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[Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

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[Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Dom Abr 01, 2018 8:56 pm

La carreta seguía y seguía su paso inexorable por el que, seguramente, sería uno de los pocos caminos que todavía quedaban intactos en Bern. Una marcha de todo menos suave puesto que un camino intacto no implicaba necesariamente un camino liso.

No era una carreta especialmente grande, pero sí era más espaciosa que la que empleaban los miembros de la troupe con la que viajó años ha por medio continente de Elibe. Madera gastada pero resistente, cuatro enormes ruedas con sus ejes y una cubierta de algún tipo de cuero creaban un habitáculo algo sombrío pero acogedor, a su manera. Al menos acogedor para el que conoce de carruajes. Dos caballos tiraban del carro dirigidos por su conductor. Tres carros conformaban la comitiva. Tres tristes carros a baja velocidad. Seis pezuñas que rompían constantemente el silencio sepulcral que se había instaurado ahí. ¿Quizá la gente estaba aburrida? ¿Quizá la gente estaba durmiendo? Movió su cabeza hasta las cajas de provisiones, comida salada en su mayoría con algunos encurtidos. Si cerraba los ojos, creía escuchar como las verduras en vinagre chocaban las unas con las otras. Abrió el zurrón por decimotercera vez en la última hora y sacó una medio amalgama media colección de papiros, documentos y hojas de papel escritas por ambas caras. Procediendo meticulosamente a ordenarlas una a una, Sindri se preguntó qué hacía ahí de entre todos los lugares del mundo.

Wyverns. Era por los wyverns.

Seguro que, para mucha gente, como por ejemplo la pragmática, fría y profesional Hrist, las campañas militares de los diversos países eran un modo de vida honrado y lucrativo. Pero Sindri prefería mirar las campañas que los lores ofrecían por cualquier causa banal como una oportunidad de tener unas vacaciones con todos los gastos pagados tras las que te entregaban una bolsa de oro por las molestias. Oh, claro que había que seguir algunas normas y compartir su preciado espacio vital con otra gente, pero solían ser mercenarios reservados o grupos de cazarrecompensas que no tenían mucho trato con los otros. Normalmente era una misioncita o dos en las que podía probar algunos hechizos nuevos en un entorno controlado… es decir, que como usuario de las artes mágicas que era tenía el privilegio de estar en segunda línea de batalla, un poco lejos de las armas punzantes y cortantes. Quizá alguna flecha llegaba hasta él, pero eso sólo cuando había arqueros de por medio. Y lo mejor es que, puesto que tantos nobles que hoy en día necesitaban ayuda, podía elegir el lugar de destino.

Tras abandonar Ilia escuchó noticias que en Bern se requería gente para echar a los Emergidos del país… ¡Si sólo Ilia tuviera la misma suerte! Pero claro, Ilia no tenía ningún noble suficientemente poderoso para enarbolar una bandera. Seguramente todos estarían en alguna corte de Etruria, disfrutando del vino y del buen tiempo. En fin, Bern. El país más militarista de todo Elibe necesitaba ayuda, una ironía que Sindri captó desde el momento que se presentó en el centro de reclutamiento. Parecían suficientemente desesperados como para aceptar a alguien con la capacidad de esgrimir la Magia Arcana porque, en menos de medio día, ya tenía un lugar reservado en la primera caravana que marchaba para alguna de las inhóspitas montañas de Bern.

Probar nuevos maleficios contra los Emergidos no sonaba del todo mal, especialmente cuando tus avances en las Artes Arcanas eran recompensados con oro, pero Sindri había elegido Bern por una razón: estudiar los wyvern en su hábitat natural. Sí, los wyvern habían sido una constante en su vida desde hace algunos meses. Desde el fatídico encuentro con un enorme wyvern ahí en Bern, había podido conocer a multitud de aquellos adorables animalitos escamados. Le venían a la mente el vetusto Koro, que parecía valorar en gran medida el descanso y las siestas, o el expresivo Logi, el cual se prestó para ser su montura para volar hasta Elibe. Ambos dos habían aceptado de buen grado sus galletas, por lo que el taumaturgo se había asegurado de comprar un buen número de ellas antes de salir en busca de tales animales.

Bern era el lugar de referencia de Elibe sobre los wyvern, a fin de cuentas. Pero desde el inicio de su trayecto, Sindri no había visto ni rastro de aquellos animales desde que la caravana entró en el país. En cada descanso que hacían trataba de estirar un poco las piernas y buscaba con la mirada aquellas criaturas en la lontananza. Pero nada volaba en aquel cielo. Ni siquiera los pájaros. ¿Acaso se habían escondido todos ahora que él venía a verlos?

¿Dónde estarán todos los wyverns…? – musitó con un quedo suspiro tras dejar la pila de hojas de papel organizada delante suyo.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Dom Abr 29, 2018 6:39 am

Tras una feroz lucha por fin se había liberado Bern, durante el transcurso de esta Campaña de Liberación me afilié de nuevo al ejército y, de hecho, tomé el mando durante una operación que había sido un éxito parcial tras lo cual gocé de un merecido descanso y una merecida paga en la que pude hacer cosas. Hace dos días desde que volví a Bern, lo primero que hice fue pasar por mi inmueble, al que no puedo llamar hogar, al aparecer por el pueblo donde se encontraba mi casa nadie se molestó en saludarme, lo cual era un alivio porque yo tampoco tenía demasiado interés. Lo primero que hice fue comprobar el buzón, de entre las pocas cartas me llama la atención la del Ejército, consciente de mis responsabilidades ahora que me encontraba formalmente la abrí, entre mucha paja se encontraba el encargo de una misión de la cual recibiría más detalles al personarme en unos barracones que no se encontraban muy lejos de mi pueblo.

Ahora soy consciente del riesgo en el que me encontraba, existía una gran probabilidad de que no hubiera pasado por mi casa no pudiendo recibir las órdenes y por tanto sería incapaz de cumplirlas, esto me llevaría a ser acusado de desobediencia y Dios sabe las consecuencias que esto podría tener... Sin embargo un recuerdo de la casa me llamaba, y era la vieja despensa de alcohol de mi difunto padre, tras un viaje en el que perdí casi todos mis ahorros me encontraba sin oro para poder comprar mi tónico de supervivencia vital por lo que era menester hacerle una visita rápida a la casa para rellenarme de provisiones.

Tras recoger el alcohol emprendí la marcha hacia el barracón a pie, no se encontraba demasiado lejos y tenía cierto margen para presentarme, por lo que decidí ir a pie para desarrollar una buena musculatura en mis piernas... Ahora que camino por un sendero en mal estado por la anterior destrucción del país cambio radicalmente de idea y me lamento de no haberme subido a cualquier tartana. Presiento que queda poco para llegar, por lo que moralmente me permito beber un poco para aliviar el dolor del camino, así que saco mi bota y doy un gran trago que inmediatamente me hace efecto, mientras camino haciendo ligeras eses todavía guardo razón para intentar adivinar los detalles de la misión: según ponía en la carta la misión era parte de una ofensiva general contra pequeños grupos de emergidos que controlaban pequeños caminos cercanos a la frontera, seguramente en este caso sea una ruta que conecte Bern con Sacae; encontrándose esta última todavía bajo dominio emergido.

La noche empieza a acechar y a lo lejos veo mi destino, sin embargo noto como un fuerte pitido me taladra la cabeza, la visión de los barracones se empieza a desdibujar y mi paso se hace cada vez más pesado hasta que en un punto se hace inaguantable y caigo al suelo, ¡la Náusea! Por suerte ya sé cómo actuar contra ella y el secreto está en no resistirse, sino simplemente dejarla pasar, por lo que me limito a dormir esperando a que a la mañana siguiente pueda despertarme de manera normal.

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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Mar Mayo 08, 2018 1:25 pm

Las horas pasaron tan deprisa como la miel caía de un tarro bocabajo, pero eventualmente el traqueteo de los transportes fue amainando hasta parar en seco con un relincho malhumorado de los caballos de tiro. Aun poniéndose el sol era demasiado pronto para acampar la noche en algún alto del camino y había demasiado ruido fuera para encontrarse en un lugar completamente deshabitado. Estuvieran donde estuvieran de Bern, tenía que ser forzosamente el lugar adecuado.

Los mercenarios y el bibliotecario que se negaba con todas sus fuerzas a utilizar tal título salieron en orden de los depauperados carromatos y tuvieron el dudoso placer de ver con sus propios ojos el campamento base de operaciones del ejército de Bern en aquella zona. Aunque llamarlo campamento era ser muy generoso puesto que a simple vista no era mucho más que unas pocas tiendas remendadas alrededor de una gran hoguera que proporcionaba más humo que calor. Algunas construcciones de madera se vislumbraban detrás de los trozos de tela, construcciones más robustas y menos temporales seguramente reservadas para los verdaderos miembros del ejército de Bern.

