Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados



Crear foro

[Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

[Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Mar 26, 2018 3:57 pm

Tenía relativa prisa en volver a Ilia. Desde la caída de su tierra natal, cuyas noticias le habían llegado mientras estaba en otro continente, Izaya había priorizado su regreso a Elibe. Aunque ya había mandado un grupo de mercenarios para rescatar a los residentes en su casa y llevarlos a Pherae, donde Lord Eliwood había sido tan amable de concederle el dominio de unas tierras muy buenas en el puerto de la capital, lo cierto era que necesitaba hacerse cargo de algunas cosas antes de dar por finalizada su residencia en el helado país. Había documentos en su casa de delicada índole y no confiaba en nadie para recuperarlos. Puesto que no sabía si su hogar habría sido saqueado o destruido, solo podía ser él mismo quien fuera cuando toda su gente se hubiera marchado de allí. La antigua casa de sus padres tenía muchos recovecos secretos, escondites que Izaya había ido descubriendo a lo largo de los años. Oh, sus padres no habían sido los comerciantes más honestos que hubiera en Ilia, de eso estaba seguro.

Pero antes de regresar a su tierra natal: Bern. Una pequeña paradita antes de subir hacia el norte. Había oído cosas interesantes del país. Primero que había sido destruido, después que había resurgido como una maleza imposible de matar. Con la caída de Ilia debía expandir sus negocios y no tenía duda alguna de que Bern sería un buen lugar para comenzar y asentar una nueva telaraña. Sus habilidades eran algo que siempre hacían falta, aunque especialmente cuando la gente podía permitirse pensar en algo más que en emergidos. Con el creciente periodo de prosperidad, la gente se sentía con más ánimos de gastar dinero y de darse algunos lujos, según le dictaba la experiencia, e Izaya pretendía aprovecharse de eso al máximo. De buen grado, penetró en el país por la línea fronteriza por el portón oficial junto a muchos otros viajeros. Sin embargo, su destino fue la capital, no ninguna de las otras ciudades más pequeñas y conjunto de fuertes militares. Cuanta más afluencia de gente mejor. Lo que no esperaba era que hubiera más soldados que civiles residenciando allí.

Eso cambiaba ligeramente las cosas. Acostumbrado a ser un observador, de repente sobresalía con su abrigo negro, su falta de armadura y su cuerpo menudo, más propio de la gente académica que de los soldados propios de Bern. Tampoco tenía espada, ni montura, ni daba la sensación que fuera un mercenario. En general, Izaya era como un vagabundo que se dedicaba a mirar lo que sucedía, pero no tomaba partido en la reconstrucción de la ciudad, en la que todo el mundo participaba de forma activa. Llevaba un par de días en la capital y ya se había dado cuenta de que a la gente de allí no les caía demasiado bien. En la posada en la que estaba residiendo la gente le ignoraba de manera deliberada. En la taberna las voces se acallaban al entrar él, y aunque podía seguir escuchando lo que decían, debía hacer un esfuerzo extra por ello y eso era una molestia. Parecía asustarles más el hecho que alguien pareciera indefenso que otro alguien pudiera medir dos metros, tener un wyvern y provenir de Mitgard. Se le había olvidado lo difícil que era mantener tratos con personas tan burdas.

Al final tuvo que jugar la carta del pobre refugiado de Ilia para que dejaran de pensar que era un emergido, porque le miraban de la misma manera, pero eso hizo que le tuvieran como un mero interesado en la prosperidad de Bern, aunque al menos ya no le lanzaban miradas desconfiadas. Seguían sin incluirle en sus conversaciones, pero ya no bajaban la voz al verle entrar en la habitación, y poco a poco fueron acostumbrándose al callado estratega cuyas intenciones les eran ocultas. Bueno, si no podía hacer negocios, tendría que recurrir a su otra especialidad: el robo de información. Todo lo que escuchaba lo iba apuntando cuidadosamente en clave en un pergamino que guardaba celosamente en su abrigo, consigo en todos momentos. Había datos que podrían mezclársele, como el número de soldados enviados a cierto fuerte u otro, y encima eso le mantenía entretenido por las noches. Realmente, Izaya era mucho más peligroso cuando estaba aburrido que cuando le daban trabajo que hacer. Se habría ido hace tiempo si le hubieran dado lo que buscaba, pero como eso no había pasado, ahora se había quedado en Bern como un parásito succionador de información. La vendería al mejor postor.

Una noche, un grupo de soldados le invitaron a jugar a las cartas con él. Apuestas fueron hechas, y en cada ronda Izaya les ganó con facilidad. Se había criado en Ilia, allí pocas cosas se podían hacer para pasar el rato que ser un académico o ser mercenario. Para su poca suerte, el informante era una extraña mezcla de ambos. Sabía jugar a todos los juegos de cartas del mundo. También sabía hacer trampas en cada uno de ellos. Los soldados prontos se dieron cuenta de que algo malo estaba pasando, pero no podían pillarle. Les ponía de los nervios saber algo y no poder probarlo, en especial cuando Izaya les sonreía con esa mueca de superioridad que más de un escalofrío les provocaba. Muy inteligente para unas cosas, para otras le podían la soberbia y el poco instinto de conservación que tenía. Debería haber parado cuando le advirtieron que no les gustaban los tramposos, también cuando uno dejó su daga encima de la mesa. Sin embargo, no lo hizo. ¡Era lo más interesante que le pasaba desde su estancia en Bern!

