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[Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

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Mensaje por Sissi el Jue Nov 02, 2017 1:33 pm

En la gran biblioteca de Sindhu reinaba el más pulcro silencio. El único sonido discernible era el pasar de las páginas de los libros, y el movimiento de los visitantes y estudiantes al deslizarse por los pasillos sin hacer ruido. A veces, el eco de frases inconexas, que bien podría venir del otro extremo del edificio, traspasaba las altas bóvedas y perturbaba la calma, para gran disgusto de la beorc encargada de los archivos. Era una señora mayor, de aspecto amable y arrugadito cuando nada la hacía enfadar, pero a la menor distracción era capaz de atravesar a cualquiera con sus ojos negros e inteligentes y sus largas uñas afiladas. Amada y temida a partes iguales, no había nadie mejor que pudiera mantener el orden y la paz en la biblioteca cuando Yrumir, el Bibliotecario Jefe, no estaba presente. El trabajo de la anciana era controlar a los alumnos, ordenar los libros que la gente dejaba olvidados en las largas mesas de estudio, y ejercer como una eficaz secretaria, pese a su avanzada edad beorc.

Era capaz de imponer un respeto mudo en cualquiera, incluso en la misma Sissi. Que fuera Reina no quería decir que no guardase suma deferencia para con los demás, en especial para los de aspecto mayor al de ella. Sus padres la habían criado para ser educada y formal con los ancianos, independientemente de su raza. Por ello, al presentarse frente a la mesa dónde la mujer de aspecto milenario trabajaba, la manakete hizo una leve reverencia y habló en voz baja: Disculpe, ¿podría indicarme la sección de libros sobre religión? Estoy estudiando las diferentes variantes arquitectónicas en los templos de Naga, ¿conoce algún tomo que me sea de utilidad? – los ojitos negros de la anciana se clavaron en su rostro a través de gruesas gafas de culo de vaso, que hacía parecer que eran dos ciruelas pasas las que la observaban.

Por unos instantes, Sissi tuvo miedo de que descubriera quién era en realidad. Había tenido mucho cuidado en esconder su verdadera identidad, pues la razón principal por la que estaba en la biblioteca era para poder trabajar en sus estudios con tranquilidad. Le era imposible concentrarse en su despacho designado en la Universidad: siempre había profesores que requerían de su consejo o aprobación en diversas áreas, además de alumnos y demás ciudadanos que requerían una audiencia con la Reina. No pasaban ni cinco minutos sin que se llamara a su puerta, y así le era imposible dedicarse a una tarea que juzgaba como esencial. Sissi era de la opinión de que el conocimiento era algo esencial, y para lo que siempre había lugar. Un tema en específico había llamado su atención en la última semana: las leyendas sobre un templo a Naga en Valentia, que, según varios libros de tremenda antigüedad, había sido el más majestuoso y grande nunca construido.

Cuanto más estudiaba y leía, más se daba cuenta de que su importancia podía ser trascendental para su país y el mundo. Su hallazgo prometía responder las preguntas más inquietantes sobre el paradigma internacional. Como buena intelectual, una vez formada una hipótesis no descansaría hasta confirmarla, negarla, o convertirla en una teoría válida. Sentía en su interior que era muy importante dedicarse a ello, casi como si un sexto sentido le estuviera hablando. No obstante, hasta el momento le habría resultado casi imposible avanzar en su investigación por las constantes interrupciones. Cansada, tomó la decisión de guarecerse tras las paredes de la Gran Biblioteca, donde nadie osaba importunar a los demás. Avisó a pocas personas de confianza de su paradero, y dio instrucciones de que no se la molestase.

Después, se cambió a unos ropajes más modestos de los que solía llevar, pues deseaba mantener su estatus oculto de los estudiantes que allí pudiera encontrar. Portaba una falda de muselina de un color rosa pálido, con el fino borde dorado como única decoración, y en la parte superior una túnica hasta por debajo de las rodillas del mismo tono, pero de seda. Sus únicos adornos eran bordados simples, como los que llevaban todos los ciudadanos de Sindhu. Sin embargo, sabía que lo más llamativo sería su cabello y sus largas orejas, que delataban sin necesidad de palabras quién era ella. Se recogió el pelo en una larga trenza floja, y se cubrió la cabeza con un pañuelo beige, con el que luego se envolvió los hombros. Su apariencia modesta no se distanciaba en casi nada de la ropa que se solía llevar en el país. Con un par de libros bajo el brazo, y una bolsa de tela con materiales de estudio y escritura, podía pasar perfectamente como un miembro más de la comunidad de alumnos de la Universidad.

