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[Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

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[Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Dom Nov 19, 2017 4:41 pm

Aquella mañana, la pequeña villa colindante a la carretera real amanecía con los primeros rayos del sol despuntando en el horizonte, y también con el inusual sonido de las campanas reverberando a todo volumen y sin descanso. Pero no. No eran las corrientes que servían para anunciar la hora al pueblo, como de costumbre; en ese caso era un aviso de alarma. Por fortuna, se trataba de uno protocolario para los ignorantes y despistados que no atendieron a la misiva del ejército que arribó ayer en la localidad, y a esas horas ya no circulaba ni un alma por las calles. Todas las familias y comerciantes ya estaban resguardadas en sus hogares, seguramente anhelantes por el constante tañido de las campanas.

Esto le traía recuerdos de hace unos días. Ah, pero menos mal que esta vez el pronóstico apuntaba a uno mucho, pero mucho más favorable. Una vez más, el destino le había plantado en su camino a esos infames demonios de ojos rojos, los emergidos. Vaya… Y pensar que no se volvería a toparse con ellos tan pronto. Mentiría si dijese que sus dos refriegas anteriores la marcaron bastante, pero al menos no lo suficiente para hallarse esprintando hacia la salida del pueblo, para luchar. Una vez más.

La buena noticia es que el mismísimo ejército real de Ylisse ya tomó cartas en el asunto y destinó un pequeño pelotón al encuentro de los invasores que se acercaban. De ahí que fuese más favorable que la refriega en aquel pueblo, pese a que saliesen victoriosos y ella se ganase dos nuevas amistades. Como última medida, también se mandó un aviso a los mercenarios de las cercanías que de ofrecer su apoyo a las tropas, serían recompensados.

En fin, el dicho de siempre: el dinero estaba bien, pero el deber de su hacha era el salvaguardar toda vida ajena que pudiese. Quizás era por estas cosas que el espíritu justiciero hasta el último poro de su piel, y acababa olvidándose de los pesares vividos contra los demonios el tiempo suficiente para arrojarse una vez más al deber. Hellen tenía razón; a veces podía llegar a ser una boba de remate con un corazón de oro. Y lo peor de todo es que su amiga le daba ánimos para que no cambiase nunca. Le daba vergüenza admitirlo, pero por una vez en su vida se sentía orgullosa de ser lo que era en realidad, una boba demasiado bondadosa.

O tal vez es que se le estaba pegando parte del orgullo de Gerard por su noble oficio en la hidalguía. La verdad es que le parecía encantador que mostrase esos ideales tan puros, y esperaba que él y Corrin volviesen pronto de sus pequeños periplos para recoger información. Por su parte, ella tampoco podía quedarse de brazos cruzados mientras les esperaba. Necesitaba mantenerse ocupada para sentirse realizada, y ayudar al país que amaba y siempre era una buena solución.

En las afueras del pueblo, pudieron llegarle ya a los oídos los clamores de los aceros chocando entre ellos y los rugidos de aliento, el mismísimo fragor de la batalla encarnado en una melodía que para su pesar, ya se conocía desde hace mucho tiempo. Alanna distinguió en lo alto de una colina los uniformes de los defensores del país, con sus portadores batiéndose en combate con la que debía ser la facción enemiga. Fue entonces cuando su carrera se aceleró, dirigiéndose al lugar de la contienda y deslizando su diestra a la empuñadura de su fiel compañera que colgaba de su cinto. La adrenalina se disparó y fundió con los ríos por los que circulaba su sangre, y es que necesitaba estar todo lo mentalizada y preparada en el instante que viese una de esas miradas carmesíes refulgir.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Lun Nov 27, 2017 6:23 pm

No habían pasado demasiadas lunas desde la última vez que había decidido salir a patrullar junto con los custodios las muchas áreas donde todavía quedaban restos de enemigos. Tras la liberación de Ylisse, se habían dispersado, provocando que sus tropas tuvieran que dividirse si querían acabar con la amenaza de forma rápida, mas no quería arriesgarse a perder ningún hombre más cuando con una buena estrategia de la mano de una ofensiva eficaz podía acabar con cada uno de los pequeños núcleos de emergidos que restaban. Había optado por una solución intermedia. No podía darles lugar a que se reagruparan, aumentando la amenaza que supondrían, pero tampoco podía enviar grupos demasiado pequeños sin hombres de confianza que los guiaran durante la batalla.

Tras haber luchado fervientemente, aplacando con ira las últimas defensas de un pequeño grupo de soldados de ojos carmesíes cercano a la frontera con Plegia, se desplazó hacia el sur, liderando un pequeño pero efectivo grupo de sus más allegados compañeros, los Custodios. Rodeado de personas que contaban con su máxima confianza, no tenían apenas que intercambiar palabras para conocer el cometido de cada uno de ellos, llegado el momento de batallar. Aunque formaban parte del ejército de Ylisse, él mismo, o en su defecto Frederick eran los encargados de proponer nuevos integrantes, si bien eran especialmente selectivos en lo que a ampliar la familia se refería. Porque eso eran, una gran familia, donde todos confiaban los unos en los otros, donde nunca había malos entendidos, ni malas intenciones, donde todos luchaban por un mismo y valeroso fin, por la paz de Ylisse, por su reino.

Cuando hubieron llegado a su destino, acamparon a la intemperie. Más que descansar en cómodas posadas donde, completamente gratis si los reconocían, tenían todo tipo de facilidades, prefería en muchas ocasiones la compañía del cielo abierto, de las estrellas y de una humilde fogata como compañeros de noche. A pesar de las bajas temperaturas de la estepa, era cálido. Incluso estando acostumbrado como lo estaba a las comodidades de una noble vida, sentía que aquellas vivencias tenían mucho más valor, y daban realmente sentido a su misión. Sin embargo, no dio tiempo a que la noche cayera sobre sus hombros.

Los dos hombres que se habían adelantado a la posada del pueblo más cercano regresaron velozmente sobre sus corceles, con rostros cubiertos por perlas de sudor frío y consternación –¡Capitán! los emergidos están preparándose a las afueras del lugar, debemos darnos prisa, no tardarán en alzarse en combate! –Le tenía dicho a sus hombres que no usaran distintivos con él, por lo menos no los propios de la realeza. Si deseaban referirse a su título del ejército podían hacerlo, aunque referirse simplemente a él con su nombre era lo que prefería.

Se levantó apresuradamente de donde se encontraba descansando y se dispuso a dar órdenes a sus hombres. No había tiempo que perder. Esos malditos seres siempre atacaban aldeas desprotegidas, alejadas de núcleos mayores, ahora que su presencia y poder en el reino había disminuido. Frunció el ceño, llegarían a tiempo.

