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[Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

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[Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Semiramis el Lun Ene 01, 2018 9:32 pm

Levantó una mano, ocultando sus labios y se permitió bostezar. Cuando volvió a abrir sus ojos, llorosos, se dejó caer hacia atrás, contra el incómodo asiento del carruaje. Miró con desinterés hacia la otra pared del carro, sin empeñarse en ocultar su aburrimiento.

Había procurado tirar las cortinas y el continuo balancear de su transporte no ayudaba a que permaneciese despierta, mucho menos la oscuridad que reinaba, silenciosa y aterradora, latente.

Pero había concordado a la idea que una mujer vestida de negro y con una capucha que ocultaba casi en su totalidad sus rasgos sería sospechosa. Y que su intención era dar de su joven señor lo antes posible. Así que no pudo hacer más que confiar en el conductor y su buen conocimiento del territorio de Daein.

Se inclinó un poco al frente, sujetó con suavidad el extremo de una de las cortinas y la movió lo suficiente como para poder ver de reojo las calles. Y lo que vio no la sorprendió; calles casi deshabitadas, personas en el suelo, vestidas en harrapos, niños hambrientos y ancianos desalentados. Era como si hacía poco hubiesen recibido el ataque de...

¡Sujétese! —Parpadeó en medio de su desconcierto ante el grito del conductor y a penas si le dio tiempo a apoyar una mano en el asiento delantero antes de que el carruaje girase de lado y todo se moviese. Terminó tirada hacia el otro carruaje, hecha un maraño de telas y cabellos, algo totalmente indigno para una dama.

Se incorporó con un bufido, zarandeó su rostro a un lado y otro con un puchero en sus labios. Parpadeo y apoyándose en el asiento delantero se incorporó, sentándose correctamente en su lugar mientras se entretenía plegando correctamente su vestido de vuelta y, ocultando nuevamente su cabello bajo la capucha.

Y solo entonces se dignó a prestar atención a su entorno, habían voces, había un gran movimiento pero no lograba darse cuenta de qué era lo que realmente estaba sucediendo, ni de donde podía haber terminado el conductor. ¡Ah! ¡Contratiempos! ¡Cuanto los odiaba! Volvió a echar un vistazo por la ventana y allí lo vio: el desagradable rostro de un emergido ante su ventana.

Uhh~ —Soltó la pequeña cortina, se echó hacia atrás, frunció el ceño y con saña pateó la puerta. Se abrió de tal forma que hizo caer al emergido hacia atrás. Bajó, sujetando su capucha firme y avanzó unos pasos hacia el frente. El emergido, intentó extender una mano y sujetar su arma: una espada— Quieto —Susurró, dulce a pesar de todo.

Pero sus acciones nada tuvieron que ver con sus dulces palabras. Avanzó dos pasos y pisó la mano del emergido, clavando su tacón en el dorso de su mano, este gruñó, intentó removerse y mientras, Semiramis miró curiosa a su alrededor. Un poco más allá el conductor de su carruaje estaba intentando deshacerse de unos emergidos también, balanceando a un lado y otro su hacha. Y más allá... ¿Un carruaje?

El emergido se retorció bajo su pie y se vio obligada a bajar su mirada a él, retrocediendo unos pasos para quedar lejos de su alcance.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Jue Ene 25, 2018 9:29 pm

Esa clase de incidentes se repetían cada vez con mayor frecuencia, y en cada instancia más difíciles de controlar. Por donde volviese la vista, Pelleas hallaba más emergidos de los que habían reportado aparecer, y así mismo, al destacamente del ejército despachado teniendo más dificultad para mantenerlos a raya. Los intentos de abrumar Nevassa aumentaban y la presión transpirada entre los daeinitas se tornaba contagiosa. Ante aquel ataque los soldados se parapetaban tras sus escudos y barricadas como podían, asediados por ráfagas de flama mágica que habían ya conseguido desgastar los sacos de arenilla y quemar las edificaciones fuera de muralla, pero tal resistencia no habría de serles inagotable. Los espadachines emergidos que también aprovechaban cada oportunidad para lanzarse tras filas e intentar terminar con los soldados no permitían respiro ni instante de consideración. Impacientes y exasperados, los hombres se veían obligados a moverse y responder con cada vez mayor arrojo. Entre ellos, cerca del frente de la formación mas a resguardo por los escudos de escoltas a cada lado, el príncipe que apenas había arribado ojeó el escenario ante sí y tragó saliva. La insistencia del enemigo sobre la capital de Daein era inquietante.

En ese momento, en una envidiablemente firme voz de comando, el capitán al frente clamó a los suyos avanzar. A una corta distancia yacía detenida una breve fila de carruajes y carretas, viajeros que se hallaran próximos a alcanzar la capital, además de sobrevivientes de poblados menores que buscaran arribar la seguridad de sus varias murallas; llegar hasta ellos era un objetivo de tanta importancia como el de erradicar a los emergidos en sí. Entre estelas de humo y ascuas encendidas el ejército bajó los escudos y se lanzó a la ofensiva, y sin dilación lo hizo también el mago. Daein no creía en nobleza inalcanzable, ni creían mucho la mayoría de soldados en un heredero conocido más que nada por su falta de carácter; nadie permanecería ni andaría tras él para cuidarlo. Debía y se esperaba que pudiera protegerse. Y de un modo u otro, así le acomodaba más a él también. Mientras los demás partían raudos al ataque, su avance era más bien lento, con el voluminoso tomo de magia abierto sobre una de sus manos y las arcanas palabras surgiendo en inquietantes murmullos de una gruesa voz. Había pasado largo tiempo fuera de su patria estudiando, viajando, y había estado a solas casi todo ese tiempo. Combatir en un grupo no era algo a lo que estuviese acostumbrado. Moverse a su modo y actuar a sus anchas, pues, le sentaba más agradable y le traía una menor sensación de presión.

Así mismo, le acomodaba de sobremanera la liberación de la magia en sí. Le traía una familiar y sosegadora tranquilidad. La mano colmada de gruesos anillos descansaba con las yemas de los dedos sobre las páginas abiertas del tomo, y a su alrededor se alzaba ya una considerable nube oscura, arremolinándose los difusos hálitos de magia alrededor de su invocador hasta lucir impenetrables, negros. Su presencia otorgaba seguridad y un mínimo de confianza al hombre que de otro modo carecería de tales, permitiéndole avanzar por el campo de la batalla, los ojos de oscuro violeta buscando un blanco propicio en su proximidad. Entonces dirigió con un gesto de la mano su conjuro y por un momento su magia se apartó de él, abalanzándose por entre aliados y enemigos hasta dar sobre un mago que invocaba otra vez llamas. La negrura las tragó sin dejar rastro, atravesando al emergido a su paso como si la carne de este no fuese más que humo también, dejándolo palidecido y expuesto para las armas de los daeinitas. Sin detenerse, Pelleas atrajo de regreso con un par de murmuraciones a su magia y continuó, apresurando su paso. Los carruajes que habían intentado llegar a Nevassa no estaban lejos y había arribos que deseaba asegurar, invitados que esperaba y por cuya seguridad había acudido hasta allí en primera instancia. Con el ceño algo fruncido en consternación, recorrió los carros abiertos o volcados y sus inmediaciones con la mirada, en busca de sus ocupantes.

