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[Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

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[Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Jue Dic 28, 2017 6:40 pm

-¡¿Pero por qué nos siguen enviando siempre a explorar al mismo sitio?! ¡No hay nada! ¡Nunca ha habido nada! ¡Esto es horrible!-Jill refunfuñaba molesta mientras el viento soplaba de cara con fuerza y era cubierta de copos de nieve en un frío día invernal en las montañas al sur de Daein.

¿Cuántas veces había sido enviada a inspeccionar esa zona? ¿Diez? ¿Quince veces? ¡Quizás hasta veinte! Jill ya había perdido la cuenta. Todas las veces había viajado hacia esas gélidas montañas y en cada una de las ocasiones había vuelto con las manos vacías. Ni un solo rastro de los Emergidos.

Daein fue de las primeras naciones que se habían liberado de esas extrañas criaturas asesinas. Sin embargo, habían vuelto y estaban causando de nuevo estragos en el reino de Ashnard. El ejército de Daein se había concentrado mayormente en los puntos donde esos seres habían sido avistados o en las poblaciones que habían sufrido ataques para localizar al grueso de su ejército y expulsarlos nuevamente. Pero al mismo tiempo, enviaba a jinetes wyvern de menor rango, como la propia Jill, a echar un vistazo aéreo por otras zonas fronterizas de Daein, por si algún otro frente de Emergidos hubiese decidido penetrar en el gélido reino desde ahí.

Daba igual que Jill hubiese reportado que allí no había Emergidos, la seguían mandando al mismo lugar una y otra vez. A las mismas montañas, los mismos bosques nevados, los mismos ríos medio congelados. En un invierno cada vez más y más frío. Jill refunfuñaba como una niña a lomos de su fiel montura, pero nunca lo hacía cuando estaba enfrente de sus superiores. No protestó ni una sola vez cuando la mandaban por enésima vez a la misma dirección. Ante ellos se comportaba como una auténtica soldado profesional, obedeciendo cada una de las órdenes que recibía, por poco sentido que tuvieran o por muy inútil que encontrase la situación.

-¿Crees que papá haya podido tener algo que ver, Diotima? ¿Qué haya movido los hilos o algo así para que nos toque sólo este tipo de misiones estúpidas en vez de mandarnos donde realmente está la acción?-las dudas y la inseguridad se reflejaban en la voz de Jill. Por un lado, su padre era un hombre de honor, y no creía que fuese capaz de interponerse en las órdenes de otro pelotón. Por otro lado, su padre era… su padre, y sabía que le quería a ella tanto como ella lo quería a él. Jill no quería pensarlo, pero las dudas la corroían ¿podía ser que su padre tuviese algo que ver en que sólo tuviese ese tipo de misiones aburridas de las que ningún triunfo o gloria podía esperarse?

Diotima soltó entonces un fuerte gruñido. Jill pensó en un principio que la estaba respondiendo a su pregunta, pero entonces miró al suelo y lo vio. Era difícil, con la nieve y la falta de luz, con un día nevoso claramente nublado. Además de que sobrevolaban un bosque y las ramas de los árboles también obstaculizaban su visión. Pero había alguien ahí abajo. Y no era un animal. Caminaba sobre dos patas ¿Podía ser alguien humano? ¿Pero qué haría alguien humano en un día como aquel sólo en el bosque?

-Descendamos con cuidado, Diotima. Esto hay que investigarlo.-ordenó Jill a su wyvern tirando de sus riendas. Diotima volvió a rugir y empezó a descender hacia un claro del bosque cercano al lugar del avistamiento.

El corazón de Jill latía con fuerza ¡Por fin! ¡Por fin pasaba algo emocionante! Ojalá no fuese una falsa alarma ¡Por todo lo sagrado y lo profano, que no lo fuera! Aquello podía ser la oportunidad que tanto había estado esperando. La prueba que necesitaba para demostrar que era una auténtica guerrera, una verdadera soldado de Daein.

Jill descendió de su wyvern, con ambas manos sujetando su lanza con fuerza. Miró entre los árboles buscando a su objetivo pero no lo vio, así que empezó a caminar despacio en dirección hacia el punto en que había visto desde el aire a aquel misterioso individuo.

Diotima la seguía cubriéndola las espaldas. Pero se movía despacio debido a su gran tamaño y a que era bloqueada por la concentración de los árboles. Al final, Jill llegó al susodicho punto, pero el individuo en cuestión ya no estaba. Ahora bien, había huellas frescas en la nieve. Un rastro claro que se perdía entre los árboles, profundizándose en la espesura del bosque.

Jill sabía que no tenía tiempo que perder. La nieve seguía cayendo, y si no seguía el rastro ahora, se perdería en pocos minutos. Con renovada determinación, empezó a seguir el rastro de huellas. Al menos, ya definitivamente era claro que quien las había dejado no era un animal. Aquellas huellas eran o de humanos o de Emergidos.

Apenas había seguido el rastro por poco más de cinco minutos, pero Jill se impacientaba ¿A dónde se habría ido quien quiera que fuese el que había dejado las huellas? Cada paso que daba, era un paso más que la hacía desear que llegase la respuesta cuanto antes. No soportaba ese tipo de presión. Que fuera lo que fuera, que llegase ya.

Diez minutos después de que empezase la búsqueda, el rastro se interrumpió. Las huellas desaparecieron en medio del bosque como si nada. Jill miró hacia un lado y el otro pero no veía a nadie. No veía nada. Diotima y ella estaban solas.

O eso creía Jill. Diotima levantó su hocico como si oliera algo y empezó a rugir con rabia. La jinete wyvern se volvió con la intención de preguntarle a su montura qué había descubierto, pero entonces un ruido se escuchó por encima de su cabeza.

Era un grito de guerra, pronunciado por un soldado con espada, con armadura, piel blancuzca y ojos rojos ¡Un Emergido! Claro que su rastro había desaparecido, porque había escalado un árbol y ahora se lanzaba desde él hacia la jinete wyvern.

Jill reaccionó por puro instinto, cubriéndose con su lanza para detener el golpe de la espada del Emergido que se había abalanzado desde el árbol hacia ella. Por desgracia, el peso del Emergido al caer la hizo tropezar, pero el propio Emergido pisó mal el suelo y también tropezó, cayendo ambos al suelo.

Jill se levantó rápidamente y preparó su lanza para atacar al Emergido, pero entonces vio como otros de esos seres caían de árboles cercanos ¡Debía haber como cinco o seis de ellos! ¡Y la habían rodeado por completo! ¡Aquello era una emboscada! Y la joven soldado había caído de lleno en ella.

Jill maldijo a sus adentros ¡Aquello no podía ser! ¡No podía caer ahí, de esa manera tan estúpida! ¡Ella era una soldado de Daein! ¡No podía morir en una emboscada de cuarta!
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Jue Ene 04, 2018 4:04 pm

Ve a Daein, decían… –Refunfuñó Hrist, casi con un gruñido. Los dientes le castañeaban como un par de maracas. –Muy buen lugar, decían…

Hacía apenas unas horas que Hrist había atravesado la frontera de Begnion con Daein, y las cosas no podían pintar más enternecedoras. ¿No le gustaba el frío? ¡Marchando una ventisca en el careto! ¿Era difícil volar con ráfagas de viento tan fuertes? ¡Un momento! ¡Una de nubes, para que fuese más difícil ver por dónde uno vuela! Su capa de viaje abrigaba sí, pero le faltaba poco para que se le congelase la mueca de la cara. Puñetas, acababa de llegar y ese país ya le estaba haciendo corte de mangas, antes incluso de toparse con la población local.

Más vale que haya algún trabajo que valga la pena. –Gruñó, con el casco lleno de copos de nieve. Por suerte, el pelo lo llevaba recogido dentro, pero tendría que dedicar un buen rato a desenredarlo. –No, espera, sólo falta que esperen que lo haga de gratis… –Se había llegado a poner el casco, pero había tenido que levantar la visera porque era imposible ver nada cuando los copos de nieve taponaban los orificios que servían para ver a través.

Iba echando vistazos al mapa, para asegurarse de que iba en la dirección adecuada. Pero el viento arreciaba cada vez más, y temiendo que se le escapase el papelito de las manos, extremó las precauciones. De tanto en tanto, Logi soltaba algún ronquido de queja.

Ya lo sé, Logi, ya lo sé. –Lo apaciguó Hrist. –Ya queda menos, acabaremos llegando a algún pueblo donde descansar… Eso espero. O nos encontramos con algún soldado de los que patrullan la frontera… –o como fuese que se llamara el equivalente en Daein a la Guardia Fronteriza de Nohr.

La idea de acampar al raso en una noche con nieves furiosas y viento revoltoso, en tierras totalmente desconocidas, no la seducía en absoluto. Antes preferiría hacerle un masaje en la espalda a un emergido.

Una sombra borrosa la sacó de sus pensamientos de golpe, pasando a toda velocidad a pocos centímetros de su cara.

¡Pero bueno…! ¡Mira dónde apuntas! –soltó, a punto de estallar de rabia, al tiempo que identificó el objeto volador como una jabalina.

Hrist no solía perder los estribos fácilmente. Tampoco era de las que soltaba palabrotas con asombrosa facilidad. Era más bien de las que se lo guardaba para sus adentros, con tal de no sacar las cosas de quicio antes de lo necesario. Puede que pensase en MUCHAS palabras malsonantes si se molestaba, pero no las vomitaba al segundo de aparecer en su cabeza. Pero ese condenado frío invernal y su amiguita la ventisca la estaban volviendo extremadamente irascible por minutos. Tenía frío, Logi seguro que también tenía frío, estaban cansados, llevaban horas de viaje, no veían tres en un burro, y ese viento endemoniado amenazaba con hacer volar su mapa. La gota que colmó el vaso fue ver que el arma usada como proyectil provenía de un emergido. Una caballero de pegaso emergida.
Hrist quedó unos instantes suspendida en las corrientes de aire, con Logi esperando órdenes. Sus ojos azules, con las pestañas llenas de copos de nieve, y los labios congelados en un intimidante rictus, se clavaron en los de la emergida.

Supongo que no has venido a decirme dónde cae el pueblo más cercano, ¿verdad? –gruñó Hrist, sujetando con fuerza su hacha larga.

La emergida le lanzó otra jabalina.

¡Vas a ver por dónde te meto la jabalina, desgraciada! –rugió totalmente fuera de sí mientras esquivaba otra jabalina y le dedicaba un gesto grosero con la mano libre. Logi parecía de acuerdo, pues también rugió con entusiasmo y rabia. El frío y la nieve estaban acabando con su paciencia a una velocidad alarmante.

El wyvern alcanzó enseguida con un mordisco el cuello de la montura de la emergida, y Hrist le soltó tal tajo en la caja torácica a ésta, que el dúo empezó a precipitarse hacia el suelo desde las alturas, empequeñeciendo a medida que pasaban los segundos, y perdiéndose en el cóctel de viento y nieve que asolaba el cielo.

Y otra vez le lanzaron algo.

Hrist se giró en silencio, con el rictus de los labios aún tenso que antes. Otro arma arrojadiza… Esta vez un hacha arrojadiza.  Logi la cazó con la boca y la partió en dos. A través de las ráfagas de viento, atinó a identificar a otro emergido, subido a la copa de un árbol.

¿Y si le quito la ropa una vez me lo cargue? Igual lleva algo de abrigo que me sirva… –Comentó con voz grave, bajando la visera del casco. –Si lleva capa, te la podría atar al cuello de bufanda, Logi.

Y se abalanzó en dirección al origen de las hachas arrojadizas. El emergido descendió del árbol con llamativa agilidad. Pero poco le importaba ya a la mercenaria. Como un halcón, siguieron al objetivo por encima de las copas de los árboles, para penetrar con rapidez en éstas una vez Hrist vio la oportunidad. Su montura lo arrolló en pleno vuelo a ras de suelo, y cuando el emergido cayó al suelo en un claro cercano, lo apresó con sus fauces y lo sacudió de un lado a otro, cual muñeco de trapo. Cuando lo soltó, realmente había poco de él que pudiese aprovecharse.