Tras esperar media hora más o menos fueron recibidos por un hombre en armadura completa cuya cara gritaba “tengo cosas mejores que hacer que estar aquí” pero su postura y garbo recordaban “aquí mando yo”. ¡Ah, Bern! ¡Un lugar tan militarista pero tan profesional! En Lycia estos soldados estarían riendo y cantando canciones, desafiándose los unos a los otros a concursos de tiro o a combates amigables con armas de práctica. ¿Pero aquí? Los apáticos soldados sólo los miraron una vez para entonces volver a sus quehaceres, con la certeza de poder ignorarlos sin problema alguno. El hombre enlatado en cinco minutos les instruyó sobre su cometido para mañana y les recordó muy elocuentemente lo que se esperaba de ellos… o más bien qué no se esperaba de ellos. Sin mucho más que hacer por el resto de la velada la gente comenzó a dedicarse a tareas triviales y Sindri, que no iba a ser menos, se puso a repasar junto al fuego las normas que el militar exasperado le había tratado de inculcar a los mercenarios.

Los dos primeros puntos eran bastante simples, no importaba de qué nación fueras ni si eras Laguz, pero más te valía armarte de paciencia si descubrían que tenías el maravilloso poder de cambiar de forma. ¿Qué más? Espionaje o traición equivale a encarcelamiento… la solución pues era llevar a cabo espionaje y traición a la vez, entonces. O a asegurarte de estar bastante lejos de cualquier prisión, puesto que lo único que pueden hacerte era encerrarte en tal lugar. O encargarte de todos los militares de Bern de los alrededores, a fin de cuentas sólo las tropas pueden apresarte. ¡Las posibilidades eran ilimitadas! Matar o herir a gente de Bern también era algo que estaba vetado… pero en ningún lugar se prohibía “causar la muerte” o “crear las condiciones para causar la muerte de alguien”. La última era la mejor: habían prohibido saquear pueblos abandonados. Es decir, no estaba prohibido saquear los pueblos habitados. Los que solían tener oro y cosas que vender en un país lejano. Ciertamente, ser un ciudadano ejemplar era extremadamente fácil.

Para su sorpresa, los barracones sí eran para los mercenarios por lo que tuvo acceso a una habitacioncita para pasar la noche. Una habitación bastante modesta, pero al menos tenía una especie de algo que podía recordar a una mesa y una silla estando algo adormilado y un jergón con una almohada bastante dura. El hecho de dormir en una habitación apartada no hizo que bajara su guardia, sin embargo, como el amuleto maldito que puso bajo su almohada pudo atestiguar. Durmió poco y tenso, una noche común y corriente para él, y justo cuando los primeros rayos de sol asomaron por el horizonte el bibliotecario abría la puerta de su habitación y salía a disfrutar de la naturaleza y el silencio rotos por el ocasional ronquido perdido. El truco de despertar pronto y dormir poco era la conversación de la energía: si no hacías nada en todo el día podías permitirte dormir unas horitas sólo. Y Sindri era un experto en no hacer nada.

Un pequeño paseo matutino serviría para abrir un poco el hambre hasta el desayuno y, si bien el hechicero era alguien al que no le gustaba desperdiciar energía, sí que aseguraría que no sería él el que tenía que preparar la comida. Eligió un caminito al azar y dejó que sus pies le sorprendieran con el destino mientras su mente vagaba por el paisaje. Bern era famoso por sus montañas, pero poca gente sabía que también contaba con unos paisajes bastante bucólicos. Unos pequeños bosques desnudos en la lontananza de madera oscura. Unas cuevas tétricas en el saliente de un monte cercano. Lo que parecía un pueblo minero abandonado y medio quemado, todavía humeante. Un cuerpo humano estirado lo largo que era en el camino. Una cosecha de trigo enfermiza y de color malsano. Un pequeño rebaño de cabras escalando una laderita…

Un momento.

No. No eran cabras. Simplemente eran ovejas. ¡Qué confusión más tonta! Sí. Además, el cuerpo parecía pertenecer a alguien vestido completamente de verde. ¿Quizá intentaba mimetizarse con el paisaje? Pues había ido a parar al país con más marrón de todo Elibe. Se acercó con cuidado en caso que aquello fuera una trampa o una triquiñuela de alguna clase. No parecía un cadáver, Sindri juraría que podía verle respirar, pero entonces… ¿Qué estaba haciendo tumbado en aquel lugar? Cogió una ramita del suelo y se acuclilló a su lado – ¡Buenos días dormilón! ¡BUENOS DÍAS! Salió el sol y el barro hace mala almohada. Ahuhuhu~ – si el sujeto no respondía a estímulos verbales quizá, y sólo quizá, se moviera si lo zarandeaba un poco con ayuda del trocito de madera.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Vie Jun 08, 2018 12:36 pm

Una voz interrumpe mi sueño sin ser capaz de discernir lo que me intentaba decir, desorientado, lo ignoro y lentamente me pongo en pie. Ante mí se encontraba un joven con un peinado horrible agachado, seguramente haya pensado que sería gracioso despertar a un pobre hombre de su sueño, aun así, ¡¿por qué demonios la gente lleva peinados tan raros?!

Con un gran dolor de cabeza intento recordar mi cometido allí mientras ignoro al pelo taza, mmm... ¡Sí, claro! ¡Tenía que acercarme al campamento militar para que me asignaran una visión! Afectada mi mente con un gran taladro decido reanudar la marcha que paré anoche ignorando a aquel hombrecillo, presiento que si le doy coba solo se convertirá en una molestia, y en una bastante grande, por lo que lo más sensato será no caer en sus provocaciones y alejarse lo máximo posible del área de influencia de su palito.

En mi marcha noto todavía el cansancio acumulado de la noche anterior, desde luego los sueños en el suelo no son nada reponedores, de hecho tenía un fuerte dolor de espalda y hasta tierra dentro de las orejas que evito quitarme dentro de la vista de aquel desconocido para no causarle más motivos para reírse de mí. Si no recuerdo mal los barracones no se encuentran muy lejos, por lo que al llegar allí espero descansar como es debido para cumplir con las tareas que me encomendaba la patria en mis mejores condiciones, ¡oh cómo me llena de vigor luchar por mis compatriotas y por la grandeza de mi país! No, en realidad me repugna, pero no estoy preparado para llevar una vida de delincuencia y de algún lugar tengo que sacar las perras.

Llego a los barracones, -Don... ¿Dónde está el jefazo de aquí?- logro decirle sin demasiada dificultad, el soldado llama a otro para que me acompañe no sin ponerme antes mala cara, ¿tan mala pinta tengo? Finalmente llegamos a mi destino y el escolta se queda en la puerta, allí se encuentra sentado un hombre con cara de pocos amigos que al verme no hace sino hacer más exagerada esta expresión. La severidad de los militares de Bern nunca ha sido un mito.

Le entrego la carta que me llegó sin dirigirle todavía la palabra, comienza a darme los detalles, era justo lo que mi ingeniosa mente había previsto: acabar con unos emegidos rezagados en una de las rutas que llevaban a Sacae, siendo estos además jinetes wyvern, por lo que habíamos sido asignados dos magos a la tarea  para contrarrestar su movilidad por el aire. Me dijo que mi compañero tenía el pelo morado y vestía ropas de ese mismo color y que fuera a buscarle ahora mismo -¿No... no puedo descansar- con la respuesta que dio con sus ojos sobraba toda palabra.

Así que debo buscar a mi compañero... Al recordar la descripción que me dio aquel golfo de alto rango militar mi cara se llena de espanto: pelo morado, ropa del mismo color... ¡No podía ser aquel hombrecillo molesto de pelo horrible! Con un taladro en la cabeza, tierra en los oídos y creo que hormigas dentro de los zapatos, la tarea que tenía que realizar no iba a ser nada fácil.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Vie Jun 08, 2018 4:01 pm

Encontrar gente dormida en los campos no era algo realmente usual en el día a día del estudiante de las Artes Arcanas.

Que tras despertar de su letargo cual Bella Durmiente lo ignoraran completamente, se levantaran con máxima dificultad y comenzaran a tambalearse peligrosamente hacia el campamento de Bern era ya algo total y completamente nuevo. ¿Quizá el buen hombre era duro de oído? ¿No le había oído bien? ¿Tal vez traía tal melopea que su cabecita todavía no funcionaba del todo bien? ¿Habría fumado acaso las Hierbas Prohibidas y por eso se comportaba casi como si fuera un zombie? Se quedó unos momentos viendo cómo el harapiento hombre vestido de verde desaparecía en la distancia, esperando a ver si se caía o se volvía a dormir. No pudo evitar pensar en ese sombrero tan… extravagante que el hombre portaba. Qué sombrero más raro, era como uno de los que su nodriza llevaba los días de sol sólo que más descolorido, viejo, desconjuntado y alejado de toda noción de moda que podía haber en Elibe. Quizá era él un mercenario también, teniendo en cuenta que lo único que había en aquella dirección era el campamento militar de Bern. Un mercenario nada profesional que se dormía en cualquier lugar. Ese sí que era un pensamiento divertido: “un momento, mi general, antes de la batalla necesito mi siestecita. Despiérteme en unos diez minutitos”.

Pero no iba a dejar que el mercenario narcoléptico sin educación empañara una mañana tan bonita por lo que continuó su paseíto matutino hasta que calculó, más o menos por el ángulo del sol y el rugido de sus tripas, que era el momento de desayunar. Un trozo seco de pan, un pedazo todavía más seco si cabe de queso y un cuenco de… algo que podía ser llamado estofado de judías si le echabas mucha imaginación fueron las elecciones del chef para alegrar la mañana a los incansables luchadores por el bien de Bern. No es que fuera la comida más deliciosa del mundo, pero al menos era comida gratuita. Tras desperezarse un poco y consultar que no había ningún tipo de postre disponible (Sindri estaba seguro que los postres no existían en Bern de todos modos), el muchacho decidió que era el momento de ir a hacer aquello por lo que le iban a pagar.

