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[Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

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[Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Invitado el Mar Oct 17, 2017 2:58 pm

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Una de las muchas mansiones abandonadas desde la primera oleada de emergidos parece estar ocupada otra vez. Aunque en un estado de daño avanzado, careciendo de muchas de sus paredes hacia el exterior, se ha visto llegar a ese sitio a un gran grupo de emergidos con banderas de la misma Begnion: un sólo emergido de rostro cubierto por una capucha, y todos los demás siempre formados a su alrededor como una gran cantidad de guardaespaldas. Pasan los días y tal parece que se han asentado allí para quedarse un tiempo.

[El equipo puede tomarse 1 ó 2 turnos completos de rolear a sus anchas para ingresar al área mostrada.
El plazo para el post de cada jugador es de 14 días desde el último post en el tema, que en caso de no cumplirse conllevará a saltarse su turno o retirarle de misión según el caso.]
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Aran el Jue Oct 19, 2017 4:44 pm

Un día nublado opacaba los ya agrios colores del Puerto sin nombre, en Begnion, lugar en que el soldado se preparaba para partir a un edificio abandonado a afueras de la ciudad, portando lanza y armadura, preparado para el combate. Había acabado en aquel asunto por impulso propio,  quizás con un exceso de confianza en sus propias habilidades. Cuando en un principio su objetivo en Begnion había sido solamente ir a reencontrarse con sus familiares, a quienes había abandonado sin dar explicación suficiente, halló el reino devoto a Ashera en una situación preocupante. Más emergidos lo habitaban que en el pasado, y ganaban poder con el paso de los días. No sabía si sus padres y hermanos estaban bien, ya que no tuvo la oportunidad de encontrarse con ellos antes de hallar la noticia, aquella que llamaba a reecuperar algo de aquellos monstruos, textos, para ser exactos, y traerlo de vuelta como una recompensa. Aran no podía descansar sabiendo que aquellas criaturas rondaban lo que había sido su hogar, por lo que poco o nada le interesaba lo que pudieran pagarle, como si en primer lugar él fuera un miserable mercenario. Tan solo quería hacer valer su presencia ahora que podía, como jamás había tenido la oportunidad en el ejército antes de abandonarlo.

Tuvo, eso sí que lidiar con un inmenso temor y culpa al saber que el mismo ejército de Begnion era el que suscitaba estas misiones. Dudó mucho tiempo si en verdad prestaría su arma o no, pensando en que aún reservaban un castigo para él tras su vergonzosa deserción. Pero llegó el día en que reunió todo el valor posible y se presentó con un nombre falso ante ellos, confiando en que no lo descubrieran. Grande fue su sorpresa al encontrar que no eran quienes conocía los que guardaban el puesto del puerto, y al presentarse, terminaron tratándolo como un simple cazarrecompensas, por lo que no indagaron en su identidad más de lo necesario. Fue demasiado fácil, se podía ver que el reino se encontraba en un estado de desesperación.

Si contaba con la ayuda de otras personas, pensaba que su objetivo sería posible, pues trabajar en equipo era de todas formas la mejor manera en que funcionaba. Aran partiría al lugar indicado ese mismo día en que lo había acordado. Sin embargo, se preocupaba de que si la clériga que había llamado acudiría al lugar a tiempo, y sino, si es que sería capaz de seguirles el rastro con facilidad. Por suerte la mansión a la que se dirigirían no estaba lejos, Aran nunca había abandonado el Puerto sin nombre por eso mismo. De todas formas apenas comenzaba la mañana, y tenía hasta el atardecer para esperarla a ella. Mientras, podía ocupar su tiempo para conocer a sus compañeros. Les había pedido a todo quien quisiera acompañarlo que se reunieran en la esquina de un camino, que daba para la salida y al mismo tiempo al desembarco de los navíos. Aún no sabía quién podía ofrecerse, y qué caras encontraría, pero confiaba en que su aviso en la taberna no pasaría desapercibido por ojos curiosos.

Había pedido al tabernero que lo colgara en la entrada por una pequeña suma de oro. Era un llamado a todo viajero que le acompañaba, e indicaba el día, la hora y lugar exacto del encuentro, alegando que la recompensa sería la que les diera el ejército por los escritos. Entonces, por supuesto, temía que al final quienes acaba encontrando serían criminales capaces de traicionarlo, pero si sucedía que encontraba personas de esa naturaleza, las rechazaría inmediatamente, por su bien y por el de Mulitia. A ella había dicho que ya había encontrado a compañeros, pero lo cierto es que todos esos días se habían hecho esperar. Seguía esperando paciente, confiando en que aún tenía tiempo.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Roquentin el Vie Oct 20, 2017 5:27 pm

Me marea el movimiento del barco. Tras mi breve paso por las Islas de Durban me he montado a un barco que he pagado religiosamente, ¡qué bien sienta tener un poco de dinero!  Además de que este barco paraba en el Reino de Begnion, ¿para qué quería ir yo a Begnion? Además de estar en una situación delicada, cualquiera podría decir que no hay nada en el país que atraiga a alguien como yo, y razón tenía; pero en un momento donde me apetecía visitar otro continente el que mi barco parase por Begnion lo veía una oportunidad para visitar Tellius; además a esta oportunidad le di un carácter "superior, una especie de velo determinista que me obligaba moralmente a ir.

Ahora que pienso esto en frío me doy cuenta que no son más que tonterías, pero me imagino que el visitar otro país puede darte inspiraciones o abrirte nuevos horizontes que anteriormente ni sabías que existías, además de sus variopintos paisajes que debido a su enorme extensión podrían encontrarse frecuentemente vacíos, lugares donde ser más consciente de ti mismo e inspirarte. ¡Y no como en este maldito barco! He intentado leer durante el trayecto, pero debido al agitado movimiento de este solo conseguiría que me doliese la cabeza, por suerte la distancia se reduce progresivamente hasta que por fin el barco atraca en el puerto.

Bajo y pongo pies en tierra firme, intento caminar pero rápidamente me desequilibro, con gran vergüenza me paro y espero a que mi cuerpo se acostumbre a volver a pisar tierra firme. Tras recomponerme, inicio mi marcha hacia la taberna más cercana, llevo varios días sin beber, ¡hasta yo me sorprendo de esta hazaña! Pero no puedo más, además compraré excedente para estar aprovisionado durante el viaje de vuelta (aunque no creo que el mar y el alcohol se lleven bien...). Entro al bar y sin saludar pido el vino más fuerte que tengan, lo malo de un trago recuperando la vitalidad que me concede, pido otro trago, y otro, y otro...

Unos golpes de escoba me despiertan, ¿dónde estoy? ¿Una taberna? Mis recuerdos aparecen borrosos, me despierto asolado por un fuerte dolor de cabeza, sed... Esto es diferente a La Náusea que sufro habitualmente, creo que la gente lo llama resaca, es horrible. Con nerviosismo compruebo mi monedero... Está vacío. Ni una triste moneda, me parece que me quedo sin retiro espiritual. Le pido al tabernero, fuertemente avergonzado (aunque por suerte desconozco lo que pude hacer ayer), un vaso de agua, así hasta seis veces y, con todavía más vergüenza le pregunto por un trabajo para ganar dinero, me señala un tablón de anuncios donde reclutan gente para una misión ese mismo día y la hora de encuentro sería en breves. Me disculpo y le agradezco la hospitalidad, me mira frunciendo el ceño y me despide. Espero no volver a verle, yo no seré capaz de ello.

