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[Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

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[Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Hasim el Jue Nov 16, 2017 1:13 am

Tras largos días de agotador confinamiento la comitiva de Hasim, disfrazada de comerciantes de sedas, vinos, pergaminos y otros muchos objetos de alto valor, finalmente llegaba a la capital de Daein.
Tirado dentro de su carruaje, el hijo del poderoso duque de Seliora  se quejaba sin cesar por las “inhumanas” condiciones en las que había tenido que soportar en el largo camino. Su consejero, único dispuesto a jugarse el cuello para seguir la loca e impulsiva expedición del noble, le repetía una y otra vez porque debían cruzar escondidos y sin llamar la atención, pero por más que se lo repitieran y que entendiera el porqué, el tedio de estar atrapado dentro de cuatro paredes de madera comenzaban a sacarlo de quicio.
Quien les observara  pasar vería dos importantes carromatos de madera tratada sin ninguna clase de adorno exterior, un grupo de por lo menos diez soldados que  marchaban a caballo alrededor de ellos cuidando las carretas, y un gordo conductor en el primer carromato que no era menos que el consejero del noble manteniendo todo bajo control. Estefue quien dio las explicaciones en todas las aduanas, mintió sobre el origen de la mercadería que llevaban e incluso pagó altos sobornos para que las inspecciones no fueran demasiado exhaustivas. El éxito de esa comitiva era únicamente suyo. Hasim todo lo que hizo fue echarse entre almohadones, leer viejos pergaminos continuando con sus estudios sobre el arcano, beber y fumar a sus hanchas, solo cambiando su rutina para quejarse con el barrigón.

Tras llegar a la capital, se hospedaron en la posada más cara y lujosa que encontraron y, después de  hacer pocas pero certeras preguntas, supieron de la construcción de una torre de magia que estaba llevando el príncipe Pelleas en persona.
Hasim tras saber esto no se lo pensó ni un segundo y salió expedito hacia el lugar, por suerte su consejero lo atrapó antes de que hiciera cualquier locura y ordeno las carretas y a los guardias mientras mandaba a todos vestirse y acomodarse para ir a la torre en cuestión.
Dejaron a las carretas estacionadas en la posada  y todos los soldados menos dos, pusieron un puesto en el mercado principal para vender la mercadería que si habían traído y continuar con la mascarada. Eso le permitió a Hasim moverse con cierta libertad en su camino al encuentro con el príncipe local.

Vistiendo pantalones largos, una prenda que rara vez portaba, botas altas, camisa y tapado de piel, el muchacho recibía miradas de soslayo al moverse por las calles. No solo por ir ataviado de pies a cabeza en tonos claros, sino porque sus ropas eran excesivamente abrigadas para la época del año en que se encontraban, pero aun así el muchacho de cabello canoso no podía evitar ceñirse al cuello el abrigo de piel laguz blanco y avanzar con un castañeo en los dientes producto de la notoria diferencia de temperatura ente las regiones.
Llegaron hasta la torre en construcción con la misma escusa de siempre consiguieron que se les permitiera entrar en terrenos del castillo para poder ir a la futura escuela de magia
Hasim y su pequeña comitiva, apenas dos guardias quienes cargaban con los bultos que no eran otra cosa que regalos para su anfitrión y su barrigón consejero, fueron recibidos con amabilidad en el hall principal de la torre en construcción y se sentaron a esperar a que les recibiera “alguien a cargo”.
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Dic 01, 2017 8:32 pm

La torre tras la biblioteca del reino, ya casi completa, había sido construida con el mayor cuidado respecto a la posición y cantidad de las ventanas, forzando el intelecto de los arquitectos y albañiles a lograr una corriente de aire buena, mas la menor cantidad de luz directa posible al interior. Aquella había sido la más acentuada petición del príncipe, respaldada por su insistente consejero hasta convencer a los encargados del trabajo de darle la debida prioridad. Sería lo mejor para los estudiantes, considerando el arcano arte en que se enfocarían. Así, desde el piso base hasta el más alto, muchos de los cuartos habían terminado por prescindir totalmente de aperturas, tornándose de completa oscuridad cuando sus puertas se cerraban; el sólo hecho de entrar a la edificación representaba ya una marcada diferencia, como si el cruce por el enorme umbral llevara al transeúnte del día a la noche en no más que cinco pasos. Ensombrecido pese a las finas ventanas en lo alto de la estancia, el recibidor debía de mantenerse iluminado del mismo modo en que casi toda la torre cuando así se quería, con lámparas de aceite que los magos del reino y primeros pocos discípulos ya se acostumbraban a una rutina de mantener. Por supuesto, se hacía inevitable cierto deje a cera de vela y a aceite quemado en el aire, sutil pero constante. Si algo faltaba aún era el terminado, sorprendentemente difícil de conseguir, pues hallar carpinteros dispuestos a tallar y a crear las molduras para la entrada y el exterior de la torre no resultaba nada menos que desafiante. La figura de seis enormes, detalladas y voluminosas alas que debían cernirse en torno a la entrada principal yacía incompleta desde hacía semanas, cuando la superstición había vencido al último encargado de tallarla y este se había excusado de la labor.

Un dios foráneo y nefasto era mostrado por vez primera en aquellas tierras de Ashera, mas era en cierta forma la corona de la misma Daein la que con sutileza lo introducía, y la población tanto como el gobierno no veía en esa torre más que una seña de nuevo poder para una ya fuerte y orgullosa milicia. El estudio de la magia era lo primordial y el nombre del dragón caído no era pronunciado en sí, mas el del príncipe a cargo, para muchos desconocido hasta ese momento, se oía también por primeras veces. La opinión pública local se inclinaba de forma cada vez más positiva que negativa a la nueva escuela y a los poderosos magos que habría de engendrar.

