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[Social][Aventura] El bosque perdido [Sindri, Valkoinen]

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Mensaje por Valkoinen el Sáb Dic 09, 2017 11:01 pm

Hace un tiempo, un manakete llamado Suryha le habló al joven viajero sobre un bosque bonito, pero no conseguía recordar el nombre del bosque, tampoco el lugar exacto de su ubicación. Lo que sí sabía era que pertenecía a Begnion, en el continente Tellius. También recordaba vagamente algo sobre un desierto cercano al bosque y un río. Con toda esa información en mente decidió tomar la aventura de ir a visitar un bosque que se acercara a esas características y probar suerte a que fuese el mismo que decía el manakete. Valkoinen pensaba que después de todo lo que había pasado hasta el momento, se merecía un descanso para despejar su mente durante una temporada, de ahí el inicio de su travesía por Begnion.

Lo primero que hizo al llegar al país por vía marítima, fue ir a tabernas de diferentes pueblos a recolectar información sobre la ruta que debería tomar para llegar al bosque que les describía. Tuvo la suerte de que todos llegaban a la misma conclusión, que se trataba del Bosque de Serenes, no obstante, también mencionaron: "Ya no es lo que era". Esos comentarios le dieron mala espina al joven viajero y aun así estaba dispuesto a ir para comprobarlo de primera mano. Le resultó curioso que algunos laguz eran tratados como seres inferiores sin motivos aparentes y en cambio, no hacían ni decían nada para remediarlo. Unos días más tarde averiguó que algunos de ellos vivían como esclavos para los beorcs, una forma de llamar a los humanos en Tellius. No estaba para nada a favor de la esclavitud, pero no iba a actuar, no quería tener más problemas con países a causa de sus acciones.

Buscó un método de transporte por tierra para poder desplazarse más rápido, pero no tuvo éxito. No obsatnte, una jinete pegaso había escuchado que necesitaba transporte y le ofreció viajar con ella hasta llegar al desierto de Grann. Durante todo el viaje tomaron varias paradas para descansar y reponer fuerzas, pues el pegaso no estaba acostumbrado a llevar dos personas a lomo. Por el buen trato que le dieron a Valkoinen, cogió algo de afecto a la jinete y al pegaso, por lo que al terminar su cometido dijo que si alguna vez necesitaban algo, que le escribiesen una carta y acudiría lo más rápido posible para devolver el favor. Los días de vuelo fueron tranquilos y sin problemas graves que atender, la cosa cambió cuando debía atravesar el desierto con sus propias piernas. Fue sin duda alguna, la travesía más agotadora que hizo a lo largo de su vida. Iba de aldea en aldea preguntando hacia donde estaba el bosque, pues no tenía ningún mapa para poderse orientar. El terreno montañoso junto con el caluroso clima, escasez de agua y algún que otro ataque de emergidos, fueron otros factores que le dieron más fuerza a ser la travesía que más energías le hicieron gastar. Tardó mucho más en cruzar el desierto que llegar a él, pero finalmente llegó antes del mediodía a uno de los ríos más grandes y significativos de Begnion, un río que debía cruzar para llegar al tan esperado bosque.

Para poder pasar de un lado a otro, había un puente que unía ambos lados, seguido por un camino que según la información que había recopilado, llegaba al bosque. Después del esfuerzo durante tantos días volando y andando, optó por tomar un último descanso antes de llegar al bosque, por lo que se sentó con las piernas cruzadas y la espalda apoyada en la pared del puente, cerró su ojo derecho y se quedó dormido. Pasado un tiempo, sobre el puente había un hombre mayor con una caña que no parecía estar muy contento. —¡Esta caña no sirve para nada! ¡Desde que la arreglaron no pica ni uno! —dijo el anciano mientras lanzaba el anzuelo otra vez. El expirata despertó con las voces del anciano y se quedó mirándolo durante un buen rato. Como no tenía suerte, terminó por levantarse del suelo y acercarse. —Oye viejo, déjame intentarlo —mencionó sin tapujos al mismo tiempo que le quitaba la caña de las manos. El anciano frunció el ceño y empezó a gritar que había un ladrón, pero el joven viajero ignoró los comentarios mientras movía de un lado a otro el hilo hasta que algo pareció picar. —Espera un poco más, que ha picado uno gordo —intentó tranquilizar al viejo a pesar del poco énfasis en sus palabras. Por mucho que tiraba, no lograba sacar al pez y poco a poco su paciencia se terminaba. Cuando notó un pequeño cese de fuerza, tiró con fuerza de la caña. Para el asombro de ambos, lo que había pescado era una bota vieja y desgastada, una bota inservible que no tenía ningún valor. —Es la primera vez que pesco una especie como esta... No creo que sirva de mucho, pero es tuya —le lanzó la bota con la fuerza justa para que el anciano pudiese atraparla. El hombre después de estar emparrado durante un tiempo, empezó a reír a carcajada limpia por el chasco que se habían llevado y aunque al final no pudo pescar nada, se marchó alegre.

Cuando terminaron de despedirse, el joven volvió a sentarse en el suelo para ver si conseguía dormir más tiempo antes de volver a seguir su camino.


Última edición por Valkoinen el Lun Dic 11, 2017 6:32 pm, editado 1 vez (Razón : Me parecía que se quedaba corto y que le faltaba algo)
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Mensaje por Sindri el Sáb Dic 16, 2017 7:19 pm

“¿Alguien sabe el camino hacia el Bosque de Serenes?”

Era la pregunta que los habitantes de algunas aldeas de Begnion habían tenido que soportar de un turista inquisitivo y con acento de Elibe que, por alguna razón, quería ir al lugar que ningún Beorc ni Laguz quería siquiera escuchar el nombre. Un acuerdo tácito, si es que podemos llamar acuerdo eso, según el cuál ambas razas entendían el lugar maldito tras ocurrir la Matanza de Serenes. El silencio incómodo de los Beorc al ser preguntados, con gestos compungidos y eventuales respuestas evasivas, dio la pista a Sindri que había un trasfondo del evento mucho más hondo de lo que muchos querían comentar. Casi como una herida en ambos bandos, salvando las distancias del daño cometido. El Sabio Oscuro no estaba allí a título de observador, no de juez, pero aún asegurando que su investigación era puramente didáctica no consiguió más que vagas direcciones hacia el bosque quemado tan útiles como emplear las montañas de nieve de Ilia para orientarse.

Pero de muchas inexactitudes comparadas con las notas que ya tenía le presentaron una ruta bastante fiable para llegar a su destino. No reparó en comprar avituallamiento y varias herramientas que creía que le harían falta al llegar ahí, cortesía de un artesano que, a juzgar por sus precios, no vendía mucho más que azadas y herraduras. Su zurrón pronto se llenó a rebosar con aparatos para medir el terreno, brochas para quitar el polvo, ganchos con metros de cuerda, martillos y cinceles y palancas, que tuvieron que compartir el sitio con la comida y algo todavía más importante: su investigación. La enorme pala hecha de madera oscura y claro metal, pero, no había forma humana de guardar en ningún lado, por lo que simplemente se la ató a la espalda antes de salir por el camino que, teóricamente, le llevaría al bosque que antaño fue hogar de las Garzas Laguz.

El camino era extremadamente poco transitado y todavía menos interesante, siendo un camino recto de pocas curvas que no había sido siquiera rozado por las ruedas de los carros. Verdaderamente podía calificarse de una ruta fantasma. Aburrida. Sin gracia. Sin nadie con quién hablar.

Aprovechó el camino para poner en orden todo lo que sabía sobre el Bosque de Serenes y su masacre, cosa que investigó a fondo durante su estancia en la ardiente biblioteca de Tellius tiempo ha. Todo comenzó con la muerte de la apóstol Misaha de Begnion, una de las líderes más carismáticas y queridas de ese país de Tellius, que sumió a la población en una desesperación nunca vista antes. Tras una investigación del lugar del crimen y valorar las pruebas encontradas en éste, el Senado de Begnion llegó a la conclusión que los responsables habían sido los Laguz Garza, habitantes en aquel momento en el Bosque de Serenes. Los ciudadanos de Begnion, invadidos por una furia ciega contra los asesinos de la apóstol marcharon como uno solo hasta los límites del Bosque de Serenes con la intención de hacer pagar la trasgresión cometida. Y los hicieron pagar. Durante tres días sucesivos el Bosque de Serenes ardió sin control elevando al cielo una columna negra de venganza y vindicación. Cuando las llamas finalmente se apagaron no quedó más que una masa negruzca que difícilmente podría llamarse bosque completamente en silencio. Los Laguz Garza habían perecido y, con ese acto, la deuda de sangre fue saldada.

¿Pero verdaderamente fue todo así?

Sindri había conocido un Laguz Garza, por lo que no habían perecido allí todos los miembros de esa especie. Sujeto que, de hecho, tenía una visión radicalmente distinta de lo acaecido. Seraphiel decía que los Laguz Garza no habían hecho tal cosa y que todo era una mentira creada por los Beorc de Begnion. Claro que los afectados dirían algo completamente distinto, pero no por ello debía considerarse automático como falso todo lo que tuvieran que decir al respecto. El Laguz Garza Seraphiel merecía que se tuviera su opinión en alta estima como conocedor de primera mano de lo sucedido. Aunque le había dicho que “no esperaba que lo entendiese” por ser Beorc, cosa que a día de hoy seguía sin gustarle al Sabio Oscuro. Él no era “un Beorc”. Para él, el vocablo Beorc era algo tan distante que le era imposible identificarse con él.

Enfrascado en tal debate mental, Sindri caminó y caminó abstraído totalmente en sus pensamientos hasta que el ruido de una conversación cercana lo sacó de su ensimismamiento. Tuvo que hacer un esfuerzo para concentrarse en el lugar en el que se encontraba: un prado de poca vegetación dividido en dos por un río embravecido de fuerte corriente. Un puente que, honestamente, no parecía demasiado seguro servía para cruzar la masa de agua y más allá… ¿Sus ojos le engañaban acaso? ¿Era eso un bosque tal y como mandan los cánones de Elibe? ¿Estaría llegando ya a su destino? El viaje se le había hecho realmente corto, aunque sus piernas no opinaban de igual manera.

Pescadores. De ahí venía el griterío. Dos figuras. Un pescador acusaba al otro de ladrón, pero el presunto amigo de lo ajeno no se inmutó lo más mínimo. El Sabio Oscuro se acercó más a la escena, interesándose por el desenlace que parecía inminente viendo la fuerza con la que trataba de sacar el resistente pez del agua. Pero no fue un pez sino un zapato sin pareja, que prontamente fue pasado en mano al que parecía más mayor. Cosa que le hizo gracia. Dejó que todo volviera a la normalidad antes de entrar a escena, para decir con una sonrisa – Menudo botarate el que dejó caer eso en el río. Contaminar los recursos de Mamá Naturaleza nos puede traer problemas en el futuro. – una vez fue entreagado el mensaje medioambiental, Sindri continuó con algo que se le ocurrió al momento – Aunque, visto lo que capturaron, pocos podrán decir que les lleguen a la suela del zapato a la hora de pescar.

Avanzando un poco más, señaló con su mano la masa arbórea que asomaba por el horizonte – Buenos días, caballeros. ¿Que me podrían decir si aquél es el Bosque de Serenes?
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Mensaje por Valkoinen el Dom Ene 07, 2018 4:57 pm

No mucho después de pescar la bota, si se le pudiese llamar pescar a eso, un chico joven de pelo morado se acercó a la pareja que estaba en el puente. Aparentemente era de una edad similar a la de Valkoinen, tal vez podrían coincidir en años y todo. De todas formas, algo le llamó la atención al expirata y no era precisamente el color de su pelo, más bien las palabras que salieron de su boca. No recordaba haber escuchado a un joven tan educado desde hace tiempo, sin contar con el extra de haber defendido la naturaleza, un detalle que le pilló desprevenido y que le encantó. Todavía incrédulo ante tal habla, escuchó el siguiente comentario. Si lo primero que dijo le impresionó, lo segundo lo mató por dentro. Ese tipo sí que sabía hacer humor, le recordó a la época en que hacía juegos con las palabras que conocía y al mismo tiempo, le pareció gracioso, pero al fin y al cabo, fue incapaz de esbozar una sonrisa. En cuanto a la pregunta que hizo a continuación, tenía interés en saber la localización del Bosque de Serenes, lugar al que iba a dirigirse también el joven viajero. No estaba seguro de si realmente lo era o no, pero las indicaciones que había recibido hasta el momento coincidían, por lo que probablemente sí lo fuese. —Sí, ese de ahí es el Bosque de Serenes. No sé si se lo habrán dicho jovencito, pero está completamente arrasado. Si la primera imagen impacta, espere a adentrarse... En el interior hay unas ruinas de lo que una vez perteneció a la antigua familia real. Tenga cuidado si tiene pensado adentrarse, puede ser peligroso —advirtió el anciano con la bota en la mano.

Hmm... Oye, pelimorado —Valkoinen quería hablar con el chico por varios motivos— si tienes pensado ir al lugar que acabas de mencionar, me ofrezco a acompañerte. Estoy interesado en ir a verlo. —No era partidario de ir en compañía, pero llevaba una especie de mochila de cuero en la espalda, aparentemente llena. Si dentro de ella había comida, podría alimentarse sin hacer el esfuerzo de buscarla, ese era el principal motivo. — Si el viejo está en lo cierto y hay peligros, te puedo ayudar. Por cierto, tienes un buen gusto en cuanto a humor. —El segundo motivo era que simplemente le había caído bien a primera vista. — Y si no te importa, ¿podrías explicarme eso de la contaminación? No mola como suena... Pero de todas formas, el desgraciado que tiró la bota debería haberse caído al río y haberse ahogado ahí. Si yo fuera un pez, no me gustaría que me lanzasen una bota en mi casa... —El tercer motivo, y más importante que el segundo, era que el chico parecía ser un cuidador de la naturaleza como lo era él, a pesar de sus apariencias.

Mirándolo más detenidamente, llevaba una pala detrás, tal vez se trataba de una especie de explorador, arqueólogo o algo por el estilo. Por el habla que usaba debía de provenir de alguna academia, lo que le daría más lógica al hecho de ser arqueólogo. La vestimenta, en cierto modo también le daba ese punto de ser una especie de académico. Pero tampoco es que tuviese mucho interés sobre eso, la palabra contaminación se llevaba toda la atención. — Si te parece, vamos hablando por el camino, que aunque ya está a la vista, está algo alejado. —Internamente pensaba que su descanso debería esperar llegado a este punto. El hombre mayor se repitió, diciendo que tuviesen cuidado a la hora de adentrarse. Y finalmente decidió acompañarles porque según él, vivía en una caseta no muy alejada del bosque y le pillaba de paso acompañarnos hasta el bosque y después volver a su casa.
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Mensaje por Sindri el Dom Ene 14, 2018 7:02 pm

¿Lo es? ¡Maravilloso! ¡Maraviloso! – fue la respuesta que Sindri dedicó al pescador mayor tras la afirmación que aquello sí era el lugar que estaba buscando desde hace semanas: el Bosque de Serenes. Con la alegría del marinero con el hastío de un desierto de agua descubre tierra a la vista, el Dark Sage se acercó un poco más a la extraña pareja, con la mochila a su espalda canturreando una sinfonía de cachivaches chocando entre sí – ¡No se preocupe! Conozco la historia del bosque de Serenes, por lo que no vengo en calidad de turista… – señaló la pala que llevaba a su espalda con uno de sus pulgares de manera enfática – … sino de buscador de la verdad. O al menos, arqueólogo. Caza tesoros, incluso, si consideramos que el conocimiento es el bien más importante que hay en este mundo. ¿Qué queda más glamuroso e interesante? ¿Arqueólogo? ¿Historiador? ¿Caza tesoros? – las últimas palabras fueron dedicadas tanto a los presentes como a él mismo, una pregunta al aire. El antiguo bibliotecario se llevó una mano al mentón y levantó la mirada al cielo azul, comenzando a pensar sobre la cuestión presentada. Arqueólogo e historiador sonaban como trabajos más elevados académicamente, pero cazador de tesoros tenía ese toque irresistible que gritaba “aventurero” y “peligro” con sólo pronunciarlo.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando uno de las personas se dirigió a él directamente. Bueno, él era el único pelimorado que había en aquel lugar, ¿cierto? – Dígame… uhm… ¿Peliverde? ¿Pelimarrón? – trató de contestar con la misma gracia, pero el joven mago tenía problemas para identificar concretamente ese color de pelo bajo tal luz. La voz provenía de un muchacho joven en apariencia alto y con una ropa que nada tenía que ver con ninguna moda que hubiera visto tanto en Elibe como en Tellius. No era bueno adivinando edades, pero seguramente no sería ni mucho más joven ni mucho más mayor que él. A Sindri le llamó especialmente la atención la cicatriz que le cruzaba un ojo, un signo obvio que era alguien a quién el peligro no le era un completo desconocido. Era la cicatriz que uno esperaba encontrar en jefes mercenarios con mil y una batallas blandiendo una espada enorme o en capitanes expertos de navíos con un trágico accidente de juventud que les hizo madurar de pronto – ¡Toda compañía es apreciada, buen señor! La verdad, tanto tiempo caminando solo se me ha hecho bastante monótono… – solitario por naturaleza, el Dark Sage sólo viajaba en grupos grandes cuando estaba seguro que su presencia podía ser ocultada fácilmente o cuando el peligro lo aconsejaba. Esta situación parecía caer en el segundo caso. Y además… – ¿Lo dice usted en serio? Creo que es usted la primera persona a la que le hace gracia mi humor en años. ¿Qué digo, años? Estoy seguro que es usted la primera persona que ha halagado mi sentido del humor. – unos ojos que le hacían chiribitas de contento confirmaban las palabras de alguien cuyo humor sólo conseguía miradas cansadas y algún que otro quejido.

