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La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

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La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Lun Feb 05, 2018 8:12 pm

En las afueras de la capital de Altea, a pocas horas del amanecer, un intenso y gélido vendaval agitaba los bosques cercanos. Esta anomalía había estado sucediéndose de forma intermitente las últimas semanas, sin explicación aparente, mas la causa y/o responsable cada vez tenían menos cabida en el anonimato. Por su reincidencia en el espacio y en el tiempo, cada vez eran más los curiosos que madrugaban y miraban con extrema curiosidad tras las murallas que protegían la ciudad. Algunos intentaron adentrarse en el bosque, lugar en el que el viento se tornaba caótico e imposible de rastrear. Sumado a la naturaleza incierta del fenómeno y la intensa oscuridad de la arboleda, finalmente todos terminaban por sobreponer su seguridad personal al ansia por saciar su sed de respuestas.

Eugeo sabía que aquella situación no duraría demasiado, llegaría un momento en el que los rumores serían irrefrenables y su secreto finalmente saldría a la luz. El héroe de Altea había cuidado en mantener la existencia de su gélida espada lo más salvaguardada posible, por la seguridad de todos. Un artefacto de semejante poder era también una enorme diana en la cabeza de su portador, para bien y para mal, sumado a su reciente actuación en los desiertos de Plegia haría que su nombre resonara en toda Akaneia. No quería tener tanta fama, era algo que le aterraba. En segundo lugar, aún no dominaba por completo la espada, con una voluntad mágica difícil de doblegar, quería estar seguro de que podía empuñarla debidamente antes de darla a conocer al mundo. A través de la desventura de los emergidos, con los meses, Eugeo había conseguido una cierta tolerancia al peso de la responsabilidad. Aquella que no pudo afrontar en su momento, llevándole de viaje a lo largo del mundo. Ahora, aunque con cierta dificultad, se esforzaba en aceptar que no podía ser un soldado anónimo por más tiempo.

Mientras ese momento se acercaba inexorablemente a él, aprovechaba las madrugadas libres de guardia para despertarse antes y adentrarse en el bosque cercano a la capital. Con atuendos discretos, al igual que la funda de su espada oculta tras harapos de cuero, el joven de cabello dorado aprovechaba su anonimato para entrenar con su espada mágica. Las ramas y las hojas silenciaban en gran medida el silbido del viento y el agudo eco de la vibrante hoja al desatar su poder mágico. El espadachín respondía favorablemente y de forma progresiva al entrenamiento, haciéndolo más tolerante a la corriente mágica que fluía desde la espada y que aumentaba sus reflejos, velocidad y resistencia a costa de un descenso vertiginoso de su temperatura corporal. Siempre que lograra modular la cantidad de energía que recibía, pues si se desbordaba perdía por completo el control sobre ésta, haciéndola inmanejable. Afortunadamente, la espada sólo estuvo a punto de matarlo en el momento de su concepción, desde entonces el malestar físico y espiritual cuando perdía el control había estado lejos de cotas tan peligrosas.

El tiempo pasaba, la llegada del amanecer se anunciaba por el aumento de la claridad y la congelación del rocío nocturno, ayudado en parte por el viento gélido que emanaba de la Espada de la Rosa Azul. En pocos minutos debería emprender la vuelta a la urbe y retomar sus deberes de caballero al servicio de Altea. Tras un suspiro, dejó que el tintineo de su espada se apagara, al igual que la luz de su hoja, del mismo modo que el brillo celeste de sus ojos, dando paso a un profundo contraste con el aguamarina de sus iris naturales.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Alanna el Jue Feb 15, 2018 9:13 am

Hacían ya unas dos semanas desde que ocurrieron ciertos acontecimientos que la llevaron por derroteros que nunca antes se hubiese imaginado. Con todo, aquello daba pie a un cúmulo de preguntas que le surgieron desde entonces, y que no hizo sino repetirse cuantiosas veces durante su viaje. ¿Cómo había acabado en semejante situación? Lo último que recordaba es que su sentido del honor la había impulsado a llevar a cabo un viaje hasta el continente de Jugdral. Todo, porque quería socorrer a un hombre que también era el responsable de sus siguientes cuestiones: ¿Por qué marchó? ¿Por qué Gerard Van Reed decidió partir a Grannvale él solo y sin avisar a ninguna de las personas que le acompañarían e su travesía? Desde entonces, Alanna no tenía ni idea de qué había sido de aquel caballero que conoció deambulando por Ylisse y que le contó la nefasta situación de su país. No llegaba a entender que hubiese tomado una decisión tan egoísta después de lo que acordaron, que les dejase a ella y a los demás al margen.

Pero sobre todo, no entendió que dos semanas después le llegase un paquete de su parte. Ni una miserable carta o explicación venía adjunta en su contenido. Tan solo su nombre y… una piedra.

Esa mañana había partido de madrugada para llegar cuanto antes a la ciudad. Ya era la segunda vez que ponía rumbo a Altea en un mes, siendo la primera cuando tomaron aquel barco que acabó llevándolos a una isla infestada de emergidos. Todo empezó a causa del pequeño “regalo” de Gerard. ¿Había dicho antes que era una piedra? Lo era, pero no una cualquiera y moliente. Se asemejaba muchísimo a las alhajas preciosas sin refinar que de vez en cuando veía en la herrería de Edmond, salvo la notoria diferencia de que esta emitía un singular destello que emanaba desde su interior. Una luz tenue, casi como si estuviese recluida en una prisión mineral. Tal fenómeno no podía ser “natural”, y los expertos que servían a la casa real de Ylisse no arrojaron demasiada luz a sus dudas. O, irónicamente, tal vez sí; lo único que sacaron en claro es que la gema contenía una energía muy enlazada a la magia de luz que usaban los practicantes del clero.

Una piedra encantada. Todo aquello sonaba tan surrealista que parecía mentira. ¿De dónde se suponía que había sacado Gerard semejante artefacto? ¿Y por qué dárselo a ella? ¿Acaso había algún significado detrás de ello o…? Nada. Por todas las vueltas que le diese, no comprendía nada. Pero, al menos, quería descubrir la auténtica naturaleza de lo que albergaba esa gema. Quizás, así hallase la primera pista hacia una respuesta clara y concisa.

Así pues, los magos de la corte no pudieron hacer más que recomendarle que consultase a los hechiceros de Altea. En esos momentos se encontraba atravesando una de las zonas boscosas de la periferia, un pequeño atajo que le ahorraría tiempo y así legase cuanto antes a la urbe. Con todo, quizás se tratase de las tempranas horas de la mañana, o a estar más expuesta al deambular por la intemperie, pero estaba empezando a notar una brisa muy fresca. Demasiado para la época del año en la que estaban. ¡Pardiez!, ¿Cómo podía distar tanto el clima entre Ylisse y Altea? Tan extrañada se hallaba que reparó en el fino manto de rocío mañanero que se acumulaba en el follaje del bosque. Extendió una mano y comprobó, por el tacto de las yemas, que estaba helado. Casi escarchado, incluso.

