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[Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

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[Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Gaius el Mar Ene 09, 2018 10:03 pm

El estar trabajando para la corona de Senay ciertamente comenzaba a tener sus ventajas.
En un pequeño bota a vela, tripulado por otros dos humanos que le acompañaban, dos pescadores a los que Gaius había engatusado con su uniforme para que le llevaran hasta las costas de Kilvas.  
La información que había recibido sobre el cuervo al que tanto buscaba, era que había sido visto en las costas de ese país, y el tuerto casi se traga su propia lengua al enterarse de que ese sub humano en cuestión, no era menos que el propio rey de Kilvas en persona.
Si bien saber del título de su mortal enemigo le había intimidado, sabido era que la nación de los cuervos estaba ahora en manos de los emergidos, y por ende las posibilidades de que pudiera encontrar al rey del país tomado en una posición desventajosa lo hacía demasiado tentador como  para que le importase las repercusiones de atacar abiertamente a un rey.
Pese a que era en si un bruto ignorante, Gaius tenía presente que, si se llegaba a generar alguna clase de revuelo portando el emblema de Senay en sus ropas, el suceso iría a oídos del rey Thoth de inmediato, por lo que el ladrón cuidó en todo momento desde que divisaran la isla en el horizonte de tapar bajo su gruesa capa de viaje su uniforme como guardia en Senay.

Tras unas largas horas, la embarcación finalmente tocó tierra, en una pequeña playa rodeada de altos peñascos, que a Gaius se le antojó como un excelente puerto clandestino, hasta que recordó que todos en esta isla tenían grandes y potentes alas, por lo que este era en si un puerto común y corriente para los locatarios.
Pagó algunas monedas a la pareja de pescadores y comenzó a escalar risco arriba hacia la verdadera superficie del reino de los cuervos. Tras unos largos minutos escalando, con la respiración agitada finalmente llegó a la cima y pudo ver de primera mano el estado desolado de la isla. Si no fuera que su aprensión hacia las criaturas de alas negras le contuviera, estaba seguro que se le hubiera estrujado el corazón tras ver tan desalentador panorama. Pero por suerte so odio hacia la raza de cuervos humano todavía le envenenaba la sangre lo suficiente para que no fuera el caso.

Caminó con sumo cuidado entre las ruinas de lo que parecía un pequeño poblado costero, teniendo especial cuidado de resguardarse de cualquier atacante desde los cielos. El solo pensar que en cualquier momento podían atacarle decenas de cuervos humanos hacia que le temblaran las manos. Ahora que estaba allí y tenía efectivamente la sensación que una de esas criaturas le podía atacar de un momento a otro, hacia que quisiera correr de nuevo al puerto del que había desembarcado  y tirarse a nadar todo el camino de regreso a Senay.

El sonido de la madera al romperse le hizo pegar un salto y tuvo que taparse la boca con ambas manos para no soltar un grito también. Asomándose por la esquina de una casa, investigó cual era el origen del estruendo y descubrió a un grupo de por lo menos tres emergidos destruyendo los restos de una puerta, intentando colarse dentro de una de las casas.

-Ah… solo son emergidos…-

Suspiró mientras se agarraba el pecho calmando a su acelerado corazón.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Miér Ene 17, 2018 12:19 pm

Vivir para creerlo. Las islas de Kilvas no habían gozado de tanta actividad desde el lamentable incidente de la “plaga” que diezmó a gran parte de la población de cuervos. Aunque “gozado” no es que sea el término más correcto, para ser francos. Lo correcto sería decir que estaba infestada. ¿De qué? De manadas enteras de beorc que habían aparecido de la noche a la mañana. Para mayor escarnio, los beorcs coléricos a los que ya denominaban en otras tierras asediadas como emergidos no eran su único problema a lidiar. Oh, no. Resultaba que los vigías no tardaron en notar la presencia de buques de guerra y destacamentos de otro grupo sin el menor tinte carmesí en sus ojos.