Bueno, por lo menos ya no dará más la tabarra. –Concluyó Hrist, con la voz amortiguada a través del casco. Y notablemente menos irritada. El subidón de adrenalina le había hecho olvidar el frío y la nieve. –¿Qué pasa, Logi?

Su wyvern miró la escena en la que habían irrumpido sin darse cuenta. Un wyvern, una joven pelirroja con armadura, y cinco o seis emergidos rodeándola. Se preguntó si se habría colado en la fiesta equivocada. Hubo unos instantes de incómodo silencio, en los que todos miraron a todos, y durante los cuales Hrist cuestionó las decisiones que había tomado a lo largo de su vida.

Esto… ¿le echo una mano? –se decidió a preguntar a la chica.

No parecía una bandida. Demasiado bien equipada, demasiado poco despeinada. Demasiado poco salvaje. Pero si lo era y luego encima quería matarla, ya miraría cómo lidiar con ella.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Mar Ene 09, 2018 3:51 pm

Cuando Jill vio que estaba rodeada, no perdió el tiempo y le clavó la lanza inmediatamente en el cuello del Emergido que la había derribado antes de que este pudiese levantarse. Estando en inferioridad numérica, no podía permitirse perder ni un segundo si quería tener alguna oportunidad de sobrevivir. La criatura en cuestión no pudo reaccionar a tiempo y ni siquiera pudo gritar por la lanza perforando su laringe por entero.

El primer Emergido había muerto. Pero Jill pudo ver como poco a poco se iban acercando más. Eran otros cinco más. Tres de ellos con espadas, dos con lanzas. Vestían como soldados normales y corrientes, pero su piel grisácea y sus ojos rojos les delataban como Emergidos. No parecía haber más escondidos, por lo que aquello era el grupo completo. Debía de ser un grupo de exploración. Y bastante coordinado, vista la trampa que la habían tendido.

No era momento para alabarlos. Paso a paso, se iban acercando. Ninguno corría, sino que avanzaban despacio. Era normal, ya que con la nieve uno podía resbalarse y caerse, y entonces sufrir el destino de su compañero. Esos seres eran previsores, no atacaban a ciegas. No se les podía subestimar.

-Malditas bestias. Dad otro paso más y acabaréis como vuestro amigo.-amenazó Jill mientras sacaba la lanza del cuello del Emergido muerto y se colocaba en posición de combate, lista para recibirlos. Diotima lanzó un par de rugidos hacia los Emergidos, pero estos no se detuvieron. No mostraban miedo, muy probablemente no supiesen que era eso. Jill pocas veces había luchado contra los Emergidos, no es que tuviese muchas oportunidades para ello siendo usada la más de las veces en misiones sin importancia fuera de la guerra. Sólo conocía lo básico de esas criaturas. Sabía que no serían fáciles de vencer.

Pero aunque no tuviese mucha experiencia, Jill era una soldado entrenada por el ejército de Daein y sabía luchar también. Lo primero que hizo fue retroceder despacio hasta que su espalda chocó con el duro cuerpo de su querida Diotima. La wyvern le serviría para cubrirle las espaldas y evitar que la atacasen desde distintos flancos. Entre ella y un árbol a su izquierda, había encontrado la manera de cubrirse de los ataques enemigos y poder anular la desventaja numérica.

Los Emergidos se dieron cuenta de ello, e intentaron algo distinto, dando un rodeo para intentar derrotar esta vez a Diotima. Uno de los dos lanceros atacaba se arriesgó lo suficiente como para lanzar estocadas con la punta de su arma, intentando herir el vientre de la wyvern. Diotima no era idiota, y con un fuerte movimiento de sus alas desvió el ataque de la lanza. El Emergido echó un paso atrás y volvió a la carga, pero Diotima volvió a rechazarlo con un golpe de su cola. Por desgracia, lo máximo que consiguió es que el Emergido retrocediera un par de metros otra vez.

Mientras tanto, dos espadachines se turnaban para intentar herir a Jill. Sus movimientos eran rápidos y precisos, a la soldado le costaba detenerlos. Su lanza lograba parar cada uno de sus golpes, pero estos cada vez se reproducían con más intensidad. Era claro lo que querían hacer, agotarla con fintas y ataques simples hasta que Jill abriese un hueco donde poder atacar de lleno y acabar con ella.

Y no era mal plan. Entre el frío, la nieve y los continuos ataques, Jill no tardaría en agotarse. La soldado era consciente, apenas tenía tiempo de respirar y en poco tiempo bien podía mostrar una abertura, y entonces todo estaría acabado.

Aunque esos dos espadachines olvidaban una cosa. Jill no estaba sola. Dando un pequeño codazo a su amiga en el cuello, como si le estuviese haciendo una señal, Diotima se dio la vuelta mientras Jill daba un salto sorpresa hacia un lado. La wyvern cargó directa contra los espadachines, que intentaron cubrirse con sus espaldas, pero acabaron derribados en el suelo habiendo logrado hacer unos meros cortes superficiales en Diotima.

Por supuesto, el salto había hecho que Jill cayera al suelo, y uno de los lanceros aprovechó para acercarse a ella e intentar lo que la propia soldado había hecho con su amigo. Pero Jill fue rápida y esquivó el lanzazo rodando hacia un lado y levantándose apoyándose en su propia lanza. El enemigo intentó lanzarle otra lanza en el costado que Jill pudo desviar pero que logró hacerle un corte superficial en el abdomen. La soldado retrocedió en dirección de Diotima. Quien con un rápido mordisco mordió el cuello de uno de los dos espadachines. Sin embargo, una lanza del otro lancero se clavó debajo del ala de la dulce animal. Diotima, aún con la boca llena, lanzó un rugido infernal de dolor mientras sangre de wyvern bañaba la nieve bajos sus patas.

La herida no parecía profunda, poco más que la que había recibido la propia Jill en el abdomen. Pero la soldado temía que la animal no pudiese remontar el vuelo, no sin haber tratado el corte antes. La soldado soltó también una maldición hacia sus adentros. Esperaba poder utilizar alguna maniobra de distracción, como la que había hecho antes, para despistar a los Emergidos y obtener así algo de tiempo para montarse en Diotima y escapar de aquella emboscada. Pero esa herida había cambiado las cosas. Ahora tendría que quedarse y luchar hasta el final. Jill miró a los Emergidos con furia y determinación mientras se colocaba espalda con espalda con su fiel amiga.

-¡Soy Jill, soldado de Daein! ¡Y ella es Diotima, mi amiga del alma! ¡Ya sólo quedáis cuatro! ¡Huid o no quedaréis ninguno!-rugió Jill molesta lanza sujeta en ambas manos, estudiando el movimiento de los Emergidos.

Un lancero y un espadachín fueron a por Diotima. El lancero y espadachín restante, a por Jill. Aunque sólo quedasen cuatro, el agotamiento ya estaba haciendo mella en la soldado, y tampoco es que tuviese ninguna otra idea brillante como la de hacía un momento. Estaba en un gran problema. Si no ocurría nada que cambiase aquella situación, tenía las de perder.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Dom Ene 28, 2018 5:12 pm

Tras esperar unos segundos, no obtuvo respuesta. Hrist vaciló unos instantes, con la ventisca resonando encima de las copas de los árboles, y observando lo que tenía delante. La chica pelirroja no parecía haber reparado en su presencia. Y lo mismo podía decirse del wyvern y de los emergidos. O estaban tan absortos en su refriega que no se enteraban de lo que pasaba a su alrededor, o directamente la ignoraban. Prefirió pensar que estaban demasiado concentrados en matarse los unos a los otros. De hecho, en esos momentos, la chica esquivó rodando el ataque de uno de los emergidos, y pareció recibir una herida al bloquear un ataque. El wyvern atacó a un emergido armado con espada. Poco después, el animal también resultó herido.

-Bueno, creo no les vendría mal que les echásemos una mano, ¿eh Logi? –el animal respondió con un breve y potente bufido, que se convirtió en vaho a causa del frío. –La chica parece agotada.

Hrist ordenó a su montura que emprendiese la carrera contra los dos emergidos que se centraban en la muchacha con lanza. Uno de ellos era un lancero, así que decidió ir a por éste, aprovechándose de la ventaja que le daba blandir un hacha larga. El que llevaba espada sucumbiría sin duda al arma de la desconocida. Mientras Logi se desplazaba sobre la nieve, buscando acortar distancias, la joven de cabellos rojos proclamó a los cuatro vientos su identidad.

-Vaya, una soldado de Daein, parece que Grima ha escuchado un poquito nuestros lloriqueos, ¿a que sí, buñuelito? –comentó con voz distorsionada a través del casco a su wyvern, que se abalanzó sobre el lancero emergido. -¿Crees Jill y Diotima nos tomarán por emergidos?

En ese momento, Logi embistió con el morro al emergido por detrás, de tal forma que salió proyectado hacia arriba a causa del empujón que recibió su trasero emergido. Una vez en el aire a la altura de la mercenaria, ésta le golpeó con su hacha larga. El tacto del impacto le indicó que la hoja del hacha se había clavado en el cuerpo del enemigo. No lo partiría en dos, por supuesto, todavía no tenía suficiente poderío físico para llegar a eso, pero la herida sería notable. Cuando el emergido con lanza cayó de nuevo en el suelo, apenas un par de metros al lado de Hrist y Logi, la nieve bajo su costado empezó a teñirse de rojizo. De nuevo, eso confirmaba que el golpe había traspasado la ropa y su protección.

Acto seguido, Logi lo apresó por las piernas y volvió a repetir el movimiento de sacudida que había hecho con el anterior emergido que los había llevado a tal lugar. Lo soltó en dirección al emergido con espada que intentaba atacar a la chica, que dio de bruces con el suelo en cuanto su compañero impactó contra él por la espalda.

-¿Estáis bien? Veo que os han herido, aunque no parece nada grave. –De nuevo, no estaba segura de si decir nada o no. La tal Jill parecía tan centrada en los emergidos, que lo mismo seguía sin prestar atención a nada que no tuviese los ojos rojizos y brillantes en la oscuridad. –Si os parece, yo me encargo de éstos dos, y así podéis reuniros con vuestra compañera.

¿Diotima era nombre femenino? Sabía distinguir la inmensa mayoría de las veces a un wyvern macho de un wyvern hembra, siempre y cuando se tratase de wyverns de Nohr o Ylisse. Pero los wyvern de más allá de Akaneia… Ahí ya no las tenía todas. Pero qué más daba, nombres más raros le ponía la gente a sus wyverns, la verdad. No sería la primera vez que un iluminado le preguntaba, con voz de pito y burlona “¿Y qué clase de nombre es Logi?”.

Sin darle tiempo al emergido con espada a quitarse de encima a su compañero moribundo, Hrist lo barrió con su hacha larga. Le acertó en el brazo, y de nuevo, aprovechando la confusión, Logi le dio un certero golpe con la cola, que lo estampó contra el árbol más cercano. Y aún para asegurarse, Hrist le asestó otro golpe con el hacha, rematándolo con un profundo corte en la clavícula izquierda. Al retirar el hacha del emergido, pudo notar que había llegado hasta el hueso. El emergido cayó al suelo, con los ojos en blanco.

-Uno men… ¡A-Aaaaah! ¡Logiiii!

Casi perdió el equilibrio a causa del giro brusco que efectuó su wyvern, que gruñía molesto. Una vuelta de ciento ochenta grados que la pilló por sorpresa y por poco la hace sacar el pie del estribo derecho, pero gracias a la cual esquivó una torpe estocada del emergido lancero de antes. Estaría en las últimas, pero estaba claro que si no los mataba, no podía darles la espalda. La lanza le golpeó el pie izquierdo a Hrist, que sintió una punzada de dolor, pero las espinilleras y los protectores del empeine y los tobillos evitaron que fuese algo peor. En cuanto recuperó la postura sobre la silla de montar, devolvió el ataque al lancero, y con un potente tajo a la altura de los hombros, lo tumbó de nuevo en la nieve. Para asegurarse, le asestó otro tajo, esta vez a la altura del cuello. El que la lanza se le fuese definitivamente de las manos le confirmó que podía apuntarse otra baja emergida.