Enarcó una ceja bajó la vista hacia sus dedos, que todavía mantenían la sensación gélida, y los engarfió. Últimamente no hacían más que pasarle cosas extrañas, una tras otra. Caballeros allegados del norte, piedras mágicas, y ahora, el tiempo se volvía loco y pegaba unos bajones de temperatura que no tenían sentido alguno. Lo único que quería era llegar hasta el poblado más cercano y reorganizar sus pensamientos después de tantos trotes, y mejor en un lugar cubierto y en el que no se acabase acatarrando con tanto frío.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Mar Feb 27, 2018 6:57 pm

Cuando Eugeo ponía a su espada a dormir, un eco del viento que había invocado lo perseguía en cuerpo y alma durante unos minutos, una energía residual que quedaba latente en él. Aquella sensación gélida le evocaba recuerdos de su tierra natal, sobre todo el momento en el que cogió la gema escarchada por primera vez. Era como si ésta aún recordara su antigua forma, o quisiera hacer recapitular a su dueño todo el recorrido que había transitado hasta llegar al momento en el que estaban entonces. Pasaron cosas horribles en los momentos próximos al descubrimiento de la gema, podía trasladarse al sangriento escenario en el que murieron tanto inocentes como criminales, un pasado del que no se sentía orgulloso por tan necesarios que hubieran sido sus actos en aquel entonces. Suspiró finalmente, llevando la glacial hoja a su funda para que descansara, guardando la vaina en una cobertura de cuero para mantenerla oculta.

El camino a la villa no tomaba más de un cuarto de hora desde su posición, la costumbre y la curiosidad habían hecho que conociera a la perfección aquella zona de la arboleda y podía tomar diversos atajos que evitaban el camino principal. El terreno era irregular y la vegetación mostraba una exuberancia poco conveniente para viajeros o carruajes, la carretera hacía un rodeo que aumentaba la travesía unos diez minutos. Eugeo tenía tiempo suficiente para tomar cualquiera de las dos opciones, pero últimamente se había acostumbrado a tomar la vía rápida porque le resultaba menos monótono que caminar por la carretera vacía.

Como era de esperar, el atajo se cruzaba con el camino convencional en un punto. Al pasar de la densa vegetación y la tierra al sendero empedrado, el héroe de Altea se encontró con otra persona, un suceso inusual si se tenía en cuenta la hora que era. - ¡Oh! - Se habían cruzado a apenas unos metros de distancia, podrían haber chocado si Eugeo hubiera atravesado la carretera unos segundos después. Exclamó y frenó su carrera de forma abrupta, no pudiendo evitar trastabillarse y perder sutilmente el equilibrio. Afortunadamente pudo recuperar el centro de gravedad, habría sido patético caer de bruces delante de una señorita. Al girar noventa grados para poder verla de cara lo comprobó. Aparentaba tener una edad similar a la de su hermana, y se podían distinguir sus mechones dorados aún con la escasez de luz.

El sobresalto eclipsó la precaución del caballero de Altea: La brisa polar aún estaba acompañándolo, al igual que su piel aún se veía muy blanca y fría. Incluso la funda de cuero se había escarchado debido al poder latente de lo que envolvía. - Lo siento, espero no haberla asustado. - Vio adecuado disculparse en primera instancia. - Parece que está de viaje, ¿verdad? ¿Está de camino a la capital? - Preguntó con la amabilidad que le caracterizaba, ofreciendo una amplia sonrisa y dispuesto a acompañarla en el resto del trayecto si ella lo deseaba. Y si no era así, seguramente seguiría por el camino principal de todos modos. Sería bizarro salir del sendero del mismo modo que apareció en el mismo.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Alanna el Dom Mar 04, 2018 6:32 pm

Debía ser porque ya hacía de cuando los primeros rayos del sol despuntaron, porque ya no corría la misma brisa gélida de antes. Menos mal, porque ya se estaba empezando a arrepentir de no haberse llevado cualquier otra prenda más con lo que abrigarse. Claro que aquello la pilló bastante desprevenida: nadie le avisó en ningún momento de las circunstancias climáticas de Altea, por lo que creyó en primera instancia que sería bastante similar a los tiempos cálidos que disfrutaban en Ylisse. Por lo menos ya empezaba a ser soportable y a entrar en calor según marchaba por la carretera principal. Aunque quizás… ¿demasiado calor? Frunció el ceño al notar que, efectivamente, su costado izquierdo estaba más caliente de lo normal. Y más perpleja se quedó al llevarse la mano a la zona y darse cuenta que la calidez provenía del bolsillo interno de su chaqueta. Justo en donde llevaba guardada…

«¿La piedra?», aminoró la marcha unos momentos para bajar la vista a su bolsillo. No lo entendía; en todo este tiempo no hubo ninguna clase de reacción por parte de esta que no fuese el leve tintineo que emitía. Pero aquello era nueva. Ya intranquila, fue a sacarla de la chaqueta para examinarla mejor, pero justo escuchó el remover de unas hojas no muy lejos. Levantó el rostro a tiempo de toparse con una figura salida de los arbustos. Alanna pegó un respingo del susto y sacó la mano de la chaqueta para llevársela al pecho. Pero no parecía haber peligro aparente: comprobó que el recién allegado era un joven de rubia cabellera y dos zafiros por ojos, el cual no andaría muy alejado de su edad.

La sensación de cautela cayó cual cascada y los músculos se le relajaron de la tensión acumulada. —Por Naga, que susto. —Exhaló un suspiro. Además, el muchacho que la acababa de sorprender no tardó en emitir una disculpa que sonó bastante sincera. Los alteanos no parecían tener costumbre por tomar las carreteras principales, pero al menos buenos modales no les faltaban. —Oh, no os preocupéis. Solo me habéis sorprendido un poco, nada más —le respondió con una media sonrisa, alzando una mano para restarle importancia a ese pequeño percance. El chico debió de percatarse enseguida de que no era de sus tierras, porque le preguntó si se encaminaba hacia la capital. Alanna se llevó una mano a la cadera y dijo —Así es. Vengo desde el reino de Ylisse. Aunque he de confesaros que no me esperaba que en esta parte de Akaneia refrescase tanto. ¿Es muy típico de Altea? —inquirió con un tono divertido. Mientras, siguió analizando al rubio con la mirada y dio cuenta enseguida de cierto "detalle" que daba forma al manto que portaba. Bueno, existían pocas cosas aparte de una espada que tuviesen la misma forma y se llevasen a los costados, y los protectores de cuero que llevaba también daban que pensar—No alguna clase de miliciano, ¿verdad? ¿También marchábais hacia la ciudad? — Además, si se dirigía a la capital como ella podría aprovechar para preguntarle acerca del tipo de asistencia que necesitaba, ¡qué bien!

