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[Social] Una Limosna Para un Arcano [Priv. Eliwood]

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[Social] Una Limosna Para un Arcano [Priv. Eliwood]

Mensaje por Erk el Miér Nov 01, 2017 12:01 pm

Por fin había llegado a Pherae, después de tantas vueltas estaba un paso más cerca de Sindhu, Erk era un desastre en ese momento no solo él estaba muy desprolijo sino que toda su ropa estaba muy sucia, lo primero que hizo en ese lugar fue comprar algo de ropa para poder andar un tiempo, luego buscó hospedaje, un baño y un lugar donde le pudiesen lavar su ropa de mago, haber comprado una capa blanca hace un tiempo había sido una decisión bastante tonta por parte del joven de cabellos morados, con tantos viajes el blanco se ensuciaba muy fácilmente y, a esas alturas ya ni siquiera había rastro de color blanco, parecía una capa que se usa para camuflaje, un verdadero desastre.

Erk terminó gastando casi todos sus ahorros el primer día que llegó a Pherae, pero no tenía otra opción, no se presentaría ante el marqués de Pherae hecho un desastre con patas. El baño que tomó fue muy relajante, hacía mucho tiempo que no se daba un respiro de estar todo el tiempo en batalla, durmiendo poco y cuidando todo su alrededor el día entero, incluso a veces cuando dormía aunque la habilidad que había desarrollado recientemente era de gran ayuda para percibir enemigos. Luego de bañarse se vistió con su ropa nueva y fue directo a la habitación, estaba muy cansado, deseaba tirarse a la cama para dormir en ese momento pero le había llegado una carta y la contestaría en ese precizo instante. Al terminar de escribir, el hombre que le entregó la carta se estaba hospedando en la misma posada que Erk, entonces lo buscó y entregó la carta al mensajero para que se la llevara al Príncipe Pelleas.

Cuando Erk se acostó a dormir, apenas estaba anocheciendo, nunca había dormido tanto como en esa noche, cuando despertó el sol estaba alto y fuerte, era casi el miediodía, ni siquiera había despertado por si mismo sino que le habían golpeado la puerta y debía atender. -Ya va.- Dijo luego de un gran bostezo, luego se sentó en la cama y se paró para abrir la puerta de su habitación de la posada, una niña le había llevado la ropa que había mandado a lavar el día antes, era increíble ver que su capa era completamente blanca una vez más, tomó la ropa y agradeció a la niña quién salió corriendo sonrojada, Erk estaba tan dormido que no entendía qué había pasado aunque de haber estado despierto tampoco lo habría entendido. -¿Eh?-

Se acostó una vez más intentando dormir aunque fue en vano, luego de dar unas vueltas en la cama y pensar bastante, se preparó para visitar al marqués de Pherae y por lo menos pedir una cita para hablar con él. Erk salió tan apurado que ni siquiera desayunó, al salir de la posada corrió hacia el palacio donde debería estar el marqués, muchos decían que era uno de los nobles más amables que existían y Erk contaba con eso. En las puertas del palacio unos guardias lo detuvieron, le dijeron que se fuera de allí, que el marqués no tenía tiempo para niños, por suerte uno de los guardias que pasaba por ahí en ese momento había visto a Erk en acción unos días atrás cuando unos soldados habían atacado a la rubia noble. Al final, el mago pudo entrar al castillo pero solo porque el hombre que lo había ayudado mintió, había dicho que ahuyentó a todos los bandidos de la zona, lo cual solo era en parte cierto pero de todos modos se quedó callado. -Solo serán unos minutos... Pero necesito hablar con el marqués. ¿Puedes ayudarme? Ya sabes que soy un mago y necesito ayuda para continuar mis estudios.-
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Re: [Social] Una Limosna Para un Arcano [Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Lun Nov 20, 2017 10:39 pm

