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[Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

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[Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Mar Nov 14, 2017 8:55 pm

Gallia.

Gallia era un país como jamás había visto. Si es que un espacio delimitado por otros en su mayoría podía considerarse un estado independiente. Por lo poco que había conseguido sonsacar a los aldeanos de la frontera con Crimea, muy ocupados pagando exorbitantes impuestos a Daein, es que Gallia en sí era una espesa selva que cubría el oeste de Tellius y que en un tiempo pasado tuvo un rey Laguz León. Según la poca información que contaba sobre ellos, los Laguz Mamíferos eran los más comunes entre todos ellos, por lo que el hecho de nunca haberse encontrado con uno era una buena jugarreta del destino. Sin embargo, a día de hoy el gobierno del país Laguz había caído y la anarquía era la única ley que se seguía en un lugar por el que los Emergidos campaban a sus anchas. Los Beorc no eran especialmente bienvenidos, cierto, pero el Sabio Oscuro esperaba que los Laguz estuvieran demasiado ocupados con los Emergidos como para preocuparse de un simple Beorc viajando solo que no les atacaba a simple vista.

Los preparativos para la visita al reino de los gatos no fueron especialmente complicados ni pesarosos. Los pequeños mercadillos de diversos pueblos situados en la frontera de las dos naciones proporcionaron al Sabio los utensilios necesarios para navegar por una selva, y tomó cuenta de abastecerse con numerosas viandas que podían durar comestibles durante semanas. Una parte de su ser le reprochaba gastar dinero en comida cuando iba a visitar un lugar repleto de árboles de sabrosa fruta gratuita, nutritivas bayas y setas y animales salvajes con deliciosa carne exótica. Sus Segundos Pensamientos contestaron al momento que, como todo bibliotecario, era más que capaz de subir a los árboles pero no bajar, que podría acabar envenenado por comer lo que desconocía y que para comer caza primero tendría que aprender a cazar. Tal vez, y solo tal vez, debería probar a ser un explorador novato antes de autoproclamarse el rey de la jungla y superviviente nato.

Al amanecer del tercer día, un Sabio Oscuro recorrió el trecho que separaba Crimea de Gallia y se adentró en la oscura, pero extrañamente cálida, jungla de Gallia. Tras sólo unos pocos minutos, el aire se enrareció con la humedad hasta que costaba respirar, haciendo que el intruso tuviera que moderar su paso antes de quedarse sin aire. Caminar entre árboles era un desafío bastante más difícil de lo que Sindri imaginó en un principio… no eran los pequeños troncos de los bosques de Ilia sino masivas moles de madera situadas de manera aleatoria con raíces tan marcadas que no podían ser otra cosa que obras de ingeniería malvadas. Paulatinamente, el lugar fue oscureciéndose gracias a las frondosas copas de los árboles, lo que implicaba tener que llevar la vista al suelo cada cinco pasos para evitar que las mencionadas raíces le jugaran una mala pasada y acabar en el suelo haciendo compañía a bichitos en los que no quería ni pensar.

¿Qué buscaba exactamente en Gallia el muchacho? ¿Qué le había llevado a recorrer los mismos pasos que meses atrás, cuando Ilia todavía existía? No había una respuesta concreta a aquella palabra. Una oportunidad. Los rumores de la caída de Gallia habían llegado a oídos del Dark Sage en Durban y una vez que dio por finalizados sus asuntos en esas islas, se vio sin ningún lugar al que volver… o lo que era lo mismo, un mundo por descubrir. En su estada en Goldoa, el Príncipe Kurthnaga le había advertido sobre Gallia, un país del que ni siquiera la Gran Biblioteca de Ilia tenía mucha información, y su predisposición hacia los Beorc. Un lugar misterioso, tanto o más que Goldoa, que atraía la atención de Sindri de sobremanera y sobre el que no había dejado de pensar. Seguro que debían tener libros, ¿cierto? Algún método de almacenamiento de información, al menos, como pergaminos de algún tipo. Quizá ahora que había una crisis en Gallia los Laguz restantes tendrían más aprecio a los intercambios de algún tipo incluso con extranjeros. Y en el caso de no haber Laguz en ningún lado… nadie echaría en falta algunos tomos polvorientos, ¿cierto?

Pero primero debía encontrar un asentamiento Laguz que investigar, puesto que sabía de buena mano lo mal que se conservaba cualquier tipo de papel en este clima – Una pena que no haya mapas… – se lamentó en voz alta mientras retiraba pesadamente unas lianas para que no se le enredasen en el cuello. ¿Acaso podría orientarse sin estrellas y sin casi poder ver el sol? No siempre podía confiar en el musgo de los árboles…
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Zeke el Vie Nov 17, 2017 3:06 pm

No había necesitado una estancia demasiado grande en su tierra natal para encontrarse lo que, muy en el fondo, su cabeza presagiaba cuando en Mitgard había escuchado la terrible situación en la que se encontraba la tierra de los felinos. Su hogar, su no tan preciado lugar de nacimiento estaba siendo destruida por los endemoniados de ojos rojos, que no tenían compasión ninguna ni por sus habitantes ni por los terrenos en los que estos habitaban. Destrozándolo todo a su paso no eran sino la peor de las plagas que uno podía desear sobre su nación, así que pese a ser reticente en un primer momento, muy en el fondo conocía su deseo de aportar sus garras a aquel entramado para expulsar a los emergidos no solamente del reino de Gallia, sino de todo territorio laguz y, por supuesto, de Mitgard.

Hacía apenas unos días había deambulado por la frontera con Goldoa, encontrándose por desgracia para los demonios con un grupo de ellos. Desgracia porque entre un extraño dragón blanco y sus propias zarpas los habían reducido a polvo, gracias a sus propios medios. No esperaba encontrar demasiada ayuda del resto de reinos, que también tenían sus propios problemas, mas por fortuna aquel laguz se encontraba en el momento preciso para regalarle su ayuda, aunque fuese para beneficio de su propio país. Desde luego que él no se iba a quejar por amparo gratuito, tampoco iba a admitir que muy probablemente sin él aquella campaña habría estado empapada con su propia sangre, corriendo por los suelos de la tierra que le vio crecer. Eran demasiados, así que gastó los siguientes días en considerar diferentes tácticas para los enfrentamientos futuros. No podía darse el lujo de perecer cuando apenas había comenzado su aventura en ese lugar, ahora extraño para él.

Se revolvió el pelo mientras caminaba por el laberinto que parecía aquella selva, rumbo al norte, hacia las zonas colindantes con Crimea. Hacía poco que había conocido de la anexión de dicho territorio a manos de Daein. Demonios. Esperaba que esos delirios expansionistas no llegasen también hasta su tierra, no se pondría a elegir qué era mejor, si estar en manos de otro país o de los emergidos, pues ninguna de las opciones era factible a su parecer. Solamente ellos, los felinos, tigres, gatos, e incluso los leones, eran los únicos con poder sobre el que siempre habían sido su territorio.

A lo lejos, escuchó una serie de pisadas. Rápidamente sus orejas se dirigieron hacia la dirección de dicho sonido, agachándose para no ser visto en caso de tratarse de una fuerza enemiga. Sigilosamente se acercó, siempre protegido por los vastos matorrales, árboles y plantas que crecían en el lugar.

Pudo ver oler a un único ser. No portaba armadura, no escuchaba ningún ruido metálico que acompañase el son de sus pisadas, ni tampoco le recordaba a ningún aroma que fuera capaz de reconocer, por lo que supuso que no era un emergido. Se asomó, dejando solamente al descubierto su cabello y sus ojos para encontrarse ante sí la imagen de un joven pelimorado, bien vestido y poco fornido. Levantó una ceja por la incredulidad, ¿qué demonios hacía lo que parecía ser un niño de bien, mimado, en medio de la selva? Por no decir que ni siquiera tenía rasgos de laguz, por lo que un beorc, a solas, en territorio laguz plagado de emergidos… No lo comprendía.

Sonrió para sus adentros, por lo menos intentaría divertirse un poco. No había tenido tiempo para relajarse desde su llegada a Gallia, por lo que podía darse el lujo de molestar un poco a aquella inocente alma. En realidad le tendría que dar las gracias por espantarle del lugar, donde muy seguramente tendría el placer de perder su vida. Se transformó en completo sigilo, avanzando entre unas lianas que colgaban desde unos de los árboles cercanos. Sentía la sangre fluir con rapidez por sus venas, fruto de la adrenalina, de la felicidad del momento.

Y saltó.

Gracias a la potencia de sus piernas traseras no le fue esfuerzo alguno caer justo detrás de donde el joven adinerado se encontraba. Emitió un rugido sonoro mientras enseñaba sus afilados colmillos. No tenía ninguna intención de atacar a ese pobre descuidado, pero por lo menos aprendería la lección. ¡Le estaba haciendo un favor! Eso no se iba a repetir en mucho tiempo tratándose de él.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Dom Nov 19, 2017 7:37 pm

Si algo debía concederle a Gallia era su dedicación monotemática a la naturaleza. El Sabio Oscuro no había visto tanto verde desde que un aprendiz falló un hechizo de Magia de Ánima y tiñó de ese color las paredes de una habitación de la Gran Biblioteca de Ilia. Que le tocó limpiar a él, claro.

Pero estaba lejos de las frías, pero relativamente confortables salas de Ilia, ahora desiertas por la acción de los Emergidos. No es que necesitara ahora por ahora un hogar con una buena llama, o más mantas… a decir verdad, casi le sobraba ropa. La capa se le enredaba cada dos por tres en pequeñas ramas o liana, forzándole a pararse cada pocos metros a tirar de ella, con vanas esperanzas de no causarle un rasgado. Se sentía observado y los sonidos de la jungla no hacían más que avisarle que había animales a su alrededor que no querían hacerse ver. La humedad y el calor pegajoso le hacían sudar y pronto su ropa se enganchaba en su piel, provocándole serias molestias durante su caminata. Llevaba caminando durante, al menos, media hora y todavía no había encontrado más que árboles: ni claros naturales o artificiales, ni chozas de leñadores o cazadores, ni muestras de civilización.

