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[Entrenamiento] Las desgracias nunca llegan solas [priv. Jeanne]

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[Entrenamiento] Las desgracias nunca llegan solas [priv. Jeanne]

Mensaje por Semiramis el Dom Nov 26, 2017 8:29 pm

Puedan pasar, puedan pasar ~ —Canturreó en voz baja, avanzando entre árboles y árboles cuales más altos de los anteriores. Su paso grácil, su mirada fija al frente, como una sombra oscura moviéndose entre matices de verde y azul— ¿Qué estrecho sendero es este de aquí? ~ —No miró en ningún lugar a pesar de que su cancioncilla infantil algo sentido debía tener.

Es el estrecho sendero a la ciudad herejes ~ —Pisó con más fuerza el suelo ante ella, su tacón profundizó en la tierra, pero se movió con la facilidad de alguien acostumbrada a ello. ¡Ah! ¡Que agradable debía de sentirse chafar cráneos con eso!Por favor, permítame atravesarlo ~ —Pero claro que lo atravesaría, aunque no tuviese permiso para hacerlo.

Solo que, en ocasiones era más agradable pedirlo, solo por cortesía, nada más. De todas formas ¿qué era lo que debía hacer? ¡Cierto, cierto! ¡Cazar herejes! Estúpidos seres, pensando que podían esconderse de ellos solo por alejarse de las fronteras de Plegia. Ella sabía bien donde buscar, sabía bien que no iría sola y que, a diferencia de otras veces, sería auxiliada— Sin la buena razón no pueden pasar ~

Dio un pequeño salto, esquivando así una inoportuna raíz crecida en medio del camino. Cuando pisó suelo con la punta de sus zapatos, limpió su vestido de arrugas, juntó ambas manos en el regazo y volvió a emprender su solitaria marcha, sus labios no se quedaron quietos tampoco:— Celebro el 7º cumpleaños de esta hija ~ —Jeanne, Jeanne, Jeanne.

Curioso que la persona que la acompañaría compartiera nombre con aquella muchacha que antaño había conocido, cuando ni ella, ni la otra, serían como ahora, cuando aún las lágrimas bañaban sus ojos. Pero era imposible ¿Verdad? Ella estaría muerta, lo había presentido desde el primer instante— He venido a presentar mi ofrenda. ~ —Ofrenda de carne, huesos y sangre.

Giró cerca de un abeto, siguiendo el camino, el sendero, sin cambiar la suave sonrisa de sus labios, ni el porte orgulloso y majestuoso, casi arrogante, digno de ella— La ida está bien, está bien, pero la vuelta puede dar miedo ~ —Miró a un lado y otro de reojo, divertida. Al frente se veía la linde del bosque, quizás esperó encontrarse algo, decepcionada avanzó.

Miedo pero... ~ —Frenó en seco sus pasos, entrecerró los ojos, la curva de sus labios subió en sonrisa suave y continuó de nuevo:— puedan pasar, puedan pasar ~ —Cruzó el límite, entró en el pueblo pequeño y olvidado, escondido. Hereje ella sobre todos los demás, cantando una canción que no pertenecía a sus tierras ni por asomo.

Dulcemente se inclinó hacia un lado, percibiendo una presencia cerca. Echó ligeramente hacia atrás sus orejas y en sus labios una pequeña y tierna "o" se formó, símbolo de todo su asombro— ¡Jeanne! —Exclamó. Perdiendo la noción de sus modales, dejó sus brazos bajar y apresuró su paso hacia la susodicha.

Sin pudor alguno extendió sus brazos hacia el cuerpo de la mujer en un abrazo e inocente, tiró de ella hasta apoyar su cabeza en su propio pecho— ¡Ah, cariño! ¡Te pensé muerta! Pero eres tú, oh, cielos, no cambiaste ni un poco —Cerró los ojos y una sonrisa de oreja a oreja se posó en sus labios. ¡Por la gracia de Grima! ¡Esa niña estaba viva!
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Re: [Entrenamiento] Las desgracias nunca llegan solas [priv. Jeanne]

Mensaje por Jeanne el Dom Nov 26, 2017 11:25 pm

Bien, la habían avisado de aquello. Que tendría ayuda, que debía de acudir a uno de aquellos pueblecitos abandonados. Y asegurarse de que siguieran igual: abandonados, pétreos... Sin vida alguna en ellos. Esa era su labor, robar la vida que pudiera quedar en ellos. Tomarla para sí, como lo haría un espíritu con ansias de vida de poder hacerlo, como lo haría un sediento en medio de un oasis lleno de paz y provisiones. Pero no era para ella aquello, no. Era para aquella figura divina que guiaba su camino, que la llevaba por su linde y que la hacía moverse con la fuerza de un titan de hacer falta. Todo había cambiado tanto...Tanto...

