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[Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

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[Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Marth el Sáb Oct 14, 2017 10:56 pm

En Altea todo lo relacionado con la alta sociedad era un gran despliegue de exuberancia, cada detalle gritaba por si mismo abundancia y riquezas, desde cosas tan evidentes como las joyas y la ropa que llevaban los miembros de la alta sociedad hasta las cosas más ridículas como la decoración en engarces de oro en velas y utensilios. La moda local ayudaba un poco a no tachar de ridículas todas las exuberancias haciendo hincapié en una falsa simplicidad donde el exceso de joyas en un cuello o en las muñecas era inmediatamente tachado de mal gusto, por eso mismo se esforzaban tanto en mostrar las riquezas en los pequeños detalles, más que kilos de oro era más efectivo mostrar un brillante meticulosamente tallado para atrapar cada vestigio de luz y transformarla en arcoiris en su interior cuidadosamente engarzada en algún anillo, pendiente o collar. Los buenos modales eran tan extremos que el ambiente en cualquier reunión era agradable, siempre sonrisas y perfección por donde se mirase. Como una cuidadosa pintura donde cada pincelada era meticulosamente dada, como una obra donde los actores eran puestos en sus lugares por el orquestante más minucioso y detallista del mundo. Aquel escenario era perfecto para que se sembraran los peores sentimientos del ser humano, era la tierra de cultivo más fértil para que brotase con fuerza cosas como la envidia, la hipocresía y traición.

El castillo se había vestido de gala, el regreso de el príncipe Marth junto a su aliado Lord Eliwood de las tierras del norte trayendo las buenas noticias que ahora Altea y Regna Ferox convivirían juntos bajo una misma bandera, había traído alegría y razones de festejo. El amplio territorio del norte había sido finalmente conquistado y no solo eso si no que el reino hermano de Altea, Ylisse, había logrado anteponerse a los emergidos también. Las razones de celebración sobraban y después de tanto tiempo en guerra y ya habiendo pasado suficiente tiempo de luto por la muerte de su padre,  era bien merecido un descanso.

Las torres del palacio real se forraron en azul, color característico del país y su familia real, la plaza se iluminó con incontables lamparas de aceite, banderines y estandartes, los artistas de la corte real salieron del castillo en el día para entretener gratis al pueblo, recorriendo dentro de las murallas así como fuera, quedando en el castillo los cuales disfrutaban del mecenado del mismo príncipe siendo los favoritos del mismo, eran estos artistas los que se encargarían de entretener a los nobles invitados de la gran celebración de la noche.

La gran celebración había comenzado con una cena ligera, se habían presentado como curiosidad una entrada de la cocina típica de Regna Ferox, comentarios que podrían llegar a ser ofensivos hacia la cultura del reino conquistado inundaron la mesa entre risas calificando aquel plato como "digno de salvajes" o "insulsamente simple" al ser principalmente verduras cocidas contra las brasas y carne de buey asada sobre su cuero. Durante el plato principal se escucharon canciones típicas del reino del norte y un orador habló un poco sobre la cultura del mismo. Las críticas no tardaron en llegar, principalmente disfrazadas con un tono condescendiente hacia el país que, conquistado, estaba perdiendo su cultura con la excusa de "llevar una sociedad civilizada" por parte de los Alteanos.
Habiendo terminado todos pasaron al gran salón donde un cuarteto de cuerdas tocaba ya música típica del reino de Naga, se ofreció una amplia variedad de alcoholes, principalmente vino y licor de arándano por el color azul. El príncipe entabló conversación con varios grupos de nobles, acciones protocolares y necesarias, haciendo presencia y notando a todos los que habían llegado desde lejos, incluso a la joven de largo cabello verde del otro lado del mar a la cual pretendía. Pero sin querer hostigarla le dio su espacio.

Apartándose un poco de todo decidió tomar algo de aire y dirigirse a uno de los balcones que daban al hermoso jardín interno, pese a ser de noche estaba bien iluminado por antorchas decoradas para la ocasión, los pavoreales descansaban junto al pequeño estanque y un par de parejas se veían cuchichear en los bancos de piedra. El peliazul tenía una copa de vino en su mano y vestido de gala con un conjunto ceñido al cuerpo de tono blanco y azul solo rompía la figura la larga capa que caía por sobre uno de sus hombros enganchada con una gran joya con una pieza tornasolada, nada menos que un fragmento de una escama de manakete pulida y engarzada en oro. Dicha escama había sido parte de su armadura, central en su pecho había detenido la punta de una lanza salvando su vida pero quebrándose por el impacto, ahora era parte de una pieza de joyería aún honrando al dragón que generosamente se la había regalado tiempo atrás. Distraído no notó la presencia que se acercaba hasta que la sombra llegó a cubrir los reflejos rojos de su copa. Levantó su mirada y una sonrisa suave apareció en su rostro cuidadosamente maquillado - Artemis... buenas noches. ¿Está disfrutando de la fiesta? -


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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Artemis el Dom Oct 15, 2017 12:49 am