Así pues, prosiguió caminando por la carretera con la compañía del joven. —A propósito, tal vez podáis a ayudarme con lo que me traía por Altea y que me lleva dando unos cuantos quebraderos de cabeza desde hace días —comentó, llevándose una mano a la barbilla—. Me dijeron que aquí contabais con grandes expertos en la magia y… —Tuvo que callar, pues volvió a notarlo otra vez: la piedra se calentaba, y esta vez… esta vez iba a más. No solo se estaba calentando a mayor velocidad, también comenzó a brillar con tanta intensidad que una pequeña parte de la luz se filtraba desde el interior de la chaqueta. Alanna ahogó un grito de espanto, presa del pánico al no saber que estaba ocurriendo. La única conclusión a la que pudo llegar es que necesitaba sacar la piedra cuanto antes, por lo que corrió a llevarse las manos al bolsillo.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Lun Mar 12, 2018 9:07 pm

Aunque no lo exteriorizara, el caballero -confundido por la dama con un miliciano- alteano sintió profundo alivio al comprobar que su irrupción no había sobresaltado en exceso a la damisela. Amplió su sonrisa al escucharlo de su boca, y la mantuvo mientras ella contestaba a su segunda pregunta, soltando una tranquila carcajada cuando ella comentó el extraño tiempo de Altea. - Hahaha, la realidad es que no suele hacer tanto frío. Es de locos, ¿Verd... - Su habladuría se desinfló abruptamente. ¿Pero qué estaba diciendo? Si estuviera más pendiente de evitar el tema del frío, ya que él era el culpable de la bajada de la temperatura; eso en vez de distraerse con la atractiva apariencia de la señorita y seguirle el juego, quizá y solo quizá no parecería tan sospechoso, y sobre todo, patético. - dad? - Terminó la frase y detrás le siguió una risa producto del nerviosismo repentino. Se rehizo rápidamente del traspiés. - A veces refresca más de la cuenta antes del amanecer, seguramente sea eso. - Disimuló fingiendo desconocimiento del suceso, rascando levemente la zona de la nuca con su mano derecha. La izquierda, inconscientemente, la apoyó sobre el cuero en el lugar donde se encontraba el pomo de su espada.

Intentando quitarle hielo al asunto, siguió la conversación de la mujer como si nada hubiera pasado. - Así es, soy soldado de Altea. Estaba de camino a la ciudad. Me llamo Eugeo, por cierto. - No tenía más que añadir aparte de adoptar una postura firme y segura, emulando de forma distendida la formación que se exigía en la instrucción militar. - Decidme en qué puedo ayudar. - Respondió al saber que la chica necesitaba una guía, haciendo el comentario rápidamente para no interrumpir aquello que tuviera que preguntar. Eugeo empezó a recopilar respuestas frecuentes como la zona del mercado, el castillo y tabernas habituales, también la localización de buenas herrerías, cuadras de pegaso... Incluso alguna tienda de orfebrería y artículos exóticos. El caballero de Altea podía dibujar cada calle en su mente con rapidez, sintiéndose confiado de dar la información que ella pudiera necesitar. Sin embargo, no tendría respuestas para el suceso que aconteció antes de que pudiera formular la pregunta. - Pero qué... - Su primera reacción fue la de ayudarla a deshacerse de su abrigo, pues algo aparentaba estar quemándose en su interior, mas antes de dar el primer paso sintió un profundo escalofrío subiendo desde su cintura. Y no era producto del dejavú que estaba teniendo, o al menos no era el único motivo. Un brillo similar estaba emanando de de su espada, tan intenso que atravesaba la cobertura de cuero que la ocultaba. La espada “dormía” dentro de su vaina, o al menos se suponía, pero aquella vez se activó sin la interacción del espadachín. Y no sólo era luz lo que desprendía, pues la ventisca amenazaba con azotar de nuevo a través del filo azul de la espada. Se vio obligado a empuñar el mango y desenfundarla para poder examinar qué le estaba ocurriendo

Al desenvainar, la corriente mágica empezó a fluir por su cuerpo, haciendo que sus ojos desprendieran un brillo celeste. Mientras trataba de apagar la agitación mágica de su arma, algo frustrado por haber sido incapaz de mantener oculto su secreto, empezó a preguntarse que relación tenían los dos imprevisibles sucesos. Cuando miró de nuevo a la mujer, ella tenía un orbe luminiscente entre sus manos. - Eso es... - Declaró asombrado, desprendiendo una luz intensa de sus ojos, antes de afilarlos de suspicacia hacia la viajera. - Esa gema ya la había visto antes... - Era una luz cálida y gentil, así la recordaba de la primera vez que la vio en el lago de Verdane, jamás olvidaría esa sensación. Estaba al al lado de la suave pero fría brisa que desprendía su gema hermana, aquella que había transferido su poder en la espada que entonces empuñaba. Encontró ambas en el botín de los herejes de Jugdral, después de una matanza a medianoche que deseaba haber olvidado. Irónicamente, la luz que debería traer sosiego y esperanza sólo evocaba una fuerte intranquilidad al portador de la ventisca, que se recrudecía por los sentimientos negativos que afloraban del recuerdo. - Y no es tuya, su verdadero dueño jamás se la habría dado a nadie. - La acusó directamente, alterado, la última vez que vio a Gerard Van Reed fue ese día. Ambos, enagenados por la carnicería que protagonizaron, tuvieron una seria disputa por ambas gemas. - ¿De dónde la has sacado? - Toda clase de prejuicios habían aflorado en base a aquella coincidencia, porque, ¿Que probabilidad había de que las gemas volvieran a encontrarse? Al caballero de Altea le resultó extraño cuanto menos, llegando incluso a sospechar que la viajera de Ylisse era en realidad una fanática de Loptyr tratando de recuperar las reliquias de la secta.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Alanna el Miér Mar 14, 2018 8:29 am

Vaya, eso sí que fue una grata sorpresa. Resultó que el joven miliciano no era un… simple miliciano, sino un soldado al servicio del reino de Altea. Alanna celebró en su fuero interno el haber tenido ese golpe de suerte encontrándoselo. Un soldado sin duda estaría más que curtido en callejear por la capital y se conocería toda clase de establecimientos y tiendas especializadas. Además, si los de Altea eran igual de entusiastas y activos que los jóvenes soldados ylissenses, seguro que el muchacho estaría abierto a cualquier duda o petición que le surgiese. Ni mucho menos quería abusar de su buena voluntad, pero… Ya que tenía la oportunidad, ¿por qué no aprovecharla? En cualquier caso, intentaría ser lo menos cargante posible. —El placer es mío, sir Eugeo. Podéis llamarme Alanna —se presentó, ampliando su sonrisa e inclinando la cabeza con gentileza—. Debo agradeceros de antemano que os ofrezcáis a ayudarme. Siempre es de agrado encontrar a soldados tan dispuestos en un país vecino.

