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[Entrenamiento] A ojos humanos, el dragón que llora, ruge. [Priv. Eliwood]

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Mensaje por Nils el Sáb Mar 31, 2018 4:02 am

Habían pasado ya varias semanas desde la última carta que recibió de Eliwood y, aun si deseaba regresar al castillo aun no sentía que fuese una buena idea debido a sus recién adquiridas "habilidades". Evitaba en la medida de lo posible el ir hacia la ciudad por lo que se instalo en lo que parecía una casucha abandonada en las afueras, probablemente del tiempo en que los emergidos atacaban Pherae y nadie había querido reclamarla de nuevo; el lugar le gustaba por que había un rio moderadamente profundo donde podía atrapar peces y un espacio amplio de bosques donde recolectaba frutas y bayas para comer.

Si bien aquellos días pasaban sin incidentes distaban mucho de ser tranquilos para el joven bardo, las cicatrices de quemaduras en sus manos eran un constante recordatorio de aquel terrible día y, sin el don de ninis con el cual solía tocar música para apaciguar su alma, era constantemente atacado por pesadillas y se sentía nervioso todo el tiempo. No fueron pocas las veces en las que intento transformarse por voluntad propia, sin éxito, pero aun era para el despertarse de una pesadilla transformado y quedarse atascado en esa forma por varios días, era una situación precaria y preocupante para el bardo pero refugiado en aquel lugar tan apartado sentía que no habría ningún problema.

Lo que no tomaba en cuenta era que, al matarse en el rio en su forma de dragón los aldeanos que Vivian más abajo detectaban una temperatura anormal en el agua y, mientras nadaba tranquilamente en el susodicho algunos cazadores locales llegaron a verle sin que él se percatara, los cuales bajaban al pueblo aterrados apoyando sus historias con los extraños sonidos que de vez en cuando venian del bosque. Al principio los soldados no se tomaron muy en serio los rumores de aquella criatura, pues eso eran, mas al ver que la inquietud y el temor crecían en los habitantes tuvieron que tomarse cartas en el asunto pues era probable que hubiese algún movimiento turbio en el bosque y usasen a un "monstruo" como tapadera para mantener a la gente alejada.

El marqués estaba de viaje por lo que se discutió el asunto entre aquellos dejados a cargo pues no parecía ser la gran cosa…. hasta que, mandando a un grupo pequeño de soldados a hacer reconocimiento se toparon en seco con la criatura cuyo rugido les helo completamente la sangre. La verdad era que Nils había tenido una pesadilla hacia algunas horas y acabo por transformarse y, aquel rugido, no era más que un bostezo por su parte por la falta de descanso. Por supuesto los soldados intentaron dar lo mejor de sí para matar a tan aterradora bestia mas sus armas no lograron hacer siquiera un rasguño en la resistente armadura de escamas que recubría su cuerpo. Por supuesto el chiquillo se asusto con ello y si bien no deseaba hacerles daño les tiro un par de coletazos para que lo dejasen tranquilo; los soldados regresaron adoloridos pero vivos para contar lo sucedido.

A partir de allí la cosa fue mucho a peor pues si bien Nils sabía que no podía salir del bosque en aquella forma los soldados le daban caza siempre que podían, metiendo redes en el rio para atraparlo y haciendo patrullajes constantes con el fin de eliminar aquella amenaza. Nils por su parte hacia lo que podía para mantenerse oculto pero los patrullajes eran cada vez mas y con menos espacio de tiempo entre uno y otro. Al final paso lo que debía pasar y fue encontrado, los soldados comenzaron a atacarle, haciéndole retroceder lentamente a una trampa que le habían tendido para acorarlo y acabar al fin con aquel problema.

Nils se limitaba a retroceder, sin atacarles realmente pues aquellos eran los hombres de Eliwood y estaba seguro que, sin importar las circunstancias el marqués no le perdonaría si asesinaba aun que fuese a uno solo de ellos y, por otra parte el entendía que solo hacían su trabajo. Intentaba hablarles para aclarar las cosas más de su garganta solo salían rugidos que eran interpretados como hostilidad de su parte. Al final fue totalmente acorralado y el pobre chiquillo, asustado y un tanto frustrado tiraba uno que otro coletazo para alejar a sus atacantes, congelando el área con su halito para hacerles más complicada la tarea de acerarse o pelear.

"ATRÁS!!!, NO QUIERO HACERLES DAÑO!!!!, VAYANSE!!!!!!"
- ROAAAAAAAARRRRR!!!, GRRRRRRR!!!!! RWAAAAARRR!!!! -
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Sus gritos desesperados salían como estruendosos rugidos que hacían temblar mas a uno más se negaban a retroceder pues después de tanto tiempo al fin habían logrado acorarle. La situación era desesperante para ambos pues por un lado las armas no parecían hacerle daño y por otra el crio no sabía cómo detener aquello sin que acabase en la muerte de algunos soldados.
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Mensaje por Eliwood el Miér Mayo 02, 2018 9:40 pm

Cuando los rugidos del dragón alcanzaban su timbre más crudo y estremecedor, la tierra llegaba a vibrar bajo las patas de los caballos en un tremor sordo. A su vez, ondas distintivas se dibujaban y agitaban la superficie del río que seguían, toda piedra en su lecho remeciéndose por cuanto duraba el sonido. No era nada menos que atemorizante; un bramido que llevaba a la mente una imagen monstruosa, la de una criatura a cuyo tamaño y ferocidad nadie humano debería de poder sobreponerse. Incluso la más temeraria lógica lo admitía. Una fuerza que remecía la tierra era sin dudas incomparable a la de un mero hombre, sino yaciendo más cercana a lo que en otros continentes llamaban "dioses". Al oírlo, al sentirlo él mismo retumbar en su pecho, Eliwood titubeaba. Comprendía la sensación inspirada en sus soldados y el sentigo de urgencia y de riesgo que los había movido a actuar ante algo así.

Y él mismo temía a esos riesgos. Intentaba confiarse con todo su corazón a saber con exactitud qué ser soltaba esos rugidos, a saber que no se trataba ni de un monstruo ni de un enemigo de los hombres siquiera, pero si no lo fuese, si no se tratara de su Nils... no podía imaginar por completo cómo terminarían las cosas. La posibilidad lo atosigaba. Desconsolador resultaba también el pensamiento de que fuese el joven dragón, el que a esas alturas debía estar en pleno combate bajo las armas de los mismos pheraens que lo habían resguardado cuando se alojaba como simple bardo en el castillo, sus propios caballeros. Fuese del modo en que fuese, algo terrible estaba sucediendo. El marqués sólo podía rogar arribar a tiempo al sitio, presionando una y otra vez al blanco caballo entrenado, cuyos cascos golpeaban con fuerza el suelo en tremores y cuyo aliento pesado ya resoplaba continuamente. Había partido tan pronto como había oído de lo que sucedía al Este de la ciudad principal del marquesado, apenas a horas de su regreso, mas aún entonces podía haber sido tarde.

Su caballo repentinamente trastabilló, resbalando en el suelo escarchado. Con una exclamación de sorpresa, el pelirrojo sacudido en su montura haló de las riendas, intentando con desesperación reducir la velocidad y ayudar al animal a estabilizarse. No podía lidiar con una caída tan desastroza como sería a ese paso, no otra herida tan difícil de sanar cuando aún cargaba una. El golpe de otro caballo al costado del suyo fue lo que logró hacerle recuperar el ritmo y posicionar las patas debidamente otra vez, oportuno favor del único acompañante que Eliwood había llevado a su lado. Sonriendo con gratitud a su más confiable capitán, pronto regresó la mirada al camino, forzado a proceder por el mismo a un paso más cuidadoso. Si bien antes había observado césped escarchado en varias zonas, señal de una típica helada nocturna hasta donde había creído, a aquellas alturas había áreas de metros ya en que el suelo parecía más bien cubierto por una capa considerable de hielo. Debía de estar cerca. Un nuevo rugido se lo confirmó, surgiendo casi ensordecedor entre el paisaje boscoso, y Eliwood se encaminó en esa dirección.

- En cualquier momento lo veremos... al dragón que han hallado. - Comunicó con la voz tensa, baja. En cuanto a lo que debía hacerse, no era mucho lo que podía decir y ser consciente de ello volvía las cosas aún más complicadas. No podía hablar sobre Nils, no tenía tiempo ni lograría nada bueno intentando explicar una historia como la suya; pedirle a sus hombres que abandonaran la visión histórica con que habían sido criados, el legado de su país y su continente sólo para obedecerle a él causaría estragos en el ejército y por seguro arruinaría de forma permanente su credibilidad como líder. Con el ceño fruncido, una expresión muy poco usual en el caballero pelirrojo, dijo lo único que le parecía poder. - Cuando estemos ante él, debes estar listo para oír mis órdenes y para respaldarlas guiando a los demás. Las cosas serán complicadas y sé que suena extraño, pero te lo ruego, necesitaré que confíes en mis decisiones. - Pidió, mirando al aguerrido paladín de soslayo. El hombre asintió mudamente.

