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[Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

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[Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Vie Mar 23, 2018 11:07 pm

El alba dio inicio al día acompañado del cantar del gallo, una extraña costumbre de aquellas tierras que lentamente comenzaba a acostumbrarse. Los primeros días de estadía se le hacia aquel hecho por demás curioso, más aun en su costumbre anterior de despertar sintiendo los primero rayos del sol y el aroma del rocío en el cesped.

Ya a semanas de estadía en el marquesado comenzaba a dudar si podría volver a despertarse a tiempo con aquellas costumbres de antaño ¿Acaso era como los nativos de Lycia terminaban con tan peculiares hábitos? De seguro el mismo gallo actuaba distinto antes de mudarse allí y asentarse.

Tras un rápido desayuno frio, se cambio de sus ropas de noche, otra costumbre adquirida tras cruzar la frontera, y se cambio en uno de sus tunicas de Sacae. Aunque en teoria un vestido, se negaba a llamarlo como tal, siquiera en su mente, más aun cuando mencionar un vestido allí implicaba encajes, volados y otros terminos cuyo nombre aun no terminaba de aprender.

¡Un gasto por demás excesivo de su abuelo habían sido aquellas tunicas! Hechas a forma y medida de su original, incluso había encargado una con telas cuyo costo no quería imaginar ¡Lo peor es que nadie lo veía como un gasto excesivo! Aun en los tiempos que corrían, parecia que el derroche de la nobleza entraba en necesidades básicas para el lyciano promedio.

Esperaba que aquel concepto jamás se asentara en su cabeza, si lo hacía sentía que perdería una parte fundamental de si misma.

Tras alistar su ropa y espada, colgada firme y fielmente a su lado, cogió un aditamento al que no estaba acostumbrada: una pequeña bolsa de cuero, con una simple hebilla que también colgaba de su cinturón. Acostumbrada a cargar dichas nimiedades en las alforjas de su montura, el tener que llevar algo asi aun le incomodaba.

Aunque pequeña a conceptos de una bolsa, tenía suficiente espacio para un brebaje curativo y algunas cosas más, habiéndola preparado bajo vigilancia y aprobación de Luz. Dicha preparación acompañada, obviamente, con más indicaciones y expresando su preocupación nuevamente por la tarea que competía a la noble aquel día.

Agradecía y le llenaba de felicidad contar con alguien que expresara tales deseos hacia ella, dos alguienes si contaba a su abuelo igual de preocupado, pero en aquel caso no había tenido de otra que negarse a sus deseos y mantenerse firme. La situación de Caelin era precaria siendo generosos. Necesitaban más dinero para grano, y si deseaban contar con una productiva cosecha (que no incluyera pinos, que Hanon se apiade del viejo loco Bale) que sirviera como sustento y dejara suficiente ganancia para otros gastos aquella empresa era por demás necesaria.

Estaba la posibilidad de solicitar ayuda Pherae o Altea, más aun aprovechando el favor del principe extranjero para con su territorio, pero creía firmemente que si había algo que podian hacer por si mismo debían de hacerlo. ¡No era algo totalmente descabellado y loco lo que planteaba! Y cuando un plan elaborado por su cuenta no era rechazado fervientemente sabía que estaba en buen camino. Estaba a rango de su espada... ¡Era posible!

No se creía una estratega, pero sentía un poco de orgullo por la autoría de aquella idea.

Los detalles solo los había contado en intimidad, discutidos unicamente con su circulo cercano y corriendo por responsabilidad suya y de Luz la redacción del cartel ofreciendo el trabajo y su publicación en el puerto más cercano. La paga era suficiente para tentar a un mercenario, el trabajo detallado era solo de acarreo al fin y al cabo, y el único requisito era el contar con una montura alada con transporte para dos más equipamento. El resto de los detalles a convenir en aceptado el trabajo.

Solo habían sumado con un joven del pueblo que, bajo juramento de sanción para él y su familia, debía esperar a alguien en el punto de encuentro todos los días por si se presentaba ¡Y alguien lo hizo a los pocos días!

A través del mismo joven le fue enviada cena la noche anterior al mercenario llegado, bajo ordenes que se juntarían al día siguiente para el trabajo y el detalle. La letalidad del trabajo era nula por lo que mientras cumplieran y no les molestara cierto secretismo...

Principalmente, era evitar armar revuelos en el pueblo ni ilusionarlos si la misión fallaba. En su parte tenía fe de éxito pero... Su destino estaba encomendado a los vientos.

Tras salir de su pequeña cabaña, y atravesar la empalizada del poblado, asegurandose primeramente que nadie le siguiera, se adentró en el bosque cargando consigo además una vacía bolsa de trigo. Una corta caminata y encontró el claro donde el mercenario le esperaba cuando el sol aun no terminaba de brindar su luz al completo en el cielo. Pese a que sabía por el joven aldeano, la presencia tan cercana de la bestia sin duda le puso en alerta ni bien sus ojos le captaron.

¡No todos los días se tenía un wyvern tan cerca!

Aligeró la mano de la empuñadura de su espada, que instintivamente había tensado ni bien ver a tal criatura, y alertó de su presencia con buen animo y tono fuerte -Buen dia, espero que su estadía en el bosque haya sido cuanto menos tranquila. Me disculpo y tomo total culpa por tan extraño tratamiento- tras lo cual dio una leve reverencia expresando su sinceridad y buena fe.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Lun Mar 26, 2018 10:43 am

Tras su breve paso por Ilia, al volver de Kilvas, Hrist dio con sus huesos en Lycia antes de volver a reemprender el camino hacia el norte. La siguiente parada sería Begnion o Renais, seguramente. Pero en aquellos momentos, se dejaba caer por Lycia, a la caza de algún trabajo interesante. No era territorio ocupado por los emergidos, pero seguro que con las tareas de reconstrucción había trabajo de sobra para algún mercenario. Patrullar los alrededores de algún pueblo cercano a un campamento bandido, encargarse de indeseables para los que el ejército no tenía tiempo, algún criminal sobre el que pesase una jugosa recompensa…

Y así era como había dado con ese trabajillo. Pedían a alguien con una montura que pudiese llevar a dos personas y algo de equipaje. ¿Qué mejor que un wyvern para ello? Se imaginó a un delicado y frágil pegaso cargado con las pesadas alforjas que Logi llevaba como si nada, y se le escapó un poco la risa. El enlace con el empleador era un joven del pueblo, que le indicó dónde esperar al primero el día en cuestión.

