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[Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

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[Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Pelleas el Mar Dic 05, 2017 2:01 am

Corría un frío pero luminoso mediodía, con un sol más bien pálido reflejado en la escarcha de las murallas de Nevassa, aunque sin conseguir derretirla aún. Había nevado suavemente la noche anterior. Y sin embargo Pelleas no podía ver en torno a sí más que una cerrada habitación en penumbra, esclarecida apenas por el par de velas encendidas sobre su escritorio, ajeno tanto a la caída de nieve como a la misma luz del día, ignorante de la hora en que se hallaba despierto. La estancia sin ventanas no le permitía saberlo, separándolo de percibir el más mínimo detalle de la ciudad fuera al punto en que esta bien podía no existir. La oscuridad irrumpida por la luz anaranjada y cálida podía ser su todo. Y en su gustoso claustro el joven sabio yacía absorto en sus lecturas, sus estudios, perdiendo su sentido del tiempo al son de un ocasional pasar de página o el toque en su puerta que infaltablemente le alertaría de cualquier asunto que le concerniera. El día y la familiar escarcha no podían serle más ajenos. Ya residía en el oscuro entorno de aquella torre, construida para ahogar la luz y requerir de la menor cantidad de ventanas posibles, mucho más de lo que visitaba siquiera el palacio real. Estaban allí sus deberes, sus ocupaciones y sus deseos personales; se dedicaba a lo que podía hacer, en lo que servía, como sabio antes que príncipe, y no podía hallarse más contento.

Había regresado a su patria con un propósito y había hallado en ella, a diferencia de antes, un nuevo sentido de utilidad. Aunque la torre no estuviese del todo terminada y apenas comenzaran a arribar discípulos interesados, algunos magos de anima y otros simples hombres de armas o de letras, uno nuevo cada par de días, Pelleas se sentía esperanzado por su mera presencia. Cuando su puerta fue tocada, hubo de suponer que se trataría justamente del anuncio de otro arribo; su primer discípulo y consejero real, un hombre con el que había estado viajando desde Akaneia y que había traído de regreso a Daein, era quien se encargaba comúnmente de organizar el hospedaje de los nuevos arcanos y enviarles a la biblioteca por las lecturas con que correspondiera que empezaran, insistente en administrar el tiempo de Pelleas con eficiencia, pero tenía la amabilidad de hacerle saber de cada uno. Fue la voz de aquel consejero la que escuchó del otro lado de la puerta, avisando efectivamente una llegada antes de abrir para comentarle los detalles. No se trataba de un discípulo en esa ocasión, sino una verdadera visita.

Pelleas podía imaginar un par de posibilidades, habiendo recibido misivas de aviso de un par de viejos contactos que habrían de pisar Daein pronto. No obstante, sobre ese no había mucha duda. Un hombre de aspecto cualquier cosa menos noble, decía su consejero, y el mago sabía de inmediato de quién se trataba. - Permítale pasar, por favor. - Respondió, con una mano ya apartando de sí el libro que había estado leyendo y una sonrisa amplia y simplona apareciendo en su rostro. Una persona que había querido saber en Daein al fin estaba allí, una persona a la que había deseado ver también, mas sólo si no entorpecía sus viajes; y a fin de cuentas sí se había hecho tiempo para ir al príncipe. Este, no más que un instante después, se alzó de su asiento para llamar nuevamente la atención de su más confiado oficial antes de que partiese. - No... aguarde. Seré yo quien salga a verle. Lamento las molestias. - Dijo. Sólo había hecho falta un segundo de pensamiento para caer en cuenta de que aquello sería lo más apropiado. Ni siquiera tomó una capa, sino sólo por acto de costumbre un libro mágico que cargar consigo, para partir de inmediato hacia abajo, descendiendo los numerosos pisos y sus escaleras hasta la entrada de la torre.

La gran puerta de la misma yacía abierta para facilitar el paso de guardias, albañiles y carpinteros, que comenzaban a ocuparse de las molduras y detalles decorativos. En torno a la puerta en sí, en madera descolorida como hueso, se observaba de hecho una grandiosa figura de torso dracónico, cuyas seis alas debían abrazar la entrada mas lucían todavía como torpes bloques apenas moldeados, a causa de las supersticiones que habían hecho al trabajador original decidir abandonar su tarea. La extraña disposición de ventanas que evadían la luz directa en toda posición del sol hacían el interior de la edificación parecer sumido en penumbra inclusive desde allí. En liviana túnica negra y contrastante pantalón blanco, del interior surgió finalmente el joven alto pero poco fornido que la regentaba, buscando con la vista a su visitante. Halló con rapidez al varón de cabello verde, cometiendo el error de apresurar entonces sus pasos; apenas atravesó el umbral, saliendo de las sombras para verse en la luz diurna y sus aumentados reflejos a causa de la nevada, sintió un pequeño dolor tras los ojos y debió de cubrírselos, encandilado, cerrando los párpados a su vez. - ¡Ah! Cuanta luz... - Musitó ya en rango audible, quedándose quieto unos instantes, mientras frotaba sus párpados un par de veces y con lentitud volvía abrirlos, adecuándose mejor. Habrían sido días desde la última vez que había salido. De cualquier modo, su sonrisa ya se había tornado una de disculpa ante su visitante.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Aran el Vie Ene 19, 2018 4:57 am

No fue tan extraño volver a pie en Daein, así de simple sea dicho. Cruzar la frontera causó gran expectativa en Aran, quien entonces había pagado a una humilde carreta para que lo llevara, pero en realidad nunca supo bien qué esperar. ¿Qué deseaba ver? ¿Su antiguo hogar, o algo que al menos se pareciera a sus recuerdos? Kisca ni siquiera era su destino,y aún así sus ojos construían ilusiones de su apariencia. El olor de la leña mojada, el humo de las chimeneas... Podía mentirse a sí mismo y decir que aquella cabaña al lado del camino había sido una vez la tienda de sus padres. Pero no era el soldado alguien que disfrutara de engañarse a sí mismo, incluso si suponía levantar el ánimo. Sabía que no visitaría su pueblo, no se atrevería a hacerlo sin un motivo, y tampoco es que deseara tenerlo. Prefería no interrumpit su pasado, incluso viéndose tan incitado por la curiosidad y la nostalgia.

Debía recordar que estaba allí por una invitación del príncipe, ni más ni menos, quien lo había convencido, con su buen hablar, que esa sería una oportunidad para encontrar buenas memorias sobre aquellas otras de su niñez. Visitaría no el castillo, por suerte, sino un lugar no menos modesto, pero mejor apartado de ojos ajenos que pudieran juzgarll. Aran creía que había mencionado una escuela, aunque no deseaba confundirse, prefiriendo llamar a ese lugar como "edificio" sin más aditivos que pudieran confundirlo. Así, si se mantenía callado, podía evitar que lo corrigieran hasta ver al descendiente del trono, y este le dijera cómo referirse a cada cosa.

Pasaron las horas, entre paisajes y palabras, hasta que el conductor llamó su atención, anunciando que su destino estaba a la vista. Era Nevassa, la capital de Daein, vista por primera vez por los ojos del desertor.

Entraron tras responder unas cuántas preguntas, para poco despuésverse inmersos entre el gentío que se desplazaba por el camino principal. Aran, intentando no distraerse con cada cosa nueva que alcanzaba a ver, miró hacia delante.- Creo que es una torre en construcción. Por favor, llévame allí. -pidió al conductor, quien lo miró curioso. Sin duda no era un destino al cual habría imaginado llegar, pero se encogió de hombros y emprendió rumbo allá.

Durante el camino, el mismo conductor le señaló la construcción que era su destino. Quizás no estaba terminada, pero seguía siendo una torre que resaltaba por sobre los muros y techos de la ciudad. Aquel hombre seguramente imaginaba que Aran querría alistarse como guardia en ese lugar, porque parecía todo menos un estudioso o erudito, y aún así le parecía extraño, conociendo que provenía de Begnion. Jamás explicaría el soldado las circunstancias que lo habían traído allí, por creerlas muy personales, y así su silencio decoró el tiempo que les tomó llegar a las puertas.

Bajó de la carreta, marcando sus huellas en la nieve, y despidió a la carreta con un simple gesto de mano. Observó hacia arriba y a su alrededor, asombrado tanto por las viviendas detrás de sí como por la misma torre. Podría haberse quedado allí parado todo el tiempo que hubiera querido, tan solo contemplando la belleza de Nevassa, pero no tardó en acercarse a él un hombre armado, quien preguntó estrictamente sus motivos para aparecer en ese lugar. Aran respondió sin temor, adoptando el mismo tono en que le hablaban. Buscaba al príncipe y sus motivos eran simples, por lo que no tenía nada que temer al decir la verdad. El guardia dudó un momento tras escucharlo, pero finalmente le pidió que esperara mientras iba a comunicárselo al consejero. Aran esperó paciente e inmóvil, sin querer provocar el ambiente que en ese lugar se tramaba. Emocionado al hallar al príncipe, Aran dio un solo paso hacia delante para acercarse a él, confundido por la prisa que el otro tenía.

