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La dama y el aldeano. — Privado Social Zael (Flashback)

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La dama y el aldeano. — Privado Social Zael (Flashback)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 16, 2018 10:46 am

Un año atrás...


La familia D’Angelo (mi familia) había sido invitada a una gran fiesta que se iba a celebrar en Phrae en homenaje a que habían podido sobrevivir de los ataques de los emergidos sin problema. Un grupo de la prole más rica de Ostia y Phreae decidió hacer este pequeño festival para agradecer a sus soldados y a la gente en general, por ello es por lo que fuimos invitados a pasar una larga noche llena de música y cena.
No sabía si allí podría conocer al marqués de Phreae o de Ostia, por ello mis padres decidieron que fuera ya que podría socializar con la alta cuna de nuestros dos marquesados y relacionarme con sus familias. “Serás una buena representante en nuestro nombre, mi hija”, fue lo que me dijeron mis padres para motivarme a ir a ese festival. Ellos no irían debido a su trabajo como generales en el castillo de Ostia, así que debería de ir yo en nombre de ellos.

Después de haber estado toda la tarde arreglándome (peinado y vestido), al fin estuve lista. Tarde alrededor de tres horas entre ponerme el traje y arreglarlo, peinarme y el maquillaje. Todo para dar una buena impresión de mi familia.
Salí de mi casa hasta el carruaje que me estaba esperando en la puerta. Estaba emocionada porque era la primera vez que salía de mi hogar sin mis padres. Puede que tuviese la restricción de que tenía que volver después del festival, pero valdría la pena poder estar fuera de casa por unas largas horas. Un poco de libertad no venía nada mal.

De Ostia a Pherae en caballo se tardaba alrededor de unas horas, así que en ese tiempo me dediqué a leer o a asomarme por las rendijas el paisaje. No me sentía tan sola porque el conductor del carruaje a veces se asomaba a hablarme y comunicarme cuanto quedaba para llegar al otro marquesado. Estaba impaciente, emocionada. ¿Cómo sería el festival? ¿Qué tipo de personas conocería? ¿Qué pasaría en esa noche?

Una hora —mas o menos— más tarde llegué a Pherae, más concretamente a donde se celebraba el festival. Este se celebraba en la casa de un noble importante del marquesado, concretamente en el jardín de la entrada de la mansión. La fiesta era a puertas abiertas, pero los nobles estarían dentro de la mansión. Me parecía un acto muy bonito el hecho de compartir con el pueblo también para agradecer sus acciones contra esos monstruos que hacía poco acababan de aparecer.
A mi lado tenía unos guardias que me defendían, pero preferí escabullirme de ellos para pasear primero por el jardín de entrada; me gustaba más relacionarme con la gente de a pie porque ellos tenían algo de lo que yo carecía (libertad).

El ambiente tan feliz con aquella música tocada en directo hacia una armonía perfecta a aquella fiesta. La gente me miraba extrañada, preguntándose en voz baja que hacia alguien de mi estándar social en esta parte de la fiesta. Yo estaba picando algo de la comida que ponían, escuchando la música del festival mientras bailaba, hasta que alguien tropezó conmigo y...

¡Mi vestido! —
Exclamé horrorizada debido que, al tropezar, esa persona me manchó con algo que llevaba entre las manos. ¿Comida? ¿Bebida?
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Re: La dama y el aldeano. — Privado Social Zael (Flashback)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 16, 2018 2:29 pm

Zael había salido hace algunos meses de su tierra natal, había decidido viajar un poco, dejar su trabajo como herrero y con las pocas monedas que había logrado ahorrar, echarse un pequeño paseo por diferentes tierras, después de todo, no tenía muchos tesoros que admirar ni mucho menos que vender. A pocos lugares podía ir en Valentia, al menos a pocos lugares podía ir sin correr un serio peligro, cosa que para él, no era nada divertido, sobre todo por la poca capacidad que tenia para pelear, correr, era eso lo único que podría hacer en un combate, la verdad.

Entre sus viajes, había llegado al continente de Elibe, este estaba justo a un lado de Valentia, por lo que los días en barco no fueron muy tortuosos para Zael, la cantidad de dinero, tampoco fue mucha, con las monedas de oro que este había llevado, le había alcanzado para viajar, comer e incluso, poder pagar algunas posadas, pero aun así, este ahorraba la mayor cantidad de monedas posibles, no quería tener que trabajar en aquellos lugares para tener que devolver a su tierra natal.

Había escuchado en muchas bocas, que en Pherae, habría una fiesta, en donde se codearía la alta sociedad con la plebe, cosa que para Zael era bastante curioso, muchas veces aquellas personas eran bastante estiradas, pocas veces convivían con ese tipo de personas y por sobre todo, evitaban incluso el hablar con ellos. Zael pertenecía al grupo mayoritario, la Plebe, aquellos que no poseían gran dinero, una alta fama, por lo que había sentido una inmensa curiosidad por ir a aquel lugar, quizás encontraría un trabajo en busca de algún objeto raro, o sencillamente tendría contactos para viajar a otras tierras, soñar para el no costaba nada, aun sabiendo que esas esperanzas se podrían desvanecer en cuestión de segundos.

Llegado el día en que aquella fiesta estaba pautada, muchas personas habían comprado vestidos, ropas para exhibir, aun cuando ni siquiera tenían mucho dinero, una expresión de vanidad, el querer demostrar que podían codearse con la alta sociedad. Pero Zael había evitado gastar dinero en esas tonterías, sus mudas de ropas eran pocas y tampoco pensaba en comprarse otra solamente para ir hasta dicho lugar. Iría con el mismo ropaje de siempre.

