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[Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

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[Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

Mensaje por Kagura el Vie Mar 02, 2018 11:34 pm

Con la espalda pegada siempre a la pared del muro de madera improvisado del campamento, Kagura se movía entre las sombras. Procuraba evitar hacer ruido o ser vista por los guardias que patrullaban por la zona, algo que contrastaba bastante con su conducta alborotadora habitual. Pero aunque el sigilo no fuese algo que se le diese especialmente bien, la temeraria misión que se traía entre manos era algo demasiado importante como para arriesgarse a llamar la atención de todo el mundo por accidente. Su objetivo era simple: debía infiltrarse en el lugar y llegar hasta la pequeña caseta en la que los soldados guardaban los víveres. La muchacha de cabello pelirrojo era consciente de que se metería en graves aprietos si la encontraban robando comida, y por esa razón procuraba poner en práctica todo lo que sus maestros le habían enseñado en el pasado. Aunque lo hacía a regañadientes para manifestar su descontento.

Aprovechando el amparo de la oscuridad nocturna, Kagura había optado por ataviarse con uno de los trajes shinobi de color negro que había encontrado mientras exploraba la mansión abandonada de su clan. Había tenido la intención de utilizar equipo de primera para el robo de esa noche, pese a que a diferencia del ceñido vestido rojo que solía llevar casi siempre, aquella prenda le quedaba bastante grande y la hacía tropezar de vez en cuando. La indumentaria consistía en una chaqueta tradicional de algodón y en unos pantalones algo holgados cuya tela se estrechaba a la altura de sus rodillas. Utilizaba unos calcetines tabi negros y unas sandalias del mismo color para proteger sus pies, mientras que ocultaba su rostro y su cabello pelirrojo bajo una capucha que tan solo dejaba al descubierto sus joviales ojos azules. Piezas sueltas de armadura cubrían algunas partes de su atuendo sin dejar entrever si su portadora era un hombre o una mujer, a la vez que a su espalda llevaba colgado su inseparable parasol de punta de acero en lugar de la típica katana corta.

Con cuidado, con cuidado… —susurraba la aprendiz de ninja para darse ánimos a la vez que se separaba de la pared para pasar a ocultarse detrás de una pila de cajas de madera. La mayoría de civiles y de soldados dormían al raso sobre sus futones, por lo que tenía que prestar atención para no pisar a alguno por error. Por fortuna, la caseta de la despensa se encontraba ubicada en un lugar bastante alejado del área donde descansaban los hoshidanos. ¡Ni siquiera había guardias cerca! Así que al llegar, Kagura se permitió relajarse un poco antes de entrar en el pequeño edificio con la intención de robar la comida.
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Re: [Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Lun Mar 26, 2018 6:52 pm

Haber encontrado un reducto de la resistencia Hoshidiana fue un inesperado pero valioso suceso durante su peligrosa misión de la búsqueda de la colonia de Kitsune en el país. Había estado viajando junto con la compañía de Kheluin, jinete de pegaso y soldado del reino caído, durante varios días; compartieron diversas vivencias y aventuras por el camino, al igual que sufrieron la fatigosa tarea que suponía avanzar sin llamar la atención de las hordas emergidas. No había hectárea que no estuviera poblada o vigilada por esos seres, por lo que tuvieron que emplear el terreno boscoso y las horas de menor visibilidad para que el peligro del viaje fuera lo más bajo posible. No estuvieron exentas las escaramuzas con pequeños grupos exploradores, mas la fortuna había estado de su lado, de momento.

Habría sido poco inteligente por su parte no haber aprovechado el cobijo y la protección que ofrecía la fortificación tras sendas noches durmiendo en la intemperie, por lo que la pareja decidió tomar allí varios días de descanso. No sería gratuito, no obstante, pues ambos ayudarían al mantenimiento y protección del campamento el tiempo que estuvieran allí. Nunca sobraban soldados en el destacamento y dos pares de manos eran más que bienvenidas en la rotación. Eugeo no tenía ningún problema con aquello, el esfuerzo de guardia era mucho menor que la del viaje, y la comunicación con otras personas le permitía recabar información sobre el estado del país y la localización aproximada de los laguz zorro.