 - Príncipe Pelleas... -se inclinó hacia él como a quien tuviera todo su respeto. Se encontraba entonces en su ciudad, su reino, por lo que creía necesario enfatizar algo más sus olvidados modales. Ojeó a quien tenía en frente de pies a cabeza. Encontró su atuendo estupendo, lo que en verdad no debía sorprenderlo, pero le hizo recordar una vez más con quien estaba tratando. Eso sí, lo que más llamó su atención fue el tomo que traía el príncipe entre manos, cosa que lo hizo bajar la vista un poco decepcionado.- ¿Lo interrumpí mientras estudiaba? -preguntó.- Lo siento, llegué muy de repente y sin aviso... -para Aran no bastaban las disculpas. Prefirió entonces distraer sus preocupaciones observando ingenuamente las decoraciones de la entrada.- Esto... no conozco lugar igual.- murmuró sonriendo apenas. No era la torre desde donde vigilaba la diosa, pero tenía su propio encanto, si es que podía llamársele así. Sin duda complementaba bien al príncipe, como una cabaña a su leñador. Miró a Pelleas, quien permanecía allí ante su silencio.- No tiene que estar más tiempo afuera por mí. -murmuró una última vez. No se atrevía a pedir que lo dejaran entrar, esperando pacientemente cualquier palabra. Mientras, parecía concentrado en intentar adivinar qué criatura exactamente era la que decoraba el portal, pues parecía una especie de ave monstruosa.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Pelleas el Jue Feb 22, 2018 1:48 am

Aún costaba dirigir la vista al otro hombre, el dolor tras los ojos atacaba y entre más alto mirase, más lo exacerbaba también el pálido reflejo de sol en el entorno nevado, pero su voz era clara y muy reconocible. Haciéndose sombra con una mano, dejando también que el cabello largo y caído sobre la frente ayudase, Pelleas se esforzó al menos por mirarlo a la altura que pudiese mientras se acostumbraba. Menos falta hacía cuando el soldado se inclinaba ante él, hecho que le dejaba esbozando una sonrisa nerviosa y buscando en apuro las palabras adecuadas con qué responderle; no se había acostumbrado a tal trato aún y no creía lograrlo en el futuro próximo, mas no llegó a saber qué decir cuando el gesto había ya terminado. En su lugar, sólo se apresuró a dar una pequeña inclinación propia de la cabeza a modo de saludo. El instinto de ser un buen anfitrión para la persona a quien tanto había pedido ir estaba presente, latía con considerable fuerza, rivalizado por las ansias de hacerle mil preguntas inmediatas sobre lo que pensaba y le parecía y sentía respecto a Daein ya, pero por dónde o cómo comenzar siquiera era toda una cuestión.

- ¿Hm? - Y, con todo, el otro hombre parecía creer que lo interrumpía. Confundido, Pelleas siguió su mirada al libro en su propia mano, que apenas tenía noción de haber recogido. Un tomo grueso y algo pesado, una tapa familiar que en foránea redacción leía worm. De inmediato negó con la cabeza. - No, no. Siempre tengo esto conmigo, no le de importancia. Lamento si parece extraño, sólo... no lo sé, me agrada tenerlo a mano. - Explicó en una voz baja, sintiéndose algo tonto por el sólo hecho. Sus tomos le habían dado siempre cierta noción de compañía, luego de seguridad, incluso si no estuviera activamente utilizándolos o siquiera prestándoles atención. Era la cercanía de las páginas, la voz distante de tinta y hechizos, nada más. No obstante, lo importante era que Aran no interrumpía nada y debía, de alguna forma, hacerle saber cuan bienvenido era. Así pues, pese a la continua humildad del otro, el daeinita dio un par más de resueltos pasos fuera de la entrada de la torre, situándose a su lado no sin la característica timidez, las manos tras su espalda sosteniendo el tomo mágico todavía.

- La verdad es que debería salir, al menos un poco. Puedo acompañarlo, um, ¿no? - Dijo, ampliando su sonrisa con un deje mayor de confianza ya, la clase que sólo pudía surgir por no ser un primer encuentro con alguien. Su vista ya se había adecuado mejor al exterior y sin necesidad de escudarse más los ojos, podía ver al fin a quien le acompañaba, observándolo con discreción para no incomodar. No podía evitar pensar que encajaba bien allí, donde estaba. No le había notado siquiera incomodado por el frío, cosa que a la mayoría de verdaderos extranjeros sucedería. Dejándose llevar por esas ilusas ideas suyas, Pelleas exhaló contento en el aire helado, condensándose ante su nariz y su boca el aliento. - Me alegra mucho que al fin esté aquí, en Daein... hasta ahora, uhm, ¿está todo bien? Quiero decir... ¿está siendo agradable viaje? ¿Cómo se siente volver? - Dijo al fin las palabras que habían estado esperando formularse, aunque su planteamiento saliera un poco más ansioso de lo que hubiera querido. Era lo que en verdad quería saber, de todas formas.

Pocos ingresaban y salían regularmente de la torre esos días, con las tareas de construcción tan avanzadas, por lo que el movimiento en torno al par de hombres era bastante poco. Los visitantes se hallaban ya acomodados al uso de la biblioteca y los alumnos hospedados, comenzando a prepararse para el momento en que el sabio instruyera. Tanto la fachada como el oscuro interior visible de la torre lucían, por tanto, en quietud, aunque pocos pasos atrás el resto de Nevassa sí bullera en actividad. De frente a la entrada, ladeando la cabeza el príncipe seguía la dirección de la mirada de su invitado, que se posaba entonces en el tallado incompleto, por el que sintió el inmediato impulso de justificar. - No está completo aún. El carpintero tuvo que retirarse. El cuerpo estaba finalizado, creo, pero todas esas eran alas, no llegó a hacerlas, lucirá mejor terminado... - Explicó, señalando con un gesto corto a los seis bloques apenas formados, tres alas a cada lado de la entrada, abrazándola. La torre era su orgullo, su alegría, mas cualquier desperfecto se sentía como su responsabilidad también.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Aran el Jue Mar 15, 2018 9:09 pm

Al momento de ser explicado, fue fácil para Aran comprender por qué el príncipe podría estar cargando con un libro que bien podía estar usando como un arma, pues no era distinto de su propia situación. Se suponía que se encontraba en territorio aliado, no tenía razón por la cual exigir más seguridad, y aún así, en vez de cargar con su lanza en la espalda, prefería llevarla en su mano, habiéndose acostumbrado de por vida a su peso y longitud.- Está bien. -musitó apenas, perdiendo ya interés en ese detalle. El soldado entonces guardó silencio, notando apenas la mirada ajena sobre sí, sin poder imaginar que podía llamar la atención de su sobria apariencia. En verdad no quería creer que su sola visita era la razón de que el príncipe hubiera salido de aquella torre, pues no se acostumbraba aún al honor que se le concedía. Aran no era quien buscara razones ocultas bajo los motivos de otras personas, a menos, claro, que desde un principio le causaran una severa sensación de peligro, por lo que tenía todas las razones de convencerse de lo que entonces estaba sucediendo. El interés del príncipe le llevó a preguntar al soldado qué pensaba de su tierra natal, y enfrentado a esa pregunta, Aran levantó los ojos al cielo y visualizó en su mente el camino que tuvo que recorrer para llegar a la capital.

- Bueno, en primer lugar, es como visitar un lugar completamente nuevo. Begnion no se parece en absoluto, y Etruria menos. Ambos son lugares muy cálidos... al menos aquí puedo decir que la vestimenta me sienta mejor -sonrió, e hizo una muy larga pausa, intentando reunir en sí palabras que resumieran lo que sentía, y que además no sonaran demasiado burdas. Se complicaba más de lo necesario, todo porque la situación en que conversaban era tan distinta al campo abierto, donde por primera vez se habían conocido.- pero sí me recuerda a mi pueblo. No sé en realidad como se encuentra ahora, no lo he visitado, y no sé si deba ocupar mi tiempo en visitarlo cuando ya estoy en un lugar que no conocía, pero, todo se parece mucho, así que ...me gusta. -aquello lo dijo mirando a los ojos ajenos con una sinceridad que sobrepasaba el tono tímido de su voz.