El regreso a casa fue un alivio para el zorro de 9 colas quien estaba honestamente exhausto por el viaje pues si bien la misión suicida de reconocimiento en un reino infestado por emergidos fue dura, las batallas siguientes para terminar de liberar el reino tampoco fueron precisamente un paseo por el parque… sin embargo era la mascota real de la casa de Altea y uno de sus deberes, si no su obligación, era estar a la altura del joven soberano pues pese a ser "un animal" su cercanía con el príncipe siempre daba de que hablar, sus acciones repercutían para bien o para mal a los ojos ajenos. Sin embargo, sabia de sobra que regresando del viaje les esperaba otra ardua batalla; la celebración de victoria por un trabajo bien hecho que quizá para los soldados y ciudadanos era un premio y un descanso, pero para Artemis aquello significaba que tendría más trabajo por hacer pues su verdadera función en el castillo y el motivo por el que el príncipe lo había recibido como habitante del castillo era precisamente para entretener a los invitados en las celebraciones como aquella y, por supuesto, como deleite personal del príncipe.

Acicalar, cepillar, arreglar y adornar a la mascota real para la gran celebración en la noche fue una tarea que mantuvo tanto al zorro como a sus cuidadoras ocupados todo el día; cada cola debía estar perfectamente peinada, reluciente y esponjada, su cabello brillante y bien arreglado con aceites especiales para reparar el ligero daño que el viaje hiso en su pelaje, perfumarle y seleccionar las ropas adecuadas para la ocasión pues al haber invitados importantes tenía que lucir lo mejor que nunca. Al final del día Artemis lucía un traje de bailarín hecho con satín de seda fina con escasas telas en el torso para que sus tatuajes azules se pudiesen apreciar claramente y accesorios de oro discretos a simple vista pero que tintineaban cada vez que el laguz se movía. Una paticura de urgencia fue necesaria así como maquillaje para resaltar el azul de sus ojos y sus tatuajes pues serian el color predominante de los adornos en la celebración; al finalizar las preparaciones Artemis estaba tan bien arreglado que, de no ser porque se movía, parecería un muñeco de porcelana.

Los festejos dieron inicio y el reino entero soltó un grito de gozo, la velada comenzó haciendo honores al reino conquistado de Regna Ferox que no pareció dar cosas muy buenas de que hablar entre los presentes. Las orejas del laguz se meneaban ligeramente pudiendo captar con claridad la mayoría de las conversaciones que tenían los presentes las cuales llegaron a fastidiarlo tanto que el pobre zorro acabo por agazapar las orejas hacia atrás, debía permanecer firme y bien portado sin embargo, portando una fina cadena dorada que un criado se encargaba de llevar debido a que muchos de los invitados podrían ponerse nerviosos de que una "bestia" anduviese suelta por el lugar sin correa. Aun así, no podía hacer nada más que sonreír, saludar y ser tan encantador como le fuera posible tanto por que debía mantener en alto la reputación de su amo como demostrar que como laguz no era peligroso y que algunas caras tensas se relajaran. Los modales de Artemis eran impecables, dignos de cualquier noble bien educado además de ser elocuente y un buen conversador, pues para eso estaba entrenado. Era para muchos entretenido ver a una criatura tan bien portada y dócil que ante la enorme demanda por acariciarlo por parte de las doncellas y los niños el criado que sujetaba su cadena tuvo que darle un "paseo" al zorro por toda la sala teniendo que aguantar Artemis un par de tirones de cola o pellizcos sin queja alguna…. no es que aquella fina cadenilla de oro fuese realmente a retener a un laguz como el si deseaba escapar pero daba una falsa sensación de seguridad pues si bien Artemis se había ganado fácilmente el cariño y la confianza de los sirvientes del castillo y los habitantes del pueblo la arrogancia típica de los nobles lo marcaban aun como "un peligroso animal salvaje" que debía estar bajo vigilancia. Agobiado y mas manoseado que masa de Arti-galleta el laguz suplico discretamente a su "cuidador" que le llevase al jardín a descansar un poco pues ya pasando la "primera exhibición" aun debía llevar a cabo su acto más entrada la noche. Al salir le acomodaron la correa de oro para que no le estorbase y tras la petición de que le llamase nuevamente si deseaba regresar al evento el criado se retiro a atender otros asuntos pues era una noche ocupada para todos.

Fue entonces que los ojos celestes del zorro divisaron una estampa conocida haciendo que de inmediato todo el cansancio y fastidio se esfumaran, provocando que todas y cada una de sus mullidas colas se meneasen inquietas en un solo vaivén al reconocer a su amo. En cuanto las miradas se cruzaron el zorro le dedico una gran sonrisa pues no le había visto desde que llegaron al castillo, saludándole con un respetuoso inclina miento de cabeza.

- Tanto como me es posible disfrutarlo, amo ~ ♪ -

Respondió alegremente a la pregunta del chico con su característico tono de voz ligero pero respetuoso, sus mullidas orejas bien alzadas y su porte elegante de siempre. La música aun se escuchaba de fondo pero el zorro disfrutaba mas del ambiente que había en el jardín, uno más tranquilo y libre de los comentarios y actitudes tan toxicas que tenían muchos de los invitados.

