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[Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

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Mensaje por Sissi el Jue Nov 02, 2017 1:33 pm

En la gran biblioteca de Sindhu reinaba el más pulcro silencio. El único sonido discernible era el pasar de las páginas de los libros, y el movimiento de los visitantes y estudiantes al deslizarse por los pasillos sin hacer ruido. A veces, el eco de frases inconexas, que bien podría venir del otro extremo del edificio, traspasaba las altas bóvedas y perturbaba la calma, para gran disgusto de la beorc encargada de los archivos. Era una señora mayor, de aspecto amable y arrugadito cuando nada la hacía enfadar, pero a la menor distracción era capaz de atravesar a cualquiera con sus ojos negros e inteligentes y sus largas uñas afiladas. Amada y temida a partes iguales, no había nadie mejor que pudiera mantener el orden y la paz en la biblioteca cuando Yrumir, el Bibliotecario Jefe, no estaba presente. El trabajo de la anciana era controlar a los alumnos, ordenar los libros que la gente dejaba olvidados en las largas mesas de estudio, y ejercer como una eficaz secretaria, pese a su avanzada edad beorc.

Era capaz de imponer un respeto mudo en cualquiera, incluso en la misma Sissi. Que fuera Reina no quería decir que no guardase suma deferencia para con los demás, en especial para los de aspecto mayor al de ella. Sus padres la habían criado para ser educada y formal con los ancianos, independientemente de su raza. Por ello, al presentarse frente a la mesa dónde la mujer de aspecto milenario trabajaba, la manakete hizo una leve reverencia y habló en voz baja: Disculpe, ¿podría indicarme la sección de libros sobre religión? Estoy estudiando las diferentes variantes arquitectónicas en los templos de Naga, ¿conoce algún tomo que me sea de utilidad? – los ojitos negros de la anciana se clavaron en su rostro a través de gruesas gafas de culo de vaso, que hacía parecer que eran dos ciruelas pasas las que la observaban.

Por unos instantes, Sissi tuvo miedo de que descubriera quién era en realidad. Había tenido mucho cuidado en esconder su verdadera identidad, pues la razón principal por la que estaba en la biblioteca era para poder trabajar en sus estudios con tranquilidad. Le era imposible concentrarse en su despacho designado en la Universidad: siempre había profesores que requerían de su consejo o aprobación en diversas áreas, además de alumnos y demás ciudadanos que requerían una audiencia con la Reina. No pasaban ni cinco minutos sin que se llamara a su puerta, y así le era imposible dedicarse a una tarea que juzgaba como esencial. Sissi era de la opinión de que el conocimiento era algo esencial, y para lo que siempre había lugar. Un tema en específico había llamado su atención en la última semana: las leyendas sobre un templo a Naga en Valentia, que, según varios libros de tremenda antigüedad, había sido el más majestuoso y grande nunca construido.

Cuanto más estudiaba y leía, más se daba cuenta de que su importancia podía ser trascendental para su país y el mundo. Su hallazgo prometía responder las preguntas más inquietantes sobre el paradigma internacional. Como buena intelectual, una vez formada una hipótesis no descansaría hasta confirmarla, negarla, o convertirla en una teoría válida. Sentía en su interior que era muy importante dedicarse a ello, casi como si un sexto sentido le estuviera hablando. No obstante, hasta el momento le habría resultado casi imposible avanzar en su investigación por las constantes interrupciones. Cansada, tomó la decisión de guarecerse tras las paredes de la Gran Biblioteca, donde nadie osaba importunar a los demás. Avisó a pocas personas de confianza de su paradero, y dio instrucciones de que no se la molestase.

Después, se cambió a unos ropajes más modestos de los que solía llevar, pues deseaba mantener su estatus oculto de los estudiantes que allí pudiera encontrar. Portaba una falda de muselina de un color rosa pálido, con el fino borde dorado como única decoración, y en la parte superior una túnica hasta por debajo de las rodillas del mismo tono, pero de seda. Sus únicos adornos eran bordados simples, como los que llevaban todos los ciudadanos de Sindhu. Sin embargo, sabía que lo más llamativo sería su cabello y sus largas orejas, que delataban sin necesidad de palabras quién era ella. Se recogió el pelo en una larga trenza floja, y se cubrió la cabeza con un pañuelo beige, con el que luego se envolvió los hombros. Su apariencia modesta no se distanciaba en casi nada de la ropa que se solía llevar en el país. Con un par de libros bajo el brazo, y una bolsa de tela con materiales de estudio y escritura, podía pasar perfectamente como un miembro más de la comunidad de alumnos de la Universidad.

Por eso, se alarmó al pensar que la anciana pudiera haberla reconocido, pese a todo su esfuerzo por no parecer ella. Hubo unos incómodos segundos de silencio sepulcral, hasta que la anciana se ajustó las gafas y entornó los ojillos. – Hmmm. Nueva, ¿no es así? Los libros que busca están en la sección doce. Para llegar a los de arquitectura tendrá que usar la escalera de madera. Debería haber una cerca. No haga ruido, no se lleve nada sin haberlo dicho con antelación, y no dibuje sobre los libros que no sean suyos.  – dicho esto, la octogenaria beorc volvió a sus asuntos, aunque Sissi no pudo quitarse de encima la sensación de que aún la observaba con ojos inquisidores. No podía negar que, aunque fuera algo incómodo, le traía buenos recuerdos de su época como estudiante. Sonrió. Hacía tanto tiempo de ello que se le había olvidado esa vida. Era un soplo de aire fresco volver a ella, aunque fuera de manera puntual y corta. Aunque no la llevara puesta, sobre su cabeza descansaba una corona, y esa era una responsabilidad muy presente en ella, y que siempre la acompañaría.

