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[Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

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[Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Laslow el Mar Mar 20, 2018 1:18 pm

Por muy seria y reservada que fuera la cultura nohria, sobre todo en comparación con otras como la de Ylisse, muy de vez en cuando sucedían acontecimientos que invitaban a la celebración y el desahogo de sus habitantes. Puede que fuera la llegada de una caravana comercial a algún poblado alejado de los grandes puntos de mercado. Tal vez el regreso de un hijo tras el conflicto llevara a que toda su familia y allegados rompieran barriles de cerveza y vino para festejar el regreso de quien se fue niño pero ahora era hombre. O el nacimiento de un nuevo primogénito en una familia que comenzaba a extenderse por los hijos delos ahora abuelos hacía que estos sacaran de sus despensas botellas a rebosar y longanizas de carne curada listas para ser devoradas hasta que saliera el sol.

Lo que estaba claro, de una forma u otra, era que estas fiestas se habían incrementado desde que Nohr se había librado de los emergidos.

A los mismísimos pies de Krakenburg, en la ciudad que rodeaba al castillo, una fiesta se había desatado en una de numerosas tabernas del lugar. Músicos tocaban sus instrumentos con toda la fuerza que sus cuerpos se lo permitían, hombres y mujeres bebían a grandes tragos por igual ya fuera por placer o por ser capaces de ver quien aguantaba mejor el alcohol. Y los meseros se movían con velocidad y precisión para dar abasto al constante pedido de bebida y comida que todos los allí presentes pedían. Pero no había presión en su mirada ni nerviosismo ante el volumen de trabajo, sino alegría y excitación, el sentimiento que compartían con quienes allí se encontraban. Aquel momento era un canto a la vida, una celebración de que las cosas iban bien en el reino oscuro.

Por eso mismo, ver a Laslow sentado con seriedad y en soledad en la barra era una imagen extraña.

Él y sus hombres habían llegado a la capital pocas horas atrás, y a sabiendas de que no habría descanso para ellos una vez entraran en los muros de Krakenburg el peligrís les había permitido tomarse el resto de la jornada libre para asearse, relajarse y disfrutar del trabajo bien hecho. Al día siguiente entrarían en el castillo y su misión habría terminado de forma oficial, lo que les pondría en espera de nuevas órdenes a todos ellos… ¿Pero aquella noche? Aquella noche sus hombres brindarían por los caídos y se emborracharían por seguir con vida.

Pero no era esa la intención del guardia real. Él había decidido prepararse lo mejor que había podido para visitar uno de sus locales favoritos para buscar, como no, el corazón de una dama al que honrar y enamorar… Pero se había encontrado con un problema. Uno que no tenía solución obvia y que podría significar otra noche de fracaso y soledad.

Sus caprichosos ojos habían decidido fijarse en no una, sino dos doncellas. Ambas de largo cabello azabache, aunque una de ellas lo llevara suelto hasta su cintura y la otra lo luciera en una preciosa trenza que colgaba por encima de su hombro. Ambas vestían con comodidad y ambas se movían con la belleza de una pluma dejándose llevar por el viento… Pero su mayor atracción era el mayor problema de Laslow. Eran gemelas, y sería imposible cortejar a una sin hacer daño a la otra, y herir el alma de una dama era un crimen que jamás podría perdonarse si sucedía. No, el mercenario sabía bien que necesitaba ayuda para salir airoso de su noble misión y llenar así de luz el corazón de ambas.

Pero, como siempre pasaba, se encontraba allí solo, y a no ser que Naga ofreciera su luz y bendición en su dirección, la cosa seguiría igual por el resto de la noche.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Mar Mar 20, 2018 4:30 pm

Había pasado bastante tiempo desde que Eugeo se enroló en la causa del príncipe Marth, suficiente como para encontrar las claras diferencias de aquél trabajo con respecto a su anterior modo de vida. Ser soldado daba estabilidad económica y residencial, además de un considerable prestigio en función del rango que portaba. Mas había cosas que la labor militar no podía satisfacer, como podía ser el realizar viajes personales de considerable distancia y duración. La travesía ya era de por sí alentadora, sumado al conjunto de actividades subyacentes a la misma hacía de la experiencia una mena de la que extraer vivencias y recuerdos que contar a la vuelta. Una de ellas era especialmente atractiva para el joven caucásico: pernoctar en una taberna al azar, sin importar el aspecto de la fachada o de lo amenazador de sus matones a la entrada. Se diera como se diera la noche, siempre acababa conociendo gente nueva con sus vidas, problemas, pasiones, objetivos, sueños e historias personales. Todos tenían algo que ofrecer en el corto periodo de tiempo en el que coincidían: desde charlas amistosas hasta peleas en la barra, pasando por un sin fin de resultados intermedios: discusiones, debates, juegos de mesa, trueques, incluso... incluso a veces... Esa era una de esas noches en las que Eugeo podía conseguir algo más que una borrachera y un intercambio de palabras. El país oscuro de Norh, cuya publicidad no era nada favorable de puertas para afuera, también tenía joyas ocultas en su interior. La ciudad capital, aledaña al castillo de Krakenburg -único motivo de su visita y lugar donde se citaría con Leon a la mañana siguiente-, desprendía jovialidad y alegría a su manera. Lo encontró normal viniendo de un país liberado de emergidos como lo era Altea, incluso necesario para cualquier nación que, después de meses asediada, veía la amenaza expulsada de su teritorio.

Eugeo no desaprovecharía la oportunidad de probar aquello que ofrecieran en la posada una vez había dispuesto sus pertenencias en la habitación que utilizaría para pasar la noche. La sed y el hambre atacaban después del duro viaje por unas tierras igual de inhóspitas que desconocidas. Comparado con las blancas llanuras de su tierra natal o la pureza de Altea, Norh era un lugar de aire viciado y extremo calor debido a los volcanes y nubes de ceniza. Mas no era momento de maldecir las desventuras del camino, si no de disfrutar de la hospitalidad de los taberneros y recuperar las fuerzas con algo que llevarse a la boca. El ambiente en el gran salón era especialmente distendido, con agradable música y enérgica celebración, mantenía al aforo tan ocupado que no se sintió en ningún momento observado o fuera de lugar. No siempre era así, pues su color de pelo, ojos e incluso tonalidad de la piel resultaba ser llamativa en determinados lugares. Era oriundo de Silesse, la gélida tierra al norte de Jugdral, cuyas condiciones climáticas -entre otros factores- daban a sus habitantes una etnia muy característica.

Una vez pasada la hora de la cena, Eugeo permanecería más tiempo apostado en la barra, probando todos y cada uno de los brebajes Norhinos mientras contemplaba el devenir de la fiesta. Las bebidas, cuya graduación alcohólica se le antojaba notablemente más alta a la que acostumbraba, mantenían su cuerpo caliente y su mente distraída con los músicos y coristas. Al menos fue así hasta que una fuerza mayor magnetizó su mirada en otra dirección, una atracción demasiado poderosa como para que pudiera soportarla. Donde había diversión había personas; y donde había personas, féminas, algunas con una juventud y atractivo que podían arrancar el aliento del más templado caballero. Para más inri, no una si no dos. Aparte de sutiles diferencias en sus vestidos y peinados, las dos lucían como dos indistinguibles gotas de agua, dos perlas negras de perfección inmedible que hipnotizaron al oriundo de Jugdral. Un inevitable, breve pero intenso intercambio de miradas se produjo cuando ellas pasaron por el lado del -futuro- héroe de Altea en busca de la comodidad de una mesa libre. Una de las doncellas no pudo evitar ofrecer una tímida sonrisa durante el contacto visual, percatándose de que los dorados cabellos del joven, al igual que sus ojos esmeralda y su vestimenta de tonalidades azules no eran usuales en aquél lugar.