A pesar de que las expectativas eran alentadoras, jamás imaginó que su primera guardia fuera a traerle tantos quebraderos de cabeza. Noche cerrada, sólo el fuego de un puñado de antorchas y una hoguera casi extinta, acompañadas de la tenue luz de la luna, iluminaban el refugio. Aquello estaba planeado para que los emergidos que pudieran deambular por los alrededores no los detectaran. El héroe de Altea tomó aquella decisión como algo habitual y precavido, no obstante, no había calculado que aquél ambiente pudiera ser aprovechado por otros actores. El improvisado guardia caminaba a través de los pasillos dispuestos entre futones, tratando de que su armadura de placas retintineara lo menos posible con sus pasos y así no perturbar el sueño de los refugiados. ¿Su dirección? La empalizada trasera que protegía las cabañas de logística: víveres, armamento, cuadras... Su misión era la de vigilar el exterior para impedir intrusiones en el campamento, y dar relevo a los guardias que estaban acabando su turno.

A unos metros de la empalizada, en el lugar donde se encontraban los suministros, un inesperado crujido lo sobresaltó. - “¿Qué ha sido eso?” - Inquirió mentalmente, mas todo lo que lo rodeaba estaba en completa penumbra. Se relajaría un instante, suponiendo que él había sido el responsable del ruido.
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Re: [Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

Mensaje por Kagura el Mar Mayo 15, 2018 11:12 pm

Frotándose las manos con insaciable avaricia —o más bien las mangas, puesto que el traje de shinobi le quedaba exageradamente grande—, Kagura empezó a introducir en su saco todo cuanto captaba su atención en aquella destartalada cabaña hoshidana, fuesen víveres o no. No tuvo reparos en llevarse bolsas repletas de granos de arroz, algas maceradas dispuestas en cajas o paquetes con pescado fresco. Procuraba actuar deprisa y sin hacer ruido para no alertar a nadie que pudiese deambular por los alrededores, aunque le costaba reprimir una traviesa risilla incitada por la emoción del momento. Como la aprendiz de ninja que una vez fue, sus labores del pasado no solían consistir en hurtos tan vulgares como aquel que tenía entre manos. La sustracción de documentos importantes de un ejército enemigo era una tarea mucho más noble y digna que la de robar la comida de un campamento de supervivientes y, pese a las graves repercusiones que traerían sus actos para los hoshidanos del asentamiento, se sentía mucho más viva de lo que se había sentido en las semanas posteriores a la caída del reino oriental. Quizá fuese el sentir la existencia del riesgo a ser descubierta por alguien mientras "trabajaba", o el hecho de que sus acciones podrían considerarse una afrenta al orden y la autoridad que tanto detestaba. Fuera como fuese, si de algo estaba convencida, era que debía aprovechar que al parecer no hubiese guardias cerca para llevarse todo lo que pudiese. Su plan era perfecto, ¿qué podía salirle mal?

A ver, a ver… creo que ya no me caben más cosas en la bolsa —pensó en voz alta mientras procedía a cerrar el saco de tela. Ahora lo único que le quedaba por hacer era escapar del campamento antes de que saliese el sol, y los hoshidanos despertasen solo para descubrir el hurto. La aprendiz de ninja esbozó entonces una sonrisa radiante que, por desgracia, no podía verse a través de la capucha del traje. “Con toda esta comida, ¡no volveré a pasar hambre durante algunos meses!”, se dijo a sí misma a la vez que se echaba el saco al hombro y empezaba a andar hacia la puerta. El peso adicional de los alimentos robados forzaba a que hiciese más ruido del habitual al moverse, provocando que la endeble madera del suelo crujiese con cada paso que daba. Sin embargo, a Kagura no le preocupaba tanto ese hecho. En el camino de ida había descubierto que los supervivientes dormían bastante lejos de las cabañas de logística, por lo que era bastante improbable que alguien la escuchase.