De cualquier modo, la actividad dentro había empezado desde hacía ya buen tiempo. Al heredero a duque le recibió uno de los guardias comúnmente apostados en el primer piso, que no ascendían sino para cuestiones como esa: avisar al príncipe de la llegada de un invitado. No obstante, no pasarían sino minutos antes de que el mismo hombre reapareciera, ofreciéndose para escoltar al joven noble a donde el sabio le recibiría privadamente. Y era dos pisos más arriba, cada uno más oscuro que el anterior, que Pelleas se hallaba. En ese intervalo el príncipe se aseguraba de estar preparado, tomando de entre sus pertenencias un brazalete de oro que en determinado punto habría guardado para no perder, aquel cuya forma era la de una serpiente mordiendo su propia cola, y calzándolo en torno a su muñeca. Su vestimenta en verdad plegiana cerraba ya la túnica gris y negra con piezas de oro gruesas y ajustadas como grilletes en las muñecas, mas el brazalete encajaba firme sobre una de estas, quedando a la vista como el importante detalle que él lo consideraba. Admirándolo cabizbajo, el hombre de cabello ondulado y ya un poco más largo sonrió para sí. Lo que le vinculaba con el heredero de Seliora era en mayor parte circunstancial, un acuerdo privado que por mera conveniencia del momento había recaído en él en lugar de en su padre, pero de ilusa forma creía en aquella señal de aprecio y contaba expandido su minúsculo círculo de amistades. Sin más motivo de dilación, se dirigió al encuentro del extranjero.

En el fondo, no tenía demasiada confianza en poder darle a Hasim lo que creía que buscaba. Su misiva de aviso no había comunicado demasiado ni podía Pelleas imaginarse con exactitud lo que deseara tratar, habiendo hablado de tanto en su previo encuentro; pero si de mero consejo se trataba, desafortunadamente la persona que lo guiaba a él acaba de ausentarse en viaje a Crimea. Esperaba no terminar dándole al otro una completa una decepción. Aún así, sonrió en cuanto pudo verlo ascendiendo las escaleras, con su vestimenta clara destacando tan fácilmente al final del pasillo y de sus espacios sombríos entre lámparas. Como una largirucha sombra más, el sabio en vestimenta oscura y liviana aguardó a recibirlo. En lugar de un saludo, sus primeras palabras fueron en cierta forma desprevenidas, cuando sus ojos acostumbrados a la penumbra captaron en mejor detalle el tapado que vestía el menor. - Esas son pieles subhumanas, ¿no es así? - Preguntó al dar el primer paso adelante, voz grave haciendo cierto eco en la estancia. Algo así era todo menos mal visto en Daein, en que la cacería de tales bestias era casi deportiva. Tras una contemplativa mirada agregó, complacido. - Lucen bien. -

No obstante, se había saltado los modales adecuados. Recordándolos, el daeinita se apresuró a enmendar, inclinando la cabeza ante el clérigo. - Ah, este... me alegra mucho volver a verle. Bienvenido sea. - Dijo, ofreciendo con rapidez un apretón a modo de saludo. Sus manos no llegarían a dar un apretón tan intimidante como el de su padre, que desde el momento de estrechar manos tornaba clara su dominancia en cualquier conversación o interacción, pero era posible que el joven heredero al menos hubiese crecido un poco desde aquella época en Valentia; o, quizás, que su consejero le hubiese corregido la postura con suficiente insistencia como para que lo pareciera.
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Hasim el Jue Dic 28, 2017 6:10 pm

Hasim esperaba en la base de la torre y nadie que le mirara podría no notar su impaciencia. Había sido un largo viaje hasta allí y el todo menos tranquilo clérigo ardía en deseos de por fin completar el fin de tan alocada travesía: reunirse con el príncipe de Daein.
Con su pie marcando un ritmo imaginario y sus brazos cruzados sobre el pecho, el jovencito miraba en todas direcciones, fijándose en cada detalle de la construcción con tal de hacer pasar más rápido el tiempo. Sus consejeros le murmuraban que se comportara, pero él hacia oídos sordos. A su alrededor no estaban ni Pelleas ni el propio rey de Daein, y solo ante ellos dos mantendría el comportamiento refinado, a todos los demás los consideraba inferiores y por ende no merecedores de verle bien portado.  

El tiempo pasó y el guardia que les recibió finalmente bajó a comunicarle que podían encontrarse con su majestad, pero que solo el joven de alta cuna podría subir. Completamente indignado Hasim infló el pecho pronto para protestar, pero rápidamente sus cautos consejeros le detuvieron. Había traído consigo una gran cantidad de regalos para su anfitrión, mucho más pesados que lo que sus delgados brazos podían cargar, la idea de tener que ir con todos ellos él solo le parecía mínimo ridícula, cuando no humillante. “Pretende este tonto guardia que sea yo mula de carga?!” se dijo para sí mientras le ordenaba a sus propios criados que le entregaran el morral con el regalo más especial. Hubiera gustado de llevarle todas las joyas y sedas a l príncipe, pero si debía cargarlas él mismo, solo podría con una de las muchas bolsas de regalos.
Con el fino bolso de cuero colgado sobre el hombro el clérigo marchó tras los pasos del soldado adentrándose en la penumbra de la torre, dejando a su escolta con órdenes de esperar en ese mismo lugar a su regreso.  
El lugar era terriblemente oscuro y el clérigo tropezó un par de veces con los escalones en su asenso por la torre. Para no perder el equilibrio se vio obligado a avanzar con una mano siempre contra la pared, y mirando bien sus pies, forzando la vista a que le permitiera ver por dónde iba.
Finalmente llegaron a un descanso en el que el soldado se apartó tras saludar a su majestad, revelando al irse la imponente figura de Pelleas en todo su esplendor. Con sus ropas extranjeras nunca antes vistas por el clérigo, y su postura solemne, el muchacho quedó mudo al verle. Era una regia silueta recortada contra la luz de la habitación a su espalda que le dejó con el corazón en la boca.  Era esta acaso la famosa aura de la que tanto se hablaba de los magos oscuros? No lo sabía con seguridad, solo sintió una briza de frio por lo que se ajustó su tapado todavía más al cuello.