Mientras me dirijo al punto de encuentro no puedo evitar pensar en la posibilidad de que el anunciante entrase en plena efervescencia de mi ebriedad, la mera idea de esto asola mis ánimos y acrecienta mi mareo, si bien no me importa aparecer ebrio ante la gente (suelo hacerlo), es la primera vez que pierdo totalmente el control y no sé que demonios ha podido ocurrir. Empero, necesito el dinero y no quiero quedarme más en este país, no me gusta (además tampoco tengo alcohol).

En el punto de encuentro veo a un chico de pelo verde, y bastante apuesto todo sea dicho, que parece estar esperando, deduzco que es el chico del anuncio, me acerco a él con paso indecidido intentando controlar mis sentimientos. -Hola... ¿Eres tú quién colgó un anuncio en la taberna buscando gente? Bueno... aquí me tienes, mi nombre es Roquentin y soy mago, o lo intento jejeje.- añado este último comentario con una risa forzada para parecer más abierto. Ha sido un tremendo error. Venir a este maldito país ha sido un maldito error.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Mulitia el Dom Oct 29, 2017 12:33 pm

Había recibido la urgente carta de Aran la cual le contaba que necesitaba su ayuda, su ducado, ya algo mas en orden, podría esperarla...gracias a la ayuda del gobierno de Etruria pudo lograr una rápida recuperación de todo el daño que sus padres habían realizado en el. Con todo en orden, la joven de largos cabellos anaranjados no dudo en viajar a Begnion, dejando a cargo del ducado a personas competentes del gobierno, personas que la habían ayudado a traer de vuelta la gloria de Fenn. Ahora la persona a la que mas quería requería su ayuda y no iba a dudar en ir, como el no había dudado en ayudarla después de todo lo que habían vivido en Etruria. Se monto en el primer barco que encontró, en el mas rápido que hubiera para llegar cuanto antes a Begnion. No era la primera vez que viajaba, de hecho había vivido muchas aventuras ya, había viajado mucho, buscando aliados y ayudando a todos aquellos que lo necesitaban.

Su viaje no fue muy largo y no estuvo incomoda en todo momento, solo se mostraba bastante preocupada...después de todo el peliverde tampoco le había explicado demasiado sobre lo ocurrido, tampoco sabía si estaba bien...y había todo un mar que los alejaba, desde su partida había estado pensando en eso, en como se había alejado tanto de ella, aun así ella dejo que lo hiciera, era libre después de todo, era su hogar y no podía mantenerlo siempre en Etruria con ella, el debía viajar también, como ella lo había hecho en su día. Poco a poco, su barco fue llegando a puerto, era el mismo puerto en el que ambos se habían conocido por primera vez, sabía muy bien que las personas de Elibe en su día no es que fueran muy bien tratados en Begnion, aun así, Aran la invito, la ayudo...sin tener porque lo hizo sin dudarlo y ahí es donde vio su gran corazón por primera vez.

Al bajar la pasarela, la joven pudo ver aquel puerto, había cambiado un poco, sobretodo en las personas, no había tantos civiles como otras veces, había también algunos mas soldados, sin embargo, no parecían vigilar por las personas...sino mas bien buscaban emergidos, aquello era lo que había ocurrido después de que Begnion hubiera dejado de ser un lugar libre, de como los emergidos habían vuelto allí . La joven había viajado con su fiel montura, con su amiga, Purpurina. Una vez en tierra pudo montarla y empezar a dirigirse al punto de encuentro, no era muy buena con las direcciones, sobretodo en un lugar en el que había estado muy poco tiempo, pero llego, pudo ver entonces a aquel chico...el soldado al que quería, allí estaba después de haberse separado tras un tiempo, estaba acompañado...no conocía a aquel chico pero no le importaba. Purpurina empezó a correr hacia ambos chicos y cuando llego freno en seco y la joven cleriga se lanzo a los brazos del soldado, abrazándolo con fuerza muy alegre. -Aran!! Empezó a reír tras hacer aquella locura pero después se puso algo mas seria mirándolo a los ojos. -Ya estoy aquí para protegeros. La joven asintió y se separó un poco para mirar al otro joven sonrojada y rascándose la nuca. -Perdón, llevo un tiempo sin verlo, espero que me disculpes, mi nombre es Mulitia Fenn, provengo de Etruria, encantada de que estes aquí para ayudarnos. Hizo una leve reverencia, tal cual las hacían los nobles.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Hrist el Lun Oct 30, 2017 4:29 pm

Hrist no apreciaba mucho el noble hábito de madrugar. Definitivamente, no. ¿Era útil? Sí, no lo negaba. ¿Disfrutaba con ello? Hahahaha, eso sí que era un buen chiste… Si de ella dependía, se hacía todo lo posible por remolonear en la cama, como una niña pequeña que tiene el día de descanso en casa, hecha una bolita entre las sábanas. Pero sus padres habían cometido el imperdonable error de inculcarle un sólido sentido de la disciplina, con lo cual se levantaba a horas intempestivas si ello le reportaba algún beneficio, movida por una vocecita que resonaba en su cabeza, y que le recordaba que era hora de arrastrase fuera del catre y de hacer algo productivo. Y si no era la vocecita (que a veces sonaba como mamá, a veces como papá), pues eran los dulces chillidos de Logi, estridentes como el grito de una gaviota, y con la misma suavidad que las cuerdas de un violín desafinado.
Así que aquella mañana, la joven nohria se incorporó en la cama, en la habitación de una posada cerca del Puerto sin nombre. Con los ojos aún adormecidos, y con muy pocas ganas de asomar los pies fuera de la colcha, miró hacia la ventana. Ya había salido el sol, y los gallos hacía rato que habían dado sus serenatas, pero todavía contaba como “levantarse muy pronto”, pues al wyvern aún no debía de acuciarle el aburrimiento de esperarla en su habitáculo, cerca de un par de semejantes, monturas de otros huéspedes. Se vistió, se lavó la cara, desenredó su larga melena para luego recogerla en su coleta baja y holgada, y bajó a desayunar algo.

Tras llenar el estómago y acabar de despertarse, oyó a un par de clientes hablar de algo que parecía ser un posible trabajo. Aguzó el oído. Algo de un mensaje colgado en una taberna cercana, y que pagaban por ello. Si era cierto, merecía la pena ir a husmear ese mensaje. Lo mismo le interesaba.
Así que salió de la posada, y fue a buscar a Logi para darle su desayuno.

-¡Buenos días, camastrón! –saludó al animal, que en ese momento bostezaba lentamente. -¿Has dormido bien? –le preguntó. El animal alzó la mirada, escuchándola atentamente, y respondiendo con un alegre bufido. –Toma, que seguro que a estas horas ya tienes hambre. –Le dio sus raciones correspondientes. -Vamos a dar una vuelta, que he oído cositas interesantes.

Le ató la silla de montar, el peto protector, y le puso las riendas. Una vez listo, con el poco equipaje que solía llevar bien colocado, salió en busca de la taberna de marras. Con el animal siguiéndola detrás, se sentía como una jovencita paseando un perro pasado de talla entre el gentío.
Ser una chica alta le había dado quebraderos de cabeza en más de una ocasión, pero esta vez era una ventaja: podía ver por encima de la mayoría de la gente, le bastaba con ponerse un poco de puntillas incluso para tener mejor panorámica, sin necesidad de subirse al wyvern. Dio un par de vueltas antes de localizar la susodicha taberna. Justo a la entrada había un papelito donde había algo escrito. Sí, debía de ser ése el trabajo al que se referían.
Alguien pedía acompañantes para ir en busca de escritos de emergidos. El pago sería lo que el ejército ofreciese por ello.