Así que aquel día se levantó, perezosa, de la cama, y siguió su rutina habitual. Se cambió de ropa y desenredó su cabellera rubia. Desayunó algo rápido, y se fue a por Logi. Dado que tenían que encontrarse con el empleador en el bosque, la mercenaria dirigió allí con tiempo de sobras, con una idea en mente.

-Logi, esta vez vas a tener que buscarte la comida. –le explicó. –Así que ya sabes, en cuanto acabes, vuelves aquí conmigo, ¿eh, galletita? –añadió mientras le acariciaba el hocico.

El wyvern hizo un suave bufido, y alzó el vuelo.

En realidad, lo de decirle que volviese era redundante. El animal tenía la costumbre de volver junto a Hrist con la presa en la boca. Era como si comer fuese un ritual importante para él, y no le gustaba hacerlo solo si ella andaba cerca. Quizás era el resultado de tantos años viviendo junto a los padres de ella, viéndoles por la ventana cada vez que era la hora de comer. El wyvern había acabado asociando el acto de comer con estar en compañía. Así que al cabo de unos minutos, Logi volvió con un enorme oso bajo las zarpas.

-Eeeh… que aproveche, pitufo… –Dijo Hrist, algo incómoda.

Cazar no era lo suyo ni la entusiasmaba mucho, pero era consciente que era algo inherente a la naturaleza y la alimentación de su montura. Así que prefería no mirar mucho cómo se ponía las botas con el animal que hubiese caído en sus garras. Se había asegurado de que no hubiese cerca ningún lugar de pasto para el ganado (algo que se aseguró de preguntarle al intermediario y a unas cuantas personas más en el pueblo), por lo que no había peligro de que se zampase el cordero o la vaca de ningún pastor, tampoco. Cuando había mucho pastoreo en la zona, prefería darle de sus propias raciones, previamente preparadas a conciencia para que se conservasen bien, antes que arriesgarse a enfurecer a algún ganadero o pastor de los alrededores. Ni a que Logi le atacase si el individuo intentaba ahuyentarlo. Sin supervisión, era como cualquier otro wyvern salvaje la mayoría de las veces, a menos que se le hubiesen dado instrucciones claras de cómo comportarse. Y pese a ello, no dejaba de ser un wyvern. Si lo buscaban lo suficiente, lo iban a encontrar… por las malas.  

Cuando el animal se acabó el desayuno, la wyvern rider se lo llevó con ella al punto de encuentro. Por el camino, pasaron cerca de un enorme árbol fulminado por un rayo (o eso le dijo el joven que hacía de intermediario).

-¿Qué…? ¿Qué llevas en la boca? –preguntó Hrist a su montura, al ver la mirada sorprendida del joven que la guiaba.

El wyvern, ni corto ni perezoso, se había agenciado una rama enorme del árbol, como un enorme perro con un juguete acorde a su tamaño. La miró con ojitos tiernos suplicantes. Hrist arrufó las cejas, y cerró los ojos.

-Vaaaale… al fin y al cabo queda un rato hasta que sea la hora… -cedió finalmente.

Y con esa bonita estampa, a la par que bucólica, la mercenaria siguió al aldeano, junto a un wyvern con pasatiempos incluido. Cuando finalmente llegaron al punto, Hrist se acomodó en un gran trozo de raíz que asomaba desde el suelo, perteneciente a uno de los numerosos árboles del lugar. Mientras, iba observando cómo Logi mordisqueaba y roía la maciza rama como si nada. Hrist balanceaba los pies, haciendo repaso mental de todo lo que llevaba recorrido desde que había salido de Nohr… y pensó en qué haría una vez llegase más al norte. Los emergidos estarían tocándole las narices a muchos países, seguro que habría campañas de liberación o conquista bien pagadas, como la que hizo en Kilvas (en nombre de Durban).

-¿Tú qué opinas, Logi? –preguntó a su montura, que la miró de reojo sin dejar de cebarse con la rama. -¿Tiramos para Tellius? ¿O hacia Magvel? Tellius es grande, eso sí te lo aviso…

El animal le respondió con un gemido grave y gutural. Y acto seguido volvió a darle lo suyo a la rama.

-¿Tú crees? En Tellius puede que haya más curro, es más grande…

El wyvern la miró de reojo, sin soltar su preciada rama, cada vez más astillada y destrozada. Gimió de nuevo, y añadió un escueto bufido.

-Mmm… quizás sí, a lo mejor habría que empezar por Magvel… y de ahí tiramos a Tellius…

Logi acabó de partir lo que quedaba de la rama con una fuerte presa de su mandíbula. Se sacudió las astillas de la boca con la ayuda de las garras de las alas, y se aposentó sobre la hierba, soltando un bufido lento y plácido.

-¿Qué? ¿Puede descansar ya en paz esa pobre rama? –le inquirió a su montura, quién le contestó con un ronquido desganado.

Pero al cabo de apenas unos minutos, el animal se puso en pie, y empezó a gruñir, con la boca medio abierta, lista para abalanzarse sobre cualquier cosa que se moviese. De entre la espesura, apareció una misteriosa figura.

-¿Es el empleador? –Ante el aviso del aldeano, Hrist ordenó al wyvern que no atacase. –¡Logi, no!

La enorme mole de escamas y músculo marrón retrocedió y dejó de gruñir, pero no por ello dejó de escanear con la mirada al misterioso individuo que había aparecido, las pupilas destelleándole contínuamente. Una mujer, ataviada en una bonita túnica azul con elaborados bordados, con unos faldones que le dejaban al aire íntegramente ambas piernas (¿sería eso práctico a la hora de echar a correr o saltar?). Llevaba una espada al cinto, y una larga coleta de color verde le colgaba detrás de la cabeza.