Una vez atravesada la aldea, donde los ciudadanos corrían, nerviosos por la presencia enemiga, o bien se armaban aquellos que sabían luchar, pudo ver en la pequeña planicie un grupo no demasiado numeroso de emergidos, pero peligroso de igual manera. Había aprendido a no menospreciar a unos adversarios no solo dignos en combate, sino en fuerza de voluntad, ya que seguían luchando incluso aunque parecía imposible, hasta que exhalaban su último aliento. Nunca había observado nada igual, ni el más valiente y feroz de los guerreros era capaz de tal hazaña. Señaló hacia ambos flancos, para que la caballería se dividiera –¡Rodeadlos! Cerquémoslos antes de que se acerquen demasiado al pueblo –Les ordenó.

Una explosión de calor le recorrió el cuerpo justo antes de correr hacia el primero de los enemigos, alzando un grito de rabia, si querían hacer algo a esas pobres gentes antes tendrían que pasar por encima de él. Su primer oponente ya había caído cuando captó un destello dorado adentrándose en el campo de batalla. Una joven de áureos cabellos, empuñando un hacha que parecía pesar demasiado para ella se colocó junto a sus soldados, auxiliándoles en la tarea de acabar con un emergido lancero.

Un empujón le hizo retroceder un par de pasos, tiempo necesario para que su nuevo enemigo tomara la iniciativa. No debía distraerse, pero aunque le alegraba que los civiles fueran valerosos, no siempre era el escenario adecuado para ellos. Y esa vez no era más que una chiquilla que rondaba la edad de su propia hija, simplemente no podía dejarla a su suerte –¡Por la izquierda, joven! –Esperaba que aprovechase esa oportunidad, si le asestaba un fuerte golpe con su arma cuanto menos desestabilizaría al enemigo. Paso a paso, golpe a golpe, lo conseguirían, reducirían a cero la amenaza.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Miér Nov 29, 2017 3:00 pm

A cada zancada con la pateaba la hierba de la colina, más fuerte se volvía el tronar del metal que reinaba en el campo de batalla. Con los supuestos rumores de que la avanzada enemiga que venía de frente no contaba con grandes números, los confirmó con echarle un fugaz vistazo al percal que se le presentaba de frente. Serían pocos, pero bajo ningún concepto se podía permitir bajar la guardia ante ellos porque, dioses, los muy malditos luchaban con la fiereza de bestias. Incluso la compañía del ejército se estaba viendo obligada a dejarse la piel para contener su acometida. Iba a ser duro, pero eso Alanna ya lo tenía más claro que el agua; esos demonios de ojos rojos no la volverían a pillar desprevenida esta vez. Serían incansables, pero para nada invencibles, y por la Madre Naga que ya no les volvería a tener miedo.

Esprintó, con la adrenalina disparándosele a niveles exagerados, nada más ver el primer par de rubíes centelleantes en el rostro de un lancero enemigo al que a un par de soldados se les resistía. Su tenacidad le recordó a la misma que presenció en aquel pueblecito rural y en las cercanías de la frontera con Regna Ferox, suficiente para imbuirla de aliento y arrojarse cual flecha contra el enemigo. Hacha en mano, se aprovechó de que el lancero reajustaba el agarre de su arma para hacerla descender en un arco sobre esta y anclarla en el suelo. Rechinó entre dientes y voceó: —¡Ahora, vamos! —El par de soldados titubearon un par de segundos tras su entrada inesperada en combate. Gracias al cielo que poseían un mínimo de temple para una respuesta rápida con la que ensartaron sus lanzas en el pecho del emergido. Ni un mero sonido salió de su boca antes de desplomarse como un muñeco de trapo… igual que los otros.

Solo entonces los soldados parecieron querer decir o expresar algo, pero eso Alanna no lo llegaría a saber porque ya se estaba movilizando del lugar para asistir a cualquier otro grupo que estuviese en apuros. No había tiempo para cháchara innecesaria con el enemigo encima suya, tenía que ser todo lo rápida y eficiente que pudiese porque esos malditos engendros no perdonaban ni el menor descuido.

Le llegó así una voz grave que se dirigiría a ella por el “joven”. A unos escasos metros dio con un hombre que le daba la espalda y miraba de soslayo, de capa y uniformes zarcos, mucho más notorios que la armadura reglamentaria de soldado. Si se trataba de algún cargo superior del ejército, no lo pensó mucho al ver que se batía contra un rabioso emergido que no le daba tregua. Alanna sólo necesitó la escueta indicación del mayor para flanquear al enemigo por su izquierda y sesgarle parte de su costado con un tajo horizontal. La criatura se arqueó hacia un lado, a lo que el espadachín contestó sin compasión alguna y su hoja refulgió a la velocidad del rayo. Un golpe de gracia ejemplar en donde los hubiese, aquel hombre no era ningún manco en lo que se refería a técnicas de esgrima.

Sin lugar a dudas debía de ser uno de los que comandaban al pelotón. Lo cual era bueno, porque era la persona indicada para ahorrarse tiempo y organizarse con los demás. Pasó a ignorar el cuerpo inerte del fallecido demonio para voltearse y presentarse ante el sujeto con esos escasos segundos antes de retornar a la batalla. —¿Sois el capitán del pelotón, Sir? Permitidme uniros a vuestros hom… —Justo estaba a mitad de frase cuando por fin pudo reparar en el aspecto del supuesto líder que tenía en frente, y la garganta se le secó.

Nunca antes había abierto tanto los ojos de puro asombro. O de cruel, cruel congoja en este caso. «Oh, dioses…». De pronto fue sentir que todo el calor acumulado en la pelea se extinguía de golpe y que la sangre se le helaba. «¡OH, DIOSES!»

El rostro de aquel hombre que tenía a un par de palmos le decía muchas cosas. Podría decirse que era como mirar a un espejo que reflejaba tiempos en los que se veía a ella misma, pero siendo una persona completamente diferente: No llevaba ropas tan simplonas como las de ahora, ni protecciones de cuero, ni tampoco se la visualizaba en medio de una feroz contienda. Pero sí que blandía un hacha, y a su vez estaba acompañada por otra figura ataviada en ropajes áureos y azulados que casaban a la perfección con el firmamento de aquella.

Pero no era más que el pasado. Al igual que aquel caballero que se sirvió de la ignorancia de una pobre chiquilla para pasar por otro noble cualquiera. Para Alanna, era mejor pensar que anécdotas como conocer a un príncipe pertenecían al pasado del que tanto renegaba y se avergonzaba.

Por eso no supo cómo reaccionar delante de él, quien se suponía que nunca volvería a aparecérsele en persona. Sudor frío le resbalaba por la nuca mientras lo contemplaba con una expresión de puro terror. Su primer impulso hubiese sido el de salir corriendo de allí, como quien huía de los fantasmas del pasado que la atormentaban, pero al poco de retroceder un paso…

Le vio acercarse con la hostilidad de un animal salvaje. —¡CUIDADO! —Nada más treparle aquel grito por la garganta, las piernas de Alanna se movieron solas y la impulsaron de una patada al costado de su “príncipe”, sorteándolo justo a tiempo para alzar su hacha e interponerla ante la que blandía un corpulento emergido que buscaba un ataque sorpresa. Su arma vibró con fuerza al recibir el impacto y los músculos de la chica ardieron al absorber gran parte de la sacudida.

