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[Social] Canción de Luz y Viento [Alanna, Eugeo]

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Mensaje por Eugeo el Jue Mar 29, 2018 7:36 am

Background Music:
El día había pasado rápida y apaciblemente, con la llegada del buen tiempo y la liberación de los emergidos meses atrás, la capital alteana disfrutaba de una alegría y orden nunca vistas desde la llegada de la plaga en el mundo. La actividad comercial se había recuperado y con ella el bienestar de los aldeanos, cuyas preocupaciones se veían reducidas a sus responsabilidades laborales y familiares. En definitiva, a Eugeo se le hacía difícil de llevar la excesiva tranquilidad de la villa, que resumía sus jornadas a mirar como madres, padres e hijos caminaban por las calles para comprar, pasear y en definitiva pasar un buen rato. Nada de acción aparte de disputas menores o pequeños robos perpetrados por gamberros llevados por la emoción del crimen más que la necesidad por consumir el botín. Días muertos para el caballero de Altea, que empezaba a desear que se le movilizara a otra parte del país, quizá a Regna Ferox... Los días de desventura en Hoshido y el viaje a Shindu quedaron atrás y aunque el descanso en la tranquila capital era de agradecer empezaba a sentir la necesidad de realizar labores más relevantes, tareas más peligrosas.

La enorme esfera ígnea comenzaba a precipitarse sobre el horizonte, indicador de que su jornada laboral había llegado a su fin. Con un distendido suspiro celebró el paso del tiempo y dispuso su equipamiento rápidamente para citarse con la señorita Alanna en la plaza. Los compañeros de garita se dieron cuenta de su inusual prisa, mas optaron por no comentar nada para seguir indagando en las intenciones del rubio. Bajo la indiscreta pero desapercibida mirada de sus compañeros, Eugeo siguió ordenando rápidamente sus cosas mientras meditaba cómo debería aparecer: ¿Era correcta la armadura en aquél contexto o le estorbaría más que otra cosa? Llevó su mano al mentón, parando unos segundos para meditar su elección. Sus compañeros, incapaces de no hacer sátira por más tiempo, decidieron aconsejar al indeciso.

- Mejor sin armadura. - Enuncio tranquilo el primero del dúo. - Mejor con armadura, a las mujeres les vuelve locas la demostración de fuerza y la elegancia. Porque es una chica, ¿Verdad? ¿Cuantas van ya, Eu? - Vociferó el más indiscreto, soltando una carcajada en el proceso. - ¿Hmm? ¿Eh? ¡Pero seréis capullos! - Inquirió, incapaz de evitar el sonrojo por las palabras de sus compañeros, dando un fuerte puñetazo en la clavícula al más atrevido de los dos.
- ¡Ouch!, lo siento ¡lo siento!
- No le hagas caso, ya sabes como es. ¿Sabes como irás al final?
- Hmmm. Iré sólo con el uniforme.
- Lo celebro.

Una mirada de suspicacia se clavó en ellos mientras se desprendía de las piezas de armadura. - Ya... Gracias, supongo, ¡pero la próxima vez meteos en vuestros asuntos! - Acusó a ambos con una sonrisa amable en su rostro antes de salir del cuartel. En el tiempo que llevaba dentro del ejército de Altea, esos podrían considerarse sus mejores amigos dentro del cuerpo. Con personalidades claras y diferenciadas, los tres habían formado una piña difícil de romper en el escuadrón, y no era para menos, pues habían compartido misiones multitud de veces.

[…]

El atardecer aún estaba por finalizar cuando Eugeo acudió a la plaza principal de la ciudad. Sus dimensiones eran considerables, así como el gentío que aún la ocupaba, lo que hacía relativamente difícil encontrar a Alanna a primera vista. El caballero acudió con su indumentaria azul habitual, así como la espada mágica enfundada en su cincho, y diversos documentos relevantes sobre la creación del arma guardados en una pequeña bolsa. El héroe de Altea caminó por la plazoleta lentamente, ofreciendo cálidos saludos a aquellos que lo reconocían aún sin estar presente con su armadura, mientras tanto buscaba a la dueña de la gema de luz entre ellos.


Última edición por Eugeo el Vie Abr 27, 2018 4:56 pm, editado 1 vez (Razón : Borraron el anterior video de música)
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Mensaje por Alanna el Vie Abr 27, 2018 7:16 am

Con la casualidad de estar viajando hasta otro reino, Alanna venía con la idea de empaparse con la cultura y costumbres que caracterizaban a Altea, además de curiosear por allí y por allá en la capital, aprovechando la ocasión. Aunque, ¿quién le iba a decir que aquel país contaba con tantas semejanzas con su patria, Ylisse? Era gracioso, pero casi parecía que estuviese visitando un reflejo de su hogar, salvando algunas diferencias y trazos que le daban su toque distintivo. Bueno, no debía de sorprenderle mucho cuando Altea e Ylisse eran países vecinos que los unía la devoción que compartían por la Madre Naga. Eso, y que quizás también tuviese que ver que las familias de ambos reinos compartiesen lazos de sangre. Nada más que sabía detalles escasos sobre el asunto. Lo mismo le preguntaría al príncipe Chrom sobre ello cuando volviese.

Compartirían muchas cosas, pero sí que había una diferencia notoria. Ylisse era una nación que se inclinaba más hacia el ámbito religioso, mientras que Altea prefería centralizarse más en la potencia militar. Alanna se dio cuenta de ello mientras deambulaba por las calles de la ciudad, con más guardias y soldados que se acostumbraba a ver en los barrios de Ylisstol. Tenía la corazonada de que allí contarían con una instrucción marcial más severa, además de sumar el hecho de las últimas noticias sobre lo acontecido en Regna Ferox. Siendo franca, acoger un país al borde de la devastación bajo su manto protector le sonaba muy ambicioso, pero sabía que había buenas intenciones detrás de ello. El tiempo acabaría por confirmar si Regna Ferox volvía a prosperar en sus nuevas condiciones.

Por todo lo demás, no tenía ninguna queja; Altea le resultaba un sitio acogedor en el que cualquiera podía llevar una buena vida. Vaya que sí, podía sentirlo en el ambiente tranquilo que se respiraba por los barrios, en los rostros despreocupados de los transeúntes... Era una verdadera lástima que naciones como Nohr tuviesen que recurrir a medidas tan “agresivas” para conseguir un grado similar de calidad de vida. Y todo por la maldita guerra de religiones, cómo no. Cuan obstinado podía serse por tener una creencia distinta y repudiar a las demás. ¿De verdad valía la pena el orgullo a comprometerse con los otros reinos de manera pacífica?

«Esa no es tu guerra, Alanna», no lo era, por el momento. Antes, debía descubrir qué podía aportar ella a Ylisse, y la gema con la que le obsequió Gerard podía ser una pieza clave. Aunque tenía su vasto, vasto mar de dudas al respecto, y el temor de poner a aquel soldado de Altea en un compromiso. Eugeo ya le prometió que le daría respuestas, y ya no había vuelta atrás para retractarse. La chica acudió a la plaza principal en cuanto el sol empezó a descender, tal y como habían acordado. Por un momento se intranquilizó al toparse con todo ese gentío allí, pero gracias a Naga que lo reconoció en un fugaz vistazo: el cabello rubio fue lo primero que llamó su atención, y menos mal que el uniforme alteano era bastante vistoso. También debía reconocer que le daba buen porte al muchacho.

