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[Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

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[Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Vie Mar 23, 2018 11:07 pm

El alba dio inicio al día acompañado del cantar del gallo, una extraña costumbre de aquellas tierras que lentamente comenzaba a acostumbrarse. Los primeros días de estadía se le hacia aquel hecho por demás curioso, más aun en su costumbre anterior de despertar sintiendo los primero rayos del sol y el aroma del rocío en el cesped.

Ya a semanas de estadía en el marquesado comenzaba a dudar si podría volver a despertarse a tiempo con aquellas costumbres de antaño ¿Acaso era como los nativos de Lycia terminaban con tan peculiares hábitos? De seguro el mismo gallo actuaba distinto antes de mudarse allí y asentarse.

Tras un rápido desayuno frio, se cambio de sus ropas de noche, otra costumbre adquirida tras cruzar la frontera, y se cambio en uno de sus tunicas de Sacae. Aunque en teoria un vestido, se negaba a llamarlo como tal, siquiera en su mente, más aun cuando mencionar un vestido allí implicaba encajes, volados y otros terminos cuyo nombre aun no terminaba de aprender.

¡Un gasto por demás excesivo de su abuelo habían sido aquellas tunicas! Hechas a forma y medida de su original, incluso había encargado una con telas cuyo costo no quería imaginar ¡Lo peor es que nadie lo veía como un gasto excesivo! Aun en los tiempos que corrían, parecia que el derroche de la nobleza entraba en necesidades básicas para el lyciano promedio.

Esperaba que aquel concepto jamás se asentara en su cabeza, si lo hacía sentía que perdería una parte fundamental de si misma.

Tras alistar su ropa y espada, colgada firme y fielmente a su lado, cogió un aditamento al que no estaba acostumbrada: una pequeña bolsa de cuero, con una simple hebilla que también colgaba de su cinturón. Acostumbrada a cargar dichas nimiedades en las alforjas de su montura, el tener que llevar algo asi aun le incomodaba.

Aunque pequeña a conceptos de una bolsa, tenía suficiente espacio para un brebaje curativo y algunas cosas más, habiéndola preparado bajo vigilancia y aprobación de Luz. Dicha preparación acompañada, obviamente, con más indicaciones y expresando su preocupación nuevamente por la tarea que competía a la noble aquel día.

Agradecía y le llenaba de felicidad contar con alguien que expresara tales deseos hacia ella, dos alguienes si contaba a su abuelo igual de preocupado, pero en aquel caso no había tenido de otra que negarse a sus deseos y mantenerse firme. La situación de Caelin era precaria siendo generosos. Necesitaban más dinero para grano, y si deseaban contar con una productiva cosecha (que no incluyera pinos, que Hanon se apiade del viejo loco Bale) que sirviera como sustento y dejara suficiente ganancia para otros gastos aquella empresa era por demás necesaria.

Estaba la posibilidad de solicitar ayuda Pherae o Altea, más aun aprovechando el favor del principe extranjero para con su territorio, pero creía firmemente que si había algo que podian hacer por si mismo debían de hacerlo. ¡No era algo totalmente descabellado y loco lo que planteaba! Y cuando un plan elaborado por su cuenta no era rechazado fervientemente sabía que estaba en buen camino. Estaba a rango de su espada... ¡Era posible!

No se creía una estratega, pero sentía un poco de orgullo por la autoría de aquella idea.

Los detalles solo los había contado en intimidad, discutidos unicamente con su circulo cercano y corriendo por responsabilidad suya y de Luz la redacción del cartel ofreciendo el trabajo y su publicación en el puerto más cercano. La paga era suficiente para tentar a un mercenario, el trabajo detallado era solo de acarreo al fin y al cabo, y el único requisito era el contar con una montura alada con transporte para dos más equipamento. El resto de los detalles a convenir en aceptado el trabajo.

Solo habían sumado con un joven del pueblo que, bajo juramento de sanción para él y su familia, debía esperar a alguien en el punto de encuentro todos los días por si se presentaba ¡Y alguien lo hizo a los pocos días!

A través del mismo joven le fue enviada cena la noche anterior al mercenario llegado, bajo ordenes que se juntarían al día siguiente para el trabajo y el detalle. La letalidad del trabajo era nula por lo que mientras cumplieran y no les molestara cierto secretismo...

Principalmente, era evitar armar revuelos en el pueblo ni ilusionarlos si la misión fallaba. En su parte tenía fe de éxito pero... Su destino estaba encomendado a los vientos.

Tras salir de su pequeña cabaña, y atravesar la empalizada del poblado, asegurandose primeramente que nadie le siguiera, se adentró en el bosque cargando consigo además una vacía bolsa de trigo. Una corta caminata y encontró el claro donde el mercenario le esperaba cuando el sol aun no terminaba de brindar su luz al completo en el cielo. Pese a que sabía por el joven aldeano, la presencia tan cercana de la bestia sin duda le puso en alerta ni bien sus ojos le captaron.

¡No todos los días se tenía un wyvern tan cerca!

Aligeró la mano de la empuñadura de su espada, que instintivamente había tensado ni bien ver a tal criatura, y alertó de su presencia con buen animo y tono fuerte -Buen dia, espero que su estadía en el bosque haya sido cuanto menos tranquila. Me disculpo y tomo total culpa por tan extraño tratamiento- tras lo cual dio una leve reverencia expresando su sinceridad y buena fe.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Lun Mar 26, 2018 10:43 am

Tras su breve paso por Ilia, al volver de Kilvas, Hrist dio con sus huesos en Lycia antes de volver a reemprender el camino hacia el norte. La siguiente parada sería Begnion o Renais, seguramente. Pero en aquellos momentos, se dejaba caer por Lycia, a la caza de algún trabajo interesante. No era territorio ocupado por los emergidos, pero seguro que con las tareas de reconstrucción había trabajo de sobra para algún mercenario. Patrullar los alrededores de algún pueblo cercano a un campamento bandido, encargarse de indeseables para los que el ejército no tenía tiempo, algún criminal sobre el que pesase una jugosa recompensa…

Y así era como había dado con ese trabajillo. Pedían a alguien con una montura que pudiese llevar a dos personas y algo de equipaje. ¿Qué mejor que un wyvern para ello? Se imaginó a un delicado y frágil pegaso cargado con las pesadas alforjas que Logi llevaba como si nada, y se le escapó un poco la risa. El enlace con el empleador era un joven del pueblo, que le indicó dónde esperar al primero el día en cuestión.

Así que aquel día se levantó, perezosa, de la cama, y siguió su rutina habitual. Se cambió de ropa y desenredó su cabellera rubia. Desayunó algo rápido, y se fue a por Logi. Dado que tenían que encontrarse con el empleador en el bosque, la mercenaria dirigió allí con tiempo de sobras, con una idea en mente.

-Logi, esta vez vas a tener que buscarte la comida. –le explicó. –Así que ya sabes, en cuanto acabes, vuelves aquí conmigo, ¿eh, galletita? –añadió mientras le acariciaba el hocico.

El wyvern hizo un suave bufido, y alzó el vuelo.

En realidad, lo de decirle que volviese era redundante. El animal tenía la costumbre de volver junto a Hrist con la presa en la boca. Era como si comer fuese un ritual importante para él, y no le gustaba hacerlo solo si ella andaba cerca. Quizás era el resultado de tantos años viviendo junto a los padres de ella, viéndoles por la ventana cada vez que era la hora de comer. El wyvern había acabado asociando el acto de comer con estar en compañía. Así que al cabo de unos minutos, Logi volvió con un enorme oso bajo las zarpas.

-Eeeh… que aproveche, pitufo… –Dijo Hrist, algo incómoda.

Cazar no era lo suyo ni la entusiasmaba mucho, pero era consciente que era algo inherente a la naturaleza y la alimentación de su montura. Así que prefería no mirar mucho cómo se ponía las botas con el animal que hubiese caído en sus garras. Se había asegurado de que no hubiese cerca ningún lugar de pasto para el ganado (algo que se aseguró de preguntarle al intermediario y a unas cuantas personas más en el pueblo), por lo que no había peligro de que se zampase el cordero o la vaca de ningún pastor, tampoco. Cuando había mucho pastoreo en la zona, prefería darle de sus propias raciones, previamente preparadas a conciencia para que se conservasen bien, antes que arriesgarse a enfurecer a algún ganadero o pastor de los alrededores. Ni a que Logi le atacase si el individuo intentaba ahuyentarlo. Sin supervisión, era como cualquier otro wyvern salvaje la mayoría de las veces, a menos que se le hubiesen dado instrucciones claras de cómo comportarse. Y pese a ello, no dejaba de ser un wyvern. Si lo buscaban lo suficiente, lo iban a encontrar… por las malas.  

Cuando el animal se acabó el desayuno, la wyvern rider se lo llevó con ella al punto de encuentro. Por el camino, pasaron cerca de un enorme árbol fulminado por un rayo (o eso le dijo el joven que hacía de intermediario).

-¿Qué…? ¿Qué llevas en la boca? –preguntó Hrist a su montura, al ver la mirada sorprendida del joven que la guiaba.

El wyvern, ni corto ni perezoso, se había agenciado una rama enorme del árbol, como un enorme perro con un juguete acorde a su tamaño. La miró con ojitos tiernos suplicantes. Hrist arrufó las cejas, y cerró los ojos.

-Vaaaale… al fin y al cabo queda un rato hasta que sea la hora… -cedió finalmente.

Y con esa bonita estampa, a la par que bucólica, la mercenaria siguió al aldeano, junto a un wyvern con pasatiempos incluido. Cuando finalmente llegaron al punto, Hrist se acomodó en un gran trozo de raíz que asomaba desde el suelo, perteneciente a uno de los numerosos árboles del lugar. Mientras, iba observando cómo Logi mordisqueaba y roía la maciza rama como si nada. Hrist balanceaba los pies, haciendo repaso mental de todo lo que llevaba recorrido desde que había salido de Nohr… y pensó en qué haría una vez llegase más al norte. Los emergidos estarían tocándole las narices a muchos países, seguro que habría campañas de liberación o conquista bien pagadas, como la que hizo en Kilvas (en nombre de Durban).

-¿Tú qué opinas, Logi? –preguntó a su montura, que la miró de reojo sin dejar de cebarse con la rama. -¿Tiramos para Tellius? ¿O hacia Magvel? Tellius es grande, eso sí te lo aviso…

El animal le respondió con un gemido grave y gutural. Y acto seguido volvió a darle lo suyo a la rama.

-¿Tú crees? En Tellius puede que haya más curro, es más grande…

El wyvern la miró de reojo, sin soltar su preciada rama, cada vez más astillada y destrozada. Gimió de nuevo, y añadió un escueto bufido.

-Mmm… quizás sí, a lo mejor habría que empezar por Magvel… y de ahí tiramos a Tellius…

Logi acabó de partir lo que quedaba de la rama con una fuerte presa de su mandíbula. Se sacudió las astillas de la boca con la ayuda de las garras de las alas, y se aposentó sobre la hierba, soltando un bufido lento y plácido.

-¿Qué? ¿Puede descansar ya en paz esa pobre rama? –le inquirió a su montura, quién le contestó con un ronquido desganado.

Pero al cabo de apenas unos minutos, el animal se puso en pie, y empezó a gruñir, con la boca medio abierta, lista para abalanzarse sobre cualquier cosa que se moviese. De entre la espesura, apareció una misteriosa figura.

-¿Es el empleador? –Ante el aviso del aldeano, Hrist ordenó al wyvern que no atacase. –¡Logi, no!

La enorme mole de escamas y músculo marrón retrocedió y dejó de gruñir, pero no por ello dejó de escanear con la mirada al misterioso individuo que había aparecido, las pupilas destelleándole contínuamente. Una mujer, ataviada en una bonita túnica azul con elaborados bordados, con unos faldones que le dejaban al aire íntegramente ambas piernas (¿sería eso práctico a la hora de echar a correr o saltar?). Llevaba una espada al cinto, y una larga coleta de color verde le colgaba detrás de la cabeza.

