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[Campaña de liberación] Hasta donde los vientos de Sacae nos lleven [Priv. Salkhi]

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[Campaña de liberación] Hasta donde los vientos de Sacae nos lleven [Priv. Salkhi]

Mensaje por Lloyd el Jue Oct 19, 2017 1:09 pm

El día tocaba su fin con el advenimiento de cielos oscuros que se cernían sobre las llanuras. Un vasto mar de verde hierba abajo, y otro muy oscuro, tintado con finas pinceladas plateadas allí arriba. Cuando ambos mares se mezclaban en el horizonte, la noche en Sacae llegaba. A diferencia del día en las planicies, sus vientos silbantes se tornaban fríos y amenazantes para el viajero, pues las tierras salvajes no perdonaban a los incautos que no buscaban refugio y calor con el que resguardarse.

Mas suerte tuvieron ellos de dar pronto con un lugar en el que recobrar las fuerzas gastadas durante una mañana entera a galope. No era una rareza ver de vez en cuando caravanas con las que pequeños grupos de nómadas se desplazaban por toda la enorme Sacae. Hacer acopio de la hospitalidad de una de ellas fue tan sencillo como ofrecer parte de la caza del día. No solo ambos grupos compartirían festín, sino también compañía, un fuego con el que mantener el calor, y diversas historias con las que avivarlo. Así funcionaban las cosas en las tierras de Hanon: respeta a Sacae y los suyos, y ellos te respetaran a ti.

A unos pocos metros del ajetreo entre los nómadas de la caravana, una pequeña fogata chisporroteaba con el crepitar de sus llamas mientras Lloyd, sentado a su vera, las contemplaba y se abstraía en su fulgor para dar rienda suelta a sus pensamientos. El fuego le traía memorias de su anterior incursión a Sacae en solitario, su viveza reflejaba las mismas llamas nacidas de los grimorios en posesión del ejército de pesadilla. Las mismas que lamieron y devoraron la carne de aquellos a los que mandó en una sencilla exploración rutinaria y no regresaron. ¿Y cuál era su deber como capitán al respecto? Asimilarlo y aprender. De nada le servía recordar sus fallos pasados si no era con el fin de emplearlos para mejorar y ser un mejor líder. Sin embargo, a veces no era tan sencillo. Su padre lo hacía parecer sencillo, pero la verdad que trató de ocultar hasta su último momento fue que no lo era.

Los pasos en la hierba le arrancaron del espectáculo que era ver danzar a las llamas, ladeando la cabeza justo a tiempo para toparse con un pequeño cuenco de arcilla que una mano amiga le tendía. —Debería aprovechar para descansar, capitán. Mañana no será menos duro que hoy. —El hombre kutolah, uno de los dos subalternos que le acompañaban en su travesía, apareció a su lado con el sigilo de un fantasma. Lloyd lo escudriñó con ojos cansados y, tras tomar el cuenco, le dio las gracias con un cabeceo. Dejó que el miembro del Colmillo tomase también asiento frente a la fogata, mientras él analizaba el líquido rojizo que contenía la pieza de barro con una ceja enarcada. —Lo sé, Karim. Pero no deja de preocuparme lo que podamos encontrarnos mañana. Y después de mañana. —Exhaló un largo suspiro. La fortuna les estaba sonriendo demasiado desde que partieron a Sacae con la misión de investigar los movimientos de los emergidos. Ni un solo pelotón de ojos rojos en todo el día, además de la suerte de caravana que les ahorró bastantes preparativos ante la caída de la noche. ¿Cuándo fue la última vez que la Santa Emiline les obsequiaba con un momento de calma entre tanto desorden?

Karim se cruzó de brazos, oteando al resto de nómadas que iban de un lado para otro y dijo: —La Madre Sacae puede ser cruel con quienes se enfrentan a los peligros que albergan las llanuras sin conocerlos. No me malinterprete; los nuestros que nos acogimos al Colmillo sabemos que está hecho y curtido para aguantar de todo. Pero, por Hanon, marcharse por su cuenta a Sacae con la plaga que la azota… Doy gracias a que la mujer de la que me habló os auxilió. No es frecuente encontrarse con nómadas que viajan en solitario y que presten su ayuda a extranjeros. —Lloyd sonrió de medio lado y cambió su postura para acomodarse en el suave manto que les proporcionaba la hierba. Sí, una verdadera suerte la de conocer a esa mujer. Todavía guardaba en su mente los movimientos gráciles con los que hacía bailar su espada al son del viento, una magistral sinfonía de aire y acero que tronaba con cada una de sus estocadas.

