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[Social] Un bonito día de playa [Priv. Tar'Howl]

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Mensaje por Invitado el Vie Dic 08, 2017 9:28 pm

El continente de Jugdral no se caracterizaba por sus temperaturas cálidas y agradables con playas paradisiacas de fina arena en la que te puedes quedar tumbado sobre una hamaca tomando un zumo tropical, justo lo contrario. ¿Arenas finas? Por lo menos en Tracia no, caracterizado por un relieve montañoso sus costas heredaban el relieve con escarpados acantilados y playas constituidas únicamente por peligrosas rocas, empapadas de agua y resbaladizas donde un desliz era sumamente fácil.

El clima era frío como de costumbre en aquella época del año y se acentuaba aún más por la noche. Un agradable y pequeño pueblo pesquero constituido en su mayoría por gente humilde y bondadosa, que volvían a recuperar su hogar después de la guerra, descansaba sobre una verde colina en cuyo descenso se encontraría con un salto mortal, una gran y escarpado acantilado al borde del mar, existían alrededor de veinte metros de caída a una alfombra de piedras.

Sopla la brisa marina, suave como la melodía de un violín, extendiendo la salada y característica fragancia del mar del mar hacia el interior. Las olas de una mar calmada morían contra las primeras rocas con las que se topaban, fundiéndose en un mortal abrazo y colándose entre ellas. Las nubes cubrían el cielo de la noche despojándole de estrellas y sumergiendo el ambiente en una oscuridad total, si acaso el único brillo existente era el de la luna llena que se distinguía pálidamente detrás de las nubes, en contadas ocasiones asomaba tímidamente su rostro entre una y otra para volver a esconderse inmediatamente después. La lluvia caía sin descanso, pero no había rabia, el cielo lloraba ahogado y en silencio para que nadie lo escuchase. Las gotas eran finas y casi imperceptibles, se asemejaba más a la fría, triste e incorpórea caricia de un fantasma, cuando querías darte cuenta estabas empapado y calado hasta los huesos. Entra la brisa y la lluvia la sensación térmica estaba bajo mínimos, la perfecta noche para quedarse en casa o alojarse en la posada tras una cena caliente.

Sin embargo, Damark no pretendía disfrutar de ese lujo, estaba sentando sobre una gran roca de aquella playa en la que apenas había arena, un bote inservible de madera podrida que reposaba varado en la tierra y herramientas que los pescadores habían dejado allí, en su mayoría trampas para cuando la marea subiese. El joven soldado se abrigaba cuanto podía bajo su capa blanca, su cabello empapado caía de forma pesada. El cuerpo del chico sufría por el clima no obstante para alguien en pleno servicio militar la temperatura y las condiciones meteorológicas debían de ser las menores de sus preocupaciones, especialmente en labores de reconocimiento. Así es, Damark vigilaba las costas buscando algún indicio de iniciativa por parte de soldados Emergidos que cruzasen el mar desde Akaneia para reconquistar Tracia.

Pese a ese sufrimiento le gustaba la sensación de la lluvia golpeando su piel, el frío viento en contacto con él. Era una muestra de que estaba vivo aún en aquella pesadilla, el hecho de que aún podía vengar a sus compañeros caídos era lo que necesitaba. Se había quedado allí sentado todo el atardecer recordando aquella trágica batalla, añorando los tiempos que pasó con cada uno de ellos, sintiendo lastima por el novato que se les unió antes de perecer al día siguiente, torturándose e imaginando como murió cada uno de ellos, deseando que fuera lo más indolora posible y autoconvenciéndose a si mismo de que había sido su culpa, malas ordenes, quizás simplemente debería haber dicho que huyeran como los demás… La noche había caído antes de que se diera cuenta y seguía sin haber señales de Emergidos en el mar. ---Vas a enfermar Damark --- Se dijo a si mismo cuando volvió a la realidad, sin embargo, su mirada parecía que seguía perdida en el horizonte.

