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[Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

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[Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Narrador3 el Mar Oct 17, 2017 7:58 pm

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Una de las muchas mansiones abandonadas desde la primera oleada de emergidos parece estar ocupada otra vez. Aunque en un estado de daño avanzado, careciendo de muchas de sus paredes hacia el exterior, se ha visto llegar a ese sitio a un gran grupo de emergidos con banderas de la misma Begnion: un sólo emergido de rostro cubierto por una capucha, y todos los demás siempre formados a su alrededor como una gran cantidad de guardaespaldas. Pasan los días y tal parece que se han asentado allí para quedarse un tiempo.

[El equipo puede tomarse 1 ó 2 turnos completos de rolear a sus anchas para ingresar al área mostrada.
El plazo para el post de cada jugador es de 14 días desde el último post en el tema, que en caso de no cumplirse conllevará a saltarse su turno o retirarle de misión según el caso.]
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Aran el Jue Oct 19, 2017 9:44 pm

Un día nublado opacaba los ya agrios colores del Puerto sin nombre, en Begnion, lugar en que el soldado se preparaba para partir a un edificio abandonado a afueras de la ciudad, portando lanza y armadura, preparado para el combate. Había acabado en aquel asunto por impulso propio,  quizás con un exceso de confianza en sus propias habilidades. Cuando en un principio su objetivo en Begnion había sido solamente ir a reencontrarse con sus familiares, a quienes había abandonado sin dar explicación suficiente, halló el reino devoto a Ashera en una situación preocupante. Más emergidos lo habitaban que en el pasado, y ganaban poder con el paso de los días. No sabía si sus padres y hermanos estaban bien, ya que no tuvo la oportunidad de encontrarse con ellos antes de hallar la noticia, aquella que llamaba a reecuperar algo de aquellos monstruos, textos, para ser exactos, y traerlo de vuelta como una recompensa. Aran no podía descansar sabiendo que aquellas criaturas rondaban lo que había sido su hogar, por lo que poco o nada le interesaba lo que pudieran pagarle, como si en primer lugar él fuera un miserable mercenario. Tan solo quería hacer valer su presencia ahora que podía, como jamás había tenido la oportunidad en el ejército antes de abandonarlo.

Tuvo, eso sí que lidiar con un inmenso temor y culpa al saber que el mismo ejército de Begnion era el que suscitaba estas misiones. Dudó mucho tiempo si en verdad prestaría su arma o no, pensando en que aún reservaban un castigo para él tras su vergonzosa deserción. Pero llegó el día en que reunió todo el valor posible y se presentó con un nombre falso ante ellos, confiando en que no lo descubrieran. Grande fue su sorpresa al encontrar que no eran quienes conocía los que guardaban el puesto del puerto, y al presentarse, terminaron tratándolo como un simple cazarrecompensas, por lo que no indagaron en su identidad más de lo necesario. Fue demasiado fácil, se podía ver que el reino se encontraba en un estado de desesperación.

Si contaba con la ayuda de otras personas, pensaba que su objetivo sería posible, pues trabajar en equipo era de todas formas la mejor manera en que funcionaba. Aran partiría al lugar indicado ese mismo día en que lo había acordado. Sin embargo, se preocupaba de que si la clériga que había llamado acudiría al lugar a tiempo, y sino, si es que sería capaz de seguirles el rastro con facilidad. Por suerte la mansión a la que se dirigirían no estaba lejos, Aran nunca había abandonado el Puerto sin nombre por eso mismo. De todas formas apenas comenzaba la mañana, y tenía hasta el atardecer para esperarla a ella. Mientras, podía ocupar su tiempo para conocer a sus compañeros. Les había pedido a todo quien quisiera acompañarlo que se reunieran en la esquina de un camino, que daba para la salida y al mismo tiempo al desembarco de los navíos. Aún no sabía quién podía ofrecerse, y qué caras encontraría, pero confiaba en que su aviso en la taberna no pasaría desapercibido por ojos curiosos.