Sin embargo su humor empeoró bastante una vez el desinteresado administrativo le pasó una hojita de papel detallando la tarea de hoy: había unos cuantos Emergidos en una de las carreteras que unían Sacae y Bern. Estos Emergidos contaban con la inestimable ayuda de unos pocos wyvern para llevar a cabo su rutina de saqueos y ataques diaria, por lo que se necesitaban dos magos para darles una buena lección – Buen hombre, ¿Seguro que no tiene usted un trabajo mejor para un Hechicero? Aquí simplemente se indica que se necesitan “magos” y… – pero la mirada del funcionario dejaba patente que no sabía la diferencia entre un mago y un Hechicero y, francamente, no iba a hacer el esfuerzo de aprenderlo. Ignorando por completo su petición a medias, le indicó que su compañero mago era un recién llegado vestido de verde con un sombrero enorme.

¿Alguien vestido de verde y con un sombrero particular? ¿Que además se había llegado hace poco al campamento? El Hechicero no pudo sino sonreír tras conocer aquella información. No es que conociera a todos y cada uno de los mercenarios, pero creía que podía adivinar quién de todos ellos iba a ser su compañero en combate. Tras salir de la tiendecita no tardó mucho en vislumbrar aquel sombrerillo… aunque, a decir verdad, era un gorro que atraía las miradas ya de por sí – Oh vaya, vaya, vaya. Qué casualidad encontrarle aquí, señor del sombrero. ¡Creo que la maravillosa burocracia de este reino ha decidido que seamos compañeros de misión! – mencionó en un tono especialmente alto Sindri, el vozarrón que normalmente se reservaba uno para hablar con los familiares que ya comenzaban a estar algo sordos – ¿Preparado para una maravillosa aventura por las planicies de Bern en busca de wyvern? Seguro que puede encontrar maravillosas carreteras empedradas y caminos polvorientos donde echarse una siesta, si así lo desea. – mencionó de buen humor el muchacho, que no perdió la sonrisa ni un momento.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Lun Jul 02, 2018 12:59 pm

Mis sospechas parecen confirmarse al encontrarme de nuevo al hombrecillo morado con su tono vacilón, ¿por qué de las millones de personas que pueden existir todas las desgracias parecen reservadas para mí? No parezco tener bastante con alcoholismo, nulas habilidades sociales y pocas ganas de vivir como para que encima se me arrojen encuentros con personas más molestas que una persona normal; aun así, tendré que afrontar esta situación con entereza para el buen desarrollo de la tarea asignada para poder generar oro sano y seguir alimentando mis necesidades.

-Hola... Me llamo Roquentin...- intenté aparentar ser gracioso y responder a las observaciones que había hecho mi nuevo compañero antes, pero como no me vi capaz de llegar a tan alto grado de sociabilidad simplemente me presenté e intenté sonreír, aunque acabó quedando una tenebrosa mueca desigual siendo más exagerada por un lado que por el otro, más que una sonrisa entre camaradas parece la sonrisa entre un asesino y su víctima, adquiriendo yo el rol de asesino. ¡Mierda! ¡Debo hacerle interactuar a él!  -Tú... ¿Cómo te llamas nuevo compañero?- en un esfuerzo colosal di un salto cualitativo y fingí interés por su nombre, aunque seguramente a las horas estará olvidado, aun así me sentía lleno de vigor por mis grandes avances en lo social, si bien no me importa demasiado ser una persona sociable me produce profunda satisfacción mis pequeñas mejoras -Espero que nuestra misión... Vaya bien.- dije aprovechando la excitación que vivía dentro de mí siendo yo el único partícipe de esta.

Mientras estoy enfrascado en el fascinante mundo de parecer normal vamos deshaciendo el camino hasta el punto aproximado donde nos espera un enfrentamiento vigorizante, no está muy lejos, pero sin embargo el camino se hace incómodo porque, por mucho que lo intenté arreglar, mi primer encuentro con este humano ha causado que su presencia me desagrade, seguramente si empinase un poco el codo podría hacer esto más ameno, pero creo que daría lugar a una situación demasiado violenta para mí, en su lugar saco mi pipa y fumo un poco de las hierbas que guardo desde hace tiempo en mis posesiones de viaje: cuando se secan, aunque piquen en la garganta, es cuando mejor se notan. Si bien me hacen una persona más sociable no me causan tantos dolores de cabeza ni crea situaciones violentas para mí, por lo que en ocasiones las prefiero sobre el alcohol, aunque tenga una lucha más adelante y la gente no suele recomendar entrar en combate con la conciencia alterada, según mi experiencia mi rendimiento no se ve afectado, aunque  bueno, si suponemos que para la gente normal se reduce en un cincuenta por ciento, el cincuenta por ciento de 0'1 es 0'05, por lo que la diferencia entre un término y el otro es menor que en otras personas y a esto se puede deber mi aparente inmunidad.

Los efectos espiritosos provenientes de la pipa empiezan a inundar mi cuerpo y mi espíritu, por lo que ahora poseo unas mayores facultades para el diálogo -Por curiosidad, ¿de dónde vienes y qué te trae por estas tierras? No pareces una persona muy dada a la labor humanitaria por simple solidaridad.- le pregunto aprovechando mis nuevas fuerzas, si bien me doy cuenta ahora que  lo último puede interpretarse como una puya no es mi intención, por lo que viendo que nos acercamos al lugar de la misión  y para intentar evitar malentendidos considero que es apropiado redirigir la conversación hacia esta -Sé que no tenemos demasiados datos sobre la misión, ¿pero ha maquinado tu cabeza algún plan para esta? No pareces mal luchador, al menos pareces mejor que yo juas, juas, juas.- dije añadiendo una risa que no suele aparecer en mí, ¡las hierbas estas son geniales!

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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Dom Jul 08, 2018 5:57 pm

Sindri no pudo sino recordar aquellas máscaras que se empleaban en algunas representaciones teatrales de la troupe a la que perteneció durante su aprendizaje de Mago Oscuro. Cuando en la obra de teatro iba a aparecer algún tipo de monstruo como un ogro, un cíclope o un dragón los actores se disfrazaban de pies a cabeza y portaban unas máscaras enormes de madera talladas en grotescas muecas. Aún con la pintura un poco desvaída y los bordes algo machacados, eran unas increíbles reproducciones que llegaban a asustar a los niños más pequeños de la audiencia. Por un momento, el hechicero pudo entender cómo se sentían – Había escuchado la expresión “miradas que matan”, pero jamás había oído hablar sobre sonrisas así… – murmuró tras presenciar el intento de sonrisa del sombrerero verde. Si había algo que Sindri sabía era sobre sonrisas y risas falsas y aquello era un ejemplo que cualquier profesor pondría el primer día de clase a sus alumnos. No había ninguna calidez en aquella expresión vacua. Sólo era carne movida por músculos. No pudo determinar si estaba intentando amenazarle, pero en el caso que así fuera, lo estaba consiguiendo. Conocía Magos Arcanos que matarían por tener una sonrisa la mitad de siniestra como la que estaba empleando el hombre.

Mi nombre es Sindri. Hechicero Sindri si necesita algún tipo de título con el que acompañar un nombre. Pero si no, sólo Sindri es suficiente. – contestó la pregunta tras sobreponerse al impacto de la expresión facial del mago verde. Su manera de hablar y actuar era ciertamente extraña comparada con el resto de mercenarios que había conocido en Bern, pero no era nada que no hubiera visto. Al fin y al cabo, si a él le hubieran despertado de una siesta en el suelo también tardaría un poco en procesar lo que estaba sucediendo – ¡Es un placer conocerle, señor Roquentin! ¡Seguro que esta misión será un éxito rotundo! ¡No tengo ninguna duda! – exclamó el antiguo bibliotecario contagiado en cierto modo por la positividad del presunto lanza conjuros con una capacidad preternatural para dormir en cualquier lugar. Desde luego, este buen hombre no era un mercenario cualquiera por lo que, al menos, la misión auguraba ser interesante.

Lo que no fue interesante resultó ser la caminata hasta el lugar donde daría comienzo la misión. Primeramente, el lugar que les habían ordenado vigilar no estaba muy lejos del campamento base, por lo que cualquier idea de hacer turismo acababa de ser arrojada por la borda como el pescado de ayer. No es que Bern tuviera tampoco grandes vistas ni maravillas arquitectónicas de ver, pero un descansito de tanto “valle sin plantas” y “montaña escarpada” hubiera sido un maravilloso inicio. Además, el señor Roquentin había decidido no hablar mucho y estaba dedicándose al noble arte de fumar en pipa. Y, fuera lo que fuera lo que estuviera fumando no era el tabaco común y corriente que vendían en los mercados, precisamente. Sindri había pasado cuatro años en una institución llena de bibliotecarios, profesores y transeúntes que mascaban tabaco a todas horas por lo que se había acostumbrado a su olor (y a lavar manchas de tabaco de las mesas). Pero aquello tenía un olor más dulzón y… ¿especiado? Era difícil de describir, pero tenía un olorcillo peculiar y que le hacía querer toser si lo respiraba durante mucho tiempo, así que simplemente giró la cabeza para mirar el inexistente paisaje y respirar aire fresco.