-Ha sido una estancia muy tranquila, sí. –
Afirmó, fijándose mejor en la que era la responsable del anuncio donde se pedía a alguien con una montura capaz de llevar a dos personas y algo de equipaje. –Oh, no, no hace falta, cosas más raras he visto…

Confusa, intentó devolverle la reverencia, pese a que todo lo relativo a las reverencias, genuflexiones e inclinaciones varias era como un jeroglífico escrito en idioma emergido para ella.

-No se preocupe, se portará bien. –le comentó refiriéndose al wyvern. -¿No saludas a la jefa, Logi?

El wyvern emitió un suave gruñido, sin dejar de olisquearla a distancia.

Realmente, cuando el explicaron el porqué de tanto secretismo, no se extrañó del resto de precauciones que le hicieron tomar. Siendo sinceros, había tenido recibimientos y primeros contactos muchísimo más extraños con otros clientes.

-¿Y bien? ¿Qué hay de esos detalles a concretar? –preguntó la mercenaria, con curiosidad. –Soy toda oídos. –añadió, con una sonrisa conciliadora.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Dom Abr 01, 2018 8:55 pm

Las figura de aquellas bestias, más aun teniéndola enfrente mostrando los dientes y lista para el ataque, siempre le provocaban un sudor frio en la espalda. Le remitían a las historias contadas en las fogatas, a los 8 heroes y aquellas historias incluso más viejas, historias que enlazaban por sangre a los wyverns y los dragones...

Si tan fieras criaturas eran lo wyverns siendo menores en tamaño y poder... Aquello que habían enfrentado Hanon y el resto habría sido locura para cualquiera que no fuera un heroe como ellos. Las palabras de aquel bardo, hablando sobre la posibilidad de dragones bondadosos estaba guardada en su corazón pero... Si aun aquellas monturas eran tan complicadas de domar y controlar... ¿Que esperar, pues, de los poderosos monstruos de leyenda?

-Me alegra oirlo- le dedicó una sonrisa escueta al escuchar que había recibido un buen trato. Pese a que confiaba y creía en la gente de Caelin... Aquello de tener gente actuando en su nombre ¡Que su nombre tuviera poder alguno siquiera! Era algo que aún le producía cierta incertidumbre.

Si la extraña armadura no le delataba, sin duda aquella extraña reverencia le terminaba delatar a la mujer como una extranjera, una de esos extranjeros lejanos, no de los cercanos ¡Que encima una mujer controlando aquella bestia! Habiase cruzado brevemente con una jinete de un país desconocido una vez en las llanuras, pero aun siendo la segunda vez que lo presenciaba, el no ver a un hombre fornido como una roca controlando aquellas bestias era sin duda una visión extraña.

Una guerrera hecha y derecha debía ser aquella mujer para tener tal dominio de aquel monstruo.

El comentario de la muchacha le hizo alejar completamente su mano de la empuñadura. -Lo siento, es una vieja costumbre demasiado aferrada a mi mano- se disculpo con una sonrisa amarga, levantando su palma al frente y mirando a los ojos de la montura -No pretendo daño alguno, descendiente de dragones-

No les tenia miedo per se pero si respeto. Contrario a los dragones eran existencias que estaban al alcance de su espada. Claros y fieros guerreros, pero mortales como ella; lo había comprobado por propia experiencia.

-Pues bien, el trabajo es simple y directo: iremos a saquear- señaló el castillo en ruinas en la distancia que asomaba aun entre las copas de los arboles -el antiguo Castillo Caelin.- levantó la bolsa en su otra mano como para acentuar la verdad tras su palabras. -Entrar, tomar lo que podamos e irnos.-
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Lun Abr 02, 2018 2:57 pm

-Ah, no hay nada que disculpar –Hrist se apresuró a quitar hierro al asunto. -, es normal que la gente se ponga en guardia ante un wyvern desconocido. Lo mismo podía ser un wyvern silvestre sin jinete que lo apacigüe.

No la culpaba en absoluto. Encontrarse de cara con un wyvern en un bosque no solía ser plato de gusto. A menos que estuviese adiestrado y el jinete le ordenase no atacar (o cesar un ataque ya iniciado). Pero mucho se temía que pocos eran los que se preocupaban de que su wyvern no cazase a inocentes extraviados en la espesura…

Al ver cómo la empleadora se dirigía de forma tan respetuosa a su montura, la mercenaria no pudo evitar quedar impresionada. Definitivamente, esa chica empezaba con buen pie. Incluso Logi parecía estar de acuerdo.  Miró a la joven con atención, aún examinando su olor. Casi inmóvil, ladeó un poco la cabeza para mirarla mejor. O para escucharla mejor. O ambas cosas, ya puestos. Finalmente, soltó un sosegado bufido.

Todo pintaba de maravilla. Iba sobre ruedas. Entonces entraron en los detalles.

-Saquear.

Sus ojos iban del saco al castillo de Caelin, y de éste al saco. Así unas cuantas veces. Ningún músculo se movió en el rostro de la jinete de wyvern, cuya sonrisa neutral y cordial se congeló durante unos instantes. Poca expresión facial y mucho esfuerzo mental para contener el maremoto de flashbacks que le azotaba sin piedad la memoria.

Flashbacks a la rocambolesca huida que, semanas atrás, había protagonizado junto al risueño y peculiar Sindri, éste último cargado con un zurrón lleno de libros que había “rescatado” de dicho lugar. Flashbacks a los escalofríos que le recorrían la espinada, los sudores fríos, los cosquilleos en el pecho, y la presión en el estómago, que la hacían sentir como una niña haciendo fechorías. Flashbacks a las miradas hacia atrás, temiendo que emergidos en pegaso los persiguiesen en su huida y que una lluvia de flechas los dejase con más agujeros que un colador.

Flashbacks a una vocecita interior, muy escondida en su interior, que gritaba “¡OTRA! ¡OTRA!”. Y otra vocecita, esta vez sospechosamente similar a la del muchacho de pelambrera violeta, que le susurraba con tono socarrón “¿No quería usted caldo, señorita Hrist? ¡Pues tome dos tazas! Auhuhuhu~”. Otra voz, esta vez sí, la suya, emitía gritos desgarrados a pleno pulmón en su interior, con una cacofonía de ecos que rebotaban y rebotaban hasta lo más profundo de su ser.

-Claro, sin problema. –Repuso con una amable sonrisa, ignorando griterío de manicomio en que se había convertido el interior de su mente en esos momentos. -¿Le parece si nos ponemos en marcha? –Ahogó mentalmente el “Auhuhuhu~” que se abría paso entre el caos de su alma.

Se acercó a Logi, y tras rascarle un poco el cuello, se aseguró de nuevo de que la silla de montar estaba bien preparada.

-¿Prefiere ir a pie? –preguntó a la Jefa, consciente de la impresión que le debía causar estar cerca de un wyvern que, hasta hacía escasos segundos, le había estado gruñendo con la boca entreabierta. –Yendo en wyvern llegaremos antes. –le comentó distraídamente. –Pero si le dan apuro las alturas podemos volar bajo, no hay necesidad de volar entre las nubes si eso le desagrada.

Mientras esperaba respuesta de la jefa, Logi se desperezó con parsimonia. Primero un ala, después la otra. Se veía venir que tocaba hacer ejercicio. O quizás también había tenido flashbacks a la anterior aventura junto a Don Bibliotecario Con Estilo.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Lun Abr 02, 2018 7:49 pm

-Saquear- confirmó, asintiendo una vez con fuerza en acompañamiento. Era un plan directo, no tenia Lyndis una sagacidad tal para hacer algo más complejo que eso. Su obra maestra en planes consistía, al fin y al cabo, en ocultarse en un arbusto y esperar el momento justo para saltar sobre el enemigo y clavarle su espada.

Podía variar el tiempo de espera o la forma en que clavara su espada pero jamás se desviaba mucho de aquello.

-Perfecto, cuanto antes partamos mejor. Desconozco cuanto tiempo nos llevará en el interior y preferiría alejarnos lo más posible del pueblo antes que el cielo termine de clarear- No quería sumar más rumores de lo posible a aquello, lo ultimo que deseaba era alterar a los aldeanos o generas rumores o expectativas que no podría asegurar de cumplir.

-Si es por elegir, debo confesar que preferiria ir a pie- respondió con una sonrisa amarga. Pese a que sus limitadas experiencias en vuelo habían sido cuanto menos seguras, el que ni ella ni la montura en la que estaba tuvieran los pies en la tierra no le agradaban en nada. Si ya el navegar le resultaba inquietante, volar pues... -Pero me temo que mi preferencia poco importa hoy-

Lo que importaba era Caelin y el futuro que podría asegurar con aquella incursión.

Volvió a señalar el castillo -Quizás no se nota mucho a esta hora del día y a esta distancia, pero el castillo se encuentra con las puertas derrumabas. La antigua ciudadela esta en ruinas y atravesarla a pie puede llevar varias horas antes de siquiera llegar al fuerte. Una vez allí, solo el viento o un pajaro puede entrar al castillo en su estado actual...-

Alternó su mirada entre la mercenaria y el wyvern y sonrió complicemente -O un wyvern, claro-

[color=cadetblue]-Podremos aprovechar aun más la luz del sol si vamos directamente volando, más aun teniendo que a fin  de cuentas depender de Logi para ingresar al castillo... Pero aceptaré su oferta de volar bajo, si no es mucha molestia.-[/olor] comenzó en tono firme, el cual fue en descenso junto a su mirada al ir terminando. Desde el cielo, el suelo estaba muy por fuera del rango de su espada...

Dicho esto, se aseguró de tener todo bien amarrado y guardado, enroscando el saco vacío en la faja que hacia las veces de cinto de su túnica, y esperó las indicaciones de la muchacha para montar. Su experiencias en vuelo anteriores incluian pegasos, cuya forma hacían bastante claro para un jinete de caballos como ella como funcionaba el asunto, y... tomada por las garras de un wyvern.

Una experiencia nada ideal, más aun en vistas de lo que le esperaba...
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Mar Abr 03, 2018 6:56 pm

Según admitió la Jefa, prefería ir a pie que a lomos de un wyvern. Pero debía de ser mucho lo que se jugaba si, pese a ello, estaba dispuesta a ceder con tal de llegar cuanto antes al pobre castillo de Caelin, que aguardaba ser saqueado por una jinete de wyvern y lo que parecía una espadachina, a altas horas de la madrugada y con alevosía.

-Lo que prefiera usted. –repuso Hrist. Tampoco quería agobiarla a subirse en una montura que a lo mejor la ponía nerviosa. –No es molestia, en absoluto.

Dio un par de suaves toques en el cuello de Logi, que la miró con atención, esperando instrucciones.

-¿Has oído, Logi? La Jefa montará también sobre ti. –Comentó al wyvern como si nada, como si el animal tuviese una agenda bajo el ala donde apuntar las instrucciones triviales que su jinete le iba puntualizando. –Y volaremos bajito, ¿eh? –añadió distraídamente mientras acababa de preparar la silla de montar.

Así que el castillo tenía las puertas derrumbadas, y la antigua ciudadela estaba en ruinas… Interesante. Todo lo contrario a la Gran Biblioteca de Ilia, donde había hecho falta un meticuloso plan ideado por alguien con información privilegiada sobre el lugar debido a su anterior ocupación. Habían tenido que colarse (bueno, Sindri había tenido que colarse) por una ventana de una de sus altas torres, y por ahí mismo había aparecido el joven ex trabajador del sitio para huir pitando de allí. ¿Se repetiría la escena en el castillo?

-Bien, todo listo. –murmuró, tras subirse a la silla de montar. –Deme la mano, la ayudaré a subir. –dijo mientras extendía la mano hacia la Jefa, una vez vio que ésta lo tenía todo bien preparado y sujeto.

Subir a un caballo debía de ser una cosa (que Hrist desconocía por completo… no sabía ni lo que era subir a lomos de una mula), pero estaba segura que no tenía nada que ver con subirse a la espalda de un lagarto enorme con alas y con un temperamento explosivo.

En cuanto la Jefa estuvo acomodada tras Hrist, ésta indicó al wyvern que alzase al vuelo. Logi cogió carrerilla brevemente, y con un par de aleteos se alzó del suelo. En cuanto se estabilizó en el aire, la mercenaria le hizo perder algo de altura para ajustarse a lo que pedía la joven con túnica.

