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[Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

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[Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Narrador2 el Mar Oct 17, 2017 5:16 pm

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Los emergidos se desplazan con toda soltura por las llanuras de Sacae, apropiados de más de un poblado indígena del que han expulsado a los ocupantes. El mayor de ellos, un asentamiento viejo de los Lorca, sufre ocupación de seres de tan lejos como Akaneia, de aspecto y banderas de Regna Ferox. Sus tropas parecen nunca dejar desocupado el sitio, llevando guardia constante, aunque el territorio amplio y algo sinuoso hace necesario que a veces se distancien para vigilar desde la cima de colinas. La naturaleza deja muchos puntos de acceso posibles pero la seguridad sigue siendo buena.

[El equipo puede tomarse 1 ó 2 turnos completos de rolear a sus anchas para ingresar al área mostrada.
El plazo para el post de cada jugador es de 14 días desde el último post en el tema, que en caso de no cumplirse conllevará a saltarse su turno o retirarle de misión según el caso.]
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Mar Oct 17, 2017 8:58 pm

Se encontraba sola en mitad de un paisaje níveo. La ventisca azotaba inclemente su delicado rostro mientras intentaba seguir un sendero parcialmente oculto bajo una densa capa de color blanco. Sus pesadas botas se hundían en la nieve, dejando detrás de sí un sinfín de huellas que procedían de ninguna parte. Pese a que Ram no contaba con ningún instrumento apropiado para calcular el momento exacto del día en el que se encontraba, sabía que era medianoche. La tormenta de agua helada, tan típica del indomable clima de Ilia, impedía que pudiese atisbar algo más allá del horizonte. Pero a pesar de que el viento aullaba junto a su oreja, y de que la densa neblina que había a su alrededor confundía sus sentidos, sabía que iba por buen camino. Poco le importaba el vaho que emitía al respirar, o el aire gélido que helaba sus entrañas con cada inspiración. Podía oír el sonido de las hojas de los abetos acariciándose entre sí, a sus recios troncos retorciéndose mientras trataban de oponerse a la fuerza vehemente del viento salvaje y frío que allí soplaba, pero no les prestaba atención. Se encontraba de nuevo en casa y a su lado, esbozando la más radiante de las sonrisas, su querida hermana pequeña. No existían palabras para describir el fuerte vínculo que a ambas las unía. Ellas, condenadas a vagar sin rumbo ni hogar, habían superado juntas las más terribles adversidades. Daban igual las tormentas que aún quedasen por atravesar, pues mientras permaneciesen la una al lado de la otra, estaban convencidas de que podrían seguir siguiendo aquel sendero semi oculto entre la nieve y con destino incierto. Ram ignoraba qué habría al final del camino. También lo ignoraba Rem. Pero sabían que iban por buen camino.

De repente, un ruido atronador retumbó por todas partes. Sonaba como si la mismísima tierra estuviese resquebrajándose, y las montañas nevadas de Ilia rompiéndose en pedazos. El silencio se hizo de pronto, y las dos hermanas gemelas supieron que algo iba mal. La ventisca empezó a desvanecerse. No había más corrientes de viento que le aullasen junto a la oreja, ni densas neblinas que entorpeciesen la vista. Todo a su alrededor empezaba a cobrar nitidez. Ahora podía ver el cielo estrellado si alzaba la vista, y atisbar al fondo la mansión del amo Kato. El edificio de ladrillos color negro se erigía solemne y majestuoso como el más regio de los palacios detrás de un frondoso bosque de abetos. Ram vio que su hermana abría sus labios para murmurar algo, pero no pudo oír lo que ésta le decía. Tomadas de la mano, se aventuraron en la espesura de la arboleda. El sendero seguía siendo sinuoso, pero al menos podían verlo por fin con claridad.

Transcurrieron segundos, minutos, horas… mas el tiempo no importaba en aquel lugar. Fluía danzante y caprichoso; desordenado y salvaje. No existía viento que meciese las hojas de los abetos, ni pequeños animales que habitasen el bosque. Allí solo estaban ellas dos, silentes pero tranquilas, siguiendo ese camino que se mostraba más diáfano que nunca. Sin embargo, ambas hermanas detuvieron de pronto su andar: el sendero acababa bruscamente en el corazón del bosque. Ram miró extrañada a su alrededor, antes de empezar a apartar la nieve del suelo con su pie. Quizá el resto del camino había quedado sepultado y tendría que desenterrarlo. Al principio mantuvo la calma, pero en cuanto la quietud del bosque quedó interrumpida de pronto por el retorno de aquel viento aullante, de esa desagradable neblina que le impedía ver más allá, soltó la mano de su hermana y se agachó para apartar la nieve con más rapidez. No pudo escuchar los gritos exaltados y preocupados de Rem. O quizá más bien, no quiso escucharlos. Centrada en la ardua tarea que le ocupaba, ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor. Pero el ruido fue creciendo en intensidad hasta hacerse insoportable. Ram gritó tapándose los oídos, mas tan pronto como había llegado, el ruido desapareció.

Ella tardó en abrir los ojos. Al hacerlo, descubrió que no había rastro de su hermana, y tampoco del sendero que la había conducido hasta el corazón de ese bosque. El pesar y la culpa se apoderaron de su corazón, haciendo que se sintiese sola y atrapada por primera vez en la vida. No notó la llegada de un innumerable grupo de lechuzas negras que comenzaron a posarse sobre las ramas de los árboles. Las aves la observaban en silencio, con sus insondables ojos negros clavados en ella. Aquellos pájaros malditos, de haber tenido boca en vez de pico, habrían sonreído complacidos. Y deleitados por la situación, emprendieron de nuevo el vuelo antes de abalanzarse todos a la vez contra su presa. Contra Ram…




¡¡NO!! —exclamó de improviso la sirvienta, despertándose a causa de la espantosa pesadilla. Con su brusca reacción había dejado caer al suelo del carruaje su manuscrito mágico y un ramo de azucenas blancas y rosadas. Aún desorientada por el sueño, se incorporó por acto reflejo, golpeando sin querer su cabeza contra el techo de madera del coche tirado por caballos—. ¡Ay!

Tardó varios segundos en volver en sí y recordar el lugar en el que se encontraba. Allí no había ni bosques de abetos ni lechuzas. Ni senderos ni mansiones. Simplemente estaba dentro de un pequeño carruaje, yendo de viaje una vez más junto a aquel enigmático caballero llamado Virion. Pese a que empezaba a recobrar el sentido y comprender que estaba a salvo, notó que su respiración era entrecortada. Sus pesadillas se habían vuelto más frecuentes últimamente, quizá motivadas por la cercanía del final del viaje diplomático. Ram negó varias veces con la cabeza, todavía algo aturdida. Pronto tendrían que regresar a Ylisse. A Akaneia. Había creído estar preparada para afrontar semejante destino, pero las ojeras que empezaban a aparecérsele en el rostro evidenciaban gran cansancio y muchas noches en vela. Con una mano apretándose el lugar de la cabeza en el que se había golpeado, la sirvienta se dejó caer sobre su asiento y cerró de nuevo los ojos.

No os preocupéis —se adelantó a la potencial pregunta del arquero. Virion era un hombre noble y educado, que siempre parecía preocuparse del bienestar de su criada por encima del suyo propio. Su peculiar comportamiento hacía que Ram se preguntase muchas veces quién estaba sirviendo a quién, aunque tampoco se atrevía a exteriorizar estas cuestiones por miedo de ofender a su ilustre compañero de viaje.

Hacía no más de un par de semanas, habían estado en el reino de Sindhu. Un lugar demasiado pacífico y alegre para su gusto, mas una misiva procedente de Ylisstol les había obligado a cambiar nuevamente el rumbo de su interminable periplo. Pese a que la situación en el Sacro Reino había mejorado, seguía siendo necesario forjar más alianzas con otros países extranjeros.

Ram suspiró y abrió los ojos, no sin antes apartar la cortina de tela que cubría la ventana del carruaje. La cálida luz del mediodía penetró en el interior del coche alumbrando los planos y pergaminos que la hechicera había traído consigo y que ahora yacían desperdigados por doquier. A pesar del desorden, podían distinguirse mapas de Sacae y textos con indicaciones sobre la ubicación de diferentes asentamientos nómadas. La hechicera se había encargado de recabar toda esa información leyendo algunos libros y entablando conversación con algún que otro solitario habitante de aquellas planicies abiertas.

Por cierto —intervino de pronto Ram—. Agradezco profundamente que aceptaseis mi petición de regresar a Elibe. Sé que quizá parezca absurdo volver sobre nuestros pasos, pero si mis deducciones son acertadas, hoy podríamos aprender algo importante sobre los emergidos.

En efecto. Tras llegar a sus oídos que los documentos que portaban consigo aquellas extrañas criaturas podían ser de mucha utilidad si se conseguían descifrar, le había sugerido a su nuevo amo tomar un barco hacia Sacae para investigar ciertos rumores que advertían de la presencia de varios campamentos emergidos en sus llanuras.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Virion el Jue Oct 19, 2017 11:53 am

Virion no pudo evitar soltar un bostezo. Estaba agotado. Incluso para alguien tan maravilloso y perfecto como él, tantos viajes le estaban drenando sus fuerzas. Primero a Illia, luego a Durban, luego a Sindhu y ahora estaban de vuelta en Elibe. Todos aquellos sitios con climas muy diversos. Una vez que te acostumbrabas al clima de un reino, tocaba marcharse y emprender viaje hacia el siguiente. Tantas horas en barco o en carruaje… Virion había tenido que viajar bastante antes por culpa de su exilio cuando perdió Rosanne, pero el periplo que estaba llevando ahora estaba siendo igual de agotador o más.

No es que se pudiera quejar por ello. Estaba haciendo grandes avances, tanto para Ylisse como para sí mismo. Virion había recibido una carta del Sacro Reino, informándole que los Emergidos habían sido expulsados y que la situación había mejorado enormemente, por lo que no existía la situación de emergencia que tenían ahora. Sin embargo, le emplazaban a continuar con las relaciones diplomáticas con los reinos de Elibe para fortalecer las relaciones diplomáticas de Ylisse con otros reinos y forjar alianzas duraderas que pudieran servir en caso de volver la amenaza Emergida a asolar las tierras bendecidas por Naga.

En cuanto a sus objetivos personales, también estaba haciendo importantes progresos. Las relaciones que había establecido recientemente le iban a servir de empuje para lograr su objetivo soñado de recuperar Rosanne. Y además, aquel viaje que estaba haciendo hacia Sacae le iba a servir también para encontrar pistas y conocimientos contra los Emergidos que podrían resultar ser muy útiles a la hora de luchar contra ellos. De hecho, el acudir a las llanuras de Sacae para comprobar la veracidad de aquellos rumores había sido idea de Ram. La carta que había recibido Virion era para seguir dando vueltas por Elibe, pero no especificaba un orden concreto. Fue su bella criada quien tomó la iniciativa y marcó la siguiente parada de aquella ya larga odisea.