Eugeo consiguió rehacerse del absorto encuentro, exhaló un -casi- silencioso suspiro de capricho y llevó a su boca otro trago de hidromiel. Si ya una le parecía avasalladora, las dos despampanantes presencias se le antojaban demasiado intimidantes como para tomar la iniciativa. Se conformaría con contemplar su belleza en conjunción con el canto y la melodía del ambiente. O quizá un golpe del destino le haría un gran favor aquella noche.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Laslow el Mar Mar 20, 2018 9:10 pm

El espadachín había pedido un té para beber y había sido negado por falta de inventario. Luego había pedido una sidra y esta había llegado frente a él poco más tarde de pedirla, no más de dos minutos de espera. Pero ese tiempo era el que había necesitado el peligrís para localizar a todas y cada una de las damiselas del lugar, y en ese tiempo habían tropezado sus ojos con las dos hermanas, idénticas como gotas de agua salvo por su peinado y accesorios, que se encontraban en busca de una mesa donde sentarse, ardua tarea en una taberna tan atiborrada como aquella. Los ojos de ellas se habían movido por todo el local en busca de un espacio libre, y el peligrís podría jurar que una de ellas se le había quedado mirando durante un corto espacio de tiempo y había sonreído mientras lo hacía. Pero había pasado demasiado rápido, no podía estar seguro de ello el mercenario.

Y aunque lo estuviera, y tuviera en sus manos la certeza total de que una de ellas había mostrado interés en él, seguía existiendo el problema de la hermana.

“Podría intentar hablar con alguien para que me ayude y cuide de una de ellas…” La mano de Laslow se movió por si sola hasta su jarra, sintiendo pocos segundos después el refrescante sabor de la manzana prensada en su garganta. “No, demasiado arriesgado. ¿Y si resulta que le pido un favor a un indecoroso canalla? No me lo podría perdonar.” Las hermanas habían desaparecido ya de su vista, en pos de encontrar de una manera u otra un lugar donde reposar sus cuerpos y apoyar aquello que desearan tomar durante la noche. ¿Habrían encontrado compañía junto a la mesa? Solo podía hacer conjeturas el espadachín, aunque prefería continuar pensando en cómo iba a acercarse hasta ellas sin herir los sentimientos de una al cortejar a la otra. “¿Y si lo intento con ambas?... No, demasiado complicado. Si una es ya de por sí difícil, dos será imposible.” El protector del príncipe negó con la cabeza mientras dejaba la jarra de madera a su lado, en una barra cerca de volcar a causa del elevado número de recipientes que la gente estaba dejando apoyados allí. Pero la seguridad del trozo de madera no era lo que preocupaba al peligrís, sino la posibilidad de que, una noche más, la oportunidad de llenar el corazón de una dama con dulces palabras parecía escaparse entre sus dedos.

“Espera… ¿Es una de ellas?” Justo cuando todo parecía perdido, sus ojos captaron la figura de una de las hermanas moverse entre la gente. ¿A dónde iba? No lo sabía, pero aquella podía ser la señal que Naga le estaba enviando para que interviniera en favor de la joven, ayudándola en aquello que necesitara y obteniendo así su favor y…

-Estáis demasiado solo como para ser una noche tan festiva, ¿no creéis?- Una voz de timbre musical sonó cerca del oído de Laslow, lo suficiente como para que este se sorprendiera levemente y girara con rapidez el rostro hacia el origen del sonido. A su lado se encontraba la otra de las hermanas, con sus brazos en la espalda y un brillo de diversión en los ojos. La cercanía de la fémina había tornado las mejillas del peligrís ligeramente de rojo, pero no lo suficiente como para que fuera excesivamente llamativo ni engorroso. -Así es. Pero cuando uno es abandonado por sus amigos solamente puede sonreír y esperar a encontrarse por el camino.- Acompañando a las palabras de la fémina, el mercenario dejó que una tranquila curvatura ascendente apareciera en sus labios. -Mi nombre es Laslow. Es un placer conoceros…- Una de las manos del espadachín ofreció un hueco vacío a su vera para que la doncella tomara asiento, pero este gesto fue totalmente ignorado.

-Lua. Y soy esa persona a quien esperabais encontraros.- El brillo de sus ojos, la felicidad de su voz, el olor que su cuerpo emitía… Laslow no sabía muy bien que era, pero había algo mágico en la dama con quien conversaba. -Mi hermana ha decidido buscar compañía extra aparte de la mía, y no es mi intención ver como ella disfruta de ella y yo quedo relegada a un lado. ¿Querríais ser mi compañero y salvador durante esta noche?- Había algo en la forma en la que Lua había dicho aquellas palabras que hacía el rubor mantenerse en las mejillas del mercenario. Pero poco le importaba a él un detalle sin importancia como ese. Lo que importaba es que una dama necesitaba de su ayuda, y él no podía ni quería negarse a ofrecerla.

-Lady Lua, nada me agradaría ni me honraría mas.- Levantándose de su asiento con un rápido movimiento, Laslow tomó con una mano su jarrra de sidra, y pasó el brazo contrario alrededor del que la mujer de pelo azabache le ofrecía, comenzando a caminar al mismo ritmo hacia un destino desconocido para el guardia real, muy probablemente la mesa que las dos damas habían encontrado para ellas… Pero en ese feliz momento, el peligrís no podía pensar en lo afortunado que estaba siendo ni en la posibilidad de que, por una vez, una noche terminara con sus planes cumplidos.

Lo único en lo que el mercenario podía pensar era en quien sería la persona a la que la otra hermana iba a pedir compañía para la noche.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Miér Mar 21, 2018 5:07 pm

El caballero alteano no tardaría en desistir en su interés, el cual podía volverse insano si seguía ojeando de tanto en cuanto a las dos hermanas desde la lejana barra. Maldijo su suerte en su fuero interno, culpando al travieso demonio del azar por haberle hecho coincidir de tal forma con aquellas dos mujeres. La atracción a primera vista y de difícil correspondencia no podía ser obra de su deidad Forseti a fin de cuentas, pues éste no vería divertimento en traer ese tipo de sentimientos a sus creyentes. Hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para conseguir desviar su foco de atención hacia el centro del escenario, lugar en el que multitud de parejas se citaban para compartir un intenso baile. Ah, sí, parejas; parecía que iban a estar recordándoselo durante toda la noche, aunque el encontrar alguien a quien acompañar al escenario no hubiera sido su objetivo en ningún momento. Con la aparición de los dos ángeles, su subconsciente había decidido cambiar las prioridades de forma caprichosa, provocando en Eugeo una tentadora adicción a las hormonas que desprendía cada vez que su mirada se enfocara al concreto lugar en el que las jovencitas se habían asentado. Se sentía igual que la adrenalina en pleno combate, pero no había droga que acelerara mas el corazón que aquella que se producía en los momentos de atracción y deseo. Incapaz de soportar la abstinencia, se vio tentado a observar de reojo una vez más: La mesa estaba vacía, pero sin duda había pertenencias sobre ésta. “¿Quizá habían encontrado a alguien con quien bailar? ¿O estuvieron acompañadas en todo momento?” Divagó en su cabeza, asumiendo el irremediable desenlace que auguraba aquella ausencia, terminando de una sentada el “culín” de bebida que quedaba en su jarra.