Y, como sucede en estas situaciones, cuanto más grande era la soberbia, más grande era la caída. No vio llegar el golpe de botella contra su cráneo. Confuso, puesto que había calculado más un puñetazo o algo de este estilo, el informante cayó al suelo con un río de sangre cayendo por su frente. Parpadeó para mantenerse despierto y sintió como le rebuscaban en la ropa. Ah, querían ver donde guardaba las cartas, pero no hacía trampas de esa forma. Ese era un error de principiante, casi tanto como mantener documentos comprometedores en un compartimento junto al pecho. Los soldados agarraron los papeles y trataron de leerlos, pero por supuesto que no podían entenderlos. No era tan estúpido como para escribir sus análisis personales en la Lengua Común. Tenía una especie de híbrido como los escribas profesionales, y eso era lo que hizo que las sospechas recayeran en él de forma más fija. ¿Un espía? Exigieron saber el significado de tal escrito.

- Jajaja, ¿de qué papeles me habláis?
– canturreó, su vista nublada, pero su sonrisa en su sitio. Y de repente un puñetazo en la cara le hizo perder el conocimiento.


Última edición por Izaya Orihara el Lun Sep 03, 2018 8:33 pm, editado 1 vez
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Tactician

Cargo :
Informante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [1]
Dagas de bronce [2]
Tónico de def. [1]
Tónico de res. [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2411


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Mensaje por Zephiel el Sáb Mayo 19, 2018 12:02 am

Día tras día, el movimiento nunca cesaba, no habiendo habitante de la capital que no pusiera su fuerza en pos de reconstruír lo que una vez fue el glorioso imperio de Bern. Casas, torres, muros, todo necesitaba de una mano que no estuviera ya extenhuada por la guerra, cosa que era imposible de encontrar entonces. Que sobre los soldados triunfara cierta vanidad no era sorprendente, aunque a pesar de ello, solventaban todas sus falencias prestándose a su reino con toda su voluntad presente. ¿Serían tiempos de reconstrucción fructíferos? ¿Lograrían, después de todo, apropiarse de la capital por completo? Solo el tiempo sería capaz de descubrirlo.

Entonces, en un estado de devastación notable, aunque no lo pareciera, las relaciones con los reinos colindantes eran excepcionalmente importantes, siendo que podían influenciar enormemente lo que era un reino debilitado. Por eso, al llegar a los oídos del rey la noticia de que un supuesto espía había traspasado los límites de la ciudad y, además de eso, había registrado suficiente información como para relatar cada suceso ocurrido en las calles durante un día entero, no pudo ignorar la alerta que suponía sobre su reinado el haberlo hallado. Supo que lo habían encarcelado en la prisión más segura que entonces poseían, el subterráneo del mismo castillo, donde ninguna decoración u ornamento hacía de la estadía allí un placer. Debía conocer a aquel intruso, fuera lo último que hiciera aquella noche, debiendo ignorar el resto de sus responsabilidades el tiempo que le llevara su encuentro.

El calabozo era una extensión de largos pasillos que de vez en cuando colisionaban con salas de mediano tamaño ,en el que coincidían dos hileras de tres celdas a cada costado, apenas iluminadas, sin ventanas y casi sin aire exterior. El clima era helado y húmedo, pues se extendía hasta dentro de la montaña sobre la que se sostenía el castillo, y poseía por lo mismo una profundidad considerable, utilizando varias escaleras de piedra para así poder llegar a su fondo más bajo. Era un lugar aterrorizante, aunque parecía ser que los emergidos, en lo larga que fue su estadía, no habían encontrado para este ningún uso, por lo que se hallaba desocupado por completo, preparado, en todo caso, para recibir a quien fuera que mereciera tan grande castigo.

El rey se hizo camino, tomándose su tiempo para descender lo que parecía una caída interminable, todo hasta que por fin estuvo cerca de su destino. Como un eco, la voz de Zephiel emergió desde uno de los tantos pasillos que llevaban a las celdas, haciéndose obvio que lo que quería era anunciar su presencia.  - ... Uso de una escritura indescifrable... timando a soldados de mi reino usando de medio denigrantes juegos de azar... -sus pasos sobre la roca se hicieron cada vez más estridentes, delatando por su peso y el tronar de las placas la estatura y protecciones del rey. Entonces finalmente se hizo presente, revelándose su figura gracias a las antorchas del calabozo, sin cesar él de caminar hasta que estuvo frente a frente con el culpable de dichos actos que antes había nombrado, encontrándose este en una de las celdas de en medio, en una habitación que no albergaba a ningún otro preso. La apariencia de Zephiel no era extraña, aunque su armadura real portaba en sí un diseño algo menos opulento, más servicial, ignorando usar la larga capa que caracterizaba sus apariciones más formales.

