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[Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

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[Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Dom Nov 19, 2017 4:41 pm

Aquella mañana, la pequeña villa colindante a la carretera real amanecía con los primeros rayos del sol despuntando en el horizonte, y también con el inusual sonido de las campanas reverberando a todo volumen y sin descanso. Pero no. No eran las corrientes que servían para anunciar la hora al pueblo, como de costumbre; en ese caso era un aviso de alarma. Por fortuna, se trataba de uno protocolario para los ignorantes y despistados que no atendieron a la misiva del ejército que arribó ayer en la localidad, y a esas horas ya no circulaba ni un alma por las calles. Todas las familias y comerciantes ya estaban resguardadas en sus hogares, seguramente anhelantes por el constante tañido de las campanas.

Esto le traía recuerdos de hace unos días. Ah, pero menos mal que esta vez el pronóstico apuntaba a uno mucho, pero mucho más favorable. Una vez más, el destino le había plantado en su camino a esos infames demonios de ojos rojos, los emergidos. Vaya… Y pensar que no se volvería a toparse con ellos tan pronto. Mentiría si dijese que sus dos refriegas anteriores la marcaron bastante, pero al menos no lo suficiente para hallarse esprintando hacia la salida del pueblo, para luchar. Una vez más.

La buena noticia es que el mismísimo ejército real de Ylisse ya tomó cartas en el asunto y destinó un pequeño pelotón al encuentro de los invasores que se acercaban. De ahí que fuese más favorable que la refriega en aquel pueblo, pese a que saliesen victoriosos y ella se ganase dos nuevas amistades. Como última medida, también se mandó un aviso a los mercenarios de las cercanías que de ofrecer su apoyo a las tropas, serían recompensados.

En fin, el dicho de siempre: el dinero estaba bien, pero el deber de su hacha era el salvaguardar toda vida ajena que pudiese. Quizás era por estas cosas que el espíritu justiciero hasta el último poro de su piel, y acababa olvidándose de los pesares vividos contra los demonios el tiempo suficiente para arrojarse una vez más al deber. Hellen tenía razón; a veces podía llegar a ser una boba de remate con un corazón de oro. Y lo peor de todo es que su amiga le daba ánimos para que no cambiase nunca. Le daba vergüenza admitirlo, pero por una vez en su vida se sentía orgullosa de ser lo que era en realidad, una boba demasiado bondadosa.

O tal vez es que se le estaba pegando parte del orgullo de Gerard por su noble oficio en la hidalguía. La verdad es que le parecía encantador que mostrase esos ideales tan puros, y esperaba que él y Corrin volviesen pronto de sus pequeños periplos para recoger información. Por su parte, ella tampoco podía quedarse de brazos cruzados mientras les esperaba. Necesitaba mantenerse ocupada para sentirse realizada, y ayudar al país que amaba y siempre era una buena solución.

En las afueras del pueblo, pudieron llegarle ya a los oídos los clamores de los aceros chocando entre ellos y los rugidos de aliento, el mismísimo fragor de la batalla encarnado en una melodía que para su pesar, ya se conocía desde hace mucho tiempo. Alanna distinguió en lo alto de una colina los uniformes de los defensores del país, con sus portadores batiéndose en combate con la que debía ser la facción enemiga. Fue entonces cuando su carrera se aceleró, dirigiéndose al lugar de la contienda y deslizando su diestra a la empuñadura de su fiel compañera que colgaba de su cinto. La adrenalina se disparó y fundió con los ríos por los que circulaba su sangre, y es que necesitaba estar todo lo mentalizada y preparada en el instante que viese una de esas miradas carmesíes refulgir.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Lun Nov 27, 2017 6:23 pm

No habían pasado demasiadas lunas desde la última vez que había decidido salir a patrullar junto con los custodios las muchas áreas donde todavía quedaban restos de enemigos. Tras la liberación de Ylisse, se habían dispersado, provocando que sus tropas tuvieran que dividirse si querían acabar con la amenaza de forma rápida, mas no quería arriesgarse a perder ningún hombre más cuando con una buena estrategia de la mano de una ofensiva eficaz podía acabar con cada uno de los pequeños núcleos de emergidos que restaban. Había optado por una solución intermedia. No podía darles lugar a que se reagruparan, aumentando la amenaza que supondrían, pero tampoco podía enviar grupos demasiado pequeños sin hombres de confianza que los guiaran durante la batalla.

