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Jugando al Escondite [Privado Lissa]

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Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Virion el Jue Nov 05, 2015 4:02 pm

Virion había terminado su sesión de entrenamiento con el resto de los miembros de los Custodios aquel día, y tras tan agotadora mañana de ejercicio intensivo, había logrado disponer tras ello de la tarde libre para que hiciera lo que le viniera en gana. Pero hoy no era un buen día. Era un día frío, llovía y el viento que soplaba por la calle lo hacía con bastante fuerza. Era de esos días en los que nadie solía salir fuera, sino que todo el mundo prefería quedarse en casa, encerrados en sus hogares, mejor si es cerca de una buena chimenea ardiendo.

Descartada entonces la primera opción de Virion, de salir en búsqueda de atractivas aldeanas a las que intentar hacer sucumbir a sus encantos, el arquero de arqueros decidió dedicar esa misma tarde a otro de sus hobbies que más le satisfacían: la lectura de poesía. Al fin y al cabo, no sólo disfrutaba de una buena lectura de rimas, sino que además, aprendía versos con los que encandilar aun más a las damas, recitando de memoria y elevando más su lenguaje. La mayoría de las veces lo que pasaba realmente es que se pasaba de pedante y las mujeres le repudiaban por ello, pero él lo seguía intentando igualmente.

¿Pero qué libro leer? Ya se sabía de memoria todos los de su colección, y debido al mal tiempo, no había mercado abierto ese día donde poder comprar uno nuevo ¿entonces dónde conseguirlo? Afortunadamente, Virion sabía dónde. Y directo fue hacia ese sitio.

-El castillo de Ylisse. Casi tan grande, robusto y hermoso como mi noble persona.-comentó en voz alta mientras los soldados de la entrada acreditaban la documentación y dejaban paso al arquero de arqueros (tras guardarle las armas, pues para entrar debía hacerlo desarmado si no estaba de servicio).

Normalmente, el castillo de Ylisse no estaba abierto al público salvo en ocasiones muy muy especiales. Pero Virion no era n cualquiera, era un Custodio. Un miembro de la guardia especial al servicio directo de Su Alteza el Rey Chrom. Como tal, se había ganado el derecho de poder adentrarse en el interior del castillo. Aunque en su caso, todavía había algunas plantas y zonas que le eran vedadas.

Sin embargo, el lugar al que iba no era una de esas zonas. Se trataba simplemente de la biblioteca del castillo. Ylisstol no contaba con una gran biblioteca, como según tenía entendido el arquero existía en Ilia o Renais. Pero todo buen castillo siempre acumula una gran serie de libros como colección propia del reino. Al igual que las estatuas y los cuadros, los libros también son obras de arte, y el arte es status. Cuantas más obras de arte tenga un castillo, más elevada es la categoría de los que allí residen. Eso también ocurría con los libros. E Ylisse no estaba libre de este tipo de consideraciones. Por supuesto, los libros allí solo eran de consulta y no se podían sacar de la sala donde los guardan. Pero eso a Virion no le importaba. Aquella sala era cálida, estaba bien iluminada y disponía de buenos asientos, por lo que era ideal para pasar una tarde de relajada lectura. Nada más entrar en la habitación destinada, una voz familiar le saludó.

-Bienvenido, Virion. Me preguntaba cuándo mis viejos huesos tendrían la dicha de volver a verte.-saludó un hombre anciano, algo bajito, con barba y apoyado en un bastón. A pesar de su vejez, iba vestido con gran elegancia y había bastante lucidez en su mirada. Se trataba del encargado de guardar y cuidar de los libros, una especie de “bibliotecario”. A Virion le caía bien ese tipo.
-Greetings, Milord Aulbert. Vuestros viejos huesos no deben temer por mí, cierto es que estos días he tenido más trabajo que de costumbre entre mis camaradas Custodios, pero siempre encontraré un digno momento para vos y vuestra preciada literatura, como es el actual.
-Si por digno te refieres a frío… Hoy hace un día de perros, tengo que tener cuidado con el reuma…-se quejó un poco el anciano, pero luego señaló una de las estanterías cercanas a la entrada.-Recientemente ha llegado un libro. “Sonetos de Amor y Pasión” se llama. Seguro que te gusta.
-Me conocéis demasiado bien, mi señor, y eso me place en grado sumo. Si me lo recomendáis vos, doy por seguro que será de mi pleno interés. Contad nuevamente con mi eterna gratitud, y si me dais vuestro permiso, procederé a su lectura de inmediato.-respondió tras una reverencia y avanzó directo hacia la estantería, en cuanto el anciano Aulbert le asintió con la cabeza, otorgándole el permiso solicitado.

