubiera gritado si no hubiera anticipado el golpe, se hubiera mordido la lengua y tuviera los sentidos embotados por la Oscuridad. El brazo no le respondía. Casi soltó el Tomo de Worm, pero se obligó a agarrarlo con tanta fuerza que los nudillos perdieron su color. Exhaló, dejando que el dolor se entremezclara en un vaho blanquinoso. La sonrisa del muchacho no se descompuso, pero tomó un cariz distinto. Levantó la mirada y la hizo chocar contra los ojos brillantes del Emergido, que todavía no había retirado el arma de su omoplato. Tampoco es que fuera a darle esa oportunidad.

De la nada, un tropel de falta de luz informe salió despedido del libro abierto y surcó el escaso espacio que había entre Sindri y el Emergido para acabar chocando contra su abdomen. No fue necesario un gran moldeo de energía ni dotarla de ningún efecto en especial, simplemente fue una descarga caótica de magia. Una magia salvaje. Primitiva. Efectiva. Pudo comprobar en primera persona como el Emergido dejaba de temblar durante unos instantes en los que asió la empuñadura con más fuerza. ¿Un atisbo de esperanza, tal vez? ¿Los Emergidos sentirían esperanza? ¿Entenderían qué es la Magia Arcana? Las preguntas se agolpaban febrilmente en la mente del muchacho tratando de bloquear el dolor. Y siguieron ahí cuando los ojos del enemigo se apagaron y su cuerpo se desplomó como una marioneta a la que habían cortado sus cuerdas.

Hubo un segundo de silencio. Dos. Tres. Y entonces, como si fuera lo más normal del mundo, la masa de oscuridad neblinosa hizo erupción del cadáver del Emergido. Parecía más… corpórea. Más real. Más llena. Más. Y de manera rauda acudió al hombro herido del hechicero, como un cuervo informe que se posaba sobre el omoplato de su dueño. Zumbó unos instantes de manera inquisitiva hasta que se decidió a surtir efecto. ¡Y menudo efecto! Uno muy difícil de describir. Imaginad la sensación que tiene una extremidad cuando se duerme y, a ésta, sumadle unas patitas de gatito que caminan por toda la zona. Incisiones que no duelen. Restañados que notabas, pero olvidabas al momento. Un dolor que decrecía y se transformaba en un mal recuerdo. Estuvo tentado de mirar su hombro por si acaso podía ver lo que estaba sucediendo, pero sabía bien que no le sería permitido. De todos modos… ¿Quería saber en realidad qué estaba sucediendo ahí? La ignorancia es una bendición en muchos campos de la Magia Arcana.

La neblina desapareció con el único aviso de la espada ensangrentada cayendo al suelo de manera queda. Lo primero que notó el muchacho fue frío en la zona que la espada había cortado. Giró la mirada lentamente para ver su querido hombro manchado de sangre, pero tan liso como lo había visto esa misma mañana. Con sumo cuidado, el muchacho movió el brazo de derecha a izquierda lentamente. Al ver que no dolía, comenzó a hacer aspavientos con él de manera súbita, comprobando a su vez que no tenía ni el más mínimo pinchacito de dolor. Se agachó ante la audiencia que todavía no se atrevía a atacarle y, tras sacarse el guante, cogió un poco de suave nieve blanca en la palma de su mano. Incorporándose, se frotó la nieve contra la antigua herida y, después de notar un pequeño escalofrío, se miró el hombro limpio y libre de sangre.

No había ni siquiera una cicatriz.

Sólo la sangre que manchaba sus ropas y la nieve eran prueba que había sido dañado. ¡Funcionó! ¡La Maldición de Anatema era un éxito! Claro que nunca había dudado ni por un segundo de su eficacia, claro. La Oscuridad era una patrona muy amable y generosa con aquellos que la servían – ¡Ta-dá! – exclamó Sindri mientras le dedicaba una reverencia de artista triunfante conjuntada con una radiante sonrisa de felicidad a la combatiente con el hacha. Una reverencia calculada a la perfección para que pudiera ver la zona cortada y el lugar donde debería estar la herida. Casi parecía alguien que esperaba un aplauso del público y, viendo que los Emergidos no lo harían, probaba suerte con su compañera de batalla.