Fuera lo que fuera que llevara aquella pipa había despegado la lengua del mago puesto que comenzó a hablar unos minutos después. Eso o había logrado despertarse del todo, incluyendo su curiosidad – No tengo patria, si es lo que usted me está preguntando. Pero, si le sirve de algo, ahora mismo vengo de un viaje por Ilia, concretamente desde su Gran Biblioteca. – Ilia como tal ya no existía, pero aún así Sindri jamás se había considerado como alguien de ahí. No es que no le gustara, pero es que simplemente jamás lo había considerado como su hogar. Siempre podía decir que era un “fugitivo de Lycia”… pero todavía no se le había presentado una ocasión en lo que mencionar eso fuera buena idea – Ahuhuhu~ ¡Qué buen ojo tiene usted para calar la gente! Como bien dice no soy una persona “dada a la labor humanitaria” y mucho menos “por simple solidaridad”. Tengo buenas razones para estar aquí: los wyvern de Bern. – con voz entusiasmada sacó un pequeño librito de su zurrón y pasó unas pocas hojas de manera distendida. Una vez la encontró, le mostró al Míster Sonrisa del Año un diagrama técnico de un típico wyvern de Elibe, cortesía de la Guía de Viaje de Elibe, por Volothamp Geddarm.

Soy un estudioso de los sucesos de La Batida y de los dragones en general. Pero unos cuantos encuentros en el pasado con unos wyvern y sus jinetes me han llenado de curiosidad sobre estos simpáticos animalitos. – se refería, claro, al misterioso pero amigable Karma y su vetusto animal Koro y a la profesional y comedida Hrist y su compañero Logi, devorador de galletas sin parangón alguno en este mundo en el que nos encontramos. Hasta ese momento sólo se había interesado por los dragones, pero cada vez los wyverns le intrigaban más y más – ¿Y qué mejor lugar para hacer un estudio de campo sobre los wyverns que en Bern, su hogar natural en Elibe? Claro que no se puede hacer un estudio serio si hay Emergidos y otros enemigos pululando cerca, por lo que el ejército de Bern y yo tenemos un objetivo común aquí. – detalló con franqueza y espontaneidad, como si estuviera explicando a un amigo las vacaciones que tenía pensadas en un lugar paradisíaco de Elibe, como por ejemplo en los campos de Etruria, donde podría ver dóciles animalitos que se dejarían acariciar y alimentar bucólicamente – ¿Y a usted? ¿Qué le trae por estos lares tan alejados de la civilización? – preguntó mientras cerraba el libro y lo guardaba en su bolsa.

Entonces el fumador de pipa hizo hincapié sobre si tenía algo planificado en relación con la misión. Sindri entonces se llevó la mano al mentón y miró distendidamente al cielo durante unos momentos, en los que repasó todo lo que sabía de la tarea encomendada, antes de decir – Bueno, nosotros somos lanzadores de conjuros y ellos no, ¿cierto? Tenemos armas a distancia por lo que será cuestión de atacarles antes que se acerquen a nosotros. Total, los wyvern son débiles ante la magia, ¿cierto? Nosotros tenemos la ventaja aquí. – un plan simple, pero normalmente los planes simples eran los más eficaces de todos. Siempre y cuando estuvieran atentos y no dejaran que los enemigos se acercaran mucho no pasaría absolutamente nada. Absolutamente nada – ¡Oh, no diga eso, señor Roquentin! ¡Seguro que como practicante de las artes mágicas usted tiene más de un as bajo la manga! – exclamó con fuerza moviendo la mano derecha rápidamente, como queriendo echar aquellos pensamientos negativos de la mente del hombre. Debían pensar en positivo ambos si querían llevar a buen puerto aquella misión. Un momento, ¿De verdad él “no parecía ser mal luchador”? Pocas veces le habían dicho algo así. Sí que era una persona extraña el tal Roquentin, sí…
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Miér Jul 25, 2018 12:24 pm

No sé si es efecto de las drogas, pero el incordio que me imaginaba que sería viajar con el hombrecillo no es tal, de hecho su presencia hasta me resulta agradable y su actitud positiva contrasta con mi pesimismo y el hastío que me provoca vivir, por lo que en ese sentido creo que nos complementamos bastante bien entre los dos. El joven dice haber venido a estas maltratadas tierras para aprender sobre los wyvern, no es nada demasiado descabellado, dado que Bern es famoso por su crianza de wyvern, ¿no es motivo que alguien tenga unos objetivos tan definidos? ¡Qué envidia me da! Sin embargo otros personajes como yo estamos destinados a vagar por la vida sin un objetivo, y cuando parece tenerse uno, es algo tan abstracto como la búsqueda de poder que ni siquiera se es capaz de saber por dónde empezar, por lo que a fin de cuentas es como tener una botella que no puedes abrir: la tienes, sin embargo es como si no existiera ya que no puedes gozar el contenido de esta, e incluso puede ser una molestia ya que aumenta el peso de tu equipaje.

-Soy soldado profesional, así que estoy obligado a venir aquí, creo que me pueden encerrar o algo por el estilo, no me interesan demasiado ya que no tengo planeado fugarme debido a que dependo del ejército para pagarme los vicios.- respondí a su pregunta, en realidad creo que debería evitar la alusión a mis vicios ya que no me deja en muy buen lugar como camarada en el que confiar para una misión en el que un fallo puede provocarte heridas en el caso de que no te mate, pero la verdad es que no soy plenamente controlador de los pensamientos que hago salir por mi boca, solo espero no decir en algún momento algo mucho más grave que esto.

La estrategia de mi compañero parece sabia y de hecho yo había pensado en algo similar, desde luego no es nada demasiado sesudo pero tampoco es que tuviéramos demasiados detalles de la misión como para incorporar diferentes astucias para resolver estas circunstancias, por lo que nos encontrábamos ante una situación complicada: nuestro plan se cumpliría sin problemas, o bien, aparecerá una variable en juego que nos obligará a improvisar; simplemente espero que Sindri sea bueno en la improvisación porque no es una cualidad por la que destaco.

Mientras continuamos nuestra Larga Marcha le hago una seña para que intente caminar más silenciosamente a partir de ahora, según la información que me habían otorgado anteriormente estamos en el lugar designado, por lo que en cualquier momento tendremos que prepararnos para un combate, por lo que más vale estar prevenidos de esto e, incluso, intentar dar un primer golpe que nos otorgue una ligera ventaja que contrarreste la casi segura ventaja numérica que pueden tener. Esto es curioso, pocas veces he escuchado la historia de que una partida se haya enfrentado contra emergidos en igualdad de condiciones numéricas, ¿de verdad era tanta la diferencia cualitativa entre un humano y un emergido en cuanto a habilidades de combate? ¿Por qué entonces tantos países han sucumbido (para empezar el mío) ante su furia?

Hubiera estado bien haber compartido estas razones con mi compañero, por primera vez puedo afirmar que mi silencio se debe a necesidades estratégicas sin saber que es una mala excusa para justificar mi pereza social, y esta actitud parece justificada porque más adelante alcanzo a ver a dos emergidos vigilando el camino desde tierra, seguramente para no extenuar a sus wyvern innecesariamente, aunque seguramente junto a estos habrá otro turno del grupo patrullando desde los cielos, por lo que en una actitud extremadamente prudente me tumbo y los observo desde el suelo, tapado por un matorral pícaro que junto a mi traje de color similar me confiere invisibilidad suprema, no puedo decir lo mismo de mi compañero que llama más la atención puesto que sus ropajes blanqui-negros y su estridente pelo morado no parecen estar adaptados para emboscadas en ningún tipo de lugar (¿dónde puedes camuflarte con tal combinación de colores?).

-¡Ahí están camarada! Sugiero que realicemos un ataque relámpago rápido a distancia y luego ya vamos pensando qué hacer.- le dije sin demasiada idea de qué hacer después, pero afectado por el efecto vigorizante de la planta tomo la iniciativa aunque quizá no deba hacerlo.

Con la orden dada lanzo mi primer ataque contra uno de los bichos que se encuentra en el suelo, sin todavía haber localizado al grupo que supongo patrulla el cosmos. ¡PUM! ¡Yeah! ¡Impacta un pequeño ataque para el hombre, que, sin embargo resultará vital para la operación de expulsión de los emergidos de Bern! La verdad es que no son tontos ni nada, en lugar de infestar la frontera de Lycia donde sucumbirían por un ataque tenaza por ambos flancos, deciden postrarse en nuestro eslabón débil, consiguiendo así además debilitar aun más a nuestros vecinos de Sacae cortando nuestras rutas de ayuda con ellos (aunque la verdad ignoro si hay un plan de auxilio). No son tan tontos estos emergidos, espero que ahora mi compañero dé la talla.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Mar Jul 31, 2018 2:18 pm

Soldado profesional… el hombre llamado Roquentin no tenía pinta de serlo, la verdad. No era una crítica, si le hubiera dicho que era panadero o carnicero también hubiera pensado lo mismo. Al menos no parecía ser un soldado de Bern, un país tan militarizado que la comida típica servida en sus tabernas eran raciones de campaña. La imagen que tenía el hechicero de los que formaban parte del cuerpo militar de Bern era la de unos hombres altos, fuertes y taciturnos con un torso tan ancho como un armario y una armadura tan pesada que hacían retumbar la tierra a cada paso que daban. Oh, sí, sí, la infantería pesada de Bern era famosa en toda Elibe: se decía que miles de caballeros habían perdido su vida en la carga contra su muro de escudos y lanzas. Y eran igualmente famosos sus disciplinadísimos jinetes de wyvern, centellas que surcaban los cielos a toda velocidad y destrozaban la infantería de a pie enemiga. Pero… ¿Magos? No recordaba que Bern tuviera ninguna vertiente mágica en su ejército. Obviamente no había nada mejor para la batalla que un buen número de magos listos para desatar una tromba de hechizos contra tus enemigos, pero, aun así, había algo que le chirriaba un poco.

