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[Campaña de liberación] Allá donde las memorias mueren [Priv. Hrist]

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[Campaña de liberación] Allá donde las memorias mueren [Priv. Hrist]

Mensaje por Salkhi el Vie Dic 29, 2017 9:06 pm

¿Durante cuantos días había estado viajando en soledad por las desoladas tierras de lo que en su día fue un glorioso imperio? El cazador había perdido la cuenta de ellos, pues su atención se encontraba solo en él lo que una vez fue un camino transitado a diario, un sendero de roca rota por naturaleza y desuso por el que en el pasado transitaban carruajes comerciales, campesinos y ejércitos por igual. Su guía no era un experto del terreno, pues era el sol el que le guiaba, y las estrellas empezaban a enseñarle un firmamento diferente al que siempre había visto, con luces que sus ojos captaban por primera vez a la par que otras habían desaparecido del cielo nocturno. Así era el viaje del nómada, uno de descubrimiento y reflexión, uno en el que solo sus pensamientos le acompañaban en todo momento y ningún alma humana se podía apreciar en la distancia, sin importar hacia donde tan lejos mirara.

Tal y como a Salkhi le gustaba.

A pesar de haberse visto obligado a cambiar su ruta original por la intromisión de cierta persona, el caminar por las ruinas del viejo imperio había permitido al cazador ver hasta donde llegaba la auténtica crueldad de los emergidos, hasta qué punto eran capaces de destrozar todo a su paso si no se les conseguía frenar a tiempo. Sus ojos habían recorrido los quemados restos de lo que en su día fue una granja, habían captado en el árido terreno huesos que podían pertenecer tanto a humanos como a animales, y allá donde miraran encontraban solo desolación y muerte. La tierra que pisaba era aquello que los emergidos querían llevar al mundo entero, a su Sacae natal, y el pensamiento de ver su tierra convertida en algo como aquel territorio muerto le llenó de férrea determinación, le hizo jurar para sí mismo que no descansaría hasta que la llanura de Hanon estuviera libre de tan diabólicos seres.

Pero para cumplir su palabra debía volver a Sacae… Y antes de ello debía encontrar aquello que le había sido robado, y a quien lo había tomado sin su permiso.

Su persecución le había llevado hacia el norte, pues hacia allí se dirigía ella según lo que le había contado, y en tal dirección se movía según le había contado la única persona con la que se había tropezado desde que había comenzado la búsqueda. La misma persona a la que había comprado la vieja capa cuya capucha llevaba calada hasta los ojos y cuya tela revoloteaba en torno a sus quietos tobillos.

El camino tomado había llevado a Salkhi hasta las puertas de una ciudad en ruinas, aunque tal definición tal vez la viniera grande en el estado en el que se encontraba. Las puertas de la muralla habían sido derribadas hasta el punto de que solo quedaban pequeños trozos de madera colgando de los laterales, y desde su entrada se podían ver con facilidad numerosos edificios derruidos y zonas aún calcinadas por el fuego. Y aún sin verlo, el cazador sabía bien lo que vería allí dentro: Huesos en las calles, en las casas, en los oscuros callejones y en las habitaciones que aún quedaran en pie. Todo lo que quedaba de las personas que una vez habitaron aquel sitio, restos sin nombre ni identidad, solo recuerdos muertos de lo que una vez fue un lugar lleno de vida.

El viento sopló con fuerza por detrás del arquero, moviendo la capa entre sus piernas y echando hacia el frente su capucha, empujando su espalda como si le apremiara a entrar en aquel cementerio sin tumbas. ¿Acaso había algo allí que el destino le tuviera preparado? ¿O acaso era una cruel jugada del mismo, que le invitaba a formar parte de la colección de restos que allí había? Tal cosa no importaba mucho en realidad, pues bien sabía el hijo de la planicie eterna que, le gustara o no, tendría que entrar allí sí o sí. Por muy en ruinas que estuviera aquel sitio dentro encontraría protección para la noche y un lugar en el que descansar, y algo que le sirviera para el largo viaje que le quedaba si la suerte le sonreía.  

Por ello mismo su paso no dudó cuando finalmente avanzó, atravesando los retos de lo que en el pasado fue una imponente entrada a la ciudad, adentrándose en las aparentemente desérticas calles sin prisa ni pausa… Pero si con precaución, como atestiguaban su puño izquierdo cerrado entorno a la madera de su arco y el derecho cerca de las flechas de su carcaj. Pues bien sabía Salkhi que, por muy silencioso que todo estuviera, era muy probable que hubiera alguien entre las murallas de aquella muerta ciudad. Y si tal era el caso, muy probablemente se tratara de alguien a quien debería abatir si no quería convertirse en uno más de los restos que allí descansaban.  
Afiliación :
- SACAE -

Clase :
Archer

Cargo :
Cazador

Autoridad :
-

Inventario :
Vulnerary [3]
Arco de bronce [2]
Arco de bronce [2]
Arco de bronce [2]
Hacha arrojadiza [3]
Espada de bronce [1]


Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
277


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Re: [Campaña de liberación] Allá donde las memorias mueren [Priv. Hrist]

Mensaje por Hrist el Jue Ene 04, 2018 2:43 pm

Los designios de Grima era inescrutables, bien lo sabía Hrist. Un día estaba en una taberna echando un pulso con un compañero de profesión, y otro estaba sobrevolando los verdes prados de Ylisse, disfrutando de la luz del sol y del aroma a verde y a cosechas fértiles. Otro día, en cambio, estaba en una ciudad fantasma, viendo lo que una vez fue y dejó de ser. Lo que pudo ser, pero ya nunca jamás sería. Porque los emergidos así lo quisieron.