-¿Qué te parece, Logi? –preguntó retóricamente a su compañero, que en ese momento se rascaba un poco el cuello, distraído, mirando unas gaviotas que los sobrevolaban. –Tiene buena pinta. Aún estamos a tiempo. –En teoría, tenían que ser más de uno, con lo cual deberían de poder manejar decentemente la situación ante unos cuantos emergidos. –¡Decidido! ¡Vamos a buscar el sitio de reunión!

De nuevo, un par de rodeos para dar con el punto de encuentro. Dedujo que debía ser la esquina donde estaban parados un joven de cabellos verdes con armadura, otro joven con sombrero, y una chica pelirroja con un caballo al lado. La mercenaria se acercó con calma y tranquilidad. Por si las moscas, tendría bien sujetas las riendas de Logi. Si el caballo se asustaba con la presencia del wyvern, éste podía emitir algún gruñido amenazador que acabase de aguar la fiesta. Y no quería espantar a un posible empleador.
Pero por más tranquilamente que caminase, las pisadas de su montura retumbaban y resonaban en los alrededores. Quizás era el material del suelo, o la acústica del lugar. Quién sabe. Sólo esperaba que el leve temblor que producían sus pisadas no causase excesivo recelo en los tres individuos allí congregados.

-Buenos días. –Saludó, con cautela, las riendas sujetas firmemente en la mano. -¿Alguno de ustedes es el que puso el anuncio en la taberna? –barrió con la mirada a los tres, esperando una confirmación. –Soy Hrist, mercenaria y jinete de wyvern. No se preocupen, mi compañero está bien adiestrado, se portará bien. –añadió con media sonrisa, pues había notado cómo las miradas de los tres desconocidos iban hacia la mole de músculo y escamas que era Logi, que había dejado caer su pesado trasero dracónico en el suelo, con un sonoro golpe, sentándose, y poniéndose cómodo detrás de ella. –Como iba diciendo –repitió, alzando un pelín la voz, lo suficiente para que desviasen su atención del wyvern hacia ella, y para que se notase que intentaba hablarles. -, estoy aquí por el anuncio que hay colgado en una taberna de por aquí cerca.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Aran el Mar Nov 07, 2017 11:32 am

Aran era alguien muy paciente, demasiado quizás, considerando que por nada del mundo deseaba partir sin nadie que protegiera sus espaldas, siendo que no se consideraba a sí mismo alguien excepcional a la hora de combatir. Por eso se quedó allí, de pie, suponiendo que alguien lo notaría, aunque siempre sucediera todo lo contrario. Divagaba en sus pensamientos, temeroso y ansioso de lo que estaba por ocurrir, cuando  entonces notó que alguien se le acercaba. Era un sujeto de ropas ligeras, del que no sabría adivinar la edad, que se dirigió a él antes de que pudiera preguntarle qué planeaba. Fue una sorpresa, de todas formas, que admitiera que lo estaba buscando.- Je... -correspondió con una risa corta, intentando imitar sus ánimos, aunque siendo cauteloso.- Pues sí, soy yo. Eres el primero, espero que no el único. ¿Roquentin, no? Soy Aran. -se señaló entonces, para luego posar ambas manos en la lanza, que reposaba contra el suelo.- Aún nos queda tiempo antes de que se haga demasiado tarde, así que... a esperar...

No es que supiera tratar bien con desconocidos, mucho menos con quienes había llamado específicamente para que lo ayudaran. El soldado frunció el ceño un momento, terminando de evaluar al mago que se había presentado, acabando por adivinar que si no estaba borracho entonces, había bebido en exceso la noche anterior. Olía horrible, y con razón lo había tratado de forma risueña. Tardó en desvanecerse su mirada, pues ante todo lo que quería era gente hábil para luchar y que no fuera a traicionarlo, y si aquel podía sostenerse con sus dos pies, no tenía por qué echarlo de su vista. Así que se quedó esperando con él, mirando al mar, al puerto, e incluso a las bancas que daban de cara a este. Imaginaba a la clériga sentada en uno de ellos, igual que en su recuerdo... quizás esperando encontrarla allí mismo de nuevo. Y por tener fijada la vista hacia ese lugar, ignoró que por enfrente de él una presencia se acercaba hasta el último momento. Abrió la boca y los ojos, y por poco dejó caer la lanza, si no hubiera sido porque alcanzó a sujetarla con una mano antes de recibir a la joven, que saltaba directamente hacia él desde su yegua. La aguantó fácilmente, aunque por la sorpresa por poco cayó hacia atrás.

- ¡Mulitia! - exclamó, más sorprendido que cualquier otra cosa, por ese impresionante ataque sorpresa. - ¡Llegaste! Creí que no podrías... -sonrió, poniéndola de pie en el suelo, y acariciando sus hombros con dulzura. Rio ligeramente de pura alegría, contento solamente por tenerla junto a él, y poder ver ese rostro fijamente, el cual nunca había perdido la capacidad de hacerle sonrojar.

Habría querido disculparse, pero demasiada era la dicha, permitiéndole por un momento olvidar por que la había traído allí. Y no pudo evitar avergonzarse un poco al darse cuenta de que muchos ojos, incluidos los del mago, los habían visto, pero lo olvidó rápido considerando que se trataba de ella.- Él es Roquentin. Es el único que ha llegado hasta ahora, así que tendríamos que esperar un poco más. -le dijo, acercándose a Purpurina y acariciando su frente con fuerza. Sacó de su bolsillo una manzana pequeña y se la dio, distraído al no haberla visto por tanto tiempo. Confiaba en los caballos plenamente, más que en otras monturas, que siempre solían tener más desventajas que temer. Nunca hubiera imaginado que entonces tendría que tratar con algo completamente distinto, y totalmente extraño considerando la misión en que se encontraban.

Porque entonces sintió sus pies temblar, y su primera reacción fue quedar en blanco, sin adivinar qué podía ser hasta que miró a un lado suyo. Y allí un enorme wyvern avanzaba junto a una mujer, que de altura no tenía nada que envidiarle, cosa que inmediatamente llamó su atención. No porque pensara que podía ser un peligro, porque no parecía ser esa la intención en el rostro de la jinete, sino porque por un momento pensó que podía tratarse de una jinete wyvern de Daein, lo que corrigió inmediatamente no por la raza de su wyvern, sino porque la vestimenta que llevaba no tenía similitud alguna con la del país vecino. Parecía que se acercaba a ellos, por lo que probablemente era otra persona que había acudido a su llamado.

- Sí, fui yo. –respondió Aran, poniendo un pie al frente, aguantando el temor que le causaba tan tremendo reptil en frente suyo.- Bueno, Hrist… si eres una mercenaria, entonces estás en el lugar indicado… -era en verdad lo que había esperado ver desde un principio. Solo esperaba que la lealtad que tuviera fuera suficiente, aunque como siempre, detestaba a quienes vendían su compasión por oro. Pero igual que el mago, dejó su juicio residir en una simple mirada, para luego dar la media vuelta de cara al camino.- ¿Vas a volar? No es demasiado lejos. Vamos a un edificio abandonado, así que no sé qué tan útil pueda serte ir montada. Aunque ya te las arreglarás supongo. –miró a los demás, y asintió de manera corta.- Nos vamos. Espero que estén listos.

El camino principal era transitado por algunas cuantas personas, que traían consigo a sus animales y carretas, seguramente para refugiarlos dentro del puerto. Había una bifurcación algo más adelante, camino que tomó Aran al guiarlos. Allí la hierba silvestre abundaba, y alcanzaba a Aran hasta las rodillas, no poco siendo que él era bastante alto. Se notaba el descuido de aquella área, aunque si se agudizaba el ojo, podían notarse pisadas por entre la vegetación, varias, en la misma dirección en que ellos iban. Ya estaba cerca la mansión, pudiendo verse su techo por sobre la copa de los árboles, las tejas desprovistas de todo color. Estando allí, Aran le pidió a los demás mantenerse en su sitio mientras él se acercaba a espiar el lugar. El peliverde se agachó un poco y pegó a un tronco de un árbol, para así hurgar con la vista aquella construcción derrotada por el tiempo, buscando a los emergidos por entre los huecos que habían dejado las paredes caídas. Comenzó a contarlos, al menos todos los que podía ver, y una vez hubo vigilado el lugar, se acercó a sus compañeros.