Podría decirse que… he aprendido mi lección. —Lloyd se acercó el cuenco a los labios y dio un primer sorbo a su contenido. El líquido pasó sin ningún problema por su lengua, pero en cuanto este alcanzó su garganta, lo que en un principio parecía un inofensivo brebaje se tornó en ardiente lava que se agarró a las paredes de su esófago. Abrió mucho los ojos, lacrimosos, y una absurda exhalación se le escapó de entre los labios. ¡Un poco más y creía que echaría fuego por la boca!—. ¡Por todos los wyverns de Bern, Karim! ¿Qué es lo que lleva esto? Bien podría resucitar hasta a un muerto si se lo cuelas por el gaznate. —Paladeó el aire fresco que le sentó como una bocanada de gloria, haciendo frente al infierno que se estaba desatando en su garganta. Karim, divertido con la reacción y el poco acostumbrado paladar de su capitán a los alcoholes fuertes, esbozó una sonrisa socarrona—. Es bueno, ¿verdad? Ayuda a mantener el calor y echar los malos pensamientos.
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Re: [Campaña de liberación] Hasta donde los vientos de Sacae nos lleven [Priv. Salkhi]

Mensaje por Salkhi el Miér Nov 01, 2017 8:19 pm

Sacae poseía dos rostros, aunque curiosamente la mayoría del mundo solo conocía uno. Para todo aquel no nacido en la verde pradera, el territorio central de Elibe era una tierra agreste y peligrosa, en la que perderse era lo suficientemente sencillo como para hacerlo tras dar cinco pasos sobre el eterno mando de hierba. Hogar de bandidos y saqueadores,  aquel que no estuviera preparado se convertiría pronto en parte de tan peligroso lugar al alimentar con sus restos la vegetación local… Pero, para las almas valientes y para quienes nacieron en la tierra de Hanon, Sacae era un lugar de belleza inigualable. La pradera extendiéndose hasta el horizonte y haciéndose una solo con el cielo era una visión sacada de un sueño, y el viento jugando con su pelo a la vez que lo hacía con la hierba bajo sus pies otorgaba a esas personas la sensación de ser uno solo con la gran llanura del mundo, de pertenecer y poseerla al mismo tiempo.

Por desgracia para Salkhi, Sacae había decidido mostrarle su rostro cruel aquel día.

Sus hombros dolían ante el esfuerzo que suponía cargar durante horas con un corzo muerto, por muy joven que fuera el animal, y la noche le había dado caza mucho antes de lo que había planeado. Su plan original había sido conseguir aquella presa, el cual había cumplido, y luego tomar dirección hacia el oeste, en pos de alcanzar una pequeña aldea en la que podría vender carne y piel a buen precio. Pero ya fuera porque le había llevado más tiempo del planeado originalmente, porque se había desviad en algún momento o porque, simplemente, se había dejado llevar en algún momento, el anochecer iba a encontrarle en plena llanura, sin refugio a la vista ni madera con la que prender un fuego que pudiera darle calor y seguridad mientras las estrellas brillaran en la bóveda celeste.

Pero no era la incipiente noche con su frio lo que había devuelto a Salkhi a su clásico mal humor, y mucho menos el tener que cargar con un animal que corría el riesgo de pudrirse si no lo entregaba a manos expertas con rapidez, no. Lo que más le molestaba era el que estaba caminando hacia una hoguera distante de forma deliberada y obligada, a buenas sabiendas de lo que eso significaba: Una hoguera en la noche quería decir gente, y gente quería decir una presencia innecesaria y molesta de desconocidos a su alrededor, enfrascados en conversaciones inútiles en las cuales, muy probablemente, alguno querría introducirle para poder salir victorioso en una competición irreal y sin premio alguno salvo una temporal superioridad moral. Así era como funcionaba la gente, y por cosas como esa el nómada se mantenía solitario el máximo tiempo posible, lejos de tanta falsedad y estupidez.