¿Qué podía decir un soldado de mediano rango para que el marqués viese con nulo aviso a un mago errante? Pherae no era tan grande ni sus tropas tan numerosas como para que cada hombre no hubiese tenido ya la oportunidad de cierto contacto con el marqués, por lo que su afable carácter era conocido por las tropas ya. No obstante, seguía siendo un noble, y uno tan apegado a sus protocolos y procesos como los existía en el mundo. Un poco rígido, en ese sentido. El soldado había oído que hasta en caso de que un caballero entrara gritando emergencias por los aires, todo el castillo le haría esperarse sentado mientras se le avisaba con propiedad al marqués, además de prohibirse estrictamente que pasara corriendo o que no saludara bien antes de hablar. Caso contrario, el marqués estaría deprimido por un par de días y luego mandaría a educar a toda la caballería en modales y protocolo otra vez. Todo tenía que ser perfecto. Ayudaría al mago con su cometido, estaba centrado en eso, pero sabía que la excusa para ver al marqués tendría que ser una muy buena.

Así el soldado accedió, indicándole al joven que le siguiera, mas no muy de cerca. Un poco tieso le guió por el castillo de impecables alfombras, luminosos pasillos con ventanas a un pequeño patio interior y un área enorme de caballerizas atrás, paredes con numerosas pinturas y alguna que otra decoración de aspecto extranjero. El hogar de un noble con interés en arte y en coleccionar, y dinero que gastar en ello. Escaleras arriba, en el segundo piso el soldado se encaminó hasta el despacho del marqués, por cuya puerta cerrada se oía apenas amortiguado el murmullo de una pluralidad de voces, señalizando que el gobernador no se hallaba a solas. Pausó un momento entonces, mas no fue sino en el mismo minuto que la puerta se abrió y las voces se escucharon con más claridad despidiéndose, antes de que saliera del lugar un caballero entrado en años y dos jovenes en uniformes etrurianos de aprendices o estrategas recién graduados. Con eso, el marqués debía de haber quedado a solas. Volviendo la cabeza hacia Erk para dedicarle una sonrisa amplia y aliviada, el soldado entonces se apresuró a asomarse a la puerta de su señor. En efecto, continuó usando la excusa de los bandidos de los que el joven sabio se había encargado, exaltando más la historia cada vez que la contaba; ahora, había sido él a solas contra algunos de los más peligrosos bandidos de toda Lycia, y no pedía más que unos humildes minutos con el marqués a cambio, por motivos desconocidos.

Escuchando tales proezas, Eliwood no pudo sino coincidir en que merecía su atención, aunque hacerle el tiempo resultaba un tanto complicado. No era que tuviese más asuntos que atender, no los había en concreto, pero debía de partir en viaje al vecino marquesado de Tania en cuanto pudiera, si acaso no esa misma tarde. Desde que administraba la reconstrucción de los marquesados contiguos y auxiliaba a todos aquellos cuyos gobernantes habían fallecido o desaparecido, no había estado teniendo mucho tiempo libre, menos aún de mero asueto o descanso. Esa tarde, según había supuesto, sería su oportunidad de terminar temprano, beber con calma algo cálido e ir a recostarse un rato antes de su viaje, mas parecía que tendría que estar rindiendo lo último. No había opción; un hombre que había prestado notorios servicios a Lycia no podía ser ignorado. Se recordó a sí que de todos modos los trabajos de reconstrucción estaban cercanos a terminarse, y apenas la heredera que había enviado al trono de Caelin asumiera cargo, la Liga de Lycia se vería bastante más organizada otra vez. Por lo pronto, debía de esforzarse un poco más. - Muy bien. Hágale pasar entonces, por favor. Veré qué es lo que aquel caballero desea consultar conmigo. - Dijo, algo curioso él mismo, alzándose de la silla tras el amplio escritorio. La narración del vasallo le había dejado pensando en un sabio como los que había visto en su juventud, tan solemnes como barbudos, pero levantando ventiscas que remecían hasta a las montañas con sólo toque de un báculo y un par de hechizos. Esperaba que el asunto que tal hombre tuviera con él fuese uno que no atrasara en demasía sus ocupaciones.

