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[Social] Everything the Rain Touches is Our Kingdom [Priv. Zeke]

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[Social] Everything the Rain Touches is Our Kingdom [Priv. Zeke]

Mensaje por Yuri el Mar Nov 28, 2017 3:30 pm

Tenía frío, pero la hoguera que había encendido le mantenía a salvo y caliente. Antes estaba envuelto en una capa robada y roñosa, que después de haber sido utilizada durante tantos días sin haberse lavado se había quedado con un aspecto mugriento y muy viejo. Pero el torrente de agua que le había caído encima hacía poco, había hecho que fuera imposible llevarla. Una vez que las nubes negras habían decidido descargar toda su furia contra la tierra de los mortales, no hubo nada que Yuri pudiera hacer salvo intentar resguardarse. Después de tantas semanas por Gallia, se había acostumbrado a las inclemencias del tiempo. Sin embargo, aquella tormenta parecía ser más fuerte de las que hubiera visto desde su llegada. Le pilló desprevenido mientras se preparaba para acampar al amparo de varios árboles que le protegerían en caso de que la lluvia fuera leve. Tenía encendida una pequeña fogata, y estaba a punto de asar un par de ardillas que había atrapado de su propio nido, después de horas escalando los troncos y buscando huevos de pájaros, o roedores que comer.

Una vez sintió que el agua caía con más violencia, recogió todo lo más rápido que pudo en su pequeño y desgastado macuto, y se cubrió con la capa oscura. Recordaba haber pasado por una zona montañosa no hacía mucho, y pensó que quizás hubiera una cueva en la que pudiera resguardarse. De normal, nunca se hubiera expuesto a tal peligro, pues animales más grandes que él, o seres más peligrosos, podían acechar en el interior de los escondites rocosos. Pero la cantidad de rayos fulminantes, acompañados por truenos de sonido ensordecedor, le habían hecho cambiar de opinión. Agarró con fuerza la espada en su mano, y corrió por el bosque, confiando en su memoria para encontrar el lugar. Pronto, la tela que le cubría se hizo pesada, casi imposible de cargar sobre la cabeza y los hombros. Estaba empapado, con ríos de agua cayendo de su cabeza y por todo su cuerpo.

Era lo más mojado que había estado en mucho tiempo, y también lo más limpio. Toda la mugre acumulada en su cabello rubio ahora había desaparecido en churretones marrones, dejando a la vista un pelo brillante y pálido, reconocible en la oscuridad por su tono claro. En su ropa, así mismo, se le comenzaban a desprender las manchas de todo tipo de suciedad, quedando pegadas a su cuerpo y haciendo que sus movimientos fueran más torpes. Terminó por cargar la capa hecha una bola en un brazo, mientras se abría paso a través de la maleza con la espada. – Mierda, mierda, MIERDA. – exclamaba, tropezando y resbalándose al no ver muy bien por donde iba. Se supone que la noche se estaba cerniendo, pero la luz había desaparecido como quién pasa del mediodía a la medianoche en un suspiro. Estaba helado, con todo el cuerpo entumecido y dolorido allá donde se golpeaba. En su cuello, el grueso collar de hierro le rozó contra las ronchas que no habían podido curarse en días. El agua hacía que le escociera como los mil demonios.

Llegó más pronto de lo previsto a las rocas, producto de su loca carrera por el espeso bosque de Gallia. Era una especie de terraplén por el que habían caído hacía años muchas rocas, posiblemente del derrumbamiento del desnivel entre el suelo en el que estaba Yuri y otro más superior al que no podía acceder por esa zona. Con la espada en mano, y tiritando, escaló entre las rocas para el desconsuelo de sus pies morados. Apretó los dientes, y sin apenas queja siguió su camino hasta que encontró un boquete en la pared rocosa. Antes de meterse dentro, golpeó la entrada con la espada, y el eco metálico mando vibraciones por todo el interior. En el mismo instante, una bandada de murciélagos salió despedida hacia la tormenta, en un torbellino de chillidos y masa oscura. Yuri dejó escapar varias maldiciones, del susto que le habían dado. Por suerte, no había sido ninguna fiera que pudiera arrancarle la cabeza de un mordisco, y tampoco un pelotón de emergidos. Más calmado, entró dentro y suspiró aliviado al ver que era una cueva bastante seca y aireada. La entrada era estrecha y baja, pero por dentro la altura subía e incluso Yuri podía estar de pie sin chocar contra el techo. El suelo era de arena suave, y se notaba que alguien había estado allí, aunque hacía tiempo.

