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[Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

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[Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

Mensaje por Hana el Dom Nov 19, 2017 3:57 pm

Hana volvió a leer la carta arrugada que sostenía entre sus manos temblorosas. A la hora de escribir a Sindhu para pedir asilo desde Ylisse, nunca había creído que fuese la mismísima reina quien respondiese. En un principio, creyó que debía de tratarse de una broma de mal gusto. Al fin y al cabo, debía de ser relativamente frecuente que algunas cartas se perdiesen de vez en cuando, sobre todo aquellas cuyos destinatarios fuesen residentes en otros países. Sin embargo, aquel sello con el que la misiva estaba firmada despejaba cualquier duda. La reina Sissi de Sindhu estaba dispuesta a darle cobijo entre los suyos, aparte de ofrecerle un puesto de trabajo bajo su servicio directo. La samurái exiliada sentía que después de presenciar la caída de Hoshido, no era digna de recibir semejante honor, pero tampoco podía rechazar la voluntad de aquella que había tenido la amabilidad de aceptarla sin apenas saber nada de su historia. Sería de muy mala educación rechazar una invitación…” pensó para sus adentros. La muchacha dejó escapar un suspiro y alzó su vista al cielo despejado. La luz del sol refulgía con especial intensidad aquel día, casi tanto como lo hacía en su tierra natal. Una vez más, se dejó invadir por todos esos sentimientos de rabia, tristeza y nostalgia que llevaban aturdiéndola cada día desde su exilio. Los emergidos habían tomado el palacio Shirasagi, su único hogar, y lo habían destruido sin que ella hubiese podido hacer nada para evitarlo. Con el símbolo más importante de Hoshido reducido a cenizas, lo que quedaba del ejército no tardó en desmoralizarse y sucumbir ante el abrumador poder del enemigo. Hana apretó los dientes y cerró los puños con fuerza, sin reparar en que estaba arrugando la carta de la reina. Ella tendría que haber permanecido allí, al lado de sus aliados, hasta el final. ¡Tendría que haber seguido luchando hasta morir en el campo de batalla! ¡Tendría que haber caído junto a todos sus amigos y conocidos que prefirieron quedarse en el país en vez de huir! Decidir exiliarse en el último momento como refugiada la deshonraba a ella, por negarse a sí misma una muerte digna de una samurái, y a su difunto padre que debía de estar observándola desde el más allá.

¡Señorita! ¡Señorita! —escuchó una vocecita infantil que la llamaba. Hana buscó con su mirada a quien le había hablado, y encontró a una pequeña niña que la observaba con curiosidad. Debía de ser una refugiada hoshidana. Una de las muchas que viajaba a bordo de aquel barco mercante en dirección a Sindhu, y una de las muchas a las que había fallado tras no poder proteger Hoshido.

¡Señorita! ¡Señorita! —insistió la cría—. ¿Está llorando?

Hana esbozó una expresión de sorpresa al escucharla, percatándose de que en efecto, una lágrima estaba cayendo sobre sus mejillas. Enseguida procedió a secarse al rostro con la ayuda de las mangas de su kimono rosado, y fingió una sonrisa amplia para tranquilizar a la pequeña.

No te preocupes. ¡Los samurái no lloramos! —respondió mientras le removía el cabello con cariño—. Ya estamos a punto de llegar a Sindhu, ¿no crees que deberías volver con tus padres?

La abuelita dice que mamá y papá se han ido a hacer un largo viaje y que no pueden verme. Ahora ella me cuida a mí.

En ese momento, Hana sintió cómo algo volvía a romperse en su interior. No había que ser muy inteligente para comprender lo que significaba aquel viaje que la niña mencionaba, y que en realidad nunca más volvería a ver a sus progenitores. La samurái se preguntó en silencio cuántas cosas más querrían arrebatarles los emergidos, cuántas familias más pretendían destrozar... La naturaleza demoníaca de aquellas criaturas impuras ponía en peligro todo lo que ella que había jurado proteger una vez. Y al igual que no podía perdonar a Nohr por haberse cobrado la vida del rey Sumeragi y la de su padre, tampoco tenía intención de perdonar a esa lacra nauseabunda que había osado mancillar las tierras del país del alba. Ensimismada una vez más en oscuros pensamientos, fue interrumpida por la intervención de la niña hoshidana que aún seguía ahí.