El libro fue fácil de encontrar, más que nada porque el anciano le había dejado una marca con una nota “Para Virion”. Cogió el libro y empezó a leer los distintos sonetos despacio, estudiando cada uno y valorando cual era mejor para impresionar a las damas y cuál podía servir directamente para ligar con ellas. El sitio era perfecto, muy tranquilo. Básicamente porque no había nadie, salvo el anciano y el arquero mismo. Por lo visto, en ese castillo no había mucho aficionado a la lectura y por ende, nadie solía acudir regularmente salvo Virion en persona. Por eso mismo Virion le caía tan bien a Aulbert, pues su presencia le servía para hacerle compañía, aunque el mayor tiempo estuviera callado y leyendo (algo raro, conociendo lo mucho que le gusta hablar al legendario y majestuoso arquero de arqueros).

Pero la paz no duró mucho, pues un grito se oyó desde fuera de la habitación. Era un grito distante, de no ser por la paz que se respiraba en aquel cuarto lleno de libros, jamás se habría escuchado, pero un grito al fin y al cabo. El grito de una joven mujer. Virion se levantó de su asiento de inmediato, como si ese grito hubiera activado un resorte automático.

-Ese grito… ¡Oh, Naga! ¿Es posible que sea la princesa Lissa?-dijo preocupado el anciano Aulbert.
-Voy a ver de qué se trata, permaneced tranquilo.-dijo sin más Virion, para luego salir de la habitación y recorrer rápido el pasillo en dirección hacia el origen del grito.

Era my poco probable que se tratase de un ataque, puesto que el castillo y sus alrededores siempre están bien vigilados, pero Virion temía lo peor tras ese grito. Además, iba completamente desarmado, por lo que un poco asustado sí que estaba. En su memoria estaba su pasado, de cómo su propio castillo fue asaltado por horda de Emergidos y los grito de sus súbditos en la masacre que siguió a ello. Pero a pesar del miedo, no retrocedió y siguió avanzando hacia la fuente del grito ¿Qué clase de héroe sería si huyera en vez de salvar a una damisela en apuros?
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 06, 2015 11:24 am

Una Lissa media dormida pasaba rápidamente su vista por la hoja con un interés casi inexistente, pasaba a la siguiente y luego la volteaba repitiendo el mismo proceso anterior.

El continente de Akaneia esta… no me interesa- La joven princesa había comenzado a leer por arriba una línea, pasando directamente al siguiente párrafo. El reino de Ylisse esta ubicado…tampoco me interesa- veamos lo siguiente- Las religiones existentes…- Qué aburrido…si esto continúa así moriría de aburrimiento. Todo esto ella lo conocía de memoria, ¿ realmente era necesario obligarla à leer estos enormes libros de diplomacia y política ? Lissa levantó su mirada del gran libro  que se encontraba leyendo, posandola tímidamente en una señora de baja estatura, era una anciana muy arrugada quién se mantenía recta como una regla, los brazos cruzados y sus pequeños ojos escondidos entre las arrugas clavados en la jovencita delante de ella.

-¿ Y bien princesa ? Espero que este haciendo bien lo que le pedí, recuerde que después de que termine tendrá que hacerme una argumentación de todo lo que leyó...- ¡ Estaba segura que la vieja quería cobrar venganza por la última vez !

-Pero...Señora...- suplicó haciendo un puchero.

- ¡Nada de peros! ¡Hable correctamente! ¡Manténgase recta y por favor, borre esa mueca desagradable de su cara!- Lissa parecía una i  de tan derecha que estaba.

-Claro, profesora- Contestó con una pequeña sonrisa o más bien un intento de sonrisa. La profesora la miró con recelo. El intercambio de miradas fue interrumpida por el crujido de la puerta al abrirse, un hombre con flores en la cabeza hizo su entrada moviendo su cuerpo elegantemente. Lissa comenzó a sudar frío.

-¿ Querida ? Disculpa por interrumpirte durante tu clase. Pero necesito consultar contigo algunos...temas pedagógicos importantes- Esto último lo dijo mirando detenidamente a la joven princesa quién parecía de repente, haberse interesado por un punto invisible en la estantería.

-¡Claro! Joven Loïus...Qué maravilla verlo tan temprano...-Su profesora cambió de un segundo à otro su comportamiento, ahora sus ojos brillaban y se balanceaba de un lado a otro como si hubiera recibo un regalo-Princesa Lissa, estaré afuera unos momentos, le pediré que trabaje como se debe y no haga nada...indeseable- Lissa le respondió con un simple si con la cabeza.