El mastodonte de ojos carmines no lo dejó ahí y siguió ejerciendo más y más fuerza con el fin de aplastarla bajo su propio peso. Alanna resollaba y trataba de imponerse con estoicismo, pero a cada segundo que pasaba, sus brazos y piernas iban cediendo y hundiéndose más. Que despiadado podía ser el destino a veces; atrapada entre un ejército de asesinos y la persona a la que admiraba y temía al mismo tiempo.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Sáb Dic 09, 2017 8:56 pm

Nunca se debía bajar la guardia en medio de un combate, aun cuando se encontrasen en supuesta superioridad numérica, había aprendido que menospreciar al oponente era un fallo de novato, tiempo atrás. Capaces de sorprenderte en cualquier momento, sacar fuerzas de donde ya no las quedaban o sencillamente tener preparada una emboscada, cuyos resultados no podían ser sino nefastos. Por cada una de esas razones era que no despegaba más de unos segundos la vista de sus enemigos. El aura rojo de los orbes enemigos, además, tenían una especie de imán cuya capacidad de atracción era devastadora. Nunca se había enfrentado a un oponente que, en los últimos tiempos, necesitara de toda su concentración y capacidad para plantarles cara.

Con un enemigo menos en las filas del adversario, el panorama se habría esperanzador para los Custodios y para el pequeño pueblo fronterizo. No le había pasado desapercibido el imponente golpe que la jovencita de áureos cabellos le había regalado al emergido, con rabia contenida pero preciso completamente. Inmóvil, el cuerpo se hallaba en el suelo, separándolos a ambos. Mientras observaba el terreno, le dedicó unos apenas unos segundos a la joven, a quien sonrió y agradeció con un gesto de cabeza, por su buena hazaña –Sí, así es, soy el capitán del regimiento así que en mi nombre y en el de mis compañeros os agradezco vuestra colaboración, ha sido una acometida sobresaliente –Alentar a los soldados también era parte de su tarea. Sin confiaba en ellos, si les proporcionaba palabras de ánimo, aumentaba su destreza y pericia en el combate.

Ante la parálisis de la joven solo pudo levantar una ceja y ladear ligeramente la cabeza. ¿Había hecho algo más allá que luchar? No, simplemente la había saludado con educación como para que reaccionara quedándose sin palabras y con un rostro que parecía ver en él a un enemigo del cual pretendía huir. Le posó una mano en el hombro, cuidadosamente –Si no os encontráis preparada o con la confianza necesaria para seguir luchando os podéis encargar de socorrer a los aldeanos, necesitan una mano amiga que les acompañe en estos duros momentos –No obligaría a nadie a luchar, pues siempre existía la posibilidad de ser ese el último día que pudieran ver, por muy favorable o sencilla que pareciese la situación, cualquier giro de los acontecimientos podía ser un puñal para todos y cada uno de ellos.

Durante unos instantes, unos vagos recuerdos perdidos en la lejanía de su memoria intentando hacerse eco entre todas las tácticas, ataques y órdenes a realizar en aquel preciso instante. A lo largo de su vida había conocido a una innumerable cantidad de personas, de todo tipo de clase social, desde humildes campesinos a grandes nobles y reyes de otros países. Sacerdotes, magos, guerreros, mercenarios… un largo etcétera, procedentes no solo de Ylisse sino de otros emplazamientos diferentes, incluso lejanos muchos de ellos. Hombre y mujeres de distintos pensamientos y con propósitos muy dispares. Le era imposible recordar el rostro de todas las personas que se habían cruzado de una manera u otra en su vida, pero sí se le podían hacer más familiares, como ocurría con la valiente joven. No era el momento adecuado para preguntar por detalles que podían esperar, no teniendo una tarea tan importante entre manos en ese preciso instante, donde la vida de inocentes dependían de su capacidad y su fuerza, su concentración debía mantenerse en vez de divagar sobre temas triviales.

Pero había regalado unos preciosos segundos de desconcierto a sus enemigos, y supieron aprovecharlo. Como un veloz rayo atravesando el cielo nocturno, la menor se adelantó para bloquear a un robusto emergido que cargaba con fuerza y enfado hacia donde se encontraban. Había reaccionado más rápido de él, incluso habría sido nefasto de no haberse percatado ella. Se maldijo a sí mismo, nunca se perdonaría si le pasara algo a alguno de sus soldados o a la propia doncella si por su momentáneo descuido sufrieran cualquier tipo de percance.

No articuló palabra alguna. Solamente expresó todo su odio en una estocada, atravesándole prácticamente de un costado a otro. Con fuerza, recuperó su arma para con un movimiento desde abajo la hoja se introdujera desde donde había asestado el primer golpe hacia arriba, recorriendo un amplio trayecto hasta su garganta. No tardó demasiado hasta que con su propio peso cayera al suelo, completamente inmóvil –Espero que os encontréis bien, ¿os ha dañado el ataque de este salvaje? Tener que parar ese golpe ha sido un acto de maestría que pocos habrían sido capaces de conseguirlo –Es más, se necesitaba no solo una gran fuerza física, como era obvio, sino también mental, ante un enemigo mayor y visiblemente más fiero. Pero en esa ocasión no quería incurrir dos veces en el mismo error. Adoptó de nuevo la posición de ataque, mirando solo de reojo a la muchacha –Si vuestros brazos han tenido suficiente, quedaos detrás de mí, mis hombres y yo nos encargaremos del resto –Le aseguró con voz firme, segura, mientras apretada con rabia la empuñadura de su espada.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Dom Dic 17, 2017 9:04 am

Era en esos momentos cruciales en los que daba gracias a los frutos de sus meses y meses de entrenamiento, cargando y blandiendo un instrumento como lo era el hacha. De no haberse fortalecido lo suficiente, lo más probable es que aquel gigante le hubiese hecho picadillo los hombros y rodillas bajo el peso de su arma. Alanna conseguía aguantar, pero a muy duras penas y flaqueando a cada momento que su rival, superándola sobremanera en complexión y fuerza, ejercía más y más presión. Desesperada como estaba, un último rezongo escapó de sus labios en forma de monosílabo al temerse que el monstruo la iba a aplastar allí mismo. Entonces atisbó el brillo platinado de una hoja hundiéndose en la carne del emergido y sobrecogiéndola en cuanto ascendió y lo sesgó de un tajo, dando lugar a una dantesca imagen cuanto menos.