-Ha sido una estancia muy tranquila, sí. –
Afirmó, fijándose mejor en la que era la responsable del anuncio donde se pedía a alguien con una montura capaz de llevar a dos personas y algo de equipaje. –Oh, no, no hace falta, cosas más raras he visto…

Confusa, intentó devolverle la reverencia, pese a que todo lo relativo a las reverencias, genuflexiones e inclinaciones varias era como un jeroglífico escrito en idioma emergido para ella.

-No se preocupe, se portará bien. –le comentó refiriéndose al wyvern. -¿No saludas a la jefa, Logi?

El wyvern emitió un suave gruñido, sin dejar de olisquearla a distancia.

Realmente, cuando el explicaron el porqué de tanto secretismo, no se extrañó del resto de precauciones que le hicieron tomar. Siendo sinceros, había tenido recibimientos y primeros contactos muchísimo más extraños con otros clientes.

-¿Y bien? ¿Qué hay de esos detalles a concretar? –preguntó la mercenaria, con curiosidad. –Soy toda oídos. –añadió, con una sonrisa conciliadora.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Dom Abr 01, 2018 8:55 pm

Las figura de aquellas bestias, más aun teniéndola enfrente mostrando los dientes y lista para el ataque, siempre le provocaban un sudor frio en la espalda. Le remitían a las historias contadas en las fogatas, a los 8 heroes y aquellas historias incluso más viejas, historias que enlazaban por sangre a los wyverns y los dragones...

Si tan fieras criaturas eran lo wyverns siendo menores en tamaño y poder... Aquello que habían enfrentado Hanon y el resto habría sido locura para cualquiera que no fuera un heroe como ellos. Las palabras de aquel bardo, hablando sobre la posibilidad de dragones bondadosos estaba guardada en su corazón pero... Si aun aquellas monturas eran tan complicadas de domar y controlar... ¿Que esperar, pues, de los poderosos monstruos de leyenda?

-Me alegra oirlo- le dedicó una sonrisa escueta al escuchar que había recibido un buen trato. Pese a que confiaba y creía en la gente de Caelin... Aquello de tener gente actuando en su nombre ¡Que su nombre tuviera poder alguno siquiera! Era algo que aún le producía cierta incertidumbre.

Si la extraña armadura no le delataba, sin duda aquella extraña reverencia le terminaba delatar a la mujer como una extranjera, una de esos extranjeros lejanos, no de los cercanos ¡Que encima una mujer controlando aquella bestia! Habiase cruzado brevemente con una jinete de un país desconocido una vez en las llanuras, pero aun siendo la segunda vez que lo presenciaba, el no ver a un hombre fornido como una roca controlando aquellas bestias era sin duda una visión extraña.

Una guerrera hecha y derecha debía ser aquella mujer para tener tal dominio de aquel monstruo.

El comentario de la muchacha le hizo alejar completamente su mano de la empuñadura. -Lo siento, es una vieja costumbre demasiado aferrada a mi mano- se disculpo con una sonrisa amarga, levantando su palma al frente y mirando a los ojos de la montura -No pretendo daño alguno, descendiente de dragones-

No les tenia miedo per se pero si respeto. Contrario a los dragones eran existencias que estaban al alcance de su espada. Claros y fieros guerreros, pero mortales como ella; lo había comprobado por propia experiencia.

-Pues bien, el trabajo es simple y directo: iremos a saquear- señaló el castillo en ruinas en la distancia que asomaba aun entre las copas de los arboles -el antiguo Castillo Caelin.- levantó la bolsa en su otra mano como para acentuar la verdad tras su palabras. -Entrar, tomar lo que podamos e irnos.-
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Lun Abr 02, 2018 2:57 pm

-Ah, no hay nada que disculpar –Hrist se apresuró a quitar hierro al asunto. -, es normal que la gente se ponga en guardia ante un wyvern desconocido. Lo mismo podía ser un wyvern silvestre sin jinete que lo apacigüe.

No la culpaba en absoluto. Encontrarse de cara con un wyvern en un bosque no solía ser plato de gusto. A menos que estuviese adiestrado y el jinete le ordenase no atacar (o cesar un ataque ya iniciado). Pero mucho se temía que pocos eran los que se preocupaban de que su wyvern no cazase a inocentes extraviados en la espesura…

Al ver cómo la empleadora se dirigía de forma tan respetuosa a su montura, la mercenaria no pudo evitar quedar impresionada. Definitivamente, esa chica empezaba con buen pie. Incluso Logi parecía estar de acuerdo.  Miró a la joven con atención, aún examinando su olor. Casi inmóvil, ladeó un poco la cabeza para mirarla mejor. O para escucharla mejor. O ambas cosas, ya puestos. Finalmente, soltó un sosegado bufido.

Todo pintaba de maravilla. Iba sobre ruedas. Entonces entraron en los detalles.

-Saquear.

Sus ojos iban del saco al castillo de Caelin, y de éste al saco. Así unas cuantas veces. Ningún músculo se movió en el rostro de la jinete de wyvern, cuya sonrisa neutral y cordial se congeló durante unos instantes. Poca expresión facial y mucho esfuerzo mental para contener el maremoto de flashbacks que le azotaba sin piedad la memoria.

Flashbacks a la rocambolesca huida que, semanas atrás, había protagonizado junto al risueño y peculiar Sindri, éste último cargado con un zurrón lleno de libros que había “rescatado” de dicho lugar. Flashbacks a los escalofríos que le recorrían la espinada, los sudores fríos, los cosquilleos en el pecho, y la presión en el estómago, que la hacían sentir como una niña haciendo fechorías. Flashbacks a las miradas hacia atrás, temiendo que emergidos en pegaso los persiguiesen en su huida y que una lluvia de flechas los dejase con más agujeros que un colador.