La puerta cerrada y al fin sola. Un plan de escape de urgencia era necesario. Relajando sus hombros y tomando una gran bocanada de aire, la jovencita pudo al fin darse un respiro. No sabía como hacía Lucina para mantenerse derecha y tan seria tanto tiempo, para ella, era misión imposible. Analizando el nuevo salón, solo había una puerta de salida y estaban en el segundo piso. La anciana había tomado precauciones, pero se había olvidado de un pequeño detalle….

El tiempo era horrible, llovía como si no hubiera un mañana. Bueno debía hacer el sacrificio, de lo contrario… estaría condenada al aburrimiento y a....Loius. Rápidamente, la traviesa princesa de un salto se levantó de su silla, se acercó a la ventana abriéndola por completo, las gotas de agua chispeaban sobre su rostro mientras que el viento desordenaba su cabello. Bien, esto ya lo había hecho muchas veces, la única dificultad era que iba mojarse un poco. Se encaramó sobre el marco de la ventana, asegurándose de aguantarse de las esquinas, bajó precavidamente su pie hasta apoyarse de unas plantas que se encontraban enredadas en el muro. Esas enredaderas le servirían como una escalera natural, la anciana nunca se imaginó que haría algo como esto. Bajó con cuidado, escalando con precaución, la lluvia la tenía empapada pero eso era algo que no le importaba. De repente, Lissa dio un resbalón que hizo que perdiera el equilibrio y tubo la sensación de caer de espaldas. Aterrada cerró los ojos y no pudiendo evitarlo, soltó un grito desgarrador mientras extendía las manos y agarraba con fuerzas unas de las enredaderas. Realmente creyó que iba à caerse, abriendo sus ojos y respirando con dificultad, continuó bajando lo poco que le quedaba hasta saltar al suelo.

-¡Princesa! - gritó la anciana furiosa desde la ventana. Una Lissa triunfante miro de reojo à su profesora y salió disparada gritando.

-¡ Lo sientoooo !- Las gotas de lluvia golpeaban suavemente su rostro y se abrían un camino por su cuerpo. Era muy agradable, hace tiempo que no corría bajo la lluvia. Ahora era el momento de esconderse, en este juego, ¡ ella era la mejor !
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Virion el Vie Nov 06, 2015 6:16 pm

La fuente de aquel grito no provenía de dentro, sino de fuera de los muros del castillo. Virion pudo comprobarlo tras escuchar otro grito, como de disculpa, que provenía desde fuera. El arquero de arqueros se asomó a la ventana más cercana y contempló boquiabierto el espectáculo.

Allí abajo se encontraba ella. Mujer rubia, con dos peculiares coletas. Joven de noble ropajes,  bajita y delgaducha pero en cierto modo adorablemente atractiva. Y completamente mojada. Lo cual no era de extrañar, con la que estaba cayendo desde hacía un par de horas. Virion mismo se retiró de la ventana para evitar que esa misma lluvia impidiera que se le estropease su magnífico, bellísimo y cuidado peinado. No sin antes echar un vistazo hacia más o menos se dirigían los pasos de aquella mujercita.

No estuvo asomado mucho tiempo, pero gracias a su aguda visión pudo también ver a una mujer mucho más mayor retirarse de otra ventana de la que ella también estaba asomada. Parecía ser que la disculpa iba dirigida a esa mujer. Con esa información, Virion pudo hacerse más o menos una idea de lo que había ocurrido… y estaba alucinando.

¿En serio esa loca acababa de bajar hasta el suelo trepando desde fuera con la lluvia que estaba haciendo? Un resbalón en falso y sería fatal. De hecho, Virion se imaginó que el grito vendría de algo similar ¿Por qué alguien se arriesgaría a cometer un riesgo semejante sólo para huir de una anciana? Virion no daba crédito a lo que había visto y oído. Decidió ignorar todo y volver atrás a la sala de lectura, a volver a leer aquel libro de sonetos y olvidar todo lo que había ocurrido.

Pero no iba a ser tan fácil. En la puerta misma de aquella sala, se encontraba Aulbert esperándole, visiblemente nervioso, seguramente por aquel grito. Virion trató de relajar la tensión de su viejo amigo.

