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[Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

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[Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Invitado el Mar Ene 09, 2018 10:03 pm

El estar trabajando para la corona de Senay ciertamente comenzaba a tener sus ventajas.
En un pequeño bota a vela, tripulado por otros dos humanos que le acompañaban, dos pescadores a los que Gaius había engatusado con su uniforme para que le llevaran hasta las costas de Kilvas.  
La información que había recibido sobre el cuervo al que tanto buscaba, era que había sido visto en las costas de ese país, y el tuerto casi se traga su propia lengua al enterarse de que ese sub humano en cuestión, no era menos que el propio rey de Kilvas en persona.
Si bien saber del título de su mortal enemigo le había intimidado, sabido era que la nación de los cuervos estaba ahora en manos de los emergidos, y por ende las posibilidades de que pudiera encontrar al rey del país tomado en una posición desventajosa lo hacía demasiado tentador como  para que le importase las repercusiones de atacar abiertamente a un rey.
Pese a que era en si un bruto ignorante, Gaius tenía presente que, si se llegaba a generar alguna clase de revuelo portando el emblema de Senay en sus ropas, el suceso iría a oídos del rey Thoth de inmediato, por lo que el ladrón cuidó en todo momento desde que divisaran la isla en el horizonte de tapar bajo su gruesa capa de viaje su uniforme como guardia en Senay.

Tras unas largas horas, la embarcación finalmente tocó tierra, en una pequeña playa rodeada de altos peñascos, que a Gaius se le antojó como un excelente puerto clandestino, hasta que recordó que todos en esta isla tenían grandes y potentes alas, por lo que este era en si un puerto común y corriente para los locatarios.
Pagó algunas monedas a la pareja de pescadores y comenzó a escalar risco arriba hacia la verdadera superficie del reino de los cuervos. Tras unos largos minutos escalando, con la respiración agitada finalmente llegó a la cima y pudo ver de primera mano el estado desolado de la isla. Si no fuera que su aprensión hacia las criaturas de alas negras le contuviera, estaba seguro que se le hubiera estrujado el corazón tras ver tan desalentador panorama. Pero por suerte so odio hacia la raza de cuervos humano todavía le envenenaba la sangre lo suficiente para que no fuera el caso.

Caminó con sumo cuidado entre las ruinas de lo que parecía un pequeño poblado costero, teniendo especial cuidado de resguardarse de cualquier atacante desde los cielos. El solo pensar que en cualquier momento podían atacarle decenas de cuervos humanos hacia que le temblaran las manos. Ahora que estaba allí y tenía efectivamente la sensación que una de esas criaturas le podía atacar de un momento a otro, hacia que quisiera correr de nuevo al puerto del que había desembarcado  y tirarse a nadar todo el camino de regreso a Senay.

El sonido de la madera al romperse le hizo pegar un salto y tuvo que taparse la boca con ambas manos para no soltar un grito también. Asomándose por la esquina de una casa, investigó cual era el origen del estruendo y descubrió a un grupo de por lo menos tres emergidos destruyendo los restos de una puerta, intentando colarse dentro de una de las casas.

-Ah… solo son emergidos…-

Suspiró mientras se agarraba el pecho calmando a su acelerado corazón.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Miér Ene 17, 2018 12:19 pm

Vivir para creerlo. Las islas de Kilvas no habían gozado de tanta actividad desde el lamentable incidente de la “plaga” que diezmó a gran parte de la población de cuervos. Aunque “gozado” no es que sea el término más correcto, para ser francos. Lo correcto sería decir que estaba infestada. ¿De qué? De manadas enteras de beorc que habían aparecido de la noche a la mañana. Para mayor escarnio, los beorcs coléricos a los que ya denominaban en otras tierras asediadas como emergidos no eran su único problema a lidiar. Oh, no. Resultaba que los vigías no tardaron en notar la presencia de buques de guerra y destacamentos de otro grupo sin el menor tinte carmesí en sus ojos.

Su estandarte nada tenía que ver con el de los emergidos, pues incluso se atrevían a enfrentarse a ellos. Bueno, más bien llegaban a las islas preparados para tal enmienda. Y eso le empezaba a crispar; se habían acomodado demasiado como para establecer campamentos del mismo modo que lo hicieron los coléricos en un principio. Una cosa ya era estar pendiente de una infestación de garrapatas en su territorio, pero también de otros allegados de los que no conocía con exactitud los motivos que les incentivaban a moverse por Kilvas…

Al final, el único territorio seguro que les quedaba a los cuervos para asentarse y desplazarse eran las cumbres más altas de las islas, o el propio cielo. Pero no contaba con que eso durase para siempre. ¿Quién le aseguraba que los beorcs no usarían sus cabecitas y acabarían trayendo a sus bestias domesticadas con alas cuando se cansasen de escalar riscos?

Por lo menos seguían pudiendo aprovecharse de dicha ventaja, como era el caso actual. Junto a dos de los vigilantes asignados en la zona, Naesala sobrevolaba con ritmo pausado los pequeños arrecifes escarpados que poblaban las costas de Kilvas. Pese a que el otro par de cuervos no estaban del todo seguros en la idea que tenía en mente su rey, no pudieron negarse a su petición y limitarse a acompañarle por su seguridad: Naesala quería comprobar por su cuenta cuan expandidos estaban los asentamientos beorc por su reino, ya fuesen emergidos o de la avanzadilla extranjera. Los poblados cercanos a la costa fueron los primeros que su gente abandonó al tratarse del potencial objetivo de los coléricos nada más atracaron. Pero tras su marcha al palacio —y por ende, a sus queridas arcas—, cabía la ligera posibilidad de que hubiesen movido los campamentos al centro. O de que hubiese poblados a los que ignoraron durante su asedio.