¡Cuán diferentes debían ser los habitantes de Gallia para poder sobrevivir de esta manera! El poder transformarse a placer en animales más grandes que los ofrecidos por Mamá Naturaleza era una habilidad, cuanto menos, interesante. Claro que incluso para eso se necesitaba algo de suerte, no era lo mismo acabar siendo un cuervecito que un masivo reptil que podía superar el milenio de edad con una fastuosa facilidad. ¿Había algo que influenciaba qué tipo de Laguz acababa uno siendo? ¿Los padres, tal vez? ¿Y si los padres eran de distintas especies? ¿Se creaba una nueva o había un porcentaje de probabilidades que salieran de una o la otra? Nunca tuvo la ocasión de preguntar al príncipe Kurthnaga sobre la reproducción Laguz, por lo que eran cuestiones sin respuesta hoy por hoy. Lo que bien sabía es que dos Beorc siempre resultaban en un Beorc.

Un ruido repentino de ramas moviéndose, hojas cayéndose y movimiento súbito desconcentraron al Sabio Oscuro, quién paró automáticamente. Súbitamente, se encontró dándole la espalda a lo que los libros de la Gran Biblioteca de Ilia definen como “tigre”, aunque de tamaño descomunal comparando un rápido cálculo de sus proporciones y lo escrito en los libros de texto. Una figura imponente, con un rugido con la capacidad de helar la sangre de un Beorc cualquiera, declaraba a todas luces sus intenciones agresivas. Seguramente un humano normal y corriente no hubiera esperado mucho más para salir corriendo, quizá ni siquiera mirando atrás por temor a perder unos escasos segundos de ventaja.

Oh, usted no es un Laguz Gato. Qué pena. – mencionó con voz decepcionada el Sabio Oscuro tras girarse lentamente y dedicarle una larga y tendida mirada. Obviamente que lo había sorprendido ese Laguz Tigre, sobre los que había aprendido en su estancia en Hatari y podía reconocer, pero una vez pasada la tensión y el sobresalto, el muchacho se había podido recomponer bastante bien. Cuando hacías tratos con los habitantes del Abismo casi a diario, tenías los días de tu vida contados y te habían expuesto a fuerzas más allá de la comprensión humana, uno se volvía más difícil de intimidar y asustar en general. Seguramente el Laguz Tigre podría matarle. Pero también podría matarle un Beorc. También podría matarle un cisne con suficientes golpes críticos. No era especial. Además, Sindri sabía que la cosa más terrorífica que había hoy por hoy en aquella jungla era él.

Sacó de su zurrón algo de papel de pergamino, una pluma y un tintero (que rápidamente fue a parar a su bolsillo), y apoyándose en su antebrazo, comenzó a escribir con buena letra – “Primer encuentro con un Laguz Mamífero”. Muy bien. – si no documentaba él aquel encuentro para la posteridad, ¿Quién lo haría? ¿El Laguz? Ni siquiera tenía pulgares para sostener una pluma – ¿Que sería usted tan amable de decirme dónde está el poblado de Laguz más cercano? – preguntó cortésmente sin mirarlo, ya que tenía que concentrarse en documentar todo lo que podía sobre el encuentro. Describir un Laguz era más difícil de lo que parecía, especialmente teniendo en cuenta que la luz no ayudaba en absoluto. ¿Podría adornar un poco la descripción sin que se notase mucho? – ¿Que podría volver a rugir, por favor? La primera vez me pilló de sorpresa y no sé si podré describirlo bien.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Zeke el Lun Nov 27, 2017 1:36 pm

Sorpresa.

Sí, debía admitir que se hallaba extrañamente sorprendido ante la reacción de ese beorc de cabellos morados que se encontraba frente a él. En un primer momento no podía observar más que la delicada capa que cubría la espalda del joven humano, así como un corte de pelo que desde su punto de vista era más propio del género femenino que de un hombre, como delataba el olor que desprendía. Que no se hubiese meado encima hacía el juego mucho más divertido, a su parecer. No se movió de su sitio sino que adoptó una posición de acecho, flexionando sus extremidades tanto delanteras como traseras, preparado para un nuevo ataque.

No era capaz de percibir ningún olor de miedo procedente del tan extraño beorc, lo cual le provocó un ligero enfado. Gruñó por lo bajo una vez más, sosteniendo el sonido por un tiempo más largo que el anterior. ¿Es que acaso no lo consideraba como una amenaza? ¿Menospreciaba su poder? ¿O sencillamente se trataba de un necio, como bien parecía, que desconocía cuál era la ley de la jungla en la que se encontraba? La fuerza dominaba. Era sabido por todos, más ahora que el territorio se encontraba caído en manos de los sucios emergidos. Si quería un bonito lugar de paseo donde poder recostarse a llenar sus pulmones de aire puro y limpio sobre un rellano de paz y tranquilidad, había llegado a un lugar poco indicado.

Sus músculos se tensaron cuando lo vio hurgar en la alforja que portaba, preparado para un contraataque rápido y letal si lo que buscaba con tanto ahínco era un arma. Le excitaba la idea de una batalla, aun si se trataba contra un endeble beorc, pero una vez más sus ansias de lucha, de ser reconocido como un ser temible, se derrumbaron tan rápido como se habían construido.

Cuando lo acribilló a preguntas el pelo más espeso de su cuello comenzó a crisparse, por pura irritación. ¿¡Es que acaso se creía que tenía el derecho de interrogarle, en su propia tierra!? Si no era más que un curioso se las podía apañar él solo, o podía irse por el camino que había tomado, de vuelta a su lugar de procedencia. Afiló su mirada sin despegar la vista del joven, sospechando sobre sus verdaderas intenciones. Podría tratarse de un informante, que trabajase para quienes veían en Gallia una oportunidad para hacerse con nuevas tierras ahora que el reinado de los leones había llegado a su fin. No sabía si esa idea lo incomodaba o, por otra parte, satisfacía su deseo de venganza hacia la raza más grande de felinos.

No obstante, dicho y hecho. Lanzó un nuevo rugido, si tan deseoso estaba de que le regalara su precioso llamamiento de guerra. Comenzó a caminar en círculos alrededor, despacio, a un ritmo constante, mientras sacudía la cola de un lado a otro, tensa. No tenía intenciones de proporcionarle la información sobre el poblado laguz más cercano, o más bien lo que quedaba de él. ¿Qué esperaba encontrar en un lugar plagado de seres demoniacos, aldeas felices? Pues no –Será mejor que la próxima pregunta que hagas sea más inteligente, si quieres sobrevivir en este lugar, beorc –le gruñó entre dientes, apenas abriendo su boca más que para mostrar una vez más sus imponentes colmillos. No podía darle mejor consejo.

Unos crujidos comenzaron a resonar, aún lejos, pero acelerados. No tenían demasiado cuidado en ocultar los crujidos de las pequeñas ramas y las hojas que plagaban la superficie del lugar, por lo que o no esperaban encontrar a nadie en el lugar y caminaban con celeridad, o bien contaban con tal confianza en sí mismos que no tenían por qué ocultar su presencia de nadie. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, al contemplar la segunda posibilidad. Puede que sus rugidos hubiesen llamado la atención de quien deambulara por los alrededores, ya que la potencia usada había sido más que suficiente para alertar a los seres que se encontraran a bastantes metros a la redonda –Oye, tú, se están acercando a nosotros, así que si has venido con amiguitos será mejor que no pretendas nada –Conocía la existencia de cazadores beorc que buscaban “mascotas” entre los miembros de su sociedad.

Solamente imaginarse esa idea, ser una marioneta de quienes los consideraban subhumanos hacía que quisiera arrancarle la cabeza de un rápido mordisco. Por su bien, esperaba que no fuera el caso, aunque de ser así quizás su futuro fuera turbio de igual manera.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Sáb Dic 09, 2017 8:43 pm

La escena podía parecer surreal para algunos, quizá incluso para la mayoría de personas del mundo sobre el que se encontraba. Estaba hablando con un tigre. ¡Con un tigre! El perdido arte de hablar con los felinos no era nada nuevo, la mayoría de personas que tenían uno de mascota afirmaban categóricamente llevar a cabo conversaciones diarias con el minino. Ahora bien, que dicho sujeto respondiera ya era otro cantar. Responder con algo más que maullidos, claro, los amos aseguraban que su querido gatito les respondía con todo el amor, cariño y ternura del mundo.

Si hablaba de forma mínimamente parecida a este Laguz Tigre, seguramente tendrían una desagradable sorpresa.

El rugido volvió a reverberar por los huecos de los árboles una vez más, sacudiendo un poco el lugar cuando los animalitos más cercanos huyeron despavoridos una vez más. Quizá el comportamiento más adecuado teniendo en cuenta el posible peligro. Pero Sindri era demasiado profesional para que tal idea siquiera se asomase por su mente, apuntando con todo lujo de detalles el tipo de rugido que acababa de presenciar – Ronco, desde luego. Da que pensar si los Laguz pueden tener problemas de garganta. – realmente toda la información que podía recopilar era poca. Pero por algo se empezaba, teniendo en cuenta que el Laguz parecía completamente hostil por el momento. ¿Quizá simplemente necesitaba algo de tiempo para hacerse a la idea de hablar con un Beorc? – Seguramente el rugido de un león sea más regio… ¿Y el de un gato? ¿Los gatos rugen? – se llevó la pluma al mentón una vez puso el punto y final al párrafo, tratando de indagar sobre los misterios felinos sin respuesta.