Aunque forzados a seguir los caminos que el hielo dejara para las patas de los caballos, los hombres irrumpieron al fin en el lugar del combate. Eliwood apretó los dientes al encontrarse con la penosa imagen de la bestia acorralada, defendiéndose, y los caballeros igualmente desesperados e indecisos entre atacarla o contenerla, cuando ambas tareas parecían imposibles. La mirada de muchos se tornó con rapidez hacia el marqués, esperando que con su llegada la situación cambiara de alguna forma. Él, deteniéndose tan próximo como podía, levantó la vista al manakete. En esa cercanía, el frío que creaba ya hacía que su aliento se condensara blanco ante su boca. No comprendía en la más ínfima medida las expresiones en ese rostro reptiliano y ojos de homogéneo color, tampoco tenía la menor idea de cómo podría saber de forma definitiva que se trataba de Nils, pero intentaba de alguna forma hacerlo. Cual fuera el modo en que pudieran salir de esa situación requeriría de él también. Al fin halló un momento en que creyó estar en la línea de visión de la criatura, y lentamente alzó la mano. - Soy yo. - Sus labios modularon sin sonido, su mano posándose en su pecho, esperando alguna especie de señal de parte del otro. No obstante, los intentos de los soldados de reducirlo persistían.
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Mensaje por Nils el Jue Mayo 03, 2018 1:18 am

Recordaba, aun atrapado en aquella forma podía recordarlo, no había manera de que no lo hiciera. Los días felices en Pherae pasaban por sus ojos como fugaces memorias, como solía correr por los pasillos del castillo, a veces tocando su alegre flauta para los mucamas, otras para los soldados en sus descansos, días felices y despreocupados donde todos sonreían y compartían su felicidad los unos con los otros. Entonces la realidad lo golpeaba de lleno al notar caras conocidas mirarle ahora con miedo, algunos incluso con el odio que por siglos a los humanos de Elibe se les inculco sobre los dragones… y allí estaba Nils frente a ellos sin poder decirles que era él, sintiendo un punzante dolor en el pecho al entender la dura realidad; antes eran amables con el por qué lo creían uno de ellos y estaba seguro que, de poder descubrir que era el probablemente le atacarían con más saña al sentirse traicionados.

Odiaba aquella forma, odiaba lo que era, era su sangre maldita la que le impedía llevar una vida tranquila como cualquier humano haría, condenado a vagar por siglos en constante temor, incertidumbre y dolor. Se preguntaba que había hecho él para merecer aquello, sin entender lo aterrador e imponente que resultaba su presencia para los humanos, lo amenazantes que sonaban sus rugidos. Los soldados temían por sus familias, por su hogar y por si mismos por lo que pese a que cada ensordecedor rugido de la bestia hacía temblar a más de uno y la temperatura del lugar decencia de forma cada vez mas drástica se negaban a retroceder.

"Basta, por favor…"
- Rwwwrrr… grrrrrr…. -

Sin embargo de sus ojos no brotaba ni una lagrima, aun que estaba aterrado, aun que le dolía pelear contra los que alguna vez le recibieron tan cálidamente; aquel cuerpo tan diferente a la frágil forma humana que tuvo por siglos no tenía la capacidad de expresarse de forma tan clara como lo hacían los humanos. Por supuesto, cualquier dragón notaria que aquello que los humanos consideraban rugidos eran en realidad chillidos desesperados de un crio, su miedo se manifestaba en la temperatura cada vez más baja que emanaba su cuerpo, cubriendo las escamas verde claro de su cuerpo con una fina capa de escarcha que reforzaba aun más la dura armadura que era ahora su cuerpo. Los soldados no la estaban pasando mejor pues aun si Nils no les estaba atacando sino mas bien repeliéndoles a coletazos y empujones, no estaban equipados para pelear a bajas temperaturas, sin mencionar que ya desde el vamos un coletazo del crio bien dado podía romperle algún hueso a cualquiera que no estuviese bien protegido con una gruesa armadura.

La desesperación al haber sido acorralado comenzaban a tomar cada vez más fuerza en el crio cuya mirada carmín comenzaba a afilarse al ser el instinto por sobrevivir el que tomaba fuerza al ser atosigado por tanto tiempo. Sin embargo, después de haber soltado un rugido especialmente fuerte que retumbo por todo el bosque su mirada carmín, al pasearse disimuladamente por los que le rodeaban se vio atrapada por una cabellera roja como el fuego, un hombre alzaba el brazo y si bien no lo pudo reconocer por el calor del momento de buenas a primeras aquellas palabras mudas articuladas en su boca y la mano en el pecho le hicieron bajar la guardia casi de inmediato.

"Eliwood?"
- Brrrrrrrgoohhh? -

La bestia dejo de moverse unos momentos, centrando toda su atención en el marqués y plegando las aletas en su cabeza hasta que quedaron pegadas a su cuerpo cuando hasta ahora se encontraban extendidas con afán de intimidar, mostrando sorpresa hasta cierto punto, siendo a su vez un notorio menear de cola el que acompaño tan curiosa "expresión"; igualmente el gruñido que articulo fue mucho más suave en comparación con los gritos desesperados y atronadores que había soltado hasta ahora. Los ojos del dragón se iluminaron al ver a su querido marques por fin, intentando avanzar hacia él lanzando un grmido lastimero pidiendole ayuda, cosa que facilmente podría mal interpretarse como todo lo demas.

- ROAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRGGGGGGG!!!!!!!! -

Mas la sensación de dolor en su costado le obligo a retroceder soltando un chillido de dolor. Al parecer uno de los soldados, aprovechando que por alguna razón la bestia había dejado de atacar y defenderse, aunado al hecho de que la bestia parecia haber centrado su atención en el marques, se armo de valor arremetiendo con fuerza contra la bestia montado sobre su caballo "Palomo" logrando clavar su lanza en un punto ciego que el dragon tenia entre las escamas y si bien no fue una herida lo bastante profunda para considerarse grave si lo fue para que aquella arma quedarse clavada en su costado. Casi como un acto reflejo, tal como había ocurrido en Bern, el niño reacciono al dolor provocado lanzando una mordida a una velocidad que no podría esperarse de una criatura tan grande, después de todo y aun si Nils intentaba no lastimar a nadie no tenía ni la fuerza de voluntad ni el autocontrol suficientes como para sobreponerse a su instinto en cuanto lograban hacerle daño. Para bien o para mal, las fauces del dragón prensaron al caballo por el lado del cuello y torso, tirando al aterrado jinete que vio como su caballo gritaba en las fauces del dragón para después ser arrojado violentamente hacia un lado, muriendo casi al instante. Las aletas de su cabeza volvieron a alzarse entonces, soltando una suerte de siseo a la par que el dragón comenzaba a retroceder, agazapándose sobre sí mismo como lo haría un animal acorralado.
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Mensaje por Eliwood el Jue Mayo 31, 2018 4:36 pm

La criatura paró, toda su atención claramente puesta en él, para luego agachar la parte superior del cuerpo y dirigirse de forma directa hacia su persona. Aunque la visión de algo tan grande y tan peligroso moviéndose a tanta velocidad hacia sí era digna de sobresalto, causando que el corazón del caballero se saltara un latido y todo él se tensara en expectación, se contuvo de hacer más que eso, permaneciendo quieto sobre su caballo. Se convencía de que lo que presenciaba era a Nils, buscándolo. Nada más que el dulce muchacho que bien conocía. Y al reconocerlo arqueaba las cejas en un gesto misericorde, sin saber cómo recibirlo, cómo comunicarse con él o si aquel cuerpo dracónico podría oír palabras humanas siquiera. Era aún tan sólo un hombre, ante algo que no comprendía.

Pero habría de intentarlo. Se apeó cuanto antes de su montura, pues de cualquier modo el animal no podría seguir más cerca sin riesgo de resbalar en el hielo. Tan sólo hubo hecho amago de moverse aprisa al encuentro del manakete, su escolta preguntando con agitación qué hacía, cuando el segundo gran rugido embotó su audición, deteniendo sus pasos sin que pudiese controlarlo. Volvió la cabeza con súbito pánico. En aquel instante divisaba ya al otro pheraen retrocediendo de su ataque, incapaz de tomar su arma de regreso del cuerpo del dragón, y prontamente a este contraatacando. Perdió noción de qué pensar, viendo a quien ya reconocía como Nils dando tan rápida muerte a un caballo, mas cuanto menos le aliviaba que el jinete hubiese caído de inmediato en la primera sacudida, regresándose con cautela a sus demás compañeros. Mudando su expresión a una por completo seria, habló con firmeza al soldado consigo. - Llévatelos de aquí inmediatamente. Llévalos hasta la ciudad y espérenme allí, por favor. Deja a mi caballo cerca. - Dijo. Sin dejar espacio a una réplica, se adelantó de inmediato y alzó la voz más aún, esta vez para las tropas allí, que se habían apenas movido para evadir el pesado cadáver equino lanzado a corta distancia de ellos. - ¡Atrás! ¡Vayan con Marcus, sigan sus órdenes! ¡Rápido! - Clamó. Él, por su parte, desenvainó la espada para darles cuanto menos la impresión de que sabría encargarse del dragón entre tanto.

Descolocados pero obedientes de su señor, los caballeros pronto retrocedieron hacia el capitán. Teniendo aún tan próximas las palabras con que Eliwood le había rogado obedecer sin chistar, el hombre no pudo hacer más que reforzar sus ordenes también, indicando a las tropas que le siguiesen. Por su parte sin más opción sino ganar tiempo, actuar en la forma en que se esperaría de él mientras sus hombres pudieran verlo, el terrateniente debió de mantener su espada en su mano al dirigirse hacia el gran reptil en cuyo lado veía fluir brillante y copiosa la sangre. A cada paso que daba el frío calaba más profundo en él, se introducía bajo su ropa para erizar y entumir su piel. Sabía que estaba actuando en una forma terrible yendo armado hacia él, comprendía la posibilidad de que sus modos asustaran o enfurecieran a Nils, pero así debía ser. Sin querer siquiera pensar en ser atacado de regreso, sólo se apresuró cada vez más, ya corriendo hasta alcanzar la gacha cabeza de la criatura. Soltó su espada y rodeó la enorme cabeza con sus brazos, dejándose caer hacia atrás para llevarla con todo el peso de su cuerpo abajo, a tierra, pretendiendo que lo retenía aunque su fuerza seguramente no bastara para ello.