Al llegar a la fiesta, podía observar como las personas comunes y corrientes estaban en el jardín, muchas con sus vestidos y ropas formales, mientras que la alta sociedad se encontraba dentro de la mansión, típico, no esperaba menos la verdad, aun así, cuando se apreciaba a las personas que asistían con Zael, se veía una gran diferencia, incluso muchos pasaban de él, su pañuelo cubriendo sus cabellos, unos guantes en sus manos, los pendientes de sus orejas, su ropa desalineada y gastada, parecía ser el único personaje que había ido a esa fiesta sin intención de llamar la atención y ocupaba el efecto contrario.
Tras unos minutos de fiesta, Zael había logrado conseguir un vaso de vino, quizás no era una buena idea beber, pero al ver que pocas personas se le acercaban a tomar, era mejor empezar a tomar, no le importaba colocarse ebrio, aun sabiendo lo fácil que era para él, como tampoco le importaba conversar con alguien ya, todos le miraban de manera extraña, cuando en realidad, el los debía mirar así, el vestía siempre así y nadie le miraba en la calle, ahora que vestía así en una fiesta, todos le miraban – Que estupidez – Decía mientras volteaba a caminar, tropezando con una chica, llenando su vestido de vino, la señorita no pudo evitar gritar y Zael solo pudo abrir bien sus ojos en señal de miedo –Eh… lo siento, lo siento – decía con sus manos abiertas hacia ella – Déjeme arreglar esto… - Se quitaba su chaqueta, quedando solo con la camiseta que tenia dentro, entregándosela a ella, no sabía si era lo que tenía que hacer en verdad, pero esperaba que aquella persona no le golpease o llamara a sus guardaespaldas.
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Re: La dama y el aldeano. — Privado Social Zael (Flashback)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 16, 2018 5:50 pm

El líquido rosado estaba impregnado en todo mi hermoso vestido rosa, manchando la tela de tul (estilo bailarina) y llegando hasta abajo. Era una gran mancha vistosa y horrenda. Ya nada podía hacer para taparme porque todo el mundo que nos rodeaba había visto como aquel muchacho y yo habíamos tropezado. Por un momento fuimos el centro de atención de la fiesta. Muchos cuchicheos se escuchaban a nuestro alrededor, pero lo que ahora me importaba es saber cómo arreglaría esto. Y justo el chico que formó el accidente se comportó como un caballero entregándome su prenda para que me tapara aquello. Puede que mis padres o muchos de los nobles que estaban en la mansión lo hubieran rechazado o algo peor, pero yo no era así. Todo lo contrario: yo lo acepté con una sonrisa. Me encantaba cuando un chico era caballeroso, por muy de bajo estándar social que fuera. ¿Y qué? Esta visto y demostrado —por lo menos a mis ojos— que las personas de bajo estándar tiene más educación que las de alta clase porque saben respetar a los demás.

Con una amplia sonrisa, me vestí con esa chaqueta suya, abrochando esos pocos botones que tenía. La tela era algo barata y estaba roída, sin embargo el diseño de esta era bastante cómoda y el color era un azul muy bonito.

Muchas gracias, señor. No hacía falta, pero ha sido un detalle. —Dije en un tono suave, inclinándome con una reverencia típica mientras cogía los bajos de mi vestido. Puede que ahora fuese desentonando con aquella chaqueta azul y la falda de mi vestido rosa pomposo, pero al menos no se veía la mancha en la parte de mi pecho.

En esos instantes se acercaron un par de guardias que me habían acompañado de mi casa y un noble de los que me habían invitado. El hombre primero miró muy mal al aldeano, pero no dijo nada. Solamente se dirigió a mí con esos aires altaneros, levantando la cabeza y echándose hacia atrás su cabello largo blanco atado a una coleta.

— Señorita D’Angelo, la estábamos esperando. ¿Por qué no vamos a dentro y deja a la plebe disfrutar de la fiesta? Está empezando a refrescar así que le dejaré mi chaqueta. Quítese esta y…
—El hombre se estaba tomando demasiadas confianzas para tocarme a la primera cuando ni le conocía de nada; mis padres no me dijeron nada sobre un hombre de cabello blanco que me conociese. Me eché un paso atrás, arrugando el ceño. — ¿Ocurre algo, mi dama?
— No sé quién es ni le conozco. —Espeté. —c]] Primero quiero estar aquí un rato y ya iré dentro, mi señor.[/b] —Tras aquella alegación, me incliné como había hecho antes, diciendo: — Así si me permite, me gustaría que nos dejara en paz a este honrable caballero y a mí.

Sin poder decir nada, el caballero se marchó con mis guardias para dentro con aires enfadados. Levanté mi cabeza, sonriente. Era la primera vez que desobedecía la palabra de alguien superior a mí y se sentía muy bien.
Volví a mirar a ese joven de cabello blanco sin borrar mi mueca de felicidad; la música de ambiente me hacía sentirme tan cómoda como si estuviera en mi hogar escuchando las baladas que les pedía a mis músicos para relajarme.

Siento esto, mi señor. ¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! —Levanté el dedo, abriendo mis ojos. Entonces me acerqué a él, abriendo mi mano. —¡Que mal educada, no me presenté! Mi nombre es Cassandra D'Angelo, ¿y usted? ¿Es de por aquí, mi señor? ¿Vino solo? —Me encantaba  hacer preguntas y hablar, pero no quería salirme de la lengua porque a veces podría ofender a los demás sin querer hacerlo así que mejor me relajé y esperé a que él dijera algo.
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Re: La dama y el aldeano. — Privado Social Zael (Flashback)

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