Pero entonces una (también) ronca voz le arrancó del mundo de los pensamientos y lo ancló en la realidad nuevamente. Al parecer el gato no se había comido la lengua del… gato grande, puesto que había encontrado en él un chorro de voz con unas palabras de intención mordaz, en las que el Sabio Oscuro detectó un gran cúmulo de antipatía. Trató de centrarse en lo que decía el Laguz Tigre, pero sus ojos se centraron en un lugar concreto de la cara del Laguz parlanchín. Su respiración se entrecortó y tuvo que llevarse su mano libre a la boca, simulando estar tosiendo. Trató de desviar la mirada, pero el Laguz giraba a su alrededor como gato con un ratón, por lo que no pudo evitar verlo de nuevo. Y ya fue demasiado para él. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Y cuando dijo la palabra “amiguitos” ya no lo pudo reprimir por más tiempo.

¡Ahahahaha! ¡Ahahahahahahaha! – una risa cristalina se escapó del practicante de las Artes Arcanas, quién tuvo que agarrar con fuerza el pergamino para que no se le cayese de las manos – ¡AHAHAHAHAHAHA! – se llevó las manos a la tripa y se dobló a causa de la panzada de reír, teniendo que reunir absolutamente toda su voluntad para no echarse al suelo y reír ahí. La risa continuó un buen rato, hasta que pudo retomar el control de sus emociones – ¡Perdone! ¡Aha! ¡Perdone! – se incorporó como pudo y se limpió los ojos disimuladamente, con una sonrisa de oreja a oreja y la respiración completamente descontrolada. Entre palabras y palabras trataba de dar bocanadas de aire para recuperarse lo antes posible – Es que verá, cuando habla usted… ¡Sus carrillos! ¡Y sus mofletes! Se mueven de una manera muy mona. Casi como… casi como… – una vez aserenado del todo, pudo darse el lujo de pensar con claridad de nuevo. Verdaderamente, la risa era la mejor medicina del alma – Para las fiestas de mi pueblo natal de Lycia siempre llegaban feriantes de todo tipo para animar a los pueblerinos. Uno de ellos era una famosa ventriloquista con una joven yegua, Juana Manzana la maravillosa poni cuentacuentos. – se llevó entonces el dedo índice de su mano libre a su labio superior, indicando algo en concreto – Le ponían cuando la gente no miraba un poco de miel bajo el labio y, cuando trataba de quitársela con la lengua, parecía que hablaba. Y entonces la ventriloquista hacía su magia… ¡Y parecía que hablaba de verdad! A los niños les encantaba Juana Manzana y esperaban su visita cada año. – su tono se suavizó, casi como si estuviera contando un cuento él mismo. Obviamente que asumió que al Laguz le haría ilusión saber de otro animal parlante. Miró hacia la distancia: su mente estaba muy, muy lejos de ahí – Luego te dejaban darle azucarillos y acariciarle la crin. Era una yegua muy dócil. Qué tiempos…

Reparó tras unos instantes que no había contestado al Laguz, lo que podía considerarse de bastante mala educación si seguía en ese empeño – ¿Hm? Oh, ya sé exactamente cómo voy a morir. Y si preguntara a mi señora, seguro que podría saber el cuándo. No crea que puede asustarme aludiendo a mi mortalidad. – respondió con diáfana tranquilidad y parsimonia. La Oscuridad tenía la respuesta a todos los misterios y los videntes no eran demasiado raros ente los practicantes de las Artes Arcanas. Sindri siempre pensó que el hecho de saber demasiado sobre el día que abandonará este mundo estropearía la sorpresa, por lo que nunca intentó ninguno de esos rituales – Pero si quiere realmente que sobreviva sólo tiene que decirme la dirección del lugar más cercano que tiene libros. ¿Sabe qué es un libro? Es una cosita de este tamaño… – juntó un poco las manos, dejando entre ellas el conocido tamaño de un libro estándar – … repleta de páginas de papel. Si no hay libros, también me sirven los pergaminos. Están hechos de papel también. – no era el momento de ponerse quisquillosos.

Tras la mención que había alguien yendo hacia su dirección, Sindri cerró los ojos y se llevó una mano al oído, tratando de concentrarse en los sonidos que le llegaban. Que eran exactamente los mismos que hasta ahora. La jungla estaba llena de vida y ruido, pero el Dark Sage no podía aislar ninguno que fuera hacia él en concreto. ¿Tal vez el Laguz estaba siendo precavido de más? – ¿Amigos? No tengo amigos, yo. Mi rama de empleo es muy solitaria. Además, somos personas non gratas los unos para los otros. – se encogió de hombros como respuesta. Los practicantes de las Artes Arcanas eran enemigos los unos con los otros, por lo que lo último que harían es ir de excursión por Gallia cogiditos de las manos – Si alguien se acerca, puedo asegurarle con toda certeza que no tiene nada que ver conmigo.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Zeke el Vie Ene 12, 2018 2:23 pm

No daba crédito a semejante personaje que tenía ante sus ojos. Muy lejos de asustarse con el nuevo rugido, escribió en su cuaderno algunas anotaciones refiriéndose a su rugido, e incluso cuestionándose cómo sería el de otros felinos, ¿acaso eso quería decir que pretendía encontrarse con más? Teniendo en cuenta que podrían arrancarle la cabeza de un mordisco o un zarpazo bien dado solamente podía etiquetar a aquel chiflado como temerario.

Aunque las malas palabras que tenía para aquel beorc estaban a punto de incrementarse. Mucho.

Escucharle reír a carcajada limpia en un momento de tensión como ese provocó que el pelo se le erizase por completo, adquiriendo un volumen mayor al que tenía normalmente. Enseñó una vez más los colmillos y clavó las garras en la tierra que tenía bajo sus patas. Nunca había tenido intención de derramar sangre inocente, y mucho menos en su patria, pero estaba considerando especialmente hacer una excepción, nadie se daría cuenta e incluso lo achacarían a los emergidos. Cero acusaciones y desde luego cero cargo de ciencia. Incluso los límites que pensaba que no podían ser sobrepasados quedaron por los suelos cuando no solamente se reía de sus carrillos al hablar, sino que encima lo comparaba con un ventrílocuo y su poni. Un poni. Un jodido poni. Sin pensarlo si quiera lanzó un zarpazo a una piedra cercana, haciendo que esta se dirigiera hacia el rostro de tan especial beorc. Nunca jamás había permitido que nadie se riera de él, y muchos menos tendría la oportunidad alguien como él, que solo estaba allí por divertimento, como si fuera una excursión o cualquier asunto similar. Si alguna vez tenía la oportunidad, aunque ganas definitivamente ninguna, de visitar Lycia dejaría bien claro que muchos de su tierra tenían no solo un comportamiento particular y maleducado, sino irritante.

–Desde luego que sabes cómo vas a morir, pienso descuartizarte aquí y ahora mismo –No le importaba el comentario sobre su jefa, aunque debía reconocer sus agallas cuando ni siquiera con sus comentarios sobre su cercana muerte se asustaba, ¿quién demonios no tenía miedo cuando estaba en una situación de inferioridad? –¡¡Sé lo que es un libro, y también sé lo que es un endemoniado pergamino!! –Sacudió la cola con rabia, lo que más le dolía de todo aquello era que no tuviera en consideración cómo se encontraba el lugar donde estaba, donde quería encontrar todo ese tipo de sabiduría a saber por qué motivo –Pero muy probablemente los pueblos y las ciudades cercanas estén infestados de emergidos, si es que además no lo han arrasado como han hecho con otros lugares –Lanzó un gruñido bajo por la rabia contenida contra esos seres asquerosos, eran todavía peores que el rarito que tenía delante de sus ojos, así que prefería reservar sus fuerzas para combatir contra ellos que perder el tiempo con juegos de adolescentes junto a ese pelagato.

Se quedó pensativo durante unos segundos –Precisamente el camino a seguir es por donde se escuchan los ruidos, antes allí había un pueblo grande, si eres tan descerebrado como para ir, en ese caso todo tuyo, aunque te advierto que no saldrás de este reino como te adentres aún más en la selva –Le comentó con cierta sorna. Desde luego que si se atrevía a ir por ese lugar incluso le aplaudiría.

Si ese tipo era un ser solitario como aseguraba, solo podía tratarse de una posibilidad. No eran felinos, conocía bien el andar de estos tanto en su forma de bestia como en su forma humana, y no se caracterizaba por ello. A pesar de llevar un rato transformado, todavía podría aguantar lo suficiente como plantar cara a aquel grupo de emergidos, no sin antes dirigirse una vez más al beorc de extraños cabellos y modales –Puedo hacerte de guía, don persona solitaria y sin amigos, siempre y cuando sobrevivas al peligro que nos acecha, ¿te sirve? –Por lo menos que hiciera algo de provecho, aunque fuera utilizándole de carnada mientras él se ocupada de los demonios emergidos. Más útil que buscar un montón de libros y pergaminos desde luego que sería.

En silencio se abrió paso entre la maleza, olfateando nuevamente el ambiente. El hedor era cada vez más reconocible, más denso, se encontraban cerca. Preparado o no estuviera su acompañante, la batalla pronto iba a estallar –No grites demasiado.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Lun Ene 22, 2018 7:28 pm

Si hubiera sido más rápido la hubiera podido esquivar.

Había historias de maestros espadachines que, cuando alguien les tiró una roca, la cortaron en dos en el aire con una elegancia sin parangón y dejaron al villano con un palmo de narices. Lanceros espectaculares habían hecho hazañas semejantes girando rápidamente sus armas delante de ellos mismos. Los magos no eran ajenos tampoco a demostraciones de poder similares: los Magos de Ánima podían conjurar vientos que devolverían aquella piedrecita con un golpe de viento, sin ir más lejos. Los fortachones luchadores atraparían aquel canto con sus enormes manos de forma diestra y harían añicos la piedra con una mirada de suficiencia. ¿Y qué decir de los wyvern? Si tuviera él un wyvern como Hrist o como Karma seguramente su compañero escamado hubiera atrapado entre sus fauces el proyectil y, acto seguido, lo habría triturado. Pero la ficción siempre superaba la realidad.