Tras haber luchado fervientemente, aplacando con ira las últimas defensas de un pequeño grupo de soldados de ojos carmesíes cercano a la frontera con Plegia, se desplazó hacia el sur, liderando un pequeño pero efectivo grupo de sus más allegados compañeros, los Custodios. Rodeado de personas que contaban con su máxima confianza, no tenían apenas que intercambiar palabras para conocer el cometido de cada uno de ellos, llegado el momento de batallar. Aunque formaban parte del ejército de Ylisse, él mismo, o en su defecto Frederick eran los encargados de proponer nuevos integrantes, si bien eran especialmente selectivos en lo que a ampliar la familia se refería. Porque eso eran, una gran familia, donde todos confiaban los unos en los otros, donde nunca había malos entendidos, ni malas intenciones, donde todos luchaban por un mismo y valeroso fin, por la paz de Ylisse, por su reino.

Cuando hubieron llegado a su destino, acamparon a la intemperie. Más que descansar en cómodas posadas donde, completamente gratis si los reconocían, tenían todo tipo de facilidades, prefería en muchas ocasiones la compañía del cielo abierto, de las estrellas y de una humilde fogata como compañeros de noche. A pesar de las bajas temperaturas de la estepa, era cálido. Incluso estando acostumbrado como lo estaba a las comodidades de una noble vida, sentía que aquellas vivencias tenían mucho más valor, y daban realmente sentido a su misión. Sin embargo, no dio tiempo a que la noche cayera sobre sus hombros.

Los dos hombres que se habían adelantado a la posada del pueblo más cercano regresaron velozmente sobre sus corceles, con rostros cubiertos por perlas de sudor frío y consternación –¡Capitán! los emergidos están preparándose a las afueras del lugar, debemos darnos prisa, no tardarán en alzarse en combate! –Le tenía dicho a sus hombres que no usaran distintivos con él, por lo menos no los propios de la realeza. Si deseaban referirse a su título del ejército podían hacerlo, aunque referirse simplemente a él con su nombre era lo que prefería.

Se levantó apresuradamente de donde se encontraba descansando y se dispuso a dar órdenes a sus hombres. No había tiempo que perder. Esos malditos seres siempre atacaban aldeas desprotegidas, alejadas de núcleos mayores, ahora que su presencia y poder en el reino había disminuido. Frunció el ceño, llegarían a tiempo.

Una vez atravesada la aldea, donde los ciudadanos corrían, nerviosos por la presencia enemiga, o bien se armaban aquellos que sabían luchar, pudo ver en la pequeña planicie un grupo no demasiado numeroso de emergidos, pero peligroso de igual manera. Había aprendido a no menospreciar a unos adversarios no solo dignos en combate, sino en fuerza de voluntad, ya que seguían luchando incluso aunque parecía imposible, hasta que exhalaban su último aliento. Nunca había observado nada igual, ni el más valiente y feroz de los guerreros era capaz de tal hazaña. Señaló hacia ambos flancos, para que la caballería se dividiera –¡Rodeadlos! Cerquémoslos antes de que se acerquen demasiado al pueblo –Les ordenó.

Una explosión de calor le recorrió el cuerpo justo antes de correr hacia el primero de los enemigos, alzando un grito de rabia, si querían hacer algo a esas pobres gentes antes tendrían que pasar por encima de él. Su primer oponente ya había caído cuando captó un destello dorado adentrándose en el campo de batalla. Una joven de áureos cabellos, empuñando un hacha que parecía pesar demasiado para ella se colocó junto a sus soldados, auxiliándoles en la tarea de acabar con un emergido lancero.

