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[Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

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[Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Lun Abr 09, 2018 9:59 pm

Y bueno, ahí se encontraba de nuevo; frente a frente con la nieve que se camuflaba con su cabello, con las tierras donde una vez inició su viaje más largo, con el primer paisaje que vio junto a él. Ilia, el país del invierno infinito... allí donde conoció al que una vez llegó a ser el amor de su vida. Más de tres años habían pasado ya desde entonces, pero el hielo seguía crujiendo a cada una de sus pisadas. Lo único que había cambiado tal vez, era que ahora se escuchaba más silencioso; si antes era un lugar aburrido y apenas poblado, con la victoria de los emergidos lo era aún menos.

Y por eso es que estaba allí, no había vuelto precisamente a recordar. Era un territorio caído, estaba a lado de sus queridas planicies... podría ser perfectamente de donde habían venido.
Khigu llevaba semanas siguiéndole el rastro al grupo de emergidos que habían ocupado el viejo campamento Lorca, para después huir. Podrías llamarlo venganza, pero ella jamás perdonaría ese hecho... tenía que acabar con aquellos seres que siempre se entrometían y le querían arrebatar todo. Ya lo habían hecho con Guzman, al fin y al cabo.

Pero ya llevaba mucho camino recorrido, tenía hambre y había que reconocer el descanso que merecía. Por eso buscó un sitio donde sentarse a comer, y lo encontró en unas rocas a las cuales les quitó la nieve que tenían por encima. Sólo sería una breve pausa, así que sólo sacó unas tiras de carne seca de su pequeña bolsa de provisiones y empezó a mascar, pensativa mientras su mirada estaba perdida en el cielo.

Y entonces, lo vio. Avistó un pegaso sobrevolando los cielos por un par de segundos, aunque era a lo lejos, aquello sin duda no había tenido cuerpo de wyvern o cualquier otra ave gigante... no cabía duda. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, ¡aquello era tan inusual que parecía una bendición de la diosa Khirin! Se había quedado totalmente fascinada, sus ojos bien abiertos y su mandíbula también, dejando incluso caer las tiras al suelo. Absolutamente sin palabras.

Tanto, que no se percató de que no estaba a solas en aquel páramo.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Miér Abr 11, 2018 6:28 pm

Un páramo blanco. ¿Cuántas veces habría empleado aquellas palabras para describir a llia? En su memoria. En sus monólogos para ser escuchados sólo por él mismo. En conversaciones con personas cuyas caras se difuminaban en sus recuerdos ahora ocupados en un mar invernal. Pero una vez el estudiante de las Artes Arcanas pisó las tranquilas tierras níveas del país más septentrional de Elibe todo lo que había fuera de sus fronteras parecía irreal. Etéreo. Un sueño tal vez. Pero los sueños están hechos para ser rotos y todo aquel que una vez dormía debía despertar. No podía quedarse ahí más tiempo.

Sindri no tenía un lugar que llamar hogar. No en el mismo lugar que mucha otra gente lo tenía, al menos. Una ciudad, un país o un continente en el que se sintiera suficientemente cómodo para tratar de construir una vida mejor. Incluso el nómada que llevaba su casa a cuestas podía considerar cualquier como hogar usando las estrellas como manta si lo deseaba. Por otro lado, los mercenarios bien que llamaban “hogar provisional” cualquier lugar con suficiente oro y alcohol como para aplacar sus deseos. El hogar era un concepto más allá de fronteras y cuatro paredes con un tejado. Sabía de buena tinta que algunos poetas aficionados que sobrevaloraban sus talentos se llamaban a sí mismos “ciudadanos del mundo” mientras pedían que les llenaran de nuevo el vaso de absenta barata. Como si no tuviera ya suficientes penurias como para además tener que obedecer todos los ordenamientos jurídicos de este condenado mundo a la vez.

Pero convenía recordar que el que no tenía hogar en el mundo sólo podía representar el papel de intruso.