Flashbacks a una vocecita interior, muy escondida en su interior, que gritaba “¡OTRA! ¡OTRA!”. Y otra vocecita, esta vez sospechosamente similar a la del muchacho de pelambrera violeta, que le susurraba con tono socarrón “¿No quería usted caldo, señorita Hrist? ¡Pues tome dos tazas! Auhuhuhu~”. Otra voz, esta vez sí, la suya, emitía gritos desgarrados a pleno pulmón en su interior, con una cacofonía de ecos que rebotaban y rebotaban hasta lo más profundo de su ser.

-Claro, sin problema. –Repuso con una amable sonrisa, ignorando griterío de manicomio en que se había convertido el interior de su mente en esos momentos. -¿Le parece si nos ponemos en marcha? –Ahogó mentalmente el “Auhuhuhu~” que se abría paso entre el caos de su alma.

Se acercó a Logi, y tras rascarle un poco el cuello, se aseguró de nuevo de que la silla de montar estaba bien preparada.

-¿Prefiere ir a pie? –preguntó a la Jefa, consciente de la impresión que le debía causar estar cerca de un wyvern que, hasta hacía escasos segundos, le había estado gruñendo con la boca entreabierta. –Yendo en wyvern llegaremos antes. –le comentó distraídamente. –Pero si le dan apuro las alturas podemos volar bajo, no hay necesidad de volar entre las nubes si eso le desagrada.

Mientras esperaba respuesta de la jefa, Logi se desperezó con parsimonia. Primero un ala, después la otra. Se veía venir que tocaba hacer ejercicio. O quizás también había tenido flashbacks a la anterior aventura junto a Don Bibliotecario Con Estilo.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Lun Abr 02, 2018 7:49 pm

-Saquear- confirmó, asintiendo una vez con fuerza en acompañamiento. Era un plan directo, no tenia Lyndis una sagacidad tal para hacer algo más complejo que eso. Su obra maestra en planes consistía, al fin y al cabo, en ocultarse en un arbusto y esperar el momento justo para saltar sobre el enemigo y clavarle su espada.

Podía variar el tiempo de espera o la forma en que clavara su espada pero jamás se desviaba mucho de aquello.

-Perfecto, cuanto antes partamos mejor. Desconozco cuanto tiempo nos llevará en el interior y preferiría alejarnos lo más posible del pueblo antes que el cielo termine de clarear- No quería sumar más rumores de lo posible a aquello, lo ultimo que deseaba era alterar a los aldeanos o generas rumores o expectativas que no podría asegurar de cumplir.

-Si es por elegir, debo confesar que preferiria ir a pie- respondió con una sonrisa amarga. Pese a que sus limitadas experiencias en vuelo habían sido cuanto menos seguras, el que ni ella ni la montura en la que estaba tuvieran los pies en la tierra no le agradaban en nada. Si ya el navegar le resultaba inquietante, volar pues... -Pero me temo que mi preferencia poco importa hoy-

Lo que importaba era Caelin y el futuro que podría asegurar con aquella incursión.

Volvió a señalar el castillo -Quizás no se nota mucho a esta hora del día y a esta distancia, pero el castillo se encuentra con las puertas derrumabas. La antigua ciudadela esta en ruinas y atravesarla a pie puede llevar varias horas antes de siquiera llegar al fuerte. Una vez allí, solo el viento o un pajaro puede entrar al castillo en su estado actual...-

Alternó su mirada entre la mercenaria y el wyvern y sonrió complicemente -O un wyvern, claro-

[color=cadetblue]-Podremos aprovechar aun más la luz del sol si vamos directamente volando, más aun teniendo que a fin  de cuentas depender de Logi para ingresar al castillo... Pero aceptaré su oferta de volar bajo, si no es mucha molestia.-[/olor] comenzó en tono firme, el cual fue en descenso junto a su mirada al ir terminando. Desde el cielo, el suelo estaba muy por fuera del rango de su espada...

Dicho esto, se aseguró de tener todo bien amarrado y guardado, enroscando el saco vacío en la faja que hacia las veces de cinto de su túnica, y esperó las indicaciones de la muchacha para montar. Su experiencias en vuelo anteriores incluian pegasos, cuya forma hacían bastante claro para un jinete de caballos como ella como funcionaba el asunto, y... tomada por las garras de un wyvern.

Una experiencia nada ideal, más aun en vistas de lo que le esperaba...
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Mar Abr 03, 2018 6:56 pm

Según admitió la Jefa, prefería ir a pie que a lomos de un wyvern. Pero debía de ser mucho lo que se jugaba si, pese a ello, estaba dispuesta a ceder con tal de llegar cuanto antes al pobre castillo de Caelin, que aguardaba ser saqueado por una jinete de wyvern y lo que parecía una espadachina, a altas horas de la madrugada y con alevosía.

-Lo que prefiera usted. –repuso Hrist. Tampoco quería agobiarla a subirse en una montura que a lo mejor la ponía nerviosa. –No es molestia, en absoluto.

Dio un par de suaves toques en el cuello de Logi, que la miró con atención, esperando instrucciones.

-¿Has oído, Logi? La Jefa montará también sobre ti. –Comentó al wyvern como si nada, como si el animal tuviese una agenda bajo el ala donde apuntar las instrucciones triviales que su jinete le iba puntualizando. –Y volaremos bajito, ¿eh? –añadió distraídamente mientras acababa de preparar la silla de montar.

Así que el castillo tenía las puertas derrumbadas, y la antigua ciudadela estaba en ruinas… Interesante. Todo lo contrario a la Gran Biblioteca de Ilia, donde había hecho falta un meticuloso plan ideado por alguien con información privilegiada sobre el lugar debido a su anterior ocupación. Habían tenido que colarse (bueno, Sindri había tenido que colarse) por una ventana de una de sus altas torres, y por ahí mismo había aparecido el joven ex trabajador del sitio para huir pitando de allí. ¿Se repetiría la escena en el castillo?

-Bien, todo listo. –murmuró, tras subirse a la silla de montar. –Deme la mano, la ayudaré a subir. –dijo mientras extendía la mano hacia la Jefa, una vez vio que ésta lo tenía todo bien preparado y sujeto.