Volvió a mirar hacia el emergido con espada que se había cargado hacía escasos minutos. Comprobó que realmente estaba tan muerto como el lancero, ya que de sus heridas ya no brotaba más sangre. Echó un vistazo también a su pie izquierdo. Lo tenía un poco dolorido, ciertamente. Con un poco de suerte, no sería nada del otro mundo.

Entonces, se dirigió por tercera vez a Jill, la soldado pelirroja de Daein, que tenía que lidiar todavía con los dos emergidos que quedaban.

-¡Dos menos! ¡Ya sólo quedan estos dos!

Aunque, en lo más profundo de su ser, una vocecita que parecía una vieja del visillo escondida tras una cortina en una calurosa tarde de verano, y que se reía como un mago borracho de poder, le susurró “¿Qué te juegas que vienen unos cuantos más a unirse a la fiesta?”. Puñetas, ¿por qué siempre tenía siempre que venir el sentido común a amargarle los momentos de victoria?. La sugerencia de la vieja del visillo de su mente se instaló en su cerebro, mentalizándola de que no bajase la guardia, de que aquello no iba a ser tan fácil. “Pero esto no es Kilvas, esto es un encuentro fortuito” le rebatió a sus adentros. “Ya, ya… pero Daein no está libre del todo de emergidos como Nohr… No está ocupado, pero tampoco está liberado”. Mentalmente, corrió el visillo tras el que la espiaba la vocecita, cerró la ventana, echó el pestillo de ésta, y aún cerró los portones de madera para sellar dicha ventana. Pero la vocecita no se dio por vencida, y empezó a aporrear el vidrio desde dentro: “¡Tengo razón! ¡Y LO SABES!”.

-¡Vamos, Logi! –instó a su montura, en dirección a la soldado y su wyvern.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Miér Ene 31, 2018 1:10 pm

Jill estaba plenamente concentrada, sus ojos puestos en los dos Emergidos que estaban en frente, dispuestos a acabar con su vida. El agotamiento, el estrés, el frío, el dolor de su herida en el abdómen… Todo estaba haciendo mella en la soldado, que resistía como podía el envite de sus adversarios, utilizando todas sus fuerzas en parar cada uno de sus ataques. No podía centrarse en otra cosa, para Jill sólo existían aquellos dos Emergidos, nada más había en el mundo. Ni siquiera estaba ya Diotima, quien enfrentaba una situación similar. Antes había usado a su amiga para derrotar a uno de ellos, pero las pocas energías que le quedaban le impedían siquiera pensar en repetir el mismo plan. A Jill sólo le quedaba el más puro instinto de supervivencia más básico, el único reducto para poder seguir luchando.

Es por eso mismo que cuando uno de los Emergidos, el de que portaba la lanza, fue levantado por los aires por detrás, Jill fue completamente pillada de sorpresa. De repente, ese mundo vacío que se había creado para poder resistir la embestida de los Emergidos fue sacudido en mil pedazos.

Y en su lugar se encontraba un enorme wyvern anaranjado, el culpable de haber levantado al Emergido en volandas tras golpearlo con su hocico por detrás. Los Emergidos también había estado pendientes de Jill, por lo que no supieron reaccionar tampoco a la aparición del lagarto alado. Y uno de ellos, además de no poder reaccionar, fue no sólo alzado hasta los cielos, sino que recibió un severo golpe con un hacha larga, empuñada por una mujer, la jinete que pilotaba a ese mismo wyvern.

El Emergido espadachín tampoco quedó indemne, pues fue derribado al suelo tras ser golpeado con el cuerpo de su camarada, abiertamente herido. Jill entonces escuchó las palabras de la mujer, que le pedía que le dejase al cargo de los dos Emergidos caídos y que se centrase en los otros dos monstruos que estaban acosando a Diotima.

Jill no actuó inmediatamente. Su mirada se quedó prendada en la mujer que había acudido a salvarla. A pesar de la nieve, de la diferencia de altura por estar montada en su wyvern y por el casco que llevaba puesto, la soldado de Daein no pudo evitar fijarse en los ojos azules de su aguerrida salvadora. Quedándose en silencio, observándola como si fuera la primera vez que veía a una persona humana.

-Oh sí, v-voy ¡Voy!-soltó entre tartamudeos, saliendo de su ensimismamiento para darse la vuelta y seguir luchando.

Si aquella mujer desconocida la había sacado del combate con aquella entrada triunfal, el volverse y ver a su amada Diotima siendo todavía acosada por los dos Emergidos restantes la volvió a meter enseguida. La wyvern se defendía bien, pero los dos seres del averno no paraban de atosigarla con distintos ataques, intentando encontrar una abertura por donde poder volver a herirla. Diotima rugía de rabia y frustración, emociones que enseguida se contagiaron a su dueña.

Jill tuvo que resistir la tentación de lanzarse a por los Emergidos directamente. Más que nada, por la nieve del suelo que la haría resbalarse y caerse al suelo otra vez. En vez de eso, se acercó despacio por la espalda del que llevaba una lanza. Afortunadamente, estaban tan distraídos con el combate con Diotima que ni se daban cuenta de su presencia. Vamos, ni siquiera se habían dado cuenta de que sus otros amigos habían caído y que habían llegado nuevos refuerzos contra ellos. Estaban absortos en el combate, lo que les permitía sobrevivir a los intentos de embestida, zarpazos y mordiscos de Diotima. Pero no les iba a salvar de lo que les estaba a punto de venir encima.

Jill logró colocarse a escaso metro y medio del Emergido lancero, y empuñando su propia lanza con rabia y fuerza, perforó la armadura del enemigo. Tuvo que hacer muchísima fuerza, pero  logró atravesar la armadura y la punta de la lanza logró atravesar la piel y perforar el pulmón izquierdo de la diabólica criatura, que pillada de sorpresa no pudo más que soltar un gélido chillido de furia y dolor.

La soldado empujó entonces al Emergido herido para separar la lanza de su cuerpo, y éste se desplomó al suelo. Jill no esperó ni un instante y se dirigió hacia el otro Emergido, para lanzarle otro lanzazo directo a su cara. Esta vez, el Emergido lo esquivó, pero aquel ataque sirvió para que dejase de prestar atención a Diotima. La wyvern no se lo pensó dos veces y aprovechó el momento para volver a embestir al Emergido. Éste cayó al suelo, a los pies mismos de Jill, quien no tuvo que hacer nada más que acabar con la miseria de la existencia de aquella criatura de un solo golpe.

-Lamento muchísimo haberte hecho esperar, Diotima ¿Estás bien?-preguntó Jill a su querida amiga, mientras liberaba su lanza de otro cuerpo de Emergido.

Diotima lanzó un rugido al aire y Jill interpretó enseguida su significado. La wyvern estaba herida y un poco cansada, pero estaba contenta de haber podido acabar con aquellas criaturas.

Jill se volvió hacia su salvadora. Como le había dicho, había acabado con la vida de los otros dos Emergidos restantes. Jill se aseguró de que todos estaban muertos, rematando a los que todavía estaban con vida, antes de dirigir alguna palabra a aquella bella heroína.

-Parece que os debo una y bien gorda. De no ser por vos y por vuestro wyvern, difícilmente Diotima y yo hubiésemos sobrevivido a esta emboscada. Os doy las gracias.

Jill se apoyó a un árbol para descansar y recuperar un poco el aire. La herida del abdomen todavía seguía abierta, pero Jill llevaba una poción para hacerse cargo de la misma. Abrió una su mochila que llevaba a su espalda y sacó un recipiente, con varias raciones de medicina que llevaban consigo todos los soldados, suficiente para sanar sus heridas. Sólo que Jill no iba a bebérsela toda ni mucho menos, necesitaba también guardar la mayoría para su querida Diotima.

Pero mientras se tomaba la poción, su mirada se posaba continuamente en aquella otra mujer. Desde luego, era una jinete wyvern, pero no parecía ser de Daein. Desde luego, no llevaba el uniforme del ejército del rey Ashnard. Y su cabello y facciones tampoco eran las propias de su reino. Además, el color de su wyvern era distinto al normal en Daein, aunque lo mismo se podía decir de Diotima, por lo que tampoco era una pista aceptable. Aquella mujer era todo el misterio. Un misterio que Jill estaba dispuesta a desentrañar, ahora que parecía que estaban a salvo. De hecho, Diotima también miraba con curiosidad a aquellos dos, especialmente al otro wyvern. Menos mal que no era la época de celo…

-Mi nombre es Jill, soldado de Daein. Un placer conoceros.-saludó Jill a la mujer rubia una vez que ya parecía haber recuperado fuerzas y la poción empezaba a hacer efecto en ella.-¿Puedo saber vuestro nombre y qué hacéis por estos lares? No todos los días una es salvada de una emboscada Emergida por una providencial jinete wyvern.

Jill estaba completamente agradecida de haber sido salvada, pese a que odiaba el rol de damisela en apuros. Aun así, se sentía en la obligación de preguntar, como miembro del ejército de Daein. La soldado no creía que aquella mujer fuese una bandida o algo por el estilo, mucho menos porque un bandido jamás actuaría de esa forma. Pero estaba obligada a no bajar la guardia, no sin saber las verdaderas intenciones de aquella mujer.

Mujer a la que no podía evitar mirar a sus ojos azules, por alguna razón.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Dom Feb 18, 2018 6:55 pm

La joven pelirroja y su compañera wyvern lograron deshacerse de los dos emergidos que se habían encarado con esta última. Tras acabar con el último que quedaba en pie, la soldado se recostó contra un árbol y tomó algún tipo de brebaje curativo, para tratar la herida del abdomen y el agotamiento en general, posiblemente. La mercenaria se fijó en el wyvern que acompañaba a aquella muchacha, que parecía sentir curiosidad por Logi. Definitivamente no era de la misma raza que él. Dejando de lado que era de color verde, era de esos que, en vez de tener únicamente un par de alas y las patas traseras, tenía éstas y además un par de brazos. Brazos que no hacían de alas.

Era curioso cómo, siendo de la misma especie, su aspecto podía diferir tanto según su lugar de origen.

-Bueno, bueno… parece que ya no hay más emergidos dando la brasa. –comentó relajadamente Hrist, desmontando a Logi. -¡Uuuuuuugh! –Al poner el primer pie en el suelo, dio un resbalón a causa de la nieve acumulada. Afortunadamente, estaba bien agarrada a la silla de montar, por lo que sólo tuvo que recolocar el pie. –Qué resbaladizo…

Leches, esto en Nohr no pasaba.

–No te rías, listillo.

Su montura había girado el cuello para ver mejor cómo ponía patosamente los pies en el suelo, y respondió con un aullido ronco y chistoso a la regañina de su jinete.

–“Je, je…” –Le respondió Hrist, claramente contrariada, con los ojos empequeñecidos y un rictus en los labios, parodiando en voz baja una risa humana.  

Cuando logró poner ambos pies en el suelo sin resbalar, se acercó con cautela a la tal Jill, sin gestos bruscos que pudiesen provocar al wyvern ajeno.

-Oh, no ha sido nada, me pareció que os iría bien que os echaran una mano. –Dijo, quitándole importancia al asunto, y retirándose el casco para poder ver mejor a la chica. –Antes de meterme pregunté si necesitabais ayuda, pero me temo que estabais totalmente absorta en la pelea… ¿Cómo os encontráis? Os habían herido, si no me equivoco…

Se acercó un poco más, hasta quedar delante de Jill. La herida del abdomen, así, a bote pronto (y cubierta de ropa), no parecía que tuviese que darle muchos problemas, pero tenía que doler, eso seguro.

