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[Social] La traición nunca viene de un enemigo [Privado Hasim]

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[Social] La traición nunca viene de un enemigo [Privado Hasim]

Mensaje por Judal el Dom Nov 26, 2017 6:21 pm

Estaba del lado ganador. Daein ganaba poder, con ellos su príncipe subía en estatus y por consecuencia, él también en ambos. La sed le resecaba la garganta cada vez que lo había visto pasar delante de sus ojos sin poder tocarlo, el poder era una criatura esquiva y traviesa, seductora en el mejor de los casos, peligrosa en los peores. Pero después de tanto perseguirlo finalmente sentía que lo estaba consiguiendo. Sus logros se acumulaban uno sobre otro y como una escalera el consejero ascendía cada vez más alto, si era necesario pisar subordinados, lo hacía, si tenía que trepar sobre los hombros de su propio señor, también lo hacía. Había tenido casi que empujar a Pelleas por todo el camino, le había señalado y ordenado que avanzara, le había tenido que sacar los libros de las manos para que siguiera avanzando y no perdiese más tiempo, había parecido un camino interminable pero finalmente lo había conseguido. Era el gobernador de Crimea, casi como un rey solo teniendo como superior a un príncipe y un rey vecinos pero todo un país bajo sus pies.

Había sabido jugar muy bien sus cartas, no le habían tocado las mejores manos pero las había sabido utilizar a su provecho, había tenido que entregar más de lo que había estado dispuesto pero finalmente allí estaba, delante suyo el gran salón del trono, larga alfombra roja desde sus pies hasta las grandes puertas de robles, alto estandartes con las banderas de Daein a sus lados y bajo su trasero el trono donde solo reyes se habían sentado. Las telas que cubrían su cuerpo eran de la mejor calidad que el dinero podía comprar, una túnica de varias capas, roja por debajo asomando por su pecho y mangas y negras por el exterior, sujeta a la cintura por un amplio cinturón gris oscuro, se abría mostrando su pecho donde donde una cadena de oro sostenía un dije con un ojo de ónice, abrazando su cuello una gruesa gargantilla de oro con una imponente gema roja que siempre le acompañaba hacía juego con los brazaletes también de oro que cubrían casi todo su antebrazo desde sus muñecas. En la larga túnica tenía bordado en dorados varios ojos, mostrándose para los entendidos como adepto a Grima y miembro del colegio de magia oscura de Daein, rector para ser exactos. Estaba en el punto más alto que había llegado en su vida y sacaba tanto provecho de eso como le era humanamente posible.

La ciudad de Melior, capital de Crimea, era un hervidero de vida y con alta presencia militar, los crimeos que habían aceptado el nuevo regimiento prosperaban con sus negocios, el trabajo abundaba y el dinero comenzaba a fluir nuevamente, las tropas daeinitas necesitaban hogares en su nueva tierra así que los proyectos de reconstrucción rápidamente se empezaron a aprobar, se veían muchos trabajadores trepados a andenes de finos troncos pero fuertes colocando techos y alzando paredes, mujeres vendiendo comida en las calles para los obreros así como para los soldados que salían a su descanso. Las herrerías desbordaban de trabajo, la presencia militar requería armas y armaduras y las minas apenas podían abastecer la demanda. Nuevas familias de Daein se asentaban en la capital del país conquistado ya que los emergidos habían regresado a las tierras de Daein movilizando aún más la necesidad de servicios básicos. No era un lugar visiblemente elegante, la mayoría de la población eran familias de clase media y soldados, pero se veía, engañosamente, que era un país que se estaba poniendo sobre sus pies y creciendo a pasos agigantados.

Ebrio de poder se había vuelto flojo, seguro de lo que tenía ya ni siquiera lo cuidaba. Cumplía con sus tareas necesarias pero ocupaba cualquier resto de tiempo en enviar cartas para mostrar su nuevo título a todos los conocidos que tenía así y después estudiar forzosamente los libros de magia que intentaba dominar, aún sin éxito. Delegaba más de lo que debería y teniendo a Pelleas lejos dormía más de la cuenta. Pero el trabajo se le imponía ese día. Pelleas había enviado a un mensajero para informarle de la visita de un querido amigo, una figura política de Begnion que buscaría su consejo. Leyó con detenimiento la carta e hizo memoria... "Hasim de Seliora, hijo del duque"... había trabajado para casas nobles de Begnion años atrás, y en su juventud se había codeado con varias familias que pertenecían a la corte, incluso personas en contacto directo con la apóstol. Pero no recordaba claramente a dicho duque... quizás con un historial demasiado limpio y perfil demasiado bajo como para resaltar de los demás. Confió que cuando lo viese lo recordaría. Envió a quien tenía más a mano, en este caso un soldado, para que comenzara con los preparativos, que preparasen el salón de la biblioteca, uno de los pocos que ya estaban completamente restaurados después del gobierno emergido, que hicieran café, una delicadeza de su tierra natal a la cual se estaba comenzando a volver adicto, y cualquier comida que les pareciera extravagante para acompañar. El soldado, dudoso en inicio, obedeció auxiliándose con una sirvienta.