- Hacia mucho que no teníamos una fiesta de este calibre, mire que hasta me pintaron las zarpas con pintura hecha de lapislázuli después de limarlas. Las chicas se lucieron esta vez con los adornos también, les escucha? -

Movió un poco las caderas y el tintineo de algunos cascabeles de oro se hiso escuchar a la par que el zorro soltó una pequeña risa, avanzo momentos después y se recargo en el balcón al lado del joven soberano.

- Que hay de usted querido amo?, debe estar contento por ser el héroe que libero a Regna Ferox de la plaga. -

Pregunto el zorro aun meneando con elegancia sus colas de un lado a otro, aun no había comido ni bebido nada en la fiesta pues pese a los modales impecables del zorro que un "animal" comiera a la mesa junto a los invitados podría ser considerado de mal gusto por lo que debía esperar a culminado el festejo para recibir su alimento, por suerte y anticipando esto el cocinero real le dio un saquito de  Arti-galletas las cuales el laguz saco del bolsa que colgaba de su cintura para comer un par de estas y mitigar su apetito.
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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Marth el Mar Dic 05, 2017 1:34 am

Era muy cuidadoso y sobreprotector con el zorro, le había costado mucho verlo como un animal capaz de defenderse, había necesitado verlo pelear para convencerse que aquella masa de colas y suavidad no eran solo un cachorro travieso que podía llegar a ser elegante si no que también una fiera bestia. No le quitaba que fuese celoso y orgulloso de su mascota. Cuando bajó su mirada al collar que contenía enroscada y acomodada fuera del camino una delgada cadena su sonrisa se borró de su rostro y frunció su ceño. Dejó la copa con cuidado al borde de la valla de piedra que delimitaba aquel pequeño balcón por aquel lado, del otro una escalera trazaba una curva hasta desembocar en el amplio patio interior. Se aproximó con sus manos extendidas, primero dando una caricia a ambas mejillas, un gesto un poco extraño a tener con una persona, aunque esta tuviese cola y orejas; continuó bajando hasta su cuello y allí se detuvo donde iniciaba el collar. De cuero blando para que no lo lastimase ni marcase su pelaje en forma animal ni marcase su cuello cuando estuviese en forma humana, se veía el escudo de la casa de Altea, como una llave maestra aquella joya le permitía paso a prácticamente cualquier lugar del castillo y de la ciudad capital. Deslizó sus dedos por el cuello hasta encontrar el enganche de la delgada cadena casi en la nuca - ¿Quién ha sido el ignorante y desubicado que le ha puesto cadena como un oso de circo? Usted es un zorro entrenado y educado, no cualquier bestia salvaje. - dijo indignado desenganchando la cadena para alejarla del collar.

Al apartarse no lo hizo regresando a su posición original si no que se quedó de pie junto al hombre, mirando hacia el interior de la fiesta. La escena se enmarcaba por la puerta bordeada de ligeras cortina de lazo y encaje, la diferencia de iluminación, mucho más claro en el interior que en el exterior hacía que fuesen más separados ambos ambientes. La música llegaba a ellos y podían ver a las personas en el interior interactuando, unas pocas parejas bailando, un par de mujeres conversando apartadas, un grupo de hombres parados en un circulo escuchando lo que parecía ser una historia exagerada de batalla. Los vestidos de última moda local en las mujeres llenaban todo de vibrantes colores, el clima cálido traía flores a los árboles y plantas y esto se imitaba en la vestimenta femenina, contrario a invierno donde los colores más fríos y apagados eran más populares. En cambio los hombres mostraban colores más oscuros, azules y bordos principalmente, algunos negros, solo el príncipe vestía de blanco y su invitado de Pherae que traían la moda extranjera.

Sonrió y soltó una recatada risa que cubrió con el dorso de su mano cuando vio la gracia del zorro moviendo su cadera para mostrar sus cascabeles - Le han puesto muy elegante, en eso puedo concordar. Es verdad que hacía mucho tiempo que no celebrábamos así, han sido tiempos oscuros y no parecía respetuoso en vísperas de la muerte de mi padre hacer mucho despliegue social. - carraspeó un poco pensando en los otros problemas un poco más internos que el zorro estaba enterado aunque no de boca del príncipe. Suspiró cortamente y pasó a otro tema ampliando su sonrisa - De hecho, esperaba poder ofrecerles algo más, pero es un territorio demasiado grande... tomando la capital y expulsando de ella a los emergidos aún quedan muchos lugares del país donde esta plaga sigue proliferando y nos tomará mucho tiempo dejarlo tan limpio como Altea. - sonrió un poco y centró su atención a una joven que desentonaba bastante con el resto, su vestido de un tono gris perlado con detalles en verde fuerte era ajustado mostrando desde su rodilla hasta su tobillo, un modelo demasiado revelador para una fiesta de ese estilo - Lady Kamila siempre tan desentonada... uno diría que teniendo tanto tiempo para ir a criticar a cuanta dama pase por su marquesado tendía un poco más de tiempo para contemplar su vestuario. Ni en Sacae vi vestido más de mal gusto. - rió por lo bajo haciendo sonar un poco la cadena que aún sostenía al cubrirse los labios.