Mientras el soldado se volteaba a indicarle a Erk que podía pasar, Eliwood aprovechó el mínimo intervalo privado para frotarse los cansados ojos con las manos, además de estirar el cuello y los brazos un poco, al fin soltando un largo suspiro; ninguna de esas cosas era una que el señor de Pherae, intachable caballero por donde se le analizara, haría en presencia de otro ser humano. Compuestro otra vez, se cercioró de no hallar una sola arruga o desacomodo en sus ropas, un traje de un azul casi negro con detalles en brillante bordado dorado. Con todo en orden, para el momento en que el soldado sostenía la puerta abierta para el sabio, el pelirrojo ya se hallaba parado recto junto a sus escritorio, sonriendo con medida amabilidad al recibir al visitante. Sonrisa que se ensanchó un poco, ambas cejas alzadas, al verle tres veces más joven de lo esperado. - Buenas tardes, joven sabio. Mi nombre es Eliwood y soy el marqués de estas tierras. Le agradezco los servicios prestados, en nombre de toda Lycia. - Inclinó la cabeza en saludo. El soldado ya había cerrado la puerta tras de sí al dejar al mago en el despacho, mas esta no tardaba en volver a abrirse, ahora por las criadas que traían en un par de bandejas un servicio de merienda excesivamente decorado para su señor, incluyendo en este algo de aromático vino especiado; la merienda que había pedido para cuando sus reuniones terminaran. - Espero me disculpe-- estaba por detener mi trabajo para beber algo. Estaría encantado de que me acompañe, si a usted no le molesta, aunque... - Lo miró otra vez, con detenimiento. Sólo quienes más cercanamente le conocían habrían detectado que aquel no era su tono para asuntos oficiales ni su mirada más seria, sino su tono de atento padre, al hallarse ante alguien que rondaba la edad de su propio hijo. Se dirigió a las criadas de inmediato. - Será mejor sólo té. No hemos de ofrecerle algo tan fuerte al muchacho, no quisiera arriesgarme a afectar su estómago. Traigan té y una taza adicional en su lugar, por favor. -
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Re: [Social] Una Limosna Para un Arcano [Priv. Eliwood]

Mensaje por Erk el Dom Dic 10, 2017 11:12 pm

El soldado fue muy amable con Erk aunque no era nada agradable la forma en que parecía mirarlo o el respeto extraño que le tenía, la forma en que ese hombre miraba al joven de cabellos morados era la misma forma con la que Erk miraría a un dios o quizás a Athos, en fin, una mirada que él no se merecía en absoluto pero con el pasar del tiempo aprendió que a veces era mejor aprovecharse de esas extrañas situaciones en las cuales uno es sobreestimado.

Cuando Erk entró hizo una reverencia hacia el marqués y una hacia el soldado para luego darle las gracias a ambos por las molestias que se estaban tomando. Por educación esperó que el pelirojo terminase de hablar antes de decir cualquier cosa. -Estaré encantado de acompañarlo con un té Lord Eliwood, lamento las molestias que le causo, un descanso después de un duro día de trabajo es necesario para mantener la eficiencia, aunque a veces se me olvida descansar... En fin... Me hubiese encantado esperar, sin embargo, me temo que la razón por la que he venido tiene cierta... Urgencia...- Esperó a que ambos estuvieran solos para acercarse al escritorio y correr una silla hacia atrás. -Espero que no le moleste que tome asiento.- Dijo antes de sentarse. -Aunque asumo que la invitación estaba implísita con la invitación para tomar té...- Erk cerró los ojos y carraspeó levemente, luego los abrió y miró a los ojos a Eliwood. -Primero déjeme decirle que el ser llamado sabio es algo que todavía creo me quede grande... Acepto que soy un mago poderoso...- Hizo una pausa. -Muy poderoso.- Corrigió. -Sin embargo todavía hay muchas cosas que debo aprender, tengo varios proyectos aunque primero me centraré en descubrir el origen de la magia de anima, con el conocimiento viene el poder por lo que es muy probable que mientras más sepa sobre su orígen más poderoso me haga... Creo que puedo aprender de ello en Sindhu, el ambiente de allí es óptimo para estudiar y se que hay gente que me podría ayudar con mi investigación...-