¡Oh! ¿Eso es una katana de verdad? Señorita, ¿puedo tocarla?

¡¡No!! —gritó Hana sin pensárselo dos veces. Pero al reparar en que había asustado a la niña sin querer, volvió a recuperar la sonrisa y se disculpó por su comportamiento—. Lo siento, pequeña. Pero es que esta espada es peligrosa. Podrías hacerte daño.

E-entiendo… —respondió cabizbaja, pero su semblante se iluminó otra vez enseguida y pasó a imitar una postura de combate con katana—. Cuando sea mayor, ¡quiero ser una samurái como tú! ¡Así podré tener también una espada para proteger a mi abuelita!

Hana no esperaba recibir una respuesta tan vivaz de repente. Permaneció unos segundos en silencio, tratando de procesar lo que la pequeña le acababa de decir. Admiraba la pureza e inocencia de los niños. Sin darse cuenta, eran capaces de reparar en pequeños detalles que escapaban a la mirada de los adultos. La samurái sintió como poco a poco recobraba su sonrisa, esta vez sincera, y no pudo contener una leve risita que se convirtió en sonora carcajada. “¡Eso es!” se dijo a sí misma “Mi trabajo todavía no ha terminado”. Las palabras de aquella niña habían sido como una especie de revelación. Daba igual que con la familia real desaparecida, no supiese por donde empezar a buscar a la señorita Sakura. Tenía un compromiso para con su gente, y hasta que no descubriese el paradero de su mejor amiga, su deber no era otro que el de proteger a los refugiados que habían conseguido escapar de la masacre de Hoshido. Cegada por la ira y la pena, había perdido de vista lo más importante.

Gracias, pequeña —dijo Hana a la niña mientras le removía el cabello una vez más— Si entrenas mucho, estoy convencida de que te convertirás en una gran samurái.

El navío mercante ylissense no tardó mucho en arribar a los muelles de Ciudad Blanca, capital del reino de Sindhu. Ataviada con su kimono rosado preferido, la muchacha que una vez ostentó el cargo de vasalla de una princesa cargaba a sus espaldas un baúl hoshidano de madera de bambú, del que también colgaba su katana de empuñadura blanca. Hana bajó del barco y pisó por primera vez aquel extravagante puerto. Abrumada por lo distinto y exótico que le parecía todo, no reparó en el joven que había en el camino antes de chocarse de bruces contra él.


Última edición por Hana el Lun Feb 05, 2018 3:03 pm, editado 2 veces
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Re: [Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 19, 2017 5:45 pm

Todavía no soy capaz de superar aquella experiencia en el maldito juego de ajedrez. He intentado leer más libros para centrarme en otra cosa pero, ¡imposible! No podía todavía evitar aquella humillación. Habían pasado ya días, sí, pero aún no era capaz de olvidar aquella experiencia, aquella humillación.

Y, como es de esperar, aquel era un día en el que estaba de humor de perros. De hecho, si no hubiese sido porque me informaron de que íbamos a recibir refugiados, lo cierto es que mi humor habría seguido exactamente de la misma forma. Quizá suene muy patético y hasta cruel, pero me alegraba ver que había otros en el mismo barco que yo: huidos de un país. Probablemente vayan también a servir en el ejército de Sindhu. Visto aquello, supongo que he de mostrar aunque sea un poco de compasión. Probablemente sea uno de los pocos capaces de empatizar por completo con quien quiera que esté dirigiendo a los refugiados. Seguramente, además, se trate de un noble. Motivo de más para mostrar mi mejor cara posible.

Aunque he de confesar que los ánimos en los rostros de los refugiados más jóvenes (los niños) me sorprendió gratamente. Si bien la mayoría estaban como deduje, había quien me sorprendía por su carácter tan animado. Probablemente ni siquiera sean conscientes de lo que está sucediendo en su patria.