¿La contaminación? Claro, claro. Verá usted, las grandes ciudades de Elibe, la capital de Etruria por ejemplo, suelen crear una cantidad descomunal de residuos que van a parar al río más cercano y de ahí al mar. Pero las aguas residuales no deben mezclarse con el agua potable. – levantó la mano utilizando un tono didáctico, como el de un profesor de escuela respondiendo alguna cuestión de un alumno – Beber de esa agua puede provocar graves enfermedades como el tifus y la… ¿difteria era? La difteria y el cólera, eso. Enfermedades gravísimas que pueden diezmar cualquier ciudad. – el compendio de medicina que Sindri había leído en la Gran Biblioteca de Ilia había sido muy interesante, y el muchacho se veía con ánimos incluso de diagnosticar a alguien basándose en sus síntomas. El llevar a cabo sangrías y esas cositas tan desagradables con las sanguijuelas… no. Eso se lo dejaba a los profesionales que querían ensuciarse las manos – Más de un ejército fue derrotado no en combate, sino por excavar las letrinas y los lugares de depósito de detritos demasiado cerca de los pozos de agua. Por ello, lo mejor es no contribuir más a dañar nuestro entorno, ¿no cree?

Me parece bien. Caminante no hay camino, se hace camino al andar~ – canturreó, aceptando a la vez la invitación de los dos misteriosos pescadores, el mayor y el más joven. Si el pescador mayor sabía al menos un trocito de la vía a seguir, entonces las posibilidades de perderse descendían drásticamente. ¿Sería posible no encontrar una manera de llegar viéndolo en la distancia? Todo podía pasar. Todo podía pasar – Mi nombre es Sindri y soy un erudito de Ilia. Encantado de conocerles.
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Mensaje por Valkoinen el Dom Mar 18, 2018 4:31 pm

Al parecer, el joven de pelo morado conocía la historia del bosque, y por lo que decía, quería encontrar alguna cosa que se desconociese. O tal vez para comparar lo que encuentre con la historia del bosque en sí. También tenía un dilema a la hora de autonombrarse, aunque para el expirata estaba claro. —Caza tesoros suena mejor para mí —mencionó sin pensar, pues ya estaba acostumbrado a tratar con temas de tesoros a pesar de utilizar otros métodos para ello. El anciano prefería denominarlo arqueólogo porque sonaba más profesional y con mayor sabiduría, de todas formas estaba sorprendido que un chico tan joven le interesasen las historias pasadas. Después de la contestación, el expirata empezó con una serie de preguntas a las que iba respondiendo el otro chico.

Peliverde —aclaró con cierta duda de como se veía en ese momento—. Aunque el color de mi pelo es muy confuso, incluso para mí. Cuando hay mucha luz se ve más verdoso y cuando hay menos luz, más marrón. Teniendo en cuenta que es de día me imagino que ahora se verá más verdoso, pero si una nube tapa el sol... Igual se ve diferente. Creo que eso me pasa por tener varios pelos de diferente color. Es curioso. —explicaba mientras hacía ejercicios de movilidad desde el suelo. Con la posterior aceptación de ir en grupo, el rostro del expirata esbozó una sonrisilla pícara. Con alguien sabio no iba a tener ningún problema a la hora de conocer nuevas historias, aunque el interés que tenía era más turístico que de aprendizaje. De todas formas, aprender cosas nuevas no estaría del todo mal, sobretodo si llegan a ser útiles en un futuro. También le alegró el hecho de que su nuevo compañero era un incomprendido en temas humorísticos, aunque a diferencia de él, el expirata era el hazmereír de la anterior tripulación, ya extinta. Su nuevo compañero parecía estar emocionado también. —No es de extrañar, muy poca gente tiene buen oído para este tipo de humor... —dijo con desprecio hacia los que no comprendían su humor, aunque no hubiese ninguno presente.

Cuando empezó la explicación sobre la contaminación guardó silencio y estuvo atento hasta el final. De las enfermedades mencionadas sólo conocía el cólera, el resto era nuevo para él. Incluso se trababa a la hora de decir las palabras mentalmente. —Entendido profe. Pero entonces... ¿No son muy estúpidos los que continúan haciendo eso? Quiero decir, si un enemigo empezara a contaminar las aguas tendría un mínimo de lógica, pero de verdad que no entiendo el motivo de autoenfermar a la población. —paró de hablar por un instante y reflexionó un poco— Si afecta a humanos, ¿también afecta a la fauna en general? —pensó que si los humanos estaban afectados por la contaminación, los animales que también beben agua se verían afectados. Por lo que realmente sería más perjudicial de lo que pensó al principio. —Sí que es un problema grave. —aunque en cierto modo sintió alivio, su voluntad de querer la naturaleza desde la ignorancia, le hizo sentir bien. Una nueva sensación nació del joven, quería saber más sobre el tema, por primera vez tenía interés en algo más que los paisajes. Quería salir de esa ignorancia y apoyar sus pensamientos con fundamentos.

Tras escuchar el pequeño canturreo se puso de pie y empezó a estirar los músculos del pecho, espalda y brazos. —Yo me llamo Valkoinen. Se podría decir que actualmente soy un simple viajero. —no iba a mencionar los trabajos secundarios que hizo en su día, por cautela. Tampoco iba a decir para quien trabajaba en la actualidad, así que la mejor opción era decir una verdad a medias. —Mi nombre es Aldis, un placer conoceros a ambos. —empezó a encabezar el pequeño grupo hacia el bosque.— Normalmente, la gente sigue el camino hasta llegar al bosque, pero desconocen que se recorre mucho menos si se continua el trayecto recto. El camino está torcido y con algunas ondulaciones porque antes había más casas hasta llegar al bosque.

Valkoinen se puso a caminar detrás del viejo, contemplando alguna que otra casa en ruinas, cerca del camino que mencionaba el anciano. Pensó que a Sindri le podría interesar mirar las ruinas, pero decidió no preguntar, tenía más interés en el estado del bosque que sus alrededores, que a primera vista parecían desérticos. —Sindri, ¿sabes dónde puedo encontrar información sobre temas como ese de la contaminación? Y también que haya cosas sobre animales, criaturas o plantas incluso. Me vendría bien para mis viajes jejeje. —lucía bastante animado en comparación a la actitud que solía presentar.
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Mensaje por Sindri el Mar Mar 20, 2018 4:14 pm

Caza tesoros o arqueólogo… – ponderó Sindri mientras las dos personas le daban su opinión sobre el título. Caza tesoros le hacía pensar en algún tipo de aventurero aguerrido entrando en tumbas antiguas y resolviendo puzles dejados ahí por culturas antiguas. Un explorador nato que escapaba de los malvados bandidos al final y siempre conseguía a la chica. Y llevaba un sombrero. Arqueólogo por otra parte le hacía parecer alguien distinguido trabajando en ruinas para devolver el conocimiento perdido de las masas. Un estudioso del pasado, que catalogaba con exactitud los huesos de animales extinguidos y podía recrear objetos de tiempos tan pasados que ni los libros los recogían – Creo que Arqueólogo Caza tesoros será adecuado. O Caza tesoros Arqueólogo. Ahuhuhu~ – no es que fuera indeciso, es que lo quería todo. Y nadie le había dicho que no pudiera escoger ambos, ¿cierto? Un trabajo combinado quería decir el doble de pago al final del mes… aunque estaba haciendo aquel viaje más por amor al arte que por cualquier otra razón.

No se lo negaré, la verdad. No es que sea una eminencia en lo que a la gama cromática se refiera. No tengo el más mínimo talento en el arte, al fin y al cabo. – y lo decía en serio. El dibujo artístico para él era algo tan complicado y poco intuitivo que fue una de las primeras cosas que pidió dejar de hacer a sus padres. Sin importar cuánto practicaba, el joven Sindri jamás podía conseguir mejorar mucho en nada. Sus intentos de dibujar flores, pájaros o conejitos tenían tanto parecido con la realidad como los garabatos de un borracho en la mesa de una taberna con una navaja. Hoy por hoy había aprendido que esquematizar y romper objetos en sus formas más básicas le permitían hacer unos dibujos aceptables, pero hasta que el dibujo técnico no se considerara “arte” sus dibujos no acabarían colgados en ninguna pared – Salvo si es sobre colores parecidos al morado. Ya sabe usted: lila, lavanda, fucsia, malva, heliotropo… – señaló con una sonrisa su cabello, de un color morado intenso. Uno necesitaba saber una multitud de colores aproximados al de su pelo y ojos, por si acaso.

Sí. Son estúpidos. Pero la estupidez es una constante humana, ¿no cree usted? – contestó el Dark Sage con una naturalidad que hacía parecer que había encontrado una respuesta modelo para ese tipo de pregunta. A veces el peor enemigo no era el ejército enemigo que se vislumbraba más allá de las murallas sino el vecino sin muchas luces que piensa que el fuego es la mejor manera de quemar las malas hierbas del jardín – A ver, se puede gastar oro y mano de obra en llevar los residuos a algún lugar y hacer que los Magos los quemen con magia o se pueden tirar al río. Le doy tres oportunidades que para que acierte qué prefieren hacer en las grandes ciudades. Las dos primeras no valen. – valía tener en cuenta que los reyes y nobles tenían pozos propios completamente distintos de los del resto del vulgo, por lo que tampoco es que tuvieran mucho incentivo para gastar su tesoro amasado con el sudor y esfuerzo de otros – Los animales son bastante más agudos y suelen escapar de los lugares más contaminados. Una de las ventajas de no tener un hogar fijo, supongo. – aventuró, encogiéndose de hombros. Él tampoco tenía ningún hogar a día de hoy y no hacía más que echar de menos las camas suavecitas que había en los castillos de Lycia, por lo que no se creía en posición de comenzar a ponderar nada.

Valkoinen el simple viajero y Aldis el pescador comenzaron la marcha hacia el Bosque de Serenes a la que Sindri pronto se unió feliz de la vida de tener unas pocas orejas que escucharan sus desvaríos– ¡Cualquier atajo es bienvenido! Especialmente cuando dichos atajos implican caminar muuuuuuuuuucho menos. Ahuhuhu~ – ¡Y dicho camino traía unas sorpresitas, nada menos! Aquellas construcciones derruidas, por ejemplo. Llenas de hiedra, pero también de historia. ¿Qué podrían haber sido, tan lejos de cualquier núcleo conocido de civilización? ¿Podrían haber pertenecido a los Laguz Garza? ¿Algún tipo de centinelas al borde del bosque? ¿O tal vez el Bosque de Serenes había sido un crisol de culturas y podría encontrar pruebas fehacientes de la existencia de otros Laguz en aquel lugar? ¿Habían sido desvalijadas ya las moradas? ¿Quedaría algo escondido? ¿Algo bajo tierra? ¿Algo a buen recaudo dónde sólo puede encontrarse por…? – ¿Hm? ¿Qué dice? – unas palabras dirigidas a él por el autodenominado viajero hizo que tuviera que abandonar el mundo de las posibilidades.

¿Dónde, pregunta usted? Pues no sé qué decirle… estoy seguro que podría encontrar decenas de tomos sobre ello en la Gran Biblioteca de Ilia. Si no estuviera repleta de Emergidos a día de hoy. – era una pena, el faro del conocimiento de Elibe se había apagado y parecía que nadie en el continente quería remediarlo. Ah, si se encontraran ambos en la Gran Biblioteca de Ilia hubiera podido encontrar tres libros con esa temática en el tiempo que invirtió en rememorar tiempos mejores. Quizá cuatro, incluso – Seguramente pueda encontrar algo de interés en la biblioteca de Durban. O tal vez en la biblioteca de Sindhu. He oído que en Renais hay una biblioteca también, pero nunca he tenido la oportunidad de visitarla.
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Mensaje por Valkoinen el Vie Mar 30, 2018 6:53 pm

El otro chico parecía algo más decidido sobre que título escoger, aunque al expirata le pareció extraño que terminara por nombrar dos títulos. Podría haber usado los tres a la vez si quisiera también, incluso alguna abreviación usando las primeras sílabas de cada uno, creando una nueva palaba para resumir los tres títulos. Aunque por ese método no encontraba nada con sentido, tampoco es que le importase tanto el tema como para pensar en un nombre más corto.

Por lo visto ninguno de los dos sabía sobre temas artísticos, pero siendo un viajero podría llegar a conocer a alguien que fuese más específico a la hora de reconocer su pelo, probablemente. —¿Heliotropo? Nunca lo había esuchado. Aunque no sepas tanto sobre arte, en vocabulario vas sobrado. Y apostaría a que puedes reconocer pinturas y situarlas en alguna época —pensaba que independientemente de su talento en arte, seguro que conocía algunos conceptos que lo llevaran a alguna conclusión. Pues no necesariamente por no saber hacer algo significa que no lo entiendas. Por ejemplo, él era capaz de dibujar mapas a base de detalles y saberse ubicar, pero no tenía ni idea de como hacar un mapa perfecto.

Pues si buscan lo más barato... Supongo que acumulan la basura en algún lugar y la dejan concentrada allí. Parece algo que no les vaya a costar mucho dinero. Si tengo que decir algún lugar en concreto... Diría que las zonas más pobres, ya que siempre están sometidos y dudo que quieran rebelarse —ya había visto situaciones como esas en algunos países y era algo despreciable,  pero a él no le importaba tampoco mientras tuviese los bolsillos llenos para sobrevivir. Es más, si no hubiera sido por esas situaciones, ¿de que habría vivido? Ahora por lo menos tenía un "hogar" al que volver y un sueldo que cobrar por su trabajo, aunque no cambiase demasiado el tipo de trabajo de los que hacía—. Tengo entendido que en las zonas pobres es donde se suelen originar las pestes, si añado la información que me has dado sobre la contaminación tendría sentido —alguna de las historias que contaba su capitán le habían servido de información. Fue el mismo que le enseñó a escribir y leer. Nunca había pensado en la cantidad de cosas que sabía, ahora sentía curiosidad como era capaz de tener tales conocimientos habiendo sido un pirata. Le debió haber preguntado sobre su pasado en su momento—. Vaya, menos mal. Ojalá ser animal en otra vida —era ateo, no obstante, lo mencionó por el tema de ser más avispados.

Sindri parecía estar alegre por el atajo y algo distraído contemplando las ruinas, pero terminó contestando al viajero. — Lo de Ilia ha sido una desgracia para Elibe. Nunca he visitado esas tierras, igual debería de intentar acercarme sin hacer ningún revuelo. No conozco en que situación estará la biblioteca, ni la vigilancia que tendrán, pero podría conseguir colarme y llevarme algún libro —después de leer los contenidos los llevaría a otra biblioteca, hasta que se marcharan los emergidos de Ilia o los aniquilaran. Posiblemente a Durban, ya que era donde más tiempo pasaba e iba a pasar—. De todas formas tengo pensado ir a todas, de paso que viajo y veo cosas, recojo información —sobretodo en Durban, aunque antes tendría que pedir permiso a Yuuko, para asegurarse. En cuanto a la otras ya vería dado el momento—. Gracias por la información.

