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Naesala, el rey cuervo - ID

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Naesala, el rey cuervo - ID

Mensaje por Naesala el Vie Nov 17, 2017 8:09 pm

Naesala
Crow
I’m not the best of the fighters but, heh… Sometimes I have to delude myself enough that I can put on a good fight

Datos
Nombre: Naesala

Edad: 89 años

Clase: Laguz [Cuervo]

Especialización: --

Afiliación: Kilvas

Ocupación: Rey de Kilvas

Personalidad
No son pocos los rumores que circulan acerca del rey de los cuervos. Lenguas taimadas lo describen como un gran usurero que se regocija en el arte de la dialéctica y en sus elocuentes artimañas, todo para conseguir sus propósitos y embaucar a los ingenuos que tienen el mal fario de cruzarse en mitad sus asuntos. ¿Exageraciones? El propio Naesala afirmaría que son palabras bastante dolientes hacia su persona. Pero eso no quiere decir que desmintiese nada.

Quienes han tenido el curioso placer de conocerle de verdad, sabrán de primera mano que Naesala es una de esas mentes privilegiadas que ha cultivado durante todos estos años un ingenio sin paragón, bien es cierto que de normal suele aplicarlo para fines de dudosa moralidad. Artero por naturaleza, su mente es como una caldera en constante ebullición, ya sea para tener a punto la última de sus tretas o una respuesta sagaz a cualquiera que trate de discutirle. No por nada también se dice que su lengua es aún más afilada que sus garras.

Siendo consciente de la nefasta reputación con la que han cargado los diversos monarcas de Kilvas a lo largo de la historia del país y que él mismo ha heredado, ha aprendido con el paso de los años a ignorar las hirientes y constantes quejas de los miembros de la alianza laguz sobre su persona. Sin embargo, del mismo modo que sabe recibir, tiempo no le falta cuando se trata de devolverlas. Por norma general y para la mayoría de las otras razas laguz, no tiene más que una retahíla de sarcasmos y palabras frías esperando a ser disparadas cuales saetas. Cuando se lo propone, es capaz de ser brutalmente honesto.

Le es totalmente indiferente la opinión que otros puedan tener sobre cómo ejerce de monarca. A fin de cuentas, es rey de los cuervos, y como tal solo le compete el bienestar de sus semejantes. Esto lo corrobora con una ferviente devoción y dedicación a su pueblo, pues es consciente de que los otros reinos de la alianza apenas moverán un dedo por ellos. A su vez, es la principal razón de que se halla ganado la mala fama de organizar bandadas para saquear algún que otro buque beorc. No es nada nuevo que los cuervos se dediquen al pillaje y a la recurrencia de tretas desde hace ya varias generaciones para subsistir, y Naesala no ha hecho más que adoctrinar una vieja costumbre.

Además de su propia gente, la tribu de las garzas es la única que se ha ganado su completo beneplácito al no compartir el mismo desprecio que las otras razas. Hasta la fecha, Reyson, al que conoce desde su niñez, es el único miembro con el que mantiene contacto tras los acontecimientos que destruyeron su hogar en el bosque de Serenes. La garza todavía guarda un profundo rencor a los beorc por ello, y muchas veces ha terminado chocando con él debido a sus negocios con estos. Pese a ello, sigue considerándolo un gran amigo, y uno de los pocos que le quedan.

Historia del personaje
El reino de Kilvas, un archipiélago escarpado que sirve de hogar a los sagaces cuervos, es uno de los tantos que forman parte de la alianza laguz al suroeste de Tellius. Naesala nació en el seno de su familia real, siendo el único heredero directo a la corona tras una extraña plaga que diezmó gran parte de la población del reino, acabando también con la vasta mayoría de los potenciales candidatos que estaban por delante de él, y también el único familiar que le quedaba a su enfermo tío, el rey en aquel entonces. Debido a que el precario estado de salud de su tío le impedía atender todo lo que le hubiese gustado a su sobrino, el joven pasó casi toda su infancia bajo la tutela de Nealuchi, un viejo cuervo que servía como consejero al rey.