Alanna alzó el brazo y lo agitó enérgicamente para captar la atención del soldado. Acto seguido, se encaminó hacia él con una amplia sonrisa. —Buenas tardes, sir Eugeo. Espero no haberos hecho esperar demasiado —dijo, bajando sus orbes hacia todos los papeles que el chico guardaba bajo el brazo. Ya se imaginaba que sacarle partido a la gema no sería sencillo y que antes requeriría de alguna clase de proceso, pero… ojalá no se estuviese metiendo en camisa de once varas.
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Mensaje por Eugeo el Jue Mayo 03, 2018 7:44 pm

Los ojos verdosos del caballero buscaban de reojo a la mujer con la que se había citado mientras recibía los pequeños gestos de apoyo de los ciudadanos que lo habían reconocido. Nunca le gustó acaparar fama ni atención, pero tampoco podía repudiar el afecto que recibía por la gente de Altea. Lo tomaba como una recompensa secundaria a la labor que estaba desempeñando por el reino, sería correcto siempre que la imagen que proyectara al mundo fuera la de un servicial guardia de la capital y nada más. Reyes y príncipes no podían caminar por sus calles sin armar un revuelo, Eugeo jamás querría acercarse a ese nivel de notoriedad, ni un ápice.

Eventualmente llegó a una zona central de la plaza, suponiendo que era el punto indicado si se estaba buscando a alguien o se quería ser encontrado rápidamente. No tardó en suceder el encuentro, cuando una figura femenina agitó el brazo en la lejanía y captó la atención de Eugeo. Se acercó a ella con tranquilos pasos, esperando a que estuvieran lo suficientemente próximos para entablar la conversación. Dejó que Alanna saludase primero.

- Es curioso, yo iba a decir lo mismo. - Bromeó, devolviendo la sonrisa a Lady Alanna, denotando así que la espera había sido mínima. - Buenas tardes, Lady Alanna. -  Quería volver a la normalidad el trato que debían haber tenido desde un principio, enterrando en la medida de lo posible el mal pie con el que empezó al inicio del día. Quizá por ello, o la simple dinámica de la conversación, Eugeo pudo ver como los ojos de Alanna se desviaban a los papeles por un instante. Miró igualmente hacia abajo y acomodó su bolsa de forma instintiva. - Ah, sí. He creído conveniente traer algunos documentos de soporte. - Se trataba de un mapa mundial y algunos dibujos que hizo en su momento de los elementos que fueron necesarios en la concepción de la Blue Rose Sword. Además de eso, algunas cartas que escribió en relación a la búsqueda que emprendió, mas estaba seguro de poder acordarse de lo importante sin consultarlas.

Se dio cuenta de que estaba entrando en materia en un momento y lugar poco adecuados, sin contar lo descortés que supondría no hacer determinadas preguntas antes. - No es nada importante. - Alegó, restándole relevancia a los documentos y devolviendo la conversación a los cauces habituales. - Espero que haya disfrutado de la mañana en la capital de Altea. Si no es muy desconsiderado por mi parte... ¿Cuanto tiempo os quedareis? Se de varios sitios, tanto aquí como villas muy cerca de la ciudad, que estoy seguro que os maravillarían. Así como establecimientos donde ofrezcan productos concretos, o el ocio de algunos teatros... - ¿Estaría divagando? Posiblemente, pero creía que todo ello le interesaría a Alanna, de un modo u otro. - Y todo lo que puedas esperar de una urbe Alteana. - Sentencio con una seguridad que no fue total, mas no quería monopolizar la conversación.

En ese tiempo, Eugeo había indicado a su compañera que le siguiera el paso con un ademán con el brazo. El motivo principal era separarse del gentío de la plaza, dirigirse a un lugar menos habitado. Una habitación de posada era un destino ideal si querían tratar el tema con la discreción que merecía, además de contar con soportes como sillas o mesas para hacer la exposición lo más cómoda posible. Nuevamente, Eugeo esperaría a comentar aquello, pues aun quedaba trecho que andar y otras cosas de las que conversar antes de abordar el asunto principal.
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Mensaje por Alanna el Sáb Jul 28, 2018 3:52 pm

A Alanna no se le daba demasiado bien disimular su curiosidad. Desde siempre. Su madre podría haber logrado corregirle un sinfín de costumbres y actos poco “ortodoxos” para una noble. Pero cortarle el grifo a una chiquilla que no hacía más que preguntar por cualquier detalle que le llamase la atención, le resultó una batalla perdida. Como mucho, su único consuelo fue que su hija aprendió con la edad a ser más modesta, y saber en qué momentos debía hacerlas. Por eso, Alanna fue incapaz de reprimir un pinchazo de rubor en cuanto Eugeo la pilló, ensimismada con el montón de documentos en su bolsa. —Vaya. Es… un detalle por vuestra parte —espetó. Meneó la cabeza hacia un lado para disimular y esbozó una sonrisa vergonzosa—. Disculpad. Es solo que me ha sorprendido que vinieseis tan preparado.

Eso sí que debía de admitirlo. No se imaginaba en absoluto que Eugeo se fuese a tomar tantas molestias con el asunto de la gema mágica. Ni que decir que tal acto de profesionalidad le había cogido desprevenida. Habrían tenido ciertos roces cuando se cruzaron por las cercanías del bosque. Pero después de ver tanto empeño, sólo por ella, hacía que viese al muchacho con otros ojos y quisiese darle un voto de confianza. Aunque esperaba ser capaz de devolverle tamaño favor algún día…

Animada por la ocasión, acompañó a Eugeo en su caminata hasta donde él viese pertinente que pudiesen hablar en calma y sin interrupciones. Definitivamente tenía que agradecérselo de cualquier forma; si no hubiese sido por él, quien sabe la de vueltas sin sentido que habría dado por una ciudad tan grande y que no conocía en absoluto. Aunque ya sin prisas u otros compromisos de por medio… ¿Quién no lo haría con todas esas tiendas y tenderetes a su disposición? —¡Oh! Que no os quepa duda de que sí la he disfrutado —le contestó al chico, risueña cual niña pequeña. ¡Por Naga, si es que era el sueño de su infancia! Viajar fuera de Ylisse, a otros lugares remotos, y empaparse de su cultura sin necesidad de enterrar la cara en libros. Pero con moderación y talante. Ahora era miembro de los Custodios, y en sus deberes entraba el mantener las formas en el extranjero. Se moriría de la vergüenza si llegaba a oídos del príncipe Chrom que sus actos pudiesen ser deshonrosos para la orden.

A la pregunta de su tiempo de permanencia en Altea, Alanna se cruzó de brazos y torció el gesto de la boca. —Pues no sabría deciros… Mi intención era volver a Ylisse antes de una semana si no hallaba nada relevante acerca de la gema. Y para seros sincera, no contaba con que se me presentasen respuestas al día de mi llegada. —Le dedicó al muchacho una media sonrisa—. Así que, creo que podría amoldarme a mi plan original. El permiso para los días que he pedido lo sigo teniendo, por lo que me encantaría aprovecharlos y tener en cuenta vuestras recomendaciones para visitar —le animó, extendiéndole la palma en un gesto teatral para indicarle que estaba a su disposición.

Siguieron caminando hasta llegar a una posada que no quedaba muy lejos del centro de la ciudad. Un lugar humilde y no demasiado grande que le pareció adecuado si lo que buscaban era discreción. Eugeo fue el primero en pasar y le solicitó a la posadera una habitación. La mujer, que en esos momentos estaba entretenida haciendo el recuento de llaves, alzó la vista y se quedó mirándoles con una expresión divertida. No tardó en darle una de las llaves e indicarles cuál de los cuartos abría. Alanna fue a seguirle, pero se detuvo unos momentos al escuchar a la posadera reírse por lo bajo.

Ah, la juventud de hoy en día. Ahora cualquier sitio les parece lo bastante íntimo.