Incluso en esos momentos de descanso, la tarea a la que se dedicaba era por su país, por su amada gente. Su trabajo de investigación podría tener resultados importantes y mejorar la situación del mundo. Si podía averiguar algo en las horas que le dedicaría al estudio, sería un logro en toda regla, que además podría compartir durante la cena con los enviados de Ylisse: el príncipe Chrom y la princesa Lissa. Había encargado a varias personas que les acompañasen durante el día y que les mostrasen la Ciudad Universitaria hasta que ella pudiera recibirles por la noche, en un banquete durante o tras el cual podrían hablar de las relaciones entre ambas naciones. Les había mandado un recado en el que se disculpaba por no poder atenderles de inmediato, y les explicaba que había una razón urgente que la detenía y que esperaba su comprensión. A cambio, confió su tutela a varias personas de su entera confianza para que hicieran de sus primeras horas de visita toda una experiencia. Tranquila, se marchó a la biblioteca sabiendo que ambos estaban en buenas manos.

No tenía más que preocuparse por encontrar la sección en el inmenso edificio, que se mantenía casi en entera penumbra salvo por las velas que descansaban en las mesas de estudio. A esa hora del día no había mucha gente, pues aún estaban en horario de clases, por lo que la sección de su interés estaba vacía, así como las amplias mesas de madera para que los estudiantes dejaran sus tomos y su material. Sissi se estableció en un rincón apartado, y colocó todas sus cosas de forma ordenada y accesible. Contenta con el resultado, cogió una lámpara de aceite y fue a revisar las amplias galerías de libros, colocados pulcramente en estanterías de madera oscura. La penumbra hacía difícil que se pudieran leer los títulos, en especial los que estaban en las tablas superiores, muy lejos de la vista de la manakete. Dio unas gracias mentales a Yrumir al descubrir un sistema de etiqueta fiable a un lado de cada manzana de libros, donde se colocaban las áreas temáticas más importantes con sus respectivos autores. No sabía que habría hecho para saber dónde comenzar. Mientras iba a por la escalera de madera, se hizo una nota mental de hablar con la junta directiva sobre estos inconvenientes. Debía trasladar la escalinata de un extremo a otro de la galería. Sudó solo de ver lo alta que era. Al tratar de arrastrarla, la estructura chirrió de forma muy desagradable y sonora, cuyo eco se propagó en todas direcciones.

Sissi se quedó helada, quieta como un animal salvaje sorprendido por una antorcha. Por Naga, eso debían de haberlo escuchado hasta en la Ciudad Blanca.

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Re: [Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

Mensaje por Chrom el Lun Nov 06, 2017 10:09 am

El paseo por la ciudad previo a la llegada a su estancia le había abierto los ojos de muchas maneras. Con la visión de un nuevo continente frente a sus ojos, Valentia, la línea de costa ya ofrecía una visión completamente diferente a la que estaba acostumbrado. La fauna, la flora, incluso el ambiente y el propio mar contaban con tintes diferentes a los que estaban acostumbrados en sus tierras. Tener la posibilidad de observar en primera persona las características de un lugar no tan lejano en exceso, pero sí de una tierra dispar le recordó cuán pequeños e insignificantes podían llegar a ser, en comparación con la grandeza de todas las regiones. Y sin embargo, la importancia que cada uno de los seres humildes que la integraban podían tener, desde el primer pastor hasta el último monarca. Solamente quienes no eran capaces de comprender esa sensación tenían aires de grandeza que chocaban contra la paz que debería reinar.

Su llegada traía consigo la confianza y los deseos no solamente de las personas de su tierra, buscando un nuevo emplazamiento amigo, quizás incluso aliado, donde la hostilidad fuera dejada de lado en pos de un trabajo conjunto y un intercambio  de buena voluntad entre ambas culturas, entre dos tierras con unos sentimientos hermanos pero separados por el amplio mar que bañaban las costas de Valentia y Akaneia. La posibilidad de nuevas rutas comerciales, intercambio de productos, personas, estudiantes y estudiosos reavivaría una relación que hasta entonces no había sido más que superficial. Sin embargo, antes debía esclarecer una serie de puntos que preferiría dar a entender a la reina del lugar, con buena voluntad, en pos de un vínculo que resultase beneficioso a ambos reinos.

Tras asegurarse de que Lissa, su hermana menor, quien lo había acompañado hasta el lugar para ejercer también como emisaria de Sagrado Reino de Ylisse en Sindhu, encontraba su aposento donde reposar durante lo que tardase su paseo por la ciudad universitaria, asegurándose de que esta no realizara ningún acto extraño o interrumpiera con sus comentarios a los soldados o criados de su alojamiento, se puso en marcha con la única compañía de su espada. Tanto Berkut, el joven que los había recibido una vez arribaron al puerto, como otros soldados le habían ofrecido su compañía y guía, que amablemente había rechazado. No existía mejor forma, a su parecer, de conocer un lugar que perdiéndose y encontrándose por sus calles sin ayuda de nadie, con su instinto como aliado, en un lugar que por suerte era pacífico pese a la presencia en el territorio de emergidos que en cualquier momento podían enturbiar la convivencia.

