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[Entrenamiento]Could you kindly~[Priv. Laslow, Jakob]

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Mensaje por Invitado el Dom Nov 05, 2017 2:01 pm

El día no era de lo mejor, la lluvia caía sobre el castillo sin piedad y la humedad causaba chirridos en la madera del suelo y techo. El sol nos fue arrebatado por grises nubes desde la madrugada y no parecía que seria libre hasta que la su hermana tomara su lugar, mas para eso faltaban pocas horas, aliviando levemente al vasallo. La lluvia no era algo que le agradara, mucho menos en el castillo, despertándose con un dolor de cabeza por el repentino estruendo. Seguía sin estar seguro de si fue un trueno o las locuras de los vasallos, las criadas, o Camilla.

Pero bueno, en realidad era común a diferencia de el fuerte, allí podía beber sus tés dignamente junto a su alteza sin temer que algo saliera mal. ¿Pero aquí? una glotona, un desafortunado, un idiota sin remedio, un indecente, una creída arrogante, una asesina a sueldo, una psicópata caprichosa y lo peor de todo - El - dijo para sus adentros mientras observaba una de las tantas espadas que yacían en la armería, dentro de un barril para ser exactos. A diferencia de sus hermanas esta era inofensiva, era completamente de madera y normalmente estaba en las manos de los guardias novatos del castillo. El peliblanco podía ver astillas en esta aun a la distancia - Gunter ¿como pudiste olvidar enseñarles lo mas importante? - "No darme mas trabajo" o en este caso cuidar de su arma. Separo dos de esas bromas de espadas del resto y las llevo consigo a un lugar mas cómodo, "¿Cual de ellas?" se pregunto. Dejo eso de lado, la idea llegaría, mas al salir de la oscura habitación no se olvido del papel de lija.

Camino con tranquilidad por los pasillos en busca del lugar mas probable, no tenia mucho apuro a pesar de que el cielo se derrumbaba. Una de sus manos colgaba elegantemente sosteniendo los juguetes del inexistente filo y con la lija enrollada sobre una de estas, la otra descansaba en su espalda pero de vez en cuando se acercaba a las paredes para buscar con su tacto alguna señal de humedad, deslizando su dedo sin parar de caminar. Pero no encontró nada que lo preocupara mas allá de una que otra pintura inclinada, "¿Como puede ser que sea el único que se preocupe por el orden del castillo?" pensó olvidando a su indice el cual al encontrar un marco atrajo su atención, - ¿El salón? - Susurro al ver las puertas gemelas, sin duda, este seria el mejor lugar.

Abrió la puerta izquierda sin siquiera arquear su espalda y al formar 90° soltó la perilla para adentrarse a la habitación. Una gran ventana que constituía el 80% de la pared permitía ver el espeluznante exterior del castillo, gracias a Grima no se veía el volcán desde ella pero si como las gotas de lluvia se volvían humo al caer en el río de lava, llenando los alrededores de una ligera niebla. La habitación era grande y algo vacía con la excepción de dos sillones en los costados y un piano, ademas de los cuadros y floreros que la decoraban. El mayordomo dejo la puerta abierta mientras se dirigió al sillón a su derecha, sus cojines eran claros rompiendo con los colores oscuros de las paredes y siendo una tortura para limpiar. Se sentó en este cruzando sus piernas, apoyo uno de los juguetes a su lado y empezó a limar su hermana con su ceño fruncido.
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Mensaje por Invitado el Miér Nov 15, 2017 8:05 pm

La lluvia siempre le había parecido romántica. Para él, algo tan sencillo como agua cayendo sobre dos amantes mientras sus labios se cerraban en una física promesa de amor eterno era una de las imágenes más bellas que podían existir, por mucho que él no hubiera disfrutado aún de tan mágica experiencia. La lluvia otorgaba al mundo de un ambiente que invitaba a la reflexión, a estar en el hogar recordando los buenos momentos vividos junto a aquellos que se sentaban cerca del fuego mientras compartían historias de aventuras pasadas. Cuando caía desde el cielo, imágenes como esas eran las que solían acudir a su mente y le invitaban a acomodarse en un balcón y observarla mientras permitía a su mente rememorar lo poco que conservaba de su infancia en Ylisse, cuando solo era un niño preocupado en jugar con sus mejores amigos y seguir los pasos de su madre.

Pero, por desgracia para Laslow, hoy no era uno de esos días.

-Tenía que ser justo hoy, ¡justo hoy! ¿Se puede saber que te he hecho Grima?- Con la cabeza agachada y la boca llena de maldiciones con un volumen solo audible para el cuello de su camisa, el  protector de Xander caminaba sin rumbo por los numerosos pasillos del Castillo Real nohrio, perdido en sus propios pensamientos y desgracias, las cuales parecían no tener fin nunca, sin importar en que reino se encontrarse o que tuviera él planeado para su propio futuro.