Y que bella que era. Virion la tenía junto a su lado, durmiendo con suaves ronquidos y leves movimientos mientras el carruaje seguía su marcha. Estaba tan adorable en aquella posición que el arquero tenía que hacer grandes esfuerzos para reprimir sus deseos de abrazarla y acariciar su cabeza o darla besitos. Sin embargo, por mucho que sus instintos le empujasen, él no llegó a tocarla, pues un caballero jamás podría hacer algo semejante a una mujer sin consentimiento. Tenía que conformarse con verla dormir y deleitarse sólo con eso.

Pero no sólo disfrutaba al verla dormir. También la estaba analizando. La forma en que fruncía el entrecejo, la forma en que gruñía entre suaves ronquiditos y la forma en que cerraba y abría sus puños… todo eran pruebas de que Ram no estaba teniendo precisamente el más dulce de los sueños. Ram todavía seguía siendo un misterio para el arquero, pero éste ya podía hacerse alguna idea de algunos de los aspectos de su silenciosa sirvienta. Y de lo que estaba seguro es que esa muchacha había sufrido mucho en su vida, más de lo que una muchacha de su edad podría soportar. Virion empezaba a sospechar que la razón principal por la que Ram era tan cerrada era porque no quería mostrar al mundo las cicatrices de su alma, por temor a reabrirse y que el dolor se hiciese todavía más grande. Eso hacía que le diesen aún más ganas de abrazarla, pero también más fuerzas para resistirse a ello. Bien sabía Virion que la compasión mal utilizada podía causar más daño que sanarlo. No, era mejor esperar a que Ram se abriera definitivamente por sí misma y no forzar la situación. Aunque el arquero se preocupaba de que eso fuese a llevar mucho tiempo.

El haber estado observando a Ram mientras dormía fue lo que sirvió a Virion para no sorprenderse por el grito que pegó al despertar. O al menos, no sorprenderse demasiado. Virion hizo ademán de recocer el manuscrito y las flores que se le habían caído a su sirvienta, pero ella se le adelantó. También se le adelantó a cualquier pregunta sobre su estado tras aquel brusco despertar, y el golpe que se dio con el techo del carruaje que le siguió inmediatamente después.

-¿Cómo no voy a preocuparme, mi amada Ram? El alarido de sufrimiento al despertar sería capaz de derribar las más fuertes murallas de Regna Ferox.-comentó el arquero, exagerando pero mostrando así su anhelo de apoyar a su sirvienta, mientras le tenía uno de sus muchos pañuelos.-Ponte algo de pomada de la que llevas aquí aquí y aplícatela en la cabeza antes de que sea muy tarde. Tu rostro es demasiado bello para verse ensombrecido por un vulgar y molesto chichón.

Después de su oferta, el arquero se apartó un poco para que Ram pudiera tener espacio para reorganizar los manuscritos que se le habían caído al suelo. Sin duda, había venido bien preparada para aquel viaje. La cantidad de información que había recopilado no era nada desdeñable. Su sirvienta realmente tenía interés en ir hacia allí, y Virion lo pudo notar cuando le dio las gracias por acceder a hacer ese viaje con ella hacia Sacae.

-No me tienes que agradecer nada, mi querida Ram. Yo mismo tengo interés en saber cuánto más sea posible de estas criaturas. El primer paso para derrotar a un enemigo es conocerlo al máximo posible. Y si este viaje sirve para ese propósito, nada de él habrá sido en vano.-Virion no disimulaba en lo más mínimo el desprecio y odio que sentía hacia los Emergidos. A pesar del tiempo que había pasado desde que fuera obligado a exiliarse, el desdén que sentía por aquellos monstruos no había descendido ni un ápice.

Virion aprovechó que Ram había abierto las cortinas para echar una mirada al paisaje. El día era hermoso y las llanuras, planas y suaves, permitían un viaje cómodo y rápido. El arquero se mantuvo en silencio mirando la bucólica llanura unos segundos, pero aunque bonita, decidió que no era tanto como su querida sirvienta.

-Nuestro destino es la tribu de los Lorca, una de las muchas tribus nómadas que viven en estas planicies ¿Qué has podido aprender de ellos? Ahora es un buen momento para ponerme al día y saber qué nos espera una vez los encontremos.-Ram había sido la que había preparado el viaje y había decidido el destino. Si bien Virion se había informado por su cuenta, estaba seguro que en esta ocasión su sirvienta sabía más que él. Por lo que era normal que el arquero le preguntase y así estar bien preparado, aprovechando que todavía parecía que quedaba un rato largo para llegar.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Khigu el Sáb Oct 21, 2017 6:53 pm

Verde, precioso verde, extensas llanuras acariciadas por los vientos de Hanon. Por fin estaba de vuelta en sus amadas planicies desde hacía un par de semanas. Anteriormente había estado en el reino de Bern... tierras vecinas pero de las que sin embargo prefería no saber nada más en mucho tiempo, y no precisamente porque le pareciera un mal país en sí, pero no quería recordar de nuevo el motivo por el cual aún le escocían las cicatrices en su cara y cuerpo. No era miedo, era rabia.

La misma rabia que le provocaba saber que recientemente, la amenaza de los emergidos que nunca había cesado de existir en Sacae, ahora se apropiaban de los campamentos de varias tribus, echando a sus integrantes y quedándose con sus posesiones, como si fueran simples bandidos. Por suerte, los Khirin no habían pasado por aquel destino, y ella misma confiaba en que no iba a pasar nunca, pues su gente era muy fuerte, y el jefe Khima invencible. Pero aquellas noticias, las cuales había escuchado nada más llegar, eran inadmisibles.

Por eso, varios grupos de nómadas guerreros y cazadores como ella, salían a la búsqueda de expeler a aquellos seres de su tierra, ahora más que nunca los Sacaes tenían que unir fuerzas para conseguir un propósito en común. Pero... lo que Khigu notó, o más bien relacionó fue otra cosa también... era demasiada casualidad que pese a sus luchas constantes, seguían sin liberarse de los emergidos, y no teniendo suficiente, que ocurriera eso cuando precisamente Bern, que había estado en las ruinas hasta ese momento, se había liberado de ellos... ¿no? Aunque Ilia había sufrido un destino incluso peor.

Desde la llegada de los emergidos, pareciera que ellos tuvieran la culpa de todo. Que ellos poco a poco arrebataban todo aquello que la albina apreciaba, incluso los recuerdos en esas tierras nevadas. De un momento a otro, un mal presentimiento le recorrió del pecho a la garganta, provocando que ella no aguantara esa presión y descargara su rabia pegando un hachazo contra el tronco de uno de los árboles que estaban a su paso.

El motivo no era otro que el camino que estaba tomando. Ya que se rumoreaba que cerca había un importante y gran campamento emergido, ella pensó que eso le podría ayudar en la búsqueda del origen de esos seres, para acabar con ellos, ponerle un fin a todo. Por eso, desde entonces había seguido varias pistas, rastros de emergidos por aquí y por allá, durante días. Sin embargo, cada vez que se acercaba más y más a esa presa que ella perseguía, un dolor punzante en su pecho aparecía en cuanto su memoria reconocía esas sendas.

Pues esa dirección en la que iba... No, tenía que estar equivocada, aún estaba lejos como para asegurarse de nada. Todavía había esperanza de que su instinto se equivocase, de que aquellos emergidos ocupaban otro lugar.

Fue entonces que sintió una presencia, y enseguida arrancó su arma para girarse a apuntar con ella en el sentido donde provenía aquel extraño, gruñendo. Que resultó ser alguien, al cual no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa en cuanto lo reconoció. Alta estatura, anchos hombros, semblante serio y de cabellos pajizos. Hacía mucho tiempo que no le veía, quizás incluso ya hubiesen pasado dos meses, desde que se lo había encontrado en su camino a Bern de hecho.

El hecho de que el joven se encontrara allí, al contrario que podría haber pasado hacía meses, le alivió. No sabía por qué, pero ella suponía que quizás era porque se había merecido su respeto, y que seguía cazando por aquellos lares. La morena se irguió, carraspeando. Recolocó la bolsa grande a su espalda, una que se había hecho recientemente con piel de lobo, y que ahí dentro guardaba un aparatoso arma que le habían dado como recompensa en un pueblo a las fronteras, por haber cazado a una bestia que les atormentaba. Aunque estuviera en buen estado, ella no sabía manejar aquella clase de armas, pues las prefería más simples en funcionamiento, aunque poderosas y pesadas.

- Joder, pero qué... ¿otra vez? ¡Siempre seguimos a la misma presa! -exclamó con ironía, más ahora su tono de voz era más amistoso que al principio de conocerlo.

- Heh, cuánto tiempo, Vao'lu. -sonrió con confianza. En el fondo, le alegraba la repentina compañía del silencioso nómada, en un momento como aquel.

Mas no se molestó en bajar su arma, no eran los únicos por ese  lugar. Habían un par de presencias más cerca de ese camino, más pronto de lo que ella pudo adivinar. ¿Emergidos?

- Espera, me parece que tenemos compañía... -susurró, mezclándose entre un arbusto para comprobar de quien se trataba- ¿Hmm? -a lo lejos, sin embargo, solo lograba ver a un par de caballos tirando de un carruaje extranjero, y aparantemente dos personas dentro, asomadas.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Salkhi el Mar Oct 24, 2017 4:02 pm

No importaba que llevara meses allí o solo se encontrara de paso en uno de sus viajes.  Si era la época de estación seca, de lluvias, de tormentas, ventiscas o nevadas era secundario. Ya fuera un cielo azul sin nubes en el horizonte lo que sus ojos captaban o la oscuridad de la noche marcada solo con las miles de luces que salpicaban la bóveda celeste de uno a otro confín… No importaba el momento, ni el tiempo ni el día. Cuando Salkhi sentía bajo sus pies la verde hierba que se extendía hasta el horizonte, cuando sus ojos descubrían a su alrededor un océano de verde que no parecía tener fin, su alma se tranquilizaba y su aliente dejaba escapar de forma inconsciente un suspiro de alivio y tranquilidad, uno que suele verse cuando el hombre llega a casa tras un duro día de trabajo y encuentra el fuego encendido y resplandeciente. Para el cazador de pajizo cabello, Sacae era el único lugar del mundo al que podía llamar hogar, y eso era algo que jamás cambiaría.
Y por eso mismo, la constante presencia de Emergidos en las tierras de Hanon le parecía un problema que debía terminar lo antes posible.