Oh, usted está aquí por obligación. Le entiendo muy bien, señor Roquentin, si yo estuviera obligado a servir en un ejército también estaría planeando como escaparme lo antes posible. ¡La vida del soldado no está hecha para nosotros, los estudiantes de las Artes Mágicas! – exclamó de buen humor mientras se encogía de hombros levemente, casi como si ese encogimiento fuera una seña de aceptación neutra de lo que dijo sobre sus vicios. ¿Quién era él para juzgarle? Si el fumar, el beber o el jugar a los dados eran acciones que mantenían a un hombre con ambos pies en el suelo en aquel cruel mundo, pues adelante, cada uno tenía que hacer lo necesario para mantenerse cuerdo. Aunque los beodos raramente se quedaban de pie mucho tiempo, ahora que lo pensaba bien – Si salimos airosos de esta misión, le invito a una ronda de lo que prefiera en la posada más próxima que encontremos, ¿Qué le parece? – “la posada más próxima” seguramente se encontraba en alguna aldeita de Sacae, viendo la escasa densidad de lugares con alcohol y comida caliente que vio durante el viaje. Quizá era por obra de los Emergidos, peeeeero… – Y quizá puedo ayudarle un poco en como desertar del ejército, si así usted lo desea. Soy un especialista en el subterfugio, ¿sabe usted? Pude colarme en Goldoa, el reino de los dragones, y escapar sin problemas… – con ayuda del Príncipe Kurthnaga, pero omitió aquel detalle para darle más dramatismo a sus palabras – … y he hecho numerosas incursiones en la Gran Biblioteca de Ilia a pesar de estar repleta de Emergidos. Todas exitosas. – mencionó como quién no quiere la cosa ladeando la cabeza de forma juguetona y con una sonrisa ladina en sus labios. No es que fueran tampoco gestas heroicas, pero hacía tiempo que no compartía un vaso de vino con alguien y la persona que había bajo el descomunal sombrero le había caído bien.

El camino continuó durante un buen rato en el que el Mago Roquentin, tras alentar a Sindri a no decir nada más con un gesto, hizo caer un hechizo de silencio en la marcha. Quizá estaba perdido en sus pensamientos. Tal vez estaba urdiendo alguna estratagema que les ayudaría en el combate contra los Emergidos. O, simplemente, no quería hablar. Sorprendentemente, el hechicero respetó cualquiera que fuera su deseo y se dedicó a mirar el paisaje y en la lontananza… durante un rato puesto que era muy aburrido. Mirar el cielo azul era mucho más divertido ya que podías mirar las nubes y tratar de adivinar qué formas dibujaban. Un castillo, una jirafa, un perro, un mapa de Ilia de dos siglos de antigüedad… o tal vez un unicornio. Cualquiera de las dos podía ser. Es decir, un cabo con unos pocos atolones podía pasar por un cuerno, ¿no?

Pero un golpetazo seco hizo que el estudiante de las Artes Arcanas bajara la mirada con curiosidad para ver a un mago estirado boca abajo tras unos arbustos – No tengo problemas en hacer un descansito, pero ese matorral no parece ser muy buena almohada. ¿No preferiría un cojín de musgo para su cabeza? – bromeó mientras seguía con la mirada el lugar indicado por Roquentin. Quizá ir de verde tenía sus ventajas, seguro que el solado de Bern se sentía protegido y bien camuflado… pero los Hechiceros debían sacrificar la comodidad y la practicidad en sus ropajes por ir siempre a la última moda y perfectamente complementados con piedras preciosas, bordados de oro y materiales de la máxima calidad. Es decir, cuando el héroe de brillante armadura después de sortear todas tus trampas y calamidades esperaba encontrar un villano digno para una batalla de proporciones épicas, no alguien despeinado y sin afeitar con un albornoz rosa y unas pantuflas de conejito. Y una taza de café medio vacía con el grabado "Malvado Número Uno de Elibe". No era suficiente con ser un Hechicero, debías aparentar ser un Hechicero.

¿Por dónde iba? Ah, claro, claro, el ataque por sorpresa. Sindri sacó con destreza de su zurrón el gastado Tomo de Worm que lo había acompañado tanto y tanto tiempo y lo abrió con todo el cariño que cabía esperar de un bibliotecario. Con su mano libre comenzó a moldear la magia canalizada a través del tomo en un hechizo de larga distancia apuntado al Emergido que continuaba de pie – ¡Improvisación! Una de las mejores tácticas que hay. El enemigo no puede saber lo que harás si tú tampoco lo sabes. – y tras aquellas palabras soltó el conjuro hacia el enemigo. Rauda y veloz se manifestó delante de él una espesa y negra niebla burbujeante que, tras unos movimientos aleatorios, se lanzó a la carga hacia el oponente designado.

El enemigo la vio venir, pero no tuvo tiempo de actuar. La niebla lo envolvió tan suavemente como una bufanda de seda, pero cuando la masa antinatural de magia se disipó el Emergido cayó sin remedio al suelo, desprovisto de toda energía vital. Dos Emergidos habían perecido ya a manos de los lanzadores de conjuros – No estoy seguro que esto haya pasado desapercibido entre los malvados invasores de Bern. No estaría de más prepararnos para posibles refuerzos. – mientras decía eso, el hechicero comenzó a mirar con curiosidad los cielos en busca de enemigos. Había venido a aprender sobre los wyvern, ¿cierto? ¿Qué mejor manera de hacerlo que verlos volar hacia él a toda velocidad? Quizá tendría tiempo para hacer un boceto y todo.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Mar Ago 21, 2018 4:29 pm

Las palabras del hechicero atraviesan por completo mi coraza de asocialidad, contando con la suerte de que ha ocurrido en un momento en el que no estoy sobrio, porque en plenas facultades hubiera gruñido y salido corriendo con tal de evitar todo el contacto, irónicamente el Roquentin drogado se comporta de una manera mucho más normativa ante las personas. La propuesta de tomar algo y extender nuestra relación fuera de lo profesional es algo novedoso para mí que surja de la mano de mi compañero, con los que normalmente no suelo acabar llevándome demasiado bien (yo no haciendo ningún esfuerzo para ello, por supuesto). A pesar de que el Roquentin drogado da su visto bueno, tampoco me excedo en felicidad y simplemente asiento con la cabeza y hago un intento de guiñar el ojo que no sale demasiado bien, pero tampoco me importa demasiado.

Lo que sigue a esa proposición es también interesante y es que me ofrece su ayuda para desertar del país, la verdad es que si me lo planteo es algo ciertamente tentador y aquel hombre parece tener la inteligencia suficiente como para confíar en que realice bien su propuesta, sin embargo decido callarme en esta ocasión por prudencia: prudencia porque es algo que no he meditado lo suficiente y a priori preferiría evitarlo; y prudencia porque el desertar es un crimen grave, y aun cayéndome bien aquel hombrecillo no deposito en él la suficiente confianza como para revelarle la intencionalidad de hacer un crimen tan fácilmente; no puedo estar seguro de que no haya sido un pequeño extra ofrecido por alguien que me guarde rencor para quitarme de en medio, a pesar de tener poco tiempo en el ejército no puedo presumir de haber caído bien (de lo cual la misión exitosa que realicé a petición personal puede tener algo que ver, aunque me estoy dando demasiados aires). Aunque borro de mi mente estos pensamientos debido a que debo alejar todo lo que pueda romper el vínculo de confianza con mi compañero de armas.

Tras ocultarme -con un comentario de mi compañero añadido sobre nuestro primer encuentro que no me agrada demasiado- diviso a mis presas y lanzo un ataque que da de lleno en el objetivo, mi compañero no se queda atrás y repite mi logro. Tras lograr esta victoria, lleno de vigor, salgo a campo descubierto en una acción temeraria por hacer un reconocimiento rápido del terreno. No parece haber más tropas de tierra en los alrededores, por lo que solo nos queda esperar a las tropas de... ¡Pam! Un fuerte corte de viento me alerta para tirarme al suelo, esquivando así a su provocador, un jinete wyvern que me hubiera llevado ensartado en su lanza causando heridas fatales, sorprendiéndome yo de aquella capacidad de reacción, poco a poco he ido templando mis capacidades de combate sin darme cuenta; el viejo Roquentin ahora hubiera perecido delante de aquel hechicero.