Su enagenación circunstancial estaba empezando a ser incómoda para Eugeo, tanto por el sutil estado de embriaguez como el flechazo que había recibido con las chicas. Estaba a punto de levantarse, con intención de abandonar el lugar, cuando una armoniosa pero inesperada voz sonó muy cerca suya.

- Hola... Usted no es de por aquí, ¿Verdad? - Los ojos verdosos del soldado alteano se tornaron aguamarina por la luz ambiental cuando éstos se abrieron de asombro. Un intenso calor en sus mejillas incendió su rostro y su mandíbula se desencajó sutilmente por el suceso inesperado. No podía creer que aquella que le regaló tan gentil sonrisa hace unos instantes volvería exclusivamente en su busca. Una explosión de deleite invadió tres de sus cinco sentidos en aquél acercamiento;su presencia era dulce y sutil, pero intensa. Si su atractivo había sido suficiente para abrumar al chico, escuchar su armoniosa voz y la elegante fragancia de melón consiguió ponerle los pelos de punta en el mejor de los sentidos. - hm... - Carraspeó su voz con delicadeza para reordenar sus ideas, antes de que éstas se exteriorizaran en forma de un nervioso tartamudeo. - Así es, señorita. Tenéis una percepción envidiable. - Respondió, algo inquieto, mas demostrando convicción y amabilidad en una amplia sonrisa. No había mayor error que mostrarse inseguro delante de una dama, es por eso que no arruinaría aquella oportunidad que se le había otorgado de forma tan patética. - Me llamo Eugeo, es un placer conoceros. - Añadió después, gesticulando una breve reverencia con la cabeza. La chica se mostraba algo vergonzosa, se le escapó una risita nerviosa cuando llegó su momento para presentarse. Balanceaba sutilmente su cuerpo al cambiar su peso de una pierna a otra; con las manos juntas y pegadas a la altura del ombligo, sus brazos recorrían ambos lados de su torso y hacían que su busto quedara más compacto. - Me llamo Rue... - Dejaría que ella afrontara su mudez transitoria con un semblante conciliador y respetuoso, ofreciendo una pregunta que fuera fácil de responder – Que nombre más bonito. Rue, dime: ¿Qué podría hacer este extranjero para compensar su bondadosa compañía? - Expresó con naturalidad y sin intenciones deshonestas en sus palabras. - El caso es que... Mi hermana ha ido a buscar un acompañante, y me da apuro quedarme sola en tan incómoda situación. He supuesto que no tenéis a nadie conocido aquí, y he visto conveniente que ambos complementáramos nuestra soledad esta noche. ¿Podríais hacerme ese favor? - El corazón amenazaba con salirse del pecho, pero Eugeo combatiría la excitación con mayor naturalidad y optimismo.

- Lady Rue, sería imposible rechazar su propuesta. - Respondió enérgico pero elegante, abandonando su asiento con tranquilidad. La aliviada sonrisa de la doncella lo enamoraría más si esa posibilidad tuviera cabida acaso, el joven rubio correspondió su inocente gesto de inmediato y de forma similar. Eugeo se dejó tomar de la mano para que ella lo guiara hasta la mesa en la que estaban, pasando con relativa dificultad entre el gentío que abarrotaba la taberna, finalmente tomando asiento a su vera y dejando el otro lado libre para la otra pareja que estaba por venir. Una figura similar a Rue ya estaba acercándose, acompañado de un joven de pelo cenizo y presencia tan elegante como la suya.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Laslow el Jue Mar 22, 2018 3:08 pm

El caminar tan cerca de la dama permitía al peligrís percibir las diferentes capas de olor que su perfume emitía, y todas ellas podían resumirse en que Lua compartía olor con las noches de cielo estrellado y lluvia reciente. Un fresco aroma a tranquilidad la envolvía, pero también poseía trazos de misticismo e invitaba al ensueño y la curiosidad. De fondo podía captar también el aroma a madera mojada, sudor y fuego que la posada poseía, y ninguno de ellos chocaba con los de la doncella. Al contrario, al envolvían como una manta y convertían su propia fragancia en una aún más irreal, otorgándola un aura de pertenecer a otro mundo, de estar en una realidad diferente a la de todos los allí presentes.

Puede que algunos consideraran fijarse en el olor de una dama descortés, por utilizar palabras suaves. Pero para Laslow cada una de las mujeres del mundo tenía un aroma único, y este merecía ser percibido y adorado.

-Vos no pertenecéis a esta tierra, ¿verdad?- La cantarina voz de Lua devolvió al peligris al plano terrenal, girando a causa de ello la cabeza el espadachín para poder contemplar el rostro de la damisela en toda su gloria y belleza. -¿Por qué creéis tal cosa?- Un tinte de curiosidad apareció en el rostro del joven mercenario, aunque por dentro se acababa de levantar un minúsculo deje de preocupación. Si ella había averiguado que no era de Nohr con verle durante unos pocos segundos, ¿a cuantas personas no habría engañado durante los años que habían pasado desde su llegada al reino oscuro? -Vuestros ojos.- Un giño divierto escapó fugaz de sus párpados, y el corazón del guardia real se saltó un latido por ello. -Los ojos de los nohrios son duros, aburridos y sin ilusión alguna en ellos.- La mirada de la dama de pelo azabache se desvió haca sus alrededores, como si quisiera estar completamente segura de sus palabras una última vez antes de pronunciarlas, como si buscara a un habitante del reino oscuro de mirada encendida que hiciera su afirmación una mentira. -Pero los que vos tenéis… Vos poseéis ilusión en vuestros ojos. Tenéis un brillo especial y único. Por eso me fije en vos.- Un nuevo guiño por parte de la mujer, un nuevo latido perdido y unas mejillas rojas como un tomate en su perfecto punto de recogida fueron las reacciones al gesto de la dama. Por su parte, Laslow solo pudo apartar la mirada de forma educada y toser ligeramente, esperando que el rubor desapareciera de su rostro antes de que su gesto pareciera descortés y no un intento de ocultar el brote de vergüenza por el que acababa de pasar.

-Oh. Mirad, mi hermana encontró ya a su acompañante.- La voz de Lua obligó al peligrís a mirar una vez más al frente, pudiendo ver así a la otra mitad de la hermosa dama que la acompañaba… Y a su lado, aparte de dos asientos vacíos reservados para la pareja que se acercaba a la mesa, se encontraba un joven de buen aspecto y elegante figura, el cual destacaba por sus cabellos dorados y ojos azules en un lugar repleto de tonos castaños y marrones por doquier. -Siento haberte hecho esperar, pero me costó más de lo esperado encontrarle.- Las hermanas compartieron una sonrisa antes de acercarse entre ellas y comenzar a hablar en susurros, lejos de los oídos de los dos varones que ocupaban la mesa. “A saber de qué hablan…” Las conversaciones secretas entre mujeres siempre había sido algo que había escapado de la mente del mercenario, y muy probablemente continuara siendo así durante bastante tiempo. Pero ese no era tiempo para plantearse por sus diálogos privados, sino para entregarlas todo el amor que en sus corazones entraran y más… O más bien, el que entrara en el de Lua.