Así que un intruso vestido de colores oscuros se adentró en Ilia. O quizá llevaba ya tiempo dentro y no quería hacer más que salir. No por el frío. El frío lo había echado de menos durante todos sus viajes. Las “razones” y los “motivos” eran para aquellos que los necesitaban, y Sindri no se había considerado en aquella categoría desde hace años. ¿Por qué pensar largo y tendido en hacer o no hacer algo cuándo podías simplemente hacerlo y arrepentirte durante el resto de tu miserable y corta vida? Si quería ir al sur, iba al sur. Si quería quedarse en aquel montoncito de nieve mirando el horizonte, pues entonces era que no tenía otra cosa mejor que hacer. Pero no quería, por lo que la sombra continuó su camino austral sin ningún tipo de divertimento ni de contratiempo.

Un tiempo imposible de determinar por cualquier método humano después, la mancha negra informe encontró algo más interesante que dos copos de nieve idénticos. Una figura de algo que podía considerarse humana. Quizá era un arbusto de hojas puntiagudas con una forma rara vagamente humanoide en el que habían quedado enganchadas algunas prendas. Anda que Sindri no había saludado por error a alguno en el pasado. O a muñecos de nieve con sombreros. Con curiosidad, cada vez se acercó más y más y la figura se fue perfilando más y más en el horizonte, hasta crear una espalda sentada en una piedra que, seguramente, debía estar congelada. Pero con la proximidad tuvo la certeza que esa persona debía tener más problemas con el frío de los que imaginó en un primer momento.

Los pegasos de Ilia son reputados por todo Elibe, ¿sabe usted? Suelen viajar en manada, por lo que ver uno solo es una imagen harto extraña. Pero corren tiempos extraños, ¿cierto? – mencionó con una voz suave mientras trataba de adivinar qué estaba observando en la lontananza aquella misteriosa mujer que parecía gritar a los cuatro vientos un desafío al frío invernal. O bien era aquel pegaso o bien era esa nube de ahí que parecía tener un cierto parecido a una mofeta haciendo el pino royendo una manzana partida por la mitad. Apostó por el pegaso, pero tuvo lista la segunda mención – ¿Que necesita acaso usted un poco de aislamiento térmico, señorita? No dudo de su valor, coraje, aplomo, brío, valentía ni arrojo pero quizá su indumentaria no es la más… adecuada al tiempo de Ilia. – señaló la gruesa capa que llevaba cubriéndole las espaldas. Quizá no fuera la última moda en las cortes de Etruria, pero el muchacho podía asegurar no notar el frío. Bueno, lo notaba un poco. Un poco mucho. Pero lo notaba mucho menos que si no llevara la capa.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu el Dom Abr 15, 2018 12:24 am

No sabía cómo reaccionar a lo que acababa de presenciar, dejando que su mente se perdiera años atrás.

¿Qué hubiera pasado si nunca lo hubiera acompañado en sus viajes? O más bien... ¿qué hubiera pasado si hubiera ido con él la última vez? ¿Si él le hubiera dejado...? ¿Podría haberlo protegido? ¿Habría muerto con él?
Sacudió su cabeza, sacándose aquellos pensamientos de la cabeza. Siempre que volvía a ver algo que le recordaba a él, eso pasaba. ¡Lo odiaba! Las últimas semanas no había dejado de darle vueltas a todo, habían sucedido demasiadas cosas que retaban la fuerza interior de Khigu.

El suspiro salió de su garganta junto a una pequeña nube formada por su cálido aliento contrastando con las bajas temperaturas del lugar. ¡Tenía que centrarse en lo que había venido a hacer!

La albina asintió con la cabeza, por reflejo al escuchar la voz externa. Tiempos extraños, sí... Aunque, ¿qué quería decir con reputados? ¡Qué palabra más extraña!
...Espera.

- ¡! -se giró, levantándose de inmediato tomando su hacha con una mano. Estaba aún algo apartado de ella, pero había sido bastante descuidado por su parte abandonar su estado de alerta... ¡había fallado como cazadora! Aunque quizás es que tampoco esperaba encontrarse allí algo que no fueran silentes.

Y ahí vio al extraño tipo que, de no haber sido porque había hablado, lo hubiera confundido con una chica; piel pálida, delgado y con un corte de cabello particular... demasiado recto y cuidado, ¿acaso era alguna clase de noble? Aunque sus ropas no destacaban como para tanto. Pero esperó antes de juzgar más, ya que parecía que no iba armado, así que bajó el hacha.