-No temáis, mi estimado Milord Aulbert. Se trata de una chiquilla rubia con coletas que ha escapado del interior del castillo trepando por las paredes. Se encuentra bien, y ha salido corriendo vete a saber dónde ¿Increíble, verdad?
-Gracias, me alivia saber que la princesa Lissa se encuentra bien.-suspiró aliviado el anciano. Virion le miró con todavía más asombro.
-¿La princesa? ¿Ella? ¿En serio?-se preguntó asombrado el arquero. Jamás había tenido la oportunidad de conocerla antes, pero se alejaba bastante de la idea que tenía de toda una princesa de Ylisse. Aunque es cierto que en su vida sólo había conocido un príncipe, el príncipe Pelleas de Daein. Ese joven también se alejaba bastante de la idea que tenía Virion de los príncipes, pero de una manera completamente diferente.
-Desde siempre nuestra querida Lissa siempre ha sido muy traviesa. Temo que su actitud le acabe trayendo demasiados problemas, y no sólo a ella sino a todo el reino.-masculló entre preocupado y melancólico el anciano, con la mirada algo baja, para luego alzarla en dirección del arquero.-Mucho me temo que tengo que pedirte un favor, Virion.
-Lo que sea, cualquier petición vuestra es un designio raudo a ser cumplido por vuestro fiel, valeroso, capaz, sumamente atractivo y muy estimado amigo, Milord Aulbert.-dijo Virion mientras ponía una pose de las suyas en plan héroe de leyenda, logrando sacar varias carcajadas al anciano.
-Por favor, no cambies nunca, Virion. Me encantas tal y como eres.-comentó mientras seguía soltando un par de carcajadas más, para luego volver a su semblante serio.-Necesito que vayas a buscar a Lissa y la hagas entrar en razón para que vuelva a nosotros. Es una buena chica, buenísima. Pero a veces es un tanto cabezota. Si nadie la encuentra, se puede pasar horas enteras escondida, y tras empaparse tanto con la lluvia que hace, puede pillar una pulmonía o algo peor. Me preocupa que realmente esté bien ¿puedes ayudarme en ello, Virion?

Por lo que había podido intuir en la conversación, no era la primera vez que la princesa hacía ese tipo de juegos. Por un lado, se sorprendió que alguien de su edad siguiera haciendo cosas como esa, aunque por otro lado, empezó a notar que la preocupación de Aulbert fuera un tanto excesiva ¿Una pulmonía por un poco de agua? ¿Qué su salud corra peligro por estar escondida DENTRO del castillo? A lo mejor, la actitud de la princesa venia por actitudes demasiado sobreprotectoras, pero se abstuvo de hacer juicio alguno. No quería ofender a su amigo, mucho menos sin conocer la historia en sus detalles.

-Mi estimadísimo Aulbert. Me congratula y me agrada en grado magistral el que confiéis en mí para el cuidado de la princesa. No sabía que era hombre de tanta confianza, y eo es algo que me honra profundamente.-empezó a decir Virion mientras ensayaba una de sus barrocas reverencias, mas al levantar luego la mirada puso un dedo frente a su cara en señal de objeción.-¿Mas soy yo el hombre adecuado para esta tarea? No conozco personalmente a la princesa, por lo que para ella soy un completo extraño ¿por qué me habría de obedecer o hacer caso siquiera?
-Oh, seguro que te hace caso. Eres muchas cosas, Virion. Y una de esas cosas, y no te ofendas por ello, es entretenido. Lo admito, me lo paso bien cuando estás aquí.-Virion no sabía muy bien como tomarse aquello. Decidió hacer caso a su consejo y no ofenderse.-Con la princesa seguro que pasa tres cuartos de lo mismo. Te hará caso, créeme. Es imposible no hacerte caso.
-Sea pues, mas tengo otra cuestión pendiente ¿cómo voy a encontrarla? No tengo idea de por dónde empezar siquiera. Y carezco de dotes de rastreador.-preguntó con total sinceridad el arquero.
-Ni tú ni nadie en este castillo. Naga sabe dónde se esconde la princesa, pues parece que se vuelve invisible. Pero aquí también confió en ti. Utiliza tu vista aguda de arquero, seguro que sirve para alcanzar a esa anguila.-comentó el anciano Aulbert, para luego sacar un pequeño trozo de papiro.-Este es un permiso especial para entrar en todas las salas que te son vedadas, salvo las dependencias reales. Así podrás buscar con escasos límites a la princesa.

Virion volvía a alucinar. Tantísima confianza era ya demasiado. Conocía a Aulbert, se había encariñado con el anciano, y sabía que el sentimiento era mutuo ¿pero esto? ¿No era ir demasiado lejos? El arquero empezó a pensar que había algo más en todo aquello, pero sin mediar palabra, cogió ese particular salvoconducto.

-Si lográis encontrar a la princesa, os permitiré llevaros el libro a vuestra casa, como “préstamo” por unos días. Regocijaos, hace años que nadie goza en esa sala de semejante privilegio.-comentó el anciano con una gran sonrisa en su rostro, muy probablemente diciendo la verdad.
-Marcho pues en pos de tan delicada búsqueda. Encomendadme a vuestra diosa, y rogad para que salga victorioso.-dijo Virion mientras se daba la vuelta para comenzar la búsqueda.
-¡Buena suerte, Virion!-fue la respuesta a modo de despedida que le dedicó el anciano a sus espaldas, antes de volver al cálido interior de aquella sala.