Habiéndose fijado en la decoración de madera, quedo un tanto sorprendido al comenzar a entender la forma que se supone, tomaría. - O-oh... -se afirmó a su lanza y agachó la cabeza en silencio. Se le había ocurrido tal cosa que era incapaz de decirla en voz alta; que la decoración era un ciempiés gigante, o una serpiente... o algo parecido, nada que portara alas como las de un ave. No sentía la seguridad como para bromear de aquello, pues parecía importante. Por supuesto que quería preguntar, pero varios segundos de silencio precedieron sus palabras, hasta que por fin habló.- Perdón, pero... no conozco que pueda ser.  ¿Es algo importante de Nevassa? -se sentía avergonzado de tal ignorancia, pero no la demostraba más que enseriando su rostro, pues intentaba recordar si es que alguna vez había visto algo parecido en el pasado. Probablemente no, estaba seguro de que en Begnion solo existían representaciones de la diosa.- Pues, es un carpintero muy mediocre. -rió un poco ante sus palabras, sintiéndose aludido en cierta manera. Aran pensó que, si viera una imagen de la criatura él mismo, podría tallarla por su cuenta en madera, aunque todo dependía de las dimensiones. Al menos de una cosa estaba seguro, y era que aquel trabajo podía haberse hecho mucho más rápido, y en menos tiempo.- Me gustaría verlo. Quizás, podría hacer una réplica pequeña. -sugirió por fin el soldado, bajando la vista, pero levantándola inmediatamente al sentirse seguro de sus propias habilidades.- sería un regalo para usted, de mi parte. - era lo mínimo que podía ser tras una invitación tan generosa, y un recibimiento igual de cálido.

Aran también se preguntaba si, estando él allí, tendría la oportunidad de conocer lo que el príncipe hacía en esa torre.- Había estado pensando en ello, y alimentaba su imaginación encontrarse de repente en un mundo tan distinto, de académicos, libros, y sobre todo, nobleza. No quería admitir abiertamente que su curiosidad era pura e irracional, porque sabía que terminaría siendo, a final de día, un simple interesado e ignorante. Pero valía la pena darse la oportunidad, pues no por otra cosa se encontraba allí.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Pelleas el Miér Abr 25, 2018 1:40 am

Tuvo que apartar la vista y pretender pasarse una mano por el incorregiblemente rebelde cabello, para disimular la bobalicona sonrisa que se había esparcido en sus labios. Por algún motivo, oír que el soldado gustaba de lo que descubría en Daein tenía el poder de causar esa clase de reacción. Por supuesto, gestos pequeños como tales no eran el encubrimiento más eficaz, de hecho nada conseguían esconder, pero eran lo que podía hacer. Cuan inexplicablemente orgulloso se sentía, cuan reafirmadas asumía sus ideas de cómo el corazón nunca podía perder del todo a la patria, todo a raíz de esas francas palabras; pese a lo fuertemente que sentía al respecto, su respuesta no fue dicha en una voz muy alta. - Q-Qué bueno... estoy seguro de que entre más tiempo le de, más le agradará. - Aseguró con mesura, sin querer parecer demasiado sobrecogedor. Carraspeó, exhaló y controló un poco más la expresión en su rostro, antes de alzarlo a la vista de la entrada. A Aran parecía llamarle la atención en una forma u otra.

- No realmente. Diría que sólo es de importancia en esta escuela. Pero, de todos modos, hasta para quienes lo hayan visto debe ser irreconocible en este estado. - Contestó a su pregunta, dejándose llevar por el humor del otro hombre al admitirlo. Al final, no se podía hacer mucho más que reír con resignación, el ídolo tallado no se parecía mucho a sí mismo sin sus distintivas alas. El carpintero que había decidido dejarlo así sin más era ya otro asunto, naturalmente no había sabido mucho al respecto. Pelleas supuso que habría de explicar al menos de qué se trataba; aún si nunca había mencionado a la oscura deidad a alguien que no fuese pupilo en la torre o cuanto menos mago oscuro errante, no era como si se negaría a hacerlo con cualquiera que mostrara interés. Pero Aran ofrecía, desde ya, algo mejor que sólo un oído para la cháchara personal del sabio. Este, al oírlo, se volvió en su dirección con la voz animada y la mirada iluminada. - ¿S-Sí? ¡Puedo enseñárselo, claro que sí! - Propuso de inmediato, sonriente. Ciertamente era extraño de parte de alguien fuera de la orden de magia, de hecho una primera vez, pero al príncipe le parecía fantástico. Por inusual que fuera, no tenía el menor problema en presentarle a la deidad, por medio del material que tuviera a mano. Se movió para partir de inmediato, eligiendo con un breve titubeo la dirección en la escarchada ciudad. - Venga por, hm... será mejor por aquí. -

Debía llevarlo a la biblioteca si pretendía mostrarle cualquier clase de documento que incluyera ilustraciones de Grima. Y podía hacerlo en un santiamén, si tomaba el camino más cercano desde la torre y entraba por la parte trasera de la biblioteca, pero a fin de cuentas prefería optar por el rodeo largo por las calles principales, que conduciría de frente a la bella fachada del edificio y permitiría mejor apreciar su lugar en la ciudad. Era el modo adecuado de presentárselo a un visitante. Pelleas puso sus manos tras su espalda y se esforzó por no darse mucha prisa, mirando al soldado para confirmar su presencia al andar por la amplia calle iluminada en el blanco de la escarcha y sus reflejos. Los demás transeúntes no le prestaban demasiada atención, pocos le reconocían de vista y si le dirigían la mirada, era más bien por la ropa oscura y liviana y sus inusuales decoraciones. Aquello le permitía todavía moverse con tranquilidad.

La estructura ascendente de toda Nevassa ofrecía siempre una vista desde la altura a los niveles inferiores y a sus caminos como ríos grisados fluyendo colina abajo, hasta tocar a nivel de suelo llano las salidas. Frente a los dos hombres, sin embargo, crecía con rapidez la figura del frente de la biblioteca, con su techo llano bordeado de pequeñas torrecillas en pico. - La torre sólo cumple la función de escuela, no guarda mucho por ahora. Pero esos edificios son los archivos y la biblioteca nacional. - Pelleas explicó, señalando y distinguiendo las dos edificaciones unidas. - Es a la biblioteca a la que entraremos. Allí puedo mostrarle el aspecto completo de ese ser... una deidad patrona de los magos como yo, podría decir. - Prosiguió con fluidez. Rara vez hablaba tanto. Con mayor precisión, era de hecho al área no pública de la biblioteca a la que debería llevarlo, una a la que él y pocos más poseían llave, donde se conservaban los materiales de estudio más delicados que se habían traído del exterior, pero estaba seguro de que no sería un problema. No veía nada extraño en llevar a alguien ajeno allí, del mismo modo en que no veía extraño adentrar a Aran en los pormenores de ese mundo.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Aran el Miér Mayo 30, 2018 3:11 am

Se podía decir que, al menos por un breve instante, Aran se encontró en duda si es que haber preguntado sobre aquella criatura de madera era algo que en verdad quería. Creyó que lo hacía por pura cortesía, puesto que su propio interés lo inquietó al momento en que el príncipe accedió a su pequeña proposición con tanto entusiasmo, uno que no compartía completamente, que lo descolocaba. Más que nada, era su inseguridad actuando por mero instinto, pues la sola idea de abandonar las apenas conocidas puertas de la torre para adentrarse una vez más por entre las calles de la ciudad, hacia una dirección que no conocía, causaba en él el deseo de retractar sus palabras. No mencionó palabra alguna, por supuesto, caminando a par que Pelleas mientras sus ojos investigaban arduamente la arquitectura que lo rodeaba. Volver la mirada hacia atrás fue suficiente para causarle escalofríos, todo por tan solo ver la enorme distancia que había recorrido sobre la carreta. Pocas veces se daba el lujo de ver las cosas en aquella perspectiva, recordando por una sola vez a buena fe sus turnos de vigía en Begnion, donde acostumbraba a pasar horas en las alturas de una torre, admirando a la gente como si fueran solo pequeños puntitos en el paisaje.

Aran no llegó a la conclusión de que entonces el príncipe lo llevaba a una biblioteca por el mero hecho de que no se había dado el trabajo de adivinarlo, aunque algo de culpa tenía también su ignorancia -y su falta de interés en preguntar, si cabía decir-, porque pasara lo que pasara, siguiera a quien siguiera, jamás hubiera pensado que lo llevarían a un lugar similar a aquel. Fue cuando el príncipe lo mencionó que su sorpresa floreció, haciéndolo detenerse un momento para pronto intentar recuperar el ritmo de quien acompañaba.

 - ¿Los archivos y la biblioteca...? ¿La más importante? -el soldado se halló pasmado con ese solo detalle. Siempre había imaginado que, de tener que acceder a cualquier libro, por cualquier razón que se lo exigiera, terminaría visitanto un lugar mucho más modesto que lo que entonces se alzaba frente a él con orgullo, con magnitud y antigüedad. Siendo consciente de sí mismo, Aran pronto intervino con una inquietud muy simple.- Usted, osea... yo... ¿Puedo entrar con armas? -preguntó vagamente, aunque de todas formas no tenía otra opción más que acceder junto con su lanza, pues de ninguna manera la abandonaría o confiaría a otra persona el tiempo que tardara en estar allí. Solo se preocupó de limpiarla contra su guante y pantalón por si de casualidad llegaba a manchar algo al rozarlo sin querer.  