Erk se quedó en silencio unos momentos, había estado tan concentrado en caerle bien al marqués que no se percató de dos cosas, la primera era que ya casi le estaba pidiendo oro sin siquiera haberse presentado adecuadamente, la segunda era que había una gran fuente de magia en la habitación, pero claro, era una fuente tan común para él que quizás podría haber pasado por algo normal, el fuego que tanto comprendía estaba allí, en el escritorio de una forma extraña, una forma que ni siquiera él podría haber imaginado, pero entonces recordó que Alice había descrito algo bastante similar que había encontrado su hermano, lo primero que pensó fue ¿quién sería tan cruel de sellar una cantidad de fuego casi tan grande como la que Erk podía generar? El fuego estaba vivo y se merecía respeto, definitivamente alguien muy poderoso y cruél. El joven mago apuntó a la cosa que tenía fuego y dijo: -¿Y eso? ¿Qué es? No... Eso no... Se perfectamente que es...- Los ojos de Erk estaban bien abiertos y eran de un solo color morado, como si estuviera hipnotizado por esa extraña cosa. -Es fuego... Es mucho fuego... El suficiente para destruir el palacio en un abrir y cerrar de ojos... ¿De dónde sacó tanto fuego? No debería tenerlo tan a mano, mucho menos sin un mago muy poderoso en Pherae, estoy seguro de que muchos magos de alto cargo de Etruria temerían a esa cosa... Muchos...- Bajó la voz. -Le temen al poder...- Luego volteó para mirar a Eliwood y volvió en sí.

Erk ladeó levemente la cabeza y se sonrojó levemente, había hecho lo mismo en Sindhu en su encuentro con la duquesa, se había olvidado de presentarse adecuadamente, un maleducado total. Bajó la cabeza y cerró los ojos. -¡Lo siento! ¡Mis modales! Soy Erk, antiguo aprendíz de Lord Pent de Reglay, general mago de Etruria. Llevo tres años estudiando magia con mi maestro y actualmente tengo quince años. Mi meta es conocer todo lo que esté a mi alcance, quiero encontrar respuestas a todas mis preguntas y quiero ver la parte del mundo que no puedo ver con estos ojos... Esa parte que nadie ve.-
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Re: [Social] Una Limosna Para un Arcano [Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Jue Dic 28, 2017 4:04 pm

Los modales del muchacho eran simples, sin dudas. No era que fuese descortés, era claro que estaba actuando con amabilidad y esforzándose por ser prudente ante un gobernante, pero en el detalle yacía siempre la verdad de las cosas; en su forma de preguntar para tomar asiento, su forma de llevarse a sí mismo e inclusive el modo en que hablaba se leía la clase de ámbitos a los que estaba acostumbrado. No era un noble él mismo, no, aunque tenía nociones de lo adecuado entre ellos. Para el marqués, esas pequeñas muestras de falta de experiencia podían ser hasta enternecedoras. Paciente, asintió y tendió la mano hacia la silla a su tiempo, confirmando que invitado estaba a tomarla. Entre ambos, las criadas se movían constantemente para poner la mesa, jamás estorbando ni llegando siquiera a rozar a su señor y al invitado. Acostumbrado también a ese ritmo, Eliwood no se distrajo con nada de aquello, su vista permaneciendo sobre el extranjero por cuanto este explicaba sus circunstancias.

- Cuan necesario es descansar, sí, pero cuan difícil hallar ocasión cuando tanto está sucediendo en nuestro continente. Usted no se preocupe. Este es el momento en que hemos podido coincidir, será aprovechado. - Dijo, una pizca de humor presente en su tono calmo y parejo. Su momento de descansar ciertamente no sería ese, no habría de llegar hasta que Lycia no estuviese mucho más estabilizada. Sin embargo, antes que todo, descubriría de qué se trataba el asunto que había llevado al joven sabio hasta él. Una de sus rojizas cejas se alzó cuando, pese a nombrar la urgencia de ello, el menor pareció divagar respecto a sus capacidades y sus intenciones de mejorarlas, comentando sus estudios. En ninguna forma se explicaba Eliwood la relación que aquello pudiese tener con él, mas igualmente lo escuchó, motivado por el hecho de que se tratara de un muchacho viajando y mejorándose a sí mismo. No podía no tenerle especial consideración a aquellos que rondaban la edad de su propio primogénito, más aún cuando su potencial futuro saltaba tanto a la vista. Despertaba un extraño orgullo, pese a lo ajena que le era esa persona. Con lentitud, el marqués volvió a tomar asiento de su lado del escritorio, sonriendo con placidez a su interlocutor.