¡Au! ¡No me arrepiento de nada! – vociferó cuando la piedra le golpeó justo encima de un ojo, para luego rodar inocuamente por la verde hierba unos momentitos. Automáticamente se llevó la mano a la frente, frotándose la zona golpeada, mirándose varias veces los dedos para asegurarse que no tenía ninguna herida abierta  – ¿Lo ve? Si esta roca hubiera tenido una arista un poco más afilada, o hubiera golpeado con más fuerza, seguramente ahora tendría una herida sangrante en mi cabeza. Una herida que, en un lugar como este, se hubiera infectado con todas las enfermedades de la jungla y me hubiera provocado la muerte. Una muerte febril y patética, si me pregunta. – el Dark Sage se encogió de hombros, casi como si estuviera explicando alguna trivialidad al hogar de una taberna de pueblo. Sacó un pañuelo con pulcritud y se palpó varias veces la zona afectada, mirando con detenimiento que no hubiera ninguna gota de sangre él – ¿Qué le he dicho de tratar de asustarme con mi muerte? ¿Es que no puede sacarse el pelo de gato de las orejotas en esta forma para oírme bien? – negó con la cabeza sin muchos ánimos, algo decaído por la falta de atención de su interlocutor. Guardó el pañuelito dando gracias que aquellos que invitaban la Oscuridad a su fuero interno solían recibir el regalo de un físico más resistente que un mago normal y corriente.

Además, ¿Morir por las garras y dientes de un tigre, por muy Laguz que sea? Eso sería una muerte decepcionante. Al mismo nivel que morir de una infección. No puedo permitir que mi historia acabe porque Don Gato me creyó un madero para limarse las uñas. – él no era Matute alguno para aguantar amenazas de alguien sin pulgares oponibles siquiera. ¡Él era un Sabio Oscuro! ¡No había aguantado todo este tiempo vivito y coleando para acabar de una forma tan… mundana! – Un honorable final en la hoja de la espada de un valiente héroe de brillante armadura tras una lucha de la que hablarán las leyendas por milenios. O en lo alto de una de las mayores torres del mundo, tras un magistral duelo contra un Archimago que haría retumbar los cimientos de este mundo, siendo el último espectador de un hechizo prohibido y mortal. Esas son buenas formas de morir. – su tono de voz mostraba una emoción mal contenida y traicionaba algo que daba vueltas dentro de su cabeza durante demasiado tiempo para ser sano. Juntando las manos y mirando a la jaula de ramas encima de él, sus ojos mostraban que se había sumido en un mundo ajeno y casi onírico. Un mundo de sueños y deseos.

¿Oh? ¿Los Emergidos han llegado hasta tal punto también en Tellius? Quizá es ahora un lugar como Ilia, donde campan a sus anchas. Beorc o Laguz, nadie parece poder vivir en los lugares ocupados por los Emergidos… – su semblante y maneras cambiaron cuando las aguas tocaron otros temas. Claro que tenía sentido que los Emergidos hubieran conquistado otros lugares… ¿Pero Gallia? ¿Qué ganaban con Gallia? ¿Recursos naturales? No había leído mucho sobre el lugar, pero no parecía un punto estratégico ni neurálgico de Tellius. No había nadie que pudiera adivinar cómo pensaban aquellos seres…

¿Un guía autóctono? Eso sería de lujo, aún uno que siente la necesidad de amenazarme cada dos por tres. – poco dado a la aventura por bosques, Sindri sólo tenía unas pocas nociones de cómo orientarse en uno. Era algo sobre el musgo en el tronco de los árboles, pero en aquél lugar el ex bibliotecario sólo encontraba lianas y… algo que parecía ser pegajoso y no tenía muchas ganas de tocar – Adelante, Micifuz, sigo su colita peluda. Y en silencio, para que vea lo implicado que estoy con la causa. – fiel a su palabra, Sindri apartó con cuidado una hoja que le impedía el paso y comenzó a seguir la senda proporcionada por un malhumorado Laguz Tigre.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Zeke el Miér Feb 28, 2018 9:51 am

Una sonrisa socarrona se intentó abrir paso en su hocico atigrado, por la puntería que había tenido. No pretendía sacarle un ojo a ese inepto niño mimado que caminaba por sus tierras natales, pero solamente Ashera sabía las ganas enormes que tenía de terminar con el sufrimiento del mago oscuro. Sí, sufrimiento, porque él mismo se lo infligiría de seguir así. Resopló cuando de su boca se escapó que no se arrepentía de sus actos. Pues bien, él tampoco de la pedrada que le había lanzado, aunque dirigió las orejas hacia su dirección para escuchar lo que tenía que decir –Pues en ese caso sería especialmente patético no el morir por una sencilla infección, sino hacerlo por no haber tenido ni siquiera un botiquín de primero auxilios a mano cuando vas a un lugar extranjero que se desconoce –Le espetó, no sin cierta sorna en sus palabras. ¿A quién demonios se le ocurría viajar a un reino completamente desconocido sin tomar una serie de precauciones básicas? Morir por infección era una posibilidad, pero siempre mucho menor con una serie de cuidados básicos.

Teniendo en cuenta que ese extraño ser parecía pacífico, no era necesario mantener su forma animal por mucho tiempo. A pesar del posible peligro, prefería estar descanso para cuando fuera necesario, por lo que revertió su transformación, adquiriendo nuevamente apariencia humana. Sin ningún reparo, terminó de vestirse, atento únicamente a sus propios actos. Después de colocarse la capa, cuyo bajo se encontraba hecho jirones después de tantas aventuras en la selva de Gallia, se dirigió a él, con una voz mucho más clara que anteriormente –Mis orejas se encuentran perfectamente, no tengo pelo escuálido bocazas, pero si continuas subestimándome los emergidos que podamos encontrarnos serán un pasatiempos en comparación –Le señaló con el dedo índice y el ceño fruncido, apuntando a su rostro. No tenía vergüenza ni le importaba realizar un gesto que se podía interpretar como maleducado, pero estaba en su reino y a su lado, así que sus normas iban primero.

Apretó los puños a la vez que un tic apareció en su ojo. Compararlo con una infección había sido como un puñetazo en el estómago. ¿Era esa la estima que les tenían los beorc? ¿Qué solo se trataban de un puñado de enfermedades que poblaban una parte importante de su amado mundo? Fue hasta él, quedando a escasos centímetros del mago. Él era alto, bastante más que el pelimorado por lo que se vio obligado a mirar hacia abajo –Si quieres sobrevivir, será mejor que no pongas en duda lo que podría hacerte, quien subestima a los laguz no suele terminar bien en estas tierras, por creídos e hipócritas -Bufó, con notorio malestar –Para tu información, si quieres encontrarte con un "digno caballero o mago" no sé qué diablos haces aquí -Hizo el gesto de las comillas con los dedos, pero sin más dilación se dio media vuelta.
Ahora maldecía el trato que acababa de hacer con él.

¡Como dices, esos desgraciados caminan como si esto fuera su casa, por eso no durarías ni dos segundos contra ellos! –¿Desde cuándo se había convertido en una especie de niñera? No podía creer que le estuviera ocurriendo aquello de verdad, por lo que se llevó una mano a la cara. Quién le viera entonces y quién le viera en ese momento. Los sonidos parecían haber cesado, pero no dejaba de mirar hacia los lados constantemente. Conocía los sonidos de la selva, los que no suponían ningún peligro, y no estaban en ese caso –Ni se te ocurra tirarme de la cola o te quedarás sin manos, te arrancaré los dedos uno a uno –Se inclinó para no sobresalir demasiado sobre los helechos y plantas del lugar. Si lo que quería ese mago era ir al pueblo más cercano, solo cabía una posibilidad, pero antes iban a tener que pasar por algo de acción.

Varios sonidos se abrieron eco a lo lejos. Se encogió más todavía, haciéndole una señal con la mano al niño remilgado para que se quedara quieto y escuchase de dónde provenían. El problema era que si no se equivocaba, pronto iban a estar rodeados –Ah, joder.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Dom Mar 11, 2018 7:38 pm

Obviamente, maese Laguz, puedo empaquetar en una bolsa un laboratorio entero de alquimia para cuando lo necesite. De hecho, justo en aquí guardé toda una alacena de hierbas y mixturas de plantas. ¿Oye cómo hacen “cling cling” al chocar? – mencionó Sindri mientras zarandeaba su vapuleado zurrón, que comenzaba a mostrar las estrías de la edad, el uso, la conservación deficiente por exposición a frío y calor extremo y, sobretodo, a limpiezas en seco de manchas de tinta – ¿Tiene usted idea de la vida útil de una pomada o una mera poción para el dolor de tripa? Horas. Un día a lo sumo si los ingredientes eran frescos. Luego no se vuelve más que un ungüento pestilente o un vial de agua sucia con sabor a apio y remolacha. – ¡Anda que no había tenido que aprender el Sabio Oscuro a crear pociones! Una parte del currículum impartido por su maestra, la Sabia Oscura Sigyn, versaba sobre pociones y venenos útiles para el día a día del Mago Oscuro. Cualquier otro entonces pensaría algo como “oh, no tengo el nivel de un apotecario, pero puedo hacer alguna cosa sencilla” pero la verdad es que Sindri no sentía la necesidad de ser tan modesto. Fuera de los bastones curativos, la medicina no había sobrepasado mucho la moda de “sangría y sanguijuelas” por lo que sí, el muchacho se veía capaz de poder asentarse en un pueblecito y ganarse la vida como boticario si era necesario. O como creador de venenos. Lo que fuera más lucrativo, la verdad – Quizá ustedes puedan convencer a un Laguz Gato científico que se meta en su zurrón y obre su arte, pero algunos no somos tan afortunados. – se divirtió con la idea de un gatito con gafas protectoras a medida combinando viales dentro de una mochila… sin pulgares oponibles, claro. Ahí estaba la gracia de lo que imaginaba.