La tarde comenzó a caer cuando apenas llevaba unos minutos recorriendo las calles, estrechas y misteriosas, de una zona a la que había llegado por total casualidad. Las casas, bajas y de bóveda redondeada, se encontraban desperdigadas, todas con el mismo color tintado con las sombras típicas del crepúsculo sobre sus paredes, otorgándoles un carácter enigmático y completamente novedoso para sus ojos. Tuvo que sonreír ante una vista tan opuesta a la que podría encontrar en Ylisstol, cuya arquitectura no tenía nada de semejante con la del lugar. Tampoco sus personas. Todos en aquel lugar parecían caminar pensativos, siempre rumiando ideas, ¡algunos incluso hablaban solos mientras gesticulaban! Probablemente estaban demasiado ocupados pensando en teorías que recién estudiadas les habían ofrecido nuevos conocimientos, nuevas puertas abiertas a investigaciones y teorías que, por mucho que para ellos fueran increíbles, el peliazul sería incapaz de entender, muy seguramente.

A la par que se cuestionaba si no sería peligroso la presencia en el lugar de estudiantes de diferentes nacionalidades, dada la inestabilidad política que parecía gobernar de una punta a otra de los mares, se cercioraba de las diferencias existentes entre las personas que pasaban por su lado y él mismo. El estudio jamás había sido su punto fuerte. Desde que tenía uso de razón, su hermana mayor había sido la destinada a regir el reino como Venerable, siendo educada en materias de ámbito social, como la religión, la economía y la política así como en enseñanzas más técnicas, como matemáticas, física y otras tantas lecciones que a su parecer merecían un aplauso por ser completamente inteligibles para él. A diferencia de ella, nunca se había sentido obligado a estudiar tan arduamente como lo hiciera su hermana, quien un día tendría sobre sus hombros el peso de toda una nación. Había sido necesario que tomara clases en referencia a los ámbitos sociales, sí, pero nunca sobre cuestiones técnicas o numéricas; tampoco es que fuera prestar demasiada atención en realidad. Conocía cuál debía se su misión, cómo podría ayudar a su hermana. No lo haría aportando conocimientos, pues para ello ya contaba con buenos consejeros del reino; no.  Le regalaría su mano, su espada y su fuerza, defendiéndola tanto a ella como al reino que tanto amaba. Dirigiría a sus hombres y actuaría según sus deseos, en el ámbito militar. Ylisse era un reino sagrado, y como tal pacífico, pero no iban a permitir que sus vecinos o posibles invasores tuvieran vía libre para sus designios.

Con esos pensamientos rondándole la cabeza, llegó a un edifico de grandes dimensiones, con una entrada adornada con grandes puertas de madera maciza, adornada cuidadosamente y con detalles únicos, nunca vistos hasta el momento. Se adentró silenciosamente, siguiendo los pasos de un grupo de jóvenes, quienes intercambiaban señas y gestos para comunicarse. Pretendía seguir sus pasos de forma disimulada, pero la grandiosidad de aquella construcción por dentro hizo que se detuviera para observarlo con mayor detalle.

Estanterías por todos los lugares, de una altura más que considerable, se encontraban repletas de tomos de todos los tamaños y grosores. Más viejos, más nuevos, de un color y de otro, creaban una armonía capaz de relajar y asombrar al guerrero más curtido, pero también le haría quedar fuera de lugar. Se rascó la mejilla mientras daba los primeros pasos dentro de la estancia. No quería hacer ni el mínimo ruido posible, evitando así que cientos de ojos se posaran sobre su persona. Todos allí parecían, en realidad, solitarios. Siempre rodeados de altas columnas de libros, pero sin nadie con quien compartir la experiencia. Frunció ligeramente ante la idea, que no podía considerarla más que aburrida, pero tenía que existir gente de todo tipo, simplemente el estudio no iba con él, prefería más todo lo que tuviera un carácter más físico.

Llamado por una de las lámparas que más lucía, se asomó entre dos grandes estanterías. Nadie se encontraba allí salvo una joven que parecía buscar con ahínco algún libro, como todos los allí presentes. Su intención era pasar de largo hasta que un estridente chirrido se hizo hueco por toda la habitación. Miró hacia los lados, temiendo que hubiera sido él con alguna silla, pero no se había tropezado con nada, por lo que sus ojos se dirigieron inmediatamente hacia la otra persona que tenía cerca. La cara de la estudiante era una mezcla se sentimientos encontrados, pero verla como una estatua le sonsacó una pequeña risa que atenuó carraspeando ligeramente –Pss, creo que deberías huir cuanto antes, seguro que unos cuantos ojos curiosos deciden venir a ver quién ha sido la causante del disturbio –le recomendó. Él tampoco tenía intención de quedarse, por si le reclamaban culpable, ¡lo que le faltaba! ¿Con qué cara se presentaría en la cena ante la reina, si se enteraba de que había sido acusado de montar escándalo de su Universidad?
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Re: [Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

Mensaje por Sissi el Jue Nov 23, 2017 10:21 am

Una voz la sacó de su estado de inmovilidad. La perturbación en la quietud del lugar le hizo pegar un pequeño sobresalto, para después girar el rostro hacia su procedencia. En su mismo pasillo había un hombre que, de primeras, supo que era extranjero. Sus ropajes le eran ajenos y extraños, muy poco prácticos para el clima de Sindhu, y aún más incómodos para los estudiantes de la Universidad. No podía ver su rostro con claridad, con la poca luz del ambiente, pero suponía que tampoco reconocería de quién se trataba. Posiblemente era un turista, o un soldado que estaba en Sindhu de paso, o que acompañaba a un grupo más grande. Le alegraba de sobremanera que la institución fuera un lugar de interés incluso para los foráneos. Sin embargo, no tenía tiempo para pensar y dejarse llevar por el contento. Escuchó pasos apresurados por el otro lado de la galería, sin duda de la anciana secretaria que le había dejado muy claro que una de las normas era no molestar.