Virion no tenía ni idea de por dónde empezar, como había dicho antes, pero se hizo un par de ideas. Primero descendería a la planta baja. Más que nada porque la última vez que vio a la princesa estaba precisamente en esa planta. Y también tenía que estar pendiente de huellas de agua. El arquero no creía tener muchas posibilidades de éxito, pero su amigo confiaba en él, y no perdía nada en intentarlo. Así que presuroso, comenzó su búsqueda.
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 25, 2015 8:10 am

La gotas de agua seguían cayendo sobre ella como a su alrededor. En este momento el cielo y la tierra se unían formando una especie de neblina. Lissa corría con rapidez a través de la lluvia saltando de vez en cuando sobre los charcos, haciendo que se empapara mucho más su vestido que ya estaba pegado à sus delgadas piernas. Al fin llegando a sus destinación, la joven princesa abrió una puerta que se encontraba en la parte trasera del palacio. Asomó precavidamente su cara, su pelo estaba pegado à su rostro. No había nadie, como lo había previsto, a estas horas siempre estaba despejado en las cocinas.

Abriendo completamente la puerta entró con paso seguro salpicando el piso de su humedad. Ahora que ya no correteaba y que la lluvia no la mojaba, una sensación de frialdad comenzó a invadir su cuerpo. Abrazándose a si misma, la pequeña princesa se dirigió sin dudar un segundo hacia un armario que se encontraba en la esquina de la pieza. Era allí donde se guardaban la ropa de intercambio, ya que cierta cocinera hacia de vez en cuando sus accidentes... Abrió las puertas de par en par, sus ojos recorrieron aquellas prendas y se decidió por una que le parecía mas o menos de su talla pero un poco ancha. No le dio importancia, andar con este vestido mojado era molesto ya que tenia la impresión que pesaba unas toneladas. Tomo la ropa de sirvienta entre sus manos y fue a enfilarlo a una esquina.

Luego de habérselo puesto, Lissa se sentía como una una plebeya común y corriente. Todavía le quedaba el problema de su cabello, ahora mismo debían tener la facha de cuando era chrom quien intentaba peinarla,  cosa que ya había desistido hace mucho. En el momento en el que Chrom tenia que utilizar sus manos parecía que tenia dos brazos izquierdos. Aunque ella no era mejor…Se soltó sus dos coletas y exprimió su cabello haciendo que cayera un gran chorro de agua sobre el piso. Luego cogió un pañuelo colocándose lo sobre su cabeza haciendo un pequeño nudo, ocultando su cabellera rubia húmeda debajo.

-¡Listo!- se dijo à si misma triunfante. Ahora parecía una sirvienta más del castillo. Tomando una toallita , salió de la cocina de manera discreta. Cada vez que se cruzaba con alguien, agachaba  su cabeza y fingía estar sacando el polvo de los objetos torpemente. Los verdaderos sirvientes, que estaban de paso, la miraban de reojo con una ceja levantada pero no le decían nada. Sólo se limitaban a pensar “los principiantes de hoy en día”. Cuando se alejaban, en el rostro de Lissa se dibujaba una sonrisa victoriosa, ¡esta técnica siempre funcionaba! Ahora podría hacer lo que quisiera pensó mientras sus ojos se iluminaban con un brillo travieso.
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Virion el Sáb Nov 28, 2015 2:01 pm

Virion tenía un problema. Bueno, tenía muchos, como el común de los mortales, pero en concreto ahora tenía uno que veía incapaz de resolver. Y era encontrar a la dichosa princesa desaparecida en aquel enorme castillo. El anciano Alubet había confiado a él el encuentro de la princesa Lissa de Ylisse y él había aceptado el encargo, pese a saber que no iba a ser tarea fácil. Y desde luego que no lo estaba siendo.

Nada, ni rastro. El problema principal que tenía el noble arquero es que apenas conocía aun el castillo. Las ocasiones en las que había estado eran simplemente para conocer la biblioteca particular del mismo y poco más. Tampoco es que se le hubiese perdido nada allí dentro en todo ese tiempo ni necesidad alguna para investigar a fondo el edificio. Por eso mismo, todavía se sentía perdido cuando deambulaba por sus largos y un tanto laberínticos pasillos.