Su estandarte nada tenía que ver con el de los emergidos, pues incluso se atrevían a enfrentarse a ellos. Bueno, más bien llegaban a las islas preparados para tal enmienda. Y eso le empezaba a crispar; se habían acomodado demasiado como para establecer campamentos del mismo modo que lo hicieron los coléricos en un principio. Una cosa ya era estar pendiente de una infestación de garrapatas en su territorio, pero también de otros allegados de los que no conocía con exactitud los motivos que les incentivaban a moverse por Kilvas…

Al final, el único territorio seguro que les quedaba a los cuervos para asentarse y desplazarse eran las cumbres más altas de las islas, o el propio cielo. Pero no contaba con que eso durase para siempre. ¿Quién le aseguraba que los beorcs no usarían sus cabecitas y acabarían trayendo a sus bestias domesticadas con alas cuando se cansasen de escalar riscos?

Por lo menos seguían pudiendo aprovecharse de dicha ventaja, como era el caso actual. Junto a dos de los vigilantes asignados en la zona, Naesala sobrevolaba con ritmo pausado los pequeños arrecifes escarpados que poblaban las costas de Kilvas. Pese a que el otro par de cuervos no estaban del todo seguros en la idea que tenía en mente su rey, no pudieron negarse a su petición y limitarse a acompañarle por su seguridad: Naesala quería comprobar por su cuenta cuan expandidos estaban los asentamientos beorc por su reino, ya fuesen emergidos o de la avanzadilla extranjera. Los poblados cercanos a la costa fueron los primeros que su gente abandonó al tratarse del potencial objetivo de los coléricos nada más atracaron. Pero tras su marcha al palacio —y por ende, a sus queridas arcas—, cabía la ligera posibilidad de que hubiesen movido los campamentos al centro. O de que hubiese poblados a los que ignoraron durante su asedio.

El asentamiento costero por el que pasaban no tenía la pinta de ser uno de esos casos particulares por los restos desvalijados de lo que en su tiempo fueron hogares mundanos. Eso sí… no se esperaba para nada que los culpables retornasen al escenario del crimen. ¿O acaso esas tres figuras forzando la entrada a una casa se tratarían de beorcs molientes que solo probaban suerte entre los escombros de un asedio anterior? Como fuese. Le daba igual. Coléricos o no, iban a ser “atendidos” en brevedad. Por supuesto, de ellos dependería cuan breves serían. Con un gesto de su mano, les indicó a sus dos escoltas que hiciesen los honores de recibirlos. —Recordad, muchachos: la hospitalidad de Kilvas, ante todo. —dijo con tono soberbio. Los cuervos asintieron y comenzaron a descender en cuanto el grupo consiguió colarse en el interior de la casa.

Naesala estaba a punto de seguirlos desde la lejanía para no perder detalle de quienes se suponía que eran sus nuevos huéspedes, pero enseguida frenó un poco su descenso. En un escueto parpadeo, escudriñó por el rabillo del ojo algo que le llamó la atención, agazapado en la esquina de otra de las casas. Un poco más, y no hubiese visto a aquella figura de coronilla anaranjada que parecía estar escrutando a los otros tres saqueadores. Dada su posición, sería muy raro que les estuviese sirviendo de vigilante. ¿O es que se estaba limitando a esconderse por lo cauteloso que estaba siendo? Una sonrisa ladina le cruzó el rostro del mismo modo que lo hizo una ocurrencia. Arreplegó un poco sus alas para iniciar un suave y silencioso descenso, maniobrando en el aire para posicionarse justo a espaldas del individuo.

Una vez hizo pie en tierra, batió una vez más las alas para hacerse de notar por su víctima y esperó con anhelo su reacción. —Bueno, bueno, bueno. ¿Qué se te ha perdido por aquí, pequeño fisgón?
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Gaius el Lun Feb 19, 2018 11:51 pm

