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[Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Hrist el Jue Abr 19, 2018 6:23 pm

El tajo con su hacha larga fue certero e impactó en el cuerpo del emergido encapuchado, dejando un profundo corte de regalo. Inmediatamente después, la clérigo Mulitia hizo su tanto y lanzó un ataque mágico con electricidad igual de certero, fulminándolo al instante.

-Sí, soy de Nohr… -respondió distraída, acariciando el cuello de Logi.

En realidad, lo que la sorprendió no fue que la chica acertara de buenas a primeras su procedencia, sino el comentario posterior… ¿Esa chica se había codeado con la realeza nohria? ¿Con el mismísimo príncipe heredero Xander y con su hermano, el príncipe Leon? Si podía decir tan a la ligera que se consideraba buena amiga de éstos, no debía de ser una plebeya cualquiera como Hrist. ¿Y el segundo príncipe le había enseñado algo sobre magia? Definitivamente, la mercenaria estaba cada vez más convencida de que la tal Mulitia Fenn no se movía en los mismos círculos que ella. Esa chica tenía que ser, por lo menos, de la baja nobleza. Y eso como mínimo. No es que tuviese para nada en contra de ello. De hecho, le resultó muy grato su tono cordial y educado con alguien que se veía a la legua que no era de su rango social, algo que no abundaba mucho en opinión de Hrist. Hasta el momento, todos los individuos de más o menos alta alcurnia que había visto Hrist, ya fuese por dinero o por título nobiliario, se dirigían a los plebeyos con ínfulas de superioridad, y con condescendencia en el mejor de los casos.

-¿Estuvisteis en Nohr? Espero que os llevaseis un buen recuerdo, entonces… -Casi sin darse cuenta, cambió el tono para dirigirse a ella de de manera más formal. Para cuando cayó en ello, ya estaba hecho. Sólo esperaba que Mulitia no se ofendiese ni lo encontrase extraño.

Si estuvo a gusto o no, no pudo saberlo. Justo en aquel momento, la voz del Jefe llegó hasta ellas en tono autoritario. Hrist giró de inmediato la cabeza para mirar hacia él y ver qué pasaba. La situación debía de haber empeorado. Sujetó aún con más fuerza el hacha larga cuando le oyó decir que los emergidos se acercaban. Echó un vistazo de nuevo a Mulitia, para asegurarse de que no estaban heridas ni ella ni su caballo, no fuese a ser que el Jefe la riñera por ello. Entonces, justo cuando iba a preguntarle las nuevas órdenes, el Señor Mago pasó por su lado. Iba tranquilo, como si todo aquello no fuese con él. Y le dijo que fuese con él. O más exactamente, dijo “Tú, vente conmigo”.

Hrist se lo quedó mirando unos instantes, aún con el tronco medio girado para buscar con la mirada las indicaciones del Jefe. La expresión de sorpresa incrédula se le congeló en el rostro, y nadie la vio gracias que llevaba la visera del casco bajada. Logi también parecía impactado, con la boca medio abierta, y siguiendo la trayectoria del chico con la cabeza.
La mercenaria alucinaba chistorras. En todo el rato que llevaban, desde que había acudido a la llamada del Jefe, hasta aquél momento, Don Resaca no había abierto la boca ni una sola vez. De hecho, se había empezado a plantear la posibilidad de que fuese mudo. Pero resultó que no. La había honrado con su inesperada voz para dirigirse a ella como “tú”. Decidió pensar que la resaca le habría espesado mucho los pensamientos y que no lograba recordar su nombre, con tal de no ponerse de mal humor. No era el momento de iniciar rencillas entre compañeros de equipo, por más molestos que pareciesen algunos por la presencia de los otros.