La Custodia se quedó mirándola con una ceja enarcada. ¿Qué había querido decir con eso?
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Mensaje por Eugeo el Miér Ago 29, 2018 9:54 am

El momento de la madrugada quedó atrás tan pronto como descubrió que su compañera también lo había apartado con su actitud risueña y amistosa. Un par de cruces de palabras fueron suficientes para ahuyentar los demonios del caballero alteano. La radiante sonrisa de Alanna, de la cual sólo se podía destilar pureza y sinceridad, fue otro factor importante a la hora de asentar la confianza del joven. - Jajaja. Ya veo, genial. - Sentenció tras una sutil carcajada, lo suficientemente escueto para no interrumpir su siguiente respuesta. Esperó expectante en qué quedaría la duda inicial de la dama. Antes de que ella lo mirara con complicidad, mientras explicaba lo inusual que fue que encontrara información sobre la gema antes de poner un pie sobre la ciudad, Eugeo ya había esbozado una cálida sonrisa. Sin duda había sido un golpe de suerte cuanto menos el que se hubieran encontrado tan pronto, aquello revivía la impresión que habían tenido cuando se encontraron por primera vez: La coincidencia tan temprana parecía ser fruto del empuje de ambas gemas queriendo reunirse de nuevo, pero a Eugeo lo que le interesaba realmente era ahondar más en el conocimiento que tenía sobre ellas. Esa vez, con la ayuda del ejemplar de Alanna, tenía grandes esperanzas de iluminar dudas que él ya hubiera resuelto mientras encontraban juntos nuevas respuestas.

Era realmente un monotema para el espadachín en esos momentos, el cual quedó ensimismado en sus pensamientos durante un par de segundos. Omitió una frase y recuperó la atención a la altura del permiso que le habían dado en Ylisse. Cuando la chica extendió su mano dudó si debía tomarla por un momento, y al final no lo hizo. - En ese tiempo seguramente acabaríais descubriéndolo todo por vuestra cuenta, pero estaré encantado de daros mis recomendaciones. - Correspondió sonriente a Alanna. - Aunque sospecho que ya habréis visitado algunos, como el sector comercial. - Un amistoso prejuicio por su parte el pensar que una mujer no se perdería los “sitios para comprar” en su primer día. - Antes de irnos os haré algunas notas para evitar olvidos. - A fin de cuentas, enumerarle uno a uno los lugares que debía visitar con sus correspondientes direcciones no tenía sentido mientras caminaban.

Antes de que se diera cuenta habían llegado a la entrada de una posada no demasiado llamativa. Sin embargo sabía de primera mano que era un buen sitio para tratar sus asuntos de forma tranquila y, bueno, barata. No podía quejarse de su sueldo, pero tampoco le pareció lógico gastar más dinero en una mejor hacienda en la que ni siquiera iban a pasar la noche. No obstante, la situación lo incomodó un poco, sobre todo cuando recordó que no le pidió su opinión al respecto. Eso fue descuidado. Se detuvo un poco abruptamente y carraspeó con suavidad su garganta antes de enfrentar a la señorita Alanna. - Bueno... Aquí podremos estar más tranquilos. - Alegó con total ingenuidad en sus palabras. ¡Que malas interpretaciones tenía esa frase! Por fortuna, su compañera no captó un doble sentido a su frase y asintió a su proposición. - Bien, me adelanto. Dame un momento para encargar una habitación. - Indicó mientras se adentraba en el local con un paso decidido. Los trámites para solicitar un dormitorio ya eran de por sí sencillos, sumado a su pasado mercenario hacía del proceso algo automático e inconsciente después de decenas de veces. Su semblante derrochaba entusiasmo en el momento en el que cogió las llaves, y aquella actitud era perfecta para que la dependienta pudiera tomar una idea equivocada de su relación con Alanna... Si es que necesitaba algo más que una imagen para burlarse.

Eugeo se había dado la vuelta y se disponía alejarse del mostrador para reunirse con su compañera cuando escuchó la sutil carcajada de la señora. Los pelos se le pusieron como escarpias con la estridente risa, entreviendo cual iba a ser el siguiente comentario de la cotilla. Lo odiaba. El prejuicio popular de que un chico y una chica sólo podían ser familia o amantes lo sacaba de quicio. No se molestó en explicarse a sus compañeros de cuartel antes de irse porque sólo habrían incurrido en más bromas, e intentar aclarar el 'malentendido' a la posadera ahondaría más en el ridículo. La situación era frustrante ¿No podrían meterse en sus asuntos? El tema de las gemas era algo de especial seriedad para Eugeo, como si un asunto religioso se tratara, y le ofendió mucho que ridiculizaran su empeño con banalidades. Acentuó aún más la sonrisa y entrecerró los ojos antes de girarse para responder es la posadera.

- Oh, así es. - Respondió con un tono de voz sarcástico. - Por cierto: Espero que la mesa sea amplia y esté en buenas condiciones, pues vamos a ocuparla durante algunas horas. - Comentó, esta vez en voz baja para que solo fueran ellos dos los que escucharan sus palabras. Era raro en él comportarse de manera desafiante y faltosa, sin embargo, hasta el hombre más paciente tenía un límite. El rostro de la mujer se torció, entre escandalizada y ofendida por el atrevimiento del mozo, al no esperarse una contestación tan directa. Eugeo escuchó un 'Desvergonzado' entre carraspeos y balbuceos, mas no le dio importancia alguna, simplemente se encaminó hasta Alanna para guiarla hacia la habitación que le habían asignado. - Por aquí. -Él fue por delante de ella con el fin de ocultar su rostro serio mientras caminaban.

Cuando llegaron el piso y la puerta adecuada, Eugeo utilizó la llave para abrirla y dejó que ella entrara primero. Cerró cuidadosamente tal cual entró y echó el cerrojo para evitar más sorpresas. En ese tiempo el hastío de instantes antes había amainado, exhaló un pequeño suspiro de alivio al no estar expuesto al juicio de terceras personas. - Por fin... - La habitación era sencilla: El espacio suficiente para una cama de matrimonio pegada a una de las paredes, dos mesitas de noche con candiles, una mesa rectangular de algo más de un metro cuadrado y algunas sillas repartidas alrededor de ésta. La oscuridad empezaba a hacerse evidente en cuanto a que las velas eran el principal foco de luz de la habitación. La luz de las calles y el fin del atardecer se colaban por la única ventana que había junto a la mesa.

Nada más se separó de la puerta, llevó sus dos manos alrededor del cincho para desabrochar el enganche de su espada. No le llevó tiempo, en un instante tenía el arma cogida por la mitad de la funda. Miró en las paredes en busca de un estante para soportarla, pero no había nada. - Tampoco una lámpara de pared... - Se lamentó en el momento que se dio cuenta, tendrían que apañárselas con las tres lumbres que habían repartidas en las mesas. - Siento lo que ha pasado ahí abajo. Para mí esto es muy importante, me molestó que me distrajeran. - Podría entender que Alanna no tuviera la misma percepción de las gemas, ella no recorrió todo el camino que el oriundo de Jugdral sí había hecho. La experiencia en su totalidad, incluso las partes horribles, tenían un gran significado para Eugeo, suponía que la actual dueña de la gema de luz entendería una vez escuchara su historia. - ¿Estáis cómoda? No es gran cosa, pero... Creo que debería valer si juntamos todas las velas en la mesa grande. - A falta de un estante para armas, Eugeo posó cuidadosamente la espada sobre la cama en la esquina más próxima a la mesa y colgó su bolsa en una silla.