Así fue como el pequeño se fue instruyendo para el futuro que le esperaba. No obstante y pese a que fue durante cortos periodos de tiempo, Naesala tuvo la oportunidad de aprender más acerca de su tío  y de sus menesteres como rey. Fue un hombre bastante condescendiente con él, aunque el joven cuervo fue descubriendo poco a poco que le sería imposible rellenar el hueco que su difunto hijo dejó, una batalla que no tardó en dar por perdida y conformarse con lo que ya tenía del hombre. Sin embargo, su amor por el pueblo de Kilvas era lo que más admiraba de él, algo que él mismo adoptaría en un futuro.

Pero, ¿fue sólo admiración lo que convirtió a Naesala en lo que es hoy en día? Desgraciadamente, no fue el caso. Para cuando el joven cuervo alcanzó la adolescencia, la enfermedad del rey había avanzado lo bastante para preocupar a los pocos cuervos que velaban por él. Un día, el hombre convocó a su sobrino a sus aposentos para contarle la terrible verdad sobre las repentinas muertes en Kilvas. Nunca hubo una plaga, tan solo la despiadada malicia que se escondía en el senado del país beorc, Begnion. El rey le narró cómo esos farsantes se les acercaron cuando el pueblo de Kilvas pasaba por una terrible crisis a la que el resto de la alianza hizo oídos sordos. Prometiéndole falsas esperanzas, le engañaron para firmar un falso pacto de alianza que resultó ser un contrato imbuido en magia negra, el cual le sometía a la voluntad del senado.

Su mayor error fue negarse a obedecerles y descubrir más tarde que desató una maldición con la que condenó al pueblo de Kilvas. Al primer día, un cuervo murió bajo extrañas circunstancias, pero con el paso de estos, el número de casualidades no hizo sino aumentar a un ritmo alarmante. Tras muchos ruegos, el senado de Begnion decidió perdonarle y levantar la maldición, con la premisa de que no serían tan condescendientes la próxima vez que les desafiasen. Pero, ¿y en que afectaba esto a Naesala? También le advirtieron que la magia del contrato no desaparecería en el caso de que este falleciese, pues el vínculo se trasladaría automáticamente a su sucesor.

Pasaron los años, hasta que llegó el fatídico día en el que su tío falleció y Naesala fue coronado rey de los cuervos y del mismo modo, heredando la marca que le enlazaba al contrato. Para aquel entonces, Naesala ya se había convertido en el astuto y sutil monarca que actualmente todos en la alianza laguz conocen. Su mandato no distó mucho de los ardides que utilizó en un momento su tío, ya fuese asimilándolos directamente del hombre o a partir de las anécdotas que le contaba el viejo Nealuchi. Fue de lo que se estuvo valiendo cuando el senado de Begnion le reclamaba y debía compaginar sus deberes como rey. Cómo no, las noticias de sus tratos con beorc, los saqueos a barcos mercantes para recuperar las pérdidas en sus arcas nacionales, y la ya de por sí mala fama de los cuervos desde hace generaciones repercutieron en sus relaciones con la alianza laguz.

Las constantes quejas y muestras de desprecio por parte del resto de los monarcas laguz no hicieron más que transformarse en la cantinela de siempre, con la que Naesala lidiaba en todas las reuniones. Mas nada de esto consiguió hacer mella en su política, limitándose a dedicarles a los demás amplias sonrisas con sorna y a seguir con sus “obligaciones” como rey. Exceptuando a la familia real de las garzas, quienes no se sumaron al parecer de sus congéneres laguz y le tendieron la mano desde su tierna infancia, Naesala se limitó a ignorar al resto de la alianza mientras no se le requiriese por cualquier llamamiento oficial, y a desvivirse por el próspero devenir de los cuervos, sin importarle los métodos con los que alcanzar sus propósitos.