El cazador había escuchado en sus obligatorias, y odiadas, paradas en poblados sobre la desaparición de tales seres en reinos cercanos a la gran llanura, y que por ello mismo el flujo de criaturas de ojos rojos se había mantenido estable en su presencia a pesar de los esfuerzos de las tribus, mercenarios y mercaderes con intereses económicos en atravesar Sacae. La batalla por el mar verde parecía haberse estancado en un punto muerto, y tal cosa era un crimen imperdonable para el arquero. Los emergidos no debían seguir mancillando su hogar, y por eso mismo había redoblado sus esfuerzos en acabar con todos y cada uno de los grupos que se encontraba en su camino hacia el este del mundo. Varios habían caído ante sus flechas, y de aquellos que no había conseguido abatir había tenido que huir al verse superado en número y armamento. Tales experiencias le había constado algunas cicatrices nuevas, pero toda marca que su armamento había dejado en su carne era un recordatorio más de aquello que debía conseguir antes de darse el lujo de descubrir la fascinante tierra cuyo nombre escuchó por primera vez en un bosque de Pherae.

Y en esa misma tarea estaba en ese mismo instante el arquero, atravesando a paso cuidadoso una zona arbórea mientras mantenía un río cercano dentro de su campo visual. Tres lunas atrás había escuchado a un soldado de fortuna compartir con otros los rumores sobre un campamento emergido situado a varias jornadas siguiendo el curso del agua en dirección descendente, y a la búsqueda del mismo se había lanzado el solitario joven solo con su arco, sus flechas, algunas pociones curativas y una bolsa de cuero de toro que colgaba de su cintura, la cual contenía lo que ahora eran simples recuerdos de su triste intento de ampliar su armería con una nueva arma… Un intento desastroso que residiría única y exclusivamente en su memoria durante el resto de sus días.

La razón de que se encontrara entre los árboles no era solo para evitar ser descubierto  en caso de localizar el buscado campamento, sino también porque minutos atrás había escuchado en la foresta un grito de rabia acompañado del retumbar que solía acompañar a la labor de los leñadores. Aquel sonido había dado dos ideas a Salkhi, y ninguna le gustaba demasiado teniendo en cuenta la situación a la que se enfrentaba: Por un lado, podría tratarse de un grupo de campesinos dedicándose a talar árboles, lo que implicaría una presencia de molestos civiles en la zona, lo que a su vez implicaba que los emergidos estaban aún lejos al haber pocos con la mente suficientemente cuerda como para provocar tal escándalo… Eso, o eran los mismos emergidos los que estaban tirando árboles centenarios al suelo, lo que delataba no solo que su campamento estaba cerca, sino que debían estar reforzándolo.

Y aunque tales muestras de inteligencia no eran propias de los seres que Salkhi llevaba tanto tiempo persiguiendo, no iba a bajar la guardia por el mero hecho de que considerara a tales criaturas imbéciles. Entre ambas manos agarraba arco y flecha de punta de bronce, aun sin tensar la cuerda pero atento en todo momento a sus alrededores para tratar de encontrar a quien originó tal ruido antes de que pudiera encontrarlo a él. Sus pasos eran cuidadosos, y sus movimientos los suficientemente suaves como para simplemente apartar las ramas de los arbustos en vez de romperlas. Su oído se encontraba atento al entorno y sus ojos se movían entre los huecos de los árboles en busca de algún movimiento sospechoso… ¿Cuánto tiempo pasó? No sabría decirlo ni el mismo cazador, pero su paciencia dio frutos cuando una figura apareció en su campo de visión, provocando un rápido tensar de la cuerda y el levantar de sus brazos para dirigir el proyectil hacia el cuerpo de quien acababa de darse la vuelta.

Solo al ver quien produjo el sonido, la suposición de que solo un idiota provocaría tanto ruido cerca de emergidos se hizo realidad.

-¿Emergidos? Sin quejas.- Sus brazos se relajaron y la cuerda se destensó al descubrir Salkhi que quien estaba frente a él, quien había llamado su atención con el golpe de un arma contra un árbol, no era otra sino la nómada cornuda con la que no solo se había encontrado varias veces, sino con quien había peleado e incluso hablado. Un raro ejemplar de ser humano en Sacae, tanto por cómo era como por llegar a conseguir un cierto diálogo con el solitario nómada.

Los ojos del cazador se dirigieron al cielo cuando escuchó el apodo que la mujer de piel oscura le había dado en aquella cueva y que había usado con él desde entonces. Ya fuera por su vena infantil, porque la gustaba molestarle, o por cualquier otra razón desconocida para el hombre, ella usaba más veces aquel término que su nombre, el cual sabía a la perfección. -¿Caza dura?- Los ojos del viajero sin clan, atentos como siempre, no tardaron en descubrir un conjunto de nuevas cicatrices que la peliblanca no tenía la última vez que se habían encontrado, repartidas estas por varias partes de su cuerpo. O se había encontrado con una presa realmente dura, o había sufrido una gran sucesión de cacerías fallidas.

No tuvo tiempo a guardar su flecha en el carcaj antes de que, al igual que la mujer, el arquero sintiera una presencia en los alrededores, no bienvenida ya fueran los emergidos que andaba buscando o algún otro buscador de los mismos… ¿A una persona como la albina? Podía tolerarla, ya fuera por lo que habían pasado y el punto hasta el cual la conocía o porque se la daba bien matar emergidos. ¿Pero a un completo desconocido? Aquel era un añadido que no le hacía demasiada gracia.

Sus pasos siguieron a los de la joven de piel oscura hasta el arbusto, situándose él tras un árbol junto al matorral en el que ella se agachó, observando por el borde del mismo como un carruaje se acercaba a su posición, aunque apartado de la foresta a una prudencial distancia. -Tsk.- Un leve gruñido de protesta salió de entre los labios de Salkhi, al cual no le gustaba ver un carruaje por la zona sin importar la razón por la que transitara Sacae.

Un carruaje equivalía a gente, y la inmensa mayoría de la gente equivalía a molestia innecesaria.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Sáb Oct 28, 2017 4:10 pm

Aún algo adormecida, no pudo evitar titubear un poco al escuchar a Virion pronunciar el nombre de Regna Ferox. Últimamente corría de boca en boca la noticia de que aquella condenada y lejana nación había conseguido liberarse de los emergidos que ocupaban su territorio, pero a cambio de quedar sometida a la voluntad del reino de Altea. Fuesen ciertos o no los rumores, a Ram siempre se le ensombrecía el rostro cuando escuchaba algo nuevo acerca de su verdadera tierra natal. Todavía no se había atrevido a contarle su historia a Virion, y aunque había tenido miles de oportunidades para hacerlo, siempre terminaba por acobardarse y echarse atrás en el último momento.

El traqueteante carruaje en el que viajaban era humilde, pero lo suficientemente recio como para resistir fuertes lluvias e inclementes tempestades. Sin demasiadas ornamentaciones decorativas que entorpeciesen su función principal, su aspecto exterior distaba mucho de los estrechos y lujosos carromatos que utilizaban las clases pudientes para presumir ante la plebe. Se notaba a simple vista que la pintura negra agrietada que cubría sus paredes era ya demasiado antigua, y que necesitaba que le diesen una nueva capa con urgencia. Pese a la ausencia del toldo típico de las caravanas de mercaderes, estaba provisto de cuatro ventanas de cristal que podían abrirse para ventilar su interior. Tal y como la sirvienta le había susurrado a su amo a la hora de contratar los servicios del propietario, —un joven nómada vivaz y astuto llamado Gilbert— todo el conjunto del vehículo parecía más un gran ataúd de madera de roble con cuatro ruedas pegadas a los costados, que un carruaje digno de tan ilustres pasajeros como lo eran ellos. Por fortuna, el carro no decepcionaba tanto por dentro como por fuera. El habitáculo, amplio y de techo bajo, estaba decorado con un acogedor gusto rústico. Los asientos, que tenían forma de un par de bancos enfrentados, contaban con mullidos cojines de lana de oveja, mientras que de las paredes colgaban tapices de motivos tribales y de colores cálidos y vivaces. Existía también un gran arcón de madera apartado en uno de los laterales del carruaje para que los pasajeros guardasen sus pertenencias y provisiones, y un perchero de carpintería barata en el que Ram había dejado su nuevo abrigo de estilo sindhi. Encima de la mesa baja y alargada que ocupaba el espacio existente entre los dos bancos descansaban una decena de mapas de Sacae, dispuestos de manera desordenada junto a una regla articulada y una escuadra de ébano. La sirvienta había garabateado sobre los planos numerosas anotaciones en idioma antiguo, al igual que en algunos rollos de pergamino que en esos momentos yacían extendidos sobre los asientos.

Os lo agradezco —dijo la criada mientras tomaba el pañuelo con pomada y se la aplicaba en la herida, tal y como el arquero le había sugerido. Prefería ser breve y fingir que no escuchaba las recurrentes adulaciones de su acompañante mujeriego. Aunque coincidía con él en que sería una auténtica desgracia que le saliese un chichón. Ya bastante tenía con sus ojeras.

La sirvienta dejó el pañuelo sobre la mesa y se agachó para recoger su grimorio manuscrito y el ramo de flores que su amo le había entregado esa misma mañana. Pese a que su investigación le había cobrado muchas horas de trabajo, ardía en deseos de librarse de toda aquella pila de papeles y de material para viajar más cómoda, mas sabía que no podría hacerlo hasta dar con aquel gran campamento de emergidos del que hablaban los rumores. A juzgar por el desorden presente en el interior del carruaje, incluso ella, que era la culpable, sospechaba que quizá se había emocionado demasiado con dicha investigación. Su conducta era comprensible, sin embargo: aparte de que el trabajo la mantenía ocupada y apartada de dolorosos recuerdos que prefería olvidar, Ram también ardía en deseos de demostrarle a Virion que podía serle útil. Sin una cocina en la que prepararle té, lo único que podía hacer por él hasta entonces era servirle de silente acompañante durante su largo periplo diplomático.

Quizá por la intensa dedicación que había mostrado en los últimos días a la hora de recabar información, el arquero decidió intervenir nuevamente para preguntarle acerca de los Lorca. La muchacha de cabello rosado alzó la vista con un brillo de emoción refulgiendo en su mirada. Estaba deseosa de compartir sus hallazgos, aunque no lo había hecho aún porque éste no le había concedido permiso hasta entonces, aparte de que también temía aburrirle.

Ram carraspeó varias veces antes de empezar su relato.

Hasta hace solo unas pocas semanas, el nombre de los Lorca no significaba nada. Incluso para la mayoría de los propios nativos. En Sacae viven tantas tribus nómadas diferentes, que solo se conocen las más grandes e importantes —empezó a contar—. Creo que podría afirmar sin temor a equivocarme que de haber intentado encontrar uno de sus asentamientos el mes pasado, habríamos fracasado.

