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Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

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Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 04, 2015 7:42 pm

....¿Cuándo fue la última vez que visitó las calles de esa ciudad? Si la memoria no le fallaba debía de haberse cumplido poco más de un año, y es que desde el altercado que tuvo como general dentro del ejército de Daein no se había atrevido a pisar la capital, evitando cualquier conflicto innecesario en el que intentaran apresarle o hacerle pagar por "su traición". Sin embargo no podía alejarse por tiempo para siempre de Nevassa, no cuando la única familia que le quedaba, con la que tenía contacto, vivía allí, en los círculos inferiores. Ese círculo en particular poseía un aspecto lamentable y en él no reinaba precisamente la prosperidad o la seguridad, pero era todo lo que podían costearse sus tíos.

....En esa ocasión no traía consigo su vistosa capa, ni tampoco su espada o armadura. Todas ellas quedaron en la habitación que rentó en una posada a un par de días de la capital. En su lugar se había procurado un conjunto bastante humilde, de tela vieja y remendada, algo que le volvía uno más de los desafortunados habitantes de ese sector. En compañía de su atuendo traía una capa que seguramente en sus mejores tiempos ostentaba un color marrón, pero que el tiempo y el constante uso le decoloraron hasta la triste tonalidad que poseía en la actualidad. La capa poseía una capucha con la cual el varón cubría su melena roja y lograba cubrir parcialmente sus facciones. En su época de servicio no fue un individuo particularmente famoso o conocido, por lo cual difícilmente los soldados de menor rango le habrían conocido, pero la precaución era necesaria si deseaba evitar problemas.

....El sol, en lo más alto del cielo, anunciaba que era cerca del mediodía, y el ir y venir de los habitantes le daba algo de vida a las calles. Cerca de donde se encontraba se podía apreciar numerosos puestos de mercaderes en los que vendían frutas, vegetales u otra clase de alimentos, así como algunos artículos de segunda mano. Consideró apropiado, ya que visitaría a su familia, llevar algo para ofrecerles. Fue por esa razón que se aproximó a uno de los puestos de frutas en donde la mercancía se veía fresca y de respetable calidad. Sus manos tantearon algunos productos para examinar si se encontraban listos para consumir o no.


....- ¡Detente, asquerosa rata! - Un grito se hizo notar por encima de las voces de quienes se encontraban en la calle. Éste provenía de un hombre corpulento que corría detrás de un muchacho cuya edad debía de rondar los trece o catorce años. El menor, vestido con ropa harapienta, se escabullía entre las personas con bastante agilidad. Su rostro, manchado con algo de mugre, reflejaba su preocupación ante el apuro en el que se encontraba, y entre sus brazos podía apreciarse tres o cuatro hogazas de pan. Huía de la ley tras haberse robado un poco de alimento. Y mientras él contaba con la suficiente destreza para evitar a las personas, su persecutor fue menos sutil y empujaba a todo aquel se ponía en su camino, sin importar su género o edad. Era cuestión de tiempo para que alcanzara al muchacho.

....La curiosidad y la preocupación pudieron más que su propia voluntad, por lo cual se separó del puesto junto al que se encontraba y apresuró el paso para perseguir tanto al joven ladrón como a quien le trataba de atrapar. Finalmente la persecución parecía llegar a su fin cuando, en un momento de distracción, el chico tropezó con un desnivel en el suelo y cayó violentamente al suelo. Las hogazas de pan se repartieron por el piso y el cuerpo del menor rodó una corta distancia en lo que el hombre le alcanzaba. Varias personas, buscando evitar meterse en líos, se separaron de la escena para darle espacio a aquel par.


- Ahí es donde mereces estar, mocoso, en el suelo, tirado como la basura que eres. ¿Cómo te atreves a ensuciar con tus asquerosas manos mi mercancía? Si no tienes para pagar entonces ve a mendigarle a alguien que le importe, en vez de robarle a personas honradas como yo. - Las palabras del individuo destilaban rabia, y tanto su rostro como sus gestos indicaban que no iba a tener clemencia con el pequeño. Comenzó a recortar la distancia hacia él, posiblemente con no muy agradables intenciones. El pelirrojo, mientras tanto, estaba por llegar al lugar.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 04, 2015 8:37 pm

Era un día cotidiano y pacífico en la vida de la mercenaria que jamás dejaba de aprender magia. Tras sus clases al aire libre, aprovechó para perderse entre las calles de una zona mercantil de Nevassa. El motivo era que su maestro y señor padre cumplía años y era el momento de encontrarle un regalo, mientras no podía pillarla con las manos en la masa, mientras estaba ocupado con un viejo libro de hechicería que representaba su más reciente hallazgo. Pocas cosas excitaban más a un sabio experimentado que la oportunidad de ampliar sus conocimientos. Todavía recordaba el titileo que se produjo en el brillo de sus ojos nada más se había parado a inspeccionar aquel empolvado y colosal ejemplar. La distracción perfecta para mantenerle encerrado en casa un par de días y, probablemente, el obsequio que le llegaba por parte del mundo.

Acercándose a un puesto de telas, recordó el escaso sentido del gusto al vestir que el cuarentón demostraba y no pudo evitar esbozar una sonrisa torcida ante la idea de elaborarle ella misma una nueva vestimenta. No era una experimentada tejedora, nada más lejos de la realidad, pero estaba segura de que podía hacer algo de provecho. Bueno, no del todo segura, pero... Si no quedaba decente, le obligaría a usar de pijama la monstruosa creación. Comenzó a rebuscar entre los rollos en que guardaban las telas y fue descartando casi todos con una celeridad tal que dejaba patidifuso al dependiente del puesto. Cuando la esperanza estaba prácticamente perdida y ella ya se disponía a soltar algún bruto comentario acerca de la calidad de las ventas, se vio sorprendida por un tejido verde de saturación intermedia y con simpáticos detalles de espiga en los laterales. Quedaría ideal con ciertas botas que recordaba haberle visto y con un cinturón que haría con una ostentosa tela rosa violácea que había descartado previamente.

Sus planes eran idílicos y el conjuntazo ya empezaba a tomar forma en una ensoñación de su mente. No obstante, un revuelo repentino irrumpió por la zona y comenzó una desagradable persecución que despertó ciertos recuerdos aletargados en su mente. Contrajo la mandíbula y su mano alrededor de la tela hortera previamente mencionada. -Guárdeme este par. -exigió, secamente, mientras arrojaba el par de telas sobre la faz del vendedor y le causaba un momento de gran apuro al organizar todo ese desorden. Ella, sin prestar atención a tal dilema, salió corriendo tras el panadero que soltaba berridos como si le fuese la vida en ello.

La gente se iba apartando al paso de los dos primeros, protagonistas de la persecución, mientras que ella se abría paso por en medio de la multitud que se había hecho a un lado, como si fuese una carrera paralela. El objetivo de aquella extraña maniobra era llegar junto al jovencito mucho antes que el panadero. Empujaba a la gente sin el menor reparo, la furia por lo que había contemplado y la adrenalina eran el motor que daba fuerzas a una esmirriada como Saab. -¡FUERA, VAMOS! ¡Abrid paso! ¡Tú, chica, aparta tus pechugas de ahí que me voy a esnafrar! ¡Quita de en medio, feúcho! -propinó codazos y empujones a todo el que se resistía a su avance. Era todo por una causa justa, aunque sus cobardes personas -malditos borregos sometidos al Gobierno- fuesen incapaces de apreciarlo. Su avance era meteórico, a pesar de las quejas que iba provocando. Había llegado hacia el niño, quien se había precipitado de un tropezón, casi a la vez que el opresor. Se interpuso entre él, que berreaba, y el indefenso infante.

-Me alegro de que hayas tenido la vida regalada, pero no oses cuestionar las circunstancias de aquellos que no han tenido tal suerte. Tu pan le importa un comino, pero tiene que comer y por ello ha renunciado a la honradez que le gustaría mantener y... ¡¡ESO ES POR VUESTRA MALDITA CULPA!! -exclamó, sobrepasando el volumen de sus gritos por goleada. Sus ojos ambarinos relucían con furia, emulando los relámpagos que solía ella misma lanzar. Siempre calmada y seca, su ira desmedida sorprendía a quiénes la conocían y presenciaban la escena. Apretó los puños con rabia y recogió una de las hogazas de pan, respirando hondo para contener sus emociones. -¿Quieres tu pan? Toma tu maldito pan, es solo una masa cocida. -y se lo lanzó a la cara, fulminándole con la mirada. Le daba igual, ese pan había tocado el suelo y no quería para el chiquillo tal ingesta, cuando ella misma podía alimentarle. De hecho, solía dar de comer a los mendigos con su dinero, pero a ese pequeño no lo conocía de antes.