Después de haber estado andando un buen rato llegaron al supuesto bosque. — Ya hemos llegado jovencitos, el paseo ha sido entretenido, hacía mucho que no escuchaba una voz joven —se veía feliz a pesar de estar más pendiente de la conversación que platicando—. Ahora daré media vuelta y a casa. Tened cuidado y suerte si encontráis algo. Espero que nos veamos otra vez —acompañaba con un gesto de despedida. — Que te vaya bien Aldis. Y ten más paciencia para pescar —después de haberse alejado, miró a su compañero y señaló el bosque—. ¿Vamos?

En la entrada se podían apreciar muchos troncos secos y muertos, algunos ennegrecidos, carbonizados. Algunos rebrotes salían debajo de los viejos árboles, el suelo era más oscuro de lo usual, la ceniza debió compactarse y mezclarse con el suelo. Pero no sólo el aspecto era siniestro, el silencio que había era abismal, ni un pajarito se escuchaba. El olor que salía del bosque tampoco era el típico refrescante, tenía pinta de ser un bosque genial, pero en el estado actual... Dejaba mucho que desear, no quedaba nada de todo lo que podía a venir a la mente con la palabra "bosque". Pero tampoco podía confirmarse sin adentrarse, las primeras vistas pueden ser engañosas. Y aunque estuviese en ese estado, seguro que podrían encontrar alguna ruina o reliquia perdida.
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Mensaje por Sindri el Dom Abr 01, 2018 3:21 pm

Creo que espera usted demasiado de mí, un viajero todavía más simple, señor Valkoinen. – mencionó el Dark Sage moviendo su mano en el aire de forma negativa, como queriendo enfatizar lo que acababa de decir. No era exactamente una buena idea comenzar a enumerar sus virtudes y defectos – Supongo que podría estimar el tiempo y lugar en el que se pintó un cuadro, pero dudo poder hacer una aproximación muy exacta. Y si me saca del arte típico de Elibe, me temo que necesitaría algún tipo de guía o manual. – la pintura de Etruria era mucho más recargada que el típico retrato de Lycia, por ejemplo. Pero ese recargo de Etruria había pasado por varios estilos, desde el “estoy seguro que este vestido puede decorarse con más lazos” hasta el “si no tienes la espada arqueada entonces puedes llevar otro collar de oro”, pasando por el siempre popular “el vestido tiene tantas piedras preciosas que el pintor de cámara debe invertir tres meses en pintarlas todas”. Ah, cuánto echaba de menos las cortes, unos lugares siempre llenos de todo tipo de pinturas, estatuas, tapices y estandartes…

Tiene usted toda la razón, señor Valkoinen. Los suburbios y secciones más pobres de la ciudad atraen plagas, incendios y crímenes a un nivel mucho mayor que, digamos, el barrio de los mercaderes o el barrio del puerto. – la mano que antes había negado ahora se había cerrado, dejando sólo el dedo índice juguetón estirado. Su voz no sonaba la de alguien que estaba explicando algo terrible sino, más bien, la voz de un profesor explicando algo a sus alumnos. O, más bien, la voz de un profesor substituto contando batallitas a sus pupilos por un día – Es decir, la mala calidad de los edificios y el hecho que la gente suela vivir muy próxima la una de la otra hace que sea un lugar idóneo para el cultivo de las plagas. ¡Y la higiene! La mala higiene, quiero decir. O la falta de higiene. – el antiguo bibliotecario trataba de no pasar nunca por los barrios bajos de las urbes. Incluso el barrio de los pescadores, con su pungente tufo a pescado medio podrido era preferible que el miasma casi tóxico de los bajos fondos. Pero cuando era necesario, era necesario, y el Dark Mage no podía sino sentir la imperiosa necesidad de ducharse desde el momento que salía de aquel horroroso y oloroso mundo – Un noble, sin embargo, no tiene más que ordenar que se cierre el rastrillo de su castillo y… ¡Bam! – hizo chocar sus manos al decir eso – No más contacto con el exterior. Adiós a la posibilidad de enfermar del rey, duque, marqués, barón o similar. No es que les falte comida en sus despensas para durar semanas si es necesario…

Entonces, tras escuchar los comentarios del peliverde sobre la Gran Biblioteca de Ilia, no pudo sino esbozar una sonrisa algo triste mientras se encogía levemente de hombros. Verdaderamente había sido un importante impacto a Elibe pero, al parecer, el resto de poderes estaban demasiado ocupados como para salvar el mayor tesoro del continente – No voy a ser yo quién se lo impida, señor Valkoinen. Pero si algún día se anima a infiltrarse en la Gran Biblioteca de Ilia, le ruego que me avise antes. Tengo conocimiento de todas las rutas y pasajes secretos de la estructura. Ahuhuhu~ – un edificio tan antiguo había visto decenas de remodelaciones, unas por incendios, otras por ventiscas. Ello implicaba que algunos accesos dejaban de emplearse por diversos motivos, uno de ellos siendo la comodidad de los bibliotecarios más mayores. Teniendo eso en mente, no era extraño que la tarea de limpiar los rincones más recónditos y difíciles de acceder recayera sobre los bibliotecarios más novatos y jóvenes.

¡Adiós, señor Aldis! ¡Tenga cuidado usted también! – se despidió el muchacho haciendo enérgico aspavientos con el brazo a modo de despedida. No estaba acostumbrado a que la gente lo tratara bien, por lo que trataba de corresponder la amabilidad con un módico de cortesía. Esperó unos momentos que el amigable pescador desapareciera en la distancia antes de responder a su compañero de viaje – ¡Adelante, la aventura nos espera!

Y menuda aventura, viendo el panorama delante de ellos.

No le extrañaba en absoluto que la gente considerara aquel lugar como “maldito” o como un lugar para evitar a toda costa. Se podía casi trazar una línea entre lo que era aquí y lo que era allá. Y lo que había allá era una tierra oscura y cenicienta que no parecía albergar vida salvo una vegetación de aspecto petrificado y carbonizado. El Dark Sage se adentró unos pasos y, cuando vio un poco de tierra algo más blanda de lo habitual, se agachó y comenzó a rebuscar en su zurrón – En las crónicas de Elibe se describe una táctica militar conocida como “tierra quemada”. – dijo mientras sacaba un pequeño vial de cristal y una pala pequeña de metal. Minuciosamente, comenzó a escarbar en la tierra blanda y sacó unas pocas paladas, que miró con ojos curiosos pero inexpertos – Se basa en quemar todo aquello que uno tiene para impedir que el enemigo invasor se apodere de cuanto sea posible. Campos de cultivo, infraestructuras, viandas… – guardó un poco de tierra en el vial para estudiarla con detenimiento más tarde y se incorporó mientras el tubito de cristal y la herramienta volvían a su zurrón – ¿Pero esto? Esto es algo completamente distinto. – para empezar, en teoría no lo habían hecho los propios Laguz Garza sino los Beorc que deseaban venganza por el crimen.

Dio unos pocos pasos más hacia el árbol más próximo y pudo sentir un olvidado hedor a quemado. Un poco de ceniza se despegó sin esfuerzo de la corteza cuando el Sabio Arcano le pasó la mano por encima – La respuesta a un atroz asesinato, o eso dicen los libros de historia. – volvió poco a poco al lugar donde estaba y se giró hacia Valkoinen con una sonrisa mientras se ajustaba bien la pala y el zurrón – Bien, ¿Por dónde comenzamos? ¿Exploramos la zona? ¿O es mejor adentrarse un poco en el bosque ahora que todavía hay algo de luz? – no es que le importara quedarse a oscuras, pero es que para excavar necesitaría un poco de luz. Y no se sentiría muy cómodo encendiendo velas u otros fuegos en aquel lugar.
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Mensaje por Valkoinen el Vie Abr 13, 2018 12:42 pm

La corrección de Sindri indicaba que si hubiese apostado algo, lo habría perdido. Aún así sabía algo sobre las pinturas de Elibe por encima, lo básico tal vez. Ya era más que lo que podría deducir el expirata sin ningún conocimiento que no fuese su experiencia. Durante la explicación de los suburbios cabeceaba de vez en cuando para indicar que seguía el hilo, pero los gestos y movimientos que empleba le resultaban graciosos, era una forma curiosa de expresarse. Atraían al oiente y las explicaciones se entendían con facilidad. El viaje de por sí ya había valido la pena, no siempre se encuentra a gente tan agradable para ir en compañía.

Vaya, eso me vendría muy bien —tener información extra del lugar sería ventajoso a la hora de infiltrarse, tampoco había ido nunca por lo que era una oferta irrechazable. En caso de haber guardias los podría burlar fácilmente, incluso deshacerse de ellos sin ser visto sería positivo. De esa forma se aseguraría no ser pillado y tendría más tiempo para buscar libros tranquilamente. Por su mente pasaban más ideas, aunque ahora no era el momento de ello—. Gracias de nuevo, pero... ¿Vives en algún lugar en específico? Es para tener una idea aproximada. Me es indiferente escribir una carta o presentarme en persona —teniendo en cuenta que se desplazaba continuamente, le daba igual el método para ponerse en contacto. Pero si no sabía el lugar de hospedaje de Sindri... poco podría hacer, aunque por la ocupación que tenía, seguramente, no estaría en el mismo sitio de seguido y eso sería un problema aún mayor.

Tras la despedida, su compañero dio unos pasos hacia el bosque y empezó a buscar en su zurrón. En ese momento miró curiosamente en el mismo a ver si encontraba algo de comida, pero sólo veía diferentes herramientas a simple vista. — Ya había escuchado de esa estrategia. La gente que es capaz de ejecutarla debe tener coraje para hacerlo. Eliminar algo por lo que te has esforzado, como si nada, debe de ser muy duro —comentaba mientras observaba lo que hacía su compañero—. Aunque muchas veces también se veían obligados a hacerlo por la gente con mayor autoridad y no tenían de otra que acatar las órdenes. Pero como bien dices, este caso de incendio o quema no tiene pinta de ser por eso. Un bosque como este seguramente tenga mucho más espacio que cualquier ciudad importante. Además parece que está deshabitado por lo que dijo el viejo. Si los enemigos no se quedaron con las tierras, ¿por qué no volvieron para restaurarlo? —estaba claro que necesitarían mucho trabajo, no obstante, en la actualidad mismo, habían ciudades que se estaban reconstruyendo debido a las destrucciones causadas por los emergidos. También cabía la posibilidad que no sobreviviera nadie, entonces tendría algo de sentido y no es como si fuera imposible—. ¿Un asesinato? ¿Se sabe el motivo? —no solía tener interés en la historia, pero si tenía que ver con los lugares que visitaba, le gustaba saberla. Además sentía curiosidad, ¿qué les impulsó para hacer algo a tal escala? Aunque tuviesen algún remordimiento, ¿tan grave era el asunto?

Por otro lado, ¿qué harás con la tierra que has recogido? —preguntó cuando se le acercó sonriente. Era la primera vez que veía a alguien recoger tierra del suelo para llevarsela. No encontraba ningún valor en algo tan común, es verdad que era diferente a otros tipos de suelo, pero no dejaba de ser tierra para él.

Pues... Mi estilo es explorar la zona primero por precacución. Pero no se ve ningún alma por aquí y tampoco es que se escuche gran cosa, así que podemos adentrarnos. Confío bastante en mi oída —indicó señalando sus orejas—. Si se nos acerca algo lo notaré —en las condiciones del bosque iba a ser fácil detectar si algo se aproximaba, no había nada de que preocuparse. El único problema que encontraba era el de saber volver más tarde. Se adentró un poco a buscar una piedra del tamaño de su mano aproximadamente, cuando la encontró la pilló y dio unos golpes en la corteza de un árbol cercano. La corteza cayó y dejó la siguiente capa a la vista, era de un color más claro—. Creo que no habrá problema con avanzar mientras dejemos marcas por el camino. No es que me agrade golpear árboles, pero en su estado de poco más van a servir.

Es entonces cuando empezó a caminar hacia el interior del bosque, dejando marcas en los árboles con cierta separación, tampoco era cuestión de ir marcando todo lo que estaba a su alcance. El aspecto general del bosque era tétrico, abundantes colores oscuros y las ramas que aún se mantenían tenían formas puntiagudas y poco elegantes. Lo más agradable que se podía apreciar era el suelo mullido por la ceniza, parecía como si estuviese pisando nieve, dejando las marcas de sus pisadas. También podría haberlo usado para saber el camino de vuelta, pero las huellas no siempre eran de fiar. Siguiendo rectos llegaron a un pozo derruido por un lado. La piedras piedras estaban completamente picadas y sobre ellas habían crecido algunas plantas enredaderas. No se veía ningún cubo, pero a la vista habñia una cuerda desgastada y con severas quemaduras que parecía llegar al final. Valkoinen se quedó a cierta distancia, no parecía peligroso, pero prefería no arriesgarse mucho. También se podía contemplar que alrededor del pozo había algo de vegetación verde, el primer indicio de vida en el bosque. — Oye Sindri, tiene pinta de que tiene agua. ¿Crees que se podrá beber sin problemas? —señaló con el pulgar hacia el pozo al mismo tiempo que empezaba a dar vueltas alrededor del mismo para comprobar su estado del todo.
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Mensaje por Sindri el Lun Abr 16, 2018 2:43 pm

Nnnnnno. No puedo decir que viva en ningún lugar en concreto. – ponderó unos segundos la pregunta para negar de forma tentativa. Desde la caída de Ilia Sindri había vuelto a abrazar una vida pseudonómada que le llevaba de posada en posada casi cada día. No tenía ningún lugar que llamar hogar ni tampoco lealtad a ningún reino en especial. Eran tiempos extraños, por lo que se había visto en la necesidad de tomar costumbres de vida todavía más extrañas – Me muevo mucho por el mundo para completar mi investigación, ¿sabe usted? No me quedo más tiempo del necesario para completar mis notas… ¡Y soy muy rápido escribiendo! – bromeó de buen humor. Últimamente todo lo que hacía era seguir rumores y acudir a sitios que desconocía con la esperanza de poder encontrar algo de información que añadir al trabajo de toda su vida. Para un estudiante de las Artes Arcanas el conocimiento lo era todo, por lo que su tipo de vida y estudio tampoco era tan extraña entre los que compartían su profesión – Se me podría considerar un erudito errante. – jugó distraídamente con un mechón de pelo tras llamarse a sí mismo de tal manera, con una minúscula partícula de duda en su voz. Parecía casi como si fuera un título al que había dado muchas vueltas y había decidido por alguna razón en concreto… pero uno no podía darse un título a sí mismo, ¿verdad? Tenían que ser los otros tras ser testigos de una hazaña impresionante. Es decir, el mundo funcionaba así: el “Colmillo de Lobo” debía ser un espadachín temible con una reputación de cazador imparable, pero no podía ser un adolescente que compró un colmillo de lobo en una feria y se lo colocó al cuello. Pero él no tenía ningún título oficial, lo que le ponía en especial desventaja estilosa con otros Dark Sage.

¡O desesperación! Nunca subestime lo que los humanos podríamos hacer cuando estamos desesperados. A veces, es mejor que lo que tenemos sea pasto del fuego que en manos del enemigo, aunque sea simplemente sea para forzar al enemigo a tomar una victoria pírrica. – mencionó con una alegría y una energía que parecían fuera de lugar teniendo en cuenta el tema que estaban debatiendo. Movió un poco las manos haciendo unos pequeños aspavientos para dar énfasis a lo que iba a decir – ¡Muy buena pregunta, señor Valkoinen! Es un bosque espacioso y que, con un poco de acción humana, podría volver a ser un paraíso verde y frondoso en… ¿Una década? ¿Una década y un lustro? Además, está en una zona semifronteriza de Begnion por lo que no es un lugar apartado que puedan dejar olvidado. – abrió su zurrón y metió una mano enguantada en él, buscando unos papeles en concreto. De manera ágil agarraba uno, miraba las tres primeras palabras y lo devolvía para sacar otro momentos después hasta encontrar de manera triunfal el informe que había preparado antes de ir al bosque calcinado – Y la respuesta de por qué no fue restaurado está muy relacionado con el asesinato que mencioné.