-Ah? Pieles?... Pues s-si…-


La pregunta antes de cualquier saludo no ayudo a que el clérigo se tranquilizara, lejos de eso ahora se sentía más empequeñecido ante la presencia del príncipe. Aunque si alivió un tanto cuando este le indicó que le quedaban bien. Devolvió el apretón de manos como era costumbre en su patria dándolo con la mayor fuerza posible, aunque en caso del debilucho clérigo está casi ni existía.

-Príncipe Pelleas, es un gusto volver a verle. Le doy las gracias por tomarse un tiempo para recibirme. Y para agradecer esta generosidad, le he traído un pequeño presente.-

Giró el morral de cuero que le colgaba del brazo y extrajo dos  libros de su interior.

-Mis consejeros me han dicho de sus gustos por la lectura y por su… arte. Así que le he traído dos ejemplares que creo que serán de su agrado. De más está decir que han sido difíciles de encontrar, mis hombres han pasado días siguiendo rumores sobre estos tomos que le entrego. Yo mismo los he leído y creo que los encontrará interesantes cuanto menos.-

Extendió al mago dos libros, uno encuadernado con cuero bordo y elegantes engarces de metal en las puntas y lomo. El segundo de terciopelo purpura con un extraño emblema dorado en la tapa. A ambos libros el clérigo había mandado decorar, ya que las ediciones que había llegado a conseguir no eran tan imponentes a sus ojos como para que representar un regalo de un aliado.

-“Ensayo Teológico de Magia Oscura” y “Estudios sobre los Emergidos” dos libros de un tal Lord Gespenst. Un erudito en la plaga y en magia oscura.
Creo que serán un enriquecedor aporte a su nueva… ejem… biblioteca.-


Miro brevemente a los alrededores que se hallaba. Si bien sabía que era una construcción que el príncipe lideraba personalmente, desconocía todavía su propósito.
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Dom Ene 07, 2018 12:35 am

La vista del mago estaba ya de sobra acostumbrada a aquella oscuridad, capaz de guiarle suficientemente bien en ella; de hecho, era la luminosidad de un día cualquiera tras varios de reclusión la que lo desorientaba a él, siempre dándole un punzante dolor tras los ojos y en las sienes en los primeros minutos fuera. Sin embargo, cómodo en el entorno creado a su propia petición, Pelleas podía observar al joven noble ante sí con apropiada calma y suficiente detalle, pues sus rasgos le aparecían nítidos en la penumbra, sus gestos muy notorios. Reparó en lo enmudecido que había estado en los primeros instantes. Curioso, aguardó a que procediera el heredero que no recordaba sino extrovertido y locuaz. Ante todo, Hasim abrió su única pieza de equipaje para extraer de esta, al parecer, un regalo para entregarle.

- ¿E-Eh? Se ha tomado el tiempo de traer algo, no h-hacía falta que... - Pelleas masculló de inmediato. Aquello marcaba la primera vez en que alguien pretendiese darle algo por nada más que ser quien era, por poseer el cargo que se le adjudicaba; pocos gestos eran gratuitos en el comportamiento daeinita, no era común ganar favor de ese modo y no había tenido ocasión de experimentarlo. Aún así, sus dudas y su timidez menguaron un tanto al oír qué era lo que el extranjero traía. - ¿... libros, dijo? - Sus manos, alzadas a medio camino en gesto disuasivo, volvieron a bajar. El leve alzar de su rostro hizo que dejara de obscurecerlo la sombra de su propio cabello violáceo, mostrando la sonrisa que con lentitud se dibujaba en sus labios, a la vez que una mirada expectante y bastante contenta. No dudó ya en recibir los tomos que le eran extendidos, sosteniéndolos entre sus manos con cuidado y pasando la mirada de las cubiertas poco familiares al clérigo repetidas veces, en busca de una forma adecuada de expresar su gratitud.

Por supuesto, oír sus nombres hundió el corazón del mago desde su pecho hasta la boca de su estómago, no en verdadero pesar sino en una súbita oleada de bochorno. Desbaratada su capacidad de reacción, Pelleas mantuvo la vista gacha y quieta por un segundo más de lo debido, ojos abiertos un poco más ampliamente y por completo enfocados en los lomos irreconocibles, en lugar de en el joven de Begnion. Comprendía, apenas entonces, que las ediciones habían sido embellecidas y reforzadas, dándoles un acabado mucho más portentoso que la hechura original y causando que fallara en reconocerlos. - Uhm... estos libros... - Comenzó, incluso un murmullo suyo resonando con claridad en las paredes de piedra; una voz grave reverberaba más que una fina. Casi de inmediato, rememoró para sí las palabras exactas del otro y antes que cualquier otra cosa debió de recapitular y preguntar, algo confundido. - Aguarde... antes, creo que dijo que... ¿los ha leído? ¿Usted? - No pretendía sonar como si cuestionase la misma capacidad de Hasim de ocupar su tiempo estudiando, aunque en su anterior encuentro ciertamente no hubiese parecido la clase de persona. Lo que llamaba su atención, digno de cuestionarse, era que fueran esos libros los que hubiese leído por completo y terminado por hallar interesantes. Por un par de segundos le miró, cabeza ladeada en contemplación, al menos lo poco que el rígido y ajustado cuello de su vestimenta permitía. Pensándolo, nunca había sabido con exactitud a qué prácticas se dedicaba el heredero de Seliora. Su vestimenta siempre le había parecido tan sólo la de cualquier noble del reino vecino, más anónima ahora en sus pieles de tonalidades a la par con su cabello, contrastantes con lo tostado de su piel. La explicación más plausible para él no tardaba en saltar a su mente, y cuando lo hizo, la mirada del sabio se iluminó en buenos ánimos otra vez.