-Primero hay que coger un poco de altura para asegurarse de que coge bien las corrientes de aire. –Le explicó a la Jefa, por si se pensaba que se había olvidado de volar bajo. –Una vez lo consigue, es cuando se puede bajar más o menos.

Sobrevolaron el camino que conducía hacia el castillo de Caelin, que bajo la penumbra de la madrugada parecía más bien un castillo encantado. Aunque si había emergidos pululando por allí y alguien lo descubría, muy seguramente se ganaría tal fama en menos que ruge un wyvern. Se imaginó los ojos rojos de los emergidos, brillantes en la oscuridad como una vela, y le dieron escalofríos. Jolines, de noche todo daba más miedo. De día había estado en un poblado arrasado por los emergidos, y había sido capaz de echarse una siesta para reponerse de las heridas causadas por la escaramuza con unos bandidos. Pero ¿de noche? Iba a ser que no, prefería arriesgarse a dormirse a lomos de Logi o a que algún mentecato intentase asaltarla en plena noche en el bosque. Menos mal que en cuanto entrasen en el castillo, ya no vería si era de día o de noche…

Al cabo de unos cuantos minutos, se vislumbraba la entrada al castillo, derrumbada, tal como la Jefa había explicado. Tras pasar por encima, sólo quedaba que le indicase qué camino seguir en la ciudadela.

-¿Y bien? ¿Por dónde hay que seguir? –
quiso saber, una vez estaban ya encima de aquél lugar en ruinas y que amenazaba desmoronarse si se lo miraba con demasiada intensidad.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Dom Abr 15, 2018 6:26 pm

Lyndis respiró aliviada al ver como la jinete le daba las indicaciones a la bestia. No se acobardaría si acaso debían volar alto por algun motivo (desconocía si acaso como las aves la criatura tenía la necesidad de montar alto en el viento intentando acercarse al Padre Cielo), eran ambos la única alternativa que tenía para aquel asunto y cuanto más prontamente lo encarara mejor.

Dio un pequeño paso precavido hacia la bestia, continuado de otro y otro más, repitiendo el proceso hasta quedar junto a ella. Logi era, al fin y al cabo, una de estas criaturas que había visto más veces sobre su cabeza intentando cazarle que dócil esperando a que se subiera. Rozo, sea levamente, con sus yemas la empuñadura de su espada un par de veces solo para apaciguar su inquieto corazón.

Confiaba en que no sería atacada pero... No había llegado a su edad sin de tanto en tanto pecar de precavida y desconfiada. Incluso había pensado, ni bien conocerla, que Luz podía ser una joven trabajando con bandidos buscando que se adentraran en su parroquia y atraparles...

Solo recordarlo le dibujaba una sonrisa, dada la personalidad tan peculiar e inofensiva de la muchacha era impensado para ella ahora algo similar.

Ajustó su espada y pertenencias en su cinto y aceptó la mano ajena para montar. Rapidamente descubrió, una vez su trasero firme sobre la bestia, que en nada se comparaba a montar un caballo.

Suponía ya aquella revelación, sea cuanto menos por el medio en que se movían (no por la espalda de la Madre Tierra sino por los vientos de Hanon, o quien sea que moviera los vientos por Lycia), pero la sobrecarga de sensaciones en su cuerpo le hacían comprenderlo en forma más física, una forma mucho más adepta a ella. Era una montura mucho más dura y afilada, ya podía sentir las escamas clavarse en el costado de sus piernas incluso a pesar de la silla de montar. Si acaso se movían como los corceles en la tierra, esperaba que aquellas molestias no se transformarían en punzantes heridas que debería de tratar al volver.

Comprendía ahora un poco más la, a su parecer, pesada ropa que portaba la otra guerrera.

Nada igual le preparó a la extraña sensación de la criatura al despegar. Su movimiento en la tierra previo al vuelo era errático, para nada suave o grasil como el de un caballo o un pegaso, seguido de la conocida sensación en su estomago ni bien sintió a la criatura dejar los confines de la Madre Tierra.

Había olvidado aquella por demás aterradora experiencia que era volar, y pronto recordó en su propio cuerpo porque continuaba evitandola pese a experimentarla en varias ocasiones. Sentirla en carne propia sin duda ayudaba a revivir más claramente los recuerdos.

Sus brazos en algun punto se asieron de la cintura de la mercenaria y, pese a que se sentía un poco avergonzada por aquella reacción inconsciente, no tenía planes de cesarla. -¡Lo dejo en tus manos!- le respondió elevando la voz por miedo a que sus palabras fueran ahogadas por el viento. De por sí su destino estaba entregado en manos de la muchacha de nombre desconocido desde el momento en que había subido al lagarto.

¡Cierto! Aun no conocía el nombre de la mercenaria.

-¿Nombre? O puedo llamarle "Ama de Logi", si lo prefiere- bromeó, tratando de acercar su boca al oído ajeno para que le escuchase bien.

Su mirada iba perdida en el paisaje, mirar al cielo le daba incertidumbre por lo cerca que estaba de él, y mirar al suelo le daba conciencia de lo lejos que estaba de este otro. La espalda de la jinete se encontraba en un punto muerto por lo que su vista terminaba deambulando por allí mientras recuperaba la compostura. Aunque ni bien ver clara la ciudadela de Caelin...

Su corazón se paró, y su vista no pudo separarse de esta. Desde esa altura, su mente no podía evitar compararla con los mapas que tenía su abuelo de ella, su acotada imaginación intentaba rellenar los huecos y reconstruirla en su cúspide antes de la invasión emergida.

El no poder conocer aquella Caelin en donde sus padres se conocieron y por la que deambularon era una de las cosas que más lamentaba. Aquel lugar de recuerdos e historias que jamás conocería era ahora un nido de alimañas tanto bestiales como humanas...

Las palabras de la guerrera le sacaron de su estupor, alzando la vista y encontrandose como al alcance de su mano al imponente y fantasmal castillo que antes su familia llamaba hogar.

-La torre trasera, la de la izquierda, en la parte superior- indicó rápidamente y señalando con su mano, unico momento en que una de ellas se alejó de la cintura ajena. Intentado limitarse a una explicación acotada dada la situación.

Las dos torres frontales conectaban al castillo por el mismo pasillo de las puertas de entrada, por lo que había grandes posibilidades de estar bloqueadas. De las dos traseras una estaba medio derrumabada; había también un pequeño patio en la parte trasera pero el porte de la bestia hacía que no cupiera o tuviera suficiente espacio para despegar luego.

La trampilla en aquella torre trasera aun en pie era el único lugar salvo una ventana por el cual entrar, encontrar la vía correcta de entrada les había llevado muchas horas de estudio de los planes del castillo.

Spoiler:

http://www.perroviajante.com/wp-content/uploads/2012/04/es_manzanareselreal_torre_del_castillo.jpg

onda este tipo de torres, con la parte superior plana y una trampilla que lleva al interior del lugar
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Mar Abr 17, 2018 11:19 am

-Me llamo Hrist. –Aclaró de buen humor. –Pero “Ama de Logi” también suena bien… ¿A que sí, pitufo? –repuso, dando unos golpecitos afectuosos en el robusto cuello del animal. -¿Cómo quiere la llame a usted? ¿O ya le gusta cómo suena “Jefa”? –insinuó con media risa en los labios.

El wyvern respondió con un profundo y distraído gemido, dado que estaba más concentrado en no salirse de las corrientes de aire para poder mantener la altura de vuelo que la mercenaria le indicaba. Poco después, tras atravesar la ciudadela en ruinas, la chica con espada y túnica le indicó hacia dónde había que dirigirse.

-Torre trasera, a la izquierda… parte superior… -murmuró en voz baja, para recordar las instrucciones.

El lugar indicado por la joven de cabellos verdes resultó ser una torre que, pese a estar en un estado de obvio abandono, aún parecía mínimamente fiable a la hora de transitar alrededor de ésta o sus aledaños. De estructura cilíndrica, con una balconada con almenas algo desmejoradas y alguna que otra aspillera poblada de telarañas, parecía observar en silencio el siniestro paisaje que la rodeaba. Bajo la penumbra de la madrugada, la rugosa y austera piedra que conformaba los muros de la construcción parecía dibujar terroríficas muecas de rostros imaginarios. El hecho de que faltase algún trozo de piedra por ahí y por allá no ayudaba en absoluto.
Hrist tuvo que contener un respingo un par de veces, pues una ambigua sombra entre los merlones de la torre, a medida que se acercaban con Logi, le parecieron siluetas humanas moviéndose con el perfil bajo. “Que no cunda el pánico”, se dijo a sí misma para tranquilizarse. “Si fuesen emergidos les habrían delatado los ojos”, pensó al intentar racionalizar sus miedos. Claro, los ojos de los emergidos refulgían con un brillo sobrenatural e inhumano, lo iban a tener difícil para que no les descubriesen a oscuras si no cerraban los ojos. Se le ocurrió también que Sindri, el ex bibliotecario, probablemente apreciaría mejor la belleza y las características de tal lugar en plena oscuridad. A lo mejor incluso le parecía un lugar acogedor donde leer sus libros rescatados a la crepitante luz de una hoguera improvisada. “Ahuhuhu~” volvió a resonar en su mente, pero lo despachó rápidamente con una sacudida mental de cabeza.

-Parece que de momento no tenemos compañía… -comentó retóricamente, sin darse cuenta de que hablaba en voz audible para la Jefa. –Vale, vamos Logi. –Entonces se dirigió a la pasajera que, en aquellos momentos, la agarraba firmemente de la cintura para no caerse. –Agárrese bien, Logi se erguirá un poco. Notará que se escurre de la silla, pero si sigue agarrada a mí no se irá hacia abajo.

Y es que una cosa era ir sentado en la silla del jinete, diseñada para tener libertad de movimientos sin escurrirse de la espalda del animal cuál melena sedosa en la espalda de una bella bailarina, y otra muy distinta era ir en el “asiento del acompañante”, que carecía de estribos en los que apoyar los pies.

El wyvern hizo amago de adelantar las patas traseras para asirse bien a las almenas, y así distribuir bien el peso para aterrizar en la parte superior de la torre. Con un hábil saltito, dio con su cuerpo en el centro de la parte superior de la torre, donde había una trampilla que parecía susurrarles “abridme, abridme…” Al final, la mercenaria y la empleadora pudieron desmontar.

-Sí, apóyese en mi silla y pase poco a poco la pierna por encima para bajar… -le indicó Hrist mientras la ayudaba a bajar, vigilando que no se hiciese ningún rascón en las piernas desprotegidas si rozaba las escamas de Logi.

La wyvern rider dejó unos instantes a la joven con espada examinar el lugar donde habían aterrizado, momento que aprovechó para echar un vistazo a lo que se veía a través de las almenas. Estaba oscuro, muy oscuro. Pero no veía ni rastro de ojos emergidos. O bien estaban lejos… o bien estaban durmiendo plácidamente en el interior del castillo. Aunque no estaba tan segura de ello, no sabía si los emergidos dormían o no. Ni si soñaban, en caso de que llegasen a dormir. A lo mejor dormían con los ojos abiertos pero éstos no brillaban en la oscuridad mientras “dormían”…

-Bueno, usted dirá. –Añadió mientras acababa de dedicar unos últimos segundos de atención al paisaje antes de volver a mirar a la Jefa. -¿Entramos por la trampilla? ¿Por alguna puerta cercana?
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Sáb Abr 21, 2018 8:24 pm

Soltó una pequeña risa ante el comentario. -Lyndis esta bien.- respondió casi automáticamente, sorprendiendose de lo propio que había tomado aquel nombre. No que alguna vez no lo fuera, pero las epocas de "Lyn" parecían lentamente comenzar a quedar atrás.

-Dificil tener compañia tan alto en el cielo, imagino que en general solo los pajaros son sus compañeros de viaje- comentó, cada segundo un poco menos nerviosa de estar a tal distancia del suelo. La clave estaba en no pensar mucho en ello y dejarse llevar, y con diestro conductor y leal montura sin duda se podía llegar a un estado de tranquilidad con mucha más facilidad.