Y, por supuesto, no podía evitar percatarme del impacto que hubo entre mi persona y alguien que, tras una pequeña inspección, pude deducir rápidamente que no era de por aquí. Aquello fue lo único que me impidió recriminarle lo que acababa de hacer. – Ten más cuidado – dije, mirándola a lo bajo, simplemente por nuestra diferencia de estaturas. – Supongo que sois los nuevos, ¿no? – evité usar la palabra “refugiado” a propósito. Yo mismo conocía el dolor que esa palabra producía. – Yo también he pasado por esa situación de ser el nuevo. Permitidme que me presente, mi señora. Mi nombre es Berkut. Ahora ejerzo como uno de los soldados de Su Majestad, la reina Sissi.

Como era de esperar de todo noble de mi categoría, tomé la mano de la chica y di un leve beso en el dorso de su mano. – Espero que, a pesar de lo sucedido, vuestras heridas puedan cicatrizar – solté la mano. – Os aseguro que la reina Sissi hará lo imposible para lograrlo.

Incluso si es una plebeya, debo mostrar cierta empatía hacia su situación. Sé que no es muy afín al culto al Padre, mas esto es algo que mi corazón como soldado me exige que haga. Aunque, quizás, las palabras que dijo la mocosa esa me calaran más hondo. «Un noble de un país que ya no existe y ha sido sustituido por otro ya no es noble en absoluto». Probablemente ese sería su destino si no tenían fuerzas para recuperarlo...

Maldita sea, ¿por qué debo recordarla ahora?
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Re: [Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

Mensaje por Hana el Vie Dic 15, 2017 4:02 pm

¡Auch! ¡Qué daño! —se quejó Hana mientras se apartaba de aquel contra el que había chocado. Apretándose con una mano la zona herida de su frente, alzó la vista para intentar disculparse ante el soldado, quedándose sin palabras al descubrir que se encontraba frente a un joven sombrío y de alta estatura. El desconocido vestía con una armadura tan oscura como el azabache, en la que no faltaban sobrios ornamentos forjados a partir de metales valiosos. Por un momento y de manera instintiva, la muchacha quedó paralizada al creer estar en presencia de uno de esos temibles jinetes de Nohr de los que tanto se solía hablar en Hoshido cuando aún no habían aparecido los emergidos. La caballería del reino oscuro era tan famosa como el ejército de aurigas celestes de su tierra natal, y aunque la samurái aún no hubiese tenido la oportunidad de enfrentarse a uno de sus jinetes, el aspecto de ese chico no distaba demasiado de la apariencia que les atribuía en su imaginación.

Yo… esto… —llegó a decir algo confundida antes de que su desconcierto inicial diese paso a la razón. Pensó en primer lugar que no tenía mucho sentido que hubiese nohrios en un lugar como lo era Sindhu, ya que los valores de sendas culturas eran incompatibles entre sí. En Nohr se rendía gran devoción a la conquista y a la fuerza, mientras que según lo que le habían contado durante su exilio, en Sindhu primaba la tolerancia y la paz. Hana dejó escapar un suspiro de alivio al comprender que sus temores eran infundados. Como noble y vasalla real de la princesa Sakura, jamás se le había permitido abandonar el país, por lo que era bastante ignorante en lo referente a las culturas que se desarrollaban fuera de las fronteras de su reino. Pero a pesar de haber visitado ya Ylisse, seguía costándole procesar que el mundo era algo más que Nohr y Hoshido.

El desconocido de armadura negra decidió tomar la iniciativa y se presentó con el nombre de Berkut. Hana seguía perpleja, viéndose obligada a alzar ligeramente el rostro hacia arriba para poder mirarle a los ojos. La diferencia de altura existente entre ambos era considerable a pesar de que parecían tener una edad similar. Dispuesta a disculparse una vez más, la samurái trató de dedicarle una reverencia de arrepentimiento, mas el caballero tomó de repente su mano libre y la besó en el dorso.