Los soldados del castillo ya esperaban en las puertas de la ciudad al invitado del gobernador, listos para guiarlo hacia la sala del trono donde este esperaba.
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Re: [Social] La traición nunca viene de un enemigo [Privado Hasim]

Mensaje por Hasim el Miér Nov 29, 2017 12:44 am

“Hengist fue tildado de loco, de rebelde, pero al fin de cuentas mira todo lo que ha logrado!”
De las pocas cosas que recordaba de su abuelo, esa frase era la que le había quedado grabada al pequeño Hasim, quien poco tiempo tuvo para compartir con él ya que murió cuando era todavía muy pequeño. Aunque era raro en la época que un niño conociera al padre de su padre, vivir en una casa de alto nombre solía hacer que la parca fuera más flexible a la hora de ir por ti, por lo que el anciano hombre tuvo la oportunidad de sentarse frente al infante para revelarle sus verdades sobre el mundo, tal como había hecho con su padre antes que a él.
Poco había entendido de esas palabras pero ahora, estando a las puertas de la nueva Crimea conquistada por Daein, creía comprender a lo que el anciano se refería.  

La companía del noble cruzaba las calles  tranquilamente sin ningún pormenor. Dejando sus carruajes a las afueras de la capital para no entorpecer por las calles en reconstrucción.  Hasim y su pequeña comitiva avanzaban a lomos de sus caballos a paso ligero, haciéndose complicado avanzar por la cantidad de gente y algún que otro escombro en particular.
Si bien se notaba que la ciudad había pasado por una guerra, la vida y el movimiento hacían que este detalle fuera menor. Sus habitantes se movían atareados de un lado a otro, hablando entre ellos de forma animada y tranquilla. También la fuerte presencia de estandartes de Daein alegraban la vista, obviando el hecho que era un recordatorio para los habitantes de que ahora eran una nación subyugada.
Mirando bambolear los estandartes con la vista perdida, Hasim sopesaba todo lo que estaba ocurriendo en este momento. Ya fuera una señal de su señora o un castigo, era difícil interpretar que pasaba en su patria. Pero si estaba seguro de algo, se irían a la ruina si seguían por el mismo accionar. Un cambio era necesario y urgente, de eso no le cabía duda. Pero como interpretar lo que estaba ocurriendo? Se había demostrado que los emergidos salían de la propia Begnion. Era de su centro que emergian de la tierra para invadirlo todo. De su propio corazón… de las entrañas de la patria que guardaba el descanso eterno de su señora.
Era Ashera en persona las que los atacaba? Era el castigo divino hacia la humanidad?
No tenía respuestas para ninguna de estas preguntas, solo sabía con certeza que ahora le dolía mucho la cabeza. Suspiró y atizó las riendas de su montura. Quería llegar de una buena vez a palacio así no seguía ahogándose dentro de su propia mente.

Enseñando los papeles que le había dado el príncipe Pelleas, los guardias le permitieron la entrada sin ningún contratiempo.
Ya habiendo desmontado y acomodado sus ropas, Entraron en el palacio en correcta formación, marchando Hasim por delante siendo seguido se cerca por sus hombres.
Tras sus espaldas, además de dos fornidos soldados portando el escudo de Seliora en sus pechos, le acompañaban  dos sirvientes cargando los regalos que trajera a su anfitrión. Como no conocía  este hombre de lo que conociera a Pelleas,por lo que los regalos eran más genéricos y no tan especializados. Uno cargaba unos rollos de fina seda lila y celeste, y el otro una gran jarra decorada muy rimbombante y sellada con un grueso tapón, conteniendo un exquisito y muy añejado vino, delicia  que había sustraído de la colección privada se su padre.