Se levantó y rodeo la roca en la que antes se sentaba para dirigirse a una pequeña cavidad en el acantilado donde poder cobijarse de la lluvia, había dejado ahí sus enseres más necesarios. Pisaba fuerte, pero con precaución intentando no caerse, estaba todo a oscuras y ahora con la lluvia las rocas estaban especialmente resbaladizas. Palpó las frías y ásperas paredes del acantilado para localizarse y encontrar su cavidad. Era pequeña, como mucho cabían tres personas en ellas y aún había vistas hacia el mar. Dentro había una pequeña mochila con objetos útiles colgada de un saliente de la roca y de la que cogió dos piedras con un uso en particular, una pequeña hoguera de madera seca que había podido conseguir para pasar la noche y por último unos cangrejos que había podido conseguir anteriormente de entre las rocas y atrapados entre unas redes de pesca que rescató. Se acercó a la hoguera e hincó la rodilla para después acercar las dos piedras, con un solo y rápido rozo provocó unas chispas que rápidamente hicieron arde la madera iluminando la minúscula caverna. Bendita luz y bendito calor, pronto envolvió a Damark y la diferencia de temperatura empezaba a notarse, aunque estaba lejos de ser agradable. Por último, el chico de pelo blanco se quitó su abrigo blanco, también empapado, dejándolo reposar y secar a la luz de la hoguera sobre el mismo saliente donde colgaba la mochila. Ahora lo único que portaba era el uniforme militar y el Tomo de Ruina que colgaba en su cinturón.
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Mensaje por Invitado el Sáb Dic 09, 2017 10:05 am

Todo había empezado como un día cualquier, donde aquel caballero rubio estaba haciendo uso de su palabra y estaba cuidando tanto del laguz como de su compañera Branded, proporcionándoles con ropa, comida, etc. Todo esto había llevado a que tanto el Laguz como la branded dejaran atrás el valle de los dragones para pasar a lo que venía siendo la ciudad, viajando de una a otra buscando a alguien que quisiera los servicios de Arekk para conseguir monedas y seguir adelante un día más. En cierto modo todo esto le recordaba a cuando viajaba con las tropes de caravanas, no era la primera vez que se asociaba con mercenarios. Doscientos años de vida dan para mucho.

Todo había sido tranquilo hasta ese punto,  se habían despertado, Howl había comido como si no hubiera mañana, otra vez (Acostumbrado a cazar y vivir en montaña durante unos 10/15 años, que le proporcionaran comida por las buenas era un buen cambio para variar), se había cambiado de ropa a los nuevos ropajes que se le habían proporcionado (Chirin afirmaba que se veían bien, si bien Howl consideraba que era incomodo y picaba. Cuestión de acostumbrarse). Habían cazado a unos bandidos que estaban cerca de un pueblo pesquero robando el botín que los barcos hacían con la pesca, y se habían tomado el lujo de comer en una taberna. (Si tener comida como para no preocuparse por tener que cazar era un lujo, comida cocinada que no fuera simplemente un golpe de calor con sus llamas era más de lo que habría esperado hace un par de semanas Tar’Howl).

El problema fue cuando se dieron cuenta de la marca en Chirin. La gente es racista, eso es un hecho, y si bien al chico de orejas puntiagudas no le importaba que se metieran con él, Chirin era una historia completamente a parte. En un momento, Howl estaba comiendo, riendo y haciendo bromas con Chirin y el mercenario, y en el siguiente, alguien se atrevió a insultar a Chirin y a escupirle, lo que provoco que un rugido saliera de lo más profundo del joven dragón, mientras unas pequeñas escamas blancas hacían su aparición y en su cuello a la par que sacaba los colmillos antes de saltar encima del tipo y partirle la nariz de un puñetazo. Tal vez no podía ver la nariz rota, pero el reconfortante chasquido del hueso al partirse le provocó una sonrisa. El joven dragón se puso en pié, agarrando su bastón y saliendo corriendo mientras escuchaba al resto de personas amigos del tipo sangrando levantarse y agarrando sus armas. No quería involucrar a Chirin más en el asunto, así que cuando se aseguro de que todos le seguían, salió corriendo aferrándose a su bastón, usando sus oídos para orientarse mientras golpeaba el suelo con el palo para no tropezarse. En cualquier otra situación, el joven usaría sus oídos para orientarse y no chocarse con nada, pero el sonido de la lluvia dificultaba todo. Para otra persona apenas seria nada, para Howl el traqueteo de la lluvia estaba en todas partes.