Con todo colocado, le pareció precipitado sentarse directamente en la silla, así que esperó a que Alanna estuviera lista. Se quedó mirándola con una postura corporal más relajada y distendida. - Bien... por empezar por algo... Por lo del permiso que tenéis puedo suponer que sois miliciana, soldado o algo por el estilo, ¿Me equivoco?
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Mensaje por Alanna el Dom Oct 28, 2018 8:03 pm

Sir Eugeo, ¿ocurre… algo? —Alanna titubeó en medio de su pregunta nada más el muchacho la sorprendió al voltearse sin aviso alguno, desandando sus pasos hacia la posadera que farfulló aquel comentario. ¿Acaso había dicho algo inadecuado? ¿O sería cosa del humor que los alteanos se gastaban allí? Tampoco es que ella misma no había terminado de entender qué resultaba tan gracioso en que dos jóvenes solicitasen una habitación de una taberna cualquiera. Ni que aquello fuese un hito histórico y fuera de lo común. Pero, fuera como fuese, le preocupaba más lo que se le hubiese cruzado a Eugeo por la cabeza en ese momento, porque a esa sonrisa de fariseo que esbozó poco le faltaba para quebrarse cual ramita de lo tensa que estaba.

La Custodio trató de aguzar el oído desde donde estaba para no parecer una cotilla, pero la voz del joven era demasiado baja como para enterarse de lo que estaba diciendo. Lo peor de todo es que no estaba segura de si quería llegar a saberlo, porque la expresión de la posadera no hacía que escandalizarse por momentos. Ya huraña, quiso inclinar el tronco hacia delante… hasta que el “desvergonzado” que profirió la señora le dejó con una cara de pánfila monumental que hasta arqueó la espalda. ¿Qué diantres había ocurrido?

S-sí, voy —le balbució al chico, siguiéndole con una mirada confusa al ver que este actuaba con total parsimonia tras lo ocurrido y ya se encaminaba hacia las escaleras. Alanna giró el cuello para dedicarle un último vistazo a la mujer, quien seguía clavándole unos ojos picajosos a Eugeo, y se volteó ipso facto de la aprensión. Por su parte, no tardó en ponerse en movimiento y salir escopetada escaleras arriba.

Al pasar justo después de Eugeo al interior, la joven se encontró con una estampa que ya se le había presentado en multitud de ocasiones, una parte ya asidua de su vida como mercenaria en los últimos dos años. Una habitación corriente y moliente, con poco más que una mesa y un par de cómodas al lado de la cama para complementar lo esencial. Nada fuera de lo común que cualquiera pudiese encontrarse en casi todas las posadas sencillas de ciudad. Dio un par de pasos hasta el centro, con la vista perdida en la ventana mientras rumiaba para sus adentros y se retorcía un mechón de pelo con el índice. A la ingenua y engañada Anisse que apenas sabía del mundo exterior, le hubiese parecido un habitáculo con innumerables carencias para que alguien pudiese pasar la noche allí. Pero a Alanna ya no; ella no necesitaba un cuarto exageradamente amplio y sobrecargado con todas las facilidades del mundo. Tan solo unas cuatro paredes que le diesen cierta seguridad, aunque fuese por unas pocas horas al día.

Eso le recordaba… que hacían ya unas semanas de la última vez que piso una posada para hospedarse. Todo porque, debido a su repentino ingreso en los Custodios, se había visto obligada a descansar en las dependencias con las que contaban los cuarteles del ejército con tanto desplazamiento por reconocimiento. De todas formas, ¿estaría bien visto que una miembro de la milicia más prestigiosa del país estuviese deambulando de posada en posada? Para una mercenaria sería hasta lo más normal, dada la escasa estabilidad de sus encargos, pero dudaba que una ilustre Custodia del Sacro reino de Ylisse fuese a causar buena impresión así. Quizás ya iba siendo hora de plantearse la idea de asentarse en una vivienda propia, ahora que contaba con mayores honorarios…

A la que dio cuenta de que Eugeo ya estaba preparando el lugar para la pequeña reunión que se traían entre manos, Alanna se desembotó, meneando la cabeza, y acudió a la mesa para ayudarle con las velas. Ya miraría más tarde el asunto de agenciarse con una casa cuando volviese a Ylisse, antes debía atender lo que la traía de cabeza allí.

No os preocupéis por mí, de verdad. He tenido que descifrar tantos mapas en las penumbras cuando estaba de encargos, que poco me falta para desarrollar visión nocturna —bromeó, con una media sonrisa dibujada y el brazo izquierdo apoyado en jarra. Alanna quiso romper un poco la tensión entre ambos por el incidente en recepción, dado que Eugeo seguía dándole vueltas—. Y no hace falta que os disculpéis por… Bueno, por lo que hubiese ocurrido. Tenéis vuestras razones, y puedo entender que este es un asunto muy delicado como para tratarlo a la ligera.

Quizás demasiado delicado de lo que ella creyó en un primer momento. La Custodia llegaba a valorar la importancia que un artefacto mágico podría tener en la balanza de los acontecimientos que estaban al llegar, todo dependiendo de en qué manos cayesen. Pero después de haber contemplado la reacción de Eugeo minutos antes, los cuantiosos documentos que había preparado para informarla y, cómo no, el sobresalto que tuvieron al conocerse a las afueras de la ciudad, Alanna tenía la impresión de estar infravalorando el esfuerzo que le estaba poniendo el soldado, sintiendo un pinchazo de culpabilidad. Tenía presente que nada de aquello era un juego. Hablaban de fuerzas sobrenaturales que podían causar tanto bien, como mal. Pero era en esos mismísimos instantes que, tal vez, pudiese ser que para el joven llegase al nivel de rozar lo personal. Todavía desconocía bajo qué circunstancias él y Gerard encontraron las gemas, y la intuición le decía que sacar ese tema iba a ser complicado.

Al menos, por el momento; su compañero de habitación se le había adelantado a la hora de probar a indagar el uno del otro. La pregunta sobre su cargo militar la cogió desprevenida no porque le incomodase hablar de este, sino porque no sabía con exactitud por dónde empezar.

Correcto. Suponéis bien, pero… —Alanna torció el gesto de la boca y se cruzó de brazos, en señal de incertidumbre. ¿Cómo debía abordar el tema de un oficio en el que apenas llevaría unas semanas para que no sonase tan irreal? ¿Empezando desde el principio? Eso creyó ella—. ¿Conocéis la Orden de los Custodios de Ylisse, Sir Eugeo? —preguntó, juntando las yemas de los dedos y mostrando una sonrisa inocente. Segundos después cayó en la cuenta que quizás había empezado demasiado por el principio y se sintió inmensamente estúpida. Avergonzada, carraspeó y alzó una mano—. Quiero decir… Sí, actualmente soy miembro de los Custodios, pero apenas desde hace unas semanas y, bueno… Todavía sigo en proceso de adaptarme y…

«Cállate». Eso fue lo que le ordenó su subconsciente de forma tajante. «Cállate ya, zopenca». La Custodia (¿O Custodia en proceso de adaptarse, mejor dicho?) se mojó los labios y pensó rauda en cambiar el foco de atención.

¡En fin! —Dio una sonora palmada—. ¿Y vos, Sir Eugeo? ¿Qué me podéis contar de vuestra función como miembro del ejército alteano?
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Mensaje por Eugeo el Jue Ene 03, 2019 5:17 pm

Eugeo recibió la respuesta de la joven de Ylisse con expectación y notable emoción, pues siempre le agradaba conocer más a las personas con las que trataba, aunque un deje de incertidumbre se trazó cuando notó una mezcla de nerviosismo e inseguridad en la narración de Alanna. Efectivamente, oyó hablar de los custodios alguna que otra vez, era una información fácil de obtener de sus compañeros de barracón y seguramente cualquiera de Ylisse sabría de éste al tratarse del cuerpo de élite de dicho país. Una grata coincidencia para el caballero alteano, habría evocado dicha emoción pero la circunstancia le sugirió que mantuviera un perfil neutral y no la avasallara con más preguntas por el momento. Podía entender su situación, la guardia real exigía excelencia en casi todos los aspectos personales, una responsabilidad a la que tuvo que habituarse cuando él fue nombrado.