- ¿Huh? -Y pronto, lo que volvió a salir de su boca no fue nada más y nada menos que una especie de halago... o algo así. Aunque ahora que decía aquello, no sabía si estaba, por el contrario, metiéndose con su aspecto. Si era así... ella haría lo mismo, ¡estaba acostumbrada! Aunque debía reconocer que le habían gustado aquellos adjetivos. - ¡¡El frío no es nada para mí!! Esto abriga más de lo que parece, ¡y no es la primera vez que paso por Ilia! -comentó, orgullosa. Aunque por el contrario, él sí que tenía razón. Su estado no era como antes, ni llevaba la capa de pelaje de oso que solía ponerse en aquel entonces, ¡la echaba de menos! Si no que además, con sus costillas aún rotas, estas chirriaban al sentir el aire gélido por encima de la piel de su costado. Pero, siempre y cuando se volviera a mantener en movimiento, no habría ningún problema. - Yo que tú me preocuparía más por tu... -flexionó brevemente su brazo libre- constitución. -por no llamarlo flacucho, en la tela de sus ropajes se arrugaba lo suficiente para ver que el extraño no poseía precisamente un cuerpo de guerrero. ¡Y mucho menos como ella!

Pero algo parecía tener él, que no era exactamente ropajes de más, que no poseyera ella. Y era lo que le había llamado la atención desde un principio. Se reincorporó bien, recogiendo la carne seca que previamente había dejado caer. - Ey, ¡dime! ¿¿Sabes más de los pegasos?? -se acercó a él demostrando bastante interés.

Habían muchos significados que la tribu les daba a los pegasos. Si ya de por sí los caballos eran sagrados, estos mismos seres con alas eran algo especial, ¡que rozaba la descripción de la diosa unicornio! Aunque no hubiera visto a ningún unicornio, y nadie del exterior tampoco... Pero ¡la leyenda decía que existían!, y ella creía fervientemente en eso.

- Es deshir... eresh de aquí, mmñ... ¿verdad? -preguntó mientras mordisqueaba la tira de carne seca sin ningún pudor.

No es que supiera reconocer si los de Ilia tenían un acento, pero entre eso y que sabía de pegasos... De otro modo no se explicaría qué haría un tipo como él en medio de aquellas montañas congeladas. Aunque también... cualquier otra persona la hubiera ignorado.
A menos que fuera un bandido.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Mar Abr 17, 2018 3:53 pm

El muchacho sonrió ampliamente. Había algo en el tono de aquella mujer que le recordaba al que un niño pequeño usaría para negar fehacientemente que no había cogido ninguna galletita de la cocina. Había algo en aquella conversación que le daba un cariz onírico, quizá la extraña manera de expresarse de aquella señorita que, según ella, ya había estado en Ilia en el pasado. Preguntarle si se había perdido parecía una nimiedad, pues – Mis disculpas, pues, no pretendía ofenderla. No era más que una simple pregunta de un exhausto y cansado viajero a otro viajero. – Ilia era el lugar más frío de todo Elibe, por lo que la gente que la visitaba de otras partes solía prepararse a consciencia para visitarla. Ropa de abrigo, carruajes con mantas extra y pieles en sus paredes de tela y comida seca y salada que aguantase por mucho tiempo en caso que tuvieran que hacer una parada de emergencia por una ventisca, entre otras muchas cosas – Aunque me alegro de oír que abriga más de lo que aparenta…  ya que no parece abrigar en absoluto. ¿Que le interesaría una capa mullida? Debo tener una de repuesto por aquí… – los instintos de uno que ha sido criado en una corte le llevaron a ofrecer a la damisela algo de ayuda automáticamente. Pero por suerte tuvo la suficiente mano diestra para disfrazarlo de la ayuda que un viajero ofrece a otro por la amabilidad y compañerismo de los que están en rumbo a algún lugar.