Había pedido al tabernero que lo colgara en la entrada por una pequeña suma de oro. Era un llamado a todo viajero que le acompañaba, e indicaba el día, la hora y lugar exacto del encuentro, alegando que la recompensa sería la que les diera el ejército por los escritos. Entonces, por supuesto, temía que al final quienes acaba encontrando serían criminales capaces de traicionarlo, pero si sucedía que encontraba personas de esa naturaleza, las rechazaría inmediatamente, por su bien y por el de Mulitia. A ella había dicho que ya había encontrado a compañeros, pero lo cierto es que todos esos días se habían hecho esperar. Seguía esperando paciente, confiando en que aún tenía tiempo.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Roquentin el Vie Oct 20, 2017 10:27 pm

Me marea el movimiento del barco. Tras mi breve paso por las Islas de Durban me he montado a un barco que he pagado religiosamente, ¡qué bien sienta tener un poco de dinero!  Además de que este barco paraba en el Reino de Begnion, ¿para qué quería ir yo a Begnion? Además de estar en una situación delicada, cualquiera podría decir que no hay nada en el país que atraiga a alguien como yo, y razón tenía; pero en un momento donde me apetecía visitar otro continente el que mi barco parase por Begnion lo veía una oportunidad para visitar Tellius; además a esta oportunidad le di un carácter "superior, una especie de velo determinista que me obligaba moralmente a ir.

Ahora que pienso esto en frío me doy cuenta que no son más que tonterías, pero me imagino que el visitar otro país puede darte inspiraciones o abrirte nuevos horizontes que anteriormente ni sabías que existías, además de sus variopintos paisajes que debido a su enorme extensión podrían encontrarse frecuentemente vacíos, lugares donde ser más consciente de ti mismo e inspirarte. ¡Y no como en este maldito barco! He intentado leer durante el trayecto, pero debido al agitado movimiento de este solo conseguiría que me doliese la cabeza, por suerte la distancia se reduce progresivamente hasta que por fin el barco atraca en el puerto.

Bajo y pongo pies en tierra firme, intento caminar pero rápidamente me desequilibro, con gran vergüenza me paro y espero a que mi cuerpo se acostumbre a volver a pisar tierra firme. Tras recomponerme, inicio mi marcha hacia la taberna más cercana, llevo varios días sin beber, ¡hasta yo me sorprendo de esta hazaña! Pero no puedo más, además compraré excedente para estar aprovisionado durante el viaje de vuelta (aunque no creo que el mar y el alcohol se lleven bien...). Entro al bar y sin saludar pido el vino más fuerte que tengan, lo malo de un trago recuperando la vitalidad que me concede, pido otro trago, y otro, y otro...

Unos golpes de escoba me despiertan, ¿dónde estoy? ¿Una taberna? Mis recuerdos aparecen borrosos, me despierto asolado por un fuerte dolor de cabeza, sed... Esto es diferente a La Náusea que sufro habitualmente, creo que la gente lo llama resaca, es horrible. Con nerviosismo compruebo mi monedero... Está vacío. Ni una triste moneda, me parece que me quedo sin retiro espiritual. Le pido al tabernero, fuertemente avergonzado (aunque por suerte desconozco lo que pude hacer ayer), un vaso de agua, así hasta seis veces y, con todavía más vergüenza le pregunto por un trabajo para ganar dinero, me señala un tablón de anuncios donde reclutan gente para una misión ese mismo día y la hora de encuentro sería en breves. Me disculpo y le agradezco la hospitalidad, me mira frunciendo el ceño y me despide. Espero no volver a verle, yo no seré capaz de ello.

Mientras me dirijo al punto de encuentro no puedo evitar pensar en la posibilidad de que el anunciante entrase en plena efervescencia de mi ebriedad, la mera idea de esto asola mis ánimos y acrecienta mi mareo, si bien no me importa aparecer ebrio ante la gente (suelo hacerlo), es la primera vez que pierdo totalmente el control y no sé que demonios ha podido ocurrir. Empero, necesito el dinero y no quiero quedarme más en este país, no me gusta (además tampoco tengo alcohol).