Cuando ella preguntó, sus labios esbozaron un trazo más amigable que el anterior, se iba descontaminando de los acontecimientos previos. - En cuanto a mí... Hace meses que soy miembro de la guardia real de Altea, también llamados caballeros reales. Fui nombrado por el príncipe Marth tras la campaña de liberación de estas tierras. Es una curiosa y divertida coincidencia que compartamos el mismo tipo trabajo, ¿No creéis? - Su sonrisa fue plena a la par que muda y breve, antes de brindar a la Custodio más información que consideró útil. - Creo que no dije nada al respecto. Nací en Jugdral, en el norte de Silesse. Es por eso que me sorprendió que Marth llegara a proponerme un título así. Por muy buen trabajo que hiciese como mercenario, llegar hasta tal grado de confianza fue algo que no me esperé. - Expuso la información relevante junto con el dato conciliador de que él paso por un trance similar al de Alanna, mientras cogía de la bolsa un documento enrollado. Se trataba de un mapa mundial de cincuenta por treinta centímetros aproximadamente, lo trajo suponiendo que sería más sencillo para explicar en qué lugares halló una pieza vital a la hora de crear su espada mágica. Obtuvo cada pieza en un continente distinto y, personalmente, no se veía con la soltura geográfica necesaria para que su relato no incurriera en dudas o pequeñas incongruencias en ese campo. Sin siquiera esperar su reacción extendió el rollo a lo largo de la mesa y lo orientó para que los continentes no quedaran boca abajo.

Cuando lo vio completamente extendido, se le antojó demasiado grande, rozando lo ridículo teniendo en cuenta que él lo utilizaría para marcar tres o cuatro puntos únicamente. Carraspeó para alejar aquella sensación. - Actualmente sólo trabajo en Altea y participo en la pacificación de Regna Ferox. Antes de eso he estado en muchos sitios. - Negó muy levemente con la cabeza. - Casi nada de mi pasado como mercenario es relevante en realidad, salvo el lugar donde encontré la gema. - Se preguntó si Gerard le contó algo al respecto, mas la respuesta sería irrelevante, el contaría su versión. Clavó el dedo en el extremo suroeste del continente de Jugdral. - Fue en Grannvale, al mes o dos de que toda esta locura comenzara... Creo. - Dudó sobre cuantas semanas estuvo en el país antes de dirigirse hacia Magvel. Entonces, desvió su atención del mapa y volvió a posar sus ojos en el rostro de Alanna. Quería darle la oportunidad de romper su monólogo y ya de paso comprobar hasta qué punto tenía idea de todo lo que allí aconteció - Siento que he ido demasiado rápido, ¿me equivoco?
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Mensaje por Alanna el Jue Feb 14, 2019 6:19 pm

Alanna no pudo evitar enarcar una ceja y boquear una mueca en signo de intriga. ¡Vaya con el señor Eugeo! O mejor dicho, con el caballero Eugeo. Todo ese tiempo pensando que ocuparía algún que otro puesto de mediana relevancia en el ejército alteano, y resultaba que errado por bastante. Guardia real, ni más ni menos. En fin, inocente de ella por no sopesar esa posibilidad. Ya le parecía muy raro que un guardia corriente tuviese tanto control y conocimiento de los documentos que traía. Y ya de paso, que se pudiese manejar con una espada encantada. Era pensarlo y le entraba la risa.

Ya lo creo. Menuda coincidencia —atinó a parafrasear, esbozando una media sonrisilla y dejando caer su zurda en la cintura.

La Orden de los Custodios podía sonar muy grandilocuente por su nombre y tal, pero no dejaba de ser un equivalente muy válido a la guardia real de cualquier nación. A fin de cuentas, era la unidad del ejército más cercana a la casa real, la mayoría de hidalgos y caballeros que no fuesen por libre formaban parte de esta, y la comandaba el propio príncipe de Ylisse. Parándose a pensarlo, no se había dado cuenta hasta ese momento que aceptó el cargo que más se acercaba a guardia real en el país, con todas las de la ley. Menos mal que ella no era de las que se le subían a la cabeza estas cosas. Le era imposible cuando estaba más enfrascada en los “contras” que acarreaba, que en los privilegios.

Luego, Eugeo entró en más detalles sobre su periplo hasta el puesto que ostentaba, incluyendo la no tan desapercibida noticia de que él no era alteano de nacimiento. Ahí fue cuando la cara de Alanna terminó por desfigurársele del todo.

¡Jugdral! ¿De verdad me estáis diciendo que venís de tan lejos? —inquirió en voz alta, tan anonadada que todavía no se lo estaba creyendo. Se llevó una mano a la nuca y se la frotó—. Ay… Podríais haberlo comentado un poquito antes. Ahora sí que me cuadran bastantes cosas.

Sí, ese pequeño detalle también le resolvía unas cuantas incógnitas que le rondaban por la cabeza. Como por ejemplo, que conociese a Gerard, ilustre caballero de la orden de Grannvale (quizás no tan ilustre por las sospechas que se le formaban cada vez que se preguntaba cómo y por qué acabó errando por Ylisse, cuando su patria lo necesitaba); que ambos tuviesen su historia con las gemas mágicas sin necesidad de tantos trotes; y que el chico estuviese familiarizado con una deidad como Forseti, vaya. También sopesó en una boba idea que, si aguantaba tan bien las ventiscas que generaba esa espada suya, era porque se había criado en el norte. Muy en el norte. El mapa que tenían desplegado en la mesa ayudaba bastante a ubicar Silesse con el mapa que tenían desplegado en la mesa, y de solo verlo taaaan arriba le estaban entrando escalofríos.

Como tuviese que desplazarse a un lugar tan gélido en algún remoto supuesto, se moría. Pero literal. El frío era como su antítesis imbatible, aunque sin estar por encima de los wyverns. Que pánico le tenía a esos reptiles gigantes y grotescos, dioses.

Pero eso era irrelevante. Eugeo había mencionado otro detallito más que se sumaba a todo lo anterior.

Esperad. Habéis dicho… que antes erais mercenario. —La cara de bobalicona que estaba poniendo no tenía precio. Dándose cuenta de ello, entrecerró los ojos y meneó la cabeza para controlar esa sensación de Déjà vu tan brutal que le estaba invadiendo—. Vale. Os va a hacer gracia, pero… ¿Me creerías si os dijese que aquí tenéis otra curiosa y divertida coincidencia? —Justo le salió la misma sonrisa inocentona, la que la hacía parecer aún más palurda, que cuando le preguntó si conocía a los Custodios. Hoy estaba en rancha haciendo el ridículo—. En mi caso fue el príncipe Chrom. Supongo que yo también podría preguntarme cómo pudo confiarle a una mercenaria semejante cargo.

Los astros, espíritus, hados o lo que fuese que controlase el porvenir de los demás debían de haberse puesto de acuerdo para alinearse, porque no tenía sentido. Vamos, ¿qué probabilidades había de que dos almas errantes con caminos y aspiraciones similares coincidiesen un mismo día, en un determinado lugar en concreto, y en tales circunstancias? La única explicación que se le ocurría es que, recordando que las casas reales de Ylisse y Altea estaban emparentadas, debía de venirles de familia eso de adoptar bajo su ala a mercenarios que les caían en gracia.

No digáis que no ha sido relevante, Eugeo. —Le contestó, componiendo un mohín suave, de esos en los que parecía más una madre reprendiendo a su retoño—. Yo también he sido mercenaria y, vale… No serán gestas dignas de epopeyas las que realizamos como tales, pero eso no quiere decir que fuesen insignificantes. Pensad que algo habrán podido aportaros, aunque fuese poco.