El asentamiento costero por el que pasaban no tenía la pinta de ser uno de esos casos particulares por los restos desvalijados de lo que en su tiempo fueron hogares mundanos. Eso sí… no se esperaba para nada que los culpables retornasen al escenario del crimen. ¿O acaso esas tres figuras forzando la entrada a una casa se tratarían de beorcs molientes que solo probaban suerte entre los escombros de un asedio anterior? Como fuese. Le daba igual. Coléricos o no, iban a ser “atendidos” en brevedad. Por supuesto, de ellos dependería cuan breves serían. Con un gesto de su mano, les indicó a sus dos escoltas que hiciesen los honores de recibirlos. —Recordad, muchachos: la hospitalidad de Kilvas, ante todo. —dijo con tono soberbio. Los cuervos asintieron y comenzaron a descender en cuanto el grupo consiguió colarse en el interior de la casa.

Naesala estaba a punto de seguirlos desde la lejanía para no perder detalle de quienes se suponía que eran sus nuevos huéspedes, pero enseguida frenó un poco su descenso. En un escueto parpadeo, escudriñó por el rabillo del ojo algo que le llamó la atención, agazapado en la esquina de otra de las casas. Un poco más, y no hubiese visto a aquella figura de coronilla anaranjada que parecía estar escrutando a los otros tres saqueadores. Dada su posición, sería muy raro que les estuviese sirviendo de vigilante. ¿O es que se estaba limitando a esconderse por lo cauteloso que estaba siendo? Una sonrisa ladina le cruzó el rostro del mismo modo que lo hizo una ocurrencia. Arreplegó un poco sus alas para iniciar un suave y silencioso descenso, maniobrando en el aire para posicionarse justo a espaldas del individuo.

Una vez hizo pie en tierra, batió una vez más las alas para hacerse de notar por su víctima y esperó con anhelo su reacción. —Bueno, bueno, bueno. ¿Qué se te ha perdido por aquí, pequeño fisgón?
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Invitado el Lun Feb 19, 2018 11:51 pm

Unas sombras anchas pasaron raudas sobre los emergidos y estos parecieron no notarlas, pero el ladrón sí. Pálido como el papel, Gaius tragó saliva mientras se achicaba en su lugar una vez más. El momento que tanto había temido estaba ocurriendo, nuevamente tendría que verse frente a frente con una de esas criaturas aladas las que tanto le atemorizaban.
Los emergidos parecieron mostrarse inmutables ante las enormes sombras negras que le habían sobrevolado ya que continuaron  atacando la puerta hasta que lograron colarse dentro. Las enormes aves de alas negras finalmente descendieron y se colaron dentro de la vivienda, pronto el sonido de pelea fue audible desde el exterior.
Todo esto le jugaba a favor al ladrón salvo por un minúsculo detalle: estaba semi paralizado por el miedo. Qué hacer? Los recuerdos de la noche que perdiera un ojo volvían a su mente, y el grito de un niño le zumbaba en los oídos. Revivía todo en ese instante haciéndose cada vez más pequeño en su rincón.
Pensó en dar media vuelta y correr cuando el batir de unas alas a su espalda hizo que pegara un salo en el lugar. Al volearse casi se le sale el corazón del pecho y soltò un largo y agudo grito.
Junto a él, pedante y orgullosos como lo recordaba, estaba el sub humano al que había estado buscando por cielo y tierra. Vestido de manera diferente, más elegante y sin esconder sus orejas puntiagudas, pero pese a las diferencias el bandido no tenía la menor duda de quién era.

-T-tu!!-


Dijo con el tono más grave que le salió todavía incapaz todavía de incorporarse del suelo.

-Isaiha! Tu maldito! H-he venido p-para hacerte p-pagar c-caro!-

Llevó torpemente la mano hasta su arma y trató de aferrar la empuñadura, pero sus nerviosas manos solo consiguieron que esta se le resbalara entre los dedos incapaces de sujetarla firmemente.
Fuera del callejón, el grito del bandido había retumbado por las paredes ruinosas de las casas. Más lejos, otros emergidos que merodeaban por la zona comenzaron a marchar en esa dirección. Los que estaban dentro de la cabaña estaban muy ocupados en su combate contra los sub humanos como para que les preocupase el escándalo.

Todavía hecho un bollito en el suelo, mirando al rey cuervo con su único ojo, el bandido consiguió tras varios intentos sacar su espada, pero sus transpiradas manos le fallaron una vez más y su espada de bronce termino a sus pues y no en sus manos como hubiera deseado.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Miér Feb 28, 2018 1:13 pm

Vale, tenía en mente deleitarse unos escasos momentos con la reacción que le hubiese sacado a aquel individuo de cabellera rojiza con su aparición. Mas, tampoco se esperaba que su pequeña rata fisgona fuese una tan cobardica. Naesala no pudo evitar ensanchar su pícara sonrisa y contemplar a su “presa”, hecho un amasijo tembloroso en el suelo y con el terror reflejado en sus… su ojo. Cabía decir que aquello le llamó la atención más de lo que debería; no sería el primer beorc que veía llevando un parche, aunque la cicatriz que nacía de su interior y le trepaba por el pómulo era digna de mención. De una cosa estaba seguro, y es que alguien o algo se había encargado de que ese desgraciado sufriese con la pérdida de su ojo. Tampoco es que le importase lo más mínimo, pero…

¿Por qué esa sensación extraña que le hurgaba la mente? Sobre todo, cada vez que se paraba a mirar esa cara andrajosa que traía.