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En este post se activa la habilidad Anatema.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Mar Ago 14, 2018 12:25 am

Ella también tenía curiosidad por las cosas nuevas pero no solía sentir lo mismo con personas... le tenían que interesar de verdad, que viera que no eran como los demás; porque eso le hacía ilusionarse con tener... Bueno, era decir, ¡como Lyn! Nunca se esperó tener una "amistad" con alguien, y ella era no solo de las pocas... si no que había sido la primera.

Conversacion... ¿quería... tener una conversación? ¿¿Con ella??
- No, me refiero... -murmuró. ¿Cómo CUÁNTO le importaba? Era decir, ¿a qué nivel le interesaba ella?
- Digo, que acaso no ves mi... -se silenció a sí misma con un gruñido porque ya le habia respondido a algo similar antes y no había salido mal parada. Nego con la cabeza, para volver a intentar formular su pregunta. - Qué tan extraño eres para que... -no le desagradase estar con ella. Estaba acostumbrada a lo contrario.
Porque era una nómada. Y a la mayoria de Elibe despreciaban a los nómadas. Ni podía preguntar si es que no habia visto a alguien como ella, porque tenía bien claro que su físico no era ni de lejos parecido al resto, ni siquiera el de su propia tribu, si acaso la piel y el estilo de vestir. ¡Eso era! ¡¡Por las ropas!! algo tenía que suponer... ¿no?
"¿Ahora quiere que la juzgue por su aspecto, señorita?" Resonó en su mente, y al instante sacudió la cabeza. No, ¡no y no! ¡Mierda! Estaba cayendo en su trampa... ¿qué demonios le pasaba?
Chasqueó los dientes, y se decidió por ir al grano. - Soy una cazadora de Sacae. Ya sabes, vengo de una tribu nómada. -igual y él podia haber demostrado saber cosas pero... ¿era posible que no supiera eso?- Antes de que digas nada, ¡no me molesta ocultarlo!

Pero bueno, al final resultaba que sólo le interesaba entonces los emergidos... - Supongo que en eso coincido contigo.

¿Que nadie le había dicho eso? ¡Entonces aquellas mujeres no tendrían sentido del humor! Era cierto que podia ser... como era, pero parecia que finalmente no era un mal tipo. Era único en el buen sentido, eso era lo más importante. ¡Por fin se empezaba a divertir con el! y no precisamente en el sentido de cuando se divertía pegandole a ese alguien.

- ¿Hmm? -Ahora que solo quedaban unos pocos, se podia permitir desviar la mirada, tal vez. Aclamaba que "no le decepcionaría" pero, ¿cómo iba a saberlo? Aunque ya solamente aquel cambio de tono de voz le daba curiosidad- Te veo entonces, hechicero. -¿con qué le sorprenderia? Mantuvo su alerta en el movimiento de los emergidos mas miraba al pelimorado.

...

Pero, desde luego no se había esperado eso. ¿¡Estaba loco!? Debía admitir su valentía, ¡pero el cerebritos no tenía cuerpo para aguantar un golpe así! Khigu hizo un pequeño amago de dar un paso, pero ella misma se dio cuenta de lo que había estado apunto de hacer... ¿acaso la estaba probando? ¿eso era lo divertido? Pues no. Ella no se movería, aún si el otro estaba malherido. Y antes de que empezara a gruñir, sus ojos se abrieron. El emergido, casi tan confundido como ella, no pudo retirar su espada y moverse del sitio, y el motivo era la nueva expresión de aquel joven.

Entonces fue ella quien vio los rasgados ojos del hombre de cuya misteriosa sonrisa habia cambiado a una que ella quizás conocía mejor. Tenía que haber otra razón por la cual estuviera haciendo aquello, tal vez... ¿Lo divertido era que no se moriría de eso? ¿Que no atacaría? Quién sabe, el hechicero era todo misterio.
Aún así... Aguantar un corte profundo estaba genial y todo eso, pero de poco servía si él no era mas fuerte que su rival y lo vencía de una vez por todas.