Cuando intento lanzar un ataque aprovechando que se encuentra de espaldas a mí un agudo dolor me frena, a pesar de haber esquivado su lanza, las garras de aquella bestia han dañado mi hombro, cosa que me impide lanzar un ataque satisfactorio a tiempo, a la vez que me recuerda que ante nuevos ataques debería ponerme a cubierto lo antes posible, ya que no creo que haya tanta suerte como para que ese jinete wyvern esté solo, así con un movimiento de croqueta magnífico me pongo a cubierto de otra roca diferente a por donde he salido, sin embargo no es lugar seguro. Mis sospechas se cumplen y pasa otro jinete barriendo la zona.

-¡Sindri! ¡Sugiero que actuemos por separado para tener mayor maniobrilidad, a menos que tengas otra estrategia!- grito, abriendo la posibilidad de escuchar su valiosa opinión, si bien decido poner en práctica mi plan por el momento porque ser un objetivo estático no era buena idea contra monturas voladoras, lo bueno de mis ropajes verdes es que me confieren un poco más de protección fuera del camino por la presencia de algunos matorrales y de hierba de colores similares a mis ropajes (si bien el paisaje montañoso en el que me encontraba tampoco me confería una "invisibilidad"), por lo que puedo despreocuparme de ataques en picado desde el cielo, los que demuestran ser los más peligrosos, desde luego; no corriendo la misma suerte Sindri, viendo conveniente hacérselo ver... ¡Ey! Uno de los jinetes que me ha atacado antes se dirige hacia mí, sin embargo no pareciendo ser consciente de que soy un luchador a distancia (parece que no pudo apreciar ese detalle desde arriba o simplemente se le olvidó) le ataco antes de siquiera ponerme en peligro, reaccionando rápidamente a este y logrando que no dé de pleno en él (lo que hubiera sido algo maravilloso) sino en aquella pobre bestia, sin embargo con su durísima piel no parece sufrir daños reseñables.

Sin embargo el estar localizado por aquel jinete wyvern destrozaba la ventaja de mi "camuflaje", y es que si bien yo soy difícilmente visible desde grandes alturas el jinete wyvern no lo es, por lo que puede atraer a sus compañeros que imagino que acudirán en su ayuda suponiendo que no lucha contra el aire. Mierda.




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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Jue Ago 23, 2018 9:31 am

Todos aquellos ofrecimientos, incluyendo una buena copa de algo cargado en algún lugar acogedor y una charla amigable sobre un tema bastante interesante, no fueron más que contestados con un movimiento de cabeza y algo que podía ser tomado como un guiño que acabó antes de empezar si se miraba con optimismo. O tal vez el sol le estaba brillando sobre un ojo y le comenzaba a escocer. No lo podía saber bien. No lo podía saber bien. Quizá las hierbecitas estuvieran actuando y por ello no respondía del todo bien a sus intentos de comunicación… no es que el Hechicero tuviera muchos conocimientos de horticultura sin una guía a su lado, por lo que no podía decir exactamente qué había consumido. Pero, por suerte, él hablaba (por decirlo alguna manera) fluidamente el montmorenciano, el idioma típico de los Magos de Ánima ariscos y taciturnos cuyos nombres empezaban por R; por lo que pudo entender más o menos lo que significaban tales gestos. ¿Qué tendría de malo la comunicación oral, por cierto? Unos cuantos milenios de uso ininterrumpido habían dejado claro que era una magnífica manera de comunicarse en cualquier entorno, incluido un campo de batalla. El muchacho no pudo hacer otra cosa que suspirar sonoramente.

Al parecer los Magos de Ánima se llamaban así porque se animan cuando consiguen una victoria, como pudo comprobar el Hechicero cuando el hombre se levantó de un salto de su escondite improvisado. ¡Así se debía hacer, hombre! ¡Mirar el peligro cara a cara! ¡Enfrentarse contra el destino! ¡Plantar los pies en el suelo y resistir el envite de cualquier ola! Incluso los magos, ligeros de armadura como llevan, no son una excepción a eso. ¡Valentía! ¡Coraje! ¡Heroísmo! La fama esperaba a aquellos que no tenían temor alguno al futuro y todas esas cosas bonitas, pero extremadamente ineficientes, que solían contener los libros de autoayuda que había en la Gran Biblioteca de Ilia. Esos libros se le antojaban bastante extraños. Los que más necesitaban ayuda eran los plebeyos y campesinos, ¿no era así? Entonces, ¿Por qué darles esa ayuda en forma escrita cuando casi ninguno de ellos es capaz de leer más allá de unas pocas palabras?

Pero una enorme sombra cortó en seco las cavilaciones del muchacho sobre si añadir dibujitos a esos libros ayudaría y un enorme soplido de viento casi lo hizo trastabillar. ¡Un wyvern! No. ¡Dos wyvern con sus respectivos jinetes acababan de entrar a escena de la nada! ¿Cómo no los habían visto antes? ¿Acaso los wyvern eran capaces de ser sigilosos? – ¡Señor Roquentin! ¡Señor Roquentin! ¡¿Se encuentra usted bien?! – mencionó cuando vio que uno de ellos había tratado de atacarle y, si bien el arma del Emergido no había conseguido su objetivo, sí que había visto que no había salido indemne de la acometida. Sangre, quizá no mucha, pero desde esta distancia no podía observar bien lo que le había ocurrido. Con un aire de preocupación, el estudiante de las Artes Arcanas dio un par de pasos hacia el herido mientras abría su zurrón – ¡No se preocupe! ¡Tengo vendas! ¡Sobretodo no deje que nada toque las heridas! ¡Podrían infectarse! – obviamente lo más importante no era que hubiera dos wyverns desbocados por ahí con dos jinetes que nada querían más que separarles la cabeza del cuello, no. Pero su incursión en las artes médicas fue detenida por un malhumorado jinete y un todavía más enfadado wyvern, que cayeron con todo su peso unos pocos metros por delante de él.

Una mole rugiente escamada le lanzó la misma mirada que un depredador lanzaría a lo que ha decidido que sería su presa de hoy. El Emergido pareció dedicarle una mirada parecida, pero con ellos nunca se sabía. La tensión casi podría cortarse con un cuchillo como si fuera mantequilla caliente – No sé yo si tenemos mucho que decir sobre maniobrabilidad aquí y ahora… – masculló mientras observaba cuidadosamente la ostentosa actuación de su enemigo más cercano. No le gustó en absoluto como el animalito tensaba los músculos y parecía relamerse, pero todavía menos le gustó que el jinete pareció ladrar una orden en un idioma raro pero que cada vez encontraba más familiar. Debía pensar en algo rápido. A no ser que le gustara acabar sus días siendo comida de wyvern… y verdaderamente se le antojaban centenares, no, miles maneras mejores de irse al otro barrio. Inspiró e hizo una llamada de emergencia a cobro revertido a la Oscuridad para ver si podía sacarle de este embrollo de una manera u otra. Y, de pronto, casi como si un relámpago invisible hubiera chocado contra el suelo, la atmosfera cambió por completo, enrareciéndose de sobremanera. No fue un cambio físico o visual, pero sí uno que extrañamente se podía notar desde el primer momento. Algo… antinatural se había comenzado a arremolinar en el ambiente y se había extendido como un sudario invisible por todo el campo de batalla sin mediar la más mínima palabra. Algo antiguo. Algo poderoso. Algo hambriento. Un Mal Augurio se hizo patente en el lugar.

El wyvern supo desde el primer momento que había dejado de ser el mayor depredador ahí y debía dejar paso a un poder tan avasallador que escapaba su minúscula comprensión. Una bestia era esclava a sus instintos más primarios… y el miedo era el rey de ellos en aquel momento. Completamente fuera de sí, el animal comenzó a moverse errática e impredeciblemente, tanto que el Emergido se vio forzado a soltar la lanza que portaba sólo para evitar caer de su montura. Pero por mucho que tratara de calmar a su compañero, sus propios sentidos estaban embotados por un terror artificial de algo que se acercaba. Y, claro, ninguno de los dos pensó a reparar en el escuálido objetivo que llevaba preparando desde hace un rato un hechizo – Ahuhuhu~ ¿Le parece adecuada esta estrategia? La llamo “atacar cuando no pueden defenderse”. ¡Puede parecer muy avanzada, pero le aseguro que es efectiva! – dijo en voz alta el Hechicero una vez se aseguró bien que el enemigo estaría demasiado ocupado para ver la masa negra que viajaba hacia él a toda velocidad. No quería darle ningún tipo de aviso… al fin y al cabo, no era propio de los de su profesión jugar con deportividad y con honor.

Por suerte para él, el Emergido no se dio cuenta del peligro hasta que fue demasiado tarde para esquivarlo. La masa negra y viscosa del hechizo de Worm lo golpeó con la suavidad de una pluma en el pecho y, por unos instantes, pareció ser inefectivo. El Emergido pasó a ignorar el ataque y volver a lo que estaba haciendo durante unos instantes… para caer rendido al suelo de sopetón y sin aviso alguno. Incluso el wyvern, presa del pánico y el terror, no pudo sino dedicar unos pocos segundos a tratar de entender lo que había pasado. Pero por mucho que miró en derredor, por mucho que trató de comprender porqué su jinete había caído al suelo y ya no se movía más, no sirvió de nada. Ese Emergido ya no iba a levantarse nunca jamás.