-Ahora, lárgate, si sabes lo que te conviene. No permitiré que le pongas un solo dedo encima. -advirtió, señalando en actitud chulesca el grimorio que llevaba bajo la axila. Aprovechó dicho apoyo para tener los brazos libres y rodear al niño con los brazos y ayudarle a reincorporarse lentamente, con sumo cuidado y emanando cariño por los mismos ojos que prácticamente echaban chispas antes. -Ya se ha acabado todo. -respondió, para tranquilizarlo. Cuando logró que el chiquillo se pusiese en pie, éste le miró anonadado -tal vez por jamás haber sido defendido- y ella lo comprendió. Pese a que los demás hubiesen sentido asco por tocarle, Saabirah le revolvió el pelo con delicadeza y sonrió ampliamente.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Sothe el Jue Nov 05, 2015 3:55 pm

Se sentía cansado, los pasos del ladrón que normalmente eran de lo más ágil ahora eran pesados y cada pisada sentía como todo su peso se apoyaba en sus piernas. Sothe no estaba durmiendo bien últimamente y no era por el hecho de estar durmiendo en el raso de las calles o en cualquier lugar que le pareciese mínimamente digno, sino que en los anteriores días estaba esforzándose más de lo que su cuerpo le permitía en sus propias prioridades. Hacía semanas que Micaiah se había ido, al principio Sothe había pensado que probablemente sería un tema puntual pero no fue así. ¿Y si le había ocurrido algo? Buscó preocupado en cada rincón de Nevassa pero no encontró ni una leve pista de que la dama del cabello de plata hubiese pasado por allí.

En cierto sentido le alegraba no tener a su alcance alguna superficie en la que pudiese ver su rostro reflejada en ella, podía notar como los ojos le pesaban y el ladrón peliverde estaba casi seguro de que debajo de sus ojos con la consecuencia de la falta de descanso habrían grandes sombras negras. Pero no iba a cesar en su búsqueda pero debía primero aprovisionarse de algo de comida... incluso si podía continuar andando habiendo dormido solo unas escasas horas, no podía hacerlo con el estomago vacío o desfallecería en el intento y conociendo como era la capital, si no había nadie que le conociese por los alrededores nadie acudiría en su ayuda. Menos todavía cuando sus ropajes estaban claramente desgastados y correspondían a la clase social tan baja a la que pertenecía.

Apoyaba todo su peso en la pared de piedra, en una de las callejuelas contiguas a las de la zona comercial de la capital donde los mercaderes vendían víveres, ropajes y alguna que otra arma. Descansaba un poco esperando al momento oportuno para poder entrar en acción y robar alguna que otra cosa para poder llenar un poco su estomago. Estaba ya preparado para la acción para cuando notase un momento ideal; estaba cubierto con una vieja túnica que le cubría el rostro y que le llegaba hasta las rodillas, tenía algo de mugre debido a que era la que usaba para dormir en cualquier rincón de la ciudad o de los caminos cuando estaba en alguna travesía pero la apariencia vulgar y pobre no era algo que le importase en absoluto de mostrar.

Su mirada estaba clavada en la calle principal pero fue su oído que le advirtió que había algo fuera de lugar; algo estaba animado más de lo normal y no era precisamente por algo bueno. Estaba algo alejado de la zona y avanzaba con un poco de sigilo para ver que ocurría pero cuando de las palabras dedujo que el origen era un niño que había robado algo en cuestión y le estaban diciendo toda clase de palabras a un niño, los pasos sigilosos de Sothe empezaron a ser más rápidos y a dirigirse a donde se estaba produciendo la escena. No le importaba si de vez en cuando le atrapaban a él y le decían toda clase de palabras, incluso podría soportar que los soldados de Daein que se creían superior al resto se rieran de el por ser pobre pero nunca podría evitar sentirse furioso cuando se trataba de niños que actuaban de aquella forma sin malicia, solamente porque pasaban hambre y querían sobrevivir de la única manera que pudiesen.

Inesperadamente alguien había llegado antes que él para ayudar al niño, había una chica junto a él que se había atrevido a plantar cara a aquel mercader y finalmente parecía que les había dejado en paz aunque todas las personas de la zona les miraban de refilón pero nadie se atrevió a decir nada al respeto aunque entre ellas habían multitud de miradas de desaprobación. Sothe acercó a ellos y se agachó a la altura del niño. - ¿Estáis bien? - No sabía que más decir... nunca había sido bueno con las palabras así que cabeceo un poco intentando señalar las personas de su alrededor. -  Deberíais... intentar salir con disimulo de aquí. Si algún soldado llega por esta zona por alguna queja podría haber problemas. - Se dio cuenta después de decirlo que por su apariencia podría parecer un individuo de lo más sospechoso así que se descubrió la capucha para que su rostro pudiera ser visto. Volvió a levantarse y miró a su alrededor con algo de detenimiento; no había todavía nada que pudiera suponer peligro. -  Un callejón es la mejor opción, la calle principal no es un lugar seguro. - Dijo de forma pausada mientras empezaba a andar buscando alejarse de aquel lugar, indiferentemente si la chica decidía confiar en él o no. Era incapaz de transmitir más sentimientos, Sothe no podía sonreír y a penas sabía como expresarse de una forma externa así que podría decirse que había hecho lo que estaba en su alcance.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 05, 2015 8:32 pm

....Cuando el varón logró llegar a la escena ya alguien había intervenido. Se trataba de una muchacha delgada y con un temperamento que se hacía respetar. Sin contenerse por la presencia de otros tantos oyéndolas, o por la posibilidad de que el panadero decidiese actuar contra ella al sentirse ofendido, le decía algunas verdades en la cara. El hombre, más encolerizado que nunca, apretó sus muchos al mismo tiempo en que su rostro se tornaba rojo de ira. Avanzó un par de pasos, aparentemente planteando darle un escarmiento ya no solo al niño sino también a la muchacha, sin embargo rápidamente cambió de opinión cuando la última hizo un gesto hacia su libro de hechicería. Una maga, eso cambiaba bastante las cosas. La magia era algo totalmente místico para las personas de poca instrucción o conocimientos como lo eran los habitantes de ese círculo inferior, por lo cual la idea de ser atacado con un hechizo resultaba sumamente atemorizante. Detuvo en el acto su andar y se tragó su orgullo de mala gana.

....Algo en la situación no le terminaba de agradar al mercenario. Era cierto que el niño posiblemente había robado por necesidad y no por placer, e igual de cierto era que aquella no había sido la forma más apropiada de tratar al menor, gritándole por la calle y seguramente considerando darle una paliza. Pero no se podía negar que el otro hombre había perdido parte de su mercancía, y que siendo un habitante más de ese sector tan pobre cada moneda tiene un fuerte valor en su día a día. Había perdido dinero. El mercenario decidió avanzar hacia el panadero y situársele delante. Si bien este último era corpulento, el espadachín fácilmente le superaba por poco más de una cabeza. Su mano izquierda se posó en el hombro del individuo mientras la derecha le acercó unas pocas monedas de oro. Seguramente eran más de lo que valían esos tristes panes, pero creía que ese "extra" serviría para calmar un poco la cólera que ardía dentro del sujeto y ayudar a que la situación acabase de la mejor forma posible para ambas partes. -
Ten, recibe esto. Tómalo como la paga por lo que el muchacho te robó. Ahora vete, creo que el asunto quedó resuelto. - Dijo en un tono suave mientras su oyente recibía el dinero. - Muy bien, pero no quiero ver a ese mocos cerca de mi negocio más nunca. Ni a esa bruja espantosa. - Pronunció con resentimiento hacia la hechicera y el menor antes de marcharse con lentitud.

....Regresó su mirada a la escena justo a tiempo para ver cómo un nuevo muchacho se unía al grupo. La capucha le impedía detallar bien su apariencia, por lo menos hasta que él, por su propia voluntad, decidió bajársela hasta revelar una cabellera de color jade. El recién llegado tenía razón: puede que el panadero se hubiese conformado con el dinero, pero quién sabía si alguno de los otros habitantes que observó la escena decidía acusar al chico. Y a él tampoco le interesaba cruzarse en el camino de un guardia.

....Apresuró el paso para poder alcanzar al ladrón, suponiendo que tanto el niño como la chica terminarían uniéndose también para evitar cualquier conflicto. Suponía que si bien una cosa era amenazar con magia a un habitante cualquiera, la historia cambiaba si se hacía lo mismo con un guardia de la capital. -
Vaya que tienes agallas, muchacha. - Comentó con toda confianza mientras caminaba detrás del ladrón, volteándose para verla con una sonrisa. - Me agrada. Personas así son las que cambian al mundo. Gente que no se siente conforme con lo que pasa y decide poner manos a la obra. - Acto seguido dirigió la mirada hacia el que encabezaba la marcha, alguien que posiblemente sabría conducirse mejor por las calles de ese lugar. - Una pregunta, chico. ¿Por casualidad sabes cómo podemos ir a algún puesto de comida o algo similar? Creo que nuestro pequeño acompañante ya está a salvo de una paliza, pero no podemos decir lo mismo de su hambre.

Spoiler:
Si les parece bien dejo el rol del niño en manos de ustedes. Me da la impresión de que es un NPC mucho más afín a Sothe y Saabirah y que sabrán sacarle más provecho o interpretar mejor su actitud.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 05, 2015 9:12 pm

Su táctica intimidatoria había funcionado a las mil maravillas e incluso escuchaba a la muchedumbre murmurar por lo bajo acerca de ella, ante los que enarcaba una ceja y su mirada les hacía interrumpir abruptamente su retahila de calificativos negativos. Era divertido para ella demostrar ser un depredador, alguien a quién debían de temer a la hora de levantarle la mano. Aún con ello, era una bestia amable y tampoco podía ocultar esa cara de sí misma.