Así que eso es lo que pasa cuando un Laguz pasa de zoomorfo a antropomorfo… – “eso” era una muy buena manera de describir una serie de cambios tan rápidos que casi no tuvo tiempo a grabar en su mente. Era una experiencia bastante… indescriptible desde la óptica de un ojeador externo. Lo que sí pudo comprobar es que la moda Laguz de Gallia era muy minimalista y básica, con colores muy apagados, pero nada austera en cuentas de colores. Un Laguz sin garras no era algo especialmente terrorífico, casi como un Beorc sin armas, por lo que permitió que se le acercara sin lanzarle ninguna maldición – Oh, ¿El gran y poderoso Laguz se siente mal por las palabras de este p-p-pobre e i-i-i-indefenso Beorc? Mis disculpas, no sabía que yo podía causar ese efecto en usted. Seré más cuidadoso en el futuro. – realmente, los Laguz de Gallia no parecían tener mucha paciencia ni mucha habilidad para encajar críticas constructivas. El sujeto se acercó todavía más y Sindri se pudo fijar mucho mejor en su musculatura: de veras que tenía un físico extremadamente desarrollado y marcado, lo que le hizo preguntar si eso era algo propio o una característica de todos los Laguz. Bueno, todos no, los Laguz Garza no parecían tener mucho músculo. Alzó la cabeza de forma cómica, puesto que era de buena educación mirar a la gente que te estaba hablando.

Pero el Sabio Oscuro encontró muy interesantes unas de las numerosas y amigables palabras que el descamisado le había dedicado. Ladeó la cabeza antes de decir en voz queda que traicionaba su curiosidad – La primera vez acertó, pero la segunda no. ¿Subestimar a los Laguz? El único que los ha traído a colación a los demás Laguz ha sido usted. En el hipotético caso que estuviera subestimando a alguien, que no digo que lo esté haciendo, ese alguien sería usted. – su cabeza volvió a un tren de pensamiento anterior, rehilando la conversación de otra manera, y de pronto, cierto Laguz hizo acto de presencia en su memoria. Un dragón negro real. Un dragón negro real que le había prevenido que esto podía sucederle – No subestimaría al Príncipe Kurthnaga de Goldoa, por ejemplo. Tuve una maravillosa charla con él y fue un perfecto anfitrión de su reino, cortés y educado. ¿Pero a usted? Si de cada cinco palabras que salen de su boca una es sórdida, zafia e indecente. Por favor. – aún habiendo vivido años fuera de la corte, Sindri seguía siendo un noble, por lo que mantenía en alta estima y los modales. No es que fuera extremadamente exigente con la manera que lo trataban, pero es que este sujeto parecía haberse entrenado para ser desagradable – No hay Laguz en el lugar del que provengo. Ni uno solo. De hecho, hace poco tiempo que conocí a un Laguz. No los conozco lo suficiente para haberme hecho ningún tipo de opinión sobre ustedes. Ni buena, ni mala. – trató de explicar usando frases cortas y fáciles de entender, no fuera a ser una idea completamente novedosa. Realmente, todas aquellas historias entre Beorc y Laguz no eran más que eso para él, historias.

Cuando el tigre ya humano se giró para hacer de guía, Sindri levantó discretamente el brazo derecho y trató de marcar bíceps. Al parecer, el llevar libros aquí y allá todo el día no hacía maravillas para su físico, puesto que no notó mucha diferencia con su brazo normal. Suspirando, Sindri comenzó a caminar mientras maldecía en un extraño momento de silencio su falta de talento para cualquier arma marcial, que le hubiera asegurado un físico musculoso y atractivo a la par que exclusivo en vez de… esto. ¡Ojalá la Oscuridad sirviera para tonificar tanto el cuerpo como la mente! – No creo que una cola me sea útil, la verdad. Estoy casi todo el día sentado y seguramente me molestaría bastante. Si tuviera que tener una, me gustaría una como la de un gato y de color negro. Discreta y que podría ser usada de cinturón. ¿Pero las orejas de gato? Eso quizá ya es demasiado… – teorizó, tratando de imaginarse sin mucho éxito como sería escuchar con un par de orejas encima de la cabeza y no en su lugar original.

¡Esa boquita! ¿Acaso todos los libros de Gallia son compendios de palabras malsonantes? – mencionó Sindri tras escuchar el exabrupto. Parecía que el hombre estaba atento a algo, quizá a algún sonido en particular… pero el ex bibliotecario no oía absolutamente nada que no hubiera oído al entrar en la jungla – ¿De veras hay algo que le preocupe en esta cacofonía? ¿Tiene hambre acaso? Creo que me quedaban unas pocas galletas… – comentó mientras comenzaba a escarbar en su zurrón, que comenzó a repiquetear como una cristalería. No en busca de dulces, no, esos estaban a muy buen recaudo. Pero había cierto grimorio en algún rinconcito de su bolsa que le sería muy, muy útil si realmente había algo que pudiera preocupar a un Laguz Tigre en aquella espesura.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Zeke el Sáb Abr 21, 2018 8:29 am

Puso los ojos en blanco ante las continuas respuestas del beorc, donde siempre parecía tener algún tipo de as debajo de la manga. ¿Cómo era capaz de torcer la conversación para que lo que él le había preguntado, girase y se volviera en su contra? ¡Maldito sabiondo! Muchos de los humanos tenían esa característica, la de ser demasiado habladores porque parecían conocer de todas y cada una de las materias de las que se hablaban. Y era una característica que conseguía minar su paciencia, aún más. Aunque como si eso fuera algo demasiado difícil –Pues entonces, quizás, beorcs inteligentes, deberías buscar una manera de intentar mantener las propiedades de esos ungüentos durante más tiempo, sería una buena inversión de vuestro tiempo –Por su parte, no añadiría mucho más, comenzaba a estar desquiciado, aunque también había dado su palabra de que le acompañaría hasta el poblado más cercano, y él era un laguz de palabra, lo cumpliría.

Respiró hondo varias veces mientras caminaba con cuidado, intentando por todos los medios mantener la calma, pero por algún extraño motivo la forma de hablar de su interlocutor parecía esconder un tono jocoso que sus orejas eran incapaces de soportar. Con cierta virulencia, se giró, con cara de pocos amigos. Con un ojo más entrecerrado que otro, le dio golpecitos con el dedo índice en el peño al mago, sin presionar demasiado, pero lo suficiente para de mostrarle que se estaba conteniendo –Es caer muy bajo llamarse a uno mismo indefenso, no te quieras poner por el suelo para que los demás vayan y te pisen; si has venido hasta aquí, por lo menos hazlo con la cabeza alta y no te dejes amedrentar por los demás –Resultaba bastante irrisorio que semejantes palabras procedieran de sus labios, teniendo en cuenta que era él quien precisamente estaba intentando hacerle quedar como un ser de segunda categoría, por debajo de los laguz. No confiaba en sus habilidades, tampoco en sus conocimientos. Lo único que parecía tener claro es que no pertenecía a aquel lugar, que no sabía cómo moverse por su territorio y que, muy seguramente, habría estado acabado de no haberse topado con él –Pero sí, eres un pobre e indefenso beorc al que le ha sonreído la fortuna al haberme encontrado –Terminó por añadir, con una sonrisa burlona de medio lado.

Lo peor de todo es que, de alguna manera, el tono que mantenía para reprocharle su actitud se asemejaba bastante al que utilizaban sus propios progenitores cuando, muy a su pesar, debían castigarle o reprenderle por alguna de sus traviesas acciones cuando no era más que un cachorro. Durante apenas unos segundos, agachó ligeramente las orejas, escondidas prácticamente por completo entre sus puntiagudos cabellos rubios. Sin embargo, las palabras del pelimorado tenían bastante razón: había otros laguz a los que subestimaba, pero era por pura lógica. Un felino no tenía las mismas capacidades que una garza, tampoco que un cuervo o que un dragón. Cada uno de ellos contaban con unas características diferentes, y en lo referido a fuerza, estaban casi arriba del todo, solo superados, precisamente, por los dragones. Frunció el ceño cuando el contrario advirtió que conocía, ni más ni menos, al príncipe de Goldoa –¿Cómo es que alguien que no sabe ni sobrevivir en la selva conoce a un miembro de la realeza de un reino laguz? –Quizás ese beorc escondía más de lo que aparentaba a simple vista. Su actitud era diferente, no cabía duda, pero quizás los motivos por los cuales tanto su vocabulario, su tono y su comportamiento diferían de los estándares considerados como normales fuera por otra razón.

De una manera u otra, sacudió la cabeza. No le interesaba si hacía poco que conocía a los laguz, si su actitud hacia él era diferente a como actuaba con otros. En realidad, eso último le molestaba, pero cuanto antes llegaran al poblado, antes podría seguir con su camino por su país natal –Un beorc nunca entendería las capacidades que te da tener cola, jamás lo comprenderíais, pero gran parte de nuestra agilidad es gracias a ella –La sacudió en el aire, dando como un pequeño latigazo.

También las orejas eran importantes, y sus colmillos, tal y como se los estaba enseñando, esta vez con su apariencia humana. Sin embargo, no se movía de su sitio. Estaban entrando en terreno hostil más rápido de lo esperado, o más bien el terreno se estaba acercando a ellos a pasos acelerados –Retrocede antes de que sea demasiado tarde –Le advirtió, adoptando por su parte una posición defensiva. Ligeramente encorvado, se encontraba listo para saltar en caso de que algún emergido decidiera sorprenderles atacándoles por sorpresa. Necesitaba ganar algo de tiempo para el beorc, porque si era un remilgado como parecía estar seguro al ciento por cien, sería más un lastre que una ayuda.