Subir a un caballo debía de ser una cosa (que Hrist desconocía por completo… no sabía ni lo que era subir a lomos de una mula), pero estaba segura que no tenía nada que ver con subirse a la espalda de un lagarto enorme con alas y con un temperamento explosivo.

En cuanto la Jefa estuvo acomodada tras Hrist, ésta indicó al wyvern que alzase al vuelo. Logi cogió carrerilla brevemente, y con un par de aleteos se alzó del suelo. En cuanto se estabilizó en el aire, la mercenaria le hizo perder algo de altura para ajustarse a lo que pedía la joven con túnica.

-Primero hay que coger un poco de altura para asegurarse de que coge bien las corrientes de aire. –Le explicó a la Jefa, por si se pensaba que se había olvidado de volar bajo. –Una vez lo consigue, es cuando se puede bajar más o menos.

Sobrevolaron el camino que conducía hacia el castillo de Caelin, que bajo la penumbra de la madrugada parecía más bien un castillo encantado. Aunque si había emergidos pululando por allí y alguien lo descubría, muy seguramente se ganaría tal fama en menos que ruge un wyvern. Se imaginó los ojos rojos de los emergidos, brillantes en la oscuridad como una vela, y le dieron escalofríos. Jolines, de noche todo daba más miedo. De día había estado en un poblado arrasado por los emergidos, y había sido capaz de echarse una siesta para reponerse de las heridas causadas por la escaramuza con unos bandidos. Pero ¿de noche? Iba a ser que no, prefería arriesgarse a dormirse a lomos de Logi o a que algún mentecato intentase asaltarla en plena noche en el bosque. Menos mal que en cuanto entrasen en el castillo, ya no vería si era de día o de noche…

Al cabo de unos cuantos minutos, se vislumbraba la entrada al castillo, derrumbada, tal como la Jefa había explicado. Tras pasar por encima, sólo quedaba que le indicase qué camino seguir en la ciudadela.

-¿Y bien? ¿Por dónde hay que seguir? –
quiso saber, una vez estaban ya encima de aquél lugar en ruinas y que amenazaba desmoronarse si se lo miraba con demasiada intensidad.
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Dom Abr 15, 2018 6:26 pm

Lyndis respiró aliviada al ver como la jinete le daba las indicaciones a la bestia. No se acobardaría si acaso debían volar alto por algun motivo (desconocía si acaso como las aves la criatura tenía la necesidad de montar alto en el viento intentando acercarse al Padre Cielo), eran ambos la única alternativa que tenía para aquel asunto y cuanto más prontamente lo encarara mejor.

Dio un pequeño paso precavido hacia la bestia, continuado de otro y otro más, repitiendo el proceso hasta quedar junto a ella. Logi era, al fin y al cabo, una de estas criaturas que había visto más veces sobre su cabeza intentando cazarle que dócil esperando a que se subiera. Rozo, sea levamente, con sus yemas la empuñadura de su espada un par de veces solo para apaciguar su inquieto corazón.

Confiaba en que no sería atacada pero... No había llegado a su edad sin de tanto en tanto pecar de precavida y desconfiada. Incluso había pensado, ni bien conocerla, que Luz podía ser una joven trabajando con bandidos buscando que se adentraran en su parroquia y atraparles...

Solo recordarlo le dibujaba una sonrisa, dada la personalidad tan peculiar e inofensiva de la muchacha era impensado para ella ahora algo similar.

Ajustó su espada y pertenencias en su cinto y aceptó la mano ajena para montar. Rapidamente descubrió, una vez su trasero firme sobre la bestia, que en nada se comparaba a montar un caballo.

Suponía ya aquella revelación, sea cuanto menos por el medio en que se movían (no por la espalda de la Madre Tierra sino por los vientos de Hanon, o quien sea que moviera los vientos por Lycia), pero la sobrecarga de sensaciones en su cuerpo le hacían comprenderlo en forma más física, una forma mucho más adepta a ella. Era una montura mucho más dura y afilada, ya podía sentir las escamas clavarse en el costado de sus piernas incluso a pesar de la silla de montar. Si acaso se movían como los corceles en la tierra, esperaba que aquellas molestias no se transformarían en punzantes heridas que debería de tratar al volver.

Comprendía ahora un poco más la, a su parecer, pesada ropa que portaba la otra guerrera.

Nada igual le preparó a la extraña sensación de la criatura al despegar. Su movimiento en la tierra previo al vuelo era errático, para nada suave o grasil como el de un caballo o un pegaso, seguido de la conocida sensación en su estomago ni bien sintió a la criatura dejar los confines de la Madre Tierra.

Había olvidado aquella por demás aterradora experiencia que era volar, y pronto recordó en su propio cuerpo porque continuaba evitandola pese a experimentarla en varias ocasiones. Sentirla en carne propia sin duda ayudaba a revivir más claramente los recuerdos.

Sus brazos en algun punto se asieron de la cintura de la mercenaria y, pese a que se sentía un poco avergonzada por aquella reacción inconsciente, no tenía planes de cesarla. -¡Lo dejo en tus manos!- le respondió elevando la voz por miedo a que sus palabras fueran ahogadas por el viento. De por sí su destino estaba entregado en manos de la muchacha de nombre desconocido desde el momento en que había subido al lagarto.

¡Cierto! Aun no conocía el nombre de la mercenaria.

-¿Nombre? O puedo llamarle "Ama de Logi", si lo prefiere- bromeó, tratando de acercar su boca al oído ajeno para que le escuchase bien.

Su mirada iba perdida en el paisaje, mirar al cielo le daba incertidumbre por lo cerca que estaba de él, y mirar al suelo le daba conciencia de lo lejos que estaba de este otro. La espalda de la jinete se encontraba en un punto muerto por lo que su vista terminaba deambulando por allí mientras recuperaba la compostura. Aunque ni bien ver clara la ciudadela de Caelin...

Su corazón se paró, y su vista no pudo separarse de esta. Desde esa altura, su mente no podía evitar compararla con los mapas que tenía su abuelo de ella, su acotada imaginación intentaba rellenar los huecos y reconstruirla en su cúspide antes de la invasión emergida.