Aunque este había hecho una extraña pausa en su habla, llamando su atención. El hombre siguió su mirada y las enigmáticas palabras que procedían, recayendo ambos en la gema mantenida en todo momento cerca del marqués, descansando en una pequeña caja de madera y su aterciopelada almohadilla interior, en una esquina del amplio escritorio. La coloración de vetas amarillas, naranjas y rojas le daba un aspecto casi líquido, pese a ser claramente una gema. Parpadeando en desconcierto y confusión a lo que oía, el marqués dio una mirada rápida hacia la puerta, asegurándose de que toda otra presencia hubiese ya salido del despacho y aliviándose al comprobar que sólo él estaba atestiguando aquello. - Joven...[/color] - Musitó, moviéndose para alzarse de su asiento y acudir a su lado, mas desistiendo al ver que volvía en sí, dejando de lado las ominosas palabras respecto a la gema. Soltó un suspiro de alivio que no había notado necesitar. Antes de poder decir más, sin embargo, una de las criadas regresó al despacho, tocando la puerta dos veces antes de ingresar con el té y las tazas que el marqués había pedido, el vino ya hace bastante retirado. Silencioso por algunos momentos, el marqués sólo continuó mirando al joven ante sí mientras este se presentaba, esforzándose por no mostrarse tan consternado como acababa de quedar; sólo después de agradecer a la criada e indicar con un mero gesto de la mano que no hacía falta que sirviera, así despidiéndola la joven por el momento, retomó sus palabras. - Joven Erk de Etruria. Un amigo mío que se especializa en el comercio de objetos de toda índole, incluidos algunos tan únicos y extraños como este, ha podido decirme un poco de sus cualidades. Pero esta es la primera vez que oigo tan claramente al respecto... - Explicó, posando la mano apenas al borde de la caja que contenía la gema. Un comerciante de Mitgard era quien había hecho las primeras indagaciones por él, aunque no habían conseguido llegar muy lejos con ello. Aún así, desde entonces, el pelirrojo no se había separado del valioso objeto. Sus cejas se arquearon sólo un poco en tensión. - ¿Es de temer, acaso? ¿O depende eso de en qué manos se halle? -

Pese al delicado momento, no se permitió a sí mismo perder noción de sí. Aún debía actuar con propiedad, ser un anfitrión para ese joven sabio. Así, con la paciencia y calma que tan propias se habían vuelto de él, desvió su vista y ocupó sus manos en acercarle al mago la taza que le correspondía, sirviendo en esta algo de té apenas tenuemente amarillento, pero de marcado aroma a jazmín. Sólo después de servido el té y aproximada el azúcar el terrones, acercó un poco los pequeños platillos de distintos tipos de galletas. Algo dulce por la tarde solía ayudar a mantener las energías para finalizar trabajo. Con el tenue repiqueteo de los platos y cucharillas acompañándolo y esa familiar vista bajo sus ojos, Eliwood rememoró un poco mejor las palabras que el joven había mencionado. - Ha de saber que conozco a Lord Pent y a su esposa, aunque de forma distante. Ha ocurrido tanto en Elibe, que realmente no he tenido tiempo de volver la vista siquiera a Etruria... - Dijo, una nostálgica sonrisa apareciendo en sus facciones. Había sido hacía años ya. Y ahora era él quien divagaba un poco en sus asuntos sociales.
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Re: [Social] Una Limosna Para un Arcano [Priv. Eliwood]

Mensaje por Erk el Jue Ene 04, 2018 11:30 am

En la mente de Erk había solo preguntas. ¿Cómo encontraron la gema? ¿Dónde la habían encontrado? ¿Había estado sellada en algún momento? ¿La encontraron en un templo? ¿En Ruinas? ¿Por qué la habían encontrado? ¿El mundo está pasando por uno de sus peores momentos una vez más? ¿Habrá nuevos héroes? ¿Son los emergidos el verdadero problema? Así podría seguir nombrando preguntas, tantas que podrían llenar tres o cuatro hojas de preguntas sin respuesta, una detrás de otra.