Nuevos sonidos se resonaban con mayor fuerza. Crujidos. Respiraciones. Hojas y pequeñas ramas resquebrajándose bajo el peso de cuerpos extraños. El sonido del aire siendo cortado por un proyectil. Justo a su lado, en apenas unos segundos, una flecha se había incrustado en el árbol que se encontraba a escasos centímetros de su posición. Sin respiración por un segundo, pensando en que Ashera le había sonreído ese día, buscó la dirección desde donde había sido lanzado –Esto es un problema, me preocuparé del hambre después de encargarme de estos jodidos bichos –Gruñó, sin tener en cuenta su nuevamente malsonante vocabulario.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Lun Abr 23, 2018 8:35 pm

Me alegra que crea que son los Beorc los encargados de manipular las leyes de Mamá Naturaleza a su antojo. – mencionó con alegría el Dark Sage con una sonrisa de oreja a oreja. Sí, no le gustaba llamarse a sí mismo Beorc indirectamente, pero parecía una buena ruta para sacarle de quicio un rato más. No podía negar que le hacía gracia seguir aquel juego con este Laguz de insistente determinación en tener la última palabra en cada cosa que decía. Era un entretenimiento tan bueno como cualquier otro teniendo en cuenta que no podía hablar mucho por petición expresa del guía… lo que era una verdadera lástima. A Sindri le encantaba jugar al “veo veo”, especialmente en un lugar con tantas cosas que comenzaban por “a” – Si encuentro una manera de mejorar mis pócimas, espero que sea usted el primero en probarlas. Al fin y al cabo, usted me dio el empujoncito que necesitaba el alquimista en mí. – mencionó de muy buen humor el muchacho, casi canturreando cada palabra. Estaba seguro que el Laguz Tigre no bebería nada hecho por él por nada del mundo… y por muy buen motivo. Sindri era alguien al que le gustaba experimentar, por lo que sus creaciones tenían las mismas posibilidades de explotar en la marmita, explotar en el frasco, explotar cuando uno movía el frasco, explotar al salir del frasco, explotar al tener contacto con la piel y tener un agradable gusto mentolado con toques de mora silvestre.

Pero por primera vez durante su estancia en Gallia, el Beorc de Elibe se quedó sin palabras momentáneamente – Uhm… ¿Gracias? Le… ¿Agradezco el consejo…? – titubeó mientras se frotaba la nuca con la mano, visiblemente incómodo. Sindri realmente no sabía tratar muy bien con ese tipo de situaciones. Situaciones de pensamiento positivo alentado por otros. O situaciones positivas en general. Estaba habituado a que lo trataran con suspicacia, desconfianza o, en general, de manera negativa. Sabía cómo reaccionar. Sabía qué hacer, qué responder y qué decir. Para una persona no era más que un deplorable Mago Oscuro, alguien que eliminar sin reparos y con eficacia puesto que el mundo sería un lugar mejor para él. Para otra persona Sindri no era más que un civil lego sin idea de la guerra, la batalla o la vida real. Quizá no era visto sino como una bolsa de oro vacía por ciertos sectores de la sociedad, alguien con el que no valía la pena interactuar. Y nunca podría sacarse la máscara de un ser al que esconder la verdad. Podía parecer que Sindri se quejase o se lamentase de este destino, pero nada más lejos de la realidad. Era como todo debía ser. No es que mereciera otra cosa.

Pero pronto unas palabras hicieron que la perenne sonrisa del muchacho volviera a su rostro. ¡Ah, negatividad! ¡Insultos! ¡Ofensas! ¡Desdén sobre sus habilidades de diplomático! Era como volver a ponerse una mullida manta por encima una noche de invierno y sentarse junto una acogedora hoguera con una buena copa de vino especiado – Uno sabe codearse con la élite, desde luego. Incluso si es la élite Laguz. Ahuhuhu~ – su encuentro con el Príncipe Kurthnaga había sido más una obra de la suerte que cualquier otra cosa, pero tampoco era menester entrar en detalle sobre sus peripecias por el mundo – Y sobreestima usted la utilidad de saber sobrevivir en una jungla. No hay muchas junglas fuera de Tellius, ¿sabe? Los agudos sentidos de un Laguz no son rival para mi capacidad para fundirme con las sombras, de todos modos. – realmente salir de Goldoa no fue muy difícil, sólo tuvo que seguir el camino indicado por la costa y gracias a las viandas que le entregó el miembro de la realeza no tuvo que detenerse más que a acampar. Pero de haberlo necesitado, el Dark Sage sabía bastante de fundirse con la Oscuridad…

Sí, sí, claro, muy importante. Seguro que sí. No sé cómo los Beorc han vivido tanto tiempo sin ella. – mencionó distraídamente mientras seguía escarbando en su zurrón en busca de su nuevo libro de hechicería. Había adquirido recientemente un grimorio de magia más potente que el Tomo de Ruina que llevaba usando durante años y no había tenido ocasión alguna de probarlo. ¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba? El muchacho no podía sino sorprenderse de cómo podía perder libros en un zurrón tan pequeñito. Esto debía ser clase de alguna magia oscura… – ¡Sí claro! Si retrocedo salgo de Gallia y el plan es encontrar un poblado, no jugar a caminar de espaldas… ¡Ajá! – triunfalmente, sacó como pudo un libro muy especial, que refulgió de manera antinatural cuando la poca luz del ambiente chocó contra él.

Cayó en la cuenta que una de la miríada de cosas que había aprendido en Goldoa era que los Laguz no eran capaces de emplear magia de ningún tipo. Pero… ¿Sabían lo que es la magia en sí? ¿Entendían el concepto de “magia”? Ahora se lamentaba no haber preguntado más cuando tuvo la ocasión… – Eh, oiga, señor… Laguz Tigre. – Sindri cogió el tomo de Worm por los bordes y lo acercó un poco a su guía de manera tentativa, permitiéndole que le echara un vistazo si quería – ¿Que por algún casual sabe qué es esto? – era un grimorio de aspecto vetusto y páginas amarillentas cuya cubierta y lomo parecían hechos de algún tipo de cuero de color marrón. Justamente en la cubierta que apuntaba hacia el habitante de Gallia podían verse cuatro símbolos amarillentos en cada uno de los bordes y el dibujo de una espiral negra enorme en el centro. Un típico Tomo de Worm.

Quizá era esta su primera experiencia con la Magia Arcana…
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Zeke el Jue Mayo 17, 2018 12:07 pm

Cerró los ojos. Uno, dos, tres, cuatro… ¡Agh! Lo de contar para intentar recuperar la calma siempre le había parecido una tomadura de pelo, y efectivamente la eficacia del método era nula por completo. De hecho, incluso había empeorado humor. Los aires de superioridad que rodeaban al beorc extranjero, la manera en la que desafiaba cada una de sus interacciones o, simplemente, su cara, era una mezcla de sensaciones incapaz de soportar. Pero pese a todo conocía dónde estaban sus límites; lo que quería ser, lo que pretendía llegar a convertirse algún día, y el asesinato todavía no entraba en sus planes. No por el momento. Aunque quizás se lo podía plantear y que nadie más en la faz del mundo se enterase de ello…

La mirada gélida que le dedicó a su compañero de viaje podría haber helado el mayor de los incendios de ser posible. Tan frías como Mitgard, eligió las palabras perfectas para el susodicho –Si encuentras una manera de mejorar las pócimas, que por cierto estoy empezando a dudarlo, espero que te encuentres bien lejos de Gallia, por lo que creo que el precio por enviar unos frasquitos de contenido más que sospechoso sería demasiado alto para donnadie. O siempre me lo puedes enviar para echárselo en la comida de algún león –La idea ahora no le parecía tan descabellada. Si existía algún tipo de efecto secundario, fuera el que fuese, no recaería sobre él sino sobre esos melenudos desgraciados que poblaban el reino que sus pies pisaban. Esos felinos que, habiendo fardado siempre de su poder, de su saber y de su nobleza, habían dejado a la deriva la tierra de todos, sin defender con garras y colmillos lo que durante generaciones les había pertenecido por nacimiento. Lo que juraban defender. Mentirosos y cobardes, los dos adjetivos que mejor definían a la especie regente. Ex regente.

Dejó de lado el discurso que le había ofrecido, de la misma forma que el agradecimiento poco sentido del beorc. En realidad, sus palabras no significaban nada para él, pues en cuanto llegasen a la siguiente aldea esperaba perderlo de vista para siempre. El aura alrededor del extraño viajero era cada vez más misterioso, más chocante. Que hiciera eco de su amistad con el príncipe Kurthnaga lo recubría de un aire con toques regios, pero las piezas no lograban encajar del todo en su mente. ¿Cómo siquiera un humano normal y corriente había conseguido, no solo una audiencia, sino trabar algo más con un miembro de la realeza de los dragones? Misterios sin resolver, tampoco le iba a pedir pruebas o que le relatase su experiencia. Si era un farol, tendría un grave problema en caso de ser oído por quien conociera realmente al príncipe del reino vecino; si no lo era, pues perfecto por él, ¿acaso iba a querer una condecoración por tal hecho? Ni hablar –¿Capacidad de fundirte con las sombras? ¿Eso qué demonios es? –Se quedó unos segundos en silencio, escudriñando el horizonte, antes de añadir –Ah, fijo que significa que eres un cobarde y que huyes, por eso utilizas las sombras, ahora deben llamarlo así.

Ojalá retrocediese. No solo sobre sus pasos, sino incluso en el tiempo. Para tomar un camino diferente y nunca encontrarse con él.