Tras oír que la mujer se preocupaba por su “constitución” no pudo sino echar la cabeza atrás y soltar una risa cristalina, como si hubiera escuchado un buen chiste. No sabía exactamente si lo que le había hecho gracia era que la mujer tratara de usar sutileza y consideración en sus palabras pero que el gesto de su brazo actuara de dedo acusatorio. O el hecho que sí, Sindri prefería ser visto como alguien flacucho y esmirriado, débil incluso, cuando el hecho de haber usado la Magia Arcana durante años había hecho su cuerpo sorprendentemente resistente para alguien sin mucho músculo. Nadie sospechaba nunca del bibliotecario. Exbibliotecario – ¡Qué vista más aguda tiene usted, señorita! Sí, no puedo negar que me falte… “constitución”. Pero en mi oficio no se desarrolla tanto esto… – dio un par de gráciles golpecitos con el dedo de su mano derecho en su brazo izquierdo, justo en el lugar que deberían estar sus bíceps – … sino esto. – levantó el brazo y con una sonrisa ladina golpeó su sien con el índice un par de veces – Agradezco su preocupación, no crea usted. Lo que pasa es que no tengo mucho tiempo que dedicar a la gimnasia y otros quehaceres físicos… – se llevó la mano al mentón disimuladamente y alzó la vista al cielo, como perdiéndose en sus pensamientos. No era alguien al que le gustaba esforzarse, precisamente, por lo que si podía encontrar motivos para quedarse quietecito en una silla o en un sofá no tenía inconveniente alguno en hacerlo. Y siempre los encontraba.

El muchacho era del parecer que la curiosidad era una virtud, por lo que se dispuso a responder de buen gusto la pregunta sobre los pegasos de la señorita que no parecía tener reparos en comer algo que cayó al suelo, no sin antes añadir – No puedo decir que los pegasos entren mucho en mi ámbito de investigación, pero trataré de responder lo que esté en mi mano. – a ver, a ver, pegasos, pegasos… la verdad es que eran animales muy agresivos que parecían tener una vendetta particular con los hombres. Pero si había algún lugar con toneladas de información sobre esos caballos alados, esa era la Gran Biblioteca de Ilia – Veamos… los pegasos no son simplemente caballos alados como muchos afirman, sino otro animal completamente distinto. Un caballo no suele vivir mucho más de veinte años, pero un pegaso es capaz de vivir durante generaciones. No es inusual que el pegaso de una abuela pueda servir perfectamente a su nieta sin mostrar ningún indicio de vejez, por ejemplo. – no creyó necesario decir que los pegasos odiaban a las personas de sexo masculino y no les dejaban ser sus jinetes, eso ya lo sabía todo el mundo de Elibe. Quizá le interesara una pieza de información menos conocida como por ejemplo… – ¿Sabía usted que los pegasos vuelan cabalgando sobre el aire? Mucha gente cree que se impulsan con sus alas, pero simplemente las usan para planear sobre el aire.

Verdaderamente, era una visión muy particular la que se estaba acercando. La damisela podía asegurar y reasegurar que aquella ropa abrigaba, pero cubrir, lo que se dice cubrir… ¡Si le dejaba el abdomen entero al aire! Un abdomen tonificado y bastante musculoso, todo sea dicho de paso. Igual que los muslos. Muy, muy, muy tonificados. Y muy, muy, muy al aire libre. Ejem. ¡Uy que adorno más bonito tenía en la cabeza! Obligó a los ojos a despegarse bajo amenaza de forzarles a leer el libro más aburrido que encontrase y a mirar aquella diademita tan cuca que parecía el cuernecito de un unicornio. Los mismos unicornios que aparecían en los cuentos que su madre le contaba de pequeñito – ¿Eh? ¿Qué? ¿Si soy de Ilia? He vivido unos pocos años aquí, si le soy sincero, pero a día de hoy… – si bien había sido su lugar de residencia no consideraba este país como hogar. Pero no podía evitar que le diera algo de pena verlo de este modo – He regresado un tiempo, pero hoy por hoy no tengo hogar ni residencia. Pero puedo darle algo de información sobre Ilia si la necesitase.
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Re: [Campaña de liberación] Tras la pista [Priv. Sindri]

Mensaje por Khigu Ayer a las 11:00 pm

No era la primera ni última vez que la gente le comentaba cosas por el tipo de prendas que llevaba... ¡pero que para ella eran cómodas! Así se podía mover mejor. Además, la piel del chaleco, el pelaje, el cuero de los protectores del brazo... todo eso ayudaba a mantener su temperatura corporal, no importaba si hacía calor o frío.