Al mostrarse ante él, dio una pequeña reverencia, sus hombres en cambio hicieron una reverencia completa y no volvieron a elevar la cabeza.

-Saludos gobernador! Me presento, soy Hasim, hijo primero del duque de Seliora en la vecina Begnion. He venido a felicitarlo por su reciente conquista y gran tarea en estas tierras.-
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Re: [Social] La traición nunca viene de un enemigo [Privado Hasim]

Mensaje por Judal el Mar Ene 30, 2018 2:01 pm

Su postura no era la más correcta sobre el trono, su cuerpo se inclinaba notoriamente sobre uno de sus lados, apoyando su peso en el posabrazos sobre su codo mientras su cadera adelantada dejaba su espalda curvada, su largo cabello suelto caía a su espalda y pasaba sobre el posabrazos libre hasta casi tocar la roja alfombra del piso. Relajado y un poco aburrido miraba la puerta a la espera, lo consideraba tonto y poco productivo tener que esperar allí a recibir a alguien, sobretodo sumamente aburrido, pero así lo dictaban las normas sociales. Al ser anunciado el heredero a duque por uno de su guardias el gobernador se enderezó solo lo suficiente para no dar mala imagen. Las puertas se abrieron de par en par y el peliblanco de tez trigueña se acercó, una vez que hizo su reverencia el pelinegro se paró y avanzó unos pasos con una sonrisa arrogante ligeramente ladeada. Sus pasos eran acompañados por un suave tintinear de pequeñas piedritas contra la cadena que las sujetaba a uno de sus tobillos, apenas asomando de la larga túnica cuando avanzaba, también se veían sus pies descalzos aunque unas sandalias de suela de piel y tiras de tela descansaban a un lado del trono. El pelinegro avanzó hacia quedar frente por frente - Bienvenido, es un gusto poder recibirle. El príncipe Pelleas me ha informado de su llegada, por favor, permítale a los criados que lleven sus pertenencias a la habitación que se le ha destinado. Oh, veo que ha traído presentes, muy atento. También se encargarán de ellos. - dicho esto con suficiente volúmen que se escuchó en todas partes de la amplia sala, se aproximaron dos criados que recibieron las finas telas y exquisito vino. Judal apenas observó de reojo las telas, el movimiento de esta al ser tomadas por el criado le llamó la atención, vaporosas y de caída ligera serían buenas para sus atuendos de baile, el lila le gustaba más, pena del celeste que no harían mérito a sus ojos ni a sus accesorios. Y el vino... no era gran fan de las bebidas pero había aprendido a apreciarlas al viajar en compañía de alguien tan amante del alcohol como el príncipe. Serviría un poco en la cena y si era de buen sabor guardaría para ofrecerle al príncipe y llevarse él los halagos de haber conseguido un buen vino.

Físico como era, extendió su mano para apoyarla en el hombro desnudo del heredero, apenas un toque sutil que no era más que un signo de confianza y casi de intimidad - Mi señor me ha dicho que tiene interés en otros asuntos y no solo presentar sus felicitaciones, que bien recibidas son. - conocía aquel ambiente y a ese tipo de gente, así como había llegado Hasim vendrían muchos más, interesados del país vecino que eran atraídos al poder como moscas a la miel. Muchos solo buscarían simpatizar para conseguir favor de la potencia bélica que mostraba ser Daein, quizás tierras en la Crimea conquistada o simplemente ampliar su cartera de contactos. Cualquiera de esos tratos no le eran de interés al pelinegro pero por el interés que había mostrado Pelleas por aquel joven ya podía ver que este trato podía ser diferente. No se había codeado con la nobleza de Seliora, lo que significaba que: o eran una familia con una moral muy limpia y asuntos muy trasparentes, alejados de la masa de corrupción que eran los otros duques... o que quien gobernaba esas tierras era un hombre sabio que sabía hacer tan bien su trabajo que los otros se llenaban de envidia y resentimiento excluyéndolo de sus actividades sociales... o simplemente cuidaba demasiado bien su imagen como para ser visto en tales pandemóniums de codicia y arrogancia.