¿Q-qué…? —tartamudeó aterrada mientras un rubor intenso empezaba a aparecer en sus mejillas. Ni estaba acostumbrada ni sabía de las cálidas muestras de afecto que primaban en otras civilizaciones, por lo que apartó su mano como acto reflejo, y le dirigió al joven una mirada sembrada de dudas. Los otros hoshidanos que estaban desembarcando los observaban con curiosidad.

E-eh… ¡creo que t-tengo que irme! —exclamó antes de darse la vuelta y empezar a dirigirse en dirección a ninguna parte. No se percató de que con las prisas se le había caído la carta de la reina Sissi, y que ahora ésta yacía a los pies de Berkut.
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Re: [Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 08, 2018 9:17 pm

Por alguna extraña razón, aquella chica estaba un tanto asustada y, luego, confundida. ¿Me había parecido notar nervios en la mirada? Desde luego, con una simple mirada puedo asegurar que algo le ha sucedido y, analizando todo lo que ha sucedido desde el principio hasta el final… Creo que puedo concluir algo.

Entre lo que he hecho, parece que la he incomodado. No sé cómo, pero lo he hecho.

Pero, ¿qué ha podido ser? Lo único que he hecho ha sido dar un saludo usando todos los modales que se debían esperar de un caballero. Sin embargo, parece haber rehuido de eso. No. Debe haber algo más. Supongamos, por un instante (espero que no), que ella era una plebeya. ¿No debería haber visto que esto era algo bastante común entre los nobles? No tiene sentido. Y es impensable pensar que no lo hubiera visto. Tendría que ser una plebeya demasiado criada en el campo como para eso. Dudo mucho que alguien con esas características pueda llevar ropas tan elaboradas y complejas… ¿O sí?

Todas mis dudas se interrumpieron en el momento en que vi una misiva en el suelo. El sello que había en ella era claramente familiar. Más aún cuando me tomé la libertad de leer un poco el contenido. Definitivamente, esta era una noble. Entonces, ¿por qué había actuado de esa forma? Debería haber sido una costumbre de lo más normal para ella. Sin embargo, su reacción fue puro rechazo…

Coloqué la misiva y la cerré para evitar que pensara que la había curioseado a propósito. – ¡Disculpad! ¡Disculpad! – me apresuré hacia ella. Por el honor del Padre, ¿por qué narices tengo que hacer de chico de los recados?– Habéis dejado caer esto.

Tendí la misiva, intentando así ganar un poco más de tiempo para poder tener un poco más de conversación y así poder deducir lo que había pasado anteriormente. – Lamento los inconvenientes que haya podido ocasionaros – realicé una reverencia. – Como bien dije, mi nombre es Berkut. Soy un soldado bajo las órdenes de Su Majestad, la reina Sissi. No he podido evitar percatarme de que la misiva proviene de aquí y que ha sido enviada por nuestra reina, así que he llegado a la conclusión de que querríais verla.

Di una leve pausa. Además, con el fin de evitar posibles incomodidades que no sé por qué se darían, me encargué de mantener una leve distancia entre los dos. – Además, si me lo permitís, me gustaría haceros una pregunta… ¿Os he hecho algo que os haya ofendido de alguna forma?
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Re: [Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

Mensaje por Hana el Lun Feb 05, 2018 3:49 pm

“¡No te des la vuelta, no te des la vuelta…!” se decía una y otra vez la samurái ruborizada mientras que, sujetando con sendas manos los cordeles que unían el baúl hoshidano a su espalda, caminaba lo más rápido que podía con la intención de perderse entre la muchedumbre. Confundida por la repentina e inapropiada muestra de cariño de aquel joven al que recién acababa de conocer, ni siquiera prestaba atención a lo que acontecía a su alrededor. Bajo otras circunstancias estaba segura de que no habría titubeado a la hora de encarar al caballero para pedirle explicaciones, pero estando tan lejos de su tierra natal, lo último que quería era arriesgarse a molestar a los habitantes de la que sería de ahora en adelante su nueva ciudad. En vez de empezar a amenazar con su katana a desconocidos demasiado atrevidos a cambio de una disculpa apropiada, prefería adoptar una actitud evasiva hasta que se hubiese acostumbrado a vivir en Sindhu. Mientras trataba de encontrarle un sentido a la conducta del muchacho de cabello oscuro, no reparó en que sus pasos indecisos parecían estar conduciéndola hacia lo que parecía ser la entrada a un ajetreado mercado. Voluminosas y elevadas columnas de mármol blanco sujetaban una cúpula que daba sombra y cobijo de los rayos de sol a la incontable cantidad de puestos de venta de víveres, especias y telas que allí había. El sitio parecía estar bastante concurrido, pero antes de que pudiese dar otro paso más hacia delante, a Hana le pareció escuchar de nuevo al joven de antes llamándola a sus espaldas.