Su opinión, desgraciadamente, dio un giro completo cuando la bestia comenzó a descender. Sentía a su cuerpo casi como en caída, sin nada que le soporte y por ende aferró con más fuerza su agarre a la cintura de la mercenaria. Montar el viento, aun si fuera un sueño compartido con todo nómada que veneraba a Hanon, era algo por demás aterrador, algo para criaturas elegidas y heroes de leyenda, no para un nómada promedio.

Y era en momentos asé era que se sentía nuevamente como solo una nómada, rogando ver el sol salir un nuevo día y no la piedra impactarse contra su cara al caer. Aunque acotada, su imaginación parecía poder recrear la imagen de una muerte cruenta y aplastante muy claramente...

No despreció la ayuda de Hrist al bajar, su cuerpo tenso y brazos adoloridos por aquel ultimo tramo. Nunca sintió más alivio por sentir piedra bajo sus pies como aquel

¡El suelo! ¡Al fin!

Aun aquella piedra tan artificialmente formada por humanos intentando huir del viento le sentaba como la brisa de primavera sobre heridas frescas tras una batalla. Era un éxtasis y tranquilidad tal que tuvo que cerrar los ojos y darse unos segundos para recuperar el viento de su pecho.

-Por la trampilla- respondió a la inquietud ajena, sonriendo un poco avergonzada al recordar que no estaba sola. Una parte de ella albergaba un poco de temor que al mostrar duda, indecisión, aquel heredero de los dragones de antaño decidiera cambiar su opinión sobre su presencia. Los predadores sienten el miedo y aquellas garras y dientes no eran los de un conejo. Disimuladamente observó a Logi, y tras asegurarse que todo seguía en orden por fin terminó de recomponerse.

-En caso de estar atascada podemos intentar una ventana pero...- dejó aquel pensamiento en el aire. No quería ni pensar en como accederían por allí de necesitarlo. Soga no tenía por lo que... ¿Saltar desde el wyvern y tratar de asir la ventana?

Su estomago se le revolvía de solo imaginarlo...

Llevo su mano al pequeño bolso que tenia en su cinto y sacó una llave de hierro un tanto oxidada para luego dirigirse a la trampilla. Soltó una plegaria al viento, suave y sutil, y giró la llave conteniendo su aliento...

Con un "click" la puerta se destrabó, abriendo la pesada y chirriante puerta de madera. La oscuridad le dio la bienvenida junto a un olor a humedad, piedra y encierro, aquellos olores que parecían permear todas las construcciones de piedra (a su parecer al menos) pero esta vez con una intensidad tal que carecía de palabra para expresarlo.

Si acaso los edificios podían morir, aquel llevaba ya mucho tiempo circulando el largo camino.

-Si deseas quedarte fuera con Logi lo entenderé, aunque agradecería tu ayuda en el interior- ofreció sinceramente a la muchacha, su expresión comprensiva para con ella. El contrato a grandes rasgos solo cubría el transporte, era ya a juicio del mercenario si ir un poco más allá del deber o no.

Agradecería plenamente tener un hombro amigo con el que contar en la travesía por los pasadizos de roca, no lo negaría, pero tampoco es que fuera la primera vez en adentrarse sola en lo desconocido. Una cierta nostalgia por antaño le invadió ante aquella idea, un poco de la nómada en ella rascaba las paredes de su corazón con deseos de salir a la luz ante la idea de recibir una negativa de la jinete.


Última edición por Lyndis el Miér Jun 06, 2018 7:14 pm, editado 1 vez
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Miér Abr 25, 2018 5:55 pm

-Sí, los viajes por el cielo suelen ser solitarios. –Admitió Hrist. –Encontrarse con otro jinete de wyvern o caballero de pegaso suele ser mala señal en la mayoría de los casos… -Añadió, oteando la lejanía empequeñeciendo un poco los ojos. –Suelen ser bandidos o emergidos.

Excepto en Daein, donde había conocido a la joven Jill, una jinete de wyvern al servicio del ejército, el resto de ocasiones en que había visto un wyvern con jinete había acabado usando su hacha larga para defenderse, siempre que huir no fuese una opción factible. Y lo miso para los caballeros de pegaso. Por Grima, aún recordaba el sinfín de caballeros de pegaso que las acosaron a Jill y a ella allí, en los bosques nevados de Daein…

Cuando Logi se encaró para aterrizar en la torre, notó cómo Lyndis, la Jefa, se agarraba con fuerza a su cintura para no resbalar y precipitarse al vacío. A juzgar por lo tensa que la notaba, seguramente no se estaría llevando buen recuerdo de su primer viaje en wyvern… Tras ayudarla a bajar, la joven de cabellos verdes inspeccionó el suelo, hasta que finalmente le confirmó por dónde iban a entrar en el castillo. Por una trampilla, al parecer. Lyndis había venido preparada con una llave, que abrió dicha trampilla sin problemas, cosa que atestiguó el breve crujido de la madera al forzar el giro de las bisagras. Un revoltijo de olores, a cerrado, a humedad, y a poca ventilación, floreció tras la apertura de la trampilla. El wyvern debió de notar dicha fragancia clásica, propia de edificios abandonados o en ruinas, puesto que sacudió el morro inmediatamente y giró la cabeza hacia la balconada, dando varios soplidos cortos y suaves, en un intento de desalojar de sus fosas nasales aquellos olores.

-Oh, ningún problema, bajo contigo entonces. –Se giró hacia Logi y llamó su atención con unos golpecitos suaves en uno de sus muslos cubiertos de escamas. –Logi, bajo con Lyndis por la trampilla. Te quedas solo un ratito, ¿eh? Pórtate bien…

El animal se giró hacia ella y protestó con un gemido grave, seguramente recordando ese “no tardaré mucho” de cuando Hrist se acercó al Templo a Grima y se convirtió en unas cuantas horas gracias a una conversación sobre dragones y wyverns con una chica descalza y con una bonita diadema. Hrist se lo olía.

-Sí, sí, ya lo sé… -le replicó la jinete de wyvern. –Tampoco es que podamos desvalijar nosotras dos solas todo el castillo, así que no te preocupes, no me voy a pasar todo el día ahí dentro… -repuso, viéndose venir esa mirada de “eso decís los humanos” cada vez que tenía que dejarlo “un rato”. –Además, ya te he dicho que te quedas solo un ratito, no que vaya a volver enseguida.

Diantres, estos wyverns… cuánto más crecían, más listos se volvían. Igualitos que los humanos. Logi la miró enfurruñado a su manera, sobre todo teniendo en cuenta que los wyverns no tenían la gama de expresiones faciales que podían tener los mamíferos como los perros o los gatos, o los mismísimos humanos.

-Veeeenga… no me seas asín… -le reprochó con cariño mientras le rascaba la garganta. –Que yo bien que no me quejo cuando te pegas esas señoras siestas después de comer…

El wyvern pareció quedarse más tranquilo. Con el ego apaciguado, lo dejó con la mandíbula apoyada en una de las almenas, bostezando con pereza, y con la cola rodeando completamente el interior de la torre donde estaban ella y la Jefa.

-Listo, te sigo. –informó la mercenaria, sin separarse de su hacha larga.

Si el castillo estaba abandonado, no la necesitaría. Tampoco era que el hacha larga fuese el arma más adecuada para pelear a pie, pero sin Logi a su lado, se sentía desnuda del todo si no llevaba algo con que defenderse (o por lo menos, hacer amago de ello).
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Miér Jun 06, 2018 7:56 pm

Se quedó maravillada mirando el intercambio entre la jinete y su montura ¡Parecía cosa de cuentos! El verle conversar como si nada con aquella bestia salida de las historias más cruentas del continente era descabellado. ¡Y no solo le hablaba sino le respondía!

Aquella demostración le terminó de confirmar que los jiventes wyvern eran existencias especiales, una cosa para la que debía de nacerse no formarse ¿Como acaso mantener la compostura y confianza con criaturas de tal porte? ¿Como reducir a tal salvajes bestia de tal manera?

Tenía muchas dudas y preguntas, pero más aun una verdad: era algo que ella jamás podría hacer. Agradecía la presencia de Logi como un compañero confiable a servicios de Hrist pero dudaba que sus palabras pudieran tener tal peso y sus oido stan afinados como para comprender y guiar al wyvern con la soltura que la joven mercenaria hacía.

Cuando la muchacha volteó para comenzar la marcha fue que notó que se había quedado observando casi boquiabierta, expectante e interesada en toda la situación. Rápidamente apartó la mirada, acomodandose el pelo sobre su frente con una mano en un intento camuflar el leve sonrojo de sus mejillas al ser atrapada.

Sentía que había visto una pizca de un mundo ajeno a ella que no debía de ver, uno muy interesante y curioso.

-En marcha- enunció enfatizandolo con un movimiento de cabeza y adentrandose en las profundidades a paso firme y cauteloso.

La oscuridad se asió de ella casi al instante, envolviendo su cuerpo casi al completo salvo por la tenue luz que se colaba a sus espaldas. Se tomó un suspiro corto, una vez sus ojos se adecuaron a la luz, y pudo al fin encontrar la forma en la pared que estaba buscando: una antorcha.

Media consumida y un poco mojada al tacto pero acercándola a su nariz pudo sentir aun un lejano aroma a brea entre aquel menjunje de olores que impregnaban todo a su alrededor.

-Tenemela unos instantes y...- entregandosela a Hrist, tanteó por yesca y pedernal en su pequeña bolsa y a los pocos segundos la luz de la antorcha brindaba una tenua luz anaranjada que alejaba un poco a las sombras que plagaban la angosta escalera en espiral.

Su llama era pequeña y débil, soltando pequeños chispasos cada tanto y despidiendo un humo nauseabundo que jamás había olido en su vida. Si debía compararlo diría que era como un bandido mojado con extras especias y aceite, pero jamás se atrevería a decir algo tan tonto en voz alta.

-Diria que es una mejora pero...- asió la antorcha al frente, iluminando claramente su amarga sonrisa unos instantes y continuó la bajada.

El descenso fue lento y cauteloso, la oscuridad de tanto en tanto siendo espantada no solo por la antorcha sino por alguna ocasional ventana. A la tercera el piso al fin perdió su verticalidad y se encontraron frente a lo que años atrás fue una puerta de madera; hoy día era un pedazo de madera que colgaba solo de las bisagras y que nada podía hacer ya para impedir el paso de nadie.

Tras encender una segunda antorcha junto al umbral(un poco en mejor estado que la primera, pero tampoco que fuera un logro muy complicado) y extenderla a su compañera, se adentró conteniendo la respiración. Ante ellas estaba ahora un largo y alto pasillo que se extendía a ambos lados. Helado, desolado...

Y humedo. El olor allí era ya en un nivel inaguantable y asfixiante.

-Ugh... No te culpare si decides cambiar de opinión en este punto... Yo misma lo ando considerando- comentó para espantar sus nevios pero provocandole  una tos fuerte al aspirar una bocada de aquel nauseabundo aroma de golpe.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Miér Jul 18, 2018 10:23 am

Hrist siguió a Lyndis a través de la trampilla. El interior era, obviamente, oscuro. Todavía más oscuro que el exterior. Y con más riqueza de “aromas”. Una mezcla difícil de discernir le sugería que aquel lugar había pasado muchísimo tiempo sin recibir visitas del servicio de limpieza. Decidió descartar, por el momento, la idea de que pudiese haber emergidos ahí. De haberlos, estaba segura de que se hubiesen topado con vigías en el exterior. Justo cuando se preguntaba si los emergidos eran capaces de ver en la oscuridad, Lyndis le acercó una antorcha.

-Claro.

Hrist le sujetó la antorcha, a la espera de que su compañera la pudiese encender. Con esfuerzo, reprimió la mueca que le asomaba en el rostro, consecuencia del peculiar olor que desprendía lo que hacía prender el instrumento. La llama resultante no era nada del otro mundo, pero por lo menos alumbraba modestamente un pequeño diámetro alrededor de ambas.

-Madre mía, es la primera vez que veo una antorcha que huele así… supongo que será porque esto lleva cerrado a cal y canto la tira de años… -comentó descuidadamente, apartando un poco el olor de la antorcha con un rápido gesto de manos.