Se aclaró la garganta sonoramente con el gesto de alguien al que le encanta escuchar su propia voz y que no malgastaría ninguna oportunidad de hablar ante un público. Además, caminar y hablar a la vez era un ejercicio tan bueno como cualquier otro – Tenemos que remontarnos veinte años atrás, más o menos, cuando la Apóstol Misaha gobernaba el Imperio de Begnion. En Begnion llaman Apóstol a su emperatriz, cosas de ser una teocracia supongo. – Sindri encogió levemente los hombros y puso cara de “las cosas son así aquí” – La Apóstol Misaha era querida y adorada por su pueblo, las crónicas incluso apuntan que fue la Apóstol más amada de Begnion y que el pueblo no la podía tener en más estima. Pero, por alguna razón que no recogen los libros de historia, los Laguz Garza decidieron acabar en secreto con la vida de la Apóstol Misaha, sumiendo a Begnion en la crisis y la desesperación. – no podía detallarle más puesto que la mayoría de textos históricos se centraban en la siguiente parte, algo que había sorprendido al Dark Sage… pero tenía cierta lógica. Si matas a todos los participantes de un asesinato raramente podrán contarte sus motivos – El Senado de Begnion acabó descubriendo el ardid de los Laguz tras una extensa investigación e informó al pueblo un fatídico día. Los ciudadanos de Begnion tras saber que su amada Apóstol había sido asesinada por los Laguz Garza decidieron vengarse y un gran número de ellos se dirigió al Bosque de Serenes con antorchas. Y cuando digo “gran número” de veras quiero decir gran número. ¡Algunas fuentes dicen que envolvieron el bosque entero! – no todas las fuentes son fiables, claro, cualquier bibliotecario sabía eso. Había que contrastar todo numerosas veces. Pero era innegable que algunas fuentes hacían mucho mejores historias que otras – Tres días y tres noches este bosque ardió, transformando lo que otrora fue una frondosa fuente de vida en un páramo desolado. Al cuarto día, no quedaba nada más que desolación y ruina: todos los Laguz Garza habían perecido bajo las llamas. – lo que claramente no era verdad puesto que él había conocido a uno en persona en la Biblioteca de Sindhu. Es decir, las Garzas vuelan y, por lo que él sabía, los Laguz Garza también… ¿Qué les habría impedido a los Laguz Garza salir volando evitando las llamas y ocultarse entre el humo para salir discretamente? – Al parecer, los Laguz consideran este lugar como un recordatorio de lo sucedido y no quieren instalarse en Begnion por motivos obvios. Los habitantes de este país seguramente creen que este bosque está maldito o algo, por lo que no invertirán esfuerzo alguno en su reparación.

Hum… ¿Que para qué quiero yo esto? – una pregunta complicada que tuvo que darle unas pocas vueltas. Obviamente no podía decir “ciertos rituales de la Magia Arcana requieren un pedacito de tierra maldita” puesto que su rama de hechicería estaba muy mal vista. No es que estuviera robando la tierra, dudaba mucho que ninguna autoridad de Begnion quisiera quedarse con tierra quemada del bosque de las Garzas. En cierto modo, estaba haciéndoles un favor – ¡Para mi investigación, claro! Un poco de análisis podrá arrojar un poco más de luz sobre lo sucedido. Con la tierra se podrá determinar realmente si el bosque ardió tanto tiempo como se asegura o si es una exageración de la historia. – de hecho, no sabía si esta tierra era “tierra maldita” o “tierra sobre la que decían que había una maldición”. Necesitaría hacer análisis de todas formas, por lo que acabaría descubriendo un buen número de cosas sobre aquella tierra, entre ellas la naturaleza del incendio que la asoló.

Observó con mucha curiosidad como el hombre marcaba los árboles mientras hablaba de sus especialidades. Ese gesto era algo propio de los cazadores y exploradores de Ilia, pero Sindri jamás se había visto en la necesidad de hacerlo. Total, si seguías andando en línea recta tenías que llegar a algún sitio eventualmente, ¿no? – Creo incluso que estos árboles se lo agradecerán si les quita la corteza quemada para que la nueva pueda salir. – comentó mientras caía en la cuenta que era la segunda vez que alguien con un oído más agudizado que el suyo lo guiaba por un bosque oscuro. La de vueltas que da la vida… ¡Y la de guías que hay por el mundo!

A decir verdad, el bosque sobrecogedor ofrecía un paisaje bastante artístico con los contornos erosionados y pintados por el fuego. Las ramas parecían retorcerse como garras en posiciones amenazadoras y el aire las hacía oscilar como si cada árbol fuera un nido de presas. El olor a quemado y a ceniza lo impregnaba todo todavía y el gris creaba una bella capa a sus pies, como una alfombra de un castillo. Esperaba mirar a un lado y encontrar una casita hecha enteramente de dulces… ¡Verdaderamente era un magnífico lugar para un Mago Oscuro! De hecho, se le cruzó por la cabeza quedarse a vivir ahí durante una temporadita.

Pues viendo que es un pozo que lleva abandonado y estancado veinte años, aproximadamente, y que debe dar a un acuífero que ha tenido dos décadas para ir absorbiendo residuos sin parar... – Sindri se asomó un momento al derruido pozo y olisqueó su interior distraídamente. El hedor era indescriptible, pero creyó reconocer un par de ingredientes de sus pociones más nocivas para la salud – Creo que con un par de tragos se pasaría las siguientes dos semanas en cama. Un vasito mediano haría excelentes estragos en su estómago entero. – asintió con la cabeza de forma decidida mientras se sentaba al borde del pozo – Tengo un odre de agua, si lo necesitara. Pero si quiere jugar a ser intrépido, no voy a ser yo el que le disuada de probar esta agua que huele a huevos podridos.

Aprovechó el parón para volver a meter dentro de su zurrón las notas sobre el Bosque de Serenes, puesto que no creía necesitarlas al momento – Necesitaría encontrar enclaves de población, son los lugares con más posibilidades de tener algún objeto de valor histórico. Pero, desgraciadamente, no existen mapas del Bosque de Serenes. ¿Por dónde podríamos comenzar…?
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Mensaje por Valkoinen el Vie Mayo 18, 2018 4:34 pm

Si es así, creo que será muy difícil ponernos en contacto... —comentó algo desilusionado. Ambos se desplazaban continuamente y eso dificultaba mucho el saber uno sobre el otro. No obstante, todavía había alguna opción para reunirse con precisión, pero debía ser algo que ambos pudiesen tener en cuenta, algo como los días o las noches, aunque no en todos los lugares era igual—. Entonces, creo que lo mejor sería que pactáramos quedar en algún sitio en concreto y fijar alguna fecha con un margen de días por si alguno se retrasara. No siempre salen las cosas como uno quiere —añadió mientras se frotaba la nuca con la mano. Después de terminar su viaje actual tenía pensado volver a las Islas de Durban por si debía cumplir con alguna misión nueva y de paso visitar la biblioteca. También pensó en cambiar algunas cosas en el lugar donde se hospedaba durante su estancia allí, pero eso no era algo que podía decir, cuanta menos gente supiera donde vivía mejor—. O tal vez... En Durban hay un tipo que se llama Vaakoja, él se puede poner en contacto conmigo. Si quieres le puedes enviar una carta a él para que me informe —mintió intentando no hacer ningún gesto sospechoso, mirando directamente la cara del erudito. Ese nombre era un pseudónimo que había pensado usar para no tener problemas en Durban. Al ser su nombre allí, no tendría problemas en recibir la carta mientras que teóricamente Valkoienen seguiría de viaje—. Si vas a acompañarme a la biblioteca de Ilia, escribe lugar y fecha cuando más te apetezca, así no lo tenemos que pensar ahora. También puedes dejarme las indicaciones de los pasadizos y ya me apaño yo sin necesidad de que vengas, eso ya es tu elección —dijo animado, pensando que con eso ya no tendría problemas. Cabía la posibilidad que no quisiera indicarle los pasadizos por seguridad de información, pero tampoco le importaría. Sería normal no confiar ciegamente en alguien que acaba de conocer.

Muy cierto, la desesperación humana no conocía límites. Él mismo era un ejemplo de ello, durante mucho tiempo estuvo aprovechándose de otros para poder vivir. En ese momento no pensaba con tranquilidad, tan sólo se dejaba llevar por lo que le decía su instinto. El joven viajero estaba disfrutando cada uno de los segundos que pasaba con Sindri, tal vez por la intensidad en que reflejaba sus gestos a la hora de hablar o por su forma de hablar, incluso ambas a la vez. Aunque no era el único que parecía estar disfrutando el momento. En cuanto al tiempo que tardaría en regenerarse el bosque no tenía ni idea, pero estaba de acuerdo en que era algo muy importante y de lo que se podría sacar mucho beneficio. Pero no quiso interrumpir la charla con algún comentario obvio, pues estaba a punto de escuchar la parte más interesante de todas, lo sucedido en el bosque.

Estuvo escuchando la historia atentamente sin perderse ningún detalle, pero se decepcionó un poco porque faltaban datos, como el motivo del asesinato a Misaha. Por otra parte, el Senado de Begnion le pareció muy sospechoso y, por último, el rencor de los humanos hacia los laguz. Era cierto que fue un acto detestable, pero la masacre que hicieron ellos fue peor desde su punto de vista. Para colmo en la actualidad eran ellos los que seguían maltratando a los laguz. —¿No te parece sospechoso que no haya nada sobre el motivo del asesinato a Misaha? Parece como si alguien lo estuviese manipulando todo. El Senado de Begnion dice que fueron los laguz, pero los masacran en vez de preguntarles el motivo —tomó algo de aire para poder retomar lo que pensaba sobre el asunto—. Supongamos que hay alguien con algún interés de eliminar a los laguz garza. Ese alguien asesina a la Apóstol, pero lo hace ver como si fueran los laguz. Después el Senado de Begnion investiga el caso y como resultado sale que han sido los laguz. Ahora volvemos al asesino de Misaha, quien podría incentivar odio en los humanos para que maten a los laguz, con la intención de que no quedasen pruebas ni tuvieran oportunidad de defenderse mediante diálogo —terminó de exponer su teoría, aunque en la misma había huecos vacíos de información—. Pero... ¿Quién es el manipulador? ¿Un humano, un laguz garza u otro tipo de laguz? ¿Alguien dentro del Senado? ¿Cuál era su objetivo? A primera vista sería la eliminación de los laguz garza, pero quien sabe... —volvió a coger algo de aire después de tanta pregunta. Aunque eso era lo que pensaba, podía resultar no ser nada tan complicado y ser sencillamente como lo contaba Sindri. Ahora definitivamente quería encontrar algo en el bosque, por muy poca cosa que fuera—. Con que una maldición... Me pregunto que pasaría si envenenara a un "beorc" y dijera que está maldito —dijo sarcásticamente, equiparando al beorc con el bosque. Era una pena que fuese por ese motivo y no por otro más grave, pero precisamente, una minoría eran los que no tenían creencias.

En cuanto a la tierra, no le pareció tan interesante después de escucharlo. Prefería que se quedara la larga duración del incendio, le daba un toque más impactante a la historia, pero no comentó por si le sentaba mal al interesado. —Supongo, cuanto antes crezcan, mejor —comentó volviendo a su tono de voz monótono habitual.

El expirata paró de dar vueltas al pozo tras escuchar el consejo de su acompañante. Realmente tenía lógica lo que decía, se sorprendió de que se le pasara por la cabeza el preguntarlo. Pero en cuanto escuchó sobre buscar una zona que estuviese poblada le vino una idea a la cabeza. Por lo general los pozos se situaban en lugares no muy alejados de las zonas pobladas por comodidad. Se alejó unos pasos del pozo y de cuclillas empezó a mover ambas manos por el suelo, levantando las capas formadas sobre el suelo viejo. —Dame un momento —dijo mientras seguía enfocado en lo suyo. Buscaba un signo de hendidura en el suelo viejo, las marcas cotidianas que han durado mucho tiempo siempre dejan huella. Tras escarbar en círculo con el eje en el pozo, encontró una irregularidad en la tierra. Se podían apreciar dos líneas equidistantes que seguían un camino recto—. Comenzaremos por aquí —indicó con decisión al mismo tiempo que dejaba una marca en el tronco más cercano. Colocó un pie sobre una de las líneas y sin levantarlo empujaba hacia delante para que la línea le mostrara el camino—. Si seguimos por el camino que indica esta raya llegaremos a algún poblado, o eso creo. Es mejor que ir a ciegas. Aunque no me fiaría yo de un tuerto que dice eso —bromeó señalando su ojo lisiado a Sindri.
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Mensaje por Sindri el Mar Mayo 22, 2018 7:59 pm

Sindri asintió suavemente mientras escuchaba como el viajero misterioso le exponía los futuros problemas de comunicación entre ellos. Bueno, no es que hoy por hoy el bibliotecario pudiera comprarse una casita en algún pueblecito perdido de Elibe, dejara sus estudios de Magia Arcana y abriera una tiendecita de remedios y hierbas curativas. Tal vez acabara conociendo a alguna persona especial, se casaran y tuvieran tres hijos. Seguramente Sindri moriría el primero de los dos en su cama, feliz después de una vida bien vivida. Casi le recorrió un escalofrío al pensar en eso. Tanta normalidad y complacencia. ¡No lo iba a permitir! ¡Jamás! – La vida da muchas vueltas y ninguno de los dos creo que sabremos lo que pasará mañana. Creo. Al menos yo. – aunque bien era cierto que había una rama de la Magia Arcana que, en teoría, permitía abrir fracturas en el tiempo de vía única. Esos vórtices permitían a los Magos Arcanos más poderosos el acceder al conocimiento del futuro, de nuevo, en teoría. El futuro es algo extraño y cambiante, por lo que el mero hecho de conocer el futuro hacía a uno actuar de otra forma y alterar así los caprichosos vientos del destino. O tal vez está todo escrito en piedra, por lo que el hecho de saber lo que sucederá es completamente inocuo. Quién sabe – ¿Vaakoja dice usted? ¿De Durban? No se preocupe usted, pues. Conociendo su nombre y ubicación siempre puedo mover unos pocos hilos para enviarle una carta. ¡Sé escribir, de veras! – aún así, huelga decir que el bibliotecario estaba en contra de comunicar cualquier cosa importante por carta. Tantas y tantas cosas podían salir mal. Por no decir de la falta de honor y dedicación para el correo postal que tenían las palomas, animales más concentrados en escapar de los depredadores que hacer su trabajo. Por ello él siempre empleaba cuervos para entregar su correspondencia.

¡Y llegó la hora favorita de Sindri! ¡El momento de las jugosas y deliciosas teorías de conspiraciones! Ya había advertido que su interlocutor no lo había interrumpido en ningún momento, lo que quería decir que o bien él era un magnífico orador o Valkoinen estaba dándole vueltas al capítulo de la historia de Begnion que acababa de contarle. Y como lo primero era virtualmente imposible, debía ser lo segundo. Sus sospechas fueron confirmadas cuando le fue confiada la poca credibilidad que el peliverde daba a las explicaciones del Senado de Begnion teniendo en cuenta su trato de los Laguz. Una vez acabó y le cedió la palabra, tras conformar una buena batería de preguntas (¡Qué importantes que eran las preguntas en este momento!), el hechicero arcano meditó unos pocos instantes en introspección antes de decir – Respecto el Senado, ¿Ha visto alguna vez usted a algún Laguz dispuesto a sentarse con una buena taza de té a explicar batallitas sobre el mayor conflicto Beorc-Laguz del último siglo? Los Beorc masacran Laguz hoy. Los Laguz masacraron Beorc en el pasado. Es un círculo vicioso. Ya sabe usted: “recordad las atrocidades que el enemigo nos ha hecho, puesto que justifican las atrocidades que cometeremos hoy”. – movió enérgicamente el puño como queriendo enfatizar esa última frase.