-Supongo que sois el compañero de la hermana de Lua.- Cambiando la dirección de su mirada, Laslow pasó a fijarse en el joven rubio ya sentado, sentándose en el lado libre que este tenía y dejando el último para la dama que le había invitado a ser su pareja. -Mi nombre es Laslow, un placer conoceros…- El guardia real extendió su mano hacia el acompañante de la segunda damisela, mas no tuvo tiempo de hacer comentario alguno extra antes de que su acompañante tomara finalmente asiento, quedando así los cuatro en su sitio en una curiosa combinación de personas y personalidades.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Jue Mar 22, 2018 6:40 pm

- Oh, mira, ahí está mi hermana con su pareja. - Anunció Rue, orientando su mirada en la dirección pertinente y levantándose del asiento con una grácil sonrisa en su rostro cuando el rencuentro entre hermanas era inminente. Negó con la cabeza cuando Lua se disculpó por la tardanza. - No pasa nada, nosotros acabamos de llegar. - El caballero de Altea dudó si era apropiado levantarse o esperar en su sitio, mas recibió una rápida respuesta en cuanto el acompañante de la hermana de Rue se acomodaba en el taburete, dejando a ambas mujeres un margen de espacio para que pudieran hablar en privado.

Los susurros y complicidad entre ambas le daban a Eugeo unas pinceladas del panorama al que se estaba enfrentando sin necesidad de conocer las palabras exactas que se estaban intercambiando. Y es que cuanto más lo pensaba, más claro tenía que era uno de los escenarios más bizarros en los que había tomado parte, era difícil para él no considerarlo un reto. Si conocer a dos personas indistinguibles era suficientemente insólito, que acabara compartiendo mesa con ambas en compañía de otro varón como si se tratara de un encuentro entre conocidos torcía aún más la balanza hacia el lado de lo extravagante. Al menos tendría la oportunidad de presentarse mínimamente con él, pues de su colaboración dependía si eran cómplices o víctimas del devenir de la velada. Eugeo tenía la sensación de que la paridad de las dos gemelas era inmutable a todos los efectos, el significado de aquél prejuicio era que ambas o ninguna acabaría triunfando aquella noche, y de forma análoga pasaba con ellos si querían intimar con las mellizas. Ambos debían compartir sus bazas y complementarlas para acabar en buenos términos con las chicas. Aquello lo mantenía intranquilo en sus adentros, no por desconfianza en la otra persona, si no por recordar el contexto que envolvía su saludo. - Eugeo, igualmente. - Respondió conciso, estrechando la mano con la misma brevedad, pues ambas féminas ya se disponían a ocupar sus asientos.

Sea como fuere, no había opción de retirada, ni voluntad de abandonar llegados hasta ese punto. Eugeo mantendría sus expectativas a una altura asumible, tomando como objetivo inicial el conocer más a las otras tres personas antes de apuntar a logros más altos. Si obviaba el atractivo de las gemelas y se centraba en pasar un buen rato con todos ellos, estaba seguro que podía ofrecer la mejor versión de si mismo y corresponder a su acompañante. - Eugeo, esta es mi hermana Lua. - Rue fue la primera en tomar la palabra, rápida e inesperadamente para el alteano teniendo en cuenta la timidez que había mostrado en un inicio. Aquello implicaba que ellas si habían acordado algún modo de coordinarse, lo que les daba ventaja en ese sentido, mas no suponía nada negativo para los compañeros forzados a cooperar. Reforzando su compostura, Eugeo miró a la compañera de Laslow para seguir la conversación. - Encantado de conoceros. Como ya ha dicho Rue, mi nombre es Eugeo. Comerciante y aficionado de la esgrima. - Se presentó con naturalidad, mas no dando información sobre su verdadera profesión ni al país al que servía. Consciente de que sus manos lo delatarían en el uso de las armas aún cuando no la tenía en esos momentos, cubrió sus espaldas y se decoró al mismo tiempo, presentando su habilidad con la espada como el resultado de una actividad lúdica. Irónicamente, esa podría haber sido su profesión real, pues de no haberse marchado de Silesse habría heredado el negocio de su padre.

- Oh, qué interesante. Decid, ¿Habéis viajado desde muy lejos para llegar hasta Norh? - Preguntó entonces la hermana de Rue, demostrando una característica personalidad en muy pocas palabras. Claramente más lanzada que su gemela, aportando un interesante contraste que daría juego durante la conversación. - Me agrada que lo preguntéis, Lady Lua. Provengo de un país llamado Silesse. Mucho más al norte de Regna Ferox, en el confín del mundo. - Intentó que su explicación fuera lo más objetiva posible, mas no por ello no dejaría de aderezarla. - No se si habéis oído hablar de ella, permitid que os cuente lo más característico de esas tierras: Es un lugar tan frío que jamás deja de nevar, una generosa capa blanca cubre siempre sus valles. La gelidez es tal que las rosas que crecen en sus llanuras son irremediablemente azules. - Añadiría finalmente, con un tono que invitaba a pensar que estaba bromeando en su última afirmación. La exhalación de asombro de la inocente Rue tuvo el contraste del resoplido de la gemela por contener la risa. - Pfff ¡No me lo creo! ¡Estáis mintiendo! - Acusó amigablemente a Eugeo, seguido de una audible carcajada. - Jajaja, touché. No he podido evitar maquillar mi historia, mas creedme cuando digo que el frío que hace en mi tierra natal podría quitarle el color a cualquiera. - Confesó, llevándose la mano derecha a su cabeza para rascar su nuca con un deje de culpabilidad, consiguiendo de igual modo arrancarle una sonrisa a la dulce Rue.

- Pero dejemos eso para otro momento, me gustaría saber más sobre vosotros. - Concluyó su distendida presentación con una gentil sonrisa, esperando que otro tomara el turno de palabra.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Laslow el Sáb Mar 24, 2018 11:58 am

Finalmente se encontraron los cuatro sentados, y con ello todo dejo de existir más allá de la mesa en la que se encontraban. ¿El sonido de la música y el baile? Un ruido de fondo que no llegaba a alcanzar la profundidad de su pensamiento. ¿El olor a madera quemada, bebida y comida? Vagos aromas distantes, nada de lo que uno pudiera ni debiera preocuparse. ¿La constante presencia de otros seres humanos en los alrededores? Algo imperceptible e inexistente en lo que se refería a la concentración del guardia real. Todo lo que le importaba estaba en esa mesa, y más específicamente, sentado a su lado… Y aunque tal afirmación podría dar malentendidos si alguien miraba al joven presentado como Eugeo, la realidad era referida a Lua. Ella sería el foco de sus atenciones durante la noche.

¿Y quién sabe? Si el rubio resultaba no ser un buen tipo, tal vez podría intentar enamorar al corazón de Rue.