Así permaneció durante varios años, sin ningún incidente de por medio salvo la tragedia que aconteció el bosque de Serenes. Entonces, un nuevo rumor cruzo los mares de Tellius hasta llegar a los oídos de la alianza. Tanto vigías halcones como cuervos trajeron misivas de un extraño ejército beorc que avanzaba por los países del continente. Se decía que su ferocidad era la equivalente a las de los orgullosos felinos de Gallia, y que nunca antes se había visto una crueldad sin igual reflejada en la raza humana. Pese a las promesas de peligro y desastre que traían, Naesala encontró irónico que esos supuestos “monstruos humanos” consiguieron que el gobierno de Begnion se tambalease y dejar al gobierno en una situación lo bastante delicada para que no pudiesen recurrir al contrato que lo ataba a su dominio.

El inevitable momento en el que alcanzaron las fronteras de los reinos laguz llegó, y pronto descubrieron que semejantes habladurías no eran tan exageradas como esperaban. Al final, el reino de Goldoa fue el único capaz de repeler a aquellas bestias de ojos carmesíes, pero el resto no corrieron la misma suerte.

Gallia acabó en una situación crítica tras la desaparición de sus líderes, aunque logró reunir a los pocos felinos que todavía podían plantar cara. Y para desgracia de Naesala, Kilvas fue la siguiente, viéndose incapaz de hacer frente a los beorc y llevándose a su pueblo a los picos más altos de las islas. Sin embargo, Phoenecis sufrió un destino incluso más nefasto al no saberse nada de los halcones tras su caída. Un mal presagio de lo que podía llegar a sucederles.

El ejército de ojos rojos no tardó en adueñarse de las riquezas de su país y a dar caza a cualquier cuervo que se atreviese a salir de su escondrijo. ¿Y ahora? ¿Qué hacer? Era una auténtica estupidez tratar de recurrir al resto de reinos cuando estaban en igual o peores condiciones, y sabía que no podría esperar nada de Goldoa por su estúpida y orgullosa política de neutralidad. Pero, ¿acaso eso importaba? Naesala siempre creyó que la alianza laguz era una absoluta patraña que solo sirvió para delimitar los territorios de los reinos y que el resto no intercediesen. Solo los cuervos podían cuidarse entre ellos, y en aquellos tiempos necesitaban estar más unidos que nunca. Como rey, prefería recurría antes a la mordacidad de su palabra que a su fuerza, pero había veces en las que uno necesitaba convencerse de que se era lo bastante fuerte para luchar.

Extras
*Mide 1’75 metros en su forma humanoide.

*Ha estudiado diversas materias a lo largo de su vida: geografía, literatura, economía, historia y legislación entre las más destacables.

*Le encantan las bromas pesadas. Quizás “demasiado” pesadas para el gusto de los demás.

*Como todos los cuervos, le encandila la joyería y otros objetos brillantes, aunque ha aprendido a controlarse al respecto cuando los tiene delante de sus narices.

*No se considera a sí mismo un luchador nato, pero de provocársele (un logro loable) demostrará que no es manco en combate para nada.

*Increíblemente, suele poner por delante los negocios a los pillajes. La posibilidad de emplear su labia para pactar acuerdos con los que obtener beneficios le resulta demasiado tentador para dejarlo pasar.

*No soporta a los extremistas religiosos, sean del culto que sean. Esto se debe en gran parte porque un país santo como Begnion emplease magia oscura para someterles a su tío y a él.

*A su vez, el contrato con el que lo coaccionaba el senado de Begnion también ha originado en él un incipiente desprecio por cualquier clase de magia que empleen los beorc.

*Pese a que le ha tentado multitud de veces culpar a su tío por lo ocurrido, siempre acaba retractándose. Sigue recordándolo como un buen hombre que hizo lo que hizo por el futuro de los cuervos. Además, cree que ya fue suficiente castigo contemplar cómo su pueblo y sus seres queridos murieron sin poder evitarlo.

*Aprendió la lengua antigua al haberse relacionado tanto con las garzas. Todavía le cuesta comprender algunas palabras, y se niega en rotundo a hablarla porque su pronunciación es penosa.

*Solo ha habido una persona que consiguió ganarse su corazón.