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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Artemis el Mar Dic 05, 2017 1:33 pm

Artemis meneo enérgicamente todas sus colas en cuanto el chico deposito sus manos en ambos lados de su rostro haciendo sonar un poco los adornos que aquellas peludas extremidades tenían, el zorro adoraba el fino tacto que el joven soberano tenia para con el y se admitía a si mismo que extrañaba hasta cierto punto aquellos días en los que ambos tenían más tiempo para jugar en los jardines del castillo. Artemis le dedico una amplia sonrisa a las palabras del chico, alzando sus largas y peludas orejas hacia adelante.

- Eso yo lo sé, usted lo sabe y todos los que me conocen, amo, pero muchos de sus invitados no y podrían ponerse…. nerviosos si ando suelto y a mis anchas por el salón de festividades. Era una medida para evitar cualquier problema, después de todo estamos de fiesta. -

Se encogió de hombros restándole importancia al asunto, sintiéndose especialmente complacido en cuanto logro sacar aquella risita en el muchacho; A sus ojos Marth era aun casi un niño y aun que había demostrado su valía con creces más de una vez le parecía poco sano que el pobre estuviese siempre tan serio y preocupado, por tato decidió no continuar con el tema de Regna Ferox y centrarse en los comentarios sobre lo poco recatada que era Lady Kamila.

- Ohhhh, pero eso no es nada querido amo ~ ♪ -

Comento el zorro inclinándose un poco para estar más a la altura del chico pues de momento y aun que diera el estirón el zorro seguía siendo más alto que el, orejas incluidas. Sonrió de forma divertida a la par que sus colas se movían de forma intermitente, a su dueño le parecían gustar ese tipo de cosas y en su estancia en la fiesta sus oídos se vieron saturados de chismes jugosos que podría utilizar para hacerlo feliz o ya siquiera sacarle alguna risa.

- Vera, no esta usted para saber ni yo para contarlo pero hacia un par de horas Lady Bismonte y Lord Bismonte estaban criticando a mas viva voz lo salvajes y desagradables que eran las temáticas de Regna Ferox en la fiesta. Pero va usted a saber que, a escondidas de su esposa, Lord Bismonte se sirvió una segunda porción de cerdo asado feroxiano con guarnición extra y eso que ya esta pasadito de peso. Lady Bismonte por otra parte zapateaba un poco bajo la mesa cuando la música también empezó a sonar. -

Susurro el zorro con cierto gesto secretistamente juguetón que suelen adoptar los niños cuando se pasan noticias de esa índole. Si se ponía a pensarlo resultaba ciertamente gracioso el ver como aquellos humanos estirados se contradecían a sí mismos en más de una manera y casi todo el tiempo, tan hipócritas que difícilmente ellos mismos se creían sus mentiras.

- Y allí no acaba la cosa, conoce a Lady Juliana?, esa que tiene una "gran personalidad", pues yo escuche acerca de que ella intentaba hacerle competencia hoy a Lady Kamila por eso de que siempre va a las fiestas muy reveladora pero después de un par de comentarios de que parecía una salchicha embutida por parte de las damitas que van allá en grupo la pobre opto por taparse el escote y esos rollitos que le salen bajo los hombros por la faja con una bufanda de seda. Supongo que no a todos les queda bien ese estilo atrevido. -

 Artemis encontraba cierto encanto en espiar a los humanos y difícilmente se daban cuenta o les importaba lo que un zorro estuviese escuchando por lo que, más veces de las que le gustaría era testigo de todo tipo de dramas y chismes aun que una exposición tan brutal a eso como había en la fiesta le pedía un merecido descanso.

- Se sorprendería, amo, de todo lo que estas adorables y peludas orejas escuchan. Las ventajas de ser una mascota, ya le digo; a pocos les importa lo que veo o escucho, así que veo y escucho mucho ~ ♫ -

Rio animadamente meneando todas sus colas, esperando a la reacción de su dueño ante algunas de las noticias poco relevantes pero jugosas que había logrado conseguir en su estancia en la fiesta. Esperaba poderlo divertir igualmente de aquella manera, que para variar sintiese la satisfacción de relajarse un poco.
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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Marth el Mar Ene 23, 2018 11:02 am

Negó con un gesto tajante al alzar su mano y mostrar su palma, no necesitaba ni siquiera moverla para mostrar autoridad, aún siendo joven de edad y bajo de altura había crecído mentalmente en este último tiempo volviéndose alguien mucho más rígido y autoritario, dos rasgos valiosos para un general de un ejército - Nada de excusas y nada de eso. ¿Que diría de mi y de usted que estuviese con cadenas? Solo confirmaría los miedos de los demás, a la vista ese “por si las dudas” es falta de confianza mía de que usted no se comportará o que no está propiamente entrenado, y nada más alejado de la verdad. Que no se hable más y nada de cadenas que desvíen la atención de lo que realmente importa. - solo necesitó alzar un poco su mano, ni siquiera apartó la mirada de su mascota, para que acudiese de inmediato un sirviente desde el interior del salón a tomar la cadena que el príncipe entregaba. Con un gesto que hubiese sido considerado desdeñoso de no ser porla elegancia del mismo y la sonrisa dulce que le acompañó, indicó al sirviente que se retirase para dejarlos a solas nuevamente, cosa que el hombre hizo sin emitir sonido.