Lloros, llantos, sangre, humillación, dolor, pena, impotencia, rabia... Odio.

Sentimientos conocidos, encontrados, sabidos y que sabía reconocer. Oh, claro que los conocía. Los había vivido en su propia piel, en su persona. Era, también, lo que le había forjado a lo que era ahora: la imponente y tétrica figura acorazada que, caminando con la firmeza adquirida por la experiencia y la seguridad, iba cruzando el bosque a su paso. Sin prisa pero sin pausa. Escuchando susurros de la naturaleza acompañarla.

Su mirada rival al oro se desvió unos instantes al creer escuchar un murmullo real, vívido: la voz de alguien. Mas desistió al no lograr volver a escucharla y, siguió adelante. Cruzando el bosque. Abriéndose camino, esquivando lo esquivable. Sin detenerse.

Sí... muchas cosas habían cambiado. Pero había otras que...

Y en el momento en que se topó de lleno con la entrada al pueblo mencionado y, por ello también abandonaba la última parte del bosque, fue cuando una oscura figura se anteponía entre la general y el objetivo de la misma. La vio voltearse. Sus ojos, compañeros de tonalidad, se cruzaron. Y para su desconcierto que no pudo demostrar todo lo que quiso, fue de golpe llamada. Abrazada. ¿Ah?

Espera, espera... ¿qué era eso? Esa era... ¡No había cambiado! ¡¡Ella sí que no había cambiado nada!! Y claro, la reconoció. Por eso más desconcertada no podía encontrarse Jeanne de volver a verla. ¿Cuánto había sido ya? Y durante unos segundos, se quedó tal cual la habían dejado: apoyado el lateral de su rostro en la cálida piel del pecho de aquella mujer, abrazada como si fueran amigas de toda la vida.

Pero al poco se apartó y miró con reprocho a la pelinegra. De verdad... mira lo que le decía. - Mira que creerme muerta... ¡Vaya mierda de saludo es ese! - Le espetó aquello. Para que se viera que 'Grima las cría y ellas se juntan', ¿los modales dónde estaban? pero no tardó en sonreír de lado, dando un solo paso adelante para poder permitirse pellizcarle la nariz a aquella marcada a modo de 'castigo no merecido'. - Y aquí la que no cambió nada fuiste tú.

Y eso, era un hecho. Estaba tal cual... Hasta en su retina parecían emparejarse la imagen real con la de los recuerdos. Sí... cuando conoció a Semiramis ella era una cría con miedo y temores. Ya no. No había rastro de la niña que había sido.
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Re: [Entrenamiento] Las desgracias nunca llegan solas [priv. Jeanne]

Mensaje por Semiramis el Jue Dic 07, 2017 9:22 pm

¡Ah! —Se quejó dramáticamente, exagerada. Dio un paso hacia atrás, cruzándose de brazos dejando así más pronunciado su busto, el escote que dejaba ver lo que de por si no mucho intentaba esconder. Contoneó un poco sus caderas, balanceando su oscura vestimenta en el proceso y suspiró, disgustada.

¡Que boca sucia! —Sería complicado, a tales alturas, distinguir si la suya era una queja o no, porque, siendo sinceros, Semiramis no era el tipo de mujer que llegase a quejarse por la forma vulgar de hablar que algunos tenían, pero dado que podía permitirse el quejarse, lo haría, claro que lo haría— ¿Quieres que la lave, mi querida? —Inquirió, algo arrogante. Sus orejas se movieron casi imperceptibles, relamió sus labios.

Pero toda sensualidad existente en cualquier momento desapareció con el pellizco. Casi se mordió la lengua, dio un ligero salto hacia atrás y tras parpadear, sorprendida, dibujó una mueca, levantando una de sus manos hacia su pequeña nariz, acariciándola distraída— Y además, violenta. Que El Eterno de paciencia a esta condenada —Extendió ambos brazos a un lado y otro, rodó media vuelta usando el tacón de su zapato y sonrió, oscura, para si misma.

Recapitulemos ¿Cuál era su trabajo en aquella ocasión? Oh, claro, lo sabía bien, no crean que había olvidado algo tan importante como deshacerse de herejes en tierras santamente oscuras. ¿Pero cuál sería la mejor opción? ¿Jugar un rato con sus mentes? ¿Fingir esperanza cuando a todos solo les esperaba desesperación?