 -  Rodeemos el lugar, y entremos por detrás. -señaló el sitio con un dedo, susurrando tranquilamente. Aran mantenía perfectamente la compostura entonces, quizás por saber que era él quien estaba cazando a sus enemigos en vez de ser sorprendido por los mismos. Además, estar acompañado le brindaba esperanzas para poder cumplir su misión sin sufrir mayor peligro, tan solo preocupándose de poder protegerlos, a todos y cada uno de ellos, incluso a quienes no conocía. - Intentemos tomarlos por sorpresa... -era algo difícil, considerando que traían monturas con ellos, pero la mansión era tan grande que podía dar abasto a todo lo que entrara, o al menos eso quería creer. Así que entonces avanzó, acercándose lo suficiente como para poder ingresar.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Roquentin el Sáb Nov 18, 2017 7:07 pm

Un poco después de presentarme ante el joven que se hacía llamar Aran, apareció una chica de cabellos castaños que se movía a gran velocidad subida a un caballo, poco antes de llegar hacia nosotros se lanzó a por el chico de cabellos verdes consumando un abrazo entre ambos, parece haber cierta complicidad entre ellos, incluso puede decirse que cariño. No es algo que me importe demasiado, pero no deja de ser una manera de mermar mis posibilidades de sobrevivir. ¿A quién protegería Aran en una situación crítica? Exactamente, a la chica, no a un mago asqueroso con resaca.

La chica se hace llamar Mulitia Fenn, tampoco me importa demasiado porque acabada la misión seguramente me olvide, y más en las condiciones en las que se encuentra en la cabeza, aunque entiendo que es cortesía y que debo responder... ¡Maldito peliverde! Antes de poder articular sonido ya ha hecho esa tarea, lo entiendo como una forma de asumir el mando pero me ha dejado con cara de tonto. Aun así, en pos de que la misión salga lo mejor posible, más vale callar para no general malos sentimientos entre los dos chicos y yo, lo que además pondría en peligro mi supervivencia. Solo espero que aparezca pronto otra persona más que sea desconocida a ambos, me encuentro totalmente fuera de lugar y estoy muy incómodo, un pequeño cosquilleo invade mi estómago, debo tener mucha cautela en todas mis interacciones así que lo mejor será no interaccionar; a fin de cuentas, no te puedes equivocar si no haces nada, ¿verdad?

Para cumplir este objetivo me aislo de la pareja sutilmente y  cojo mi tomo de magia mientras lo observo, ¿con qué objetivo? Con ninguno útil, pero así aparentaba estar ocupado para que exhortarles a que no me hablaran y evitar situaciones incómodas, aunque esta patética situación es bastante incómoda de por si. Un fuerte ruido acentúa el dolor que hay en mi cabeza, ¡qué pare ya! Guardo mi libro y observo la escena, es una joven de cabellos rubios que se acerca montada en un wyvern, agravador de mi dolor de cabeza. Tan solo espero que haya venido para unirse a la misión.

La chica se presenta preguntando por la misión, ¡perfecto! Aunque... A pesar de haber deseado que hubiese otra persona no saco fuerzas para presentarme yo también, el ruido que ha hecho aquella bestia me ha dejado sin fuerzas. Aran decide que emprendamos ya la marcha. Con la excusa de beber agua aprovecho para quedarme atrás  del grupo, saco una bota y me dispongo a beber, las frías gotas de agua recorren mi garganta y alivian parcialmente el intenso dolor de cabeza. Comienzo la marcha por detrás de Aran siguiendo sus pasos atentamente, pero manteniendo las distancias, la realidad es que no doy un aspecto demasiado fiable.

Llegamos a un descuidado paraje donde se alzaba una, en el pasado, ostentosa mansión. El líder de la misión, en un acto de heroico liderazgo se adelanta al grupo  y nos ordena a los demás a esperar en nuestras posiciones, esto me permite  observar con mayor precisión la mansión, siempre encuentro interesante  la disección de la realidad. La mansión gozaba el aspecto de una vieja gloria pasada que lucha por seguir teniendo un hueco en un mundo que la ha olvidado: tejas descoloridas, ventanas rotas, grietas... Todos estos elementos le conferían un aspecto patético.

Esta "epidemia" de mansiones abandonadas, según me había informado se debía al desalojo que los nobles habían hecho de estas debido al ataque emergido. Al relacionar esto con la información que poseía previamente se muestra ante mí una nueva realidad, el palacio con toda su degradación no era más que el reflejo de la sociedad, una sociedad podrida que mientras gente padece las más grandes penurias también se permite la construcción de lujosos palacios para satisfacer las retorcidas necesidades psicológicas de un sátrapa. Sin embargo, se mantenía en pie, a pesar de su asqueroso aspecto, evidente para todo el mundo se mantenía en pie, y se iba a mantener así hasta que algún iluminado decidiese destruirlo para embellecer el paisaje... O que en el peor de los casos alguien lo restaure para que vuelva a degradarse, entrando así en un tedioso círculo de acontecimientos. Los emergidos habían logrado algo loable, al menos, y era hacer esa putrefacción evidente a todo el mundo, ¿de verdad son tan malos?

Aran vuelve para reanudar el avance, ordena que entremos por detrás para realizar un ataque sorpresa. Le seguí con celeridad pero manteniendo el sigilo hasta que llegamos a la entrada. Allí me preparo para luchar, aunque evidentemente no tomo la iniciativa de entrar primero sino que me sitúo detrás del grupo, como mago debo tener cuidado de los ataques cuerpo a cuerpo a los que soy especialmente vulnerable.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Mulitia el Lun Nov 27, 2017 12:45 pm

Realmente se sentía muy alegre de volver a ver a Aran junto a ella, habían pasado algunas cosas tras su marcha, pero ya le contaría en cuanto tuviera tiempo, lo cierto es que ahora mismo tenían algo mucho mas importante que hacer, una misión de la que debían salir victoriosos. Fenn se estaba recuperando de todos los problemas que le aquejaban, con ayuda del gobierno de Etruria, Mulitia había conseguido que aquella recuperación fuera mucho mas rápida y efectiva, gracias a que los emergidos ya parecía que no atacaban tanto en Etruria, el gobierno pudo darse cuenta de lo que pasaba en el Ducado Fenn y pudieron actuar junto con ella. Después de todo aquello recibió visitas, tuvo muchas cosas que organizar...y muchísimo trabajo, pero nunca dejo de pensar en el peliverde, la persona que le había infundido coraje.

-Claro que puedo...no podía faltar, tu me ayudaste muchísimo en Etruria, sería de mala educación que yo no te ayudará en Tellius, además...no voy a dejarte solo en una batalla peligrosa, no voy a perderte. Estaba segura de ello, no iba a dejar que aquel chico estuviera solo, menos aun en una batalla como la que se iba a librar. Dejo que el soldado la colocara en el suelo mientras sonreía, viendo como sus mejillas se sonrojaban por sus acciones, le gustaba verlo de aquella forma, le parecía muy tierno y dulce. Por otra parte, el otro joven que parecía un mago, no parecía tan social...ni si quiera le había respondido a su disculpa ni a su saludo, algo que extraño bastante a la joven. Ya se había disculpado y si no quería perdonarla no podía hacer mas, aquello no sentó muy bien a la joven, no quería ser la persona que trajera algún tipo de mal rollo en el grupo antes de la batalla, pero si el joven no hablaba...no podía hacer nada, suspiro levemente y se fijo en su yegua, la cual observaba todo aquello con curiosidad y comía alegre gracias a Aran.