Por desgracia para él, sus pasos debían de mantenerse rítmicos y constantes si no quería sentir la fría dentellada de la noche en la llanura, por lo que tras varios minutos de constante caminar su figura alcanzó el círculo de luz proyectado por la hoguera, y sobre su figura sintió como se clavaban las miradas de todos aquellos que formaban el grupo reunido en la noche. Una rápida inspección bastó al cazador para comprender que la mayoría de todos ellos eran habitantes de Sacae, miembros de diferentes clanes de la gran llanura, como delataban sus ropas con patrones reconocibles para alguien que había pasado años de su vida viviendo en el territorio aun sin relacionarse con otros. Había una persona apartada del grupo, sin embargo. Un hombre que podría considerarse normal en cualquier otro lugar del mundo conocido, pero que destacaba allí al estar rodeado por nómadas diferentes a él en complexión y ropajes. ¿Un mercenario contratado para mantener a la caravana a salvo de posibles emergidos?  Opción muy probable, sobre todo sabiendo que el gran territorio de nómadas peleaba aún contra emergidos a pesar de la pacífica situación de la mayoría de reinos cercanos.

-Ejem.- Una voz rompió los pensamientos del rubio arquero, quien miró a su alrededor hasta tropezar su vista con la imagen de quien acababa de hablar: Un nómada de ropajes marrones y patrones naranjas, como las hojas de los árboles en el otoño, y una larga melena negra recogida en una trenza que caía sobre su hombro hasta su cintura. -Si buscas direcciones, el poblado más cercano está a media jornada al oeste.- Su mano se levantó en un tenso gesto que indicaba la dirección del asentamiento lejano, sin romper en momento alguno en contacto visual con el recién llegado. -SI lo que buscas es un asiento junto al fuego y donde pasar la noche, supongo que conoces la norma.- Salkhi conocía bien la norma de los hijos de Hanon, la conocía muy bien, y por eso mismo odiaba el haber terminado en aquella situación que podría haber evitado si hubiera sido algo más cuidados y metódico.

Con un brusco gesto, sin despegar la mirada del nómada de cabello azabache, el solitario cazador dejó caer el corzo desde sus hombros hasta la hierba, pasando entonces a caminar hacia el asiento más alejado de todo humano de la caravana sin decir una sola palabra. Un par de personas habían echado ya sus manos sobre el animal proclamando la buena fortuna que tenían ante la posibilidad de cenar presa fresca, pero Salkhi veía en toda aquella situación un cúmulo de mala fortuna que difícilmente podría empeorar.

Aunque aquello era algo que siempre era posible.
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Re: [Campaña de liberación] Hasta donde los vientos de Sacae nos lleven [Priv. Salkhi]

Mensaje por Lloyd el Dom Dic 10, 2017 12:32 pm

Bueno para los malos pensamientos, decía… Un rezongo de lo que se asemejaba a una risa cansada se escapó de los labios de Lloyd, ya con la garganta un poco más refrescada. Se había olvidado de ese toque tan agrio que a veces caracterizaba el humor de Karim. No todos los días tenías la fortuna de toparte con un kutolah que contase con ese sentido precisamente, y eso le hacía preguntarse si ese sería uno de los motivos por los que no terminó de congeniar con sus congéneres. No eran, lo que se decía, muy dados a los chistes, la verdad. Pero sí que tenía que darle la razón en que el dichoso brebaje cumplía con su función. Con o sin la campanilla abrasada, había conseguido animarle lo suficiente para dejarse llevar por el ambiente y el jolgorio de los nómadas que deambulaban por la caravana.

Sus orbes viajaron con lentitud por los alrededores de las caravanas, estudiando al resto de sus integrantes que se entretenían de cualquier forma, ya fuese cortando y preparando la presa con la que llenarían el estómago por esa noche, encargándose de que a los caballos no les faltase alimento y agua, o juntándose alrededor de la cálida luz de la fogata y perdiéndose en diversas anécdotas sobre las grandes cacerías en las planicies, o historias que narraban viajes de aquellos que se aventuraron fuera de estas. Sin embargo, su vista no pudo si no detenerse por unos instantes en dos pequeñas figuras. Dos niños, pertenecientes a alguna de las tribus locales por el patrón de sus ropajes, le observaban con unos brillantes ojos llenos de curiosidad mientras se asomaban, medio escondidos, detrás de la que sería su madre. En el instante que los ojos de Lloyd hicieron contacto con los suyos, los pequeños dieron un respingo y corrieron a ocultarse por completo tras la mujer. Una sonrisa divertida le asomó por los labios mientras se pasaba una mano por la barbilla. Era de suponer que allí, alguien como él sería un completo extraño alrededor de tantos nómadas. Como si en un rebaño de ovejas se hubiese mezclado otra con la lana negruzca. Y lo más probable es que fuese la primera vez que ese par veían a un extranjero que no compartía lazos con Hanon.