Había una disyuntiva clara: podía o bien huir, como le había aconsejado el extranjero beorc, o podía enfrentarse a la cólera de la mujer. Sin duda, sabía cuál era el camino más sencillo, el más atractivo. Podía sentarse en una mesa, abrir un libro cualquiera, y pretender que el estridente sonido le había sorprendido tanto como a los demás. Podría mentir, esconderse, bajar la cabeza, no responder ante las injusticias. Pensar eso le revolvió el estómago, e hizo que su corazón se sintiera pesado, como si portara una carga que no se volvía más ligera por mucho que respirase. En apenas un segundo, ya había decidido lo que haría. Miró unos segundos hacia el lado contrario del pasillo, por el que no tardó en aparecer la anciana con el ceño fruncido y los labios apretados en una mueca que le hacía parecer aún más mayor. Antes de enfrentarse a ella, Sissi se giró hacia el beorc y le sonrió tranquila, como una persona totalmente segura de sus decisiones.

- Todos somos dueños de nuestros actos, pero la verdadera nobleza está en ser dueños también de sus consecuencias. – en cualquier otra persona, tal afirmación hubiera sido condescendiente, pero la expresión amable de la enmascarada manakete, y su voz convencida y suave, transformaban la contestación en una especie de lección o filosofía de vida. Varias caras se asomaron por las esquinas, y al visualizar a la secretaria no tardaron en huir de la escena, por lo menos para quitarse de su vista. Sissi, en cambio, se quedó en el mismo lugar y esperó a que la figura bajita y encorvada estuviera frente a ella, lo que no tardó mucho en suceder. - Si no es capaz de seguir instrucciones al menos durante cinco minutos, voy a tener que pedirle que se vaya. – le dijo de inmediato, sin darle tiempo a explicarse al menos.

Y, aunque Sissi no era una persona especialmente orgullosa, no le sentó bien esa clase de orden, como si acaso hubiera cometido un acto delictivo terrible. Además, por mucho que fuera de incógnito, seguía siendo la Reina, y debía guardar por el interés de su pueblo. Pensó en la cantidad de alumnos que podrían haber sido expulsados de allí por razones igual de nimias, y frunció las finas cejas rosáceas en gesto de desaprobación. - No me iré. – sentenció, y si antes había silencio en la biblioteca, este se hizo aún más profundo. -  La escalera móvil no es móvil. Mire, está carcomida por el óxido. ¿Cómo espera que los estudiantes puedan alcanzar los libros de esta sección, si no pueden moverla?, ¿Acaso el silencio es más importante que el conocimiento? No. La Universidad de Sindhu se ha creado para poder facilitar todo lo que hay aquí a los alumnos, letrados, y gente que, simplemente por curiosidad, sientan tengan en algo.  – comenzó a decir, y aunque hablaba con voz baja, se notaba la pasión que sentía por ello.

– Si solo se puede acceder a ciertos puntos de esta estantería donde está la escalera, el resto de libros quedan olvidados. ¿Y si lo que viene dentro de ellos puede cambiar el mundo? En esta época tan difícil, cualquier estudio puede ser de máxima importancia. Es vergonzoso presentar unas instalaciones de esta manera, y mucho más ante ojos extranjeros. Si bien es cierto que se ha dado prioridad a otras zonas en reconstrucción, también es verdad que esto se arregla en poco tiempo. Lo que debería hacer, en vez de expulsar a los académicos por razones ajenas a ellos, sería hablar con el Maese Yrumir, y explicarle lo sucedido. – miró a la anciana beorc a los ojos y añadió: o lo haré yo. – durante su discurso, la secretaria había pasado de fría condescendencia a estar rojo de sorpresa. Parecía que nunca nadie se había atrevido a alzarle la voz, y eso era lo que más le preocupaba. A saber cuánto tiempo habían estado esos libros abandonados.

La mujer se preguntaba, alarmada, quién tenía enfrente. Por supuesto, no podía saber que se trataba de la misma reina, pues sus ropas eran comunes, y su conocido cabello rosáceo estaba cubierto al igual que sus orejas de manakete. Sissi estaba segura de que, si hubiera conocido su identidad, nada de esto hubiera sucedido, pero eso logró disgustarla más. ¿Era así la realidad que vivían los estudiantes? No entendía esa clase de condescendencia por parte de los beorcs de mayor edad hacia los que parecían más jóvenes. Si algo había aprendido en sus largos años de vida, era que la edad no tenía nada que ver con la capacidad. A pesar de haberse rodeado de seres humanos toda su vida, aún tenían muchas cosas misteriosas que no lograba comprender. Suspiró, y en un tono más dulce, dijo: por favor, haga la vida más sencilla a todo el mundo y solucione este problema. Todos se lo agradeceremos. – tras una especie de disculpa tartamudeada, seguramente por miedo a decir algo más que pudiera molestar a la misteriosa figura femenina que debía de ostentar algún poder en la Universidad, la anciana beorc hizo una reverencia y se alejó.