-Ah, sí, oí que se lo decíais a esos emergidos. –Recordó, distraídamente. -Soy Hrist, encantada. –Repuso, al ver que la soldado hacía las presentaciones formales. –Y aquél de allí es Logi.

Señaló entonces a su montura, que en esos momentos andaba entretenido cazando copos de nieve con su enorme bocaza dentada, y sacudiendo el morro cada vez que alguno se le colaba por un orificio nasal. Hrist se lo quedó mirando unos instantes, preguntándose si eso parecería poco profesional.  

-Soy mercenaria, voy allá donde pueda surgir trabajo. –Volvió a fijar la mirada en los ojos rojizos de la otra jinete de wyvern. -Hace apenas unas horas que entré en Daein desde Begnion. Y a decir verdad, empezaba a plantearme buscar a alguien que me pudiese orientar hacia el pueblo o aldea más cercano… Pasar la noche al raso en territorio desconocido, y donde puede haber emergidos, no es muy recomendable para la salud.

Fijó su vista de nuevo en la nieve revuelta del suelo, consecuencia de la escaramuza que había tenido lugar hasta hacía escasos segundos. Algunas partes estaban teñidas de rojo. Sangre emergida. Ah… los emergidos, esos grandes desconocidos que azotaban al mundo, sin motivo aparente. Pues parecía que también tenían la sangre roja, como el resto de los mortales. ¿Llegaría el día en que alguien sacase algo en claro sobre ellos?

-Veo que vuestra montura también está herida. –apuntó la mercenaria, fijándose en el wyvern de escamas verdes. -¿Tenéis suficiente material para atenderla? –Preguntó, mirando de nuevo a Jill. –Tengo alguna poción de sobra y vendajes, si vais corta de suministros.

Una cosa era limpiar y vendar una herida en un cuerpo humano, por más corpulenta que fuese. Otra muy distinta era hacerlo en el cuerpo de una enorme mole de músculo y escamas, que podía pesar casi tanto o más que un carruaje bien surtido.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Sáb Mar 03, 2018 7:06 pm

Y después de la tormenta, llegó la calma.

Claro, aquello era una forma de hablar. La nieve seguía cayendo, copiosa e incansable desde los cielos, y seguía haciendo un frío intenso, más ahora que con la parte de la armadura abierta se colaba fresquito. Las pociones cierran heridas, pero no cubren agujeros de metal. Pero al menos parecía que ya estaban a salvo. El grupo de Emergidos había caído y no parecía haber más peligro. Jill no bajaba la guardia del todo, bien podía ser que hubiese más escondidos en los alrededores. Pero sería extraño de ser así, que no hubiesen acudido antes. Igualmente, tendría que volver pronto e informar de este encuentro a sus superiores. Que haya avistado a un grupo de Emergidos en la zona era motivo de alarma. Quizás fuese la avanzadilla de algún grupo más numeroso que pretendía acercarse a la capital o alguna aldea cercana. Había que actuar con premura.

Pero ver a la mujer que la había salvado resbalarse y casi caer al suelo por la nieve rebajaba toda preocupación que la soldado daenita tuviese metida en la cabeza.

-Cuidado, mujer. La nieve de estos bosques puede llegar a ser muy traicionera.-dijo intentando ocultar una sonrisa en su rostro. Lo cierto es que la escena con su wyvern que siguió a la casi caída fue entretenida.

La mujer se acercó a Jill, esta vez con más cuidado de por dónde pisaba, y se presentó a la vez que observaba por encima la herida, seguramente para comprobar si estaba en condiciones. Lo cierto es que la poción que se había bebido le había sentado bien, y no sólo había cerrado el corte, sino que tampoco sentía ya apenas dolor. Aunque no era capaz de averiguar si es que la herida realmente había sido sanada por completo, o es que la pócima tenía también un efecto sedante.

Ante la pregunta de Jill, la mujer se presentó. Su nombre era Hrist, y el wyvern que la acompañaba se llamaba Logi. La soldado vio como el wyvern jugaba con su hocico a cazar copos de nieve, mientras Diotima se acercaba y olfateaba al otro animal, como si estuviera tratando de analizar de dónde viene o si es una amenaza. No debió oler nada raro, porque simplemente le lanzó un par de rugidos amistosos.

Hrist era mercenaria en busca de empleo. O al menos, esa fue la respuesta que le dio a Jill. Tampoco es que tuviese ningún motivo para dudar de ella. Aparentemente andaba buscando una aldea para poder pasar la noche. Obviamente, con aquel clima, dormir al intemperie era sinónimo de morir por hipotermia.

-¿Te has perdido? ¡Puedo ayudarte! Es lo mínimo que puedo hacer después de lo que has hecho por Diotima y por mí.-contestó Jill alegremente, sabedora que podría pagar tan pronto la deuda contraída con aquella mujer mercenaria.-Hay un par de aldea al norte, a los lomos de la montaña. Pero si quieres, puedes acompañarnos hasta la misma capital. Está a solo unas pocas horas de vuelo y es precisamente hacia donde nos dirigimos precisamente tras terminar aquí con estas bestias.

Efectivamente, el cuartel se encontraba en Nevassa, y ahí debía volver para hacer el informe con el descubrimiento realizado. Al menos, aquella jornada había dejado de ser tan aburrida. Ya no miraría con los mismos ojos las misiones de reconocimiento.

Hrist también mencionó la herida recibida por Diotima, y le propuso a Jill dejarle alguna de sus vendas y provisiones. La soldado respondió negando con la cabeza, mientras se acercaba con cuidado hacia su querida amiga wyvern.

-Agradezco mucho vuestra propuesta, pero no hará falta. He reservado suficiente poción para ella, y tengo vendas. Además, la herida no es grave y mi Diotima es muy fuerte ¿verdad que sí, Diotima mía?-y abrazó con cariño a su querida amiga, acariciando su cabeza antes de hacer que abriera su boca y metiera allí casi toda la poción restante. Dejó sólo un poco, que utilizó para remojar unas vendas que tenía y cubrir con ellas la herida de la wyvern.

Jill tenía confianza en que la medicina que usaba sería suficiente. Después de todo, no mentía a la hora de considerar fuerte a su querida Diotima. Pero había otra razón por la que se negaba a recibir provisiones de Hrist. La mercenaria ya había ayudado bastante a la soldado, salvándola la vida. Y no quería tener que deberla más. Su orgullo se lo impedía.

La medicina tardaría un poco en hacer efecto. Era cierto que una wyvern no era lo mismo que una persona humana, y por eso funcionaba un poco más lento. Pero Jill tuvo la oportunidad de comprobar la herida más de cerca, y efectivamente, no era nada grave.

-En unos pocos minutos Diotima estará lo suficientemente lista como para emprender el vuelo. Seguidme y saldremos todos juntos de esta montaña en un santiamén.-comentó Jill mientras se encargaba de mimar a su querida wyvern y descansar ella misma un rato. Aunque de vez en cuando, volvía su mirada hacia la mujer mercenaria, no pudiendo dejar de volver hacia ella una y otra vez sin saber realmente la razón.

Y entonces, cuando parecía que ya todo había acabado, un cuerno sonó en la distancia. Jill maldijo para sus adentros, bien sabía que el ejército de Daein no usaba cuernos. Aquello sólo podía significar una cosa. En contra de lo esperado, y de lo deseado, todavía habían más Emergidos… Y estaban cerca.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Lun Mar 12, 2018 12:47 pm

-Sí, sí, y que lo digas…

La joven Jill le comentó sobre las inoportunas molestias que podía conllevar la nieve de aquellos bosques. Había visto nevar en Nohr, no era algo que le fuese desconocido, pero allí en sus tierras nunca había tenido un resbalón así. Quizás allí la nieve tenía otra consistencia. Diantres, incluso el paisaje era diferente. Lo poco que había visto de los bosques de Daein era de vibrantes colores, incluso con la poca luz del anochecer, y desprendía un aroma a vida verde inteso. No es que Nohr no tuviese vegetación, claro, pero la sensación que transmitían las arboledas nohrias era distinta. Aquello era más silencioso, y solían desprender una extraña fragancia, mezcla de sequía, frío y penumbra (y muerte, si se trataba del Bosque de Forlorn).

Tras presentarse, y tras hacer lo propio con Logi, la soldado se ofreció a ayudarla a encontrar el camino.

-Pues va a ser que sí, creo que Logi y yo nos hemos perdido un poquito. –Admitió, con una sonrisa medio apurada en el rostro. -¡Oh, perfecto! Bueno, si no es mucha molestia… -no podía negar que le vendría bien que le echasen una mano para llegar a algún sitio habitable. -¿Hay dos aldeas por aquí cerca? Ah, donde os vaya mejor, la verdad.

Realmente, lo mismo le daba una aldea que la mismísima capital. Donde hubiese menos problemas para llegar (y lo que menos incordio supusiese para la pelirroja), allí iría. Y mucho mejor si tenía compañía. Viajar sola durante días podía ser obscenamente aburrido y tedioso.

-Ah, si no os importa, ¡os acompaño encantada! –Resolvió, al oír que la chica y su wyvern se dirigían, de todos modos, hacia la capital. –Es la primera vez que piso las tierras de Daein, qué mejor que empezar por la capital… ¿a que sí, Logi?

Se dio media vuelta para mirar a su montura, y se la encontró escuchando un par de rugidos de la tal Diotima, la compañera wyvern de Jill. Logi escuchó el primer rugido con atención, y respondió con un medio ronquido que quedó ahogado por el segundo rugido de Diotima. Logi le replicó entonces con un sonoro rugido también, que a ojos de Hrist se antojaba como un “¡YO SOY LOGI, ENCANTADO!”.
Entonces, le dio la sensación de que el wyvern reparaba en que su homóloga daenita tenía… un aspecto diferente al suyo. Estaba casi segura de que sus pupilas verticales iban de un brazo de Diotima a otro. Y de ahí, a sus alas. Seguro que se preguntaba “¿por qué tiene un par más de alas pequeñitas que no sirven para volar?”.

-Vaya, parece que la primera impresión ha sido buena entre ellos. –comentó distraídamente a su interlocutora, volviendo su atención de nuevo a ella.

Logi no parecía inquieto ni molesto ante Diotima, lo cual, conociendo como conocía al animal, era buena señal. Las pocas veces que había reaccionado mal ante un wyvern ajeno, había resultado que su jinete tenía cuestionables intenciones hacia el resto del mundo. A lo mejor los wyvern reflejaban, inconscientemente, la actitud de su jinete, y entre ellos se calaban unos a otros y se olían de qué pie calzaban los humanos que llevaban a cuestas.  

Por otro lado, Jill afirmó tener material suficiente para atender a su montura. Se notaba que le tenía mucho cariño a su compañera con escamas. Ahora que veía a la soldado abrazar a la wyvern… ¿Vería la gente lo mismo cuando Hrist abrazaba o le hacía alguna carantoña a Logi? Una chica haciéndole mimos a una enorme mole de escamas y músculos y con una boca llena de afilados dientes, hablándole con la misma naturalidad que un humano le habla a otro…
En cualquier caso, la reconfortó por dentro ver el afecto que se tenían ambas, esa complicidad que había entre las dos.

-Bueno, me alegro de que no sea nada grave.

Se acercó de nuevo a Logi, para dejar un rato de privacidad a la chica y su montura. Entonces se dio cuenta de que Logi estaba medio de espaldas. Convenientemente ladeado, de forma que Hrist no veía qué hacía.

Pero poca falta le hacía. Lo conocía desde que era una cría de wyvern que apenas le llegaba a las caderas, no iba a tomarle el pelo a estas alturas.

-¿Logi? –Preguntó Hrist, con voz suave, pero firme. -¿Qué tienes en la boca?

El animal no contestó, y se ladeó un poco más, por casualidad poco casual.

-Logi, pitufo de mi alma, no te he parido, pero casi.