Ya casi no oía los cascos de los corceles alejándose. Ya casi contaría, pues, con la necesaria soledad. Aún así, aflojaba desde ya su agarre en el dragón, un brazo soltándose primero para acariciarle el cuello, luego el otro con cautelosa lentitud. - Nils... Nils... - Comenzaba a llamar por lo bajo, la voz tomada por la ansiedad de la situación. Desconocía todos los infortunios que habían llevado a agravar tanto las cosas, mas sólo podía esperar que la agresividad de la criatura fuese reversible, que las cosas no hubiesen ido demasiado lejos como para subsanarse.
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Mensaje por Nils el Vie Jun 01, 2018 2:36 am

Para cuando regreso en sí, pudo sentir un extraño sabor a hierro en su boca y como escurría liquido de él. El niño tardo unos momentos en discernir que había sucedido hasta que vio al caballo muerto que acababa de lanzar y como un jinete de Pherae retrocedía lentamente, habiendo sentido a la muerte perdonarle por escasos centímetros, llevándose a su fiel y dedicado corcel Palomo en su lugar.

"Ay  no…. "
- Grrrrr….. -

El corazón no solo le dolía por el hecho de haber asesinado a una criatura viva a sangre fría si no que sentía haber traspasado línea, quedando mas allá de toda compresión o reconciliación. Por supuesto desde su nueva altura le era difícil discernir con total claridad lo que se decían entre los humanos a menos que lo estuviesen gritando por lo que, en cuanto vio a Eliwood avanzar hacia él con espada en mano Nils sintió como si el corazón le diese un vuelco.

"No es lo que parece Eliwood!, Puedo explicarlo!, Eliwood!!! "
- Grrraaa Ergwooohhh!, grrrr!!!, grrrhhhh!!!, Ergwoooohhh!!!! -

A diferencia de los rugidos que soltaba y resonaban haciendo temblar la tierra, los gruñidos que soltaba al ver a Eliwood acercarse sonaban mas como chillidos agudos, comenzando a retroceder conforme el otro avanzaba…. para su desgracia lo tenían en un lugar donde, retrocediendo, topaba con una pared de piedra por una elevación que había en el lugar. Lo entendía, pese a todo entendía el por qué de aquello, Eliwood era un humano después de todo y tenía que hacer lo que se esperaba de él…. si, el era un dragón y como tal debía morir a manos de un héroe para que todos tuviesen una vida tranquila; pese a todo si se trataba de Eliwood sentía que podía aceptarlo… si, de entre todos los humanos solo a Eliwood le permitiría matarle sin oponer resistencia, solo a él podría dejarle llevar el título de "héroe".

"Por que de ninguna manera podría verte como a un enemigo…"
- Brrrrr…. Grrrr… grrr….. -

Y entonces, al verle correr hacia él, el dragón soltó un suspiro pesado, dejando salir vapor blanco de su boca, una brisa helada que emanaba de sus entrañas aun sin así desearlo. El frio ya estando cerca del dragón de hielo debería ser insoportable a ese punto para cualquiera que se acercase a él sin los debidos abrigos típicos de tierras heladas como Ilia, sin embargo conforme el marque se acercaba al joven manakete el frio curiosamente iba disminuyendo, el entumecimiento que el frio provocaba desaparecía como por arte de magia y, al tocar a la criatura el tacto podría definirse más bien agradable aun que su cuerpo entero estaba recubierto de escarcha…. el lugar aun estaba helado sin embargo una fuerza extraña parecía proteger al marques, quizá el poder del mismo dragón quien le quería pese a todo.

Justo entonces cuando esperaba sentir la espada de Eliwood atravesarle se sorprendió al notar un tipo de presión sobre su cien, notando que se trataba de Eliwood haciendo el ademan de querer frenarlo… una suerte de sonrisa se dibujo entonces en el rostro del dragón pues ahora lo entendía; era verdad que él estaba obligado a actuar de la forma que se esperaba de él, pues respectivamente el dragón debía morir y el héroe matarlo pero ahora que las miradas ya no estaban sobre ellos el pelirrojo ya no debía seguir esa pantomima. Escucho llamarle por su nombre y sus ojos brillaron de dicha al sentir las caricias en su cuello pero…. como hacerle entender que todo estaba bien?, como podría hacerle llegar el mensaje?. Entonces lo recordó, una canción popular en Pherae que muchos bardos cantaban en bares y posadas, el mismo recordaba haberla interpretado varias veces en el castillo, de hecho.

"En aquellos días lejanos
recuerdo como tú y yo descansábamos tranquilamente
Al despertar y buscarte no estabas
Y ahora estoy llorando, sin saber por qué.

Aun si las memorias vienen a mi mente, no parece suficiente
Pero tú sabes quién soy, oír tu voz trae felicidad a mi corazón
Así que si llegas a verme llorando en soledad
Solo di mi nombre, solo di mi nombre e iré a tu encuentro
"

Por supuesto, de la garganta del manakete solo salían gruñidos sin sentido, mas se las arreglaba para lograr entonar la melodía de dicha canción, esperando que el marqués la conociera y recordarse la letra. Entonces, notoriamente tranquilo el niño se acomodo en el piso congelado para recostarse, cuidando de hacerlo al lado contrario de donde estaba aquella lanza aun clavada en su costado. Si bien el hielo bajo de ellos estaba teñido en rojo, su herida había dejado de sangrar relativamente pronto pues la escarcha alrededor del arma incrustada en su cuerpo había comenzado a congelarla deteniendo la hemorragia. Mientras tanto el niño siguió entonando aquella canción a como le era posible a base de gruñidos, esperando alguna reacción por su parte.

Spoiler:

No se si podamos ponerla para los efectos del "frio" pero aqui la dejo igual XD
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El aura tranquilizadora del manakete causa que sus aliados, sólo con permanecer un turno a su lado, pierdan cualquier estado alterado bajo el que estuviesen (intimidación, silencio, parálisis, berserk, skills atemorizantes, etc). A su vez, al permanecer junto al manakete es imposible que caigan bajo estos.
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Mensaje por Eliwood el Sáb Jun 16, 2018 4:23 pm

Spoiler:
Del skill... hagamos de cuenta que sí? xD Es una especie de efecto!

A sus ojos, el rostro del manakete carecía de expresión interpretable, como también podría pasar inadvertida si la hubiese cualquier humedad acumulada bajo sus ojos, confundible con la calidad ya abrillantada de la piel escamosa. Del mismo modo, aunque con certeza sus gruñidos tuvieran cierto tono, algunos más agudos y otros más roncos, le eran tan ajenos que fallaba en comprender si lo gruñido era seña de dolor y lo emitido en chillido una advertencia o amenaza, si acaso al revés, o apuntando todo ello a cosas distintas fuera de su imaginación inmediata. Lo único concreto a lo que pudo aferrarse, a través del temerario acto que estaba intentando, fue el hecho de que el dragón no hacía siquiera amago de morderlo o agredirlo. En cambio, se quedaba laxo en su agarre, desvanecido de a poco hasta su gélido aliento. Se dejaba a sus manos. Aunque el hombre continuara respirando el aire helado de ese ambiente y el mismo frío siguiera teniéndole cubiertas las manos, no se sentía en absoluto entumecer y sabía, así, que podían quedarse ambos como estaban.

El frío comenzó inclusive a ceder, y con él comenzó a derretirse la escarcha en el cuerpo de la criatura, mojándole los guantes al acariciarle. Los gruñidos rítmicos y medidos, como en un patrón de habla, captaron su atención entre tanto. Creyó que el dragón hablaría en lengua común, tardando largos segundos en seguir apropiadamente su tono y comprender que había una musicalidad detrás, adrede. Una canción. Sólo entonces pudo comenzar a reconocerla, captando casi que al final cual era, de entre las varias que había oído al pequeño bardo interpretar en su limitado tiempo juntos. Una sonrisa de alivio tan grande que rozaba lo bobalicona se dibujó en el rostro del pelirrojo, que a su vez se dejó caer sentado al suelo frío, todavía con los brazos alrededor de la cabeza draconiana; y su propia cabeza, ahora, apoyada como con supremo cansancio sobre el puente de la nariz rasgada. - ¡Gracias a la santa...! - Soltó en una exhalación las palabras, sin contenerse mucho en aquel preciso momento. - Sabía que debías de ser tú... ah, pequeño, lamento tanto tener que hacer las cosas así, te ruego comprendas... -

Cerró los ojos un instante, sólo dejando que el estrés abandonara su cuerpo a su justo tiempo. Todas las dudas que habían surgido en su mente al oír sobre el dragón fuera de control en el reino, preguntas que por seguro había querido hacer sobre la situación de Nils, se desvanecieron de forma inoportuna a aquellas alturas, dejándole sin idea respecto a qué deseaba decir o por dónde pretendiera comenzar. Todo parecía fuera de alcance. Comenzó tan sólo por aguzar el oído, constatando que los cascos de los caballos se hubieran perdido en la lejanía y no perdurara más que la quietud del área despoblada, su respiración algo remecida por el frío y la del manakete. Entonces el hombre abrió sus ojos, cesando las caricias en el cuello del gran reptil, y se movió con lentitud para salir de aquella posición. Todo seguía desordenado en sus ideas, pero cuanto menos una cosa resaltaba como prioridad por sobre todas, algo que hacer cuanto antes.

-  Quitaré la lanza, ¿de acuerdo, Nils? - Dijo, por lo bajo. Se movía ya hacia atrás para vislumbrar con más cuidado, en detalle, el enorme cuerpo reptiliano; nunca, ni en pintura alguna de las muchas que hubiera tenido o podido ver en su vida, había podido ver una imagen así. Los dragones en las representaciones antiquísimas eran sombríos, figuras ominosas dibujadas en trazos rojizos y caóticos, acompañando con el estilo de arte la impresión calamitosa que debían inspirar en el observador. La imaginación artística, de todos modos, no habría podido reproducir las formas exactas de lo que estaba viendo entonces, las aletas de criatura acuática y los colores precisos de todo. Era una experiencia impresionante que no iba a poder siquiera mencionar después, y no sabía si eso la disminuía o exaltaba. Pero el asta de lanza en el costado del manakete resaltaba en demasía, casi grotesca a la vista la imagen de algo sobresaliendo donde no debía estar.