Como enviado por los cielos, cierto hombre pelirrojo de constitución robusta y porte imponente llegó para ser su salvador. Más comprensivo con respecto a las circunstancias sociales, supo apaciguar los ánimos de aquel panadero con unas monedas. -"¡Heeey, pero eso no es justo. El único pago que merece ese patán es llegar electrocutado a casa." -pensó la maga, disconformes y con miles de quejas mentales. Si fuese por ella, hubiese instaurado un nuevo orden político de origen tiránico en aquella misma plaza, al menos hasta haber podido educar a esas personas y convertirlas en individuos pensantes. Porque, sí, ella era una bruta apática del copón pero esa gentuza tenía menos sensibilidad que una de sus medias. Sin ir más lejos, eso se probó cuando el opresor de turno se giró y dijo un par de despropósitos para el crío y la pelirrosa.

-¡Tu madre! -exclamó, nada más aquel cretino se hubo dado la vuelta. Sin cortarse un pelo, bajó su párpado inferior con la yema de un dedo y le mostró la lengua a modo de recochineo. Era un vendido, había renunciado a sus creencias por unas míseras monedas. Eso era lo que valía la puñetera integridad de una persona corriente, de esas que les estaban criticando a ellos por hacer lo correcto. La cara de la joven se estaba volviendo casi tan colorada como su cabello rosa. Resopló, malhumorada, mientras trataba de recobrar la compostura.

-Sí, creo que estamos bien. Tienes razón, seguro que no tardan en venir... En grupos, como siempre. -respondió, con gran desagrado, considerándoles un puñado de cobardes, pero uno al que no le interesaba enfrentarse. Lo que más le había retenido era la seguridad del crío y no meter a su padre en problemas. Siguió a ambos hombres hacia un callejón que el peliverde había hallado perfectamente. -Pareces conocer las calles de esta ciudad incluso mejor que yo. -observó, amablemente, muy curiosa acerca de cómo habría adquirido tal habilidad, pero confiada: les había ayudado porque comprendía la injusticia cometida y aquello le proporcionaba un estado especial en la jerarquía social de Saabirah. A él y al otro salvador, por supuesto.

La seriedad inundó el momento en que los cuatro caminaron por las callejuelas de Daein, llevando ella de la mano al intimidado muchacho. De repente, una especie de reconocimiento emanó de los labios del individuo más fornido, acompañado de una sonrisa que desorientó a Saab. -¿Ehm? ¿Yo? Pues es que nunca me callaría ante una injusticia, me parece de lo más natural. Así como lamento que hayas tenido que pagarle al panadero para que se marchase. Seguro que encuentro alguna forma de compensarte. -contestó, con gran voluntad en la mirada, pues no le agradaba en absoluto estar en deuda con nadie. -Muchas gracias a los dos por socorrernos, habéis sido de gran ayuda. -y les dedicó una sonrisa, puede que la primera sincera que hubiese exteriorizado aquel día. No pudo evitar quedarse sumida en sus pensamientos durante la parte posterior del trayecto, mientras ellos debatían acerca del alimento.

-Bueno, un poco de hambre sí que tengo. -reconoció el niño, avergonzado, sonrojado pero con ese sincero desparpajo que casi todo el mundo posee en la más tierna infancia. Escondió, acto seguido, parte del rostro en la blanca capa de la maga, que se hallaba bastante absorta y con la mirada perdida. -"¿Cambiar el mundo? ¿De verdad yo puedo hacer eso? Siempre lo había sentido tan distante, tan insalvable..." -sopesó, con el corazón palpitando a mil por hora, sin saber de dónde provenía la profunda excitación ante dicha idea pero sí conocedora de que era un anhelo que la había acompañado desde el primer y dramático instante de su vida del que conservaba recuerdo.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Sothe el Vie Nov 06, 2015 9:35 am

Realmente no sentía que hubiese hecho nada en absoluto en aquella situación así que no era necesario que nadie le agradeciese nada ya que cuando había llegado al lugar la joven maga ya se había ocupado de aquel panadero mal humorado pero incluso si no era necesario de su presencia allí no podía evitar sentirse cercano a aquel niño... porque le había recordado a años atrás cuando Sothe también había tenido que robar comida para no morir de hambre y no era algo que se hiciese con malicia, sino porque uno no tenía más recursos. Estaba mal, lo sabía y Micaiah le había mostrado que no debía hacerlo pero cuando uno no disponía de otra manera para acceder a cosas tan necesarias como agua y comida no era como si hubiesen más opciones.

Otra consecuencia de ello era como habían mencionado, que se conociese las calles de Nevassa como de un mapa mental se tratase. Durante más años de los que le hubiese gustado admitir había dormido al raso así que al fin y al cabo era algo de lo más natural conocer cada rincón y cada secreto que aquellas calles ocultaban. Cabeceo ante la pregunta de aquel hombre de melena pelirroja. - Hay una tasca con ambiente familiar cerca de aquí, supongo que estaréis tranquilos allí... Y podréis comer también. - Miró a la maga tanto al otro hombre durante unos segundos cuando pronunció esas palabras, mientras estaban parados en una callejuela escondida. Les acompañaría hasta allí pero no estaba demasiado seguro si iba a desaparecer después o que iba a ser de él; después de todo no tenía ni una moneda para pagar nada de comer por mucha hambre que tuviese.

Bajó la mirada para ver al niño y susurró, aunque eran solamente pensamientos para sí mismo. - Realmente me recuerdas a cuando yo tenía tu edad, una pena que las cosas parezcan ir igual como siempre... No sé si seremos capaces de cambiar las cosas en Nevassa nunca. - El niño realmente no respondió nada pero Sothe tampoco esperaba que el dijera nada al respeto. Pensó en cual era la ruta menos rebuscada para llegar al lugar que les había comentado levemente y empezó a andar con la esperanza de que los otros le siguiesen. Era irónico como quería ayudar al niño pero de alguna forma u otra le costaba expresar su pensamiento a través de palabras, Sothe solamente esperaba que con la intención de sus acciones a ayudarles fuera suficiente.  

Andaba por callejones de una forma natural como su hubiese pasado por aquellos sitios instantes antes pero realmente el ladrón peliverde hacía tiempo que no pasaba por allí pero la estructura de Nevassa era bastante similar en su patrón básico. Aunque Sothe normalmente andaba con grandes zancadas esta vez había tenido en cuenta sobretodo al niño y sus pasos eran más pausados para que le pudieran seguir bien el ritmo, al cabo de unos minutos de recorrer callejones oscuros ya habían llegado a una calle más principal donde estaba más iluminado por la claridad que el sol proporcionaba y por el cartel se podía deducir que ya habían llegado a su destino.

-Aquí es.- Mientras señalaba al lugar con un leve cabeceo. Admitió que irse en aquel momento podía parecer de lo más grosero así que decidió entrar, independientemente de si los otros iban a pedir algo de comer en ese momento o más tarde, Sothe se sentó una de las mesas. Intentaría resistir la tentación del olor de comida y ya comería después, no le gustaba pedir caridad ni nada por el estilo no le gustaba la reacción natural de la gente de sentir lástima por él. - Oh, se me olvidaba presentarme. Me llamo Sothe, podéis ir a pedir si queréis, yo me quedo aquí. - Trató de reprimir un bostezo pero el cansancio le pudo y acabó bostezando entre las palmas de sus manos. Su cuerpo no pareció querer disimular de la misma manera que su mente quería porque instantes después su estomago rugió por culpa de la falta de comida pero aun avergonzado, no dijo nada en absoluto pero quizás era evidente por su apariencia que no era alguien que pudiera presumir que tuviera dinero para sus cosas.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 06, 2015 11:00 am

....No parecía verse contrariado por moverse entre los sucios y malolientes callejones por los que transitaban en ese instante. Si bien era cierto que hacía casi un año, si es que no más, que no había recorrido ese humilde sector de la capital, también era cierto que antaño había sido su hogar por algún tiempo y que conocía bastante bien las tristes condiciones en las que solían estar sus calles y recovecos. Tampoco es como si las prendas que traía puestas fueran de uso frecuente e importase si se manchaban o no. Por esa misma razón podía vérsele caminar junto con el grupo de manera despreocupada y natural, sin prestar atención a dónde pisaba.

....Cuando el ladrón desvió su ruta para conducirlos a la taberna de la que les había hablado el pelirrojo le siguió prácticamente de inmediato. Sonaba a una buena opción. Y mientras les seguía volteó a ver a la chica con una sonrisa, soltando de inmediato una carcajada. -
¡No te preocupes por eso, mujer! Estábamos en el mismo barco, ambos ayudando al chico a nuestra manera. Además, por más que nos enojemos por la actitud de ese tipo o por lo que le quería hacer al pequeño, no podemos olvidar que es un habitante más de este lugar, y que seguro que como cualquier otro lucha por llevar comida a la boca de su familia. Es cierto que debemos ser justos, pero no por eso lo seremos con unos y con otros no. Eso dejaría de llamarse justicia para convertirse en hipocresía. - Ensanchó su sonrisa al terminar de explicar su postura y regresó la mirada al frente justo al momento en que abandonaban los callejones para ingresar a una de las calles principales.