Al ver que el Jefe se colocaba para taponar la puerta donde ella y Mulitia estaban, dio por hecho que eran órdenes de él. Respiró hondo e indicó a Logi que siguiera al Señor Mago, hasta colocarse justo detrás de él una vez llegaron a la otra puerta de la habitación. Respiró hondo, buscando tranquilizarse. Tener que ir con alguien que claramente no estaba al cien por cien, al que parecía darle todo igual, y que encima parecía molesto con el resto de la humanidad, no la reconfortaba en absoluto.
Pero su respiración honda se vio cortada por el amago de Logi, que intentó quitarle el sombrero al Señor Mago. Afortunadamente, Hrist lo frenó a tiempo dándole unos golpecitos firmes en el cuello, a modo de amonestación, de modo que el chaval no se dio cuenta. Y justo a tiempo. Porque el Señor Mago dio un puñetazo a la puerta, cosa que hizo parar en seco a Logi y que apartase rápidamente su bocaza llena de dientes del sombrero. El wyvern soltó un soplido, molesto.

-Shhhht… Tranquilo… -Hrist lo calmó con unas caricias en el hocico, hablando con la voz distorsionada a través del casco.

¿Qué mosca le había picado? ¿Acaso pretendía tirar abajo la puerta a puñetazos? ¿En serio? Si era eso, acabarían antes si le pedían que Logi la derrumbase con una embestida. Estuvo tentada de preguntarle si necesitaba ayuda, pero juzgó más prudente no decirle nada y limitarse a obedecer en silencio. Aparentemente hizo bien, pues resultó que tras esa inexplicable agresión a la puerta (que seguramente habría llegado a oídos de los emergidos que hubiese detrás, si es que los había), milagrosamente se le cayó una llave de su bolsillo. La mercenaria se dio el lujo de poner los ojos en blanco ante tal escena, dado que con la visera bajada nadie vería las expresiones de su rostro. Al ver que el chico abría la puerta, la wyvern rider puso a Logi en posición de ataque, listo para saltar delante del mago para hacerle de escudo si era necesario.

La puerta se abrió con un rechinar suave pero perezoso. En cuanto tuvo plena visión del panorama, acertó a ver otro emergido encapuchado. Antes de poder decir nada, el Señor Mago atacó al emergido con… ¡magia de viento! Hrist reprimió un escalofrío en su columna vertebral. No le hacía ni pizca de gracia la magia de viento. Cualquier cosa que pudiese empujar mínimamente a Logi fuera de la corriente de aire por la que iba, o que alterase ésta bruscamente, la ponía de los nervios. Y ante la política de hechos consumados del joven, que tomó la iniciativa al atacar, a la mercenaria no le quedó otro remedio que añadirse a la refriega para intentar rematar al objetivo y que no le devolviese el golpe a su compañero resacoso.

Sin necesidad de decir nada, dio la orden a su montura con un toque de estribos y un oportuno tirón de las riendas. El animal aleteó y cogió impulso, para acto seguido, saltar por encima del Señor mago y colocarse delante de él, bloqueando el acceso a su posición para cualquiera que no pudiese atacar a distancia.  Fue en ese momento cuando Hrist vio que, al lado del emergido encapuchado, había otro, esta vez ataviado en ropajes más sofisticados y con un aire más… ¿militar? ¿estratega? Qué más daba, el emergido encapuchado le bloqueaba el paso hacia el segundo, y lo primero era liquidar al que tenían delante.

-Hay otro emergido junto a éste. –Mencionó escuetamente al Señor Mago, que quizás desde su posición no podía verlo.

Sin perder un instante, Hrist blandió el hacha larga para atacar al emergido encapuchado que tenía delante, aprovechando el impulso del salto de Logi.

Resumen:
Se coloca delante de Roquentín y ataca al emergido que tiene delante:
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Mulitia el Dom Abr 29, 2018 12:47 pm

Parecía que ambas habían tenido éxito en sus respectivos golpes contra aquel emergido, logrando que este no tuviera opción ninguna por la potencia de ambos golpes, aquel ladrón no tuvo ninguna oportunidad de escapar o de seguir luchando, acabando con el en aquella combinación de tan eficaz de fuerza y magia. Aquello provoco una leve sonrisa en los labios de la joven de cabellos anaranjados que asintió levemente. -Bien, hacemos buen equipo, fuerza y magia, me gusta. Rió levemente mientras observaba aquel lugar con mas detenimiento y después volver a mirar a la joven que la acompañaba. Parecía que si que había dado en el clavo, sus observaciones habían sido correctas, nunca había tenido el placer de hablar con una jinete de wyvern de Nohr, aunque ya había tenido algún encuentro con otros jinetes de wyvern, pero pertenecían a otras tierras.