El hilo de su mente se quebró de sopetón cuando el barullo de un grupo de nómadas bastante animados se hizo de oír. La razón de aquello la tenían entre sus manos, agarrándola por donde podían para alzarla: el cuerpo inerte de un corzo que no debieron cazar hace muchas horas. El cómo llego debió ser por otro joven nómada de cabellos rubios del que no le sonaba haber visto su cara en la caravana, alejándose de la marabunta con parsimonia y en completo silencio.

Qué mala pata —añadió Karim con voz agria, cruzándose de brazos. Lloyd enarcó una ceja, sin terminar de entender que tenía de “mala pata” haber conseguido un buen puñado de carne fresca para la caravana. Entonces reparó en que el comentario no iba dirigido al grupo cuando vio que la vista de su compañero reposaba en el joven rubio que buscaba cobijo—. Y una lástima. Ya solo por la piel y la carne hubiese sacado un buen pellizco de venderlo en cualquier poblado, pero… —Lloyd comprendió a dónde quería llegar Karim. Por lo que les comentaron los otros nómadas, desde su posición quedaba un buen trecho hasta poder alcanzar el asentamiento más cercano. No gozaría de la misma experiencia que los nativos de Sacae, pero hasta él sabía que era una insensatez deambular por campo abierto él solo durante la noche, cargando con un animal que añadía peso extra sobre sus hombros y un aroma a carne muerta que atraería a compañías indeseadas—. De todas formas, ha sido lo mejor que podía hacer. De poco sirve ganarse unas cuantas monedas por un pellejo si no puedes mantener el propio.

Miró de reojo al muchacho seguir con su paseo por la fogata, sin detenerse o dedicarle el menor vistazo a cualquiera de sus congéneres. Se le notaba a simple vista que buscaba cobijo, pero no en compañía de otros, pues se fue directo al lugar más apartado al que pudiese alcanzar el calor que desprendían las llamas. Asegurándose de que el chico no les estaba prestando atención en ese momento, le señaló con un leve cabeceo. —Oye, Karim, ¿es muy común ver “lobos solitarios” deambulando por las llanuras? —El kutolah rumió para sus adentros y ladeó la cabeza, organizando sus pensamientos. —Antes era más corriente de lo que se imagina. Son muchos los jóvenes que quieren demostrar su valía y buscan el respeto de sus tribus, o incluso el de los ancestros. O quizás es que no están conformes con su estilo de vida y se aventuran en busca de nuevos aires. —Aquello último lo dijo con una escueta sonrisa, sin avergonzarse por no considerarse la excepción de la regla—. Pero ahora mismo, alejarse demasiado tiempo de los grupos no es la mejor de las ideas. No desde que llegaron los…

La voz de Karim se la tragó el tronar de un cuerno que reverberó con una potencia considerable en la periferia. De la misma forma que el sonido se encargó de llevarse consigo todo el jolgorio que desprendían las gentes de la caravana. Un silencio sepulcral se formó al mismo tiempo que el ambiente se tornaba tan gélido como los mismos vientos que soplaban aquella noche. El rostro de Lloyd se ensombreció al reconocer al reconocer la señal de alarma que empleaban los vigías nómadas y, sin perder apenas tiempo, se levantó junto a Karim del suelo. Alzó la vista al horizonte, en donde pudo discernir en la lejanía una hilera uniforme y que apenas se distinguía bajo la oscuridad de la noche.