El peso del gigantón decreció al unísono que su vida se desvanecía y dejaba nada más que un cascarón inerte. Muerto. Alanna, que contenía el aliento del asombro, reaccionó y se ayudó del hacha para echar a un lado el cuerpo del emergido con un poco de dificultad. Apretó los labios en una fina línea al contemplar como el cadáver cayó como un saco al suelo, aunque su expresión no mejoró mucho al volver a cruzar miradas con su salvador. Por Naga, valiente osadía suya la de tratar de defender a un guerrero tan capaz como lo era el líder de los Custodios. Lo único que le dio al príncipe fue una escueta y torpe negación cuando este le preguntó si le había alcanzado el emergido. Y maestría le decía… Un ramalazo de vergüenza la sacudió, pues ni ella misma supo con exactitud qué demonios se le habría pasado por su cabeza para lanzarse en un acto casi suicida que por poco la dejaba con unos cuantos huesos rotos. ¿Instinto? ¿Una muy mala jugada de su propio miedo? Quizás si fue miedo lo que la instigó… Ya no por la presencia de aquel hombre que la atormentaba, sino por la cruel posibilidad de que hubiese podido ser víctima de la rabia asesina de aquel emergido.

Alanna entreabrió la boca, con la incertidumbre de no saber que vocalizar en esos momentos, o cómo debía proceder a continuación allí mismo, en medio del fragor de la batalla que ocurría a su alrededor. Sin embargo, la figura del príncipe ya se estaba encarando de nuevo hacia el peligro y la alentaba con una escueta mirada de soslayo a que se mantuviese cerca suya, en la retaguardia. Bajo su protección.

Dichas palabras solo consiguieron que a Alanna le empezase a oprimir el pecho, y no precisamente por los efectos que la voz, o incluso la presencia de aquel hombre ejercían sobre ella una sensación de urgencia. Oh, no. Lo que notaba ella era incluso más doliente y desalentador que la posibilidad de que el príncipe llegase a recuperar unos meros recuerdos que se remontaban dos años atrás, con cierta fiesta y cierta muchacha noble de por medio que aspiraba a ayudar al país de cualquier forma. Pero hasta el momento, Chrom no parecía haberla reconocido, y eso solo debía alentarla a que tomase cartas en el asunto antes de que fuese demasiado tarde. ¡Pardiez! O incluso tomar la anterior opción que el mayor le dio para que volviese al pueblo en pos de socorrer a los aldeanos. ¡Era su salvoconducto para salir airosa del engorro en el que se había metido ella solita! No estaría huyendo; seguiría socorriendo al pueblo y a la par, corrigiendo su error de haberse topado con quien no debía.

Pero dolía. Era lo mejor para ella, para el príncipe, y dolía. Porque en su memoria empezaron a resonar las palabras de ánimo que tiempo atrás salieron de los labios del príncipe, que la alentaban a no resignarse al papel que tenía su familia para ella. A hacerla creer por unos sucintos instantes que podría llegar a ser alguien tan valeroso como lo eran los Custodios. El temor de llegar a confrontarle seguía presente en su ser, pero una parte de ella seguía aferrándose a esos recuerdos en los que una vez quiso demostrarle su valía. Y si ahora mismo aceptaba quedarse relegada en un segundo plano y dar media vuelta, sería como si sus dos años desviviéndose por hacerse más fuerte y mejorando sus dotes de combate quedasen en saco roto.

Fue la propia desazón la que hizo desistir a sus pies de retroceder, sino a que avanzase hasta quedar a la par del príncipe Chrom y aferrar la empuñadura de su hacha con tanta fuerza que los dedos se le empezaron a quedar blanquecinos. —Eso… eso no será necesario, Sir —se pronunció con voz trémula, sin llegar a dirigirle la mirada al peliazul por temor a quebrarse allí mismo. El corazón comenzó a golpetearle el pecho con mayor ímpetu a cada palabra que trataba de articular—. Mis brazos todavía pueden aguantar más acometidas si es con el fin de defender el poblado. Permitidme no luchar en la retaguardia, sino junto a vos y vuestros hombres y cumpliré cualquier comando vuestro… por favor.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Miér Ene 24, 2018 6:49 pm

Inhaló profundamente antes de exhalar de nuevo, ayudando a sus pulmones a recuperar la calma después de aquella fatal embestida para el emergido, quien acababa de caer desplomado. No sentía por esos seres sin remordimientos, que tanto daño estaban haciendo a sus queridas gentes, a los pobres pueblos y ciudades que tenían que soportar como buenamente podían que un ejército de demonios se lanzara en su contra, sin ningún motivo. Porque no existía ningún tipo de motivación que llevara a pensar que Ylisse había cometido algún acto en su contra. No. Sencillamente atacaban por gusto, por placer, y quien pensaba de esa manera (que más que pensar parecía simplemente que actuaban por impulsos) no podía ser considerado un ser racional.

Precisamente porque nadie en su sano juicio atacaría sin seguir ningún plan, ninguna estrategia, sin ninguna provocación previa.

Con ese enorme emergido a los pies de ambos, una vez más comprobó el estado de la joven de cabellos dorados que se mantenía no lejos de su lado. No iba a negar que durante un segundo, el imaginarse a una joven utilizando un hacha no le pareció curioso a la vez sorprendente. Por norma general eran hombres, grandes y fornidos, quienes decidían adoptar ese arma como medio de combate. Podían exprimir gran parte de su poder gracias a la fuerza bruta, que si además se acompañaba de precisión podía llegar a ser letal, pero nunca se había parado a pensar las ventajas, y las desventajas, obviamente, de una joven luchando acompañada por un hacha. Así, aunque pudiera llegar el caso de que un golpe no fuera letal, cosa que manejando semejante arma se le hacía difícil de imaginar, la agilidad y la destreza de las mujeres no las dejaría en una situación de desventaja, sino que seguramente podrían rematar sin problemas, llevando a su enemigo a un final trágico.

Pese a todo, tenía la sensación de que su joven acompañante todavía necesitaba de más batallas para curtirse en experiencia y ser capaz de enfrentarse a emergidos como el que habían tenido que abatir unos instantes atrás.

Esperando que retrocediera y se encargase de cuidar a los inocentes del pueblo, observó el rostro lleno de duda, de indecisión. Realmente no parecía ser el de alguien que simplemente obedeciera, así que descartó por completo que se tratase de algún soldado. Probablemente tampoco tendría superiores, sino que prefería viajar y luchar por libre, aunque esa indecisión también demostraba que no llevaba mucho tiempo haciéndolo. Era increíble lo que con un arma y la forma de pelear se podía descubrir sobre una persona. Pero también podía traer consigo agradables sorpresas.

Su duda había desaparecido. Sus ojos parecían refulgir con una nueva determinación, propia de un verdadero guerrero y no de una joven inexperta que daba sus primeros pasos en un campo de batalla. Su valía hacía que caminara hacia delante, nunca hacia atrás. No pudo hacer otra cosa que no fuera sonreír por tal actitud, digna de alabanza en una situación tan compleja como en la que se encontraban.