Por eso, se alarmó al pensar que la anciana pudiera haberla reconocido, pese a todo su esfuerzo por no parecer ella. Hubo unos incómodos segundos de silencio sepulcral, hasta que la anciana se ajustó las gafas y entornó los ojillos. – Hmmm. Nueva, ¿no es así? Los libros que busca están en la sección doce. Para llegar a los de arquitectura tendrá que usar la escalera de madera. Debería haber una cerca. No haga ruido, no se lleve nada sin haberlo dicho con antelación, y no dibuje sobre los libros que no sean suyos.  – dicho esto, la octogenaria beorc volvió a sus asuntos, aunque Sissi no pudo quitarse de encima la sensación de que aún la observaba con ojos inquisidores. No podía negar que, aunque fuera algo incómodo, le traía buenos recuerdos de su época como estudiante. Sonrió. Hacía tanto tiempo de ello que se le había olvidado esa vida. Era un soplo de aire fresco volver a ella, aunque fuera de manera puntual y corta. Aunque no la llevara puesta, sobre su cabeza descansaba una corona, y esa era una responsabilidad muy presente en ella, y que siempre la acompañaría.

Incluso en esos momentos de descanso, la tarea a la que se dedicaba era por su país, por su amada gente. Su trabajo de investigación podría tener resultados importantes y mejorar la situación del mundo. Si podía averiguar algo en las horas que le dedicaría al estudio, sería un logro en toda regla, que además podría compartir durante la cena con los enviados de Ylisse: el príncipe Chrom y la princesa Lissa. Había encargado a varias personas que les acompañasen durante el día y que les mostrasen la Ciudad Universitaria hasta que ella pudiera recibirles por la noche, en un banquete durante o tras el cual podrían hablar de las relaciones entre ambas naciones. Les había mandado un recado en el que se disculpaba por no poder atenderles de inmediato, y les explicaba que había una razón urgente que la detenía y que esperaba su comprensión. A cambio, confió su tutela a varias personas de su entera confianza para que hicieran de sus primeras horas de visita toda una experiencia. Tranquila, se marchó a la biblioteca sabiendo que ambos estaban en buenas manos.

No tenía más que preocuparse por encontrar la sección en el inmenso edificio, que se mantenía casi en entera penumbra salvo por las velas que descansaban en las mesas de estudio. A esa hora del día no había mucha gente, pues aún estaban en horario de clases, por lo que la sección de su interés estaba vacía, así como las amplias mesas de madera para que los estudiantes dejaran sus tomos y su material. Sissi se estableció en un rincón apartado, y colocó todas sus cosas de forma ordenada y accesible. Contenta con el resultado, cogió una lámpara de aceite y fue a revisar las amplias galerías de libros, colocados pulcramente en estanterías de madera oscura. La penumbra hacía difícil que se pudieran leer los títulos, en especial los que estaban en las tablas superiores, muy lejos de la vista de la manakete. Dio unas gracias mentales a Yrumir al descubrir un sistema de etiqueta fiable a un lado de cada manzana de libros, donde se colocaban las áreas temáticas más importantes con sus respectivos autores. No sabía que habría hecho para saber dónde comenzar. Mientras iba a por la escalera de madera, se hizo una nota mental de hablar con la junta directiva sobre estos inconvenientes. Debía trasladar la escalinata de un extremo a otro de la galería. Sudó solo de ver lo alta que era. Al tratar de arrastrarla, la estructura chirrió de forma muy desagradable y sonora, cuyo eco se propagó en todas direcciones.

Sissi se quedó helada, quieta como un animal salvaje sorprendido por una antorcha. Por Naga, eso debían de haberlo escuchado hasta en la Ciudad Blanca.

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Re: [Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

Mensaje por Chrom el Lun Nov 06, 2017 10:09 am

El paseo por la ciudad previo a la llegada a su estancia le había abierto los ojos de muchas maneras. Con la visión de un nuevo continente frente a sus ojos, Valentia, la línea de costa ya ofrecía una visión completamente diferente a la que estaba acostumbrado. La fauna, la flora, incluso el ambiente y el propio mar contaban con tintes diferentes a los que estaban acostumbrados en sus tierras. Tener la posibilidad de observar en primera persona las características de un lugar no tan lejano en exceso, pero sí de una tierra dispar le recordó cuán pequeños e insignificantes podían llegar a ser, en comparación con la grandeza de todas las regiones. Y sin embargo, la importancia que cada uno de los seres humildes que la integraban podían tener, desde el primer pastor hasta el último monarca. Solamente quienes no eran capaces de comprender esa sensación tenían aires de grandeza que chocaban contra la paz que debería reinar.