Pero la presentación a todos del mercader y, como él mismo dijo, aficionado a la esgrima, dejó bien claro que se trataba de una buena persona. Había algo en su voz que indicaba tal cosa, una forma de expresares que difícilmente podía encontrarse en quienes buscaban oscuros fines no solo en lugares como una taberna, sino también en general. “¿Silisse uh? Suena interesante.” Laslow había dejado ambos brazos sobre la mesa, permitiendo a estos reposar sin dificultad mientras sus oídos escuchaban la historia que contaba el extranjero, aunque sus ojos danzaban entre los tres presentes en aquella mesa: La lanzada y animada Lua, la reservada y adorable Rue y el desconocido pero interesante Eugeo. -Quizás deberíais dejar las monedas y dedicaros a la pluma. Si no fuera por vuestro tono final me habría creído vuestra historia.- Aun siendo menso llamativa que la de la mitad de las hermanas, el peligrís dejó escapar su propia risa de forma ligera y tranquila, permitiendo a su mente soñar por unos segundos con la posibilidad de escuchar a Lua reír durante el resto de los días de su vida.

-Creo que la cortesía dicta que sea yo quien se presente.- Una sonrisa gentil apareció en el rostro del mercenario, quien estiró su espalda hasta el punto de que solamente sus manso tocaran la madera de la mesa. -Mi nombre es Laslow, y aunque suene difícil de creer soy uno de los guardias del castillo real.- Los ojos de Lua se abrieron ante la sorpresa, mientras que Rue reaccionó llevándose ambas manos a la boca y dejando escapar algo de aire entre sus labios. -Algo me dice que vos también mentís, pero ya no estoy tan segura.- El gesto de sorpresa había pasado a ser una ceja levantada, aunque una expresión pícara había surgido en sus labios. -Sé que la imagen que ofrezco es más bien la de un poeta, pero siento decir que tal cosa no es real… Aunque no esperéis escuchar grandes historias por mi parte. Solamente soy un guardia más entre los muros de palacio. Lo único que conozco son aburridos cotilleos de nobleza- Por muy distendido que fuera el ambiente, y por mucho que pudiera impresionar a las gemelas su cargo real, sabía bien el protector del príncipe heredero que revelar su verdadero rango podría llegar a traer problemas, especialmente con alguien extranjero en las cercanías.

-Pero dejemos de hablar de nosotros. Decidnos, ¿Cuál es vuestra historia?- Las mejillas de Rue se sonrojaron levemente, mientras que Lua dejó escapar una corta, pero adorable, risa nerviosa. Puede que para la vista ambas fueran tan parecidas como estrellas en el firmamento nocturno, pero cuando se las conocía lo suficiente se convertían en el día y la noche. -Bueno, por muy extraño que suene… Somos... Artesanas.- Aquella reacción de la más abierta de las gemelas sorprendió a Laslow en gran medida. ¿A que venía tanta vergüenza en admitir a lo que se dedicaban para mantenerse con vida? -…artistas.- La respuesta de la más tímida de las dos dejó clara la situación, una lo suficientemente clara para el bailarín como para reír levemente.

-¡No es algo de lo que debáis reíros!- El reproche de Rue no tuvo maldad en sus palabras, sino un pequeño miedo a que fuera visto como algo ridículo aquello a lo que se dedicaba. -Lo siento. Es solo la sorpresa del veros reaccionar de tal forma.- Una leve inclinación de cabeza fue lanzada como disculpa, y una sonrisa agradable fue lanzada por la dama para entender que todo estaba en orden. -¿Y a que os dedicáis dentro del gran mundo del arte?- Una nueva mirada cómplice apareció entre las hermanas, seguida de más risas nerviosas. Aquello que hicieran para ganarse el pan, definitivamente, era algo lo suficientemente hermoso como para que las costara admitirlo.

O al menos, así lo veía Laslow desde su situación: Otro artista con problemas para admitir que lo era.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Sáb Mar 24, 2018 2:01 pm

Entonces, Laslow fue quien tomó el relevo de la conversación, cuya presentación también sprprendió al resto de participantes de la mesa. Eugeo amplió los ojos tal y como hizo Lua, mas su perplejidad trascendió en una divertida sonrisa al poco tiempo. Le resultaba una graciosa coincidencia que ambos poseyeran un cargo similar en países distintos, un soldado real de Norh frente a un caballero real alteano. Quien sabe, quizá también era de la confianza del príncipe heredero al que servía. Mas no haría preguntas que ahondaran más en aquel tema, ya que él ni siquiera había mostrado sus cartas. - Poeta, huh... - Divagó después, reconociendo en su fuero interno que sus prendas eran bastante bohemias viniendo de un soldado real, mas no por ello despertarían la suspicacia del rubio. - No hay razón para tanta modestia, Laslow, seguro que tiene grandes historias a sus espaldas. - Corrigió con amabilidad, dando por supuesto que no sólo había corrido aventuras en el castillo, y menos con la situación actual del mundo. - Pero tenéis razón, yo también deseo saber a que se dedican Rue y Lua. - Añadió, evitando que su anterior comentario pudiera entenderse como que estaba pidiendo alguna anécdota al peligrís.

Por fin, había llegado el momento de conocer más sobre las dos bellas gemelas, teniendo un motivo de peso para posar la mirada en ellas, pudiendo así disfrutar de su maravillosa presencia. Lo que llegó justo después no fue comprendido del todo por Eugeo. Entre la timidez de ambas, Lua se pronunció diciendo que eran artesanas, pero Rue la corregiría afirmando que eran artistas, bueno, en realidad sólo fue una palabra lo que dijo. Antes de que pudiera hacerse una idea de que fomentaba tanto secretismo, la intensidad de la conversación había ascendido súbitamente. Aunque sus personalidades seguían intactas, sus papeles parecían haberse invertido en cuanto a los asuntos profesionales, viendo a Lua algo insegura sobre su modo de vida frente a la tímida pero orgullosa aclaración de Rue. Sea como fuere, Eugeo había quedado un poco al margen de la discusión debido a su silencio, y quiso dar su opinión al respecto. - Artesanas... artistas... Las dos cosas pueden ser lo mismo si se ven desde la perspectiva adecuada. - Afirmó tranquilo y conciliador, tratando de normalizar la situación y espantar la inseguridad de Lua.

- Ayudamos a nuestro padre... - Dijo Lua, esperando a que su hermana complementara sus palabras. - Tallamos madera, hacemos cerámica... Incluso orfebrería, cuando tenemos los materiales... - Podrían tener un taller de artesanía en la ciudad, pero por su excesiva timidez era más probable que fueran vendedoras ambulantes con el dinero justo para hacer vida de villa en villa mientras preparaban sus productos entre los viajes. De un modo u otro, Eugeo no encontraba razones para estar avergonzado de su trabajo, pues había otros de mayor sacrificio y mucho peor valorados. No dijo nada en primera instancia, pero giró su cabeza a la derecha para ver a Rue, que se sentaba a su lado, y le ofreció una sincera y conciliadora sonrisa. Mostró orgullo por lo que hacían, quería que las dos se sintieran del mismo modo con las obras que creaban. - No debe ser nada simple, ¿Verdad? Dar forma a la madera y a la arcilla, como hacerlo con la tinta de las palabras o la pintura, todas son plasmar ideas, sobre distintos materiales. Todas embellecen, entretienen e inspiran a su manera, por lo que a mi respecta teneis un talento envidiable. - Sentenció sonriente, consiguiendo complacer a ambas damas por igual, aunque Rue quedó enmudecida completamente, colmada de gratitud como de sonrojo.