Miró entonces al hombre que sus súbditos habían capturado. No era más que un joven que carecía, probablemente, de la aptitud para defenderse de los soldados de Bern, hecho que lo había terminado llevando tras las rejas, en plena oscuridad y esposado de manos y pies. El suelo del calabozo estaba mojado, más que eso, inundado de agua fría, hecho esto a propósito para obligar al cautivo a ponerse de pie una vez recuperara la consciencia. Zephiel tardó un momento en hallar las palabras que iría a dirigirle, pero cuando lo hizo no titubeó en expresarlas.

 - Podría decir sin equivocarme que este es el primer prisionero extranjero que tengo el privilegio de presenciar desde que Bern fue atacado. -mencionó con una sonrisa cruel, una que solo podía dedicar a quien hallaba de él desprecio, pero no rencor.- Puedes sentirte orgulloso. -dijo, pero cambiando ya a su acostumbrada expresión.
 - Verás. En el reinado que me antecede, ante la mínima desestabilidad que pudiera causar un individuo, la tortura era ley, ejemplo para las masas. En esta época, tal masacre ya no existe. -comenzó a decir, introduciendo un tema algo inusual.- Pero, ni siquiera antes de que aquello sucediera, ni después,  hemos sancionado a quien no fuera habitante de Bern. ¿Qué otro mejor camino existe que penalizar al enemigo interno, se decía hace años, cuando ningún inmigrante había cruzado nuestras fronteras? Siempre aborrecí en mi existir de los castigos volverse espectáculos... -Zephiel desenvainó su espada con cuidada precisión.- ...abolí desde siempre toda clase de desahogo contra la carne de los criminales. Por tratarse, por supuesto, de hijos de Bern. Supongo que ya habrás deducido que, no encontrándonos en el Bern que una vez reiné, y no siendo tú uno de sus habitantes, tu integridad me importa tanto como la de una rata. -dijo, manteniendo siempre el mismo tono de voz.- Por lo que ahora hablarás, revelarás para quién recolectabas información, y si no es así, he hablado ya de sobra.  

A diferencia de quienes usaban fuego para calentar el metal y causar mayor dolor en sus víctimas, los guardias presentes gastaban su tiempo poniendo una gran cantidad de objetos metálicos en hielo, volviéndolos tan fríos que de la misma forma eran capaces de quemar la piel. No anunciaban aquella amenaza al cautivo, pero se encontraba allí presente, lista para ser demostrada cuando fuera que lo pidiera.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Marshal

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
espada de bronce [2]
.
.
.
.

Support :
Khigu

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1932


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Jul 09, 2018 6:37 pm

Cuando Izaya despertó, todo a su alrededor era oscuridad. Fría, intensa y profunda oscuridad. Y aun así, tenía claro desde mucho antes de que aparecieran las antorchas que confirmaban lo que ya sabía, que estaba en las mazmorras de una fortaleza. Seguramente el castillo real, ya que era el que se hallaba más cerca al lugar donde había sido agredido. Recordaba lo que le había llevado a esa situación, y esas tinieblas como boca de lobo, el hedor a cerrado e inmundicia, la falta de aire, y la ausencia de tierra bajo su cuerpo, solo podía significar que estaba encerrado en un edificio. No era necesaria ningún tipo de luminosidad tampoco para saber que estaba atado de pies y manos, sentía el hierro en sus tobillos y en sus muñecas, apretando sus huesos y clavándose en su piel blanca que, seguramente, se había vuelto morada por el roce. Era un prisionero, pero ese azar no era lo peor que le hubiera podido suceder. Al menos aún conservaba su vida y no estaba colocado en ningún instrumento de tortura, de momento. El único rasgo digno de mención además de su encarcelamiento era el dolor de cabeza producto del golpe de botella. Le habían hecho daño de verdad. Esos salvajes que no sabían cómo perder.

En medio de la nada, Izaya no pudo evitar reírse por su destino.

El agua, el frío y la humedad le molestaban, pero era sencillo ignorar la sensación de desagrado, meterla en lo más profundo de su mente, y en su lugar sonreír como si nada le importase. Él era de Ilia, estaba acostumbrado a las condiciones climatológicas extremas, y un truco tan barato no iba a hacerle doblegarse. Había pasado por situaciones mucho más adversas y horribles que esa, y aunque no se notaba en su cuerpo delgado y elegante, como el de un académico que nunca ha levantado un peso en su vida, el cerebro de Izaya podía soportar una gran cantidad de estrés. Por ahora estaba muy tranquilo. Le dolía la cabeza en aquel lugar que había recibido el botellazo, pero la sangre hacía tiempo que se había secado y la herida ya no sangraba más. Estaba esposado de manos y de pies, mas el resto de su cuerpo estaba libre. No le resultó complicado incorporarse hasta alcanzar una posición sentada. Se pasó las manos por la cara al mismo tiempo con el agua fría del suelo para despejarse, y al poco tiempo ya tenía los sentidos alerta y los engranajes mentales funcionando a toda velocidad. Solo le quedaba esperar.

