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[Social] No está hecha la miel para la boca del asno... O eso dicen (Priv. Hana)

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[Social] No está hecha la miel para la boca del asno... O eso dicen (Priv. Hana)

Mensaje por Daraen el Miér Nov 15, 2017 1:58 pm

Poco después de vencer a la gran mayoría de eruditos de la universidad en batallas estratégicas y devorar los ejemplares escritos más interesantes, había decidido hacer algo de turismo. El complejo de enseñanza del país había logrado impresionarme, no sólo por su increíble colección, sino también por la inmensa dedicación que parecía profesar el grueso de estudiantes que allí pasaba una importante cantidad de horas diarias. Las calidad de los encuentros que había tenido variaban, pero mentiría si dijese que no había aprendido nada de todas y cada una de ellas, incluida la de aquel que parecía odiar a la plebe... - Berkut... ¿eh? -, dije en voz baja, registrando aquel nombre en mi baúl de recuerdos. Aquella persona tenia mucho potencial latente, tan solo tenía que aceptar la ayuda que el resto de personas intentaba profesarle. Aún así, tenía la sensación de que volvería a encontrarme con el en mejores circunstancias, y para variar, mi intuición no fallo aquella vez tampoco.

Sonreí para mi misma mientras caminaba por las calles, magníficamente empedradas, aportando un ejemplo más de la grandeza de aquella nación. No me arriesgaba ni un ápice si afirmaba que era sin lugar a dudas la más avanzada a nivel tecnológico y académico que había encontrado en mi largo viaje al rededor del mundo. Recordé entonces Tellius, el basto continente que todavía no había pisado con propiedad. - ¿Tendrá algo semejante? -, me pregunté, prometiéndome a mi misma que algún día visitaría cada país del mundo, conociendo a todo tipo de humanos, laguz y cualquier otro tipo de entidad inteligente. Era, sin duda alguna, una de las metas más profundas que tenía en aquellos breves momentos de paz. Sin embargo, todos aquellos deseos desaparecían en algún momento, siendo eclipsados por otro más distante y oscuro, también mucho más importante.

Distraída, para variar, pensando sobre todas aquellas cosas que había aprendido, aquellas que había logrado razonar y aquellas que deseaba descubrir, me crucé en el camino de una carreta de sandías, asustando al hombre que las llevaba. En un intento de esquivarme, tiró de las riendas de los caballos que tiraban de la carreta, haciendo que estos frenasen en seco con un movimiento brusco. La carreta no pudo seguir el ritmo de los corceles, separándose de sus anclajes e inclinándose hacia mi persona. - Siempre me tienen que pasar cosas así... ¿Verdad? -, dije resignada mientras veía como la inmensa cantidad de enormes frutas caía sobre mi. No lograría esquivarlas a tiempo, así que lo único que pude hacer para minimizar los daños fue tirarme al suelo con los brazos por delante, para no golpearme con el empedrado del suelo y las sandías al mismo tiempo. - ¡Tengo una suerte demasiado bipolar! -, maldije para mis adentros, mientras era enterrada por una pirámide perfecta de frutas verdes y negras a rayas.
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Tactician

Cargo :
Desempleada

Inventario :
Tomo de viento [2]
Vulnerary [3]
.
.
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
590


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Re: [Social] No está hecha la miel para la boca del asno... O eso dicen (Priv. Hana)

Mensaje por Hana el Dom Nov 26, 2017 5:16 pm

La reina Sissi era una mujer ocupada. Incluso antes de decidirse a partir hacia Sindhu, la samurái ya había tenido en cuenta de que tardaría en concederle la audiencia prometida en la misiva. Mientras esperaba a que algún mensajero le entregase una invitación formal por medio de la cual pudiese reunirse al fin con la monarca, Hana dedicaba la mayor parte de su tiempo a recorrer las ajetreadas calles de la capital para familiarizarse con lo que a partir de ese momento sería su nuevo hogar. Haciendo honor a su nombre, la Ciudad Blanca era una amalgama de edificios de color blanco y de formas caprichosas y exóticas. Muchas áreas parecían estar aún en construcción, a la vez que otras rebosaban de una actividad inesperada para la joven hoshidana que nunca había salido de su tierra natal. Sin árboles de cerezo floreciendo en las principales avenidas de la capital, sin edificios altos y estilizados de piedra y madera, y sin aurigas celestes surcando las nubes a lomos de sus caballos alados, la cultura de aquel reino distaba tanto de la del suyo, que imaginaba que tardaría en adaptarse. Se sentía perdida en ese mundo nuevo, por lo que procuraba buscar constantemente distracciones para tranquilizarse. Empezaba cada mañana despertándose temprano para practicar con la espada en las afueras de la ciudad, después volvía a la casa en la que se estaba hospedando para darse un buen baño, y dedicaba la tarde a cualquier otro tipo de actividades. A veces pasaba horas y horas intentando comprender numerosos libros de estrategia que había pedido prestados en una biblioteca cercana, en otras se acercaba para ver los entrenamientos de los soldados del ejército sindhi. Ahora que no tenía a nadie a quien proteger, Hana disponía de tanto tiempo libre que no sabía en qué invertirlo exactamente. La mayoría de los refugiados hoshidanos junto a los que había viajado en el mismo barco ya estaban reubicados y trabajaban como agricultores o ganaderos, mas ella tendría que aguardar hasta que la mismísima reina Sissi le asignase una labor. En la carta se dejaba entrever que la monarca deseaba integrarla de alguna manera en el ejército, y en vistas a eso, Hana había empezado a darle vueltas a cierta idea arriesgada que no dudaría en proponerle.

Ensimismada en pensamientos enrevesados y confusos, la samurái deambulaba sin rumbo a través de las principales arterias de la capital. Una vez más estaba ataviada con su kimono hoshidano favorito. El vestido, informal y de un color rosado brillante, contaba con numerosos motivos y detalles que hacían referencia a los árboles de cerezo de su tierra de origen. Las mangas eran largas y caían más o menos a la altura de sus caderas, mientras que su obi sujetaba con firmeza la funda de la katana a su cintura. Hana llevaba su cabello tan suelto como de costumbre, y unas sandalias para proteger sus pies de los caminos empedrados de la Ciudad Blanca. Era consciente de que su singular apariencia llamaba la atención del gentío poco acostumbrado a la manera de vestir de naciones como Chon’Sin o Hoshido. Pero ella tampoco se veía a sí misma ataviada con esas ropas de seda y tan poco recatadas con las que llevaba gran parte de los habitantes de aquel país.

De repente, el sonido de un fuerte estruendo la obligó a alzar la vista de inmediato en busca de su origen. Tan desconcertada como el resto de transeúntes, llegó a vislumbrar cómo una inmensa cantidad de sandías sepultaban a alguien. “¿Pero qué?” se dijo mientras intentaba procesar lo que acababa de ocurrir. Antes de que nadie más se atreviese a mover un músculo, la samurái se acercó a toda prisa a la pirámide de fruta para rescatar a la persona que debía de haber debajo. Apartó una por una esas sandías hasta que por fin pudo distinguir a la pobre víctima.

¡Eh! ¡Oye! ¿Estás bien?
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Myrmidon

Cargo :
Guardia Real

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Espada de bronce [2]
.
.
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.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
600


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