Oh, pero eso solo fue el principio, la caja de sorpresas que era ese tipo no hizo más que abrirse. La primera en la frente, el beorc parecía conocerle de vista; entre todo ese pavor en su expresión encontró reconocimiento. —Sí… Yo —dejó escapar con sequedad y un deje de duda, enarcando una ceja. O el mundo era un dichoso pañuelo, o el pelirrojo le estaba confundiendo con alguien. ¿De verdad que había coincidido con semejante despojo que no era ni capaz de mantenerse en pie? Lo primero que se le ocurrió es que lo estuviese confundiendo con otro cuervo a causa del…  

«Isaiha». Frunció el ceño con resquemor. Acababa de llamarle Isaiha. Conocía ese nombre demasiado bien, era uno de los varios que solía utilizar cuando viajaba fuera de las limitaciones geográficas de la Alianza por cuestiones de negocios. En especial, negocios que inmiscuían a beorcs y que requerían de un perfil bajo para no llamar la atención; no le interesaba que las hienas que estaban al mando de Begnion descubriesen que su títere se tomaba tantas libertades, ni tampoco es que quisiese tener encima a ninguno de esos radicales daenitas. Volviendo a lo que le competía en ese momento, tenía delante a alguien que lo conocía por ese pseudónimo… y que “venía para hacerle pagar caro”. Tal declaración y muestra de arrogancia, en un lugar como era su propio reino, le hubiesen pillado con la guardia baja, pero cuando a ese botarate tuerto se le resbaló la espada con la que trató de amenazarle de lo nervioso que estaba, casi ni se lo pudo creer. Naesala se llevó una mano a las sienes y soltó una carcajada ronca. Ah, dioses, ¿Cuándo fue la última vez que se rió tanto?

Vaya, vaya, mira lo que ha arrastrado la marea hasta las costas. Así que tenemos por aquí a un humano campando a sus anchas por Kilvas, por un reino laguz, con el mero pretexto de reclamar alguna clase de… ¿Cómo decirlo? ¿Venganza personal? ¿Es eso lo que te ha traído hasta aquí? —Hizo aspavientos despectivos con su diestra y entrecerró los ojos—. Ah, sí, y supongo que pensaste que sería una gran idea aprovecharte de nuestro percance con esos “emergidos” para que tú y tus amigos —meneó la cabeza hacia la casa en la que se colaron los individuos de antes— os colaseis en Kilvas y actuaseis como os viniese en gana.

Al poco de mencionar a los otros tres polizones que habían divisado desde el aire, los característicos ruidos de muebles volcándose y de la madera astillándose no tardaron en hacerse oír desde el interior de la casa. Como suponía: sus chicos habían tenido que ponerse a aclararles por las malas lo que les ocurría a los indeseables que husmeaban en su hogar sin invitación alguna. Naesala se cruzó de brazos y le lanzó una mirada despectiva al hombre del parche. Ni siquiera veía como amenaza el arma que intentaba recuperar, pues sabía que antes de que intentase nada, tendría una bonita fila de uñas clavándosele en la cara. —Me importa más bien poco quien diantres eres y los motivos que te hayan traído hasta aquí. Pero soy una persona demasiado ocupada como para perder el tiempo con ratas como tú. —En otra situación, se hubiese permitido entretenerse más de la cuenta con aquel idiota por su osadía. Pero estando en una zona potencialmente peligrosa por culpa de los emergidos, el riesgo era demasiado alto como para andar haciendo tonterías innecesarias. Una lástima, pero lo mejor sería quitarse toda molestia de encima cuanto antes—. Así que te daré la oportunidad de que agarres tu juguetito afilado y desaparezcas de mi vista, antes de que mis hombres se encarguen de disciplinar a tus compañeros.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Invitado el Vie Abr 06, 2018 12:42 am

Gaius quería levantar la mirada y tirarle a la cara un buen par de maldiciones al arrogante sub humano. Quería, mas su medo le tenía hecho un ovillo todavía, mirando hacia los costados y, en especial, a la empuñadura de su espada que había terminado en el suelo.
El corazón le golpeaba fuerte contra el pecho, tanto que comenzaba a doler. Las manos le temblaban y sudaban que, incluso con sus guantes sin dedos puestos, la espada se le había escapado. Tenía terror, autentico y genuino terror. Un miedo generado en la infancia y justificado hacía pocos meses atrás por el mismísimo caballero que tenía enfrente en ese momento.  
Le escuchó hablar y comprendía que le hablaban, pero aun así no entendía qué tenía que ver eso con él. En el estupor de su mente nunca terminó de unir que el monarca del caído país le creía miembro de las fuerzas de Durban, lo cual era algo bastante sensato de pensar ya que: Quién viajaría desde tan lejos a una zona tan peligrosa solo esperando ver si se topa con alguien por el azar caprichoso del destino? Solo alguien que está muy confiado de sus habilidades para rastrear y sobrevivir, o alguien (como el bandido) quien se creía bendecido por su señora y que ella sabía cuidarlo a cada paso que daba.
El rey le azotaba con palabras filosas, mas Gaius no pudo articular respuesta alguna. Quedó en su lugar echando alguna mirada rápida por el rabillo del ojo y apretando fuerte los dientes con impotencia de rabia.