Una sonrisa maliciosa se dibujó de repente en el rostro de la sirvienta, que no podía esconder el orgullo que sentía debido al progreso de sus pesquisas. Encontrar un asentamiento de una tribu nómada minoritaria en un tiempo récord constituía de por sí un logro loable para una intelectual como ella. Ram mantuvo la expectación de su interlocutor haciendo una pausa para enrollar todos los mapas que ocupaban la mesa, hasta dejar solo el más grande de ellos extendido. La muchacha señaló entonces con su dedo una serie de puntos y de círculos de tinta roja que había trazado para delimitar unas áreas específicas.

Avistamientos —explicó—. Todo este tiempo en el que hemos estado viajando, he estado interrogando a los nómadas de las tribus que nos hemos ido encontrando. Ellos, que viajan constantemente, ven y oyen cosas que la gente de la ciudad de Bulgar ignora. Los puntos simbolizan avistamientos de emergidos, y los círculos significan que sé con relativa certeza que allí hay un campamento de ellos.

Claro que las historias y anécdotas de los nómadas eran inexactas, y su fiabilidad dudosa. Para trazar ubicaciones precisas en sus mapas, Ram no solo había utilizado herramientas de medición para llevar a cabo cálculos complejos, sino también pura intuición. A pesar de que los ignorantes y los prepotentes consideraban a los emergidos seres patéticos y de pensamiento simple, la sirvienta había tenido en Ilia todo el tiempo del mundo para estudiar todos esos rumores y noticias que le llegaban del exterior. Después de tener la oportunidad de presenciar de primera mano sus curiosos patrones de comportamiento, había empezado a forjar sus propias teorías al respecto, y aunque todavía existían muchos misterios detrás de los emergidos, creía estar capacitada para prever sus movimientos.

Ni se os ocurra pensar que justo en todos esos puntos hay emergidos. Es obvio que puede haber errores. En cambio, observad el mapa en todo su conjunto. ¿No notáis algo extraño?

La sirvienta esperó expectante a que Virion notase que la mayor parte de puntos rojos se concentraban en un lugar determinado del plano. Tantos avistamientos en una única zona significaban que allí debía de haber un gran campamento emergido. Sin querer decírselo directamente, la hechicera empapó una pluma en un tintero y trazó un nuevo círculo rojo alrededor de ese lugar. A continuación, tomó el pequeño libro que trataba acerca de la cultura y de la historia de los nómadas de Sacae y lo abrió por una página que había marcado previamente. Señaló una pequeña anotación, casi imperceptible, que hablaba acerca de una tribu poco conocida de la que apenas existía información.

Tuve suerte de que hace unos días encontrásemos un solitario lugareño que me contase que allí solía haber un grupo de nómadas: los Lorca —explicó mientras desenrollaba un mapa en el que estaba dibujada solo la región de Sacae por la que estaban viajando en esos momentos—. Considerad esto una ilustración ampliada del otro mapa. El antiguo asentamiento de los Lorca que estamos buscando, a juzgar por el número de avistamientos, sospecho que debe de ser el campamento más grande de emergidos en este país. Y tenemos que estar muy cerca de encontrarlo.

Ram empezaba a notar sed. Hacía mucho tiempo que no hablaba por tanto tiempo seguido, pero se sentía tan a gusto explicándole a su amo su investigación, que ni siquiera llegó a pensar en que quizá estuviese abrumándole con la gran cantidad de información. La sirvienta señaló otra vez un punto del mapa, esta vez deteniendo su dedo sobre lo que representaba un río.

Le he pedido a Gilbert que nos lleve hasta aquí. Me temo que con respecto a las costumbres de los Lorca, en realidad no sé nada. Estas comunidades a veces tienden a ser demasiado herméticas, pero todo asentamiento humano primitivo que se precie se erige en las proximidades de agua potable…

El carruaje se detuvo de repente, interrumpiendo la explicación de la criada feroxí. Habían llegado por fin a su destino. Enfurruñada porque estaba a punto de llegar a la mejor parte, Ram apartó de mala gana los textos para abrir la puerta y salir de allí. Tan pronto como puso un pie en el suelo, la recibió una agradable brisa de aire puro que la dejó anonadada por unos instantes. Incluso con innumerables grupos de emergidos vagando por sus tierras, Sacae era un lugar precioso. La sirvienta se sentía enamorada de la paz y de la tranquilidad que emanaban aquellas extensas planicies, tan inescrutables como el horizonte del propio océano.

Tomad, amo Virion —dijo entonces mientras le tendía al diplomático su arco y su carcaj lleno de flechas. Ram se había encargado aquella mañana de asegurarse de que las armas de su compañero de viaje estuviesen en perfectas condiciones, y por si acaso había preparado también un morral con agua y otras provisiones. Al fin y al cabo, era ya mediodía y tendrían que comer algo pronto.

Movámonos con cuidado. Los emergidos son criaturas astutas y podrían estar acechándonos ahora mismo —advirtió la hechicera después de ordenarle a Gilbert que no se moviese bajo ningún concepto de ese lugar. Por instinto, abrió su libro de magia de fuego, y se preparó para lanzar un hechizo rápido por si caían en una emboscada.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Virion el Miér Nov 01, 2017 9:56 am

Cuando Virion le preguntó a Ram acerca de todo lo que había descubierto en su investigación sobre los Lorca, no le pasó desapercibido el brillo en los ojos de su sirvienta. Y fue sólo el principio. Tras carraspear un par de veces, Ram empezó a enumerar con gran detalle los descubrimientos que había hecho sobre los Lorca.

Su forma de hablar, su sonrisa, su pecho henchido de orgullo… Una vista completamente distinta a la que era habitual en su sirvienta, más volcada en ocultar sus emociones que en dejarlas mostrar a través de su rostro o gestos mundanos. Virion se sentía también orgulloso, por fin empezaba a ver detrás de la máscara autoimpuesta por su fiel sirvienta.

Claro que al mismo tiempo, prestaba atención a cada una de las palabras que Ram le decía, buscando él también aprender de la situación en la que se iban a meter. Aparentemente, los Lorca eran una tribu pequeña de Sacae, de las muchas que poblaban en aquellas vastas llanuras. Debido a su reducido número, al hecho de moverse continuamente y que su nombre era poco conocido, Virion debía de reconocer también que buscar a aquella tribu en circunstancias normales hubiera sido misión casi imposible.

Pero aquellas no eran circunstancias normales. Los Emergidos lo habían puesto todo patas arriba, y Sacae no era una excepción. El noble arquero observó en el mapa los avistamientos que Ram había marcado según los testimonios que había recopilado. Bien tenía en cuenta que la información no era completamente fiable, pero cuando Ram le preguntó, bien que sabía la respuesta.

-Los avistamientos se concentran en esta zona concreta. Lo más obvio es pensar que esas criaturas tienen una base cerca.-los Emergidos montaban sus propias bases para organizarse y concentrar fuerzas para atacar territorios. En ese aspecto, no eran diferentes de los beorcs o laguz.

Ram parecía ser de la misma opinión, trazando un círculo en donde en la zona de mayor concentración de avistamientos, para luego mostrarle un libro donde se mostraba que esa zona era donde se asentaba la tribu de los Lorca. Aquello más un testimonio solitario parecía confirmar que efectivamente, los Emergidos habían tomado su asentamiento.

-La tribu de los Lorca ha debido ser un blanco fácil para los Emergidos. Separados del resto de nómadas, siendo tan escasos, apenas habrán tenido posibilidad de defenderse.-Virion cerró uno de los puños con fuerza, pues bien que comprendía ese sentimiento de inutilidad ante esos viles seres.-Es poco probable que haya habido supervivientes. Los Emergidos con los que me he topado no toman prisioneros. Pero es posible que haya alguno escondido, y de ser así, debemos ayudarlo. Lo más seguro es que hayan tomado la tribu como una base de operaciones para empezar a tomar desde ahí el resto de la llanura. Y hayan atacado los alrededores para espantar cualquier curioso y evitar que dicha base sea descubierta. Eso explicaría que haya aumentado el número de avistamientos.-su sirvienta parecía pensar lo mismo, en cuanto que propuso que aquella debía de ser la base más grande de toda Sacae.

Aquello hizo reflexionar a Virion acerca de cómo debían de proceder. Obviamente, Virion no tenía pensado en ningún momento cargar a ciegas contra una base de Emergidos. Era demasiado listo y guapo como para llevar a cabo un plan tan suicida, más si sólo tenía como compañía a una maga, por muy diestra que fuese Ram.

No, aquella misión debía ser más sibilina. Se acercarían con cuidado de no ser descubiertos y de atacar lo harían desde lejos y garantizando la posibilidad de escape. El objetivo no era acabar con todos los Emergidos, sino descubrir qué hacían allí, ver si podían descubrir algo de interés, y utilizar esa información para comprender la naturaleza de los Emergidos, a la vez que tener algo con lo que negociar con el resto de tribus de Sacae. Estaban en misión diplomática, después de todo. Y en una negociación es importante tener algo que ofrecer.

-Mis felicitaciones, Ram. Tu devoción en la investigación merece una matrícula de honor. No sólo eres un ser de infinita belleza y gracia mayúscula, sino que tu intelecto y tu laboriosidad son también elevados en grado superlativo. Estoy muy orgulloso de ti.-alabó el arquero, no sólo como otro de sus incesantes piropos hacia su adorada sirvienta, sino como un auténtico reconocimiento al trabajo tan arduo de recopilación de información que había llevado a cabo.

El carro no tardó mucho más en llegar a su destino, mientras su sirvienta hablaba sobre lo poco que había podido descubrir de los Lorca. Virion sólo recogió un par de mapas de la zona concreta en la que se hallaban y salió junto a Ram para ser recibidos por la fresca brisa de la llanura de Sacae. El frondoso e ilimitado campo verde que los recibió fue maravilloso. El arquero hinchó sus pulmones y respiró plácidamente. Estaba agotado de tanto viaje, pero estar allí le revitalizaba de cierta forma.

Había sido Ram quien se había encargado de organizar el viaje y alquilar el carruaje, por lo que dejó que ella que se encargase de hablar con el conductor para que les estuviese esperando hasta que hubiesen completado la misión. Mientras, Virion se recolocó a su espalda el carcaj que le había dado su amada sirvienta, y se preparaba su arco y algunas de sus flechas por si acaso tuviese que usar sus armas de manera inmediata. No en vano, él también coincidía en que pudiera haber Emergidos escondidos para emboscarles.

-Voy a subirme a un árbol para ver el horizonte. Cúbreme por si acaso, Ram.-propuso el arquero, mientras despacio y vigilante se acercaba a un árbol con matorrales al lado, que parecía fácilmente escalable y que le permitiría utilizar su aguda vista de arquero para ver qué se iban a poder encontrar en aquellas llanuras.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Khigu el Miér Nov 01, 2017 6:03 pm

Aún no se acostumbraba a oír su serena e infrecuente voz, y sin embargo... podría decirse que las había echado en falta en ese tiempo, a aquellas escasas palabras. Pareciera que no había cambiado en ese aspecto. Salkhi era un buen tipo, de esa gente que era tan rara de encontrar y menos de conocer.