Muy buenas preguntas. Muy buenas preguntas. Sin embargo, la primera pregunta que haría yo es “¿Por qué?”. ¿Por qué querría alguien acabar con los Laguz Garza, los más inofensivos entre todos ellos según los libros de historia? ¿Por qué asesinar alguien tan querido y no, no sé, atacar una aldea fronteriza sin mucha guardia? Si hay alguien detrás, ¿Por qué elegir las maneras más dificultosas de hacer algo? – levantó un dedo distinto cada vez que enumeró una de sus propias preguntas. Era un tema que olía a chamusquina, sí, pero le faltaba tanta información… – Pero lo más importante es hacer preguntas y tratar de descubrir la verdad por uno mismo. ¿Quién sabe? Quizá encontremos aquí hoy que arroje luz sobre el asunto. – se paró en seco y durante unos instantes se llevó la mano derecha al mentón con gesto pensativo – Si hiciera eso seguramente tendría un cadáver Beorc del que ocuparse más tarde. Un cadáver Beorc maldito.

Al parecer, el viajero debía tener algún tipo de entrenamiento como explorador o vanguardia porque comenzó a escudriñar el suelo como un campeón. El mundo debajo de sus pies nunca había interesado en demasía a Sindri, quién prefería ocupar sus pensamientos con el cielo y las nubes. Ah, quién pudiera volar y moverse sin caminar… – Si encuentra un poquito de tierra en buen estado, estaría interesado en coger unas muestras, si no le importa. – pero casi no tuvo tiempo a acabar la frase cuando el hombre le dijo exactamente qué había encontrado: un camino. Bueno. No era exactamente un camino sino unas… ¿roderas? ¿Marcas de alguna clase? Por alguna razón, ya que los Laguz Garza volaban no se le había pasado por la cabeza el hecho que pudieran emplear carros o carromatos de ninguna clase – Ya sabe lo que dicen sobre los tuertos en el reino de los ciegos, señor Valkoinen. Y teniendo en cuenta que yo soy la única otra persona por aquí y no veo por donde seguir… – le respondió con un tono de buen humor y una sonrisa en los labios. Sindri no sabía desenvolverse bien en lugares como estos, por lo que agradeció contar con alguien que sí. Él simplemente habría escogido una dirección y habría andado y andado hasta topar con algo. O salir del bosque – ¡Adelante! ¡Sigamos el camino! Aunque… le dejo a usted abrir el paso. Creo que así nos aseguramos que no acabamos en Grannvale o en Nohr, por ejemplo. – y lo decía completamente en serio.
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Mensaje por Valkoinen el Sáb Sep 01, 2018 3:12 pm

El complejo asunto de comunicación se terminó zanjando perfectamente. Tendría que esperar por la carta en Durban hasta su próxima salida de viaje, pero durante ese tiempo podría organizarse como debía, porque como bien decía el historiador, no se sabía que es lo que sucedería en el futuro.

Cuando terminó de hacer las preguntas, cedió el turno de habla a Sindri, quien estaba contestando con gusto a las mismas. Iba incluyendo otros puntos de vista que había dejado de lado y que tenían mucha importancia en el asunto. Era verdad que se trataba de un ciclo vicioso, como otros muchos casos y que seguían sin solucionarse. Visto de esa forma era normal que no quisieran dialogar o buscar soluciones diferentes a masacrar. Al citar las palabras del ojo por ojo con tanta energía, se apartó un poco del acompañante por acto reflejo, aunque sabía que ese movimiento de puño no iba con ninguna intención hostil, es más, no se dirigía hacia él ni nada por el estilo. La parte positiva de ello es que estaba alerta de lo que sucedía alrededor y no tenía la guardia baja, pero de todas formas le resultó extraño reaccionar de esa forma a una forma de expresarse a la que estaba acostumbrándose.

Y nuevamente volvía a abrir los ojos. El motivo que hizo llevarles a tales actos era la incógnita más importante. Si se llegase a saber el verdadero motivo, sería más fácil de entender el resto, todo tendría más sentido. O por lo menos habría una base de la que partir. Y si era por temor, ¿por qué no acabaron con los dragones como pasó en Elibe? Tal vez no fuesen las criaturas más temibles, pero sí de las que más. También afectaba el como lo hicieron, teniendo posibilidades más fáciles, ¿para que arriesgarse tanto? — Es cierto —cabeceó afirmativamente para demostrar que estaba de acuerdo con el planteamiento— todavía hay mucha información por recoger, incluso tal vez no se llegue a saber nunca lo que pasó realmente. De todas formas, si conseguimos encontrar algo ya será un paso más para saberlo. Aunque también está la posibilidad que aumenten las dudas. Ah, y lo de envenenar al beorc lo decía en broma, no te preocupes por eso —aunque por un momento se imaginó a él mismo estudiando un cuerpo inherte, como si se tratase de un investigador.

Por supuesto, si quieres pillar muestras del suelo adelante, yo te espero. Con que me avises para que no siga y te deje atrás va bien —al escuchar la siguiente frase esbozó una sonrisa bajo su máscara, realmente le resultaban graciosos los comentarios que soltaba de vez en cuando y como no, sus gestos—. Oh, no le des importancia a perderte. Y tampoco creo que llegáramos a otros continentes sin un barco jeje —o eso pensaba.

Siguiendo el rastro durante pocos minutos a un paso tranquilo, llegaron a un viejo pueblo o más bien, lo poco que quedaba de él. La mayoría eran runas, sólo un par de casas aguantaban a duras penas de pie. Las paredes estaban chamuscadas, incluso las que estaban hechas totalmente de piedra eran de color negro, como si fuese una casa hecha de carbón. Instintivamente miró a Sindri para ver su reacción y por si tenía algo que decir al respecto. Por su parte no tenía nada que decir, no encontraba palabras para expresar el terrible paisaje que estaba viendo. En otras circunstancias habría dicho algo parecido a "Hemos llegado" o "Ya estamos aquí". De todas formas, el aspecto tétrico del bosque podía tener algo de "belleza" en cierto modo, pero no podía decir lo mismo del pueblo en el que estaban.

El suelo parecía ser el mismo a simple vista, pero no tenía mucho interés en él, así que no le dio mayor importancia y siguió a lo que le resultaba más llamativo, las casas que seguían de pie. Pasó la mano con mucho cuidado, más que nada por el estado de la pared, no quería que se desmoronase por su culpa. Al pasar la mano, se le quedó una mancha negra en los dedos. Pensó en entrar a la casa, pero antes volvió a echar una ojeada al pueblo, era bastante pequeño, pero por lo demás era como cualquier otro, no pudo ver nada diferente a cualquier otro.

Parece algo normal dejando de lado su aspecto, ¿qué piensas tú? ¿Has encontrado algo fuera de lo normal? —preguntó dirigiéndose hacia Sindri con curiosidad. Tal vez él era capaz de ver algo diferente, sus conocimientos eran superiores y seguramente podría ver cosas que otros no—. ¿Si entramos a las casas que siguen en pie caerán? —tenía dudas de si entrar o no por ello, pero la tentación de saber que había dentro era bastante grande. Sentía tanta curiosidad que empezó a dar saltos para ver a través de una ventana que había a una altura bastante elevada, pero lo único que consiguió ver eran cosas quemadas, entre ellas pudo distinguir una pequeña alfombra, sillas y una estantería, aunque no fue capaz de ver si tenía libros u otra cosa en ella.
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Mensaje por Sindri el Vie Sep 07, 2018 9:35 am

¿No cree usted que la dificultad le da un toque de emoción, señor Valkoinen? ¡Estamos ante un misterio que no ha sido desvelado en veinte años! ¡Las mayores mentes de Tellius han fracasado en esta empresa! – como buen estudiante de las Artes Arcanas, Sindri creía que los misterios del mundo estaban esperando a ser desvelados por mentes astutas e inquisitivas. “Había cosas que era mejor no saber” era una frase que el Hechicero consideraba extremadamente contradictoria… no había nada en este mundo que estuviera mejor perdido en las arenas del tiempo que escrito en las notas del bibliotecario. Obviamente, que hubiera gente que no quisiera ver el misterio resuelto o que considerase una falta de respeto sus métodos de investigación era completamente irrelevante para él. La verdad que le interesaba debía salir a la luz, costara lo que costara. Aunque si era algo aburrido siempre podía ocuparse otro de ello – Si aumentan las dudas, aumentarán también las preguntas. Eso nos llevará a nuevos misterios y a nuevos hallazgos. Y la historia se repetirá, y se repetirá, y se repetirá… – su voz, cubierta de buenas vibraciones y de buen humor, dejaba entrever que esa repetición era algo que Sindri deseaba. Sin un claro objetivo en la vida, el muchacho se dedicaba simplemente a buscar diversión y entretenimiento por todo el mundo, por lo que una excusa para poder viajar era siempre bienvenida.

Sonrió levemente tras ver la reacción que su gesto inocuo había causado en su compañero de investigación. ¿No le gustaban los movimientos secos y de sopetón? La verdad, era algo comprensible, por lo que hizo una nota mental de no hacerlo más. Quizá la falta de una parte de perfección de profundidad provocaba eso, pero esos misterios médicos estaban vetados al muchacho por la falta de estudio y de pacientes dispuestos a soportarles. De todos modos, Sindri prefería conservar energía en la medida de lo posible, por lo que ya le iba bien ser comedido – Es su veneno, por lo que puede utilizarlo para lo que más desee. Envenenar Laguz. Envenenar Beorc. Envenenar Laguz y Beorc. ¡Lo que quiera! No voy a ser yo quién le diga lo que puede envenenar y lo que no. – mencionó con un ligero encogimiento de hombros y una voz bastante neutra para el tema que estaban hablando. Al fin y al cabo, el envenenamiento era algo que sucedía a las demás personas, Sindri simplemente se intoxicaba ligera y pasajeramente. Con ayuda de la Oscuridad y de las maldiciones que le proporcionaba, seguramente ninguna sustancia podría causarle daños severos e irreparables. Oh, bueno, era cuestión de ir probando, ¿no?

El camino continuó con risas y con chanzas a buen paso. El señor Valkoinen parecía ser un compañero de viaje alegre y dicharachero, que además le reía sus gracias. ¡Sus chistes! ¡Conocidos en la Gran Biblioteca de Ilia por ser los peores del país! Realmente era alguien muy particular. Y, todo sea dicho de paso, no era completamente imposible acabar en otros continentes sin usar esas dichosas bañeras invertidas de madera. Simplemente necesitabas algo de inventiva, un poco de caradura, algo de suerte y algún que otro wyvern o pegaso dispuesto a ayudar a alguien en apuros. Pero no había ningún animal de esos en aquel bosque, no señor… y por la sobrecogedora falta de sonidos en aquel carbonizado lugar, Sindri estaba dispuesto a poner la mano en el fuego que no había ningún animalito ahí.

Sus pensamientos de zoología fueron rápidamente substituidos por otros más interesantes en el momento que pudo ver los negros edificios en la distancia. Al acercarse, pudo constatar que se encontraban en unas ruinas ennegrecidas por el hollín y erosionadas por el tiempo de un poblado o asentamiento de alguna clase, pero se sintió incapaz de determinar más sobre ellas. Era un paraje de ensueño, unas construcciones que habían soportado un fuego calcinador y se habían mantenido en pie durante dos décadas… unos parapetos magníficos para a su vez conservar alguna reliquia u objeto de antaño. Sus ojos prácticamente se negaban a abandonar las chozas fosilizadas y comenzó a imaginar los increíbles hallazgos que podría encontrar en ellas. ¡Claro que no era un saqueador, no, no! ¡Él era un preservador! Nada de lo que aquí encontrase vería siquiera la luz de un mercado, todo tenía un lugar en su colección particular.

Casi en un trance se acercó a una de las casitas, justamente la que no había escogido el misterioso viajero, y se dedicó a analizarla con suma curiosidad hasta casi chocar su cabeza con ella. Era extraño que en un bosque tan frondoso como el de Serenes se hicieran construcciones de piedra y no de madera… primero de todo, no sería por falta de árboles y, además, los Laguz Garza eran conocidos por su falta de fuerza física y resistencia. Entonces… ¿Por qué? ¿Por qué tal esfuerzo? ¿Tal vez aquí se guardaba algo importante? ¿Acaso vivían aquí los miembros de mayor rango de los Laguz Garza? Su mente trabajaba a plena potencia para poder encontrar una respuesta a aquellas preguntas – Mire esto, señor Valkoinen. ¿Ve esta distancia entre los quicios de la puerta? – señaló con emoción al inestable umbral desprovisto totalmente de puerta alguno y resiguió su forma brevemente con el dedo índice – Las construcciones de los Laguz Pájaro suelen tener unas entradas anchas para evitar que sus alas choquen contra las paredes. No solo eso, el mobiliario también está construido para evitar cualquier golpe con sus extremidades emplumadas… ¡Lo piensan todo! – había aprendido eso y más durante sus peripecias por Kilvas, donde había tenido la oportunidad de visitar hogares de Laguz Cuervo. Claro que no tenía más que conjeturas… no había podido encontrar ningún Laguz Pájaro en el archipiélago pero no creía estar muy equivocado en algo tan elemental.

Si han resistido uno de los mayores incendios de la historia de Begnion y veinte años sin mantenimiento, dudo mucho que se vayan a colapsar ahora. ¡Adentro pues! – mencionó con el espíritu aventurero del explorador que se internaba en la jungla de lo desconocido. Una jungla oscura, todo sea dicho de paso. Y sucia. Olía ligeramente a quemado y a madera podrida. Sindri se agachó prontamente para poder escudriñar mejor el suelo, a la vez que decía en voz alta – ¡Busque cosas metálicas en el suelo, señor Valkoinen! ¡O cosas pequeñas de piedra! ¡Y no se preocupe, parece ser que es seguro estar aquí! – pero, por desgracia, tanta ceniza junta le hizo estornudar de una forma harto cómica. Mas la piedra no se tomó tal estornudo con gracia y dignidad, y las paredes temblaron por un momento, dejando caer todavía más ceniza sobre la estancia.

Tal vez, y sólo tal vez, era buena idea darse prisa con sus investigaciones.
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Mensaje por Valkoinen el Dom Sep 09, 2018 10:23 pm

Si todo fuese fácil, el mundo sería aburrido. Aventurarse para buscar cosas nuevas es lo mejor. Mírame a mí, llegué a Begnion sin saber nada y con lo que he recorrido para llegar hasta aquí he aprendido cosas. Con esto ya estoy satisfecho, pero si llegáramos a encontrar algo que otros no pudieron, lo estaría más —aunque empezó a viajar por ver nuevos paisajes, a medida que viajaba iba recolectando información por todos los sitios que pasaba. Lo hacía casi que por obligación de viajero, pero era algo que realmente le gustaba, solo que no se había parado a pensar en ello hasta conocer a Sindri. Normalmente no prestaría atención a historias pasadas, en cambio ahora lo estaba haciendo porque le parecía interesante, incluso se divertía al sumergirse en sus pensamientos tratando de completar los huecos vacíos—. Pero si la historia sigue repitiéndose será un roll-... —estuvo muy cerca de cometer un error, paró a tiempo porque se imaginó una vida sin ron—. Olvida lo que iba a decir, el primer pensamiento que me vino fue que hacer lo mismo una y otra vez termina cansando —hizo un pequeño parón—. Yo no me cansaría de viajar y tampoco de beber ron. Cierto es que de vez en cuando es bueno cambiar de aires para experimentar algo nuevo, pero siempre se termina volviendo a lo que uno quiere, divierte, satisface. Vuelve a repetirse. Supongo que si los humanos somos así, nuestra historia hará lo mismo —viajar daba pie a ver cosas nuevas y, por lo tanto, diferentes. No se repetían, pero la esencia era la misma, ir de un lugar a otro y ese proceso sí que se seguía repitiendo. Lo mismo pasaba con la historia, como bien escuchó de su compañero, el planteamiento era nuevo, pero el proceso era el mismo.

No sabía si tranquilizarse o inquietarse al ver que el historiador trataba un tema, que podía considerarse delicado o moral, tan indiferente. Se llevó una mano a la cabeza y frotó su pelo, indeciso de como reaccionar ante tal situación. — Pues pensándolo bien... Me gustaría saber que pasa al envenenar a un emergido —hablar de emergidos no suponía un problema, seguro que todo el mundo los odiaba. Y era cierto que se lo preguntaba, esa duda le vino de sopetón—. Nunca lo he probado por miedo a que no haga efecto. Esos condenados lo resisten todo menos la muerte —desde que recordaba, todas las veces que se enfrentó a alguno buscaba el pescuezo, era la manera más efectiva desde su punto de vista para terminar con ellos—. ¿Qué piensas de esos seres? —ya que había sacado el tema, no perdía nada en preguntar. Quien sabe, igual sabía algo sobre ellos que otra gente no.