Sabía bastante bien que el camino del mercenario no iba a aportar renombre o grandes fortunas por mucho que uno se desviviese a base de trabajos. Pero sí muchísima experiencia, y eso no había absolutamente nadie que se lo pudiese negar. Para ella significaba mucho la independencia que se había granjeado a base de palos en los últimos años.

Y a Eugeo, por ejemplo, le había servido para llegar hasta la afanada gema. Aunque le estaba viendo en la cara al muchacho el porqué era tan reservado con su pasado. Lo notaba tanto en sus palabras, como en el reflejo de sus pupilas cuando se la quedó mirando en un incómodo silencio. Alanna entrecerró los ojos, resentida por el pinchacito de culpabilidad al tener que estar obligándole, de algún modo, a que removiese en los recuerdos que quería mantener bajo llave. De eso podía decir mucho al respecto, y era un auténtico suplicio.

Tomáoslo con la velocidad con la que os sintáis más cómodo, Eugeo. De verdad —le sosegó, alzando las palmas en un gesto tranquilo—. Mirad, voy a seros franca. Gerard nunca me llegó a dar apenas detalles de sus andanzas como caballero en Grannvale. Pero tampoco fui una ingenua para no percatarme que había algo que no dejaba de carcomerle. A veces pasaba muy desapercibido, pero otras… —Su rostro tomó un cariz compungido, soltando una exhalación que se sentía hasta pesada en sus labios—. Otras, no tanto.

¿Cómo olvidar el fatídico incidente con aquel fanático plegiano que se coló en la plaza del mercado? Ese día sintió lo que era coloquialmente conocido como puro terror. Pero más que el tener que encarar a un demente que amenazaba a inocentes a punta de cuchillo en sus gargantas, lo que no se le iba a olvidar, jamás de los jamases, fue la dantesca escena de Gerard estrangulando a aquel hombre. A sangre fría. Nada de remordimientos, nada de titubeos. Fue como si se hubiese transformado en una bestia que no reconocía.

Lo que intento deciros, es que no digáis ni hagáis nada de lo que no os sintáis seguros. —Plantó las manos en la mesa, dedicándole al chico una mirada que oscilaba continuamente entre la severidad y la compasión—. He tomado la decisión de seguir adelante con lo que pueda ofrecerme esta gema, pero no consentiré que vos, u otros lleguéis a padecer por esto.
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Mensaje por Eugeo el Sáb Abr 06, 2019 7:11 pm

- ¿Con que el príncipe Chrom? - Soltó una efímera carcajada. - Haha, pensé que mi nombramiento sería una anécdota que no se repetiría. - No era común en su tierra natal, y así asumía en el resto del mundo. Que los regentes se rodearan de la nobleza era habitual y conveniente, pues podía tener garantías de que tendría aliados formados y a la altura de las responsabilidades. - Aunque no lo entendamos, ten por seguro que ellos vieron algo de lo que nosotros no somos realmente conscientes. - Declaró son una sobria sonrisa. El dinamismo que se había producido con su explicación y las consecuentes valoraciones de Alanna. La conversación era agradable y cómplice en aquellos compases, cuyas coincidencias propiciaban a que el tema principal se desdibujara en pos de vivencias personales. Cuando el Jugdralita se percató de aquello fue cuando se dispuso a extender el mapa mundial y centrarse.

Mas, sin darse cuenta, parecía que él mismo estaba perdiendo el pie. Se había obcecado en centrar la historia en la gema, pero cuando trató de reflejar sólo los sucesos relativos a ésta, Alanna no dudó en corregirle. - ¿Uh? - Se le escapó un suspiro de sorpresa, confundido, miró los ojos verdosos de su compañera. - No quise decir eso. Es sólo que no tiene nada que ver con las gemas. Pensé que era lo único que queríais saber. - Divagó, sin comprender del todo cual era el significado implícito de la frase. - Quiero decir... tanto mercenarios como soldados, luchar contra los emergidos ha sido una constante estos años. No hay nada que no sepáis de todos modos. - Añadió con media sonrisa y continuó explicándose.

- Respecto a lo demás... Por favor, Alanna. No quiero que os sintáis cohibida de preguntar por nuestro pasado, por acciones que tanto Gerard como yo hicimos. - Instintivamente, pasó su mano derecha en el brazo de la custodio. - Aunque no sea fácil revivir lo que sucedió creo que debéis saberlo, tenéis que conocer en qué situación encontramos las gemas. - Dicho aquello, el caballero alteano volvió a centrar la mirada en su continente natal. - Jugdral es un continente que ha estado marcado por la tensión religiosa que quedó latente tras la escisión de un gran imperio en los actuales reinos. Los seguidores de una deidad oscura residen en todo el continente. En Akaneia podríamos decir que la tensión política y religiosa van de la mano. No se cumple en Jugdral, donde los adoradores de Loptyr no tienen un país que los represente. Si fueran más, no me extrañaría que esto provocara una guerra civil. Grannvale estaba concienciada de aquello y con el fin de controlar la presencia pagana en sus tierras fundaron diversas órdenes templarias. - Su visión se afiló a un punto concreto del país y su semblante se agravó levemente, hasta el punto que su residual sonrisa se había apagado por completo. - Podrían considerarse soldados de élite del país, pero libran su propia guerra, contra un enemigo infiltrado y especialmente cruel. Los actos que han perpetrado esos... monstruos... son meritorios de toda ejecución y represalia.

La rabia que despertaban aquellos recuerdos se tornó en una apatía melancólica a medida que la brutalidad de sus recuerdos lo llevaron al vacío del desenlace. De forma inconsciente se pasó la mano por el pelo desde la frente a la nuca, con el fin de que su masaje consiguiera relajar sus emociones. - Poco antes de que aparecieran los emergidos, una de aquellas sectas se volvió especialmente virulenta. Pasaron por los pueblos del lago Verdane secuestrando y sacrificando muchísimas personas inocentes. Ni siquiera se esforzaron en pasar desapercibidos. Los encontré en mitad de uno de sus rituales, con más victimas. También llegaron los templarios. Lo que sucedió ahí fue necesario, no obstante... Jamás podría llamarlo justicia. Los matamos a todos, a sangre fría y sin excepción. Yo podría haberme hecho un lado, dejar que los caballeros se encargaran, pero no lo hice. También me dejé llevar por la locura, muchas familias me contrataron para buscar a sus allegados y solo pude devolverles sus cuerpos. Toda esa desolación e impotencia... Sentí que debía justificarla y compensarla. Jamás había matado, pero, cada vida que arrebaté esa noche la sentí como un peso que me quitaba de encima. Con el tiempo entendí que la carga de la que me deshice sólo dejaría un vacío difícil de reemplazar. No es que me arrepienta, pero si pudiera revivir esa noche intentaría hacer las cosas de otra manera. - Dejó unos segundos a Alanna para que pudiera asimilar la información, mientras él también aprovechaba para alejarse de los sentimientos negativos. Y entonces, acercó el boceto de la gema escarchada para que su compañera pudiera hacerse una idea de su color y forma. Apenas eran trazos coloreados con carboncillo y Lapis Lazuli, mas era suficiente para intuir cual era su forma y propiedades. - Hallamos las gemas cuando registramos los restos de su campamento. No llegué a conocer nada sobre su pasado, sospecho que son tan antiguas como el extinto imperio. Es curioso que las halláramos en aquellas circunstancias. Es como si nuestras deidades las hubieran dejado como un premio a nuestros actos o nos arrastraron hasta allí para rescatarlas de aquellos ladrones.
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Mensaje por Alanna el Miér Abr 10, 2019 8:17 am

No niego que el príncipe tuviese sus razones, pero… —Alanna torció el gesto de la boca y se retorció un mechón de pelo con el índice—. Es solo que me cuesta imaginármelos. No me veo a mi misma como una persona tan… ¿Peculiar?