Logi hubiese intentado apagarla de un soplido, no le cabía ninguna duda. Si había algo que molestaba enormemente al wyvern, eso eran los olores muy fuertes y penetrantes. El olor a alcohol que desprendía Don Resaca palidecería de envidia ante aquello. Y casi lo prefería. Hrist la siguió a través de lo que tenía que ser una escalera de caracol. Escalones y escalones, con algún pedazo resquebrajado por allí y alguno amenazando de romperse allá, que giraban sobre sí mismos en un eje con poco espacio a los laterales. Aderezaba el conjunto la humilde luz que desprendía la antorcha, que más que iluminar, más bien marcaba la posición de ambas mujeres en plena oscuridad.
Llegaron, por fin, a lo que, años ha, habría sido una puerta como Anankos mandaba. Lo que quedaba de ésta, lamentablemente, dejaba mucho que desear, y poco honor hacía a su utilidad originaria. No solo a duras penas se sostenía de las bisagras, sino que además sus tablones estaban algo deformados por la humedad y los estragos de los insectos, y por las tímidas separaciones entre ellos se colaban ráfagas intermitentes de viento, que silbaban ahora así, ahora también.

-Esto parece totalmente abandonado… -comentó en voz baja a Lyndis, mientras ésta abría la “puerta”. –Si hubiese bandidos o emergidos, hubiésemos visto ya algún indicio, ¿no? –añadió, pese a no tenerlas todas. –Con un poco de suerte sólo habrá bichos y algún animal salvaje que busque cobijo…

Lo primero que le venía a la mente eran lobos y jabalíes. En su paso por Valentia, había pasado por antiguos fuertes abandonados, testigos de guerras de muchos años atrás, y a veces, los únicos habitantes de dichos lugares eran dichos animales, que aprovechaban recovecos en las ruinas para establecer su madriguera, guardar ahí restos de sus presas, o esconderse de los inoportunos humanos. No había que subestimarles por ser animales, pero por lo menos tenían a su favor que su primer instinto sería huir, así que mientras no insistiesen en acorralarlos, no tendrían que preocuparse de mucho.

Un fuerte soplido de viento hizo volver a la realidad a Hrist, despeinándole el flequillo en el proceso. También despeinó el interior de su ser. Una abrumadora mezcla de olores desagradables hizo acto de presencia, cuestionando el aguante de su temple y la estabilidad de su estómago. Lyndis atinó a acercarle una segunda antorcha, y así ambas pudieron gozar de un poco de autonomía a la hora de caminar entre la oscuridad.

-Ya, ya veo que hace tiempo que los criados de la limpieza no ponen un pie por aquí… -acertó a medio farfullar, con la boca y la nariz tapadas, intentando contener las náuseas iniciales. –No te preocupes, yo hago lo que hagas tú. –le aseguró a Lyndis. –Quizás si encontramos alguna ventana sería buena idea abrirla o romperla para que esto ventile un poco, más que nada para que no nos envenenemos o nos desmayemos…

Siguió a la chica, que por supuesto debía conocer aquello mejor que Hrist, que era la primera vez que pisaba aquel castillo. El pasillo estaba completamente desierto, de no ser por una pequeña salvedad: los restos de suelo que se habían salido de su lugar. Los pasos amortiguados de ambas jóvenes resonaban sordamente en la nada, perdiéndose en la lejanía. Hrist tomó nota mental de tener bien controlada la cabeza del hacha larga. Que no se viese a nadie o que estuviese todo en silencio no significaba que realmente fuese así.

-Puede que sea una pregunta tonta, pero… -aquel olor nauseabundo persistía, y le estaba dando qué pensar. Era una mezcla de muchas cosas, y de tan intenso que era, resultaba prácticamente imposible discernir y separar un olor de otro. Era un batiburrillo olfativo arrollador. -¿Puede ser que lo que huela así sean… -pausó unos instantes, intentando decirlo con delicadeza y sin ofender a la mujer. -… restos de gente?

Había descartado las palabras “cadáveres” y “muertos”, por verlas demasiado directas. ¿Y si realmente algún conocido suyo había fallecido allí?

-Quiero decir que… Si se trata de los restos de batallas de hace mucho tiempo, pues nada… pero si resultase que no son TAN antiguos… quizás habrá que estar alerta.

Temía pecar de no ser más directa, pero le parecía un tema delicado. Pero lo importante era que, si realmente se suponía que aquello había estado clausurado durante tiempo, encontrar restos relativamente recientes podía ser una señal de alarma. Tanto si eran meros bandidos, saqueadores o ladrones de tumbas… como emergidos.

Unos pasos más adelante, hallaron una bifurcación. Hrist esperó a ver qué dirección tomaba Lyndis, pero a juzgar por el suave viento que venía de una de las dos entradas, algo le decía que a lo mejor ése era el camino. Acercó un poco su antorcha hacia la oscuridad de la otra entrada, pero lo único que logró fue hacerla parecer más lúgubre e intimidante. Lo que hubiese dado por tener a Logi a su lado en esos instantes. Parecía mentira la seguridad que daba tener al lado un mastodonte de más de dos metros de estatura.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Mar Ago 14, 2018 2:35 pm

Las palabras de Hrist le hicieron darse cuenta de su bajo nivel de alerta. Inconscientemente sentía lo mismo que ella y no fue hasta escucharlo en voz alta que lo notó.

No había de que preocuparse allí más que de alguna alimaña que haya tomado vivienda en algun recoveco abandonado del castillo.

-El requerimiento de tener un wyvern para llegar al trabajo dificulta encontrar gente- respondió, intentando mantener la seriedad pese a que una sonrisa pícara se escapaba por la comisura de sus labios -¿Qué dices de tomar el puesto? Diría que tienes trabajo para unos... 2 o 3 años asegurado- dio una palmada a una pared y la roca hizo un extraño crujido bajo su peso. Retiro su mano, con cuidado, y decidió ignorar esa parte del pasillo -Diria que dos años, más bien... o menos, si es que dura en pie el lugar...-

Hablar ayudaba, y le hacian no pensar en aquellas presencias fuera de lo ordinario que temía encontrar allí...

Las palabras de la chica volvieron a distraer su mente, deteniendose y cerrando los ojos para oler con cuidado.

-...Es posible... Segun me ha contado mi abuelo el castillo fue tumba a mucha gente, no todos pudieron salvarse- respondió seriamente, agachándose y apuntando la antorcha más cerca del suelo. En una inspección más detallada podía ver entre pedazos de escombros algun que otro hueso y rastros de ropa pero nada lo suficientemente grande o carnoso para destacar. -Como dijiste, algun animal salvaje debe de andar cerca... Se huele a fresco pero quizás es algun predador que ha traido una presa para comer a algun piso inferior o algun ave de gran tamaño.- concluyó, asintiendo e incorporandose.

Y pese a que sus palabras tenían sentido y hablaba con sabiduría en base a experiencia... También sabía de la presencia de bandidos en la vieja ciudadela. Si acaso habían encontrado algun punto de entrada... No quería siquiera creer en aquella posibilidad.

Llegaron a la bifurcación, tal cual su abuelo le había indicado, y se quedó unos instantes rememorando sus indicaciones. Al fin y al cabo ella nunca había pisado aquel lugar en su vida, solo seguía a ciegas las direcciones que le habían sido proveidas.

El viento les tentaba con una brisa leve y delicada por la izquierda pero...

-Por la derecha- indicó, apuntando su debil antorcha a aquella abrazadora oscuridad que les aguardaba. Al final de aquel pasillo estaban los dos cuartos principales, el de su abuelo y el de... Madelyn, su madre.

Su corazón dio un vuelco y fue allí que sintió con verdaderas fuerzas el deseo de volver. Quizás... estaban tentando demasiado a los fantasmas del pasado y...

-Hay dos habitaciones al frente,- le explicó, avanzando hacia y dentro del oscuro pasillo -en ellas deberíamos de poder encontrar algun objeto de valor que aun podamos salvar, la pelea no debió de llegar a ninguno de ellos estando en la planta superior. Adentremonos cada una en una para cubrir más terreno y luego exploraremos el resto del lugar.-

Pronto las puertas se encontraron a ambos lados. Era el momento... No sabía cual puerta era cual, y estaba aterrada de decidir... Por lo que dejó la decisión en manos de la mercenaria.

Spoiler:

Ahora es el momento de elegir tu ruta (?) uno el cuarto de la madre de Lyn y otro el de su abuelo, elige con sabiduría (?????)
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Mar Ago 14, 2018 6:52 pm

-Cierto, podría tomarlo y traer a mis padres a veranear aquí, no es mala… -la roca sobre la que se apoyaba Lyndis crujió súbitamente. -… idea.

“Con que aguante hasta que salgamos de aquí, me basta”, pensó Hrist cerrando los ojos con cara de circusntancias. Lyndis parecía muy optimista, pero Hrist no las tenía todas. Si el resto de paredes y muros se comportaban igual, era más probable que acabasen sepultadas bajo toneladas y toneladas de escombros y suciedad ancestral. Casi podía imaginárselo:

“Cuenta la leyenda que dos jóvenes, llenas de sueños y vitalidad, ingenuas y valerosas, se adentraron en las entrañas de un ruinoso castillo con el noble propósito de llevarse cualquier cosa que no estuviese pegada al suelo por arte de magia, mas ¡Ay! ¡Su desdicha! llegó cuando una de ellas sus delicadas manos posó sobre el frío muro, las campanas del Eterno tañeron y sus almas reclamaron… mas la roca sobre sus cuerpos el viaje de los espíritus no permitió.  
Desde entonces, en las silenciosas noches de luna nueva, dos ánimas en pena aguardan, en agonía y espera, ¡Oh lánguido llanto de wyvern desolado!, que alguien de ellas se acordara.
La una blandiendo su hoja en la oscuridad, enérgica estocada en vida, silencioso susurro en la otra, oscura cabellera de hierba al viento ondeando que con celo el castillo resguarda.
La otra amargos lamentos llorando, consuelo inaudible de corazón wyvern desgarrado, en los sueños de borrachos acechaba y ante extraviados viajeros se alzaba, advertencia del aciago sino al que se lanzaban.”


-¿Eh? Ah sí, mientras sean sólo animales salvajes que se han colado… -repuso de inmediato, tras volver a la realidad con el comentario de Lyndis. Sólo deseaba que no se tratase de ningún oso ni de una manada de lobos bien nutrida.

Se limitó a seguir a Lyndis por los oscuros caminos del interior del castillo, ya acostumbrada al rancio olor a cerrado, pero ocupada rezando para que realmente no se les viniese el edificio encima. Finalmente, llegaron a una bifurcación. Según le dijo, llevaban a dos habitaciones.

-Vale, entonces… cojo cosas de valor que vea que siguen reconocibles, ¿no? Sortijas, libros, figuras… ¿es eso? –preguntó, para asegurarse. -¡Ah, espera! Mmmm… si me encontrase… algún cadáver ya muy antiguo y que llevase encima algo de eso… ¿Quieres que lo coja de todos modos?

Hrist no había saqueado una tumba nunca en su vida. Nunca la habían contratado para algo así. El pensamiento de llevarse algo de alguien ya fallecido, probablemente ya reducido a los huesos, pero que lo llevaba puesto y no podía quejarse y decir “¡Eh, jovencita! ¡Las manos en los bolsillos!” le daba reparo. Llevarse algo que no era suyo, y que otra persona claramente retenía en vida, se le antojaba… incorrecto.

-Pues nada, allá voy.

Con la antorcha iluminando tímidamente el camino, Hrist se dirigió a la habitación que quedaba a su izquierda. La puerta, de madera sumamente estropeada y podrida a cachos, crujió lastimosamente cuando hizo un poco de fuerza para que se abriese. Pero no cedía. La sacudió más intensamente, pero lo único que logró fue un crujido más fuerte. Miró unos instantes a Lyndis, encogiéndose de hombros, y tras pedirle permiso con la mirada, retrocedió un par de pasos. Cogió impulso y dio un fuerte golpe con los hombros a la puerta. Repitió la operación, y los goznes de la puerta aflojaron. Con eso, bastó con una contundente patada para que la puerta cediese y se abriese de par en par.