La actitud secretista que optó el zorro le hizo prestar más atención a sus palabras, anticipándose que le susurraría para escapar de oídos curiosos, a fin de cuentas habían algunos puntos ciegos que podían estar atentando contra su confidencialidad. Escuchó con atención los comentarios que el pelibanco le iba proporcionando, una suave risita afloró en sus labios y se apresuró a cubrirse la boca con sus dedos, le divertía escuchar aquellas cosas, sobretodo de una familia tan distinguida en la corte como lo era el matrimonio Bismonte. Esos nobles que se esfuerzan demasiado y su actuar no se le antojaba “natural” al príncipe - No puedo decir que esté sorprendido de lo que me cuenta, Artemis. Se les nota lo campestre en sus sangre, el poco gusto de la mujer solo puede ir acorde a los toscos modales de su marido. - comentó solo acotando a lo que ya se le informaba pero su expresión cambió de inmediato con las siguientes palabras. Sus cejas se alzaron en sorpresa y sus labios perdieron todo rastro de sonrisa, incluso podría verse un poco de horror en su semblante al tensar sus hombros. Miró a ambos lados y a las grandes puertas vitrales que daban al balcón asegurándose de estar a solas, solo ahí habló con la voz aún más baja - He escuchado que sus doncellas le tienen miedo y no se atreven a decirle cuando un atuendo no se le ve bien. A una de sus doncellas la ha dejado tres días sin comer y habría sido más si no fuese por que su hermano se enteró y levantó el castigo de la pobre joven, todo por que la joven opinó que los colores oscuros le sentaban mejor a su blanca piel que los rojos estridentes que ella suele utilizar. - dicho esto enseguida se atajó con una exclamación - ¡No crea mal de mi! Si bien fueron cosas dichas entre los criados del castillo lo he oído de buenos labios. - no permitiría que se tuviese la imagen de él hablando de esas cosas con cualquier criado a quienes apenas les dirigía la palabra, no por malicia si no por mera educación de cuna noble.

Informado ahora de algunas “noticias” de la nobleza local se tomó el turno para hablar de la nobleza extranjera. Miró nuevamente hacia el salón y llegó a ver de espaldas al hombre que le había acompañado durante tantos kilómetros en sus viajes y hasta en los campos de batalla. No era un hombre particularmente alto pero su claro atuendo y elegancia exótica gritaba “extranjero” por donde se le viese, sobretodo su estridente cabello naranja. Sin dar mayor señal que solo su mirada antes de volverla al patio habló con naturalidad - En esta fiesta se encuentra el Marqués Eliwood, en primera instancia no se deje engañar por un título tan pequeño. Este hombre es del continente de Elibe y en Lycia, el país de donde proviene, es el título más alto que cualquier criatura puede poseer. Su sistema de gobierno es extraño y único, el país está dividido en marquesados y cada marqués hace de su tierra como si fuese un país independiente, con su economía, ejercito y hasta cultura independiente. Todos los líderes conforman una alianza en conjunto que denominan “La Liga de Lycia” donde se reúnen como iguales, casi como regentes de países vecinos. ¿Curioso no cree? - la seria introducción no era más que una introducción para lo que realmente quería hablar.

Retomando un tono más bajo y cargado de secretismo habló sin realmente pensar mucho más allá de sus palabras, confiando en el zorro y en la comodidad que sentía con este - Lord Eliwood tiene un hijo que acaba de iniciarse en la adultez prestando servicio en el mismo ejercito de Pherae, nombre de su marquesado. Estuvo casado pero perdió a su esposa hace más de dos años... y aún no contrae matrimonio nuevamente. - al decir esto miró al otro de reojo - Es un hombre aún joven y vital, comanda ejércitos con gran presteza y muestra mucha fuerza en el campo de batalla, y la misma habilidad en los eventos sociales, tiene excelentísimos modales así como una mente culta en las artes y las ciencias... debería tener a cada mujer soltera en su marquesado y alrededores a sus pies buscando ser la que le tome del brazo en esta clase de eventos, pero sin embargo no se le ha visto ni siquiera hablando más de lo que es correcto con cualquier mujer... - detuvo sus palabras de pronto. Estaba hablando de más y el carril que llevaba aquella conversación le aproximaba demasiado a un área que no debía tocar. Presto y ágil con las palabras de inmediato cambió el enfoque apenas dejando una pausa en el fluír de sus ideas - Debería pensar en su descendencia, un solo hijo es un poco peligroso en estos tiempos, sin importar lo seguro que se encuentre su país en este momento... - soltó un suspiro corto pero firme - Al menos él llegó a tener un hijo... no como mi tío que en lo que lleva de su vida no le he conocido ni una sola prometida... ¡y ya tiene suficiente edad como para comenzar a preocuparse de ello! Chrom debería comenzar a velar un poco más por su país y asumir su responsabilidad como próximo a la corona. -


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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Artemis el Miér Ene 24, 2018 6:47 pm

Ante las palabras de su joven amo Artemis no pudo evitar esbozar una amplia sonrisa a la par que soltaba un pequeño suspiro, el pequeño príncipe que conoció ese día en el teatro público se estaba convirtiendo en un hombre y aquello lo notaba, en sus expresiones, en su conducta, mas seguía manteniendo ese corazón noble y bondadoso por el cual había decidido aceptarlo como su señor.