No pasó demasiado hasta que una luz llegó hasta donde él estaba. Siempre educado, se levantó del suelo para recibir a su bien esperado invitado. Estaba descalzo y sus pies chapotearon en el agua. Tras un mareo inicial producto de la falta de sangre en el cráneo, Izaya se mantuvo sobre sus dos piernas y analizó al recién llegado. Casi se hubiera echado a reír de nuevo, con todo el aire de sus pulmones, de no ser porque prefería jugar sus cartas de otra manera. Al fin y al cabo, no todos los días tenía la oportunidad de conocer al Rey Zephiel de Bern en un entorno tan íntimo y aislado. Debían de haberse sentido verdaderamente amenazados si el mismo monarca iba a perder el tiempo interrogándole. Eso o tenía mucho tiempo libre ahora que su país estaba liberado de emergidos. Fuera como fuera, el informante no se quejaría, ya que esa situación solo se presentaba una vez en la vida. Debía jugar su parte de la partida con muchos pasos por delante, ser el más inteligente de los dos. Por suerte, Zephiel comenzó dándole un sermón que, más que conseguir amedrentarlo, le sirvió como una base para un extensivo psicoanálisis. Sobrestimar a un oponente, por mucho que estuviera encerrado, atado y a merced de una espada, era un error tan básico que Zephiel casi le daba pena. Para Izaya, él ya tenía esa batalla ganada.

Había un hecho que se había repetido siempre en la historia. Cuando un joven príncipe asumía el trono que antes era de su padre, podía hacer dos cosas: la primera, seguir con el reinado tal y como lo hizo la generación anterior, sin cambios notables ni extremos; o podía hacer todo lo contrario, diferenciarse tanto del gobierno de su padre que se sepa que ha llegado una nueva época, un nuevo líder. ¿No era fascinante lo que eso decía de cada uno? Izaya encontraba esos hechos de un interés sin igual. En el primer caso, el joven príncipe sería alguien débil de carácter, quizás con miedo a lo desconocido o a destacar. Podía ser que prefiriese disfrutar de los privilegios de la monarquía, pero sin las responsabilidades que eso conllevase. A menudo, el estratega había notado, esos príncipes dejaban el gobierno de la nación a ministros y validos, y, por tanto, pasaban a la historia sin pena ni gloria. Por supuesto, Zephiel no era esa clase de rey. Para empezar, ya era un hombre entrado en edad, y no podía ver en él muchos rasgos de juventud; pero podía imaginárselo a la perfección: repudiando los actos de tortura, prometiéndose que él sería mejor.

Izaya contuvo una sonrisa de satisfacción, en su lugar parpadeó como confundido y se echó un paso hacia atrás. Oh, el segundo tipo de príncipe era el más fascinante de todos. Lo que uno pensaría de ellos al principio podría ser que eran ambiciosos, que querían sobrepasar a sus padres por encima de todo. Sin embargo, ¿era eso todo? Las relaciones humanas eran complicadas y fascinantes, mera ambición no era suficiente como para desencadenar esa forma tan abrasiva de hablar del pasado o la absoluta abolición de una tradición. Le parecía a Izaya que tenía enfrente a alguien con problemas con la figura de papá. Para creerse tan moralmente superior al reinado anterior, no es que hubiera mejorado mucho. Quizás Zephiel no era tan diferente. Quizás era igual de violento, pero prefería que la violencia se realizase en un entorno seguro a los oídos y los ojos de Bern. Tendría que indagar más a fondo sobre el tema, pero para ello debía desarrollar su papel de persona que no sabía a quién tenía delante. Sin embargo, nada se escapaba de sus ojos de estratega: un marshall con años de experiencia en su cuerpo y postura, buen acero en su espada, y una armadura que, aunque no portase capa, no dejaba duda que era digna de un rey.