Siguió entonces al príncipe, cabizbajo, cuidando sus propios pasos de manera impecable. Por esa razón le costó varios segundos apreciar la belleza interna del edificio una vez se hicieron paso dentro, siendo bienvenido inmediatamente por hileras de estanterías, una al lado de la otra, repletas de pie a cabeza solamente de libros. Un lugar tan espacioso ¿Solo... para contener textos? Ni siquiera eran grandes como lo podía ser una espada o un hacha, no ocupaban mucho espacio por sí solos, y aún así, poseían tanto cuidado y dedicación puestas en ellos, que de pronto Aran tuvo la vaga idea de que cada uno de ellos debía poseer un valor mucho más grande que el oro, las gemas y joyas de todo el mundo.

- Yo creía que estos lugares estaban repletos de... -miró brevemente al príncipe.- nobles y burgueses... -por supuesto, no había caído en que entonces se encontraban en una sección apartada de la biblioteca, donde solo ellos estaban presentes, teniendo un privilegio sobre todos los otros que visitaban la instalación.

Nervioso y con los ojos bien abiertos, temblando apenas por la sola novedad de encontrarse en un sitio al que no creía pertenecer, Aran consiguió murmurar un par de palabras más.- Perdóneme... nunca he estado en un lugar como este. Yo solo quiero ver un dibujo, y, con eso debería irme... -dentro de sí, anulaba cualquier deseo de indagar por todos aquellos libros, sabiendo que, incluso si los llegaba a ojear una sola vez, lo más probable es que terminaría estropeándolos para siempre. Leer no era lo suyo, le costaba demasiado trabajo, demasiado tiempo, y prefería mil y un veces que una persona viva le explicara lo que tenía que decir a intentar descifrar sus pensamientos en una hoja de papel.

 - ¿Había dicho deidad, también? -se interrumpió Aran a sí mismo, luchando porque no se sobreponiera su inquietud, o que al menos no fuera tan obvia.- ¿Qué hace la deidad, por qué la adoran? -Aran por poco acababa de hablar, pero se dio cuenta de que su intención preguntando aquello no estaba clara.- Yo... es que a veces suelo olvidar por qué las adoramos... -dijo con una sonrisa mal construída, intentando no roer demasiado la confianza que entre ellos se prestaba. Cuando se trataba de dioses, Aran deseaba no discutir ni entrometerse demasiado en la devoción ajena, por mucho que nunca quisiera decir nada derogativo en absoluto. No conocía la sensibilidad de Pelleas al respecto, y de todas formas no era capaz de percibirla con facilidad, por lo que esperaba que fuera él quien completara sus palabras añadiendo el debido respeto que la extraña criatura merecía.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Pelleas el Lun Jun 04, 2018 4:16 pm

Sumido en su propia anticipación, el mago no prestó gran atención al paso con que su acompañante le seguía ni el gesto que pudiera llevar en el rostro en ese momento; con cuidar que estuviera efectivamente yendo con él bastaba, en lo inmediato. Sólo al percibir que se detenía por un momento giró la cabeza en su dirección, tan sólo para retomar camino cuando Aran lo hizo, impertérrito. Con la misma facilidad y soltura respondió a sus palabras, que de cualquier modo no se le antojaban motivo de consternación. - Puede, no sería problema. - Aseguró. La biblioteca de Daein no veía demasiada visita, lamentablemente, y su control de puerta jamás había estado muy presente. Quienes entraban, entraban a sus anchas, nadie habría que fuera a quejarse de una lanza o dos. La mayoría de daeinitas eran bastante apegados a su acero de elección. Así pues, el joven príncipe procedió sin pausa ni desánimo adentro, deteniéndose junto al otro para permitirle orientarse.

- No es que muchas personas entren aquí, a decir verdad... - Dijo. En ese momento, sí, cierta curiosidad le empujaba a querer ver la clase de expresión que portaba Aran, que miró con una callada sonrisa. No parecía serle fácil absorber todo lo que tenía ahora alrededor. Llegaba a ser un poco preocupante para el anfitrión, mas suponía estar entendiendo la línea que seguían sus inquietudes, si acaso una inadecuación que lucía familiar. No pudo evitar reír por lo bajo, deseando darle cuanto antes calma; por una vez era otro y no él. - No hace falta ponerse nervioso. De todos modos, sólo será un minuto. - Intentó, a tono bajo y cuidadoso. Ser a quien tocara decir algo así en voz alta ciertamente era un cambio. Él mismo, entonces, recorrió el sitio con la mirada, siguiendo el sonido de pasos y una seguidilla de golpecitos secos para hallar que el único otro ocupante del salón principal, en ese momento, era uno de los discípulos de la torre, a quien él mismo habría enviado más temprano a reunir una lista de tomos de estudio. El joven inclinó la cabeza en su dirección y Pelleas hizo lo mismo de regreso, en cuanto a su lado oía a Aran, atreviéndose por fortuna a ser más vocal. Lo tomaría como señal buena.

- Es algo que vale la pena preguntar, ¿no? Aunque sea, bueno... ha de entender que sea delicado. Todas las deidades tienen motivo. Por eso, quizás, sea posible su coexistencia... - Comenzó, la mirada un poco perdida por lo bajo. Era una pregunta extraña, que se preguntaba si no debía advertirle al soldado no hacer dependiendo de donde se encontrara. Para él, el tabú ya estaba demasiado cercano como para no tocarlo, de todos modos. Con un gesto de la mano indicó al soldado aguardar entonces, puesto que viendo al discípulo moverse por la biblioteca caía en cuenta que era posible que portara él alguno de los libros que le servirían. Se separó varios pasos, dejando al hombre de cabello verde momentáneamente atrás, a solas en ese ambiente foráneo quieto y organizado. Mientras tanto él abordaba al discípulo y en voz baja le explicaba su búsqueda, recibiendo dentro de un momento de él un libro traído ya desde la sección cerrada. Con un nuevo intercambio de pequeñas inclinaciones de la cabeza, Pelleas pudo retornar ya a donde estaba su invitado, listo para extenderle el libro y tomando aire ya para retomar su explicación.

Cualquier palabra que pudo haber llegado a salir de su boca fue opacada por el ruido que se produjo en ese instante: el sonar de un cuerno de guerra cercano, prolongado, uniéndose a este un segundo cuerno. El tipo de cuerno en particular, sumado al hecho de que fuesen dos de ellos, informaba a oídos entendidos en el protocolo de la defensa de una ciudad lo que sucedía. Pelleas luchó por recordarlo, por un momento sólo quedándose helado, detenido en su camino. Un cuerno era amenaza en las murallas, dos significaban que la amenaza de alguna forma estaba dentro, en la ciudad en sí. Al caer en cuenta de ello, sus ojos se abrieron de par en par y la repentina urgencia le movió, torpemente poniendo en las manos de Aran el libro que estaba por darle; no atinaba a explicarle muy bien nada en ese momento, trastabillando con sus palabras. - Algo malo ocurre. Lo siento, tengo que, um-- puede quedarse si quiere, volveré pronto, ¡lo siento! - Fue todo lo que atinó a decir. Tanteó los dobleces de tela asidos al cinto en que cargaba siempre un tomo mágico, y al constatar que todavía llevaba el suyo, sin más dilación corrió hacia el exterior de la biblioteca.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Aran el Sáb Jul 14, 2018 9:39 pm

La comprensión del príncipe era acogedora y sabia, aunque no conseguía curar completamente de espanto al apenas letrado soldado, quien le escuchaba sin ocurrírsele en ningún momento interrumpir sus pensamientos. Como invitado que era, sentía aquella situación por sobre sí, creyéndose parte de un recorrido que debía seguir al pie de la letra. Entre su intercambio de palabras hallaron a alguien más presente, a quien Aran saludó con una reverencia poco fina y muy corta. Prefería que no le preguntaran qué hacía allí, por lo que le apartó la mirada tan pronto pudo, concentrándose en mirar hacia cualquier otra parte y manteniendo como podía un rostro inanimado. Ya era suficiente con que sus palabras delataran lo mucho que se sentía fuera de lugar, por lo que solo podía confiar en su postura para mantener su propia calma. Por suerte no lo presentaron, lo que le confirió enorme calma. Solo sucedió que, en el proceso de explicar a Aran sus dudas respecto a la deidad que les interesaba, Pelleas lo abandonó un segundo para hablar con quien parecía su estudiante. Entonces no cabía duda que este último era un superior, de más intelecto, más estudio. Sabía lo que quería, y no le importaba buscarlo. Era admirable.