Un empujón le hizo retroceder un par de pasos, tiempo necesario para que su nuevo enemigo tomara la iniciativa. No debía distraerse, pero aunque le alegraba que los civiles fueran valerosos, no siempre era el escenario adecuado para ellos. Y esa vez no era más que una chiquilla que rondaba la edad de su propia hija, simplemente no podía dejarla a su suerte –¡Por la izquierda, joven! –Esperaba que aprovechase esa oportunidad, si le asestaba un fuerte golpe con su arma cuanto menos desestabilizaría al enemigo. Paso a paso, golpe a golpe, lo conseguirían, reducirían a cero la amenaza.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Alanna el Miér Nov 29, 2017 3:00 pm

A cada zancada con la pateaba la hierba de la colina, más fuerte se volvía el tronar del metal que reinaba en el campo de batalla. Con los supuestos rumores de que la avanzada enemiga que venía de frente no contaba con grandes números, los confirmó con echarle un fugaz vistazo al percal que se le presentaba de frente. Serían pocos, pero bajo ningún concepto se podía permitir bajar la guardia ante ellos porque, dioses, los muy malditos luchaban con la fiereza de bestias. Incluso la compañía del ejército se estaba viendo obligada a dejarse la piel para contener su acometida. Iba a ser duro, pero eso Alanna ya lo tenía más claro que el agua; esos demonios de ojos rojos no la volverían a pillar desprevenida esta vez. Serían incansables, pero para nada invencibles, y por la Madre Naga que ya no les volvería a tener miedo.

Esprintó, con la adrenalina disparándosele a niveles exagerados, nada más ver el primer par de rubíes centelleantes en el rostro de un lancero enemigo al que a un par de soldados se les resistía. Su tenacidad le recordó a la misma que presenció en aquel pueblecito rural y en las cercanías de la frontera con Regna Ferox, suficiente para imbuirla de aliento y arrojarse cual flecha contra el enemigo. Hacha en mano, se aprovechó de que el lancero reajustaba el agarre de su arma para hacerla descender en un arco sobre esta y anclarla en el suelo. Rechinó entre dientes y voceó: —¡Ahora, vamos! —El par de soldados titubearon un par de segundos tras su entrada inesperada en combate. Gracias al cielo que poseían un mínimo de temple para una respuesta rápida con la que ensartaron sus lanzas en el pecho del emergido. Ni un mero sonido salió de su boca antes de desplomarse como un muñeco de trapo… igual que los otros.

Solo entonces los soldados parecieron querer decir o expresar algo, pero eso Alanna no lo llegaría a saber porque ya se estaba movilizando del lugar para asistir a cualquier otro grupo que estuviese en apuros. No había tiempo para cháchara innecesaria con el enemigo encima suya, tenía que ser todo lo rápida y eficiente que pudiese porque esos malditos engendros no perdonaban ni el menor descuido.

Le llegó así una voz grave que se dirigiría a ella por el “joven”. A unos escasos metros dio con un hombre que le daba la espalda y miraba de soslayo, de capa y uniformes zarcos, mucho más notorios que la armadura reglamentaria de soldado. Si se trataba de algún cargo superior del ejército, no lo pensó mucho al ver que se batía contra un rabioso emergido que no le daba tregua. Alanna sólo necesitó la escueta indicación del mayor para flanquear al enemigo por su izquierda y sesgarle parte de su costado con un tajo horizontal. La criatura se arqueó hacia un lado, a lo que el espadachín contestó sin compasión alguna y su hoja refulgió a la velocidad del rayo. Un golpe de gracia ejemplar en donde los hubiese, aquel hombre no era ningún manco en lo que se refería a técnicas de esgrima.

Sin lugar a dudas debía de ser uno de los que comandaban al pelotón. Lo cual era bueno, porque era la persona indicada para ahorrarse tiempo y organizarse con los demás. Pasó a ignorar el cuerpo inerte del fallecido demonio para voltearse y presentarse ante el sujeto con esos escasos segundos antes de retornar a la batalla. —¿Sois el capitán del pelotón, Sir? Permitidme uniros a vuestros hom… —Justo estaba a mitad de frase cuando por fin pudo reparar en el aspecto del supuesto líder que tenía en frente, y la garganta se le secó.

Nunca antes había abierto tanto los ojos de puro asombro. O de cruel, cruel congoja en este caso. «Oh, dioses…». De pronto fue sentir que todo el calor acumulado en la pelea se extinguía de golpe y que la sangre se le helaba. «¡OH, DIOSES!»