Su llegada traía consigo la confianza y los deseos no solamente de las personas de su tierra, buscando un nuevo emplazamiento amigo, quizás incluso aliado, donde la hostilidad fuera dejada de lado en pos de un trabajo conjunto y un intercambio  de buena voluntad entre ambas culturas, entre dos tierras con unos sentimientos hermanos pero separados por el amplio mar que bañaban las costas de Valentia y Akaneia. La posibilidad de nuevas rutas comerciales, intercambio de productos, personas, estudiantes y estudiosos reavivaría una relación que hasta entonces no había sido más que superficial. Sin embargo, antes debía esclarecer una serie de puntos que preferiría dar a entender a la reina del lugar, con buena voluntad, en pos de un vínculo que resultase beneficioso a ambos reinos.

Tras asegurarse de que Lissa, su hermana menor, quien lo había acompañado hasta el lugar para ejercer también como emisaria de Sagrado Reino de Ylisse en Sindhu, encontraba su aposento donde reposar durante lo que tardase su paseo por la ciudad universitaria, asegurándose de que esta no realizara ningún acto extraño o interrumpiera con sus comentarios a los soldados o criados de su alojamiento, se puso en marcha con la única compañía de su espada. Tanto Berkut, el joven que los había recibido una vez arribaron al puerto, como otros soldados le habían ofrecido su compañía y guía, que amablemente había rechazado. No existía mejor forma, a su parecer, de conocer un lugar que perdiéndose y encontrándose por sus calles sin ayuda de nadie, con su instinto como aliado, en un lugar que por suerte era pacífico pese a la presencia en el territorio de emergidos que en cualquier momento podían enturbiar la convivencia.

La tarde comenzó a caer cuando apenas llevaba unos minutos recorriendo las calles, estrechas y misteriosas, de una zona a la que había llegado por total casualidad. Las casas, bajas y de bóveda redondeada, se encontraban desperdigadas, todas con el mismo color tintado con las sombras típicas del crepúsculo sobre sus paredes, otorgándoles un carácter enigmático y completamente novedoso para sus ojos. Tuvo que sonreír ante una vista tan opuesta a la que podría encontrar en Ylisstol, cuya arquitectura no tenía nada de semejante con la del lugar. Tampoco sus personas. Todos en aquel lugar parecían caminar pensativos, siempre rumiando ideas, ¡algunos incluso hablaban solos mientras gesticulaban! Probablemente estaban demasiado ocupados pensando en teorías que recién estudiadas les habían ofrecido nuevos conocimientos, nuevas puertas abiertas a investigaciones y teorías que, por mucho que para ellos fueran increíbles, el peliazul sería incapaz de entender, muy seguramente.

A la par que se cuestionaba si no sería peligroso la presencia en el lugar de estudiantes de diferentes nacionalidades, dada la inestabilidad política que parecía gobernar de una punta a otra de los mares, se cercioraba de las diferencias existentes entre las personas que pasaban por su lado y él mismo. El estudio jamás había sido su punto fuerte. Desde que tenía uso de razón, su hermana mayor había sido la destinada a regir el reino como Venerable, siendo educada en materias de ámbito social, como la religión, la economía y la política así como en enseñanzas más técnicas, como matemáticas, física y otras tantas lecciones que a su parecer merecían un aplauso por ser completamente inteligibles para él. A diferencia de ella, nunca se había sentido obligado a estudiar tan arduamente como lo hiciera su hermana, quien un día tendría sobre sus hombros el peso de toda una nación. Había sido necesario que tomara clases en referencia a los ámbitos sociales, sí, pero nunca sobre cuestiones técnicas o numéricas; tampoco es que fuera prestar demasiada atención en realidad. Conocía cuál debía se su misión, cómo podría ayudar a su hermana. No lo haría aportando conocimientos, pues para ello ya contaba con buenos consejeros del reino; no.  Le regalaría su mano, su espada y su fuerza, defendiéndola tanto a ella como al reino que tanto amaba. Dirigiría a sus hombres y actuaría según sus deseos, en el ámbito militar. Ylisse era un reino sagrado, y como tal pacífico, pero no iban a permitir que sus vecinos o posibles invasores tuvieran vía libre para sus designios.

Con esos pensamientos rondándole la cabeza, llegó a un edifico de grandes dimensiones, con una entrada adornada con grandes puertas de madera maciza, adornada cuidadosamente y con detalles únicos, nunca vistos hasta el momento. Se adentró silenciosamente, siguiendo los pasos de un grupo de jóvenes, quienes intercambiaban señas y gestos para comunicarse. Pretendía seguir sus pasos de forma disimulada, pero la grandiosidad de aquella construcción por dentro hizo que se detuviera para observarlo con mayor detalle.