Para cuando perdió de vista a los idiotas (evitó tener que transformarse en dragón para no tener que fomentar más revueltas. Quería ser capaz de poder volver a dicho pueblo y la gente ya le miraba suficientemente mal por sus orejas puntiagudas). De algún modo terminó en la playa (“Rompe cuellos” Howl había oído como los niños de la isla la denominaban así, aparentemente una formación rocosa junto a los acantilados que conectaba con el mar y por eso lo habían caracterizado como “playa” en un primer momento), no era difícil saber donde se encontraba por el olor a humedad y sal en el ambiente (Aunque la humedad podría deberse a la lluvia), por el sonido de la marea al romperse contra la pared rocosa, el océano rugiendo mientras se contorsionaba y bailaba al son de la tormenta. Así que el joven se apresuró a intentar buscar cobijo, haciendo sonoros golpes con el bastón en las rocas cada vez que este golpeaba con el margen de una.

Howl odiaba los terrenos irregulares.

En algún punto, Howl tropezó soltando el bastón y cubriendo su cara con sus brazos para no causarse ninguna contusión.  Mancilló por lo bajo, maldiciendo a cualquier dios que pensó que la lluvia era una gran idea y comenzó a buscar a tientas su palo, solo para descubrir que con la caída lo había aplastado y se había partido en dos. Howl apretó los dientes cuando cogió las dos mitades y comenzó a caminar a tientas, hasta que una de sus manos encontró una de las paredes rocosas y comenzó a seguirla. No era la mejor opción, pero tan solo quería encontrar una superficie bajo la que cobijarse. Entonces escuchó el sonido de llamas chisporroteando, y supuso que no se encontraba demasiado lejos del refugio (o un incendio, habían varias posibilidades) Así que comenzó a correr.

Para cuando llegó a su destino, se encontraba jadeando. Supuso porqué, principalmente, dejó de sentir la lluvia, cual pequeños mordiscos helados sobre su piel. Como lagarto no es que se llevara muy bien con el frio. Fue entonces cuando pudo escuchar el corazón ajeno y el sonido de respiración ajena cuando comprendió que no estaba solo, recriminándose mentalmente por no haber pensado en ese detalle antes. Tar’Howl se mordió el labio inferior, cambiando la pierna sobre la que apoyaba su peso una y otra vez, mientras miraba fijamente hacia abajo, pensativo. Al final optó por simplemente cabecear hacia el exterior, hacia la lluvia, como si eso fuera explicación suficiente sobre porqué un chico ciego había llegado de la nada. Tras ello procedió a dejar los trozos del palo a su lado, antes de sentarse, lo más lejos de la otra persona posible, llevando sus rodillas a su pecho y abrazándolas para mantener el máximo calor corporal hasta que el fuego le calentase.
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Mensaje por Invitado el Dom Dic 10, 2017 2:24 pm

La tormenta continuaba y quizás había cobrado un poco más de fuerza por lo que Damark se había retirado a tiempo para guarecerse. Ahora llegaba la parte más complicada para su día a día y se repetía al menos dos veces a diario: la hora de cocinar. Desconocía totalmente todo lo relacionado con el delicado arte de la comida, sabía cuándo algo estaba bueno y lo comía, pero otra cosa era hacerlo… Otro factor muy importante, la falta de herramientas de cocina y la cantidad de comida. ¿Era suficiente para saciar su hambre? Había capturado 5 o 6 cangrejos, con un poco de suerte su estómago dejaría de hacer ruido toda la noche. A la fuerza se había acostumbrado a pasar hambre desde que inició su labor patrullando las fronteras del reino en busca de actividad invasor, en ocasiones la ingesta era escasa o nula, al menos en aquella ocasión parecería un manjar sin importar como lo preparaba.

Cuando a Damark por fin se dispuso a alcanzar la bolsa donde tenía sus capturas algo le hizo paralizar su mano y llevar su mirada de nuevo hacia la boca de la caverna. ¿Qué era ese ruido? ¿Lo había escuchado o era su imaginación jugando con él? No, ahí estaba de nuevo… eran pisadas algo torpes, el terreno no favorecía precisamente a la discreción. El chico de pelo blanco llevó su mano diestra a su centurión, justo donde llevaba su tomo… ¿Quién era? Un pescador del pueblo a aquellas horas improbable, aún menos un Emergido dado que no había señales de invasión y sería mucho más ruidoso pues casi siempre iban en grupo… además de que aquel lugar carecía de valor estratégico. La opción más probable era: bandidos. ¿Había un escondite cerca donde llevar su material robado? Si era así Damark estaba en medio, por desgracia para ellos.