Eliwood no quiso imaginar tal cosa en el Nils que conocía, tan pequeño en comparación, no pensó siquiera en el asunto de si pudiese o no tomar esa forma de regreso tras el aspecto que ahora llevaba. Tan sólo se enderezó se quitó los guantes mojados y se pasó la mano por el cabello algo movido antes de ponerse a la tarea, rodeó al reptil y tomó el asta con una mano, la otra apoyada en el cuerpo frío a poca distancia de la herida. Sólo a criaturas que no soportaban el frío les entumecería esa temperatura, pero esperaba que incluso a él le ayudase cuanto menos un poco a soportar dolor. Miró hacia la cabeza del manakete, serio, luego de regreso a la herida, comprobando que la escarcha era fina y que la rompería al halar. Enseguida lo hizo, retirando en línea recta el arma, para retroceder llevándose la misma y clavarla en el suelo a cierta distancia.
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Mensaje por Nils el Dom Jun 17, 2018 12:51 am

Las caricias en su cuello eran agradables, en especial en las escamas más suaves pero no menos resistentes que eran de un color más claro ubicadas desde la parte baja de su hocico y su cuerpo. Al parecer Eliwood había entendido el mensaje y se mostraba aliviado a la par de agotado por la situación, el niño se limito a dejarse hacer recargando suavemente su nariz en el hombro contrario pero sin dejar caer su peso en este para no lastimarlo. Las fosas nasales de la criatura se abrían y contraían al ritmo de su pesada respiración, aquellos grandes y redondos ojos carmines cuya expresividad era cuestionable se cerraron a la par que la criatura seguía recostad en el frio suelo, en sumisión y tranquilidad casi completa. Por supuesto y aun si estaba agotado era incapaz de regresar a su forma humana pues el dolor que aquella lanza provocaba en su costado le daba la sensación de aun estar peligro y ya que era incapaz de controlar enteramente su instinto este mantenía aquella forma en un afán de protegerse. Aun asi la temperatura gélida alrededor de ellos dos comenzaba a normalizarse aun que el hielo probocado por el halito del dragon dificultaran un tanto el proceso.

"Está bien Eliwood, yo entiendo"
- Brrrrr, brrrrrrr, brrrrrr -

El manakete se dio la libertad de acariciar cariñosamente el rostro del merques con la punta de su hocico para hacerle entender que no guardaba ningún tipo de resentimiento, que entendía perfectamente el por qué de su actuar hacia unos momentos atrás. Aquello era una sorpresa agradable; Eliwood, un humano, estaba contemplándolo en su verdadera forma y aun así le dedicaba palabras tan suaves como cuando se dirigía a él en su forma humana, le acariciaba suavemente y no llegaba a notar en sus ojos celestes rastro de deprecio o de odio. En el fondo Nils se sintió afortunado de haber conocido al marques llegando a desarrollar un apego hacia el aun mayor de lo ya sentía desde antes; su rayo de luz en la penumbra. Ante sus últimas palabras el niño asintió con su cabeza reptiliana haciéndole entender que comprendía lo que recién le había dicho, plegando las aletas nuevamente a su cuello y recostándose totalmente en el suelo, apartando la cola con forma de aleta en su costado para darle al humano paso libre hacia su cuerpo para que retirase el objeto incrustado.

Vistas de cerca las escamas de la criatura eran exactamente del mismo tono azulino aqua que tenía el cabello del chiquillo en su forma humana y las resistentes membranas de sus aletas tenían un brillo prismático similar al de las auroras boreales, cada una de las escamas en su cuerpo era lisa y brillante dando casi la ilusión de que cada una de ellas se tratasen de algún tipo de joya preciosa. Por supuesto, el dragón rugió de dolor en cuanto el objeto fue retirado de su cuerpo mas no se movió de su sitio para no asustar al pelirrojo y llegase a pensar que pretendía atacarlo. Entonces, se le ocurrió una excelente idea que ya había aplicado antes y por la situación tan desesperante no se le había ocurrido intentar.

Una de las patas de la criatura cuyas enormes garras eran tan afiladas como parecían se alzo, mas la pata se cerró en una suerte de puño dejando solo una garra alzada, el suelo aun estaba escarchado y en algunas partes congelado por lo que no fue difícil para el chiquillo comenzar a escribir en este haciendo uso de su zarpa.

"Les di un buen susto"

Fue la primera frase escrita por el dragón quien alzaba su largo cuello un poco para mirar de frente al pelirrojo. Quería lanzarse a abrazarlo, deseaba acurrucar su cabeza en el cuerpo contrario y sentir su aroma una vez más, le había entrañado, le había extrañado tanto más se abstenía de darle cualquier muestra de afecto por temor a lastimar al pelirrojo, irónicamente mas pequeño en estatura y frágil que él en ese momento.

"Lo siento, no quería causar problemas…"

Escribió a continuación agachando la cabeza dando a entender que estaba apenado y mirando a su amigo humano con sus ojos redondos y carmines cuyas pupilas eran alargadas y finas, unos ojos que podrían resultar intimidantes y distaban de ser la mirada adorable saturada de aquel carmín brillante que poseía su forma humana.

"Trate pedirles que se detuvieran pero no podían escucharme… tampoco quería morder a Palomo, le debo una gran disculpa a Roland."

Los reconocía, claro que había identificado los rostros de aquellos soldados que habían convivido con él, recordaba sus nombres y lo cálidos y amables que habían sido con él. El dragón soltó un amplio suspiro, haciéndose un ovillo al recordar las miradas de odio y temor que esas mismas personas le dedicaron al verle en ese momento.

"Eliwood… que debería hacer?, crees que me odien si se enteran que era yo?... Olvidalo, no tienes que responder a eso, es un hecho que no estarán muy contentos de saber que convivieron con un dragón todo este tiempo."

La herida de su costado comenzó a cerrarse pocos segundos después de que el marqués retirase aquella lanza del cuerpo del manakete dando mudo testimonio de lo aterradoramente efectiva que era la capacidad regenerativa de ese tipo de criaturas, razón principal por lo que era tan difícil abatirlas en aquellas lejanas épocas de la batida.
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Mensaje por Eliwood el Dom Jul 08, 2018 11:17 pm

Los gruñidos y sonidos agudos le eran tan inentendibles aún como antes, pero cuanto menos si se permitía guiar por los indicadores físicos, por los gestos y movimientos que realizaba el manakete, sentía que comprendía al menos un poco. El empuje con su hocico tenía que ser algo bueno, casi un cariño, tan similar a lo que hacían algunos de sus caballos. La relajación de su cuerpo y la postura quieta debían de ser un indicador de que confiaba en él para lo siguiente que debía hacer. Eliwood intentó con toda atención seguirle el paso a todo aquello, pasando la vista continuamente desde los movimientos a lo que estuviera haciendo con la cabeza el reptil, buscando comprenderlo, aunque mudamente. Le exponía su cuerpo, su herida, alejando las aletas y cola de la zona; debía ser que estaba listo. Así fue que retiró la lanza. El nivel de dolor del otro era algo que desconocía, aún sus rugidos parecían amplificarlo todo al punto en que cualquier hombre perdía noción, pero sabía él que con toda certeza sería para mejor. Había sido necesario.

Dejada incrustada ahora en el suelo la lanza, volvió la vista de inmediato al lugar de la herida. Bajo la escarcha, la sangre fluía escasamente entre las escamas tornasoladas y azules, siguiendo sus patrones. Aún así, pensó que algo de medicina sería lo mejor. El problema entonces era sopesar si le serviría de algo una dosis pequeña a tan grande criatura, y más aún, palmeando ya el único contenedor que cargaba en una pequeña bolsa de cuero en el cinto, cómo dárselo sin poder empinarlo a la garganta ni mucho menos esperar que el manakete se encargara, cuando ni la punta de su lengua podría caber en el cuello de botella. Pensaba en esas nimiedades el marqués, en el momento en que percibió la pata de la criatura moviéndose en un patrón particular sobre la cama de hielo a su alrededor. Se acercó curioso, ojeando lo trazado en líneas resquebrajadas pero rectas. Al leerlo en definitiva, una risa escapó incontenida de sus labios.

- ... hah... ¡ahahaha! ¡Muy bien, muy bien! ¡Podemos entendernos! - Sacudió la cabeza de lado a lado, impresionado por aquella muestra de ingenio. No era la primera vez que el bardo tenía soluciones, donde tenía él complicación. Con cuidado y algo de emoción pasó la vista por las palabras, al fin palabras llanas, en su lenguaje, que podía entender sin más. Se sintió a cuenta nueva conectado con tan ajena e increíble criatura, reconoció en ella el habla de su Nils, que leyó con atención. Sin embargo su sonrisa perdió vivacidad a medida que recorría las palabras, mas no terminó de borrarse del rostro maduro y apacible. No podía decir que comprendiese con exactitud la profundidad de su dolor, aunque imaginaba, entendía la abominable situación que acaba de atravesar. Ser atacado por quienes apreciaba era el trago más amargo. El pelirrojo, guardando silencio hasta que terminase el manakete de trazar letra a letra sus temores, pensó también en lo que toda esa forma de comunicación podía significar. De haber podido, seguramente el bardo habría vuelto ya a su cuerpo pequeño y humano; quién sabía cuando podría hacerlo, si acaso volvería a ser posible. Eligió callar esa duda, dejarla de lado para después, y responder antes a las ajenas.