Estanterías por todos los lugares, de una altura más que considerable, se encontraban repletas de tomos de todos los tamaños y grosores. Más viejos, más nuevos, de un color y de otro, creaban una armonía capaz de relajar y asombrar al guerrero más curtido, pero también le haría quedar fuera de lugar. Se rascó la mejilla mientras daba los primeros pasos dentro de la estancia. No quería hacer ni el mínimo ruido posible, evitando así que cientos de ojos se posaran sobre su persona. Todos allí parecían, en realidad, solitarios. Siempre rodeados de altas columnas de libros, pero sin nadie con quien compartir la experiencia. Frunció ligeramente ante la idea, que no podía considerarla más que aburrida, pero tenía que existir gente de todo tipo, simplemente el estudio no iba con él, prefería más todo lo que tuviera un carácter más físico.

Llamado por una de las lámparas que más lucía, se asomó entre dos grandes estanterías. Nadie se encontraba allí salvo una joven que parecía buscar con ahínco algún libro, como todos los allí presentes. Su intención era pasar de largo hasta que un estridente chirrido se hizo hueco por toda la habitación. Miró hacia los lados, temiendo que hubiera sido él con alguna silla, pero no se había tropezado con nada, por lo que sus ojos se dirigieron inmediatamente hacia la otra persona que tenía cerca. La cara de la estudiante era una mezcla se sentimientos encontrados, pero verla como una estatua le sonsacó una pequeña risa que atenuó carraspeando ligeramente –Pss, creo que deberías huir cuanto antes, seguro que unos cuantos ojos curiosos deciden venir a ver quién ha sido la causante del disturbio –le recomendó. Él tampoco tenía intención de quedarse, por si le reclamaban culpable, ¡lo que le faltaba! ¿Con qué cara se presentaría en la cena ante la reina, si se enteraba de que había sido acusado de montar escándalo de su Universidad?
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Re: [Social] Here, knowledge flows and magic is eternal. [Priv. Chrom]

Mensaje por Sissi Ayer a las 10:21 am

Una voz la sacó de su estado de inmovilidad. La perturbación en la quietud del lugar le hizo pegar un pequeño sobresalto, para después girar el rostro hacia su procedencia. En su mismo pasillo había un hombre que, de primeras, supo que era extranjero. Sus ropajes le eran ajenos y extraños, muy poco prácticos para el clima de Sindhu, y aún más incómodos para los estudiantes de la Universidad. No podía ver su rostro con claridad, con la poca luz del ambiente, pero suponía que tampoco reconocería de quién se trataba. Posiblemente era un turista, o un soldado que estaba en Sindhu de paso, o que acompañaba a un grupo más grande. Le alegraba de sobremanera que la institución fuera un lugar de interés incluso para los foráneos. Sin embargo, no tenía tiempo para pensar y dejarse llevar por el contento. Escuchó pasos apresurados por el otro lado de la galería, sin duda de la anciana secretaria que le había dejado muy claro que una de las normas era no molestar.

Había una disyuntiva clara: podía o bien huir, como le había aconsejado el extranjero beorc, o podía enfrentarse a la cólera de la mujer. Sin duda, sabía cuál era el camino más sencillo, el más atractivo. Podía sentarse en una mesa, abrir un libro cualquiera, y pretender que el estridente sonido le había sorprendido tanto como a los demás. Podría mentir, esconderse, bajar la cabeza, no responder ante las injusticias. Pensar eso le revolvió el estómago, e hizo que su corazón se sintiera pesado, como si portara una carga que no se volvía más ligera por mucho que respirase. En apenas un segundo, ya había decidido lo que haría. Miró unos segundos hacia el lado contrario del pasillo, por el que no tardó en aparecer la anciana con el ceño fruncido y los labios apretados en una mueca que le hacía parecer aún más mayor. Antes de enfrentarse a ella, Sissi se giró hacia el beorc y le sonrió tranquila, como una persona totalmente segura de sus decisiones.

- Todos somos dueños de nuestros actos, pero la verdadera nobleza está en ser dueños también de sus consecuencias. – en cualquier otra persona, tal afirmación hubiera sido condescendiente, pero la expresión amable de la enmascarada manakete, y su voz convencida y suave, transformaban la contestación en una especie de lección o filosofía de vida. Varias caras se asomaron por las esquinas, y al visualizar a la secretaria no tardaron en huir de la escena, por lo menos para quitarse de su vista. Sissi, en cambio, se quedó en el mismo lugar y esperó a que la figura bajita y encorvada estuviera frente a ella, lo que no tardó mucho en suceder. - Si no es capaz de seguir instrucciones al menos durante cinco minutos, voy a tener que pedirle que se vaya. – le dijo de inmediato, sin darle tiempo a explicarse al menos.