- Tiene toda la razón amo, creo que no fui capaz de ver más allá de lo que resultaba obvio. No mas cadenas entonces, hare honor a la confianza que me tiene de tal modo que todos también puedan verlo. -

Adoraba a ese chico y, de no ser porque estaban en un evento de importancia se habría abalanzado sobre el de forma cariñosa tal como lo haría un perro devoto a su amo cosa que hacía cada vez que pasaban tiempo juntos. Por supuesto, le agradaba ver que sus primeros cotilleos le sacaron una agradable risa a su dueño por lo que meneo contento todas y cada una de sus colas aun que los datos que el peli azul aporto de la otra invitada fueron poco gratos.

- Hum…. si alguien debe dejar de comer es ella, el desquitarse con las pobres criadas no la hará verse mejor ni mas esbelta… Aun así, el resultado de esa actitud es irónicamente hilarante; podrá acallar todo lo que quiera las opiniones de sus criadas pero ciertamente los demás nobles no se van a sujetar la lengua. Por no escuchar consejos ajenos ahora debe lidiar con la vergüenza así que podremos decir que esta pantomima tuvo un desenlace con justicia poética. -

Y ya lo había vivido, ser víctima ya fuera de un amo cruel o una inconsciente, una niña lo bastante egoísta como para ignorar el dolor ajeno si con ello complacían sus deseos y no podría decir que su final tampoco fuese del todo bueno. Aun así, el zorro confiaba en su príncipe tanto como el joven de cabello azul confiaba en el, estaba seguro que no intentaría hacerle daño y en muchas ocasiones le había demostrado que se preocupaba no solo por el si no por sus súbditos y sirvientes, por ello se había auto impuesto la tarea de protegerlo aun a costa de la propia vida pues el joven soberano se había ganado con creces esa pleitesía de su parte. Entonces, los ojos celestes del zorro se fijaron en cierto pelirrojo, alzando sus largas orejas que escuchaban atentas la explicación del joven príncipe pareciéndole increíble toda la gama de virtudes que parecía tener.

- Pues sí que es un hombre bien parecido, amo, y tiene un porte bastante elegante por no decir que lo que me comenta de él es curioso a la par que fascinante. Aun así, quizá sea inteligente de su parte el no volver a casarse si es que ya tiene un hijo pues aun que no lo crea hay casos en el que la segunda esposa es toda dulzura con su esposo pero cruel con el niño que no es suyo; No es el caso siempre, pero si se repite más veces de las que me gustaría admitir, ni se diga de los casos en los que el medio hermano asesina al mayor para volverse el heredero legitimo. -

El zorro le miraba atentamente, memorizando el rostro de aquel individuo, instigado por todas las cosas que el príncipe decía de el… Le picaba un poco la curiosidad de saber qué tipo de persona seria pero por respeto a su dueño se mantendría del momento al margen. Artemis entonces se encogió de hombros, con un gesto de restarle importancia a lo que recién había comentado, sonando un poco los cascabeles con el sacudir de sus colas.

- O quizá simplemente aun no se recupera de la perdida, sabe?, las heridas del corazón suelen ser más profundas y dolorosas que cualquiera que pueda infringir la espada mas filosa y no basta con solo "sustituir la perdida". Esas cosas requieren tiempo y quizá no se sienta listo. -

El zorro poso sus manos en la cintura, riendo un poco ante la mención del tío de su amo, hombre sumamente interesante y agradable que había conocido hace un rato y que lo había librado de una situación bastante incómoda con unos críos mal educados.

- Su tío tiene 2 hermanas si mal no entiendo, así que dudo que tenga prisas en tener descendencia. Concuerdo igualmente en que debería de tener suspirando a mas de una doncella soltera. Aun así y pidiendo de antemano una disculpa por el atrevimiento, tengo la sensación de que usted será un hombre aun más atractivo que él cuando tenga esa edad o por lo menos eso es lo que mi sexto sentido de zorro me dice. -

Artemis alzo la barbilla con orgullo cruzándose de brazos, alzando las orejas hacia delante y sacando un poco el pecho, totalmente seguro de sus palabras pues si bien aquel joven había madurado bastante en el tiempo que tenia de conocerlo, lo cierto es que aún le quedaban un par de años para desarrollarse por completo.

