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[Campaña de liberación] Fuego en el mar y acero en el aire [Suryha, Alice]

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[Campaña de liberación] Fuego en el mar y acero en el aire [Suryha, Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Mar Abr 03, 2018 7:23 pm

Una noticia inquietante había estado circulando por todo Mitgard durante las últimas semanas, pasando de boca en boca rápidamente entre los comerciantes marítimos. La aparición de una flota emergida había agravado la ya de por si dura travesía por mar de las tierras del norte. Sus objetivos no estaban definidos, sin embargo, pues los avistamientos de dichos navíos habían sido escasos y en condiciones meteorológicas poco favorables. Todos los testimonios apuntaban a que simplemente estaban deambulando por el estrecho que separaba Silesse de Mitgard, en ocasiones se los divisó ocultándose en las pequeñas islas del centro del mar, mas no se sabía con exactitud el número de navíos y efectivos. Tampoco su objetivo final, solo aproximaciones de cuales podrían ser sus rutas a partir de las localizaciones de los avistamientos confirmados. La actividad se concentraba en la zona este de Mitgard, donde quedaba más cercana la isla con el país continental de Silesse, y del mismo modo con las demás pequeñas ínsulas.

Los rumores habían generado una polémica en la bahía este, con una relevancia que llegó hasta zonas más céntricas del país. Con la actividad marítima puesta en peligro, eran muchos los interesados en solucionar el problema emergido, pero la voluntad popular se fragmentó en varios bandos que no se ponían de acuerdo. Mercantes, pescadores y cazadores de ballenas discutieron durante días sin descanso, tratando de convencer a la mayoría de que su punto de vista era la mejor aproximación de la solución. Un grupo relevante de personas proponían invertir parte de sus gastos en contratar barcos militares para establecer un perímetro de seguridad, manteniendo una actitud conservadora ante el problema. Por otro lado, los más beligerantes preferían salir en busca de la flota fantasma y hundirla con sus propias manos. Los buques balleneros más grandes eran capaces de albergar una gran cantidad de hombres, con cascos y mástiles de gran resistencia, poco o nada tenían que envidiar a los navíos de guerra. En resumen, ambas opciones eran igual de válidas, pero era necesaria la colaboración de todos para tener opciones de éxito. Por el momento, nadie daba su brazo a torcer.

En principio, Alice no tenía ningún interés en participar en el rifirafe de los marineros, pero una noticia reciente la convenció para que tomara partido en los sucesos de la costa de Mitgard. De nuevo, unos comerciantes detectaron la flota emergida navegando, pero esa vez su orientación y rumbo hacía pensar que pasarían muy cerca de la costa Mitgardiana. Ante el potencial e inminente peligro no existía diferencia de opiniones. Los milicianos de la cosa este se reunieron para reforzar las defensas de la playa ante una posible incursión emergida. Con ellos llegaron otros tantos de poblaciones más continentales, todos esperando el avistamiento de los temibles barcos enemigos. Nadie sabía si intentarían atacar Mitgard o sólo estaban de paso, la única certeza residía en que transitarían tan cerca de la cosa que sería posible divisarlos desde tierra.

Mientras aguardaban a la llegada de los emergidos, los dos bandos reconciliados volvieron a reavivar el debate con mesura. Los barcos de los balleneros podían hacer tanto de barricada como de ariete, comenzaron a deliberar si sería buena idea abordar a los emergidos si éstos no intentaban desembarcar ahora que también contaban con refuerzos del continente. La jinete de pegaso estimó un número aproximado de ciento cincuenta hombres y mujeres reunidos en el improvisado campamento costero. La mayoría marineros de diversa índole, pero también había un buen puñado de soldados, jinetes, arqueros, además de media docena de jinetes de pegaso.