Con rapidez halló a la mujer de largo cabello oscuro y, bajo ella, al primer emergido que había llegado a acercarse a su carruaje. Podía existir varias damas con tal cabellera allí afuera, y por tanto aquella podía ser tanto como no ser la acompañante que cierto inquisidor plegiano en Daein esperaba, mas el príncipe no podía arriesgarse. Al ver a la criatura moviéndose aún, claramente con vida, tensó la mano sobre el tomo y se movió un poco más cerca, antes de enviar ante sí a la magia que le rodeaba. Con violencia la negrura se abalanzó adelante, envolviendo inclusive por completo a la mujer en el proceso de cernirse sobre el emergido a sus pies, buscando colarse contra el rostro del agresor, colmar desde su boca hasta los resquicios de sus ojos para ahogarlo por completo. El hechizo se introdujo y las piernas de la criatura se removieron por algunos momentos antes de caer lánguidas.Aquella magia, por supuesto, no tuvo siquiera impulso de dañar a la mujer en momento alguno, mas envolverla había sido necesario para atacar con rapidez. Fue por ello que, al terminar de acercarse, ya llamando de regreso a sí el mismo hálito que siempre manipulaba, Pelleas se aseguró de pronunciar disculpas en un tono bajo y dócil.

- H-He sido yo, lo lamento mucho. Tenía que. - Le dijo. El príncipe era un varón tan alto como cualquiera en su patria, no lejano a los dos metros de largirucha altura, mas su postura cabizbaja y su voz leve hacían todo menos destacar su presencia en cualquier sitio, así mismo el cabello algo crecido que ocultaba un poco las facciones de su rostro. Ni siquiera miraba a la dama, no osaba hacerlo cuando acababa de imponerle una experiencia por seguro incómoda. De cualquier modo, el contexto alrededor esa tímida interacción exigía que el joven daeinita desviase su atención más allá, al entorno que ahora rodeaba a ambos de ellos, atento a otros peligros. Al fin y al cabo, era buena forma de excusarlo fuera de dar explicaciones o decir mucho más a la extraña.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Semiramis el Sáb Feb 17, 2018 8:25 pm

No esperó, recibir auxilio de la nada, quizás demasiado confiada, o simplemente acostumbrada a hacer las cosas por si misma. Quizás en un momento de calma recordaría que no sería la primera vez en recibir pequeños actos de amabilidad y que, simplemente tendía a olvidar.

Por ello, verse envuelta repentinamente por lo que supo reconocer como magia oscura, la sorprendió en el puro sentido de la palabra. Y a pesar de todo no pudo hacer más que observar hacia abajo con fascinación como la oscuridad ahogaba al miserable ser que estaba bajo suyo. Y si bien en un primer momento estuvo tentada a retroceder, la escena que estaba viendo le gustaba.

Y se alejó unos pasos del grisáceo ser ya en fin de vida solo cuando estuvo consciente de que la magia había desaparecido. Retrocedió unos pasos, ya con la capucha baja y sus puntiagudas orejas claramente visibles. Soltó un bufido mezclado con una suave risilla y miró hacia la voz que acababa de interrumpir sus pensamientos.

Oh... —¿Se estaba disculpando por haberle salvado la vida? No... Presentía que de hecho era algo más complejo, como quizás pensar que la habría asustado... O sorprendido... Se cruzó suave de brazos, por debajo de su pecho solo por costumbre, inconscientemente dejando más a vista su eminente pecho— No se disculpe, mi buen señor... —Una de sus manos viajó hacia sus labios, ocultando la risilla inocente que emergió de ellos.

Avanzó hacia el muchacho de rizados y rebeldes cabellos, era alto, estúpidamente alto, para ella al menos, quién si bien no baja, tampoco lograba llegar a su altura con sus oscuros tacones. El resonar característico de los mismos al pisar suelo resonó a pesar de la especie de pequeña guerra que se estaba desarrollando y ella, atrevida como era, no tuvo problema en abrazarse a uno de los brazos del oscuro mago.

Lo miró, ladeando a un costado su rostro, dejando quizás más al descubierto sus largas y poco comunes orejas, pero con las que efectivamente, no tenía el menor problema— Después de todo me salvó... ¡Oh, por El Eterno! ¿Qué habría sido de mi sin su ayuda? —Dramatizó, cerrando sus ojos al son de sus insistentes negaciones de cabeza.

Había que centrarse en un pequeño detalle: considerando donde estaban, supuso que ningún fiel de Naga o de cualquier otra divinidad opuesta al oscuro merodearan... Sino... ¿Por qué su lindo amo habría insistido en ir a ese lugar si fuesen todos herejes? Y si no era a Grima a quién reverenciaban... Tampoco debía ser un dios demasiado diferente al suyo.

Pero no pudo seguir durante mucho más tiempo con aquella charla, un crujido despertó su atención y deslizó sus ojos hacia el frente, donde, nuevamente, soldados cuyos orígenes desconocía, estaban blandiendo sus armas en, lo que supuso ser por la situación, sus contras. Suspiró, soltó al muchacho y dio un paso a un costado, su falda se balanceó a su compás.

¡Ah! Pero qué inoportunos... Estaba hablando... —Se movió, dio media vuelta, descubriendo que, otros tantos se acercaban desde aquél lado también— Pensar que pueden llegar a ser tan lindos cuando quieren...
Pero ahora son tan molestos...
—Musitó por lo bajo con un digno puchero. Suspiró por segunda vez— Lo siento, mi querido caballero... Pero supongo que nuestra charla puede esperar. ¿Qué le parece ocuparse de aquellos que tiene enfrente? Yo lo haré de estos señores acá presentes....

Bajó sus manos, tanteó a ciegas el hueco escondido entre los pliegues de su falda en el que guardaba su tomo y cuando lo encontró, sin desviar en ningún momento su dorada mirada de en frente, lo sacó, abriéndolo por una página cualquiera, sonriendo— Me presentaré. Mi nombre es Semiramis, fiel sirvienta del Maestro Inquisidor Marc —Espía... Pero bueno, era solo una nimiedad que no valía la pena mencionar.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Jue Mar 15, 2018 4:54 am

Era una fortuna que la mujer lo tomara tan a bien, con tan amable disposición pese a haberla importunado en el proceso de intentar ayudar. Lo factible era que aquella falta de reacción a ser momentáneamente envuelta en magia arcana, aquella serenidad y el claro sonido de su risa dijeran ya algo respecto ella, sin embargo, no sería sino hasta el momento de tenerla más cerca que Pelleas caería en definitiva cuenta del por qué. Era una usuaria de tales fuerzas o cuanto menos una persona muy apta y, nuevamente, no era necesario mirarla para saber eso, sino sólo percibirla acercándose. La oscuridad que el sabio tan fuertemente sentía era muy parcial hacia ella. Aliviado por todo y hasta algo ansioso de preguntar para confirmar sus sospechas, pudo poner en sus facciones una sonrisa de aumentada confianza, mas antes de que terminase de volver la cabeza en su dirección la joven llegaba a él primero, tomándose de su brazo. El hombre se tensó tan de sopetón, que su postura cabizbaja pasó a ser una de espalda perfectamente recta al instante. Su corazón se saltó uno de los latidos. La primera mirada recayó, para su infortunio y aún mayor verguenza, no en el agraciado rostro de curiosas orejas, sino en la palidez de la piel abrazada por un escote bastante bajo. Piel que, casualmente, presionaba contra su brazo un poco de su grandiosa suavidad al abrazarse así, haciendo que perdiera todo sentido de las palabras que estaba oyendo.