Miró a la mujer por encima de su hombro y le sonrió, mezquina— ¿Tú crees que no haya cambiado? ~ —Volteó de nuevo, avanzó hacia Jeanne con paso seguro y elegante, casi ajena a todo lo que dentro de segundos estuviese por suceder en aquél lugar, de la sangre que sería derramada y los gritos que romperían los cielos. Inevitablemente. En nombre del oscuro señor.

Jeanne —Susurró su nombre en tono dulce, extendió una mano, rozando el brazo de ella con los dedos antes de acercarse más y abrazarse a él, tal cual haría con un hombre, meras costumbres. ¿Qué más daba que estuviese una mujer a su lado? Al fin y al cabo, seguía respirando— Sabes cuál es nuestro deber ¿Cierto? —Entrecerró sus ojos con suavidad, aún observando hacia el frente, pero bajo.

¿Qué deberíamos hacer? —Solo entonces desvió a la general su mirada— ¿Apuñalar a todos por la espalda? ¿O acabar directamente con sus vidas? —De todas formas ella haría como quisiese, ese era un hecho. Pero, le gustaba la plática, le gustaba el calor que desprendía, ese inconfundible olor a muerte y destrucción, tan diferente a la luz.
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Re: [Entrenamiento] Las desgracias nunca llegan solas [priv. Jeanne]

Mensaje por Jeanne el Sáb Ene 06, 2018 9:55 pm

Eas queja le trajo recuerdos. Muchos, demasiados recuerdos. Unos que, a pesar de lo tremendamente terroríficos que pudieran sentirse, no causaron que el pánico dominara a la fémina plantada allí como una férrea estatua digna de admiración. Sonrió, las comisuras de sus labios se curvaron lentamente para esbozar una sonrisa mordaz, sardónica e incluso burlesca por esa queja fingida, por ver a aquella mujer tornarse cual damita indignada. Mordió su labio inferior para contener la carcajada. Oh... ahora tenía más ganas de incordiar. Pero paciencia... E imperturbable en su porte, ante esa sugerente sugerencia solo entrecerró su mirada con gracia.

- Dale paciencia y más talento de interpretación a esa pobre condenada, porque me está asqueando sus intentos de hacerse la 'niña correcta' - Todos cambiaban... El mundo cambiaba... Nada quedaba como era, todo estaba sometido al cambio. Pero era verdad que el cambio no era la solución. Porque el pasado persistía, sometía al futuro. Y con ello, a los vivos que cargaban con ambos pesos sobre sus figuras.

Cruzó sus brazos, ladeó un tanto su rostro, haciendo que los claros cabellos beige cedieran al movimiento a pesar de que su longitud no era larga. Y su mirada, afilada como una daga dorada, no perdió de vista en ningún momento la figura de la que sería su compañera en aquella misión. Se volteaba, acercaba. Jugaba, era obvio que jugaba. Y no se apartó cuando sintió cómo hacía contacto sobre su brazo, aferrándose a él poco después con delicadeza. Sólo ahí fue que su mirada se desvió del rostro de la conocedora de artes oscuras para fijar su mirada en esa mano descarada que ahora reposaba como si nada sobre su brazo. Susurrando encima como si se creyera con derecho a intentar cautivar. Sonrió de nuevo, retorcida. - ¿Sabes tú realmente lo que deberías de hacer? - El misterio baño las palabras de la general plegiana con esa cuestión. Un retorcido y peligroso misterio ante el verdadero significado de lo que conllevaba ese interrogante. Y cuando sus miradas se cruzaron, la mano de Jeanne, rauda, se dirigió hacia el mentón de la mujer de peculiares rasgos que aun tenía aferrada a ese brazo. Tomó sin cuidado alguno el mentón ajeno, obligándola a ceder su cabeza y a acercarse más al propio rostro de la plegiana de clara cabellera. - Pequeña víbora, deja tus siseos de lengua bífida para otro momento y vamos a ponernos a trabajar - Comenzó a decir con parsimonia, sin soltarla aún de aquella 'trampa' de sus dedos escondidos bajo el cuero de sus guantes mientras en sus orbes destelleaba un brillo peligroso. - Haz lo que creas conveniente con esas mierdas con piernas, mientras no quede ninguno vivo.