Alice se mantuvo ajena de cualquier asociación, manteniéndose apartada en la medida de lo posible. Tenía intención de trabajar de forma independiente en la batalla si ésta llegaba a producirse para que sus acciones solo estuvieran supeditadas por ella misma. Centró su atención más en la despejada panorámica del mar, sutilmente agitada por un débil viento y enturbiada por la fría bruma matutina, que en el movimiento del campamento pues saber la cantidad de enemigos la intranquilizaba más que las estrategias que se discutían en la comuna de la milicia.
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Re: [Campaña de liberación] Fuego en el mar y acero en el aire [Suryha, Alice]

Mensaje por Suryha el Vie Abr 06, 2018 5:58 am

Solo se enteró del devastador hecho de que barcos emergidos se acercaban desde el mar que lindaba con Silesse. Habían usado las islas restantes para esconderse durante todo ese tiempo, probablemente recogiendo fuerzas para atacar y acabar con la Isla Nitfheim, con Mitgard mismo y lo que durante todo ese tiempo habían logrado conseguir y al mismo tiempo perder. Sabía ya de antemano las palabras de Brynjar, sus órdenes, sus intenciones, el odio palpable por aquellos seres grises, al igual que el propio.

De la misma forma sabía que de enviarlo a algún lugar a luchar, y si él no podría acompañarlo, lo enviaría con soldados, a pesar de que Suryha no le veía la lógica en el asunto: se trataba de un Dragón, un Manakete más precisamente, o asís e empeñaban todos en hacerle creer y, si más de uno caían en la cuenta que usar una piedra para tomar su forma ancestral no era cosa de un dragón cualquiera. Como fuese, la idea de estar preocupados por un Manakete... Era casi estúpida, quizás porque era orgulloso y no lo permitiría, o terco directamente, cosa con la que probablemente todos estarían de acuerdo.

Fue por ese principio que ignoró la petición del mismísimo Jarl, subió hasta lo alto del castillo Asgard, observó desde allí, a pesar del viento que soplaba, en dirección a la bahía y, antes de que alguien pudiese parar sus acciones, sacó la dragonstone que llevaba en el interior de su ropaje. La sostuvo ante sus ojos y no tardó en avanzar, en silencio, casi como una acción suicida y dejarse caer en el vacío. La luz aun así lo envolvió, y antes de tocar el suelo como tal, unas enormes y peculiares alas de un verdoso color se movieron con fuerza, levantándose del suelo por el susto de los pasantes.

Otros fuertes aletazos y ya estaba en dirigiéndose en dirección a la bahía, llegaría, sin duda alguna, antes que a pie, con el frío propio de aquella nación y su frágil cuerpo antropomórfico avanzando. De aquella forma, un dragón de más de tres metros de altura, una mancha perfectamente visible en el cielo, las cosas eran mucho más simples. Y aun así, desde lo alto del cielo, hizo dificultad en percatarse de si habían o no barcos emergidos acercándose a Nitfheim, probablemente por estar usando los icebergs a su favor. Pero, lo que sí vio fue el pequeño batallón allí dispuesto a la lucha y, tras gruñir con fuerza  suficiente para hacerse escuchar, se dispuso aterrizar.

Buscó un lugar algo más alejado del resto, necesitando espacio para su forma dragónica y lo encontró al lado de una jineta de pegaso, ella también alejada del resto del grupo. Aterrizó poco más atrás, para tener espacio suficiente para acercarse, caminando hacia aquella zona mientras plegaba sus alas membranosas a su espalda. Se posicionó a un lado de la mujer y acurrucó su cola a la par que se agachaba, pegando al suelo su estómago escamoso– Hola, pequeña humana –Pronunció, agachando su cabeza entre sus patas delanteras, sus ojos  dorados menos las rasgadas pupilas negras se fijaron en la mujer y parpadeó– ¿Sabes contarme sus planes? –Por si tenía que permanecer atento a algo... O simplemente podría hacer lo que le plazca.

No les prestó atención a los demás, sorprendidos por su llegada, pero aparentemente conocientes de alguna que otra historia acerca de un dragón sellado en las profundidades de la tierra... O algún dragón que destruyó parte del castillos pocos años atrás al luchar contra la madre del Jarl, la hermosa pero cruel dragona blanca Freiya.
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Re: [Campaña de liberación] Fuego en el mar y acero en el aire [Suryha, Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Lun Abr 16, 2018 3:19 pm