Hasta que, por una mala jugada del destino, la razón que la había sacado de Ylisse para visitar tierras fronterizas comenzó a brillar con tanta intensidad que asustaba. Sus manos se deslizaban con torpeza por la chaqueta a causa de los nervios, y es que el intenso calor que desprendía la piedra ya era demasiado preocupante. Tocarla con las yemas, al menos, fue soportable, y al sustraerla del bolsillo, sus ojos se abrieron como platos. —Oh, dioses… —Una cosa era verla emitir un leve tintineo de vez en cuando, pero aquello se salía de toda lógica. Que la Madre la amparase, porque lo que sostenía entre sus manos más bien parecía una estrella de toda esa luz que irradiaba. El miedo y el asombro se apoderaron de ella a partes iguales, temblándole las manos de solo sostener un fragmento de luz pura que la irradiaba de calor y… ¿frío?

No. No era eso. Sentía calor en el cuerpo, sobre todo en las partes en donde mantenía la piedra más cerca de sí. Pero por el resto le corría una brisa gélida que no se comparaba con el frescor de antes. Para cuando apartó los ojos de la gema unos momentos y los alzó, la mandíbula inferior se le desencajó de tanto que abrió la boca. —¡Oh, dioses! —No se había dado cuenta en todo ese tiempo que el joven Eugeo había desenvainado su espada. Una fulgurante e imponente hoja de colores pálidos descansaba en sus manos. Sin embargo, lo más impactante de todo era que del filo estaba emanando una corriente de aire que se arremolinaba a su alrededor y la engullía. La garganta de Alanna se secó de golpe cuando apreció que aquella energía era tal que comenzó a teñir los ojos de Eugeo de un azul intenso. Eso no era natural, no podía serlo.

Era magia pura y dura.

Apretó todavía con más fuerza la piedra entre sus dedosy, como si hubiese adivinado sus pensamientos, el brillo empezó a amainar lo suficiente como para no resultar tan exagerado. Así ocurrió también con la espada del soldado, quien resollaba de esfuerzo por contenerla y le clavó una mirada a la chica, una de esas que podía atravesar a cualquiera de su intensidad. —¿Cómo que la… habéis… visto? —balbuceó con la voz quebrada. Observó al joven de hito en hito, para luego bajar sus orbes hacia la gema que él mismo apuntaba. Había algo en ese brillo que desprendían sus ojos que la acongojaba, casi como si pudiese congelarla allí mismo. Pero lo que heló la sangre del todo no fue eso, si no la insinuación que hizo después acerca de su dueño, su “auténtico” dueño. Alanna apretó los labios en una fina línea, llevándose la piedra al pecho y conteniendo el aliento. Una broma, tenía que serlo; una auténtica broma. Era incapaz de creer que esa persona en particular, ese muchacho que se había encontrado por casualidades del destino… le conociese.

No obstante, le preocupaba más el tono con el que se le dirigió Eugeo al dar rienda suelta a sus preguntas. La calidez de su voz se había esfumado, dando lugar a una cruda desconfianza que se solía dirigir a alguien que acababa de cometer un crimen, y eso no le gustó ni un pelo. Así, la indignación que le brotaba por el cuerpo pudo sobrepasar un poco al miedo y dirigirle una mirada adusta al soldado. Si es que se trataba en realidad de un soldado con semejante arma embrujada. —Me la encomendó su dueño poco antes de partir a su patria. —le confesó sin el menor ápice de temor en su tono. Aunque no sabía si “encomendar” sería la palabra correcta dadas las extrañas circunstancias en las que la recibió—. No sé qué pretendéis insinuar con esas alegaciones, pero sea cual sea la idea que os estáis haciendo, se aleja bastante de la realidad. —Se mantuvo estoica en todo momento, manteniendo la gema cerca suya.

Desconfiado o no, Alanna veía una gran posibilidad de sacar todo lo que necesitaba con aquel muchacho surgido de la nada. Podría tratarse de alguien que se estuviese aprovechando de su desconcierto para sugestionarla de que conocía el origen de la piedra, pero... —Un soldado cualquiera no andaría por ahí con una espada encantada. ¿Quién sois realmente? ¿Qué sabéis de este artefacto? —Se tomó un leve respiro antes de proseguir—. ¿Y de qué conocéis a Gerard Van Reed?
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Jue Mar 15, 2018 9:03 pm

Los radiantes ojos del caballero no se apartaron ni un instante de Alanna durante el incómodo interrogatorio. Quería analizar cada gesto y reacción de la mujer, que refugió el orbe de luz contra su pecho en primera instancia, demostrando temor y sorpresa en su faz al mismo tiempo. Aquello denotaba indicios de culpabilidad para el espadachín, que aún tenía nublado su juicio por los recelo que había construido sobre ella. Mas aún no había dado una verdadera respuesta, por lo que mantuvo su silencio y hostilidad inmutables hasta que ella decidiera excusarse. Más allá de mantenerse a la defensiva con Alanna, no sabía exactamente qué debía hacer. Al fin y al cabo, que portase una reliquia mágica no era motivo válido para tomar acciones contra ella, aunque ésta no debiera estar en su poder, pues habría sido arrebatada de su verdadero dueño. Aquello le frustraba intensamente, la presunta usurpadora ni siquiera parecía conocer el significado de lo que tenía entre sus manos, ignoraba la turbia historia que yacía detrás de su cálida luminiscencia. Todo carecía de sentido para el héroe de Altea, alterado por la sensación de que el orden del universo se había desencajado repentinamente. A sus ojos, tanto la gema como su espada estaban acompañadas de una fuerte carga de simbología, religión y creencias, en aquel momento su mentalidad pasó de soldado a templario, reflejando el fuerte carácter que mostraba el Van Reed que él conoció.

Sin embargo, se vio obligado a relajar levemente sus facciones cuando Alanna sobrepuso su congoja para plantarle cara. Aunque le resultara falaz la afirmación de que le hubieran entregado la gema de forma voluntaria, su seguridad y convencimiento en su postura corporal y tono consiguieron desequilibrar la férrea hostilidad de Eugeo. Mostraba la misma entereza que la suya. ¿Cómo podían estar empuñando los dos la espada de la verdad? Empezó a entender que algo había cambiado en el templario de Grannvale desde la última vez que lo vio, o que quizás se había hecho una idea sesgada de quién era Gerard desde el principio. Aunque no terminara de conformarse con la explicación de la chica de Ylisse, no podía ver rastro de mentira en ella, por lo que tuvo que desistir en su actitud. La energía de su espada había amainado para entonces, la magia remanente se debía a que Eugeo estaba canalizando su poder conscientemente. No le interesaba mantener el espectáculo por mucho tiempo, menos aún en medio de un camino principal, o su intento de mantener la espada en secreto habría sido en vano.