- Um. Se-Se-S-- - Tartamudeó antes de poder empezar con "señorita", ni hablar de formular de modo más completo qué decirle. La belleza femenina no era nada ajena a la atención del príncipe en términos generales, pero este no solía ser más que un admirador callado y separado, sin la menor destreza en hablarle a los objetos de sus ocasionales suspiros. Por supuesto, más raro todavía era que una chica tuviera cercanía con él. Sus manos titubearon con torpeza y el libro que antes había tenido tan bien sujeto simplemente cayó, causando que debiera agacharse de forma repentina a atraparlo antes de que tocara suelo. Al menos, le sirvió para bajar la cabeza, ocultando bajo la sombra de su espeso cabello el color que había subido a su rostro. - Losientomucho. - Prácticamente susurró, aprisa. La aparición de más enemigos ante ellos llegaba como casi una bendición.

Inoportunos por interrumpirla hablando, decía la mujer de cabello negro. Nada había más preciso, pues hasta el momento era ella quien había tenido la voz cantante, con Pelleas luchando por saber dirigirle la palabra siquiera y fallando estrepitosamente. En lo que venía, sin embargo, podía desenvolverse con mucha más comodidad. Lo social era un desafío todavía insuperado; pelear contra hombres sin vida no tanto, y cualquier instancia para continuar dando libertad a su magia le hacía bien. Asintió obedientemente a la gentil indicación de la dama, apresurándose inclusive a agregar. - N-No tie-tiene que. Ya puede entrar a la ciudad, donde es seguro. Yo puedo ocuparlos. - Ofreció, mirándola sólo hasta ver que removía la caída de su falda como si buscara algo en esta. Sintiéndose indiscreto, no había otra opción sino apartar la vista en ese momento, por educación, aunque un gesto de reconocimiento se dibujó en su rostro al oírla presentarse. Semiramis parecía un nombre musical y agradable, apto para su identidad. - El Maestro Inquisidor ya se encuentra allí, me gustaría que llegue a él sana y salva... -

No era como si Pelleas pudiese discutir o siquiera negarse fuertemente a alguien cuyas decisiones ya estuvieran tomadas, pero intentaría cuidar de la mujer, cuanto menos. Cuando los hombres ante sí se movieron, con resolución el sabio dio un paso ante ella, invocando a cuenta nueva su magia. No obstante, precisamente la magia de aquella doctrina, o cuanto menos la que él manejaba, sufría de considerable lentitud; fuerte en apresar cuanto llegaba a su blanco, pero lenta en formarse. Los emergidos fueron mucho más veloces. Pelleas apenas terminaba el murmullo de palabras arcanas a tiempo para abalanzar la oscuridad sobre uno de ellos, cubriéndolo y comenzando el doloroso desgaste, cuando el otro ya llegaba ante él, portando con presteza una curiosa espada corta. No tuvo más opción sino aferrarse con su propia mano libre al antebrazo del emergido antes de que el arma llegara a perforarlo, deteniéndolo sólo físicamente. Y tendría que preocuparse también de los otros, de que no llegaran a Semiramis... consternado aventuró una mirada en su dirección.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Semiramis el Vie Abr 06, 2018 12:03 pm

Parpadeó, sus pestañas cual mariposa negra se movieron al son de una melodía inexistente. Sus ojos dorados, cual oro líquido se fijaron en las facciones del hombre: era apuesto, debía de admitirlo. Aquella timidez tenía un encanto único y particular, inevitablemente se preguntó quién podría ser, y si sus suposiciones estaban bien dirigidas al pensar que, probablemente no habría pasado tiempo en compañía de una mujer.

Lo sabía, ella al menos creía saber con facilidad cuando un hombre había o no podido pasar tiempo en compañía de una bella dama y, aquél caballero no parecía ser uno de ellos... A menos que, aquella fuese su timidez del día a día, algo propio suyo, como para ella lo eran muchas otras cosas. No dijo nada, se mantuvo firme, observándolo, con una sonrisa particularmente decidida en sus labios.

Su tartamudeo se le hacía encantador, pero lo soltó con un grácil gesto en cuanto vio que el tomo caía de entre sus manos. Aguantando las ganas de comentar algo al respecto, únicamente le siguió, por enésima vez ya, con la mirada— No se disculpe, por favor —Sus orejas se movieron con suavidad a ambos lados, casi como si fuese un gesto instintivo.

Pero, rechazaré su amable propuesta —Cerró sus ojos, aún cuando él se colocó delante de ella ¿en un intento de protegerla quizás? ¡Eterno! ¡Pero que muchacho tan exquisito!— Mi lindo amo puede esperar por mi un poco más... Estoy segura que no se molestará —Rió en bajo, solo un elegante susurro.

En cambio, allí parecía ser una buena escena para jugar un rato. Había permanecido demasiado tiempo encerrada de camino a Daein, estaba aburrida y necesitaba estirarse un poco ¿qué mejor forma para hacerlo que aniquilando algún que otro oscuro ser que se acercara a ellos?— Ayudaré —Concluyó por si misma al tiempo que el mago conjuraba uno de sus encantamientos.

Aunque quizás no la hubiese escuchado, avanzó unos pasos hacia el frente, abriendo el tomo de ruina que llevaba entre manos. Las hojas cambiaron una a una como si un viento con conciencia propia buscara el hechizo indicado, murmuró en bajo el hechizo que a tales alturas conocía a memoria. Vio la mirada furtiva del otro y le sonrió cómplice de regreso en un instante de pausa en su hechizo.

Se posicionó a un lado del mago, extendió la mano hacia el frente y, de un símbolo que tomó forma ante ella, la oscuridad se propagó en dirección al emergido que el otro estaba sujetando, colándose vilmente en su armadura, destruyéndolo desde dentro— Si usa la pausa en la que ataco para conjurar, lo mismo haré yo. De esta forma, la desventaja de nuestra magia, puede convertirse en una desventaja para nuestros inesperados compañeros —Propuso en bajo.

Retrocedió un paso, giró para colocarse a espaldas del mago oscuro a la par que fijaba al frente su atención, en dirección a un emergido que se acercaba, lento hacia ella— Empiece usted mismo si lo considera apropiado —Avanzó un paso, se impulsó y en cuanto tuvo suficientemente cerca al emergido, levantó una de sus piernas en un rápido movimiento. Procuró golpearlo con la punta de su tacón en el cuello ajeno, lo suficiente como para hacerle trastabillar, pero ella sonrió, bajando su pierna al suelo.