Tragó saliva, buscando al sujeto que había lanzado el proyectil. Sus fosas nasales se concentraron en reconocer el olor propio de los emergidos, pero un cerco a su alrededor le confirmaba que no eran uno ni dos los enemigos que se hallaban escondidos entre la maleza del lugar –¿En serio? ¿¡De verdad me estás preguntando si sé lo que es un jodido libro…!? –Poco le importaba ya que descubrieran su posición, pues a fin de cuentas la conocían de sobra. Señaló hacia el frente, rápidamente –¡¡Nos están atacando!! Así que no tengo tiempo para lo que sea que se encuentre en las páginas raídas de ese libro tuyo, ¿de acuerdo? ¡Escóndete de una vez! –Le bufó. En cuanto se pusiera a buen resguardo, retomaría su forma animal para tener más posibilidades.

A ver qué bestia podía más, él o ellos. O alguien más.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Mar Mayo 22, 2018 11:53 am

Bueno, tengo pulgares oponibles el 100% del tiempo, por lo que creo que estoy más capacitado para trastear con recetas milenarias que un Laguz. Al menos no mudaría encima de los ingredientes. O peor, encima del caldero. ¡Puaj! – le molestó un poco que  dudara de sus habilidades en el hermético arte de la alquimia cuando seguramente este Laguz pensara que los ungüentos eran para beberse. Tampoco es que él dudara de sus habilidades para abrir gargantas con sus colmillos o a bañarse con su propia lengua, ¿verdad? ¿Por qué tenía él que ir y decir “bluh bluh bluh yo más importante y más mejor que tú bluh bluh bluh”? ¿Qué ganaba con ello? No estaba intentando ser divertido ni ofrecer una batalla dialéctica, simplemente era un seguido de naderías rudas – Ah no, regicidio no. Si quiere ponerse usted a matar a los reyes de la jungla, es asunto suyo. Los Laguz ya me miran bastante mal sin haberles hecho absolutamente nada. ¡Imagínese lo que harían si llego a lastimar a un pobre leoncito! – lo que quería decir Sindri es que ir compartiendo veneno con todo el que se encontrara lo único que haría es crear un caminito de cadáveres hasta él. Y no es que lo temiera mucho, pero entonces tendría que preparar más veneno para los que lo persiguiesen, y luego más, y luego más. Y destilar veneno es una de las cosas más aburridas que hay en este mundo puesto que es sentarse ante una mesa de alquimia, mezclar dos cosas, taparlas y dejarlas reposar durante medio día. ¡Al menos otras pociones tienen la decencia de poder explotar si las haces mal!

Una vez más el Laguz volvió a pensar de la forma más denigrante posible, cosa que hizo suspirar al Sabio Arcano y mover la cabeza durante unos instantes. Si no estuviera agarrando un tomo se llevaría una mano a la frente como respuesta – Por una vez, por una mísera vez, que deseo que alguien piense literamente… – ¿Acaso el tigretón podía olisquear lo que podía, en teoría, irritar más al bibliotecario? Con lo considerado que estaba siendo él, contándole sobre cómo de amigo era de los Laguz de Goldoa. Bueno, de uno en concreto. Quizá conocido era una mejor descripción – Estoooy seguuuuuro que un animalito cazador no usa las sombras para nada. No señor. Por ejemplo, para acercarse a su presa sin ser detectado. Espere. ¿Quiere decir que los cazadores que acechan en las sombras son unos cobardes miedosos pusilánimes inseguros y blandengues? Interesante. Muy interesante. – estiró el brazo libre que le quedaba un poco hacia el árbol en cuestión y, de un tirón, desincrustó la flecha, que giró entre sus dedos de manera distendida. Arqueros. Cuánto detestaba a los arqueros. Las flechas eran una verdadera molestia con las que aquellos tiradores de pacotilla se dedicaban a interrumpir los importantes hechizos de los magos de toda clase. La flecha acabó en el suelo de un movimiento seco.

¡Oh! ¿Nunca lo ha visto? ¿Nunca, nunca? ¿Nunca, nunca, nunca? Es decir, ya me dijo el Príncipe Kurthnaga que los Laguz eran incapaces de emplear las energías mágicas pero… – entusiasmado hasta el punto que comenzaría a dar saltitos, Sindri casi no pudo reprimir una sonrisa de oreja a oreja. Jamás había visto la reacción de un Laguz ante la magia… pero mucho menos la reacción de un Laguz que nunca la ha visto antes. Bueno, quizá que la ha visto antes, pero es incapaz de reconocer un grimorio. Tampoco se lo iba a reprochar – Si es la primera vez que ve esto, entonces está de suerte puesto que será espectador de primer orden del mayor poder que existe en este mundo. Mi señora es extremadamente generosa, al fin y al cabo. – abrió el Tomo de Worm y dejó que algunas páginas se movieran por sí solas, como si ellas fueran las que quisieran marcar dónde debía comenzar a leer el Dark Sage – Si no lo es, espero que sea un bonito recordatorio del poder de la Oscuridad. – tras decir esto, acarició con un dedo el lugar que el tomo había elegido y comenzó a encantar y canalizar los Poderes Más Oscuros a través de él.

Una pequeña película de sudor comenzó a hacerse notar en la frente de Sindri. El hechizo de Worm era superior en todos los ámbitos al de Ruina, por lo que el usuario debía pagar un precio mayor para su uso: su propia salud. Lo notó desde el primer momento. No es que fuera a desmayarse ni nada por el estilo al usarlo sólo una vez, estaba entrenado para emplear un grimorio tan poderoso, pero no pudo sino notar una garra gélida alrededor de su garganta. Un recordatorio que los poderes que estaba empleando no eran un juego de ninguna clase.

Con unos aspavientos de abajo hacia arriba, una película amorfa de… algo oscuro y viscoso comenzó a manifestarse en las páginas del libro sin mancharlo. Poco a poco, y en respuesta de los movimientos del muchacho, la sustancia amorfa negruzca comenzó a burbujear como si estuviera hirviendo, haciendo sonidos desagradables cada vez que una burbuja explotaba para dar paso a tres más. Con parsimonia, una masa de falta de luz tangible empezó a salir del libro para arremolinarse y quedarse estática unos segundos en el aire, para entonces comenzar a vibrar. A primera vista podía parecer lodo corrupto de una ciénaga apestosa flotando alrededor de Sindri, pero el hecho que flotaba y se movía por voluntad propia, ahora dividiéndose en algunas esferas mal hechas, ahora juntándose toda, traicionaba que fuera lo que fuera aquello no era normal.

Si es tan amable, deje los llantos y la desesperación por el hecho que a los Laguz se les ha negado este poder para otro momento. Sé que es difícil, pero haga este esfuerzo por mí. – mencionó con forzada alegría y voz pesada, como si le faltara el aliento, cuando vio que una cabecita asomaba entre los árboles. Los ojos le delataban como Emergido y el arco como arquero. Quizá buscaba ver si la flecha había dado en su blanco – Perfecto. – musitó para entonces señalar al enemigo y dar una orden silenciosa a su hechizo, que paró la vibración y prestó toda su atención al confundido ser que sacaba otra flecha de su carcaj.

Pero la Oscuridad no iba a permitir eso. Se lanzó en un tropel raudo y veloz, demasiado incluso para los oníricos movimientos que habían demostrado hasta el momento. Una vez estuvo cerca, la masa cambió de forma y envolvió al Emergido en un (según Sindri) tierno abrazo. El Emergido parecía que no estaba de acuerdo puesto que comenzó a patalear y a tratar de quitársela de encima, pero… ¿Cómo luchabas con algo tan denso como la miel y tan volátil como la niebla al mismo tiempo? El Emergido perdió paulatinamente sus fuerzas hasta quedar rígido, sostenido únicamente por la magia que, al retirarse, dejó caer al suelo un enemigo sin vida. Uno que nunca jamás iba a levantarse nuevamente.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Zeke el Vie Ago 10, 2018 10:45 am

Se miró las manos ante el comentario del de oscuros cabellos. No le faltaba razón al exponer un hecho completamente cierto, pero ya era más el tiempo que se pasaba en su cuerpo antropomórfico que el que disfrutaba en su estado más salvaje. Una verdadera lástima, una de verdad. Pero en esos momentos requería más de ciertas habilidades que poseía ese cuerpo beorc, especialmente si quería pasar desapercibido, pues en su forma laguz su olor era mucho más fuerte y podría llamar la atención de sus congéneres con mucha mayor facilidad. Suficiente tenía con enfrentarse a emergidos y a idiotas que, además, tener que pelearse con las sombras de su pasado. Suficiente que había tenido la decencia de ¿ayudar? cuando había escuchado que una gran catástrofe se podría cernir sobre las tierras que le habían visto nacer. Simplemente soltó un resoplido. ¿Tenía razón el beorc? Sí, ¿le iba a dar la razón? Cuestión muy diferente, obviamente la respuesta era un rotundo no.

Una sonrisa socarrona se le extendió por el rostro. El simple hecho de imaginarse algo por el estilo se le antojaba gracioso. Leones muriendo por el veneno de un humano cualquiera que se había atrevido a realizar un veneno. Eso demostraría la estupidez de los melenudos, pero en cierto modo ni siquiera algo así era necesario –Tristemente esta tierra se quedará sin reyes como consecuencia de los emergidos, por su estúpido orgullo de no pedir ayuda a los demás y por haber saliendo como malditos cobardes, con el rabo entre las piernas, no son más que una panda de desneuronados que se las dan de grandes gobernantes y luego desaparecen cuando hacen verdadera falta –No era de los que expresaban su opinión al público, pero delante de ese extraño compañero de viajes que tenía se sentía confiado. ¿Por qué? Quién demonios lo sabe.

Refunfuñó nuevamente por lo bajo. Él también había usado las sombras a su favor cuando una presa se encontraba tranquilamente pastando sin ser consciente del peligro que le acechaba. A decir verdad, era un comportamiento de lo más común y habitual, sobre todo entre los laguz carnívoros, ¡pero en ningún momento se trataba de ser un cobarde! Más bien todo lo contrario, su papel era el de temido depredador, del peligro que aguardaba en las sombras a una oportunidad. ¡Provocaba miedo! No usaba las sombras para esconderse, resguardarse por terror o por cualquier otro sentimiento deleznable. Seguramente todo lo contario a lo de ese beorc, aunque su comportamiento cada vez se alejaba más de lo que cabía esperar de un donnadie como él.