A su pregunta, la joven cleriga asintió con una amplia sonrisa, recordar aquel paraje provocaba diferentes sensaciones en ella, en un principio sintió miedo, muchas veces había sentido miedo estando allí, era un lugar muy diferente a Etruria, muy diferente a todo lo que había visto en Elibe, pero cuando fue acostumbrándose sintió mucha curiosidad por los extraños materiales de herbología y alquimia que se podían conseguir allí. -Lo cierto es que sentí miedo en un principio, es un lugar muy oscuro, pero tenéis muchas cosas curiosas allí, eso me gusta. Pero no le dio tiempo a seguir explicando cosas sobre Nohr cuando escucho la voz de Aran, parecía que todo había empeorado y eso preocupaba muchísimo a la joven que guardo su tomo de trueno, para poder llevar su báculo...no había olvidado su objetivo principal como cleriga, era mantener a todos con vida, parecía que ambos se dirigían hacia donde ellas estaban, el mago ni si quiera la miro...desde luego no parecía alguien con quien socializar por lo que ella tampoco dijo nada, simplemente lo reviso, intentando buscar alguna herida en el, no vio nada...solo la resaca que seguramente seguía teniendo.

Al ver a Aran llegar se coloco tras el, viendo como parecía colocarse de forma que pudiera sellar aquella habitación con su cuerpo, taponando la puerta, seguramente los emergidos lo estaban siguiendo y de aquella forma podrían estar mas protegidos. La joven agarro su báculo observando el cuerpo de Aran, llegando a ver alguna herida, no era grave...pero podría afectarle en la lucha por lo que acerco su báculo a la herida usando su magia para que la gema de aquel artefacto mágico empezara a brillar y a curar al joven. -Estas bien? Me has preocupado mucho... Pero no le dio tiempo a seguir hablando con el, pudo escuchar como sus dos compañeros habían logrado abrir la puerta y parecían atacar a los siguientes emergidos, aquello reforzó la atención de la joven, ahora tenían dos frentes abiertos...lo que fuera a pasar se decidiría pronto, y ella actuaria, tenían una misión y había que cumplirla.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 01, 2018 7:18 pm



El soldado retrocede ordenándole a sus compañeros que retrocedan con él hasta la seguridad del cuarto de la derecha.
Dentro de este, el mago abre la puerta que todavía permanecía cerrada y ataca sin más al ladròn que se había escondido torpemente en su marco. Al mismo tiempo, la jinete conduce a su bestia hasta ese mismo pórtico y descarga su hacha contra el encapuchado.
Siendo sobrepasado por el poder de ambos atacantes, el emergido solo puede dar un último chillido de dolor antes de desplomarse en el suelo. De entre sus ropas cae el tomo mágico que hubiera hurtado del cofre momentos antes.



El tactician, al ver al ladrón muerto a sus pies, brama una orden por lo alto y corre despavorido dejando incluso sus preciados papeles detrás.
[El contenido de los documentos, de ser tomados, será posteado por Narrador tras el cerrado de tema en una fecha posterior por motivos relativos a la fecha de fin del Capítulo 2.]
El resto de los emergidos rápidamente le siguen y comienzan a huir escapando por toda clase de pasadizos.