Observar esa escena sin embargo, hizo que su mano derecha fuera a agarrarse el hombro izquierdo, donde aún permanecía la enorme cicatriz de una espada clavada. Irónico.
Le pasó por la mente el día que pasó aquello, había conocido a cierta persona que había sufrido una herida similar. El cabeza de paja a quien no habia vuelto a ver desde que habian huido aquellos emergidos del campamento Lorca, precisamente. Se apretó el brazo, mirando con seriedad al pelimorado. Quizás que todo estuviera conectado sólo era una mera casualidad. Pero aún así... ¿Por qué lo hacía? ¿Qué trataba de demostrar? ¿Acaso era una manera de decirle algo que ella no entendía? O más bien... ¿Que no quería entender? Todo aquello le había confundido más aún.

Y a la vez, algo sacudía sus sentidos, dentro de sí.

Un golpe tronador, proveniente de la oscuridad que salía de aquel libro, impactó contra el emergido, dejándolo completamente sin vida, desplomándose al soltar su espada, la cual quedo clavada en el hombro de su compañero.

Volvio a ponerse en alerta en cuanto vio algo salir del cadaver del emergido, era la primera vez que presenciaba algo así. Pero tenía la consistencia de aquella magia tan extraña, que volvió al hombro malherido de su portador.
¿Qué... ¿Qué le estaba pasando?? Desde sus ojos aquella oscura masa vaporosa  se habia concentrado en donde le habían clavado la espada, sin poder saber qué pasaba ahí, porque desde luego algo estaba haciendo. Se reservó el derecho a preguntar, pues el flacucho no había dicho nada aun, suponiendo que aun no concluía lo que quería demostrarle.

Y lo único que vio al final... es lo que no vio. Ni rastro. Solo su ropa rasgada en el lugar, llena de la sangre tambien habia teñido la nieve a sus pies.
¿Magia... Curativa? No era la primera vez que la veia pero... Esa había sido muy diferente, no se parecía en absolutamente casi nada, tal vez excepto por el resultado. ¡Porque ni siquiera habia usado un baculo como las señoritas Luzrov y Mulitia! Y usaba magia para ello... No sabia qué era la magia oscura, pero para ella era una magia mas, hasta ahora, con sus diferentes efectos. Acaso... ¿Acaso éste sí era el poder de un hechicero?

Al terminar, fue que se acercó a él, ignorando incluso al resto de los pocos emergidos que quedaban; los cuales tambien se mantuvieron en su retaguardia, absteniéndose las ganas de atacar de todas formas. Khigu le agarró de aquel flaco brazo, quizás algo brusca y sin modales; pero siendo parte de su forma de ser normal y corriente. Y observó bastante de cerca el lugar de la herida, comprobando que efectivamente no había quedado la más remota marca en la piel de su hombro.

- Heehh... ¡Ya veo! Sin duda es divertido, sí. Tengo que admitirlo. -respondió aun sin procesar todo- De hecho, bastante interesante...

Autocuración sin necesidad de ningún objeto de por medio... ¿Era por eso que aquel tipo no tenia ninguna clase de marca en su piel? Es decir, solo le podía ver el rostro y manos, ahora esa zona debido a la ropa rajada. Fuerte de musculos tal vez no era, pero... quién sabía ahora por cuánto daño habría aguantado.

- ¡Bueno! Entonces lo que querías demostrarme era que no hace falta que te proteja, ¿no es cierto, "muchacho pobrecito"? -Volvió a sonreir de lado, esta vez con picardía, y cerca de su cara.

Pero, omitiendo el uso de cierta palabra que se le habría escapado, ¡cierto era que le aliviaba no tener una carga en combate! Aunque la utilidad del joven ya lo había demostrado previamente. ¿Quizás...? Quizás no era tan mal compañero de batalla.
Khigu le dió dos palmaditas en aquella zona del hombro y se separó, volviendo a encarar a los enemigos.

- Ahora, ¡acabemos con esto!

Volvió a sus pensamientos mientras se encargaba de volver a propinar hachazos sencillos que no requerían de mucha concentración; aquellos emergidos parecían ser los cobardes más débiles que se habían quedado todo el rato en la última linea.
A ella no le molestaba quedarse con las cicatrices, pero el tema de la sangre... ¡Qué conveniente sería si al menos lograra una manera de sangrar la mitad! y sin tener que perder tiempo ocupando sus manos con vendas o pócimas extrañas...