- ¡Ahora entiendo! Es un mago, después de todo, y por eso ha venido hasta aquí. Me alegra, en verdad. - Dijo, llegado con presteza a esa conclusión. Entonces, sosteniendo sobre un brazo los libros recién recibidos, Pelleas se apresuró a hacerse a un lado para permitir al supuesto mago acceso al pasaje un tanto más iluminado, con lámparas encendidas a ciertas distancias. Extendió la mano colmada de gruesos y enjoyas anillos, invitándole a proceder. - Ah, pase aquí, acompáñeme por favor. Le mostraré los salones que utilizamos de inmediato; la construcción no está del todo lista, pero ya hemos comenzado, así que... - Él mismo, sin demasiada demora, se volvió con un tenue y liviano movimiento de su oscura capa, los detalles de ojos dorados en su propio atuendo reflejando la luz de las lámparas, destellando. Su presunción era, al final, que Hasim era un practicante de magia con interés en las artes arcanas, siendo aquel el motivo de su visita. Alegre de tener a un rostro conocido y posible amigo allí para tal propósito, Pelleas difícilmente podía esperar para mostrarle el sitio en que quizás permaneciese. Su cambio fue tal que tuvo la confianza y osadía, inclusive, de posar con sumo cuidado la mano en la espalda del otro al pasar, sólo para animarle a ir.
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Hasim el Mar Ene 30, 2018 11:25 pm

Hasim contuvo el aliento y con los dientes apretados apartó la mirada sin saber dónde mirar, con las ganas de gritarle a su servidumbre agolpándose en su garganta.  
Si bien en una primera instancia el príncipe se había mostrado reacio a aceptar sus regalos, no bien se los enseñó había extendido los brazos sin titubear, hasta con emoción en sus gestos. Esto había llenado de orgullo al joven duque mas no bien le dijo los títulos de las obras al mago se le tiñó el rostro de bochorno y le apartó la mirada. Acaso había faltado al respeto a su majestad de alguna forma? Le estaba dando un libro que le resultaba insultante? El príncipe no se atrevía a decírselo  la cara pero Hasim sabía bien que los regalos habían sido un fiasco. Murmuró para sí una maldición y se tragó el mal el mal momento. Nada podía hacer ahora para remediar esto, no delante de su majestad. Cuando la reunión acabara mandaría azotar al consejero que le consiguiera los libros, eso estaba claro, pero ahora tenía que centrar su atención en otras cosas.

-Ah? Por supuesto que los he leído, sí. Tengo la costumbre de leer todas las noches, eso hace que el sueño venga más rápido. Jajaja-

Hasim hacia su mejor esfuerzo por mostrase animado como era habitual en él, ya que si seguía cabizbajo y denotando lo mucho que lo intimidaba  el mago en su segundo encuentro, todos sus planes se irían por el drenaje. Le regaló al monarca una cálida sonrisa y relatos personales menores, como sus hábitos de antes de dormir, con fin de entibiar el ambiente.

Por supuesto que Hasim tenía un concepto errado de lo que la mayoría tomaba por lectura nocturna. En lugar de sentarse frente a un tomo recostado a la luz de una lámpara, Hasim solía pasar sus últimos momentos de vigilia cómodamente arropado en su lecho con un sirviente al otro lado de la habitación que le leía en voz alta el libro en el que estuviera interesado.
Esta práctica la realizaba desde que, siendo muy pequeño, se quedara leyendo hasta tarde una noche y al día siguiente le doliera la cabeza por forzar la vista tanto tiempo. Su padre dictaminó que no permitiría que su preciado hijo pasara por tal suplicio que podría dañar sus ojos y su mente, por lo que dispuso a los sirvientes a que le leyeran sus estudios todas las noches y así salvaguardar sus preciados y delicados ojos color esmeralda.

-Admito que del de magia oscura no he llegado a… ejem, apreciarlo en toda su plenitud. Mas el estudio sobre los emergidos es realmente fascinante. Como detalla los distintos experimentos y la conducta que el autor ha llegado a apreciar de esta plaga… Confieso que me ha contestado muchas preguntas y abierto otras nuevas.-


El mago no era sutil en su escudriñamiento en el clérigo. Tanto que a pesar de estar con luz en contra Hasim se dio cuenta que le estaba mirando de arriba abajo. No dijo nada y se limitó a terminar su relato y sonreír.
Cuando el príncipe se equivocó en adivinar su profesión, carraspeó la garganta para corregirle, pero al escuchar las palabras “me alegra” y ver que le dejaba pasar a la habitación tragó el comentario y pasó casi trotando al despacho, feliz por haber dado un literal avance en la iteración con su majestad.

Una vez dentro su mirada recorrió en redondo la habitación mirando en todas direcciones. Bibliotecas, mesas, todo recibió una rápida mirada del joven duque el cual, si bien miro, no osó dar un paso más allá de lo que se consideraría pertinente, llegando únicamente hasta el escritorio más cercano y esperando a su anfitrión allí.
Ahora que tenía mejor luz pudo apreciar las ropas del príncipe, tan distintas a las que le recordaba en su vieja visita, pero los detalles en dorado no hacían más que fascinar al clérigo.

-Oh!, señor, no había notado sus nuevas vestiduras… Muy diferentes a las que usara la última vez que nos vimos.
Los detalles en dorado son maravillosos, tiene usted un gran porte si me permite decirlo.
Sin sonar adulador, por supuesto El exceso de oro es algo muy criticado en la corte de Begnion, cosa a la que no puedo estar en mayor desacuerdo.-


Habría hecho alarde de sus propias alhajas, pero quedaban cubiertas por su grueso abrigo de piel, y si bien el ambiente en el estudio era más cálido del que en el pasillo, Hasim todavía no se animaba a quitárselo, aunque el tintinear de sus decenas de pulseras se sentía cada vez que movía los brazos.
Se aclaró la garganta antes de continuar.

-Majestad, permítame hacerle una pequeña corrección. Como todos los duques de Begnion, es tradición que los líderes de mi país se dediquen al clero.-

Comentó con una mano sobre su propio pecho, haciendo alusión a que hablaba de sí mismo.

-Pero no está tan errado en aventurar que me estoy iniciando en las artes arcanas. –

Volvió a rebuscar en su morral y extrajo esta vez un tomo grueso que, si bien sus tapas eran doradas, se notaba que eran mucho más simples que las de los libros que le había regalado el clérigo al mago.