Mientras caminaba, la calma reinaba en todo el lugar. Los guardias, el servicio u otros visitantes como yo actuaban de manera habitual, sin ninguna alteración en su rutina ¿y por qué iba a ser de otro modo? Lo único que ha pasado es que una princesa traviesa había decidido pasar la tarde jugando al escondite. De no ser por la petición de Aulbert, él mismo no estaría leyendo tranquilo en el sillón de la Sala de Lectura en vez de estar deambulando sin rumbo en busca de la desaparecida. Y no había forma alguna de encontrarla.

En la primera media hora, sólo encontró una pista. Se trataba de un charco de agua en la cocina. Esto daba a entender que la princesa había entrado al interior del castillo y que ya no se encontraba en el patio. Por desgracia, no pudo investigar mucho más el asunto, puesto que en seguida apareció un hombre, supuestamente el cocinero jefe, preguntándole que estaba haciendo allí mismo. Como Virion dudaba que fuese a ser creído de buenas a primeras y tras ver que la princesa no es encontraba en las dependencias mismas, simplemente dijo, en su clásico y educado tono que se había perdido y pidió disculpas por su intromisión, disculpas que acompañó con una de sus usuales reverencias, para luego salir de allí e iniciar su búsqueda en alguna otra parte.

¿Pero cuál sería esa parte? Tenía que estar cerca, aquel charco de agua era reciente, mas no tenía idea de dónde exactamente. Lo único que sabía es que si se quedaba quieto no la iba a encontrar. La ausencia de más charcos le indicó que la princesa había encontrado la manera de secarse, seguramente en la misma cocina. De haber podido investigar un poco más, habría podido descubrir cómo logró secarse tan rápido la joven muchacha, mas simplemente tuvo que conformarse el arquero con saber que ya no podía contar con el agua como pista para encontrar a la princesa.

Al final, al poco de deambular y mirar tras cortinas, estatuas y alguna que otra habitación si encontraba a la princesa, todo ello sin éxito, decidió que no podía resolver ese misterio él solo. Y cuando uno es incapaz de resolver un asunto por sí mismo, el siguiente paso consiste en pedir ayuda. Sabía que no era el único que buscaba a la princesa, pero la gran mayoría que se encontraban en el castillo desconocían que la princesa estaba ausente. Quizás alguien la había visto, pero al no saber que estaba siendo buscada, no avisaron a nadie de su encuentro. No perdía nada en probar.

Y la primera persona con la que decidió probar era una joven sirvienta de pelo rubio largo que, con su habitual uniforme, estaba limpiando el polvo de distintos muebles de un pasillo cercano a la cocina. Virion sonrió, la veía solo de espaldas y quizás era un tanto bajita (y algo torpe, por como limpiaba, casi como si ese fuera su primer día) pero había algo en ella encantador y adorable. El noble arquero decidió comenzar la conversación con aquella sirvienta con las siguientes palabras:

-Temo que no podréis engañarme con vuestro disfraz, mi dulce señorita.-dijo Virion utilizando el tono suave y confiado con el cual estaba acostumbrado a dirigirse a las personas de sexo femenino que despertaban su interés.-Podréis ir vestida de sirvienta, pero en el fondo sabemos que sois toda una radiante ninfa o una grácil sílfide, o toda una auténtica diosa antigua de la belleza haciéndose pasar por una mera mortal.-y acompañando a esos descarados cumplidos le siguió una recargada reverencia, aunque sabía que estando de espaldas la mujer no podía verle.-Mis disculpas de antemano, pues generalmente me pasaría horas narrando vuestras virtudes y alabando vuestra exquisita existencia como sin duda merecéis, más temo estar en una misión de urgencia que me impide rendiros la tan demandada pleitesía hacia vos ¿No sabréis por casualidad, mi bellísima dama, dónde puedo encontrar a la princesa Lissa de Ylisse? La ando buscando por una cuestión de urgencia, más no soy capaz de encontrarla y toda ayuda al respecto me sería muy bien apreciada ¿La habéis visto recientemente?

Echó un vistazo a su alrededor, por si acaso la misma princesa aparecía por allí mientras él soltaba ese discurso, pero siguió sin encontrar rastro de ella, así que se limitó a fijar su mirada en la joven sirvienta, esperando a que ésta se diera la vuelta y le diera su respuesta para seguir inmediatamente con su búsqueda.
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Invitado el Miér Feb 10, 2016 9:35 pm

La tormenta en el exterior parecía no tener fin, la lluvia continuaba a caer en cascadas casi volviendo imposible la acción de visualizar algo en la lejanía. Ahora luces en el cielo acompañadas de unos fuertes estallidos se podían observar en el cielo gris y nublado, cualquiera pensaría que la noche ya había llegado cuando no era el caso. Lissa tenía su mirada enfocada en la ventana, sus ojos vagaban en las afueras del castillo observando como el viento azotaba las ramas de los árboles, obligándolas a participar en una danza salvaje mientras amenazaba con romperlas. El tiempo sin duda había empeorado en tan poco tiempo, tempestades de ese tipos podían volverse muy peligrosas para los imprudentes. Un estruendo enceguecedor acompañó ese pensamiento poniéndole los pelos de punta, no le gustaban los truenos. Sus manos se movían automáticamente por cada mueble simulando limpiar, lo hacia de manera distraída y torpe absorbida por esos pensamientos, lamentándose en ya no poder salir con ese clima del horror.