Uno menos.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Sáb Sep 29, 2018 12:03 pm

Mi compañero me gritó algo sobre mis heridas y posibles infecciones, sin embargo no puedo permitirme hacerle demasiado caso ya que tengo problemas más inmediatos, como no ser ensartado por la lanza de aquel jinete que se dirige hacia mí. Tras poder esquivarlo y un breve contraataque me doy cuenta de que la situación no es completamente sostenible, si bien mis heridas no son mortales sí que dificultan mi movimiento, y esto en un momento en la que es reciente, no quiero imaginar si debido al esfuerzo su estado empeora... Pudo haber sido interesante haber escuchado al joven mago.

Cuando los nervios vuelven a florecer debido a que se siente la tensión de un ataque inminente por parte del enemigo, ocurre un cambio de atmósfera brutal, en realidad es algo difícil de explicar con palabras pero simplemente sientes como las cosas no cuadran, no están bien... Sin embargo mientras yo me muevo en el mar de la inquietud, que si bien no es agradable no supone demasiado perjuicios contra mí, los enemigos parecen que se han vuelto locos: movimientos impredecibles, nervios, un desatino total en sus acciones etc. Mientras me veo distraído por esto mi compañero comienza a hablarme, tal como sospechaba parece haber sido cosa suya, a la vez que me habla prepara un hechizo que lanza rápidamente contra uno de los jinetes que cae en el acto.

Yo, sobresaltado y limpiando mi mente de aquella atmósfera extraña decido seguir su ejemplo y atacar al otro emergido con un no muy fuerte ataque de viento que, debido a mi herida en el hombro, queda desviado; si bien resulta ser una ventaja cuando el sobresaltado emergido intenta esquivarlo ve golpeada el ala de su wyvern por este hechizo. Si bien los wyvern pueden presumir de una fuerte piel dura en las alas esta no es tan gruesa, por lo que se puede considerar este punto como su talón de Aquiles, además de que un golpe en esta zona dificultaba el movimiento de estos seres de sobremanera, alzando ahora mi enemigo el vuelo de una forma torpe. La muerte del emergido atacado por mi compañero y la disminución de las capacidades del otro wyvern hace la situación bastante más llevadera, sin embargo mi herida no opina igual, que se ha abierto debido al esfuerzo en este último ataque.

-Sindri, compañero, ¿no llevarás unas vendas para mi herida? No creo que pueda seguir luchando mucho más si no me las trato- sin embargo mi patético aguante para el dolor nos lleva a otro problema, y es que la situación de tratarme mi herida nos dejaría tanto a mí como a mi camarada en una situación muy vulnerable, que hasta aquel wyvern con su vuelo torpe podría aprovechar para infligirnos grandes daños.

Mientras mi compañero nos sacaba de una situación extremadamente completada yo lo único que pude hacer fue inflingirle un poco de daño al wyvern no sin causarme daño a mí mismo, cuando creo alcanzar la luz del pozo oscuro en el que me encuentro no acabo sino más hundido. La situación exterior mimetiza mi situación interior, ya que el wyvern ha dejado de atacarnos sin poder yo hallar un motivo para este cambio, como si los wyvern entendieran el código de caballería y estuviese en su sentido del honor dejar que el rival se levante para darle una última oportunidad de defenderse. Sin embargo, esto no es ni mucho menos lo que va a ocurrir, ya que mi inefectividad para acabar el combate rápidamente ha parecido llamar la atención de emergidos cercanos, apareciendo un par de ellos subidos a caballos, lo que desde luego entorpecía nuestro camino hacia la victoria.

Para nosotros un jinete a caballo es mucho más complicado, ya que mientras un jinete wyvern tiene pocas oportunidades de recuperar la trayectoria de un ataque esquivado, un jinete podía corregir rápidamente esta para no permitirnos recuperar la distancia que nos confería ventaja. Desde luego nos encontramos en una situación bastante jodida.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Vie Oct 05, 2018 2:45 pm

Supuso que o bien él no se hacía entender bien o los enemigos habían creado tal sinfonía que el hombre no lo había oído bien.

Fuere como fuere, el muchacho paró en seco todo lo que estaba haciendo para comenzar a rebuscar en su bolsa, moviendo libros, papeles, papiros, plumas y tinteros de toda clase, botellitas que retintineaban y amenazaban en romperse en mil pedacitos y, finalmente, una bolsita de tela sin decoraciones. Tras tirar del recio cordel, sacó de la bolsita un fardo de color blanquinoso-marronuzco envuelto en sí mismo: unas vendas hechas en Ilia, resistentes y duras como sólo los del norte saben hacer. Unas tiras tan gruesas y tensadas que podían incluso hacer de una armadura improvisada si se aplicaban suficientes capas. No dejaban escapar la sangre ni entrar absolutamente nada. De hecho, mucha gente prefería ablandarlas un poco en agua primero para poder envolver la herida mejor con ellas – ¡Señor Roquentin! ¡Ahí van! ¡Y, por favor, que no se le caigan al suelo! – gritó con más fuerza esta vez, para estar seguro que el hombre pudiera oírle por encima del estruendo de la batalla. Una vez advertido, el Hechicero se colocó en posición, plantó bien ambos pies en el suelo e hizo un par de aspavientos de prueba. Y a la tercera vez lanzó el hatillo de telas y vendas en dirección al sombrero verde que despuntaba contra el horizonte. Uno podría pensar que Sindri no era muy diestro lanzando cosas con gracia y puntería, pero últimamente había tomado mucha práctica a base de tirar galletas a wyverns golosos. Mal que bien, las vendas dobladas en un paquetito fueron volando exactamente a donde las lanzó… que el buen hombre las cogiera al vuelo o no ya estaba fuera de su capacidad.

Tras aquel valeroso acto de primeros auxilios, Sindri se permitió unos momentos para mirar el campo de batalla. Al parecer incluso herido el mago podía emplear la Magia de Viento suficientemente bien como para herir un wyvern… lo que le llevó a pensar en como la Magia de Ánima afectaba a aquellos animales. Ya que exhalaban fuego, ¿Serían más resistentes a la Magia de Fuego que ante las demás? Todo el mundo (mágico) sabía que las criaturas escamadas padecían los rayos muchísimo más que otras criaturas, hasta el punto que cualquier lanzador de conjuros que quisiera dedicarse profesionalmente a la caza de wyvern se agenciaba un Tomo de Trueno incluso antes que las botas de escalada. La Magia de Viento… bueno, los wyvern volaban, ¿no es así? ¿Tal vez las corrientes creadas por la Magia de Ánima los hacían tambalear más que de costumbre? ¿O sería pernicioso para el mago crear más viento del que ya hay si el animal podía aprovecharlo para moverse ágilmente por el cielo? No es que le fuera la vida en aquellas preguntas, la Magia Arcana era tan mortal para los wyvern como lo era para los demás seres vivos de aquel mundo.

Mas tan perdido en su mundo estaba el Hechicero, pensando en teórica magia y conjuros efectivos, que no se dio cuenta que dos figuras a caballo entraron a escena por su espalda hasta que fue demasiado tarde. Sólo reaccionó cuando la tierra retumbó por los cascos de los animales y sus bramidos fueron imposibles de ignorar, pero para entonces un jinete ya estaba enarbolando una larga lanza para pincharle como si fuera una aceituna. A corto alcance los magos no es que tuvieran muchas opciones defensivas, por lo que Sindri simplemente hizo lo que le pareció más sensato en el momento: lanzarse al suelo en el último momento con la esperanza que eso le salvara de la hoja astada. Desgraciadamente, los reflejos no son la mayor virtud de alguien que ha pasado cuatro años en una biblioteca, por lo que la lanza le desgarró el antebrazo llevándose carne y tela por igual y tiñendo la tierra de un reguero de rojo intenso.

Dolía. Dolió al chocar contra el suelo. Dolió al quedarse boca abajo en la tierra rocosa de Bern. Dolió cuando se obligó a levantarse con el brazo que todavía sostenía el Tomo de Worm. Dolía mientras forzaba sus piernas a hacer todo el trabajo mientras dejaba el brazo lívido y goteante de sangre. Y lo peor de todo, le dolía el orgullo que un Emergido empleando un mero palo largo con un trozo de metal en la punta le hubiera golpeado de tal modo, un arma cruda y sin prestigio alguno. Un Emergido que había parado un poco más adelante y parecía dispuesto a cargar contra él para finalizar el trabajo de una vez por todas. ¿Acaso iba a permitir eso?

Con una mirada enfurecida y sin mediar palabra, clavó su pierna izquierda en el suelo, casi como retando al enemigo a una justa sin cuartel. Una justa muy unilateral, ya que sólo uno de ellos tenía una lanza. Sea como fuere, no tuvo que esperar mucho puesto que el Emergido, como si hubiera captado el mensaje, hizo encabritar su montura y se lanzó al galope, seguramente confiado que un enemigo herido no sería problema en absoluto. Pero se equivocaba. El Hechicero había estado canalizando un conjuro de Worm desde el momento que se levantó, dejando que su magia cayera inertemente hasta el suelo y se agrupara ahí fuera de la vista de cualquiera. Pero en el momento que el jinete estuvo a tiro, Sindri señaló al enemigo con su brazo sano y la Magia Arcana surcó por debajo de la tierra rauda y velozmente, como la sombra de un halcón que vuela por los cielos. En el momento que esa sombra se encontró debajo del jinete, el hechizo se activó por completo y, cerrándose como un cepo, envolvió completamente al Emergido y a su montura con una esfera de oscuridad sólida y maciza en apariencia. Dentro de tal burbuja negra se podía oír al caballo relinchar cada vez más apagadamente, hasta que el silencio reinó en el terreno de justa improvisado.