Que hubiera optado por seguir combatiendo era digno de halago, pero por otra parte su ceño se frunció por una pizca de preocupación –No soy quien para obligaros a combatir, tampoco para que os retiréis, pero si pretendéis luchar al lado de mis hombres y al mío propio necesito confiar en que verdaderamente sois capaces de enfrentaros a un nuevo enemigo, no pretendo arriesgar en vano una vida –Pese a todo, sabía que el rostro de la joven no cambiaría de opinión, así como tampoco lo harían sus palabras. Así que una vez más le regaló una sonrisa la par que asentía, sonriendo de medio lado –En ese caso acabemos de una vez por todas.

Señaló al frente con su espada, dirigiéndola hacia otro enemigo que parecía estar creando ciertos problemas a los soldados del flanco derecho. Evitaría cualquier baja siempre que estuviera en su mano, más ahora que contaba con una nueva combatiente –¡Con honor, ayudadme a proteger a nuestros compañeros, prestadnos vuestro hacha a esta noble causa! –Sus palabras eran de aliento, de apoyo, mientras corría para detener un nuevo ataque de su adversario. Ahora que su espada había detenido la contraria, solo era cuestión de tiempo que el resto de sus amigos, junto con la joven, fueran demasiado para ese asesino.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Mar Feb 20, 2018 7:11 pm

Ahora que el cuerpo se había tomado unos escasos segundos de descanso, y la sangre se le templaba tras tanto batallar, Alanna comenzó a pensar con frialdad lo que acababa de decir, de proclamar a viva voz. Apretó los labios y tragó una saliva que se le volvió espesa de lo que se le había secado la garganta. ¿Había… sonado demasiado prepotente? Dioses, ¿y si de verdad estaba pecando de bravuconería por culpa del fragor de la batalla? Tenía que recordarse a sí misma que en ningún momento estaba tratando con un capitán o sargento de una milicia cualquiera. No, no, la persona que tenía justo delante era el príncipe. ¡El mismísimo príncipe! Por no decir que, si no era la máxima autoridad en el ejército de Ylisse, no estaría muy lejos de la cumbre del escalafón militar.

Y ella asegurándole con su enorme bocaza que no sería un incordio, justo después de haberla salvado de que la partiesen de cuajo.

Empezó a temer con qué cara se le quedaría mirando el hombre. Pardiez, seguro que se pensaría que no era más que una niña insensata que no tenía ni idea de dónde se estaba metiendo. «Zopenca, zopenca, zopenca. ¿Por qué diantres tienes que ser tan rematadamente testaruda? Debías haberte marchado cuando tuviste la…», pero antes de que siguiese martirizándose en su fuero interno, el príncipe Chrom tomó la palabra de nuevo. Más le sorprendió que no se tratasen de reproches con los que intentar retirarla del lugar, si no de… palabras llenas de preocupación. Porque de verdad estaba valorando la opción de permitirle luchar a su lado, con la premisa de que no ponerse en riesgo como había hecho antes.

No recordaba la última vez que se le hincho tanto el pecho de anhelo, cual chiquilla embelesada. ¿Podía ser cierto? La misma persona que la alentó años atrás a seguir sus propios designios y a no conformarse con lo que otros tenían planeado para ella. Una vez más, le estaba brindando la oportunidad de demostrar su valía. —Yo… Os lo juro. Daré hasta mi último aliento en ofreceros mi hacha y en no defraudaros. —Los ojos le refulgieron con renovada decisión y alzó el rostro con el mismo orgullo que recordaba de sus nobles caballeros de los cuentos. No iba a retroceder de nuevo. Con o sin las cargas del pasado atormentándola, no volvería a renegar de la senda que decidió tomar. Sería una prófuga, sería una noble con un disfraz de una chica mundana. Si debía aceptarlo delante de los ojos de la Madre Naga, que así fuese. Pero no volvería, nunca más, a ser débil delante de una persona que depositaba su confianza en ella—. Permitidme luchar contra estas bestias que ponen en peligro a esta pobre gente y ponerles fin a sus atrocidades.

Así pues, la hoja del príncipe apuntó a un nuevo frente en el que más enemigos pretendían hacerse paso. No podía volver a achantarse delante de los emergidos; ya los conocía, ya sabía que no eran, ni de lejos, los monstruos invencibles que se les creía. Y lo más importante: sabía que podía contra ellos. —¡Sea, pues! ¡Con honor! —Siguiendo de cerca la estela del noble Custodio, Alanna esprintó y se dejó llevar por ella mientras presenciaba a su nuevo compañero de armas arremeter contra la espada de aquel emergido. Su frente estaría resguardado de acometidas, pero no sus laterales. ¿Que podría carecer de la fuerza con la que contaba un hombre? Tal vez, pero Hellen le enseñó a suplir sus desventajas con sus virtudes, y también a que las mujeres eran más flexibles y sabían aprovechar el balanceo de un arma tan pesada como lo era el hacha.

Torciendo un poco el tronco, dejó que la propia inercia de su arma cobrase más velocidad, dibujando un arco con la trayectoria de sus brazos y dirigiendo el filo del hacha contra el costado del emergido. El tajo desgarró carne, cuero, y varias juntas tachonadas que salieron despedidas con violencia. Y su enemigo se contrajo en un momentáneo rictus que le acabó vendiendo frente a las espadas y lanzas del resto de soldados que se abalanzaron sobre él.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Dom Mar 04, 2018 12:14 pm

En realidad, ni siquiera necesitaba que la jovencita pronunciara su promesa en voz alta, pues el destello de sus ojos cristalinos eran respuesta más que suficiente. Debía admitir que no le remitía la pizca de preocupación que sentía por ella, teniendo en cuenta que se hallaba en medio de un peligroso campo de batalla, pero tampoco podía impedir a nadie que se alejara de allí, que no luchase por defender sus tierras de los temibles emergidos. Por otra parte, había algo en sus palabras, en su expresión corporal, en ese lenguaje no verbal que desprendía no solo una voluntad de ayudar, sino también ánimo de superación. Desconocía la historia de la menor, pero en ocasiones alguna desavenencia pasada era lo necesario para un brillante futuro, refulgente como el filo de la mejor de las nobles espadas.

Honor. No había una palabra que describiera mejor la principal virtud de sus compañeros de armas. Todos eran fuertes, inteligentes, leales y abnegados. Podrían tener puestos de trabajo envidiables, la mayoría de ellos, en caso de que ese fuera su deseo, pero habían decidido entregar los mejores años de su vida para la protección de los demás, de los débiles e indefensos. El pueblo de Ylisse no tenía una verdadera manera de recompensarles por su labor, ni siquiera él la tenía. Formaban parte de una de las entidades que caracterizaban el reino, que le proporcionaban un pedacito de su identidad. No podía estar más orgulloso de sus compañeros, de sus amigos.