En el punto de encuentro veo a un chico de pelo verde, y bastante apuesto todo sea dicho, que parece estar esperando, deduzco que es el chico del anuncio, me acerco a él con paso indecidido intentando controlar mis sentimientos. -Hola... ¿Eres tú quién colgó un anuncio en la taberna buscando gente? Bueno... aquí me tienes, mi nombre es Roquentin y soy mago, o lo intento jejeje.- añado este último comentario con una risa forzada para parecer más abierto. Ha sido un tremendo error. Venir a este maldito país ha sido un maldito error.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Mulitia el Dom Oct 29, 2017 4:33 pm

Había recibido la urgente carta de Aran la cual le contaba que necesitaba su ayuda, su ducado, ya algo mas en orden, podría esperarla...gracias a la ayuda del gobierno de Etruria pudo lograr una rápida recuperación de todo el daño que sus padres habían realizado en el. Con todo en orden, la joven de largos cabellos anaranjados no dudo en viajar a Begnion, dejando a cargo del ducado a personas competentes del gobierno, personas que la habían ayudado a traer de vuelta la gloria de Fenn. Ahora la persona a la que mas quería requería su ayuda y no iba a dudar en ir, como el no había dudado en ayudarla después de todo lo que habían vivido en Etruria. Se monto en el primer barco que encontró, en el mas rápido que hubiera para llegar cuanto antes a Begnion. No era la primera vez que viajaba, de hecho había vivido muchas aventuras ya, había viajado mucho, buscando aliados y ayudando a todos aquellos que lo necesitaban.

Su viaje no fue muy largo y no estuvo incomoda en todo momento, solo se mostraba bastante preocupada...después de todo el peliverde tampoco le había explicado demasiado sobre lo ocurrido, tampoco sabía si estaba bien...y había todo un mar que los alejaba, desde su partida había estado pensando en eso, en como se había alejado tanto de ella, aun así ella dejo que lo hiciera, era libre después de todo, era su hogar y no podía mantenerlo siempre en Etruria con ella, el debía viajar también, como ella lo había hecho en su día. Poco a poco, su barco fue llegando a puerto, era el mismo puerto en el que ambos se habían conocido por primera vez, sabía muy bien que las personas de Elibe en su día no es que fueran muy bien tratados en Begnion, aun así, Aran la invito, la ayudo...sin tener porque lo hizo sin dudarlo y ahí es donde vio su gran corazón por primera vez.

Al bajar la pasarela, la joven pudo ver aquel puerto, había cambiado un poco, sobretodo en las personas, no había tantos civiles como otras veces, había también algunos mas soldados, sin embargo, no parecían vigilar por las personas...sino mas bien buscaban emergidos, aquello era lo que había ocurrido después de que Begnion hubiera dejado de ser un lugar libre, de como los emergidos habían vuelto allí . La joven había viajado con su fiel montura, con su amiga, Purpurina. Una vez en tierra pudo montarla y empezar a dirigirse al punto de encuentro, no era muy buena con las direcciones, sobretodo en un lugar en el que había estado muy poco tiempo, pero llego, pudo ver entonces a aquel chico...el soldado al que quería, allí estaba después de haberse separado tras un tiempo, estaba acompañado...no conocía a aquel chico pero no le importaba. Purpurina empezó a correr hacia ambos chicos y cuando llego freno en seco y la joven cleriga se lanzo a los brazos del soldado, abrazándolo con fuerza muy alegre. -Aran!! Empezó a reír tras hacer aquella locura pero después se puso algo mas seria mirándolo a los ojos. -Ya estoy aquí para protegeros. La joven asintió y se separó un poco para mirar al otro joven sonrojada y rascándose la nuca. -Perdón, llevo un tiempo sin verlo, espero que me disculpes, mi nombre es Mulitia Fenn, provengo de Etruria, encantada de que estes aquí para ayudarnos. Hizo una leve reverencia, tal cual las hacían los nobles.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Hrist el Lun Oct 30, 2017 8:29 pm