- Y bueno, eso nos deja con el único soltero aquí que tiene problemas para encontrar prometida… -

Hiso una pequeña pausa, recargándose un poco en la baranda del balcón soltando un pequeño suspiro desanimado, sus colas se mecieron suavemente con su elegancia característica y aquellas largas y peludas orejas, antes alzadas, se habían echado hacia atrás.

- Yo, por supuesto. Se imagina amo?, pese a que soy el zorro más bello de toda Altea y circundantes no he podido encontrar a mi bella damisela… No es que las chicas del reino no me quieran pero como sabe no soy humano así que las confianzas que me toman no es porque me estén coqueteando sino es más bien porque no me consideran un pretendiente siquiera…. Hay de mi. -

Se recargo un poco más en la baranda, alzando su rostro al cielo y posando el dorso de su mano derecha sobre su frente en un gesto de tragedia exagerado, dejando caer su fina cabellera hacia atrás como si fuesen hilos de sedosa plata.

- Y con las chicas laguz es peor… mire que me consideran débil y remilgado por no decir que la única chica de mi especie que llegue a conocer es apenas un cachorro y podría ser mi hija. Conocí también a una hermosísima garza de camino hacia Altea, cuando estuve de "vacaciones" por Daein y pese a que era la criatura más hermosa, bella y maravillosa que exista en este mundo ella no podría vivir entre murallas y yo no puedo vivir fuera de ellas además de que una garcita debe estar con otros garcitos por que de entrada son pocos… así que, en resumen, a lo mejor me muero soltero querido amo. -

Resultaba trágicamente cómico los muchos intentos que había hecho por conquistar a algunas damas, de encontrar el amor tal como lo dicen todas esas novelas románticas y cursis pero no había manera, para las chicas humanas él era un perro y para la mayoría de las laguz era un faldero. Suspiro un poco, sonriendo como siempre para recuperar ese aire de que nada se toma enserio, meneando sus colas de forma animada nuevamente.

- Y ya que hablamos de admitas, querido amo, hay alguna afortunada que le llene el ojo?, a su edad ya tiene muchas azañas no menores en su haber y me atrevo a afirmar que usted ya es bastante atractivo por lo estoy seguro que usted también debe tener suspirando a todas las féminas de Altea. Tengo curiosidad por ello si no le molesta, que tipo de mujer le gustaría a usted tomar por esposa? -

El cotilleo divertía al zorro pues pocas actividades pueden hacerse dentro del castillo, por lo tanto sin malicia alguna había hecho aquella pregunta, la conversación se estaba poniendo interesante aun que respetaba si su amo no quería responderle a ello.
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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Marth el Dom Feb 18, 2018 9:34 pm

El joven príncipe podía tener una lengua afilada cuando se trataba de juzgar a otros nobles en una fiesta, su mirada era dura entre la alta sociedad, así como él apuntaba a la perfección en modales, buen gusto e incluso conocimientos académicos, exigía lo mismo de los otros nobles, volviéndole alguien bastante cruel a la hora de juzgar. Las palabras del zorro no atenuaban aquella faceta si no por el contrario le alentaban a seguir esa misma línea de pensamiento, el joven podía detener sus tareas para escuchar brevemente lo que los sirvientes tuviesen que decir, claro que ninguno se atrevía a interrumpirlo si no era algo de suma importancia y el joven valoraba la visión de los mayores y de más experiencia. A fin de cuentas era lo que había hecho la mayor parte de su vida el escuchar consejos y guías de hombres de más experiencia. Un consejo de un sirviente podía salvarle de una humillación pública, desde el recordarle alguna fecha o costumbre local hasta indicarle si tenía mal puesta una prenda de ropa. Era necio y tonto el que la mujer no escuchase a sus doncellas y más encima las castigase por intentar ayudar - Tal como dice, justicia poética. - secundó con una sonrisa plácida.

Su mascota hablaba con una verdad tan cruda y frontal que impactaba al jovencito que pese a enfrentar situaciones no propias para alguien de su edad, seguía siendo ingenuo en muchas otras, sobretodo en los asuntos del corazón. Horrorizado entreabrió sus labios y los cubrió con la punta de sus dedos mirando al pelirrojo con sus ojos bien abiertos, ¿sería acaso esa la razón por la que el marqués no estuviese buscando esposa? ¿en su amplia experiencia y sabiduría sabía que incluso la vida de su único hijo podía correr riesgo si contraía nupcias? Sin saber realmente que responder solo guardó silencio absorto en esos pensamientos, tomando en cuenta también los actos que habían hecho a puertas cerradas. Presto en sociedad, Artemis rápidamente supo regresar a un ambiente más relajado y en el que el príncipe podía pasar por alto aquello centrándose más en las palabras que dedicaría a su tío. De inmediato presentó su desacuerdo - Tiene dos hermanas, pero las mujeres no son aptas para el gobierno. No apruebo que Chrom no reclame su lugar en el trono. - eran palabras muy fuertes y que podían llegar a dañar la relación entre dos países si se llegaban a escuchar fuera de esos dos pares de oídos.