Bueno, suponiendo que Alanna no aireara la información a los cuatro vientos.

- Se sobre esa gema más que cualquier mago que puedas encontrar en la capital, Alanna, porque yo también he tenido una como la suya en el pasado. - Explicó, el tono desagradable se había tornado en una expresión fría pero neutral. - En realidad, podría decirse que la sigo teniendo... Afirma que mi espada está encantada, ¿Cómo cree que la he conseguido? - Lanzó la pregunta retórica a la confusa viajera para forzarla a que atara cabos. - ¿Cree en el destino, Alanna? Gerard Van Reed, el templario, sí. El también creía que parte de Naga descansaba en la piedra que ahora sostiene. ¿Cree usted que un guardián de lo sagrado le habría entregado su deidad? Yo no lo creo. - Aunque aquellas palabras podrían haberse usado a modo de acusación, Eugeo sólo las enunció para describir al Gerard que él había conocido. - Pero parece que no lo conocía tanto como pensaba... - Divagó al final, cerrando sus ojos y exhalando un profundo suspiro, su calma aletargó la helada espada y el viento invernal cesó de soplar. Cubrió cuidadosamente su hoja dentro de la vaina. El brillo de sus ojos se apagó paulatinamente, al igual que el denso vaho que generaba su respiración. - No sabía que había venido a Akaneia, imaginé que no se iría de Grannvale hasta haberla limpiado de emergidos... En fin... Si le soy sincero, tampoco es que me importe. - Su actitud defensiva seguiría presente por un buen tiempo, incomodado por el inesperado reencuentro con la gema, frustrado por no ser capaz de dominar la espada del todo, pero sobre todo enfadado por no haber sabido gestionar con elegancia aquella situación. Había sacado lo peor de si mismo con Alanna, increpándola y mostrándose amenazador al haberse dejado llevar por las primeras impresiones. Algo de lo que se arrepentía pero no sería capaz de expresarlo.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Alanna el Vie Mar 16, 2018 9:12 pm

Aunque fue una reacción minúscula, la mano con la que Eugeo sostenía la espada mágica titubeó unos instantes. El temple que trataba de mantener Alanna a toda costa estaba sirviendo para que el muchacho no realizase ningún acto precipitado, aunque… costaba lo suyo. No mentiría si dijese que en esos momentos, la corriente de magia que desprendía su filo la sobrecogía tanto por el frío, como como con su presencia. Al menos, el calor que manaba de la piedra la ayudaba a guardar la calma. No estaba segura de si sería obra de la magia de luz que albergaba en su interior, o de si había llegado a tal punto que empezaba creer cosas que no eran, pero había algo en ella que le transmitía calma y la sosegaba. Fuera como fuese, le urgía la necesidad de mantenerla cerca suya, lo más pegada a su cuerpo que fuese posible.

La ventisca que rodeaba la espada aminoró, una buena señal que le indicaba que el soldado se estaba decantando más por la labor de escuchar sus explicaciones y ahorrarse la agresividad. Por el momento, claro. Aunque todavía se notaba la densa tensión entre ambos en el aire, y en sus palabras —Un segundo. ¿Cómo que otra como ésta? —Enarcó una ceja, bajando sus orbes hacia la gema. Mas, Eugeo no tardó en explicarle que había sido de la susodicha y su expresión no pudo sino contraerse de asombro al retornar su mirada a la espada mágica. —Pero… ¿Me estáis diciendo que esa espada que portáis goza de poderes mágicos gracias a esto? —Se quedó en shock por lo que acababa de asimilar. ¿En serio que la piedra que le entregó Gerard tenía el poder suficiente para crear armas encantadas? De ser así, seguía sin entender que fue lo que se le pasó a ese hombre por la cabeza para dársela a ella. En especial, si Eugeo decía la verdad sobre lo de que Gerard, uno de los hombres con la mayor devoción por Naga que había conocido, la llegaba a considerar un fragmento de la mismísima diosa. Alanna apretó los labios en una fina línea y meneó la cabeza. —Creedme si os digo que soy la primera en preguntarme por qué decidió entregármela a mí—. No le cabía en la cabeza. Con un artefacto de tamaño poder mágico, Gerard sería incluso capaz de equilibrar la balanza y hacer mella en el ejército emergido que asolaba Grannvale. Pardiez, ni siquiera le habría hecho falta viajar a otras tierras en busca de una solución cuando ya la tenía desde un principio.

Y pese a todo, prefirió dejarla en otras manos por alguna razón en particular. Por desgracia, sopesaba cual sería, y de estar en lo correcto, sería una triste y tremenda decepción por parte de alguien tan noble como lo era aquel caballero de nobles convicciones. —He de deducir que habéis tenido vuestra historia con sir Gerard en el pasado. Una que no debió acabar demasiado bien —comentó con tono afligido, esperando ver la respuesta por parte de Eugeo. Emitió un largo suspiro de pesadumbre, para después proseguir—: Habrá pasado cerca de un mes desde que nuestros caminos se cruzaron en un pueblo rural de Ylisse. Me habían contratado para defender a los aldeanos de un ataque emergido, y pese a que teníamos escasas posibilidades de salir victoriosos, Gerard apareció y nos ofreció su lanza como un acto altruista. —Una sonrisa agridulce le curvó los labios al recordar aquel día de locos en el que casi acaba aplastada por unos escombros en llamas. Pero, al menos, todo salió bien—. Era un hombre bastante taciturno, pero con un gran sentido de la justicia y el deber. Sin embargo, no os negaré que tenía mis sospechas de que habría detalles escabrosos que no quería que conociese. Cada vez que le preguntaba acerca de su labor en Grannvale o sobre su familia, trataba de evadir el tema como fuese. —Ella, por supuesto, no le insistió más. Pero sabía que había algo detrás de su pasado que quería ocultar a toda costa. Al igual que ella no hacía mucho.

Lo último que supe de él es que estaba planeando regresar a Grannvale, e incluso unos compañeros y yo acordamos acompañarle hasta que llegase para estar más tranquilos. Pero un buen día, desapareció sin dejar rastro ni decirnos nada a nadie. Supongo que esto demuestra que ninguno lo conocíamos lo suficiente como para que confiase en nosotros. —Hundió los hombros, apesadumbrada—. Hasta que dos semanas después, me llegó esta extraña piedra envuelta en trapos y un saquito de lino, todo junto a una misiva en la que tan solo figuraba su nombre. —Cerró los ojos, sintiéndose en parte liberada al haberse sacado por fin esa espinita clavada en la que se había convertido la extraña historia entre ella y Gerard. La ida del caballero, la gema, su viaje a Altea… Era como si estuviese tomando una senda que no la llevaba a ninguna parte por mucho que lo intentase, y sin poder contar con nadie que le arrojase un poco de luz. Pero Eugeo era la primera persona con la que compartía todo lo que se estaba guardando con resquemor desde que empezó todo. Y tal vez la única que pudiese ponerle fin a aquella pantomima.