En medio del lugar había un redondel de piedras para formar una hoguera, y varias ramas chamuscadas y frías en el centro. Lo primero que hizo fue clavar un palo grueso en la pared, entre varias piedras, y colgar allí su capa y su camisa. Después se puso a la obra para encender un fuego que le quitase el frío de la carne y los huesos. Tardó mucho tiempo, pero al final consiguió que la mustia madera empezara a arder. Un fuego pequeñito se formó, al que el branded se pegó como si su vida dependiera de ello. Sentado con la cabeza apoyada en las rodillas, y los brazos rodeándose, Yuri tiritaba. A veces se colaban ráfagas de viento, y temía cada vez quedarse sin luz. Antes tenía mucha hambre, y le dolía todo el cuerpo, en especial la zona de la argolla metálica, pero lo único que sentía en ese momento era el agua que no se terminaba de secar de su cabello reptando por su espalda. Solo podía pensar en el frío que le consumía y que le hacía castañear los dientes. – M-m-maldita s-sea.
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Re: [Social] Everything the Rain Touches is Our Kingdom [Priv. Zeke]

Mensaje por Zeke el Lun Dic 11, 2017 12:34 pm

No había pasado más que un día desde que se había visto envuelto en una pelea bastante seria con un asqueroso león. Asqueroso no solamente por ser lo que era, sino porque encima el hedor que desprendía aún lo tenía presente en sus pobres fosas nasales, las cuales habían sufrido más que en mucho tiempo. Lo que había parecido ser una tarde de descanso después de varias luchas contra los emergidos, que ya estaban cansando sus músculos y su mente, concluyó en una nueva batalla. Desafortunadamente, se había cruzado con un melenudo que sabía pelear, demasiado bien para su gusto, así que como tras cada batalla había sufrido las consecuencias.

Lleno de magulladuras y heridas, se había retirado de donde estuvo reposando la jornada anterior. Había lavado con cuidado las heridas, intentando que no se infectaran. No sabía como ese desgraciado roñoso no le había pegado algo malo con la poco higiene que tenía. Se había sentido sucio, y no solo físicamente como consecuencia de la pelea, de la tierra y de la sangre, sino también porque pese a haber tenido una oportunidad inigualable para demostrarle a su reino lo que podía hacer con los leones, no la había aprovechado. Tenía ganas de arañarse en aquellos lugares donde el otro ser le había puesto las zarpas encima, o casi donde había mirado. Todo lo que giraba a su alrededor le provocaba náuseas, así como su propia debilidad. Sin embargo, lo peor de todo aún estaba por llegar.

Todavía se encontraba en Tellius, en Gallia. Cada vez más se preguntaba qué le había motivado a regresar a su antiguo hogar cuando se encontraba cómodo y completamente a gusto en Mitgard, si dejaba de lado su horrible temperatura. Se había adaptado mucho mejor de lo que preveía en un primer momento, e incluso contaba con la amistad, si se podía considerar como tal, de algunos personajes cuanto menos llamativos e importantes. ¿Por qué entonces había dejado atrás las gélidas mañanas para regresar a un reino devastado y sin apenas esperanza? ¿Por qué se había arriesgado a sentirse como cuando tuvo que huir, con la cola entre las piernas? Era como regresar a ser un chiquillo incomprendido por quienes habitaban en su tierra. Lo peor de todo era que al llegar se había sentido poderoso, con capacidad de influir de alguna manera en el devenir de Gallia, de sus ciudadanos, tanto laguz como humanos, aunque estos fueran una gran minoría, y sin embargo se había encontrado nuevamente tirado sobre la tierra, sin saber qué rumbo tomar. Una vez más.