-Me he estado entrenando en el arte arcano de la magia anímica, específicamente la que invoca al rayo…
Verá… hace un tiempo tuve un… ejem… altercado con un sub humano en las fronteras de mi país y… bueno, en breve: Esta vil criatura oso intentar comerme como si yo fuera un conejo u otra alimaña. Escapé gracias a mi gran ingenio y sagacidad, pero ciertamente creí que iría al lado de la gran dama ese día.
Esto me hizo darme cuenta de que, si bien la gran señora Ashera me concede grandes dones a la hora de tratar heridas y maldiciones, su condición femenina le impide ver que sus devotos también tenemos la necesidad de poder defendernos ante la amenaza de sus creaciones más salvajes.
Es por eso que llevo algún tiempo ya con diversos tutores entrenando en el arcano… para no volver a cometer tal error, no volver a estar indefenso ante nadie.-


Como siempre Hasim pecaba de hablar de más. Si bien tenía aprendidos los modales de la corte, jamás había tenido que convivir realmente en una, por lo que era un completo ignorante en la sutileza de que cosas contar y que cosas no respecto a su persona.
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Feb 27, 2018 6:23 pm

Todo el asunto era agradable sorpresa para él. El hecho de que Hasim consumiera esa clase de escritos, el supuesto motivo para su visita y lo que habría de ocuparlos en el futuro inmediato; era un desarrollo más agradable y fácil de llevar de lo que el daeinita hubiese podido concebir. Aún si el clérigo no se hubiese adentrado en profundidad todavía en el estudio de la magia negra, era suficiente. Para el resto era precisamente que se hallaba en esa torre, después de todo, guiar su instrucción desde el principio no sería problema. Asintió en ánimo mucho menos lánguido de su usual a cuanto el joven explicaba, andando en largos pasos que hacían breve trabajo de cruzar una estancia y la próxima, hasta verse de regreso en el despacho que había estado utilizando. Dándole aún su espalda, procedió hasta las estanterías, poniendo al final de una los libros recién obtenidos antes de reconsiderar, retomar uno de ellos, buscar ciertos otros títulos en los lomos y comenzar a extraerlos, decididamente preparándose para ofrecerle lecturas introductorias al menor. La voz tras él, aduladora, le hacía volver la mirada en intervalos en su dirección mas no le retiraba de su tarea, esbozando una sonrisa algo avergonzada; sólo por los constantes halagos de su consejero real tenía cierta resistencia ya a palabras así. Aún así, le hacía errar las manos, deslizándose fuera de estas los libros que tuvo que volver a atrapar en el aire. Faltaba un largo trecho para que supiese distinguir un cumplido franco de adulación por adulación.

Su "gracias" fue tan leve, que bien podía confundirse con una exhalación, seguido de un carraspeo. - Este... supongo que son... condecoraciones eclesiásticas, a su propia forma. Se siente un poco extraño mencionarlo precisamente a alguien como usted, pero podría decirse que simbolizan honores de sacerdote. - Se explicó. En sí era curioso que justamente esos detalles llamaran a la atención de Hasim, aún sin haber familiaridad con la que reconociese la plural mirada de Grima. En su iglesia, en Nohr, Pelleas había sido tratado como uno más entre los sacerdotes, en su momento. Tocó tentativamente uno de los broches dorados. - No de la iglesia de Ashera, claro. Aunque no creo haberla abandonado, todo esto... supongo que la enteridad de esta torre también, corresponde a la iglesia de nosotros, los magos. Quizás, en un futuro, suya. - Y era por eso que no temía a mencionarlo. Lo más seguro era que, permaneciendo allí, Hasim volviese a saber una y otra vez de Grima; no valía la pena en punto alguno ocultarlo.

Llegó entonces la corrección, que Pelleas escuchó con un parpadeo algo confundido, al fin deteniéndose. Lo cierto era que el asomo de oro en ciertos puntos del atuendo ajeno, brillando al final de su manga o al interior del cuello, hacía más fácil verlo en la habitación semi oscura. Entre paciente y nada más que descolocado atendió a la explicación del joven de cabello claro, en cierto punto abandonando ausentemente los libros en la mesa y retornando más cercano a él. Comprendía, era un sanador, pero no veía aún cómo eso excluía la posibilidad de que estuviese allí para estudiar magia arcana. No le parecían conceptos opuestos. Como anfitrión fallaba, sin invitar al extranjero asiento ni pensar en indicarle que se quitara el abrigo, mas había motivo más que suficiente para eso: el incidente que poco describía, por el que se aproximaba a la magia, ameritaba el completo silencio del mago. Un silencio pesado, con la miraba ensombrecida bajo entrecejo fruncido. Ni siquiera llamaba su atención el leve desdeño a la diosa; el altercado subhumano se sobreponía.

- Pero... Hasim... - Musitó. Pese a la diferencia entre su silueta y la ajena, siempre era la voz de Hasim la que resonaba y se explayaba en sus conversaciones, y la suya la que surgía paciente y más acallada después. En ninguna forma se comparaba su extroversión. Aún así, levantando la cabeza, Pelleas cobró considerable persistencia en su forma de perseguir el asunto. - ¿Puedo preguntar donde ha sucedido eso? ¿Donde han habido subhumanos agresivos sueltos? ¿Dentro, o fuera de la frontera de Begnion? Parecen haber demasiados en el último tiempo. Es exactamente por eso que es preciso que usted también tenga los medios para defenderse. Por favor, permítame su libro un momento. - Dijo, tendiendo la mano hacia el tomo de tapas doradas. Si bien nunca la había practicado activamente, el sabio conocía la magia de ánima; todo mago negro podía emplearla. Obedecía a distintos principios, pero requería de una voluntad menos potente y se hacía ligera de controlar. Un atento hojeo de las primeras páginas le permitía dilucidar el tipo de tomo, a la vez que el nulo uso que aún se le había dado. Con la vista en las páginas, el mayor finalizó. - No lo ha utilizado todavía, o eso creo. Si esta es la magia que desea aprender, si es el motivo de que viniese hasta Daein, por supuesto que puedo ayudarle. No es enormemente distinto. Aún así... -
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Hasim el Lun Abr 02, 2018 11:16 pm