Después de 7 años junto a él, desde que éste era todavía una cría, casi tenía la sensación de ser su madre, a veces. El wyvern gimió en voz baja, algo contrariado, como un niño pequeño al que han pillado escondiendo caramelos en el bolsillo para comerlos cuando sea.

–A mí no me la cuelas, -le anunció, sin vacilar. -¿Qué tienes en la boca?

La miró de reojo, y soltó un resoplido que se convirtió en vaho. Esta vez ya no intentó disimular ni ocultar nada. Miró a la mercenaria ladeando la cabeza, quien le sostuvo la mirada empequeñeciendo los ojos y enarcando ambas cejas, antes de cerrar los ojos ante el estropicio que contempló.

-Será posible… -murmuró ella, con los brazos en jarra. –No. Dame…

Logi se había adueñado de la lanza de uno de los emergidos caídos, y se estaba entreteniendo royéndola. Tenía las marcas de la dentadura a lo largo y ancho del mango, allá donde no estaba ya directamente partido en dos. Con un rápido vistazo, Hrist la inspeccionó, y antes decir nada, le arrancó la afilada hoja de bronce del extremo antes de devolvérsela a su montura. Más que tragarse la hoja de la lanza (cosa que también le daba escalofríos), le preocupaba que pudiese hacerse algún corte en la lengua. Una cosa era que se clavase una astilla de un tocón de árbol en el cielo del paladar o en las encías. Otra muy distinta era que se le clavase una hoja afilada de metal.

-No muerdas las armas ajenas fuera de combate, podrías cortarte con la hoja. Si quieres morder algo, deja que le quite primero la hoja.

El wyvern la miró serio. Soltó aire por la nariz con un ruido amortizado, poco ruidos. Sabía de sobras lo que le estaba diciendo su jinete y por qué le reprendía. Lo había entendido, se le veía en los ojos.

-Toma. –le devolvió el mango roído de la lanza, mirándolo pensativa, pero seria. Logi cogió otra vez su juguete improvisado, esta vez más contento.

No solía desobedecerla. De hecho, estaba muy orgullosa del hecho de que Logi no era un wyvern sin control que metía la boca en todos sitios haciendo caso omiso de su jinete. Por eso, por esa vez, pensó que no había necesidad de reñirlo demasiado estrictamente. Otras veces sí que había hecho alguna trastada gorda, años atrás, y había tenido que ponerse seria y firme. Sí que se hubiese enfadado si hubiese roído la lanza de Jill, pero no siendo el caso, con un breve toque de atención había suficiente.

Y de repente, algo sonó en la distancia. Logi se quedó inmóvil, como una estatua de escamas, con el mango de la lanza asomando por un lateral de sus fauces. Escuchando. Segundo después, decidió rugir a pleno pulmón, molesto por ese estridente sonido que había perturbado su rato de ocio. Un rugido que resonó entre los recovecos del claro del bosque.

-¡Tranquilo, Logi! ¡Tranquilo! –El animal estaba ¿inquieto? ¿nervioso? ¿molesto? Algo debía de haber percibido para ponerse así… -Ya está… Ya está… ¿qué pasa? –La garganta le vibró con un profundo gruñido. –Parecía un cuerno…

Volvió su mirada hacia Jill, que descansaba junto a Diotima. A juzgar por su expresión, que ni por asomo era de alivio, aquel sonido no podía traer nada bueno.

-Es… Ese cuerno… ¿Es del ejército de Daein? –preguntó, esperando la respuesta de la chica de cabellos rojos, aunque ya se imaginaba lo que le contestaría.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Dom Abr 15, 2018 3:12 pm

Y después de la calma, volvió la tormenta.

-No. En el ejército de Daein no usamos cuernos. Tampoco los usan bandidos ni grupos salvajes humanos. No, esto sólo puede ser obra de ellos.

No hacía falta aclarar quienes eran “ellos”. Eran los mismos a los que habían matado hace nada. Los mismos que llevaban meses intentando invadir, conquistar y arrasar a su amado país. Los Emergidos volvían a la carga.

La calma se había resquebrajado en mil pedazos. Hacía sólo un momento contemplaba divertida a Hrist regañando a Logi por mordisquear una lanza de los Emergidos, por temor a hacerse un corte en la lengua. Jill reía por dentro, aunque sabía que Diotima hacía de las suyas de vez en cuando. Ella no mordía armas ajenas, pues había sido entrenada desde su mismo nacimiento sobre qué cosas sí y qué cosas no podía meterse en la boca. Pero debía reconocer que alguna que otra trastada también causaba y que tenía que estar pendiente de ella casi constantemente.

Esos bellos pensamientos ya no tenían cabida en aquella situación. Si hacía unos minutos, antes de la llegada de la guerrera rubia, Jill había tenido que centrarse completamente para salvar su vida, ahora tocaba hacer otro tanto.

Sin esperar a que se terminara de recuperar, Jill saltó con elegancia y cuidado sobre los lomos de Diotima, colocándose el arnés y tomando las riendas de una wyvern que se mostraba bastante nerviosa y agitada tras escuchar ella también el cuerno. Su olfato estaba alzado y rugía con rabia. Ella podía oler a los Emergidos.

-Sé que todavía no estas listas y puede que duela un poco, Diotima. Pero necesito que hagas un esfuerzo, te prometo que cuando estemos a salvo te dejaré un buen descanso y pediré tu comida favorita.-susurró a su querida amiga mientras acariciaba su cuello con mimo para darle fuerzas y la daba una suave palmada para animarla.

Diotima soltó un fuerte rugido, provocado por el dolor de la herida que todavía no se había terminado de cerrar. A Jill le preocupó, no por el daño en sí (confiaba en Diotima y en que era lo suficientemente fuerte para soportar aquello) sino porque estuviera dando su posición a los Emergidos. Si ya antes había que salir volando, ahora igual sólo que a toda velocidad y sin tomarse un segundo siquiera para respirar.

-¡Tenemos que salir de aquí cuanto antes! ¡Sígueme!-gritó la soldado a Hrist mientras Diotima empezaba a alzar el vuelo, dando por sentado que Hrist había montado en Logi siguiendo el ejemplo de Jill.

La tormenta seguía y el cielo empezaba a oscurecerse además porque empezaba a llegar la noche. Pero la visión no fue un problema cuando Diotima se alzó por encima de los árboles. Y es que, mirase por donde mirase, podía ver Emergidos por todos lados, entre los árboles del bosque, avanzando con paso disciplinado y marcial.

No eran cuatro o cinco. Ni diez ni veinte. Ni cincuenta. Había muchos, muchísimos, tantos que era imposible contarlos con sola un vistazo rápido. Aquello no era un grupo de exploradores, o un pelotón. Aquello era la avanzadilla de un ejército.

Había que reconocérselo a los Emergidos. El que hubiesen llegado tantos hasta allí sin ser descubiertos hasta ese día decía mucho a su favor. Y parecía que querían seguir estando ocultos, porque no dudaron en atacar desde diversos frentes a ambas jinetes wyverns.

-¡Cuidado, tienen arqueros!-gritó Jill muy alarmada, tirando de las riendas de Diotima con todas sus fuerzas.-¡Arriba, arriba, arriba!-ordenó a su querida amiga, en un intento de ponerla a salvo de aquel terrible peligro.

No sólo le lanzaron flechas. También jabalinas e incluso hachas arrojadizas. Afortunadamente, Jill había reaccionado a tiempo y Diotima se elevó lo suficiente como para que ninguna de las armas lograse alcanzarla. Si las flechas eran ya peligrosísimas de por sí, con Diotima aún herida eran completamente letales.

Pero los Emergidos también tenían unos no pocos pegasos a su disposición, que tampoco tardaron nada en alzar el vuelo para lanzarse a la persecución de las dos jinetes wyvern. Jill intentó hacer un gesto con una mano para llamar la atención de Hrist.

-¡Sígueme, Hrist! ¡Intentaremos despistar a los Emergidos volando entre las montañas! ¡Rápido!-gritó a pleno pulmón Jill, esperando que la mercenaria rubia pudiese escucharla.

El plan era atrevido pero tampoco había mucha opción. Quedarse a luchar no era buena idea, porque si no podrían ser alcanzados por la infantería, especialmente  los arqueros. Había que huir y lograr dejar atrás a los perseguidores. Y luego llegar a la capital cuanto antes para avisar del contingente Emergido que estaba acudiendo.

Con todas las energías que Diotima pudo acumular, dio comienzo la persecución.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Dom Abr 15, 2018 7:33 pm

-Supongo que era demasiado pedir que no hubiese más por los alrededores… -masculló para así, con tono grave. –Yupi.

Efectivamente, sus temores se hicieron realidad: el cuerno era de origen emergido. Sin perder un instante, volvió a asir su hacha larga ante la posibilidad de un ataque desde cualquier rincón. Sin perder un segundo, montó de nuevo sobre Logi, y se preparó para entrar en combate en cualquier momento. Y sobre todo, cubrir a Jill, que en aquellos momentos se encontraba en dificult…

-¿J-Jill?

La susodicha ya estaba montada sobre Diotima, que había soltado un rugido tan fuerte que cualquier emergido a un amplio radio habría oído ya a aquellas alturas, mientras su jinete le hacía indicaciones a la mercenaria para que la siguiese en una huida precipitada hacia las alturas.

-¡Voy! ¡Voy! –atinó a responder mientras se ponía de nuevo el casco.

Indicó a Logi coger carrerilla y alzar el vuelo, siguiendo la estela de la soldado de Daein. Pasaron a través de las tupidas copas de los árboles para llegar, de nuevo, al arisco cielo del anochecer, que seguía empeñado en cubrirles de nieve segundo a segundo. Hrist volvió a sentir el frío viento azotarle el cuerpo, pese a tener la capa puesta.

-Por Anankos… -se santiguó la mercenaria. –Son muchos, demasiados… ¿De dónde salen?

Había más de los que Hrist alcanzaba a contar antes de perder la cuenta. ¡¿De dónde salían?! ¡¿De un caldero maldito escondido en las entrañas de la tierra?! Marchaban con un paso controlado y ordenado. De no ser por sus vestimentas y por aquellos ojos sobrenaturales, la wyvern rider los habría tomado por integrantes de cualquier ejército. De repente, algo cortó su tren de pensamiento.

-Uf… -Con un rápido movimiento, Logi había esquivado una jabalina muy mal intencionada. –Ha ido de poco… Oh, no… Oh, no…

El wyvern rugió molesto. Tras la jabalina, se avecinaba una lluvia de flechas, hachas arrojadizas, y aún más jabalinas. Inmediatamente hizo ganar altura a Logi… Había que salir del alcance de esas armas arrojadizas a toda costa. Buscó con la mirada a Jill, esperando sus indicaciones. Si alguien sabía el camino, o tenía una mínima idea de hacia dónde ir, ésa tenía que ser la jinete de wyvern pelirroja.

-¡Te sigo! –le confirmó con un grito. –Ah, mierda… -farfulló para sus adentros.

Una nutrida comitiva de caballeros de pegaso se acercaba a ellas como flechas. En menudo atolladero se habían metido sin darse cuenta. Menos mal que con su hacha larga lo tendría más fácil contra las lanzas de aquellas niñitas emergidas con sus ponies alados. Pero le preocupaban Jill y Diotima. Especialmente el wyvern. Sus heridas no parecían haber sanado muy rápidamente, y maniobrar con esa brusquedad tenía que ser un suplicio para ella. Los pegasos eran rapidísimos, era sólo cuestión de tiempo que alguna de ellas las alcanzase y las quisiera convertir en pinchitos plegianos.

-¡Tarde o temprano nos alcanzarán! –le dijo a Jill, mientras echaba un vistazo a Diotima para asegurarse de que no estaba peor que antes.