....Ingresó en la taberna después del varón que les guio y dedicó unos pocos segundos para disfrutar del aroma que pululaba en el aire. Al ver que la mesa elegida no tenía más que tres sillas, se acercó a una desocupada de otra mesa y la levantó sin mayor problema hasta ubicarla junto al chico de cabello verde. Hecho eso, se sentó e hizo gestos hacia una de las personas que se encargaba de atender. Era difícil no notarlo gracias a su colosal figura.

....Volteó a ver al ladrón cuando su estómago se hizo notar, y al instante le dio una palmada en la espalda con la diestra. -
¡Como que no somos los únicos con hambre, ¿eh?! - Cuando el joven que ayudaba a atender se acercó al grupo, el pelirrojo se acarició la barba mientras pensaba qué pedir. Resultaba evidente que ni el niño ni el otro muchacho contaban con dinero suficiente para comer, pero ambos tenían hambre. Por lo tanto solo la chica y él tenían, posiblemente, algunas monedas. Estaba algo ajustado con el dinero que traía, en especial porque no había planeado tener contratiempos en el camino a casa de sus tíos, pero pensó en lo inapropiado que resultaría hacer que la joven pagase todo. Además, existía el riesgo de que la fémina costease la comida del menor pero no del otro. - Hazme un favor, muchacho. Tráenos unas cuantas hogazas de pan y algo de miel para untar. - Pagar por algo de sopa o de carne seguramente resultaría costoso, aún siendo una taberna ubicada en uno de los círculos humildes de Nevassa. La opción del pan y la miel le parecían una mejor solución: económico, delicioso, y había podido pedir varios para convidar a los dos del grupo que más hambre tenían. El asistente se quedó a la espera de si alguien más deseaba pedir algo adicional antes de marcharse.

....El mercenario recargó cómodamente sus brazos sobre la mesa e intercaló la mirada entre el rostro de los distintos integrantes del grupo. -
Bueno, ya que estamos con las presentaciones: mi nombre es Argus, y es un placer conocerlos. Antiguo residente de este mismo triste lugar. - Tras presentarse se quedó observando tanto al ladrón como a la hechicera, con algo de curiosidad en su mirada. - ¿Y ustedes? ¿Son de por acá o, como yo, solo son viajeros cuyos caminos se han ido a cruzar por la casualidad o el destino?
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 06, 2015 4:14 pm

Muchas cosas rondaban su mente en aquel momento: Por una parte, contaba con la visión pesimista del peliverde acerca de la vida en la ciudad en que se encontraban, por otra, con la del pelirrojo de que el mundo podía cambiar. Sentimientos encontrados entre ambas posturas empezaron a hacer que su corazón se sintiese pesado. Estaba confusa. Para colmo, habían desaparecido las certezas, ya que Argus había expuesto el punto de vista que ella había ignorado deliberadamente, siendo una de las hipócritas. Ligeramente cabizbaja, sus cejas estaban tan contraídas que formaban un pico ascendente. Se sentía ligeramente culpable, pero tampoco se arrepentía de sus actos. No sabía hasta qué punto el bien y el mal eran conceptos que pudiesen determinar sus ideas.

Caminó por inercia por las callejuelas por que ambos la guiaron, despertando de su debate moral interno en el momento en que llegaron a una taberna desconocida para ella. A Sothe le hicieron las tripas un ruído infernal que hizo que la muchacha fuese incapaz de ocultar su gesto de sorpresa. A los ojos de ella, que desconocía la verdadera naturaleza de Argus, era la única que tenía dinero suficiente y estaba observando cómo el susodicho bonachón hacia un esfuerzo para alimentar a los dos famélicos. Sin discreción alguna, pues era alguien que no se andaba con tapujos, echó un vistazo al dinero que se había ganado combatiendo aquellos engendros del mal por los alrededores, pues algunos iban podridos de pasta, además de anatómicamente.

-Cuatro chuletones, si puede ser. En caso contrario, algo consistente de similar naturaleza. -pidió, muy decidida y preocupada por los efectos de la inanición en todos los presentes a excepción de su persona. Ni siquiera se había percatado de que podrían verlo como un exceso de generosidad, ella era de esa manera. El encargado asintió con la cabeza, por lo que no tardaría en traerles un buen manjar a todos ellos. -No he preguntado si os gusta la carne a todos, pero creo que es de lo más nutritivo...¿No? -preguntó, a la vez que trataba de excusar su impulsividad, siempre presente en su vida cotidiana.

Las presentaciones con tertulia acababan de dar comienzo y, de entre los adultos, era ella quien faltaba -Un placer conoceros, mi nombre es Saabirah. Soy maga y vivo aquí con mi padre, quien me instruye en los fundamentos que me faltan por asimilar. Mercenaria en mis ratos libres. -se introdujo, con una leve inclinación de cabeza y una mano frente a su torso, dándole un porte solemne. -¿Qué os trae a vosotros por aquí? -preguntó, llena de curiosidad, mientras su tripita también aguardaba con ansias el rico manjar que les aguardaba y que el niño no se cortaba en celebrar tarareando y moviendo las piernas desde su asiento.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Sothe el Sáb Nov 07, 2015 9:22 am

Si bien el punto de vista de aquel hombre llamado Argus era de lo más correcto no podía evitar tener un pensamiento más parecido al que la maga había expresado antes. Sothe podía llegar a entender que aquel comerciante tenía una familia de la cual encargarse como la mayoría de gente pero no podía evitar sentir el reflejo de su vida en aquel niño que solo quería tener algo del que alimentarse y sentirse mal por solo ser un repudio para la sociedad pero aquel no era el momento indicado para hablar sobre su punto de vista y tampoco quería pelear por sus opiniones con unas personas que acababa de conocer así que decidió solamente guardarse esos pensamientos para sí mismo.

No sabía cómo reaccionar ante aquella palmada efusiva diciendo claramente que sabía que estaba hambriento o cuando ambos decidieron pedir comida para todos y no solamente eso, la chica había decidido pedir carne… algo que tenía que asumir que no comía más que pocas veces al año. Se rascó la nuca sorprendido mientras continuaba en silencio pensando que decir al respecto. – Ah… No era necesario, eh… Supongo que gracias. – Balbuceó cuando dijo aquellas palabras, como si no estuviera seguro de que era lo que quería decir pero suponía que lo único que podía hacer era agradecerles el gesto y aceptar aquello como un gesto de amabilidad y una extraña coincidencia, no era fundamentado solamente en que tenía un aspecto de pobreza.

Si bien los otros se habían presentado formalmente y no solo dando su nombre, no estaba del todo seguro que mencionar sobre sí mismo aunque era lo más normal por conocerse las calles como si de su propia casa de tratase y por el aspecto social y clase a la que pertenecía, ser un ladrón no era de lo más extravagante que podía decir tampoco era algo agradable de comentar en una conversación. Tampoco era como aquellas personas, no tenía codicia por la riqueza y el gran valor de algunos objetos, solamente se había visto en la necesidad de tener que robar para poder sobrevivir y finalmente por desgracia acabó siendo como su profesión para subsistir aunque mal vista por los que le rodeaban aunque no era algo que la gente que no le conociese bien pudiera llegar a saber. – Soy como este niño. – Su mirada se postró unos segundos en el niño que minutos atrás estaba algo animado por conocer que la comida estaba en camino, parecía que la paciencia se le estaba terminando. No tenía realmente un hogar, quizás tenía personas a las que podía llamar familia pero no se vinculaba con ningún lugar en particular para poder llamarlo "hogar". – Soy de aquí, he crecido en las calles de Nevassa… Aunque actualmente estoy buscando a alguien importante.– Podría decir que estaba buscando a su hermana mayor porque Sothe realmente consideraba a Micaiah como tal y había crecido como si ella fuese su familia pero podía ser una idea equivoca porque al fin y al cabo no compartían lazos de sangre entre ellos, tampoco le gustaba dar demasiadas explicaciones personales a los demás.