Sin apartar los ojos de la lejanía, su diestra se deslizó por puro instinto hasta su cinto, en donde sus dedos encontraron el tacto del cuero que envolvía la empuñadura de su espada y se cernían sobre esta. Al parecer, el último gramo de su suerte acababa de expirar.
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Re: [Campaña de liberación] Hasta donde los vientos de Sacae nos lleven [Priv. Salkhi]

Mensaje por Salkhi el Jue Dic 28, 2017 5:16 pm

El jolgorio de felicidad que los oídos del cazador captaban era de todo menos correspondido. Por cuenta ajena, aquellos que habían formado el improvisado campamento de diferentes tribus y ropajes celebraban el que pudieran llenar sus estómagos con una buena caza, pues el corzo que había llegado hasta ellos serviría para hacer un asado con su carne, un estofado con sus huesos y verduras traídas por otros, y como extra podrían repartirse su piel y cornamenta para fabricar aquello que más necesitara cada uno: Agujas, forro para las botas, un parche para la bolsa de viaje… Sin consultar a quien les había otorgado tan preciada pieza, el botín se repartía como si su obtención hubiera sido un logro común, y no producto de la suerte y el mal cálculo de tiempo de un solo hombre.

Y este mismo hombre se encontraba lo más lejos posible de la conversación, con un brazo apoyado sobre una flexionada rodilla, y el otro colgando inerte a su costad izquierdo.

Los ojos de Salkhi se encontraban perdidos en la profundidad de las danzantes llamas que iluminaban los alrededores, y sus pensamientos se habían alejado de quienes se encontraban a su alrededor y planeaban por Hanon sabía cuál vez el trayecto del viaje en el que se encontraba: Siempre hacia el este,  en dirección hacia el lugar del que surgía el sol cada mañana y con él a su espalda cuando se ponía. Si seguía así durante varias jornadas, aunque no sabía cuántas, eventualmente llegaría a las desoladas tierras de lo que una vez fue el imperio de un solo hombre si las historias que le habían contado eran reales. Y una vez allí, cuando solo encontrara desesperación y muerte, cuando solo los emergidos salieran a su encuentro, debería cambiar su dirección al sur, hacia la tierra de los legendarios Laguz, la última parada de su gran viaje.

-No creo que sea necesario preguntar si mi hermano os ofendió, ¿no?- Una voz femenina rompió los pensamientos de Salkhi, quien parpadeó varias veces antes de girar el rostro hacia su derecha, donde vio algo más cerca de lo necesario a una mujer de pelo tan negro como el del nómada que “cordialmente” le había dado a entender que podía quedarse y dar su presa al grupo o marcharse solo en la oscuridad y peligro de la noche, aunque en el caso de la fémina el corte que mostraba era uno más masculino, con una corta longitud que alcanzaba solo hasta la altura de sus cejas . -Sivan siempre ha sido así, no sabe dar una bienvenida como Hanon manda.- Una sonrisa llena de melancolía apareció en su rostro, mientras se sentaba junto al rubio cazador sin preguntar si era posible siquiera. Sus rodillas se apegaron a un poco desarrollado pecho, y sus brazos envolvieron las mismas en un gesto de comodidad que se reflejaba en sus pupilas bermellón. -Entiendo vuestro enfado y molestia, así que no pediré inmediata comprensión ni que ocupéis un asiento junto al fuego para compartir la historia de cómo llegasteis aquí… Pero la noche es larga, y el rencor de uno puede llevar a una peligrosa falta de sueño.- El rostro del solitario nómada había dejado de fijarse en la mujer y había regresado al iluminado círculo de nómadas, salvo que ahora se fijaba en ellos en vez de en las danzantes llamas, en como reían y compartían experiencias entre ellos, cocinaban y jugaban a los dados sin preocupaciones, como si no se encontraran en un lugar aún contaminado por la presencia de emergidos. -Si en algún momento de la noche os regresa el habla, podéis llamarme Lanah.- La insistencia de la mujer comenzaba a molestar ligeramente a Salkhi, aunque tal cosa era difícil de ver en su rostro. ¿Acaso se creía que no veía el arquero lo que estaba pasando? ¿Lo que estaba intentando hacer? Si lo que quería era mejorar el ambiente del lugar no se habría acercado tanto a él, ni habría recorrido su cuerpo con una fugaz mirada en un par de ocasiones. No era la primera vez que tal cosa le pasaba ni sería la última, pero en todas ellas siempre había mostrado la misma reacción… Y ellas siempre habían mostrado la misma insistencia. ¿Acaso el silencio no las servía como una clara negativa?