Otra nueva montura apareció en escena, una que le hizo sorprenderse un poco, no solo a ella, también a su yegua. La joven parpadeaba varias veces, había visto antes wyvern, pero nunca dejaban de sorprenderla...le parecían seres enormes y muy fuertes, quizás porque le recordaban a los dragones es porque le impresionaban tanto. Al escuchar que se presentaba, la joven realizo una suave reverencia de forma cortés. -Es un placer conoceros a vos y a vuestro compañero, realmente es impresionante, mi nombre es Mulitia Fenn, aunque la verdad, con Mulitia basta. Rió levemente escuchando al soldado. Le alegraba ver como había cambiado un poco, como llevaba la iniciativa el mismo, así que lo siguió, montando en la yegua. Se encontraron con una mansión bastante destartalada...por algún motivo le recordó a su propia mansión, en aquello se hubiera convertido si los emergidos hubieran llegado hasta la mansión...por suerte las cosas no habían pasado así en Etruria. Parecía que la estrategia era intentar pillarlos por sorpresas , por lo que se mantuvo detrás de Aran , junto a Roquentin, preparada para lo que fuera a suceder mientras llegaban. -Ahora es cuando debemos demostrar nuestra valía...utilizaré todo mi poder para protegeros y curaros.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Hrist el Sáb Dic 02, 2017 6:02 pm

El joven de cabellos verdes dio un paso al frente.

-Bien, llego a tiempo, pues. –Le confirmó que había sido él el autor del llamamiento. Eso lo señalaba como quien cortaría el bacalao durante el trabajo.

Hrist le observó con detenimiento mientras escuchaba sus palabras. Estaba casi segura que no las tenía todas ante Logi. Después de tantos años junto a un wyvern, uno acababa oliendo cuando alguien está inseguro ante tal animal. No necesariamente miedo, pero sí algo de desconfianza. Podía verlo a través de esa seguridad, en gran parte fingida. Pero decidió no darle importancia. No era de su wyvern, de quién tenía que preocuparse, puesto que ya se encargaría ella de que no se portase mal.
Por lo demás, la primera impresión que le habría causado era todo un misterio, pero en ese momento poco importaba. Tampoco era nada nuevo que su profesión despertase recelos. En el mundo de los mercenarios, había gente para todo, tanto para lo bueno, como para lo malo.
De todos modos, sería en el campo de batalla cuando el líder podría ver de qué pasta estaba hecha.

-Si es cerca, puedo ir a pie hasta que haya que entrar en batalla. –respondió, desmontando del animal. –Sí, ya me las arreglaré. –añadió en voz baja, arrufando imperceptiblemente las cejas, con un ápice de duda sobre si, realmente, el líder se estaba conformando con ella a regañadientes como último integrante, porque no había aparecido nadie más de su agrado o de más categoría. ¿Quizás esperaba un mago oscuro, con una misteriosa mirada perturbadora a la par que elegante? ¿O un general de pesada y brillante armadura? ¿Una grácil jinete de pegaso? A lo mejor pensaba que un myrmidon hubiese equilibrado más la composición del grupo…

De hecho, ni siquiera le había dicho su nombre. Igual que el muchacho con sombrero. Otro que tal bailaba.
Si no hubiese sido porque estaba a escasos metros del chico de pelo verde y de su acompañante femenina, habría estado tentada de pensar que era un civil ajeno a todo. Dejando de lado que parecía estar leyendo un libro, no dijo ni mú. No sabía cómo se llamaba ni a qué se dedicaba. Ni siquiera estaba segura de si se había molestado en mirarla brevemente, ni que fuese para asegurarse de que Logi tenía jinete y que no se les había acercado un wyvern sin nadie que lo controlase.
Además… Eran imaginaciones suyas… ¿o el joven desprendía un leve olor a alcohol? Vamos, si hasta Logi parecía notarlo, sacudiendo el morro levemente y soltando unos pocos soplidos, en un vano intento de disipar ese estímulo olfativo tan intenso para sus fosas nasales… Dudaba si decirle nada o callarse, como él. A lo mejor no era muy sociable y le desagradaba la interacción humana, y no iba a ser ella quién lo molestase más allá de lo imprescindible.

La pelirroja, en cambio, era otro mundo.
-Encantada, Mulitia. –le respondió con una sonrisa, mientras deba unos golpecitos afectuosos a Logi en el cuello. -¿Has oído, Logi? Está encantada de conocerte. –el wyvern soltó un ronquido flojito, y miró con curiosidad durante unos instantes a la muchacha, olisqueándola a distancia, mientras ésta aún parpadeaba al observarlo.

¿Mulitia Fenn? A juzgar por el exquisito formalismo con el que se presentó, tratándola de vos, y por la pequeña reverencia que hizo, no parecía alguien de orígenes humildes como Hrist, a quien bastante trabajo le costaba no usar un registro demasiado coloquial o vulgar ante desconocidos. Las apariencias podían engañar, desde luego, pero sí que le quedó claro que Mulitia era infinitamente más refinada, delicada, y femenina que ella.
Un pinchacito de tristeza le acertó en el pecho. Comparada con ella, la chica de cabellos rojizos era una monada montada a caballo. Probablemente no venía a cuento, ni era el momento para ello, pero se sintió inferior en lo que a encantos femeninos se refiere. “Ahora no es el momento”, pensó para sus adentros, con la mirada fija en la yegua de la muchacha, pese a, en realidad, mirar más allá del animal, absorta en sus pensamientos.  
En el pueblo, años atrás, los niños de su edad (algunos ya incluso algo más bajitos que ella) se tomaban la molestia de recordarle, de tanto en tanto, que no les parecía guapa. “Son más cortos que las mangas de un chaleco, eso es de cajón”, se recordó a sí misma. Papá era más explícito, y opinaba que sus madres los habían traído al mundo usando el orificio equivocado. Pero se cuidaba muy mucho de decirlo en presencia de la madre de Hrist, aunque el abuelo parecía estar de acuerdo. En cualquier caso, desde que Logi les había dedicado un feroz y ensordecedor rugido una mañana de verano en que casi la hicieron llorar por llamarla “caballote”, no se atrevieron a meterse con ella nunca más. Y por lo general, tampoco a acercarse a ella. Por lo menos, si el wyvern andaba cerca.

-Sí, estoy lista. –La voz del joven del anuncio la hizo volver de golpe a la realidad. “Ahora toca tener la cabeza clara, que vean que eres competente”, apuntó mentalmente mientras miraba a su montura. –Y tú también, ¿verdad, Logi? –el animal levantó el trasero del suelo y se preparó para seguirla.

Al cabo de unos cuantos pasos de iniciar la marcha, se dio cuenta de que el chaval con sombrero no los seguía. Paró en seco, y lo buscó con la mirada, con las cejas enarcadas, producto de la confusión. Entonces, lo vio unos metros más atrás, bebiendo de su bota. Esperaba que fuese agua, o algo sin alcohol, pues a cada momento que pasaba estaba cada vez más segura de que el joven tenía resaca. ¿Olor fortísimo a alcohol y esa actitud algo descolgada del resto? Probablemente la noche anterior había empinado demasiado el codo.
Algo nerviosa, y sintiéndose un poco torpe socialmente, procuró no mirarlo demasiado fijamente ni demasiados segundos, lo justo para asegurarse de que realmente los seguía, y no ofenderlo. ¿Y si malinterpretaba su actitud, se pensaba lo que no era, y se incomodaba?