El no poder conocer aquella Caelin en donde sus padres se conocieron y por la que deambularon era una de las cosas que más lamentaba. Aquel lugar de recuerdos e historias que jamás conocería era ahora un nido de alimañas tanto bestiales como humanas...

Las palabras de la guerrera le sacaron de su estupor, alzando la vista y encontrandose como al alcance de su mano al imponente y fantasmal castillo que antes su familia llamaba hogar.

-La torre trasera, la de la izquierda, en la parte superior- indicó rápidamente y señalando con su mano, unico momento en que una de ellas se alejó de la cintura ajena. Intentado limitarse a una explicación acotada dada la situación.

Las dos torres frontales conectaban al castillo por el mismo pasillo de las puertas de entrada, por lo que había grandes posibilidades de estar bloqueadas. De las dos traseras una estaba medio derrumabada; había también un pequeño patio en la parte trasera pero el porte de la bestia hacía que no cupiera o tuviera suficiente espacio para despegar luego.

La trampilla en aquella torre trasera aun en pie era el único lugar salvo una ventana por el cual entrar, encontrar la vía correcta de entrada les había llevado muchas horas de estudio de los planes del castillo.

Spoiler:

http://www.perroviajante.com/wp-content/uploads/2012/04/es_manzanareselreal_torre_del_castillo.jpg

onda este tipo de torres, con la parte superior plana y una trampilla que lleva al interior del lugar
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Mar Abr 17, 2018 11:19 am

-Me llamo Hrist. –Aclaró de buen humor. –Pero “Ama de Logi” también suena bien… ¿A que sí, pitufo? –repuso, dando unos golpecitos afectuosos en el robusto cuello del animal. -¿Cómo quiere la llame a usted? ¿O ya le gusta cómo suena “Jefa”? –insinuó con media risa en los labios.

El wyvern respondió con un profundo y distraído gemido, dado que estaba más concentrado en no salirse de las corrientes de aire para poder mantener la altura de vuelo que la mercenaria le indicaba. Poco después, tras atravesar la ciudadela en ruinas, la chica con espada y túnica le indicó hacia dónde había que dirigirse.

-Torre trasera, a la izquierda… parte superior… -murmuró en voz baja, para recordar las instrucciones.

El lugar indicado por la joven de cabellos verdes resultó ser una torre que, pese a estar en un estado de obvio abandono, aún parecía mínimamente fiable a la hora de transitar alrededor de ésta o sus aledaños. De estructura cilíndrica, con una balconada con almenas algo desmejoradas y alguna que otra aspillera poblada de telarañas, parecía observar en silencio el siniestro paisaje que la rodeaba. Bajo la penumbra de la madrugada, la rugosa y austera piedra que conformaba los muros de la construcción parecía dibujar terroríficas muecas de rostros imaginarios. El hecho de que faltase algún trozo de piedra por ahí y por allá no ayudaba en absoluto.
Hrist tuvo que contener un respingo un par de veces, pues una ambigua sombra entre los merlones de la torre, a medida que se acercaban con Logi, le parecieron siluetas humanas moviéndose con el perfil bajo. “Que no cunda el pánico”, se dijo a sí misma para tranquilizarse. “Si fuesen emergidos les habrían delatado los ojos”, pensó al intentar racionalizar sus miedos. Claro, los ojos de los emergidos refulgían con un brillo sobrenatural e inhumano, lo iban a tener difícil para que no les descubriesen a oscuras si no cerraban los ojos. Se le ocurrió también que Sindri, el ex bibliotecario, probablemente apreciaría mejor la belleza y las características de tal lugar en plena oscuridad. A lo mejor incluso le parecía un lugar acogedor donde leer sus libros rescatados a la crepitante luz de una hoguera improvisada. “Ahuhuhu~” volvió a resonar en su mente, pero lo despachó rápidamente con una sacudida mental de cabeza.

-Parece que de momento no tenemos compañía… -comentó retóricamente, sin darse cuenta de que hablaba en voz audible para la Jefa. –Vale, vamos Logi. –Entonces se dirigió a la pasajera que, en aquellos momentos, la agarraba firmemente de la cintura para no caerse. –Agárrese bien, Logi se erguirá un poco. Notará que se escurre de la silla, pero si sigue agarrada a mí no se irá hacia abajo.

Y es que una cosa era ir sentado en la silla del jinete, diseñada para tener libertad de movimientos sin escurrirse de la espalda del animal cuál melena sedosa en la espalda de una bella bailarina, y otra muy distinta era ir en el “asiento del acompañante”, que carecía de estribos en los que apoyar los pies.

El wyvern hizo amago de adelantar las patas traseras para asirse bien a las almenas, y así distribuir bien el peso para aterrizar en la parte superior de la torre. Con un hábil saltito, dio con su cuerpo en el centro de la parte superior de la torre, donde había una trampilla que parecía susurrarles “abridme, abridme…” Al final, la mercenaria y la empleadora pudieron desmontar.

-Sí, apóyese en mi silla y pase poco a poco la pierna por encima para bajar… -le indicó Hrist mientras la ayudaba a bajar, vigilando que no se hiciese ningún rascón en las piernas desprotegidas si rozaba las escamas de Logi.

La wyvern rider dejó unos instantes a la joven con espada examinar el lugar donde habían aterrizado, momento que aprovechó para echar un vistazo a lo que se veía a través de las almenas. Estaba oscuro, muy oscuro. Pero no veía ni rastro de ojos emergidos. O bien estaban lejos… o bien estaban durmiendo plácidamente en el interior del castillo. Aunque no estaba tan segura de ello, no sabía si los emergidos dormían o no. Ni si soñaban, en caso de que llegasen a dormir. A lo mejor dormían con los ojos abiertos pero éstos no brillaban en la oscuridad mientras “dormían”…

-Bueno, usted dirá. –Añadió mientras acababa de dedicar unos últimos segundos de atención al paisaje antes de volver a mirar a la Jefa. -¿Entramos por la trampilla? ¿Por alguna puerta cercana?
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Sáb Abr 21, 2018 8:24 pm

Soltó una pequeña risa ante el comentario. -Lyndis esta bien.- respondió casi automáticamente, sorprendiendose de lo propio que había tomado aquel nombre. No que alguna vez no lo fuera, pero las epocas de "Lyn" parecían lentamente comenzar a quedar atrás.