Su concentración era férrea y su voluntad indoblegable, por mucho que los fantasmas de su pasado sobrevolaran su mente para traer en ella la intranquilidad de malos recuerdos. Con el tiempo llegó a la conclusión de que sólo luchando podría sobreponerse a ellos. Tratando el problema de raíz, con cada batalla que libraba, con cada angustiosa nausea que lograba controlar, sentía que podría superar el trauma que llevaba arrastrando un largo tiempo. La batalla que le esperaba ese día era especialmente importante, una cuyas dimensiones eran destacables si los rumores estaban en lo cierto. El caos estaría asegurado, tal y como ocurrió en la caída de Regna Ferox. Era la oportunidad perfecta de demostrar el cambio que había sufrido desde entonces, el sólo pensar en aquello le producía una aceleración del pulso y sudoración en las manos. Negó con la cabeza, reorientando sus pensamientos a un cauce seguro, distrayéndose con el trasiego del campamento y el numeroso grupo de personas que seguían debatiendo sobre qué hacer con la amenaza emergida.

En ese contexto, un inesperado rugido que provino del cielo alertó a todos los milicianos de la llegada de un nuevo integrante en el equipo. Uno especialmente inusual, y no necesariamente recibido con alegría. Un enorme dragón aguamarina sobrevoló el acantonamiento ante la sorpresa de algunos y estupefacción de otros. Su imponente presencia junto a la gran sombra que proyectaba en el suelo logró asustar a muchos animales, incluido el pegaso de Alice, quien tuvo que sujetar firme la riendas para controlar su intranquilidad. Aún así demostró templanza en no salir desbocado del lugar, pues el draco no tuvo otro lugar mejor para aterrizar, lo hizo a escasos metros de la Valkyr. Miró al dragón con indiferencia en un inicio, que se tornó en notable molestia cuando el antiguo le dirigió la palabra. No le importaba su gran tamaño ni sus peligrosas garras y dientes, tampoco ese llamativo iris dorado incandescente que se clavó en ella. Alice mantuvo la mirada, con un semblante poco amigable a aquél que había osado llamarla pequeña, ya fuera por su juventud, su escasa estatura o su falta de fuerza si se comparaba con la majestuosa criatura.

Viendo un gasto de energía innecesario devolverle el saludo tan poco cortés, pasó directamente al segundo punto. - Si estás aquí, supongo que ya sabes qué hacemos aquí. - Contestó cortante en primera instancia, dejando de mirar al dragón para revisar cómo estaban los ánimos en el centro del campamento. - Están decidiendo si atacarán a los emergidos si no lo hacen ellos, los vemos, claro. - Había pasado un tiempo considerable vigilando las gélidas y brumosas aguas, sin rastro alguno de movimiento desde entonces. - Sospecho que ahora que estás aquí la acción ofensiva tendrá más partidarios que antes. Si es que no sólo has venido a observarnos. - Comentó, con un deje de acusación en su tono al final de la frase. - Y eso es todo lo que se. De todos modos, no es que yo forme parte de su grupo. He venido a ayudar por mi cuenta. - Aclaró, desvinculándose así de cualquier relación con el conjunto de hombres de mar.

- ¿Qué hay de ti? ¿Crees que de verdad vendrá tal cantidad de emergidos a Mitgard? ¿Y de ser así qué harás al respecto? - Interrogó al reptil sin mostrar duda o reticencia en elegir sus palabras. Con respecto a la lucha contra la amenaza emergente todo eran iguales, daba igual el género, la raza o el poder de cada uno, todos compartían el mismo objetivo.
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Re: [Campaña de liberación] Fuego en el mar y acero en el aire [Suryha, Alice]

Mensaje por Suryha el Miér Abr 18, 2018 5:03 am

Por su parte, la actitud de la muchacha le parecía curiosa, su tono tan confiado, cortante, como si no tuviese mucha intención de hablar con él de todas formas. Cerró sus ojos, membrana sobre otra capa membranosa, agachó su cabeza, extendió sus patas hacia delante y se recostó sobre el suelo. Su cabeza terminó apoyada sobre ambas patas delanteras extendidas al frente, como un enorme perro. Incluso su cola siguió moviéndose de un lado a otro, balanceándose, lento pero constante.