Y es que hasta ahí habían guiado a Hrist sus pasos. Los rumores, que por el momento la habían llevado hacia el oeste, y las corrientes de aire del cielo, que la habían arrastrado hasta Valentia. Tras sobrevolar los restos de lo que parecía una granja arrasada por el fuego, un trío de asaltantes la había sorprendido a las afueras de lo que parecía una cuidad. Consiguieron llevar la pelea al interior, pero subestimaron a la jinete y su wyvern.
Y ahí estaba Hrist, junto a Logi, en el centro de la ciudad arrasada. Magullada y dolorida, pero viva. Podía considerarse afortunada. Sus heridas sanarían, y el hematoma del pómulo desaparecería con los días. En cambio, los que estaban allí no volverían a levantarse. Tras comprobar los cadáveres de los asaltantes y ver que no llevaban nada aprovechable, los dejó atrás y observó lo que la rodeaba.

La mayoría de los edificios estaban calcinados hasta los cimientos, por no hablar de los boquetes varios en los que aún se mantenían en pie, y de los adoquines que habían saltado por los aires. Allá donde mirase, no había nada que no fuesen armas destrozadas, charcos de sangre, y restos humanos. Sabía que las posibilidades eran nulas, pero buscó algún superviviente. ¿Y si algún crío o anciano se había escondido, asustado, en algún sitio a salvo, y ahora no se atrevía a salir? Si permanecía sin salir de su escondrijo, acabaría muriendo de hambre y de sed…

De pequeña había oído decir que la esperanza era lo último que uno perdía. Quizás era verdad, pero el bofetón que propinaba la realidad dolía, y mucho. Le dolían las heridas de la pelea anterior, pero también sintió una punzada en el alma cuando, después de rato viendo restos y más restos humanos, caminando entre brazos rígidos y piernas hechas ceniza, encontró una muñeca de trapo. Era muy parecida a la suya, que estaba a buen recaudo en su casa, en Nohr. Una muñeca con una cara sonriente, y los mofletes tintados de rosa, como la que había acompañado a Hrist desde su más tierna infancia. Sin embargo, a diferencia de la suya, ésta tenía el vestido manchado de sangre, ya seca, y el pelo de lana tenía algo de chamusquina. Unos metros más adelante, estaba lo que quedaba de su joven propietaria.

Descansa en paz. –Atinó a decir, con un susurro casi imperceptible. Se agachó a dejar la muñeca al lado del cuerpo.

No era la primera vez que pasaba por un pueblo o ciudad arrasados, ya fuese por bandidos, la guerra, o los emergidos. Pero esos paisajes daban qué pensar. A veces, la intranquilidad penetraba más allá de su esternón, y traía pensamientos malsanos a su mente. ¿Y si un día, Grima no lo quisiese, le llegaban noticias de que Nohr había caído de un día para otro? ¿Y si un día volvía a casa, y se encontraba que el pueblo que la vio nacer y crecer había sufrido la misma suerte que éste? ¿Y si…? ¿Y si sus padres no se habían ido a tiempo? ¿Qué pasaría con el abuelo? ¿Y si…?

Un golpe de hocico del wyvern la sacó de su vorágine de reflexión. Con un soplido lento, le levantó el flequillo de la cara.

No pasa nada, pitufo. –le aseguró con un susurro, mientras le acariciaba el morro. Le costaba sacar la voz de la garganta.

Al salir de su ensimismamiento, volvió a ser consciente del dolor que acuciaba su cuerpo, producto del enfrentamiento anterior. Podía mantenerse en pie, pero más que tener ninguna herida grave, estaba exhausta. Necesitaba un rato de reposo para recuperar fuerzas, antes de poder afrontar unas cuantas horas más de vuelo a lomos de un wyvern. El lugar llevaba tiempo sin visitas, sin contar a los tres desgraciados que quisieron emboscarla. Además, pronto anochecería. Descansaría un rato, y si para cuando hubiese recuperado el aliento se había hecho demasiado oscuro, pasaría allí la noche.

Retrocedió un poco, hasta dar con un sitio donde Logi tuviese espacio para acomodarse, y  a la vez no se encontrasen encasillados ni acorralados si alguien intentaba sorprenderles. Con su hacha larga en la mano, se recostó cerca del cuello de Logi, con una de sus alas resguardándola un poco de los soplidos de viento que recorrían los restos de las calles. Le dolía la rodilla izquierda, pero no parecía grave. No sangraba, ni había nada fuera de lugar. Con un poco de reposo, seguramente estaría mejor más tarde. Igual que el golpe que le habían dado en el brazo. Por lo demás, no había por qué malgastar sus valiosas provisiones.

Sujetando con las manos su arma, apoyada en su montura, miró al cielo, buscando un poco de silencio y calma. Cuando sus músculos empezaron a dejar de estar tensos, notó que se relajaba. Los ojos azules se le iban cerrando poco a poco, dando cabezadas de pocos segundos al principio, y progresivamente más largas. Quizás si un desconocido la veía la tomaría por un cadáver bien conservado. Pero poco le importaba en esos momentos.

Necesitaba descansar.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Wyvern Rider

Cargo :
Mercenaria

Inventario :
Hacha L. De bronce [2]
Vulnerary [3]
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Support :
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Especialización :

Experiencia :

Gold :
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