Los sonidos de la batalla lejana se escuchaban, al igual que los del resto de los emergidos que llegaban hasta el alboroto, con su suave andar bamboleante, pero listos para entrar en combate.
Era un pequeño pelotón los refuerzos que llegaban. Algunos se detuvieron ante la casa y empezaban a ver por qué turno comenzar a entrar, mas a uno solo de ellos le pareció escuchar voces por fuera de la pelea, y con el mismo andar bamboleante fue a investigar.
Le llevó rato llegar hasta el callejón, tanto como todo el tiempo que el rey y el bandido estuvieron cara a cara, pero su lento andar no se traducía en un lento atacar, no bien al verlos soltó un largo grito seco y desencajó su hacha del cinturón, presto para atacar.
Gaius eso si lo escuchó y, si bien  no era gran amante del pueblo emergido, no se sentía tan intimidado por traumas y fobias a un combate con ellos como si lo tenía con el cuervo.
No bien ver al nuevo enemigo el alma le regresó al cuerpo. Las manos le dejaron de sudar y su mente pudo pensar con cristalina claridad una vez más. No perdió el tiempo. Dando una vuelta sobre su espalda, rodó hasta la espada que tenía delante la cual alzo sin que se le resbalara. Al rodar su cuerpo rosó con una de las alas del sub humano lo que le generó un violento espasmo, pero apenas momentánea. Por suerte el enemigo atacó directo a él por lo que no tuvo mucho tiempo el ladrón para pensar donde y junto a quien estaba parado.
Creyó que le iba a atacar con un impacto directo de hacha, más no. El emergido, valla a saber Naga porque, contra todo pronóstico se abalanzó sobre el tuerto, tirándolo de espaldas al duelo y empujándolo con el mango de su arma sobre el cuello para mantenerlo firme en el piso. De no haber estado tan asustado, habría sorteado aquel torpe ataque sin problema, e incluso pudiera ser que ya hubiera liquidado al guerrero. Pero no, nuevamente el cuervo rey le turbaba y debilitaba, nuevamente era todo su culpa, o así de claro estaba en la mente del ladrón.

-Maldito seas sub humano!!!-

Maldijo mientras se retorcía luchando por ganar unas cuantas más bocanadas de aire para continuar maldiciendo

-Te mataré! A ti y a todos los tuyos!!-

Continuó amenazando mientras mantenía la mirada fija en el emergido, enemigo al que si podía mirar a la cara.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Miér Mayo 23, 2018 2:08 pm

La paciencia ya empezaba a agotársele a Naesala. Cruzado de brazos como estaba, cada segundo de silencio que pasaba por parte de ese miserable… Bueno, incluso llamarle humano era hasta un halago para semejante despojo. El maldito tuerto, que en menudo momento se le ocurrió pensar que podría sonsacarle algo, ni siquiera se estaba molestando en responderle a sus preguntas. Lo único que hacía era quedarse allí tirado, hecho un completo amasijo de nervios y pavor que apenas levantaba el rostro. El rey de los cuervos nunca rechazaba la oportunidad de poder deleitarse con la humillación de cualquier idiota que osase pasarse de listo con él. Disfrutaba de ese momento como el que más. Pero, Ashera, aquello ya estaba perdiendo la gracia. Nunca hubiese imaginado encontrarse con alguien tan patético que dolía incluso el mantenerle la mirada de la vergüenza ajena.

La rápida decadencia de la seriedad ya era el primer indicio de que había que tomar medidas al respecto. Le fastidiaba tener que interrumpir uno de sus momentos favoritos cuando jugaba con lo que sutilmente denominaba “su presa”, pero incluso alguien como él tenía sus límites cuando el bochorno abundaba. De todas formas, en su estado y todavía intentando aferrar su arma en unas manos temblorosas, dudaba que fuese a sonsacarle al pelirrojo lo que quería por las buenas. Eso también le fastidiaba; el beorc conocía uno de sus pseudónimos y obvio que se debió cruzar con él en el pasado. Si estaba tan interesado en saber de qué, era porque el mismo Naesala también tenía un extraño pinchazo de nostalgia. No tenía muy claro de cuando y como, pero ahí estaba.

Le carcomía también el pequeño asunto de los polizones a los que estaban atendiendo sus escoltas. Huraño, reprimió el impulso de despegar los ojos del ratero y avistar la casa en la que se metieron. Le empezaba a intranquilizar que estuviesen tardando tanto en sacarlos de allí, además de que los golpes y crujidos de la estructura habían aminorado. Más, al tratar de captar algo más al aguzar el oído, sí que le llegó algo. Un poco torpes para el intento de camuflar el sonido, pero en cierta medida, sigilosos. Los pasos que escuchó a su espalda le encresparon un poco las plumas de las alas en señal de alarma. Sin llegar a echar atrás una mirada que aceró, mantuvo la frialdad suficiente para no hacer aspavientos bruscos. Sus dedos se engarfiaron sobre los brazos Necesitaba concentrarse, analizar la situación y qué le cundía más: transformarse y lanzar sus talones al rostro de su asaltante en un movimiento impredecible, o retirarse al aire en caso de que fuesen más de uno.

Pero alguien se tuvo que adelantar a sus expectativas. Para cuando vio por el rabillo del ojo aquel destello rojo, ya era demasiado tarde. El beorc tuerto se arrojó al suelo con una maniobrabilidad que creía imposible después de verle hecho un manojo hace unos momentos. Naesala tensó el cuerpo, pero se quedó en el sitio al ver que pelirrojo pasaba de largo y se tiraba a por el nuevo invitado. Sacudió con recelo el ala que le rozó al rodar por su lado, como si tratase de quitarse la sensación de tacto, y frunció el ceño al toparse de lleno con esos dos ojos teñidos de rojo a los que confrontaba el ratero.

¡Mi señor! ¡Son los beorc coléricos! —gritó uno de sus guardaespaldas, quien había adoptado su forma de ave y surcaba el aire, directo a su posición. Fue lo último que necesitó escuchar para corroborar que los polizones que vieron antes no tenían nada que ver con el pelirrojo. Tratándose de los denominados “emergidos”, eso simplificaba todavía más las cosas, pero a la vez las enturbiaba. A los intrusos cualesquiera se les podía dar un escarmiento para que huyesen con el rabo entre las piernas. A esos salvajes no. Tocaba mancharse las manos, y eso también se sumaba a la lista de cosas que le fastidiaban.