El breve momento que tuvo el soldado a solas lo aprovechó para por fin acercarse a las estanterías que tanta curiosidad generaban en él. Su asombro era respetuoso, cuidando aún de no tocar ninguna cubierta ni empujar ni la más pequeña mota de polvo con su respiración. Igual sería para él haberse encontrado con bien conservadas antigüedades, porque apreciaba los libros más por su aspecto que por su contenido, el cual no iba a intentar consumir ni aunque se lo sugirieran. De todas formas el pequeño espacio de soledad que tuvo pronto acabó cuando el príncipe Pelleas volvió hacia él. Aran miró por sobre su hombro, sonriendo brevemente. Intentó decir algo, pero entonces le fue imposible, pues sus palabras fueron silenciadas por un terrible estruendo. El soldado inmediatamente miró hacia el lugar donde provenía el sonido, arriba, aunque no dentro de la biblioteca. Su instinto lo llevaba a inmediatamente buscar la fuente del llamado, pero en su postura no había sorpresa ni confusión. Podía adivinarse que el peliverde tenía adecuado el oído a aquella alerta, y por esa misma razón lo atacó de pronto una intensa tensión. No podía ser posible, ¿La capital, de verdad la capital estaba siendo...? Aran recibió el texto sin siquiera mirarlo, por lo que poco se le zafó de las manos. Logró rescatarlo de caer al suelo, pero aún así no se preocupó mucho más por él, posándolo de costado en la primera estantería que tenía al frente. Sin más dilación, giró su cuerpo hacia la salida, yendo con paso firme, pero cada vez más ansioso, a encontrarse con el exterior.

En Begnion funcionaba el mismo sistema de alertas, y a pesar de sus pocos años de experiencia en el ejército, Aran sabía bien lo que significaban, aunque sabía sobre el llamado de los cuernos por sola instrucción y no experiencia. No había ocurrido el día en que Sienne fuera atacada, y por eso mismo que las alertas ocurrieran en Nevassa lo descolocaba enormemente. El príncipe, por supuesto, lo sabía bien también, cosa que hizo a Aran verle con aún mayor respeto. Incluso si le había notado alterado y sorprendido, aún con la insistencia de disculparse con el soldado, este último podía ver que sobre su persona resplandecía la responsabilidad y deber con el que portaba su cargo, rasgos que el peliverde tenía facilidad de admirar. Cada vez se le hacía más ejemplar, y por eso mismo en esa situación tenía toda la intención de servirle y protegerlo.

Corrió tras su rastro con debido temor, considerando que una vez fuera de la biblioteca se encontrarían ya en territorio hostil. Aran hizo lógica tan pronto empezó a moverse, pensando, sobre todo, qué tipo de enemigo podría existir que pudiera invadir tan súbitamente el interior de la capital. No cabía duda, debían ser criaturas voladoras, y sus jinetes, sin falta, emergidos. Y, por una vez, había acertado. La sombra de las alas membranosas de un wyvern sobrevoló por encima de su cabeza, y con este vino el ataque de una lanza, el cual Aran esquivó desesperadamente dejándose caer al suelo. Los habían visto con anticipación, por lo que no podían contar ya con el sigilo, solamente teniendo como opción la defensa. Seguramente no habían suficientes arqueros en posición como para repeler el ataque, lo esperaba de una ciudad que estuviera construyendo y reconstruyendo constantemente su interior. Como no habían hecho caer a las monturas, los jinetes habían aprovechado de soltar rápidamente sus cargas, que no eran otra cosa que sus propios aliados. Seguramente lo que planeaban era llevarse cuantas vidas civiles fuera posible, y con eso debilitar a Nevassa desde su punto más débil y vulnerable. Todo esto lo dedujo Aran en la brevedad de un segundo, y por lo mismo sus músculos reaccionaron con rapidez, levantándolo y echándolo en carrera hacia delante. Pudo hallar pronto al príncipe, quien encaraba el campo de batalla abiertamente.

 -  ¡Príncipe, lucharé con usted! ¡Tenemos que-! -su voz fue interrumpida al interponerse en su vista el enemigo. Los lanceros habían aparecido de las alturas, y pronto acorralaban ya a los ciudadanos, hiriendo a una mujer en la pierna y haciéndola caer para así rematarla. Aran buscó rápidamente su escudo, atado a su espalda, y corrió para interponerse en el camino del atacante, desviando su arma hacia un lado violentamente. No sucedió mucho hasta que notó que lo estaban rodeando varios más enemigos, cada vez más. Escuchaba gritos lejanos, comenzaba a oírse el chocar de las armas. El ataque de los emergidos se volvía cada vez más estremecedor.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Pelleas el Miér Jul 25, 2018 5:06 pm

Su salida había sido sin dudas torpe, dejar a Aran atrás no era el paso mejor planificado que hubiese podido tomar tampoco, pero esos cuernos de guerra lo habían desbaratado todo. Inclusive en el camino hacia afuera perduró incapaz de pensar con coherencia, sólo deseando encontrarse de una vez con el estado de las cosas, cuan terrible o no pudiera ser la imagen que viera. El cambio de luces volvió a encandilarlo, el brillo fuerte de la luz diurna reflejada sobre la nieve. El escenario que aparecía a la vista, luego, no era por lejos tan terrible como su imaginación lo habría dispuesto, pero mucho para procesar en un sólo momento igualmente.

Más de una persona pasaba corriendo ante y tras él, un par de ellas chocando contra el mago que sólo se quedaba parado ahí. Había gritos de alarma en el aire, instrucciones bramadas, figuras armadas apareciendo por doquier o civiles sosteniendo sobre sus cabezas escudos, tapas de barriles o cualquier trozo de madera usable. Sombras familiares sobrevolaban como tantas veces antes la cima de la ciudadela, profiriendo rugidos que recordaban más a los wyverns salvajes de los picos norteños que cualquier otra cosa. Cuando algunos bajaba en picada los gritos aumentaban. Distante, la figura de un wyvern se perdió entre edificaciones, al alzarse nuevamente cargaba en las garras un cuerpo que se retorcía y pataleaba, al que en breve dejó caer. El caos en tierra aumentaba a medida que los soldados que los jinetes habían infiltrado se esparcían por el lugar. Nuevamente una persona, una señora de avanzada edad, dio contra el príncipe al correr por refugio, empujándolo un poco en el impacto y reprimiéndolo con modales poco gentiles para que moviera los pies de una vez. Pelleas no supo reaccionar, sólo mirándola ir con desconcierto. No sabía hacia donde ir, qué hacer, cómo empezar; los pies parecían habérsele plantado en el suelo.

Recién movió la cabeza, de forma algo sobresaltada, cuando Aran apareció a su lado. La indicación verbal, la forma en que se ponía directo al asunto el soldado sirvió para sacarlo del estupor un buen tanto, mas no así para que se moviese. No había comparación entre sus experiencias de combate durante sus viajes, a solas la mayoría de veces, otras pocas cuidando de su consejero y acompañante, y todo eso. Pelear junto a los soldados del reino era algo a lo que aún intentaba habituarse, desacostumbrado a colaborar o a ver las cosas desenvolverse a gran escala. Pero la diferencia, la gran separación entre todo lo que conocía o empezaba a aprender y esa situación era la presencia de civiles, de tantas personas desarmadas que no podía siquiera prestarles atención a todos, muchos menos decidir qué hacer o cómo ayudar. Eran sus ciudadanos. Verlos asediados le hundía el corazón entre las entrañas y no estaba haciendo nada. El mago apenas metió las manos, que temblaban con violencia, a sacar el tomo mágico, tardando al no quitar las esquinas de los dobleces de tela que lo contenían, donde se atascó en varios intentos. Aran estaba adelantándose aún antes de lo que se movía él, presto en defender del peligro a la primera daeinita a la vista. Parecía tan certero, tan seguro en la forma de repeler al enemigo, que Pelleas se sintió de inmediato inclinado a imitarlo.

- Qué debo ha-hacer-- todos están dispersos y... - Murmuró, confuso, su tomo al fin entre sus manos. No se aproximó; no era prudente que un mago tomara primera línea si podía evitarlo, mas sí dejó que la sensación familiar entre sus manos le recordara la mejor forma de proceder. Alzó la voz, aprisa. - ¡Necesito tiempo! Por favor, sólo un poco de tiempo y... - Declaró, sin siquiera terminar su idea antes de abrir en un revuelo de páginas el tomo y comenzar a conjurar en voz alta. Lo que inició a memoria, con las palabras en lengua arcana que despertaban a través del tomo la magia, lo continuó agachando la vista para elegir mejores pasajes. Lo más eficaz que tuviese, lo que pudiera más rápido aplastar a sus enemigos, era lo que necesitaba. Pero la magia era lenta, la magia oscura aún más. Apenas comenzaba emanaba del contacto entre sus dedos y el libro una negrura como de la misma tinta, que brotaba también de entre las tapas y las páginas, derramándose y dispersándose. Se esparcía como humo pesado alrededor del mago, acumulándose en una nube que se removía con marcada consciencia y dirección. Necesitaba más, necesitaba tiempo para reunir la oscuridad sobre la que tenía dominio y para dirigirla.