Extendió su mano libre hacia una de las puertas laterales de la sala, abierta esta se podía ver en el interior las amplias estanterías que cubrían las paredes, mayoritariamente ocupadas por libros pero con varios adornos que rompían un poco la monotonía de la vista - Por favor, pasemos a la biblioteca, allí podremos hablar más tranquilos y en privado. Seguro está agotado por su viaje y sería una tontería rechazar un sillón cómodo y una bebida energizante, por su llegada he mandado preparar café, una bebida caliente y amarga de semillas tostadas de Jehanna. Que tonto soy, ni siquiera debería explicarle, seguro que la conoce, se está volviendo popular entre las delicadezas que traen los mercaderes de tierras extranjeras. - incluso en una posición superior jugaba un poco la parte de anfitrión servicial y pese a que su cuna no era noble había aprendido a hablar como si hubiese nacido en la cuna de un castillo.
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Re: [Social] La traición nunca viene de un enemigo [Privado Hasim]

Mensaje por Hasim el Jue Feb 22, 2018 9:37 pm

Hasim miraba intrigado a la persona sobre el trono. No juzgando su postura poco solemne, por Ashera era sabido que Hasim cuando no enfrentaba a cargos superiores al suyo podía mostrarse igual o más despatarrado y en paños menos apropiados. No, lo que tenía intrigado al clérigo era la apariencia femenina del gobernador de la nueva Crimea, mas no bien le escuchó hablar soltó un suspiro de alivio feliz de haberse equivocado.
Rápidamente disimuló el suspiro tosiendo torpemente. Una tonta y evidente tapadera, pero para el chiquillo era un movimiento maestro que ayudaría a mantener su descuido en las sombras.
Más animado ahora que sabía el género correcto de su anfitrión, le regaló una amplia sonrisa y una nueva reverencia.

-Ah! Muchas gracias mi señor-


Los criados a su espalda otorgaron los regalos a los de Judal y luego marcharon junto con ellos hacia los aposentos que les estaban preparando para que descansaran. Hasim miró solo de reojo a sus veteranos consejeros quienes eran guiados hacia la habitación, pero en ese rápido vistazo pudo ver preocupación en sus rostros. Tonterías de hombres viejos a los que la edad les hacía mella ya, él era perfectamente capaz de hacer las tratativas, de eso no le cabía la menor duda.
Volvió a mirar a su anfitrión al rostro y, ahora que le tenía más de cerca pudo notar que llevaba maquillados los ojos. Esto se reflejó casi de inmediato en su rostro, el cual arrugó levemente los labios. Porque un hombre querría usar elementos de chica? Esto eran cosas que no le entraban en la cabeza. Cuando colocó su mano sobre su hombro también le llamó poderosamente la atención, cosa de la que no fue nada disimulado, ya que miró alevosamente la mano sobre su hombro. En ese momento también pudo constatar la gran cantidad de alhajas de oro que decoraban sus muñecas, de confesión similar a las suyas propias.

-Oh! Yo tengo joyería de ese estilo. Son muy elegantes, le felicito.-

Comentó con tono alegre mientras volvía a levantar la cabeza. Si bien no era disimulado en notar la proximidad o los ademanes del gobernador, no pretendía decir nada en absoluto para llevarle la contra.

-Yo mismo tengo una vasta colección en ese estilo. Dan gran porte, no lo cree?-

Dócil siguió los pasos del bailarín hasta donde le guiaba.

-Ah! Ya creo que fue un viaje largo!-


Se quejó abiertamente en su tono habitual tomándose la confianza de hablar con libertad sobre su trayecto.

-Hemos tenido que dar todo un rodeo largo por culpa de las plagas e incluso hicimos parte del trayecto en las tierras que reclaman los sub humanos. Gish! Que espanto de camino… Y se hacen llamar reino!-

Hablaba en su tono agudo e irritante habitual, permitiéndose tener un lapsus de ira sobre el viaje mientras era conducido a la biblioteca. Cuando terminó inhalo largo para  calmar un tanto sus aguas y luego continuó hablando como hasta hacia un rato atrás.

-Pero todo esto valió la pena si he llegado a reunirme con usted.
El príncipe Pelleas habla maravillas de vos y de vuestra capacidad táctica… Le recomienda como uno de los mejores consejeros de hecho. Y he venido hasta aquí en busca de eso justamente: Su consejo.
Aunque me consta que todo esto ya se lo debe haber aclarado su majestad Pelleas de antemano, así que no lo aburriré repitiéndole lo que ya sabe.-


Acotó mientras se acomodaba sus pulseras en las muñecas.