Convencida de que aquel era su día de suerte, la muchacha pelirroja extendió alegremente su mano para abrir la puerta corredera de la caseta, y salió de nuevo al exterior solo para encontrarse a un joven de cabello rubio frente a la entrada. Vestía con una tintineante armadura plateada, y sus ojos eran de un color más azul incluso que el de los suyos. Aunque su apariencia era más similar a la de un soldado nohrio que a la de uno hoshidano, Kagura clavó su mirada en el desconocido, y enseguida supo que la habían pillado.

Lejos de huir para intentar ocultarse entre las sombras, o de acabar con el guardia lo antes posible para que no pudiese alertar al resto, la aprendiz de ninja notó cómo el miedo hacía que su cuerpo se quedase tenso e inmóvil de repente.

¡E-esto no es lo que parece! —se atrevió a balbucear pasados unos incómodos instantes de quietud. Pero el pesado saco que cargaba a sus hombros, y el hecho de que se encontraba saliendo de la caseta en la que se almacenaban las provisiones del campamento, bastaban para delatar cuáles eran sus verdaderas intenciones.
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Re: [Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Lun Jul 16, 2018 4:21 pm

Acabó relajándose, no sin antes expirar un inaudible suspiro a la par que dejaba que la tensión de su cuerpo se disipara levemente. Mantuvo el agarre de su mano izquierda en la empuñadura, eso sí, con el fin de mantener cerca su herramienta de defensa personal lo que quedaba de vigilia. La tranquilidad le duro poco pues, antes de que pudiera darse cuenta nuevos sonidos comenzaron a surgir de una de las cabañas del campamento. El caballero se sobresaltó y llevó rápidamente su mano derecha al agarre de la espada, manteniendo una prudencial postura de desenfunde, mas no llegando a desnudar el acero hasta estar seguro de lo que estaba ocurriendo. No pasó mucho tiempo hasta que una figura en ropajes negros apareciera detrás de una puerta. La oscuridad de la noche no hacía fácil reconocer los rasgos físicos de la persona que los portaba, y la tela ajena lucía extremadamente holgada para poder discernir el cuerpo a través de la deformada silueta. Ni siquiera pudo reconocer su género, tuvo que esperar a escuchar su voz para hacerse una primera idea de a qué se estaba enfrentando.

Por su habla pudo concluir provisionalmente que se trataba de una mujer, aparentemente joven, aunque su rostro completamente cubierto impedía analizar sus rasgos faciales. A su espalda, un enorme saco con el botín usurpado que no lo veía directamente pero parte de la tela, donde lo sujetaba, sobresalía por el hombro. Estaba muy claro que estaba pasando ahí una vez la pilló infraganti saliendo de una de las cabañas de aprovisionamiento. La verdadera pregunta, la que más tensión evocaba en el espadachín, era el proceder que debía seguir entonces. Estaba claro que su deber era impedir el robo, pues las consecuencias serían muy graves para los refugiados del campamento. El estado de Hoshido era de emergencia, de tremenda escasez, los recursos como el agua o el alimento se volvieron más valiosos que el dinero mismo, el cual se volvía un metal inservible a la hora de comprar el sustento para la vida. El robo de la comida se volvía, por tanto, un crimen capital. Tras sopesarlo en absoluto silencio por unos segundos decidió no dar la voz de alarma, no conocía la desesperación con el que la ladrona estaba perpetrado el robo pero podía imaginársela. Supuso que para ella también era una cuestión de vida o muerte, por lo que prefirió resolver el conflicto por su propio pie y evitar así un ajusticiamiento que se antojaba radical. Separó sus manos de la empuñadura y mostró sus palmas a la chica, con los brazos en bajo, tratando de transmitirle toda la tranquilidad posible.

- No me importa lo que parezca... Puedo entenderlo, pero también debes comprender que aquí hay gente que depende de todo lo que has cogido. Te pido, no, te ruego que dejes eso en el suelo para que pueda ayudarte. - Trató de convencerla denotando tranquilidad a pesar de que sus extremidades se tensaron para prevenirse de una posible respuesta agresiva. - Colaborar es tu mejor opción, créeme. Hay comida de sobra si todos compartimos. - Con sus palabras intentaba sonsacarle si había venido acompañada, o si había personas que esperaban su regreso en otro lugar.