Mas la atontada sonrisa de su rostro, cambió a formar un semblante serio por unos segundos, al entender lo que se refería él con aquella pregunta. - ¿Por estas cicatrices, dices? -Le extrañó aquel repentino gesto, no era algo nada normal en Salkhi que él sacara el tema de conversación. Silenció por unos momentos.

- ... Nada importante, -pausó- gajes del oficio. ¡JAJAJAJA! -quiso tomarlo con humor, aunque no pudo evitar que su risa le sonara un poco falsa hasta a ella, teniendo en cuenta que lo que había pasado con el rey Zephiel de Bern la había amargado.

No sólo eran sus cicatrices de siempre, ella tenía una mitad de su cara aún rasgada, con una larga costra ancha sobre su mejilla, que acababa hasta por encima de su nariz. Diferentes cicatrices de heridas recientes y profundas en sus brazos, espalda y muslos. Y aunque no se viera del todo por el chaleco, un gran moretón todavía rojizo en uno de sus costados, por la zona de las costillas, las cuales aún dolían, y de tan solo recordar aquel momento sentía hervir su sangre. Ella apretó los puños, en los cuales tenía sus guantes puestos pero ahí también tenía marcas como si hubiera sido agujereada a través de la palma de sus manos. Y siguiendo con esas marcas ocultas, aún tenía moretones en su garganta, los cuales aún tardaban en desvanecerse, pero esos no se veían por el cuello del chaleco.

Mentir no era algo que alguien de Sacae hiciera por naturaleza, aunque en su tribu tampoco seguían esa característica tan fielmente, no era algo tan grave, pero sí importante. Sin embargo, alguien tan orgullosa de sí misma como ella, jamás podría admitir ciertas cosas con facilidad. De todas formas, le seguía extrañando que el rubio estuviese preguntado por ella, ¿acaso sí que había cambiado en ese tiempo?

- Tú tampoco te quedas corto, de todas formas~ -comentó, una vez algo más relajada, mientras seguían los pasos de aquel carruaje, acechándolos.

Cicatrices, se refería esta vez a las del hombre. Ella solía fijarse mucho en todos los rincones posibles de Salkhi, y sin duda tenía nuevas, marcas dignas de un entrenamiento duro. Aunque quizás era cierto que las de ella fueran más grandes y se notaran más, debido al destrozo que le había regalado el monarca.

Entonces, avistó que los integrantes de aquella carreta extranjera, habían salido. Los había perseguido durante todo el trayecto, sin fijarse en este. Escondida junto a Salkhi, insegura de que se tratasen de más emergidos. Pero en cuanto los vio hablar entre sí, descartó que lo fueran, aunque tampoco era como si los escuchara perfectamente desde esa distancia.
Eran un joven y una chica, no tenían realmente pinta de ser parte de aquellos seres, sino humanos corrientes. Observó que el primero de ellos, un arquero, se acercó a la zona donde estaban ocultos.

Pero ahí si fue, que en ese momento ella ya estaba más preocupada del lugar en el que se encontraban, que de amenazar al hombre extraño con su hacha, por lo que le ignoró.

- ...Esta colina, este lugar... -su mano empezó a temblar- ... T-tienes que estar de broma, hey... -intentó esbozar una sonrisa, incrédula por el paisaje.

Entonces, se dio cuenta. Había reconocido el camino, lo sabía desde el principio, pero quería olvidarlo, quería descartar esa idea. Pero estaba comprobado que sus recuerdos nunca la engañaban.

- ... -el silencio mortal se apoderó de su rostro y corazón, el cual ya llevaba latiendo a prisas. Se sujetó fuertemente el pecho con una mano agarrando sus ropas.

Ya lo podía ver perfectamente desde su posición, al salir de los arbustos. Allí arriba, cruzando el río... El mismo campamento que había visitado varias veces. Aunque años habían pasado desde entonces. Sabía que aquel lugar había seguido intacto durante todo ese tiempo, por la voluntad de aquella persona.

Esa persona importante para ella. Su mejor amiga...

Lyn de los Lorca.

- Mierda... MIERDA. -dio dos pasos hacia adelante, sin importarle ser vista u oída por emergidos- ¡¡¡MALDITA SEA!!! -gritó en alto, al por fin descubrir que efectivamente, se encontraban cerca del viejo asentamiento de la tribu Lorca.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Salkhi el Sáb Nov 04, 2017 7:24 pm

Era extraño para Salkhi sentir que una persona le resultaba aguantable. Esa clase de sentimiento era uno que no había conocido durante la mayor parte de su vida, ya fuera por su naturaleza solitaria o por el rechazo que sentía hacia todo ser humano que no fuera el mismo. Pero curiosamente, la mujer de piel oscura contaba con mil atributos que le harían golpear a alguien en la cara a la primera ocasión con tal de no tener que soportarlos ni un solo segundo más, y a pesar de ello el deseo de atizarla un buen guantazo había desaparecido con el tiempo. Tal vez fuera porque había llegado a conocerla hasta cierto punto, tal vez fuera porque se había acostumbrado al cruzarse con ella en numerosas ocasiones, o porque se la daba bien matar emergidos y eso siempre equilibra las cosas. El deseo de violencia se había visto por un silencioso respeto, y en cierto modo se alegraba de tenerla cerca a pesar de ser demasiado ruidosa como para considerarla la cazadora que ella misma se autoproclamaba ser.

Una de las cejas del arquero se alzó hacia el cielo cuando escuchó las palabras y la risa de la mujer ante la pregunta sobre sus cicatrices, una reacción que no espera obtener. De lo que conocía a Khigu, las marcas dejadas por un digno oponente las luciría con orgullo y fiereza, una muestra de su estúpido coraje y constante deseo de pelear contra lo más cercano y peligroso del lugar. Alguien como ella, según la mente del cazador, habría enseñado todas las que había obtenido desde su último encuentro con tal de quedar por encima de él y hacerse ver como la superior de entre los dos, un rol que parecía encantada de cumplir… Pero lo que más le extraño, tras fijarse un poco más en todas las marcas a la vista, era que muchas de ellas no parecían producto de heridas de caza, sino más bien de una pelea, sobre todo las numerosas costras y moratones que tenía repartidos por el rostro. ¿Que había una razón no agradable para Khigu detrás de aquello? Seguramente, pero Salkhi no iba a preguntarla sobre ello si no quería hablar del tema. Además de que tampoco fuera que le importara mucho con quien se hubiera pegado la mujer. Aguantaba a la peliblanca, pero eso no quería decir que fuera a buscar a quien la había dejado tales marcas para devolverle todos y cada uno de los golpes que la había propinado.

-Poca cosa.- Encogiéndose de hombros, el rubio quitó hierro al asunto de sus propias cicatrices ganadas durante el tiempo que habían pasado sin verse. Claro que había conseguido algunas, pero hablar sobre ello no era algo que le llamara especialmente la atención. Y no solo porque hablar de por si no era algo que le gustara demasiado, sino porque si iba a mantener una conversación con la mujer, el nómada prefería una relacionada con los muy probablemente cercanos emergidos.

Los acontecimientos, sin embargo, no le permitieron buscar en ella la información que él necesitaba, y en pocos segundos tras sus últimas palabras se encontraba ya tras el tronco de un árbol vigilando a unos inesperados reciñen llegados. Se trataban de dos personas de coloridos cabellos y diferente complexión, pero lo que más llamó la atención del cazador fue ver como el hombre de la pareja aparecida, de largo cabello azul, portaba entre sus manos el mismo utensilio que él mismo. Se trataba de otro arquero, y dado que sus ropajes  parecían de buena calidad, muy probablemente se tratara de un noble. Aquellos dos detalles combinados sirvieron por si solos para que el desconocido entrara en la lista de personas sin cualidades redentoras de Salkhi.

La atención del joven sin tribu, sin embargo, se desvió del cercano desconocido cuando notó un leve movimiento por parte de Khigu. Su sorpresa fue notoria cuando, en vez de ver un gesto de preparación para lanzarse a por el cercano individuo, lo que vio fue a la peliblanca sujetando su pecho y mostrando una congelada sonrisa en su rostro. Pero no era una de felicidad, sino un falso intento de cubrir algo que estaba ocurriendo en su cabeza, algo que la había dejado en shock. -… ¿Khigu?- Hablando con un volumen solo perceptible para los oídos de ella, Salkhi trató de llamar la atención de la peliblanca sin ser percibido por el cercano arquero… Pero, en vez de obtener una respuesta, lo que obtuvo fue una expresión de rabia por su parte, tanto verbal como gestual, y un inesperado avance acompañado de un grito empapado de ira desmedida lanzado al aire mientras abandonaba la cobertura de los árboles, saliendo a campo abierto y a la vista no solo de los recién llegados, sino a la del campamento emergido al otro lado del río.

El nómada  solo percibió la presencia del mismo cuando siguió con la mirada la figura de la rabiosa joven, lo que le hizo darse cuenta de que ella sola acababa de ponerles en un serio aprieto. No solo porque el misterioso dúo acababa de descubrir su presencia, sino porque además, los emergidos al otro lado del río la habrían escuchado con mucha probabilidad. -Luego se llama cazadora…- Maldiciendo a la otra hija de las tierras de Hanon, Salkhi abandonó el refugio del bosque varios pasos por detrás de ella, tratando no solo de comprender de donde había venido tal reacción, sino también la razón de que ambos se encontraran tantas veces a pesar de la extensión de Sacae.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Narrador2 el Dom Nov 05, 2017 10:36 pm

El grito de guerra de la nómada actuó como señal de comienzo para los planes emergidos ¡Una emboscada!

Del norte y sur soldado emergidos surgen en formación y cortan cualquier via de escape de las tropas humanas. Sus ropas son de cuero curtido y pelo, sus facciones de guerreros fuertes y experimentados en combate. El tactician enemigo desde el otro lado del río observa todo con expresión calmada, confiado que sus guardaespaldas podrán con los intrusos.