Apuntemos a los que están más cercanos, somos débiles contra armas si los dejamos acercar demasiado —Propuso de nuevo. Siempre suave, delicada como una flor a pesar de la magia que usaba, como si sus propuestas no estuviesen dirigidas a ser escuchadas, sino a colarse en los pensamientos de los demás, en despertar en ellos una idea similar, pero más firme. Sus palabras nunca serían órdenes, después de todo no era nadie.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Abr 25, 2018 8:53 pm

Ni siquiera Pelleas entendía sus sentimientos en ese momento. Estaba seguro, desde luego, que aquella mujer no tenía la menor mala intención hacia él ni nada por el estilo, pero no podía evitar que absolutamente todo respecto a ella le destrozara los nervios. Ya fuera con pararse demasiado cerca, con mantenerlo bajo la mirada o por algún motivo sólo con la forma en que le hablaba, el príncipe moría un buen tanto. Había sido tiempo desde que tuviera un acceso tan apabullante de timidez o sintiese tanta atención sobre sí. Semiramis tenía una risa que no llenaba los oídos, sino que trepaba la espalda del oyente y el príncipe quedaba inquieto después de oírla; ni de forma negativa ni positiva que pudiera notar. - Pero el Maestro Inquisidor... - Sólo insistió vagamente, sin llegar a ningún lado. Si enfrentaba su voluntad a la de la mayoría de personas, era Pelleas quien perdía. Si era con una mujer, sus posibilidades disminuían todavía más. Con la mirada que le dirigió, la maga lo terminó de callar.

Tenía mucho más a lo que prestar atención, de todos modos. Pensó con urgencia en la clase de maldiciones a las que tendría que recurrir si sus enemigos lo arrinconaban más velozmente de lo que podía responder, cuando cuanto menos aquel que tenía en frente dejó casi al instante de representar una amenaza. Sintió el frío de magia ajena pasar y observó ante sí los efectos del daño interno que hacía, causando espasmos en los músculos antes de la rigidez de la muerte. El emergido perdió fuerzas y decayó, con los ojos todavía abiertos pero desenfocados, opacos. Pelleas, quien aún lo sostenía por el brazo, comprobó la defunción antes de soltarlo para dejarlo caer. Sin dudas, su corazonada respecto a Semiramis como usuaria de su misma magia era correcta, descubrimiento que le sonsacó una pequeña y más tranquila sonrisa.

- Ah... muy bien. Lo haré. - Respondió a sus palabras, sin tener en su naturaleza gran capacidad de oponer resistencia, sino ir con lo primero en sugerirse. Era provechoso de todos modos, corrían riesgo allí fuera, solos, un blanco demasiado fácil de rodear si el enemigo les prestaba mucha atención. Con el tomo mágico aún abierto sobre la amplia mano, el hombre no dudó en alzar de su superficie una cantidad cada vez mayor de su magia; en continuos murmullos la incitaba a apresentarse y el humo surgía velozmente, acumulándose abundante y espeso en torno a su dueño. Cuando Pelleas se giró en busca de un hostil que los hubiera detectado y que debiera aniquilar, halló a Semiramis abordando ya a uno. Desde luego, allí estaba también aquella nueva vista de la blancura de su piel, en la pierna que alzó momentáneamente al patear a su atacante. La tensión del contexto, la preocupación de hallar a un emergido tan cerca de ella y el nuevo retorcer de sus nervios por la visión que por seguro no se suponía fuera para sus ojos se mezclaron de forma confusa en el interior del daeinita.

La agitación fue demasiada. Bajando la vista de inmediato para clavarla en el suelo ante sus pies, sintió a la oscuridad removerse con su misma inquietud, a la misma velocidad en que su corazón latía. Él avanzó hacia su compañera sin atreverse a mirar, a paso algo más firme al saber cual era su blanco. - Demasiado cerca... - Fue todo lo que musitó, ni siquiera una frase completa, al dar el lento gesto de mano con el que su magia se abalanzó al ataque. Una carga demasiado potente para un hechizo de Worm, que se inmiscuyó ineludible y violenta a través de la piel de su enemigo. Pero la oscuridad tenía otra intención ya, actuando por sí sola sobre las emociones confusas del mago, y mientras consumía a su presa continuó alzándose alrededor de Pelleas, ensombreciendo su entorno como si sólo él se hallara bajo cielo nocturno. La presencia intimidante se manifestó sin que el alto joven lo notara, imponiéndose como la suya y haciendo que las demás criaturas cercanas se encogieran un poco en temor, menos dispuestas a atacar al par de magos oscuros. Él sólo llevaba la cabeza gacha y se reprochaba en fuero interno a sí mismo por haber mirado en el momento equivocado a la inocente dama, sintiéndose en cierto modo un hombre desagradable.

Spoiler:
La vieja y confiable (?) xDDD
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Semiramis el Mar Jun 19, 2018 12:25 am

Había algo en Pelleas que no terminaba de entender: quizás su avergonzada forma de actuar, su simple manipulación a pesar de ser un príncipe. Sí, probablemente aquél fuese el principal problema en el que Semiramis podía fijarse: en que a pesar de ser un príncipe, Pelleas era demasiado encantador.

Quizás esperaba una actitud confiada, egocéntrica, orgullosa como la de Chrom, pero Pelleas... Pelleas era un caso a parte. Al final caía ante sus propuestas, ante sus leves palabras sin oponer resistencia alguna.

Y aun así, ahí estaba, dispuesto a protegerla, a llevarla sana y salva ante el maestro inquisidor. ¡Pero que buen anfitrión! Mantuvo de todas formas un ojo en el príncipe, no era su intención que en un intento de protegerla, terminase él en problemas. No por nada, pero su deber era el de protegerlo después de todo ¿qué vida era más importante? ¿el de un príncipe o el de una espía?

Seguro que todos saben ya la respuesta.

Pero fue mientras ella se ocupaba de derribar a uno de aquellos molestos seres que algo inesperado sucedió: no esperó notar la frialdad de un hechizo que no le pertenecía pasar a su lado, acabar con la vida de su enemigo. Por un instante permaneció en el sitio, sus orejas, solas, se elevaron en atento y por un instante su cuerpo se tensó.

Parpadeó— Oh ~ Que aten... —Calló. Si en un principio pretendió girarse en dirección a su inesperado acompañante, príncipe de Daein, no por nada, pero su amo la había instruido bien, se congeló en el sitio, incapaz de voltear.

¡Oh, por El Eterno! ¿Qué era aquél sentimiento que helaba su sangre? Se vio incapaz de reaccionar, algo de por si sorprendente. Había sido entrenada desde su más tierna infancia para saber reaccionar en cualquier situación. ¡Por encima de todo era una bruja Plegiana! Pero eso...

Eso superaba todas sus expectativas. Tembló, consumida por el miedo y se abrazó a si misma a la par que una demente sonrisa aparecía en sus labios. Si en cualquier otra ocasión habría sabido mantener sus estribillos: a esas alturas era prácticamente imposible.

De su garganta emergió una sonora carcajada. Una carcajada que si bien denotaba diversión, era totalmente incoherente cuando su cuerpo temblaba como hoja en otoño. Sentía miedo. Ella sentía miedo— Ah~ —Giró su cabeza, observó a Pelleas por encima del hombro con una mirada particularmente complicada— es magnífico. Mi señor, es simplemente magnífico.

