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La inteligencia es la capacidad de adaptarse a los cambios {Campaña de liberacion} [Bahîr, Kuroyuki]

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La inteligencia es la capacidad de adaptarse a los cambios {Campaña de liberacion} [Bahîr, Kuroyuki]

Mensaje por Kuroyuki el Jue Dic 28, 2017 10:47 am

¿Era un sueño o una pesadilla? Habían pasado poco más de dos meses desde que la reina de Sindhu llevó por la fuerza a Kuroyuki hasta la capital, alejándola de lo que era su hogar: La selva. Y pocas semanas desde que Sissi diera por rehabilitada a la problemática manakete, ofreciéndole un hueco en su corte del palacio y devolviéndole su fuente de poder. Era un periodo de tiempo en el que Kuroyuki aún estaba acostumbrándose a su nueva forma de vida, a pesar de lo entretenidas que le resultaban las tareas de sirvienta no podía evitar la sensación de sentirse apartada de la naturaleza. Pero no podía volver a la selva sin más e iniciar un bucle de idas y venidas a palacio que pretendería ser eterno. Por muy difícil o doloroso que fuera, debía hacer de la civilización su segunda casa, tal y como padre y madre hicieron antes de que ella naciera.

La actividad de palacio no cesaba nunca, pero ese día Kuroyuki había sido destinada relativamente lejos de la capital, debía aguardar a la llegada de un grupo de personas a las afueras de la ciudad. Un dragón era la mejor alternativa de las que existían -exploradores, pegasos, caballeros...- a la hora de encontrar a los invitados y escoltarlos con seguridad. La manakete supuso que una o más personas eran de especial importancia en aquella comitiva, o simplemente quería evaluar cómo se comportaría en ese tipo de labores. Sea fuera o dentro de palacio, ella no dejaba de ser criada de la corte y de tal modo se comportaría con los invitados.

La vista aérea mostraba un contraste notable entre las estructuras de la urbe y las zonas boscosas que la rodeaban. La densidad de la arbolada no hacía más que crecer cuanto más alejada estaba de la costa, hasta dar paso al inicio de la jungla. Allí, la exhuberante vegetación lucha por obtener la mayor cantidad de superficie solar, haciendo que desde el aire solo se vea un manto verde uniforme, siendo imposible vislumbrar que o quien se encuentra debajo del entramado de ramas y hojas. Sin lugar a dudas, viniendo desde la universidad, habían tenido que atravesar parte de la selva. No era una experiencia cómoda para aquellos que no estaban familiarizados con ella, a pesar de los caminos que se habían levantado para mejorar la logística y evitar que los viajantes se perdieran. Kuroyuki estaba sobrevolando dicha carretera para encontrarlos, ya fuera de la selva si no se habían retrasado.

No se había alejado mucho de la ciudad cuando los divisó, a menos de una hora a pie, un cúmulo de pequeñas cabezas desde las alturas. Con un ensordecedor rugido, el dragón alerto a los viajantes e inició un fuerte descenso hacia ellos. A gran velocidad, más parecido a un picado agresivo que un aterrizaje, el gran tamaño que tenía en su forma ancestral habría chocado con el convoy de no ser por que ella se transformó en su forma humana. A unos veinte metros de altura y cien de distancia, el dragón negro se envolvió en sus alas y emitió un destello rosado que menguó considerablemente en un par de segundos. El haz de luz dio paso a una niña de pelo negro, ojos dorados y alas de mariposa, las cuales le permitieron planear la distancia restante hasta el encuentro con los humanos.  Tomó tierra suavemente con sus pies descalzos -un capricho de ese día, quería huir del calzado-, sacudiendo y enderezando la falda de su vestido de sirvienta -negro también-, ignorando el estupor de alguno de los hombres.

Hasta hace poco tiempo, ella había sido la pesadilla de los nuevos habitantes de Sindhu, aunque no llegara a herir de gravedad o matar a nadie, su reputación aún estaba bajo tela de juicio y críticas. Ella lo sabía, pero le daba igual ese hecho, simplemente seguiría cumpliendo la labor que se le había encomendado. - Sed bienvenidos a la capital. Los estaba esperando. - Declaró tranquilamente, gesticulando una medida reverencia. - ¿Ha ido bien vuestro viaje? Por favor, permítanme que los acompañe hasta la ciudad.
Afiliación :
- Sindhu -

Clase :
Manakete

Cargo :
Sirvienta real

Autoridad :

Inventario :
Dragonstone [3]
Vulnerary [3]
.
.
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.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
328


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Re: La inteligencia es la capacidad de adaptarse a los cambios {Campaña de liberacion} [Bahîr, Kuroyuki]

Mensaje por Bâhir el Dom Ene 14, 2018 9:08 pm

Viajar siempre había sido una experiencia agradable para el mago. Ya fuera durante su juventud a través de las dunas del desierto o por el mundo en su adultez, recorrer el mundo y conocer sus caminos, recovecos y habitantes era una actividad de la que siempre había disfrutado. Pero sus numerosas tareas en la Nueva Universidad, y la experiencia de la última vez que había viajado fuera de Shindhu, le habían tenido lejos de los caminos durante varias lunas, manteniéndole encerrado entre los muros de la reconstruida ciudad del conocimiento tanto por  necesidad como por elección, ¿pues cómo iba a permitirse el lujo de recorrer su nuevo hogar mientras cargaba sobre sus hombros con el peso de un lugar en construcción y en sus pies cargaba con las cadenas de las consecuencias de su última travesía?