-No... No es peligrosa... No creo que alguien la pueda liberar pero... Con respeto mi lord...- Hizo una pequeña pausa, dirigió su mirada directo a los ojos del marqués. -El que encontró esto es muy peligroso, sobre todo si puede conseguir más. ¿Qué pasaría si cae en manos de un sabio muy poderoso? Uno que haya perdido la cordura, supongo que usted mi lord conocerá la historia de Elibe. Si tuviera que describir el poder que tenían las armas de los ocho, diría que es muy parecido al que siento de esa gema.- Movió la cabeza apuntando a la gema con la pera. -Yo la pondría en una caja fuerte que nadie sepa que existe, sin custodia alguna y que para llegar a ella se tenga que evitar muchas trampas, un lugar al que ni siquiera yo pudiera llegar. Porque si alguien puede desatar el sello que tiene, entonces, se haría muy poderoso.- Con su mano derecha levantó la taza para beber algunos sorbos del té sin azucar, al devolverlo a la mesa continuó hablando. -Lord Pent fue un muy buen maestro, pero no me sentía digno de sus enseñanzas, pensaba que era débil e impulsivo aunque no me equivocaba del todo.- La voz de Erk tenía un tono ligeramente sombrío. -Hace quizás cinco o seis meses decidí irme de allí. En mis viajes he aprendido más de lo que hubiera aprendido en seis años con mi maestro, hace algunos días yo lo he superado.- Bajó la mirada al igual que su tono de voz. -Quizas haya superado a los magos que existen actualmente... Los que he conocido son mediocres.- El joven de cabellos morados empezaba a enojarse, por eso volvió a tomar la taza y se acabó el té aunque eso no ayudó mucho a que se calmara.

Tardó unos momentos en volver a hablar, pensaba en Lord Pent y Lady Louise, en lo que les había hecho y que quizás, su maestro podría tener alguna información sobre ese tipo de gemas pero solo eso, información, básicamente no tenía nada útil. -Vine hasta aquí porque escuché que era una persona muy amable y porque ya le he ocacionado muchos problemas a mi maestro.- Volvió a levantar la vista hacia el marqués. -Estoy necesitando alguien que financie mis estudios en Sindhu, estoy dispuesto a darle crédito por tódo lo que descubra y le informaré de todo lo nuevo que sepa sobre esa gema... Después de todo es algo que tendré que superar para cumplir mi objetivo, si tiene problemas con emergidos o bandidos también le podría ayudar, no serán ningún problema para mi.-
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Re: [Social] Una Limosna Para un Arcano [Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Mar Feb 13, 2018 5:53 pm

La persona que había hallado esa gema no era otra sino el mismo Eliwood, durante la guerra de liberación de Regna Ferox; el terreno feroxi era amplio e inmensamente variado, sus ruinas, misterios y tesoros habían sido numerosos, pero por sobre todo, era esa única gema lo que más había llamado su atención. Algo sobre ella le había parecido especial, y comprobaba al fin, sin una sombra de duda, cuanta razón había habido en tan simple corazonada. Aún así, omitió ese hecho y guardó respetuoso silencio por cuanto Erk tuvo que decir al respecto. Si el hallazgo era lo peligroso, debía de creerle. Cuan peligroso era, en cambio, rallaba en un límite ya del que Eliwood debía dudar. Una comparación al poder de los legendarios fundadores de la Elibe moderna era algo de peso, palabras mayores. Intentó expresarse con delicadeza al respecto. - ¿Similar a los ocho héroes? Es... mucho. No debe hacer falta que le diga el talle de lo que describe, toda persona instruida en nuestro continente tiene noción. Aún, de ser así... aún entonces, no sé si desearía una similitud. - Dijo, dando entonces un largo suspiro. Pensaba guardar cuidadosamente la gema, en efecto. Ahora, quedaba decidido también a no separarla jamás de su persona, si no dejarla en un sitio más resguardado que la defensa de su propia vida. El problema pasaba a ser lo que podría llegar a ser del misterioso objeto tarde o temprano, el poder que podía o no terminar despertando; si era como el poder de la sacra Durandal de Lycia, lo cierto era que Eliwood no querría saber nada más al respecto. - El poder de los ocho fue utilizado para un fin muy específico en su momento, para el que ya no tiene uso el mundo. No hay dragones en nuestras tierras, y no es nuestro lugar expulsar a los de otras. - Se explicó, alejando la mano de la caja de madera para llevarla a su taza de té. Era todo lo que podía decir al respecto; hablar de La Batida, del genocidio innecesario de la raza dragón y de lo errada que había estado la humanidad era imposible. Constituiría herejía a la iglesia de Santa Elimine. Por lo demás, Eliwood tampoco podría explicar su saber, pues era de un dragón de aquella misma época que había llegado a ser informado, un secreto que no podía compartir con nadie aún. Sólo su negación a portar un arma para más masacre sin sentido.