Unas sombras anchas pasaron raudas sobre los emergidos y estos parecieron no notarlas, pero el ladrón sí. Pálido como el papel, Gaius tragó saliva mientras se achicaba en su lugar una vez más. El momento que tanto había temido estaba ocurriendo, nuevamente tendría que verse frente a frente con una de esas criaturas aladas las que tanto le atemorizaban.
Los emergidos parecieron mostrarse inmutables ante las enormes sombras negras que le habían sobrevolado ya que continuaron  atacando la puerta hasta que lograron colarse dentro. Las enormes aves de alas negras finalmente descendieron y se colaron dentro de la vivienda, pronto el sonido de pelea fue audible desde el exterior.
Todo esto le jugaba a favor al ladrón salvo por un minúsculo detalle: estaba semi paralizado por el miedo. Qué hacer? Los recuerdos de la noche que perdiera un ojo volvían a su mente, y el grito de un niño le zumbaba en los oídos. Revivía todo en ese instante haciéndose cada vez más pequeño en su rincón.
Pensó en dar media vuelta y correr cuando el batir de unas alas a su espalda hizo que pegara un salo en el lugar. Al volearse casi se le sale el corazón del pecho y soltò un largo y agudo grito.
Junto a él, pedante y orgullosos como lo recordaba, estaba el sub humano al que había estado buscando por cielo y tierra. Vestido de manera diferente, más elegante y sin esconder sus orejas puntiagudas, pero pese a las diferencias el bandido no tenía la menor duda de quién era.

-T-tu!!-


Dijo con el tono más grave que le salió todavía incapaz todavía de incorporarse del suelo.

-Isaiha! Tu maldito! H-he venido p-para hacerte p-pagar c-caro!-

Llevó torpemente la mano hasta su arma y trató de aferrar la empuñadura, pero sus nerviosas manos solo consiguieron que esta se le resbalara entre los dedos incapaces de sujetarla firmemente.
Fuera del callejón, el grito del bandido había retumbado por las paredes ruinosas de las casas. Más lejos, otros emergidos que merodeaban por la zona comenzaron a marchar en esa dirección. Los que estaban dentro de la cabaña estaban muy ocupados en su combate contra los sub humanos como para que les preocupase el escándalo.

Todavía hecho un bollito en el suelo, mirando al rey cuervo con su único ojo, el bandido consiguió tras varios intentos sacar su espada, pero sus transpiradas manos le fallaron una vez más y su espada de bronce termino a sus pues y no en sus manos como hubiera deseado.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Miér Feb 28, 2018 1:13 pm

Vale, tenía en mente deleitarse unos escasos momentos con la reacción que le hubiese sacado a aquel individuo de cabellera rojiza con su aparición. Mas, tampoco se esperaba que su pequeña rata fisgona fuese una tan cobardica. Naesala no pudo evitar ensanchar su pícara sonrisa y contemplar a su “presa”, hecho un amasijo tembloroso en el suelo y con el terror reflejado en sus… su ojo. Cabía decir que aquello le llamó la atención más de lo que debería; no sería el primer beorc que veía llevando un parche, aunque la cicatriz que nacía de su interior y le trepaba por el pómulo era digna de mención. De una cosa estaba seguro, y es que alguien o algo se había encargado de que ese desgraciado sufriese con la pérdida de su ojo. Tampoco es que le importase lo más mínimo, pero…

¿Por qué esa sensación extraña que le hurgaba la mente? Sobre todo, cada vez que se paraba a mirar esa cara andrajosa que traía.

Oh, pero eso solo fue el principio, la caja de sorpresas que era ese tipo no hizo más que abrirse. La primera en la frente, el beorc parecía conocerle de vista; entre todo ese pavor en su expresión encontró reconocimiento. —Sí… Yo —dejó escapar con sequedad y un deje de duda, enarcando una ceja. O el mundo era un dichoso pañuelo, o el pelirrojo le estaba confundiendo con alguien. ¿De verdad que había coincidido con semejante despojo que no era ni capaz de mantenerse en pie? Lo primero que se le ocurrió es que lo estuviese confundiendo con otro cuervo a causa del…  

«Isaiha». Frunció el ceño con resquemor. Acababa de llamarle Isaiha. Conocía ese nombre demasiado bien, era uno de los varios que solía utilizar cuando viajaba fuera de las limitaciones geográficas de la Alianza por cuestiones de negocios. En especial, negocios que inmiscuían a beorcs y que requerían de un perfil bajo para no llamar la atención; no le interesaba que las hienas que estaban al mando de Begnion descubriesen que su títere se tomaba tantas libertades, ni tampoco es que quisiese tener encima a ninguno de esos radicales daenitas. Volviendo a lo que le competía en ese momento, tenía delante a alguien que lo conocía por ese pseudónimo… y que “venía para hacerle pagar caro”. Tal declaración y muestra de arrogancia, en un lugar como era su propio reino, le hubiesen pillado con la guardia baja, pero cuando a ese botarate tuerto se le resbaló la espada con la que trató de amenazarle de lo nervioso que estaba, casi ni se lo pudo creer. Naesala se llevó una mano a las sienes y soltó una carcajada ronca. Ah, dioses, ¿Cuándo fue la última vez que se rió tanto?