- No sé si... - Comenzó, inseguro de qué alivio podía en verdad ofrecerle al dolido dragón. No podía prometer que lo aceptaran según su verdadera forma. Pensó, sin embargo, que se quedaba sin opción sino intentarlo. Desconocía aún qué podría hacer, mas por sobre todo necesitaría tiempo. Tiempo para pensar una respuesta que darle a Nils y tiempo para pensar en qué podría verdaderamente hacer. Volvió la cabeza hacia él. - No es el momento para ello. Estoy seguro de que no te odiarán, habrán de entederlo, pero... tendremos que esperar un poco, para explicárselos. En todo caso, ese tiempo probablemente te pase mucho más rápido que a mi. - Ofreció, nuevamente dando una sonrisa. Darle tiempo a las cosas no era exclusivamente una evasión, sino también una oportunidad de dejarlo todo ir. Las aguas se asentarían un tanto. Incluso él, humano para quien el tiempo corría raspando siempre los talones, podía prescindir de un par de días para ello. - Con lo cual quiero decir que me quedaré contigo entre tanto. Vamos a alguna parte, Nils. - Agregó a aquel punto. Después de todo, no podría dejarle a solas. - Pongámonos al día, pensemos en ello otra vez luego. Al menos, es lo que yo quisiera hacer, viéndote después de tanto tiempo. Cuando volvamos, claro, será ambos. -

Era lo mejor que podía hacer, según sinceramente creía, para darle tiempo al manakete de tranquilizarse y a sí mismo también de hacerlo, además de pensar con detenimiento en lo siguiente. Despreocupadamente caminando para ponerse ante la criatura, miró a sus ojos rasgados con ya cierta naturalidad. Antes de esperar su respuesta, alzó también el dedo índice, recordando algo más. - Ah, y... hmm... - Indicó. Aún debía pensar en el modo de darle medicina. Ladeando el cuerpo un poco, miró en busca de la herida en su costado, sin conseguir hallar el rastro rojo bajo escarcha. - ¿... hm? ¿Tu herida? -
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Mensaje por Nils el Miér Jul 11, 2018 9:00 pm

No sabía exactamente como, pero se sentía mucho más tranquilo y a salvo como nunca antes en aquella forma se había sentido. Incluso en ese momento el hombre le dedicaba palabras amables, quizá intentando consolarle o tranquilizarle más siglos de vida le decían lo contrario, que no sería posible para el vivir tranquilamente entre los humanos y las posibilidades de ser aceptado por ellas eran mínimas, tal cual era el caso del marqués Elbert y su hijo. El dragón ladeo la cabeza en cuanto este pregunto sobre su herida, torciendo su largo cuello un poco para mirar. Soltó un pequeño bufido antes de regresar la mirada al hombre pelirrojo.

"Ah, eso…. pues creo que ya ha sanado, casi no me duele, solo molesta un poco"

Escribió el dragón esparciendo un poco el hielo bajo el con la zarpa para poder seguirle trasmitiendo sus palabras al humano pues el hablar normalmente podría estar descartado de momento.

"Al parecer los dragones de hielo nos recuperamos muy rápido…. SORPRESA!"

Se acomodo nuevamente para quedar en una posición mas cómoda, replegando nuevamente su cola hacia su cuerpo como lo tenía antes; intento sonreírle a su amigo mas con ello solo logro abrir la boca mostrándole todos los dientes. El aliento de la criatura tenía un muy entendible olor a pescado pues a diferencia de los tiempos en los que vivía en el castillo el pescado crudo había sido casi lo único que había podido consumir debido  sus muy considerables dificultades para visitar algún pueblo para comprar víveres.

"Quiero que te quedes conmigo…. "

Acerco cariñosamente su gran cabeza hacia Eliwood, nuevamente haciéndole mimos con el hocico, aun sacando un leve vapor blanco cada vez que salía aire de sus fosas nasales.

"O eso te diría si fuese tan egoísta como para no entender que debes regresar con los tuyos, Eliwood"

De verdad no deseaba separarse de él, dentro de su pecho ardía el más ferviente deseo por estar siempre a su lado, por tomar u mano, por caminar a su lado… por hacerlo feliz, no solo porque era el hijo de Elbert sino porque había llegado a quererlo, le quería tanto que el estar lejos de él, aun que fuese solo unos días, resultaba casi doloroso.

"Si te quedas pensaran que te hice daño o peor, todos van a preocuparse por ti. Yo… no creo poder regresar a Pherae, si bien sigo siendo yo en todo momento no puedo controlar cuando me transformo o regreso a mi forma humana, tampoco puedo hablar como bien podrás adivinar. Solo te causare problemas."

Comento mirando hacia el cielo que se colaba a través de las hojas de los arboles con cierto desasosiego. No recordaba un solo humano que hubiese acabado bien por estar en compañía de dragones, comenzando por su padre y terminando por Elbert.

"Quisiera quedarme y vivir con ustedes, sería lindo que todos me aceptaran y sobre todo pasar los días y los años a tu lado, nada me gustaría mas que eso… pero soy un monstruo Eliwood y tanto tu como yo sabemos que los monstruos no tienen finales felices en ninguno de los cuentos."

Recargo suavemente su cabeza en el hombro del marqués, haciendo leves sonidos que parecían gruñidos muy tenues y que hacían vibrar el cuello y el pecho del dragón.

"Te quiero Eliwood…. y porque te quiero debo irme. Porque siempre habrá quienes vayan detrás de mí; porque aun si tu eres especial, a ojos humanos el dragón que llora, ruge."

El dragón miro su zarpa y sus grandes ojos se comenzaron a ver cristalinos mas incapaces de llorar en aquella forma. Ahora no podía siquiera abrazarlo pues difícilmente controlaba su fuerza en esa forma y temía lastimarlo. Que otra cosa podría hacer para protegerlo?, si el marqués regresaba junto a él, aun si explicaba la situación imaginaba todas las repercusiones que defender a un dragón traería a su reputación, a los conflictos innecesarios que tendría que atravesar, a la batalla contra el colmillo negro quienes seguro aun estaban tras de él. El joven dragón entonces recostó su gran cabeza en el suelo escarchado, agotado por todo lo sucedido mas sin quedarse dormido.
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Mensaje por Eliwood el Mar Ago 28, 2018 2:13 pm

Cuanto menos, no tendría que temer más por ver al bardo peligrar, pues al parecer las heridas le duraban poco en ese cuerpo. De la perforación de lanza, apenas quedaba una rugosidad bajo la capa de hielo, en las escamas externas; pronto podría ni estar ahí. Cual fuera el motivo de eso, era un alivio y una cualidad formidable. Cualidad que al parecer también era nueva para Nils, según su forma de nombrarla. Con una exhalación de alivio, Eliwood agregó también, enseguida. - Entre otras maravillas. Qué gracioso resulta que tú tampoco las conozcas, dado, bueno, que seas tú mismo... - Dijo, pasando la vista entre el hielo resquebrajado que les servía de pizarra y la cabeza del manakete, ingenua sonrisa bien puesta en los labios. No dejaba de sorprenderlo ni de halar su curiosidad, todo lo que sucedía en torno al otro, y dudaba que la sensación fuera a desaparecer pronto. La presencia de algo como él era gran asunto al que acostumbrarse. Suponía que habría de ir de a poco, paso a paso.

Tal como tenía que hacer en su trato con él. Era claro que la mente del joven caía a rumbos cada vez más oscuros y el marqués, en verdad, no podía hacer prácticamente nada por ayudarlo. No sabía nada de lo que le ocurría, su condición o lo que pudieran siquiera anticipar que ocurriera. Tan sólo podía pasar la vista por sus palabras con el humor mas hermético que lograra, esforzándose por mantener él, al menos, un aire de calma ante la agitación del manakete, si acaso sólo por no dejar empeorar las cosas. Bajó la vista al hielo y mantuvo silencio, apoyando la mano sobre la cabeza dracónica cuando esta se acercaba o se posaba contra él. El aliento frío le dejaba una estella de escarcha en algunos mechones de cabello rojo, pero no hacía amago de quitársela de encima. Nils expresaba intención de irse, mas ni por un momento el hombre creería que era su deseo, ni admitiría que lo tomase tan grave decisión en tan mal momento. Sólo le leyó, apretando un tanto los labios, tensando la tenue sonrisa para no hablar temprano.

Sin embargo, se permitió la libertad de agacharse junto a él, acto con que no le interrumpía aún, allegándose hasta la cabeza de escamas lisas y volviendo a acariciarla. Más confiado ya en su forma de interactuar con tan ajena criatura, sostuvo la cabeza sin vacilaciones y presionó sobre el hocico un beso cuidadoso, entre las líneas de las fosas nasales. En su mente equivalía a besar la cabeza del muchacho, sobre su cabello o acaso su frente; la perspectiva se perdía en el cambio de cuerpo, pero sentía el gesto como algo normal. Y lo hacía, a fin de cuentas, por no reconocer en voz alta que Nils tenía la razón. Era una criatura más vetusta que el marqués o toda su familia, no era carente de sabiduría y hablaba con fundamento: un dragón no sería bien recibido en Lycia ni en toda Elibe, como ya había comprobado en carne propia. Él podía tranquilizar a los suyos, podía apelar inclusive a su estado como mayor autoridad del reino en esos momentos y ejercitar su derecho de hacer como deseara, mas lo único que conseguiría sería dividir opinión pública sobre su mandato y esparcir una sensación de inseguridad, de peligro dentro de las murallas, entre sus ciudadanos. Un dragón no podía volver con él. No en esa forma. Pero Eliwood estaba determinado a conseguir, antes, algo más de la situación, alguna otra respuesta, si tan sólo lo pensaba con cuidado. Se separó de la cabeza del reptil y se alzó, sacudiéndose la ropa un tanto.