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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Nov 19, 2017 1:46 pm

Las llanuras de Sacae, que se extendían más allá de donde alcanzaba la vista, se le asemejaban a un océano infinito de tierra, hierba y roca. Sin apenas accidentes geográficos que entorpeciesen el aspecto de sus vastas planicies, parecía un territorio mucho más tranquilo y pacífico que el de las montañas escarpadas de Ilia. Mas Ram era consciente de que su amo y ella no estaban allí para disfrutar de unas merecidas vacaciones, sino para intentar encontrar algo que fuese de valor para el reino de Ylisse y su cruzada contra los emergidos. La hechicera siguió al arquero mientras éste se disponía a subirse a un árbol para reconocer el terreno. Bajo su característico semblante inexpresivo, se sentía en realidad muy contenta por haber recibido palabras de agradecimiento de parte de su amo. Organizar todo el viaje desde el reino de Sindhu hasta las llanuras de Sacae no había sido tarea fácil, siendo esa —junto a sus recurrentes pesadillas— la principal causa de sus desvelos en las últimas noches. También le resultaba sumamente peculiar estar viajando en compañía de aquel extraño arquero presumido. Puesto que durante muchos años todo su mundo se había limitado a lo que era Ilia, aún le costaba dar crédito a que estuviese visitando tantos lugares diferentes como cuando era pequeña. Por desgracia imaginaba que los viajes se terminarían una vez llegasen a Akaneia, y que a continuación tendría que pasar el resto de sus días cuidando de la casa de Virion. Rem le habría dicho que no se quejase, que no era una mala vida para una criada. Pero ella albergaba el deseo de aspirar a algo más. La cocina no se le daba tan bien como la magia después de todo.

La hechicera procuró entonces apartar esos pensamientos de su cabeza. Tenía la mala costumbre de perderse entre cavilaciones complejas en los momentos más inoportunos, así que tras negar para sí misma varias veces con la cabeza, se zafó de ellas y pasó a centrarse en el presente. Ram puso a continuación su mano extendida sobre la frente para proteger su vista de los rayos del sol, y trató de escudriñar el horizonte en busca de cualquier indicio del supuesto campamento enemigo. No tardó demasiado en atisbar lo que parecía un conjunto de tiendas de campaña y cabañas al otro lado del río. Sin embargo, le inquietó no ver a ningún emergido merodeando por los alrededores. Algo no iba bien.

Amo Virion, amo Virion —dijo tratando de llamar la atención del arquero—. Esto me da muy mala espina…

Pero su comentario fue interrumpido por un grito procedente de unos arbustos cercanos. —¡…! —Ram se asustó y retrocedió varios pasos, sin reparar en que su grimorio manuscrito se le había escurrido entre los dedos y que ahora yacía semi enterrado entre la maleza de la pradera. La criada posó de inmediato su vista en la responsable, y por un momento titubeó pensando en que se trataba de una emergida. Pero la piel de aquella extraña mujer no era pálida, y sus ojos tampoco refulgían con luz etérea. Comprendió rápido que debía de tratarse de una nómada de Sacae, a pesar de que por su aspecto, parecía encarnar todos los estereotipos de una salvaje. Una expresión de desagrado se formó en el rostro de la hechicera en cuanto reparó más en detalle en la vestimenta de la recién llegada. ¡Estaba casi desnuda! Con taparrabos y con piezas de ropa cuya disposición se le antojaba absurda, esperaba que su amo no estuviese siquiera pensando en lo que fuera que pensaba siempre que veía a una mujer.

Qué escándalo… —murmuró para sus adentros, sin haberse recompuesto todavía del susto.

Otra figura emergió de entre las sombras. Se trataba de un hombre que vestía como un cazador, aunque a diferencia de la salvaje, éste iba correctamente vestido. Con cara de pocos amigos y un cabello descuidado, su apariencia distaba mucho de la de Virion. Ram frunció el ceño al verle. Se sentía furiosa consigo misma. ¿Cómo no había sido capaz de descubrir la presencia de aquel dúo de salvajes? ¿Acaso se escondían más entre los arbustos? La presencia de los recién llegados ponía en peligro la integridad de sus planes, aparte de que tenía miedo de que los gritos de la joven casi-desnuda hubiesen alertado a los emergidos que debían de estar vigilando el campamento.

El destino no desaprovechó la oportunidad de demostrar su naturaleza caprichosa, y los peores temores de la criada se hicieron realidad: cinco emergidos surgieron de la nada para bloquearles el paso. Habían caído en una trampa, y ya no tenían escapatoria. Armados con espadas y hachas, Ram notó que las criaturas vestían con piezas de armadura típicas de su tierra natal. Su rostro se ensombreció al comprender la gravedad de la situación. Si esos emergidos contaban con la mitad de la fuerza de un soldado feroxí de verdad, serían oponentes realmente difíciles de derribar. Enfrentarse a ellos de manera directa sería sin duda contraproducente. También estaba aún el problema de los salvajes. Ignoraba si considerarlos aliados o enemigos, pero tampoco disponían del tiempo para presentaciones. Debían actuar deprisa para protegerse del inminente ataque. Decidida a tomar las riendas de la contienda, Ram se agachó para recoger su libro de magia y dirigió a Virion una mirada llena de determinación.

No dejaré que ninguno de estos monstruos os hiera. Seguidme y os protegeré.

Todavía no había podido demostrarle al arquero sus virtudes con la magia dentro del campo de batalla, así que no estaba dispuesta a desaprovechar el momento. Con paso decidido, la hechicera se movió hacia el norte para plantar cara a los dos espadachines enemigos. Al pasar al lado de los salvajes, se detuvo un instante para dedicarles unas escuetas palabras.

Si queréis expulsarlos del asentamiento Lorca, trabajemos juntos —les dijo en un tono de voz neutral antes de reanudar su marcha. No estaba muy segura de las razones por las cuales aquellos nómadas habían decido acercarse al campamento del otro lado del río, pero no tenían pinta de bandidos o de gente ambiciosa. Mas ahora que también estaban atrapados, prefería contar con cualquier ayuda que éstos pudiesen prestarle en combate. Esperaba que los salvajes aceptasen formar una breve alianza, pero no podía darlo por sentado todavía. Los nómadas de Sacae que había conocido hasta ese momento apreciaban con orgullo su libertad e independencia.

Tras llegar a su destino, Ram clavó su mirada gélida en el emergido que tenía más cerca, y abrió de nuevo su grimorio personal. Las páginas empezaron a brillar con una luz intensa, mientras que una serie de hilos etéreos y dorados se materializaron a su alrededor. Por el momento, su manuscrito solo le permitía conjurar hechizos básicos equivalentes a un tomo de fuego, pero estaba convencida de no necesitar mucho más para derribar a un gran número de enemigos durante el enfrentamiento.


Ni bien terminó de pronunciar el conjuro, una esfera de fuego de tamaño considerable apareció en mitad del aire, y se precipitó contra el espadachín emergido.

Acciones:

1. Ram se mueve hacia el norte.
2. Ram ataca al emergido que tiene en diagonal.

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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Virion el Miér Nov 22, 2017 4:32 pm

Virion no era de subirse a árboles. Su cuerpo, delgado y sin apenas músculos, era incapaz de ejercer la suficiente fuerza para impulsarse hacia arriba y escalar sin duras dificultades. El árbol no es que fuese difícil de escalar, todo lo contrario, contaba con bastantes ramas, resistentes y gordas, donde poder sujetarse con los brazos y apoyar el pie. Sin embargo, para vergüenza del arquero, necesitó de varios intentos para llegar a subir hasta arriba.

-Este duro árbol osa resistírseme, pero nada puede hacer contra la indoblegable voluntad del Arquero de Arqueros.-expresó desafiante Virion tras su tercer fracaso en intentar subir el árbol, con caída de culo incluida.

Por desgracia, la tarea de escalar el árbol era algo que sólo podía hacer Virion, ya que sólo él, gracias a la vista que como arquero había desarrollado, podría aprovechar la ventaja de la altura para poder observar con plenitud toda la zona en la que se encontraban. Ram debía quedarse esperando, y observando los infructuosos y patéticos intentos de escalada de su señor, mientras éste lograba al final subirse al árbol, justo en el octavo intento.

Desde las alturas, Virion pudo observar con claridad el campamento Lorca. No era más que un puñado de tiendas de campañas concentradas al otro lado del río, con una grande en el centro que debía de ser la del jefe de la tribu. Al principio no le pareció haber visto a nadie, cosa que le extrañó, pero tras inspeccionarlo otro con una segunda vuelta se fijó que había claramente varios Emergidos en el otro lado. Uno llevaba el traje de un monje, otro de un estratega y había además un espadachín guardando la puerta de la tienda de campaña principal. Los tres parecían portar insignias de Regna Ferox. Virion había estado una vez en el gélido reino al norte de Ylisse, antes de su caída a manos de los Emergidos y reconquista por parte de Altea, por lo que no tuvo problemas a la hora de identificar sus señales. No parecían moverse, por lo que dedujo el arquero que se encontraban de guardia. Sin embargo, al arquero le llamó la atención que hubiera tan pocos.

Virion escuchó a Ram un comentario sobre como aquello le daba mala espina. El arquero iba a responderle con el resultado de su inspección cuasi aérea cuando un grito interrumpió a ambos. Virion giró su cabeza y se fijó entonces en la causante de aquel grito. Se trataba de una mujer salvaje, que hacha en mano, se había lanzado a la carga con bravura y determinación.

¡Y qué mujer! Vestida con apenas unos pocos retazos de piel que cubrían las partes más pudendas, esta salvaje semidesnuda levantó los ánimos (y no sólo los ánimos, por mal que quede decirlo) del Arquero de Arqueros. De piel morena, cabello blanco plateado intenso, musculosa pero no en detrimento de una seductora figura y un par de buenas razones más que hicieron que el arquero, para sorpresa de nadie, se enamorara perdidamente de aquella mujer y quisiera casarse con ella de inmediato.

Lástima que no estuviera sola. Cerca de la mujer salvaje se encontraba otro tipo, claramente arquero, con un traje más “apropiado” pero con un tanto despeinado. Probablemente fuese un cazador de la zona. Obviamente, al arquero no le pasó desapercibido el que no se hubiera dado cuenta de la presencia de estos dos hasta ese momento en que la mujer se había puesto a gritar ¿cómo es que no les había visto cuando bajaron del carruaje contratado por Ram?

Muy pronto se dio cuenta de que no había tiempo para pensar en aquello. Pues enseguida notó que además de esos dos desconocidos, había cinco emergidos más, dos al norte y tres al sur. Tres llevaban espadas y dos hachas. Estaba claro que habían sido atraídos por los gritos de la mujer y estaban preparados para el ataque. Virion podría aprovecharse que estaba escondido encima del árbol para pasar desapercibido y que los Emergidos lo ignorasen ¿Pero dejar a una mujer tan valiente, tan brava, y sobretodo tan guapa a merced de estas bestias? ¡Ni en sueños! Además, Ram no tenía donde esconderse, y tampoco iba a dejarla sola contra aquellas inmundas criaturas.

Hablando de Ram, ella decidió tomar la iniciativa, sugiriendo al arquero que le siguiese mientras ella también iniciaba la carga contra los Emergidos, dirigiéndose hacia el norte. Virion la siguió, tras descender como buenamente pudo el árbol a todo correr, de tal forma que de milagro no tropezó al tocar el suelo y caer debruces.