Y justo para colmar su enervación surgió otro contratiempo más de detrás de una de las esquinas de una choza semiderruida. El humano de ojos rojos obvió por completo los intentos de sutileza de su otro compañero y salió despedido hacia su objetivo, espada en alto. Naesala crispó el rostro en una mueca de fastidio y encorvó un poco la espalda, un movimiento casi automático cada vez que necesitaba transformarse. Su cuerpo centelleó unos segundos antes de recubrirse por completo de las mismas plumas que poblaban sus alas y alzó el vuelo. Para cuando el proceso terminó, una sombra negra y fugaz ya estaba rasgando el aire, con unos pies, ahora transformados en garras, que se abrieron de par en par.

El emergido no pudo ni bajar su arma cuando las uñas del rey se hundieron en su cuello y tironearon con violencia. Un chasquido se oyó, y el cuerpo del humano dio varias vueltas de campana en el aire antes de desplomarse contra el suelo. Naesala batió las alas en un movimiento elegante y se posó en el saliente de un risco, restregando las patas sobre la roca para quitarse los restos de piel y sangre que se llevó por delante. Expectante, se mantuvo allí, esperando a ver si el maldito emergido que se rebozaba por la tierra sería capaz de levantarse. De haber podido, nunca se averiguó; su guardaespaldas se lanzó en picado cual saeta contra él, bastándole meros segundos para que el forcejeo entre ellos dos terminase con el cuerpo del emergido quedándose laxo.

Un momento de silencio que se quebró con los berridos que el rufián pelirrojo soltaba mientras se enfrentaba a uno de ellos. Naesala se hubiese limitado a lanzarle una mirada vacía y a ignorar sus palabras para que el viento se las tragase. Sin embargo, no podía decirse lo mismo del otro cuerpo, con el plumón encrespado de la indignación y clavándole unos ojos llenos de desprecio. Tuvo que extender un ala para disuadir a su hombre de las intenciones que le estuviesen rondando por la cabeza. —Los humanos de ojos rojos nos urgen más. Centraos en ellos por el momento. —Sí, era mejor quitarse de en medio a los que podían causar más daños. Y también a quienes no podían darles respuestas por mucho que se las tratasen de sacar. De todas formas, lo peor que podía pasar es que los emergidos le rebanasen el pescuezo al dichoso tuerto y perder su oportunidad de sonsacarle información. Una perdida, pero irrisoria.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Invitado el Dom Jul 01, 2018 6:14 pm

Gaius maldijo al rey cuervo pero este parecía tener mejores cosas que hacer que prestarle oído a un desalineado brabucón como él. Lo cual el tuerto agradeció sin decirlo en voz alta, ya que solo mirarle directamente le causaba escalofríos.

Maldijo a su suerte por haberle dado lo que buscaba, mientras mantenía fuerte el agarre del emergido sobre él, evitando que este escapara o que le generara daño alguno. Al estar ellos dos enlazados en el suelo, el resto de los enemigos de ojos rojos se encargaban de desviar su atención hacia los nativos alados y dejaban al pelirrojo en paz.
En esta pseudo paz en la que gozaba, si se puede considerar paz tener a una criatura gruñendo y tirando mordiscones sobre ti, el bandido aprovechó para aclarar la mente y poner todas sus ideas en orden.
Sus opciones eran pocas, o encontraba la forma de tragarse sus miedos y atacaba al cuervo, o  se escabullía entre las sombras de regreso al atracadero clandestino y esperaba entre las rocas a que aquel barco pesquero volviera a pasar por allí. Sin su venganza cumplida pero por lo menos con su ojo restante sano y salvo.
Suspiro. Ninguna de las dos ideas le valía, pero antes que pudiera terminar de decidirse, de súbito y sin aviso, el emergido hizo un movimiento brusco que le desconcertó y le permitió a este darle un buen mordiscón en la nariz.
Soltando un largo grito, el ladrón se balanceó hacia todos lados tratando de zafarse de él, hasta que logró rodar y colocarse encima. Desde allí, estando ahora él en ventaja, pudo tomar su espada y clavarla sin delicadeza alguna en una de las pocas aberturas expuestas que ofrecía la armadura.
Trastabillando hacia atrás, logró distanciarse del enemigo y, respirando de a bocanadas, se apoyó contra la pared de la derruida casa que tenía a su espalda. Había tenido suerte, y batallar tanto tiempo en el suelo le había dejado los brazos entumecidos, mas todavía tenía todas sus partes y, salvo por un par de raspones y el mordiscón en la nariz, no tenía ninguna herida que se pudiera considerar de gravedad. Así que tomando su espada de bronce con una mano, caminó fuera de la callejuela, animándose a observar cómo iba el combate de los sub humanos con los emergidos.

A una casa de distancia podía ver al rey de alas negras. Ahora en su forma animal, el bandido podía sentir como una vez más le fallaban las piernas, mas consiguió mantenerse de pie.
Parado allí, a una distancia lo suficientemente cercana como para que le atacaran con facilidad, pero al mismo tiempo dándole tiempo al bandido de intentar huir si los veía llegar, el bandido terminó de convencerse de que esta venganza que tan obsesionado lo traía, era algo que nunca podría cumplir por su mano propia. No si apenas podía mirar al adversario sin que le sudaran las manos.
Decepcionado de si mismo, iba a girarse para volver a su atracadero, cuando un emergido, al que no vio venir por estar tan preocupado de mirar al gran cuervo, se le abalanzó con una espada, dibujándole un surco en el peto de cuero, y rompiendo a la mitad el endeble broche de caucho que le sujetaba su capa.
Esta cayó a sus pies antes que el bribón terminara de pestañar, dejando al descubierto su exótica armadura de Senay y dejándole al descubierto de toda mirada cuando se le escapara un ligero grito por el asombro.
Pasado el susto inicial, pudo levantar su espada y repeler a su atacante. Después de chocar armas un par de veces, encontró la abertura en su ataque y le dio el golpe de gracia.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Sáb Jul 21, 2018 2:40 pm