FIN DE LA MISIÓN
El equipo puede continuar roleando cuantos turnos desee para repartir bienes y/o concluir su trama personal en este tema. Pueden mandar el susodicho a Cerrado de Temas cuando deseen para cobrar las recompensas. ¡Felicitaciones!
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Aran el Mar Mayo 15, 2018 5:44 pm

Oyó por detrás suyo el movimiento de sus aliados, cosa que lo alteró al no poder ser testigo de lo que ocurría exactamente, teniendo la vista fija hacia delante. Mulitia, sin embargo, le otorgó un gran alivio al sanar sus heridas, cosa que agradeció con la más sincera de las sonrisas. Estuvo a punto de responder, sin nunca quitar su vista de enfrente, siendo interrumpido por lo que parecía ser el inicio de un combate. Habían logrado abrir la puerta, lo que era lo más importante, pues si se quedaban estancados allí verdaderamente no tendrían ninguna escapatoria. Aran se vio terriblemente incitado a girar la cabeza y mirar lo que ocurría al escuchar un grito, más que nada porque en lo que fue aquel breve intercambio ningún emergido se atrevió a seguirlo por su lado y así desafiarlo cara a cara. ¿Se habrían amedrentado de él? Pocas eran las razones considerando su suerte en el combate, sintiéndose más inclinado a creer que la inteligencia de ellos era suficiente como para no perseguirlo en base a provocaciones. Es más, las voces que oyó, el tronar de pies que trotaban le daban la impresión de que ellos empezaban a huir. No podía creerlo, y por eso mismo por fin se dio la media vuelta y apresuró el paso para llegar hasta donde estaba la jinete con su gran bestia, más adelante el joven mago. Frente a este último yacía el cadáver inerte de un emergido, del cual cerca se encontraba un libro.

- N-no nos confiemos. Pueden volver. -dijo Aran, sorprendido al ver cómo se habían desarrollado los hechos. No creía que una retirada enemiga fuera cierta, pero eso podía deducir de lo que había pasado. Era sorprendente, y por eso no atinaba a calmarse aún, respirando de la sorpresa y la prisa.- ¿Nadie... nadie más salió herido? Mulitia, fíjate si los han herido, p-por favor. -miró a los ojos a la clériga para pronto volver su vista a la puerta abierta y al cadáver, tragando saliva mientras se acercaba a él. Detestaba lidiar con los restos que dejaban, pero eso no lo detuvo de girar con su pie el cuerpo del caído para revisarlo. Volvió entonces una vez más los ojos a aquel libro, interesado por si eran los escritos que tanto deseaban obtener los reclutadores. Lo recogió con la mano libre y con algo de duda, pero no fue ningún problema adivinar que no se trataba de lo que ellos querían, porque Aran supo adivinar que se trataba de algo mágico. Mulitia portaba libros así y los había visto bastante de cerca como para saber diferenciarlos de los textos normales, incluso si a ambos no sabía comprenderlos. Volvió sobre sus pasos solamente para acercarse al mago, cuyo nombre estuvo a punto de no recordar. Tuvo que darse unos segundos para ello, y un par más para tener el valor de interrumpirlo.- Oye... puedes quedártelo. Parece valioso. -pudo habérselo ofrecido a Mulitia, pero no sabía si ella lo querría en realidad. Además, era un pago por haber devuelto su confianza en la medida necesaria. El soldado sonrió al entregárselo, aunque sin esperar a que le devolviera el gesto, pues partió de vuelta a revisar la escena del combate una vez más.

Aran entonces vio lo que parecían unos papeles sueltos por el piso. Se acercó y se preocupó de reunirlos, aunque sin saber el orden, y juntarlos de manera que no se arrugaran. Entonces, en verdad eran ilegibles, y no porque el soldado no pudiera manejarse bien en la lectura del lenguaje común. Eran símbolos que jamas había visto en su vida, y que seguramente jamás sería capaz de digerir. Se encogió de hombros y volvió con ellos donde los demás estaban, asegurándose una última vez de que los emergidos no estuvieran planeando detrás de ellos una emboscada. Cuando volvió a estar junto con sus compañeros, levantó los papeles por encima de su cabeza y los agitó una sola vez.

- Estos son. Los entregaremos, y repartiremos la recompensa. -aunque intentara sonar calmado, los dedos de Aran temblaban ligeramente tras todo lo que había sucedido, y sin duda, debajo de aquella armadura, había sudado frío de comienzo a fin. Se le veía cansado y alerta al mismo tiempo, sin poder relajarse, aún temiendo que les hubieran cerrado las salidas al exterior y no les permitieran huir. Mirando al suelo y siendo por fin consumido por el agotamiento, sus signos de cansancio y alteración fueron claros.- Hrist, ¿Te conformas solo ...con el oro como recompensa? -preguntó el ahora debilitado soldado con un hilo de voz, pero ojos serios. Había dado aquello al mago, por lo que no sabía si ella desearía una parte aún mayor. Aran recordaba de ella su nombre aunque apenas hubieran hablado, nunca atendiendo que no había dado el propio en ningún momento.