Tras pasar por una bifurcación, pasaron por un camino con hierba alta, que se mecía perezosamente con la brisa. A Hrist le llegaba prácticamente a las rodillas, con lo que podía estar perfectamente al tanto de si alguno de sus compañeros tenía dificultades para moverse, y Logi parecía encantado con el cosquilleo que le producía en la tripa. Mientras la seguía, iba husmeando con el morro entre los fajos de verde, feliz como él solo.
Sin embargo, con alguna ocasional ráfaga de viento, venían también algunos sonidos de pisadas ajenas. El wyvern también debió de percibirlo, puesto que inmediatamente fijó la mirada en algún punto  del horizonte, y dejó de emitir ruiditos varios, escuchando atentamente. A lo lejos, se divisaba una mansión, que había sufrido de falta de mantenimiento, y por ende, visiblemente destartalada. El muchacho de pelo verde los dejó en un punto en concreto y se acercó a investigar. A la vuelta, les dijo que rodearían el edificio y entrarían por detrás para coger por sorpresa a los emergidos.

-Entendido. –Respondió escuetamente.

Es decir, había que moverse con perfil bajo, sin llamar la atención. Pues lo tenían claro, en el grupo había un caballo y un wyvern.
Pero algo había que hacer. Hrist era una mujer de recursos, y se alegró de haber entrenado a su montura para que hiciese de todo.  

-Logi… –Se dirigió al animal, que ya esperaba sus órdenes. Primero señaló al suelo, y luego, con las palmas de las manos hacia abajo, moviéndolas de arriba abajo, le indició al wyvern que tenía que agazaparse, agachándose ella también en el proceso para que a su montura le quedase claro el mensaje. –Bien hecho. –Le hizo saber al animal. –Vamos. –Y montó sobre él.

Con la forma en la que se había montado, agazapada también sobre la silla, Logi entendió que tenía que caminar en esa postura, ayudándose de las alas, y arrastrando con suavidad los pies en vez de dar pisotones. No se movería en total silencio como un gato en las sombras, pero el temblor de sus pisadas cambiaría por un leve frú-frú, producto del roce de la hierba contra el cuerpo de la montura.
Siguió de cerca al líder, a la vez que se aseguró de que Mulitia y el otro joven quedaban detrás de ella. Era de vital importancia que los que pudiesen sanar a los demás, como la clérigo, estuviesen a salvo de ataques directos. Y en lo referente al chico con resaca (que pintas de clérigo, no tenía), éste ya se cuidó de ponerse en segunda línea sin que le dijesen nada. Hrist lo observó de reojo con atención, empequeñeciendo los ojos a causa de la concentración, y a juzgar por el libro que portaba en sus manos, estaba por apostar que era un mago, oscuro o no, puesto que le pareció reconocer los colores y grabados de la portada como los de un tomo de magia.

Pero fuese lo que fuese, la prioridad era hacer de escudo a ésos dos.

-Pues hala, a la boca del lobo se ha dicho… –comentó distraídamente mientras sujetaba firmemente su hacha larga de bronce. El comentario de Mulitia le resultó gratamente inspirador, especialmente viniendo de una total desconocida. –Jefe, cuando usted diga.

Decidió dirigirse hacia el chico de pelo verde como “Jefe” hasta que éste decidiese decirle cómo debía llamarle. Preguntarle así, a bocajarro, sin que el susodicho pareciese darle importancia desde buen principio, le pareció contraproducente.
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 07, 2017 2:28 pm

Los héroes entran en una de las mansiones abandonadas llegando hasta una amplia habitación con un gran pórtico en el frente. Las hojas de gruesa madera permanecen cerradas, pero si se escucha con atención, se sienten los pasos caminantes de los emergidos al otro lado.

Dentro de la mansión, un importante emergido acomoda una gran cantidad de papeles entre sus manos, estudiándolos minuciosamente.


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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Aran el Jue Dic 14, 2017 12:22 pm

Finalmente todos lo habían alcanzado sin alertar a nadie en el camino, lo que significaba que era hora de adentrarse del todo en la mansión abandonada. Dominado por la seriedad, Aran vigilaba cada esquina de aquel sitio con ojos predadores, pues no iba a permitir que cosa alguna los sorprendiera cuando se suponía ellos eran quienes querían dar el primer golpe. El ritmo de sus latidos aumentó una vez se vio encerrado entre pareded, pero como siempre, el soldado era capaz de mantener la calma, con un semblante serio, incapaz de demostrar miedo, incomodidad o ansiedad incluso en las situaciones más adversas. No podía permitirse transmitir ninguna mala influencia a quienes lo seguían, incluso si no los conocía, porque si en verdad lo veían como un líder significaba que debía actuar como uno. Tenía el conocimiento, le habían enseñado cómo ajustarse a ser un líder si las condiciones se turnaban adversas, pero eso no significaba que estuviera acostumbrado a comandar grandes grupos de gente, siendo que, cuando aún pertenecía al ejército de Begnion, y su vida eran básicamente las patrullas de vigilancia, con suerte lograba controlar a sus compañeros con su desapercibida presencia. Pero en esa ocasión todo era distinto, siendo que se encontraba marcando los pasos en la delantera, tenía su arma y su escudo en mano, preparado para defender a los otros de cualquier ataque. Él los había reunido en ese lugar, por lo que se sentía completamente responsable de guiarlos, incluso si en verdad no era muy capaz.

Aran decidió portar su jabalina, por si ocurría que lo sorprendían y atacaban más allá de su alcance, sosteniéndola con una mano y apuntando su filo hacia arriba mientras observaba a su alrededor. Por suerte no estaba oscuro, por lo que pudo asegurarse muy pronto de que  en esa habitación no habían amenazas. Habían dos puertas a las que podía acercarse, sin saber si estaban cerradas o no. Tenía la sensación de que sí, pues los emergidos siempre lo sorprendían con su inteligencia, y por lo mismo los creía capaces de dificultar de esa forma a quienes quisieran atacarlos. Podía ver que no poseían defensas, y si llegaban a enfrentarse, probablemente se aprovecharían de conocer el lugar mucho mejor que ellos.

 - ...Atrás... Quédense atrás. -les susurró a los demás mientras señalaba a dónde iría: la puerta delante de ellos. Probablemente sería incapaz de abrirla, aunque por el momento no lo intentaría, porque cualquier sonido anunciaría su presencia y la de sus compañeros. Por eso tan solo se pegó contra la puerta, oído junto a la madera para escuchar cualquier movimiento ajeno. Por el momento, guardar su posición era lo más importante, porque si su plan hubiera sido irrumpir en el edificio con todas sus fuerzas, seguramente hubieran tenido una mano enemiga lista para emboscarlos en la esquina de un pasillo.- ... ahora. - susurró, mirándolos tras comprobar que al menos no había nadie contra la puerta y probablemente tampoco en la otra habitación. Intentó por fin abrirla, buscando entre muchas de las llaves que aún conservaba de sus días de guardia, las cuales se había llevado con él sin devolver y que muchas veces se le cedían para hacer patrullas, todo hasta hallar una de un tamaño parecido al cerrojo. También había otra puerta allí, la cual quería que protegiera la mujer con su wyvern, por lo que la miró y le señaló el lugar, esperando que fuera allá y se asegurara por si alguien deseaba sorprenderlos.

 
movimiento:

Uso de llave de puerta [1]


Última edición por Aran el Dom Ene 07, 2018 7:04 pm, editado 1 vez
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Roquentin el Dom Dic 24, 2017 12:12 pm

Desde la comodidad de la retaguardia aparecen en mi campo de visión las primeras imágenes de aquel "humilde" lugar: nos encontramos en una gran estancia con grandes puertas de madera cerradas. No parece haber ningún emergido en la sala por lo que, aparentemente, nuestro intento de infiltración ha sido exitoso; ahora, sin embargo, tenemos que pensar en como actuar y con la máxima brevedad, no solo por pillarlos ahora que parecían desprevenidos, sino porque la particularidad de la misión a la que nos enfrentamos lo requiere: ¿cómo podemos asegurar que ahora que hemos hecho visible nuestra presencia algún emergido huya con los escritos requeridos para completar la misión? Esto evidentemente sería fatal. Se oyen pasos a través de las paredes.