El rostro de aquel hombre que tenía a un par de palmos le decía muchas cosas. Podría decirse que era como mirar a un espejo que reflejaba tiempos en los que se veía a ella misma, pero siendo una persona completamente diferente: No llevaba ropas tan simplonas como las de ahora, ni protecciones de cuero, ni tampoco se la visualizaba en medio de una feroz contienda. Pero sí que blandía un hacha, y a su vez estaba acompañada por otra figura ataviada en ropajes áureos y azulados que casaban a la perfección con el firmamento de aquella.

Pero no era más que el pasado. Al igual que aquel caballero que se sirvió de la ignorancia de una pobre chiquilla para pasar por otro noble cualquiera. Para Alanna, era mejor pensar que anécdotas como conocer a un príncipe pertenecían al pasado del que tanto renegaba y se avergonzaba.

Por eso no supo cómo reaccionar delante de él, quien se suponía que nunca volvería a aparecérsele en persona. Sudor frío le resbalaba por la nuca mientras lo contemplaba con una expresión de puro terror. Su primer impulso hubiese sido el de salir corriendo de allí, como quien huía de los fantasmas del pasado que la atormentaban, pero al poco de retroceder un paso…

Le vio acercarse con la hostilidad de un animal salvaje. —¡CUIDADO! —Nada más treparle aquel grito por la garganta, las piernas de Alanna se movieron solas y la impulsaron de una patada al costado de su “príncipe”, sorteándolo justo a tiempo para alzar su hacha e interponerla ante la que blandía un corpulento emergido que buscaba un ataque sorpresa. Su arma vibró con fuerza al recibir el impacto y los músculos de la chica ardieron al absorber gran parte de la sacudida.

El mastodonte de ojos carmines no lo dejó ahí y siguió ejerciendo más y más fuerza con el fin de aplastarla bajo su propio peso. Alanna resollaba y trataba de imponerse con estoicismo, pero a cada segundo que pasaba, sus brazos y piernas iban cediendo y hundiéndose más. Que despiadado podía ser el destino a veces; atrapada entre un ejército de asesinos y la persona a la que admiraba y temía al mismo tiempo.
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Re: [Campaña de liberación] Honor de Custodio (Priv. Chrom)

Mensaje por Chrom el Sáb Dic 09, 2017 8:56 pm

Nunca se debía bajar la guardia en medio de un combate, aun cuando se encontrasen en supuesta superioridad numérica, había aprendido que menospreciar al oponente era un fallo de novato, tiempo atrás. Capaces de sorprenderte en cualquier momento, sacar fuerzas de donde ya no las quedaban o sencillamente tener preparada una emboscada, cuyos resultados no podían ser sino nefastos. Por cada una de esas razones era que no despegaba más de unos segundos la vista de sus enemigos. El aura rojo de los orbes enemigos, además, tenían una especie de imán cuya capacidad de atracción era devastadora. Nunca se había enfrentado a un oponente que, en los últimos tiempos, necesitara de toda su concentración y capacidad para plantarles cara.

Con un enemigo menos en las filas del adversario, el panorama se habría esperanzador para los Custodios y para el pequeño pueblo fronterizo. No le había pasado desapercibido el imponente golpe que la jovencita de áureos cabellos le había regalado al emergido, con rabia contenida pero preciso completamente. Inmóvil, el cuerpo se hallaba en el suelo, separándolos a ambos. Mientras observaba el terreno, le dedicó unos apenas unos segundos a la joven, a quien sonrió y agradeció con un gesto de cabeza, por su buena hazaña –Sí, así es, soy el capitán del regimiento así que en mi nombre y en el de mis compañeros os agradezco vuestra colaboración, ha sido una acometida sobresaliente –Alentar a los soldados también era parte de su tarea. Sin confiaba en ellos, si les proporcionaba palabras de ánimo, aumentaba su destreza y pericia en el combate.