Hrist no apreciaba mucho el noble hábito de madrugar. Definitivamente, no. ¿Era útil? Sí, no lo negaba. ¿Disfrutaba con ello? Hahahaha, eso sí que era un buen chiste… Si de ella dependía, se hacía todo lo posible por remolonear en la cama, como una niña pequeña que tiene el día de descanso en casa, hecha una bolita entre las sábanas. Pero sus padres habían cometido el imperdonable error de inculcarle un sólido sentido de la disciplina, con lo cual se levantaba a horas intempestivas si ello le reportaba algún beneficio, movida por una vocecita que resonaba en su cabeza, y que le recordaba que era hora de arrastrase fuera del catre y de hacer algo productivo. Y si no era la vocecita (que a veces sonaba como mamá, a veces como papá), pues eran los dulces chillidos de Logi, estridentes como el grito de una gaviota, y con la misma suavidad que las cuerdas de un violín desafinado.
Así que aquella mañana, la joven nohria se incorporó en la cama, en la habitación de una posada cerca del Puerto sin nombre. Con los ojos aún adormecidos, y con muy pocas ganas de asomar los pies fuera de la colcha, miró hacia la ventana. Ya había salido el sol, y los gallos hacía rato que habían dado sus serenatas, pero todavía contaba como “levantarse muy pronto”, pues al wyvern aún no debía de acuciarle el aburrimiento de esperarla en su habitáculo, cerca de un par de semejantes, monturas de otros huéspedes. Se vistió, se lavó la cara, desenredó su larga melena para luego recogerla en su coleta baja y holgada, y bajó a desayunar algo.

Tras llenar el estómago y acabar de despertarse, oyó a un par de clientes hablar de algo que parecía ser un posible trabajo. Aguzó el oído. Algo de un mensaje colgado en una taberna cercana, y que pagaban por ello. Si era cierto, merecía la pena ir a husmear ese mensaje. Lo mismo le interesaba.
Así que salió de la posada, y fue a buscar a Logi para darle su desayuno.

-¡Buenos días, camastrón! –saludó al animal, que en ese momento bostezaba lentamente. -¿Has dormido bien? –le preguntó. El animal alzó la mirada, escuchándola atentamente, y respondiendo con un alegre bufido. –Toma, que seguro que a estas horas ya tienes hambre. –Le dio sus raciones correspondientes. -Vamos a dar una vuelta, que he oído cositas interesantes.

Le ató la silla de montar, el peto protector, y le puso las riendas. Una vez listo, con el poco equipaje que solía llevar bien colocado, salió en busca de la taberna de marras. Con el animal siguiéndola detrás, se sentía como una jovencita paseando un perro pasado de talla entre el gentío.
Ser una chica alta le había dado quebraderos de cabeza en más de una ocasión, pero esta vez era una ventaja: podía ver por encima de la mayoría de la gente, le bastaba con ponerse un poco de puntillas incluso para tener mejor panorámica, sin necesidad de subirse al wyvern. Dio un par de vueltas antes de localizar la susodicha taberna. Justo a la entrada había un papelito donde había algo escrito. Sí, debía de ser ése el trabajo al que se referían.
Alguien pedía acompañantes para ir en busca de escritos de emergidos. El pago sería lo que el ejército ofreciese por ello.

-¿Qué te parece, Logi? –preguntó retóricamente a su compañero, que en ese momento se rascaba un poco el cuello, distraído, mirando unas gaviotas que los sobrevolaban. –Tiene buena pinta. Aún estamos a tiempo. –En teoría, tenían que ser más de uno, con lo cual deberían de poder manejar decentemente la situación ante unos cuantos emergidos. –¡Decidido! ¡Vamos a buscar el sitio de reunión!

De nuevo, un par de rodeos para dar con el punto de encuentro. Dedujo que debía ser la esquina donde estaban parados un joven de cabellos verdes con armadura, otro joven con sombrero, y una chica pelirroja con un caballo al lado. La mercenaria se acercó con calma y tranquilidad. Por si las moscas, tendría bien sujetas las riendas de Logi. Si el caballo se asustaba con la presencia del wyvern, éste podía emitir algún gruñido amenazador que acabase de aguar la fiesta. Y no quería espantar a un posible empleador.
Pero por más tranquilamente que caminase, las pisadas de su montura retumbaban y resonaban en los alrededores. Quizás era el material del suelo, o la acústica del lugar. Quién sabe. Sólo esperaba que el leve temblor que producían sus pisadas no causase excesivo recelo en los tres individuos allí congregados.