Escuchó solo las palabras de la muchacha, los demás estaban demasiado sorprendidos, o quizás asustados, como para acercarse a él y decir algo. No siempre se veía un dragón y por aquellas gélidas tierras la voz se propagaba, aquella vieja historia de hacía pocos años, en la que dos dragones lucharon en el aire y destruyeron casas e incluso parte del palacio. El dragón de las profundidades de la tierra que había sido perdonado por el Jarl y que ahora solo escuchaba sus órdenes, sin dudarlo ni un instante.

Su cola dejó de moverse y casi rodeó a la jineta con ella, como un escudo protector de alguna forma, pero en realidad no era más que un acto reflejo– Hnm... Sí, pero yo solo escuché voces, preferí preguntar a alguien que estuvo aquí antes que yo –Fue su escueta respuesta al respecto. Su voz cavernosa, que fluía a pesar de no abrir sus grandes fauces. Tenía que mantener un tono bajo, por el mero hecho de no alarmar a nadie al levantar la voz en aquella forma. Pero, inevitable, ante su afirmación rió levemente en bajo, su garganta vibró con suavidad.

¿Entonces por qué estás ayudando a Mitgard? –Venía sin compañeros, sin amigos ¿Acaso sería propia de aquellas tierras? ¿Tendría familia esperando por ella? ¿Venganza? ¿Amor? Entreabrió sus ojos, giró su rostro alargado hacia la muchacha y permaneció unos segundos en silencio antes de volver a mirar hacia lo lejos, hacia el mar. Sus ojos no lograban ver nada, pero un sentimiento comenzaba a resonar en su cabeza, como una alarma, a pesar de que aún no entendía qué podía ser.

¿Yo? –¿Qué haría al respecto? ¡Que pregunta ingenua!– El Jarl me pidió dar una... –Levantó su cabeza, por un instante, la seriedad propia de una bestia se volvió hasta casi cómica– ¿mano? ¿pata? Lo que sea, me pidió ayudar –Bufó, expulsó el aire de sus fosas nasales– Y es lo que pretendo hacer. Aniquilaré a todo aquél que llegue aquí con malas intenciones y protegeré las tierras de Brynjar –Y esa podía considerarse una amenaza.

Una amenaza hacia todo aquél que pisara tierras heladas con intenciones oscuras, para todo aquél que intente terminar con Mitgard, con su gente, con su Jarl, con su casa, su hogar. Y debían de temerlo, acabaría con todos y cada uno de aquellos seres, emergidos, humanos o laguz por igual. Y la única persona con la que dudaría... Ella ya no se encontraba en ese mundo. Sonrió y entreabrió sus fauces.

El sentimiento se hizo más poderoso, como un cosquilleo molesto. Se enderezó, lento, pero firme y dirigió al frente su atención. Entrecerró sus ojos y al final, extendió sus alas, cuan largas eran, por encima de todos los demás, casi como llamando su atención– Vienen –Fue su simple afirmación.
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Re: [Campaña de liberación] Fuego en el mar y acero en el aire [Suryha, Alice]

Mensaje por Alice Schuberg el Lun Abr 23, 2018 2:59 pm

La jinete observó de reojo los movimientos del dragón, no muy de seguido, intentaba mantenerse centrada en detectar posible movimiento en el horizonte. El enorme tamaño del draco hacía sencillo saber qué estaba haciendo con un rápido vistazo. Fue inevitable para ella arquear una ceja ante la extraña actitud del manakete, el cual había adoptado una pose de lo más desenfadada. En cierto modo, le molestaba que se tomara la libertad de relajarse en los momentos previos a una posible batalla, lucía irrespetuoso e infantil a partes iguales. No obstante podía entender, aunque mínimamente, el origen de ese comportamiento. El poder de su raza, su longevidad y su arcaica pero apacible forma de ser les aportaba una visión del mundo muy distinta a la humana, o eso quería creer Alice. Había conocido a uno como él antes, y consiguió eliminar a multitud de emergidos sin dificultad alguna, ¿Quién podría estar tenso siendo consciente de su arrolladora fuerza? Un exasperado pero silencioso suspiro fue emitido por la jinete de pegaso, viéndose forzada a transigir su comportamiento.