En último lugar, al desviar la mirada de la mercenaria, Aran logró notar más allá un par de armas abandonadas, su propia lanza de bronce y una daga que había dejado caer uno de sus enemigos. Se acercó con cierta dilación, recogiendo ambos filos mientras cuidaba las esquinas de las habitaciones, y sin nunca perder de vista al grupo que lo acompañaba.


Última edición por Aran el Vie Mayo 25, 2018 4:04 pm, editado 1 vez (Razón : Recogida la lanza de bronce y la daga de acero del emergido que la soltó)
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Roquentin el Dom Mayo 20, 2018 11:11 am

Tras mi rápido ataque la jinete que me acompaña me adelanta con un potente salto de su montura que me causa un profundo sobresalto, sin embargo el ser conocedor de que este ajetreo iba en mi beneficio evitó que mi enfado aumentase debido a esto. Lo bueno de ser "frágil" es que sin preguntarlo tus compañeros pondrán su pellejo para ser atacados en tu lugar mientras atacas tranquilamente desde la retaguardia, en el fondo dominar la magia era una bendición dada mi personalidad habitual.

Sin embargo ahora mi actitud es totalmente diferente, no sé si era a causa de alguna droga que consumí durante la noche anterior que está actuando con efecto retardado, pero tras este último ataque al emergido me encuentro totalmente desatado, seguramente la excitación que me provoca el fragor de la batalla contribuya a esto; una actividad que siempre había percibido como bárbara e irónica se estaba convirtiendo poco a poco en mi modo de vida y cada vez que notaba como mis habilidades mejoraban me llenaba de inmenso placer.

Mi compañera antes de atacar me da a conocer que hay más emergidos tras este, ¡perfecto! ¡Más sacos contra los que lanzar mis hechizos! El grito de dolor que lanza el emergido que ataqué hacía escasos segundos aumenta mis ganas, que sin embargo no logran exteriorizarse tanto como puede pensarse, ya que solo hago un ligero ademán de sonreír, que sin embargo para una persona observadora y buena conocedora de mi persona le bastaría para darse cuenta de mis verdaderos sentimientos, aun así mi secreto no sale a la luz, ya que la gente normal es estúpida y no se fija en esos detalles y no tengo a nadie que pueda conocerme lo suficiente como para desvelarlo porque no tengo amigos.

Al grito del emergido desplomado le sigue otro y tras este se percibe un gran ajetreo en la habitación, parece una huida, sin embargo no soy capaz de confirmarlo porque tengo a un bicho gigante tapándome el campo de visión, el ansia me puede mientras me desespero por lo que tomo medidas drásticas y me subo bruscamente al ala del wyvern para comprobarlo con mis ojos: desde allí puedo comprobar como los emergidos salen por patas, hago el amago de apuntar pero vacilando el último emergido escapa de mi rango de visión. Al salir de mi ensimismamiento, consciente de lo violenta que podía resultar la situación para mi compañera me bajo y saco fuerzas para pedirle disculpas (lo cual era inaudito): -Lo siento... El wyvern me tapaba y quería ver si estaban huyendo de verdad.- dije con el tono neutro y apático que me caracterizaba, tampoco es que estuviese arrepentido, a fin de cuentas no era mi culpa que el bicho monopolizase mi campo de visión, pero quería evitar que el conflicto escalase.

Aparece nuestro "jefe" que también parece haber llegado a la misma conclusión que yo debido al ruido y registra el cadáver que hemos dejado la jinete y yo, de este saca un tomo que parece de magia eléctrica, decide dármelo al comprobar su interior y yo decido aceptarlo de buen gusto, a fin de cuentas me lo he ganado, yo he sido, junto a la chica del wyvern quien ha derrotado a ese emergido, y como ella no podía usar la magia por descarte me pertenecía a mí. Ahora solo queda que me den el gold sano que he generado y podré largarme de este país bien aprovisionado de alcohol para el viaje.