Lo único que realmente podría destacar de ella era su no tan apreciada sangre azul de la nobleza, aunque eso el príncipe Chrom lo desconocía en el momento que la invitó a formar parte de los Custodios. Por todo lo demás, era una mercenaria corriente y moliente, con poca picardía para los negocios, y siendo sus escasos puntos a favor la tozudez y perseverancia que se gastaba para que la faena saliese más o menos bien. Supuso que el tragarse su miedo y plantarles cara a los Emergidos también tuvo mucho que ver, pero… ¿No se suponía que había otros tantos mercenarios como ella que también se la jugaban con esos demonios?

Oh, bueno. No se le había ocurrido; los demás quizás lo hiciesen más por el dinero. Ella era de las pocas a las que se le ocurría poner por delante la seguridad de las vidas ajenas que la recompensa. Con razón le decían que un día de estos la acabarían matando como siguiese arrojándose de esa forma.

Por otro lado, Eugeo se percató de que su pequeño intento de no herir su sensibilidad con el pasado estaba yendo demasiado lejos. Dicho de otro modo, no quería que Alanna siguiese caminando con pies de plomo cada vez que surgía el tema del origen de las piedras, así que decidió deshacerse de los tapujos y contar lo que pasó. La Custodia, molesta consigo misma, boqueó, pero se tragó las palabras en cuanto el chico le posó una mano en el brazo. Apretó los labios y, al cabo de un par de segundos, asintió. Si era lo que él quería, no se lo impediría.

Por lo que se lo relató todo. De cómo Jugdral también manifestaba problemas de índole religiosa. De cómo un culto podía llevar a cabo actos horripilantes para justificar su fe. Y de cómo se fundó una Orden en respuesta a ellos, y dar lugar a una purga por todo el territorio. La chica guardó silencio en todo momento, cruzada de brazos y sin interrumpir a Eugeo para dejarle explayarse todo lo que necesitase. Aunque, pese a querer guardar las formas, intentó disimular una mueca de pesadumbre sin mucho éxito; parecía mentira que allá donde se asentase el hombre, siempre se repetía la misma historia, una y otra vez. No comprendía cómo se permitía que la religión, la fe que miles y miles de personas depositaban en una figura, se llegase a utilizar como una herramienta para justificar actos barbáricos. ¿No se suponía que su propósito era el de servir de apoyo a los más necesitados? ¿Darles fuerzas a quienes creían haberla perdida?

Entonces, ¿por qué ahora se había convertido en un medio para arrebatar tanto? En un arma.

Porque eso es para lo que les había servido en los últimos años. Solo había que rebuscar en el pasado de su patria, Ylisse, y corroborar que su antiguo gobernante se sirvió de la fe para perseguir a los plegianos como si de una plaga se tratase. Y lo que le estaba contando Eugeo sobre los Templarios grannvalienses no difería mucho. Aquellos cultistas del llamado Loptyr habrían cometido barbaridades, pero él mismo admitía que lo que se impartió sobre ellos no fue justicia. No tuvo remordimientos en decir que los Templarios no fueron más que verdugos camuflados de justicieros.

Alanna tuvo que contener el aliento cuando el muchacho alegó que aquella fue la primera vez que se cobró la vida de alguien. ¿Por un bien mayor y necesario? Desgraciadamente, esa historia se la conocía.  Apretó los dientes, recordando con angustia que los Emergidos no fueron sus primeras víctimas mortales. Había veces en las que bandidos y maleantes sobrepasaban la línea de lo que se calificaba de monstruoso, y también personas inocentes que podrían haber acabado mucho peor de no haber sido por su intervención. Lo cierto es que ya hacía un año de la última vez que apresar a un fugitivo buscado no fue suficiente, y no mentiría si dijese que tenía miedo en volver a encontrarse en una situación similar.

Eugeo terminó por su parte. Alanna seguía inmersa en su fuero interno cuando se percató del dibujo de lo que parecía una gema de tonalidades celestes, bastante diferente de la que tenía ella. Volvió a quedarse en silencio, cavilando en las últimas palabras del rubio.

Traídas por los mismísimos dioses… Pero bañadas en sangre.

Eugeo, hay algo que me gustaría preguntaros sobre todo esto, ahora que soy consciente de su origen. —Se atrevió por fin a pronunciarse, mirando al muchacho a los ojos. Tras unos segundos pensando en cómo formular la siguiente frase, dijo—: Antes os comenté que me gustaría saber cómo poder utilizar esta piedra para poder ayudar a los míos. Aunque siéndoos franca, todavía ando bastante perdida, incluso después de haber escuchado vuestra historia— admitió, pasándose una mano por la nuca—. Por eso me gustaría saber una cosa. Vos que sabéis su origen y, bueno... Habéis pasado por todo aquello ¿Cuál fue el propósito que teníais en mente cuando decidisteis darle forma? —Bajó la mirada y se volvió a cruzar de bajos, dubitativa—. ¿Cómo llegasteis a la conclusión de que aquella era la opción correcta de entre todas?
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Mensaje por Eugeo el Jue Abr 11, 2019 8:37 pm

Eugeo se había sumergido en su propio relato, recreando a viva imagen las vivencias que había experimentado hace unos años. Los recuerdos eran de una intensidad tal que podían sentirse como presentes, transportándolo en el espacio y en el tiempo si lograba abstraerse lo suficiente. Cuando terminó de hablar sintió una mezcla de vértigo, incomodidad y liberación; como si el peso de sus actos se hubieran transportado a la joven de Ylisse y desde entonces compartiera su carga. El temor al juicio de una persona ajena a dichas atrocidades se disipó cuando ella no emitió ninguna valoración al respecto. Sabía que era egoísta darlo por supuesto, mas se agarró a esa posibilidad con el fin de liberarse de parte de su culpa.

Pospuso su introspección cuando Alanna tomó el turno de palabra, volviendo consecuentemente al mundo terrenal, para prestar atención a aquello sobre lo que iba a inquirir. - Dime. - Respondió protocolariamente y con brevedad para no pisar su pregunta. El rostro del caballero alteano mostró un deje de sorpresa cuando interiorizó la cuestión, dándose cuenta de la naturaleza trascendental de la misma. Desde una perspectiva simplista se veía hasta banal, con una respuesta válida pero vacía. Gesticulo una sonrisa de circunstancia, se tomó un par de segundos para elaborar una respuesta sincera. - Una opción correcta entre varias... huh... - Miró entonces a su espada envainada, mas los rasgos característicos podían diferenciarse sin duda alguna con sólo mirar la empuñadura. Su aspecto era cristalino, puro, translúcido como un cristal azulado. Antes de la síntesis mágica era una espada de veraplata, de gran calidad, pero metálica al fin y al cabo. Alanna había dado en el clavo cuando dijo “darle forma”, pues es como si la gema se hubiera fusionado con la espada, transmutándola en el proceso. - Si os soy sincero, no tengo una respuesta para esa pregunta. Nunca pensé en opciones, tampoco puedo asegurarte que convertirla en un arma sea positivo. Hace poco que completé este camino, aún me estoy acostumbrando a empuñarla, a entender su naturaleza... - Pensó por un segundo si debía prestarle la espada para que pudiera experimentarla, pero la incertidumbre de cómo reaccionaría a otras personas lo disuadió en aquella ocasión. - Posee mucho poder, tengo la convicción de que me ayudará a defender lo que me importa, pero no puedo dar garantías de que haya hecho lo correcto.