Por suerte nuestro líder parece un hombre curtido en el arte de la guerra y toma iniciativa (por otra parte algo lógico al ser el líder) y se acerca a la puerta que tenemos de frente ordenando que nos quedemos atrás. Intento concentrarme por si un emergido espera detrás de la puerta para pillarle por sorpresa y sea necesario un rápido ataque para disuadirlo, si bien Aran parece capaz de aguantar bastante antes de caer, aun así no parece que sea el caso. Me acerco y me pongo detrás de él mientras intenta abrir la puerta, no parece que vaya a ser necesario (como suele ocurrirme) pero tampoco quiero aparentar desinterés quedándome quieto. Desde esa posición ordena a la jinete de wyvern que cubra la otra puerta.

El ímpetu con el que el joven daba las órdenes junto a que estaba protegido por dos moles me alivia un poco, parece que no moriré en esta misión. Nada sería más triste que caer luchando por unos papeles a las órdenes de un país extranjero en una mansión abandonada y apestando a alcohol (aunque con el tiempo acabaría apestando a otras cosas). Aprovecho este pequeño momento que se corresponde totalmente con la frase "la calma antes de la tormenta" para dar un último trago de agua que me alivie, ¿quién sabe si en el fragor de la batalla seré capaz de volver a hacerlo?

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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Mulitia el Sáb Ene 06, 2018 3:20 pm

Desde luego aquellas mansiones mostraban todo su poderío, lujosas construcciones que alguna vez habían sido la residencia permanente de algún noble de Begnion. Ahora seguramente era refugio para emergidos, un lugar perfecto para acampar...amplio y en el que muy pocos se atreverían a husmear, salvo ladrones que quisieran entrar para robar los objetos de valor que quedaran allí, aunque seguramente encontrarían su final allí mismo al encontrarse rodeado de emergidos. Ahora eran ellos los que se adentraban en aquellas mansiones. Aquellas mansiones incluso recordaban un poco a la joven cleriga su propia mansión de Etruria, sin duda no era tan ominosa como aquella, mucho mas pequeña y con diferente decoración, pero algo en aquello le recordaba a su verdadero hogar.

Esperaba que las pisadas de su yegua no alertaran a ningún emergido y pudieran pasar desapercibido al menos en el principio de aquella aventura, no quería verse sorprendida y rodeada de emergidos desde luego, por eso hacía que su yegua fuera lo mas sigilosa posible, haciendo que esta diera pasos suaves y lentos. Ya se escuchaban las primeras pisadas emergidas...sin duda habían dado con el lugar exacto, no estaban solos. Vio entonces como su amado Aran se acercaba hacia la puerta intentando abrirla por lo que parpadeo varias veces. -¿Como sabemos cual es la puerta correcta? Susurro ella entonces escuchando como quería que se quedará atrás por lo que asintió levemente volviendo la vista hacia la otra puerta de la que no habían tomado tanta cuenta. Fue por eso que la joven de cabellos anaranjados empezó a acercarse hacia aquella puerta, manteniendo la distancia, mirando hacia la joven del wyvern por si se quería acercar.

La joven se acaricio los bolsillos y se dio cuenta de que llevaba una llave, cuando la saco de esta recordó que era una de aquellas llaves que había encontrado en la mansión de Etruria, no sabía si funcionaria también con las puertas de Begnion, pero allí en Etruria...aquella llave le había abierto alguna que otra puerta de la mansión de sus padres. -Tengo una llave...en mi mansión funciono para muchas puertas...quizás funcione aquí... Susurro entonces mostrando su llave y entregándosela a la joven de cabellos rubios esperando atenta algo alejada de la puerta. -Quizás esta sea la puerta correcta...

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Mulitia se coloca algo alejada de la otra puerta y le entrega una Llave de Puerta [1] a Hrist
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Hrist el Vie Ene 19, 2018 4:27 pm

“Menudo casoplón” fue lo primero que le vino a la cabeza. Siguiendo con un perfil bajo al líder, el joven de cabellos verdes, se adentraron en una imponente mansión que de seguro había visto días mejores. Esa edificación era tan grande, que podía contener más de cinco o seis veces la casita donde Hrist vivía con sus padres y su abuelo en Nohr. Podría alojar tropecientos y pico wyverns y aún sobraría espacio, estaba segura de ello. Sin embargo, parte de las paredes estaban derribadas, y era posible ver parte de su interior desde fuera. El interior olía a cerrado y a cosas caras, tanto los pasillos como las estancias por las que pasaron.

Llegaron a una sala amplia, con una  alfombra roja en el centro, y un pórtico enfrente de todo. El suelo, de color amarillento, parecía intacto. Por lo menos, en donde se encontraban Hrist y sus compañeros. Rodeados por cuatro paredes de piedra, en dos de ellas había una puerta: una justo enfrente, y la otra en la pared de más a la izquierda.  

Al final, el líder paró unos instantes para reflexionar. Mientras, Logi se quedó ensimismado mirando la cenefa de la suntuosa alfombra sobre la que se habían detenido.

-Logi, no. –Lo corrigió ella con un susurro, viendo que el wyvern iba a rascar con la garra de su ala el material con el que estaba hecho tal ornamento en el suelo. –Ya tendrás tiempo de roer las armas de los emergidos. Ahora pórtate bien.

Finalmente, el Jefe les indicó los movimientos que tenían que seguir en la estancia donde se encontraban. Él se dirigió a la puerta que había enfrente, y tras usar una llave que se sacó del bolsillo, la abrió silenciosamente. Tras él, se situó el chico con sombrero, que aún tuvo el temple de echar otro trago de su bota. A Grima le suplicaba que no estuviese poniéndose fino de alcohol… Lo único que les faltaba era un mago ebrio, con el peligro que ello suponía. Lo de "si bebes, no hagas magia" no debía de ir con él.

En lo que a Hrist concernía, el Jefe la mandó a guardar la otra puerta, la que había más hacia la izquierda. Mulitia, la clérigo a caballo, ya se le había adelantado todo lo silenciosamente que pudo. Hrist hizo avanzar a Logi, ambos agazapados, moviéndose con tanta discreción como pudo. El wyvern avanzaba muy lentamente, arrastrando suavemente las piernas y el vientre, pero a cambio apenas hacía nada de ruido. Una vez llegó a su destinación, Mulitia, que se había posicionado tras Hrist, le entregó una llave con la que abrir la puerta.

-Tocará probar suerte, pues. –Le respondió con un susurro.

La puerta, que constaba de un par de gruesas hojas de madera, se antojaba maciza. Antes de meter la llave en la cerradura, Hrist aguzó el oído, acercándolo a una de las hojas. Si se concentraba, podía oír las misteriosas pisadas que iban y venían más allá de la puerta. Logi también debía oír los pasos tras la puerta. Tenía el morro casi a tocar de la puerta, quizás intentando olisquear lo que podía haber detrás, y sus pupilas destelleaban frenéticamente. Tenían que ser emergidos, atareados en sus misteriosos quehaceres emergidos, y siguiendo sus planes emergidos de dominación mundial emergida.