El mago estaba recolectando libros de su biblioteca y Hasim, ahora que ya había echado el ojo sobre todos los elementos  en la habitación se dedicó a mirar la espalada de su anfitrión, sin saber dónde mirar ya. Y fue entonces cuando por fin, por vez primera desde que llegara, que notó el brazalete que le regaló en su primer encuentro. Era un detalle menor sobre las grandes pulseras de oro que portaba, por lo que era comprensible que demorara en reparar en este detalle, pero notarlo se le iluminó el rostro. “Si! Lo sabía! Alhajas! Eso es lo que le gusta!
Ts! Esos tontos barrigones… yo sabía que al príncipe le gustaban mis alhajas! Ese es el regalo que debí traer!”
 Se dijo a si mismo con entusiasmo mientras planeaba una movida para arreglar todo el embarazoso asunto de los libros. Aprovechando que el mago todavía estaba de espaldas. Se desprendió de uno de sus propios collares con gran celeridad y lo metió dentro de su morral. Con el grueso abrigo de pieles que vestía dudaba que se hubiera exhibido hasta entonces, por lo que el “nuevo regalo” podría ser presentado cuando la ocacion ameritara. Eso si, tendría que dejarlo dentro de su morral un rato, ya que hasta Hasim se daría cuenta que un reglo estaba usado si este se entregaba caliente.

Por este malabar con su collar y morral, fue que el clérigo no notó el desliz con el libro del mago en la biblioteca y le esperó paciente junto al escritorio, obediente como hasta ahora.

-Ah? Entonces está vestido como sacerdote?-


Preguntó ingenuo a tiempo que miraba de arriba abajo al anfitrión. Que significaba esto? Daein desde cuando seguía a otro dios que no fuera Ashera? El clérigo había escuchado relatos de otros dioses a los que la gente de otras partes del mundo le rendían culto pero hasta la fecha el clérigo jamás había dado con alguien que se declarara seguidor de otro dios que no fuera su señora.

-Así que…. Los magos tienen una religión aparte… interesante…..-


Dijo con tono similar al que pondría una doncella que es obligada a recibir las flores de un caballero que no es de su agrado. Se dio cuenta de esto y fingió toser. Una medida desesperada para tapar su falta de sutileza, y completamente inútil.
Todo le caía como un balde de agua fría. Nunca se imaginó que el príncipe siguiera una religión que no fuera la suya. Esto cambiaba ligeramente el tablero, pero no lo terminaba de patear. Solo le… hacia un poco más difícil la elección de aliado. Ya no era correr a los brazos del príncipe, como había hecho hasta ahora. Tendría que pensarse mejor las cosas y, sobre todo, terminar de conocer al hombre que tenía enfrente.
No hizo más comentarios sobre religión, claramente no era el momento ni la forma. L príncipe parecía muy interesado en hablar de magia, así que lo mejor era seguir por ese sendero.

Todavía de pie  junto escritorio, le echó una buena ojeada a la cantidad de escritos que dejó sobre la mesa, distraído de la actitud del mago, cuya vos le llegaba suave y calmada siempre.
Por eso, cuando el príncipe se enderezó y preguntó con ahínco detalles sobre su ataque, el clérigo casi pega un pequeño salto de sorpresa.

-D-d-dentro de la frontera….-


El cambio de tono le tomò tan de sorpresa que tuvo que parpadear varias veces antes de contestar correctamente.

-Fue en el limite de la frontera con Crimea y Galia…. Donde todavía están los restos de un bosque. Muchos sub humanos se reúnen ahí todavía, es difícil terminar de echarlos..
Y no eran varios… fue uno solo me temo. Me sorprendió sin mi comitiva y yo ya estando malherido de una cruenta batalla contra los emergidos. El muy cobarde. –


Le extendió el libro sin dudarlo.

-Si, en efecto, después de ese incidente he estado bajo estricto entrenamiento… pero me temo que mis tutores son un desastre, ya que no he podido sacar nada más que chispas de esas páginas!-

Dijo molesto, echándoles la culpa a sus sirvientes de su incapacidad de realizar el más simple hechizo.

-Ah… -Se aclaró la garganta- Nada me llenaría de más honor que recibir tutela de usted en persona, majestad. Mas el motivo principal que me empujo en venir  visitarle es otro.
Verá… Como ya le he dicho antes… mi país me preocupa. Ya no solo por lo insensato de la mayoría de las ordenes de nuestra dirigente.. sino que ahora… los emergidos han vuelto a rondar por nuestras tierras como en su primera aparición, justo cuando creíamos que los habíamos exterminado a todos.
También, está el detalles de… la fosa…
Hace un tiempo, cuando creímos que habíamos combatido a la plaga fuera de nuestras tierras, también llegó la noticia que estas… surgían de una fosa desde nosotros mismos… -
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Mayo 09, 2018 6:18 pm

Las pocas veces y los pocos asuntos que movían a Pelleas a hablar de más o mostrar mayores ánimos solían terminar en que se sintiera avergonzado y cerrara la boca al instante. Esa instancia no sería la excepción, menos aún con la respuesta como mucho tibia que había recibido, que le hacía caer en cuenta de haber sido demasiado vocal respecto a sus propias cosas. Lo tomó como aquello, mera culpa de haber sido ruidoso por un momento. Sin embargo, cuando se trataba de un asunto de la seguridad de su misma gente y según consideraba de todos los reinos humanos en Tellius, cuando se trataba del problema que los subhumanos ahora desperdigados por el continente repersentaban, no podía contenerse. El asunto no podía ser evadido. Ameritaba acciones a tomar y el sabio se convencía cada vez más de ello, viendo lo que Hasim relataba como un mal presagio. En ese momento, no titubeó en la necesidad de presionar el asunto.