Y, aunque Sissi no era una persona especialmente orgullosa, no le sentó bien esa clase de orden, como si acaso hubiera cometido un acto delictivo terrible. Además, por mucho que fuera de incógnito, seguía siendo la Reina, y debía guardar por el interés de su pueblo. Pensó en la cantidad de alumnos que podrían haber sido expulsados de allí por razones igual de nimias, y frunció las finas cejas rosáceas en gesto de desaprobación. - No me iré. – sentenció, y si antes había silencio en la biblioteca, este se hizo aún más profundo. -  La escalera móvil no es móvil. Mire, está carcomida por el óxido. ¿Cómo espera que los estudiantes puedan alcanzar los libros de esta sección, si no pueden moverla?, ¿Acaso el silencio es más importante que el conocimiento? No. La Universidad de Sindhu se ha creado para poder facilitar todo lo que hay aquí a los alumnos, letrados, y gente que, simplemente por curiosidad, sientan tengan en algo.  – comenzó a decir, y aunque hablaba con voz baja, se notaba la pasión que sentía por ello.

– Si solo se puede acceder a ciertos puntos de esta estantería donde está la escalera, el resto de libros quedan olvidados. ¿Y si lo que viene dentro de ellos puede cambiar el mundo? En esta época tan difícil, cualquier estudio puede ser de máxima importancia. Es vergonzoso presentar unas instalaciones de esta manera, y mucho más ante ojos extranjeros. Si bien es cierto que se ha dado prioridad a otras zonas en reconstrucción, también es verdad que esto se arregla en poco tiempo. Lo que debería hacer, en vez de expulsar a los académicos por razones ajenas a ellos, sería hablar con el Maese Yrumir, y explicarle lo sucedido. – miró a la anciana beorc a los ojos y añadió: o lo haré yo. – durante su discurso, la secretaria había pasado de fría condescendencia a estar rojo de sorpresa. Parecía que nunca nadie se había atrevido a alzarle la voz, y eso era lo que más le preocupaba. A saber cuánto tiempo habían estado esos libros abandonados.

La mujer se preguntaba, alarmada, quién tenía enfrente. Por supuesto, no podía saber que se trataba de la misma reina, pues sus ropas eran comunes, y su conocido cabello rosáceo estaba cubierto al igual que sus orejas de manakete. Sissi estaba segura de que, si hubiera conocido su identidad, nada de esto hubiera sucedido, pero eso logró disgustarla más. ¿Era así la realidad que vivían los estudiantes? No entendía esa clase de condescendencia por parte de los beorcs de mayor edad hacia los que parecían más jóvenes. Si algo había aprendido en sus largos años de vida, era que la edad no tenía nada que ver con la capacidad. A pesar de haberse rodeado de seres humanos toda su vida, aún tenían muchas cosas misteriosas que no lograba comprender. Suspiró, y en un tono más dulce, dijo: por favor, haga la vida más sencilla a todo el mundo y solucione este problema. Todos se lo agradeceremos. – tras una especie de disculpa tartamudeada, seguramente por miedo a decir algo más que pudiera molestar a la misteriosa figura femenina que debía de ostentar algún poder en la Universidad, la anciana beorc hizo una reverencia y se alejó.

Recordando la presencia del beorc extranjero, se giró hacia él y le hizo una suave reverencia. – Por favor, disculpe el espectáculo. – volviéndose a poner recta, continuó: hay muchas cosas injustas en este mundo, pero no permitiré que esto suceda en mi país también. Aun así, lamento que haya tenido que presenciar algo tan incómodo. Le pido que esto no le haga pensar mal de Sindhu. Si hubiera huido, no habría podido solucionar el problema. Aunque a saber a qué hora volverán con un herrero… - se agachó de cuclillas a mirar las piezas oxidadas y puso un gesto de preocupación. Hacía siglos que no estudiaba nada de metalurgia, no recordaba ni los principios básicos. - ¿Estaba también buscando un libro en esta sección?, ¿O solo estaba paseando? Tenga cuidado, no vaya a perderse. – le habló con amabilidad, y le dirigió una sonrisa gentil. – No vengo mucho aquí, pero si necesita algo, quizás pueda ayudarle.
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