Interrumpieron la conversación en el momento en que les vinieron a servir aquello que habían pedido, primero en el centro de la mesa dejaron el pan con la miel para que pudiesen servirse cada uno de ellos y después de eso, delante de cada uno de ellos les sirvieron un filete del cual desprendía un aroma maravilloso. El niño no tardó unos segundos en agradecer alegremente por la comida y empezar a comer con ansia. Aunque Sothe tenía las mismas ganas de hacer como aquel niño y empezar a atacar la comida delante de él, esperó a que los demás empezaran antes que él. No por desconfianza ni tampoco quería ser maleducado ante la invitación pero no estaba acostumbrado a aquel trato.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 08, 2015 3:29 am

....Se sorprendió sobremanera ante el pedido de la muchacha. Era cierto que se encontraban en un local modesto de uno de los círculos pobres de Nevassa, pero pedir cuatro pedazos de carne tal como ella lo hacía significaba un gasto a considerar, por lo menos para una persona que no tuviese un ingreso fijo y decente. Titubeó por un momento, considerando decir que no hacía falta comprarle uno a él, sin embargo temió que resultase maleducado. Peor aún, esos segundos de duda bastaron para que la persona en tomar el pedido se marchase, dificultando todavía más el rechazar la oferta. Solo le quedó aceptar la situación; en cualquier caso podía ofrecerle su porción a cualquiera de los otros tres. Y al oír las palabras de la joven se apresuró en negar mediante un ademán. - Descuida, yo no tengo problema con la carne. Aunque tampoco ando demasiado hambriento, si gustan pueden picar mi parte en dos porciones de menor tamaño y dividirla entre los dos muchachos. Créanme que con el pan estoy más que satisfecho. - Alternó la mirada entre los dos varones, aparte de él, en la mesa. El niño se veía más entusiasta con el tema de la comida, mientras que el otro se veía más... ¿Sereno? ¿Calmado? ¿O indiferente? No lo podía asegurar a ciencia cierta.

....- Por mi parte actualmente resido en Begnion, y solo he venido a esta ciudad para visitar a unos familiares. Aunque como no les avisé que vendría no hay que preocuparse de que llegue tarde, será una sorpresa vaya a la hora que vaya. - Les compartió de manera jovial para que no se preocuparan de ser un obstáculo en sus planes, pues la realidad distaba mucho de eso. Su mirada, entonces, se enfocó en el ladrón. - ¿A quién buscas? ¿Hay algo en lo que te podría ayudar? Me imagino lo difícil que debe ser no encontrar a alguien que valoras. - Trató de ponerse en sus zapatos y no le fue difícil. El simple hecho de imaginarse que debía de encontrar a su hermano, por algún motivo, y que no lo conseguía bastaba para hacerle imaginar el nivel de frustración que sentiría.

....No pasó demasiado tiempo antes de que les trajeran sus pedidos, y el mercenario, a pesar de ver bastante tentadoras las carnes que trajeron, decidió tomar en primer lugar uno de los panes y untar toda su superficie con miel. Una comida humilde pero que, sin lugar a dudas, resultaba deliciosa. Sin perder más tiempo se llevó el pan a la boca y dio un gran mordisco, cerrando los ojos en el acto para dedicar algunos segundos a disfrutar del sabor. -
¿Saben? Es una lástima ver que sin importar cuánto tiempo haya pasado desde mi última visita a esta parte de la ciudad, ésta no haya cambiado en lo más mínimo. La misma pobreza, la misma miseria, el mismo resentimiento. En especial cuando todo el mundo tiene derecho a ser feliz, o al menos a buscar su felicidad. - Con su mano diestra sosteniendo el pan, el codo izquierdo se apoyó en la mesa y su mentón descansó sobre la mano zurda. - Supongo que debe doler más el ser consciente de esta realidad viviendo en ella día a día, ¿eh? - Hizo una breve pausa durante la cual dio un segundo bocado a su alimento. Del pan ya solo quedaba poco menos de un tercio tras esto. - ¿Qué creen ustedes que sea lo que impide que ocurra un cambio? Parecen muchachos astutos, y seguro que tendrán respuestas interesantes a esa pregunta. - Con un último mordisco acabó con el pan que tenía en sus manos, y pasó a relamerse la punta de los dedos mientras paseaba su mirada por el rostro de los presentes en la mesa.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Lun Nov 09, 2015 4:19 pm

Ella atendió a las diferentes reacciones ante su pedido. Los más jóvenes lo agradecían, uno de ellos a regañadientes. Argus había decidido ceder su parte a los mismos, algo ante lo que ella no iba a protestar porque estaba en su derecho de reaccionar como gustasen ante su obsequio, especialmente cuando no le había pedido opinión a ninguno a la hora de invertir su dinero. No se molestó, especialmente porque era por una buena causa. Sonrió y asintió con lo cabeza a la reacción de los tres, parecía que el balance emocional ante el manjar había sido positivo.

Parecía ser que Sothe se hallaba atribulado por la desaparición de alguien, por lo que toda la atención reunida por la historia del pelirrojo desapareció de sopetón. No parecía llevarlo muy bien pero se quedó escuchando, silenciosa, cuando él se ofreció a brindarle su ayuda. Se le quedó mirando, tratando de deducir sus gestos y esperando a por cualquier rasgo que pudiese ofrecer de aquella persona tan importante. No le costaba nada andar con los ojos bien abiertos cuando pululase por la ciudad.

-Con permiso. -dijo a Argus, a quien correspondía la ración que estaba partiendo en dos con los cubiertos. Depositó una de las mitades en el plato de Sothe y otra en el plato del niño mendigo, comenzando a cortar en pequeños trozos la carne para que el pequeño no se precipitase por culpa de su hambre y se atragantase. Su propia parte podía esperar, ya que ella siempre comía bien. Le iba metiendo algunos trozos en la boca. -Mastica bien, ¿de acuerdo? -le dijo, en un tono algo más severo para remarcar que era importante. El crío mostró relativa maestría con el tenedor para ser su primera vez, por lo que le dejó servirse solo pero bajo vigilancia. Se dedicó a cortar su propia carne, algo hambrienta. Era propio de ella dejar pasar normas de educación como desear un buen provecho, pero nunca desde la malicia.

Una tertulia dio comienzo en el momento en que el mercenario disfrazado expuso la precaria situación del país. Ella se mantuvo en actitud reservada, mientras devoraba su manjar, no pensaba que fuese a pedir en ningún momento la intervención de alguien como ella, que pasaba loa días inmersa en aquella dinámica que tan poco le agradaba. Tragó y expuso su punto de vista sin levantar los ojos de su plato. -La incultura. La gente ignorante tiende a ver a sus gobernantes como a seres superiores a ellos solo por poseer mayor conocimiento, ven sus actos como algo inalcanzable para sus personas. No se dan a sí mismos la oportunidad y se conforman con autoconvencerse de la falsa estabilidad que éstos les proporcionan. -comenzó a exponer, posando entonces sus cubiertos para dirigir su mirada ambarina a los ojos del formulador de la pregunta. -El hecho de no haber sido adoctrinados correctamente, sume a la gran mayoría en un estado de apatía en que no pueden comprender al prójimo y surgen revueltas entre el pueblo. Esto favorece a los altos mandos, que se erigen como salvadores de la plebe, cuando el caos ya es insostenible, y refuerzan esa sensación de divinidad. Es un ciclo que se renueva constantemente y en que sacan provecho de la estupidez que existe en el ser humano. -respondió, bajando la mirada. Ella misma sabía que no era un cuerpo fuerte lo único capaz de lograr grandes gestas sino una mente consciente de la realidad.

-La verdad es el arma más poderosa, siempre lo ha sido, por eso ocultan a la gente el poder que tiene de cambiar las cosas. Pero la verdad es que algo tan simple como nuestra acción de hoy ha salvado a una persona. -dijo y, por si no hubiese quedado claro a quien se estaba refiriendo, llevó su mano a los hombros del niño, que comía como si no hubiese mañana -más bien, lo que no habría mañana era la posibilidad de comer tanto y tan delicioso. Ella se alegraba de que su dinero le hubiese dado tal oportunidad.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Sothe el Mar Nov 10, 2015 2:56 pm

Cuando vio que los otros, además del niño, ya habían empezado a comer y que incluso le habían proporcionado su correspondiente parte de pan que le tocaba. Se sentía algo extraño comiendo con aquellas personas que a pesar de haberles conocido minutos atrás ahora parecían compartir un ambiente de lo más familiar, quizás aquella sensación se debía a que hacía tiempo que no se paraba a comer tranquilamente en una mesa acompañado con más gente. Aunque tenía que admitir que no se había sentado a comer buena comida en una larga temporada. Sothe cogió el trozo de pan y lo partió en dos, empezando a comer intentando ocultar su ansia por llevarse algo de comida al estomago, pero fallando en ello ya que ese trozo de pan se esfumó segundos después sin ni siquiera untarlo con miel. Su boca de hacía agua ante la imagen de aquella carne, querría no tener que aceptar el trozo extra que Argus le había dado pero la verdad es que estaba demasiado hambriento. - Os agradezco por la comida. -

Entonces en su mente volvieron a haber pensamientos sobre Micaiah, probablemente ella ya no estaba en Daein así que tampoco sería de ninguna utilidad real explicarles pero de todas formas le parecía que no debía parecer tan arrogante ante ellos como para evitar nombrarla. - Es como mi hermana mayor, en Nevassa se la conoce como la dama de los cabellos de plata. Aunque me temo que al no tener pistas sobre su posible paradero me va a ser bastante difícil encontrarla... Pero igualmente intentaré que nuestros caminos se vuelvan a cruzar. -  Mientras comentaba cosas sobre ella, bajó un poco la mirada, el rostro del ladrón mantenía un semblante calmado y sereno pero realmente por dentro se sentía como si hubiera vuelto a ser abandonado, quizás Nevassa había sido su hogar durante mucho tiempo pero era difícil vivir en un sitio dónde todo el mundo parecía conocido pero nadie era del todo cercano como para considerarlos familia de la misma forma que lo había hecho con Micaiah.