Que poco después rodeara a su montura con su alargada cola no hacía fácil que pudiera tolerarlo. Ya se le hacía difícil mantener a su pegaso calmado con un dragón a su lado, apegó sus piernas al animal para tratar de canalizarle su serenidad. No ofreció respuesta alguna a su explicación, dando por supuesto que sus palabras eran suficientes para dejar el tema por zanjado. Quería confirmar la información que tenían hasta el momento, era una explicación válida para la joven Schuberg. No obstante, no esperaba la pregunta de vuelta. - ¿Por qué ayudo? - Repitió la pregunta, incómoda, más no era por la supuesta impertinencia del dragón, si no desconocer un motivo concreto por el que estaba luchando. - No tengo relación con ellos, pero eso no quiere decir que no me importe Mitgard. - Respondió con sinceridad, pero no mostraba seguridad plena en sus palabras, no podía encontrar una respuesta honesta. - Soy de aquí, de Silesse. Si se ha de luchar lo hacemos, es lo que hemos aprendido. - Quiso convencerse de aquello, entrecerró los ojos para afilar su vista y concentración.

- El Jarl... - Susurró, era curioso que después de encontrarse con él en el templo de las montañas se encontrara con un manakete que seguía sus ordenes. Nuevas preguntas surgieron de aquella información: ¿Por qué no estaba allí? Si la amenaza era tan considerable, hasta el punto de mandar a su compañero a la batalla, veía razonable que se presentara él mismo a gestionar el asunto. Quizá fuera la lejanía o asuntos igual de importantes los que le impidieron acudir. - Sabiendo que lucharás, deberíamos atacar tan pronto como los divisemos. Puedes destrozar varios barcos con tu aliento antes de que lleguen a tierra.  - Si es que decidían desembarcar y no pasar de largo, de una forma u otra, el resultado era el mismo. - He visto con mis propios ojos de lo que sois capaces. Aparte de jinete de wyverns y pegasos, los emergidos no tienen nada con lo que contrarrestarte en el aire. - Desconocía la debilidad natural de los dragones a la magia, mas ella y las demás jinetes de pegaso eran capaces de lidiar bien con aquellas amenazas. - Aplastando sus navíos, da igual cuantos soldados estén siendo transportados, la amenaza será destruida antes de que puedan causar estragos. - Sentenciaba con cierta agresividad, con un aderezo de entusiasmo y confianza.

Esperó la respuesta del dragón a sus expectativas, pero ésta nunca llegó. A cambio, una alerta del antiguo fue enunciada. A pesar de la densa niebla que los hacía invisibles, él fue capaz de sentir su llegada. Afilo su vista de nuevo, tratando de detectar con su ojo sano los barcos emergidos, pero nada. Sólo el resonar de las campanas del faro, a un kilómetro de distancia, terminaron de alertar a la jinete. En el campamento se formó un caos notable, gente acudiendo a sus tiendas a recoger sus armas, mientras los cabecillas de la milicia empezaban a coordinar a sus subordinados más cercanos. Marineros, desatando nudos y reforzándo mástiles, mas la discursión de si atacar o mantenerse a la defensiva seguía resonando entre el bullicio. Desde tierra aún no se divisaban los barcos más allá de tenues sombras, algunos temían que se tratara de una trampa. - Tsk. - Carraspeó. - Parece que llega el momento. Deberíamos saber nuestro nombres. - Inquirió mientras ponía a punto los encajes de su armadura y las ataduras de sus bridas. - Confío en que tu oído escuche mis gritos aunque se mitiguen con la velocidad y el viento, del mismo modo, confío en que tu voz será lo suficientemente potente. Me llamo Alice Schuberg, me mantendré cerca tuya para darte el apoyo que necesites. - Su intención había sido la de mantenerse al margen de todos, mas sería estúpido no valerse de la presencia dracónida para aumentar sus posibilidades de supervivencia, a la par que lo ayudaría a defenderse de amenazas más pequeñas y móviles, como podían ser otros jinetes de pegaso o wyvern, o los magos que atacarían desde las cubiertas navales.

- Si sales al ataque, estoy segura de que todos te seguirán. ¿Y bien? ¿Cumplirás tu palabra de defender a Brynjar?
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Re: [Campaña de liberación] Fuego en el mar y acero en el aire [Suryha, Alice]

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