No había olvidado su indisposición a que Aran tomara parte en el combate, el pensamiento se apresentaba con insistencia aún entonces, pero no podía hacer nada más en ese momento. Con la atención dividida entre el tomo y la acumulación de oscuridad, con el zumbido de ella en su mente también, no podía ni siquiera volver la vista hacia Aran, o no conseguiría lo que debía y no se haría de ayuda. Era mucho pedirle a él el preciado tiempo que necesitaba, lo sabía, pero no tenía más opción ni ideas mejores. A medida que el conjuro recitado llegaba a su final avanzó, directo hacia adelante, sin fijar aún la vista en cual debiera ser su blanco; cuando atacara lo haría.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Aran el Miér Jul 25, 2018 10:53 pm

No supo bien qué paso a sus espaldas, pero pudo comprender que alguien había vuelto por quien había conseguido salvar, logrando huir finalmente de la horda que había caído a su alrededor. De alguna forma alivió su espíritu que así sucediera, pero su tensión nunca cesó, apenas alcanzando a ver más allá de sus enemigos. Desviaba ataques con fervor, repelía longitudes de lanzas por doquier, sintiendo ya la presión que ponía sobre sus músculos al actuar con tanta cercanía y rapidez. Lo que menos quería era acabar literalmente contra las paredes, pero parecía ser que lo estaban obligando a ello, presionándolo para avanzar lentamente hacia su perdición. Aran alcanzó a oír la voz del príncipe por entre el choque de las armas, pero no supo por donde responderle, pues de todas formas no podía hacer otra cosa que absorber ataque más ataque de su enemigo. Lo que fuera que estuviera haciendo, deseaba con todo su ser que tuviera éxito.

Percibió entonces un estímulo externo que con su sola presencia erizó su piel. Sus ojos, antes concentrados plenamente en la batalla, no pudieron evitar desviarse hacia donde sentía provenir el tacto sobrenatural, hallando donde creía encontrar a otro enemigo al príncipe. La sorpresa eso sí no subsidió, pues pronto encontró la razón de su incomodidad. Aran vio sombras escapar del texto que Pelleas leía, humo; insectos; sangre. No hubiera sabido decir qué en concreto, pero como todo miedo, este lo atacó de improvisto, abriendo sus ojos y su boca, y así distrayéndose de la batalla para balbucear con temor.- ¡A-ah! -exclamó apenas y entrecortado, echándose un poco más hacia atrás. Entonces, si no hubiera sido por sus enemigos, Aran no habría podido nunca comprender que aquello se trataba de magia, siendo quizás de un tipo del que jamás habría imaginado ver. Magia oscura, sí, se la habían mencionado, pero nunca hubiera creído ser testigo de su invocación. Solo contuvo su miedo por estar en manos del príncipe, quien de sobra debía saber manejarla. Sí, así debía ser. Y los emergidos caerían ante ella tan pronto la liberara del tomo, pero para conseguir que sucediera debía aguantar en su ataque. Tan pronto pudo levantó su escudo una vez más para defenderse, alcanzando a bloquear un ataque oportunista de una lanza, más de uno, los cuales hubieran terminado con él si no hubiera vuelto en sí a tiempo. Como siempre los emergidos poseían completo control de sus sentidos, no viéndose distraídos en absoluto por el peligro que los acechaba a sus espaldas. El tiempo que conseguía rescatar Aran era preciado, pero ni siquiera él sabía qué tanto tardaría en cometer un error, y así caer ante la multitud de filos que lo amedrentaban.

Cansado de su defensa, la que resistía al mismo tiempo ataque tras ataque de un número indeterminado de monstruos, Aran sujetó su escudo con firmeza y rezó por que su fuerza fuera suficiente.- ¡HAAH! -exclamó con gran ímpetu, lanzándose hacia delante y apartando a uno de los emergidos que lo acorralaba, logrando escapar así del encierro que habían creado alrededor de él, el cual eventualmente lo habría acabado matando. Su escudo logró desviar los ataques directos, pero uno al menos logró rozar su brazo derecho, creando un corte considerable que a futuro resentiría, pero que entonces le costó notar. Había hecho aquello solamente para reencontrarse lado a lado con Pelleas, para estar allí si necesitaba su protección. Nadie había venido a él mientras leía, pero ahora que Aran se había librado, los enemigos dirigieron su atención a ambos, los únicos que se mantenían quietos en aquel caos. Y entonces fue que el soldado notó que el príncipe caminaba hacia delante con decisión, aún sin levantar completamente la vista de sus palabras.

 - ¡Príncipe Pelleas! -gritó Aran, temiendo por su seguridad, sin comprender aún si su hechizo sería lanzado a su enemigo justo en ese momento. ¿Sería en verdad capaz de acabar con todos ellos? Era una clase de magia que Aran no comprendía, no entendía cómo podría dañar los cuerpos igual que el rayo, el fuego o el viento. Se le hacía irreal, difícil de creer por sobre todo lo que ya conocía. Pero algo podía afirmar, y eso era que el príncipe se encontraba completamente expuesto, por lo que Aran corrió por delante de él, atacando al primer emergido que se atrevió a alzar armas contra el erudito. Consiguió cortar el cuello de su enemigo y golpear con suficiente violencia como para hacerlo caer. Sin embargo era uno solo de casi una decena, número que Aran por fin pudo estimar, y que consiguió hacer temblar tantos sus piernas como brazos de pavor. Si antes había temido a la magia oscura que el príncipe invocaba, ahora deseaba con todas sus fuerzas que estuviera a su favor, que saliera lanzada hacia los emergidos antes siquiera de pestañear. No era sino la primera vez que se hallaba inmovilizado ante el solo número de sus atacantes, tan solo pudiendo alzar su escudo una vez más.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Pelleas el Jue Ago 09, 2018 2:55 pm

Tenía que agradecer la fuerte vibración contra sus oídos, la especie de zumbido grave y constante que rasgaba el aire allí donde surgía la magia, a través del cual le llegaban amortiguados los demás sonidos. De no ser por ello, de poder oír con más claridad las señas de dolor del soldado y los gritos ahora distantes, a Pelleas le habría faltado la templanza para mantener la vista en el libro y continuar. No obstante, era un hecho que nada aparecía ante él para retirarlo de su tarea ni frenarlo en su camino, como pequeña tranquilidad. Nada se aproximó sino hasta que fue el mismo Aran quien apareció a su lado, cansino y con inconfundibles salpicaduras de rojo sobre sí, una mancha tal comenzando a empaparle la manga de la ropa. El color era demasiado contrastante como para no verlo, aún por el rabillo del ojo. La expresión del mago cobró cierta dureza al hacer nota de ello; más claro quedaba a lo que destinaría la impaciencia de la magia.

De todos modos, estaba listo para ello. La oscuridad, según percibía, no contenía la inquietud tampoco, revolviéndose a su alrededor. Al llamado de Aran alzó la vista para sostener la suya y se aseguró de sonreír un poco, sin titubeo, si acaso con eso pudiera darle a entender que ya estaría mejor. Era sólo que no debía de hablar en el lenguaje moderno sin cerrar un conjuro. Y mientras el hombre se movía para bloquear un intento de interferencia el mago pronunció aquella palabra final, la orden de partir; acto seguido estiró la mano para atrapar el hombro de Aran, sosteniendo con cierta fuerza al hacerle hacia atrás, con tal de que no avanzara en ese momento. Manipulando la magia cobraba confianza, la oscuridad sabía qué hacer incluso mejor que él y era algo en lo que podía dejarse a sí mismo. Sabía lo que debía de hacer y proceder resultaba menos difícil. - Déjelo un momento... le ayudaré. - Aseguró, alzando la voz para compensar por el ruido sordo de la negrura moviéndose en ráfaga hacia adelante, pasando bajo los pies, en torno, alrededor de los hombres sin tocarlos en su camino adelante.

El nosferatu se precipitó y esparció sobre cuanto emergido tenían demasiado cerca, virtiéndose dentro del primero con violencia suficiente como para frenar sus pasos, colándose a través de la carne para vertirse como un galón de agua en un vaso de papel, visiblemente escapado luego por los poros, la boca y cada resquicio en el cuerpo víctima antes de abalanzarse al siguiente. Apresurándose de ese modo, queriendo ir ya a por el próximo, el hechizo no conseguía ser letal, mas en cada entrada se atisbaba un espasmo de dolor en las extremidades de las silentes criaturas, y en cada salida se forzaban a superficie, además de los hilos de nebulosa oscuridad, un centenar de minúsculas gotas de sangre extraídas con ella. El daño era claro. No mortal, pero capaz de echar de rodillas a los más dañados, cuanto menos refrenar a los que se adelantaban de sobra. Requiriendo más que nunca de la continuidad y de la guianza del invocador, Pelleas cuidó proseguir el hechizo con más breves órdenes, cerrando sobre la mano el libro al no necesitar ya leer de él, sino centrarse en prolongar lo ya hecho, enviar la oscuridad de uno al siguiente. Soltó ya el hombro del soldado; pudiendo enfocar su atención en el entorno que había tenido que ignorar hasta entonces, no habría de temer atacarlo por error. Por otro lado, le necesitaría tanto como antes.