Fue necesario que un cuerno hablara por él para que la mujer le dejara de una vez en paz.

-Bendito Hanon…- El cambio en el tono de voz de Lanah dejó bien claro que su conversación había terminado, y la reacción de Salkhi a tan positiva nueva fue levantarse con presteza y llevar sus manos a arco y flechas. La izquierda tomó la curvada madera con firmeza, mientras que la derecha comenzó a contar el número de virotes que tenía en su carcaj: Veintisiete proyectiles en total, un número que hizo fruncir el ceño del cazador. No era baja cantidad, ni dependía solo de ellos para acabar con los próximos emergidos al tener a su alrededor gente que pelearía contra ellos igualmente, pero  le habría gustado contar con más aún. Si tan solo hubiera tardado menos tiempo y hubiera necesitado menos intentos para abatir al dichoso corzo…

-¡¿Dónde están?! ¿Alguien ve por donde se aproximan?- La misma voz que le había dejado claro que debía pagar para tener un asiento junto al fuego sonó por encima de los murmullos de los demás humanos, tratando de erguirse como líder del grupo sin contar de nuevo con permiso alguno, y recibiendo como respuesta a su pregunta silencio y tensión solamente. Mitad por el temor que comenzaba a llenar el corazón de la mayoría de combatientes, y mitad porque el resto de ellos estaban demasiado ocupados observando al lugar donde se podía ver a una rota formación avanzar a paso rápido hacia el campamento. No se acercaba hombre alguno por allí, dejando claro el destino de quien había alertado a quienes se sentaban en torno al fuego.

Entonces sonó el primer grito. Un segundo lo siguió, y luego un tercero… Un infernal coro de guturales rugidos llenó la noche de Sacae, y el sonido de metal chocando contra metal lo acompañó para dejar claro que la carga había comenzado por parte de los diabólicos seres de ojos rojos.

Ante tal situación, Salkhi maniobró con la destreza de quien varias veces se había enfrentado a tales seres. Con paso ágil y rápido se acercó hasta el carro más cercano a su posición, subiendo a su desprotegida parte trasera y tomando posición tras una hilera de barriles de desconocido contenido, usando tales como improvisada barricada mientras cargaba la primera de sus flechas en la cuerda de su arco, sintiendo la tensión de la madera mientras encogía su brazo derecho hasta dejar sus dedos a la altura de la oreja.

Aquel era el momento más tenso, el momento de aguantar la estirada cuerda lo máximo posible, hasta que apareciera un emergido en su rango de tiro y pudiera acabar con él de un rápido disparo y pudiera ocuparse de uno más tras él, y luego de otro más, y de un tercero, y de un cuarto… No importaba el número de cuantos derribara, pero el cazador acribillaría a todos los que fuera necesario para librar a Sacae de tan inmundas criaturas.
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Re: [Campaña de liberación] Hasta donde los vientos de Sacae nos lleven [Priv. Salkhi]

Mensaje por Lloyd el Lun Feb 12, 2018 7:55 pm

El festejo en los alrededores de la caravana se había terminado, lo único que se escuchaba en esos instantes de tensión era el crepitar de las fogatas y las respiraciones entrecortadas de los allí presentes. Un silencio sepulcral se formó entre los nómadas, quienes se limitaban a intercambiarse entre ellos sendas miradas de congoja y desconcierto. Solo entonces uno de ellos se vio capaz de levantar la voz, quizás en un intento de reorganizar al grupo, o de simplemente, exigir explicaciones de cómo era posible que se les estuviese echando encima un ataque inminente.

Lloyd sobreentendió que aquella no sería una situación muy conocida para los nómadas, al menos en los tiempos que corrían. Cada uno de los miembros de la caravana sabía que esto no era obra de bandidos corrientes y molientes. Incluso los carroñeros como ellos conocían los riesgos que conllevaba asaltar a un grupo de nómadas armados y concienciados de un peligro mucho mayor que ellos mismos. Y aun así, ninguno se esperaba semejante peligro, ni tan pronto, ni viniéndoles de forma tan descarada. Uno no terminaba de entender que debías esperarte cualquier cosa de los malditos emergidos hasta que no te enfrentabas a ellos.