Ver a Sindri tan activo y emocionado le recordó la imagen de un niño cuando lo premian por cualquier cosa. Realmente debía disfrutar ver aquellas ruinas. Al escuchar su nombre se puso a observar con detenimiento lo que le estaba señalando, para después asentir y prestar atención a la explicación. — Sí que son inteligentes, pero por otra parte lo veo "normal". Igual como los humanos, han visto lo que era más sencillo y lo han puesto en práctica. Quiero decir, si los humanos tuviésemos alas, creo que habríamos hecho lo mismo tarde o temprano. Siempre encontramos un modo para hacer nuestra vida más cómoda, con algunas excepciones —para él no era nada sorprendente, tenía lógica que fuese de esa forma—. Aunque admito que no esperaba lo de los muebles —rió levemente, imaginándose a un laguz garza tropezando torpemente por su propia casa.

Si bien las palabras de Sindri tenían un fundamento firme y verdadero, no le inspiraban mucha confianza. Pero verlo entrar tan decidido lo animó a entrar también, siguiendo en su mente la incertidumbre. — Cosas metálicas o piedras pequeñas, entendido —dijo para demostrar que captó el mensaje. Se puso a buscar por el suelo siguiendo las indicaciones, pero por mucho que rebuscaba sólo encontraba lo mismo, ceniza. Al poco tiempo escuchó lo que parecía ser un estornudo. Se llevó un buen susto al contemplar como se sacudían las paredes y cayó de culo, poniendo las manos por detrás como apoyo. — Vaya forma tan peculiar que tienes de estornudar, ¿eh Sindri? —comentó bromeando ante la inesperada interrupción. Era normal que estornudara con tanta ceniza acumulada, el expirata por suerte llevaba una máscara que le venía a las mil maravillas—. ¿No llevas algo para cubrir tu nariz? —preguntó señalando el zurrón. Al intentar volverse a poner en pie, notó que en su mano izquierda había algo e instintivamente lo cogió. Para su sorpresa, era una piedra que estaba partida por la mitad, por la forma que tenía, de estar entera sería de aspecto ovalado. Se ensimismó observando la piedra hasta que sintió algo que golpeó su cabeza. Sintió como una lluvia de polvo estaba siendo rociada en su cabeza. Su instinto decía que tenía que salir de allí cuanto antes. Al dar la primera zancada pudo ver como empezaba a desmoronarse la pared, no tuvo tiempo ni de advertir a su compañero, por acto reflejo lo agarró de la túnica y salió de la casa dando un salto con todas sus fuerzas.

La casa que instantes atrás estaba milagrosamente de pie, ahora estaba por los suelos, como él. — Algo me dice que las garzas no nos quieren —dijo sarcásticamente—. ¿Estás bien? Bueno, si no lo estás, pronto lo estarás — mostró la mitad de la piedra que conservaba.

¿Y ahora que hacemos? —preguntó estando tumbado todavía en el suelo—.
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Mensaje por Sindri el Jue Sep 13, 2018 6:00 pm

Entonces, señor Valkoinen, estará usted en contra de la teoría que los filósofos de Elibe tildan como “el eterno retorno”. La historia tiene un principio y un fin, hasta ahí bien, todos estamos de acuerdo en eso… pero ellos sostienen la idea que todo lo que transcurre entre esos dos es inmutable. Y se repite. Una y otra y otra vez. – hizo un pequeño gesto con las manos, girándolas en un movimiento circular, para acompañar aquella descripción de una manera gráfica – ¡Y siempre se repite todo de la misma exacta manera! Sin variar nada. Absolutamente nada. Ni el más mínimo detalle. Por ejemplo, nosotros hemos tenido esta conversación ya infinidad de veces. Y vamos a tenerla otra infinidad de veces de nuevo. – el muchacho estaba seguro que los filósofos hablaban por hablar y que no podían tener ningún tipo de prueba sobre ello. Al fin y al cabo, si todo se repetía, pero se destruía en el fin del mundo… ¿Cómo podías probar que algo en concreto sucedió? No quedaría nada después que absolutamente todo terminase, ¿no? Esa era la función del fin del mundo. Aunque, pensándolo mejor, el trabajo de un filósofo era el hablar y discutir con otros sin parar, por lo que…

Es usted un hombre de ron, ¿eh? Uno necesita su bebida, el alcohol ha sido un amigo de la humanidad durante milenios y milenios. Incluso se especula que las primeras civilizaciones nacieron cuando los nómadas aprendieron que sólo podías hacer cerveza con cebada. Y la cebada no crece sola fácilmente. – contrario a lo que dijo antes, los historiadores de hoy en día tenían multitud de pruebas para corroborar tal teoría. Al parecer, el estudio del alcohol era uno de los temas predilectos de los estudiosos puesto que uno necesitaba al menos catar el producto para poder hacer un “análisis veraz y correcto”. Pero bien era cierto que las construcciones más antiguas están ubicadas relativamente cerca de campos de trigo y cebada tan vetustos que los reinos no tenían registros que se hubieran empleado para otro fin. Aunque, claro, entonces debías confiar en registros que podían llevar décadas sin actualización alguna… – Yo prefiero un buen vino, si le soy sincero, aunque aceptaría sin remiendo alguno alguna copa de cualquier cosa fuerte. Salvo aguamiel. Estoy harto del aguamiel. Es la única bebida alcohólica que parece que haya en Ilia… – en su corazón, por mucho que quisiera ocultarlo, era un ciudadano de Lycia. Y no había mejor vino en el mundo que aquel que se cultivaba en las fértiles viñas de Lycia, especialmente el vino dulzón de Araphen y el vino afrutado de Ryerde.

Ah, entró a escena el tema más de moda hoy por hoy: Los Emergidos. Se llevó una mano al mentón brevemente, calculando mentalmente dosis de tipos de veneno y sus efectos en el cuerpo humano – Seguramente tenga el mismo efecto que en un humano de altura y complexión similar. Los rumores de “irreductibles Emergidos” son solo eso: rumores. – comentó con un ligero encogimiento de hombros. Él había oído esas habladurías, oh sí, en cada taberna, en cada posada, en cada plaza… un ejército de seres imparables que no sentían el dolor ni el cansancio. Una horda sin fin de guerreros que podían hacer trizas incluso a las milicias mejores preparada – Los Emergidos son unos seres muy interesantes desde el punto de vista académico, especialmente por lo poco que conocemos sobre ellos. Pero sabemos que si se les corta, sangran. Si se les golpea, retroceden. Si se les abruma, huyen. – él mismo tenía experiencia con los Emergidos y sabía bien que podían ser derrotados. Que podían ser detenidos. Que podían ser expulsados de una batalla. Eran terribles enemigos, sí, pero eran enemigos vivos de carne y hueso que respiraban el mismo aire que ellos. Y todo lo que vive puede perecer – Si quiere mi opinión, lo que mejor funciona contra los Emergidos es la magia. Nada como un buen hechizo, recuerde eso. – ¿Qué otra cosa iba a decir un estudiante de las Artes Arcanas? Pero bien era cierto que más de un Emergido y de dos habían encontrado su final en uno de sus conjuros.

La prospección en busca de tesoros siguió su curso y, al parecer, a la suciedad le incomodó tal intromisión, por lo que obró su malvada magia un par de veces más, veces que hicieron estornudar al poco preparado bibliotecario – ¡Nada de pañuelos ni velos! ¡Nos asfixiamos como valientes! – frases llenas de esperanza y determinación que el mago puntualizó con un par más de estornudos. Bueno, había empleado el plural, pero ahora estaba recordando que el misterioso viajero y avezado en la exploración llevaba una máscara, por lo que él se perdía este olor a cerrado, a rancio y a madera quemada llenándole los pulmones. Oh vaya, él se lo perdía. Sólo por eso estornudó una vez más. Una vez de más para las paredes de piedra, de hecho, que consideraron ofensiva su descortesía y, con un ruido estruendoso, comenzaron a colapsarse encima del antiguo bibliotecario de Ilia. Pronto los gastados ladrillos empezaron a desquitarse contra el suelo, cayendo poco a poco como una lluvia de granito, que fue intensificándose hasta transformarse en una tromba. ¡Cuán triste presenciar el desvanecimiento de un pedacito de historia! Y más triste aún que esa historia pretendiera aplastarte.

Pero su historia no terminó ahí, puesto que Valkoinen hizo gala de unos magníficos reflejos y de una habilidad increíble para acortar distancias lo agarró como pudo y lo desalojó con fuerza. Tanta fuerza que el mago perdió el equilibrio y acabó golpeando el polvoriento suelo con su espalda, dolorido pero a salvo de males mayores. Y así se quedó, mirando el cielo azul durante unos instantes, absorto en sus pensamientos mientras su salvador le comentó sardónicamente que los Laguz Garza debían tenerlos en su punto de mira kármico – ¿Sabe usted? Es la tercera vez en poco tiempo que alguien me agarra para lanzarme al suelo y salvarme de algo. Me parece que estoy en deuda con usted, señor Valkoinen. ¡Gracias por su ayuda! – mencionó con una voz completamente neutra (salvo por la última parte) y sin mover un músculo. No estaba quejándose ni sonaba molesto, simplemente sorprendido que aquello se hubiera repetido una y otra vez. Dejó pasar unos instantes de meditación silenciosa más con la espalda apoyada en el frío suelo antes de decir – Conocí un Laguz Garza una vez. No creo que le cayera muy bien, la verdad, pero creo que fue culpa mía más que otra cosa… – aunque dudaba que Seraphiel se hubiera molestarle en echarle un maleficio a tanta distancia. O, viendo cual era su oficio, que dicha maldición le surtiera mucho efecto.

Se incorporó con parsimonia en el momento que el hombre infirió que tenía algo que podía interesarle. Se acercó al muchacho con tranquilidad paz y sosiego y bajó la mirada con curiosidad para ver bien qué era lo que le estaba enseñando. Abrió los ojos y llenó los pulmones de decir – ¡No me lo puedo creer! ¡Esto es…! ¡ESTO ES…! ¡ESTO ES…! – aquella forma, aquel color, aquella talla… y además encontrado en el Bosque de Serenes. No pudo decir otra cosa que… – Pues no tengo ni la más remota idea de lo que puede ser. – parecía una talla de alguna clase. ¿Decoración? ¿Algún tipo de trozo de alguna estatua? Estaba algo labrado y… un momento… bajo la capa de hollín parecía haber algo. Pasó el dedo con cuidado por encima del objeto todavía sostenido por su salvador y, de pronto, pudo ver unas pequeñas cenefas. Una detrás de otra. Un símbolo se repetía cada vez, pero los demás cambiaban.

Unos grabados artísticos muy pulidos que había visto antes, estaba bastante seguro de eso – Creo… creo que estas marcas son letras. Letras que conforman palabras. Puede ser el Lenguaje Antiguo, el lenguaje empleado por las Garzas del Bosque de Serenes… – había un ligero tono de duda en su voz puesto que el muchacho jamás había tenido la necesidad de aprender tal lenguaje. No, sus hechizos no lo necesitaban, además que se consideraba un lenguaje prácticamente muerto al no haber prácticamente Laguz Garza vivos. Comenzó a rebuscar en su zurrón buscando las notas que había tomado en la Biblioteca de Sindhu, meses y meses atrás – ¿Cree que podría encontrar la otra mitad de esta escultura, señor Valkoinen? Quizá podría descifrar lo que pone aquí… – al menos parecía que podía haber una segunda parte. El corte era limpio, pero demasiado irregular para ser natural. Si una parte se había conservado tanto tiempo, quizá la otra parte había tenido la misma suerte.
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Mensaje por Valkoinen el Vie Ene 25, 2019 8:51 pm

No soy muy bueno en esto de las habladurías, pero supongo que no estaría de acuerdo del todo. Quiero decir, es verdad que la historia se repite una y otra vez, pero también es cierto que dejamos un rastro en la historia. O algo por el estilo —dudó por unos segundos, llevándose una mano a la barbilla—. Bueno, tú lo sabrás mejor que nadie. Existen documentos, armas, herramientas, todo tipo de cosas que son de tiempos anteriores y aún permanecen aquí. Ahora hay nuevas cosas que las reemplazan y se usan para el mismo propósito. Quiero decir, igual esta conversación ya ha existido, pero no tendría porque involucrarnos a nosotros, sino a otras dos personas diferentes. La finalidad sería la misma, pero nosotros no seríamos los mismos, como pasa con las herramientas —su cabeza empezaba a dar vueltas, eso de estar mareando la perdiz o pensar en como explicar las cosas no era su fuerte, aunque le parecía bastante entretenido. De todas formas, no le entraba en la cabeza que todos los proccedimientos fuesen exactos, alguna cosa debería variar, ¿no? Tampoco le hacía mucha gracia la idea de que existiese otro Valkoinen y que sufriese lo mismo que él.

Oh, y tanto que soy un hombre de ron. No por nada es la bebida de los pira... —estuvo cerca de soltar "piratas", pero reaccionó a tiempo—. Dos, es así ¿no? He escuchado que dicen que la bebida de los pirados es el ron y como varias veces pierdo la cabeza pues... —mencionó haciédose el ignorante. Posiblemente no hubiese sucedido nada al decir piratas, pero tampoco quería dar pistas de lo que una vez fue—. Vino... El vino también es de mi agrado, sin duda. Pero si me detengo a pensar un momento, creo que no existe una bebida que me disguste. Todas las bebidas que he probado me han gustado, unas más y otras menos. Tengo en mente escribir un libro sobre las bebidas típicas de cada región y no sólo eso, sino de las diferentes tabernas que visitado. Aún hay muchas bebidas por ser catadas y aunque una de ellas fuese el néctar de los dioses, para mí el ron seguirá siendo la mejor — el ron lo había acompañado desde que era pequeño, al principio era reacio a beber alcohol como cualquier otro niño, pero a medida que iba creciendo terminó acostumbrándose al sabor e incluso a gusatrle. Sin darse cuenta, terminó por seguir la tradición de sus mayores—. Para mí el ron no es tan sólo una simple bebida, es una bebida con un sabor que ninguna otra me puede ofrecer. Es el sabor de los recuerdos, tanto buenos como malos. Me alegro de que te guste beber. Después de nuestra aventura vayamos a tomar algo —ofreció directamente sin dudar.

Lo que escuchaba de Sindri tenía lógica y era cierto, todos los emergidos terminaban muertos o reaccionaban ante cualquier situación desfavorbale. El veneno debería de funcionar. Pero seguía dudando sobre ello, no podía fiarse del veneno aunque surgiese efecto. ¿Y si tardaba más en hacer efecto? Definitivamente era algo que debía experimentar en una situación que lo permitiese. — Yo me he enfrentado varias veces a ellos, aunque uso dagas. Si es cierto lo del veneno me ayudaría mucho a la hora de enfrentarles, no necesitaría ir cortando cuello tras cuello, con un simple corte me libraría de ellos. De todas formas, tendré en mente lo de los hechizos —había sentido en sus propias carnes el poder de los hechizos, eran realmente temibles, cualquier emergido o humano retrocedería ante ellos. No sólo eso, sino el poder destructivo era muy superior al de cualquier ataque hecho con armas. Aunque también pensó que mientras fuese capaz de defenderse con su estilo, todo iría bien.

Era la primera vez que escuchaba estornudar a alguien tan seguido, estaba un poco preocupado de si eso era saludable o no. Pero si no quería llevar nada, no era de su incumbencia, así que lo dejó a sus anchas mientras seguía buscando.

Una vez fuera de peligro, se mantuvo en el suelo tal como su compañero, ambos se habían librado de una buena y eso era lo importante. — No te preocupes, sin ti dudo que sepa valorar cosas del pasado. Y el viaje de vuelta sería aburrido, ¿no crees? —realmente no sabía como lo había salvado, estaba acostumbrado a ir a lo suyo sin importarle lo demás, pero en este caso le salvó la vida inconscientemente, no merecía las gracias por ello. Sin darse cuenta estaba cambiando—. Lo de las garzas no iba en serio hombre. Pero no entiendo una cosa, ¿por qué dices que crees tener la culpa? Si lo extraño es que esa casa siguiese de pie —bromeó para quitarle importancia al asunto. Y sin perder más tiempo, le mostró la piedra partida a Sindri. Al principio, se desilusionó un poco al escuchar que el historiador no sabía lo que era, pero después de que le echara otra ojeada la cosa cambió—. Entonces, ¿se puede decir que hemos encontrado algo? —preguntó después de escuchar que había unos grabados antiguos. Al verlo rebuscar unas notas en su zurrón, supo que iba a intentar descifrarlo.