-Lo de las semillas tostadas no estoy seguro de haberlo escuchado antes… Pero si se bebe caliente no me extraña que no haya llegado hasta mí. En Seliora no somos muy amantes de las bebidas calientes… Pero si de los vinos y licores.-

Cerró esa frase con una sonrisa picaresca.
Llegaron hasta la entrada de la biblioteca y dejó que su mirada se posara en cada rincón que tenía acceso desde el umbral. Por supuesto que no dio un paso más allá de donde su anfitrión le indicaba, siempre mostrándose muy respetuoso como invitado.
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Re: [Social] La traición nunca viene de un enemigo [Privado Hasim]

Mensaje por Judal el Lun Abr 09, 2018 1:21 am

Los pequeños signos de desagrado no pasaron desapercibidos por el pelinegro, si bien su exótica apariencia podía embelesar en un salón de baile o sobre un escenario, era diferente cuando se mostraba en ambientes más serios, ¡y eso que no estaba con sus prendas usuales si no con largas túnicas más propias de magos y sabios que de mujeres! Aunque tal diferencia no esperaba que fuese notada por alguien que no ha visto mundo. Aquel pequeño pensamiento le hizo alzar su mentón con más orgullo, si era mirado de lado era solo por un hombrecito que no había viajado y no había visto las maravillas del mundo, él en cambio como viajero que era siguiendo el honorable trayecto del príncipe sabio, había visitado numerosos castillos, mansiones y palacios y visto innumerables tendencias de moda de todo el mundo. Claramente era falta de gusto del otro y no una desubicación suya su apariencia. Renovado su orgullo y barnizada su seguridad, brilló con mayor fuerza en una sonrisa ladina que alzaba más una comisura que la otra - Gracias, gracias. Son hechas a pedido por una joyera exclusiva de su tierra, Begnion. - no era otra que su propia madre pero no lo diría, no podía arriesgarse a que sus orígenes más humildes, menos cuando estaba tan alto ahora.

Se alivió de estar a solas, había visto que los sirvientes del otro no eran solo personas jóvenes, como deberían ser, fuertes para el viaje y la carga, si no también hombres mayores, donde lo que más valía sería su mente... quizás consejeros o tutores, como fuese, no ahora que se iban a sus habitaciones podía hablar a sus anchas con el joven peliblanco sin que tener que cuidar sus palabras de personas ajenas a ellos. Asintió con la cabeza mientras el otro hablaba sobre su viaje, cosas que no le interesaban pero sería descortés cortarlo, solo se limitó a no prestar atención y seguir su camino haciendo algún “ahá”, “ohh...” y “mire usted...” ante sus palabras. Hasta que escuchó el nombre de su señor y prestó atención. En la estancia le extendió la mano para mostrarle el sillón donde sentarse, cómodos, con una amplia piel de tigre sobre el respaldo, de un tono teal bastante común de la raza laguz, en el centro una mesa baja donde ya había la bandeja con los dulces y el servicio de café, tazas más que pequeñas que las de té y una tetera con un olor sumamente fuerte, mucha azúcar, crema y leche en jarritos y un pequeño arreglo con flore secas y rocas que Pelleas había comprado en Plegia y había insistido en que se lo quedase allí. Sin entender solo lo dejó en la biblioteca donde tanto libros de Crimea, encontrados allí mismo en el castillo como los tomos que el príncipe coleccionaba se alineaban en las paredes - Me alegra mucho que mi señor tenga tan buena fe de mi habilidad, tampoco le he dado razones para que dude de ella. - dijo sacando pecho como si mostrase como prueba de esto el puesto que ahora ostentaba.

Tomó asiento en el sillón de un cuerpo dejando el otro libre y con un gesto de la mano despidió al sirviente que se acercaba con intención de servir. Quería estar a solas, más aún que el otro expresaba sus intenciones. El sirviente cerró la puerta a sus espaldas y el pelinegro se inclinó sobre la mesa para servir el oscuro líquido en los pocillos - Se toma caliente, si, y es muy amarga así que si quiere suavizar con leche o nata siéntase libre. También de agregar azúcar a gusto. -  decía mientras él mismo agregaba un pequeño chorrito de leche y agregaba un par de terrones de azúcar, que para el reducido tamaño de la taza parecía ser mucho. Revolvió y se sentó apoyando su espalda en el respaldo - Pelleas no ha sido muy claro con sus intenciones, pero si que buscaba mi consejo. Quizás quiera iluminarme ¿o prefiere solo una charla y ver mi opinión sobre el asunto sin un consejo directo? -
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