Una perla de sudor más grande que las demás le recorría la sien, mientras sus brazos flexionados mantenían la espada del emergido. Las fuerzas de luchar de esas bestias los transformaban en enemigos temibles, sin comparación a un enemigo humano. No iba a ceder por su embestida, pero sí que estaba provocando que tuviera que usar prácticamente toda su fuerza para que no se le abalanzase.

No pasó mucho tiempo hasta que por el rabillo del ojo observó un destello dorado que se apresuraba rápidamente hasta uno de los flancos del enemigo. Ni siquiera la vio venir al estar tan concentrado sobre él mismo, por lo que en el último momento esbozó una sonrisa de triunfo –Tu desdicha se termina aquí, ya no harás más daño a nadie –Ágilmente retrocedió un par de pasos, dejándole todo el espacio necesario a la joven para que realizase su movimiento sin peligro. Y sin que contuviese sus fuerzas. La manera en la que se había aprovechado del peso de su hacha había sido un movimiento circular magnífico que alguien sin una larga experiencia habría sido incapaz de dominar. Sabía, con precisión, el lugar de impacto, por lo que no necesitó más que ese asalto para ajusticiar al emergido. Esa joven no era la primera vez que luchaba, o no era una novata como había pensado al principio. Puede que por un motivo u otro no estuviera preparada para la lucha cuando había llegado, pero ahora se podía considerar un inestimable refuerzo.

Por Naga, ese ha sido un golpe magnífico en el momento más oportuno –Esbozó una sonrisa sincera, de medio lado, todavía concentrado en la lucha pero complacido por la habilidad de la muchacha. Cada una de las batallas eran como una nueva lección, donde poner a prueba no solo nuevos movimientos o estrategias, sino también un método para conocer a sus enemigos, y a sus aliados –Una vez más –Le propuso a la joven. La punta de espada se dirigía hacia un emergido montado a lomos de un oscuro corcel que le estaba poniendo las cosas difíciles a uno de sus buenos compañeros –Yo seré su distracción, pero su aliento tendrá fin con vuestro filo –Quería que demostrara su valía. Que soltara no solamente sus músculos, sino su habilidad, su espíritu guerrero. Su verdadera fuerza.

Corriendo hacia el enemigo, trató de captar su atención, con acierto –¡Será mejor que te metas con alguien de tu tamaño! –Lanzar una piedra no formaba parte del noble arte de la esgrima. Pero cuando acertaba en la armadura de un enemigo siempre los enfurecía y conseguía que sus ojos se concentrasen justamente donde tenía intención. Sobre él.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Mar Mar 13, 2018 8:52 pm

Densas gotas de sudor salieron despedidas de su frente al voltearse con efusividad hacia el emergido que acababa de dejar en bandeja a sus aliados. Habían sido decenas las ocasiones en las que se tuvo que poner seria blandiendo su hacha, ya fuesen bandidos en busca de saqueos fáciles, rufianes sin ningún ápice de honor por sus venas… y emergidos. Sin embargo, una vez más se estaría enfrentando de nuevo a esos endemoniados seres de ojos rojos, pero había algo distinto de las últimas veces que se atrevió a encararlos. Lo notaba recorrerle el cuerpo, como si de un torrente de energía la insuflase y palpitase con ahínco en su pecho. Era sobrecogedor, y a la vez, extrañamente reconfortante. Por primera vez, ya no sentía el mismo miedo que cuando batalló contra el ejército emergido las dos veces anteriores, y de estar segura de que podía darlo todo y mucho más.

La embriaguez de aquella sensación se mantuvo hasta que los halagos de su príncipe la cogieron desprevenida. Alanna viró la cabeza hacia el peliazul y enrojeció hasta que la faz casi se le volvió un tomate bien maduro. —No ha… No ha sido tan especial. Solo aproveché la oportunidad que me brindasteis —musitó en un escueto suspiro. Pero no era el mejor momento para dejarse llevar por el rubor. Oh, no. Todavía tenían a una fila de emergidos a la que se lograba mantener en raya, pero no podía aplazarse ni un segundo más. —A vuestra señal —le comunicó a Chrom, levantando el hacha y siguiendo una vez más el filo de su espada hacia un nuevo objetivo que se abría paso con un trote raudo, cual cometa negro surcando el campo de batalla. Asintió ante la nueva prueba que le propuso el príncipe: Iba a seguir alzando su arma contra esos engendros hasta que ninguno de ellos se mantuviese en pie.

O a lomos de un corcel. A decir verdad, rara vez se había enfrentado a un enemigo montado, y por su poca experiencia debía admitir que resultaba más engorroso de lo que cualquiera pensase. El caballo ofrecía una velocidad que no se podía comparar con la de un soldado de infantería, y eso podía ser un factor clave en el que se decidía el resultado de una pelea. Además, acercarse demasiado al animal en pleno trote suponía el riesgo de llevarse una embestida, seguida de un tajo por parte de su jinete. Chrom le había asegurado que distraería al emergido para que ella tuviese una posibilidad de acercamiento, pero necesitaba asegurar el cómo hacerlo.

Entonces, reparó en el miliciano que estaba aguantando a duras penas las acometidas del jinete. La gruesa armadura que portaba y su amplio escudo le estaban salvando de un apuro bastante gordo. Y también que el capitán de los Custodios lanzó una suerte de guijarro que chocó contra las placas que cubrían al jinete, disuadiéndole de seguir atacando al pobre hombre. Vio al caballo erguirse sobre sus patas traseras para dar la vuelta, y una ocurrencia nació en su cabeza. ¡Eso era!

Emprendió una nueva carrera hacia el caballo, avanzando con grandes zancadas. Señaló al soldado acorazado, que se estaba recuperando del ataque, y alzó la voz todo lo que pudo —¡¡Arriba escudos!! ¡¡ARRIBA!! —El aludido dio un respingo y, sin saber muy bien de dónde y porqué surgió esa orden, se limitó a seguirla y a alzarlo por encima de su cabeza. Alanna apretó la mandíbula y reunió fuerzas para pegar un brinco que la catapultó hacia la superficie del escudo. El hombre resopló al sentir el peso de la muchacha sobre el metal, pero se mantuvo firme y le permitió a la joven ejecutar un segundo salto que la elevó a una altura mayor. Justo a la que tenía a tiro al jinete. Poniendo el hacha por delante, surcó el aire a una velocidad demencial y chocó contra el emergido con toda su fuerza. El chirriar del metal de su armadura y un relincho del caballo fueron la única melodía que se hizo oír, y luego vino el trastazo que se dio el demonio al caer de su montura.

Alanna encogió las piernas para rodar por el suelo al aterrizar y frenar su caída. La cabeza todavía le daba vueltas, pero nada le impidió alzarse de nuevo y correr hacia el indefenso emergido, que luchaba por ponerse en pie.