Ya con uno de los beorc coléricos muertos, las expectativas de la refriega se inclinaban un poco más a su favor. Unos precisos segundos que Naesala, tratando de ser presto y eficaz en sus decisiones, quiso aprovechar para buscar con la mirada al segundo de sus guardaespaldas y reorganizarse. No le costó mucho hallarlo por el estridente sonido de un graznido furioso que escucharon a un par de chozas de distancia. Tanto el rey como su vasallo se elevaron unos metros en el aire, y al poco dieron con una sombra negra volando e intercambiando arremetidas con uno de los Emergidos, quien se defendía a duras penas con su lanza en ristre. Como máximo responsable de los suyos y siendo él mismo quien elegía a su escolta, Naesala conocía sus limitaciones y fuertes cuando la lucha no era una opción evitable. El engendro de ojos rojos no duraría mucho si lo único que podía hacer era mantenerse a la defensiva para que las garras del cuervo no le alcanzasen en un punto vital.

Su hombre se las podría arreglar solo, por supuesto… Pero prefería acabar con la limpieza cuanto antes y no arriesgarse a que llegasen refuerzos. Además, también estaba el espinoso asunto de su querido polizón No-Emergido. No quería darle más importancia de la que se mereciese, pero había algo en ese tuerto andrajoso que le causaba cierto resquemor cada vez que le rondaba por la cabeza. Pensándolo una vez más con frialdad, ya no le resultaba tan gracioso que un humano viniese a Kilvas, solo, habiendo tenido contacto con él antes, y justificando que buscase resarcirse por alguna razón lo bastante importante para cometer semejante osadía. Alegar que bien poco le importaba lo que pudiese sonsacarle era mentirse a sí mismo, y de una forma muy descarada.

Entonces, un alarido de espanto le cortó su hilo de pensamientos y devolvió su mente a las escarpadas costas de la isla. Siendo que no había escuchado jamás a los Emergidos pronunciar palabra alguna, giró su cabeza para comprobar qué demonios estaba haciendo el objeto de su frustrante curiosidad. Y, por lo pronto, sus ojos refulgieron en cuanto el manto que portaba el pelirrojo cayó al suelo y reveló lo que reconocía como uno de esos uniformes militares que acostumbraban a vestir los soldados humanos. Salvo, que ese en concreto era nuevo para sus ojos; quienes venían del país llamado Durban utilizaban uno distinto a aquel. Ni tampoco usaban por emblema la imagen de un ave.

El rufián se encontraba forcejeando con otro Emergido al que no había contado antes. Las sospechas de que pudiesen tener a más unidades desperdigadas o escondidas por las cercanías ya le indicaban que el tiempo apremiaba. Tenía que tomar una decisión ya, y dadas sus circunstancias actuales… —Ve con él y liquidadlo cuanto antes. Ya —Le señaló al guardaespaldas con su pico al emergido con el que su compañero estaba lidiando—. Vigilad que ninguno más de ellos estén usando las casas y las calles para esconderse. Ya sabéis lo que hacer si tratan de acercarse. —El otro cuervo asintió con la cabeza y salió volando, directo a auxiliar a su compañero. Naesala no necesitaba preocuparse con ellos dos estando ojo avizor, lo cual le facilitaba a él el margen de tiempo necesario para satisfacer su pequeño y pelirrojo capricho.

Su presa tuerta no podría haber sido más oportuna al hundirle su espada al beorc colérico y deshacerse de molestias que pudiesen irrumpir. Vía libre para retomar su conversación de antes. Raudo y cayendo cual relámpago en medio de una tormenta, Naesala aterrizó justo en medio del camino para cortarle el paso al tuerto. Batió las alas con orgullo y le dedicó la mismísima mirada de un depredador sediento de sangre. —Bien, bien… Si al final sabías cómo utilizar tu palo afilado y todo. Lo celebro —aclamó con un retintín lleno de sorna—. ¿Sabes? Nunca pensé que llegaría a decirle esto a un despojo como tú, pero has conseguido mi interés con eso de “hacerme pagar caro”. —Siendo francos, amenazas como aquellas ya le sonaban sumamente vacías a esas alturas. Los miembros de la Alianza Laguz eran infinitas veces más creativos cuando exigían su pellejo por cualquier circunstancia, y ya de por sí le daba igual porque sabía que todo aquello quedaría en nada. Pero la joya de la corona era que un triste humano fuese el único que se atreviese a cumplir con su palabra—. Ahora… ¿Qué tal si nos dejamos de tonterías y me cuentas que es lo que ha hecho nuestro amigo Isaiha para que hayas cometido una estupidez tan grande como esta? ¡Ah! Y te recomendaría que esta vez fueses rápido con las palabras. Ahora mismo no es ande sobrado de tiempo, y con las prisas suelo trabajar… mal —espetó con un tono grave—. Quién sabe si las garras se me escapan en un descuido y acabo arrancándote el otro…

Naesala calló de súbito, frunciendo el ceño con extrañeza. Sin saber cómo, tuvo la sensación de que algo en su cabeza que hubiese permanecido en letargo todo este tiempo hubiese despertado.

¿Qué demonios…?
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Invitado el Miér Ago 08, 2018 1:16 am

Gaius, cayó de espaldas al suelo cuando el gran ave negra se le apareciera delante tan súbitamente. Independientemente que la había visto momentos atrás, lo impresionante de su reaparición casi hace que se mojara sus propios pantalones. Tirado en el suelo panza arriba, el grabado en su pecho que mostraba al emblema del halcón de Senay estaba completamente expuesto, cosa que había estado intentando evitar desde que llegara a Kilvas. Mas ahora su mente estaba demasiado desconcentrada para prestarle atención a este detalle, solo podía reptar despacio sobre su espalda, alejándose del enorme cuervo que tenía delante.