Recordando la presencia del beorc extranjero, se giró hacia él y le hizo una suave reverencia. – Por favor, disculpe el espectáculo. – volviéndose a poner recta, continuó: hay muchas cosas injustas en este mundo, pero no permitiré que esto suceda en mi país también. Aun así, lamento que haya tenido que presenciar algo tan incómodo. Le pido que esto no le haga pensar mal de Sindhu. Si hubiera huido, no habría podido solucionar el problema. Aunque a saber a qué hora volverán con un herrero… - se agachó de cuclillas a mirar las piezas oxidadas y puso un gesto de preocupación. Hacía siglos que no estudiaba nada de metalurgia, no recordaba ni los principios básicos. - ¿Estaba también buscando un libro en esta sección?, ¿O solo estaba paseando? Tenga cuidado, no vaya a perderse. – le habló con amabilidad, y le dirigió una sonrisa gentil. – No vengo mucho aquí, pero si necesita algo, quizás pueda ayudarle.
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Re: [Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

Mensaje por Chrom el Sáb Dic 02, 2017 6:39 pm

Cuando la joven se percató de su presencia cuando le hubo lanzado la advertencia pudo observar más detenidamente sus rasgos. Era joven, no tanto como para poderse clasificar como adolescente. Más bien se decantaría por recién adulta, como quien ha dejado atrás la adolescencia apenas hace unos años. Sus rasgos eran finos y delicados, bien cuidados, a pesar de que no entendía demasiado sobre belleza femenina y sus cuidados, sí que sabía lo que observaban sus ojos. Llevaba un pañuelo de color beige que ocultaban prácticamente cualquier otro rasgo, con la excepción de sus ojos. Sus dorados orbes destacaban, centelleando con un brillo ambarino que reflejaba la viveza de su ser. No llevaba demasiado tiempo en aquel lugar, más allá de unas pocas horas, pero sin duda alguna tenía una esencia diferente a los otros estudiantes con los que se había cruzado en su camino. Algo en su aura, en su presencia, la hacía en parte distinta, a pesar de portar las ropas propias del lugar.

El eco de unos pasos, apresurados, aproximándose a donde se hallaban hizo que sintiera ciertos nervios al respecto. Él no había sido el causante del estruendo pero si la estudiante optaba por huir de la escena o le echaba la culpa, siendo extranjero tenía todas las posibilidades de salir perdiendo. Los pies pertenecían a una menuda anciana con cara de pocos amigos, cuyo ceño se fruncía más conforme se acercaba al lugar de los hechos. Se frotó la nuca sin apenas darse cuenta, levantando una ceja a la joven. No sabía aún que haría, mas su respuesta no se hizo esperar.

No pudo hacer otra cosa sino asombrarse ante unas palabras que contenían más sabiduría de las que cabía esperar de una joven persona. Arrugó un poco la frente y tras unos segundos pensativo tuvo que asentir –Debo admitir que tenéis mucha razón, son sabias palabras, esta es una situación casi sin importancia pero si estuviéramos en un escenario diferente tendrían aún más valor –En el campo de batalla, las palabras de la estudiante se podían interpretar de muchas maneras. A veces incluso era necesario atacar inocentes, o resultaban heridos al no haber actuado de la manera correcta.  Puede que sus propios compañeros sufrieran las consecuencias de sus actos, y muchas veces lo único que parecía pedir el cuerpo era huir de esa situación. Huir cuando algo estaba mal, pero esos pensamientos solo un cobarde los haría realidad.

Dejó paso, retrocediendo apenas un metro, a la mujer mayor que violentamente se dirigió hacia la joven del pañuelo beige. A pesar de ser una anciana, la firmeza de su tono y la dureza de su mirada bastaban para amedrentar al erudito más osado. Sintió un poco de lástima por aquellas palabras, tan sumamente estrictas. No había sido más que un pequeño percance que podría haberle ocurrido a cualquier otro, pero de alguna manera parecía tener empeño con la joven.

Se cruzó de brazos cuando la historia pareció tomar un rumbo inesperado. Lejos de amedrentarse, escuchó las razones que exponía la menor a la bibliotecaria. En cierto modo ni siquiera comprendía cómo esas enormes escaleras podían moverse fácilmente. Sí, él no tendría problema, pero cualquier joven no entrenado podía tener dificultades y provocaría un sonido igualmente molesto si intentaban cambiar su posición. Poco le interesaban en realidad los libros del lugar, pero de alguna manera había sido absorbido por las palabras de la que parecía una inocente y tranquila estudiante del lugar. Se cruzó de brazos al observar no solo la vergüenza que ahora reinaba en la cara de la bibliotecaria, sino también cómo esta se retiraba después de disculparse.

Tenéis un verdadero don con las palabras, así como valor, creo que esa anciana tenía ganas de enfadarse con cualquiera –Se asomó ligeramente por el pasillo en el que estaba para asegurarse de que nadie había escuchado sus palabras, a excepción de la singular joven –De todas maneras me alegra de que se haya solucionado fácilmente, así que no os preocupéis por mí, debo admitir que ha sido interesante, incluso divertido –Asintió.

Por un momento, tuvo la intención de despedirse y abandonar el lugar, pero recordó que aquella discusión había tenido lugar por un percance que él podía solucionar fácilmente, así que dado que había escuchado el problema desencadenante de todo, no pudo evitar ofrecerse –Si necesitáis que os eche una mano para mover las escaleras solo tenéis que pedírmelo, yo en realidad solamente paseaba así que… –Se encogió de hombros, no tenía necesidad de mentir. Tampoco iba a estar demasiado tiempo entre aquellas estanterías, ya que no tenía intenciones de llegar tarde a su reunión con la reina, y ya que no conocía el camino no quería arriesgarse a tomar una ruta equivocada y llegar más tarde de lo debido.
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Re: [Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