Antes de que pudiera aportar una palabra más, un alegre sonido había inundado por completo la taberna. En un relevo de músicos y cantantes, los que sustituían a los anteriores decidieron comenzar a tocar acordes mayores en un tempo igual de jovial que sus notas musicales, dando paso de un ambiente distendido a otro más divertido y desenfrenado. Quizá era una estrategia de los dueños del local para promover un mayor consumo y ejercicio, haciendo que sus ganancias se multiplicaran con la llegada de la noche cerrada. - ¡Anda! - Con una amplia sonrisa, Eugeo vio conveniente seguir el ritmo de la música, levantándose rápida pero cuidadosamente del asiento, tomando del mismo modo la mano de la vergonzosa Rue como instancia a que le siguiera hasta la zona de baile. - ¿Vamos? Todo el mundo se está levantando para bailar, y esta música no es para menos. - Indicó, con relativa veracidad pues, aunque no todos, una gran parte de la gente había seguido el fiestero cambio de ritmo.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Laslow el Sáb Mar 24, 2018 2:45 pm

El peligrís asintió de forma silenciosa a las palabras de Eugeo, dándole toda la razón en su comentario sin tener que expresar ni una sola palabra para ello. ¿Y era acaso necesario usar las palabras? Cuando lo expresado era lo suficientemente preciso y necesario, todo lo que se dijera de más sería solamente un innecesario añadido, un gasto de saliva que podría ser utilizado más  tarde para decir cosas realmente importantes, como resaltar la belleza de las damas de pelo azabache, alabaras sus dulces voces o, en general, expresar cualquier cosa que las pusiera en el divino pedestal del que se habían bajado para encontrarse con ellos dos en aquella festiva noche.

Las gemelas se pusieron de nuevo a hablar, usando turnos para expresar con algo más de detalle su profesión. Se dedicaban de forma general a la artesanía, convirtiendo en obras de arte todo aquello sobre lo que pudieran apoyar sus manos y emplear sus dones. Por supuesto, ninguna de las dos utilizo palabras como tales para expresarlo, aunque la imagen formada en la mente de Laslow sí que fue semejante a tal cosa. ¿Cómo iban a realizar obras de calidad normal dos damiselas que personificaban la belleza en diferentes aspectos? -Coincido con Eugeo en eso. Solo por vuestra forma de hablar ya puedo saber que…- “Vuestras obras son tan hermosas como vosotras mismas.” La frase murió en la mente del mercenario, pues algo cortó de forma súbita sus palabras antes de que pudiera terminar de pronunciarlas.

Jolgorio, aplausos y emoción. Los bardos habían cambiado y con ellos la música. La melodía invitaba a la fiesta y a moverse, a celebrar la vida y olvidar las preocupaciones para el amanecer, pues la noche era para no prestarlas atención… Y fue el mercader extranjero quien decidió aprovechar tal cambio para sacar a bailar a Rue antes de que ella pudiera negarse.

Una sonrisa divertida se formó en el rostro del peligrís al ver a la pareja perderse entre la gente, pasando entonces a mirar a su propia acompañante y ver en ella, como debería haber esperado, la misma sonrisa de diversión en su rostro, así como un brillo especial en sus ojos, de emoción y felicidad. -Supongo que no es necesario que os invite, ¿verdad?- El pelo azabache de la mujer a su lado se agitó con un ligero movimiento de su cabeza, como si quisiera espantar con ello al tiempo que deseaba pasar a su alrededor. -No, pero me gustaría escucharos decirlo.- Fue dicho y hecho para el guardia real. Con un suave movimiento, Laslow se apartó de la mesa y extendió su mano hacia la damisela de feliz mirada, una en la que podría perderse por el resto de la eternidad. -Mi señora, ¿me concedéis este baile?- Una nueva risa ligera, la mano de ella sobre la propia y una respuesta susurrada en su oído. -Nada me haría más feliz.-

Situándose ambos en una zona ligeramente libre de la taberna, sus pasos comenzaron a  sincronizarse con la música y entre ellos, provocando una sonrisa en ambos rostros. -Decidme, ¿Cómo es que os da tanta vergüenza pronunciaros sobre vuestro oficio?- Alzando su mano por encima de la cabeza, el peligrís permitió a Lua pasar bajo el mismo con un elegante giro. El mercenario podía notar que no era la más grácil ni elegante ni experimentada de las bailarinas, pero en ella había un fuego semejante a su personalidad, uno que le invitaba seguir junto a  ella por el resto de la noche. -No es el admitirlo… Es el que hay tantos artesanos ahí fuera… No es nada especial, nada que merezca atención de otros.- ¿Era acaso tristeza lo que notaba en la voz ajena? Mientras sentía como las manos de la dama se enroscaban en los huecos de sus dedos, enlazándose ambas manos a la perfección, el bailarín supo que no podía permitir que la ilusión que ella poseía se desvaneciera.

-Bueno… Por como lo ha dicho vuestra hermana, diría que sois más artistas que artesanos. Y si a eso añadimos vuestros ojos… -Una risa divertida e inesperada brotó de la garganta de Lua, quien cambió su postura para poder mirar de frente a su pareja de danza, a alguien que la sonreía con ternura y confianza. -¿Mis ojos? ¿A que os referís?- Había un brillo interesante en su mirar. Era una mezcla de diversión y picardía, uno que parecía indicar que ella sabía hacia donde se dirigía la conversación. -Vos dijisteis que mis ojos están llenos de ilusión, ¿verdad? Pues los vuestros están llenos de magia, de belleza y hermosura… Alguien con ojos como los vuestros solamente puede ser artista.- Como si fuera acción de magia, las mejillas de ambos se tornaron ligeramente rosadas, tanto por el piropo lanzado como por haberlo escuchado.

-¿Pues sabéis que? Me he cansado de los vuestros… Cerradlos.- Laslow alzó una ceja ante tan extraña petición, pero no era quien como para negarse a los deseos de una damisela, bajando sus párpados hasta el punto de que solo había oscuridad a su alrededor.

Y entonces… Sintió los labios de ella contra los suyos.

Era un beso inocente, pero tierno y lleno de agradecimiento. Era inesperado, como encontrarse la primera flor de la primavera, y delicioso como una cuchara de miel. Reconfortante como el agua tras un largo camino y que pedía seguir allí por siempre. Era un beso que, sencillamente, elevó el alma del mercenario hasta los mismísimos cielos, hasta el reino de la divina Naga, y le invitaba a no bajar nunca del mismo.