-No sé si a Don Resaca se le ocurrió hacerlo así… -murmuró en voz inaudible, internamente satisfecha. –puff… Esto huele aún más a cerrado, si cabe…

Con la antorcha por delante, ésta iluminó la espaciosa estancia donde entró. Ahí dentro cabían el dormitorio de Hrist, el de Papá y Mamá, y el del abuelo, y aún sobraba espacio. Un par de enormes armarios de madera, que en su momento debían de haber sido todo un capricho, yacían sucios, embadurnados en una densa capa de polvo y telarañas. El suelo tampoco había sufrido mejor suerte. Estaba resquebrajado, algunos trozos bailaban al soportar el peso del pie de Hrist.
Hizo un barrido con la antorcha, y a su paso reveló unos cuantos cuadros, donde una hermosa joven posaba vestida con sus mejores galas. Una noble, probablemente. Algo había en sus facciones que le llamaba la atención… ¿La habría visto en algún sitio? No… ¿Quizás habría trabajado para ella en algún momento? ¿Habría contratado a sus padres siendo ella pequeña? No lograba hacer que la chispa de la solución saltase dentro de su cabeza. No con aquel hedor penetrante que le taladraba las fosas nasales.

Siguió buscando con la antorcha… ¡Aleluya! ¡Una ventana!

-Buegh… Alabado sea El Eterno… -atinó a rezongar entre náuseas reprimidas. Un soplo de aire fresco penetró en la habitación como agua de mayo. Qué bella era la vida cuando todo olía un poco mejor.

Dio media vuelta y se dispuso a investigar con más detenimiento. Vislumbró una gran cajonera. Con la cabeza del hacha larga, apartó un poco las telarañas para poder asir las asas. Tiró, y abrió uno de los cajones. Un puñetazo de olor a papel húmedo le echó para atrás cuando el cajón se abrió después de innombrables años. A parte de ropa añeja, descolorida y desgastada, sólo halló papelajos secos y arrugados, mordisqueados por algún insecto o animalillo extraviado por allá. Lo cerró y miró en el siguiente cajón, con idéntica suerte. En los dos siguientes dio con un par de pendientes de plata. Pese al paso de los años, lo único que parecían necesitar era una limpieza para quitar restos de polvo y suciedad. Una piedra preciosa, azul como el cielo en una noche estrellada, era la pieza más llamativa. En el siguiente y último cajón, la cosa se puso más interesante.

-Siempre se puede contratar a un ladrón para que abra la cerradura… -musitó al contemplar un bello joyero, deslucido por la densa capa de polvo, pero cuyo tintineo interior delataba que había algo dentro. Pesaba un poco, por lo que dedujo que lo que hubiese dentro sería mínimamente valioso. –Oooh… pero qué tenemos aquí…

Sacó un objeto alargado y polvoriento. Tras sacudirlo un poco, los colores añejos de una vaina ricamente decorada con lo que parecía un escudo heráldico tomaron forma. Pese a la luz de la antorcha, el exceso de sombras que bailoteaban por todas partes le hizo imposible discernir con claridad en qué consistía el escudo. Con el dedo pulgar empujó el mango del arma, y ello reveló la hoja perfectamente conservada de una daga de plata.

-No importa, algo es algo. –Y envainó de nuevo la daga para guardarla en el saco. –A ver por arriba…

Encima de la cajonera había un par de finos cofres de cristal. Al abrirlos, encontró tres brazaletes. Uno era macizo, de oro seguramente, con grabados poco claros a la luz de una antorcha. El otro era fino, de plata, ancho pero hecho de sinuosas curvas que de seguro destacarían en el fino brazo de una joven delicada. El tercero era un sencillo brazalete con diversas piedras preciosas de color rojo. Rubíes, probablemente. En el otro cofre sólo había anillos. Cogió ambos recipientes y os metió también en el saco. Ya harían una criba cuando estuviesen fuera.  

Dio por finiquitada la cajonera y se acercó entonces al par de armarios roperos y tentó el asa. Tembló con un “ñec ñec” muy sugerente. ¿Habría bichos dentro? Levantó la cabeza del hacha larga y la usó para tirar del asa de las puertas del armario, que se abrieron con un estridente chirrido. Hrist sintió un escalofrío por toda la columna. Si el abuelo la viese haciendo esas cosas…

-Ugh…

El interior del armario estaba lleno de ropa. O quizás llamarlo “ropa” era demasiado pretencioso. Eran más bien… pedazos, guijarros de algo que en su día fue ropa cara y lujosa. En esos momentos sólo quedaba la sombra de lo que una vez fueron antes de que las polillas y otros bichos se cebasen con ellos. Muchos bichos. Los ojos de Hrist empequeñecieron en décimas de segundo. El sudor se le congeló. “Por favor, no os mováis”. Con el rictus congelado en los labios, empezó a empujar lentamente la puerta para cerrarla. Se oyó un golpe en la lejanía. Una gota de sudor resbaló por la frente de Hrist, que acabó de entornar la puerta con suavidad, sin espantar los bichitos varios del interior del armario.

De repente, otro golpe, más fuerte, hizo retumbar el lugar. Hrist pensó que sería Lyndis, peleándose con algún cajón cerrado con una llave de la que no disponía. Iba a acercarse a ver si la chica estaba bien cuando la vibración del estruendo abrió de nuevo las puertas del armario, y un rico abanico de polillas, extraños escarabajos, arañas y pececillos de plata emergieron de todos y cada uno de los rincones del armario, esparciéndose por todos lados caóticamente por la falta de luz.

-No, no, no, no, no… -gimoteó Hrist dando saltitos erráticos mientras se alejaba del armario. Con una mueca que suplicaba piedad, hizo aspavientos con la antorcha ante ella para alejar a los bichos de ella mientras se acercaba a la ventana. –Mamá… Papá… Logiiii... -gimoteó de nuevo.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Miér Ago 15, 2018 11:28 am

-Te agradecería de si encuentras a algún caído le dejes descansar- respondió, con una sonrisa amarga -Merecen llevar con ellos al largo camino aquello que portaban al partir.- No solo era respeto por los suyos, por la gente que perdió su vida para que su abuelo estuviera con vida esperandole en el pobaldo, sino también por respeto a aquello más allá de la vida, un respeto generado por el miedo a aquello que ninguna espada podía dar fin.

En sus años en las llanuras había visto, oido y sentido... cosas. Susurros inexplicables en el viento que no traian la bendición de Hanon sino desgracias y lamentos; apariciones inexplicables y figuras espectables en la distancia; cosas que dejaban de ser cuando intentabas verlas, y volvían a ser en el rabillo del ojo; aquel castillo que daba a las puertas del mismo abismo...

Alejó aquellos pensamientos de su mente, manteniendo aun asi firme el respeto a aquellos que no estaban más, y se adentró en la puerta de la derecha, opuesta a la de la mercenaria.

Al ver a Hrist luchar con su puerta, se preparo para lo peor con la suya y la embistió también... Cayendo la puerta fuertemente al interior de la instancia y dejando el umbral completamente desprotegido. Miró a Hrist con una mezcla de triunfo, jobialidad y amargura, se sentía que había ganado en aquello, si acaso fuera una competencia, pero el haber destrozado la puerta del cuarto le era un poco doloroso.

Era como prender fuego la propia choza, al fin y al cabo.

Asintió por ultima vez a la muchacha y entró al cuarto que le correspondía.

Una enorme cama, o los restos de madera de una, fueron lo primero que llamaron su atención, y fue ver escudo de armas del ciervo con gran cornamenta que identifico al instante que se encontraba en la habitación de su abuelo. El piso se encontraba plagado de polvo, cada tanto sentía algo crujir bajo sus pies al pisar que le hacían pensar en una escapada del recinto apurada dejando muchas cosas atrás.

Su primer instinto fue ir a la ventana, dado que allí el olor a humedad parecía cobrar una vida nueva y desbordante de vitalidad, pero sus intentos por abrir los grandes ventanales no lograron más que hacer crujir la madera de las mismas. Corría el riesgo que se le cayeran encima y planeaba volver en una pieza de ser posible...

Pese a su regio e inamovible estado, una correntada de viento se colaba por las ventanas e imaginaba que incluso lluvia por la dominante presencia de moho que impregnaba todo en el cuarto. No fue más que tocar los restos del sillón junto a la chimenea de la pared opuesta a la cama para que practicamente se le deshiciera en sus manos.

Los cajones estaban abierto y, en su mayoría, vacíos, su abuelo había logrado llevarse consigo todo cuanto pudo al evacuar. De estos pudo tan solo rescatar 3 anillos, uno solo de plata y muy pequeño, y un pequeño puñado de papeles que habían resistido sorprendentemente al moho de una larga pila de ellos; no los leyó, poco importaba cualquier cosa escrita para sus circunstancias. Del armario pudo encontrar un abrigo, una bata y 3 pañuelos que, pese a estar afectados por el moho, un poco de costuras podrían salvarlos, y arrancó los botones e hilo de plata y oro de cuanta otra ropa encontró. Guardó todo en el saco.

El cuadro en cuestión que le había pedido su abuelo que intentara rescatar... Nada quedaba de él más que una superficie larga y verde. El escudo de armas, por su parte, era madera con plata chapada encima, si arrancaba la madera y lo doblaba quizás...

Un fuerte estruendo le puso en alerta, tensando su cuerpo, soltando la bolsa y asiendo la empuñadura de su espada, su antorcha en alto intentando mirar si acaso algo entraba por la puerta. El estruendo había parecido venir de abajo, ¿acaso...?

¡Hrist! Escuchó el gemido de la mujer y se lanzó como una flecha al cuarto lindante, debiendo detenerse en el umbral al salir a su encuentro una masa de insectos que volabana como una nube negra. Agitó su antorcha para alejarlos y volvió a la carrera.

-¡Hrist! ¿Que ha pasado? ¿Alguien te ha atacado?- la mujer parecía dañada y agitada, la vista de Lyndis escudriñaba las paredes en busca de algun enemigo oculto ¿Habrían sido por demás confiadas y...?

Su vista se detuvo en un cuadro, donde aun pese al deterioro podía verse una figura femenina. Era... acaso... La visión se le oscureció, soltando la antorcha que rodó en el suelo hasta apagarse, y aun sin poder ver nada seguía viendo aquella figura con claridad, casi hasta podía escuchar su voz.

Una visión del pasado le atacaba, una que nunca esperaba poder volver a ver...
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Miér Ago 15, 2018 3:19 pm

-No te subas, no te subas, no te subaaaaaas… -rechinó a toda velocidad Hrist entre dientes. –Eeeeugh…

Como era de esperar, algunos de los bichitos chocaron contra ella en su huida descontrolada. En una extraña y frenética danza caótica de vaivenes con la antorcha, entre saltos que alternaban un pie y otro, dando vueltas sobre sí misma, Hrist batallaba desesperada por quitárselos de encima. Unas cuantas polillas fueron a parar a su cabello, y tras unas cuantas sacudidas, lograron liberarse de la cárcel de mechones y alzar de nuevo el vuelo hacia el dulce aire fresco de la ventana. Los pececillos de plata pasaron de largo de sus pies, pero los escarabajos, cegados por las ansias de libertad, treparon por sus piernas, pero acabaron resbalando en el acero de las espinilleras y las rodilleras y cayeron de nuevo al suelo, donde desviaron la ruta. Las arañas, más consideradas, se retiraron a rincones todavía más oscuros.

-¿Eeeeh…? –La voz de Lyndis la clavó en seco en el lugar, con los músculos del cuello tensos como las cuerdas de un laúd. –E-Estoy bien… sólo… las paredes han retumbado y los bichos del armario han salido en tropel… -acertó a explicar, dejando la antorcha quieta para recuperar la poca dignidad que le quedaba. -¿Lyndis?

La chica se había quedado mirando el cuadro. Hrist se alejó a recoger la antorcha que, muy dramáticamente, Lyndis había soltado. Con el hacha larga bajo la axila, encendió como pudo otra vez la antorcha y la acercó a la Jefa.

-¿Lyndis? ¿Pasa algo? –preguntó.

Alzó de nuevo la vista al cuadro, y algo chirrió en su cabeza. La cara de la joven del cuadro… Miró de nuevo a Lyndis. Otra vez al cuadro. Lyndis. El cuadro…
“Se dan un aire, pero tampoco es que ponga la mano en el fuego por ello”, pensó, arrufando imperceptiblemente el ceño. “Aunque quién sabe, cosas más raras se cuentan en las gestas que cantan los bardos…”. Se sacudió de la cabeza esos pensamientos con un rápido parpadeo, y paseó la antorcha un par de veces ante la cara de Lyndis, que seguía sin responder.