Prueba de rol
¡Ah! ¿Cómo podía hacerse llamar cuervo y haber olvidado tan dulce placer? La podía sentir mientras jugueteaba con ella entre sus dedos: redonda y pequeña, pero muchas veces consiguiendo superar el poder de la palabra y doblegando las voluntades más férreas con su mera presencia. Notaba en el tacto que el metal estaba frío… No la habían manipulado en mucho tiempo. Lástima, le gustaba más cuando todavía guardaban el calor de otras manos.

Naesala se recostó en aquel asiento de piedra improvisado, con las piernas colgando en el aire y apoyando la espalda como mejor podía para que las alas no le entorpecieran. Sus orbes todavía seguían hipnotizados por el lustre áureo de la pieza que sujetaba entre sus yemas. «Pequeña y con semejante poder», volvió a repetirse en su cabeza. ¿Tanto podía afectarle que no hubiese tocado una triste moneda tras tanto tiempo?

Lo cierto es que velar por su gente y controlar el movimiento de esas bestias con rubíes engarzados por ojos le dificultaba perderse en sus viejas costumbres. Organizar un saqueo como los de antes acabó pasando a ser un lujo que no podía permitirse, aunque de seguir así, pronto sería una necesidad si querían seguir viviendo. Pero, eh, no todo estaban siendo malas noticias, al fin y al cabo. Bajó por unos momentos su vista hasta el saco que yacía a sus pies, tan repleto de monedas como la que sostenía que algunas se esparcieron por el suelo.

¿Quién iba a pensar que la ronda de vigilancia de hoy tuviese semejante sorpresa? Según lo que le comunicaron los cuervos que trajeron el saco, estos avistaron a un par de beorc a los que sorprendieron en los riscos más cercanos a la costa. O bien les sobraba valor o sus cabezas les servían nada más que de adorno, ya que adentrarse en Kilvas ellos solos era temerario hasta decir basta; ninguno de ellos tenía los ojos rojos, pero para su mal fario esa sucia plaga que asolaba su hogar desde hace meses no hacía distinciones entre laguz o beorc.

Su suerte fue que los cuervos diesen con ellos antes que esos asesinos a los que les robaron el oro, su oro. Serían demonios sanguinarios, pero al parecer, incluso los monstruos se movían por el afán de riquezas y bien que no tardaron en sustraer hasta la última moneda de las arcas del reino. El caso es que pudo recuperar parte de lo que por derecho pertenecía a Kilvas. Y sobre los dos incautos a los que pillaron con las manos en la masa, bueno… ¿Cómo era ese dicho beorc que escucho de Naeluchi? ¿«Quién roba a un ladrón, mil años de perdón»? Demasiados que perdonar para su gusto... ¡Ni que contase con la longevidad de los dragones!

Pero ya que les “facilitaron” la bolsa, que no se dijese que Kilvas fue descortés con ellos. Oh, sí. Sus vigías tuvieron el detalle de acercarlos hasta la pequeña embarcación que amarraron no muy lejos de allí. Fue tan sencillo como alzarlos en el aire y dejarlos caer desde varios metros de altura hasta el mar. Naesala esbozó una sonrisa perniciosa. Una verdadera lástima que se lo perdiera, porque los cuervos presentes le aseguraron que fue un espectáculo digno verlos agitar los brazos y chapotear como posesos hasta que alcanzaron su barco.

Por otro lado, tal anécdota también fue un soplo de aire fresco para la fábrica de maquinaciones que era su mente. La simple idea de que unos beorcs hubiesen logrado arrebatarles un poco de oro a los monstruos resultaba hasta divertida, y le dio mucho en que pensar. Si ellos podían, ¿por qué no los maestros del hurto por excelencia?

Vale, puede que esta vez no se estuviesen enfrentando a una panda de inútiles que habían puesto al cargo de vigilar un buque mercante... Pero seguía siendo una buena excusa para estirar las alas. Últimamente ya se estaba empezando a oxidar.


Última edición por Naesala el Dom Nov 19, 2017 8:24 pm, editado 1 vez
Afiliación :
- KILVAS -

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Rey de Kilvas

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Re: Naesala, el rey cuervo - ID

Mensaje por Eliwood el Lun Nov 20, 2017 1:48 am

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Llave maestra [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2205


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