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[Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

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[Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Gaius el Mar Ene 09, 2018 10:03 pm

El estar trabajando para la corona de Senay ciertamente comenzaba a tener sus ventajas.
En un pequeño bota a vela, tripulado por otros dos humanos que le acompañaban, dos pescadores a los que Gaius había engatusado con su uniforme para que le llevaran hasta las costas de Kilvas.  
La información que había recibido sobre el cuervo al que tanto buscaba, era que había sido visto en las costas de ese país, y el tuerto casi se traga su propia lengua al enterarse de que ese sub humano en cuestión, no era menos que el propio rey de Kilvas en persona.
Si bien saber del título de su mortal enemigo le había intimidado, sabido era que la nación de los cuervos estaba ahora en manos de los emergidos, y por ende las posibilidades de que pudiera encontrar al rey del país tomado en una posición desventajosa lo hacía demasiado tentador como  para que le importase las repercusiones de atacar abiertamente a un rey.
Pese a que era en si un bruto ignorante, Gaius tenía presente que, si se llegaba a generar alguna clase de revuelo portando el emblema de Senay en sus ropas, el suceso iría a oídos del rey Thoth de inmediato, por lo que el ladrón cuidó en todo momento desde que divisaran la isla en el horizonte de tapar bajo su gruesa capa de viaje su uniforme como guardia en Senay.

Tras unas largas horas, la embarcación finalmente tocó tierra, en una pequeña playa rodeada de altos peñascos, que a Gaius se le antojó como un excelente puerto clandestino, hasta que recordó que todos en esta isla tenían grandes y potentes alas, por lo que este era en si un puerto común y corriente para los locatarios.
Pagó algunas monedas a la pareja de pescadores y comenzó a escalar risco arriba hacia la verdadera superficie del reino de los cuervos. Tras unos largos minutos escalando, con la respiración agitada finalmente llegó a la cima y pudo ver de primera mano el estado desolado de la isla. Si no fuera que su aprensión hacia las criaturas de alas negras le contuviera, estaba seguro que se le hubiera estrujado el corazón tras ver tan desalentador panorama. Pero por suerte so odio hacia la raza de cuervos humano todavía le envenenaba la sangre lo suficiente para que no fuera el caso.

Caminó con sumo cuidado entre las ruinas de lo que parecía un pequeño poblado costero, teniendo especial cuidado de resguardarse de cualquier atacante desde los cielos. El solo pensar que en cualquier momento podían atacarle decenas de cuervos humanos hacia que le temblaran las manos. Ahora que estaba allí y tenía efectivamente la sensación que una de esas criaturas le podía atacar de un momento a otro, hacia que quisiera correr de nuevo al puerto del que había desembarcado  y tirarse a nadar todo el camino de regreso a Senay.

El sonido de la madera al romperse le hizo pegar un salto y tuvo que taparse la boca con ambas manos para no soltar un grito también. Asomándose por la esquina de una casa, investigó cual era el origen del estruendo y descubrió a un grupo de por lo menos tres emergidos destruyendo los restos de una puerta, intentando colarse dentro de una de las casas.

-Ah… solo son emergidos…-

Suspiró mientras se agarraba el pecho calmando a su acelerado corazón.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Miér Ene 17, 2018 12:19 pm

Vivir para creerlo. Las islas de Kilvas no habían gozado de tanta actividad desde el lamentable incidente de la “plaga” que diezmó a gran parte de la población de cuervos. Aunque “gozado” no es que sea el término más correcto, para ser francos. Lo correcto sería decir que estaba infestada. ¿De qué? De manadas enteras de beorc que habían aparecido de la noche a la mañana. Para mayor escarnio, los beorcs coléricos a los que ya denominaban en otras tierras asediadas como emergidos no eran su único problema a lidiar. Oh, no. Resultaba que los vigías no tardaron en notar la presencia de buques de guerra y destacamentos de otro grupo sin el menor tinte carmesí en sus ojos.

Su estandarte nada tenía que ver con el de los emergidos, pues incluso se atrevían a enfrentarse a ellos. Bueno, más bien llegaban a las islas preparados para tal enmienda. Y eso le empezaba a crispar; se habían acomodado demasiado como para establecer campamentos del mismo modo que lo hicieron los coléricos en un principio. Una cosa ya era estar pendiente de una infestación de garrapatas en su territorio, pero también de otros allegados de los que no conocía con exactitud los motivos que les incentivaban a moverse por Kilvas…

Al final, el único territorio seguro que les quedaba a los cuervos para asentarse y desplazarse eran las cumbres más altas de las islas, o el propio cielo. Pero no contaba con que eso durase para siempre. ¿Quién le aseguraba que los beorcs no usarían sus cabecitas y acabarían trayendo a sus bestias domesticadas con alas cuando se cansasen de escalar riscos?