Vaya, vaya, mira lo que ha arrastrado la marea hasta las costas. Así que tenemos por aquí a un humano campando a sus anchas por Kilvas, por un reino laguz, con el mero pretexto de reclamar alguna clase de… ¿Cómo decirlo? ¿Venganza personal? ¿Es eso lo que te ha traído hasta aquí? —Hizo aspavientos despectivos con su diestra y entrecerró los ojos—. Ah, sí, y supongo que pensaste que sería una gran idea aprovecharte de nuestro percance con esos “emergidos” para que tú y tus amigos —meneó la cabeza hacia la casa en la que se colaron los individuos de antes— os colaseis en Kilvas y actuaseis como os viniese en gana.

Al poco de mencionar a los otros tres polizones que habían divisado desde el aire, los característicos ruidos de muebles volcándose y de la madera astillándose no tardaron en hacerse oír desde el interior de la casa. Como suponía: sus chicos habían tenido que ponerse a aclararles por las malas lo que les ocurría a los indeseables que husmeaban en su hogar sin invitación alguna. Naesala se cruzó de brazos y le lanzó una mirada despectiva al hombre del parche. Ni siquiera veía como amenaza el arma que intentaba recuperar, pues sabía que antes de que intentase nada, tendría una bonita fila de uñas clavándosele en la cara. —Me importa más bien poco quien diantres eres y los motivos que te hayan traído hasta aquí. Pero soy una persona demasiado ocupada como para perder el tiempo con ratas como tú. —En otra situación, se hubiese permitido entretenerse más de la cuenta con aquel idiota por su osadía. Pero estando en una zona potencialmente peligrosa por culpa de los emergidos, el riesgo era demasiado alto como para andar haciendo tonterías innecesarias. Una lástima, pero lo mejor sería quitarse toda molestia de encima cuanto antes—. Así que te daré la oportunidad de que agarres tu juguetito afilado y desaparezcas de mi vista, antes de que mis hombres se encarguen de disciplinar a tus compañeros.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Gaius el Vie Abr 06, 2018 12:42 am

Gaius quería levantar la mirada y tirarle a la cara un buen par de maldiciones al arrogante sub humano. Quería, mas su medo le tenía hecho un ovillo todavía, mirando hacia los costados y, en especial, a la empuñadura de su espada que había terminado en el suelo.
El corazón le golpeaba fuerte contra el pecho, tanto que comenzaba a doler. Las manos le temblaban y sudaban que, incluso con sus guantes sin dedos puestos, la espada se le había escapado. Tenía terror, autentico y genuino terror. Un miedo generado en la infancia y justificado hacía pocos meses atrás por el mismísimo caballero que tenía enfrente en ese momento.  
Le escuchó hablar y comprendía que le hablaban, pero aun así no entendía qué tenía que ver eso con él. En el estupor de su mente nunca terminó de unir que el monarca del caído país le creía miembro de las fuerzas de Durban, lo cual era algo bastante sensato de pensar ya que: Quién viajaría desde tan lejos a una zona tan peligrosa solo esperando ver si se topa con alguien por el azar caprichoso del destino? Solo alguien que está muy confiado de sus habilidades para rastrear y sobrevivir, o alguien (como el bandido) quien se creía bendecido por su señora y que ella sabía cuidarlo a cada paso que daba.
El rey le azotaba con palabras filosas, mas Gaius no pudo articular respuesta alguna. Quedó en su lugar echando alguna mirada rápida por el rabillo del ojo y apretando fuerte los dientes con impotencia de rabia.