Y no pudo irónicamente conectar sus ideas con el tema de conversación que se estaba desarrollando en la mesa; la diferencia de clases que parecía como un abismo en la capital de Daein. Era con algo que vivía en su día a día y aunque fuera de lo más triste, había aprendido a convivir con ello aunque pensar sobre ello le enfurecía. Los nobles podridos de dinero en sus aposentos, codiciosos de querer más y más riqueza mientras las personas de clase media ahora se habían convertido en simples personas que solo podían tener un mínimo salario que les cubriese las necesidades más básicas. Si bien era cierto lo que Saabirah había dicho sobre que la incultura había fomentado a que las diferencias no disminuyeran sino que fueran cada vez más dificultosas de volver a establecer cierta igualdad.

Pero no todo era malo en aquella situación, las otras personas de bajo estatus como él habían sido de bastante ayuda en muchas ocasiones y no les importaba compartir un mero trozo de pan entre varias personas mientras todos pudieran comer una pizca. - La incultura y la apatía son factores, sí, pero las clases más bajas de todo es como si no existiéramos para los nobles. Mientras ellos cada vez se adineran con joyas y tienen más y más privilegios nosotros nos peleamos por sobrevivir en las calles, pero ellos no hacen nada para solventar ese problema porque somos invisibles a sus ojos. Somos algo de lo que podrían avergonzarse y no entiendo porque es mejor decisión no hacer nada al respecto que no intentar emprender alguna acción para mejorar las cosas. - Hacía tiempo que había decidido que intentar comprender lo que les pasaba a los nobles por la cabeza era una completa perdida de tiempo, de todas formas Sothe probablemente no dejaría de ser un pobre ladrón mientras se quedase en las calles de Nevassa. - Aunque es bueno saber que en lo más bajo de las calles no todo es malicia sino que también hay gente dispuesta a ayudar a la gente tan pobre como ellos.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Mar Nov 10, 2015 10:05 pm

....Cuando la muchacha tomó la carne que le correspondía al mercenario éste simplemente realizó un ademán para indicarle que no tenía problema, y acompañó aquel gesto con su característica sonrisa. Aunque fue muy poco lo que duraron sus labios en aquel gesto pues a los pocos segundos ya se encontraban ocupados una vez más abriéndose con amplitud para recibir entre los mismos una nueva porción de pan con miel. ¿Qué podía decir? Tenía un buen apetito y sabía apreciar un alimento que le resultaba delicioso, por simple o humilde que fuera. Y mientras masticaba la respectiva porción se volteó para poder oír con atención lo que el ladrón tenía que decir, y cómo expresaba cuál era el objeto de su búsqueda, o más bien quién. Su mirada se mantuvo atenta a los gestos del muchacho mientras hablaba, y fue así como al notar que éste bajaba la mirada apresuró a depositar una de sus manos sobre la cabeza ajena. - Estoy seguro que la conseguirás, tarde o temprano. Seguramente te extraña tanto como tú a ella, y algún motivo de fuerza mayor le alejó de ti. Pero verás cómo cuando menos te lo esperes te reencontrarás con ella. Como no soy de aquí no tengo ni la más remota idea de quién es, nunca me ha sonado ese apodo, pero te garantizo que si algún día lo escucho durante mis viajes, o me la cruzo, trataré de ponerla en contacto contigo. - Sacudió un poco la mano en un gesto amistoso, bastante similar al que se tendría con un niño, despeinando al chico en el proceso. Luego regresó sus manos al pan que se encontraba comiendo.

....Su mirada se trasladó hasta el rostro de la hechicera en cuanto ésta comenzó a hablar para compartir su visión sobre la pregunta que él mismo había formulado. El mercenario no emitió palabra alguna, no quiso interrumpirle, y sencillamente esbozó una sonrisita. No parecía sorprenderle lo que la joven tenía que decirle, y hasta daba la impresión de que, en cierto modo, esperaba oír una respuesta similar. De vez en cuando asentía con la cabeza, aunque en ese momento era difícil identificar si con aquel gesto buscaba darle la razón o indicar que sí le estaba escuchando.

....Cuando fue el muchacho quien tomó la palabra para participar en el debate el pelirrojo actuó de manera similar: se volteó para escucharle, le observó con atención, y asentía periódicamente con la cabeza. Solo interrumpía brevemente tales acciones para tomar alguna nueva porción de pan y untarla con miel para continuar consintiendo a su estómago durante la conversación. Y así, en silencio, permaneció hasta que ambos terminaron de dar su postura.


....- Para ser tan jóvenes sí que saben expresarse y evaluar la circunstancia que los rodea, ¿eh? - Dejó por unos segundos el pan sobre la mesa para dedicarle un par de aplausos a ambos, un gesto que, se notaba, carecía de todo cinismo o burla. - Pienso que ambos tienen la razón, o al menos parte de ella. Es cierto que a veces la ignorancia o el tener una mente poco cultivada resulta determinante en una situación así. También es cierto que es complicado cambiar la situación cuando las personas con dinero y poder no tienen el menor interés por ayudar a que ocurra un cambio. ¡Pero! - Pausó su propio discurso y lo dejó en suspenso mientras daba unos cuantos bocados a su pan, aunque al menos tuvo el detalle de masticar con prisa para no hacerlos esperar por demasiado tiempo. - Si bien ambas posturas son completamente válidas creo, en lo personal, que se no se enfocan en lo verdaderamente importante. El ignorante no es culpable de ser ignorante. ¿Cómo puede serlo si no es consciente de su condición? Y aunque lo ideal es que quienes tienen el poder ayuden al más necesitado, resulta absurdo sentarse a esperar que lo hagan pues, a final de cuentas, no los afecta directamente. - Observó a los ojos de la hechicera y luego a los del ladrón, intercalando entre uno y otro periódicamente. Tenía un objetivo en mente, pero para llegar a él prefería hacerlo paso a paso, y trazar el camino a través de aquella conversación. - A lo que quiero llegar es a lo siguiente: todos, absolutamente todos, somos capaces de crear un impacto en el mundo, de cambiarlo, así sea nada más un poco, de la misma forma en que, como dices tú, muchacha, hoy hemos cambiado la vida de este pequeño así fuese por un día nada más. Cambiar la situación de esta ciudad, de este reino, de este continente o de este mundo no está en manos de los poderosos, ni de los ignorantes. Está en manos de quienes sabemos que la situación está mal, y de quienes soñamos con la posibilidad de que sea distinto. El ignorante considera que un mundo distinto es solo un sueño, no luchará por eso, pero el que no lo es sabe que es una posibilidad, y si no hace lo posible por convertir esa posibilidad en una realidad es un verdadero responsable. Quizá lo que hicimos hoy pareciera algo pequeño, pero fue una pequeña gota. ¿Y de qué está compuesto el mar si no es de miles y millones de gotas?
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 12, 2015 5:50 am

-¿La dama del cabello de plata? No la he visto pero abundan los rumores sobre ella. Hay quien dice que puede sanar con las manos, sin tomo ni bastón, aunque solemos tomarles por lunáticos. -explicó, llena de razón. A pesar de que se trataba de la realidad, no tenía la menor intención de creer tal historia. Se mostraba escéptica ante los rumores propagados, precisamente, por la gente que carecía de cultura en absoluto.

Además, Saabirah no estaba completamente segura de que los mendigos fuesen invisibles para las clases altas. De hecho, pensaba en todo lo contrario. Ignoraban, pero sí que veían el sufrimiento de las personas a su alrededor. No era la primera vez que ella recibía miradas de desprecio, escupitajos, insultos y demás muestras despectivas de atención. Se encogió de hombros ante las palabras de Sothe, incapaz de darle la atención pero aliviada al ver que no había tenido que pasar por lo mismo que ella.

Lo que sí era cierto es que poseían el poder, no en vano se trataba de la clase privilegiada. En cuanto los comprendían a ellos como mendigos sarnosos, se creían con el innato derecho por su alcurnia de tomar su correa y dejar que se pudriesen. El poder, el dinero, el ego... Había tantos factores que podían corromper a una persona y engrendar malicia en su corazón. El mayor de ellos, en su opinión, el hecho de criarse rodeado de gente que normalizaba las conductas de la más baja moralidad.