-Dificil tener compañia tan alto en el cielo, imagino que en general solo los pajaros son sus compañeros de viaje- comentó, cada segundo un poco menos nerviosa de estar a tal distancia del suelo. La clave estaba en no pensar mucho en ello y dejarse llevar, y con diestro conductor y leal montura sin duda se podía llegar a un estado de tranquilidad con mucha más facilidad.

Su opinión, desgraciadamente, dio un giro completo cuando la bestia comenzó a descender. Sentía a su cuerpo casi como en caída, sin nada que le soporte y por ende aferró con más fuerza su agarre a la cintura de la mercenaria. Montar el viento, aun si fuera un sueño compartido con todo nómada que veneraba a Hanon, era algo por demás aterrador, algo para criaturas elegidas y heroes de leyenda, no para un nómada promedio.

Y era en momentos asé era que se sentía nuevamente como solo una nómada, rogando ver el sol salir un nuevo día y no la piedra impactarse contra su cara al caer. Aunque acotada, su imaginación parecía poder recrear la imagen de una muerte cruenta y aplastante muy claramente...

No despreció la ayuda de Hrist al bajar, su cuerpo tenso y brazos adoloridos por aquel ultimo tramo. Nunca sintió más alivio por sentir piedra bajo sus pies como aquel

¡El suelo! ¡Al fin!

Aun aquella piedra tan artificialmente formada por humanos intentando huir del viento le sentaba como la brisa de primavera sobre heridas frescas tras una batalla. Era un éxtasis y tranquilidad tal que tuvo que cerrar los ojos y darse unos segundos para recuperar el viento de su pecho.

-Por la trampilla- respondió a la inquietud ajena, sonriendo un poco avergonzada al recordar que no estaba sola. Una parte de ella albergaba un poco de temor que al mostrar duda, indecisión, aquel heredero de los dragones de antaño decidiera cambiar su opinión sobre su presencia. Los predadores sienten el miedo y aquellas garras y dientes no eran los de un conejo. Disimuladamente observó a Logi, y tras asegurarse que todo seguía en orden por fin terminó de recomponerse.

-En caso de estar atascada podemos intentar una ventana pero...- dejó aquel pensamiento en el aire. No quería ni pensar en como accederían por allí de necesitarlo. Soga no tenía por lo que... ¿Saltar desde el wyvern y tratar de asir la ventana?

Su estomago se le revolvía de solo imaginarlo...

Llevo su mano al pequeño bolso que tenia en su cinto y sacó una llave de hierro un tanto oxidada para luego dirigirse a la trampilla. Soltó una plegaria al viento, suave y sutil, y giró la llave conteniendo su aliento...

Con un "click" la puerta se destrabó, abriendo la pesada y chirriante puerta de madera. La oscuridad le dio la bienvenida junto a un olor a humedad, piedra y encierro, aquellos olores que parecían permear todas las construcciones de piedra (a su parecer al menos) pero esta vez con una intensidad tal que carecía de palabra para expresarlo.

Si acaso los edificios podían morir, aquel llevaba ya mucho tiempo circulando el largo camino.

-Si deseas quedarte fuera con Logi lo entenderé, aunque agradecería tu ayuda en el interior- ofreció sinceramente a la muchacha, su expresión comprensiva para con ella. El contrato a grandes rasgos solo cubría el transporte, era ya a juicio del mercenario si ir un poco más allá del deber o no.

Agradecería plenamente tener un hombro amigo con el que contar en la travesía por los pasadizos de roca, no lo negaría, pero tampoco es que fuera la primera vez en adentrarse sola en lo desconocido. Una cierta nostalgia por antaño le invadió ante aquella idea, un poco de la nómada en ella rascaba las paredes de su corazón con deseos de salir a la luz ante la idea de recibir una negativa de la jinete.


Última edición por Lyndis el Miér Jun 06, 2018 7:14 pm, editado 1 vez
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Miér Abr 25, 2018 5:55 pm

-Sí, los viajes por el cielo suelen ser solitarios. –Admitió Hrist. –Encontrarse con otro jinete de wyvern o caballero de pegaso suele ser mala señal en la mayoría de los casos… -Añadió, oteando la lejanía empequeñeciendo un poco los ojos. –Suelen ser bandidos o emergidos.

Excepto en Daein, donde había conocido a la joven Jill, una jinete de wyvern al servicio del ejército, el resto de ocasiones en que había visto un wyvern con jinete había acabado usando su hacha larga para defenderse, siempre que huir no fuese una opción factible. Y lo miso para los caballeros de pegaso. Por Grima, aún recordaba el sinfín de caballeros de pegaso que las acosaron a Jill y a ella allí, en los bosques nevados de Daein…

Cuando Logi se encaró para aterrizar en la torre, notó cómo Lyndis, la Jefa, se agarraba con fuerza a su cintura para no resbalar y precipitarse al vacío. A juzgar por lo tensa que la notaba, seguramente no se estaría llevando buen recuerdo de su primer viaje en wyvern… Tras ayudarla a bajar, la joven de cabellos verdes inspeccionó el suelo, hasta que finalmente le confirmó por dónde iban a entrar en el castillo. Por una trampilla, al parecer. Lyndis había venido preparada con una llave, que abrió dicha trampilla sin problemas, cosa que atestiguó el breve crujido de la madera al forzar el giro de las bisagras. Un revoltijo de olores, a cerrado, a humedad, y a poca ventilación, floreció tras la apertura de la trampilla. El wyvern debió de notar dicha fragancia clásica, propia de edificios abandonados o en ruinas, puesto que sacudió el morro inmediatamente y giró la cabeza hacia la balconada, dando varios soplidos cortos y suaves, en un intento de desalojar de sus fosas nasales aquellos olores.