Capitán. —La voz sucinta de Karim le hizo despegar la mirada de la hilera borrosa que apenas se discernía por culpa de la oscuridad. Rotó sus ojos hasta su subalterno y se encontró con un rostro que esperaba la llegada de una señal, una confirmación para realizar lo que se proponía. Lloyd entrecerró los ojos, en un sencillo gesto de que entendió el mensaje sin necesidad de más palabras, y asintió con la cabeza. Dada luz verde, Karim avanzó un par de pasos hacia el grupo y alzó la voz —¡Escuchadme todos! ¡Los atacantes estarán aquí de un momento a otro! ¡Que todos los que puedan luchar cojan sus armas y se preparen! —Tal vez fue por el hecho de que quien se dirigía a ellos era otro hijo de Hanon, o porque fue el único en molestarse por sacarlos de su embotamiento. Fuera como fuese, Lloyd sabía cuándo y qué delegar en sus compañeros si era lo más apropiado. Conocía de sobra las dotes de Karim organizando al resto de kutolahs que pertenecían al Colmillo Negro, y no le decepcionó al prender la llama de la contienda en los integrantes de la caravana. En pocos segundos, tanto hombres como mujeres se movilizaron para armarse con los arcos y sables que caracterizaban el arte de combate sacaecino. —¡Hay que proteger la parte trasera de la caravana! ¡Que un grupo venga conmigo mientras el resto frenan a esas sabandijas que usurpan nuestras tierras! —El frente quedaba, pues, en manos de su capitán y todo el apoyo de los nómadas. Lloyd intercambió una mirada fugaz con Karim para darle el visto bueno y palmeó la empuñadura de su espada. —¡Que mil bendiciones recaigan sobre nosotros! ¡Y mil maldiciones sobre nuestros enemigos!

Un tumulto de vítores y gritos llenos de aliento se levantaron entre los nómadas, empoderados por el espíritu de la mismísima Hanon. O al menos, eso era lo que percibía Lloyd de aquellas gentes, dispuestas a impartir justicia contra los que osaban invadir sus tierras. Como invitado que era y, compartiendo un enemigo en común, era su deber ofrecerles la fuerza de la Ley del Colmillo para aplacar a semejante escoria. Y, ¿quién sabía?, si la Santa Emiline les había brindado con un viaje seguro por la mañana, no era tan descabellado pensar que Hanon les guiaría en su batalla bajo el manto de la noche.

Antes de que el grupo destinado a cubrir la parte trasera de la caravana se marchase, Lloyd se deslizó con sutileza entre ellos hasta cruzarse con Karim de frente y posar una mano en su hombro. —Imagino que Daian te habrá oído y ya se estará tomando medidas al respecto. En cuanto le veas, dile que se una a vuestras filas; nosotros ya contamos por aquí con bastantes manos —le comunicó entre susurros. El kutolah se limitó a asentir y luego, marchó junto al resto, dando escuetas indicaciones que enfatizaba con gestos rápidos de sus manos. Al poco, gritos de batalla reverberaban en el horizonte. Fue entonces cuando ya se podían distinguir diversas siluetas armadas acercándose al asentamiento.

Raudo y veloz, Lloyd se entremezcló con los nómadas que cargaban con sus sables en ristre, formando una línea ofensiva como respuesta ante la de sus propios adversarios. Con la premisa de una bandada de arqueros sacaecinos cubriéndoles las espaldas con sus saetas, la única preocupación a la que debía afrontar la tenía delante de sus propios ojos. Varios espadachines del batallón emergido fueron los primeros en entrar en su rango, entrechocando sus armas contra las que blandían los nómadas y desatando un chirrido metálico.

Con la misma familiaridad después de tantos años, desenvainar su espada como respuesta era casi un movimiento instintivo. Lloyd frenó la estocada de su oponente en cuestión y mantuvo un forcejeo durante uno, dos, tres segundos… Y entonces, giró sus muñecas con suma precisión y desvió el arma del emergido a la derecha. Unos centímetros más que suficientes para colar la punta de la espada y hundírsela en un costado. La escoria se arqueó en un rictus y exhaló último aliento mudo antes de caer al suelo, exánime. la mirada fría que le dedicó no duró más de un segundo; tenía mucho trabajo que hacer. Mucho que purgar.
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