Cuenta con ello, ahora me pongo a buscar —afirmó ante la petición. No tenía nada mejor que hacer, ¿verdad? Ni tampoco sería útil para saber el significado de los símbolos en aquella piedra. No tardó en levantarse del suelo y sacudirse la ceniza, polvo y restos de escombros que seguían pegados a su ropa. Empezó por rebuscar entre los restos de la casa derruida, sin encontrar nada que no hubiese visto antes. Y decidió adentrarse en una casa que no estaba muy alejada. La decoración era similar a la anterior, los muebles también mantenían su característico diseño. Husmeó dentro de los que seguían utilizables con sumo cuidado de no estropear nada, pero tampoco tuvo éxito. Luego se puso a palpar el suelo, la piedra de antes la encontró por el suelo así que no podía descartar que estuviese tirada por ahí. Tras una exhaustiva búsqueda, cedió. En aquella casa no estaba la otra mitad.

Con paciencia se dedicó a buscar en todas las casas. Encontró varios objetos que le llamaron la atención, entre ellos había un espejo, una lima de un tamaño considerable, un anillo y una carta. La carta parecía ser legible, pero no entendía nada de lo que estaba escrito en ella. La lima supuso que sería para que las garras de las garzas estuviesen bien cuidadas, el anillo parecía ser normal y corriente, pero igual Sindri sería capaz de decirle algo y el espejo más de lo mismo. — Sindri, te traigo nuevo material —dijo con su tono de voz normal. Luego le dejó en el suelo los objetos—. Desgraciadamente no he encontrado la otra mitad, pero hay una carta que me llama la atención. Si quieres échale una ojeada a lo que he encontrado y sigo buscando la otra mitad. Tal vez se me haya pasado algo.

Sin pararse mucho, volvió a rebuscar por todas partes, no encontraba nada. ¿Y si la otra parte no estaba ahí? ¿Y si alguien escapó con la otra mitad? Pero era sospechoso, ¿por qué dejar una mitad atrás? ¿Y si en vez de eso, estuviese rota la otra parte? Ya estaba partida, no sería extraño que ahora fuese polvo... En ese momento pensó en otra posibilidad. ¿Y si en vez de ser 2 trozos, fuesen más? Su objetivo era encontrar la otra mitad y no pensó que podría estar dividida en más trozos. Sin pensarlo dos veces retomó la búsqueda, pero esta vez observaría cada pedazo de piedra. Con ese método pudo encontrar siete trozos, al parecer no era sólo una piedra, sino dos.

¡Sindri, las tengo! —corrió en dirección hacia el que estaba centrado en descifrar los símbolos extraños. Se sentó en el suelo y le ofreció los diferentes segmentos—. Con esto y lo que tenemos hacen ocho trozos, pero hay algunos que tienen forma parecida y no sabría ponerlos como estarían originalmente. Creo que te dejaré el resto a ti, pero no dudes en pedirme ayuda —terminó por decir mientras se recostaba en el suelo nuevamente. Notaba una escalofriante brisa en su mejilla, pero valía la pena estar ahí.
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Mensaje por Sindri el Vie Feb 08, 2019 7:00 pm

Son teorías muy interesantes, tanto la original como la que propone usted. Verdaderamente hay mérito en tratar de pensar no sobre el mañana o el ayer, sino lo que sucederá cuando todo esto vaya a suceder nuevamente. – era algo entretenido de pensar del mismo modo que lo era tararear una canción pegadiza sin saber su letra o pensar en qué formas tenían las nubes que pasaban por encima de ti. Era algo que te mantenía la cabeza ocupada cuando no tenías nada mejor que hacer, por ejemplo cuando estabas viajando en una caravana de un lugar a otro y nadie quería hablar contigo. Un pensamiento al que podías dar vueltas, y vueltas, y vueltas, pensándolo y repensándolo sin llegar a ninguna conclusión y, a la mañana siguiente, seguir con ello. Hasta que encontrabas algo mejor. O algo más divertido salía por el camino. Eso sí, Sindri debía reconocer que era un tema de escasa aplicación práctica y que era mucho mejor hablado en los salones de una institución como la Gran Biblioteca de Ilia. Y, más concretamente, el comedor de la Gran Biblioteca de Ilia estando delante de un buen plato de comida caliente y una buena bebida – Yo creo que un Sindri ya es un Sindri demasiado para este mundo. ¡Imagine dos! ¡DOS! El mundo no está preparado. No. Está. Preparado. – sentenció con la seguridad del que sabía de lo que estaba hablando mientras cruzaba los brazos y asentía de manera decidida. Realmente el muchacho estaba ya feliz que el hombre peliverde le hubiera seguido la corriente durante un ratito por temas tan extravagantes, pero tampoco quería aburrirle con diatribas interminables que harían dormitar a un filósofo experto. Había muchísimas cosas más divertidas de las que hablar.

¡Como, por ejemplo, del alcohol! – Sí, claro, de los pirados… no hay ningún tipo de personas más famoso que tomen ron a mansalva. No, no, nada de parches ni patas de palo. Pirados. – interesante tema de conversación, pero incluso un niño de cinco años que no sabía lo que era el ron lo podía asociar con los piratas. Pero el hombre conocido como Valkoinen no podía ser un pirata, ¿verdad? Sí, vale, tenía una cicatriz sobre un ojo pero… ¡No llevaba parche! ¿Cómo se suponía que iba a ser un pirata si tenía una oportunidad de oro para llevar un parche en su ojo… y no lo estaba haciendo en este mismo instante? Si eras un pirata llevabas un parche, tenías un barco y te agenciabas el primer pajarraco de colores que pudiera repetir palabras. El sol brilla, la hierba crece, los pájaros trinan y los piratas dicen “¡Yar-har-har!”No puedo decir que haya tomado mucho ron. O que haya tomado buen ron. No es una bebida muy popular de donde yo vengo, ¿sabe? – mencionó suavemente mientras el muchacho se debatía internamente sobre lo que verdaderamente hacía a uno pirata y la cantidad de garfios y patas de palo requeridos. De todos modos, ¿Qué importaba? Si el buen hombre quería dedicarse al noble arte de robar a navíos ajenos en alta mar… ¿Quién era él para juzgarle? Cada uno debía ganarse la vida como buenamente podía y mientras no atacara el barco en el que estaba él… – Oh, pues oiga, yo estaría encantado de poder leer un libro así… siempre acabo preguntando a la gente del lugar cuál es la bebida típica y tópica de la región, al fin y al cabo. Tal libro me libraría de muchos dolores de cabeza. Antes y después de beber, claro. – su mente recorrió las nieblas del tiempo hasta su visita a Sacae donde probó el delicioso (pero potente) raki, que hizo las delicias de todos los bibliotecarios que se atrevieron a probar un sorbito cuando lo trajo de vuelta como souvenirY, obviamente, acepto tal invitación. ¡Seguro que usted puede ayudarme a elegir los licores más deliciosos de la taberna! – mencionó con buen humor alguien que veía en el horizonte una noche divertida en la posada más cercana, de esas que acaban con canciones desafinadas hasta altas horas de la mañana.

Sindri apreció el hecho que el hombre aceptara los hechizos como un buen método para deshacerse de los Emergidos, cosa que mostró asintiendo con decisión mientras escuchaba sus palabras. El hecho que luchara con cuchillos le hizo recordar a cierta persona que había conocido en Ilia, pero el tren de su pensamiento se paró súbitamente con tanto movimiento y derrumbe de preciadísimas muestras arqueológicas. Bueno, no era su culpa que no hubieran hecho habitáculos a prueba de estornudos – Llámelo un presentimiento, mi buen amigo amante del ron. Un presentimiento que tengo. – contestó así a la pregunta que le había hecho mientras se miraba bien la ropa, tratando de ver si la caída o alguna piedra malintencionada había hecho un estropicio en su cara. Una vez estuvo medianamente satisfecho con el resultado, se volvió hacia su compañero de aventuras con la resolución de contestar la segunda cuestión – Bueno… sí hemos encontrado algo. Lo que pasa es que no sabemos qué hemos encontrado. Es decir, es un algo seguro, eso se lo puedo decir sin ninguna duda pero… – movió un poco el objeto en su mano libre por si acaso una nueva perspectiva arrojaba luz al misterio – … me temo que lo único que se me ocurre es tratar de traducir lo que está escrito aquí. – y con esas palabras sacó de su zurrón un amasijo caótico de papeles de todo tamaño, color y apariencia que, ni corto ni perezoso, comenzó a ordenar allí y ahora.

¡Buena suerte en su investigación, señor Valkoinen! Y recuerde, no somos ladrones ni saqueadores: estamos recopilando objetos perdidos para salvaguardar el bien común. – mencionó a modo de despedida temporal con pleno conocimiento que no había dicho nada técnicamente incorrecto. A fin de cuentas, todo lo que había en este pueblo llevaba abandonado durante décadas y, más que seguramente, los dueños originales de cualquier objeto que encontraran no estaría en condiciones de pedir su devolución. Y todo lo que hacían era en nombre del bien común… su propio bien, claro está. Una vez se aseguró que ninguna otra piedra tenía intenciones de llover en su cabeza, el hechicero se sentó en el suelo y sacó de su zurrón sin fondo un pequeño odre de piel y un par de delicadas brochas de crin de caballo. Durante los siguientes minutos restregó cada parte del objeto con los utensilios y empleó el agua para ir sacando toda la suciedad que podía evitando siempre dañar la frágil pieza. Parecía… parecía arcilla cocida de alguna clase por el tacto poroso, pero además parecía pintada con alguna clase de pigmento suficientemente intenso como para no dejarse arrastrar por el líquido. Qué cosa tan extraña… se sentía verdaderamente perdido, no le veía forma de mitad de nada. Ni de cuarto de nada. Y, claro, no es que pudiera acudir al poblado de Laguz Garza más cercano para preguntar si alguien tenía la más remota idea de qué era eso. Más que nada porque no había ninguno.

Su trabajo sin fruto fue interrumpido por el buen hombre que parecía traer algo más que noticias – ¿Oh? Qué interesante… – dijo en voz algo queda mientras recibía los enigmas en forma de objeto que el viajero le acababa de dar. Bien era cierto que eso parecía, a todas luces, una carta con destinatario y firma… pero ahora por ahora no podía decir nada más. Traducir el Lenguaje Antiguo con tantos símbolos casi idénticos lo debía hacer un profesional… o alguien con los apuntes de Sindri, pero tardaría bastante. Los otros objetos eran algo más usuales y adivinó bastante rápido para qué servían. Bueno, “adivinó”. Más bien “aventuró con seguridad sin fundamento”. Por lo que en el momento que volvió el hombre y se sentó a su lado aprovechó para comentarle sobre sus descubrimientos – Mire, mire. ¿Ve este espejo? ¿A que parece que se ha roto un poco el agarre? Eso seguramente es porque el rabito del espejo debía ser bastante largo para poder verse bien las plumas de las alas… ¡No debe ser fácil mantenerlas limpias cuando son tan blancas como las de una garza! – movió el espejo por encima suyo, simulando como un Laguz Garza podría ponerlo para ver bien lo que tenía detrás. Más o menos. Le resultaba algo incómodo, pero lo achacó a una potencial ruptura del espejito, o al menos a no tener un par de alas – La lima, por otro lado, es para el pico y las garras de la garza. ¿Sabe que los a los pájaros se les desgasta el pico y las uñas con el uso? Diría yo que esto lo usan para roer en su estado transformado. Hm. ¿Quizá para las zarpas les ayuda alguien? – su tono se volvió algo más dubitativo hacia el final, cuando trataba de adivinar cómo un pájaro podía arañarse contra una lima de entre todas las cosas. Vale, sí, eran Laguz pájaro, pero aún así…– Y este anillo… si no me equivoco este es el emblema de… uh… deme un segundo… – sin más ni más le echó un buen puñado de agua al accesorio, limpiándola de una forma nada recomendada por ningún tipo de orfebre. Pero nadie podría negar nunca su efectividad, puesto que al momento exclamó mientras señalaba cada parte – ¡Ajá! Mire. Una luna creciente. Un león si le echa mucha imaginación. Y una cosa rara de aquí abajo que nunca sé qué es. ¡No hay duda! Es un anillo con el emblema de Gallia, el país de los Laguz felino. Un aliado de antaño del Bosque de Serenes. – con un movimiento divertido, se pasó el anillo por sus dedos y, de pronto, lo lanzó al aire con un movimiento del pulgar. El zarcillo voló verticalmente unos centímetros y cayó inofensivamente en la palma extendida y enguantada del muchacho, quién se lo ofreció de vuelta al señor Valkoinen por si acaso quería verlo un poco mejor. Quizá incluso podría descubrir qué es esa cosa tan extraña.

El hecho que el misterio se incrementó al presentarle los múltiples fragmentos de la cosa no hizo más que espolear la curiosidad insaciable del bibliotecario de Ilia. Con una sonrisa de oreja a oreja comenzó a coger una y otra pieza y trató de unirlas al tuntún, como si creyendo que eventualmente daría con la solución si lo intentaba las suficientes veces – Creo… creo que puede ser una estatua de alguna clase. ¿Quizá? No me parece ninguna vasija de ninguna clase… ¿Sí? ¿No? ¿Tal vez? – dejó las dos piezas delante suyo mientras se rascaba la barbilla de forma distraída. Dejó que la luz arrancara algunos destellos en los trozos de… algo mientras pensaba cómo hacer que encajara todo. Que encajara todo bien, incluso un niño de cinco años sabría hacer una de esas esculturas “modernas” que tanto gustaban últimamente en Etruria – ¿Qué le parece a usted? ¿Quiere probar suerte reconstruyendo esto? Yo puedo ir traduciendo la carta mientras usted trata de recrear el típico arte del Bosque de Serenes. Si es que es arte, claro… – ofreció mientras ondeaba juguetonamente la carta demacrada. Él no podía hacer dos cosas a la vez (todavía) por lo que si el peliverde accedía podrían matar dos pájaros de un tiro. Hm. Quizá este no sea el mejor dicho que emplear en un lugar como el Bosque de Serenes…
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Mensaje por Valkoinen el Vie Jul 12, 2019 10:16 pm

Escuchar que era una teoría interesante de la boca de alguien sabio como Sindri aumentó en pequeña dosis el orgullo del viajero. De hecho, era de las pocas personas con las que había conseguido mantener una conversación extensa y agradable, pues no todo el mundo tocaba unas temáticas tan profundas. ¿Acaso la gente no podía ver más allá de sus propios intereses? Valkoinen no era quien para hablar, pero últimamente había dejado de pensar en sí mismo para poder pensar en los demás también. En cuanto el historiador pensó en la posibilidad de que hubiese otro como él, actuó como si se tratase del fin del mundo y sus gestos causaron que al peliverde se le escapara una pequeña risa. No sabía si realmente sobreactuaba o si era así de natural siempre, pero sin duda alguna lo consideraba un gran cómico.

Si bien las palabras que escuchó llevaban segundas intenciones lo desconocía, pero la tensión que sentía provocó que dos gotas de sudor resbalasen por el rostro, iniciando desde el cuero cabelludo, pasando por la frente y desviándose hacia un lado para terminar siendo absorbidas por la máscara. No obstante, no actuó de forma sospechosa o no tan sospechosa como al camuflar la palabra "piratas".