Se preguntaba si ya habían comenzado a buscarla, por la paz que reinaba  en los pasillos solamente perturbada por las idas y vueltas de los sirvientes llegó a la conclusión que estaría tranquila por un tiempito. En el instante en el que sus ojos se despegaron de su contemplación lista para dar un paso a su derecha, una voz elegante y profunda se dirigió a ella en sus espaldas haciéndola sobresaltarse de la impresión, casi lanza el pañuelo de sus manos en los aires, pero logró retenerse en el último momento. ¡La habían descubierto! Fue lo primero que paso por su cabeza, ¿como pudo pasar algo así? ¡si su disfraz era perfecto! Dudaba entre echarse a correr o hacer como si nada. Pero finalmente no fue necesario, sus hombros tensos se relajaron al escuchar la continuación de la oración, de sus labios se escapó un suspiro de alivio. ¿Sílfide? ¿Diosa? Lissa levantó una ceja, que manera tan particular de abordar a alguien.

Era una persona curiosa, por su manera de hablar tan refinada, ya podía adivinar que formaba parte de la nobleza. Pero entonces… ¡podía reconocerla! Por instinto se acerco el pañuelo sobre su cabeza un poco mas a su cara para ocultarla un mínimo. Este hombre desconocido estaba en su busca- ¡No se nada! – Exclamó con algo de nerviosismo de manera precipitada, era muy mala mintiendo, dándose cuenta de su error, tosió disimuladamente mientras se daba levemente la vuelta agachando sus ojos claros al suelo- Quise decir…eh… no he visto a la… princesa Lissa desde hace una eternidad! – Afirmó con convicción, o más bien, eso es lo que ella quería que sonara- Si me disculpa… el trabajo me llama! – Respondió algo apresurada sonriéndole para luego casi salir disparada en la dirección contraria.
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Virion el Lun Feb 15, 2016 5:32 pm

Al principio, la joven sirvienta pareció sobresaltarse cuando Virion le halagó los oídos y le preguntó por el paradero de la desaparecida princesa de Ylisse. El arquero pensó que dicha reacción se debía a que le había sorprendido por detrás cuando estaba concentrada en su trabajo, lo cual podía comprenderse, pero aun así, una parte de él sentía que la reacción de aquella mujer era un tanto exagerada. Mas le llamó la atención cuando la mujer se ocultó con un pañuelo ¿es que acaso tenía una tara que no quería que se le viera o es que era rematadamente tímida?

-Por favor, comprendo perfectamente que os sintáis extremadamente abrumada por la cuantiosísima belleza de mi esbelto y maravilloso semblante y mi cuerpo perfectamente proporcionado. Mas no tenéis nada que temer de mí, mi dulce, radiante y hermosa dama, pues no es mi intención haceros dañ…-su infinito discurso se vio interrumpido ante los gritos de la mujer, que empezó a salir corriendo tras asegurar que no sabía absolutamente nada y que el trabajo le llamaba.

La reacción le pilló esta vez por sorpresa a Virion ¿Es que acaso no estaba limpiando esa zona? ¿Por qué dejarla a medias para limpiar otra? Era obvio que estaba huyendo de él, pero por qué ¿tan rematadamente tímida era? Una pena, con lo tremendamente guapa y linda que era la sirvienta. Virion se prometió que volvería a intentar otra conversación con ella, en un ambiente mas relajado, pero al mismo tiempo íntimo y romántico. Pero el deber era el deber, primero debía encontrar a la prin…

-Oh, no. No puede… No, no me digas que… ¡Por Naga bendita, soy idiota!-gritó en voz alta Virion golpeándose la cara con su mano diestra al darse cuenta de cómo había sido burlado.

Todo coincidía, el rastro en la cocina, la reacción exagerada de la sirvienta y su huida repentina. Virion retenía la imagen de la princesa de cuando la vio huir bajo la lluvia, y la figura y el rostro encajaba perfectamente con la mujer con la que acababa de cruzar palabras hacía unos instantes. Lissa había huido hacia la cocina, se había disfrazado de sirvienta y se había camuflado fingiendo estar trabajando. Y ahora, al encontrarse con alguien preguntando por su paradero, había huido corriendo temiendo ser descubierta ¡Todo encajaba! ¡Todo tenía sentido!