Levanto la ceja; si era de repuesto... ¿por qué no la llevaba él encima? ¿Era un comerciante, quizás? No tenía dinero ni tenia la paciencia para aceptar algo que no se había conseguido ella misma. Además... ¿por qué iba a interesarse si no en ella?
- ... ¿Me ves con cara de llevar alguna moneda encima? -murmuró. De todas formas, ¡abrigarse mucho más era de débiles! Y le molestaría a la hora de pelear, que para eso había venido, al fin y al cabo.

Y entonces, su risa rompió por completo cualquier esquema que ella se hubiera esperado, como la molestia ajena o el ser ignorada por tal. Definitivamente en su rostro se leía su sorpresa. No siendo sólo eso si no que... ¡le había seguido el rollo! Ella no pudo evitar también soltar una risa. - Aham. ¡Claaaro...! Pero bueno, si pensar mucho te hace mantenerte en caliente, adelante~ -encogió los hombros con una pequeña sonrisa. Eso significaba que poseía extensos conocimientos, hecho que en un momento comprobaría.

Su cuerpo recto, sin moverse ni pestañear siquiera. Ella lo escuchaba muy atenta, como el fiel canino que esperaba al pequeño premio que le otorgaba su dueño, pues le encantaba aprender cosas nuevas, y no solía tener la oportunidad de saberlas por gente ajena. Y él... no parecía tener ningún reparo en contárselas, es más... ¡en mantener una conversación con ella!... ¡Y en medio de la nada! Eso sí que era una estampa extraña de ver, y no esos paisajes nevados que los rodeaban.
Sin querer interrumpirle, en su cabeza se formulaba todo tipo de preguntas, sobretodo aquellas que tenían que ver con las diferencias que ella conocía. ¡Era obvio que los caballos y los pegasos eran distintos! Pero en su cultura, sí eran del mismo tipo, venían de la misma rama animal... por lo que no sólo seguían siendo sagrados, si no que estaban más cercanos a los semidioses, aquellos que lo veían todo; las nubes y el cielo.
- Ah... ¿"servir"? -puso mala cara al escuchar aquello. Sí, sabía que habían caballeros que también montaban pegasos y no solo caballos, que no es que le hiciera mucha gracia pero jamás usaría una palabra como esa. Ella era del tipo que pensaba que, en caso de montarlos, tenía que ser el animal sagrado quien eligiera a su jinete, como había sido el caso de su pequeña amiga años atrás.
Pero el breve amargor desapareció al terminar de escuchar la nueva información, tanto, que parecía que sus ojos brillasen. - Eso... ¡¡eso es genial!! ¡Sabes mucho más de lo que me esperaba! -Que era nada, tenía que reconocer... teniendo en cuenta que jamás externo a su tribu le había contado mucho más que alguna frase con desgana. - Hmm... al final sí que es cierto que tu músculo de la cabeza sí que estaba trabajado. -rió al imaginárselo haciendo flexiones con el cerebro.
Y por suerte para el pelimorado, aún estaba demasiado ocupada pensando sobre todo aquello que había aprendido, que no se fijó en las miraditas que le echaba. Algo que la solía molestar.

Oh, no tenía hogar... eso para un "civilizado" sólo podía significar un par de cosas. O que le hubiesen echado... ¿o habrían sido los emergidos que también se lo hubiesen arrebatado? Con el estado actual de ese país, no era nada extraño eso. Y el joven no tenía pinta de la primera opción de todas formas.

- ¿Sobre Ilia? Nah, no exactamente. -miró hacia el camino por donde había venido- Pero quizás... -volvió a dirigir la vista hacia él- ¿has visto por aquí emergidos con bandera de... Regna Ferox? -preguntó, con un tono de voz más serio. Aunque le bastaba cualquier grupo emergido, esos eran los que habían huido del campamento Lorca. Los que había jurado perseguir y acabar con ellos en honor a su mejor amiga.
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