Ram se dirigió a aquel dúo de desconocidos para sugerirles, a todo correr, que trabajásemos juntos para derrotar a los Emergidos. Virion estaba de acuerdo, y como había podido observar mejor el terreno, su mente como estratega se puso de inmediato en funcionamiento, añadiendo las siguientes palabras a las de su fiel sirvienta.

-Si nos agrupamos entre nosotros y utilizamos el cerro del norte, podremos cubrir nuestros flancos y evitar que el enemigo nos rodee y nos avasalle ¡Rápido, o será demasiado tarde!-gritó el arquero, sin tener tiempo para poder presentarse, o piropear a la mujer. Se tuvo que conformar con un adorable guiño a la bella dama del hacha antes de continuar el camino en la misma dirección que su sirvienta.

Ram fue la primera en atacar, utilizando para ello uno de los grimorios que siempre portaba consigo. Tras tanto tiempo juntos, era la primera vez que Virion tenía la oportunidad de contemplar en acción la magia de su sirvienta. Tras pronunciar un par de palabras que el arquero desconocía, una esfera de fuego apareció en el aire enfrente de Ram, y se precipitó contra el Emergido más próximo a ella.

-¡Magnífico! ¡Un hechizo de inmenso calibre, casi a la altura de abrumadora y fogosa belleza! ¡Maravilloso!-alabó Virion mientras corría para ponerse en posición, en diagonal a la propia Ram, mientras tensaba su arco, flecha en posición de disparo.-Hora de demostrarte a ti, y al mundo en general, la destreza y fabulosidad del más grande Arquero de Arqueros.

Y acto seguido, disparó la flecha contra el Emergido. A pesar de la proximidad, tampoco las tenía mucho consigo debido a que apenas había tenido tiempo para apuntar debidamente, menos para calcular variables como el viento o el movimiento del infecto monstruo. Pero no se arrepentía, había que luchar. Un verdadero caballero, héroe, y magnífico ser como Virion no podía quedarse de brazos cruzados, cuando dos chicas tan guapas lo estaban dando todo en el campo de batalla.

Acción de Virión:
1-Moverme al norte, justo a la esquina noroeste del mapa.
2-Atacar al mismo Emergido que ataca Ram


Última edición por Virion el Vie Dic 01, 2017 12:12 pm, editado 1 vez
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Khigu el Sáb Nov 25, 2017 9:22 pm

Todos esos días siguiéndoles las pistas, dejando incluso algunas agrupaciones escapar, solo para conseguir llegar hasta su campamento central. Pero ya no podía más, Sacae... su hogar, del que por mucho que saliera al viajar, siempre estaba ahí para regresar. Un hogar... Sabía lo importante que era aquel asentamiento, ya que incluso para los nómadas, ese se había mantenido tal cual con el paso de los años. La tribu de los Lorca hacía muchos años que habían pasado al más allá. Su amiga había vuelto a aquel lugar para encontrárselo en ese estado, y ahora Khigu sentía algo parecido en su lugar, no por ella misma, si no por lo importante que era la peliverde para ella.

Esa persona, la primera que le había sacado de aquel mundo de odio, a la que siempre quiso serle útil a cambio. La única a la que la salvaje podría tratar con absoluta lealtad. Aquella joven años atrás se la había reencontrado después de un largo tiempo de viaje, todo para encontrarse con aquella aterradora noticia sobre su familia. No pudo hacer nada por ella, ni en aquel momento, ni cuando se lo contó, ni ahora, ni jamás... No quería volver a tener que sentirse inútil, Lyn era irreemplazable.

- Tegma o'ua... -susuró.
( "Mi pequeña..." )

Aquellas tiendas al otro lado del río sin duda era el viejo campamento de los Lorca, y si al seguir el rastro llegaba hasta ahí, eso sólo significaba que los emergidos se habían apoderado de él. La confirmación no tardó en llegar en forma de emboscada de estos, rodeándolos para así impedir que cruzaran el puente. ¿Qué demonios era lo que buscaban en aquel lugar? Sea lo que fuere, tenía que impedirlo.

- No intentes detenerme... Salkhi. -habló con una voz amenazadora, lo suficientemente en bajo para que sólo él escuchara, mientras se colocaba bien su cuerno sobre su cabeza, apretando fuerte la unión de la diadema en su nuca.

Ahora sí sabía. Sí podía. Cómo hacer... qué hacer. Por ella. Por aquella gente importante que había perdido, por sí misma, por todos.

- ¡Es la hora de cazar! -finalizó para que la escuchara el nómada. Pero antes, se encontró con la... ¿sirvienta? Una de aquellos dos forasteros a los cuales habían estado siguiendo hace un rato.

Se detuvo en cuanto la escuchó, mirándola con rabia, y también con un deje de confusión. ¿Cómo era que la pelirrosa sabía aquello, sin ser de Sacae? Pero no era el momento de ponerse a pensar sobre aquellas dudas.

- ¡¿Y TÚ QUÉ SABRÁS SOBRE LOS LORCA!? -le gritó. Chasqueando incluso los dientes cuando el otro flacucho, el arquero que se les había acercado antes, parecía andar dándoles órdenes así sin más. Khigu les gruñó a modo de respuesta. ¡Nadie le mandaba a ella! Ignoró cualquier acto extra del peliazul y echó a correr hacia el enemigo, que no eran precisamente aquel par de humanos. No de mientras, al menos, tal y como bien había mencionado aquella chica.

Aunque la albina no era una persona a la que se le diera bien trabajar en grupo, pues ella se había criado de una forma independiente. ¡Apenas y sólo se había entrenado con un par de personas en toda su vida! Pero a la hora de luchar, ella no confiaba en otra cosa que no fuera su propia fuerza.

Tras seguir el mismo camino por el que fueron los extraños, pasó por el lado de la joven, mirándola de reojo mientras estaba apunto de atacar de lejos, y observó que tenía un libro en su mano, brillando, con lo que dedució que a pesar de sus apariencias, era una maga. Conocía aquel patrón de haber viajado a menudo a las heladas tierras de Ilia y de algunos emergidos que se había encontrado por el camino, era en efecto un conjuro de fuego. Pero digamos que no era el tipo de personas con las que se le diera bien relacionarse.
Además de eso, juró haber escuchado unas palabras en un idioma que no entendía, uno que nunca escuchó en ninguno de sus viajes. No tenía sentido, aquella chica por muy extranjera que fuera, no tenía la pinta de ser alguien que provendría de alguna tribu desconocida que poseyera también una lengua ancestral, como los Khirin. Así que optó por pensar que simplemente había escuchado mal el nombre de aquella extraña magia. De todas formas, aunque fuera cierto y pudiera sentir una enorme curiosidad sobre eso, ella estaba más centrada en su situación actual, los emergidos.

Sin esperar a comprobar si el fuego había hecho efecto o si la flecha que el flacucho había alcanzado a su objetivo, se escurrió entre los cuerpos de ellos dos, para acercarse peligrosamente al emergido.

- Grrrr... ¡SON MÍOS! -Exclamó con una aparente competición. Pero la realidad era que quería defender aquel lugar con toda su alma, con todo su cuerpo. Debía hacerlo. ¡Acabaría con todos aquellos seres ella sola!

Por ende, se colocó delante de ellos, sin importarle nada más y entonces hizo bailar su hacha en un giro ayudándose del impulso de la dirección en la que había venido, con la intención de detenerlo sobre el emergido. Quería clavarlo en donde éste no pudiese defenderse, como bien le había enseñado Naruga. Mas no podría darlo todo por seguro, sabía bien que el vencer fácilmente a espadachines no era su punto fuerte. Pero aún así, se movió con confianza y sin una pizca de temor.

- ¡¡VENGA, VENID A POR MÍ!! -Les gritó, buscando la provocación sobre estos. Se veían musculosos y fuertes, dignos de ser buenos rivales para ella, aunque bien sabía que no podía juzgar por las apariencias.


Resumen:

Khigu se mueve al norte, colocándose entre Ram y Virion, y ataca con su hacha al mismo emergido que ellos.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Salkhi el Lun Nov 27, 2017 5:50 pm

Por regla general del arquero, las numerosas tribus de Sacae no eran sino un cúmulo de gente con la que podía comerciar de vez en cuando, sobre todo cuando los poblados fronterizos quedaban lejos. Ninguna de ellas llamaba especialmente su atención, y nunca había tropezado con alguna que le pareciera diferente o especial. Todas tenían sus propias diferencias por supuesto, pero al final del día los miembros de todas ellas eran hijos e hijas de Hanon por igual, habitaban en la misma pradera de infinita extensión y se enfrentaban a los mismos desafíos de forma diaria. ¿Por qué iba a ser necesario tener preferencia por una u otra si todas iban a tratarle igual, y él iba a tratar igual a todas? El sentimiento de pertenencia era uno que había perdido hacía mucho, y solo sentía lealtad y cercanía con la tierra que le vio nacer y crecer en libertad, y no hacia sus moradores.

Por eso mismo Salkhi se había resuelto en su día a acabar con todos y cada uno de los emergidos que pisaban la gran llanura. No por las tribus masacradas, no por las vidas perdidas ni por aquellos que se habían quedado sin lugar al que llamar hogar, pues aquellos que hablaban en tales términos no merecían haber nacido en el verde pasto. Si el cazador había tomado su arco para acribillar a los demonios de ojos rojos, era para defender a Sacae, el único lugar del mundo al que pertenecía y al que sentía atadura de clase alguna.

A causa de estos pensamientos la mente del rubio no sintió desequilibrio alguno, ni notó como la rabia se apoderaba de él por ver el asentamiento de una tribu ocupado por emergidos. Quienes habían peleado allí habían caído, no habían sido lo suficientemente fuertes y por eso mismo fracasaron y se convirtieron en la presa del terrorífico cazador de ojos rojos de Sacae. Por eso mismo no iba a pelear para vengarlos… Iba a pelear por la tierra de Hanon, y por librarla de emergidos de una vez por todas. -Nunca.- Las amenazadoras palabras de la peliblanca fueron respondidas por una sola palabra, gravemente entonada, que muy probablemente no hubiera sido escuchada por ella, pues su rabia parecía haberla dejado ciega y sorda a todo lo que fueran sus enemigos. ¿A qué se debía? Salkhi ni lo sabía ni le importaba, pero le valía con ver que había provocado la rabia de Khigu, y sabía bien el arquero que la guerrera enfadada era un oponente temible y un aliado formidable.