- Una tarde, un día o dos no matarán a nadie. Ya he dicho lo que pienseo hacer, creo que ha sido suficiente de eso. - Dijo entonces, calmo pero resuelto. Sus ojos se posaron sin titubeo en los ajenos y persistió, aferrándose a lo que antes había dicho que haría. Ni siquiera respondió en detalle a las preocupaciones ajenas; no involucrarse en la discusión más larga y sólo declarar lo que deseara concluir era la forma en que se mantenía uno a la cabeza en la corte, no distaba de ser una realidad general. Siguiendo esa pauta, se alejó varios pasos, en dirección a donde había atado a su caballo, en claro ademán de salir de ese sitio. En el camino prosiguió. - Si me quieres, lo cual me honraría, ven a caminar conmigo un momento. Sólo eso te pido. Han sucedido muchas cosas y me serviría un amigo a quien contarle. - Decidido a persuadir, miró por sobre el hombro al manakete, dedicándole una sonrisa ajena a todo "pero". Desató las riendas de su caballo de donde había sido dejado. - El resto, después. Pero primero, me hace falta ese paseo. ¿Me lo negarás? -

En el fondo, cultivaba la inquietante sospecha de que no hubiera forma de revertir al dragón a la pequeña forma humana con que lo había conocido. Y tal cosa tenía la capacidad de alarmarlo por dentro, tenía la capacidad de no llevar a nada más que catástrofes, pero era algo que tenía que considerar, como cualquier otra posibilidad. Bien podía ser, también, que la transformación fuese reversible, como la de las bestias pequeñas, los laguz caninos y felinos de los que sabía ya un poco a aquellas alturas; si lo fuera, era claro que Nils no sabía cómo hacerlo. Lo único que sabía era que no podría llevarlo de regreso si no conseguía que volviera a su cuerpo anterior, como también que no debía dejar su lado mientras necesitara esa ayuda. Consideró montar a caballo para andar, mas decidió lo contrario y sólo echó a llevar al animal por las riendas, a lento paso por el camino de tierra. Extendió la mano a su lado, como ofreciéndola al otro.
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Mensaje por Nils el Vie Sep 28, 2018 6:40 pm

No entendía el cómo pero podía sentir las caricias ajenas sobre su cabeza y, admitía que si no estuviese en su forma de dragón, se habría puesto más colorado que un tomate con aquel beso que deposito en su nariz el cual le acelero un tanto el pulso. No había mucho que hacer pues lo que había que decirse ya estaba dicho y el dragón se disponía ya a marcharse en cuanto se pusiese de pie, mas al escuchar la petición contraria simplemente no pudo rehusarse; Nils estaba bastante acostumbrado  seguir su propio criterio, de tomar decisiones en base a las situaciones que enfrentaba por que no había nadie más de quien depender, desde muy pequeño se había visto solo en el mundo y con la pérdida de su hermana esa costumbre de solo depender de si mismo se había arraigado fuerte en el joven dragón… aun así, pese a que sentía que lo mejor era marcharse, la criatura de ojos carmines se puso de pie y, con un movimiento ligeramente bamboleante la criatura comenzó a caminar en dirección al marques dando a entender que le concedería el paseo que pedía.

Los dragones de hielo no solo se diferenciaban de otros por tener aletas en lugar de alas sino que en su forma de andar se notaba que eran ligeramente torpes andando en tierra. Nils por su parte, siempre se sintió más a gusto dentro del agua que fuera de ella incluso en su forma humana teniéndole mas gusto a los peces, moluscos y criaturas marinas que a la carne de criaturas terrestres como reces, cerdos y pollos; los dulces fueron más que nada un gusto adquirido y estaba totalmente seguro de ser una criatura carnívora pues ya fuese por el desagrado que sienten los niños naturalmente a las verduras o cosa de su dieta como criatura mítica, definitivamente las verduras no estaban dentro de sus comidas favoritas. La criatura avanzaba hacia el marqués con la cabeza ligeramente gacha y las aletas de su espalda alzadas centrando sus ojos carmines en su compañero humano y haciendo sonidillos de gruñidos ligeramente agudos e incomprensibles.

No era un problema ya el no poder hablar, escucharía a su amigo y para ello necesitaba agachar un poco la cabeza y que su altura no le dificultase tal tarea. Conforme fueron dejando la zona congelada por el manakete, la escarcha en su cuerpo comenzó a caerse y el frio fue mitigando poco a poco cayéndose finalmente al piso la escama donde antes estaba la herida, dejando al descubierto la piel azulina del reptil totalmente curada, siendo la regeneración de la escama el último paso faltante para su curación total. El cuerpo del manakete relucía como si lo hubiesen pulido, pero aquello se debía a que su cuerpo estaba ligeramente húmedo por la escarcha que antes lo protegía y lo mantenía saludable, después de todo era una criatura acuática.

Con un singular tumbado Nils se mantenía ya a la par del marqués, sin necesidad de mucho esfuerzo para alcanzarlo debido a las grandes zancadas que daba con su gran cuerpo, su cola se meneaba de un lado a otro y sus grandes garras dejaban marcas en el piso cada que pisaba en este, dando testimonio de lo afiladas que eran aun sin imprimir mucha fuerza al usarlas.

"Y bien?"
- wrar? -

Pregunto el chiquillo orientando su mirada al marques, emitiendo desde su garganta un gruñidito rítmico que podría compararse levemente a un ronroneo. El caballo por su parte no parecía incomodarle la compañía del gran reptil pues cuando este estaba tranquilo aun emitía esa aura agradable y fresca a su alrededor, una que se sentía como los primeros copos de nieve de la temporada, gentiles suaves y refrescantes.
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Mensaje por Eliwood el Dom Nov 11, 2018 12:24 am

Escuchó al manakete moverse para seguirlo, poniendo en su rostro una sonrisa confortada. Al menos, procedían de la forma más pacífica y la que consideraba mejor: alejarse y pensar en todo con tiempo. Ocultando todo el alivio que sentía, el hombre de cabello rojo sólo continuó andando al mismo ritmo, llevando por un lado a su caballo, de las riendas, y por el otro al manakete, a cuyos pasos y espacio en el camino tuvo intención de acomodarse, mas sin resultar aquello innecesario pues se acoplaba el mismo dragón a él. Ladeó la cabeza para mirar ese curioso andar suyo, reminiscente al de una serpiente por el movimiento de la columna y la cola, sólo que acompañado de cuatro extemidades, con el que la criatura no pisaba siquiera pesado y dejaba su cabeza a una altura bastante cercana a la del hombre. De momento satisfecho con ese avance, un mínimo desarrollo, dejó un espacio de silencio pasar. No había prisa. Al contrario, pretendía asegurarse de que lo tomaran con calma.

Tras un trecho de algunos metros más al fin habló, mas con un inocuo primer comentario. Volvía a tenderle la mano y la dejaba extendida en ese modo a su lado, aunque su vista se hallase invariablemente puesta hacia adelante. - ¿Por qué no intentas darme tu mano? - Dijo, con suavidad. Era una sugerencia ciertamente complicada; desde luego, no se refería a que el dragón apoyara en su mano una de las grandes patas que usaba para caminar, sino que intentase enfocarse en el acto de darle la mano, si acaso una canalización así pudiera ayudarle a cambiar de regreso a su forma pequeña y humana. Ese era, al menos, el objetivo que el marqués se planteaba. Dejó la mano tal como la tenía, a la espera y dispuesto a permanecer así buena parte de camino de ser necesario, pues sólo necesitaba la otra para sostener las riendas del manso y comportado caballo. Sin presionar aquel asunto más que eso, a la brevedad continuó.

- ¿Recuerdas las cartas que me escribiste mientras me hallaba en Akaneia? - Él mismo sonrió al rememorar, alzando la vista hacia la agradable luz que se colaba entre el complejo tapiz de copas de árboles. - ¡Cuanto bien me hicieron! No sabes cuantas veces las leí. El libro también, estaba guardándolo y lo empecé el día en que partí a Magvel, de modo que me durase, también lo habré leído dos veces. Saber de tus viajes era inigualable, sólo inigualable. - Dijo. Todo había sido un definitivo confort y una alegría entre las campañas de guerra; un retiro de la descorazonante realidad para remitirse a una más fantasiosa y aventuresca, exactamente lo que creía que el Nuevo Mundo debía y tenía el potencial de ser. Había amado cada pequeño relato o acotación y pensado en ellos a menudo, deseándole al bardo más de aquellos episodios. Soltó un leve suspiro. - Me habría gustado mucho tener cosas tan maravillosas para escribirte de regreso, pero... mis historias no lo habrían sido. Conquistamos Regna Ferox porque Altea lo deseaba. Hecho eso, tuve ocasión de decidir por mi mismo un rápido viaje a Magvel, pero el continente se hallaba ya fuera de posible auxilio. No había mucho que pudiera hacer, tuve que regresar y aquí me tienes. No hice más que prestar espada y dirigir la guerra. - Y a sus ojos, no había nada agradable que relatar en todo ello, ni siquiera el éxito de la conquista de qué enorgullecerse. Sólo era guerra. "Guerra por auxiliar a desafortunados vecinos, para proteger al indefenso" según el discurso alteano, mas Eliwood cuestionaba altamente esa visión del reino. No era la clase de combate que tuviera siquiera posibilidad de dar fin a lo que sucedía. Nada tenía de destacable. Un pequeño indicio de tensión se trazó en sus cejas.