Antes me habéis preguntado si creo en el destino, Eugeo. Bueno… Decidí viajar a Altea porque pensé que aquí podría encontrar respuestas acerca de esta gema, y es demasiada casualidad para que los designios del azar nos hayan hecho conocernos en esta situación —le dijo, relajando su postura y bajando la piedra hasta quedar al nivel de su estómago—. Vos conocéis a Gerard más que yo, y también sobre lo que me ha entregado. ¿Sería demasiado pediros que me contaseis que es lo que sabéis de ambos?
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Dom Mar 18, 2018 5:03 pm

Cada palabra de Alanna servía para ordenar el caos mental que se revolvía en la cabeza del caballero de Altea. Ella estaba siendo amable a pesar de las acusaciones infundadas y lo amenazadora que había sido su actitud, con una espada que si bien no la había utilizado para herirla su naturaleza gélida habría sido suficiente para arrebatarle unos cuantos grados a su cuerpo de no ser por la cálida luz que tenía entre sus manos. Su rostro suspicaz y algo agresivo había desaparecido por completo, dando paso a un semblante más tolerante pero incómodo. Asintió silenciosamente a la suposición, sin dar más detalles sobre todo lo que ocurrió entre Gerard y él, dejando que ella siguiera contando su historia con el templario. Efectivamente, había detalles que no podía encajar con el hombre que conoció, mas la tónica general del monólogo de Alanna resultaba ser veraz, plausible. Lo reconocía en sus actos de auxilio de buen samaritano, también en su sentido de la justicia, lo único que no entendía era el haber abandonado su país. Nadie más que el templario sabía qué fue lo que le pasó en Grannvale para que viajara hasta Akaneia, podía suponer que nada agradable, tal y como lo mostraba la narradora al describir su carácter silencioso y disuadiendo toda pregunta que se le hiciese sobre su tierra. No fue hasta que Alanna terminara de hablar cuando Eugeo se dispuso a sintetizar sus ideas, algo más ordenadas, y arrojar algo de luz en las dudas de su interlocutora.

- Por lo que me ha contado... Creo que se equivoca. - Sentenció, cerrando los ojos para poder focalizar las palabras idóneas que diría después. - Si de verdad no se hubiera fiado de vosotros se habría ido sin mediar palabra. No habría acordado nada. De hecho, si quería ayudar a expulsar a los emergidos de Grannvale habría buscado el mayor número de personas posible, o un grupo especializado que fuera de su confianza, pero algo hizo que se retractara. Por el envío de la gema, sin duda que fue allí, pero eso también demuestra que no sólo es confianza lo que os profesaba. Debía teneros en alta estima para entregaros la gema. - “¿Quizá algo más?” Se preguntó, mas no era relevante de ser así, tampoco ayudaría a Alanna hacer aquella pregunta. - Y también significa que la situación en Grannvale es peor de lo que él pensaba, quizás lo sospechara, por eso huyó para que no fuerais con él. Sea como sea... Yo apenas lo vi en un par de ocasiones, comparado a su experiencia... no consideréis que lo que yo os digo tiene más veracidad que una desinformada opinión. - Matizó al final, encogiéndose de hombros.

- El destino, huh... No es que no crea en él, pero, últimamente han pasado tantas cosas que ya no distingo entre aquellas que han sido obra suya y cuales consecuencias naturales de mis actos. - Comentó con una tímida sonrisa en sus labios. Todo lo que estuvo relacionado con la espada había exigido un gran sacrificio previo: Encontró las gemas tras matar brutalmente a varias personas, por primera vez en su vida. El escrito que serviría para desbloquear su poder tras una dura batalla en la frontera de Altea con Plegia, y también estuvo cerca de sucumbir en el ritual de encantamiento, después de que su hermana encontrara por casualidad a un mago capaz de llevarlo a cabo. Demasiados golpes de buena suerte en poco tiempo, y nuevamente estaba sufriendo el mismo dejavu. - Puede que Naga y Forseti estén detrás de esto, o puede que las piedras hermanas deseaban reencontrarse tras tanto tiempo, dirigiendo nuestros actos hasta este momento. - Imitando a Alanna, Eugeo desenganchó la funda de su espada del cincho, llevando su mano izquierda a la parte baja y desenfundando con la diestra apenas unos centímetros para poder observar el tenue brillo de la hoja. - O las dos cosas son lo mismo, quién sabe... - Suspiró, tratando de alejar la presuntuosa afirmación de su cabeza.

El rostro de seriedad volvió a aparecer en el espadachín ante la pregunta de la mujer, tomando unos segundos para pensar en su solicitud. Llegados a aquél punto no podría negarse a darle la información que necesitara, la verdadera duda residía en cuánto debía inmiscuirse en aquella búsqueda. - Me pedís mucho, los secretos para canalizar la magia de la gema en un arma no es algo que pueda solicitar como un favor a cualquiera. Pero, después de todo, creo que tiene derecho a saber. Antes de contarte todo lo que se, necesito que responda a algo primero: ¿Qué objetivo tiene ahora que sabe más sobre su gema? ¿Qué hará cuando os diga qué hacer con ésta? ¿Ansía su poder?
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Alanna el Lun Mar 19, 2018 5:06 pm

No fue hasta que Eugeo le explicó su punto de vista, que Alanna comenzó a replantearse con un pinchazo de culpa el juicio precipitado sobre Gerard que se había estado creando por culpa de la impotencia y la indignación. Siendo sincera consigo mismo, tenía que darle la razón al muchacho en una cosa: si no hubiese depositado gramo alguno de confianza en ella, en Corrin, o en L’Arachel, ninguno de los momentos que hubiesen pasado todos juntos habrían sido posibles. Todavía le dolía por dentro que Gerard se hubiese marchado de esa forma, pero tampoco podía negar por más tiempo que tuvo sus motivos de peso. Grannvale era su patria, su hogar, y como orgulloso caballero que decía ser, acudió en su auxilio cuando lo vio preferente. Podría tener sus motivos, sus propios fantasmas del pasado que lo atormentaban… Pero ella prefería quedarse con los buenos momentos juntos durante su marcha por Ylisse, con su espíritu altruista del que se sirvió para socorrer a aquellos aldeanos…

Y de que, al menos, la reluciente piedra que sostenía en sus manos era la prueba indiscutible de que no la tenía tan olvidada. Alanna cerró los dedos sobre esta y reprimió para sus adentros el sentimiento de congoja que le provocaba pensar en ello. —Solo espero que, allá donde esté, se encuentre sano y salvo. —Quería confiar en que alguien como Gerard se mantendría en sus cabales para no hacer ninguna insensatez. Al menos, por sus seres queridos, como los miembros de su familia sobre los que le comentó un poco. Él, por lo menos, todavía creía tener un lugar entre ellos pese a los infortunios que lo obligaron a partir de su país.