Siguió de cerca a Jill y su compañera Diotima, sobrevolando arboledas que se le antojaban todas iguales. Se estremeció al pensar lo que hubiese podido suceder si ella sola se hubiese topado con esa ingente cantidad de emergidos, perdida en medio de un bosque que no conocía, y en el que le costaba orientarse sin un maldito mapa y un poco de luz del día. Tenía ya el corazón a queriéndosele salir de la garganta, y eso sólo se atenuaría un poco una vez entrase en combate con alguna de las caballero de pegaso que en breve les pisarían los talones.

-¡Logi, estate al quite, en cualquier momento habrá que pelear! –Le indicó a su montura, que gruñía de tanto en tanto, quizás sintiendo de algún modo el aleteo de aquellos pegasos en la lejanía.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Sáb Mayo 05, 2018 4:27 pm

¿De dónde habían salido? ¿Cómo era posible aquello? Jill no podía parar de hacerse esa pregunta una y otra vez mientras volaba a lomos de Diotima, con toda la velocidad que su amada wyvern podía ejercer en aquel momento.

La soldado de Daein había vigilado continuamente esa ruta más veces de las que podía recordar, y en ninguna de ellas había encontrado jamás a ningún Emergido. Tal era así que había llegado a pensar que todos aquellos viajes eran una completa pérdida de tiempo. Y que si la obligaban a ir a esa zona era simplemente porque querían deshacerse de ella, y evitar mandarla al frente.

Ahora comprendía lo equivocada que había estado todo aquel tiempo. Ahora entendía la importancia de aquella misión. Si no hubiera estado allí, si nadie hubiera avisado con tiempo de que ese enorme contingente de Emergidos se estaba acercando, atravesando las montañas, muchas aldeas de la zona estarían en grave peligro. Muchas caerían en manos de aquellas indeseables criaturas antes de que el ejército de Daein, ocupado en otro frente, pudiese enviar efectivos para detener su destructivo avance. De no haber estado allí, las pérdidas podrían ser atroces para su patria.

Pero aquello no había acabado. Si no lograba escapar y regresar a la capital con vida, aquello no serviría de nada. Si moría en las montañas, lo máximo que conseguiría es que enviasen un par de exploradores más para averiguar lo que le había pasado, y no el ingente contingente de hombres y mujeres soldados que hacía falta para detener aquellas criaturas del abismo. Debía volver con vida.

Y debía hacerlo con Hrist a su lado. Esa mujer había arriesgado su vida para salvarla, no podía dejarla atrás ahora. Su orgullo se lo impedía. Le debía la vida, y era una deuda que estaba más que dispuesta a saldar.

A lo lejos oía gritar a Hrist. Desde la distancia y con el continuo aleteo y rugido de Diotima, era difícil escucharla, pero Jill bien que intuyó lo que decía. Los pegasos se acercaban a ellos más y más. Los wyverns son más fuertes y resistentes que los pegasos, pero había que reconocer que los equinos alados podían llegar a ser más veloces.

-Diotima, no queda más remedio… Vamos a tener que luchar… ¡Recuerda, Diotima! ¡Igual que en los entrenamientos!-le gritó Jill a su amada wyvern y ella rugió como respuesta afirmativa. Jill levantó el brazo con la intención de llamar la atención de su nueva aliada.-¡Sígueme, Hrist! ¡Por aquí! ¡Y prepárate para volar hacia arriba!

No supo si Hrist la había escuchado. Muy probablemente no, encima había empezado a hacer viento y eso hacía que fuese más difícil todavía el poderse escucharse entre ambas. Sólo podía confiar en la destreza de la mercenaria para poder imitarla en lo que tenía pensado hacer. Si montando en wyvern era tan buena como usando una lanza, aquello era bien plausible.

Jill condujo a Diotima rápidamente hacia la pared de una inmensa montaña nevada. Una pared prácticamente vertical, de esas que uno es incapaz de escalar a menos que tenga el equipo adecuado y años de entrenamiento encima. Normalmente, Jill se veía obligada a rodearla cada vez que iba y venía de la capital. Pero en esta ocasión, no giró en ningún momento, sino que parecía que iba directo a chocarse contra ella. Los pegasos estaban cada vez más cerca y parecía que su destino era o chocar contra la pared o tener que darse la vuelta y enfrentarse a todos ellos.

Pero no hizo ni una cosa ni la otra. Con un poderoso aleteo, Diotima se impulsó hacia las alturas en un vuelo prácticamente vertical, sorprendiendo a sus perseguidores.

Los pegasos pueden ser más rápidos que los wyverns. Pero la fortaleza de los wyverns les permite llevar a cabo maniobras bruscas con aquellas con mucha más naturalidad que los caballos alados. Los Emergidos no se detuvieron, y aunque tardaron en reaccionar, también levantaron el vuelo continuando la persecución de Jill. Pero aquello estaba planeado por la jinete wyvern.

Aquella maniobra le había permitido ganar metros frente a los perseguidores. Pero no era alejarlos lo que buscaba. No, volando hacia arriba no tardarían en alcanzarla igualmente. Pero Jill no estaba dispuesta a huir más, sino a luchar.

-¡Ahora, Diotima! ¡Maniobra Caída en Picado!-ordenó Jill a su amiga mientras tiraba de las riendas, y Diotima no tardó ni un segundo en obedecer. Rápidamente su cuerpo giró 180 grados y empezó a caer en picado.-¡¡POR DAAAAAAAAAAAAEEEIIIIIIIN!!

Mientras caía, Jill sujetó con todas sus fuerzas su lanza. Los Emergidos no eran conscientes de la que se les caía encima (literalmente) y no supieron reaccionar a tiempo cuando Diotima estaba ya prácticamente encima. Uno de ellos logró esquivar a la wyvern a duras penas, pero la lanza de la soldado daeinita derribó a la jinete emergida, haciéndola caer en el abismo. Diotima pegó un mordisco al ala de otro pegaso mientras caía, y el daño fue tan grave que el animal equino perdió el equilibrio y chocó contra la pared de la montaña. El jinete que lo montaba cayó y su cuerpo chocó con un tercer pegaso, logrando tirar al jinete que lo montaba.

Tres de golpe. Jill no esperaba que le hubiera salido tan bien la jugada. No era nada nueva, era una de las maniobras clásicas que se entrenaban en el ejército de Daein. Pero nunca la había probado en un combate real, y ver tan fantásticos resultados la llenaban de orgullo.

Sin embargo, todavía quedaban pegasos perseguidores. Al llegar a ras de suelo, Diotima volvió a levantar el vuelo, y Jill trató de mirar en busca de Hrist, esperando que ella también estuviese a salvo y escapar juntas de aquella contienda.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Miér Mayo 09, 2018 5:23 pm

Unas inoportunas ráfagas de viento hicieron acto de presencia en plena persecución. Como si no tuviesen ya suficiente con una alfombra de emergidos ansiosos por hacerlas trizas y una pandilla de caballeros de pegaso marcándolas desde cada vez menos distancia.

-Maldita sea… Este país nos tiene manía. –se quejó Hrist para sus adentros.

A duras penas podía entender lo que le decía Jill, que iba unos metros más adelantada que ella. Lo que sí que oía cada vez más cerca eran los aleteos de los pegasos. De repente, se percató de que ante ellas se levantaba una gran pared vertical, inexpugnable a menos que uno fuese una cabra montesa con antojos de sales minerales propias de la tierra que la componían. Iban directas hacia ella, pero la mercenaria supuso que la rodearían por algún lado.

-Eh… ¡Sí! ¡Sí!

Aunque no estaba muy segura de lo que le había gritado Jill. Le había parecido entender que le indicaba que la siguiese (que, por otro lado, sería lo que mandaría el sentido común). Vio a Jill ir directa hacia la enorme pared. Derecha o izquierda, no quedaba otra. De haber estado sola, habría intentado la misma maniobra que le había funcionado en Kilvas: hacer que Logi recogiese las alas y perdiese altura durante unos segundos para que el perseguidor le pasase por encima y así poder pillarlo por la espalda o por debajo. Pero tenía que seguir a Jill, y las condiciones atmosféricas no favorecían una comunicación oral fluida y sin interrupciones.

-Ha.. ¿Hacia arriba? –musitó atónita.

Jill había empezado a ascender, totalmente en vertical, por la pared. ¿Cuál era el propósito? Despistar a las caballero de pegaso seguro que no, Jill iba adelantada a Hrist y tendrían tiempo de empezar a subir sin estamparse contra la pared…

Poco importaba. La mercenaria indicó a Logi que hiciese lo mismo, y al cabo de poco se situó a escasos metros de la otra jinete de wyvern. Tres caballeros de pegaso emergidos les siguieron, si bien un par más ya habían ganado altura con anterioridad y se dirigían hacia ellas como un proyectil emergido.

-Las tenemos casi a…

Hrist no pudo acabar la frase. Jill y Diotima dejaron de ascender… para caer en picado.

-¡Jill!

¡¿La habían alcanzado?! No, no les habían lanzado nada, no llevaban jabalinas… ¿Habría llegado Diotima al límite de sus fuerzas? Lo único que la mercenaria atinó a oír fue el estruendoso “¡¡POR DAAAAAAAAAAAAEEEIIIIIIIN!!” de la soldado pelirroja. Había que pensar rápido… ¿Había alguna manera de llegar rápido hasta ellas para ayudarlas a aferrarse a la pared y frenar su caída?

-¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?! –un fuerte rugido de Logi llamó su atención. -¡Maldita sea! ¡Qué pesadas!

Las dos caballeros de pegaso que se les habían adelantado iban flechadas hacia Hrist y Logi. Jill y Diotima debían de haber encontrado la manera de frenar su caída estrepitosa. No había tiempo que perder, tenía que hacer algo, Esquivarlas o atacar. Esquivarlas o atacar. Esquivarlas…

-Pues nada, a tomar vientos… -farfulló la mercenaria, fijando sus ojos en el objetivo, con la mandíbula en tensión.

Ordenó a Logi acabar de acercarse a la pared. Y de ahí, cogió impulsó y se lanzó de cara a las dos emergidas en pegaso, abalanzándose sobre ellas. Los pegasos podían ser rapidísimos y tener mucha resistencia ante la magia, pero físicamente eran frágiles como un exclusivo jarrón perteneciente a alguna antigua dinastía de antaño. O lo que era lo mismo, comparados con un wyvern, eran de “mírame y no me toques”.
La primera caballero intentó frenar en vano, y acabó estampándose contra el denso cuerpo del wyvern, que ni siquiera perdió velocidad tras el impacto. La emergida y su montura aún salieron despedidas un par de metros hacia atrás, chocando contra la segunda caballero de pegaso, que intentaba rectificar la trayectoria para esquivar a su compañera. Pero lo único que logró fue que la primera golpease el ala de su pegaso y le hiciese perder el equilibrio. Logi apresó contra sus garras al primer pegaso, y su jinete quedó a merced del hacha larga de Hrist. Mientras ésta forcejeaba con al emergida, Logi se encargó de neutralizar al pegaso yendo directamente a por su cuello. Hrist esquivó la estocada con la lanza, que pasó lo suficientemente cerca de su casco como para poder aferrarse a ésta y arrebatársela de las manos a la emergida.

-¡Argh! -Una penetrante punzada de dolor le taladró justo encima del codo izquierdo. –Mierda…

La otra caballero de pegaso se les había acercado por detrás y no había perdido el tiempo en atacar. Logi propinó un rápido coletazo al cuello del pegaso, que salió despedido hacia un lado, balanceándose peligrosamente hacia derecha e izquierda. Había que aviar esa pelea rápido.

-Muy bien, se acabó lo que se daba.

Apresó a la caballero de pegaso por ambas muñecas con un agarre firme. El dolor en el codo izquierdo era intenso y le impedía maniobrar con la misma fuerza que con el derecho, pero ignoró el dolor y no cedió.  Tiró de la caballero de pegaso. Logi retrocedió y soltó el cuerpo inerme del caballo con alas, obedeciendo al toque de estribos de su jinete. Al siguiente instante, la emergida se precipitaba al vacío mientras soltaba un siniestro y desgarrador alarido.