OFF:
Perdón, por alguna razón pensé que ya había posteado la respuesta. Disculpa el retraso!! Y por cierto, te mando un DM~
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Jue Ago 16, 2018 9:32 pm

Había algo enternecedor en la manera cómo la mujer trastabillaba con sus propias frases, casi como si se arrepintiera de cada frase a medio camino. Era un sentimiento parecido al que alguien notaba cuando miraba a alguien tratando de aprender una danza: claro que cometía errores, pero lo más importante era que los remediaba y aprendía de ellos. ¡Maravilloso! ¡Maravilloso! ¡Y digno de ver! De la primera frase adivinó poco. De la segunda intuyó un poco más, pero para el resto de la eternidad se quedó con la curiosidad de qué era lo que no veía. Tuvo más suerte con la tercera, pero simplemente se encogió de hombros al oírla. ¿Que él era extraño? Eso ya lo sabía más que bien, aunque prefería por mucho considerarse “único”. Seguramente al mundo también le aliviaba que sólo existiera un Sindri en él. Sin embargo, no pudo evitarle soltar una risita queda tras pensarlo detenidamente… ¿Acaso alguien que llevaba un cuerno azul en su frente cuál decoración tenía derecho a llamarle “extraño”? Era algo a tener en cuenta.

Al final pareció que la lengua no se la había comido el gato y, de paso, encontró algunas palabras por ahí – ¿Oh? ¿Cazadora? ¿Cazadora de animales? ¿Bestias feroces? ¿Carne, pieles, huesos y todo eso? ¿Colmillos y garras también? – podía parecer una serie de preguntas sumamente estúpida y en la mayoría de conversaciones lo sería, sí. Pero Sindri sabía de sobra que había muchos cazarrecompensas por lo que, viendo lo diestra que era esa mujer con el hacha, no era del todo descabellado que pudiese ganarse la vida cazando forajidos y personas fuera de la ley – Cazadora de una tribu nómada… ¡Seguro que es usted alguien importante! Los nómadas deben valorar mucho los que traen comida a la aldea... supongo. No es que haya conocido muchos nómadas. – durante mucho tiempo, Sindri vivió en una corte y jamás tuvo problemas para encontrar una mesa llena de comida tres veces al día. Carne, pescado, verduras, pan recién horneado… para él esas cosas fueron normales en su vida y nunca se preguntó realmente de donde venían. Pero si había carne asada, alguien tuvo que cazarla. Si había verduras con especias, entonces alguien tuvo que cultivarlas. Y el pan tuvo que ser horneado en algún momento – ¿Le importaría que le hiciera algunas preguntas sobre los nómadas después de este combate? Sólo he conocido una nómada de Sacae y hace poco me di cuenta que me quedaron muchas preguntas en el tintero… – esa nómada de Sacae era la persona que conoció en Bulgar, la nómada Lyn. De eso hace ya lo que parecían años, sí, sí. Y desde entonces no había podido evitar preguntarse en algún momento algo sobre los nómadas de Sacae, un tipo de gente con una reputación de no quedarse mucho tiempo en el mismo sitio… por lo que tratar de buscarla para que respondiera sus preguntas era una tarea extremadamente ardua.