No supo cuantas horas había estado tendido, mirando a la nada y a la vez a todo. El tiempo podía pasar por él, pero él no pasaba por el tiempo, simplemente no hacía nada. Solamente cuando unas traviesas gotas de lluvia comenzaron a resbalar por su rostro logró enfocar la vista de nuevo, observando el encapotado cielo que se cernía sobre él, o por lo menos lo que las frondosas hojas del lugar le permitían ver.

Con toda la pesadez y el dolor inundándole el cuerpo, avanzó apoyándose contra los árboles mientras buscaba algún refugio. No se hallaba demasiado lejos de una pared de roca bastante grande, donde seguramente podría encontrar algún saliente, o quizás incluso alguna cueva. Por suerte no tardó demasiado tiempo en ubicar una hendidura sobre esta, no parecía ser especialmente grande, pero lo suficiente para resguardarse hasta que la lluvia torrencial de la época finalizase casi tan rápido como había comenzado. Escaló no sin ciertas dificultades para llegar a una apertura pequeña, pero que parecía adentrarse hacia el fondo, pero un remolino de diversos olores le hicieron arrugar la nariz. Una mezcla extraña, diluida por la humedad y el olor a la propia lluvia que intentaban confundir su olfato. Si este no le fallaba, no iba a ser el único en el lugar.

El calor de la lumbre lo atrajo como si de un imán se tratase. Se paró a un par de metros de esta, observando un saco de huesos y poca carne que tiritaba al unísono que las llamas. Los pequeños chasquidos del fuego quemando la madera ligeramente humedecida no parecía molestar al cuerpo, tendido sobre el suelo. Gruñó por lo bajo, pero no tenía más alternativa. No le daba la gana regresar afuera bajo la lluvia, así que se dirigió hacia la pared de enfrente del otro sin saludarle.

Era rubio, efectivamente bastante pequeño, sin músculos. No sabía cómo alguien así había logrado sobrevivir en Gallia, más aún siendo lo que era. Realmente tendría que echarle de ese lugar como escoria que no merecía resguardarse de la tormenta, pero se encontraba demasiado cansado como para empezar una nueva pelea. No por ese momento –Espero que no molestes, o te echaré a patadas del lugar. Estate calladito y no hagas que mis oídos sufran con tu voz –Ya que suficiente debía soportar con ese olor que desprendía. Parecía que últimamente sus fosas nasales no podían tener ni un jodido descanso.
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Re: [Social] Everything the Rain Touches is Our Kingdom [Priv. Zeke]

Mensaje por Yuri el Dom Ene 21, 2018 1:41 pm

La tormenta era real, escalofriante. A medida que el fuego devoraba las ramas secas, el viento aumentaba su tétrico ulular y la lluvia golpeaba con más fuerza las rocas. En la pequeña cueva, se sentía el retumbar de los truenos como si las mismas nubes se estuvieran chocando contra el suelo. ¿Acaso era capaz el techo de ceder ante la violencia de la naturaleza? A través de sus largas pestañas mojadas, Yuri observó la superficie, el humo provocaba cierta condensación allá donde el vapor caliente tocaba la fría piedra, pero el resto del escondite estaba seco y a resguardo. El viento ayudaba a que la humareda no se quedara mucho tiempo dentro, lo que podría ser terrible para sus pulmones, al disipar la niebla formada por la madera ardiendo. Yuri seguía helado y tiritando, pero poco a poco el agua de su piel fue desapareciendo. No fue así con su cabello rubio y sus pantalones, que se adherían a la humedad como si les fuera la vida en ello.

El pelo le caía por la frente y la mitad del rostro, y escondía parte de su mirada entornada y sus cejas fruncidas en concentración. Quería sacudir la cabeza para liberarla del exceso de lluvia, pero estaba tan agarrotado que casi prefería sentir el goteo desde su barbilla hasta su pecho desnudo. En cuanto a su prenda inferior, no tenía ni las fuerzas, ni las ganas, de quedarse desvestido por entero. Ya tenía suficiente con su estado de vulnerabilidad, como para encima aumentarlos al no llevar ropa alguna. Cuando se secase su camisa, se la pondría y se quitaría los pantalones, para que pudieran secarse en el improvisado tendedero que se había montado. Con los dientes castañeando, se rodeó el cuerpo con los brazos y se frotó con fuerza para que la fricción le generase calor. Resopló entre escalofríos que le habían puesto toda la carne de gallina y giró la cabeza para que fuera la mejilla la que se apoyaba en sus rodillas.