No pudo evitar componer una media sonrisa al escuchar a Eugeo sobre sus devenires con el destino. En parte se sentía identificada con él, habiendo pasado de ser una simple mercenaria que se ocultaba de sus orígenes, a acceder a optar por un cargo sobre el que recaía la importante labor de salvaguardar Ylisse. Era echar un vistazo a las semanas pasadas y no creerse todo lo que le había ocurrido hasta la fecha, las nuevas amistades forjadas por el camino, y el haberse atrevido a dar la cara tras dos largos años de anonimato. Presentía que se le vendrían encima tiempos complicados por eso último, pero no se arrepentía de lo que había logrado a cambio.

Oh. ¿Forseti? —repitió aquel nombre, alzando las cejas de curiosidad—. Una deidad de las tierras del norte, ¿me equivoco? —No era la primera vez que lo escuchaba, pero se le hacía raro de que lo nombrasen en una región que se regía por el culto a Naga… o al dragón oscuro. En cualquier caso, le sonaba que las historias que giraban en torno a Forseti provenían de Jugdral. Justo de las tierras de Gerard, o al menos, de las que no tomaban a la Madre como su pilar religioso. ¿Tendría algo que ver?—. Bueno, sea obra de los dioses o de la mera casualidad, no cambiará mucho que nos lo preguntemos a estas alturas.

Lo que sí la pilló desprevenida fueron las preguntas que le hizo Eugeo respecto a lo que haría con la gema. Alanna torció el gesto de la boca y se la quedó mirando con incertidumbre. —Reconozco que ahí me habéis pillado completamente desprevenida. Si antes no tenía claro que hacer con ella… —resopló, incómoda—. ¿Poder, decís? No caerá esa breva, sir Eugeo. Es el poder en sí lo que más temo de ella. Sé acerca de personas que, a causa de cosas tan banales como un cargo o título importante, se han transformado en auténticos monstruos. —Como su padre, por ejemplo. Antes se helaría el infierno que dirigirle la palabra a esa hiena asesina—. De existir cualquier posibilidad de que esta gema pudiese causar daño innecesario, podéis estar seguro de que la rechazaría de inmediato. Sin embargo, admito que tengo curiosidad por saber si la magia que alberga podría usarse en beneficio de las vidas inocentes que sufren a causa de los emergidos y… otros. —Fue en esos momentos que recordó ciertos eventos que estaban llegando a oídos de toda Akaneia y que revolucionaban países enteros. Sobre todo, si ya comenzaba a sopesar la existencia de armas mágicas, y que una de las habladurías tenía mucho que ver con ellas.

¿Habéis oído hablar del príncipe heredero del reino de Nohr, sir Eugeo? Últimamente, en Ylisse no hace más que estar en boca de todos a causa de sus… campañas intrusivas en países vecinos como Hoshido y parte de Jugdral. Todo con la premisa de querer “liberarlos” del yugo de los emergidos. Y claro, ahora rondan toda clase de historias disparatadas acerca de sus andanzas, aunque… —Frunció el ceño y ladeó la cabeza a un lado—. Hay una en particular que se ha hecho muy famosa incluso entre los cargos militares. Cuentan que el príncipe marcha allá donde va con un arma embebida en la magia del mismísimo Anankos. Una espada con el poder de la oscuridad —pronunció en un susurro que le costó sacarse de los labios—. Cualquiera con dos dedos de frente pensaría que es un bulo que la propia Nohr ha extendido para causar desconcierto. Yo misma lo creía, pero… —No quería creer, simple y llanamente. La movilización de los destacamentos nohrios por otros países ya era un asunto delicado como para añadirle conjeturas sobre espadas embrujadas—. Es solo que, de seguir así, temo que se nos pueda ir de las manos y no estemos preparados de enfrentarnos al peor de los casos.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Eugeo el Lun Mar 19, 2018 9:17 pm

- Así que podría ser cierto... - Musitó en voz casi inaudible, asimilando los malos augurios que traía la doncella de melena dorada. Parecía una broma de mal gusto si lo pensaba fríamente, que aquél que salvó la vida a su hermana y el hombre que confundió Erk con él fueran la misma persona. Si Xander también tenía en sus manos de una hoja encantada, una con un poder terriblemente oscuro, lo único que podría frenar a una nación tan poderosa militarmente como Norh sólo sería su ansia de conquista saciadas. Tomó nota mental de los sospechosos movimientos en Grannvale, a los que no podía dar crédito, pero si el caos se había extendido hasta Jugdral sólo sería cuestión de tiempo que llegara hasta Silesse, y si el país no se preparaba debidamente... Servía a Altea, pero no podía evitar sentir preocupación por su antigua tierra, aquella en la que aún vivía su familia. Por otra parte, la alianza de Norh con Altea podía ser pura fachada, tal y como ya había advertido el príncipe Marth en el pasado, estaba librando su propia guerra, cubriéndose las espaldas diplomáticamente mientras conspiraba en compañía de Plegia. Demasiados rumores escuchó en poco tiempo, al igual que indicios sospechosos que los confirmaban en los días que se adentró en el caos de Hoshido, sumado al ataque de emergidos en la frontera de Altea y Plegia... Deseaba que los presagios de Alanna no fueran más que eso, pues no quería ver llegar el momento en el que la guerra dejaba de ser sólo con los emergidos. Temía estar pecando de ingenuo, pues si Norh tomaba Hoshido no quedarían más enemigos en Akaneia salvo aquellos vistos a ojos de la religión. - No es un bulo. El mago que creó mi espada... ya había hecho una antes. Si lo que dice es cierto, y tan nefastas son las intenciones de Norh... Me temo que él tenia razón, nunca tuvo que participar en la creación de las espadas. - Declaró con un semblante intranquilo y perturbado, pero sin dejar que las malas emociones tomaran las riendas de su conciencia. Si ella tenía razón, si el peor de los casos era el sino de Akaneia, los conspiradores tenían bastante ventaja sobre ellos, mas aún no era demasiado tarde.

Y hablando de tiempo... El sol prácticamente se había separado del horizonte. Aunque no se viera con la cantidad de árboles, se podía intuir por la claridad que se distinguía entre los troncos y el calor que acompañó a la claridad del día, y los efectos de la espada de hielo disipados por su prolongada inactividad hacían más notable el aumento de temperatura. ¿Cuanto tiempo estuvieron parados hablando? Había parecido apenas un instante, pero podrían haber sido más de diez minutos, entre preguntas, historias y silencios. El rostro severo del caballero de altea se descompuso casi por completo, consciente de que llegaría tarde a su turno si no se iba a la carrera hacia el cuartel. - Oh no...