Pero con el tiempo llegó la ocasión de salir a los caminos de nuevo. Una  considerable reducción en los trabajos de reconstrucción fue acompañada por la necesidad de acudir al centro político del joven reino, y ambas cosas llevaron a Bâhir a los caminos de nuevo, en dirección a la capital de Shindhu, el hogar de su reina y corazón del nuevo hogar de Laguz y Beorc por igual.

Durante varios días viajó a caballo el profesor junto a una cohorte de comerciantes y mercenarios, un numeroso grupo que se desplazaba con diferentes propósitos pero con un mismo destino en su mente, al igual que era compartida la intención de llegar de una sola pieza hasta la capital. Puede que fuera el camino real el recorrido, y puede que su sendero fuera más claro y seguro que el de las rutas secundarias que conectaban pequeños poblados y ciudades entre sí, pero autóctonos caníbales como extranjeros emergidos usaban la jungla como escondite y hogar, ocultando su presencia tras la densa foresta y aprovechando la misma para lanzar inesperados asaltos sobre descuidados viajeros, acción que usualmente terminaba con trágicos resultados para aquellos que veían el mundo no con rabiosos y hambrientos ojos, sino que los llenaban de ilusión y esperanza, una mirada que en tiempos de guerra escaseaba y se convertía en un tesoro difícil de encontrar.

Pero el grupo en el que el estratega viajaba era de todo menos desconfiado, demostrado esto por las constantes miradas a la jungla y las manos sobre las armas de los mercenarios. Una sensación de seguridad envolvía a la mayoría de sus ocupantes, y aunque pareciera que el Beorc de oscura piel se encontrara entre quienes compartían tal sentimiento, algo que se podía deducir cuando uno veía que sus ojos estaban enterrados en las páginas de un libro de cubiertas verde oliva, la realidad estaba bien lejos de tal suposición. Cada punto de la obra era seguido de una mirada a los alrededores, sus oídos estaban atentos a todo lo que sonara a su alrededor, y sus tomos mágicos estaban a rápido alcance de sus manos, listos para ser usados si la situación se presentaba.

Y la situación parecía haber llegado cuando dedos se alzaron en el aire y preocupados susurros comenzaron a  sonar por la caravana.

“Batir de alas… ¿Wyverns?” Guardando la obra en su morral, habiéndose asegurado de señalar el punto en el que se encontraba con un trozo de lino previamente, Bâhir dirigió su mirada hacia el cielo azul junto a los demás, comprobando que al criatura que se acercaba a ellos era demasiado grande como para ser una de las monturas de los emergidos. Sin ninguna duda se trataba de un Laguz, muy probablemente un aliado del reino… Pero dos cosas preocupaban al mago: La forma de quien les sobrevolaba era desconocida para él, y el tono de preocupación en las palabras de quienes estaban a su alrededor no había desaparecido a pesar de ser bien claro que no era un ataque emergido lo que estaba a punto de suceder.

No pasó demasiado hasta que el Laguz comenzó su descenso, viéndose envuelto en poderosa luz antes de tocar tierra, y mostrando a una joven de oscuro cabello y rosáceas alas cuando esta se disipó. La duda pasó a ser certeza en la mente del hijo de mercader cuando captó la femenina figura alada con sus ojos: Era una desconocida, posiblemente una nueva miembro del cortejo de Sissi. -Os agradecemos la recepción y la compañía. Nuestro viaje ha sido tranquilo y sin incidentes por fortuna.- Dando varios pasos al frente, Bâhir abandonó el centro de la formación para quedar cercano a la desconocida, lo que les permitiría charlar con más comodidad y tranquilidad, pues las voces parecían avivarse entre los acompañantes del mago. -Mi nombre es Bâhir Alssuqur Al-Irfan, Mano de la Reina Sissi… Aunque supongo que vos ya debéis saber eso.- Una leve inclinación de cabeza fue el gesto de saludo realizado por el profesor, quien pasó ambos brazos por su espalda y tomó su muñeca derecha con mano izquierda, típico y casual gesto en él. -No recuerdo haberos visto con anterioridad, pero vuestra presencia parece inquietar a algunos. ¿Quién sois?- Difícil de ignorar era ya la tensión a sus espaldas, pero poco preocupaba tal cosa al profesor. Sabía bien que tal cosa era dirigida a la doncella de azabache cabello que ante él se encontraba, pero si realmente ella pertenecía a la corte de Sissi no había razón alguna para preocuparse. Bâhir confiaba en el juicio de su soberana y señora, y estaba seguro de que no tendría a alguien peligroso a su alrededor.
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Tactician

Cargo :
Profesor | Estratega

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Fuego [2]
Vulnerary [3]
Tomo de Trueno [2]
Concoction [1]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
304


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