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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Hrist el Vie Mayo 25, 2018 6:37 pm

El golpe dio en el blanco, y el emergido con capucha cayó inerte al suelo. Igual que en la anterior ocasión junto a Mulitia.

-Bien hecho, Logi.

La frase de Hrist quedó ahogada por el grito de agonía del emergido. Pero aún quedaba otro en pie, uno con ropajes más cuidados y con una sarta de papelajos en las manos, que miraba con aires de saber lo que hacía.

-Hay otro emergido junto a éste.

Y de repente, todo sucedió tan rápido que la mercenaria se descolocó por unos instantes. Tras indicarle al Señor Mago que había aún otro más, Hrist giró la cabeza hacia él, mirándolo a través de la visera del casco, esperando sus indicaciones. Y entonces lo vio. Estaba… ¿sonriendo? ¿Aquello era una sonrisa? No, más bien media sonrisa… No, un cuarto de sonrisa. Una tentativa inacabada de contracción de ciertos músculos de la cara. Una expresión facial críptica. Sin saber qué pensar de ello, dio gracias de llevar el casco con la visera bajada. Viendo lo poco hablador que era el joven, y esa especie de desagrado por la interacción social, temía que se tomase mal que se lo quedase mirando, ni que fuese por intentar entender qué se le pasaba por la cabeza.
El rugido triunfal de Logi la devolvió a la realidad, y el bramido despavorido del emergido que quedaba, le hicieron prestar atención de nuevo a lo que tenía delante.

-¡Está huyendo! –los emergidos se batían en retirada, pero quizás aún podían alcanzar a algún rezagado. -¿Qué hacem…?

Hrist se calló de repente, al unísono con Logi, que todavía con su bocaza llena de dientes afilados giró en seco la cabeza para mirar al mismo lugar que ella: su ala derecha. El Señor Mago había trepado por ésta y estaba asomado cuál joven aldeano contemplando una pelea del Festival de la Cosecha, apuntando y listo para tacar de nuevo. Hrist lo miraba con los ojos como platos, sin saber qué hacer, pero Logi no se quedaba atrás. Con la postura petrificada en el instante justo, observaba al muchacho del sombrero. Segundos después, sus ojos se fueron a lo más goloso de su gallarda estampa: el sombrero verde con pluma roja. Hrist se temía lo peor. Disimuladamente, tensó las riendas, dejándole claro al wyvern que NO. EL SOMBRERO NO (y el muchacho entero, tampoco). Decidió aprovecharse de la bendición que suponía llevar el rostro oculto, y esperó en silencio su reacción, como si esperase órdenes. El Señor Mago bajó de la parra, aparentemente. Bajó del ala de Logi, y musitó una especie de “Lo siento… El wyvern me tapaba y quería ver si estaban huyendo de verdad”.
Por Grima y sus ocho velos tupidos, Don Resaca la había honrado por segunda vez con su apática e indiferente voz. Una “diculpa” para quedar bien. Para no meterse en líos. Si quería ver, hubiese bastado con decirlo, Hrist habría hecho que Logi se apartase o que levantase el ala. Pero no.  

-Descuida. –Dijo escuetamente, para zanjar el asunto. –No pasa nada.

Si hubiese tenido ganas de pelea sí que hubiese pasado algo. Pero no era el lugar ni el momento. Ni tampoco valía la pena. No iba a complicarse la vida por algo así. En esos momentos, apareció el Jefe. Puesto que empezó a revisar los restos de la batalla, y le pidió a Mulitia que revisase sus posibles heridas, Hrist dedujo que no pensaba perseguir al resto de emergidos que huían. Desmontó a Logi, y se quitó por fin el casco. Se atusó un poco el pelo y el flequillo, despeinados por el casco, soltando un bufido para aliviar tensiones. A menos que el Jefe y Mulitia hubiesen hecho limpieza de emergidos allá abajo, algo le decía que el botín iba a ser algo decepcionante. Y de hecho, parecía que lo único de valor que había allí era el tomo de magia que había soltado el último emergido. Tomo de magia que el Jefe decidió adjudicar al Señor Mago.