- La agradezco mucho. Haré todo lo que yo pueda, pero tendremos que apresurarnos, creo... - No podía evitar sonar poco terminante aún cuando estaba seguro, cuando intentaba hablar en claro. Pero el hecho persistía siendo que estaban rodeados de más de lo que dos hombres podían manejar, y sin noción alguna de dónde se hallaba el resto de la guardia de la ciudad, de los que esperar auxilio. Esparció la vista lo más rápidamente que pudo en busca de ello, atisbando tan sólo, por sobre su cabeza, una miríada de flechas cruzando el cielo desde cada borde de la muralla interior, apuntadas a los wyverns salvajes que rugían y descendían al ataque en respuesta. Nada de inmediato interés. Con un gesto de la mano atrajo de regreso hacia sí a la magia, redirigiéndola a terminar con un enemigo caído en particular, mas mientras seguía consciente de lo que tenían por encima, notó también una sombra cubriéndolos. Una sombra que crecía, acompañada por el chillido de muerte de un wyvern abatido. Sus ojos se abrieron de par en par. - ¡Aran! ¡Cuidado! - Gritó, sin saber hacia donde debía de correr, sino sólo que debían moverse ambos, cuanto antes.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Aran el Lun Ago 13, 2018 1:43 am

No conseguía comprender la calma del príncipe. Ciertamente era increíble la compostura que mantenía, y siendo testigo de esta, ¿Quién no querría creer que podrían derrotar al enemigo? Aún si la fuente de su poder resultaba así de pérfida, tanto que escocía su piel solo de pensar en su presencia, esta daba la sensación de ser poderosa e inteligente sobre todo lo que podría llegar a hacer Aran. Este último no se atrevía a mirar atrás, pero tampoco a avanzar ni a retroceder, aún alzando su escudo como la única garantía de poder conservar su vida. Por esta razón fue que la mano del príncipe lo descolgó de miedo que tan profundamente sentía, sin embargo causando un escalofrío en su espina por el solo hecho de haber interrumpido su pensamiento.

 - ¡Ah! -alcanzó a exclamar. Detenerlo a la fuerza poca diferencia hacía, de todas formas, pues de igual manera sus piernas no respondían.- Ah-ha... -murmuró en una voz que apenas podía calificarse como una afirmación. El ruido que invadía sus oídos lo intimidaba, y aún peor fue su reacción cuando encontró lo que parecía su propia sombra expandiéndose bajo sus pies, queriendo apartarse de su camino apenas notarla, mas no pudiendo siquiera levantar su propia bota. Si lo hubiera hecho... podía ver lo que podría haberle ocurrido en sus enemigos. Nunca había visto en su vida ataque más retorcido y gráfico. A sus ojos Aran creía que observaba una pesadilla; incluso si aquellas cosas eran monstruos, incluso si entonces hubieran sido capaz de arrebatarle la vida, sus formas humanas le eran familiares, y por lo mismo aquel espectáculo le era morboso. Estaba seguro de que jamás podría olvidar aquella imagen de su memoria.
 
Cesó el agarre de Pelleas, y al encontrarse el soldado desprovisto de apoyo, se encorvó hacia delante del solo impacto, respirando agitadamente y mirando con los ojos abiertas a la nada misma. Debió obligarse a recobrar su postura, pero incluso logrando enderezarse, aún parecía que sus ojos estaban perdidos. - S-sí. Debemos... debemos irnos... -consiguió repetir Aran, aún visiblemente afectado. Mantuvo aún el agarre de su arma y buscó rápidamente una vía de escape, descartando cuanto podía en el menor tiempo posible. Estuvo a punto de escoger un camino cuando notó otra vez una sombra. No podía provenir del tomo del príncipe, había conseguido notar que lo cerraba. Entonces, entonces, arriba...

Su rostro se petrificó. Negó el instinto de protegerse con su brazo, aquello de nada serviría. Actuó tan pronto como pudo, echándose hacia un lado, empujando a Pelleas junto con él. No podría haber corrido , y por eso ni siquiera lo intentó. Tan solo pudo notar las alas de la criatura retorcerse sobre sí, desviar el rumbo de su caída en sus últimos alientos, chocando su cola contra el tejado más cercano y desprendiendo escombros alrededor de ellos. Su cuerpo colisionó de lleno contra la calle, desfigurando el camino con su peso, terminando boca abajo y exhalando así su último suspiro. De la bestia comenzó a emanar la sangre, no habiendo forma en la que podría haber sobrevivido. Sin embargo, sobre su espalda aún persistía en vida su jinete, el cual, visiblemente herido, observó a ambos quienes habían esquivado la caída del wyvern con su tétrico semblante. Aran entonces consiguió darse la vuelta y encontrar miradas,  sin embargo erró en su elección, intentando levantarse antes que intentar protegerse o esquivar en el suelo. Por esto la lanza de su enemigo fue capaz de alcanzar una vez más su brazo herido, un blanco fácil y obvio donde el filo corrió por su piel y agrandó la ya existente herida, consiguiendo sacar de Aran un claro grito de dolor. Sin embargo, y a pesar de que su propia sangre le estuviera abandonado rápidamente, consiguió empujar su cuerpo hacia arriba con sus piernas, sujetar su lanza y clavarla así en la garganta de su atacante, logrando matarlo finalmente.

Tanto por el impulso y la fuerza utilizada, Aran cayó arrodillado frente al cadáver del wyvern, temblando aún sus rodillas, intentando soportar el dolor, haciendo lo posible por luchar contra el entumecimiento, el cual ya afectaba la fuerza de su mano. No era capaz de decir nada, pero esperaba que el príncipe hubiera aprovechado de huir, o en el peor de los casos, que al menos aún estuviera ileso.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Pelleas el Miér Ago 15, 2018 1:00 pm

Pelleas había pasado mucho tiempo, quizás demasiado, practicando su magia en solitario, en los rumbos de su travesía personal o en los sitios donde no era asunto de especial atención, en las lejanas Plegia y Nohr. Había perdido la noción de lo macabro, desconocía ya lo que era la inocencia ante las artes arcanas; tal y como en el último tiempo había perdido vista del día en semanas de ver sombras al interior de su torre. No imaginaba ya el terror que pudiera inspirar lo que para él era tan confortante. No había comprendido, pues, lo que pusiera esa expresión agitada y ojos cautos en el rostro de Aran, con las sombras mismas calándole las facciones normalmente apacibles. Sólo había presentido temores invisibles, incomprensibles para él pero en igual modo preocupantes. Si el estado de la patria o la audacia de los enemigos eran lo que remecía tanto al soldado, con más fuerza todavía tendría que ponerles fin. Si algo más era, como el instinto murmuraba desde el pecho, sin falta querría entenderlo...

No quería olvidar aquel impreciso detalle, aunque la situación presionara en diez otras formas y apenas hubiera instante para actuar. Por lo demás, otra vez resultaba Aran quien conseguía mover los músculos tan rápido como se requería, sacándolo hasta a él del camino al empujarle, poniéndolo fuera de donde en los próximos segundos se desplomaba el cuerpo dracónico. Pelleas cayó, confundido pero sabiéndose cuanto menos superviviente, pues nada más que el recodo de un ala de membranas gruesas quedaba por sobre él. Allí había parado su estrepitoso descenso el ya cadáver, ahí quedaba el príncipe, oculto más que enterrado por la sombra del ala, y con apenas un par de raspaduras en los dedos de una mano y en el mentón por sus pésimos reflejos al caer. El polvo no tardó en asentarse ni él en abrir los ojos, orientándose, a tiempo de oír a Aran aquejado por un nuevo ataque y encontrarlo no muy lejos, herido por la lanza del jinete enemigo. El impulso de actuar le tensó el cuerpo. Y sin embargo, por pronto que saliera de debajo del ala, libro en mano ya despidiendo estelas negras tan inquietas como su dueño estaba, no logró llegar al soldado antes de que este mismo se hubiese encargado de su oponente. No habría de caberle duda al mago que era un guerrero más que capaz, daeinita en la más innegable cualidad del ser, no obstante le aquejaba demasiado verle así. Al llegar a su lado, no se contuvo de sostenerle por los hombros.