Al final no fue así, primero se asomó una mano, después una silueta y finalmente, a la luz del fuego se descubrieron unos enigmáticos ojos blancos en el rostro de un joven y una cicatriz provocada por alguna quemadura alrededor de ellos. Un ciego, joven por lo que aparentaba. ¿Qué le había pasado? ¿Y cómo había llegado allí? Sabía moverse porque era un milagro que no se hubiese matado, para Damark o cualquier persona normal resultaba difícil moverse entre las rocas de la costa y más con ese temporal, para alguien que carecía de vista debía de tratarse de una odisea.

El joven militar no dijo nada, simplemente se limitó a observarle. El ciego se había percatado de su presencia, había que reconocer que era avispado (aunque un fuego bajo el techo de una caverna implicaba vida humana cerca). No se intercambiaron palabras, el otro simplemente se colocó en un lugar apartado lo más alejado de él. Damark se dedicó a observar cada detalle: Las marcas de su ropa, aquel bastón roto… ¿Se había caído? Tenía las orejas puntiagudas, no era humano. Por tanto, un Laguz ¿Pero de qué tipo? Empezaba a sospechar que no era tan joven como aparentaba. Había barro en sus botas, por lo que le llevó a pensar que venía desde el pueblo cuando comenzó la lluvia. ¿Habría huido? No eran bien recibidos en reinos humanos.

Un fuerte sonido interrumpió el momento de silencio. ¿Un relámpago? No. ¿Una gran ola? Tampoco. ¿Quizás la lluvia arreciando muy fuerte?  Nada, era un siniestro y potente rugido que provenía del… estómago de Damark. Casi se le había olvidado, tenía hambre. --- Perdón. --- Se disculpó, aunque con voz indiferente. Volvía a realizar la acción que tenía planeada desde el principio, alcanzo la bolsa con los cangrejos y comenzó a realizar su complejo proyecto culinario, tirarlos al fuego. --- Espero que te guste el cangrejo chamuscado, no soy diestro en labores culinarias --- Hablo con una perfecta educación, no en vano se había criado en una casa noble. Pero el motivo real de la conversación no era excusarse por su mala praxis en la cocina, sino buscar conversación y quitarse esa sensación de que compartía fuego con una momia. Y de paso conseguir información, estaba entre sus obligaciones el proteger a los civiles y eso incluía el ámbito cotidiano de estos. --- Te acompañaría hasta el pueblo, pero por como esta la noche veo menos que tú. --- Puede que sonase cruel, pero era cierto. La noche sin estrellas, la lluvia cayendo sin parar y una inestable superficie donde pisar, la visibilidad era nula. --- ¿Cómo has acabado aquí? Puedes no contármelo si quieres, pero ya que has aparecido en mi refugio campamento provisional sin decir nada sería un buen gesto… tampoco te voy a echar --- Aclaró al final para no presionar al chico ciego, aunque era consciente de que carece de elocuencia a la hora de hablar con personas, seguía siendo demasiado frío y distante. Observaba a los cangrejos ardes esperando una respuesta por parte del otro.
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Mensaje por Invitado el Lun Dic 11, 2017 7:18 am

El silencio se formo entre ambos, y Howl no pudo hacer más que morderse el labio inferior, escuchando el sonido de la lluvia y el ocasional rayo que sonaba de vez en cuando, rompiendo la monotonía que formaba el errático sonido de las gotas al golpear contra la superficie. El mar no se quedaba atrás, rugiendo con fuerza y clamando a los vientos. A Howl no le hacía falta la vista para saber que cualquier marinero poco afortunado que aun estuviera en alta mar, ahora estaría teniendo problemas para mantenerse a flote por mucho tiempo.  Por otro lado, sabía que el otro se había percatado de su presencia, el pequeño casi imperceptible sonido de sorpresa cuando Howl había aparecido en la cueva, y no podía evitar pensar que el otro estaba observándole. Howl esnifó ligeramente a su alrededor para captar el olor del humano. Olía a roble (Probablemente por el humo de la madera ardiendo), a lluvia,  el olor a Monte que caracterizaba a todos los que vivían por esta zona y el olor característico a papel, tinta y cuero que tenían los libros. ¿Era un mago? ¿Mercader? ¿Bibliotecario?