Mensaje por Sissi el Vie Dic 15, 2017 3:34 pm

Sissi se ruborizó un poco ante el halago del beorc extranjero y se levantó para poder hablar con él cara a cara. Había pensado que el otro querría macharse del lugar lo antes posible, seguramente incómodo con lo visto, o más interesado en seguir su camino. En cambio, prefirió quedarse allí y hablar con ella. Había notado que tenía una personalidad afable y agradable, que no se solía ver demasiado en aquellos dedicados al terreno militar. Curiosa por la razón que le había traído hasta la Biblioteca, en vez del mercado donde podría comprarse ropas más apropiadas para el clima, Sissi le sonrió, con ganas de seguir conversando. Su voz era apenas un susurro, palabras dirigidas solamente hacia el beorc, e imposibles de escuchar en otras zonas. – Me halagáis demasiado. Me criaron para ser buena oradora, pero supongo que la valentía se va adquiriendo con los años. He visto mucha injusticia en este mundo, y, por poca que sea, no pienso tolerarla en Sindhu. Supongo que sucede lo mismo con los soldados, ¿no es así? – al ser coronada, proteger al débil era una de las promesas que había hecho, al igual que cualquier miembro de un ejército juraba proteger su nación.

- Aunque lo cierto es que no creo que la anciana deseara enfadarse, a veces los beorc pierden de vista lo importante, de tan concentrados que están en hacer bien su trabajo. Todos queremos ayudar a reconstruir Sindhu y hacerlo un buen país, y si bien no ha sido correcta la forma en la que la señora me ha hablado, no puedo negar que solo ha intentado hacer lo mejor posible por mantener un poco de orden en la Biblioteca. – con expresión pensativa, meditó un poco para sí misma. – Tendré que hablar con ella y con Yrumir para evitar asuntos como este a futuro. – olvidó por unos momentos que estaba hablando con Chrom, para sumergirse en sus propias conjeturas. Añadió lo sucedido a su lista de tareas pendientes por solucionar, y suspiró de forma interna ante todo lo que tenía que hacer. Se le acumulaba el trabajo como Reina, incluso sin pretenderlo o buscarlo.

El ofrecimiento del soldado beorc sacó a la manakete de sus pensamientos para volver a mirarle directamente a los ojos. Parpadeó un poco, y después se le iluminó el rostro por la gentileza y buena disposición demostrada. – Es usted muy amable. Aceptaré encantada que me ayude, necesito varios libros lo más rápido posible. No estoy segura de que la secretaria haya ido a buscar a un herrero, pero, aunque lo haya hecho, es muy probable que tarde bastante en llegar.  – además, en caso de que aparecieran expertos en metalurgia, debería supervisar, ya que estaba allí, todo el trabajo que harían. No deseaba que su posición como Reina se viera comprometida tan rápido, pero salvaguardar la integridad de las estructuras de su país era prioritario. Por ello, y teniendo en cuenta que en cualquier momento el tiempo dedicado al estudio podría convertirse en tiempo dedicado a tareas de reconstrucción, no dudó en aceptar la oferta del soldado. – Reconozco que la fuerza física no suele ser mi punto fuerte, – al menos no en su forma antropomórfica. - Así que me salva usted el viaje de vuelta. No suelo venir mucho por aquí, y la única vez que vengo por razones de estudio, resulta que la escalera es defectuosa. La suerte no parece estar de mi lado.

Suspiró. Si es que casi parecía que los dioses no querían que indagase demasiado. Pero Sissi era muy cabezota si se lo proponía. Conseguiría esos libros fuera como fuera. Sacó de uno de los volúmenes que llevaba una hoja de pergamino, en la que estaban escritos los nombres de los tomos que buscaba, así como el número de estantería. Se le había olvidado anotar la sección, por lo que había hecho bien en preguntar a la anciana para informarse. – Bien, el primer libro debe estar allí arriba. – como a dos metros y medio de donde estaba situada la escalera. Se acercó otra vez a Chrom para ayudarle, en la medida de lo posible, a cargar el armatoste, aunque estaba segura de que el soldado podría solo. La estructura crujió un poco, pero nada que pudiera sobresaltar o ser muy desagradable. Dio gracias a Naga en silencio, y al muchacho en voz susurrada, pero sincera. – Si no desea perder el tiempo conmigo, puede seguir su paseo. Ya me ha ayudado suficiente, lo que se lo agradezco de corazón. Aunque si espera un minuto, le puedo hacer una lista de los lugares más interesantes de la zona. No suelo salir demasiado, pero me han hablado bastante bien de algunas teterías a las que los estudiantes suelen ir.

Después, dejó sus propios volúmenes en un resquicio libre, boca arriba, y tomó una lámpara, cuyo extremo estaba prendido en la suave llama, para poder leer bien las inscripciones. El dobladillo de su larga falta lo enganchó a su cintura, porque no sería la primera vez que se tropezara con la tela, y subió casi todos los peldaños, hasta llegar a la parte más alta de la librería. Estuvo unos minutos decidiendo qué libros llevarse. Los quería todos. Al final, escogió cuatro de dimensiones enormes que cargó en un brazo mientras que con el otro llevaba la vela. Volvió sobre sus pasos con muchísimo cuidado de que no se le cayera nada. Concentrada en no resbalar, no se dio cuenta de que la suave y ligera tela que cubría su cabeza se quedaba enganchada a una astilla de la escalera, que fue robándole la protección con cada escalón descendido. Al llegar al suelo, la túnica colgaba desde las alturas, y Sissi dejaba su largo cabello rosáceo al descubierto. El peinado que llevaba, una larga trenza, hacía resaltar mucho más sus orejas que, además, estaban adornadas con múltiples pendientes que relucían a la luz de la lámpara de aceite.
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- SINDHU -

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Mensaje por Chrom el Jue Ene 11, 2018 2:45 pm