En parte empujada por una simple y banal curiosidad por ver su reacción dijo aquello. Obligando su cuerpo a mantenerse firme, a no temblar como si fuese una muchachita inocente y en sus ojos se reflejó el brillo de la locura cuando levantó su mano en dirección a los emergidos, conjurando un hechizo.

Pinchame(?):
[Off: ¡¡Lamento mucho la demora!! ;w; Y lo extrañito que quedó el post(?)]
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Jun 26, 2018 4:43 am

No contaba con que ambos de ellos magos pudieran hacer demasiado, no lo creería con tanta ligereza, pero tampoco hacía falta que resolvieran con sus propias manos la totalidad de la situación. Los soldados del reino asegurarían el área tarde o temprano. Tan sólo era necesario, según pensaba con determinación el joven hombre, encargarse de los peligros que se acercaran en demasía, llevarse sana y salva a la invitada hasta el interior de la ciudad. Era todo de lo que hacía falta preocuparse y a esa simple meta podía entregarse de momento, la vista fija en el enemigo que enfrentaba, los labios murmurando pausadas palabras continuas del hechizo, órdenes adicionales con que era guiada su magia, consumiendo la vida de la criatura desde el interior del cuerpo y saliendo por la boca entreabierta una vez terminada. Sólo debía encargarse de aquel, de cualquier otro que resultara ineludible e intentar llevar a Semiramis a resguardo. Acompañándolo y resonando con sus intenciones, la presencia más grande de lo que era él se sobreponía, colmando el aire a su alrededor de aquella sensación nefasta, ayudándolo a reducir a su blanco. La magia finalmente salió por completo de la criatura, dejando atrás un cuerpo quieto. Y mientras la negrura retornaba al lugar debido en manos del arcano, este ya miraba derredor, atento a otros peligros.

Ninguno más estaba acercándose a ellos aún, a ningún emergido veía cruzando la distancia hacia el carruaje que originalmente trajera a la dama, sino titubeando en sus lugares, muchos ya prefiriendo cambiar su atención y dirigirse al frente de la escaramuza. Pelleas quiso tomar la oportunidad de atender a la mujer entonces, ver que estuviera bien y que estuviera de acuerdo con ponerse en marcha, mas se había quedado ella con la espalda vuelta en su dirección. Temblaba, su postura tenía algo de extraña. El hechicero se agitó aún más al cruzar su mente la idea de que hubiera sido herida y aprisa se encaminó a ella, su sombra bañando la figura femenina, la mano extendida para llegar a tocarle dubitativamente el hombro con las meras puntas de los dedos. Entonces la escuchó reír y frenó en seco, descolocado.

- ¿A... Ah? ¿A qué se refiere...? - Musitó en respuesta. No podía estar hablando de él, de nada relacionado a él, por seguro, pero el corazón le había dado un brinco en el pecho igualmente. No sabría decir si la risa ajena le agradaba o desagradaba, pero aún sin entender nada, otra vez una inquietud le había recorrido como el golpe de un rayo la espalda. Semiramis miró en su dirección y él clavó la vista de inmediato en el suelo, agachando la cabeza de sopetón, por acto de instinto. La maldición a su alrededor titubeó un momento antes de volver a ejercer su presencia. No lidiaba bien con gestos así, aún si ni siquiera entendía el humor de la dama. No obstante, al sentir magia ajena pasar junto a sí, su compañera aprovechando el instante para atacar, el príncipe hizo el esfuerzo de volver a sostenerle la vista, aunque fuese sólo para seguir enseguida la dirección en la que apuntaba la pálida mano. Aunque todo él se mostrara esquivo, amedrentado, disimulado entre la presencia fuerte que era su magia, no podía decaer aún, no podía parar con tanto a su alrededor. Debía de hacer lo que había ido hasta allí a hacer. Miró en dirección a la ciudad, al campo del combate que deberían de cruzar, ya bastante más despoblado y abierto ahora que había mucho más cuerpos que emergidos en pie y la atención de aquellos no estaba en los magos.

- Lo siento, Semiramis-- se-será mejor que vayamos ahora, mientras es posible. - Declaró, si acaso adrede intentando desviar el enfoque de atención de la mujer. Era innegable que una impresión extraña se quedaba en su mente de todos modos, casi que tangiblemente adherida a su piel. La espesura de magia que se quedaba a su alrededor, como una noche artificial, se movía y se envolvía sobre sí misma en dirección a la bruja también, como llevada por alguna fuerza de atracción; el estado en que estaba ella en ese preciso instante tenía mucho que ver. Pelleas ignoró ese hecho y sólo pensó en que, sabiendo que podría ser difícil estar con él mientras la maldición se hallara libre a su alrededor, debía facilitarle como pudiese las cosas a ella. Le extendió la mano sólo un poco en amago de que la tomara, luego la levantó un tanto como para tomarla por el hombro o el brazo, a medio camino la volvió a bajar indeciso respecto a cómo estaría bien llevarla o acompañarla. Al final, sólo agregó. - Si puede quedarse cerca... - Dijo, la vista pasando de ella al camino.

Spoiler:
No problem!! :D COMO SI NO ME GUSTARAN LAS COSAS RARAS, QUIÉN SERÍA YO SIN
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Semiramis el Miér Jul 04, 2018 12:33 pm

La energía se liberó, el hechizo oscuro se manifestó ante ella y arrasó con un emergido ya debilitado y aterrado que se encaminaba hacia ellos. Su oscura cabellera ondeó, al igual que su vestido pomposo.

La comisura de sus labios se elevaron en una sonrisa mientras bajaba la mano, dando media vuelta, encarando al mago oscuro una vez el peligro salió de su vista. Buscó su mirada, clavada en el suelo y ladeó inocente su cabeza hacia un costado. Ingenuo si pensara que aquella pregunta pasó desapercibida. La había escuchado y si no respondió fue solo por centrarse en el hechizo: la magia oscura era extraña y complicada, a veces incluso para ella.

Hablo de usted; claro —Se encogió de hombros, cerro los ojos y avanzó hacia el otro a pesar de que cada paso que daba parecía uno más cerca a la boca del lobo.

Probablemente no estaba loca, después de todo, solo los locos no tenían miedo. Probablemente dentro de su locura había una cierta sensatez, o quizás el poder de aquél muchacho era demasiado como para simplemente ignorarlo: probablemente hasta los locos tendrían miedo. Sí... Debía de ser eso... ¿Por qué sino los emergidos dejarían de avanzar? Al fin y al cabo; aquellos seres eran los más cercanos a una demencia descomunal aún cuando demostraran cierto intelecto.

Hizo que temblaran como hojas. Hizo que temblara como una niña. Eso es magnífico —Miró su mano extendida, a medio paso entre su hombro y mano. Parpadeó, buscó entre su sentido común y finalizó riendo en bajo, tapando sus labios con el dorso de su mano. Claro, tenía sentido, tenía todo el sentido.