-Buenos días. –Saludó, con cautela, las riendas sujetas firmemente en la mano. -¿Alguno de ustedes es el que puso el anuncio en la taberna? –barrió con la mirada a los tres, esperando una confirmación. –Soy Hrist, mercenaria y jinete de wyvern. No se preocupen, mi compañero está bien adiestrado, se portará bien. –añadió con media sonrisa, pues había notado cómo las miradas de los tres desconocidos iban hacia la mole de músculo y escamas que era Logi, que había dejado caer su pesado trasero dracónico en el suelo, con un sonoro golpe, sentándose, y poniéndose cómodo detrás de ella. –Como iba diciendo –repitió, alzando un pelín la voz, lo suficiente para que desviasen su atención del wyvern hacia ella, y para que se notase que intentaba hablarles. -, estoy aquí por el anuncio que hay colgado en una taberna de por aquí cerca.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Aran el Mar Nov 07, 2017 3:32 pm

Aran era alguien muy paciente, demasiado quizás, considerando que por nada del mundo deseaba partir sin nadie que protegiera sus espaldas, siendo que no se consideraba a sí mismo alguien excepcional a la hora de combatir. Por eso se quedó allí, de pie, suponiendo que alguien lo notaría, aunque siempre sucediera todo lo contrario. Divagaba en sus pensamientos, temeroso y ansioso de lo que estaba por ocurrir, cuando  entonces notó que alguien se le acercaba. Era un sujeto de ropas ligeras, del que no sabría adivinar la edad, que se dirigió a él antes de que pudiera preguntarle qué planeaba. Fue una sorpresa, de todas formas, que admitiera que lo estaba buscando.- Je... -correspondió con una risa corta, intentando imitar sus ánimos, aunque siendo cauteloso.- Pues sí, soy yo. Eres el primero, espero que no el único. ¿Roquentin, no? Soy Aran. -se señaló entonces, para luego posar ambas manos en la lanza, que reposaba contra el suelo.- Aún nos queda tiempo antes de que se haga demasiado tarde, así que... a esperar...

No es que supiera tratar bien con desconocidos, mucho menos con quienes había llamado específicamente para que lo ayudaran. El soldado frunció el ceño un momento, terminando de evaluar al mago que se había presentado, acabando por adivinar que si no estaba borracho entonces, había bebido en exceso la noche anterior. Olía horrible, y con razón lo había tratado de forma risueña. Tardó en desvanecerse su mirada, pues ante todo lo que quería era gente hábil para luchar y que no fuera a traicionarlo, y si aquel podía sostenerse con sus dos pies, no tenía por qué echarlo de su vista. Así que se quedó esperando con él, mirando al mar, al puerto, e incluso a las bancas que daban de cara a este. Imaginaba a la clériga sentada en uno de ellos, igual que en su recuerdo... quizás esperando encontrarla allí mismo de nuevo. Y por tener fijada la vista hacia ese lugar, ignoró que por enfrente de él una presencia se acercaba hasta el último momento. Abrió la boca y los ojos, y por poco dejó caer la lanza, si no hubiera sido porque alcanzó a sujetarla con una mano antes de recibir a la joven, que saltaba directamente hacia él desde su yegua. La aguantó fácilmente, aunque por la sorpresa por poco cayó hacia atrás.

- ¡Mulitia! - exclamó, más sorprendido que cualquier otra cosa, por ese impresionante ataque sorpresa. - ¡Llegaste! Creí que no podrías... -sonrió, poniéndola de pie en el suelo, y acariciando sus hombros con dulzura. Rio ligeramente de pura alegría, contento solamente por tenerla junto a él, y poder ver ese rostro fijamente, el cual nunca había perdido la capacidad de hacerle sonrojar.

Habría querido disculparse, pero demasiada era la dicha, permitiéndole por un momento olvidar por que la había traído allí. Y no pudo evitar avergonzarse un poco al darse cuenta de que muchos ojos, incluidos los del mago, los habían visto, pero lo olvidó rápido considerando que se trataba de ella.- Él es Roquentin. Es el único que ha llegado hasta ahora, así que tendríamos que esperar un poco más. -le dijo, acercándose a Purpurina y acariciando su frente con fuerza. Sacó de su bolsillo una manzana pequeña y se la dio, distraído al no haberla visto por tanto tiempo. Confiaba en los caballos plenamente, más que en otras monturas, que siempre solían tener más desventajas que temer. Nunca hubiera imaginado que entonces tendría que tratar con algo completamente distinto, y totalmente extraño considerando la misión en que se encontraban.