Estaba a punto de cerrar los ojos, cuando un trueno demasiado fuerte le sobresaltó y le hizo pegar un respingo en el sitio. Alzó los orbes aguamarinas, de un color muy verde al estar iluminados por las llamas, y vio una figura oscura en resaltada en la entrada de piedra. Un rayo trazó con su luz la silueta grande y musculosa, y por unos instantes Yuri se puso muy pálido y la sangre se le congeló en las venas. Alguien le había seguido, y venía a matarle. Tardó unos largos segundos en reconocer los atributos laguz del inesperado visitante, y en ese tiempo creyó realmente que iba a morir. Exhalaba miedo por todos los poros de la piel, y los finos vellos dorados de su cuerpo estaban alzados, producto de un escalofrío de puro terror. Hasta que no estuvo a una distancia mínima del fuego, que reveló su identidad laguz, no respiró, no se movió, no apartó la mirada.

Las orejas apelmazadas del tigre y su cola mojada, pero presente a su espalda, le devolvieron el latido a su corazón. No era un humano que le estuviera dando caza, no era un amo, no era un emergido. Estaba a salvo. El tigre no se había aproximado a él con intención de luchar por el refugio, si no que se alejó al otro extremo de la cueva como si él no existiera. El bailarín frunció un poco las cejas, molesto de repente por haber sido ignorado tan deliberadamente. - ¿Q-qué mierda ladras? – masculló, sorprendido y cada vez más enfadado por lo que el extraño decía. Sus dientes le castañeaban, pero su genio explosivo le ayudaba a calentarle por dentro. Sus mejillas, anteriormente blancas de miedo y frío, ahora eran dos tomates rojos que indicaban a la perfección la indignación que sentía.

- Eres tú quién viene a molestar.
– No se le pasó por alto el mal estado del laguz. ¿De dónde había sacado esas heridas? Tenían muy mala pinta, pero eso no era asunto suyo. Allí todos debían ser fuertes por sí mismos, y cada uno tenía sus propios problemas. Lo que sí que le preocupaba era que el enemigo pudiera seguir allí fuera. – Espero que la mierda que te haya hecho eso no te siga aquí. J-joder, te ha dejado hecho j-jirones. – comentó, y alzó una ceja. El agua de la lluvia taparía cualquier olor, y eliminaría la sangre del camino, pero Yuri no estaba del todo seguro de las habilidades de rastreo de los emergidos. Esos seres eran más poderosos de lo que aparentaban, y aunque no fueran laguz, sabían moverse por Gallia como si fuera su hogar. Apretó los puños. No moriría por el imbécil ese que acababa de entrar allí como si de la misma Ashera se tratase. ¡Qué se creía!

- Al menos sécate o algo, coño, que para eso he hecho un fuego. Que si no me vas a dejar el suelo h-hecho una mierda y vas a atraer a alguien con tanta sangre fuera del cuerpo. No te voy a defender si eso pasa, q-que lo sepas.
– le advirtió, seguro de sí mismo, aunque el aspecto débil y demacrado que tenía dejaba bastante claro que no era el más fuerte del lugar. Dándose cuenta de que quizás parecía que se interesaba demasiado por la salud del otro, añadió tras carraspear: O no lo hagas, me da puto igual. – giró la cabeza y miró a otro lado. El frío, el hambre, y la falta de sensación de seguridad le hacían ser irritable, incluso con alguien que tampoco le hacía hecho nada para cabrearle de forma activa. Bueno, al menos le había invitado, a su manera, a compartir el calor de la hoguera. No era tan desagradable como dejar que un compañero laguz tiritase en un rincón.
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Re: [Social] Everything the Rain Touches is Our Kingdom [Priv. Zeke]