Oh... —Susurró en bajo— claro que puedo, aunque siga sintiendo su hechizo: ese extraño miedo —Avanzó los pasos que quedaban y que la dividían del otro. Cada paso que daba hacia el usuario del mal augurio era como si una vocecilla en su mente le susurrara: te mataré como te acerques más a él.

¿Sería la magia ajena? ¿O quizás su propia mente, su subconsciente? Lo ignoró, como últimamente se había acostumbrado a ignorar ciertas cosas y le sujetó de la mano con delicadeza— Pero de vez en cuando está bien sentir semejantes sentimientos... Como afirmando que uno sigue vivo... —Sus hombros temblaron casi de manera imperceptible y se obligó sostener la mirada del príncipe.

Pero no conozco estas bellas tierras... Tendrá que guiarme, mi señor —Le susurró y simplemente se quedó a un lado, atenta de todas formas si algo podía suceder. Entrecerró su libro oscuro, con uno de sus dedos como marca página, solo para que fuese fácil de abrir en cualquier instante.  Lo sostuvo cerca de su falda, con su mano caída hacia abajo, quizás algo tensa.
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Mensaje por Pelleas el Jue Jul 19, 2018 3:44 am

Pelleas negó con la cabeza un par de veces, aunque lento, cuidadoso en el actual estado de las cosas de no hacer movimientos bruscos. No pretendía exaltar ni a su acompañante, ni a los enemigos cercanos mientras estos siguieran optando por no atacarlo. De cualquier modo, intentaba dar a entender que no era nada, que lo que sucedía no tenía mucho de impresionante. Y era que, en cierta forma, no era él en particular quien causaba ese efecto tampoco, sino sólo un uso más de lo arcano desenvolviéndose. - No es nada más que una maldición, todo esto... sólo tomo prestada un arte, en verdad. - Dio la explicación más breve que podía tener el asunto, abstraído y rehuyendo del halago.

Lo impresionante le parecía, más bien, que pese a los efectos surtidos Semiramis diera esos resueltos pasos adelante, que pudiera todavía reír esa risa escalofriantemente femenina y hablarle como si mantuviera todas sus ideas en orden. Era, en todo caso, muy digno de una bruja. Su relación con la magia era una cercana, podía él mismo percibirlo, constatarlo por la forma en que la suya acariciaba el aire tras la mujer, quedándose la negrura cerca en torno a ambos. Y él se sentía deberle mil disculpas por la experiencia en total, pero no podía siquiera retirar tan pronto la maldición para que dejara de incordiarla, pues era esta justamente lo que les ayudaría a acercarse a la ciudad bajo menos riesgos. De momento, sólo sonrió con gratitud cuando expresó ella poder seguir así. La gruesa mano recibió la ajena intentando imitar su delicadeza, al menos no apretar, sólo sostener sobre la palma y así quedarse, aunque el modo de hacerlo todo delataba poquísima costumbre. No era algo que hiciese a menudo. Aún así, era un gesto loable de ella consideradas las condiciones, que debía correponder prosiguiendo cuanto antes.

- Gracias, muchas gracias... um, está haciéndolo muy bien, de todos modos. Que pueda pensar de esa forma y hacer este tanto es más de lo que le habría pedido. - Dijo. Con el tiempo, con ocasión de tomar más costumbre a la presencia ajena y mientras no hacía ella nada que particularmente lo alterara, comenzaba ya a hablarle con mayor soltura. Volvió la vista adelante. La muralla estaba cercana, los soldados se dispersaban desde la gran entrada y a sus espaldas, dentro, yacía la seguridad de la capital: el objetivo. - Estaba a muy poco de su destino. Esta es Nevassa, apenas cruzada su primera muralla todo debería estar bien. Sólo tenemos que... - Su voz se perdió al comenzar a andar en tal dirección, los ojos pasando con cautela por todo emergido en pie derredor.

El hombre de cabello ondulado guió a la plegiana con pasos lentos en principio, rebasando emergidos que en ocasiones les miraban por un momento antes de desistir, en otras les rodeaban de forma evasiva antes de abalanzarse hacia blancos más apetecibles. A medida que la entrada se acercaba, sin embargo, comenzaba a ganar premura, inconscientemente apretando un poco la fina mano mientras tornaba más apresurado su andar. Era crucial que la mantuviese a su lado. La cantidad de emergidos aumentaba, el par interrumpía la batalla que se abría como agua en torno a rocas a su paso. - No tema, no intentarán nada. - Intercedió él, en un murmullo. - ... pero cuide no detenerse. - Agregó. Los vestigios de magia se revolvían cada vez más inquietos alrededor, prestos a la agresión si fuera necesaria. No quería arriesgarse, aunque los emergidos restantes se ocuparan con los soldados daeinitas que los abordaban, sus ojos brillantes y rojos todavía seguían a Semiramis, quien no emanaba la misma aura que Pelleas. Los soldados captaron también vista del príncipe trayendo a la mujer, dirigiendo ojos desconfiados y confundidos en su dirección por el extraño aire que cargaba, mas confirmándose en un par de avisos bruscamente gritados que seguía con vida; alguno de los hombres, por seguro, habría alzado la duda en su ausencia. Él prosiguió, la puerta justo allí, a pronto arribar, empezando a indicarle ya a la maga. - Quizás le sea difícil hallar al Maestro Inquisidor, está lejos de este nivel de la ciudad, pero si se dirige a la biblioteca, la escuela de magia estará justo detrás y preguntando un tanto allí, bueno... -
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Semiramis el Dom Jul 22, 2018 10:32 pm

Por desgracia iba perdiendo sus fuerzas, sus ganas de debatir, su amor por las sombras. Claramente algo así nunca perecería, había crecido en la oscuridad, era lo único que conocía, o eso quería creer.

Pero... El poder del príncipe era mucho, era imponente y si bien ella acostumbrada al miedo y a la destrucción, inevitablemente se dejó llevar por los seguros pasos ajenos mientras el miedo seguía existiendo. Se dejó caer en sus propios pensamientos, dándole vueltas y vueltas a asuntos banales para aquél momento.

En cualquier otra situación le habría debatido, lo tenía en la punta de la lengua pero antes de darse cuenta las preguntas invadieron su mente como hormigas. Sus ojos pero, siguieron observando a su alrededor: ¿De soltar aquél chico su mano los emergidos la atacarían? Veía sus ojos rojos puestos en ella, sentía su mirada clavarse en su nuca. Y de ser así...

¿De ser así la matarían? ¿La devorarían? ¿Masticarían su cuerpo hasta que no quedara siquiera los huesos? ¿La destruirían? ¿La aniquilarían? ¿La llevarían como trofeo? Pensar que su vida colgaba de algo tan simple como un apretón de manos, que divertido. Ensanchó su sonrisa, siempre lo había sabido, siempre lo había imaginado, desde el primer momento, desde el primer instante de vida, de existencia.

Parpadeó. Su atención volvió con lentitud hacia el hombre, se obligó escuchar sus palabras, dejar atrás sus oscuros pensamientos, por muy curiosos que le pareciesen—Oh... No temo —Mentira.