¡Genial! —mencionó rápidamente mientras que con su antebrazo le daba toquecitos en el brazo en forma de señal amistosa. Era la oportunidad perfecta para volver a hablar sin preocuparse—. Viniendo hacia el bosque pasé por varias tabernas. De momento no he encontrado ningún licor del otro mundo por Begnion, pero recomendaría probar la sidra de por aquí  —hablar sobre las bebidas le recordó cuando con ayuda de otra persona, terminaron con todo el ron de una pequeña taberna y de cómo terminó la cosa. Esta vez se lo tomaría con más calma o eso quería pensar—. Oh, y ten por seguro que algún día te llevaré a beber un buen ron —apenas se habían conocido, pero lo trataba con confianza, ¿qué demonios se le estaba pasando por la cabeza? Él no era así, solía desconfiar de todos, ¿por qué con Sindri actuaba tan diferente? ¿Sería por su personalidad? ¿Por compartir gustos, tal vez? No tenía ni la menor idea, simplemente se dejaba llevar—. En cuanto al libro, todavía tengo mucho mundo por recorrer. Pensándolo bien, podría ir escribiendo e ir sacando diferentes tomos cortos. Te avisaré cuando termine lo primero que haga —todavía no estaba seguro de que hacer al respecto, ni si intentaría comerciar con el libro, pero tenía una cosa muy clara, que dejaría copias en todas las bibliotecas que visitara.

Así que un presentimiento... Seguro que además de arqueólogo, historiador y caza tesoros, también era adivino. Sin pararse mucho más, dejó a su compañero a cargo de la traducción mientras que él iría en busca de otras reliquias o cualquier cosa que le llamase la atención. Alzó el pulgar como signo de aprobación sobre el tema de no robar ni saquear, que era para una causa de bien común. El expirata pensó que en los viejos tiempos se habrían llevado todo lo de valor para enterrarlo en alguna isla desierta como ahorros o venderlo para beber y comer, pero en ese momento no tenía otra intención que no fuese ayudar al joven de pelo morado, pues su principal objetivo que era visitar el bosque y ver su estado ya lo había cumplido. Sin embargo había nacido en su interior un interés por el pueblo de los laguz garza y su historia.

Al volver de su segunda búsqueda y sentarse, empezaron las clases de Sindri. Valkoinen acertó algunos de los usos de lo que había encontrado, pero las explicaciones que escuchaba era mucho más completas y precisas que sus pequeñas suposiciones. — Apostaría a que la vida de las garzas era tranquila si tenían tiempo para arreglarse las plumas —si él tuviese que limpiarse pelo por pelo, no acabaría jamás. El tiempo del primero al último excedería todo un día. Si además añadía el cuidado del pico y sus zarpas se volvían unas criaturas bastante coquetas. A ver, dedicar tiempo a la imagen y a la higiene personal no estaba de más, pero existía una gran cantidad de opciones a elegir para aprovechar mejor el tiempo. En ese momento se le cruzo una pregunta por la mente—. ¿Los laguz garza cuánto suelen vivir? Sé que existen manaketes con centenas de años —si la longevidad era superior a la humana, encontraría sentido a "perder el tiempo" de esa forma. Por otra parte, tomó de vuelta el anillo de la mano de Sindri y se quedó mirando de cerca los dibujos que le había indicado su compañero. Ciertamente se veía la luna creciente, un león raro y... ¿Y qué? Estaba demasiado desgastado como para saberlo con exactitud, pero se podían distinguir unas líneas—. La cosa rara parece como una especie de arañazo o una marca rayada... ¿Igual no se distingue bien porque lo dañaron de alguna forma? —desde luego los temas de arqueología y de arte no eran lo suyo, no tenía ninguna base tampoco para poder basarse en algo. Si no fuese por Sindri, ni siquiera sabría que el anillo de de Gallia.

Veré lo que puedo hacer... —no estaba seguro de si sería capaz de resolver el "rompecabezas", pero ya no tenía nada que hacer y de esa forma mataría el tiempo hasta poder saber la traducción de la carta. Empezó tomando la primera piedra que encontró y a pasar las demás por el lado para ver si encajaban. Habían cuatro piezas que por separado conjuntaban bien, pero a la hora de juntaras todas chocaban las unas con las otras, era bastante molesto. Después probó a conjuntarlas de diferentes formas, pero aún así no lograba el resultado deseado. Iba desesperándose poco a poco, sin duda alguna estaba siendo de las experiencias más frustrates. Terminó dejando caer el primer trozo que encontró al suelo, sin percatarse de que había una piedra puntiaguda debajo. Cuando quiso reaccionar ya era muy tarde, ya habían colisionado. Fue entonces que el viajero quedó petrificado, como la escultura que había intentado montar, pues la piedra se partió en dos. No se atrevía a mirar a Sindri, tan sólo tenía fijos los ojos en... ¿En alas?

Cogió las dos partes de la piedra y los observó detenidamente. Las dudas no tardaron en despejarse cuando en el interior se apreciaban unas plumas grabadas. ¿Acaso el paso del tiempo hizo que las dos partes se pegaran dejando tapada la zona de las plumas? Ahora eso tampoco importaba, utilizó las piezas que antes coincidían y a diferencia de la otra vez, ahora adoptaban una forma humanoide con alas. Siguió el mismo proceso con el resto de piedras, hasta lograr montar una pequeña escultura con forma de ángel. Todas las piezas encajaban, pero seguían faltando algunos trozos diminutos, aunque pensó que eso ya sería irrecuperable. La parte de afuera de las alas también estaba deteriorado, siendo bastante más liso que el resto. Por culpa del golpe, dejó dos marcas, una al borde de cada ala. — Bueno, si quitamos la parte del accidente, podría decirse que he conseguido resolver el rompecabezas. Apenas se mantiene en pie, con una brisa seguro que vuelve a caer. ¿Qué te parece Sindri? —preguntó al mismo tiempo que dejaba caer su espalda al suelo para estirarse.
Valkoinen
Valkoinen
Afiliación :
- DURBAN -

Clase :
Thief

Cargo :
Espía Real

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Gema Opaca

Support :
None.

Especialización :
[Social][Aventura] El bosque perdido [Sindri, Valkoinen] Daga-1

Experiencia :
[Social][Aventura] El bosque perdido [Sindri, Valkoinen] 2aYlcp6

Gold :
295


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Mensaje por Sindri el Vie Jul 26, 2019 3:30 pm

Tabernas, ¿eh? No puedo decir que no me tomaría ahora una cerveza recién sacada de un barril. Todo el mundo siempre habla del calor que hace en los desiertos, pero siempre se olvidan de decir que los bosques no es que sean muy frescos… – las junglas y otras zonas boscosas parecían ser unos ecosistemas especialmente húmedos. Húmedos y nada fríos. No se había dado cuenta hasta ese momento que estaba completamente empapado de sudor y no es que hubiera hecho ningún tipo de esfuerzo físico desmedido. Era el ambiente, un bochorno extremo, envolvente y sigiloso del que sólo te dabas cuenta cuando tu piel y tu ropa eran una sola y tu garganta estaba tan seca que era difícil articular palabra alguna. Oh, claro que para un desierto te ocupabas de traer agua y otra bebida, pero… ¿Quién hacía tal esfuerzo cuando iba a un bosque? Se suponía que había estanques, lagos y todas esas cosas que salen en los cuentos de hadas – Sidra… mientras no sea dulce como el aguamiel no me verá quejarme. He oído que las manzanas dan un sabor particular, pero… me temo que de dónde vengo no hay muchas manzanas. Demasiado frío, ¿sabe? No crece nada. Por eso lo único que se destila es la miel de las abejas que, por alguna razón, no mueren ni con dos ventiscas diarias. – Sindri sospechaba que esas abejas vivían mucho mejor que él, pero no había visitado nunca a ningún apicultor para averiguarlo. No porque no le gustaran las abejas o porque le diera miedo que le picaran, sino que por otra razón que no comprendía los apicultores decidían vivir al pie de las montañas de Ilia. Las mismas montañas que escupían aludes día sí y día también. ¡Para quedarse sepultado por la nieve se quedaba en la Gran Biblioteca de Ilia!

Le aseguro que si hace tomos cortos se ganará la gratitud eterna de todos los novicios de las bibliotecas a las que vaya su libro. Nada es peor que tu superior te diga “hoy sólo debes copiar dos libros”… y que dichos libros puedan calzarla mesa de un gigante. – mencionó el muchacho con verdadero conocimiento de causa. Había libros que nada, salvo la hibris humana, justificara que fueran en unidad de volumen. Alguno de esos tomos podía ser usado como arma arrojadiza capaz de descalabrar a alguien… bueno, eso en caso que existiera alguien que pudiera siquiera lanzarla más allá de sus propios pies – Hablando de bibliotecas, si quiere asegurarse que lo lea no tiene que hacer más que mandar su libro a una biblioteca al azar del mundo. Le puedo asegurar que otra cosa no hago, pero visitar biblioteca tras biblioteca es una constante en mi vida. – las fuentes del conocimiento, el bibliotecario no podía evitar sentirse en ellas como en casa. Quizá porque una fue su casa en un momento dado de su vida. No un hogar, cierto, pero al menos una casa. Alquila una habitación de la posada más cercana y dedícate al vicio de la lectura durante semanas. No es que tengas nada importante que hacer en ningún otro lugar del mundo, ¿verdad?

Levantó un dedo en gesto doctor mientras sonreía de buen humor. Resultaba que había estado estudiando todo lo relativo a los Laguz Garza (o, al menos, toda la información que uno puede conseguir sobre tales Laguz) y se sentía capacitado para responder las preguntas del peliverde– Los Laguz Garza son la paz personificada, señor Valkoinen. ¿Lagucificada? No, estoy bien seguro que los Laguz son personas, por lo que debería ser “personificada”. Aunque también son Laguz, por lo que quizá ellos prefieren “lagucificada”, ya sabe, especificidad antes que el término general. No lo sé. No se me ocurrió preguntárselo… – ladeaba la cabeza ahora sí, ahora también, perdido en sus mundos mentales. Tendría que haber interrogado con más ahínco los diversos Laguz con los que había tenido el placer de hablar sobre la manera correcta de dirigirse a ellos – Algunos libros mencionan que incluso el más mero deseo de violencia es suficiente para hacer enfermar a un Laguz Garza, por lo que sus enclaves debían ser, cuánto menos, idílicos de vivir. Si eso es cierto, claro. Pero muchas fuentes coinciden que, sí, los Laguz Garza vivían una vida completamente pacífica. – y, ya que no había guerra por ningún lado, seguro que estos Laguz emplumados podían dedicar su tiempo al arte, a acicalarse y a la escritura… ¡Qué pena que los tomos de papel no sean más ignífugos! – ¿Que cuánto viven? ¡Buena pregunta! No sabría responderle con exactitud: los Laguz Pájaro suelen vivir más que los Laguz Mamíferos, pero menos que los Laguz Dragón. Teniendo en cuenta estos parámetros… ¿Sobre los doscientos cincuenta o trescientos años? ¿Década arriba, década abajo? – hizo unos pequeños cálculos y, sopesando resultados, asintió con decisión. Obviamente, Sindri sabía que preguntar la edad de alguien era algo poco cortés, pero contaba con suficiente información como para contestar esa pregunta con un módico de exactitud.

Quédese el anillo. ¿Quién sabe? Quizá le ayude a apaciguar a algún Laguz Tigre o Laguz Gato si se presenta como “Amigo de Gallia”. – mencionó con un guiño antes de ponerse a trabajar con la carta. Verdaderamente los Laguz eran enemigos a temer, pero por lo que había visto no eran muy duchos con la magia, por lo que el Hechicero se sentía confiado en cualquier enfrentamiento que pudiera tener contra uno de ellos – Seguramente el daño es por el tiempo, la mala conservación y el hecho que, potencialmente, se le ha caído alguna construcción encima. Sea como fuere, es suficientemente claro para alguien que sabe lo que tiene que buscar. – y, dicho esto, comenzó a tratar de traducir la carta. Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, puso su manual de traducción a un lado, la carta por otro y sacó todo de papel, tinta y una pluma de cisne para ponerse a escribir una traducción. Lo que resultó más difícil de lo que en un momento estimó al leer por encima todos los signos de la carta. ¿Sabéis lo extraño que es el Lenguaje Antiguo? Para empezar, todas las letras son precedidas por una especie de G mayúscula estilizada con un trazo recto acoplado haciendo de techo. Luego hay un pequeñísimo garabato al lado que determina la letra que es… que, dependiendo de cuán largo, corto o curvado es puede ser una letra u otra. La diferencia entre una p y una r es si un circulito está completamente cerrado o no. La diferencia entre una u y una v es si hay un centímetro más de trazo en un garabato. Y, obviamente, eso asumiendo que se escribe total y completamente de acuerdo con esta guía que tenía aquí, que podía estar completamente desfasada si tenemos en cuenta que hace veinte años nadie ha escrito en tal idioma – Una qu… una u… una e… otra e… una te... no, no es una te, esto es una mancha. ¿Creo? ¿Tal vez? Es una ese. Sí, una ese. Pero… ¿La siguiente sí es una te? – levantaba ahora el papel, ahora lo trataba de mirar a contraluz, ahora casi se lo acercaba tanto a los ojos que el viejo pergamino le hacía cosquillitas a la nariz. Este era el idioma más ineficiente que el muchacho se había echado a la cara. Tanta floritura, tantos matices para hacer una condenada letra… ciertamente los Laguz Garza tenían mucho tiempo libre. Tanto como para inventarse un lenguaje tan enrevesado como este.

Eventualmente una historia corta y, al juicio de Sindri, bastante insulsa comenzó a desarrollarse ante él. Justo cuando llegó a la última línea, su acompañante le llamó la atención y le mostró lo que, claramente, era una figurita que representaba un Laguz Garza. Una figura bastante cuca que, si bien mostraba los estragos del tiempo, era un hallazgo importante – ¡Vaya, señor Valkoinen! ¡Está usted hecho todo un manitas! No se preocupe, el fuego hizo de las suyas y deterioró esta figurita, no creo que sea su acción en absoluto la que ha propiciado todo esto. – alzó la mano para intentar coger la estatuilla pero, a medio camino, lo consideró mejor. El peliverde le había dicho que “con una brisa seguro que se vuelve a caer” y él tenía las manos agarrotadas (y algo tensas) de copiar y trabajar un idioma que no estaba hecho para la transcripción – Seguro que un ebanista podría acabárselo de arreglar, si le interesa quedárselo. Sólo no lo intente con uno de Tellius. Y, especialmente, no con uno de Begnion. Créame, cuando la gente cree que algo está maldito no hay quién se lo saque de la cabeza… – podría ser divertido ver salir corriendo a un ebanista, pero entonces tendrías que encontrar otro y resistir la tentación de usar la misma broma tras troncharte de risa. Eso suena demasiado esfuerzo para el Hechicero… – Por otra parte, el contenido de la carta es… bastante banal si le soy sincero. Es simplemente una carta que una Laguz Garza escribió a su hermana para invitarla al cumpleaños de su hija. – alzó la copia tentativa de la carta con la tinta todavía húmeda y reluciente (ahí no había quién secara nada) y comenzó a leer con una voz adecuada – Mi queridísima hermana Nyrissa. ¿Qué tal te encuentras? Hace mucho que no sé nada de ti…” y comienza a explicarle que ella se encuentra bien y que está muy feliz porque la floristería que abrió con su marido tiene mucho éxito. “Evindra pregunta todos los días por ti y le encantaría que su tía favorita estuviera presente el día de su cumpleaños. De hecho, a todos nos agradaría volverte a ver.”, asumo que “Evindra” es el nombre de su hija y la sobrina de Nyrissa. – una fiesta de cumpleaños con Laguz Garza… qué imagen más bucólica era esa. No se la podía imaginar, dudaba muchísimo que se asemejara a las festividades de las tierras de Lycia. ¿Sería tan importante para los Laguz el cumplir años como lo era para los Beorc? ¿O una vez pasaban cierta edad ya ni gastaban energías en contarlos? Al fin y al cabo, les quedaban tantos y tantos y tantos por delante… – No dice mucho más. Una corta despedida y ya. “Besitos, abracitos, muac muac” y todo eso. ¡No se deje engañar por la cantidad de tinta en el papel! Una vez se traduce se queda en agua de borrajas…

Sólo entonces se incorporó y, tras limpiarse bien el polvo, se giró hacia la persona que tenía al lado. Le mostró entonces el botín que tenía él: la carta original del Bosque de Serenes y la copia en un idioma legible para aquellos que no eran Laguz Garza – ¡Nada mal para una primera búsqueda! ¿Qué le parece? ¿Algo que le parezca interesante? – una carta, una figurita, un anillo… quizá nada bueno para empeñar o vender, pero lo importante era su valor histórico. ¡Cuánto más podrían aprender si continuaban investigando por aquellos parajes!
Sindri
Sindri
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Sorcerer | Priest

Cargo :
Bibliotecario

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