Todavía tenía algo de tiempo libre antes de tener que marchar hacia el palacio, donde le esperaba una audiencia con la reina, así que no le importaba conocer un poco más de aquel lugar, de esa enorme biblioteca en cuyo interior había mil y una historias para contar. Comenzando por la de aquella joven que acababa de enfrentarse a la viejecita encargada del edificio. Pronto dedujo que tenía ante sí a alguien con una educación excelente, probablemente enseñada por grandes maestros, por lo que sus palabras parecían desprender. Tanto él como sus hermanas habían tenido profesores de oratoria desde bien temprana edad, en vistas a sus futuras apariciones en público, así que de alguna manera podía ocurrirle lo mismo a la joven que tenía frente a sus ojos –La palabra es muy diferente de la valentía, uno puede expresarse de la manera más correcta, convenciendo a todos pero no ser más que un cobarde, solamente cuando se unen ambas y por un buen motivo es cuando se obtienen buenos frutos –Asintió al final cuando hizo referencia a los soldados –Así es, nosotros nos encargamos de proteger a nuestros seres queridos, a nuestra tierra y, en general, a cualquiera que necesite ayuda, no solo por ser una promesa, sino porque realmente pensamos que debe ser así.

Se sorprendió cuando, después de todo lo acontecido, todavía tenía palabras de amabilidad para dedicárselas a la anciana bibliotecaria, a pesar de casi haber hecho que quedase en evidencia. No dejarse llevar por el sentimiento de venganza era difícil en las batallas, no solo físicas sino también verbales, así que supuso que el corazón de aquella persona era grande, o por lo menos su paciencia lo era. No obstante, hubo una palabra que captó su atención casi de inmediato. Se había referido a ella como “beorc”. Un humano no utilizaría jamás esa palabra para referirse a uno de los suyos, por lo que solamente restaba una posibilidad, tenía ante sí a un laguz. En esa tierra parecía no ser extraño, donde ambas especies parecían vivir con bastante armonía, pero no dejaba de sorprenderle en cierta medida –Espero entonces que consideren vuestras propuestas, no siempre es fácil hacer cambiar de opinión a una persona, menos si son ancianas… ya sabe, a veces se vuelven un poco cascarrabias –Con todo el respeto hacia los mayores, pero parecía ser una habilidad que se conseguía según avanzaba la edad de uno.

Se contuvo una pequeña risa, no le importaba echar una mano a quien parecía necesitado de una, o de dos, por esa escalera parecía pesada se mirara por donde se mirase y no parecía estar conversando con una guerrera –No os preocupéis, mejor si no os hacéis daño –Le advirtió. Se acercó hasta la tan problemática escalera, mirando hacia los lados para asegurarse de rozar ninguno de los muebles repletos de libros que se hallaban a ambos lados de esta. Haciendo uso de ambas manos y brazos, colocó la pesada herramienta cerca del lugar indicado por la joven. Desde ahí no le costaría demasiado llegar hasta el primero de los libros –Creo que desde aquí no será difícil –Asintió mientras se cruzaba de brazos, calculando con satisfacción que lo había dejado en buen lugar. Además no había hecho demasiado ruido en comparación con lo que ese viejo armatoste podía haber hecho, por lo que su trabajo estaba siendo más que aceptable.

Se mantuvo cerca de la escalera por si ocurría algún problema, prefería asegurarse de que algo así no sucediera. Miró de reojo hacia arriba, ya que afortunadamente los ropajes de la muchacha no entramaban peligro alguno –¡Ah, pues esa sería muy amable por vuestra parte! Tengo intenciones de quedarme durante unos días y vengo acompañado por mi hermana, así que poder visitar comercios propios de la zona puede ser una buena idea –A Lissa seguro que le gustaría probar los dulces de ese exótico lugar, pues seguramente fueran muy distintos a los que estaban acostumbrados en su Ylisse natal. Si necesitaba una motivación más, aparte de ayudar a la estudiante, esa era la perfecta.

Desvió su mirada a la estantería que se encontraba al frente, leyendo el título de alguno de los ejemplares que le quedaban más a la vista. No había escuchado hablar de ellos nunca, ni siquiera le sonaban vagamente de sus clases, por lo que supuso que en aquel lugar se albergaban todo tipo de conocimientos, no solamente aquellos que aprendían los miembros de la realeza.

Cuando notó el eco de las escaleras metálicas quejándose de las pisadas de su acompañante, volvió a levantar la vista. Para su sorpresa, la túnica que cubría su cabello parecía desprenderse de este como por arte de magia. Tenía intención de señalar con el dedo la traviesa prenda, pero la joven de cabellos rosáceos ya se encontraba en suelo firme junto a él. Parpadeó por la visión en su conjunto, aunque pese a todo realizó un gesto circular con el dedo índice, como si fuera el contorno del rostro de la dama –Creo que… me temo os ha dejado al descubierto. El pañuelo –Terminó por señalar hacia arriba, donde la astilla traidora se había quedado con este como rehén en su plan malvado de descubrir aquel llamativo pelo. Pero no solamente sus cabellos llamaban la atención, sino también sus orejas. Ya le había quedado claro anteriormente que acompañaba a un laguz, pero no todos los rasgos físicos eran iguales entre las distintas especies –¡Si no queréis que mire, puedo hacerlo! –Giró la cabeza a un lado, sin saber los motivos que habían llevado a la joven a cubrirse la cabeza. No conocía todo sobre la cultura del lugar, así que a lo mejor estaba cometiendo un mal acto sin darse cuenta. Mejor prevenir que curar.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
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Cargo :
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★ ★ ★ ★