-¿Lyndis? ¿LYNDIS? –La chica seguía sin reaccionar. -¿Todo bien?

La pregunta era retórica, pero una respuesta también era bienvenida. Estaba tentada de darle un toque con el mango del hacha larga, para ver si eso la hacía volver de cualquiera que fuese el mundo de reflexiones trascendentes en que se había adentrado. Cuando el mango del arma estuvo a pocos centímetros de su hombro, un nuevo golpe resonó en el lugar, más ahogado si acaso. Hrist miró el umbral de la puerta, oscuro y vacío. Era un golpe, lo que había oído, de eso estaba segura. Se acercó un poco a la puerta, y puso la oreja. Nada. No se oían pasos. Pero estaba convencida de lo que había oído hacía escasos segundos.

-¡Lyndis! –susurró enérgicamente a la Jefa. –Se oyen golpes, diría que no estamos solas… ¡Eh! ¡Un momento! –le inquirió, aún en voz baja. -¿Vas a bajar a investigar? Ya tenemos algo de valor en los sacos, ¿no es mejor que nos larguemos antes de que nos descubra lo que sea que hace los ruidos?

Ellas dos solas, a oscuras, sólo con la luz de un par de antorchas, sin Logi, y una de ellas con un arma poco efectiva si se usaba desmontando del wyvern… Era pedir a gritos que las secuestrase un culto de lunáticos.

-¿Y si son bandidos? –razonó, cargándose el saco a la espalda. –O peor, podrían ser emergidos. –dijo bajando drásticamente todavía más el volumen de la voz. –Mi hacha larga no es para luchar a pie…

Tragó saliva al escuchar otra vez el retumbar de otro golpe, traído vagamente por los ecos de los pasillos. Tenía los músculos de la cara totalmente tensos, tan tensos como su interior, donde una mini Hrist retenía con fuerza de las riendas de un mini Logi que batallaba por salir volando a toda pastilla, dando tumbos por el cielo. A regañadientes, siguió a Lyndis, sin desechar del todo la idea de llevársela a rastras si aparecían bandidos y ella decidía lanzarse de cabeza a ellos.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Jue Ago 16, 2018 9:42 am

Voces, risas, recuerdos... Aun más de lo que había revivido tras llegar a Caelin. Porque con su abuelo los recuerdos del pasado habían vueltos pero... era distinto. No presentes, no figuras sino simplemente era eso... Algo pasado y dejado atrás que el viento ya había llevado a lugares recónditos.

¿Pero aquello? Era un misterio que se develaba ante ella, era la presencia de un pasado pero uno desconocido, era irrumpir en una tumba de recuerdos que temía enfrentar y conocer.

Yacía allí una parte de su madre que le era ajena más que con relatos de su abuelo e historias de antiguos sirvientes del castillo aun con vida. Era un lugar donde, apartado del tiempo, una parte de ella continuaba viviendo.

Pasó su mirada por el cuarto, sintiendo que le veia, deambulando por allí, usando los diversos muebles y elementos propios de la nobleza que tanto le intentaban enseñar a usar su abuelo y luz. Probandose un vestido, peinandose, leyendo junto a la cama... Contrario a ella, su madre había sido una dama en toda regla... Sentía sobre ella una sombra, unos zapatos que comenzaba a dudar podría llenar...

Porque así era, ella ocupaba el lugar vacante dejado por su madre como heredera al marquesado. Y si...

El sonido estridente del piso de abajo nuevamente le trajo en sí, notando al fin que había estado ignorando a su acompañante. Suspiró y tensó sus músculos, endureció su mirada y se escabullo al umbral de la puerta junto a Hrist, agudizando el oído.

-Pensé que habías sido tú cuando estaba en el otro cuarto... Sin lugar a dudas hay alguien o... algo abajo- concluyó en voz baja, su mente divagando por extraños e esotéricos caminos ¿Acaso habían mancillado aquella tumba con sus andar?

Pensaba que habían sido suficientemente respetuosas y...

Negó levemente con la cabeza y exhaló, soltando aquellos pensamientos innecesarios al aire que, carentes de brisas que los llevaran muy lejos, se quedaron flotando cerca de su cabeza a la espera de volver a entrar.

Volvió a tomar su antorcha y analizó un instante las palabras de Hrist ¿Podría ser mejor dejar ser a lo que sea que haga el ruido?

-...No, debo bajar. Si son bandidos es mi deber detenerles, y si es algo más...- dejó aquel pensamiento en el aire, cerró los ojos, inspiró con fuerza y se adentro con cuidado en el pasillo buscando la escalera de bajada.

Mantenía la antorcha baja, para observar bien donde pisaba y no alertar a lo que sea haya generado aquel sonido, disminuyendo así también lo más posible el haz de luz al frente. Aunque podría navegar a oscuras con la que luz penetraba al interior por agujeros, antiguas ventanas y rendijas, lo irregular del terreno le harían avanzar demasiado lento y quizás perderían a quien fuera que sea.

El sonido se repitió más fuerte una vez pudo llegar a la escalera y la procedencia del mismo fue clara. Siguieron con paso lento y cauteloso el rastro de sonido hasta un pasillo, no tuvo que repasar su mapa mental para reconocer que habitación era: la cocina, la distribución de cuartos en la planta baja era tan similar al castillo Pherae que le era sencillo orientarse allí.

Nuevamente el golpe resonó con fuerza y pudieron ver claramente que algo golpeaba contra la puerta intentando abrirla. Los intentos eran en vano, los escombros de un derrumbe del techo trababan el acceso; la madera se mantenía en pie y firme, careciendo de visión hacia el interior del cuarto por más que intentara.

-... ¡Soy Lyndis, heredera al marqués de Caelin! ¡Identifíquese y diga sus intenciones!- enunció con voz de mando y total autoridad, recibiendo completo silencio en respuesta. Cruzó miradas con Hrist y se encogió de hombros.

Un nuevo golpe surgió varios segundo después. No era una persona y siempre imagino a los espectros y criaturas innombrables como entes que una puerta no podría detenerlos...

-¿Un animal atrapado?- susurró a Hrist, haciéndole señas de que le ayudara a apartar los escombros para intentar liberarlo. Quizás y hasta volverían con jabalí para cenar a casa y todo...
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Jue Ago 16, 2018 2:25 pm

-¿Y si son once bandidos? Entre las dos no daremos abasto… -repuso, empequeñeciendo los ojos para atisbar algo en la penumbra tras aquella mujer tan tozuda. -¿Algo más, dices? -¿Acaso en Lycia había también inhumanos? Porque si era así, más les valía salir corriendo a la voz de YA.

Lyndis hizo caso omiso a las advertencias y precauciones de Hrist. No sabía si era exceso de confianza, o un impulso irreprimible por hacer “lo correcto” de inmediato y en solitario, pero podía salirles caro si daban más de un paso en falso. Rezongando por lo bajo e insistiendo, llegaron a una estancia que parecía una cocina, o un anexo a ésta, y ahí Hrist hizo una última intentona por convencer a su empleadora de hacer caso al sentido común, pero sus palabras quedaron ahogadas por el repentino arrebato de autoridad de Lyndis.

“¡¿HEREDERA A MARQUESA?!”. La súbita declaración de identidad golpeó a Hrist como un pellizco en los pechos. “¡ESTO NO SALÍA EN EL CONTRATO!”, pensó. Con razón se le ocurría ir precisamente a un castillo abandonado, y con un plan tan simple y fácil como “entrar, saquear lo que se pueda, y largarse”… Debía de haberse criado en el castillo, o por lo menos lo debía de haber visitado en algún momento de su vida.
Le devolvió la mirada a Lyndis sin dejar que la sorpresa transpirase su rostro. Aunque los ojos se le habían abierto más de lo normal.

-¿Heredera a marquesa? –le inquirió en voz baja, casi susurrando como el viento, pero firme., que discretamente clamaba "¿Se le olvidó ese pequeño detalle sin importancia?".

Si eran bandidos, lo último que había que hacer era decir que era una noble. Podía ser que eso les diese la malsana idea de raptarla y pedir un rescate, o venderla como esclava en el extranjero… y eso sin contar que a Hrist, muy probablemente, no le verían utilidad como esclava ni como rehén, y no le apetecía acabar con el pescuezo rebanado y con su armadura robada. Si seguía así, podía ponerlas en serio peligro a ambas, y Logi no podría irrumpir por los estrechos pasillos del castillo para llegar hasta ellas y rescatarlas.

-Creo que podemos dar gracias si es un oso hambriento atrapado entre escombros… -Soltó con presteza, apartando unos instantes a la Jefa de la puerta de marras. -Sólo es una sugerencia, Doña Lyndis, pero… -siguió, con un susurro tenso. Los músculos del cuello estaban ya más duros que una hogaza de hacía tres días, y los ojos se le abrían de par en par a cada segundo que pasaba. Si no paraba de proclamar su noble cuna a los cuatro vientos, hasta las cucarachas pedirían recompensa por no acosarlas. -¿No le parece que si son bandidos o saqueadores, y saben de su linaje, querrán secuestrarla para pedir un rescate, convertirla en su fulana personal, o venderla como esclava fuera de estas tierras? Por no hablar de que poca utilidad verán en una mercenaria plebeya como yo… En el mejor de los casos, si no consigo escapar, primero me matarán antes de centrarse en la presa más jugosa…

Volvió a mirar unos instantes a la puerta, que volvía a temblar por las sacudidas del otro lado.

-No me malinterprete, no dudo de su valía con la espada, -aclaró, buscando un poco de sentido común entre tanta locura de fantasmas, viejos castillos, recuerdos de antaño y antiguas glorias en forma de botín. La puerta tembló de nuevo. Apartó un poco más a Lyndis. –pero si nos superan DEMASIADO en número, tendremos un probl…

¡BLAM!

La puerta acabó cediendo y se abrió con la fuerza de un tifón embistiendo la madera gruesa. Cuatro pares de ojos rojos, brillantes como pequeñas antorchas, irrumpieron en la penumbra. Entraron atropelladamente, tropezando con los restos de escombros esparcidos por allí y por allá, y cayendo unos encima de otros. Desde el fondo del pasillo de la puerta resonaban pisadas lejanas, pero constantes. “¡Mierda” ¡Emergidos!” se lamentó Hrist para sus adentros. “No podían ser bandidos borrachos o durmiendo la mona, no…”. El último en caer, un emergido con espada, se levantó de inmediato y se abalanzó sobre ellas.

-¡Atrás! –gritó Hrist al colocarse delante de Lyndis para cubrirla. Sujetando precariamente la antorcha en la boca, le había lanzado su saco a Lyndis y había bloqueado el ataque de improvisto. -¡La ventana, abre la ventana! –le gritó con las sílabas deformadas, señalando el objetivo con la cabeza. -¡La ventana!

Un hacha larga no estaba hecha para pelear a pie. Y mucho menos, en interiores estrechos. Los extremos del arma chocaban aquí y allá con los escombros del suelo, con el techo, y con los muebles que había en la estancia. Además, sólo con su fuerza bruta no le bastaba para sacar todo su potencial, sólo lograba tajos bruscos y de trayectoria poco predecible.
Aprovechando los instantes que tenía de ventaja, mientras la hoja aún golpeaba el mango de su hacha larga, Hrist dio una rápida patada en la entrepierna del emergido. Cuando éste retrocedió unos centímetros por el impulso, le sacudió con la antorcha en la cabeza, lo que le hizo caer al suelo del todo. Le propinó una patada en la cabeza, que lo puso bocarriba unos instantes. Entonces soltó la antorcha y descargó un golpe con el hacha larga, deseando acertar en alguna parte del cuerpo del emergido. El impacto amortiguado, contra algo blando y flexible, le confirmó que había acertado, pero no estaba segura de dónde.

-¡Deja que me asome! –le gritó a Lyndis, que muy probablemente querría bajar escalando por las paredes como un mono. -¡Cúbreme, que enseguida acabo!

Se asomó a la ventana, sacó el silbato, y sopló tan fuerte como nunca lo había hecho en su vida. Aún no había agotado el aire de sus pulmones que ya se oía un rugido retumbar en los alrededores.