El grito de guerra de la nómada, sin embargo, fue seguido por las palabras de una de las dos personas que habían llegado a la escena en carruaje. Con ropas largo corte y tono principalmente negro, sus palabras alcanzaron solamente el oído de la peliblanca, pero su respuesta fue lo suficientemente agresiva como para llamar la atención del rubio. -¿Lorca?- El nombre no le sonaba absolutamente de nada, pero el que se hubiera referido en plural a ello daba entender que debía de ser la tribu que dominaba aquella zona hasta que los emergidos llegaron. ¿Acaso era uno de los asentamientos de su propia tribu? No sabía a cuál de todas pertenecía la mujer de piel oscura, por lo que aquello era enteramente posible.

Las palabras del peliazul noble le fueron también desconocidas, aunque más por ignorar que por no llegar a escuchar lo que fue dicho, mientras que sus pies corrían tras de Khigu, en la misma dirección que ella, hacia dos pálidas figuras situadas al norte del cauce del rio, arriba del puente que conectaba la orilla en la que los cuatro se encontraban con el ocupado campamento al otro lado del agua. Por instinto y precaución, el cazador dirigió su mirada hacia sus espaldas, y en el sur percibió otras tres figuras que debían de poseer ojos rojos igualmente. ¿Acaso eran lo suficientemente previsores como para imaginar un ataque a su posición y habían preparado defensas de antemano? ¿O simplemente se habían visto atrapados en una improvisada pinza creada a causa del grito de Khigu? Tarde era ya para pensar en tal cosa, pues tenían problemas más inminentes cerca, en forma de los dos enemigos que les esperaban al frente.

Su atención regresó a quienes se encontraban junto a él cuando percibió un poderoso brillo a su lado: Una bola de fuego acababa de salir de la mano de la pelirosa acompañante del noble, y esta se dirigía a toda velocidad hacia una de las criaturas, mientras que Khigu se había lanzado con un poderoso grito sobre ellas, en pos de reducirlas a pedazos con furia y exagerada violencia, como solo ella sabía.

Pero los pasos del solitario nómada se detuvieron algo por detrás de la peliblanca, y justo tras la doncella, cuando sus oídos captaron lo que el noble de pelo azul dijo… Cuando se denominó a sí mismo “Arquero de arqueros”.

Pocas veces había tenido Salkhi tantas ganas de darse la vuelta y golpear a alguien.

Para un noble como él, la arquearía muy probablemente fuera un simple juego. Una forma de pasar el tiempo como otras tantas, disparando solo en bosques cercanos a su residencia y contra animales amaestrados, sin riesgo alguno de ser herido. Pero para Salkhi, para los habitantes de Sacae, el ser arquero significaba vivir bajo las leyes de la caza, estar con la vida siempre pendiente de una flecha y bajo el constante riesgo de convertirse en cazado si no se era lo suficientemente hábil… Un arquero de arqueros era aquel que cazaba y disparaba por vivir, no por entretenimiento.

Pero sabía bien el rubio hijo de la tierra de Hanon que no tendría sentido hablar con alguien así, y mucho menos quería hacerlo. Preferiría demostrarle quien era el mejor de los dos con el arco y la flecha, mostrar a alguien de alta cuna lo que convertía a uno n un auténtico arquero… Pero no podía hacerlo. Los emergidos más cercanos estaban fuera de su alcance, y un tiro hacia ellos sería malgastar flechas que pronto necesitaría.

Por eso mismo Salkhi tomó posición tras un árbol a su vera. Oculto, escondido a la vista de enemigos, estaba preparado para apuntar a cualquier ser que apareciera lo suficientemente cerca de él como para recibir una flecha entre los ojos.
Resumen:
1- Salkhi se mueve hacia el norte, quedando bajo Virion.
2- Activa skill: Camuflaje - Permite al arquero utilizar alguna cualidad del terreno para ocultarse, sea colinas nevadas, montañas, hierbas, arbustos, muros o trincheras; desde allí puede disparar sin recibir contraataques. Mientras permanezca en su camuflaje no será notado por la extensión de tiempo que desee, sin embargo, desde el momento en que lance su primer disparo sí podrá ser detectado.

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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Narrador2 el Jue Nov 30, 2017 8:42 pm

Primero se harán las tiradas por los ataques de los aliados

Ram ataca al emergido myrmidon: = nivel = tipo
Virion ataca a enemigo myrmidon: -tipo = nivel
Khigu ataca a enemigo myrmidon: -tipo = nivel
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Narrador el Jue Nov 30, 2017 8:42 pm

El miembro 'Narrador2' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


#1 '= tipo = nivel' :


--------------------------------

#2 '- tipo = nivel' :


--------------------------------

#3 '- tipo = nivel' :
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Narrador2 el Jue Nov 30, 2017 9:03 pm

Pese a la emboscada, las tropas aliadas fueron rápidas en reaccionar y comenzar la contraofensiva: una bola de fuego de la mucama impacto de lleno a uno de los emergido myrmidones, rompiendo sus defensas y abriendo paso a que, contrario las expectativas abrumadoramente en contra, los ataques de sus aliado conectaran. Una flecha del Arquero de Arqueros impacto en el hombro del emergido para luego ser rematado por un hachazo de la salvaje nómada fighter que lo partió en dos.

Mientras tanto, el arquero nómada se mimetizó con la maleza a la espera del momento justo para atacar.




Enemigo Myrmidon eliminado.

Turno Enemigo




Con la nómada ocupada atacando a su compañero, con la frialdad y carencia de emociones que los soldados emergidos presentan, el otro myrmidon se abalanza sobre ella. Su espada cortando el aire con intenciones de matar.


Clase: Myrmidon
Arma: Bronce
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Narrador el Jue Nov 30, 2017 9:03 pm

El miembro 'Narrador2' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'= tipo + nivel' :
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Narrador2 el Jue Nov 30, 2017 9:16 pm

La espada del myrmidon emergido da un corte limpio en la espalda de la nómada, manchando su hoja con sangre. Las tropas en el sur comienzan su avance hacia el grupo, al tiempo que más tropas enemigas comienzan a llegar. El estratega emergido continua silente, inspeccionando el espectaculo de su plan maestro puesto en escena.



Recuento de HP:









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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

Mensaje por Ram de Montmorency el Lun Dic 11, 2017 10:56 pm

Ram Amelia Isabella de Montmorency observó satisfecha cómo el hechizo de fuego acertaba de lleno en su objetivo, y esbozó una sonrisa siniestra mientras apartaba con una mano el aroma nauseabundo de carne quemada. Hacía ya un tiempo que no tenía la oportunidad de medir la eficacia de sus conjuros contra oponentes de verdad, por lo que se alegraba de comprobar que su puntería no se había oxidado después de todo. La mirada ojerosa de la doncella silente, sumamente complacida ante los resultados de su trabajo, se posó sobre la desdichada víctima que ardía por su culpa. Parecía que, pese a todas esas historias fantasiosas que alimentaba el populacho y las lenguas ignorantes, los emergidos seguían siendo tan vulnerables como cualquier otro ser humano. “Y por lo tanto, también algo inflamables. Aunque no demasiado…”, pensó la hechicera a la vez que las llamas mágicas empezaban a desvanecerse del cuerpo del espadachín enemigo. Sin embargo, a pesar de los daños sufridos, la criatura que vestía con armadura feroxí aún se sostenía en pie. Ram frunció el entrecejo decepcionada al presenciar la reticencia de su enemigo a sucumbir. Tendría que tomar nota mental de aquello para mejorar los hechizos de su grimorio manuscrito una vez hubiese regresado al carruaje.

El amo Virion, tan atento como siempre a la más mínima oportunidad de lucirse, no titubeó a la hora de empezar a llenarla de halagos. Acostumbrada a oír comentarios similares a todas horas, la criada no se molestó en contestar, aunque aprovechó el momento para apartarse un mechón de cabello que se le había movido durante la carrera anterior. Sin perder su noble compostura, el arquero de Ylisse descargó la flecha de su arco sobre el emergido herido. El proyectil acertó en uno de sus hombros dejándolo inservible, antes de que la salvaje se abalanzase sobre el espadachín para rematarlo de un solo golpe.

Impresionante… —felicitó con un tono de voz gélido que hacía indistinguible su elogio de un banal sarcasmo. La maga se sentía todavía muy reticente a tener que colaborar con aquella violenta mujer, más aún después de tener que aguantar las malas maneras con las que ésta había aceptado hacer equipo, pero tenía que reconocer que no cualquier soldado disponía de la fuerza suficiente como para partir a un emergido en dos. De momento, prefería tener a la salvaje como aliada en vez de como enemiga, por lo procuró morderse la lengua antes de proferir alguna réplica desafortunada con la que criticar su escasez de modales. Mientras no se enfadase demasiado, imaginaba que podría utilizar toda esa ira que la mujer manifestaba contra los emergidos en su propio beneficio.

No obstante, ¿dónde se había metido el otro chico? ¿Su otro peón...? Quizá no hubiese oído su proposición de alianza, o en el peor de los casos, podría incluso haber caído ya en batalla como la primera víctima de la emboscada enemiga. De ser así, podía despreocuparse. Un aliado incapaz de aguantar una trampa como aquella era un aliado débil. Y la hechicera feroxí no necesitaba aliados débiles en el pequeño grupo que se había dispuesto a liderar.

Amo Virion, amo Virion —llamó al arquero en mitad de todo aquel caos—. ¿Pudisteis ver algún indicio del paradero del documento que buscamos al otro lado del río?

Ram no estaba segura de si había llegado a mencionarle al diplomático de Ylisse el verdadero objetivo de su visita al asentamiento abandonado de los Lorca. En realidad, no tenía interés en despejar la zona de emergidos, o ni siquiera de asegurarse de que la extraña salvaje con tendencias autodestructivas estuviese a salvo. Desharía la frágil alianza que habían forjado en silencio una vez consiguiese recuperar el archivo que suponía que debía de haber allí. De eso estaba tan segura, que tampoco se preocupó al ver cómo el segundo espadachín conseguía herir a su nueva compañera de batalla. Antes de que ésta tuviese la oportunidad de proferir alguna maldición por lo ocurrido, Ram cerró los ojos para preparar otro hechizo. Las páginas de su libro empezaron a emitir una vez más un centelleante brillo blanco, mientras que una serie de hilos dorados, tan etéreos que parecían irreales, empezaban a materializarse alrededor de su cuerpo envuelto ya de por sí por un aura de pura energía taumatúrgica. Concentrada en el conjuro, la maga volvió a pronunciar las mismas palabras en idioma antiguo de antes, y cuando volvió a abrir los ojos, pudo percibir el crepitante calor de la esfera de fuego que acababa de invocar a su lado.

Sin mediar palabra, alzó la mano en dirección al emergido que había atacado a la salvaje, y dejó que la bola ígnea se precipitase contra la criatura.

Acciones:
1. Ram ataca al emergido que tiene en diagonal.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia I [Ram, Virion, Khigu, Salkhi]

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