Howl movió las orejas cuando escuchó un ruido similar a un rugido proveniente del chico y levanto la cabeza, dirigiendo sus ojos sin vida en la dirección donde había venido aquel ruido (Un autor reflejo). ¿El otro era un Laguz de algún tipo y le estaba gruñendo por estar en su territorio? No, no olía como ningún animal, ni una leve traza a ello. No fue hasta que se disculpo y comenzó a oler el marisco junto a las llamas que comprendió que había sido su estomago, haciéndole sonreír ligeramente y negar con la cabeza. Aquella disculpa fue como un pistoletazo de salida, haciendo que el otro comenzara a hablar. ¿Tal vez queriendo romper el “silencio”? Howl ni siquiera se había percatado de que no había nadie hablando porque el sonido de la lluvia y el mar era una gran distracción. Sentía como su atención estaba en todas partes, y cada vez que escuchaba un relámpago movía las orejas involuntariamente y entrecerraba ligeramente los ojos durante un instante. Ese sonido le molestaba, era como tener un tambor en el interior de su cabeza.

Primero fue el comentario del cangrejo, seguido del comentario sobre no ver nada (¿Intentaba ser ofensivo? ¿Lo había dicho sin pensar? ¿Era idiota? Tantas preguntas sin respuesta). Tras ello el chico preguntando porqué se encontraba allí precisamente y no bajo un techo, ocultándose de la tormenta. Howl relajó su postura al ver que el otro no tenia (Aparentes) intenciones de atacarle, cruzando las piernas y ocupando sus manos mientras jugaba con el extremo de su poncho mal abotonado. Pensando bien en que decir y antes de soltar nada. Que no le hubiera atacado aun no quería decir que no lo fuera a hacer cuando tuviera la información que quisiera. –Puedes quedarte dicho… manjar para ti solo.- Sus palabras armadas con sarcasmo y hasta los dientes. –He comido ya.- Sentenció. Le había dado tiempo a degustar comida caliente (y bien cocinada) en la taberna antes de que todo eso ocurriera. No se había llenado tanto como le gustaría, pero si lo suficiente como para poder pasar la noche sin ese atentado a la cocina.

Frunció ligeramente el ceño tras eso –No necesito que me acompañes a ningún lado, puedo llegar por mi cuenta al pueblo. Cuando no esté al borde de la hipotermia.- Howl tenía esa… necesidad de hacer cosas por su cuenta. Todo el mundo le trataba como si fuera alguien que necesitaba ayuda todo el tiempo, y era capaz de ser alguien fuerte e independiente sin que nadie le acompañara a ningún lado. No estaba perdido, y si pudiera escuchar algo, podría ir tarareando hasta el pueblo, usando las ondas de sonido para evitar cualquier obstáculo. No poder ver solo hacia las cosas más difícil, no imposibles. Probablemente necesitaría preguntar a alguien como volver a la taberna una vez estuviera de vuelta para buscar a sus amigos (Si le dejaban entrar y no volvía a encontrarse con el grupo de capullos)

Y entonces vino la hora de responder a porque se encontraba allí. Volvió a morderse el labio inferior, agachando la cabeza mientras pensaba. No iba a explicar nada sobre su amiga branded a un desconocido, así que optó por una medio verdad. –Viajo con caravanas y demás por el mundo, soy algo así como un nómada. Hago de cuentacuentos en muchas aldeas cuando me encuentro con grupos de artistas itinerantes y suelo acoplarme durante un tiempo, aunque no cuento con una troupe actualmente.- Que había hecho del valle de los dragones  su hogar y había leyendas del “dragón blanco que vive entre los wyverns” fue un dato que decidió omitir. –Estaba en una taberna. Estábamos comiendo y un imbécil comenzó a meterse conmigo. El tipo me empujó y luego se atrevió a escupirme.- Howl sonrió, mostrando los colmillos durante un instante. –Luego le partí la nariz, y Salí corriendo cuando sus amigos se levantaron y caí sobre mi bastón.- Para más énfasis, agarro uno de los extremos para mostrárselo al otro, antes de lanzarlo al fuego y escucharlo chisporrotear, quedándose con el extremo más grande.  