Porque entonces sintió sus pies temblar, y su primera reacción fue quedar en blanco, sin adivinar qué podía ser hasta que miró a un lado suyo. Y allí un enorme wyvern avanzaba junto a una mujer, que de altura no tenía nada que envidiarle, cosa que inmediatamente llamó su atención. No porque pensara que podía ser un peligro, porque no parecía ser esa la intención en el rostro de la jinete, sino porque por un momento pensó que podía tratarse de una jinete wyvern de Daein, lo que corrigió inmediatamente no por la raza de su wyvern, sino porque la vestimenta que llevaba no tenía similitud alguna con la del país vecino. Parecía que se acercaba a ellos, por lo que probablemente era otra persona que había acudido a su llamado.

- Sí, fui yo. –respondió Aran, poniendo un pie al frente, aguantando el temor que le causaba tan tremendo reptil en frente suyo.- Bueno, Hrist… si eres una mercenaria, entonces estás en el lugar indicado… -era en verdad lo que había esperado ver desde un principio. Solo esperaba que la lealtad que tuviera fuera suficiente, aunque como siempre, detestaba a quienes vendían su compasión por oro. Pero igual que el mago, dejó su juicio residir en una simple mirada, para luego dar la media vuelta de cara al camino.- ¿Vas a volar? No es demasiado lejos. Vamos a un edificio abandonado, así que no sé qué tan útil pueda serte ir montada. Aunque ya te las arreglarás supongo. –miró a los demás, y asintió de manera corta.- Nos vamos. Espero que estén listos.

El camino principal era transitado por algunas cuantas personas, que traían consigo a sus animales y carretas, seguramente para refugiarlos dentro del puerto. Había una bifurcación algo más adelante, camino que tomó Aran al guiarlos. Allí la hierba silvestre abundaba, y alcanzaba a Aran hasta las rodillas, no poco siendo que él era bastante alto. Se notaba el descuido de aquella área, aunque si se agudizaba el ojo, podían notarse pisadas por entre la vegetación, varias, en la misma dirección en que ellos iban. Ya estaba cerca la mansión, pudiendo verse su techo por sobre la copa de los árboles, las tejas desprovistas de todo color. Estando allí, Aran le pidió a los demás mantenerse en su sitio mientras él se acercaba a espiar el lugar. El peliverde se agachó un poco y pegó a un tronco de un árbol, para así hurgar con la vista aquella construcción derrotada por el tiempo, buscando a los emergidos por entre los huecos que habían dejado las paredes caídas. Comenzó a contarlos, al menos todos los que podía ver, y una vez hubo vigilado el lugar, se acercó a sus compañeros.

 -  Rodeemos el lugar, y entremos por detrás. -señaló el sitio con un dedo, susurrando tranquilamente. Aran mantenía perfectamente la compostura entonces, quizás por saber que era él quien estaba cazando a sus enemigos en vez de ser sorprendido por los mismos. Además, estar acompañado le brindaba esperanzas para poder cumplir su misión sin sufrir mayor peligro, tan solo preocupándose de poder protegerlos, a todos y cada uno de ellos, incluso a quienes no conocía. - Intentemos tomarlos por sorpresa... -era algo difícil, considerando que traían monturas con ellos, pero la mansión era tan grande que podía dar abasto a todo lo que entrara, o al menos eso quería creer. Así que entonces avanzó, acercándose lo suficiente como para poder ingresar.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Roquentin el Sáb Nov 18, 2017 11:07 pm

Un poco después de presentarme ante el joven que se hacía llamar Aran, apareció una chica de cabellos castaños que se movía a gran velocidad subida a un caballo, poco antes de llegar hacia nosotros se lanzó a por el chico de cabellos verdes consumando un abrazo entre ambos, parece haber cierta complicidad entre ellos, incluso puede decirse que cariño. No es algo que me importe demasiado, pero no deja de ser una manera de mermar mis posibilidades de sobrevivir. ¿A quién protegería Aran en una situación crítica? Exactamente, a la chica, no a un mago asqueroso con resaca.