Los sonidos de la batalla lejana se escuchaban, al igual que los del resto de los emergidos que llegaban hasta el alboroto, con su suave andar bamboleante, pero listos para entrar en combate.
Era un pequeño pelotón los refuerzos que llegaban. Algunos se detuvieron ante la casa y empezaban a ver por qué turno comenzar a entrar, mas a uno solo de ellos le pareció escuchar voces por fuera de la pelea, y con el mismo andar bamboleante fue a investigar.
Le llevó rato llegar hasta el callejón, tanto como todo el tiempo que el rey y el bandido estuvieron cara a cara, pero su lento andar no se traducía en un lento atacar, no bien al verlos soltó un largo grito seco y desencajó su hacha del cinturón, presto para atacar.
Gaius eso si lo escuchó y, si bien  no era gran amante del pueblo emergido, no se sentía tan intimidado por traumas y fobias a un combate con ellos como si lo tenía con el cuervo.
No bien ver al nuevo enemigo el alma le regresó al cuerpo. Las manos le dejaron de sudar y su mente pudo pensar con cristalina claridad una vez más. No perdió el tiempo. Dando una vuelta sobre su espalda, rodó hasta la espada que tenía delante la cual alzo sin que se le resbalara. Al rodar su cuerpo rosó con una de las alas del sub humano lo que le generó un violento espasmo, pero apenas momentánea. Por suerte el enemigo atacó directo a él por lo que no tuvo mucho tiempo el ladrón para pensar donde y junto a quien estaba parado.
Creyó que le iba a atacar con un impacto directo de hacha, más no. El emergido, valla a saber Naga porque, contra todo pronóstico se abalanzó sobre el tuerto, tirándolo de espaldas al duelo y empujándolo con el mango de su arma sobre el cuello para mantenerlo firme en el piso. De no haber estado tan asustado, habría sorteado aquel torpe ataque sin problema, e incluso pudiera ser que ya hubiera liquidado al guerrero. Pero no, nuevamente el cuervo rey le turbaba y debilitaba, nuevamente era todo su culpa, o así de claro estaba en la mente del ladrón.

-Maldito seas sub humano!!!-

Maldijo mientras se retorcía luchando por ganar unas cuantas más bocanadas de aire para continuar maldiciendo

-Te mataré! A ti y a todos los tuyos!!-

Continuó amenazando mientras mantenía la mirada fija en el emergido, enemigo al que si podía mirar a la cara.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

Mensaje por Naesala el Miér Mayo 23, 2018 2:08 pm

La paciencia ya empezaba a agotársele a Naesala. Cruzado de brazos como estaba, cada segundo de silencio que pasaba por parte de ese miserable… Bueno, incluso llamarle humano era hasta un halago para semejante despojo. El maldito tuerto, que en menudo momento se le ocurrió pensar que podría sonsacarle algo, ni siquiera se estaba molestando en responderle a sus preguntas. Lo único que hacía era quedarse allí tirado, hecho un completo amasijo de nervios y pavor que apenas levantaba el rostro. El rey de los cuervos nunca rechazaba la oportunidad de poder deleitarse con la humillación de cualquier idiota que osase pasarse de listo con él. Disfrutaba de ese momento como el que más. Pero, Ashera, aquello ya estaba perdiendo la gracia. Nunca hubiese imaginado encontrarse con alguien tan patético que dolía incluso el mantenerle la mirada de la vergüenza ajena.

La rápida decadencia de la seriedad ya era el primer indicio de que había que tomar medidas al respecto. Le fastidiaba tener que interrumpir uno de sus momentos favoritos cuando jugaba con lo que sutilmente denominaba “su presa”, pero incluso alguien como él tenía sus límites cuando el bochorno abundaba. De todas formas, en su estado y todavía intentando aferrar su arma en unas manos temblorosas, dudaba que fuese a sonsacarle al pelirrojo lo que quería por las buenas. Eso también le fastidiaba; el beorc conocía uno de sus pseudónimos y obvio que se debió cruzar con él en el pasado. Si estaba tan interesado en saber de qué, era porque el mismo Naesala también tenía un extraño pinchazo de nostalgia. No tenía muy claro de cuando y como, pero ahí estaba.

Le carcomía también el pequeño asunto de los polizones a los que estaban atendiendo sus escoltas. Huraño, reprimió el impulso de despegar los ojos del ratero y avistar la casa en la que se metieron. Le empezaba a intranquilizar que estuviesen tardando tanto en sacarlos de allí, además de que los golpes y crujidos de la estructura habían aminorado. Más, al tratar de captar algo más al aguzar el oído, sí que le llegó algo. Un poco torpes para el intento de camuflar el sonido, pero en cierta medida, sigilosos. Los pasos que escuchó a su espalda le encresparon un poco las plumas de las alas en señal de alarma. Sin llegar a echar atrás una mirada que aceró, mantuvo la frialdad suficiente para no hacer aspavientos bruscos. Sus dedos se engarfiaron sobre los brazos Necesitaba concentrarse, analizar la situación y qué le cundía más: transformarse y lanzar sus talones al rostro de su asaltante en un movimiento impredecible, o retirarse al aire en caso de que fuesen más de uno.