-¿Qué haces tú aquí?- Preguntó, girando el rostro en la dirección donde le escuchaba respirar. Los humanos consideraban de mala educación no mirar a los ojos cuando hablaban (aunque también le habían gritado que sus ojos daban miedo cuando hacia esto) –Quiero decir, dudo que hayas venido precisamente a degustar el cangrejo.- Silencio durante un instante. –Puedes preguntar.- Sentenció de repente, fuera de contexto. –A estas alturas cualquier otro habría soltado un comentario sobre mi aspecto, o estarían lanzándome piedras y llamándome monstruo- No había podido decir que sus primeros encuentros con los humanos años atras hubieran sido absolutamente... satisfactorios. Pasó instintivamente una de sus manos por las cicatrices de su rostro, ese desprecio había pasado incluso con las personas de su propia especie.
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Mensaje por Invitado el Dom Dic 17, 2017 8:45 pm

Había rechazado la comida que Damark se había dispuesto a “cocinar” tan generosamente, realmente el rechazo que había hecho el sujeto no era motivo para sentirse indignado ni lo estaba, la pregunta del soldado había sido más que nada por cortesía. Si no quería nada más comida para él, quizás la gula era lo poco que conservaba de su antiguo yo. – Vale – Se limitó a responder mientras los cangrejos ardían y sus cascaras se ennegrecían por él.

En cambio, podría decirse que el que sí sintió dañado su orgullo fue el peculiar Laguz. ¿Le había disgustado su comentario en referencia a ayudarle llegar al pueblo? Trataba de aparentar ser totalmente independiente lo cual resultaba en cierta forma admirable para el estratega, sino que también exitoso, a Damark no le cabía la menor duda que era perfectamente capaz de llegar él solo, el hecho de estar allí vivo lo demostraba. Además de que su parte laguz, fuese la que fuese, lo ayudaría sin tener la menor duda.

Siguió escuchando, había comenzado a contar su historia o parte de ella. Por el momento todo cuadraba con los detalles, por su forma de vestir encajaba el estilo de vida nómada ya que era básicamente ropas de viaje. Existen cambios notables entre las vestimentas de un aldeano y un viajero. Luego le habló de la pelea que había tenido en la taberna, no le hacía falta preguntar el motivo pues era tristemente evidente, actualmente existía una sociedad que castigaba la diversidad y ser un laguz era motivo suficiente para tener una caza de brujas encima… como ser mago oscuro, en cierta forma lo entendía. Pero algo no le cuadraba. ¿Había empezado una pelea solo porque se había metido un tipo con él? Puede que aquel hombre se hubiese excedido pero la excusa le era ¿insuficiente? Aunque cualquier humano en su lugar hubiese hecho lo mismo a la mínima.

Y llegó su turno de responder preguntas y que el otro las formulase, no tenía ningún inconveniente en resolver cualquier duda que el sujeto planteándose, pero no sin antes tocar el tema de la taberna. – Ya que has confesado debería arrestarte a ti y al otro individuo por altercado público. – Su tono de voz seguía siendo igual de fría como desde un principio y posiblemente el ciego se lo tomase en serio así que se apresuró a matizar. – Por suerte para ti no soy ningún guardia de ciudad, no entra dentro de mis obligaciones… Hiziste bien. – Continuó tras un par de segundos de pausa. – ¿Pero estás seguro de que ese era el motivo? Si te ganas la vida con artistas ambulantes siendo laguz debes estar acostumbrado a soportar descerebrados, sino te buscarías problemas a menudo y esta situación parece excepcional. – Dejó de mirar a los ojos blancos del chico para volver a dirigirlos al fuego. – No importa… Espero que no guardes rencor a los humanos… la mayoría somos así, nos gusta sentirnos superiores ante el resto y buscamos el más mínimo motivo para mirar por encima del hombro a alguien, incluso entre nosotros mismos. – ¿Era una especie de disculpa por los actos del individuo xenófobo? Inconscientemente eso había hecho, quizás porque era lo correcto.