Mensaje por Zeke el Mar Feb 27, 2018 9:17 am

Con el cuerpo pesado y entumecido por culpa de la fría lluvia, decidió sentarse no muy lejos de la hoguera. Extendió los brazos para que sus heladas manos comenzaran a recuperar el calor propio de ellas, aunque iba a ser difícil al estar completamente calado. No le molestaba la lluvia, es más, le gustaba, pero no se encontraba en las mejores condiciones y su cuerpo se quejaba por ello. Levantó la vista de las danzarinas llamas para posarla sobre el escuálido engendro que tenía frente a sus ojos. A pesar de tener cara de terror y de muerte inminente, todavía era lo suficientemente temerario como para alzarle la voz. Jodidos bichos, parecían perder neuronas durante su gestación –Ladrar ladrarás tú, a mí no me compares con un chucho pulgoso si no quieres morir –Le amenazó, entrecerrando los ojos antes de cerrarlos del todo. No le faltaban ganas de dormir, de descansar y de tirarse en el suelo para ello, pero no podía fiarse de ese individuo.

Con cara de pocos amigos bufó, arañando el suelo con una de sus menos por la simple mención del desgraciado que le había provocado aquellas heridas. Ni siquiera quería recordar el asqueroso rato que había tenido que soportar su presencia. Necesitaría algo de tiempo no solo para sanar el daño provocado, sino también para volverse más fuerte y cambiar las tornas en la siguiente pelea. Porque eso no se iba a quedar así. No descansaría hasta volver a encontrarle y hacerle morder el polvo.

Sin embargo, en ese preciso instante tenía otras preocupaciones que atender –¿Tienes miedo de lo que alguien no presente pueda hacerte? –Le molestó, y mucho, que estuviera atemorizado por ese jodido león de mierda. No era justo. No lo era. Él podía ser tanto o más peligroso que esa maldita maraña de pelo pelirroja si no hubiera sido un tramposo, así que la mirada de terror que desprendía ese ser flacucho y desnutrido le sacó de sus casillas –Creo que deberías preocuparte más por lo que alguien que se encuentra en el mismo lugar que tú es capaz de hacer, mierdecilla, todavía puedo hacer un par de cosas si me tocas mucho las narices –Arrugó la nariz una vez más, a pesar de que ya se había medio acostumbrado al hedor que desprendía esa cosa. Pero a lo que nunca se acostumbraría sería a su orgullo herido. Nunca se mostraría tan mal como verdaderamente estaba, nunca admitiría que no le quedaban apenas fuerzas como para defenderse, siempre aceptaría un reto o una lucha aun cuando fuera prácticamente un suicidio.

Abrió y cerró varias las veces las manos ahora que finalmente habían entrado en calor gracias a la hoguera. Debía ser la única parte de su cuerpo que tenía secas en ese momento pero era un paso favorable.

Levantó una ceja por las palabras que acababan de salir de aquella pelota rubia de pelos. Durante unos segundos simplemente le miró, sin articular palabra alguna, hasta que una sonrisa socarrona se extendió por su rostro –¿Es que lo que quieres es verme sin ropa? Parece que aunque no llevo demasiadas prendas estás bastante interesado en verme sin nada –Pero a decir verdad, no era una idea descabellada lo que proponía. Manteniendo la sonrisa divertida, se deshizo de su capa, tirando un par de metros hacia el interior de la cueva. Hizo un ruido más sonoro de lo habitual, como consecuencia del agua que inundaba la fibra de la que estaba hecha. Acto seguido, con un movimiento rápido de los pies dejó sus pesadas botas a un lado, aunque cerca de la hoguera. Tardarían una eternidad en secarse así que lo más razonable era que se secaran al calor de la lumbre.

Justo después, estiro las piernas, dejando sus descalzos pies próximos al fuego –Si te da igual, ¿por qué lo has propuesto en un primer momento? –Le gruñó, no sin cierta molestia –Lo que te ocurre es que eres un bocazas, y parece que te ocurre así con todo –Los branded nunca aprendían cuál era su lugar.
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Re: [Social] Everything the Rain Touches is Our Kingdom [Priv. Zeke]