-Vale. Siguiente…

Encaró a Logi hacia la segunda emergida en pegaso. Echó un rápido vistazo a la zona que le dolía. Efectivamente, la lanza de la emergida había penetrado el guardabrazo izquierdo, justo encima del codo. Tendría que buscar a algún armero o herrero en la capital para que se lo reparase. Ir por ahí con un agujero en la armadura era como bañarse en aceite y acercarse a una hoguera: pedir a gritos que atacasen en el punto al descubierto.
La sangre que salía era oscura y no salía precisamente a borbotones, con lo cual no había acertado ninguna arteria, sino una vena. No sangraba en exceso, pero no era conveniente dejar la herida sin atender demasiado rato. En cuanto llegasen a un lugar seguro se quitaría la protección de todo el brazo y se limpiaría a conciencia la zona. Tal y como le había enseñado su madre, una herida pequeña pero que se infectaba podía ser tan mala como un gran corte que sangraba profusamente. Tomó nota mental de pedirle a mamá que le enseñase algunas cosas más sobre cómo atenderse las heridas uno mismo.

Por el rabillo del ojo adivinó al enemigo aproximarse a ella a toda velocidad. Lo malo era que no veía a Jill. Tampoco tenía tiempo para entretenerse buscándola. Reemprendió la marcha en las alturas, dando vueltas en círculo, con tal de que el pegaso no pudiese ganar velocidad y alcanzarla por detrás.

-¡Jill! ¡Jiiiiill! –gritó a través del casco. -¡Jiiiiill! ¡¿Estás bien?!

La soldado no podía andar muy lejos, seguramente podría localizarla con un par de gritos y reagruparse con ella. De repente, la caballero de pegaso dejó de perseguirla y empezó a descender en picado. Hrist sospesó rápidamente las posibilidades. O estaba huyendo, o era una trampa… O iba a por Jill.

-Vamos, no la perdamos de vista.

La mercenaria persiguió a la emergida, con la urgente sensación de que no era una mera retirada o una treta. A lo mejor Jill estaba en apuros e iban a rematarla.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Vie Jun 08, 2018 6:04 pm

Diotima desplegó al máximo sus alas, frenando de golpe la caída en picado y empezando a planear por la ladera de la montaña. Aquella maniobra la habían practicado decenas de veces en los entrenamientos, pero Jill temía que por la herida que había sufrido su querida wyvern, pudiese costarle más hacerla o incluso fallar en el momento crítico. Pero no, la ejecución del ataque había sido perfecta, dejando completamente descolocadas a las emergidas perseguidoras que habían sobrevivido a la carga.

Por el rabillo del ojo, Jill podía ver que ya sólo tenía a dos jinetes pegasos persiguiéndola. Imaginaba que el resto, o estaban muertas, o la habían perdido, o habían cambiado su objetivo por Hrist. Motivo por el cual la soldado daenita debía reunirse cuanto antes con la mercenaria. Pero para poder hacerlo, aún tenía que encargarse de un par de moscas molestas.

-Muy bien hecho, Diotima ¡Cada día estoy más orgullosa de ti!-alabó Jill a la wyvern, la cual contestó con otro rugido que la soldado interpretó de satisfacción.-Ya sólo tenemos a dos más detrás de nosotras. Espero que te hayas quedado con hambre…

Dicho y hecho, Jill tiró de las riendas para hacer que su querida Diotima diese un giro de ciento ochenta grados y se encarase contra sus perseguidoras. Cuando estaba siendo perseguida por todo un pelotón de jinetes pegasos, la opción lógica y sensata era huir, pero cuando ya sólo quedaban dos, la soldado de Daein se veía más que capaz de hacerles frente. Los jinetes pegasos podrían valer contra magos y unidades frágiles. Pero contra un enorme, temible, fiero y hambriento wyvern, esos ponis con alas tenían todas las de perder.

Cuando las jinetes pegaso vieron que su “presa” se daba la vuelta y decidía plantarles cara, no se asustaron y seguían avanzando en su dirección. Era lo esperado, los Emergidos no sentían miedo. Y para Jill y Diotima aquello era perfecto. Porque ahora ellas dos se habían convertido en las presas, y no iban a permitir que huyeran.

Una de las dos jinetes tenía una jabalina, que arrojó contra Diotima, fallando estrepitosamente gracias al aire que hacía en las montañas. Por muy preparados para el combate que fuesen aquellas criaturas, no parecían acostumbradas a luchar en aquel clima, lo que era otra ventaja para la soldado daenita y su leal compañera. Jill decidió aprovechar la oportunidad, y antes de que aquella Emergida pudiese utilizar otra jabalina, guió a Diotima para cargar contra el pegaso.

Las fauces de Diotima intentaron cerrarse sobre el cuello del animal, pero éste lo esquivó levantando la cabeza hacia arriba. De nada le sirvió, donde no llegó los dientes de la wyvern, llegó la lanza de Jill, con una estocada certera. La muerte del animal fue casi instantánea, y la fuerza de gravedad hizo el resto.

No hay mucho suspense, el otro pegaso sufrió un destino similar. Mientras Jill estaba ocupada con su compañera, la jinete wyvern intentó atacar a Diotima por un flanco. Sin embargo, Diotima la vio venir y desvió el ataque con una de sus patas. La soldado y la jinete pegaso intercambiaron entonces varios golpes en el aire, hasta que al final Jill prevaleció, hiriendo a la propia jinete en el abdomen y derribándola de su montura.

-Jinetes pegaso, bah. Como si tuvieran alguna oportunidad contra ti ¿verdad que sí, Diotima?-alabó a su amiga wyvern mientras acariciaba dulcemente la cabeza de la misma, la cual contestó con otro rugido alegre.

Parecía ser que la medicina había ya hecho el efecto necesario, y la wyvern ya se encontraba bien, salvo quizás un poco cansada. Aquello era todo un alivio, pero nada había terminado aún. Debía volver cuanto antes a la capital para informar del avance Emergido. Y debía encontrar a Hrist ¿dónde se había metido?

Una sombra cubrió el rostro de Jill. Diotima también lo notó. Y de puro milagro, logró esquivar al pegaso que se abalanzaba desde las alturas en picado hacia ellas dos.

-¡Maldita sea! ¡Será copiona! ¡Esa era nuestro ataque!-gritó Jill cabreada, recuperada del susto, cuando vio como el pegaso desplegaba las alas para frenar su caída. Efectivamente, había usado el mismo ataque ensayado con el que Jill y Diotima habían derrotado a tres pegasos escasos minutos antes. Esas criaturas aprendían rápido.

Entonces, Jill se fijó en que venía también una wyvern ¡Era Hrist! E iba viniendo hacia donde se encontraban ellas dos. La jinete pegaso que las había atacado se había dado cuenta de ello, por lo que, una vez fracasado su intento de matar a Jill, decidió batirse en retirada. Una decisión lógica, sin el factor sorpresa no tenía ninguna posibilidad contra las dos jinetes wyverns al mismo tiempo. Jill guió a Diotima hasta donde estaba la mercenaria.

-¡Hrist! ¡Logi! ¡¿Estáis bien?! ¡¿Os han hecho daño?!-gritó desde su montura Jill, cuando consideraba que ya estaba lo suficiente cerca como para ser escuchada.-Por aquí todo bien, nos hemos desecho de la mayoría de pegasos. Pero no pienso quedarme a esperar a que manden más ponis contra nosotras. Debemos llegar a Nevassa cuanto antes. Por suerte, no nos hemos desviado apenas del camino ¡Vamos! ¡Hay que alertar al ejército cuanto antes!-y sin necesidad de decir más palabras, agitó las riendas para marcar el camino a casa. Y con alivio en su corazón, al saber que la mujer que había salvado su vida se encontraba a salvo ella también.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Miér Jul 18, 2018 12:54 pm

La forma en que blandía la lanza delataba las intenciones de la caballero de pegaso emergida. Debía de haber considerado que Jill y Diotima estaban más al alcance. Hrist seguía a su objetivo a una distancia moderada, pero al ver que la soldado y su montura iban a esquivar el golpe, ordenó a Logi acelerar para intentar darle por detrás.

-¡Ugh!

El golpe del hacha larga de Hrist cortó el aire con sequedad, y silbó al vacío, puesto que el objetivo alcanzó a escapar. Por los pelos. Unas cuantas plumas de pegaso, y un fino manojo de pelos (ue Hrist identificó como del mismo color que la cola del animal), quedaron flotando en el aire, delante de ella, agitados por la ventisca y por el impulso de la trayectoria de su arma. La emergida estaba huyendo. Ordenó a Logi frenar, dado que ya había encontrado de nuevo a Jill.

-¡No es nada grave! –respondió Hrist, echando de nuevo un rápido vistazo a la herida de su brazo izquierdo. La mancha se había extendido, pero no a un ritmo alarmante. Mientras no maniobrase en exceso, el sangrado iría más lento. -¡¿Vosotras estáis bien?!

Ya más tranquila al ver que la otra jinete de wyvern y su montura estaban a salvo, se acercó a ellas para hacer piña y evitar que ambas se convirtieran en posibles objetivos aislados y separados.

-Bueno, parece que Diotima se encuentra mejor… -Observó unos instantes el wyvern de la chica pelirroja. Se le veía la herida todavía, pero ya no sangraba, y tenía aspecto de empezar a cicatrizar. –Ah, ¡No es nada grave! –Repuso al ver que miraban su brazo manchado de sangre. –El sangrado está parando, pero no me ha dado en ninguna arteria, sólo hay que vigilar que no se infecte y no hacer sobreesfuerzos. –Concluyó, diciendo la frase que había oído a Mamá decir cientos de veces en casos asó.

Echó un rápido vistazo a su alrededor, en busca de alguna pista sobre si había más emergidos cerca o no. Pero el estruendo de la ventisca y la violencia de las corrientes de aire hacía muy complicado ver entre los copos de nieve que se arremolinaban hasta detrás de las orejas.

-Me cargué a una de las emergidas, pero la otra descendió de repente. –Explicó, recobrando el aliento. El aire frío de la ventisca le estaba congelando las fosas nasales. –Veo que decidió ir a por ti… Vale, ¡Te sigo!

Hizo virar a Logi, y se colocó al lado de Jill, un poco detrás de ella, para poder seguirla en todo momento.

-¿Nevassa? Es la capital, ¿no? –inquirió. La dificultad para ver a su alrededor le hacía incluso dudar de lo que, hacía escasas horas, estaba segura. -¿Estamos muy lejos de Nevassa?

Estaba a punto de preguntarle por los herreros de Nevassa, por si le recomendaba alguno en concreto, cuando algo llamó su atención. Toda una procesión de diminutos puntos brillantes se adivinaban entre las tupidas copas de los árboles, ya de por sí cubiertas de una gruesa capa de nieve. Empequeñeció los ojos, en un intento por afinar la visión, pero sin resultado.

-Oye, Oye… -llamó la atención de Jill. -¿Eso de ahí qué es? ¿Se ha calado fuego o algo a algún pueblo?

Justo entonces, pasaron por encima de un generoso claro en las tupidas espesuras que hacían de techo al bosque. La mueca de frío de Hrist degeneró en una de horror al darse cuenta de lo que realmente había visto.

-Antorchas… -Tragó saliva. -¡Jill! ¡Son emergidos! –Alertó en voz baja a su acompañante. -¿Qué hacemos? ¿Nos alejamos un poco?

Sólo faltaba que aquella nutrida comitiva de emergidos las detectase, cosa que también podían evitar pasando de largo sin hacer nada que llamase la atención. Supuso que Jill sabría reconcoer la zona para informar con detalle a sus superiores.