- Han comenzado a aparecer en los sitios indebidos... me preocupa. He visto algunos en Begnion en el pasado también, es posible que se estén tornando más confiados, o más agresivos, para transgredir fronteras de ese modo. Es algo que no quisiera ver progresar. Si intentaran entrar con esa libertad a Daein... - Suspiró no con resignación, sino con latente molestia. Una emoción antes inusual para él, pero que en el transcurso del último año se había arraigado con firmeza en su persona; todo en torno, desde luego, a las bestias laguz. De ningún modo permitiría que se esparcieran tanto como para tocar Daein, pero las libertades que ya se tomaban en Crimea y Begnioneran suficientes para ponerle en alerta sobre el asunto. Siendo Crimea territorio daeinita en ese momento, cruzó por su mente el pensamiento de alejarlos de allí también, algo que por seguro desarrollaría con más cuidado después. Por lo pronto, dirigió su atención con seriedad al joven clérigo, aunque la oscuridad de la habitación y la espesura de su cabello algo crecido podían desdibujar los detalles de su expresión, y asintió. - Tan sólo uno ya es demasiado, en mi opinión. Hace bien en estudiar para defenderse. Las bestias son particularmente susceptibles a la magia, ¿lo sabía usted? Es el método óptimo para lidiar con ellas. -

Hasta allí, todo tenía sentido para él. Debía ser porque había un problema de bestias en el continente y que estas podían ser reducidas con magia, que Hasim se proponía aprender y acudía a su escuela para ello; era buen camino a seguir. No obstante, nuevamente el clérigo no lucía del todo seguro. Pelleas ladeó la cabeza un poco en la penumbra al oírlo corregirse, sin ocultar el desazón que la aclaración le causaba. Si bien escuchaba aún, sólo conseguía prestar vaga atención a los detalles que preocupaban al joven y por lo que había llegado allí. Mientras él hablaba, el mago oscuro puso sus manos tras su espalda y dio algunos pasos deambulantes más en la estancia, imprecisos, acompañando su contemplación.

- Comprendo... um, pero aguarde, por favor. - Terminó por decir, alzando la enjoyada mano en cuidadoso ademán de que el joven se detuviese allí, antes de prolongar su explicación. Si bien claramente quedaba mucho por decir, ya era notorio hacia donde se dirigía el asunto; y Pelleas no estaba en contra de la petición de ayuda que se preveía, pero seguía aferrándose a la idea de que Hasim pudiera aprender uso de magia pronto. Haber oído que sus tutorías hasta el momento no habían dado buenos resultados sólo incrementaba su curiosidad, las personas con el don de la sanación eran muy predispuestas a la magia y era de esperarse que lograra aplicarlo a eso también. Le atraía el asunto. No necesitó más que un segundo para decidir lo que quería decir y hacerlo pacientemente. - Si eso es lo que le trajo hasta aquí, no me negaré a escuchar lo que desee pedir. Pero antes... quisiera que sea indulgente conmigo también. Quisiera probar el progreso de sus estudios. Ha venido hasta una escuela de magia, después de todo. - La comisura de sus labios se curvó en una insegura sonrisa, pero su actitud respecto a ello no titubeó. Con soltura concluyó sus condiciones. - Si lo permite, después de ello lo escucharé y veré el modo de ayudarlo. -
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Hasim el Jue Jun 14, 2018 11:11 pm

-Oh! Si, se están volviendo más agresivos y atrevidos! Eso sin dudarlo!-
Respondió el joven clérigo afirmando las palabras de su anfitrión.
Veía que intranquilo le dejaba aquel tema al mago y no pudo más que comprenderlo. La amenaza sub humana era real, y que en su propia patria se negaran a verlo así era lo más preocupante de todo aquel asunto. Pero ver que el príncipe del país vecino percibía la noticia con tal molestia le afirmaba que estaba echando lazos con la persona correcta.
Movió la cabeza afirmativamente varias veces mientras este hablaba, sin poder estar de acuerdo con todas sus palabras.

-Así es!-  Dijo con tono convencido y sin dudarlo.- Mi iniciación en la magia es para dominar a las bestias.
Aunque admito que no sabía que fuera EL método más efectivo… Mi padre solía mostrarme como… calmaba a las fieras del sótano con su tomo mágico, por eso supuse que era lo más apropiado para mi.-

Contestó simple y sin rodeos, sin molestarse en ocultar su ignorancia.

El clérigo terminó de aclarar porque se encontraba allí y su anfitrión no disimuló su desilusión con la noticia. Hasim no había terminado de hablar, cuando este comenzó a dar pasos sin mirarle, con aquella estoica postura que un tanto inquieto le dejaba.
Cuando el mago alzó la mano, calló de inmediato, pegando un labio contra el otro.
-Que quiere ver mi progreso?...-
El clérigo guardó silencio unos segundos, sopesando las posibilidades de hacer un papelón ante quien quería ganar su amistad.
-Muy bien, no será problema.- Dijo finalmente con una pequeña sonrisa y poniéndose ante el escritorio que, frente a una zona despejada de papeles y libros.
Con el tomo entre las manos lo sopeso nervioso balanceando su peso de un lado a otro, haciendo gran esfuerzo por recordar que era lo que le habían enseñado sus tutores del tema.
Bastante escasas habían sido las lecciones. Y ciertamente las chispas habían sido el resultado de muchas arduas horas de estudio, y varias canas nuevas en los profesores del clérigo.
Inhaló profundo y abrió el libro, buscando aquel hechizo con el que más horas había pasado. No tuvo que buscar mucho, era uno de los canticos en las primeras hojas, apenas terminado el prólogo e indico.
Pasó el dedo por las líneas a medida que las leía en voz alta con una pronunciación terrible, que haría que cualquier miembro del arcano arrugara el rostro y le rechinaran los dientes.
No llegó a terminar la primera oración del hechizo, cuando el libro soltó una serie de chispas allí conde Hasim tenía el dedo. Apartándose un paso atrás del tomo sacudiendo la mano para aliviar la quemadura, se volvió con el rostro sonriente hacia su anfitrión.