-Ojo!- Exclamó enojado cuando este dejó su frase inconclusa.- Vas a sacarme mi otro ojo, verdad?! Maldito! N-no te bastó con el primero?!-

No estaba muerto de miedo? Por supuesto que lo estaba, pero que el cuervo se burlara tan abiertamente y osara comentar el hecho que le había arrancado su globo ocular casi como si no lo recordara, hacía que la rabia se antepusiera al miedo.
Su mano tocó en el suelo la empuñadura de su espada y sin perder más tiempo la tomó y apuntó directamente al pecho de la bestia, consiguiendo apenas sentarse sobre el suelo de tierra.

-Maldito sub humano, verás que el segundo es mucho más caro que el p-primero-


Estaba en una posición de clara desventaja, y cualquiera que les mirase a cualquier distancia, podría ver como temblaba sin parar la punta de su “amenazante” espada, Aún así lo que no temblaba era la ferocidad en el restante ojo del bandido.

-Puede que para ti yo haya sido solo u-una más de tus víctimas. Pero a mi tú me has arruinado la vida!-
Le espetó al cuervo, casi escupiendo las palabras.
-Perdí mi buena puntería y mi anonimato!!
Quien no reconoce a un ladrón con un parche?!
Ya no puedo caminar con libertad por las plazas sin que alguien venga a intentar apresarme para cobrar alguna de mis recompensas!-
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Sáb Ago 11, 2018 12:39 pm

Lo sabía. Desde que se topó al dichoso tuerto por un cúmulo de casualidades, sabía que había algo en él que le escamaba sobremanera. Ya no solo era esa osadía de la que hacía gala y con la que se atrevía a pisar Kilvas. Para buscar nada menos que al Rey de los Cuervos. A él. ¿Y toda aquella parafernalia para qué? ¿Por venganza, como le había espetado antes? Pensó que no era más que un lunático de los pies a la cabeza que venía buscando su propia muerte allí, en pleno apogeo del caos con todos esos Emergidos e invasores del otro reino beorc. Y, hasta el momento, lo seguía pensando. Pero esa insistencia… A pesar de que seguía hecho una masa inmunda y temblorosa, seguía insistiendo en apuntarle con su espada. Naesala ya encontraba aquella situación rayando los límites de lo absurdo, por no decir también los de su paciencia.

Por eso se obligó a hacer un esfuerzo y tratar de recordar, justo cuando una chispa se le encendió en la mente nada más pensar en arrancarle el único ojo que le quedaba. Tal vez, ¿era aquello que los beorc llamaban déjà vu lo que estaba experimentando en esos momentos? Porque tenía una enorme sensación de que había vivido un momento muy similar, viniéndole a la cabeza imágenes de una noche en los barrios bajos de Begnion. Recordaba también unos alaridos desgarradores, de alguien que se había atrevido a quitarle algo que le pertenecía. No conseguía recuperar todos los detalles exactos, pero tenía la seguridad de que aquel humano lo pagó caro.

Y ahora, ironías del destino, tenía delante de sus narices a un rufián pelirrojo salido de la nada, acusándole de que la falta de su ojo fue obra suya. Naesala entrecerró los ojos en un impulso de intriga que le subió por el cuerpo. ¿Lo que decía el beorc era cierto? Puede. En una cosa tenía razón, y es que de ser verdad que fue objeto de su ira, sería nada más que uno de los numerosos ilusos que, por cualquier nimiedad, pensaron que sería un juego de niños engañar a un laguz cuervo y que no habría consecuencias. Y se habría limitado a dedicarle unos pocos pensamientos desdeñosos en silencio al tuerto por su actuación tan patética, pero…

Tuvo que hablar más de la cuenta. El talante de Naesala se vio ligeramente trastocado, inclinando la cabeza hacia delante con irritación cuando ese grandísimo energúmeno se atrevió a jactarse de que le había convertido su vida en un martirio. —Perdona, pero, ¿he oído bien? —La voz del Rey Cuervo adoptó un inusual tono grave. Después, una risotada que más bien parecía un graznido salió de su garganta—. Arruinarte la vida, dices… Tú, despojo humano que ni servirías para hacerme un abrigo con tu pellejo, no tienes ni idea de lo que es arruinar una vida. Ni por asomo. —Mientras espetaba tales palabras ponzoñosas y rebosantes de desprecio, la marca que descansaba en su ala izquierda, oculta de ojos ajenos por el negro plumaje que la cubría, la sentía como si le estuviese quemando a rabiar. Un estigma con el que llevaba cargando década tras década. Culpable de que su reino entero pendiese de un finísimo hilo, y que no solo amenazaba con destruir su vida por completo, también la de su pueblo, su gente.

Lo habría hecho, allí y en ese preciso momento. Sin pensárselo dos veces. Arrancarle el otro ojo y saciar su creciente ira podría haber sido tan fácil como saltarle a la cara y hundirle las garras antes de que se le ocurriese enarbolar su espada. Pero si no lo hizo, fue porque un ruido cercano le disuadió: el crepitar de lo que parecían llamas se sentía cerca, muy cerca. Y para cuando quiso darse cuenta, ya estaba batiendo las alas para esquivar una fulgurante bola de fuego que le hubiese calcinado. Furibundo e indignado a partes iguales, giró la cabeza para dar con otro de esos beorcs coléricos, asomándose cual rata cobarde por la esquina de una choza cercana, y sosteniendo un libro de tapas rojizas. Un usuario de la podrida magia, como no. Naesala no tuvo miramientos en soltar un graznido furioso y arrojarse a por el mago emergido con los talones por delante
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Invitado el Miér Ago 15, 2018 11:50 pm