Izaya alzó la cabeza y refunfuñó como si ahí la víctima de una injusticia fuera él: Para alguien que aborrece tanto el espectáculo, mi señor, ¿no cree que esto podría haberse resuelto con mucha más sencillez? - atajó con educación pero un aire de indignación en su postura - Deseo hablar con su superior, puesto que no sé de qué me está hablando. ¿Acaso no sabe qué leyes diplomáticas me protegen? ¡Y sin oportunidad de resolver los supuestos problemas por medio del diálogo! Esto es humillante para un hombre de mi calibre, que quede constancia. - exclamó y alzó los brazos para que pudiera ver que estaba esposado como un cerdo en el matadero. Su papel era el de un charlatán poco inteligente. - Ahora, le pido por los dioses que me diga, ¿Por qué estoy aquí encerrado? Si es por los juegos de azar, he de decir que encuentro este lugar demasiado vacío, pues se requiere más de una persona para jugar a algo. Así, sería injusto haberme apresado solo a mí y no a mis compañeros, aún más cuando ellos fueron los que primero han apostado y yo me he unido después. Además, le haré saber que la mayoría del oro que había sobre la mesa era mío. Sus hombres han faltado al código del jugador al recurrir a la violencia para conseguirlo. Al menos en mi país, Daein, quien incumple esa regla tan básica no se le considera lo suficientemente hombre como para sentarse con el resto de mercenarios de nuevo. Denota falta de carácter y de estrategia. En la guerra uno de prueba como guerrero, pero la verdadera personalidad se ve cuando el azar no es tan bueno. Así, está en la mano de uno cambiar el destino con un giro de muñeca o con un puñetazo. Por supuesto, un hombre de verdad elige lo primero. Lo segundo es propio de los niños... o los pusilánimes.

Al ver la espada se echó otro paso hacia atrás con ensayada teatralidad. Hablaba sincero pero todo lo que salía de sus labios era una mentira. Su lenguaje corporal no mentía, sino que acompañaba con naturalidad a sus palabras. Si había algo en lo que Izaya era bueno, era en actuar y mentir y mentir y mentir.  - ¡Déjeme explicarle, mi señor! No pretendía insultarle. Yo solo soy un humilde académico interesado con el mundo. Llevo ya unos días en Bern, inspirándome de su cultura para escribir mis poesías. Verá, realizo antologías poéticas por encargo, para aquellos que quieran leer poemas… diferentes. No sé si me entiende. Por eso no puedo escribirlos en la lengua común, ¿imagina que escándalo sería para mis clientes nobles? ¡Lo nunca visto! – Izaya fingió indignarse por eso, como si fuera algo horrible. Mucho más en países donde impera las enseñanzas puritanas de Naga. Mis poemas acabarían en la hoguera y yo con ellos. Mucho más si aparecieran con ilustraciones del poema. Por eso están escritos en una criptografía especial hasta que se puedan entregar en mano al lector interesado. Me pone en un apuro, mi señor, si decide romper esas hojas que me confiscaron ya que son semanas de trabajo, pero si lo prefiere, puedo leérselas y enseñarle el alfabeto para que compruebe que digo la verdad. Quizás descubra que la poesía erótica es lo suyo.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Tactician

Cargo :
Informante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [1]
Dagas de bronce [2]
Tónico de def. [1]
Tónico de res. [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2411


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Mensaje por Zephiel el Miér Ago 22, 2018 6:39 am

No hubo contestación inmediata a ninguna de las cosas que el otro dijo, siendo el cautivo abandonado unos segundos por un profundo silencio de parte de los presentes a su alrededor. Por supuesto, Zephiel no era un individuo fácil de convencer, no viéndose afectado en absoluto su semblante por lo que en un principio su cautivo decía, incluso por el hecho de que no parecía estar reconociéndolo. Todos sus argumentos, fueran o no ciertos, no le importaban, y no sabía por lo mismo si el preso se había dado cuenta de que, habiendo sido traído allí, Zephiel ya había aprobado sin debate cualquier criminalidad que el otro pudiera negar. De lo único que parecía dudar el rey, si es que en verdad dudaba de lo que sucedía, era el método de extorsión que había puesto a su prisionero con las aguas. No parecía afectado lo suficiente, por no decir que sus energías a la hora de contestar le exasperaban. En su situación cualquier otro se limitaría a hablar en monosílabos y temblar en esperanza de cualquier fuente de calor, y sin embargo nada de lo que había preparado parecía tener efecto suficiente en la voluntad del supuesto espía. Era un resultado interesante, pero que al mismo tiempo no dejaba de ser inconveniente, pues o escondía muy bien su dolor o incomodidad, o simplemente lo que hacía no tenía efecto. Pero había mencionado Daein, tierra elevada y montañosa como la suya propia... ¿Sería cierto? Para molestia suya desconocía realmente si su acento provenía del continente de Tellius; no sucedía a menudo que Bern tuviera contacto con cualquiera de sus países, por lo que había elegido bien el reino al que quería pertenecer. Fue lo único importante que el rey consiguió rescatar de esas palabras, conociendo que el resto eran cuestionamientos sin sentido. Zephiel, incluso si se permitía responder, no había venido allí a contestar las preguntas de un miserable infiltrado, y por lo mismo se rehusó a siquiera pestañear ante la mayoría de ellas. Tan solo cuando hubo acabado, y tras tomarse un momento, el rey contestó nada más ni nada menos que a la última de sus insinuaciones.