¿Y qué debía hacer si no colaboraba? Detenerla, obviamente, pero por su propio bien no la entregaría directamente a las autoridades competentes, trataría de reencaminarla a la senda de la comprensión. El peor escenario que aceptaría sería con ella huyendo del lugar con las manos vacías, pues lo que no conseguiría sería zafarse de él con ese enorme y pesado saco a sus espaldas. Debería pasar por encima de él primero, y aunque no la subestimara en combate confiaba en que su habilidad sería suficiente para doblegarla.
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Re: [Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

Mensaje por Kagura el Mar Ago 07, 2018 9:35 pm

“¡Jo, no es justo! ¿Pero por qué siempre que intento hacer algo me termino metiendo en problemas?”, se quejó en silencio mientras mantenía la esperanza de que su pobre excusa calase milagrosamente. Todavía amedrentada por haber sido descubierta en el peor momento posible, Kagura retrocedió algunos pasos con la intención de distanciarse del guardia extranjero. Le costaba asimilar la situación. ¡Había estado tan cerca de salirse con la suya! Pero ahora no le quedaba otra alterativa que defender su botín. Necesitaba tiempo para pensar en su siguiente movimiento, por lo que sus ojos azules recorrieron de forma fugaz los alrededores en busca de una vía de escape. Pero todo cuanto veía terminaba en ese odioso muro de madera que separaba el campamento del resto del bosque. Tratar de huir por donde había entrado sería igual de infructífero, ya que en la carrera terminaría por despertar a los hoshidanos que dormían plácidamente al raso. Además de que tampoco deseaba ser perseguida por un forastero de armadura plateada protestando detrás de ella. Sus opciones parecían ser tan pocas, que en ese momento deseó con todas sus fuerzas tener cerca a alguno de sus maestros para recibir consejo.

Pero entonces, mientras debatía consigo misma en un diálogo interno que no la llevaba a ninguna parte, el otro joven habló. Su voz y sus gestos reflejaban un matiz conciliador, a la vez que mediante palabras amables le ofrecía una oferta tan inocente que parecía sospechosa. ¿Colaborar? ¿Compartir? A la aprendiz de ninja oír todo eso le daba ganas de vomitar. El tono condescendiente del chico delataba lo mucho que ignoraba de la situación en Hoshido, y eso era algo que la enfurecía en gran medida.

¡Yo no necesito ayuda, hombre de hojalata! —le espetó con una furia desmedida y señalándole con un dedo índice acusatorio. No temía que sus gritos alertasen a los otros guardias debido a que ella y él se encontraban en un área bastante distante del resto del campamento, pero aun así procuró ser cauta y no exclamar con todas sus fuerzas como lo habría hecho en otras circunstancias. Pero antes de que pudiese seguir increpándole al extranjero su ingenuidad, su estómago hambriento rugió inoportunamente, dejando entrever la razón principal por la que Kagura había decidido cometer el hurto.

Iba a intentar sobornarte, pero es que ahora me caes mal —explicó con expresión enfurruñada, negándose a dejar la bolsa de comida en el suelo—. Luché por Hoshido desde el principio, ¡así que yo creo que es muy justo que me lleve mi premio ahora!

En el fondo, la muchacha pelirroja dudaba de si estaba intentando persuadir al guardia de que hiciese la vista gorda, o si en realidad trataba de convencerse a sí misma de que lo que estaba haciendo era lo correcto. Tenía mucha hambre, pero sus manos no servían para trabajar en los pocos campos que aún quedaban en el reino. Tampoco sabía coser para remendar uniformes de soldados, o forjar armas que vender a los soldados en los campamentos de supervivientes. Lo único que sabía hacer era luchar, y si de algo estaba segura, era de que lo hacía condenadamente bien. Pero Hoshido ya no necesitaba ninjas que velasen desde las sombras por la seguridad del reino. En cambio, ella sí que necesitaba comida. O dinero. Quería sobrevivir, por lo que temiéndose que solo le quedaba una única alternativa para librarse del extranjero, depositó con cuidado su bolsa en el suelo e hizo aparecer dos dagas de bronce en cada una de sus manos.