El emergido al que había atacado seguía en pie. Sin embargo, le faltaba más de la mitad del brazo derecho, y lucía un aparatoso corte en el tórax. Hrist lo frenó con un puñetazo, lo agarró por la ropa, y lo precipitó ventana abajo. Uno menos. Si el impacto contra el suelo no lo mataba del todo, lo haría el sangrado y la infección en las heridas.

-¡Hay que salir de aquí cuanto antes! –le dijo a Lyndis, esquivando un par de estocadas y cerrando de una patada la puerta por donde habían irrumpido los emergidos. -¡En cuanto Logi aparezca, nos subimos y nos largamos! ¡¿Tienes los sacos?!

La puerta se abrió de nuevo y golpeó a Hrist en la espalda. Con los ojos llorosos por el dolor agudo, atinó a bloquear in extremis dos sablazos que aparecieron de la nada. Apenas pudo hacerles retroceder a base de empujones bruscos. Daba golpes prácticamente a ciegas, más ocupada en no quedarse quieta por el dolor que en acertar. Había que cerrar esa condenada puerta.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Sáb Ago 18, 2018 12:28 pm

Lyndis asintió ante la pregunta de la mercenaria sobre su titulo, pasando de largo cualquier sutileza del lenguaje que impregnaba su voz. Su atención estaba puesta en la puerta y aquello que se encontraba al otro lado y, aunque le pareció curiosa la pregunta de la chica, dudaba que aquello tuviera importancia dadas las circunstancias actuales.

La insistencia de la muchacha en el tema le tomó totalmente desprevenida cuando le apartó a un lado. Escuchó atentamente y, pese a que veía un cierto sentido en lo que decía... Sonrió jovialmente -En ese caso no debemos dejar que nos atrapen, sencillo- respondió, acentuando su sonrisa.

Las palabras de ella sin duda quedarían en su mente y volverían a atormentarla luego, contenía una verdad en ellas que era indiscutible... Su rostro se endureció, completamente seria.

-Y es también por mi posición que no puedo retroceder aun si es eso.- cerró los ojos un instante y volvió a abrirlo con renovada resolución, la resolución de una guerrera, poniendo aun más peso en cada palabra pronunciada -No planeo morir aquí pero... Si en verdad son una amenaza para los míos, es mi deber defenderles, y eso te incluye a ti. No planeo morir y planeo ver el siguiente amanecer; no planeo tampoco dirigirte a tu muerte.- le puso una mano en el hombro a la chica y sonrió, comprensiva y casi maternalmente. -Vuelve si tienes dudas, ya me has acompañado hasta aqui. Pero... si algo amenaza a Caelin al otro lado, sea bandidos o... algo más... Yo no puedo quedarme de brazos cruzados.-

Poco tiempo hubo para ver la reacción a sus palabras... ¡Con un estruendo la puerta se derribó!

¡Emergidos! Sus ojos cortando la penumbra eran inconfundibles.

¿Quizás era su corazón y no su mente que esperaba encontrar un animal al otro lado? ¿Esperar que las amenazas de aquellas tropas eran ya lejanas al ahora pacífico Lycia?

Mientras su mente albergaba dudas, su espada ya había salido de su funda, decidida, y se abalanzaba al frente para repeler un ataque emergido... Pero Hrist se interpuso, Lyndis tomando al vuelo el saco que esta le lanzaba de forma inconsciente.

¿La ventana? ¡La ventana!

Sus brazos ya se encontraban abriendola y en pocos instantes un emergido voló por fuera de esta. La caída desde allí ya no era muy alta, pero sin duda era un emergido menos en el pasillo.

Sin más soltó ambos sacos, el propio y ajeno,  y se abalanzó al frente, el acero de su espada pronto encontrando carne blanda. Una patada e hizo retroceder a un emergido al tiempo que Hrist cerraba la puerta. Tiró Lyndis también su cuerpo contra esta buscando cerrarla, sin muchos resultados, los embistes emergidos eran constantes y fuertes.

La confianza de la jinete ante el arribo de su wyvern le sorprendió al punto que le convenció, lo tomó como una verdad absoluta y trajo un claro camino a seguir para salir de aquel aprieto. -¡Estan a un costado! ¡Tenía que soltarlos!- respondió, sus ojos desviandose a estos... y una idea llegando a su mente montando en la brisa que se colaba por la ventana -...¡Sosten la puerta sola un momento, tengo una idea!- y tras esto corrió hacia su saco.

Rápidamente hurgó entre las cosas y encontró aquel abrigo en relativo buen estado, lo enroscó en una soga improvisada y ató un extremo a una argolla para antorchas cerca de la puerta. -¡Cuando diga ya empuja con fuerza! ...¡Ya!- empujó con todas sus fuerzas y lograron cerrar la puerta lo suficiente como para pasar el abrigo por la manija de esta y dejarla trabada.

Los golpes continuaban, rítmicamente, y entre la abertura que se mantenía abierta de la puerta podían ver aquellos ojos de fuego que se clavaban sobre ellas. Aun tras verlos ya tantas veces no dejaba de acostumbrarse a ellos, le daban escalofríos.

¿Acaso llegaría el día que se libraran de aquella plaga?

El abrigo soltaba crujidos y era claro que lentamente comenzaban a ceder las costuras. Tenían poco tiempo...
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Sáb Ago 18, 2018 6:36 pm

Desconocía el por qué ni el cómo, pero aquella condenada puerta parecía un agujero negro de la Oscuridad Oscura, escupiendo emergidos uno tras otro. ¿Acaso había en aquellas cocinas el ancestral secreto del origen de los emergidos? ¿Cocidos a fuego lento en ollas roñosas con pan florido, leche agriada y huevos podridos?

-¡Los sacos! –exclamó con un suspiro, los ojos ya abiertos como platos. -¿Qué? ¡¿Qué vas a hacer?! –inquirió, temiendo alguna otra heroicidad que pudiese salirles cara.

Con la respiración contenida, vio a Lyndis sacar un viejo abrigo de uno de los sacos. ¡¿Qué pensaba hacer?! ¡¿Tenía frío?! ¡¿Iba a amenazar a los emergidos con hacerlo trizas si no retrocedían?! Muchas más posibilidades absurdas le vinieron a la mente (era un abrigo mágico y de sus bolsillos podía sacar un ejército entero; se ponía el abrigo, gritaba unas palabras mágicas, y se transformaba en algún espadachín legendario de antaño porque ella era su reencarnación y así lo dictaban los cielos, etc., etc., etc.), pero las sacudidas contra la puerta le dificultaban cada vez más la tarea imaginativa. “¡¿Por qué?! ¡¿Por qué todas las cosas raras tienen que pasarme a mí?!”

-¿Qué pretendes con ese pobre abrigo? –preguntó con ambas cejas enarcadas. –Ya empujo, ya… -Un ensordecedor rugido sonó justo detrás de ellas. -¡YA VA! ¡YA VA! ¡ESTOY EN ELLO!–le respondió a gritos a la cabeza de wyvern que asomaba sin disimulo por la ventana de detrás. El animal aún le respondió con un ronquido burlón.

Lyndis había usado el anciano abrigo para trabar la puerta. Una idea improvisada, fruto del apuro, desde luego… pero no aguantaría mucho. Lo único que lograba era impedir que la puerta se abriese por las buenas, pero con dos o tres embestidas más, aquella bonita pieza de ropa quedaría reducida a trizas, y sería pisoteada por los pies de aquellas criaturas tan persistentes.

-¡Larguémonos YA! –resolvió con un bufido y cogiendo ambos sacos.

Se los cargó a la espalda, se asomó por la ventana, y trepó como pudo por la espalda de Logi hasta acomodarse en la silla de montar. La urgencia de la situación exigía medidas drásticas, y ello comportaba alterar el orden de la rutina habitual (es decir, atarse las sujeciones primero), así que en cuanto tuvo los pies en ambos estribos, se inclinó sobre el cuello del animal y extendió la mano a Lyndis para traerla hacia ella y que trepase hasta detrás de ella. Y por supuesto, que se agarrase a ella con todas sus fuerzas.

-Vamos, Logi. –Dijo al animal, con la mandíbula tensa. -¡Agárrate bien y no te sueltes! –advirtió a la pasajera de detrás.

El animal dio un salto desde la pared de piedra donde se había agarrado para meter la cabeza por la ventana, y Hrist experimentó esa sensación de vacío que tenía que aguantar cuando el animal alzaba el vuelo desde lugares verticales. Cuando empezó a volar en horizontal y Hrist notó que el riesgo de escurrirse silla abajo había disminuido, le pasó ambos sacos a Lyndis.

-Aguántalos un momento, por favor. –le pidió, ya más calmada.

Se ató las sujeciones, y justo cuando iba a alzar la vista, oyó al wyvern quejarse con un gemido. Alzó la vista, y contempló horrorizada, cómo dos caballeros de pegaso emprendían el vuelo desde el suelo, hacia ellas.

-Ya está bien, qué pesados son… -rezongó por lo bajo. Sacó el hacha larga y se preparó para lo inevitable. –Lyndis, déjame hacer a mí, tú sólo asegúrate de no soltar los sacos y de agarrarte bien a mí. –le indicó, como si aquello fuese lo más natural del mundo y no hubiese motivo alguno para perder los estribos.

En realidad, lo que le taladraba por dentro era el intenso dejà vú que estaba experimentando. Si cambiaba a Lyndis por Sindri, y el castillo de Caelin por la Gran Biblioteca de Ilia, tenía exactamente la misma situación. La única diferencia era el momento del día y las condiciones climatológicas.
Con el dichoso “Auhuhuhu~” resonando una vez más en su cabeza, encaminó a Logi hacia una de las emergidas. Bloqueó la primera estocada, y el impacto del cuerpo del wyvern contra el pegaso los frenó en seco. Eso le dio suficiente margen de tiempo para encastarle un hachazo en el brazo y hacerle saltar la lanza. Darle el siguiente golpe y dejarla moribunda en plena caída fue sólo el siguiente paso. El ataque de la otra emergida fue aún más rápido que el de la primera. Lo único que pudo hacer Hrist fue esquivarlo. De lo contrario, corría el riesgo de que Lyndis perdiese los sacos, o saliese herida, aunque la emergida parecía fijarse únicamente en el jinete del wyvern al que atacaba.

La siguiente estocada la bloqueó mal, y la lanza de la emergida le dio un buen golpe con el mango en la rodilla derecha. Aguantó las siguientes dos embestidas a la vez que se alejaba del lugar tan rápido como Logi alcanzaba a volar, pero parecía que nunca llegaban a las murallas medio destruidas del castillo.

“Ya te tengo, fulana voladora”.

La última estocada falló unos centímetros de más hacia la derecha, y durante esos momentos en que el arma pasó bajo las alas del wyvern, Hrist le dio un golpe con el pomo inferior del hacha larga en la cara a la caballero de pegaso. A la vez, Logi frenó unos instantes, y apresó al pegaso por las patas delanteras. Entre relinchos frenéticos, el wyvern gruñía y apretaba más el mordisco, y Hrist le acertó en el cuello a la emergida, que cayó sin fuerzas al vacío y sangrando profusamente. Ordenó a Logi que no prolongase la agonía del otro animal. Segundos después, el pegaso caía, muerto ya, precipitándose también hacia el suelo, a tantísimos metros de altura que ni se oyó el crujido del impacto contra el suelo.
Echó un vistazo rápido, y vio siluetas borrosas atravesando el pasillo por donde habían dado con la cocina de los horrores. Miró al frente de nuevo, decidida a no pasar ni un segundo más en aquel castillo de locos, e indicó con los estribos que siguiesen avanzando, sin pararse ante nada. Lyndis estaba a salvo, ella estaba a salvo, Logi estaba bien, y los preciados sacos estaban a salvo. Los emergidos podían quedarse con la cocina y reformarla, Hrist no tenía ningún interés en volver atrás.

-Por lo menos hemos podido recuperar algo. –suspiró. –Ya verás que en mi saco hay algunas cajitas con sortijas dentro. –apuntó, mientras el viento las despeinaba, surcando el cielo, de regreso al punto inicial.
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