Dispuso rápido su funda entre sus brazos y la cubrió con el harapo de cuero para después llevar el improvisado bártulo con una sola mano. - Mil disculpas, me temo que se me acabó el tiempo para charlar. ¿Podemos dejarlo para otro momento? - A pesar de que nunca llegó al nivel de amabilidad del inicio, si que ofreció una sentida disculpa a la doncella con una leve reverencia. Rebuscó entonces en uno de los bolsillos un saquito de seda, el cual portaba una cantidad de dinero para cubrir pequeños gastos de emergencia, como podría ser el de ese momento. - Por favor, tómelo en compensación por lo de antes. La invitaría personalmente a algún dulce, pero el tiempo se me echa encima. - Explicó, lanzando el pequeño fardo a los manos de Alanna con gran precisión. - Bienvenida a Altea, Lady Alanna. Disfruta del día en la ciudad, por la noche habrá acabado mi turno. - Explicó, sin dejarle demasiado espacio para que pudiera hacer algún matiz ni contraoferta, tampoco que rechazara el pequeño regalo. - Entonces podré contarle sobre todo lo que hay que hacer con su gema. Es de vital importancia emplear el tiempo que merece en ella... Si lo que vaticináis está de camino, entonces tenéis razón, es mejor que estemos preparados por el bien de Altea e Ylisse. Nos vemos al atardecer en la plaza principal, ¿de acuerdo? - Dijo con semblante serio pero definitivamente conciliador, ofreciendo una sonrisa sobria y un breve guiño al final. - ¡Stay Cool!

Y con aquella muletilla final, el héroe de Altea se despediría de Alanna, desechando la idea de tomar el camino hasta la capital y desapareciendo de nuevo entre la maleza.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Alanna el Mar Mar 20, 2018 12:42 pm

“No es un bulo”. Aquellas palabras fueron como hierro ardiente que se le quedaban grabadas por dentro. Alanna sintió que la garganta se le secaba a cada momento que Eugeo, con bastante pesar por tener que hacerlo, añadía más y más leña a sus temores respecto a Nohr. Por desgracia, muchas cosas empezaban a encajar; la idea del mago que le otorgó a su príncipe una hoja encantada con penumbras era plausible si se tenía en cuenta que fue el mismo al que Eugeo acudió para crear la suya. Pero… ¿Por qué? ¿Qué clase de pensamientos se le pasarían por la cabeza para conferirle un arma mágica a alguien que ya de por sí revolucionaba naciones enteras con sus actos? Hubiese alegado que aquel hechicero no estuviese en sus cabales, pero no se atrevió a proferirlo en voz alta delante de Eugeo. Si en un principio, el joven acudió a él, es porque su confianza albergaría. Sin embargo, la otra posibilidad que se le ocurrió fue que accediese a la petición del príncipe por otros motivos. ¿Promesas de riquezas o… coacción?

Un escalofrío le recorrió la espalda de pensar en esa última posibilidad. ¿De qué hubiese sido capaz el príncipe de haberse negado? ¿De qué hubiese sido capaz Nohr? A más lo trataba de imaginar, más aumentaban sus temores e impotencia con lo que les deparase el futuro si el cauce que estaban tomando los nohrios seguía sin cambiar. No quería que todo lo que conocía hasta la fecha se acabase porque nadie hizo nada para evitarlo —Me gustaría creer que aún quedan muchos acontecimientos por dar lugar antes de que se cumplan nuestros temores. —Cerró los ojos por unos instantes, considerando de que opciones disponía en esos momentos. Pero el peso de toda posibilidad que se le iba ocurriendo, cayo irremediablemente sobre la pequeña piedra que sostenía. Como si no le hubiese quedado más remedio, se la acercó al rostro y se quedó contemplando el tenue brillo que la bañaba—. Todavía tengo mis dudas de qué me puede aportar esto. Si alberga solucionas a los dilemas que me he planteado hoy, o problemas que los puedan agravar. Sin embargo, no vivimos en una época en la que podamos permitirnos desperdiciar las oportunidades que se nos presenten. —Y tras dar un último suspiro de resolución, devolvió la gema al bolsillo de su chaqueta. Seguía caliente, pero a un punto en el que resultaba hasta agradable al tacto—. De poder ayudarme a proteger mi nación, estaría dispuesta a aprender a valorar el poder que pueda ofrecerme esta gema. —O a no desperdiciar el último regalo que le hizo Gerard antes de desaparecer, si de verdad lo consideraba un fragmento de la mismísima Naga.

Pero en otro orden de cosas, no se dio cuenta del paso del tiempo durante la conversión que estaban manteniendo. Ante el comentario del rubio, Alanna ladeó la vista hacia un cielo más esclarecido por la luz del día y resopló de incredulidad. ¡Qué barbaridad! Y ella quería llegar lo más pronto posible a Altea… —Lo entiendo. Ni yo misma me he dado cuenta de que se nos ha ido el santo al cielo —le confesó a Eugeo. El pobre tendría una agenda más apretada como soldado del reino, así que vio adecuado que terminasen su charla por el momento. No obstante, estaba tan ensimismada en calcular la hora que sería, que pegó un respingo con la bolsita que le cayó de sopetón y cazó por los pelos. Más le sorprendió el tintineo de monedas que se escuchaba en su interior. —¡Oh! ¡Pero yo no podría…! —¿Aceptarlas? Tarde. Eugeo ya se estaba alejando mientras se despedía para que no tuviese opción de negarse. Alanna compuso un mohín y dejó caer una mano sobre su cintura, un poco contrariada. —Está bien, está bien. En la plaza por la tarde, ¿correcto? Pero os advierto que después, la invitación correrá a mi cargo —dijo con una sonrisa cansada.

Y tras ello, Eugeo se despidió para luego internarse en el bosque de nuevo. Por su parte, Alanna se volteó para seguir por la carretera principal, rumbo a la gran capital con el fin de aprovechar el día. Pero antes de proseguir, cayó en la cuenta de un pequeño desliz y se llevó un par de dedos a la sien. —Rayos. Se me olvidó preguntarle por donde podía empezar.
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

Mensaje por Eliwood el Jue Mar 29, 2018 7:03 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Alanna obtiene +1 EXP y ambos +1 Bonus EXP!

Gracias al incremento de experiencia, Alanna obtiene un nuevo skill de la rama Mercenary:

Parangón - Aumenta en +1 la experiencia que el mercenario, poseedor de la más ardua y larga ruta, gana por cada tema de tipo campaña, entrenamiento o misión.

¡Felicitaciones!
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Re: La primera luz del alba es siempre la más fría {Social} [Alanna, Eugeo]

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