No mientas. No hay comida para todos. Nunca la hay… —dijo con expresión sombría.
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Re: [Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Dom Ago 26, 2018 8:20 am

Comprobó rápidamente la terquedad de la mujer con sus descalificaciones. - ¿Hojaqué? - Había más confusión que ofensa en su pregunta, pues jamás había oído una palabra como aquella. Después, escucho el lejano gruñido de su estómago, confirmando las sospechas del alteano, si es que en algún momento hubo duda alguna de las motivaciones de la ladrona. En época de abundancia, aquella interrupción habría sido cómica, seriedad fue lo único que evocó en aquella situación. Como esperaba, la razón de su hurto era el hambre, aunque en ejecución estuviera dispuesta a poner en peligro la vida de muchas personas por llevarse los víveres que abarcaban lo de varios en sendos días.

Y después, lo siguió increpando. Su honor se vio ofendido por la insinuación de soborno, mas abandonó esa actitud al concluir que era la forma más fácil para ella de salir impune. - No podrías haberme sobornado, compañera. Pero quizás te habría dado mi ración diaria si hubieras sido honesta. - Respondió con el mismo atrevimiento, preparando la segunda réplica, la verdaderamente importante. - Es muy hipócrita por tu parte, si tanto dices que luchaste por Hoshido, el llevarte lo único que garantiza la supervivencia de esta gente. A veces, por mucho que hagas, no es suficiente para cumplir el objetivo. Nadie os va a reprochar eso. Pero, al final, fracasasteis. Si crees que mereces un pago que bien vale la vida de decenas, me temo que tu soberbia no te deja ver más allá de tu propia persona. - Espetó a la intrusa con la mirada, mostrando su lado hostil ahora que sabía que ella no iba a dar su brazo a torcer. No le agradaba enfrentarse a personas, pero al final, los criminales podían ser igual que perjudiciales que los emergidos mismos. Cuando la chica dejó caer el saco y preparó sus armas, Eugeo no titubeó en hacer lo mismo.

Aún así, siguió manteniendo el nivel de ruido al mínimo para no alertar a otros guardias. Con sumo cuidado, desenvainó el filo de su espada y la sostuvo con ambas manos paralela a su tronco, por delante de su propio cuerpo. - Es tu última oportunidad, chica. Deja eso, vete, únete como refugiada y márchate del país. Hay oportunidades más que de sobra en otros reinos, no eches tu vida a perder por un puñado de raciones. - La amenazó con tono severo. Comenzó a inclinar su espada de forma más agresiva al llevar la empuñadura hacia su clavícula derecha y bajando la punta de su espada hasta formar un ángulo de treinta grados -verticales- con su tronco. - Sigo intentando ayudarte, estoy a un grito de que tengas una docena de guardias detrás tuya. Y ellos no van a dudar en matarte por esto. - Y si chocaban aceros con suficiente fuerza, llamarían la atención de todos, pero daba por supuesto que ella ya lo sabía. Y si no, tampoco le daría esa ventaja táctica. - Acéptalo, no puedes ganar. No queda nada para ti aquí. No arriesgues tu vida por un futuro aquí que ya no existe.

Sabía lo que iba a venir después, y no era algo con lo que el caballero de Altea estuviera satisfecho. Se supone que había ido a Hoshido para ayudar a los refugiados y combatir la plaga emergida, no para enfrentarse directamente con sus ciudadanos. - No me obligues a hacerlo. No me hagas tu enemigo. - No sabía que más decir para convencerla, y sin embargo, más claro tenía que acabarían cruzando aceros.
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Re: [Entrenamiento] Un tentempie a medianoche no le hace daño a nadie, ¿o quiza si? [Priv. Eugeo]