Pisadas por allí, pisadas por allá.

Vaya panda de culos inquietos.

Finalmente, cuando los pasos se alejaron lo bastante, sujetó la llave con sus dedos enguantados y la metió en la cerradura lentamente, para no hacer ruido, y abrirla también discretamente.

Resumen:
Hrist se dirige hacia la otra puerta  y usa la llave de puerta [1] que le ha dado Mulitia:
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Narrador3 el Miér Ene 24, 2018 12:23 pm

Después de atravesar la primera puerta, el soldado ve una pequeña habitación poco iluminada donde lo único destacable es un viejo y polvoriento baúl.
La sacerdotisa le pasa la llave a la wyvern rider y esta se adelanta y abre la puerta de la derecha encontrándose con una habitación vacía con una escalera que desciende. Por esta, al escucharse la puerta abrir, aciende un emergido encapuchado.
El ladrón que permanecía quieto y en silencio junto al tactician, cree escuchar algo y abre la puerta a su izquierda. Al ver al humano parado ante el umbral suelta un gruñido de alerta que rebota en las paredes y hace que los pesados generales salgan corriendo a ver que pasa. El primero en llegar arremete contra el peliverde con su lanza.





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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Narrador3 el Miér Ene 24, 2018 12:27 pm

General ataca a Aran
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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Narrador el Miér Ene 24, 2018 12:27 pm

El miembro 'Narrador3' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Narrador3 el Miér Ene 24, 2018 12:29 pm

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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Aran el Vie Feb 02, 2018 11:43 am

La puerta, para su sorpresa, cedió a la vieja llave con sorprendente facilidad. Había creído que tendría que derribarla a la fuerza, y con ello alertar a todo mundo de su ubicación, pero no fue necesario. Miró por detrás de su hombro al mago, sin decir nada pero sonriendo ante su buena suerte, sin saber si es que podía empatizar con él o no. Luego volvió la vista para analizar la situación con cuidado. La luz de la habitación era natural, pues provenía de un hueco en el techo, el cual no era muy grande, por lo que no lo dejaba ver del todo bien. Notó un cofre algo más lejos, ¿Qué podría tener que sus dueños no se hubieran llevado? Aunque claro, caía la posibilidad de que simplemente estuvieran muertos, y sus riquezas saqueadas hace tiempo, excepto claro por detalles como ese. No le interesaba en verdad lo que pudiera guardar, pero eso no significaba que no tuviera curiosidad por descubrir qué era exactamente. Y por eso quiso dar un paso hacia delante y revelarlo por su cuenta, siendo detenido en su lugar por pasos más pesados y apresurados que los suyos. Por la puerta a su izquierda aparecieron dos luceros rojos, que encontraron mirada con la suya. La criatura armadurada no tardó en arremeter contra Aran, quien tardó en reaccionar por la inmediatez con la que los habían encontrado. No había querido que aquello sucediera, pero resultaba ser enteramente su culpa. No le quedaba otra opción que levantar armas y luchar, pues no dejaría que los demás salieran heridos por su propia estupidez. Eso significaba, por supuesto, bloquear esa puerta de su enemigo.

Cabían bien sus brazos por los lados para atacar, y si debía defenderse podía retroceder un poco para poner su escudo por delante, que era casi tan grande como él, pero que todo este tiempo había cargado como si un saco de plumas se tratase. La criatura emergida no era muy diferente de él, aunque que cargara sin más lo tomó desprevenido. Eso sí, no lo suficiente como para bloquear en el último momento, la mejor manera de contraatacar. Se agachó un poco para que le cubriera la cabeza, justo el lugar al que el enemigo apuntaba. Su lanza se desvió hacia un lado por la forma del escudo, dándole una oportunidad para atacar. El otro también poseía un escudo, por lo que acertarce el uno al otro era un juego de reflejos en el que no podía fallar. Estiró entonces su brazo y con éste su propia lanza para atacar la pierna derecha del enemigo. Si podía hacer que se tambaleara un poco, si lo desgastaba, aunque fuera uno de esos monstruos, tendría que sangrar y caer. Solo confiaba en que el mago pudiera hacer algo tras esa puerta mientras la bloqueaba, y rezaba por que la mercenaria no hubiera encontrado algo peor que él, una vez hubo oído que se abría el pestillo de su puerta.

resumen:
Ataco a General delante mío con Lanza de bronce
Afiliación :
- BEGNION -

Clase :
Halberdier

Cargo :
Soldado de Begnion

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Concoction [3]
Jabalina [3]
Llave de puerta [1]
.
.

Support :
Mulitia

Especialización :

Experiencia :

Gold :
443


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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

Mensaje por Roquentin el Dom Feb 04, 2018 6:36 am

Rápidamente nos dividimos en dos grupos para abordar cada una de las puertas que nos encontramos, además bastante eficaz para haber sido de manera espontánea, ya que una clase resistente como podía ser el chico de pelo de hierba  y la chica de la bestia ruidosa se juntaron respectivamente con los dos más débiles que quedábamos en el grupo, si además la chica del caballo supiese usar tomos (por lo que dijo al principio deduzco que es curandera) se quedaría dos subgrupos bastante majetes.

El chico me mira y me lanza una mueca a la que no puedo responderle debido a mi lentitud para reaccionar ante interacciones sociales, aunque al final alcanzó a dibujar una tímida sonrisa, no una sonrisa de felicidad tras ser piropeado, no, mi sonrisa tiene un matiz amargo:  cuando alguien dice una tontería esperando una aprobación y, para no ofenderle, decides que esa mueca es la salida más fácil para disimular (porque meterte en una pelea por ser sincero no es algo viable debido a que eres débil). ¿Este tío es tonto? ¿Cree que por prestarme atención voy a desarrollar simpatía por él y a desvivirme o incluso sacrificarme para salvarlo?

Este pequeño momento de tensión me causa dolor de cabeza, así que intento prepararme para estar fresco para cuando mi compañero abra la puerta que tenemos delante. Tras la nueva vista que nos aparece (aunque no pueda apreciarla muy bien debido al enorme cuerpo del soldado) aparecen dos generales con sus pesadas armaduras, uno de ellos se abalanza por imprevisto hacia nosotros. Me asusto y me quedo bloqueado, por un momento olvido la presencia de nuestro jefazo que por suerte bloqueaba la puerta y que, incluso, fue capaz de esquivar la lanza de aquella bestia. Hay que reconocer que sabe defenderse, yo en cambio hubiera sido como una diana para aquellos dos emergidos, que ahora se sortearían la ropa de mi inerte cuerpo.

Rápidamente empezamos nuestro turno de contraataque: él pelocésped lanza un ataque con su lanza rápidamente. Yo no puedo quedarme atrás, sin embargo a mi deplorable condición debido a la noche anterior encuentro el obstáculo de no tener que dar a mi compañero (aunque sea para mantener las apariencias), aun así esto también me tranquiliza, ya que me siento protegido lo que me permite tranquilizarme y lanzar un ataque cuidadosamente apuntado en dirección a mi enemigo, sin riesgo de dar a mi camarada.

Resumen:
Ataco al emergido general con mi tomo de viento
Afiliación :
- BERN -

Clase :
Mage

Cargo :
Escritor

Inventario :
Vulnerary [4]
espada de bronce [1]
Llave de puerta [1]
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
792


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Re: [Misión] Arquitectos de la Historia II [Aran, Roquentin, Mulitia, Hrist]

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