Pero aun así debía recomponerse, debía volver en si. Cerró los ojos, notando la firmeza en la mano ajena, cálida, negó varias veces de la cabeza, en un vago intento de alejar el terror de ella: estaba más cerca, le parecía más vivido. Y si los emergidos temían acercarse, ella temía respirar.

¡Pero no! ¡No podía ser así!

¡Había sido elegida por el Maestro Inquisidor!

¡Era una Plegiana! ¡Era una bruja!

¿Cómo podía temer las artes oscuras?

Tragó en seco. ¡Debía recordar! ¡Ella amaba la oscuridad! Y en cuanto su consejo se hizo presente, ella apretó con más fuerza la mano de él. Tomó impulso, se adelantó y aún sujetándolo, le instó a correr hacia el otro lado, hacia la primera muralla. Temía, estaba aterrada, y aun así, un aroma dulce la invadía, un olor conocido, nostálgico, tanto querido como odiado.

Y cuando logró pasar al lado de los guardias, de los plegianos que con armas en mano se ocuparon de aniquilar a los emergidos restantes, ella volteó. Dio un ligero salto y volteó, apresando más fuerte la mano ajena. Por fin se atrevió a hablar— Aunque sea un arte... No todo hechizo es igual entre ellos, su hechizo, su efecto, su singularidad es solo suya —Apresó su mano con ambas propias.

Pero dígame ¿no me acompañará? ¿Permanecerá aquí? ¿Luchará? ¿Solo? —Negó. Una, dos, tres veces— No puedo permitirlo, aunque mi cuerpo tiemble por su hechizo —El Maestro confiaba en ella, la estaba usando, era su arma— Dígame su nombre —Pidió en un final, en un susurro bajo, coqueto, pero casi, casi tembloroso.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Ago 08, 2018 3:02 am

No iba a soltar la mano ajena. Por mucho que se esforzara en no ser torpe, ponía una desmedida atención en ese contacto, atento a la posibilidad de que ella temblara demasiado o de que por algún sobresalto hiciera por soltarle, en cuyo caso le estrujaría la mano si debiera, pues era lo mejor que podía hacer en su ayuda. Esa resolución era cargada fija y poderosamente, a cada largo paso. Indecible alivio le invadió cuando hubieron arribado a la entrada, puestos a salvo en la sombra bajo el grueso arco de piedra, casi un túnel que mostraba del otro lado el interior de la ciudad. Allí moría la expectativa. Los inquietos enemigos a sus espaldas no podían ya abalanzarse y la disposición con que el sabio sostuviera su maldición ya no era tan crítica, de hecho para nada. Podía tranquilizarse considerablemente. No obstante, no habían terminado de emerger del otro lado siquiera cuando Semiramis se hubo adelantado ante Pelleas, volviéndose a encararlo. Frenó con un instante de dilación.

La bruja le habló de tal forma que parecían, a sus oídos, palabras largamente aguantadas; por lo callada que había estado antes quizás. Dudó, lanzando una mirada como de cautela derredor; los soldados reparaban en su presencia, mas le dirigían miradas extrañas, caminaban algunos mucho más lento al pasar a su lado, otros apresuraban de repente. Él inspiró hondo, asentándose en torno a su tomo y su mano los pocos vestigios de oscuridad que mantenía cerca, como una seguridad. Nada disfrutaba más que el estudio de la magia, nada le hacía sentir más calmo que la utilización. No le molestaba, al menos en eso, aceptar tales palabras. Resultaban tanto más significativas siendo de una bruja de quien procedían. Aunque no la mirara al rostro, sonrió con franqueza. - Gracias, Semiramis... -

Y allí quedaba su intención de separar caminos en tal momento, cortada a medias por ella. Esta vez no pudo sino levantar la esquiva vista en sorpresa, sin saber cómo tener la mano entre las ajenas o cómo encarar que se le hablase justo así. Se tensó de pies a cabeza, mirándola al rostro con la timidez escrita en el propio. Al soltar el aire, casi todo de golpe, se disipó con el mismo la maldición. Como si lo despojara de la capa o de las joyas, la presencia oscura dejó de estar allí y dejó atrás sólo al varón de cabello indigo. En su garganta, en el movimiento de la nuez de adán se delataba que tragó saliva, todavía todo tenso, antes de atinar a lo que le pedían decir. - ¡A-Ah! Pelleas, es mi nombre... supuse que sabría por su señor, perdone usted. - Dijo, por lo bajo. Por supuesto, no era un asunto en el que tuviera por qué meter narices, qué le informara o dejara de informarle el invitado plegiano a sus cercanos, pero había pecado de asumir demasiado. Dando un paso atrás, retiró con cierta ansiedad la mano de donde era sujetada.

- Um, no es nada, de todos modos. Yo, en verdad, no soy capaz de dejarlos a todos ahora mismo. - Volvió la cabeza por un instante hacia quienes se refería: los soldados tras de sí, que para aquel entonces se esparcían de modo mucho más amplio en las afueras de la muralla, bajo los gritos de comando de los generales superiores, terminando con cuanto emergido permanecía y revisando hasta los cuerpos en el suelo para atravesar los que no lucieran perfectamente muertos. Pelleas miró todo ello con atención, explicándose. - Me necesiten o puedan prescindir de mi, pienso que me corresponde permanecer. Para esto es que dispone un hombre de sus fuerzas, para esto nada más, por eso es que es lo único que yo... - Se detuvo. Pese a que hablaba ya con considerable soltura, parecía en algún modo demasiado hablar de su deber como ciudadano, como príncipe o a lo que era destinada toda su búsqueda de magia. Lo importante, en cuanto al caso de ella, era otra cosa. Demasiado generosa estaba siendo en seguir ofreciendo ayuda. Prosiguió con una tenue firmeza en ese respecto. - Pero, por eso, puede usted ir al encuentro de su señor, todo estará bien. No hace falta sentirse en deuda cuando es nuestro deber recibir a nuestros visitantes a salvo... ¿comprende? -

Mantener Daein seguro era asunto daeinita. Las batallas, cuando tocaran, eran de ellos, como también un natural e inherente deber del príncipe. Aunque fuera sólo quedarse a ver que todo hubiera concluido en paz, quedarse tocaba. Consideraba que un invitado podía hasta indignarse en primer lugar por que su ruta hacia la ciudad no fuera asegurada debidamente, y si Semiramis no estaba molesta por ello, todavía podía estarlo el Maestro Inquisidor. Con ello en mente, recordándole tener humildad ante el asunto, el príncipe inclinó la cabeza. - Pero... ha peleado bien, ha resistido y se lo debo agradecer. La veré, donde me reuna o donde vaya el Maestro Inquisidor, ¿no? - Dijo. Se disculparía ante ambos y compensaría, o lo que resultara necesario.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Semiramis el Miér Ago 15, 2018 1:30 pm

Y la magia ajena se disipó: la notó. Como una brisa primaveral en un día gris, como un soplo de aire fresco en un día horriblemente caluroso. Y con la magia disipada, su pecho pudo finalmente retomar el aire perdido. Por un instante observó a su alrededor, donde los soldados daeinitas protegían al que, confirmaría ser su príncipe.