- Perdóneme, usted no ha tenido que... esto no debería haber sucedido... - Balbuceó, al tiempo en que sin preguntárselo siquiera intentaba ayudarlo a alzarse. Al menos la caída de aquel wyvern, cuyos compañeros tampoco sobrevolaban ya la ciudad, había cumplido cierta conveniencia: el cuerpo ponía bendita distancia entre ellos y los emergidos a los que estuvieran enfrentándose justo antes, concedía una mínima ventaja a la que asirse. Sopesando lo que debiera hacer entonces, Pelleas alzó la mirada hacia ellos, que apenas habían perdido a uno de sus números con el incidente. Sin pensarlo murmuró no más que dos palabras de la lengua antigua, con que envió su magia del otro lado, a aferrarse en torno a la cabeza de uno para terminar de servirse de él hasta la muerte, con lo que tomara. Pero eran muchos todavía, su magia demasiado lenta para sostener combate cuerpo a cuerpo, Aran ya herido y, tal como le había dicho, lo mejor que les quedaba hacer era irse. Al buscar con la mirada para convencerse de que ningún otro civil permanecía rezagado en esa zona, el príncipe lo supo con aún más seguridad. Terminó de alzar a Aran con renovada decisión, acomodándolo contra sí como mejor pudiera.
 
- Usted... usted también, Aran, es sangre de esta tierra y yo-- yo lo llevaré fuera de esto. ¿Lo entiende? Todo estará bien. - Tragó saliva, sorprendido de que no le temblara la voz. No compensaría suficiente por involucrar al otro hombre en el asunto, pero se aseguraría de que nada más lo hiriese. No escatimaría maldición alguna si era necesario, no permitiría que volvieran a aproximársele. Era su amigo y era un daeinita, aún si no se lo reconocía del todo, por tanto Pelleas era su príncipe. Cuidar de él lo significaba todo. - Iremos donde se haya el resto de la guardia y todo estará bien... - Recalcó, por lo bajo. De inmediato echó a llevarlo en dirección opuesta de la que procedían, hacia la muralla más próxima, donde oía los gritos de comando intercambiados y el familiar movimiento de tropas armadas. Allí se estaría a salvo, allí se vería terminada la amenaza, por seguro. No debía pensar en nada más.
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Aran el Sáb Ago 18, 2018 6:54 pm

Debía ponerse de pie, lo antes posible. No podría consentir que sus músculos fallaran, y que esa pudiera ser la razón que le hiciera perder su vida. Entonces, toda voz que no era la suya propia le era imposible de percibir, concentrado en sus pensamientos, en empujarse a sí mismo a seguir adelante, a ignorar el dolor y dar la media vuelta, sabiendo que ya no podían haber enemigos que lo atacaran por el frente, pero que fácilmente podrían emboscarlo si se dejaba desfallecer. Y sus piernas temblaban, y sus manos no le respondían. ¿Sería capaz siquiera?

Un firme agarre sostuvo su cuerpo, ante el cual sus ojos despertaron, se encendió su espíritu, y del cual sus ojos buscaron la razón.

- ¿Pelleas? -por un solo momento Aran olvidó fijar en su nombre el cargo de príncipe, sobre todo por dar cuenta de que él aún permanecía en el campo de batalla, desaprovechando una perfecta oportunidad para resguardarse del peligro. Parecía no ser capaz de priorizar su vida sobre la de un soldado, lo que carecía de sentido, siendo que ni siquiera portaba las armaduras de su reino. Pero entonces que tuviera sentido o no era todo menos importante.

Aran apretó sus dientes y cerró sus ojos para soportar el dolor que aquejaba su brazo. Aquella herida no sanaría fácilmente, y probablemente nadie sería capaz de sanar su daño sin que dejara su huella, aunque, por supuesto, esto le era de la menor importancia. Lo único que repetía en su mente era una cansada plegaria a nadie, deseando solamente que no existiera enemigo que fuera capaz de atacarlos mientras huían. Era verdad, estaban escapando y, sin embargo, entonces parecía ser su mejor elección, la única forma en que podrían conservar sus vidas. En ese mismo sitio pero en otro lugar, su muerte habría sido un precio fácil de pagar. Sin embargo Aran tenía la intención de defender su vida, más que nunca en todos sus años. En ningún momento había pensado en sacrificarse por sobre proteger al príncipe, siendo que podía hacer esta tarea mejor si podía alzar sus armas una vez más. Aran sabía que su existencia valía mucho más que nunca, valía para quienes lo conocían y esperaban más allá de los mares. Tan solo era un alivio, un gran descanso para su mente el saber que el príncipe mantenía con persistencia sus convicciones, la independencia de la cual le había hablado en la entonces lejana Etruria.

-No, no te preocupes. No... no tengo miedo... -consiguió decir Aran una vez tuvo control sobre su propio dolor. No fue capaz de volver a afirmar sus pensamientos como para decir otra cosa, pero sus palabras habían sido en verdad suficientes. Creía en el príncipe, creía en quienes, como él, luchaban bajo las mismas condiciones, conteniendo la ardiente necesidad de lamentarse por el dolor, el cansancio y la pérdida. No pensaba entonces que los cortes en su brazo pudieran superar su voluntad, no se creía sus mismo tan débil. Aran tampoco había considerado el temor que había sido capaz de causar en él las invocaciones del príncipe, si es que estas verdaderamente habían venido de sus palabras y manos. Su confianza era plena, su respeto aún más, y por esto mismo no poseía razón para que persistiera su miedo.

Caminaron lo que parecía un camino interminable, Aran haciendo lo posible por evitar que lo venciera su propio peso, por aún sostener sus armas y continuar adelante. El frío ya no le era particular; lo sentía por todo su cuerpo y ya le era indiferente. Aunque tenía cerrados los ojos, el soldado se preocupaba de mantener su rostro en alto y controlar su respiración, siendo capaz de ambas cosas. Eso sí, cuando sintió que lo recibían manos ajenas a las del príncipe fue que el soldado comenzó a demostrar claros signos de fatiga.Había dejado tras de sí un rastro de sangre discernible por sobre la nieve y la piedra, y sus ropas, por supuesto, estaban manchadas completamente de rojo. Su piel se encontraba translúcida, sin embargo aún palpitaba enérgico su corazón, y abiertos sus ojos mantenía su vista fijamente en quien le dirigiera la voz, incluso si no era demasiado capaz de responder. Fueron capaces de detener su sangrado mientras él aún permanecía consciente, sin dejar nunca de buscar al enemigo por sobre cada rincón de cada pared, aunque enfocado más que en ninguna otra cosa que el bienestar del príncipe, preguntándose si sería capaz de mantenerse a salvo durante el asedio de la ciudad, sin saber que para ese entonces los ataques ya habían cesado, solo quedando emergidos rezagados deambulando por las calles de la capital, a quienes rápidamente se les daba caza.

Daein, su gente, Nevassa... incluso si sus intentos de conocer dicha tierra habían sido drásticamente interrumpidos, sin acabar de conocer siquiera la deidad que tanto estimaba Pelleas, no podría borrar de su memoria la impresión que había causado en él haber luchado a su nombre. Debía recuperarse, terminar de aprender sobre las calles por las que había caminado, entender lo que había defendido. Así eran sus ansias,y así había crecido su respeto por el reino al cual legítimamente pertenecía.
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- BEGNION -

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Halberdier

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Soldado de Begnion

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Jabalina [3]
Lanza de acero [3]
Dagas de bronce [2]
Lanza de bronce [2]
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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

Mensaje por Eliwood el Lun Ago 20, 2018 5:51 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante. +40G adicionales a Aran como pago por servicios militares.

Aran ha gastado un uso de su lanza de acero.
Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Nosferatu.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al incremento de experiencia, Aran ha obtenido un nuevo skill de la rama Halberdier:

Contraataque - Técnica consistente en mantener quietud y esperar a que el otro sea quien ataque primero; si el halberdier no hace nada más que aguardar y observar en su turno, cuando sea atacado será capaz de regresar el ataque al otro sin problemas. Contra NPCs (oséase, enemigos u otros) refleja el daño, pudiendo causar con esto hasta la muerte del enemigo. En usuarios (personajes con nombre y ficha) reflejará el daño mas no de forma letal.

Adicionalmente, Pelleas ha obtenido un nuevo skill de la rama Sorcerer:

Pesadilla - Reduce a su blanco a una agitación ciega mediante alucinaciones visuales, auditivas o sensoriales, particulares a cada individuo, que pueden aterrar, confundir o simplemente desbaratar la mentalidad por el resto del tema, llevando al borde de la pérdida de razón. Su efecto es igual y considerado bajo los mismos parámetros que un estado de Veneno, restando 1 HP al blanco al final de cada turno, sea porque este se daña sin notarlo o por mero desgaste. Sólo puede utilizarse una vez por tema.

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

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Re: [Campaña de liberación] Construir un Templo, Hallar un Hogar [Privado | Aran]

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