¿Qué había sucedido en aquella ocasión? Algo tan sencillo como que su grandioso plan para engatusar a la hija del herrero residente, una belleza de pelo naranja y rostro pecado, con un paseo por los bosques fuera del castillo acompañado todo con comida preparada en las cocinas reales y una declaración de eterno amor y servicio cuando el sol se encontrara en su zenit y las flores brillaran con más esplendor… Pero la lluvia, la dichosa lluvia, había echado por tierra este plan, pues con ella llegaba un frío viento y ambas cosas juntas hacían imposible sacar a la preciosa joven de la fragua de su progenitor. Descorazonador, pero entendible, ¿pues quién iba a dejar atrás un lugar lleno de calor para cambiarlo por un exterior frío y con riesgo de enfermedad?

-Algún día, algún día… ¿Pero cuándo llegará ese día?- La mirada del espadachín se alzó al empedrado techo sobre su cabeza como si sus palabras fueran una plegaria a Naga, obteniendo como respuesta el eco de su voz solamente, pues el dragón divino muy probablemente se encontrara fuera de servicio ese día y fuera el caído el que manejaba el destino de los mortales, como demostraba el cruel giro de los acontecimientos que se había dado sin aviso alguno. ¿Dónde estaba la milagrosa revelación que era el auténtico plan de su destino? ¿Dónde estaba la señal que indicaba a quien debía entregar su corazón y cuando sucedería tal cosa?

El destino no le ofreció tal respuesta en ese momento, pero sí que le enseñó hacia donde se había dirigido.

-¿El gran salón?- Los pasos de Laslow se detuvieron justo antes de entrar en la ya abierta puerta, preguntándose en su interior como era que había terminado allí. ¿Acaso era porque, en días donde la lluvia era agradecida, se sentaba en uno de sus sillones y observaba como las gotas de agua se deslizaban por el gran ventanal y más allá del mismo? Tal vez fuera una elección que su mente había tomado sin consultar a su cuerpo para ver si, de esa forma, recuperaba un poco el bienestar y lograba que los malos pensamientos se alejaran para dar paso a unos más optimistas. Cosa difícil, pero situaciones más raras habían pasado en su mente.

Un suspiro de resignación escapó de entre sus labios al aceptar el lugar en el que se encontraba, y se encogió de hombros para sí mismo el guardia real antes de entrar en la lujosa estancia… Solo para encontrarse allí a la persona que menos esperaba encontrar.

-¿Jakob?- El tono de voz de Laslow mostró la sorpresa del encuentro, y es que era realmente sorprendente ver al peliblanco criado en aquel ala del edificio, pues se encontraba lejos de las estancias pertenecientes a la princesa a la que debía lealtad y servidumbre, y todo el castillo sabía que el fiel mayordomo no se alejaba prácticamente nunca de la sombra de Corrin. [colorRoyalBlue]-Perdona mi reacción, pero no esperaba ver a nadie.-[/color] Una puerta abierta no siempre indicaba la presencia de otros en una estancia, pues perfectamente podía ser solo el deseo de airear la habitación o un despiste. Aquel era otro factor que había ayudado a que apareciera la reacción inicial del protector de Xander. Pero esta ya se había reducido, y por ello mismo el mercenario permitió que una tranquila sonrisa apareciera en su rostro mientras caminaba hacia el gran ventanal, más allá del asiento del criado.

-¿Molesto tu trabajo si me quedo? Solo quiero observar la lluvia un rato.- El espadachín no había tardado mucho en percatarse de que Jakob tenía dos espadas de entrenamiento de madera, usadas con los más novatos de entre los novatos, y sus manos pulían una de ellas en ese preciso instante. Aquel era un trabajo destinado a otros sirvientes, no al juramentado a una de las princesas del reino, pero lo cierto era que Laslow no le conocía lo suficiente como para juzgar todas sus acciones, y tal vez aquello solamente fuera una manera para él de distraerse mientras no se encontrara en activo servicio.

-¿Cómo se encuentra la princesa? Perdonad mi curiosidad, pero hace varios días que no la veo y no puedo evitar sentirme algo preocupado.- Ya frente al gran ventanal, el Guardia Real dejó escapar un suspiro tras sus palabras, pensando en la curiosa forma en la que había conocido a Corrin, y como desde entonces había tenido pequeñas charlas sin importancia cuando se cruzaba con ella en el castillo. Era un cambio agradable el poder conversar con alguien racional y optimista de vez en cuando, teniendo en cuenta las pintorescas personalidades de los habitantes de Krakeburg.

En el fondo era una pena que la princesa fuera así… En cualquier otro caso Laslow se habría planteado cortejarla. Pero el que fuera la hermana de Xander implicaba que si decía una sola palabra que se pudiera entender como cortejo cerca de ella, y el rubio príncipe lo descubría, el peligrís podía decir adiós a todas y cada una de sus esperanzas y posibilidades de ser padre.
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