Pero alguien se tuvo que adelantar a sus expectativas. Para cuando vio por el rabillo del ojo aquel destello rojo, ya era demasiado tarde. El beorc tuerto se arrojó al suelo con una maniobrabilidad que creía imposible después de verle hecho un manojo hace unos momentos. Naesala tensó el cuerpo, pero se quedó en el sitio al ver que pelirrojo pasaba de largo y se tiraba a por el nuevo invitado. Sacudió con recelo el ala que le rozó al rodar por su lado, como si tratase de quitarse la sensación de tacto, y frunció el ceño al toparse de lleno con esos dos ojos teñidos de rojo a los que confrontaba el ratero.

¡Mi señor! ¡Son los beorc coléricos! —gritó uno de sus guardaespaldas, quien había adoptado su forma de ave y surcaba el aire, directo a su posición. Fue lo último que necesitó escuchar para corroborar que los polizones que vieron antes no tenían nada que ver con el pelirrojo. Tratándose de los denominados “emergidos”, eso simplificaba todavía más las cosas, pero a la vez las enturbiaba. A los intrusos cualesquiera se les podía dar un escarmiento para que huyesen con el rabo entre las piernas. A esos salvajes no. Tocaba mancharse las manos, y eso también se sumaba a la lista de cosas que le fastidiaban.

Y justo para colmar su enervación surgió otro contratiempo más de detrás de una de las esquinas de una choza semiderruida. El humano de ojos rojos obvió por completo los intentos de sutileza de su otro compañero y salió despedido hacia su objetivo, espada en alto. Naesala crispó el rostro en una mueca de fastidio y encorvó un poco la espalda, un movimiento casi automático cada vez que necesitaba transformarse. Su cuerpo centelleó unos segundos antes de recubrirse por completo de las mismas plumas que poblaban sus alas y alzó el vuelo. Para cuando el proceso terminó, una sombra negra y fugaz ya estaba rasgando el aire, con unos pies, ahora transformados en garras, que se abrieron de par en par.

El emergido no pudo ni bajar su arma cuando las uñas del rey se hundieron en su cuello y tironearon con violencia. Un chasquido se oyó, y el cuerpo del humano dio varias vueltas de campana en el aire antes de desplomarse contra el suelo. Naesala batió las alas en un movimiento elegante y se posó en el saliente de un risco, restregando las patas sobre la roca para quitarse los restos de piel y sangre que se llevó por delante. Expectante, se mantuvo allí, esperando a ver si el maldito emergido que se rebozaba por la tierra sería capaz de levantarse. De haber podido, nunca se averiguó; su guardaespaldas se lanzó en picado cual saeta contra él, bastándole meros segundos para que el forcejeo entre ellos dos terminase con el cuerpo del emergido quedándose laxo.

Un momento de silencio que se quebró con los berridos que el rufián pelirrojo soltaba mientras se enfrentaba a uno de ellos. Naesala se hubiese limitado a lanzarle una mirada vacía y a ignorar sus palabras para que el viento se las tragase. Sin embargo, no podía decirse lo mismo del otro cuerpo, con el plumón encrespado de la indignación y clavándole unos ojos llenos de desprecio. Tuvo que extender un ala para disuadir a su hombre de las intenciones que le estuviesen rondando por la cabeza. —Los humanos de ojos rojos nos urgen más. Centraos en ellos por el momento. —Sí, era mejor quitarse de en medio a los que podían causar más daños. Y también a quienes no podían darles respuestas por mucho que se las tratasen de sacar. De todas formas, lo peor que podía pasar es que los emergidos le rebanasen el pescuezo al dichoso tuerto y perder su oportunidad de sonsacarle información. Una perdida, pero irrisoria.
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Re: [Campaña de liberación] La venganza es más dulce que la miel {Priv. Naesala}

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