Dejó al apenas coloreado té lavar sus inquietudes, introduciendo algo de azúcar antes de llevarse a los labios la taza. Gustosamente prefirió oír al muchacho; oír por vez primera en quien supiese cuantos meses sobre viejos conocidos, como lo era Lord Pent. Inevitablemente, llevó una sonrisa de diversión a sus labios ver al muchacho tan joven beber su té llano, amargo, y no expresar mueca alguna al respecto, pero se calló el hecho para no arriesgarse a ofenderlo. Los dioses sabían cuantas veces se enfadaba su propio hijo por comentarios vergonzosos del hombre mayor en momentos así. Se preguntó, también, si estarían excediéndose las palabras del mago de cabello púrpura, clamando ya haber rebasado a su maestro. Sin conocerle de más que ese mismo encuentro, era imposible saberlo. Podía ser pueril impaciencia y falta de perspectiva, como podía ser también la verdad. Siempre tomando el terreno medio, el marqués se reclinó al respaldo de su silla y habló a tono parejo, sólo estableciendo lo que sabía. De un modo u otro, le enternecía la seriedad del joven mago respecto a mejorarse. - No hay magos más capaces en Elibe que los Generales de Magia de Etruria. Entre estos, Lord Pent ciertamente destacaba... -

No persiguió de más aquel asunto. Después de todo, nada había de malo en las ambiciones de aprender y mejorar del errante aprendiz. Tomando con tranquilidad una galleta con fina cobertura de chocolate del platillo, con la misma lentitud que daría él normalmente a su té de la tarde a solas, el hombre comió un poco y escuchó a quien se sentaba aún corto de estatura del otro lado de la mesa. Allí estaban sus intenciones, explicado el motivo por el que había acudido a su despacho. Sin traicionar reacción alguna en su expresión, el gesto plácido y paciente de siempre en lugar, Eliwood razonó lo que pedía. - Un pago a cambio de... ¿se trata de algo tan simple como trabajo a cambio de oro? - Dijo. En el fondo, eso era a lo que se traducía. Y su situación lo permitía, eran tiempos prósperos para Lycia, pero entre todo lo que ocupaba al marqués esos días, le costaba dilucidar en qué sería, exactamente, en lo que querría pedir asistencia a alguien más. Se tomó aquel momento para retomar la pequeña tetera y volver a llenar la taza del jovencito ante sí, e incluso tras aquella pausa, no llegaba a una conclusión. Era una buena oferta, claro, pero debía pensar cómo aprovecharla. - ... hmm. Lo siento, no quiero hacerle esperar demasiado, pero... mientras considero su propuesta, ¿por qué no me cuenta un poco más de esos estudios que piensa iniciar? ¿De qué se trata? ¿Cuanto tiempo anticipa que tomen? Sindhu, si no me equivoco, es parte de nuestro continente vecino, pero es un viaje largo para un muchacho joven igualmente. - Con una sonrisa, buscó sacar algo más de plática del muchacho para darse tiempo. Su paternal instinto sobre jovenes de la edad de su propio heredero, quien aquellos días no sostenía mucho el contacto, le hacía hasta ilusionarse un tanto al respecto. - Por supuesto, sírvase a gusto también. Conceda a un cansado marqués unos minutos de pacífico té de la tarde, y le prometo que cuando mi taza esté vacía, tendré pensada ya mi respuesta. -
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