Dejó dócilmente que la mujer se acercara a él con una mirada llena de curiosidad, una de las expresiones que más le gustaban en ese mundo. ¡Bien! ¡Bien! ¡La curiosidad es buena! ¿Quizá querría aprender algo de Magia Arcana? ¿Tal vez vendría con preguntas? Pero, justo en el momento que advirtió que la mujer comenzó a estar demasiado cerca y clavó un férreo agarre en él, Sindri consideró que cabía la posibilidad que la curiosidad mató al gato y él se consideraba un gran defensor de los felinos. ¿Era demasiado tarde para huir? – Uhm… ¿D-Dama Khigu? Sí, ese es mi brazo. Acaba de regenerarse. Le apreciaría que… – no tuvo tiempo de continuar la frase puesto que todo él se paralizó de sopetón, como si un relámpago lo hubiera alcanzado. La mujer estaba cerca. Muy cerca. Concentrada totalmente en la piel vuelta a crear. ¿Qué debía hacer? ¿Qué se suponía que debía hacer? ¡Nadie jamás le había enseñado qué hacer en un caso así! Pero lo siguiente hizo que se le diera un vuelco el corazón casi literalmente – ¡¿Bweh?! – ¡Ahora estaba demasiado cerca de su cara! Si no se sonrojó fue por el puro milagro que ya tenía las mejillas rojas por el frío de Ilia ¡Socorro! ¡Una carabina! ¡Mi reino por una carabina! Congelado como estaba, no pudo más que observar con más detenimiento la cara de la nómada. Concretamente los ojos, era lo que le parecía más correcto. ¡Y qué ojos rojos más grandes! Un poeta diría algo así como “ojos en los que uno se puede perder” mientras que un cuentacuentos escribiría “son para verte mejor”. El Hechicero, por su parte, estaba demasiado cerca de la hiperventilación como para poder pensar en absoluto.

Pero gracias al poder curativo de una “palmadita” en la espalda, que juraría que dolió más que el hachazo anterior, el muchacho pudo volver a moverse a tiempo de evitar caer de cabeza a la nieve a causa de la segunda – Es decir… si quiere protegerme no se lo voy a impedir… – su voz sonó algo aflautada al principio y tomó el ya conocido tono a continuación, como si algún tipo de tenaza se aflojara en su garganta paulatinamente y pudiera volver a respirar mejor. No le tenía ningún tipo de miedo a enfrentarse contra dragones varias veces más grandes que él y hacer cosquillas a un Laguz que podría desgarrarle la yugular se le antojaba como algo divertido. ¿Pero esto? Un poco más y le daba un ataque al corazón de los de verdad. Si llega a irse así al otro barrio, sería el hazmerreír de los Magos Arcanos durante milenios… – Sí… antes que esto acabe conmigo... – y, tras inspirar y expirar varias veces tratando de recomponerse, el muchacho alzó el brazo para enhebrar un nuevo conjuro de Worm. Pronto la Magia Arcana volvió a surcar los cielos y a encontrar objetivos a los que envolver en un más que apropiado sudario antes del sueño eterno.

Pero los Emergidos pueden ser muchas cosas, pero estúpidos no era una de ellas. En el momento que vieron que toda la ventaja que hubieran podido tener contra una nómada hachera y un pelimorado sonriente se evaporó, comenzaron a poner pies en polvorosa. No era tanto una huida despavorida sino una meticulosa y calculada huida para volver a luchar otro día. Incluso en la derrota, los Emergidos demostraban una férrea disciplina más allá que la de cualquier ejército humano – Parece que se baten en retirada, Dama Khigu. Y no parece ser ningún tipo de treta, en mi opinión. – mencionó un todavía algo alicaído Hechicero mientras observaba el campo de batalla y, concretamente, los cuerpos de los Emergidos que teñían de rojo la nieve. Sin embargo, el ver el enemigo huir le hizo caer en la cuenta de algo – ¿Tal vez se dirijan a obtener refuerzos de cara el futuro? Quizá si los sigue usted pueda encontrar los Emergidos que está buscando, ¿no cree? – era una posibilidad pero, observando cuán misteriosos que eran los Emergidos, era una posibilidad muy, muy remota. Pero una a tener en cuenta.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Eliwood el Lun Ago 20, 2018 5:30 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Sindri ha gastado un uso de su tomo de Worm.
Khigu ha gastado un uso de su hacha de acero.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, la barra de EXP de Khigu ha sido maximizada.

Khigu puede ahora ascender de la clase Warrior a la clase Reaver.

> Ascender a la siguiente clase.
> No ascender, conservar la clase actual.

Favor de responder seleccionando la decisión.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Lun Ago 20, 2018 5:46 pm

> Ascender a la siguiente clase.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Eliwood el Mar Sep 04, 2018 3:29 pm

- Class Change -



¡Khigu ha ascendido de Warrior a Reaver!

¡El nivel de uso de hachas ha sido aumentado!
La barra de EXP es reseteada. Sólo los temas tipo Campaña, Entrenamiento y Misión darán incrementos de EXP.

¡¡Felicitaciones!!
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Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3428


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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

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