Menudo idiota, si hubiera tenido la cabeza donde debería haberla tenido en vez de pensar en ligarse a aquella sirvienta hubiera podido descubrir fácilmente el engaño y no la habría dejado escapar. Total, realmente era bastante mala mintiendo. Rápidamente dirigió los pasos hacia el lado donde la falsa sirvienta había escapado, pero ya era demasiado tarde. Tras girar una esquina se dio cuenta de que había perdido todo rastro de ella. Virion suspiró, volvía a encontrarse en la primera casilla.

Aunque no realmente. No toda esperanza estaba perdida. Ahora sabía que la princesa estaba disfrazada de sirvienta, y nada había revelado aun a ésta que había sido descubierta. Por tanto, lo más probable es que siguiera fingiendo ser una sirvienta por alguna otra parte del castillo. Era una pista bastante vaga, pero era algo, y Virion estaba dispuesto a aferrarse a ello si le servía para descubrir a la escurridiza hermana del rey.

¿Quería Lissa jugar al escondite? ¡Sea! Virion participaría y ganaría la partida. Ya no era cuestión de hacerle un favor a un amigo. Tras semejante engaño, el orgullo de Virion estaba en juego. Y como narcisista que es, no había cosa que Virion valorase más que su propio orgullo. Encontraría a la princesa Lissa costase lo que costase. Con renovada determinación, siguió el camino dispuesto a ganar el juego al que aquella dulce princesa le había invitado a jugar sin darse cuenta.
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 07, 2016 8:14 pm

Antes de lanzarse en su huida estratégica, pudo entrever de reojo, una evidente incomprensión sobre los rasgos elegantes de su interlocutor. Por lo menos esta vez había logrado disimular un mínimo de bien hasta el punto de confundir, bueno, eso era lo que ella se imaginaba. Aprovechando del momento de confusión de aquel hombre, Lissa, paso de caminar con rapidez a correr como alma que persigue el diablo, intentando hacerlo lo más rápido que podía. Claro, olvidando de paso toda discreción… por sí en algún instante la hubo. En una de esas dio un resbalón sobre el suelo demasiado bien pulido, pero pudo evitar una caída a tiempo logrando girar a la esquina mientras “patinaba”. Ya había perdido de vista a ese extraño sujeto,  miró de reojo detrás de ella verificando si era perseguida y para su gran alivio no era así.

Su pelo suelto la acompañaba en cada movimiento haciéndola sentir rara, ya que estaba acostumbrada a llevarlos recogidos en coletas en los dos lados. No paró su pequeña carrera hasta llegar a girar en otra esquina, asegurándose que la distancia entre ella y su “buscador” fuera lo suficiente grande. Inclinó un poco su torso mientras posaba sus manos sobre sus rodillas buscando a recuperar el aliento perdido durante su escapada – Ayayayay… eso estuvo cerca… ¡Demasiado cerca! Murmuró para si misma, se enderezo estirándose para luego pasar una mecha rubia rebelde detrás de su oreja. Tendría que tener más cuidado y no actuar tan exagerada, pero era inevitable en ella, nunca fue capaz de mentir a sus hermanos… y mucho menos a desconocidos. Le parecía haber visto ya a ese sujeto junto a los custodios de su hermano, era alguien muy particular, mas bien su manera de hablar era particular-¿Me habrá seguido? – Miró detrás de su espalda posándose esa interrogante. Una pequeña pregunta a la cual ella misma le dio una simple respuesta. Pues claro que no, parecía que finalmente no la reconoció, así que estaba todavía en modo incognito. Aquel hombre la seguiría buscando por todo el Castillo pensando encontrar a una “princesa” no a una simple sirvienta.

De repente, una voz muy familiar llegó a sus oídos para su gran desgracia – ¡Ya he perdido la cuenta de las veces que me ha hecho esta gracia! – Un grito, o más bien un chillido muy conocido para Lissa. Observó rápidamente a su alrededor para al final abrir una puerta de aquel pasillo y meterse adentro sin previo aviso. Las ganas de toparse con su profesora en ese estado no estaban ahí. El sonido de los pasos rabiosos de aquella mujer se fueron alejando junto a sus maldiciones. Lissa soltó un suspiro de alivio, nota mental : evitar a su profesora durante algunos días de preferencia. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz a sus espaldas provocándole casi un infarto – ¿Se puede saber que esta haciendo aquí?
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Re: Jugando al Escondite [Privado Lissa]

Mensaje por Marth el Vie Abr 01, 2016 1:45 am

• Tema cerrado •

Virion gana 30G


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