Mensaje por Kagura el Mar Ago 28, 2018 9:16 am

El rostro de Kagura iba frunciéndose conforme el extranjero hablaba. Cada palabra que este pronunciaba atravesaba su conciencia con la misma fuerza que una lanza. Decía con hostilidad que era hipócrita y que la cegaba la soberbia. Que su pago no merecía la muerte consecuente de varias personas del campamento de refugiados. La muchacha pelirroja sabía que existía razón en lo que el hombre de metal estaba diciendo, pero aun así, oír toda aquella sarta de tonterías se le antojaba insoportable. Hoshido ya no existía como reino, por lo que la nación antaño bendecida por el Dragón del Alba se regía por la más completa anarquía. Primaba la voluntad del más fuerte. Del que sabía defenderse y sobrevivir. No era su culpa que los habitantes más débiles, que ni siquiera osaron a tomar las armas cuando se les necesitaba, se organizasen formando asentamientos tan vistosos como aquel en el que se encontraban en esos momentos. Si no era ella quien entrase furtivamente a robarles, serían otros quienes lo intentasen más adelante. Los campos estaban destrozados por culpa de la marcha de los emergidos, y la comida escaseaba lo suficiente como para sumir a hoshidanos más humildes en la desesperación. Kagura creía que sus convicciones eran firmes, y por ese motivo fue la primera en sorprenderse al notar que la reprimenda del muchacho rubio la molestó sobremanera. Apretaba sus puños y sus dientes con fuerza, tratando de contener por unos instantes más las ganas de arremeter contra él. De alguna manera, se sentía obligada a replicarle. Sabía que no era inocente, que sin la protección de la familia real una aprendiz de ninja era poco más que una ladrona y una asesina. Pero necesitaba excusarse. Sentía que justificar sus acciones ante el otro muchacho le servía para justificárselas ante sí misma, pero a cambio estaba recibiendo un reproche que endurecía su corazón y aumentaba su convicción en que ya no había vuelta atrás. No para ella.

Cállate, cállate, cállate… ¡¡Cállate!! —le ordenó de repente en un tono desquiciado mientras se agarraba la cabeza con sendas manos. Odiaba desde lo más profundo de su ser que le diesen órdenes, pero el hombre de metal seguía reprendiéndola sin piedad. Insistía en que quería ayudarla, pero esas eran palabras vacías en la boca de un forastero que jamás había experimentado el dolor de perderlo todo—. No sabes nada de mí. ¡¡NADA!!

Su semblante, normalmente tranquilo y vivaracho, se veía ahora deformado por una expresión sombría e impropia de ella. Ya le daba igual el saco de comida que había dejado en el suelo. Ni siquiera que sus gritos anteriores hubiesen podido alertar a los guardias hoshidanos que patrullaban en los alrededores. Su mirada felina estaba tan solo fija en el filo de la espada que sostenía su rival, como si estuviese preparada para lanzarse contra él en cualquier momento. Morir a manos de los soldados del campamento tampoco le importaba demasiado. Como había dicho el otro joven, ya no le quedaba absolutamente nada en Hoshido. Pero Hoshido era su todo. Sentía poca simpatía por sus habitantes, pero aquellas eran las tierras que le habían dado su identidad y una familia peculiar a la que pertenecer. Renunciar a Hoshido y huir de la nación como otros refugiados significaba algo peor que traicionar a unos endebles ciudadanos incapaces de defenderse por su cuenta. Significaba traicionarse a sí misma.

Pero yo sí que conozco bien a los que son como tú. Tú eres una buena persona, o eso creo —le espetó entonces de una manera inquietantemente seria para alguien como ella. La Kagura que hablaba ahora parecía diferente de la antes, como si el escuchar las amenazas del forastero hubiese servido para que una de sus facetas más oscuras aflorase de repente—. Pero yo no soy una buena persona, así que somos enemigos. No puedes ayudarme.

Entonces, y sin intención de darle tiempo a responder, arrojó a su rival las dos dagas de bronce que sujetaba en sus manos. Apuntaba a cabeza, que era la única zona que parecía abiertamente desprotegida.
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