- Qué conveniente sería que así fuera. -sonrió Zephiel ante aquello último, aún limitándose a gestos reducidos.- Que fuera yo uno de esos nobles y necesitara de las palabras de un abyecto para que me sirvan de estímulo. -entonces frunció apenas el ceño y quitó la vista del prisionero para volverla a sus guardias, quienes se habían detenido completamente al ser testigos de tan controversial diálogo.- Dejen aquello, y traigan aquí el martillo. -se refería al hielo y a las armas que helaban. Zephiel solo necesitó decir eso para que, a sus órdenes, el par de guardias desapareciera escaleras más abajo cargando con todo lo que tenían, desvaneciéndose el tronar de sus botas unos segundos después. Era verdad que allí se aislaba tremendamente el silencio.


-Muy bien, poeta. Comencemos. -dijo Zephiel, acercándose a una distancia modesta de los barrotes, sin nunca descuidar el espacio seguro que los separaba.- Deseo saber el nombre de tus... clientes. -dijo finalmente. Levantó la espada, la cual hizo pasar a través de la puerta cerrada, acercándose al pelinegro con ella y cerrando su espacio hasta tocar con la punta de su filo su hombro, sin empujar mucho más, apenas llegando a rozar la superficie de su piel. Se trataba de una imagen interesante, y por lo mismo el rey imaginaba qué tan capaz podría ser su prisionero de devolver la situación a su favor si se decidiera a hacerlo. Podía intentar sustraer la espada de sus manos de cualquier forma posible, aunque Zephiel suponía de él lo suficientemente inteligente como para no intentar semejante cosa. No podría alcanzarlo ni asestarle un ataque sin que él retrocediera antes, aunque el primer lugar podía fácilmente perder una de sus manos si intentaba cualquier rápido movimiento. Zephiel continuó hablando, dejando sus recreaciones a un lado.- Si determino que has inventado la existencia de uno de ellos, el peso de mi acero caerá hacia abajo sin que yo lo controle...

Fue entonces que, en medio de su amenaza, los pasos de los guardias volvieron a escucharse, anunciando por el choque metálico en su andar que algún tipo de herramienta traían consigo. Cuando se hicieron ver cargaban nuevamente el balde donde antes habían guardado en hielo; sin embargo, de su interior podía adivinarse un número indefinido de grandes, negros y afilados clavos, cuyas puntas sobresalían hacia arriba como púas, pero que no acababan de ser los mismos que uno encontraría en las calles, pues eran gruesos y poseían una protuberante rosca. Dejaron estos sobre el suelo, y por encima del montículo de clavos dejaron reposar la petición el rey, un martillo pequeño pero grueso, pesado, obviamente, que no era distinto de los que los ciudadanos usaban para reconstruir la ciudad. El rey no sugirió de ninguna forma lo que planeaba hacer con todo aquello, pero sabiendo lo que eran, no era difícil suponer su función. 

 - Ahora que lo has visto... -murmuró Zephiel, sin quitar en ningún momento sus ojos del apresado, aquellos que sabía, o al menos creía que le desafiaban.- ...responde acorde a lo que te he pedido.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Marshal

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
espada de bronce [2]
.
.
.
.

Support :
Khigu

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1932


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Sep 03, 2018 8:32 pm

Izaya no podía contener la sonrisa ponzoñosa que le surgió en los labios, tan cortante y socarrona que si sus palabras no hubieran sido de lo más disparatadas, ese gesto facial habría hecho saber al Rey de Bern que estaba ante alguien que no tenía una pizca de honradez. Y era verdad, el informante era una persona para quién el honor valía menos que nada, a no ser que pudiera ser explotado en los demás. No era un caballero, no era sincero, y no se dejaba guiar por ningún tipo de moralidad que distinguía entre conceptos humanos como el Bien o el Mal. Al contrario, Izaya era manipulador, mentiroso, y un ladrón que usaba sus conocimientos para disfrute personal y recibir ganancias en oro. En cuanto había visto que Zephiel no daba su brazo a torcer con el asunto, ni siquiera preguntándose acaso qué crimen había cometido su extraño prisionero, el estratega había decidido dejarle ver parte de la criatura que había debajo y, así, le había sonreído al verle fruncir un poco el ceño. Si no hubiera estado tan atento de sus expresiones faciales se le habría escapado, pero Izaya sabía que se podía leer mucho del lenguaje corporal de alguien por mucho que quisiera parecer una columna. No perdía de vista al rey.

Zephiel mandó a los soldados desaparecer para traer un nuevo método de tortura, lo más probable. Izaya se preguntó si le había molestado que dijera eso delante de su gente. Quizás le llenaba de vergüenza admitir que realmente quería leer tales escritos que hablaban del más absoluto placer en una variada cantidad de posturas y número de participantes. Se podía aprender mucho de uno ante sus reacciones frente a temas tabú o controvertidos. O, en el caso del monarca, su falta de interés. Hasta se atrevió a mirarle la entrepierna de forma curiosa para ver si algo se había movido ahí ante la mención de poesía erótica, pero no había ninguna arruga en sus pantalones. De nuevo volvió a dirigir la mirada inquisitiva al rostro del rey. - A todo el mundo le interesa el sexo, mi señor. Aunque no a todos de la misma manera. Hay a quienes les “estimula” mucho más el dolor, tanto infringirlo como sufrirlo. No es algo extraño. – comentó de forma casual, como una persona que no está encerrada en una mazmorra de mala muerte, congelado hasta los huesos, con una espada rozándole la suave piel blanca del hombro, que estaba al descubierto porque su camisa tenía el cuello desabrochado.