Ante la parálisis de la joven solo pudo levantar una ceja y ladear ligeramente la cabeza. ¿Había hecho algo más allá que luchar? No, simplemente la había saludado con educación como para que reaccionara quedándose sin palabras y con un rostro que parecía ver en él a un enemigo del cual pretendía huir. Le posó una mano en el hombro, cuidadosamente –Si no os encontráis preparada o con la confianza necesaria para seguir luchando os podéis encargar de socorrer a los aldeanos, necesitan una mano amiga que les acompañe en estos duros momentos –No obligaría a nadie a luchar, pues siempre existía la posibilidad de ser ese el último día que pudieran ver, por muy favorable o sencilla que pareciese la situación, cualquier giro de los acontecimientos podía ser un puñal para todos y cada uno de ellos.

Durante unos instantes, unos vagos recuerdos perdidos en la lejanía de su memoria intentando hacerse eco entre todas las tácticas, ataques y órdenes a realizar en aquel preciso instante. A lo largo de su vida había conocido a una innumerable cantidad de personas, de todo tipo de clase social, desde humildes campesinos a grandes nobles y reyes de otros países. Sacerdotes, magos, guerreros, mercenarios… un largo etcétera, procedentes no solo de Ylisse sino de otros emplazamientos diferentes, incluso lejanos muchos de ellos. Hombre y mujeres de distintos pensamientos y con propósitos muy dispares. Le era imposible recordar el rostro de todas las personas que se habían cruzado de una manera u otra en su vida, pero sí se le podían hacer más familiares, como ocurría con la valiente joven. No era el momento adecuado para preguntar por detalles que podían esperar, no teniendo una tarea tan importante entre manos en ese preciso instante, donde la vida de inocentes dependían de su capacidad y su fuerza, su concentración debía mantenerse en vez de divagar sobre temas triviales.

Pero había regalado unos preciosos segundos de desconcierto a sus enemigos, y supieron aprovecharlo. Como un veloz rayo atravesando el cielo nocturno, la menor se adelantó para bloquear a un robusto emergido que cargaba con fuerza y enfado hacia donde se encontraban. Había reaccionado más rápido de él, incluso habría sido nefasto de no haberse percatado ella. Se maldijo a sí mismo, nunca se perdonaría si le pasara algo a alguno de sus soldados o a la propia doncella si por su momentáneo descuido sufrieran cualquier tipo de percance.

No articuló palabra alguna. Solamente expresó todo su odio en una estocada, atravesándole prácticamente de un costado a otro. Con fuerza, recuperó su arma para con un movimiento desde abajo la hoja se introdujera desde donde había asestado el primer golpe hacia arriba, recorriendo un amplio trayecto hasta su garganta. No tardó demasiado hasta que con su propio peso cayera al suelo, completamente inmóvil –Espero que os encontréis bien, ¿os ha dañado el ataque de este salvaje? Tener que parar ese golpe ha sido un acto de maestría que pocos habrían sido capaces de conseguirlo –Es más, se necesitaba no solo una gran fuerza física, como era obvio, sino también mental, ante un enemigo mayor y visiblemente más fiero. Pero en esa ocasión no quería incurrir dos veces en el mismo error. Adoptó de nuevo la posición de ataque, mirando solo de reojo a la muchacha –Si vuestros brazos han tenido suficiente, quedaos detrás de mí, mis hombres y yo nos encargaremos del resto –Le aseguró con voz firme, segura, mientras apretada con rabia la empuñadura de su espada.
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Mensaje por Alanna el Dom Dic 17, 2017 9:04 am

Era en esos momentos cruciales en los que daba gracias a los frutos de sus meses y meses de entrenamiento, cargando y blandiendo un instrumento como lo era el hacha. De no haberse fortalecido lo suficiente, lo más probable es que aquel gigante le hubiese hecho picadillo los hombros y rodillas bajo el peso de su arma. Alanna conseguía aguantar, pero a muy duras penas y flaqueando a cada momento que su rival, superándola sobremanera en complexión y fuerza, ejercía más y más presión. Desesperada como estaba, un último rezongo escapó de sus labios en forma de monosílabo al temerse que el monstruo la iba a aplastar allí mismo. Entonces atisbó el brillo platinado de una hoja hundiéndose en la carne del emergido y sobrecogiéndola en cuanto ascendió y lo sesgó de un tajo, dando lugar a una dantesca imagen cuanto menos.