– Yo soy un simple vigilante… me encargo de recorrer la frontera del reino en busca de un posible ejercito invasor… en estos tiempos estar atento a cualquier posible ataque es crucial para el reino y sus habitantes. –
Su respuesta había sido bastante más corta con diferencia, no tenía otra versión que ofrecer y resultaba mucho más monótona, por no decir aburrida. – Espero no preguntar cosas que no debo… ¿Cuál es tu otra forma? ¿Y qué provocó tu ceguera? Esa cicatriz que tienes me dice que no siempre la has tenido. – Esta vez sus palabras sonaban menos huecas, cierta curiosidad las dotaba de vida. Y además, hizo referencia a la vieja herida que se dibujaba en la piel del muchacho alrededor de sus particulares ojos.
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Mensaje por Invitado el Vie Dic 22, 2017 9:41 pm

La tormenta no se detenía, seguía sonando con fuerza, cayendo contra todo lo que se encontrase bajo las hipotéticas nubes en el cielo. (Howl no había visto nunca una nube, era el equivalente a un color, podían explicarle que había una mancha blanca en el cielo y el no sabría de que narices estás hablando ni porque la gente se empeña en describir con colores a los ciegos). El otro chico escuchaba sus palabras con atención, dejando que Howl hablase, sin interrumpirle, probablemente esperando para poder hacer cualquier pregunta que pudiera cruzar la mente del otro. Howl desplazó una de sus manos hasta su poncho, jugueteando con el botón suelto de dicha prenda tras terminar de hablar, esperando lo peor. Tan solo esperaba que no tomara literal su petición y comenzara con las piedras, porque eso no era algo para lo que Howl estuviera de humor.

Fue entonces cuando el otro afirmó que debería arrestarle, que Howl movió las orejas y levantó una ceja. ¿Lo estaba diciendo en serio? Podía intentarlo. Guardó silencio, sin responder mientras el otro afirmaba que había hecho bien, tras luego comenzar a decir que no se creía toda la historia, ganándose un ligero bufido por parte del dragón, quien permaneció en silencio. Lego siguió el esquema dado por Howl, primero presentándose y contando su historia, tras lo que comenzaron las preguntas (No sin antes intentar disculpar a los paletos borrachos) Este humano era peculiar, cuanto menos. Howl no tenía ninguna otra palabra que pudiera usar para describirlo.

-¿Arrestarme?- Preguntó, de la nada. –No sabía que te iba ese rollo de las esposas ¿Consideras las ventajas de un ciego al no tener que comprar también vendas? ¿Seguro que no estás intentando camelarme con los cangrejos?- La voz de Howl sangraba sarcasmo, era un instinto natural del dragón para defenderse, herir con las palabras para evitar que la gente se acerque demasiado. Daba igual si el otro se lo tomaba a mal o se echaba una carcajada, al fin y al cabo al día siguiente cada uno seguiría su camino y nadie se tendría que preocupar de si volvía a ver al otro. Era lo bueno de vivir milenios, tan solo tenía que preocuparse un par de decenas de años por la impresión causada por otras personas, la guerra disminuía la esperanza de vida de la gente. –No deberías soltar esas cosas en un espacio cerrado como este a un laguz. Es más rápido para nosotros sacar las garras o los dientes que para vosotros desenfundar las armas o lanzar un conjuro.- Advirtió, haciendo hincapié en los colmillos relamiéndose los dientes de manera vistosa tras soltar la frase. Omitió la parte en la que afirmaba que tendría problemas con su tamaño en la pequeña cueva, pero bueno, el otro no necesitaba saberlo todo.

-Sobre el motivo de la pelea.- Siguió como si nada –Toda pequeña historia tiene una parte de verdad, cíñete en eso por ahora.- Agarró el extremo del bastón restante y comenzó a juguetear con él, girándolo y pasando su mano por encima. –Quiero decir, incluso las cuerdas se desgastan y se rompen de la fricción. No puedes juzgar que no haya sido el caso- Este humano era listo, seguro que no se tragaba esa excusa, pero serviría para que el otro entendiera que Howl NO quería hablar del tema. Y, hablando de cambios de tema, venia la disculpa por la xenofobia -¿Por qué te disculpas si tú no has hecho nada?- Preguntó confundido –Sería estúpido por mi parte juzgar a toda una raza por que unas personas no tienen control sobre su boca o sobre la cantidad de alcohol que ingieren como para soltar tanta estupidez.- Howl nunca entendería porque tanto odio a los Laguz. Quiero decir, veneraban a dragones sagrados, no tenían problemas con los manaketes, ¿Por qué ese odio al resto? Negó con la cabeza, los temas políticos no eran su problema. –Los humanos no son los únicos que me han tratado de esa manera, no puedes decirme nada que no sepa.-

-Soy un dragón.- dijo, con desinterés. Para él, al fin y al cabo, no era nada especial –Ya sabes, lagarto grande que escupe llamas- Negó con la cabeza –Y siempre he sido ciego, esto solo es porque alguien decidió que si no usaba los ojos, no notaria la diferencia cuanto intentó quitarmelos.- Mintió de nuevo, porque no conocía nada del otro como para que le hiciera confiar en él.