Miró nuevamente a su espada y sonrió levemente, a pesar de toda la incertidumbre, no se arrepentía de haberla concebido. - Tenía desconocimiento pleno, simplemente seguí las pistas que me fui encontrando hasta alcanzar este desenlace. Supongo que ansiaba tanto encontrar un sentido a la gema y a los sucesos que acontecieron cuando la encontré que no valoré las consecuencias que podría provocar. Si es que hay más de una opción... - Sopesó de que otras formas podrían beneficiarse de la gema que poseía Alanna. Pero no se le ocurrió ninguna. - Yo ya no puedo descubrirlo, pero vos sí. - Sentenció con una sonrisa, humilde, pues su búsqueda había acabado. Desde ese momento ella era la que debía decidir si seguir sus pasos o encontrar otro camino por si misma. Para completar su conocimiento, aún tenía varios apuntes que reunió durante su indagación: Palabras clave, nombres de volúmenes, bocetos, entre otros. Elementos que tendrían valor intelectual una vez Alanna hiciera un estudio al respecto. - Sea como sea, estoy seguro de que necesitarás a un mago experimentado. Como dije, es una gema muy antigua y solo ellos pueden entender la lengua que hablaban entonces, e imitar la magia que practicaban, creo... Lamento deciros que quien me ayudó me dijo de forma explícita que no volviera a acudir a él... En fin, ten. - Le acercó el saquito al lado de su mesa. - He traído todo lo que recopilé en relación a la gema. Tomaos vuestro tiempo para consultar y discriminar la información. - Podrían seguir hablando al respecto durante horas, pero no quería abrumarla con datos que él tardó su tiempo en asimilar.

- Perdonadme. Aún a riesgo de ser abrupto, creo que es mejor dejarlo para otro momento. No es algo a lo que me haya acostumbrado o sea un experto y no quiero daros información imprecisa. Cualquier libro o erudito sabrá más que yo hasta que conviva lo suficiente con mi espada. Me llevara tiempo, nos llevará tiempo a ambos. - Explicó con diligencia. - Por eso, me gustaría mantener el contacto con vos. Tenemos perspectivas distintas por lo que estoy seguro de que aprenderíamos más rápido compartiendo nuestros hallazgos.
Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Vanguard | Swordmaster

Cargo :
Caballero Real (Ejército de Altea)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Blue Rose Sword [4]
Elixir [1]
Lanza de madera [1]
Esp. de plata [2]
.
.

Support :
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Especialización :
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Experiencia :
[Social] Canción de Luz y Viento [Alanna, Eugeo] YvwSTdF

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Mensaje por Alanna el Sáb Abr 13, 2019 1:07 pm

“No tengo una respuesta para esa pregunta”. Muy en el fondo, se esperaba una contestación así, pero no podía evitar sentirse frustrada por dentro. Alanna sabía que le estaba pidiendo demasiado a Eugeo si pretendía que le diese cualquier indicación que le ayudase a escoger el camino “correcto”. Pero claro que no iba a ser tan fácil. Ni siquiera el muchacho lo sabía, cuando él mismo admitía que desconocía que otras posibilidades podía ofrecer la piedra. Cuestiones de esa índole debería estar formulándoselas a alguien que entendiese cómo funcionaba el mundo de la magia. El problema era que, aparte de eso, también necesitaría ser alguien de confianza y que pudiese hablarle acerca de la piedra, y ahora mismo andaba bastante escasa de conocidos que fuesen hechiceros.

«Aaahh… ¿Por qué la magia tiene que ser tan retorcida y complicada?»

Lo cierto es que era para tirarse de los pelos.

Aun así, y pese a que el asunto de la piedra no hacía más que hacérsele una maraña cada vez más grande, debía tener en cuenta dos detalles que había mencionado Eugeo. El primero de todos era que no estaba seguro de si crear un arma a partir de la gema fue lo más sensato, pero sí que lo estaba del propósito que quería darle. Quería proteger lo que más le importaba con ella. Y por muy irónico que sonase, la primera ocurrencia de quienes querían proteger algo en una tierra llena de caos e injusticias, era un arma. Ni ella era tan hipócrita de desestimar esa opción cuando blandía un hacha por principios.

Y el segundo era que ella aún tenía la posibilidad de seguir indagando y valorar qué hacer con la magia que albergaba el artefacto. No se había parado a estimar que no tenía por qué emular los pasos de Eugeo. O incluso lo que el propio Gerard hubiese tenido pensado hacer con ella, de haber seguido en su poder. Alanna arrugó el ceño y se llevó la mano al bolsillo en donde guardaba a la culpable de su gran dilema. Ahora que sabía acerca de la dudosa moralidad de los Templarios grannvalienses, y tras lo ocurrido aquel día en el mercado con Gerard, le daba que pensar…

¿Le había hecho entrega de la piedra porque no quería volver a repetir los mismos errores del pasado?

Fuera como fuese, eso ya no podía saberlo. Solo fiarse del juicio de Gerard. Y buscarse de una dichosa vez a un mago que le arrojase algo de luz, como decía el rubio.

¿En serio que ese conocido vuestro no podría ayudarme? Es decir… ¿No querría? —La muchacha puso los brazos en jarra y suspiró—. Qué remedio. Supongo que el proceso no será sencillo si se rehúsa de volverlo a hacer.

Le tocaría conformarse con la bolsa que el caballero alteano le ofreció a cambio. Al menos tenía toda la pinta de estar bien completa en cuanto a recursos, porque la susodicha no se le antojaba ligera nada más cogerla. Desde luego, Eugeo se había esmerado para recopilar información sobre la gema, y a ella le iba a tocar estudiar muchísimo. Alanna le dedicó una media sonrisa al chico y dijo:

Muchas gracias por todo, Eugeo. Sé que esto puede ser complicado para vos, después de todo por lo que habéis pasado. Y, la verdad, todavía no sé cómo compensaros… Supongo que podría empezar investigando a fondo todo esto —comentó, alzando la bolsa y riendo entre dientes—. Pero estoy de acuerdo con vos: creo que por hoy hemos tenido suficiente los dos. Os prometo que le daré buen uso a esto, y os tendré al corriente de cualquier avance.

Satisfecha con los resultados, dejó la bolsa en la mesa. Al final, su viaje hasta Altea había resultado ser más fructífero de lo que hubiese imaginado. No solo había descubierto bastantes cosas sobre la piedra. Además, también había encontrado a alguien con quien poder compartir cualquier inseguridad que pudiese surgirle al respecto. ¡Y todo ello en un solo día!

Lo cual le recordaba que todavía le quedaban unos cuantos más de permiso, y sería una lástima desperdiciarlos.

Entonces, Eugeo —se llevó las manos a la espalda, meciéndose de un lado a otro—, ya que aún estaré unos cuantos días más por Altea… ¿podría confiar una vez más en vuestro buen juicio para que le indicaseis a una viajera que más sitios podría visitar en la ciudad?
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Vanguard

Cargo :
Mercenaria

Autoridad :

Inventario :
Gema Destello
Hacha arrojadiza mejorada [6]
Hacha de bronce [1]
Hacha de Acero [2]
esp. de bronce [1]
.

Support :
Eugeo [Social] Canción de Luz y Viento [Alanna, Eugeo] JEIjc1v
Corrin [Social] Canción de Luz y Viento [Alanna, Eugeo] JEIjc1v

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Mensaje por Eliwood el Sáb Abr 20, 2019 11:26 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Eugeo obtiene +1 EXP y ambos +1 Bonus EXP!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.
.

Support :
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Lyndis [Social] Canción de Luz y Viento [Alanna, Eugeo] JEIjc1v
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