- ¿Qué nombres le puedo dar, cuando todos son pseudónimos para guardar la identidad de cada uno? Ya le he dicho que es peligroso dedicarse a este oficio, como también lo es ser cliente. Como mucho podría decirle cuales son los temas preferidos de Lady Clítoris. Aunque supongo que si incluso le revelara el pueblo en el que solemos reunirnos tendrá problemas en encontrarla, haciendo fama a su nombre y a la incapaz masculina de saber nada sobre el cuerpo femenino.
– Musitó pensativo, pero el aire de provocación que lo rodeaba se hacía más fuerte. Izaya sabía que los hombres como Zephiel no bajaban las armas por ningún tipo de excusa, aún más si su deseo era hacerle un ejemplo para las masas, o quizás demostrar el poder de Bern a los países extranjeros ahora que se había liberado de emergidos. Por ello, no tuvo la esperanza infantil de salir de ahí sin ningún rasguño. Lo único que esperaba es que Judal recibiera su misiva especial e hiciera algo para liberarle antes de que le matasen.

Por el momento, el monarca tenía cierto interés en su persona, así que eso era bueno ya que eso significaba seguir con vida. No sería la primera vez que era torturado, aunque ahora que podía ver el aclamado “martillo”, lo cierto era que nunca habían usado máquinas de esas con él. Casi que prefería que usara la espada, sabía recuperarse de heridas hechas por armas convencionales, así que trataría de provocarle para que usara lo que ya tenía en el puño en vez del juguete recién llegado del mismísimo infierno. No sabía qué juego estaba jugando el monarca, pero Izaya sabía que había una partida ya en la mesa. Como un gato con un ratón de campo, Zephiel estaba mostrando las garras pero aún no le hacía nada. Evaluándolo. Con gesto despreocupado, el informante se quedó en el mismo sitio, sin siquiera dirigir una mirada al filo plateado. Sus ojos estaban clavados en los ajenos de forma invasiva. – En realidad, como no ha creído nada de lo que le he dicho, ¿qué me hace pensar que verá verdad en mis palabras? Y no solo eso: si llevara a juicio a esas personas, nobles en su mayoría, la respuesta sería negar lo que yo le diga. Por lo que, haga lo que haga, estoy en desventaja ante un sistema legal pobre y absurdo. Un consejo como daenita: reconstruir edificios no sirve de nada si luego hay errores en la ley como este.

Izaya suspiró de forma teatral y sonrió: Me cuesta creer que algo que esté en sus manos no lo vaya a controlar. Y, de ser así, qué mal guerrero debéis de ser para que una espada de acero se os caiga de las manos como si estuvieran hechas de mantequilla. Además, es obvio que si algo cae, va a ser hacia abajo, no hacia arriba. La verdad, mi señor, debería hacer llamar a su superior porque es usted un incompetente. No entiendo como su Majestad el Rey Zephiel le pone al mando de nada. Quizás su Rey si entienda de lo que le hablo y acepte mi ofrecimiento. No es por ser chismoso, pero he escuchado muchas cosas sobre su monarca. Cosas que le harían ruborizarse hasta a usted y quizás hacerle sentir cierto calor en la región inferior. Lo cierto es que no me esperaba eso de un rey. Ashera sabe que el Rey Ashnard tiene sus gustos particulares pero… - dejó caer la voz y se rió con falsa inocencia.- Que conste que la mayoría de ellas han sido dichas por esos soldados que me robaron, y golpearon y violaron mi privacidad. ¿Le gustaría escucharlas para así castigar a quién lo merece? ¿O va a insistir en que le diga más nombres de damas y caballeros que bien podría haber aprendido de miembros del servicio comprando en el mercado?

Y todo era mentira.

Mentira.

Mentira.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Tactician

Cargo :
Informante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [1]
Dagas de bronce [2]
Tónico de def. [1]
Tónico de res. [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2411


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Mensaje por Zephiel el Sáb Nov 10, 2018 4:06 pm