El peso del gigantón decreció al unísono que su vida se desvanecía y dejaba nada más que un cascarón inerte. Muerto. Alanna, que contenía el aliento del asombro, reaccionó y se ayudó del hacha para echar a un lado el cuerpo del emergido con un poco de dificultad. Apretó los labios en una fina línea al contemplar como el cadáver cayó como un saco al suelo, aunque su expresión no mejoró mucho al volver a cruzar miradas con su salvador. Por Naga, valiente osadía suya la de tratar de defender a un guerrero tan capaz como lo era el líder de los Custodios. Lo único que le dio al príncipe fue una escueta y torpe negación cuando este le preguntó si le había alcanzado el emergido. Y maestría le decía… Un ramalazo de vergüenza la sacudió, pues ni ella misma supo con exactitud qué demonios se le habría pasado por su cabeza para lanzarse en un acto casi suicida que por poco la dejaba con unos cuantos huesos rotos. ¿Instinto? ¿Una muy mala jugada de su propio miedo? Quizás si fue miedo lo que la instigó… Ya no por la presencia de aquel hombre que la atormentaba, sino por la cruel posibilidad de que hubiese podido ser víctima de la rabia asesina de aquel emergido.

Alanna entreabrió la boca, con la incertidumbre de no saber que vocalizar en esos momentos, o cómo debía proceder a continuación allí mismo, en medio del fragor de la batalla que ocurría a su alrededor. Sin embargo, la figura del príncipe ya se estaba encarando de nuevo hacia el peligro y la alentaba con una escueta mirada de soslayo a que se mantuviese cerca suya, en la retaguardia. Bajo su protección.

Dichas palabras solo consiguieron que a Alanna le empezase a oprimir el pecho, y no precisamente por los efectos que la voz, o incluso la presencia de aquel hombre ejercían sobre ella una sensación de urgencia. Oh, no. Lo que notaba ella era incluso más doliente y desalentador que la posibilidad de que el príncipe llegase a recuperar unos meros recuerdos que se remontaban dos años atrás, con cierta fiesta y cierta muchacha noble de por medio que aspiraba a ayudar al país de cualquier forma. Pero hasta el momento, Chrom no parecía haberla reconocido, y eso solo debía alentarla a que tomase cartas en el asunto antes de que fuese demasiado tarde. ¡Pardiez! O incluso tomar la anterior opción que el mayor le dio para que volviese al pueblo en pos de socorrer a los aldeanos. ¡Era su salvoconducto para salir airosa del engorro en el que se había metido ella solita! No estaría huyendo; seguiría socorriendo al pueblo y a la par, corrigiendo su error de haberse topado con quien no debía.

Pero dolía. Era lo mejor para ella, para el príncipe, y dolía. Porque en su memoria empezaron a resonar las palabras de ánimo que tiempo atrás salieron de los labios del príncipe, que la alentaban a no resignarse al papel que tenía su familia para ella. A hacerla creer por unos sucintos instantes que podría llegar a ser alguien tan valeroso como lo eran los Custodios. El temor de llegar a confrontarle seguía presente en su ser, pero una parte de ella seguía aferrándose a esos recuerdos en los que una vez quiso demostrarle su valía. Y si ahora mismo aceptaba quedarse relegada en un segundo plano y dar media vuelta, sería como si sus dos años desviviéndose por hacerse más fuerte y mejorando sus dotes de combate quedasen en saco roto.

Fue la propia desazón la que hizo desistir a sus pies de retroceder, sino a que avanzase hasta quedar a la par del príncipe Chrom y aferrar la empuñadura de su hacha con tanta fuerza que los dedos se le empezaron a quedar blanquecinos. —Eso… eso no será necesario, Sir —se pronunció con voz trémula, sin llegar a dirigirle la mirada al peliazul por temor a quebrarse allí mismo. El corazón comenzó a golpetearle el pecho con mayor ímpetu a cada palabra que trataba de articular—. Mis brazos todavía pueden aguantar más acometidas si es con el fin de defender el poblado. Permitidme no luchar en la retaguardia, sino junto a vos y vuestros hombres y cumpliré cualquier comando vuestro… por favor.
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