-No creo que vuelvan. –espetó algo tibante, mientras le acariciaba el morro a Logi, reprimiendo el disgusto que le subía por el estómago al ver venir que las posibilidades de un buen botín se esfumaban. Tenía que calmarse. –Logi se ha quedado con sus caras. –Masculló casi gruñendo, en tono prácticamente inaudible, los ojos entornados y contando mentalmente hasta diez, de espaldas al resto. Tenía. Que. Calmarse.

Se apoyó en Logi, de brazos cruzados. A veces las cosas no salían siempre a gusto de todos, y Hrist era muy consciente de ello. Pero eso no quería decir que lo aceptase con alegría. No iba a montar el numerito por ello, pero bastante hacía ya no poniendo mala cara. Sólo le quedaba esperar que por lo menos el pago en dinero lo valiese. “No te hagas mala sangre, no todo sale siempre a pedir de boca”, se repitió mentalmente.
El ruidito de los crujidos de unos papelajos la sacó de sus pensamientos. La voz del Jefe volvió a sonar. Había dado con los papeles que buscaba. Si no fuese porque no lo tenía exactamente al lado, se plantearía la posibilidad de que el crujido de los papeles fuese causado porque le temblaban los brazos, y no por el vaivén de moverlos en el aire. El chico de cabellos verdes se le acercó, mirando al suelo. Hrist lo examinó de nuevo, de arriba abajo. Se le veía cansado, e incluso algo nervioso, si es que el hilo de voz con el que le preguntó si se conformaba sólo con el oro de la recompensa era señal alguna. Le aguantó la mirada unos instantes, fijándose fugazmente en los papeles y en el mago con su flamante tomo de magia.

-Claro… –le respondió con tono grave, si bien algo más sereno y contenido, y con mayor control sobre lo que su rostro transmitía. -… Jefe.

Recalcó las dos únicas sílabas de la última palabra, casi arrastrándolas. Seguía sin saber el nombre de su empleador. Ni el suyo ni el de Don Resaca, pero éste último tampoco es que pudiese necesitarlo mucho, con llamar a la gente “tú” le bastaba y le sobraba. Aunque por lo menos el Jefe parecía acordarse de llamarla por su nombre. Definitivamente, el buen recuerdo de la misión era Mulitia. Elegante y refinada, amable y educada con los desconocidos, aunque saltase a la vista que procedían de un estatus social muy probablemente por debajo del suyo.

-Bueno, Logi… Supongo que no ha ido del todo mal. ¿Cómo lo ves, pitufo?

El wyvern respondió con un largo bufido. Hrist cogió las riendas y esperó a que el Jefe dijese de retirarse y seguirle a donde fuese que hubiese que ir.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Mulitia el Vie Jun 08, 2018 11:08 am

El soldado no había recibido heridas muy graves por suerte para el, los emergidos podrían haber atacado con mucha mas rudeza, pero parecía que realmente los habían pillado por sorpresa, como si no se esperaran un ataque...¿Es que acaso los emergidos tenían días libres? ¿Socializaban en los castillos y dejaban de matar gente para descansar? Sin duda esas preguntas rondaban su mente al ver como parecía que se retiraban sin mas, después de haber recibido un ataque tan repentino para ellos,la joven agradecía a Santa Elimine que así fuera, que los hubieran pillado en su hora del té en vez de en la hora de las tortas. Lo que si podía ver en Aran es que parecía realmente cansado y que además estaba sorprendido porque los emergidos decidieran batirse en retirada, si que era algo extraño que nunca antes había visto en estos seres, pero ya había visto que aquellos seres sabían sobre estrategia...que cada vez aprendían mas, por lo que quizás también habrían aprendido que una retirada a tiempo les permitiría después dar un golpe mucho mas fuerte, o esa era la teoría que tenia la joven cleriga.