Última edición por Laslow el Sáb Mar 24, 2018 10:22 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Sáb Mar 24, 2018 6:38 pm

Eugeo no necesitó demasiado para sacar a la alegre Rue a bailar, sólo saber fehacientemente que no estaba importunando a la damisela con su atrevimiento. La joven exhaló con nerviosismo, usando la otra mano para ocultar sus labios y parte de la rojez que asomaban desde sus mejillas, mas se podía entrever que una tímida sonrisa se estaba esbozando al otro lado. Eugeo respetó sus reservas y esperó pacientemente a que finalmente se levantara del asiento, siempre mostrando una gentil sonrisa a la otra parte. Cuando Rue ya estaba dispuesta a seguirle, avanzó entre la multitud, sujetando su mano con firmeza para que no pudieran separarse. Aquél simple acto era suficiente para volver a acelerar el corazón del joven, henchido de emoción por poder compartir un baile con la hermosa pelinegra. Buscó un lugar que no estuviera demasiado alborotado para cumplir dos objetivos importantes. El primero y más importante era el de salvaguardar la timidez de Rue, tratar de que su comodidad fuera buena para que su dicha pudiera ser igualmente plena. En segundo lugar, prefería tener espacio vital para sí mismo, pues su dominio del baile quedaba en entredicho si no se realizaba dentro de salones, en compases de tres por cuatro. El que iban a realizar entonces era más desordenado y entraba en juego un importante factor de improvisación, si aquello funcionaba la técnica quedaba relegada a un segundo plano. Eugeo quería encontrar aquella conexión con ella y así estrechar su relación esporádica. En esencia, tratar de que molestara y fuera molestado lo menos posible, en pos de que la convivencia permitiera a todo el mundo pasar un buen rato.

Cuando Eugeo se detuvo, antes de comenzar la danza, tomó la otra mano de Rue por unos segundos para poder transmitirle tranquilidad y confianza. El rubor ya era de por sí intenso en la pálida piel del caballero de Altea, pero se acrecentó levemente cuando miró a la preciosa mujer a los ojos. - No quiero que esteis en tensión, Rue. No os preocupéis por nada, olvidad todo lo que os rodea Concentraos en mí y en nadie más, yo no voy a juzgaros en nada, así que descuidad y sed vos misma. Además... - Carraspeó al final, algo avergonzado. Quería que ella lo creyera, que no estaba sólo ofreciendo bonitas palabras, y es por eso que quería demostrar cierta inseguridad. La justa, para que ella no se viera abrumada por la situación. - Tampoco se me da bien el baile.. So-solo, intentémoslo, ¿De acuerdo? - Contemplar como aquél gesto llenó la confianza de Rue y le devolvió su ilusionada sonrisa en su mayor exponente quedaría grabado en su recuerdo como un copo de nieve congelado en el tiempo. El momento había tomado una forma única e irremplazable dentro del recuerdo de Eugeo, tan inmutable que sólo la muerte podría arrebatárselo. Él era fan de lo adorable, mas su perdición era la pureza del alma. Una persona que era capaz de asumir sus defectos para brillar más que si no los tuviera, alguien que podía escuchar y valorar la opinión ajena y del mismo modo poder dar consejo a la otra parte, sin necesidad de que las palabras fueran el medio para expresar sus pensamientos. Ay, Rue. Le había regalado al caballero motivos para suspirar por ella por una buena temporada.

Los dos bailarines hicieron su máximo esfuerzo a partir de entonces, con mayor o menor acierto en determinados compases, pero nunca perderían la sonrisa del rostro, de mismo modo, tratarían de perder el contacto visual el menor tiempo posible. Ambos, atraídos por la presencia del otro, se acercaban a un punto inevitable pero que no eran capaces de percibir. Fue el choque repentino de sus cuerpos, debido a una mala coordinación de ambos a la hora de intercambiar las posiciones, el que consiguió llevar a la pareja a un punto de no retorno. Los dos torsos se habían pegado con sutileza tras el tropiezo, lo bastante distantes para que no resultara intrusivo en el movimiento, pero lo suficientemente íntimo, los brazos de ambos descansaron en la espalda del otro mientras bailaban lentamente. Bajaron su ritmo a la mitad, mas su fatiga se había agravado debido a la taquicardia del deseo mutuo. Sin pensarlo, su trayectoria se fue apartando hacia uno de los extremos de la taberna la cual daba a un gran ventanal, salvaguardándose de miradas ajenas para disfrutar de su intimidad lo máximo posible. Eugeo osó desviar la mirada de reojo, contrariado, pues había algo que intentaba brillar más que Rue aquella noche. - La luna está hermosa... - Divagó, casi en un susurro, mirando los ojos azabache una vez más. - Eugeo...

Para cuando el joven quiso meditarlo, sus rostros  ya se habían juntado y sus labios ya habían encontrado el roce con los de su compañera. La intensidad del momento lo sacó de la realidad, abstrayendo sentidos inútiles como la vista y el oído. Su tacto tuvo la necesidad irrefrenable de apegar a la mujer contra su cuerpo, abrazando a la dama gentilmente por la cintura mientras su mano derecha acariciaba parte del cuello y mentón, perdiéndose de vez en cuando en los surcos de su cabello. El delicado olor a melón se había vuelto especialmente intenso, sumado a la fragancia propia que emanaba su ropa y pelo hacía que la sensación fuera refrescante, dulce y embriagadora. La cordura del caballero flaqueaba a cada segundo que pasaba, aumentando la pasión del beso en consecuencia, pasando del roce en contacto y del contacto a un flagrante intercambio de saliva. La aceleración del momento se imponía con cada mordida y roce de lenguas, llevando a ambos amantes a un punto peligrosamente satisfactorio.

Mas cuando el caballero estaba a punto de alzar el vuelo, justo en el instante de mayor intensidad, una fuerza alejó a la irresistible Rue de sus brazos. Tardó varios segundos en reponerse de tamaño revés.
- Menos mal que te encuentro, Rue, se ha acabado el tiempo.
- Pero... ¿Laslow?
- A mi también me duele, pero es lo que hay. Siempre te encaprichas demasiado fácil, venga, tenemos que volver a casa.
- ¿Lua? ¿Ru-Rue?
- Eugeo... Lo siento...
- No me lo tengas en cuenta, Eugeo, no era mi intención. Pero tenemos que irnos. ¡Muchísimas gracias por la velada! Por favor, házselo saber a Laslow, ¿Sí?
- Adios, Eugeo... Muchas gracias... No te olvidaré nunca.

Y antes de que pudiera decir nada, los dos angeles... Tan pronto como aparecieron y lo iluminaron con su belleza, desaparecieron...

- No... Rue... - Tuvo que apoyar sus dos manos sobre sus rodillas, derrotado, para no quedar tendido sobre el suelo. ¿Que había pasado? ¿Por qué le arrebataban la felicidad de forma tan cruel? - Yo te...
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Laslow el Sáb Mar 24, 2018 10:17 pm

Y súbitamente, el tiempo dejó de existir. La música se detuvo en sus oídos y la realidad se convirtió en un pequeño foco de luz en el que solamente entraban él y Lua. Todo lo que había más allá de ambos era inexistente, oscuridad y sombras que se movían mas no merecían atención alguna. Todo su mundo, en ese momento, se encontraba frente a él aunque no pudiera verlo. Sus ojos cerrados no le impedían sentir el dulce olor de la dama de pelo azabache, y el sabor que sus labios le llevaban le confirmaban que aquello no era un sueño y ya, sino que era un sueño convertido en realidad, la bendición que Naga al fin había decidido otorgarle tras años y años de haberse movido bajo la oscuridad que emitían las alas del dragón caído.

Pero por muy real que fuera todo, la idílica situación tenía una cosa en común con un sueño: Debía de terminar.