Pasó un segundo. Dos segundos. Tres segundos. Y la esfera de descompuso en una miríada de burbujas de oscuridad, que comenzaron a volar velozmente hacia el Hechicero, concentrándose en la herida de su brazo. ¿Y el Emergido? Tanto él como su montura yacían en el suelo, inertes y sin vida para no volver a levantarse jamás. Un enemigo menos. Pero la batalla no había terminado.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Roquentin el Dom Nov 25, 2018 1:47 pm

Mi compadre escucha mis suplicas y responde diligentemente a ellas, lanzándome un paquete de vendas que seguro que harán un gran papel, no solo en el ámbito de la salud y la higiene, porque tener una herida en el brazo abierta es querer que se te infecte y se complique, sino que mi propia capacidad de lucha se verá beneficiada por esta acción. Recibo el paquete sin demasiadas dificultades ya que mi compañero ha hecho un lanzamiento preciso, soy torpe pero no tanto, viendo que se acercaban refuerzos y que hay un jinete wyvern malherido por ahí rondando me hago un apaño lo más rápido posible para volver a centrarme en mi supervivencia lo antes posible.

La situación no es tal como nos habían informado, desde luego nosotros dos solos no podríamos asegurar una buena limpieza de la zona, por lo que lo más inteligente sería acabar lo antes posible con los emergidos que ya se encuentran cerca de nosotros y emprender una huida, evidentemente no podemos emprenderla sin haber acabado antes con los jinetes y sus monturas ya que nos exceden enormemente en velocidad. Una vez en el campamento daremos parte de esto, pero todo lo que supere este límite es jugarse el pellejo.

Por suerte los enemigos no se centran en mí y los esfuerzos se dividen entre mi compañero y yo. El equino del jinete que se había fijado en mí acorta la distancia que nos separa a gran velocidad, debo actuar rápido o recibiré nuevamente otro golpe, además si no acabo rápido puede que me vea abordado nuevamente por el jinete wyvern enemigo que seguramente esté realizando tareas de recuperación del wyvern para recuperar parcialmente la eficacia de sus ataques. No me da tiempo a lanzar un hechizo contundente, por lo que en un arrebato de ingenio lanzo un ataque débil pero veloz a las patas de la bestia rezando porque lo que tengo en mente resulte eficaz.

El caballo al recibir el golpe pierde el equilibrio tirando a su jinete y cayendo sobre él, causando una graciosa escena con el jinete intentando reincorporarse siendo retenido por los erráticos movimientos del nervioso animal, sin tener tiempo para contemplar aquella imagen cargo mi ataque y lo dirijo a la cabeza de aquel emergido, acabando con su vida. El caballo, que torpemente se reincorpora simplemente decide marcharse con un poco eficaz torpe. Lo dejo vivir.

Me giro y observo que mi compañero también ha cumplido su cometido, perfecto. Doy un rápido vistazo a la zona buscando al último enemigo que nos falta, sin embargo no encuentro el éxito. No tiene sentido quedarse más tiempo para matarlo, no creo que pueda seguirnos muy lejos y, si lo hace, no está en condiciones para ser peligroso.

-Sugiero que volvamos al campamento, aquí ya hemos hecho bastante y quedarse para matar a un solo emergido es un riesgo innecesario, yo creo que nos hemos ganado el sueldo.- le digo mientras me enciendo nuevamente mi pipa en una actitud demasiado confiada, el éxito de mi anterior estrategia me ha llenado de éxtasis, a veces un hombre tiene derecho a permitirse estos pequeños placeres.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Sindri el Lun Dic 03, 2018 7:25 pm

Aunque todo sonido de batalla había cesado, la energía mágica del conjuro del Hechicero seguía presente en el ambiente. Zumbaba como un enjambre justo encima de los enemigos derrotados, como si fuera un funesto recuerdo de la vida que se acababa de perder ahí. La energía se revolvía en vórtices antinaturales, absorbiendo la poca luz del entorno y creando a su vez pequeñas manchas de tinieblas. El abismo dirigió su ojo al muchacho con una parsimonia casi ofensiva y chocó contra una mirada furibunda de un Hechicero que no estaba acostumbrado a sufrir daño alguno. La noción siquiera que las armas de acero pudieran herirle era algo que ni se le pasaba por la mente por lo que, cuando realmente acababa pasando (y es que en este mundo en el que estamos es lo más normal del mundo) Sindri se sentía ofendido incluso en lugares de su alma que no sabía ni que existían hasta el momento. ¿Acaso el mundo se había vuelto del revés? ¿De que servía comandar los Poderes Más Oscuros si un botarate con un trozo afilado y oxidado de metal era capaz de hacer eso?

Qué pregunta más tonta. Para esto servían.

El Hechicero estiró el brazo hacia la masa informe apretando los dientes para evitar mascullar improperios que, si bien no estarían muy bien vistos en la corte, eran perfectamente comprensibles en una situación como ésta. Y la oscuridad hecha nube no dudó, no. Surcó los cielos con la agilidad de un hada de cuento y la velocidad de un rayo para acabar posándose en el antebrazo de Sindri, casi como si fuera un fiel halcón dispuesto a cazar. Mas la caza ya había sucedido y la presa ya estaba siendo entregada. Con la sutileza de una aguja cayendo al suelo, las tinieblas envolvieron el brazo del bibliotecario y lo aislaron de la vista del mundo para que la Anatema pudiera obrar su magia ante un Hechicero expectante y curioso. Tras un momento de respiro, el brazo quedó totalmente paralizado pero, a cambio dolor despareció suave y progresivamente hasta que no quedó absolutamente nada.

Y de pronto comenzó. Unos sonidos realmente desagradables de raspaduras, cosas que se ataban, cosas que se rompían, algo que cortaba, algo que desgarraba y una aguja que cosía una tela gruesa y mojada. Poco a poco y con decisión. Pero la oscuridad no se movió ni un ápice, ni una sola arruga se hizo presente en la tela de una noche oscura y sin estrellas. El ruido continuó durante unos tensos y largos instantes hasta que simplemente cesó. Y tan súbitamente como había hecho todo su trabajo, las sombras se desvanecieron al momento como una nube que se deshacía en el horizonte y revelaron un brazo sangriento… pero sin el más mínimo corte en la blanca piel del muchacho. Sólo la sangre que cubría la carne y los jirones de tela de lo que alguna vez fue una manga dejaban entrever el pasado olvidado de la herida.

Con un suspiro de hastío por tener que volver a zurcir su ropa, Sindri se dirigió hacia su compañero de batalla mientras hacía algunos aspavientos con el brazo teñido de rojo. Bien sabía que no eran necesarios, la Anatema era una sanadora puntillosa y se había asegurado de no dejar ni siquiera cicatriz, pero no pudo evitarlo – Si usted lo dice. No voy a ser yo el que perseguirá a pie un enemigo a lomos de un wyvern. – contestó el bibliotecario con voz queda y no combativa. Si él creía que ya habíamos ganado las monedas por hoy no se lo iba a discutir, él era el que conocía mejor el ejército de Bern – Una pena que haya ahuyentado el caballito, ahora tendremos que caminar sí o sí toooooooooodo el camino de vuelta. Ahuhuhu~ – ¿Quién sabe? Quizá el ejército de Bern pagaba unas pocas monedas por cualquier montura que trajeran con ellos de vuelta al campamento, ya fuera caballo o wyv…

Oh, cierto, los wyvern. Se había olvidado completamente de tomar cualquier tipo de notas sobre los reptiles de cuatro patas que habían tratado de enviarlo al otro barrio. Algo que podía entenderse, pero perder tal oportunidad no fue del todo del gusto del erudito aventurero. Pero ya no se podía hacer nada al respecto, por lo que… – Venga, le invito a una ronda de la bebida más fuerte que haya en el campamento. Creo que nos hemos ganado un buen descanso. – y con aquellas palabras oteó al horizonte brevemente antes emprender el largo camino que los llevaría de vuelta al campamento repleto de amigables y amabilísimos soldados de Bern.
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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

Mensaje por Eliwood Ayer a las 11:42 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Sindri ha gastado un uso de su tomo de Worm.
Roquentin ha gastado un uso de su tomo de viento.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Roquentin obtiene un nuevo skill de la rama Mage:

Mancomunidad - Permite a dos o más magos, si se encuentran juntos, combinar su magia para amplificarla enormemente, aún si esta es de distintos elementos, generando un ataque combinado capaz de atacar grupos enteros de enemigos a la vez. Sólo se necesita que uno de los magos posea Mancomunidad para poder atacar en grupo. (En Modo Mapa, cuando un mago ataca a un objetivo usando Mancomunidad, todos los demás enemigos adyacentes a este también sufren 1 punto de daño.)

¡Felicitaciones!
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Marqués de Pherae

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Re: [Campaña de liberación] La hoguera de invierno [Privado; Roquentin]

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