La soltó, apartó su brazo en un escueto gesto y comenzó a avanzar hacia aquella aldea maltrecha pero con vida. Cosa que no debía de ser así, no. Y mientras el tétrico y escalofriante sonido del metal chirriando al salir de su funda rompía el silencio creado en el ambiente, acompañaba como una serenata de trompetas el inicio y fin de aquello: con la sangre usada de adorno y ofrenda y el coro de gritos siendo sucesor a ese aviso inicial.
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Re: [Entrenamiento] Las desgracias nunca llegan solas [priv. Jeanne]

Mensaje por Semiramis el Dom Feb 04, 2018 10:40 pm

¡Ay, por El Eterno! ¿A qué venía tanto odio por parte de aquella oscura dama? Y pensar que años atrás era tan linda con lagrimones en sus ojos claros. Pero claro, desde entonces ambas habían cambiado, tanto a diferencia de sus palabras... Habían cambiado tanto... Que quizás ahora solo se reirían de si mismas, de aquellas crías asustadizas de entonces.

Pero si bien sus ancestros quizás fuesen capaces de percibir las emociones, Semiramis no era más que una sucia marcada, fruto de algún atrevido sub-humano y humano que en algún momento no encontraron otra cosa mejor que darse calor en una húmeda noche... Uh, sí, realmente húmeda. Por ello saber lo que pasaba por la mente de Jeanne era un total misterio para ella.

¿Quizás odio por su raza? Sus largas orejas siempre la habían delatado y en aquella ocasión era capaz de levantar la cabeza con orgullo por sus armas impropias. ¿Quizás celo? Oh... ¿Estaría ella celosa de que también sirviese al inquisidor? O quizás... Quizás Jeanne era de esa forma, quizás se estaba carcomiendo la cabeza demasiado para encontrar una respuesta a lo que no tenía.

Y de todas formas, eso a Semiramis realmente no interesaba. Que la amaran u odiaran, era simplemente lo mismo. Es más, sonrió inocente ante aquella especie de súplica poco disimulada— Veo que la paciencia no es uno de tus dones —Murmuró, dulce como siempre. Tan dulce que hasta era desagradable— Curioso, porque los zorros necesitan paciencia para conseguir a sus presas —Y ahí estaba, hermosas palabras obsequiadas sin razón más que la de molestar.

Solo había que pensar un poco para percibir la inocente indirecta pronunciada por su sonriente expresión. Y a pesar de que se vio acercada tanto a ella, no intentó romper el contacto, permaneció observándola, sus ojos dorados, sus pupilas rasgadas como las de un minino, fijas en los bellos ocelos ajenos— Quién sabe ~ —Canturreó, encogiéndose de hombros con despreocupación— ¿Me lo volverías a explicar amablemente si dijese que no, querida? —Y no cabía destacar la burla en sus palabras venenosas.

Y finalmente soltó un quejido en bajo, más que dolor por el mero gusto de quejarse, en cuanto la otra alejó de aquella forma su mano— Pero que violenta... —Murmuró volteando hacia ella, en bajo, un lastimoso susurro aún cuando la sonrisa danzara en sus rosados labios. La observó avanzar, cual hermoso ángel de la muerte en medio del paraíso y sonrió más marcadamente. Sus largas orejas se movieron suavemente en gesto de atención ante el chirrear de la espada saliendo de su custodia y tras cerrar sus ojos para reír en bajo, avanzó también.

Se contoneó, su amplia falda se balanceó de un lado a otro y ella, como actriz en medio de un teatro, extendió a un lado y otro sus brazos, en sus labios vivía una sonrisa poco cuerda, casi demencial, pero segura, arrogante— Escuchadme, oh herejes —Sus manos bajaron, su voz sonó bien clara por encima del silencio. Segundos después de entre los pliegues de su vestido sacó un tomo oscuro, hojeando las páginas sin siquiera dirigir una mirada.

Por El Inquisidor y El Dragón Oscuro —Su mirada se fijó al frente, donde más allá, un grupo de granjeros retrocedía, gritando algo que consideró poco importante— yo, Semiramis —Sus dedos rozaron las páginas con suavidad, como un amante— os condeno a muerte —Susurró unas palabras bajas con la seguridad de alguien que conocía bien esos grimorios.

Y la misma mano que acariciaba las blancas hojas, se extendió al frente, poseída por pequeñas descargas de energía oscura, de un violáceo color. Ante su brazo extendido al frente un símbolo mágico del mismo color se formó y de ahí, oscuras saetas fueron disparadas en dirección al pequeño grupo de hombres, traspasándolos con crueldad y dándoles muerte.

¡Ah! ¡Ese día llovería sangre!
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