El humano todavía le costaba mantener la punta de su espada levantada. Más aun así se aferraba a su empuñadura con todas sus fuerzas.
Por dentro su cerebro se apuraba en pensar que hacer. Cómo hace, cómo derrotar a aquel emplumado señor de los cielos….
No había una respuesta, menos siquiera una idea de cómo salir de aquella apretada situación con vida. Estaba en clara desventaja numérica, los cuervos eran cuatro, mientras que el número de emergidos no paraba de crecer. Y él, … él solo tenía una espada y un solo ojo, ninguna característica de alguien que pudiera afrontar todas aquellas adversidades por su cuenta.
Comenzó a rezarle a Naga, como solo hacia cuando estaba desesperado, esperando que su diosa favorita le echara un nuevo rayo de luz sobre su destino e hiciera cambiar su suerte. Mas siempre manteniendo la mirada fija en el cuervo de alas negras.
Su suplica fue escuchada! Al poco tiempo de que comenzara con sus improvisados rezos, el cuervo se distrajo y decidió que había cosas más importantes en las que malgastar su tiempo que un ladrón sucio y tuerto, por lo que emprendió el vuelo para socorrer a sus camaradas.
Tetado estuvo de gritarle cobarde a la espalda, pero no, no iba a tentar a su suerte.

-Gracias Naga…-

Murmuró por lo bajo mientras encorvado en sus cuatro extremidades se echó a correr entre los escombros, escapando como la vil rata que era.
Corrió y no frenó hasta llegar a aquel empinado risco por el que había llegado y con el corazón en el pecho lo bajó con el mayor de los cuidados. Una vez abajo, se tapó con su destartalada capa y hecho un ovillo en el suelo se quedó quieto a la espera que aquel barco pesquero volviera a pasar por allí.
Todo su esfuerzo había sido en vano, su venganza no había sido cobrada y solo había conseguido humillarse una vez más ante el cuervo gigante. Pero eso no importaba ahora. Lo importante era que estaba vivo y tan entero como llegó, y ese era motivo suficiente para estar agradecido.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Vie Ago 17, 2018 12:24 pm

Ningún acto de Naesala contra el mago destiló el menor ápice de piedad. Sus garras, tan afiladas como dagas, buscaron hasta el último recoveco en el que hundirse y desgarrar carne en un acto brutal. Los brazos, el pecho, el cuello, la cara… Por lo pronto, su cuerpo ya contaría con más hoyos sanguinolentos que piel sana en su superficie, o al menos, eso era lo que dejaban entrever las partes no cubiertas por ropa. ¿Ensañamiento? Podría ser; lo más probable es que hubiese bastando con despedazarle la garganta en un movimiento rápido y escueto. Sin complicaciones. Pero el infierno se congelaría antes de otorgarle una muerte rápida a un sucio hechicero humano que había intentado la osadía de calcinarle a traición. A él. Quien ya había sufrido más de la cuenta los estragos de la condenada magia beorc. Ya fuese en sus carnes, o a través de un intento de tratado firmado con taumaturgia.

Una vez su sed de sangre quedó satisfecha, batió las alas para retirarse del despojo en el que se había convertido el cadáver del mago Emergido, dedicándole una última mirada desdeñosa. Después, su cuello viró y sus orbes miraron en derredor, buscando a aquel que, pese a todo, ya asumía que habría aprovechado para abandonar el lugar. En fin, por lo menos el rufián pelirrojo no era tan estúpido como para quedarse allí y tirar por la borda su única oportunidad de huida. Tampoco es que tuviese muchas expectativas puestas en alguien como él, para empezar. Pero lo que más lamentaba el Rey Cuervo de todo aquello, era el haber perdido la ocasión de sacarle más jugo. No todos los días se presentaba en las puertas de sus tierras una casualidad como aquella.

Pero, oh, tampoco lo daba todo por perdido. Por supuesto que no. Si había llegado hasta donde estaba, era más que nada por esos pequeños detalles que, si uno les presta atención, lo pueden cambiar todo. Y su pequeña alimaña traída por las olas del mar, antes de que huyese con el rabo entre las piernas, le había dejado un regalo de despedida muy interesante. Algo que, desde luego, iba a guardarse con mucho recelo para aprovecharlo en un futuro.

El cuerpo de Naesala titiló en una luz pálida, transformando de nuevo al cuervo a un aspecto menos animal. Lo primero que hizo nada más retornar a su forma humanoide fue estirar los brazos y desperezarse. Hacía ya mucho desde la última vez que había tenido tanta acción, y el ejercicio le había venido bien para estirar las alas. Se giró una vez más hacia el cuerpo del mago y acercó su diestra hasta este. Lo suficiente como para mojarse dos de sus yemas con la sangre que brotaba del cadáver. Entonces, se llevó las yemas a la pared de una de las chozas y extendió el rojo líquido con trazos y curvas diversas. Debía reconocer que, como artista, no se consideraba como alguien destacable. Antes prefería disfrutar de las obras como espectador externo que elaborarlas. Pero al menos, su memoria era lo bastante buena para recordar la forma que vio antes y calcarla en su boceto.

Una vez terminó, se alejó un par de pasos para contemplar el resultado con genuina satisfacción: Un halcón carmesí, extendiendo sus alas de la misma forma que lo hacía el que figuraba en el uniforme militar de aquel beorc.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Eliwood el Lun Ago 20, 2018 5:34 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Gaius ha gastado un uso de su espada de acero.

Ambos obtienen +2 EXP. Gaius obtiene +1 EXP adicional por efecto de Parangón.
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Marqués de Pherae

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Espada de acero [2]
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Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
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Lyndis
Nils

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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

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