Sin que pudiera intentarlo, o pensar en ello siquiera, sobre sus ojos cerrados se posó una mano completamente abierta, haciendo imposible ver absolutamente nada en caso de que quisiera. -¿Lua? ¿Qué está pasando?- Laslow dejó escapar su desconcierto en su voz, pues no esperaba para nada aquel gesto por parte de la joven de pelo azabache, mucho menos cuando el inocente beso entre ambos ni se había roto siquiera… Pero esto sucedió, y en sus labios quedó el regusto a miel que solo siente aquel que desea más aun cuando se ha terminado. -Laslow… Mi dulce Laslow… Lo siento mucho, pero debo irme.- El peligrís era incapaz de comprender el tono de voz que ella había empleado, aun habiendo sido capaz de entender enseguida lo que ella quería transmitir con sus palabras. -Pero… Yo… - Una vez más, sus palabras fueron cortadas antes de que pudiera terminar lo que pretendía decir. Un rápido último beso, un último regusto a dulzura y un adiós apresurado en su oído, esa fue toda la despedida que tuvo.

-¿Lua? ¡¿Lua?!- Lo primero que el mercenario hizo al sentir que la mano femenina desaparecía de su rostro fue recuperar la vista y mirar a su alrededor, en pos de encontrar el cabello azabache de su pareja entre la multitud. Pero no estaba allí, no estaba por ningún lado. -Lua, ¿a dónde has ido?- El espadachín agradeció el bajo tono de su voz, pues había en él un tono de desesperación que no pegaba para nada con el festivo ambiente del local… Y fue la festividad a su alrededor lo que hizo encenderse una vela en su interior. “¡Rue! ¡Eugeo!” Si conseguía encontrar a la hermana de Lua, podría pedirla ayuda para localizar a la más viva y despierta de ambas. Y si a ello le sumaba la presencia del mercader, entre los tres tardarían poco tiempo en dar con su paradero.

Laslow necesitó más tiempo del que le hubiera gustado emplear en encontrar al rubio extranjero, pero la imagen que vio le hizo saber que había llegado tarde para algo importante. -Eugeo, ¿estáis bien? ¿Dónde está Rue?- Ver al aficionado a la esgrima en una posición de tanto dolor, aun sin ser capaz de ver su rostro, hizo que el mercenario comprendiera con rapidez lo que acababa de pasar. -No… Decidme que no es cierto…- Los pies del bailarín se tambalearon como los de un borracho más del lugar, y solo cuando su espalda tocó la pared de madera de la taberna se detuvieron estos. -Que hicimos mal… Donde nos equivocamos para perderlas…- Las manos del guardia real se movieron por si mismas hasta su cabeza, apartando el pelo de su rostro mientras su espalda se deslizaba por la pared hasta dejar su posadera en el piso. Sus ojos empezaron a empaparse y su garganta se cerró en un tenso nudo incapaz de ser deshecho.

Si alguien miraba la escena que ambos hombres montaban por la marcha de sus doncellas, podría utilizar tal imagen como definición para “desesperación” y “corazón roto”.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Sáb Mar 24, 2018 11:10 pm

- Te... - ¿De verdad estaba dispuesto a decir la palabra? ¿O era la habladuría de un joven engatusado y parcialmente bebido? No era la primera vez que tenía este tipo de experiencias con otras mujeres ¿Por qué habría de afectarle en aquella ocasión? Un sinfín de preguntas circularon en la mente del espadachín, al igual que los motivos que alejaron a Rue de su vera, de forma tan abrupta e injusta. Eugeo negó con la cabeza, pues injusticia habría sido interponerse a los deseos de las gemelas, tratar de alargar el encuentro que habían dado por acabado. Hablaría de capricho del azar, pues, había voluntad de su compañera de continuar con su aventura pero, aunque no pudieran decirlo, existían motivos de peso que hicieron que se retractaran. ¿Estarían prometidas, acaso? ¿Aquél era su último día de libertad antes de aceptar los votos? Eugeo no podría culparlas de así haber sido, mas por algún motivo, un negativo sentimiento brotaba de su interior, un mal sabor de boca que no podría quitarse en lo que restaba de noche.

Entre lamentaciones y dudas, Laslow terminó apareciendo, con un deje de desesperación similar al del rubio, buscando por todas partes a la compañera del alteano -y por ende a la suya propia-. No tuvo voluntad para responder a su pregunta, solo el de seguir cabizbajo, intentando que su chasco no terminara de derribarlo. Tampoco recuperó la voz en la segunda cuestión, mas se dejó llevar por la flojera de Laslow y también se sentaría en el suelo mientras asimilaba el desengaño. Finalmente, acabaría respondiendo la última pregunta, bueno, más que responder acompañaría al guardia real en su desconcierto. - No lo se... - Realmente no hicieron nada mal, y en parte así lo creía Eugeo, pero no había sitio para autocompadecerse. Había sido una mala jugada del destino, el cual estaba poniéndolos a prueba en ese mismo instante. A veces las victorias se consiguen fuera del campo de batalla, y de forma análoga, las más amargas derrotas podían sufrirse en una taberna. Ambos les tocó pasar el mal rato en aquella ocasión.

Eugeo no podía sacar aquella sonrisa de la cabeza, con cada vivencia recordada una dolorosa aguja atravesaba su corazón, agotado por la frenética experiencia. La presión en el pecho era suficiente para dificultarle la respiración y provocarle un mareo considerable. En parte porque el efecto del alcohol estaba en sus repuntes más bajos, privándole de la anestesia en el momento que más la necesitaba. Antes de que el bajón terminara de dejarlo tumbado en el suelo, Eugeo empleo el resto de sus fuerzas en incorporarse del suelo, con el único objetivo en mente de desplomarse sobre el colchón de su habitación y suspirar por la bella Rue hasta que el sueño lo llevara a un lugar menos doloroso. - Lua te manda su gratitud. Me lo dijo antes de irse. Yo me iré a dormir. Adiós, Laslow. - Comentó con clara apatía, mas se podía observar como una solitaria lágrima se resbalaba por su rostro. - ¿qu-qué? - Musitó, confuso por la humedad de sus mejillas. Con su manga derecha limpió como pudo el breve sollozo mientras caminaba en dirección a su cuarto. Ya le estaba dando la espalda a Laslow para entonces, pero no a la multitud que entonces se divertía con los bailes y la música.

Solo esperaba que estuvieran demasiado distraídos con el espectáculo, para que no vieran la debilidad de un hombre en el momento en el que le roban el corazón.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eliwood el Sáb Mar 31, 2018 1:12 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen +1 Bonus EXP!

Gracias al incremento de experiencia, la barra de EXP de Eugeo ha sido maximizada.

Eugeo puede ahora ascender de la clase Hero a la clase Lord o Vanguard.

> Ascender a la clase Lord (presentar tema de obtención de título nobiliario, 3 estrellas mínimas).
> Ascender a la clase Vanguard.
> No ascender, conservar la clase actual.

Favor de responder seleccionando la decisión.


Última edición por Eliwood el Sáb Mar 31, 2018 5:09 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Sáb Mar 31, 2018 1:16 am

Asciendo a Vanguard.

Muchas gracias.
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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eliwood el Miér Abr 11, 2018 10:00 pm

- Class Change -



¡Eugeo ha ascendido de Hero a Vanguard!

¡El nivel de uso de espadas ha sido aumentado!
La barra de EXP es reseteada. De ahora en adelante, sólo los temas tipo Campaña, Entrenamiento y Misión darán incrementos de EXP.

¡Felicitaciones!
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Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Llave maestra [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2253


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Re: [Social] No todas las victorias se consiguen en batalla [Priv. Eugeo]

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