La chica se hace llamar Mulitia Fenn, tampoco me importa demasiado porque acabada la misión seguramente me olvide, y más en las condiciones en las que se encuentra en la cabeza, aunque entiendo que es cortesía y que debo responder... ¡Maldito peliverde! Antes de poder articular sonido ya ha hecho esa tarea, lo entiendo como una forma de asumir el mando pero me ha dejado con cara de tonto. Aun así, en pos de que la misión salga lo mejor posible, más vale callar para no general malos sentimientos entre los dos chicos y yo, lo que además pondría en peligro mi supervivencia. Solo espero que aparezca pronto otra persona más que sea desconocida a ambos, me encuentro totalmente fuera de lugar y estoy muy incómodo, un pequeño cosquilleo invade mi estómago, debo tener mucha cautela en todas mis interacciones así que lo mejor será no interaccionar; a fin de cuentas, no te puedes equivocar si no haces nada, ¿verdad?

Para cumplir este objetivo me aislo de la pareja sutilmente y  cojo mi tomo de magia mientras lo observo, ¿con qué objetivo? Con ninguno útil, pero así aparentaba estar ocupado para que exhortarles a que no me hablaran y evitar situaciones incómodas, aunque esta patética situación es bastante incómoda de por si. Un fuerte ruido acentúa el dolor que hay en mi cabeza, ¡qué pare ya! Guardo mi libro y observo la escena, es una joven de cabellos rubios que se acerca montada en un wyvern, agravador de mi dolor de cabeza. Tan solo espero que haya venido para unirse a la misión.

La chica se presenta preguntando por la misión, ¡perfecto! Aunque... A pesar de haber deseado que hubiese otra persona no saco fuerzas para presentarme yo también, el ruido que ha hecho aquella bestia me ha dejado sin fuerzas. Aran decide que emprendamos ya la marcha. Con la excusa de beber agua aprovecho para quedarme atrás  del grupo, saco una bota y me dispongo a beber, las frías gotas de agua recorren mi garganta y alivian parcialmente el intenso dolor de cabeza. Comienzo la marcha por detrás de Aran siguiendo sus pasos atentamente, pero manteniendo las distancias, la realidad es que no doy un aspecto demasiado fiable.

Llegamos a un descuidado paraje donde se alzaba una, en el pasado, ostentosa mansión. El líder de la misión, en un acto de heroico liderazgo se adelanta al grupo  y nos ordena a los demás a esperar en nuestras posiciones, esto me permite  observar con mayor precisión la mansión, siempre encuentro interesante  la disección de la realidad. La mansión gozaba el aspecto de una vieja gloria pasada que lucha por seguir teniendo un hueco en un mundo que la ha olvidado: tejas descoloridas, ventanas rotas, grietas... Todos estos elementos le conferían un aspecto patético.

Esta "epidemia" de mansiones abandonadas, según me había informado se debía al desalojo que los nobles habían hecho de estas debido al ataque emergido. Al relacionar esto con la información que poseía previamente se muestra ante mí una nueva realidad, el palacio con toda su degradación no era más que el reflejo de la sociedad, una sociedad podrida que mientras gente padece las más grandes penurias también se permite la construcción de lujosos palacios para satisfacer las retorcidas necesidades psicológicas de un sátrapa. Sin embargo, se mantenía en pie, a pesar de su asqueroso aspecto, evidente para todo el mundo se mantenía en pie, y se iba a mantener así hasta que algún iluminado decidiese destruirlo para embellecer el paisaje... O que en el peor de los casos alguien lo restaure para que vuelva a degradarse, entrando así en un tedioso círculo de acontecimientos. Los emergidos habían logrado algo loable, al menos, y era hacer esa putrefacción evidente a todo el mundo, ¿de verdad son tan malos?

Aran vuelve para reanudar el avance, ordena que entremos por detrás para realizar un ataque sorpresa. Le seguí con celeridad pero manteniendo el sigilo hasta que llegamos a la entrada. Allí me preparo para luchar, aunque evidentemente no tomo la iniciativa de entrar primero sino que me sitúo detrás del grupo, como mago debo tener cuidado de los ataques cuerpo a cuerpo a los que soy especialmente vulnerable.
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