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Mensaje por Sissi el Dom Feb 11, 2018 8:47 am

Sissi no salía demasiado de fiesta, por lo que no estaba del todo segura de los lugares que los jóvenes de la Ciudad Universitaria frecuentasen más a menudo. A veces escuchaba a los estudiantes comentar las divertidas noches que habían pasado en uno u otro local, pero la Reina nunca se quedaba con los nombres. Al menos sí que sabía cuáles eran las calles donde el jolgorio se iniciaba cada día al atardecer. La gente terminaba sus clases, los comercios diurnos se cerraban, y todo daba lugar a los placeres nocturnos, tan distintos a la tranquilidad que reinaba durante las horas de luz. Música, comida, y colores inundaban las calles, y los fuertes aromas a especias, incienso, y alcohol acompañaban a los alegres transeúntes hasta bien entrada la mañana siguiente. Quizás, cuando si fuera más joven, habría deseado ser parte de esa clase de ambiente. En otras circunstancias, si no recayera sobre su cabeza el peso de una corona, y la vida de tantísimas personas, Sissi habría visitado esas calles, y se habría empapado de la energía y el ambiente de la fiesta. Lo había hecho cuando Sindhu era un ducado en Hatari y no había responsabilidades inminentes en su futuro.

Pero ahora era Reina, y los placeres de las juventudes no eran para ella.

Su lugar estaba en celebraciones más grandes y masivas, con espectáculos interpretados por bailarines y bailarinas profesionales, y comida de calidad servida en la mejor vajilla de Palacio. A su alrededor, habría políticos, nobles extranjeros, sabios de todas partes del mundo: personas importantes de una forma u otra. En muchos sentidos no tenía nada que envidiar a las tabernas y burdeles de las calles, pero al mismo tiempo Sissi anhelaba poder ir a las fiestas más humildes y toscas, pues no había lugar más propicio para conocer a su pueblo. Podía ir una, dos veces, pero un monarca no podía pasar sus noches entre la gente común. Se debía a gente, y eso llevaba un enorme trabajo intelectual y organizativo. Incluso en cenas y eventos con altos mandatarios, el intríngulis de la cuestión no era pasar un buen rato, sino lidiar con los asuntos políticos que hubieran hecho necesaria la reunión, aunque Sissi siempre trataba pasarlo lo mejor posible dentro de los límites. Esa noche con los enviados de Ylisse no sería diferente para ella, y por eso esperaba que el muchacho beorc que tan amable había sido con ella tuviera una experiencia diferente, más amena y libre.

Tan absorta estaba en sus pensamientos, que cuando el otro comenzó a explicarse con nerviosismo, al principio no supo de qué le hablaba. Le miró como si fuera un pez fuera del agua, con los ojos entornados, la cabeza ladeada, y una expresión de confusión general en sus facciones gentiles. - ¿Qué? – preguntó y siguió la dirección del dedo de Chrom hasta el final de la escalera, desde allí colgaba su pañuelo de forma apacible, bien lejos de proteger su identidad. Se puso nerviosa de inmediato. Su rostro, antes con las mejillas rosadas, se puso pálido, mientras de sus labios escapó una exclamación silenciosa, como la pérdida súbita de aire. Dejó los libros y la lámpara de aceite en el suelo, y se echó un paso hacia atrás. – ¡N-no!, no pasa nada. – musitó, y de un tirón hizo que la tela volviera a sus manos. El brusco movimiento provocó un enganchón en el fino tejido que generó cierto gesto de ansiedad en Sissi. A pesar de ello, se lo volvió a colocar en la cabeza de forma más descuidada, apenas cubriendo las orejas y dejando parte de la trenza y los mechones de su flequillo a la vista.

Carraspeó un poco y trató de recobrar una pose tranquila y en control, aunque por el modo con el que jugueteó con los libros al recogerlos de nuevo indicaba que estaba nerviosa. Le dirigió una mirada dorada llena de una inquietud tan honesta, que se plasmaba en todo su lenguaje corporal. – No deseaba hacerle sentir nervioso, precisamente quería evitar este tipo de situación. Por favor, no arme escándalo. – imploró. – Ya es suficiente con que haya montado un escándalo con la escalera, como para que ahora influya en el estudio de los jóvenes. Si gritáis, alertaréis de mi presencia, y ni yo, ni ellos podremos dedicarnos a leer y aprender. – debido a la fuerte reacción del joven extranjero, Sissi había dado por sentado que él sabía quién era ella, y por eso estaba tan turbado. Al fin y al cabo, todos en Sindhu sabían que la Reina era una Manakete con el cabello rosa, y tal información era conocida también en el extranjero, pues así le habían afirmado que era. No se le pasó por la cabeza que podría ser producto del desconocimiento ante las normas sociales laguz.

- Le pido por Naga que no divulgue que estoy aquí. Deseo un entorno tranquilo donde estudiar, y si me reconocen, me veré en la obligación de conceder audiencias a quien la pida. Tanto ellos como yo necesitamos avanzar en nuestras investigaciones, así que ser descubierta no puede entrar en la ecuación. – habló con más calma, explicando al beorc las razones para cubrir su identidad. Había cierto mandato en sus palabras, pero aun así Sissi se lo pidió con educación y amabilidad. Esperaba que el joven no saliera huyendo, o exclamase algo que hiciera recaer la atención sobre ellos. – Y no sea tonto, nadie se ha convertido en piedra por mirar a una reina. Puede hacerlo usted y le aseguro que no sufrirá ningún daño. – y dicho eso, se le escapó una risa suave de los labios, que de inmediato cerró para evitar que fuera a más.
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