Nunca lo llegó a hacer. El hacha de la muchacha acertó en uno de los huecos libres de su cuello antes de que siquiera lo intentase.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Jue Mar 15, 2018 9:39 pm

Si no estuviera en medio de una peliaguda batalla no podría haber contenido la risa al vislumbrar el rostro de la joven. De un momento a otro se había tornado rojo como las chispas del fuego. No entendía en realidad el motivo de aquel cambio tan brusco y repentino, pero era verdaderamente gracioso cuando las damas de su edad empezaban a comportarse de esa manera. ¡Los jóvenes! Sin embargo, no se encontraban en ningún festejo de la alta alcurnia, por lo que en principio tal reacción no tenía cabida… Quién sabía, a lo mejor estaba pasando por alto detalles importantes, simplemente no era el momento de indagar en ello, ya contarían con tiempo suficiente una vez hubieran eliminado la amenaza.

No seáis tímida, realmente ha sido un golpe brillante, por lo que no os quitéis mérito, eso también forma parte de ser un buen guerrero –Saber cuándo se había asestado un ataque certero al contrario, y reconocerlo, aumentaba la fe en sí mismos de los soldados. Valoraban más sus capacidades y se daban cuentan de lo que eran capaces de provocar con sus meras manos. La moral era un papel importante en la victoria o la derrota de un ejército. Con la moral alta, los soldados se crecían, sus pechos se henchían de orgullo y luchaban como si no hubiera un mañana, pero con la conciencia tranquila al saber que la victoria se encontraba en sus manos. Completamente opuesto, cuando no se valoraban, no creían en sus posibilidades, eran muchos más propensos a cometer errores, y un simple fallo podía escribir el futuro de toda una nación.

Todo líder conocía la importancia la moral, del ánimo de sus soldados, de sus compañeros en el campo de batalla. De su otra familia.

Respiró hondo cuando los orbes rojizos del enemigo con montura se posaron sobre los propios –Aprovechad ahora, no llaméis su atención –Se mantuvo firme. No le intimidaba. Se había enfrentado a oponentes mucho más temibles que un demonio deshumanizado que cabalgaba a lomos de una bestia con los mismos sentimientos que su guía. Se acercaba más velozmente de lo que cabría esperar, por lo que adoptó una posición de ataque. Si le daba a entender que él sería su oponente, nunca se percataría de la estratagema que habían planeado la valiente dama y él. Le sostuvo la mirada aún. Desde tiempo inmemorables mantener la mirada a otro ser estaba considerado como un desafío. El primero que agachase la cabeza o apartara la mirada admitía la superioridad del contrario, de ahí la también gran importancia del contacto visual.

Sabía luchar con la espada, pero nunca estaba de más conocer el comportamiento a mantener en las luchas. Estudiar tácticas de guerra siempre se le había dado mucho mejor que la diplomacia.

Veinte metros, quince. Diez.

Esbozó una amplia sonrisa cuando el emergido cayó desplomado, inerte, sobre el terreno. Se hizo a un lado velozmente para que el desbocado caballo, nervioso por el repentino ataque y la pérdida de su jinete, pudiera galopar sin golpearle. El animal no era culpable de combatir siguiendo las doctrinas de sus cuidadores, no merecía ningún daño. De hecho, la violencia siempre debía ser el último recurso.

Estaba asombrado por las capacidades que demostraba la misteriosa jovencita. Había aprovechado a la perfección no solamente su tamaño, mucho menor que el de un hombre, para abrirse camino hasta el emergido, sino que también había terminado con la vida de este sin precisar ayuda. Tenía un brillante futuro por delante si se decidía a trabajar como escolta, guardia o mercenaria, aunque la reputación de muchos de los últimos dejase bastante que desear en los tiempos que corrían. Se apresuró hasta su lado, con intenciones de tenderle la mano para que se pudiera reincorporar, pero ella había sido veloz como el rayo –Está bien, debo admitir que esa táctica me ha dejado sorprendido de verdad, ¿lo habíais intentado antes o la idea os ha surgido de pronto? –No era mala idea incluir los saltos en alguna nueva táctica de combate. Podían ser arriesgadas, pero en muchas ocasiones era lo único que les quedaba.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Mar Mar 20, 2018 9:31 pm

Una vez el emergido dejó de retorcerse y su cuerpo se quedó laxo, supo que no haría falta una segunda machada. Alanna retiró el hacha encallada en la carne de un fuerte tirón, un movimiento cuasi mecánico, y le clavó al cadáver unos ojos rebosantes de desprecio. Los mismos con los que cualquier persona miraría a un monstruo desalmado. A fin de cuentas, aquellos seres de ojos tintados en sangre no se merecían mucho más tras todas las atrocidades que habían cometido contra su reino. Y a pesar de ser consciente de que acababa de arrebatarle la vida alguien, le sorprendía sobremanera la falta de remordimientos en sus actos. Nunca olvidaría el horror por el que pasó la primera vez que tuvo que despachar a un emergido durante el enfrentamiento en la frontera con Regna Ferox, más una acción producto del miedo y por el instinto de supervivencia que por hacer justicia. Pero tras varias batallas contra ellos, tras ser consciente de que solo les movía el afán de destruir, había llegado a un punto en el que ya los tachaba de “inhumanos”.

No luchaba contra seres humanos, luchaba contra demonios. Eso era lo que se repetía una y otra vez para no caer en un falso juicio.

Quizás fuese igual para el resto de combatientes en aquel campo. Ylisse era un reino que se enorgullecía por su política de preservar la paz, pero… supuso que en situaciones así, a sus habitantes no les quedaba más remedio que derramar sangre como precio para mantener la paz. Con el príncipe sería igual, claro. Justo fue pensar en él y que su voz grave la arrancase de sus pensamientos. Alanna se volteó hacia él con torpeza y meneó la cabeza. —Tengo algo de experiencia dando saltos, pero he de confesar que ha tenido mucho que ver la improvisación. Es la primera vez que uso a alguien como soporte —confesó, casi más avergonzada de cómo lo hizo ver que de su pericia en sí. Pero al menos funcionó. Sí, debía quedarse con que funcionó, y que su príncipe se había quedado satisfecho con ella. No pudo evitar dibujar una media sonrisa. Estaba mal que ella lo dijese, pero no recordaba que sentase tan bien el que reconociesen sus éxitos.

Así pues, echó la vista al frente para comprobar que la batalla ya estaba decidida: los hombres del príncipe habían reducido en gran medida las fuerzas emergidas, quedando unos pocos que luchaban con uñas y dientes pese a las adversidades. Sabía que sería cuestión de tiempo que los demonios terminasen por caer, y con el ejército ya ocupándose de los enemigos restantes, su hacha ya no haría más falta. La lucha había terminado. Al menos, para ella. —Supongo que… con esto ya hemos librado a las buenas gentes del lugar de estas criaturas impías —le dijo a Chrom, todavía con la vista pegada en los últimos retazos de la batalla. Con la sensación de peligro ya extinguida, se encaró frente al líder de los Custodios y le dedicó una afable sonrisa. —Os agradezco de todo corazón que me halláis permitido luchar junto a vos y vuestros compañeros, príncipe Chrom. Me enorgullezco muchísimo de haber servido a la causa de los Custodios y de que mis acciones hubiesen podido aportar algo a la nación. —Siendo franca, no sería la mujer más patriótica con la que Ylisse contase, pero ello no quitaba que se sintiese satisfecha de haber sido de ayuda. Eso era lo que buscó desde un principio, y no podía pedir más.