-Ya, no tienen la culpa, pero no hacen lo más mínimo por cambiar su situación. El conformismo es lo peor. -gruñó, en un tono de voz algo más bajo que el suyo, justo antes de verse inmersa en la oratoria de Argus, quien comenzaba a filosofar sobre aquella capacidad del ser humano para cambiar las cosas. Se quedó pensando, antes de responder. -Está bien que seamos conscientes de la situación, pero las gotas desperdigadas abren brechas tan pequeñas que se fijan en un suspiro, por lo que nuestros esfuerzos nunca llegarán a nada si no los unimos o, por lo menos, atajamos metas comunes. -respondió, sabiendo que la única esperanza para ese país es que las pequeñas partículas acuosas creasen un aguacero capaz de abrir enormes heridas en su sistema político.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Sothe el Sáb Nov 14, 2015 1:49 pm

Se encogió de hombros cuando escuchó a la maga hablar sobre Micaiah, no le gustaba que destacase de esa forma ni que usase sus poderes en público; aunque por la clase de persona que era no podría simplemente ver una injusticia y pasar de largo, así que era normal que la gente hubiera podido saber de ella y por ende, opinar aquellas cosas sobre ella. Por mucho que no le gustase quizás era algo inevitable y aunque ahora el ladrón de pelo verde estuviera solamente concentrado en el hecho de intentar encontrar alguna pista del paradero de la dama de los cabellos de plata, sí que en algún momento como había dicho Argus había intentado con su gente cercana de Nevassa de intentar cambiar el mundo y hacer las desigualdades menos visibles. Pero al perder alguien tan importante en su vida, al mismo tiempo también había perdido un poco de esperanza en su lucha. - Quiero pensar que ella también me extraña, después de todo hemos vivido como si fuéramos una familia durante mucho tiempo aunque ahora estemos separados. Sería de ayuda si oyeses algo de ella o si te la encontrases pudieras decirle de mi... - Aunque más que escuchar razones de por qué se había ido y le había abandonado allí, solamente quería verla de nuevo. Estaba demasiado dolido como que alguna excusa le hiciera sentir mejor.

Les esperaban los trozos de carne que todavía seguían en su plato, cortados en grandes trozos los cuales parecían demasiado grandes para ser masticados de uno en uno pero el ladrón tenía demasiado en ese momento para pararse otra vez a cortar esos trozos nuevamente. No iba a admitirlo en voz alta pero por su aspecto era algo evidente que no había estado comiendo algo nutritivo ni consistente como aquellos pedazos de carne en una buena temporada; ni había tenido dinero para costearse algo así y de todas formas su mente había estado solamente concentrado en buscar sin resultado alguna pista sobre la chica y en su defecto, qué hacer una vez se había encontrado solo y sin saber cómo enfocar nuevamente su vida. Comió rápido y cogiendo los cubiertos de una forma rudimentaria, aunque masticaba con la boca cerrada para no asustar a los otros con sus modales. Una vez terminó de comer, se relamió los labios para eliminar cualquier resto de comida que se hubiese quedado alojado allí.

Miró al niño, que estaba comiendo alegremente y se notaba su buen humor al no tener el estómago vacío, como si se hubiera olvidado del mal trago que había pasado rato atrás cuando estaba siendo perseguido mientras el mercader le gritaba. Sothe no pudo evitar suspirar levemente, de una forma imperceptible. Sí que le gustaría que las cosas pudieran cambiar y que aquel niño que tanto le recordaba a su ‘yo’ de años atrás no acabara en el futuro siendo como él; robando cualquier cosa para poder sobrevivir pero sin la codicia que tenían los ladrones como para robar grandes cantidades y adueñarse de bienes ajenos de gran valor. Podría haberse buscado alguna otra manera de haber sobrevivido en su vida, pero tampoco es como si Daein diera oportunidades a jóvenes como él que no provenían más que de la calle. – Hubo un periodo donde sí pensaba que un pequeño grupo con unos ideales definidos podrían ser capaces de cambiar cosas, pero las cosas han cambiado y no sé qué pensar. Me gustaría pensar que niños como él no tuvieran que acabar siendo jóvenes con un futuro como el mío. – Quizás probablemente era solamente que el ladrón no encajaba en ningún lugar.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 14, 2015 8:17 pm

....Una sonrisa triunfante se dibujó en los labios del mercenario cuando escuchó las palabras de la hechicera. La conversación había tomado el rumbo que el hombre había deseado, y era el momento de poner sobre la mesa un tema en particular que deseaba tratar. Luego, al escuchar las palabras del ladrón, y aprovechando que se encontraba sentado al lado de él, pasó con toda confianza uno de sus brazos sobre los hombros del chico y le acercó a él en una especie de abrazo de costado; un gesto efusivo, afectivo y paternal. - Tienes razón, Saabirah, la tienes. Nos demuestras que no solo eres bonita sino también astuta. El esfuerzo de cada individuo por cambiar el mundo es digno de admirar y de respetar, pero adquirirá más fuerza si se ve acompañado por el esfuerzo de muchos otros. A final de cuentas el mar no está compuesto de gotas separadas las unas de otras. Están unidas. - No soltó al ladrón, quizá por estar demasiado inmerso en lo que estaba explicando, o tal vez por un exceso de confianza hacia él y una desconsideración hacia si se sentía incómodo o no. - Pero, ¿y si les dijera que es posible unificar todas esas buenas intenciones bajo un mismo objetivo, o un mismo estandarte? O si les dijera que sé de una forma para que este niño no tenga que pasarse los días mendigando en las calles, o robando y corriendo el riesgo de que un sujeto como el de hoy lo atrape y lo llene de golpes.

....Solo entonces dejó en libertad al muchacho para así recargar ambos brazos sobre la mesa y encorvarse hacia adelante, como si estuviese por confiar alguna confidencia con todos los presentes cerca de él. Un gesto quizá algo exagerado, y posiblemente hecho con toda intención para captar la atención de sus compañeros, pues lo que estaba por decir poco o nada tenía de secreto. - Formo parte de un gremio denominado "La Guardia", el cual se encuentra en el reino de Begnion. Si bien es un grupo de mercenarios, las tareas que realiza suelen seguir un código de conducta y se hacen con la función de costear los propios gastos. El objetivo fundamental de La Guardia es, justamente, ayudar a la gente, producir un cambio. Cada miembro colaborando con su gotita de agua, o con su granito de arena. Ofrecer protección a poblados que no cuentan con la defensa de la guardia del reino, darle refugio a quienes no tienen hogar, esa clase de cosas. El gremio le garantiza techo y comida a quienes están en él, sean guerreros o campesinos, y lo único que hay que hacer a cambio es ayudar con las tareas cotidianas, como mínimo. - Tras la explicación el hombre se volvió a acomodar sobre su silla. Se veía que la muchacha no tenía ningún problema monetario, y eso lo había demostrado al ofrecerle a todos algo de carne. Pero el ladrón que tenía a su lado era obvio que no contaba con un sitio en el que dormir, ni con un plato de comida garantizado cada día. Le dedicó un breve vistazo antes de regresar la mirada hacia la joven. - Puede que sea una iniciativa muy ambiciosa, y muy reciente, pero la cual estoy seguro que dará frutos a la larga. Tal como tú has dicho: los esfuerzos valdrán más si se unen, y eso hacen sus miembros.

....El varón terminó por recargar todo su torso contra el respaldar de la silla y cruzar sus brazos a la altura del abdomen. Su mirada se paseó lentamente desde el rostro de la hechicera hasta el del ladrón y viceversa. Quería contemplar sus gestos, sus reacciones, e intentar discernir qué pasaba por sus mentes en presencia del tema expuesto. - Básicamente lo que les estoy diciendo, aunque con sutileza, es que sería un placer tenerlos con nosotros. Veo que son personas de buenas intenciones, de corazón puro, y que, como yo, desearían ver este mundo un poco mejor. Aunque comprenderé si no sienten deseos de abandonar estas tierras que les vieron nacer.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 15, 2015 2:29 pm

Parecía que la relación de Sothe con la Dama del cabello de plata era de mucha mayor importancia de la que ella hubiese imaginado, por lo que el hombre se encontraba apesadumbrado. -No he tenido el placer de conocerla en persona pero, si ocurre, te la pienso traer como sea. De todos modos, tiene que haber un motivo para su conducta, la familia no se olvida ni aún tomando un camino diferente al suyo. -le salió del alma, pues Saab sabía muy bien que su maestro solía ir muy a su rollo y que ella había heredado esa misma costumbre, pero nunca se olvidaba de nadie mientras seguía con su camino. Había tomado siempre el rumbo que creía correcto y era algo que, pese a que algunas personas podría llegar a sentar mal, no podía avergonzarle ni causarle rencor alguno.

Parecían todos haber terminado de comer menos el niño. Ella hacía poco que había logrado despachar aquella carne, fruto de su esfuerzo económico. Y bien que le había sabido ese suculento exceso, era el sabor de todas aquellas misiones y encargos cumplidos, el sabor del salado sudor de su frente hecho manjar. Estaba delicioso. Quedó tan llena que no pudo evitar apoyar las manos sobre su abdomen con expresión de saciedad, contenta, al menos hasta que Sothe lamentó el hecho de que el jovencito pudiese terminar siendo otro de los miles de ladrones que no habían tenido oportunidades en la vida. Era cierto, provocaba una tristeza horrorosa pero ella no tenía claro cómo evitar tal circunstancia.

Se sobresaltó y dio un respingo en el sitio cuando las dos manos de Argus dieron un golpe sobre la mesa, con intención de enfatizar y de llamar la atención. Asimismo, se sonrojó mientras seguía al borde del infarto, pues había recibido un elogio tremendo a su forma de ser. Parecía tener un grupo de mercenarios -oficio que ella ocupaba cuando no estaba inmersa en sus miles de lecturas- capital que tenían como objetivo labrar el camino hacia aquel cambio en tal época de emociones lluviosas. Escuchó atentamente las funciones del gremio y las competencias que habían de realizar. Sonaba completamente razonable. Casi pareciera que aquel encuentro lo hubiese condicionado el destino para que ninguno de ellos fuese una de esas gotas separadas.