Por lo menos seguían pudiendo aprovecharse de dicha ventaja, como era el caso actual. Junto a dos de los vigilantes asignados en la zona, Naesala sobrevolaba con ritmo pausado los pequeños arrecifes escarpados que poblaban las costas de Kilvas. Pese a que el otro par de cuervos no estaban del todo seguros en la idea que tenía en mente su rey, no pudieron negarse a su petición y limitarse a acompañarle por su seguridad: Naesala quería comprobar por su cuenta cuan expandidos estaban los asentamientos beorc por su reino, ya fuesen emergidos o de la avanzadilla extranjera. Los poblados cercanos a la costa fueron los primeros que su gente abandonó al tratarse del potencial objetivo de los coléricos nada más atracaron. Pero tras su marcha al palacio —y por ende, a sus queridas arcas—, cabía la ligera posibilidad de que hubiesen movido los campamentos al centro. O de que hubiese poblados a los que ignoraron durante su asedio.

El asentamiento costero por el que pasaban no tenía la pinta de ser uno de esos casos particulares por los restos desvalijados de lo que en su tiempo fueron hogares mundanos. Eso sí… no se esperaba para nada que los culpables retornasen al escenario del crimen. ¿O acaso esas tres figuras forzando la entrada a una casa se tratarían de beorcs molientes que solo probaban suerte entre los escombros de un asedio anterior? Como fuese. Le daba igual. Coléricos o no, iban a ser “atendidos” en brevedad. Por supuesto, de ellos dependería cuan breves serían. Con un gesto de su mano, les indicó a sus dos escoltas que hiciesen los honores de recibirlos. —Recordad, muchachos: la hospitalidad de Kilvas, ante todo. —dijo con tono soberbio. Los cuervos asintieron y comenzaron a descender en cuanto el grupo consiguió colarse en el interior de la casa.

Naesala estaba a punto de seguirlos desde la lejanía para no perder detalle de quienes se suponía que eran sus nuevos huéspedes, pero enseguida frenó un poco su descenso. En un escueto parpadeo, escudriñó por el rabillo del ojo algo que le llamó la atención, agazapado en la esquina de otra de las casas. Un poco más, y no hubiese visto a aquella figura de coronilla anaranjada que parecía estar escrutando a los otros tres saqueadores. Dada su posición, sería muy raro que les estuviese sirviendo de vigilante. ¿O es que se estaba limitando a esconderse por lo cauteloso que estaba siendo? Una sonrisa ladina le cruzó el rostro del mismo modo que lo hizo una ocurrencia. Arreplegó un poco sus alas para iniciar un suave y silencioso descenso, maniobrando en el aire para posicionarse justo a espaldas del individuo.

Una vez hizo pie en tierra, batió una vez más las alas para hacerse de notar por su víctima y esperó con anhelo su reacción. —Bueno, bueno, bueno. ¿Qué se te ha perdido por aquí, pequeño fisgón?
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Gaius el Lun Feb 19, 2018 11:51 pm

Unas sombras anchas pasaron raudas sobre los emergidos y estos parecieron no notarlas, pero el ladrón sí. Pálido como el papel, Gaius tragó saliva mientras se achicaba en su lugar una vez más. El momento que tanto había temido estaba ocurriendo, nuevamente tendría que verse frente a frente con una de esas criaturas aladas las que tanto le atemorizaban.
Los emergidos parecieron mostrarse inmutables ante las enormes sombras negras que le habían sobrevolado ya que continuaron  atacando la puerta hasta que lograron colarse dentro. Las enormes aves de alas negras finalmente descendieron y se colaron dentro de la vivienda, pronto el sonido de pelea fue audible desde el exterior.
Todo esto le jugaba a favor al ladrón salvo por un minúsculo detalle: estaba semi paralizado por el miedo. Qué hacer? Los recuerdos de la noche que perdiera un ojo volvían a su mente, y el grito de un niño le zumbaba en los oídos. Revivía todo en ese instante haciéndose cada vez más pequeño en su rincón.
Pensó en dar media vuelta y correr cuando el batir de unas alas a su espalda hizo que pegara un salo en el lugar. Al volearse casi se le sale el corazón del pecho y soltò un largo y agudo grito.
Junto a él, pedante y orgullosos como lo recordaba, estaba el sub humano al que había estado buscando por cielo y tierra. Vestido de manera diferente, más elegante y sin esconder sus orejas puntiagudas, pero pese a las diferencias el bandido no tenía la menor duda de quién era.

-T-tu!!-


Dijo con el tono más grave que le salió todavía incapaz todavía de incorporarse del suelo.

-Isaiha! Tu maldito! H-he venido p-para hacerte p-pagar c-caro!-

Llevó torpemente la mano hasta su arma y trató de aferrar la empuñadura, pero sus nerviosas manos solo consiguieron que esta se le resbalara entre los dedos incapaces de sujetarla firmemente.
Fuera del callejón, el grito del bandido había retumbado por las paredes ruinosas de las casas. Más lejos, otros emergidos que merodeaban por la zona comenzaron a marchar en esa dirección. Los que estaban dentro de la cabaña estaban muy ocupados en su combate contra los sub humanos como para que les preocupase el escándalo.

Todavía hecho un bollito en el suelo, mirando al rey cuervo con su único ojo, el bandido consiguió tras varios intentos sacar su espada, pero sus transpiradas manos le fallaron una vez más y su espada de bronce termino a sus pues y no en sus manos como hubiera deseado.
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