Lo había logrado, había conseguido sacar las dichosas chispas, y con tan solo unas pocas líneas!. Claramente estaba mejorando a pasos agigantados en esto de la magia elemental, o esos eran los pensamientos que corrían por la mente del joven duque.
-Lo ha visto? Nada mal, verdad?-
Dijo con total soberbia y ni un ápice de vergüenza de su destrozo desempeño.
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Re: [Entrenamiento] Querer decir tanto y saber que es mejor no decir nada.[Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Jun 27, 2018 7:26 pm

Daein no poseía tal cosa como las leyes igualitarias de Begnion, la supuesta liberación de todos los esclavos laguz por mandato de una apóstol anterior, sino una actitud completamente contraria. Hablar de las bestias como bestias no era inusual, ni percibía el príncipe como nada extraño plantearse las formas de controlarlas y amedrentarlas. Numerosos libros escritos desde la más ladeada perspectiva se ponían en manos de toda juventud daeinita al respecto, versando sobre la defensa contra los seres, las formas de proceder en caso de avistar uno y los métodos óptimos de cacería rápida para que el buen ciudadano no peligrase. Después de salir al gran nuevo mundo, Pelleas no podría concluir que una sola pizca de aquella educación estaba errada. Sin instante de duda ni de mal juicio podía asentir en comprensión de la lógica del joven clérigo y suponer que, cuanto menos en cuanto a darle uso a las bestias como opción a exterminarlas, Begnion tenía ciertas buenas ideas. Por seguro volvería a pensar en el concepto.

- Así es. Esa será mi condición, para ayudar con los asuntos de Begnion. - Ante el momentáneo titubeo del otro, el príncipe confirmó lo que había propuesto, haciendo lo posible por mantener un semblante decidido. Era una condición caprichosa, sí, poner al heredero de Seliora a practicar magia para recién después atender su petición seriamente, pero se convencía a sí mismo de que era bueno y necesario. No sólo una pequeña ilusión suya, sino algo provechoso para la situación en que todos estaban. Aguardó, pues, a que el clérigo se preparara y diera su muestra. Contentado por todo ello, reparó en el último instante, cuando ya veía al joven de tez tostada con el libro abierto y sus primeras palabras arcanas eran pronunciadas, en que no estaba para nada previniendo el resultado. El joven iba a conjurar trueno en una habitación cerrada y el sabio no estaba tomando una sóla precaución. Repentinamente muy consciente de ello, se enderezó de golpe, tenso, y estiró la mano aprisa a por uno de sus tomos mágicos en el escritorio, apoyando la palma sobre la tapa. Si el conjuro probaba ser demasiado, lo enfrentaría a uno propio; la magia negra tragaba la de ánima como un animal a otro más pequeño, sería lo más seguro de hacer. Sin embargo, las palabras incómodamente dichas que llegaban a sus oídos y la falta de efecto visible auguraban ya otra clase de resultado.

Se produjo un chasquido y una luz repentina iluminó la estancia penumbrosa, aunque por no más que un instante, un parpadeo amarillento. El aspirante a mago rompió el contacto, pero el arcano no podía culparlo; la magia no había ido a ninguna parte más que a su mano. - ¿... eh? Pero, ¿por qué? ¿Qué ha pasado? - Murmuró enseguida, confundido, parpadeando para quitarse de la vista los efectos de las luces. Tras presionarse los párpados y volver a intentar ver, halló al clérigo sonriendo con orgullo, pese a tener el libro ya ignorado al lado. Pelleas miró al tomo, luego a la mano del más joven, que estaba seguro de haber visto tocada de mala forma por las chispas. - ¿... no lo lastimó a usted justo ahora? No tendría que... qué habrá sido... - Preguntó, más perdido aún. Las palabras, aunque fueran pronunciadas de una forma peculiar, habían sido las usuales en un hechizo inicial. Y quien las había usado sin dudas albergaba capacidad mágica, pues podía utilizar báculos. No veía el factor de falla.

Pero quería dilucidarlo, en lugar de dejar la duda yacer. Contempló por un instante el libro de tapas oscuras todavía en su mano. No poseía tomos de ánima ni creía provechoso recurrir a ellos, pues no eran lo más familiar a sus ojos. Sin ofrecerle al clérigo explicación ni evaluación de lo que acababa de suceder, el mago oscuro sólo permaneció pensativo un segundo, antes de extenderle el libro grueso y pesado. - Hm... sostenga esto, por favor. Sé que no es lo que intentaba dominar, pero será más fácil para mi entender lo que, um... lleva logrado, si uso esto. - Dijo. Desde luego, no lo dejaba a solas con el objeto; acercándose nuevamente, posó los dedos en una esquina cualquiera, tan sólo por retener contacto. Era todo lo que se necesitaba para hacer empleo del tomo, después de todo. Pacientemente prosiguió explicando la idea que lentamente tomaba más forma en su propia mente. - Usaré yo mismo la magia esta vez. En cuanto la vea, lea usted... aquí. Los términos son iguales, al menos estos, a los que ya conoce. - Señaló, al decirlo, una línea en que abundaban las palabras más regulares en esos escritos; nada traducible con certeza, pero que se teorizaban como los conceptos de "liberar", quizás "salir" o "manifestar". Llamados usuales a movilizar la magia. Levantó la mirada Hasim. - Eso mostrará más claramente cómo la magia responde a sus comandos. -

No podría realmente predecir el modo en que eso resultaría, pero en cierta forma era tal el objetivo. En su imaginación, en la forma ideal y más óptima, tras invocar él la magia a través del tomo, los comandos de alguien con aptitud tendrían que servir de algo; la resistencia o el éxito tendría que mostrarle la capacidad de la persona. No era más que ilusa y optimista teoría, sin embargo. Igualmente, probándolo, musitó desde su memoria una frase breve, corta, no más de tres o cuatro palabras que instaron a la oscuridad a salir, esparciéndose fuera del tomo con gran prisa. Si era posible, la habitación se torno aún más densamente oscura.
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