-Oh, ningún problema, bajo contigo entonces. –Se giró hacia Logi y llamó su atención con unos golpecitos suaves en uno de sus muslos cubiertos de escamas. –Logi, bajo con Lyndis por la trampilla. Te quedas solo un ratito, ¿eh? Pórtate bien…

El animal se giró hacia ella y protestó con un gemido grave, seguramente recordando ese “no tardaré mucho” de cuando Hrist se acercó al Templo a Grima y se convirtió en unas cuantas horas gracias a una conversación sobre dragones y wyverns con una chica descalza y con una bonita diadema. Hrist se lo olía.

-Sí, sí, ya lo sé… -le replicó la jinete de wyvern. –Tampoco es que podamos desvalijar nosotras dos solas todo el castillo, así que no te preocupes, no me voy a pasar todo el día ahí dentro… -repuso, viéndose venir esa mirada de “eso decís los humanos” cada vez que tenía que dejarlo “un rato”. –Además, ya te he dicho que te quedas solo un ratito, no que vaya a volver enseguida.

Diantres, estos wyverns… cuánto más crecían, más listos se volvían. Igualitos que los humanos. Logi la miró enfurruñado a su manera, sobre todo teniendo en cuenta que los wyverns no tenían la gama de expresiones faciales que podían tener los mamíferos como los perros o los gatos, o los mismísimos humanos.

-Veeeenga… no me seas asín… -le reprochó con cariño mientras le rascaba la garganta. –Que yo bien que no me quejo cuando te pegas esas señoras siestas después de comer…

El wyvern pareció quedarse más tranquilo. Con el ego apaciguado, lo dejó con la mandíbula apoyada en una de las almenas, bostezando con pereza, y con la cola rodeando completamente el interior de la torre donde estaban ella y la Jefa.

-Listo, te sigo. –informó la mercenaria, sin separarse de su hacha larga.

Si el castillo estaba abandonado, no la necesitaría. Tampoco era que el hacha larga fuese el arma más adecuada para pelear a pie, pero sin Logi a su lado, se sentía desnuda del todo si no llevaba algo con que defenderse (o por lo menos, hacer amago de ello).
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Re: [Campaña de liberación] Fantasmas en la colina [Privado Hrist]

Mensaje por Lyndis el Miér Jun 06, 2018 7:56 pm

Se quedó maravillada mirando el intercambio entre la jinete y su montura ¡Parecía cosa de cuentos! El verle conversar como si nada con aquella bestia salida de las historias más cruentas del continente era descabellado. ¡Y no solo le hablaba sino le respondía!

Aquella demostración le terminó de confirmar que los jiventes wyvern eran existencias especiales, una cosa para la que debía de nacerse no formarse ¿Como acaso mantener la compostura y confianza con criaturas de tal porte? ¿Como reducir a tal salvajes bestia de tal manera?

Tenía muchas dudas y preguntas, pero más aun una verdad: era algo que ella jamás podría hacer. Agradecía la presencia de Logi como un compañero confiable a servicios de Hrist pero dudaba que sus palabras pudieran tener tal peso y sus oido stan afinados como para comprender y guiar al wyvern con la soltura que la joven mercenaria hacía.

Cuando la muchacha volteó para comenzar la marcha fue que notó que se había quedado observando casi boquiabierta, expectante e interesada en toda la situación. Rápidamente apartó la mirada, acomodandose el pelo sobre su frente con una mano en un intento camuflar el leve sonrojo de sus mejillas al ser atrapada.

Sentía que había visto una pizca de un mundo ajeno a ella que no debía de ver, uno muy interesante y curioso.

-En marcha- enunció enfatizandolo con un movimiento de cabeza y adentrandose en las profundidades a paso firme y cauteloso.

La oscuridad se asió de ella casi al instante, envolviendo su cuerpo casi al completo salvo por la tenue luz que se colaba a sus espaldas. Se tomó un suspiro corto, una vez sus ojos se adecuaron a la luz, y pudo al fin encontrar la forma en la pared que estaba buscando: una antorcha.

Media consumida y un poco mojada al tacto pero acercándola a su nariz pudo sentir aun un lejano aroma a brea entre aquel menjunje de olores que impregnaban todo a su alrededor.

-Tenemela unos instantes y...- entregandosela a Hrist, tanteó por yesca y pedernal en su pequeña bolsa y a los pocos segundos la luz de la antorcha brindaba una tenua luz anaranjada que alejaba un poco a las sombras que plagaban la angosta escalera en espiral.

Su llama era pequeña y débil, soltando pequeños chispasos cada tanto y despidiendo un humo nauseabundo que jamás había olido en su vida. Si debía compararlo diría que era como un bandido mojado con extras especias y aceite, pero jamás se atrevería a decir algo tan tonto en voz alta.

-Diria que es una mejora pero...- asió la antorcha al frente, iluminando claramente su amarga sonrisa unos instantes y continuó la bajada.

El descenso fue lento y cauteloso, la oscuridad de tanto en tanto siendo espantada no solo por la antorcha sino por alguna ocasional ventana. A la tercera el piso al fin perdió su verticalidad y se encontraron frente a lo que años atrás fue una puerta de madera; hoy día era un pedazo de madera que colgaba solo de las bisagras y que nada podía hacer ya para impedir el paso de nadie.

Tras encender una segunda antorcha junto al umbral(un poco en mejor estado que la primera, pero tampoco que fuera un logro muy complicado) y extenderla a su compañera, se adentró conteniendo la respiración. Ante ellas estaba ahora un largo y alto pasillo que se extendía a ambos lados. Helado, desolado...

Y humedo. El olor allí era ya en un nivel inaguantable y asfixiante.

-Ugh... No te culpare si decides cambiar de opinión en este punto... Yo misma lo ando considerando- comentó para espantar sus nevios pero provocandole  una tos fuerte al aspirar una bocada de aquel nauseabundo aroma de golpe.
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