-¿La Guardia? Supongo que su situación geográfica implica que habremos de trasladarnos y hacer de Begnion nuestro hogar permanente. Eso me impide un traslado inmediato, pero podría ser dentro de poco... -comenzó a razonar en voz alta, para ver cómo planeaba su adición a tal grupo. Pero se había dado cuenta de que si aquel asunto fuese una persona, le habría saltado a la yugular sin contemplaciones. -Lo que intento decir es que estoy completamente a favor de la causa y de sus ideales y que me gustaría comenzar a remodelar mi vida a corto plazo para ingresar en el gremio, pero no quiero que sea muy abrupto para mi padre. Agradezco que me hayas tenido en cuenta para tal fin, me esforzaré para ser lo más útil posible nada más consiga llegar hasta allí -asintió, esperando que sus términos fuesen aceptables y sonriendo muy ampliamente ante la posibilidad de hacer algo que, aunque no lo sabía, había estado toda su vida esperando. Sus ojos brillaban con emoción y plenitud en ambos sentidos de la palabra.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Sothe el Lun Nov 16, 2015 6:18 am

Se sobresaltó un poco cuando notó el brazo del mayor de ellos pasar por sus hombros, después de todo, Sothe intentaba actuar distante a las personas de su alrededor, haciendo una excepción en algunas personas puntuales, pero tenía que admitir que no estaba acostumbrado a esa cercanía y la manera directa en la que Argus se expresaba. A pesar de ello, continuó callado escuchando con atención lo que estaba por decir, no podía evitar recordarse de Micaiah cuando aquel mercenario hablaba sobre intentar cambiar el mundo y no se le hacía como algo tan lejano. Normalmente se sentía como si estuviera viviendo en un mundo diferente al de la gente que le rodeaba pero ahora se sentía en una sintonía similar.

Cuando el hombre lo soltó y les ofreció unirse a su gremio, el rostro inexpresivo de Sothe cambió a una leve sorpresa. No era como si normalmente le ofrecieran a uno unirse a una causa así y tenía que admitir que le sonaba bastante afín con su antigua Brigada del Alba, dispersa una vez que su líder, la dama del cabello de plata pareció desaparecer de Daein. Apoyó su codo en la mesa, para descansar su rostro en la palma de la mano, dirigiendo su mirada a un punto aleatorio de aquel antro; no tenía claro sobre que hacer, era una proposición demasiado inesperada y le costaba más de reaccionar que a la maga que enseguida había opinado a favor de la propuesta. - Ah... - Todavía estaba inmerso en sus propios pensamientos, como si se hubiera olvidado de que estaba con más gente. Valorando la situación en algunos instantes.

Quedarse en Daein no era una de sus prioridades, después de todo, las probabilidades de que la dama siguiese en ese país eran realmente escasas, por lo que tenerse que mover geográficamente a otro país no era uno de sus principales inconvenientes. Quería ayudar a los demás, siempre había sido uno de sus ideales a seguir, pero que parecía haber perdido en las últimas semanas desde que se había encontrado solo de nuevo. Quizás aquello era una señal sobre que camino debía seguir. - Abandonar Nevassa no es un problema... Después de todo no voy a encontrarla aquí, de eso estoy seguro. Y tengo que admitir que los ideales de La Guardia son bastante parecidos a los que ella seguía. - La mirada que había estado perdida durante unos minutos, ahora volvía a estar dirigida al que inicio aquella idea. A Sothe le escuchó decir que parecían personas de buen corazón, quería intentar creer que aquello era cierto pero sin duda él mismo no podía dejar de verse como un mero ladrón sin un oficio digno de ser.

El ladrón de pelo verde se rascó la nuca, extrañado por como había acabado toda aquella situación. - Supongo que... ¿Me gustaría ayudar en la causa? No tengo nada que me retenga aquí. Y si realmente puedo ser de ayuda me gustaría contribuir. -  Solamente esperaba que no se hubieran hecho falsas esperanzas con él, aunque no robaba por placer no dejaba de ser un ladrón.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Assassin

Cargo :
Ladrón

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de acero [4]
Tónico de resistencia [1]
Vulnerary [3]
.
.

Support :
Under
Vallum

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2343


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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Lun Nov 16, 2015 8:09 am

....Las cosas habían salido incluso mejor de lo que el mismo mercenario había planeado. Si bien había pensado que tanto la hechicera como el ladrón eran personas que posiblemente se sentirían interesadas por lo que él tenía que ofrecerles, creyó que recibiría un poco más de resistencia por parte de ellos. El ver que aceptaban sin la menor duda producía un enorme sentimiento de satisfacción en el pecho del pelirrojo. Éste comenzó a balancear la silla en sus patas traseras mientras dejaba que ambos jóvenes concluyesen con sus palabras, y cuando así fue chocó ambas palmas entre sí en un pequeño aplauso. - ¡Ja, ja, ja! ¡Pues creo que entonces debo decirles: "sean bienvenidos a La Guardia"! - Extendió los brazos de par en par, como esperando recibir un abrazo de parte de ellos, o él mismo enviándoles ese abrazo. Todo esto como un pequeño gesto simbólico, por supuesto, considerando que con la mesa de por medio no los podía abrazar a todos.

....- Veamos... Yo todavía tengo un par de asuntos que atender acá en Nevassa, visitar a unos familiares, eso significa que no podría llevarlos ahora mismo. Además veo que nuestra querida Saabirah igual tiene que arreglar algunas cosas antes. Así que les propongo lo siguiente... - Hizo una pausa durante la cual se acarició la barba, pensativo. Necesitaba evaluar qué tan plausible era lo que estaba por ofrecer, hasta que finalmente asintió con la cabeza. - Puedo dejarles algunas indicaciones para llegar por ustedes mismos. ¿Por qué no se ponen de acuerdo y viajan juntos cuando la chica esté lista? Además les ofrezco la oportunidad de llevar a más gente si así lo desean. Es decir, tú, Saabirah, puedes llevar a tu padre si él así lo desea. Él será bien recibido como cualquiera de ustedes. Me has dicho que tu padre ha sido tu instructor, y seguro que alguien así nos serviría entre nosotros, siquiera para darle algunas clases a los menos afortunados. Ya sabes, entre nuestras filas incluso hay gente que no sabe leer o escribir. Y tú, Sothe, puedes llevar a este muchacho contigo si quieres, e incluso a cualquier otro niño en condiciones de pobreza que te consigas y acceda ir contigo. Desde hoy hasta cuando estén listos para partir pueden reunir a la gente que deseen llevar y hacer todos los preparativos. ¿Qué dicen?

....Suponía que esa oferta haría sentir un poco más cómodos a ambos muchachos. La joven no tendría que separarse de manera tan definitiva de su padre, y el ladrón podría sentir un pequeño cambio inmediato en su realidad al poder salvar, así sea un poco, a algunos chicos de su entorno y así evitar que caigan en el mismo camino en el que él cayó y que tanto lamentaba. Esperó, paciente y silencioso, a lo que ambos tenían que decir ante esa oferta adicional, y mientras tanto conducía sus manos a uno de los últimos trozos de pan para untarlo con miel y empezar a comerlo lentamente.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

Mensaje por Invitado el Mar Nov 17, 2015 4:22 am

Argus parecía muy satisfecho con las respuestas obtenidas por cada uno de los dos que eran nuevas incorporaciones al gremio. No tenía mucho de lo que preocuparse, ahora que contaba con la palabra de ambos, pues ya tenía dos poderosas manos contribuyendo en su lucha. No había poder mayor que el de un enbravecido mar y en tal se pretendían convertir.

-Gracias, es un gran honor. -respondió, a las palabras de bienvenida con las que casi parecía querer abrazar a la inmensidad. Ella entrelazó las manos a la altura del abdomen y adoptó una posición relajada. Era un gran honor y también un alivio, ahora estaba dejando de perder el tiempo en su vida. Era el momento de tener una causa por la que darlo todo sin reserva de ningún tipo.

Sus circunstancias eran tenidas en cuenta por Argus, quien encontró el modo perfecto de apaciguar sus conciencias o, por lo menos, la de Saabirah. -Sí, a mi me parece bien, seguro que a mi padre también. En caso de que a Sothe le parezca también, acordaremos un modo de viajar y de seguir tus indicaciones. ¿Es sencillo de encontrar o tiene pérdida? -preguntó, tratando de bosquejar en su cabeza el plan y el camino a seguir. No tenía el menor problema con respecto al desplazamiento y sabía que su padre era muy voluntarioso con respecto a hacer el bien. Lo que no sabía era si el ladrón encontraba los términos aceptables y no quería imponerle sus preferencias en ningún momento, por lo que su respuesta fue escueta y se quedó a la espera, escuchando.
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Re: Entre miseria e injusticias [Privado] [Saabirah, Sothe, Argus]

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