- No siento que las tomas de tierras, como la de Regna Ferox, sean lo que deba yo estar haciendo, no es lo correcto ni lo que en verdad necesitamos. Pero, ¿qué opción tenía? Estaba atado de manos. Fui a Magvel porque quería hacer lo correcto, allí había un grupo de sabios que había logrado, de hecho, descubrir bastantes cosas sobre los emergidos, temía por su destino... y en efecto, llegué muy tarde. Quizás si hubiese ido allí desde el principio... - Admitió. Eran pensamientos formados no recientemente, sino por largo tiempo ya, mas que no podía comunicar a nadie por completo. Toda persona con quien interactuaba estaba involucrada en una forma u otra, su descontento se volvería un problema si era expresado, una fuente de discordia o un peso más que cargar. Entre todo ello, Nils era el único ser ajeno al asunto, lo suficientemente separado como para que Eliwood pudiera expresarse ante él sin temor a consecuencias, también el único capaz de verlo todo desde fuera del marco. Agradecía ese hecho más de lo que mostraba. Sin alteración en su tono, sino con simpleza, siguió. - ¿No somos ridículos los hombres? No podemos discernir qué es lo correcto. Y si podemos, difícilmente somos capaces de hacerlo. ¿No soy yo también un simple ridículo? -
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Mensaje por Nils el Dom Nov 18, 2018 3:27 am

El drago caminaba junto al marques, sin emitir gruñido alguno, solo caminando a su lado, respetando el silencio que había entre ambos y, aun que su rostro fuera incapaz de mostrarlo cierta felicidad le invadía al estar por fin reunido con su querido amigo… Era verdad que para un dragón el tiempo pasaba realmente lento por lo que siglos pasaban en u parpadeo, sin embargo, cada día que estuvo separado del pelirrojo fue tortuoso y pareció una eternidad aun para sus estándares. Miro atentamente la mano del hombre y escucho la petición, entendiendo de buenas a primeras que no se refería a las zarpas que tenía en ese momento y, aun si esa no era la petición contraria temía que sus garras hiriesen a su amigo si lo intentaba; la única manera era tomar la mano del marqués con su pequeña y frágil forma humana. Nils cerró los ojos un momento intentando visualizarse a sí mismo de nuevo en su forma humana mas sus escamas brillaron solo levemente, dejándole aun con su aspecto de dragón.

Como no podía hacer otra cosa escucho lo que Eliwood comentaba sobre sus cartas, alegrándole en el corazón que le hubiesen gustado, desde su perspectiva había pasado miedo en muchas de ellas y regresar a lo que fue la tierra que vio morir a los últimos dragones de hielo, Goldoa, no fue precisamente agradable… aun con esas, si había logrado dibujar en su amigo una sonrisa entonces había valido la pena, imaginaba también que el haber estado perdido en el bosque de Nohr unas horas no podría compararse al mal trago que debían dejarle las campañas de guerra a su amigo, del desgaste que la violencia constante debían dejar en criaturas tan efímeras y frágiles como los humanos. Las preocupaciones del marqués le acongojaron el corazón, deseaba poder consolarlo, darle palabras de aliento, deseaba poder apoyarlo y como dragón no podía hacerlo, sin darse cuenta una tenue luz envolvió a la criatura cambiándola de forma y una pequeña mano, fría al tacto se deposito en la del hombre pelirrojo. Las manos de Nils eran distintas a la última vez que Eliwood las había visto pues tenían ambas cicatrices de quemaduras serias con aspecto reciente aun que ya totalmente curadas.

- Si te digo la verdad… yo tampoco entiendo a los humanos, ¿como podría? -

Comento la voz temblorosa de un niño, uno que el marqués conocía bien. Sin pedir permiso simplemente se limito a abrazar al marques, hundiendo su rostro en él y percibiendo aquel aroma que le era tan nostálgico y agradable.

- Lo que es correcto y lo que no depende mucho de cada persona, es normal que les cueste discernir entre tantos puntos de vista distintos. -

Comento separando su rostro del cuerpo contrario pero aun manteniendo su abrazo, mirándole con sus ojos grandes y brillantes cuyos irises lucían aquel color carmín saturado, acompañado de su cabello verde aqua y su piel tan blanca como la nieve de Ilia.

- Creo que el problema no radica en que no puedan hacer ningún cambio, todo lo contrario. Ustedes los humanos tienen el poder de cambiar el mundo y su curso pero son demasiado impacientes como para esperar los resultados y por ello a veces se precipitan demasiado. Quizá tu no veas que hayas hecho la diferencia en Magvel pero, conociéndote, habrás hecho la diferencia para muchas otras personas que sin ti seguro habrían muerto. Me equivoco? -

Comento dedicándole una amplia sonrisa, conocía a su querido marques y lo terco que podría llegar a ser, también del corazón tan grande que este poseía por lo que podía asegurar sin temor a equivocarse que seguro había ayudado a todos los que pudo en su campaña de guerra, a todo el que lo necesitara.

- Hay cosas que puedes hacer y otras que no, hay cambios que ocurren de forma notoria y escandalosa mientras que otras son tan discretas como los granos de arena dentro de un reloj; Ten por seguro que nada de lo que haces es en vano…  -

Nils estaba realmente cansado pues utilizar tanto tiempo su poder le habían drenado todas sus energías, aun así, estaba feliz de estar allí, a su lado, sintiendo su pequeño corazón golpear fuertemente contra su pecho y aferrándose al pelirrojo casi como si temiese que al soltarlo se desvaneciese y dedicandole a su querido marques la mejor de sus sonrisas.

- Al menos para mí ya eres todo un héroe pues me has salvado mas veces de las que puedo contar, agregando esta a la lista, claro. -

Y dicho eso volvio a apoyar su rostro en el cuerpo contraria, lanzando un suspiro aliviado y guardando silencio y simplemente disfrutando de su reencuentro.
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Mensaje por Eliwood el Jue Ene 03, 2019 2:06 pm

Lo cierto era que había llegado a abstraerse en el transcurso de cuanto se había puesto a hablar sobre sus últimos meses, más aún a sabiendas que no podía esperar ninguna respuesta verbal del dragón a su lado. Quizás, de no ser por aquel hecho, habría contenido sus palabras y mantenido su atención más dividida, en lugar de perder noción y llegar a hablar tan abiertamente, con la mirada distraída en los detalles del camino. No obstante así lo había hecho, y cuando su foco de atención se hallaba más perdido entre las líneas imprecisas del borde del camino fue que la mano de características ya humanas se posó sobre la suya, logrando por un momento sorprenderlo. Controló el instante, reprimió cualquier reacción incauta que pudiera agitar al manakete e hizo el mayor de sus empeños por proseguir actuando casual, no mirarlo de forma muy obvia ni nada por el estilo. Ladeó la cabeza y carraspeó para no mostrar su aliviada y feliz expresión.

Aunque se preocupaba en vano de la sutileza, a fin de cuentas. Apenas se había establecido ese contacto y apenas había llegado a oír a Nils hablarle con la familiar voz de antes, cuando el pequeño cuerpo del muchacho impactó contra el suyo, lanzado a abrazarse. Soltando un leve "¡uf!" de sorpresa, el hombre fue empujado medio paso atrás. Como tantas veces antes, lo que sus ojos percibían se hallaba en disonancia con las ideas y conocimientos que oía del dragón, y sus gestos y actos le quedaban también en un intermedio gris, dentro del que ciertas cosas, como aquella, eran muy capaces de tomarlo por sorpresa. Y con todo, no estaba seguro de entender para cual de ambos más iba ese abrazo. Quien estaba en la mayor necesidad de contención y quién podía proveerla, pues aunque Nils también hubiera atravesado una infinidad de circunstancias desde aterradoras hasta dolorosas en el último tiempo, no era él quien parecía más perdido. Empujó la conclusión fuera de sus pensamientos antes de que terminara de formarse. En su lugar, simplemente agradecido, se encorvó un poco para sostener de regreso al manakete. El frío que su figura emanaba ya no era más que un detalle, una característica única.

Allí, en aquella quietud, le escuchó hasta el final, aunque le quedara la impresión de que no lo comprendía del todo, de que no estaba percibiendo las cosas en la escala en que el dragón las juzgaba. - He hecho lo que he podido, en su momento, pero... simplemente no sé si... - Musitó. Por supuesto que podía creer en el gran efecto de pequeños actos, mas no creía hallarlos con facilidad, no creía que nada suyo hubiese apuntado todavía a esa grandeza, capaz de tocar los engranajes de la historia. Por seguro, nada de lo que había hecho hasta entonces fuera tan acertado. No obstante, en cierta parte la forma en que el manakete lo expresaba se hacía innegable. Enderezándose un tanto, el hombre le miró al rostro como si buscase en este el entendimiento, y al fin, rendido por lo seguro que el bardo parecía, se quedó sin más remedio sino suspirar y levemente asentir. Al menos, en el proceso de todo, a él le había salvado y a él le había ayudado en toda medida posible.