-¿Cuál es tu nombre?- Preguntó - ¿Y qué hace un guardia a estas horas de la noche en la costa? Los emergidos se encuentran por Grannvale y Manster, los vigilantes deberíais encontraros en la frontera.-
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Mensaje por Invitado el Miér Ene 10, 2018 8:50 pm

Las llamas continuaban consumiendo la madera y ofreciendo protección contra el frío viento de la costa que arrastraba la tormenta. El fuego danzante parecía avivarse como aquella conversación, sin darse cuenta Damark ya había sido absorbido por ella y aguardaba en silencio escuchando las palabras del laguz.

No había logrado entender a que se refería con lo de “ese rollo de las esposas” ¿Y que tenía que ver con cangrejos o la venda? Era una sensación extraña, por primera vez en mucho tiempo el albino se sentía imbécil porque no lograba entenderlo. No supo lo que contestar por lo que simplemente se quedó callado y observándolo con su rostro carente de emociones. Los sutiles, o no, gestos del chico sí que los comprendía a la perfección y analizaría para llegar a su propia conclusión. Una frase o recomendación cuyo contenido podría catalogarse cómo agresiva, la forma en la que se relamía con la clara intención de mostrar sus colmillos hacía indicar trataba de amenazarle o advertirle, quizás simplemente hacerle sentir incómodo. Fuese cual fuese su objetivo no funcionaba, no temía lo que pudiera ocurrir. Damark continuó analizando las posteriores palabras del chico. Resultaban ser excusas bastante vagas y evidentes, por tanto, deducía que no confiaba en el albino. La gran pregunta era. ¿No confiaba en él porque era humano o simplemente por ser un desconocido? Afirmaba no tener ningún rencor hacia los humanos pese a la actitud racista de la mayoría de estos hacia los laguz o que ellos mismos actuaban de la misma manera (un hecho que ya suponía el propio Damark), pero para saber si era sincero necesitaba saber cómo reaccionaría en el encuentro con uno de los suyos que le fuera completamente ajeno. Como esa situación no se produciría decidió creerle por el momento y suponer que la desconfiaba de él como individuo.

La afirmación de su forma natural lo piló de sorpresa, por el tamaño de sus caninos ya suponía de que se trataba de un animal que cazaba con sus dientes o los usaba para defenderse, pero no se esperaba que su verdadera forma fuese la de un dragón. Inmediatamente recordó los libros de historia de Wyverns y Dragones que leía de niño en la biblioteca de su casa, le entusiasmabas, eran sus favoritas. Un poco de ese entusiasmo había revivido, aunque seguía sin mostrar ningún tipo de emoción.

– Soy Damark – Respondió a la pregunta del chico dandole su nombre.– Los emergidos también pueden usar barcos o volar para cruzar el mar… aunque de poco sirve en noches como esta. – Dijo mirando en dirección a la salida de la caverna. No tenía ningún problema al revelarselo, era sabido por todos que en tiempos como esos las fronteras estaban más vigiladas que nunca y que alguien se encargaba de eso – Nunca vi un dragón más allá de los libros, algún día quiero ver uno. Pero no te transformes aquí dentro, no quiero morir aplastado. – Fué sinceró con el laguz con respecto a su interés por la forma bestial que representaba, aunque advirtió que no era el lugar y momento adecuados. – Y no te entiendo. ¿A qué te refieres con el rollo de las esposas? ¿Qué tiene que ver con los cangrejos o la venda con tu ceguera? – Damark era incapaz de pensar con malicia, quizás porque era incapaz de ponerse en una situación así y ni siquiera se lo había planteado en ningún momento de su vida.

– Deberías dormir, aunque probablemente no lo hagas si desconfías de mí, no te reprochare. – Dijo llevando la mirada a los cangrejos con su caparazón calcinado, empleando un palo de la propia hoguera para sacar uno de ellos de las ascuas y esperar a que enfríe antes de hacer la prueba de calidad.
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