-Si se baten en retirada debe ser por alguna razón en especifico, estos seres nunca hacen nada por cobardía, seguramente volverán y en mayor numero...lo mejor será llevarnos todo lo que sea de valor e irnos cuanto antes. Desde luego era lo que mejor se le ocurría, no le daba buena espina que los emergidos hicieran eso, por eso aun no se sentía tranquila del todo. Al escuchar al peliverde asintió con suavidad bajando de su yegua para dejarla un poco libre, después de todo debía sentirse algo agobiada de tener que estar metida en una mansión. La joven se fue acercando entonces hacia el mago y la jinete de wyvern, pero mientras caminaba hacia ellos sintió el tintineo de algo por el suelo, había dado una patada algo mientras caminaba, se fijo entonces en que parecía ser una llave por lo que se inclino para recogerla. -Mmm, que curioso, esto debe traer suerte, me lo llevaré como recuerdo de estas mansiones. Le parecía una llave muy bonita, dorada y ornamentada por lo que se la guardo como su parte del botín. Después de guardarse aquella llave se acerco por fin hasta los dos, el mago era fácil hacerle un reconocimiento a primera vista, fijándose en todo su cuerpo y como no llevaba armadura podía verse que no sangraba por ninguna parte y que sus movimientos eran fluidos, por lo que no se había lesionado. Con Hrist era algo mas difícil, debía examinar no solo a ella, sino también al wyvern que la acompañaba, intento no acercarse demasiado para no importunar al wyvern, haciendo un reconocimiento a primera vista, parecía que no había recibido ningún daño tampoco, pero con su jinete tenía que esmerarse algo mas. -Hrist, te sientes mal? No he visto que te hayan herido pero siempre hay que asegurarse.

Habían conseguido lo mas importante, los papeles que ahora tenía Aran en mano, no sabía si estaban autorizados a leerlos pero ella se acerco a ver si podía sacar algo en claro de aquellos papeles ya que parecían ser algo importante, algo por lo que pagaban tanto...debía ser algo que revolucionara la forma de pensar que tenían de los emergidos, por eso sentía gran curiosidad por ello. -Mmm yo creo que deberíamos irnos ya, podríamos descansar en alguna taberna cercana y celebrar nuestra victoria.
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Cargo :
Sacerdotiza

Autoridad :

Inventario :
baculo de mend [3]
concoction [6]
baculo de heal [2]
Tomo de Trueno [1]
Llave de Puerta [1]
Báculo de Heal [2]

Support :
Xander
Aran
Erk

Especialización :

Experiencia :

Gold :
831


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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Eliwood el Dom Jun 10, 2018 5:47 pm

Tema cerrado. 140G a cada participante + 40G adicionales a Aran y Mulitia por su nivel de support, + 90G adicionales a Mulitia gracias a pagos eclesiásticos.

Aran ha utilizado una Llave de Puerta.
Mulitia ha utilizado una Llave de Puerta.
Aran ha gastado un uso de su lanza de bronce.
Roquentin ha gastado un uso de su tomo de Viento.
Hrist ha gastado un uso de su hacha larga de bronce.
Mulitia ha gastado un uso de su tomo de Trueno.
Mulitia ha obtenido Llave de puerta [1].
Aran ha obtenido Dagas de bronce [2] y Lanza de bronce [2].
Roquentin ha utilizado una Llave de Puerta.
Roquentin ha obtenido un Tomo de Bolting [2] (nivel: acero).

Todos obtienen +4 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Mulitia obtiene un nuevo skill de la rama Saint:

Bendición - Confiere al clérigo el más profundo entendimiento de lo espiritual, volviéndole capaz de interpretar un Pergamino Mítico y crear un arma legendaria al usar su propia energía para bendecirla. Para crear el arma, el clérigo necesita del Pergamino, el arma base y el material con que se encantará el arma. (El proceso, ritual o método es a elección del usuario.)

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3247


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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Narrador el Sáb Ago 25, 2018 2:52 pm

Documentos hallados entre las pertenencias del estratega emergido:



Support :
None.

Experiencia :

Gold :
4289


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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

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