- Lo que más he temido es... estar enteramente en el camino equivocado. ¿Comprendes? Yo y mis ínfimos esfuerzos siendo gastados en la dirección equivocada, sin poder ver el verdadero método de ayudar a salvarnos. Si fuera así, cualquier buen logro estaría condenado a ser siempre demasiado poco. - Se explicó con lentitud. En fuerto interno, comenzaba ya a admitir que el camino equivocado era exactamente donde había estado él, la mayor parte del tiempo. Llegar demasiado tarde en Carcino había abierto sus ojos a ello. Una sonrisa agridulce apareció de a poco en sus facciones. - Pero... es por eso que he decidido cambiar, y espero que esta decisión también ínfima me haga un hombre más grande. Regresé para descansar, para reponerme de mis heridas y para cambiar de rumbo, de aquí en más. - A medida que procedía en aquellas palabras, desaparecía gradualmente el pesar y se tornaba más franca su sonrisa. Asintió para sí, como si cimentase en apenas ese instante el pensamiento. - Voy a dejar de empuñar mi espada y llevar a mis hombres a causas en que ni siquiera yo creo. No más guerras infames. En cambio, ¿qué haré? Buscar el verdadero camino, supongo. Aunque no sepa del todo cómo hacer eso aún. ¡Todavía es una idea en proceso, digamos! -

Al menos, de esa resolución sí estaba orgulloso. Tenía un estratega a su servicio que había estado proveyendo de valiosos datos respecto a los emergidos; aún si no viera todavía el camino a erradicarlos de raíz, a perseguir la fuente del problema en lugar de enredarse en las sintomáticas disputas por tierra, creía tener buenos inicios. Al fin, mostrándose algo más animado por aquellas ideas, terminó de enderezarse, y en el proceso llevó consigo al pequeño bardo que enmascaraba a un milenario manakete, cargándolo como si le sentase en un sus brazos para mantenerlo a altura, y quedándole inclusive por encima pues debía mirar hacia arriba para igualar sus ojos ahora. - Te agradezco toda esta fe en un simple hombre, Nils. Hallarte ha sido verdadera fortuna... - Exhaló, mirándolo con inconmensurable aprecio. Se volvió hacia el caballo, pues a la montura era donde pensaba subir a Nils, el motivo por el que lo había levantado así. Ahora que volvía a tener ese aspecto, cabría sobre el lomo de un caballo. - Desde luego, deberé intentar que tu creencia sea justificada y lograr algo más. -
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Mensaje por Nils el Dom Mar 03, 2019 4:33 am

Nils se mantenía aferrado al marqués, en estándares de dragón había pasado muy poco tiempo pero para Nils aquellos meses separado de Eliwood habían sido largos y tortuosos. Le había extrañado, el sonido de su voz, ese aroma que le resultaba tan nostálgico, incluso las caricias en su cabello y el trato tan cariñoso que siempre le daba cuando estaban juntos. Sin saber cómo ni desde cuando aquel joven dragón tan desconfiado, arisco y evasivo se había encariñado de aquel humano más de lo que podría haber imaginado nunca. Aun si entendía que solo le causaría problemas estando a su lado su corazón simplemente se negaba a aceptarlo y le pedía a gritos permanecer junto a él.

El niño le escucho tranquilamente, sin interrumpirlo. Recordaba haberle advertido sobre ello en aquella apartada isla de Altea donde lo encontró mal herido… Si, esa vez intento convencerle de abandonar aquella guerra que para él no tenía sentido,  rindiéndose poco después ante la incapacidad de que sus palabras no podían competir con los “deberes de un marques”. No quería verle herido, no deseaba verlo triste o presa del sufrimiento, por ello apelo a su propia empatía y no menciono nada al respecto ni le repetiría las advertencias que ya le había dado.

- Apoyo eso de no participar en más guerras sin sentido…  –

Comento dejándose cargar sin ningún tipo de reparo por el hombre pelirrojo. Ni el mismo podría creer, si quisiera pensar en ello, en que algún día permitiría a un humano el sujetarlo de aquella manera, siendo que las primeras veces que conoció al marques el chiquillo solía resistirse o negarse a ser cuidado, a que le ayudasen o siquiera intentasen reconfortarlo.

- Pero ten la seguridad de que permaneceré a tu lado… no importa si encuentras o no un camino verdadero, estaré detrás de ti siempre y cuidare cada uno de tus pasos.

El joven dragón se recargo en el hombre que le cargaba, envolviendo con sus delgados brazos el cuello del marques, sonriendo ampliamente y acurrucándose junto a el de forma cómoda y cariñosa.

- Justo lo contrario Eliwood, soy yo quien realmente se siente afortunado…

Omento cerrando sus ojos carmines, soltando un gran suspiro mientras se dejaba llevar por el agradable momento, sintiéndose feliz simple y llanamente por estar con él en ese momento que era solo para ellos dos, sin nadie que mirase o juzgase, sin protocolos de por medio.

- Porque desde que te conocí…. ya no estoy solo… -

Algo en su interior, un vacío lleno de soledad, tristeza y miedo se habían ido llenando con el tiempo de una sensación cálida y agradable, los días eran más felices e incluso los eventos aterradores o dolorosos se convertían en cuentos y aventuras que eran escuchados con atención y entusiasmo. Estando junto a Eliwood, habiendo conocido a los últimos dos marqueses de Pherae incluso un futuro donde dragones y humanos viviesen felices en armonía no sonaba tan irreal o disparatado.

- Si te digo la verdad, estoy hecho trisas… Mi cuerpo siempre acaba agarrotado después de transformarme así que… si te parece bien… hay una granja vacía en las cercanías donde me he estado quedando.

La verdad es que no deseaba regresar a Pherae aun pues aun si no lo decía abiertamente lo cierto es que el enfrentamiento reciente contra los soldados del reino lo habían dejado asustado. No los odiaba, dentro de su mente entendía el porqué de sus reacciones pero el comprenderlo no le resultaba menos doloroso… de momento solo deseaba que esa tranquilidad junto a su marques durase aunque fuse un poco más.
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Mensaje por Eliwood el Sáb Abr 13, 2019 1:09 am

En efecto, muchas cosas habían cambiado en ambos de ellos desde que todo aquello había empezado, como también a su alrededor. Para Eliwood, encontrar a aquella criatura había sido el primer paso de una clara cadena de acontecimientos, la torcedura de camino que había necesitado para que todo empezara a cambiar, pieza a lenta pieza. Parecía que algo similar había ocurrido del lado opuesto también y resultaba hasta gracioso, visto todo en retrospectiva. Recordaba muy bien las escabullidas e intentos de huir del dragón cuando sólo había pretendido ayudarlo un poco; ahora, pese a haber sido atacado por soldados confundidos, todavía era capaz de quedarse. Ciertamente era un alivio pensar que ya no haría falta corretear tras su pista ni preocuparse de que se esfumara en cualquier instante.

Ahora, Nils expresaba querer quedarse con él en una forma más valiosa aún. Curiosamente, hasta protegerlo, aunque el marqués no imaginaba cuan literalmente o hasta cual extento quería decir aquello. Por lo pronto, permitiéndole sostenerse de su cuello, supuso que no había verdadera prisa en subirlo al caballo, y mientras permitía al peso de aquellas palabras asentarse permaneció allí, de pie, sosteniendo al manakete. Le quedaba claro ya que eso era lo que Nils necesitaba, quizás por la cercanía, quizás por el simple hecho de estar de regreso en un cuerpo pequeño y poder ser sostenido en esa forma. Familiarizado ya con la sensación fría que colaba aún a través de los guantes, de la ropa, Eliwood le acomodó contra sí, presionando como pudo un ligero beso entre su cabello. - Estoy aquí. En este momento, no hay nada de lo que necesite ser protegido, por lo que puedes descansar en paz, Nils. - Murmuró entonces. Desde luego, había aceptado su voluntad.

Cómo habían cambiado las cosas, verdaderamente. A partir de aquel punto a él le tocaría pensar, ultimar los detalles de cómo, exactamente, un dragón habría de ser introducido como lo que era en Pherae. No cabía duda en su mente de que permitir que se mostrara era lo necesario. Tanto por la integridad de Nils como por todo lo que habría de venir a futuro, no había otro modo sino permitir que le conociesen como el ser longevo, sabio e inesperadamente fuerte que era. Y no podría ser nada menos que arduo, pues conocía muy bien lo que todo ciudadano en Lycia creía sobre cualquier especie de dragones, pero de alguna forma u otra debería ver que funcionara. Idearía una estrategia, introduciría a las personas correctas cuidadosamente al secreto primero, les acostumbraría a la idea hasta que la aceptasen y luego, cuidadosamente, presentaría a Nils a los ojos de la población general en la luz más positiva posible. No era distinto a ningún otro asunto político; si lo planificaba debidamente, si le hallaba el momento crucial y la forma perfecta a ello, por seguro conseguiría que el surgimiento del manakete fuese percibido como el afortunado hecho que era para Pherae. Por seguro la influencia de Altea, que veía en muy alta estima a tales seres, podría ser un elemento de inmensa ayuda en su momento. Y con que la gente del marquesado lo recibiera, bastaría. Funcionaría. Sólo tendría que ser en extremo prudente e inteligente al respecto.

La seriedad de aquellos pensamientos le mantuvo absorto, sosteniendo mudamente el liviano cuerpo de a quien él también se dispondría a proteger en su propia forma, hasta que las palabras exhaustas del bardo le movieron a actuar. - ¡Ah! Sí, desde luego... - Dijo, esforzándose por apartar esos pensamientos de su mente y cambiar su enfoque a lo inmediato. Acercándose a su caballo, ayudó primero a Nils a posicionarse en la silla, antes de subir él justo detrás. Sus brazos quedaban a ambos lados del más pequeño al sostener las riendas, cobijándole contra sí en una forma que sugería que se apoyase o descansase como necesitara. - Así que eso es lo que has hecho en el último tiempo. Muy bien, guía y hacia allí nos dirigiremos. - Sonrió, aliviado de que existiese siquiera un sitio así, oculto y solitario, donde hasta un dragón podía esconderse y un marqués al límite de sus capacidades pudiese detenerse a contemplarlo todo. En efecto habría nuevo trabajando por delante, pero eso era después. En ese preciso momento, antes que nada, llevaría a Nils a descansar. Y aunque ya no necesitara esperar nada ni tomar tiempo para sacarlo de su transformación dracónica, les concedería ambos ese necesitado retiro.
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Mensaje por Eliwood el Sáb Abr 20, 2019 11:05 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Eliwood ha gastado un uso de su espada de acero.
Nils ha gastado un uso de su dragonstone.

Ambos obtienen +2 EXP y +1 Bonus EXP!

Adicionalmente, Eliwood ha obtenido un nuevo skill de la rama Great Lord:

[Entrenamiento] A ojos humanos, el dragón que llora, ruge. [Priv. Eliwood] Lord4 Soberanía - La expresión máxima de la fidelidad y protección. Una vez que un Great Lord obtiene este skill, el territorio al que es afiliado cuenta con una singular unidad y fortaleza, y no puede volver a ser tomado o invadido por emergidos, pues estos cesan de gastar tropas en intentarlo. La afiliación del Lord, por supuesto, ya no podrá cambiar jamás.
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