La samurái sintió cómo su corazón empezaba a latir muy rápido otra vez, presa de un pánico irracional ante el pensamiento de tener que volver a encarar al caballero atrevido que había dicho llamarse Berkut. Lo fácil habría sido ignorarle y tratar de perderse por callejuelas del mercado para darle esquinazo, pero resignada, la muchacha hoshidana tomó la decisión de darse la vuelta para decirle al soldado que no estaba interesada. Que la dejase en paz. Precisamente por ese motivo le resultó imposible evitar que su mirada pasase de mostrar disgusto a desconcierto en cuanto vio que lo que realmente quería el joven era devolverle una carta. La carta de la reina Sissi.

¡¿Qué?! ¡No puede ser! ¡U-un momento! —exclamó Hana mientras se frotaba los ojos para asegurarse de que su vista no la estaba engañando. ¡Habría jurado que antes de bajar del barco la había guardado en su baúl! Antes de que Berkut prosiguiese con su presentación, la samurái desató rápidamente los cordeles de su macuto de madera de bambú, dejándolo caer al suelo con brusquedad. Con ademán nervioso, la muchacha se agachó frente al objeto para empezar a remover sus propias pertenencias. Pero ni debajo de los pocos atavíos que pudo rescatar del Shirasagi, ni de los pergaminos y pinceles que llevaba para poder escribir cartas, encontró la misiva que en esos momentos el caballero le estaba tendiendo con educación. Hana volvió a ruborizarse, aunque esta vez debido a la vergüenza que suponía haber perdido un documento tan importante.

Te-tenéis razón. Esa carta es mía —reconoció finalmente tras incorporarse y tomar el pergamino de manos de Berkut—. Muchas gracias.

La joven le dedicó una reverencia hoshidana para acompañar sus palabras de agradecimiento, y volvió a darse la vuelta para guardar la misiva en el baúl. Después de colocar el macuto de nuevo a su espalda, se dispuso a escuchar lo que el caballero parecía querer decirle. Sin carta no habría tenido salvoconducto para pasar a ver a la reina, por lo que pensó que lo justo sería prestarle atención a pesar de que no confiaba del todo en él.

¡En efecto! Tengo que ir a ver a la señora Sissi de inmediato. Pero no conozco el camino a palacio… —reconoció con sinceridad. Decidida a olvidar por el momento la afrenta que le había hecho en el puerto, Hana estaba a punto de preguntarle por indicaciones. Mas Berkut se adelantó y le formuló una pregunta que volvió a tomar por sorpresa a la samurái. ¿A qué se refería con eso de si la había ofendido? ¿Acaso no era obvio que sí? La hoshidana alzó una ceja sin comprender qué pretendía su interlocutor, esperando a que quizá se explicase mejor a continuación. Pero el soldado calló y no dijo nada más. Un silencio incómodo —que solo era roto por el lejano ruido de la muchedumbre del mercado— se impuso en la aún más incómoda conversación antes de que Hana decidiese responder algo.

¡¿Cómo no voy ofenderme si me habéis besado la mano de esa manera?! ¡Sois muy agresivo! —explotó sin ser consciente de que el malentendido se debía a un choque cultural—. ¡¡Grrr!! ¡Habláis como si vuestros padres no os hubiesen enseñado a respetar el espacio personal de los desconocidos!
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Re: [Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

Mensaje por Eliwood el Miér Dic 12, 2018 10:40 pm

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Re: [Social] Preludio de un nuevo comienzo [Priv. Berkut]

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