-Son muchos… -le dijo tan bajo como pudo. –No tenemos la más mínima posibilidad sólo nosotras dos…

Se la quedó mirando, dando alguna mirada furtiva a los emergidos de allá abajo, esperando que realmente el objetivo de ella fuese volver a la seguridad del cuartel para que mandasen a tantos efectivos como fuese suficiente. Casi prefería seguir huyendo con unos cuantos pegasos pisándoles los talones, que estar entre ceja y ceja de aquella ingente cantidad de enemigos.

-Jill, ¿qué hacemos?

Al fin y al cabo, la soldado era ella. Hrist era una mera mercenaria, y si por ella fuese, huiría a toda velocidad hacia el asentamiento más cercano a dar la voz de alarma.
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Jill el Lun Jul 23, 2018 1:46 pm

-Motivo de más para llegar a Nevassa cuanto antes. Ahí te podrán mirar el brazo y atenderlo como es debido.-Jill volaba ahora justo al lado de la mercenaria, y pudo ver con claridad la herida que se había hecho la mujer en el brazo. Afortunadamente, y como ella había dicho, no parecía ser nada grave. Sin embargo, no quería correr riesgos.

Diotima soltó un rugido alegre. Efectivamente, se sentía ya bastante mejor. La poción había terminado de hacer efecto. Aunque igual que con Hrist, Jill quería que le echasen un vistazo a la herida de su querida wyvern, por si las moscas. Pero por lo menos, sabía que podría aguantar hasta llegar a casa.

-Esa Emergido que me atacó logró huir. Seguramente habrá ido para solicitar refuerzos. Me parece bien, aunque sea tentador, no pienso esperar para recibirlos. Avisar a la gente de Nevassa del ataque Emergido es primordial ¡Sígueme!-y empezó a emprender el viaje volando a gran velocidad, con la mercenaria siguiéndola justo detrás de ella. A pesar del aire y el viento, la soldado pudo escuchar a Hrist preguntarle acerca de la distancia que faltaba para llegar a Nevassa.-Sí, Nevassa es la capital. Como te comenté, está a poco más de dos horas de vuelo.-Jill no culpaba a Hrist de haberse olvidado. Con tolo lo que había pasado en tan poco tiempo, era lo más normal del mundo.-No nos hemos desviado de la ruta, vamos por buen camino.

Jill guio a Hrist hasta la montaña que había utilizado para derrotar a los pegasos perseguidores, pero en vez de elevarse hacia arriba, la rodeó como era natural. Desde ahí sólo tenían que seguir hacia el norte. Un camino arduo y sinuoso, mucho más con aquella nevada, pero montada en wyvern era poco más de un paseo.

Fue entonces que Jill empezó a ver unos puntos rojos en el horizonte. Hrist también los vio, se producían entre los distintos árboles. La mercenaria preguntó si era posible que se tratase de un incendio. Jill negó con la cabeza.

-Si fuese un incendio, habría una columna de humo o algo peor. Y no hay ninguna aldea, es todo bosque. Por la diosa ¿qué será…?

La respuesta se hizo evidente enseguida cuando sobrevolaron por encima de un claro y pudieron ver sin dificultad a los portadores de alguno de esos puntos rojos y brillantes. Aquello era definitivamente antorchas, tal y como las identificó Hrist. Aunque no era de noche, el frío obligaba a su uso. Aunque era sorprendente que fuesen capaces de mantenerse encendidas a pesar de la tormenta.

Aun así, el problema no eran las antorchas en sí. El problema era aquellos que las portaban ¡Más Emergidos!

Jill sintió rabia, sintió enfado y al mismo tiempo sintió desesperación. Pero ante todo, desconcierto ¡¿Cómo era aquello posible?! Ella había utilizado esa ruta para en la ida y no había encontrado indicios de ninguno de esos Emergidos ¡¿Cómo habían llegado hasta allí sin que fuesen vistos hasta ahora?!

Hrist le preguntó si lo mejor era alejarse, lo que permitió sacar a la soldado del estado de shock en que había entrado. Jill se limitó a asentir y volaron hacia arriba, haciendo un pequeño rodeo para no ser descubiertas. Afortunadamente, no fueron descubiertas aquella vez, y no volvieron a ser perseguidas.

-¿Cómo que qué hacemos? ¿Es obvio, no? ¡¡Legar a la capital cuanto antes!! ¡¡Hay que avisarlos a todos!!-el pulso de Jill estaba aceleradísimo. Su cabeza todavía no alcanzaba a comprender aquella situación. Podía llegar a entender, hasta cierto punto, que no hubiese visto hasta hoy mismo el grupo que les había perseguido ¿pero ese nuevo grupo? ¿Acaso había cometido un error? ¿Acaso había bajado demasiado la guardia? ¿Acaso había supuesto tan descaradamente que no iba a encontrar nada que se le ha escapado algo tan grande? ¿Acaso había fallado en su deber?

Las dudas poco a poco se iban convirtiendo en tormento para la propia soldado. Menos mal que Diotima no se comía tanto la cabeza con esas cosas, y se sabía de sobra el camino de regreso a casa. No fue hasta varios minutos después que Jill logró recuperar el control. Todavía no se encontraba del todo bien, pero sabía que deprimirse no serviría de nada. Primero llegaría al cuartel de la capital para avisar de la invasión. Después pelearía junto al resto de soldados para defender su patria. Y ya luego, cuando todo hubiese acabado, podría investigar cómo había sucedido todo aquello.

La tensión del momento hizo desaparecer toda posible sensación de frío durante todo el viaje. Diotima rugió varias veces, no estaba acostumbrada a volar a toda velocidad durante tanto tiempo, y a Jill le dolía tener que exigirle tanto a su amiga, pero la situación no permitía otra cosa. La velocidad fue tal que la capital era visible en hora y media, en vez de las dos horas habituales.

En circunstancias normales, Jill le hablaría a Hrist de la ciudad, de la arquitectura, de lo que podía encontrar dentro, dónde comer, dormir y divertirse. Pero no ahora. Ahora fue a un pequeño fortín a las afueras, donde se encontraba un destacamento del ejército de Daein reposando después de hacer sus respectivas rondas por otros lares.

-¡Vaya, si es la hija de Shiharam!-la saludó uno de los jinetes wyverns nada más bajarse ella de Diotima, un capullo que a Jill no le caía bien.-¡Has tardado más de la cuenta en volver! ¡Y oye! ¿Quién es la chica guapa que te acompaña?
-¡No hay tiempo para presentaciones! ¡Emergidos! ¡Muchos! ¡Dos pelotones enteros, a menos de dos horas en wyvern! ¡Vienen del sur directos a la capital! ¡¡Hay que dar la alarma YA!!

La cara de arrogancia del jinete pronto se volvió en pánico. Estaba clarísimo por el tono de voz que Jill no mentía en absoluto. El jinete fue en dirección a sus colegas y pronto corrió la noticia por todo el fortín.

Jill había dado la noticia. Su misión como vigia había terminado. Pero todavía quedaba lo peor. Ahora tendría que prepararse para luchar junto a sus compañeros contra los Emergidos. A Jill casi le da una carcajada ¿no deseó hacía solo unas horas el poder estar en el frente? Era irónico, pero a veces los sueños se cumplen, solo que de maneras que uno no desea. La soldado se volvió entonces hacia Hrist ¿y ella qué haría?

OFF:
Propongo que si quieres postees una vez más, y luego cerremos aquí. La segunda parte de la campaña la podemos continuar con Pelleas a partir de entonces ¿qué te parece la idea? Espero que el post te guste ¡¡Nos leemos!!
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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Hrist el Miér Jul 25, 2018 6:47 pm

-Ah, cierto, cierto, me lo has dicho antes… -dijo, rascándose un poco la nuca, por inercia.

Hrist ya no se acordaba de haberlo oído antes, y temía que tantas emociones fuertes imprevistas le estuviesen reblandeciendo la memoria. De todas formas, dos horas de vuelo no eran nada del otro mundo sin ventisca, pero en ese lugar, tenía claro que se le iban a hacer eternas. Siguió de cerca a Jill el resto del camino hasta la montaña empinada donde se habían separado, y esa vez la rodearon de forma lógica y sin dos pegasos pisándoles los talones. Y tras la montaña, vino el claro por donde se adivinaba una nutrida procesión de puntitos luminosos… antorchas.

-Nada bueno, me temo. –murmuró Hrist, empequeñeciendo los ojos para afinar más la vista entre los copos de nieve que le azotaban la cara con violencia. Estaba a punto de preguntarle cuál era la deidad de Daein cuando Jill decidió proseguir con el camino. –Te sigo.

Dieron un rodeo alrededor del claro para evitar llamar demasiado la atención, durante el cual Hrist empezó a digerir lo mucho que se les estaban complicando las cosas a medida que pasaban los minutos. Todo había empezado con dos o tres emergidos que la habían acosado de la nada mientras vagaba por los cielos enfurecidos de Daein. De ahí, dio con Jill y Diotima, hostigadas por unos cuantos emergidos más. En pocos minutos, un cuerno de guerra había anunciado que se les echarían más emergidos encima. Y huyendo de lo que podía seguir a ese cuerno, unas cuantas caballeros de pegaso emergidas les habían hecho la vida imposible hasta hacía escasos segundos.
Y luego, aquello. Una cantidad ingente de emergidos, que no tenían pinta de estar dando un paseo vespertino por aburrimiento.

-Qué cantidad tan absurda de emergidos… -acertó a comentar, aún con una mueca de incredulidad en la cara. –Si iban con antorchas y tan organizados es que no estaban cambiando el sitio de acampada…

Imaginarse el dormir al raso en le bosque, junto a Logi, con tal número de emergidos marchando por los alrededores, le dio una sensación de vacío en el estómago. Pasar la noche al raso podría haber sido muy mala idea. Incluso la última que podría haber tenido en su vida.
Dio gracias al Eterno por haberse cruzado en el camino de Jill y Diotima, que en aquellos momentos lideraban el camino hacia un fuerte del ejército de Daein. Agradecida por poder estar rodeada de un poco de civilización de nuevo, descabalgó de Logi al ver que Jill hacía lo propio con Diotima. Aún no había tenido tiempo de manifestar lo bello de estar rodeada de humanos, que ya oyó a Jill dar las “buenas” nuevas a voces para que la oyese cuanta más gente mejor, incluido el soldado que se les había acercado a saludar.

-Vaya noche más animada que nos espera… -dijo a Logi mientras le quitaba la capa de nieve del morro y la cola. El animal respondió con un bufido agudo, casi como un silbido. –Estás cansado, ¿eh? Yo también… Pero mira, por lo menos ya hemos dado con un fuerte del ejército.

Dicho eso, giró unos instantes para ver qué hacían los demás. Todo cuanto pudo ver eran soldados corriendo de un lado al otro, presas del pánico, vociferando órdenes, moviendo cosas de sitio, y repartiendo material para estar listos. Debieron de juzgar que el ataque sería inminente, porque en sus caras no había la anticipación a algo que se veía venir inexorablemente. Era la anticipación a algo que en pocos segundos les iba a estallar en la cara. Y entre todo el caos, vio a Jill, mirándola, pero no parecía tener claro qué decirle.

-Mmm… Ya sé que aquí los soldados sois vosotros, pero… Podemos ayudar, ¿no? –preguntó con un atisbo de sonrisa apurada, no muy segura de si aceptarían de buen grado la ayuda de una mercenaria y su wyvern con signos de empezar a fatigarse, o de si le gritarían que aquello era cosa de los daeinitas y que los civiles extranjeros debían mantenerse al margen.

OFF:

Me parece perfecto, con este post mío podemos ya mandarlo a cerrar, si te parece.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Wyvern Master

Cargo :
Mercenaria

Inventario :
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Hacha larga de acero [4]

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
682


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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

Mensaje por Eliwood el Lun Jul 30, 2018 1:22 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Jill ha gastado un uso de su lanza de bronce.
Jill ha gastado un vulnerary.
Hrist ha gastado un uso de su hacha larga de bronce.

Ambas obtienen +2 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3434


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Re: [Campaña de liberación] ¡Emboscada! [Privado Hrist]

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