Pero una vez cumplido con su deber, ella ya no tenía cabida allí. No era más que una mercenaria que tenía mucho que ocultar, y que el telón debía caer ya para ella. —Ha sido un placer coincidir con vos… alteza. —“Un placer coincidir con vos de nuevo” fue lo que quiso decir en un principio, pero no podía. No debía—. Imagino que enseguida tendréis mucho trabajo entre manos reorganizando a los pelotones y evaluando los posibles daños, así que no es mi intención entorpeceros más. Os deseo lo mejor, y espero volveros… a ver. —Dicho eso, realizó una cordial reverencia y giró sobre sus talones para marcharse, alejarse. Tenía que alejarse. Debía hacerlo, porque ella no merecía estar allí. Nunca fue su lugar, ni nunca lo sería. Alanna aceleró sus zancadas con la intención de irse de allí cuanto antes, de que ni el príncipe ni nadie diesen cuenta de que su sonrisa de antes se había descompuesto. No, no. No podía lamentarse porque era lo correcto, era lo que debía hacer para no inmiscuir ni hacer daño a nadie por su culpa y…

Sus pasos se fueron enlenteciendo, como si una fuerza ulterior la aferrase de las piernas y tratase de hacerla desistir. Pero no podía, maldición. ¡No debía! Y, aun así, sus pies se detuvieron allí. Alanna apretó los puños junto a un latigazo de rabia y frustración, escociéndole los ojos de aguantarse tanto las lágrimas. No era justo. No era nada justo.

No debía, pero por una miserable vez… ella quería quedarse.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Miér Mar 21, 2018 10:28 am

Tomó aire, dejando que el oxígeno fluyera por todo su cuerpo. Que hubiesen terminado con su oponente directo no ponía punto y final a la campaña. Hasta que no cayera el último de los diablos no podría bajar la guardia, ni siquiera a pesar del escenario en el que sus valerosas tropas estaban diezmando casi por completo las filas enemigas. No obstante, se permitió unos segundos más compartiendo la euforia del momento con la muchacha de rubia cabellera, cuyo movimiento había llamado tanto su curiosidad –La improvisación es fundamental en el campo de batalla, una mente ágil también otorga victorias para tus compañeros, aun cuando en un principio parezcan una locura y en parte dependan del azar –Pero era mucho mejor que mantenerse de brazos cruzados, dejando espacio al enemigo para recomponerse. Si existía una posibilidad, desde luego que había que intentarla. Además, no había que olvidar que la experiencia hacía al maestro, por lo que cuanto más curtida en la improvisación estuviera una persona, mayor porcentaje de acierto que tendría.

Disculpadme un momento, por favor, pero no os alejéis, en un segundo regreso –No sería un buen líder si permitiese a sus hombres librar el final de la batalla solos. No. Él, como ejemplo a seguir, debía mantenerse en pie y luchando hasta el desenlace de la ofensiva. Dichosamente, no quedaban más que un par de emergidos en pie, por lo que incluso antes de que pudiera llegar hasta su posición, ya se hallaban sin aliento sobre el terreno, manchado de sangre de las bestias. Colocó los brazos en jarras, reprochando con la mirada a sus compañeros por no haberle esperado para el golpe final, pero también les dedicó una amplia sonrisa.

Regresó sobre sus pasos, feliz por la paz que reinaba de nuevo en el emplazamiento. Así debía mantenerse, así debían ellos conservarla, quienquiera que pretendiese perturbarla. Se ubicó al lado de la mercenaria, pidiendo perdón con la mirada por haberla dejado con la palabra en la comisura de los labios –Lo siento, lo siento, no me gusta envainar mi espada hasta que no es una victoria segura por completo, ni tampoco soy de los que hacen parte del trabajo y deja los restos a sus subordinados, porque ellos no son eso, son mis compañeros, mi familia en el terreno, así que estamos siempre juntos hasta el final –Esperaba que con la explicación dada no pensara de él como un maleducado –Ha sido un verdadero honor por nuestra parte haber contado con vuestra ayuda, nos habéis facilitado mucho la tarea, lo que se traduce en una mayor seguridad para esta gente inocente –Señaló con la cabeza la población que se mantenía a sus espaldas, aunque en esa ocasión si se percató de cómo se dirigía a él. Tampoco era muy extraño que fuera capaz de deducirlo, pues en todo el reino era sabido que solía velar junto con sus Custodios por la seguridad del país –Una vez más, gracias por vuestra ayuda, joven, espero que tengáis un buen viaje, allá donde os dirijáis, y recordad que el Reino de Ylisse está en deuda con vos –Le regaló una reverencia con la cabeza, guardando finalmente su espada. Ese gesto suponía el final de la campaña.

Tal y como había acertado la menor, era hora de comprobar los daños causados por los emergidos, aunque por gracia de la divina Naga habían logrado llegar en el mejor de los momentos. Esperaba que las bajas fueran mínimas, o incluso inexistentes; no obstante, se quedó pensativo durante unos segundos. Con el ceño ligeramente fruncido y una mano en el mentón, observó la espalda de la rubia mientras se alejaba del lugar. Sus pasos eran dubitativos, o por lo menos no lanzaba largas zancadas para dejar el lugar rápidamente. Uno de sus custodios se acercó hasta su posición, susurrándole algo al oído. Miró primero al cielo, y posteriormente al poblado recién salvo, por lo que asintió con una sonrisa, era justamente lo que necesitaban. Todos.

¡Joven valiente! –Alzó la voz, buscando captar la atención de la muchacha que había compartido sangre, sudor y lágrimas con ellos –Tenemos intención de festejar la victoria de hoy, no solamente subirá la moral de los aldeanos, sino que nosotros también descansaremos aquí hoy, así que… ¿por qué no os unís? Siempre y cuando dispongáis de tiempo y no os esperen en otro lugar –No sabía nada de ella, pero sonrió para sus adentros cuando notó el cambio en su semblante, recuperando el brillo que le había caracterizado durante la batalla. Asintió, dándole a entender que había tomado la decisión correcta, mientras caminaban rumbo a la aldea. Ahora solamente restaba saber una cosa:

¿Cuál es vuestro nombre, honorable señorita?
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Eliwood el Jue Mar 29, 2018 8:26 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Chrom ha gastado un uso de su espada de bronce.
Alanna ha gastado un uso de su hacha de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP y +1 Bonus EXP! Alanna obtiene +1 EXP adicional por efecto de Parangón.
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