¡No sé de qué demonios estás hablando, pero sea lo que sea haz lo que quieras sin meterte en problemas, ¿me escuchas?! ¡Como luego me toque ir a salvarte el trasero de noble que parece que tienes lo llevas claro! –Apenas lanzó un vistazo rápido a su retaguardia, pero el resplandor purpúreo que sus ojos captaron lo envolvió en una especie de ilusión nunca antes vista. Casi por completo olvidó la presencia de los emergidos en el lugar para centrarse única y exclusivamente en la sensación, en el ánimo, en la… ¿magia? Que las manos de aquel joven desprendían. Aunque en realidad todo nacía del extraño libro que segundos antes había observado con desprecio. Tragó saliva, pensando que quizás lo que sea que viviera dentro del dichoso tomo se había enfadado por su comentario, pero en tal caso ya se habría lanzado hacia su presencia, pues estaban uno al lado del otro –¿Poder de la Oscuridad? ¿Eso es lo que…? –Cuando la masa viscosa y burbujeante se lanzó contra uno de sus poderosos enemigos como si nada, su cuerpo pedía a gritos retroceder un paso, pero no lo permitió. Posó rápidamente la vista en su compañero de armas y en los emergidos. Una vez. Otra. No iba a ser tan inútil como había pensado durante todo el trayecto hasta el punto donde se encontraban. ¡Aleluya! Aunque por otra parte… ¿¡quién demonios era para dejarle mal delante de tropas enemigas!? ¡Si pensaba que iba a vencer por sus trucos extraños y de poca confianza, lo llevaba claro!

Volvió a adoptar, velozmente, su forma animal. Sin miramientos, se lanzó contra el compañero del emergido ahora muerto. Era como hundirse encima de la tierra, en una ciénaga o unas arenas movedizas de extraño color, sensación y procedencia, pero igualmente efectiva. Lanzó un gruñido de satisfacción. Sus colmillos se clavaron con una voracidad propia de los felinos de su raza en la parte trasera del cuello del emergido, portador de otro arco. Los ataques a corta distancia suponían todo un reto para un luchador que prefería la distancia, pero para quien prefería luchar en combates cuerpo a cuerpo no eran más que un pequeño escollo a sobrepasar. Giró la cabeza violentamente para desgarrar sin piedad la mitad de su cuello, dejando al aire el interior de la garganta de este. No tardaría en perecer por falta de oxígeno y del líquido rojizo de la vida.

Lanzó un vistazo al extranjero beorc, escrutando su rostro. ¿Preocupado? ¿Con miedo? Tsé, de una manera u otra tendría que seguir combatiendo. Señaló con la cabeza hacia unos arbustos, donde en caso de haber emergidos ocultos aguardarían a su llegada. No sería un grupo demasiado grande si solamente dos arqueros se habían encargado de las primeras señas de violencia.
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Re: [Campaña de liberación] Cuando ruge la marabunta [Privado; Zeke]

Mensaje por Sindri el Dom Ago 12, 2018 8:36 pm

¿Acaso no es esa la exacta descripción de un rey, monarca o emperador normal y corriente? ¿Una persona que bien podría ser aplastada por el peso de su ego? ¿Alguien que pone pies en polvorosa con su séquito y deja que sea la plebe la que se ocupe de sus problemas? Me parece que le tocó uno bastante ortodoxo. – opinó el Sabio Oscuro mientras se encogía de hombros levemente. Bueno, encogió el hombro que podía mover libremente en aquel momento, pero esperaba que su compañero de batalla entendiera bien su lenguaje corporal y no pensara que se estaba intentando dislocar el hombro. Lycia era una tierra sin rey por lo que cualquier lyciano que se hiciera valer tenía un desdén innato por los monarcas de todo tipo que, extrañamente, no solía extenderse a los marqueses. Obviamente, este era un tema de conversación que no solía sacar mucho a la luz puesto que muchos países tenían la noción que el mejor sistema de gobierno era poner alguien en una silla muy grande y decirle “aquí tienes poder absoluto sobre nuestra vida y nuestra muerte, ¡Diviértete!” – ¡Piense en las oportunidades! ¡Tienen el honor de poder probar diferentes tipos de gobierno! ¡Quizá incluso inventan alguno! – tras decir eso, soltó una risita repleta de buen humor. Los lugares con tabula rasa eran interesantes desde un punto de vista académico, una pena que seguramente no le dejarían quedarse ahí para documentar un posible cambio de paradigma.

Escuchó ávidamente la contestación del Laguz sobre el tema de su Tomo de Worm con una sonrisa. ¡No conocía la Magia Arcana! ¡No la conocía! ¡Menuda sorpresa se va a llevar! Estuvo a punto de reír discretamente tapándose la boca con su manga cuando una palabra en concreto le apuñaló por la espalda – ¿N-noble? ¿Yo? – casi dio un paso atrás por la sorpresa y el sopetón. Había dicho “trasero de noble”, ¿verdad? Lo del trasero no le importaba en absoluto, pero no sabía en absoluto como tomarse aquel apelativo. Sindri inspiró. Era completamente cierto que había nacido en el seno de una familia noble de Lycia y había pasado sus años mozos en una corte siendo cuidado y mimado como sólo un aristócrata podía serlo. Sin embargo… ya no lo era. No merecía tal honor. No era más que un sucio traidor a su nombre, a su dinastía y al concepto de nobleza. Considerarse noble no era más que una afrenta a todo lo que en aquel mundo se podía considerar puro, decente y correcto. Pero tampoco podía considerarse un plebeyo puesto que aquello sería amontonar otro insulto sobre su sangre, tan azul que podría emplearse para pintar el cielo, que le distinguía del resto de Beorc y Laguz. Simplemente era Sindri. No había nada más que pudiera ser – A ver, saco de pulgas, ¿Qué cree que se le ha perdido a un noble por Gallia? Si fuera un noble, ¿No cree que hubiera enviado a un lacayo a hacer una tarea tan básica como recoger libros? ¿Por qué arriesgar mi cuello si puedo arriesgar el de otro? Al fin y al cabo, no soy más que un cobarde que huye. – trató de dar algo de humor sardónico a sus palabras, pero no pudo evitar sonar irritado e irascible. Sus ojos sostenían una mirada firme y sus gestos habían pasado de ser animados a ser agarrotados, aunque tapados con un cierto aire de humor. Seda que pretendía esconder acero. Más le valía al Laguz no seguir aquella conversación…

Le cambió el humor cuando pudo apreciar la reacción del Laguz ante su hechizo de Worm. Bien, bien, un poco de humildad nunca hacía daño a nadie. Comenzó a mover de nuevo la mano, moldeando las energías mágicas para un siguiente ataque que tendría que esperar unos instantes todavía – Como ya he dicho, mi señora es una patrona generosa. Muy generosa. Tanto que comparte su poder con sus indignos acólitos. Un poder que excede cualquier otro en este mundo. Un poder sin límites. – susurró las últimas palabras, quizá porque el Laguz ya estaba a medio camino de la yugular de un arquero. ¡Magnífico! ¡Un arquero menos en el mundo! Eso sí era lo que quería ver ahí. Alguien se estaba ganando un buen ramo de hierba gatera. Y, verdaderamente, un Laguz Tigre era una verdadera máquina de matar refinada y bien engrasada: el pobre diablo no tuvo ni la más mínima oportunidad de defenderse de aquel tremendo arrebato. El estudiante de las Artes Arcanas supuso que el hecho de no poder acceder a los misterios de la magia se veía mínimamente compensado con aquel cambio de forma tan brutal.

Bigotitos parecía querer decirle algo, pero, por lo que sería buena idea dejar para luego cualquier cavilación sobre la justicia kármica del mundo. Tuvo que interpretar brevemente que tal movimiento de su cabezota no era porque se le hubiera quedado pegada algo de sangre enemiga en sus orejotas, sino que había algo en aquella dirección que quería ver exterminado. Eso o que había deliciosos filetes de pescado por ahí – Vuela y sé libre, pequeñina. – le dijo con cariño a la densa y juguetona neblina taumatúrgica que acababa de invocar con ayuda del Tomo de Worm. El hechizo salió volando hacia los arbustos en busca de lo desconocido y desapareció durante unos momentos de la vista de todos. Varios segundos después sonó como si un gran peso hubiera caído contra el suelo y se pudo ver por unos segundos un ténue resplandor rojizo a través de la maleza, que quedó apagado para siempre jamás. Un enemigo menos, sí, pero con tantas plantas le era difícil adivinar por donde vendrían los enemigos… ¡Quién tuviera las orejas del Laguz Tigre! Aunque… si los enemigos hicieran más ruido sería una ventaja para ellos, ¿cierto?

De pronto, la zona de jungla donde se encontraban ellos padeció un cambio brutal. Los sonidos comenzaron a amainar y, tras unos tensos momentos, la selva quedó en el más absoluto de los silencios. Era un silencio pesado y tenso, antinatural, provocado por el miedo y el terror. Un Mal Augurio azotó el ambiente como si un superdepredador hubiera hecho acto de presencia. Miedo. Horror. Terror primario. Una ola de negatividad – ¿Qué me dice, mi amigo de siete vidas? ¿Le apetece ayudarme a cazar? Sólo tiene que seguir sus orejotas… – mencionó Sindri con una voz suave primero y una risita igualmente risueña después. Unos pocos ruidos rompieron el hechizo de silencio sobre la zona, revelando las posiciones de los enemigos en contra de su voluntad. Ramitas que se rompían bajo los pies. Hojas que eran zarandeadas. Emergidos que no podían hacer otra cosa que temblar estando a la merced de la Oscuridad.

La caza había comenzado.
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