Zephiel puso en su mente el recuerdo de una cantidad inabarcable de castigos, de los cuales había sido testigo toda su vida sobretodo antes de tomar el trono. Quizás su padre, el rey, había sido un cobarde, incapaz de levantar su propia espada para defender sus ideales. Sin embargo, las ocasiones en que sus secuaces habían dado la cara en su lugar, tan solo para llevar a cabo órdenes de lo más monstruosas, eran memorias que permanecían en la consciencia de Zephiel, y que resurgían en situaciones como aquella. Este último, al contrario de lo que había visto y conocido, jamás se permitiría esconderse si un deber así pesaba bajo su nombre. Disfrute e su actuar no había ninguno, sino solo palabras y frases interminables en su mente. Probablemente, para ese punto, su víctima se daría cuenta de que sus actos carecían de cualquier moral, y de la misma forma se sostenían del concepto más derruido de la justicia. Zephiel no se obligaba a sí mismo sino que, podría decirse, sus acciones las llevaba a cabo por un muy bajo instinto de rectificar lo que veía. Por eso no fue sorprendente que una vez habiendo oído a quien consideraba un espía, ni siquiera se molestó en responder otra vez a sus palabras, cumpliendo su promesa de dejar caer la espada. Obviamente no la soltó de su mango, aquello habría sido irrisorio. Simplemente dejó que su propio peso recorriera la piel ajena, dejando que el filo cortara el hombro del "poeta" de arriba hacia abajo, un corte sobre todo doloroso, pero de ninguna forma peligroso. Los ojos del rey entonces, inanimados.

 - Puedes seguir intentando que mi paciencia empeore, mas ha llegado a su fondo desde hace mucho tiempo. Ningún comentario de índole sexual perturbará más mi semblante, pero te invito a continuar. Así, descubriré si realmente posees esa voluntad de acero de la que tanto alardeas. -dijo finalmente el rey. Sus pensamientos estaban fijos, y tal como había declarado, ya no había manera en que pudiera cambiar su enfoque. Actuaría como había dicho,  no habría cosa que pudiera hacerlo retroceder- Entren ya. -ordenó a sus guardias, mientras él sostenía el pomo de su espada con ambas manos, apoyando el filo contra el suelo. Los guardias obedecieron, callados a oídos del monarca. Sin embargo, ya abriéndose paso dentro de la celda, el prisionero podría oír las risas silenciadas de sus captores. Parecían haber perdido toda etiqueta, siendo capaces de reír al saber que, tras todos aquellos recalcamientos obscenos, el prisionero no ganaría sino una terrible forma de tortura del rey. Parecían haber caído también en el chiste de que no supiera, o aparentara no saber, que hablaba no a otro sino el mismísimo rey, por lo que en ningún momento se atrevieron a mencionarlo.

- Ya no te vas a reír de que reconstruyamos la ciudad. Que pena tú, porque nos volvimos excelentes carpinteros. -susurró uno de los hombres, en lo posible evitando que su rey lo oyera. Zephiel, en cambio, solo estaba atento en su objetivo, devolviendole aquella mirada que todo ese tiempo había mantenido en él. Zephiel volvía a recibirlo con un rostro pálido e implacable, tanto así que sería sorprendente si en ese preciso momento no se daba cuenta de que, en el rey, se había perdido toda cualidad de pudor o moral, y si permanecían, se encontraban de tal manera retorcidas que podían considerarse, una vez más, solo palabras que cruzaban sus pensamientos de vez en cuando.

Un guardia sostenía el martillo, mientras que el otro, uno de aquellos terribles clavos. Quien sostenía este último evaluó rápidamente a su víctima, llegando a agarrar su cabello con una mano para moverle la cabeza de un lado a otro, en parte observándolo, en parte aprovechándose de él para humillarlo. Podía ser que tuviera algún tipo de conexión con los soldados involucrados con el criminal incluso, si es que simplemente deseara vengarse de cualquiera que les hiciera daño en conjunto. Pronto ya había elegido su punto de partida, no otro sino el corte que el rey recién había hecho en él, que sangraba. Así que puso la punta sobre la herida recién abierta, el clavo firme y recto, tan helado como el mismísimo hielo, y lo sostuvo con toda la firmeza que le era posible. Entonces el otro guardia actuó, levantando el martillo a una altura por sobre su cabeza. Podría haber golpeado al prisionero entonces, y fácilmente habría podido matarlo en ese mismo lugar, tanto como por un error como por un gran deseo de silenciarlo. Sin embargo, el peso de su arma cayó, y así hundió el clavo sobre la herida de un solo golpe, enterrándolo hasta el fondo.  El dolor sería inimaginable, si es que no superaba la sorpresa de que un objeto extraño permaneciera entre su carne. Usualmente las armas iban y dejaban su marca, los filos transitaban y abandonaban solo habiendo robado la sangre de sus enemigos. Sin embargo, aquella herida tenía como objetivo maximizar el dolor de la víctima, acorde a otros tipos de extorsión mucho más brutales, pero que entonces no tenían disponibles.

- ...Puedes ahora comentar sobre el monarca que conoces. -interrumpió  Zephiel viendo que el proceso había sido exitoso, su voz siempre audible en aquel agujero.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Marshal

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Espada de bronce [2]
espada de bronce [2]
.
.
.
.

Support :
Khigu

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1932


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Entrenamiento] These Violent Delights Have Violent Ends. [Priv. Zephiel][+21]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.