Mensaje por Yuri el Dom Abr 15, 2018 8:46 am

Yuri le dirigió una mirada que pretendía asesinarle. Por supuesto que no tenía miedo. No, lo que pasaba es que no quería morir por las acciones descerebradas de un laguz moribundo. Sinceramente, duda que pudiera hacer mucho en esa condición de mierda en la que estaba. Se lo dejó saber con un resoplido de burla y un rodar dramático de ojos. – Sí, claro que sí, campeón. Un miedo horrible. – le replicó con algo de veneno, molesto porque osara decir que él, Yuri de Gallia, estaba atemorizado por algo. No era verdad y le hacía parecer débil. ¿Acaso un flacucho como él podría haber sobrevivido en el felino país si no tuviera la fuerza suficiente? Se había enfrentado al hambre, la soledad y a multitud de enemigos en su tiempo allí, algo imposible de evitar puesto que había emergidos por doquier, y había salido victorioso. Al menos, no había terminado como su inesperado inquilino, del que dudaba que pudiera hacerle nada. Estaba hecho una mierda y, aunque Yuri no era fuerte, sabía muy bien como oponer resistencia. Y tenía una espada que poco a poco había ido aprendiendo a utilizar. Había sangre emergida en su filo ya.

Aunque lo cierto era que esperaba que no llegasen a eso, por mucho que le pusiera de los nervios y lo considerase un cabrón, el tigre no era su enemigo. Tampoco era su amigo, porque lo cierto era que Yuri no es que tuviera muchos de esos. Más bien, Zeke era un amienemigo. Un tocapelotas pero no alguien que quisiera matar de momento, no mucho. Contento con ese razonamiento, el branded se permitió relajarse un poco. Como llevaba más tiempo frente a la hoguera, las partes de su cuerpo que estaban desnudas ya se habían secado bastante, aunque no podía decir lo mismo de su pelo o sus pantalones. Ahora, con un desconocido compartiendo el mismo espacio que él, no se los quitaría por nada del mundo. No se terminaba de fiar de nadie, por mucho que fuera laguz.  Por suerte, los escalofríos comenzaban a remitir y ya no le castañeaban los dientes. Sin embargo, el sonido de la capa al impactar contra el suelo le hizo pegar un respingo. Frunció las cejas y, para evitar parecer que se había asustado, se levantó de un brinco a pesar de que su cuerpo estaba agarrotado.

- Preferiría no tener que verte de ninguna manera, pero ya que te has apalancado ahí, sangrando en mi suelo, poco puedo hacerle. – le gruñó, sus mejillas ruborizadas ante la directa insinuación del laguz. La argolla de metal que llevaba al cuello y que le identificaba como un ex-esclavo era aún más visible con Yuri incorporado. Se giró para que no le viera con el rostro enrojecido de vergüenza y rabia, y fue hasta el final de la cueva murmurando para sí. Ahora también se podía ver la marca de branded que tenía entre los omoplatos, una forma negra en medio de su piel blanca. Farfulló. Incluso si no era muy alto, tuvo que agacharse un poco mientras tanteaba el suelo. Quería buscar una piedra lo más alargada y plana posible para ponerla sobre el fuego, quizás haría otra hoguera un poco más alejada donde colocar las brasas y cocinar algo de comida. En la caravana habían hecho comidas de esa manera, con una fogata para calentarse y otra más controlada para hacer la cena.

El enfado que hacía que su sangre corriera caliente y el hecho de moverse le vino bien. Entró en calor más rápido. Al final, tras mucho toquetear el polvoriento suelo de la cueva, encontró lo más parecido a lo que buscaba. Era como un adoquín amorfo, pero le serviría. Como pesaba, tuvo que llevarla sobre los antebrazos y contra su pecho, sus rodillas flexionadas a medida que avanzaba. Ignoró la capa tirada a su suerte. Pasó por el lado contrario a Zeke y la dejó apoyada contra la pared, cerca del resto de sus cosas. La limpió un poco con una mano para quitarle el polvo que la recubría, luego la limpiaría un poco con el agua de lluvia, pero eso serviría igual de todas maneras. Aún estaba pensando en sí compartir su comida con Zeke, ¿sería capaz de matarle por un bocadito? Le dirigió una mirada de soslayo nada discreta, como evaluando si era confiable o no. Pero, ¿acaso no iba en contra del código laguz dejar a un compañero morirse de hambre? El tigre no tenía la culpa de estar hecho jirones y no poder cazar. El hecho de poder proveer para alguien de su raza hacía feliz a Yuri, lo que se anteponía a su egoísmo personal de quererlo todo para él. Estaba indeciso.
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