Sonrió, ladeó de tal forma su cabeza que su largo y lacio cabello oscuro terminara descendiendo por un costado, delineando sus ya de por si prominentes curvas—Pero es más emocionante escucharlo decir por usted —Admitió en un tono jocoso, casi divertida. Había tenido su charla, en un principio, con el Maestro Inquisidor acerca de los nombres y su magia, no iba a repetirla, pero la tenía constantemente presente, nunca cambiaría su opinión.

Sus pensamientos pero, fueron acallados de golpe en cuanto Pelleas habló. Sus labios se entreabrieron en un gesto de vaga sorpresa y por un instante sus ojos parecieron brillar a la par que un escalofrío recorría su cuerpo, dejando el vago sentimiento de la piel de gallina. ¿Qué tenía ese príncipe que el resto carecía? No, probablemente le había visto tan retraído, tan, casi obsesivo en querer alejarla de la batalla que lo consideró un cobarde ¿Y ahora?

Ahora el conejo parecía un lobo feroz, el líder de una manada que estaba dispuesto a proteger con dientes y uñas a los suyos. ¿Pero por qué sería? ¿Por no desear bajas? ¿Por ansiar mantener con fuerza su ejército? ¿Por maldad? ¿Por avaricia? Observando fijamente sus hermosos ojos se percató de que probablemente no era eso, de que estaba realmente equivocada.

Y fue aquél presentimiento que la hizo relajarse, bajar los hombros y sus brazos como quién terminaba de darse por vencido. Rió en bajo, tan solo un bufido de nariz y, sin asentir, tan solo avanzó un paso más hacia el otro, quién, nuevamente había escapado de su contacto. Pero, persistente como era, se encaprichó en seguir lo que había empezado. Apoyó una mano en el antebrazo ajeno, un tacto suave, cortés. Se levantó de puntillas para poder acceder a la mejilla ajena y depositar allí un casto beso—De todas formas. Gracias por haberme ayudado —Susurró.

Cuando retrocedió, adoptando el lugar que le pertenecía de nacimiento, tomó los pliegues de su vestido oscuro, deslizó hacia atrás uno de sus pies y flexionó tan solo un poco sus rodillas, bajando la cabeza, sumisa—Preveo que algún día usted será un espléndido monarca, príncipe Pelleas —Pronunció con honestidad, más allá de sus principios, más allá de sus creencias inculcadas desde pequeña—nos veremos de nuevo. Pero , si eventualmente en un futuro, lejano o no, necesite de mi ayuda, no dude en buscar a Semiramis —Aquello, más allá que vagas palabras, fue una promesa.

Se enderezó, le sonrió como último saludo de despedida y dio media vuelta, avanzando por su propio camino, totalmente diferente al de Su Majestad.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Jue Ago 16, 2018 6:54 pm

No podría explicarse la deferencia, la atención que le prestaba la extranjera sino meramente por la condición que compartían, la de conocedores y portadores de magia arcana. Siempre creía percibir una suerte de conexión con los demás asiduos a la oscuridad, más aún los creyentes, que por seguro sobreentendían todo lo que él experimentaba y perseguía en sus propios estudios. Con su cercano colega, el Maestro Inquisidor, y la asistente de este no habría de ser distinto. Mucho los unía allí. Por demás, de otro modo, no comprendería por qué ella le concedía tanta gentileza, tan nula inculpación o molestia por todo cuanto acababa de suceder. En cambio, lo miraba con tan buenos ojos que hasta le cohibía un buen tanto a él, ahora que no existía para moverlo la urgencia de defenderse y sólo se estaban allí, frente a frente. No era simple lidiar con sus gestos, en ese pequeño entretanto a que se despidieran y separaran.

Más difícil aún era lidiar con su agradecimiento final. Ingenuo y simplista él, sin pensar nada, había bajado la cabeza cuando ella le atraía por el brazo, sólo para quedarse así de cabizbajo y quieto cuando le besara la mejilla. Había llegado y se había alejado el rumor de telas de vestido, y le quedaba en la mejilla la impresión de un tacto en extremo suave. Tomado por sorpresa, el calor del cuerpo se le subió por completo a la cara, la coloreó hasta las puntas de los oídos, todo medio oculto bajo el cabello ondulado, mas nada disimulado. Aventuró una mirada estupefacta pero emocionada, como si la joven acabara de darle un kilogramo de oro o la mejor noticia de su vida, una sonrisa tironeándole de a poco la comisura de los labios. De ningún modo lo había anticipado. A alguien como él, poco decidido en el habla, de poco carácter, poco vistoso, no se le aproximaba a menudo el género opuesto, mucho menos para otorgarle gestos así. Una alegría colmada de nerviosismo lo invadía. Tuvo largos segundos de demora en decir algo, torciendo la vista hacia cualquier lado y haciendo vano amago de hablar un par de veces. Al final, tras inclinarse Semiramis en reverencia, él pudo girarse con rapidez en la dirección opuesta y sólo así hablar.

- No se pre-preocupe de nada, soy yo quien le agradece, a-aunque es... demasiado amable. - Motivos tenía para decir tal cosa y su sonrisa tomaba un tinte agridulce, reconociéndolo. No era la primera persona que ponía fe en sus futuras capacidades como regente y no sería, por tanto, la primera a la que decepcionaría en su momento; era un buen mago después de todo, un buen maestro, pero no un buen príncipe, y si se guiaba por tal precedente habría de prever que sería un rey igualmente indeciso. Pero no tenía el corazón como para negarse de frente a tales halagos. Se admitía que, en cierta forma, pesaban. Igualmente partía mejorado, alzando la cabeza y respirando hondo. - Mis saludos a su señor. ¡Nos veremos! - Se apresuró a agregar antes de partir a pasos amplios, rápidos.

Veinte pasos más allá pudo al fin darse por tranquilizado, anunciando su intención de ayudar en los detalles finales y saliendo él también a la tarea de revisar los cuerpos caídos. Al que hallara todavía con un hilo de vida, se ocupaba de terminarlo a suma conciencia con su magia, como otros hombres esparcidos por el campo de batalla acallado hacían con sus armas. No tomaría mucho, en total, confirmar la seguridad de la ciudad. Desde allí tampoco tomaría demasiado terminar de depejarlo todo, pero Pelleas permanecería hasta el último instante, en cierta forma satisfecho con la actividad en que distraerse. El ensimismamiento en que se hallaba no tenía pensamientos concretos, sólo una suerte de inspiración alegre ocupándole la mente, obtenida de la bondad de una cierta joven; sólo bondad podía ser, bondad desinteresada y pura. Terminada la tarea regresaría a su lugar, su biblioteca y sus discípulos. Mandaría indagar si Semiramis se había reunido sin problemas con su señor plegiano y si se hallaba bien pero, humilde por todo y sin desear darle molestias, a fin de cuentas no se atrevería a prestar visita. A su parecer, así estaba perfectamente bien.
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Re: [Campaña de lib.] Un hoy vale por dos mañanas [Priv. Pelleas]

Mensaje por Eliwood el Lun Ago 20, 2018 10:18 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Worm.
Semiramis ha gastado un uso de su tomo de Ruina.

Ambos obtienen +2 EXP.
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