Enseguida se dio por aludido, el tema de sus soltería era un tema mucho más pesado que simplemente cotilleo de sobremesa, de que él contrajera nupcias dependía la corona de Altea, pero sonrió cuando el zorro se adjudicó aquella carga con un gesto teatral. Enseguida al escuchar de la garza su rostro se iluminó al recordar conocer a la única garza viva, o así se había presentado - Oh, ¿conoció al príncipe Reyson? Mis disculpas pero por más femenina que se viese su figura lamento decirle que es hombre... y el último de su raza tras la desgracia de Serenes. - dijo con un corto suspiro. Había tenido problemas con aquel hombre pájaro pero había sabido sobreponerse y hasta creía haber terminado en buenos términos con el ex-príncipe. Igual mostró interés en algo que nunca había cruzado por su mente - Pero Artemis... ¿no le debería buscar a alguien de su raza? Ejem... según he leído hay de los suyos en Hoshido, pero no le recomiendo viajar hacia allí. -

La pregunta del zorro podía llegar a ser considerada impertinente pero la confianza que había entre ambos le hacía no tomárselo a pecho, solo miró en silencio hacia la puerta, donde el marqués Eliwood conversaba con una joven elegantemente vestida pero con una postura poco femenina de larga melena verde.


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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Artemis el Dom Feb 18, 2018 11:17 pm

Artemis era más astuto de lo que parecía pues detrás de esos ademanes y aparente actitud relajada residía una mente metódica y atenta a los detalles. Antes de conocer a su querido amo no paso pocos años viajando y había podido conocer de primera mano a todo tipo de personas y situaciones desagradables, ahora que su bondadoso amo le protegía y cuidaba el laguz de plateado pelaje planeaba usar esos conocimientos y experiencias para ayudarlo, aun que fuese por las sombras. Era su sentimiento y deber que su amo no pasara penurias innecesarias por lo que le cuidaba más de lo que parecía a simple vista, preocupándole un poco la reacción que el joven soberano tuvo en cuanto le hablo de los riesgos de contraer segundas nupcias. Su amo era un joven mas por su actitud y personalidad maduras a veces se le olvidaba, tendría que ser cuidadoso en tratar temas de esa índole con él.
 
La charla tenia tantos altibajos como un Pegaso borracho, quizá a las confianzas que se tenían pues con sus otros "amos" Artemis a penas y se atrevía a decir palabra a menos que se lo ordenasen, en chico más que su amo era como un amigo… lo pensaba de esa manera pues pese a todo seria impertinente, aun para él, sentir algo más cercano por el chico pues aun tenia pleno conocimiento de su lugar como correspondía.
 
- Oh, bueno, si… lo ideal seria encontrarme con una fémina de mi propia especie pero si ya de antes los zorros éramos escasos, con lo que paso en Hoshido… bueno, yo no seria muy optimista al respecto. -
 
Era una realidad triste para el, en el peor de los casos el podría ser uno de los pocos ejemplares vivos que quedasen en el mundo pues contaba con la protección y cuidados de su dueño. No quería pensar demasiado en que habría sido de el si estuviese desamparado como los kitsunes de la aldea oculta, sin ahora tener un lugar seguro a donde ir o a quien acudir pues sabía que muchos se aprovecharían para hacer dinero fácil con sus pieles.
 
- El príncipe Reyson…. -
 
Soltó un pequeño bufido sin siquiera disimular su desagrado por ese nombre, golpeteando sus colas contra el piso en un notorio gesto de molestia contenida. No le daría detalles pues igualmente sabia lo mucho que le gustaba a su amo ese pajarraco blanco pero, de no ser que lo tenían bien sujetado en la estancia del rubio por cierto incidente con un pavorreal alvino, probablemente se le hubiese echado encima desde el momento en que vio, desde la lejanía del balcón que daba al jardín, a esa ave de mal agüero abofetear a su amo y el hecho de que tuvo que ser contenido por varios sirvientes por las notorias intenciones asesinas que tenia para con el emplumado visitante en ese momento lo mantendría como un secreto del chico pues sabía que Marth no estaría contento de enterarse.
 
- Vamos a dejarlo en que no lo conocí per se, pero ya sabe, yo vivo aquí y el fue un huésped así que pocas cosas no escuche de él. Aun así, le alegrara saber que ese… hump… "príncipe", no es la única garza viva. En mis viajes conocí al menos a dos más de los cuales me he hecho muy amigo; Uno se llama Seraphiel y es el embajador real del reino Shindhu y la otra es una preciosa criatura llamada Etolie a quien conocí en Daein; esa preciosidad tiene el cabello plateado y ojos azules como zafiros, plumas de un gris claro con ligeros destellos que se notan cuando la luz las toca suavemente, piel de porcelana más fina que la seda y una voz tan clara como la brisa de primavera, su mirada cual estrella atraviesa mi alma y me llena de una dulce agonía que me convierte en todo y es nada…. ay, mi dulce Etoile…. -
 
En cuanto había comenzado a hablar de la ultima parecía que el zorro se deshacía con cada palabra, perdidamente enamorado de aquella figura que atormentaba sus recuerdos, a tal grado llego el delirio del zorro que incluso formo un corazón uniendo 2 de sus colas por las puntas. Después regreso a la realidad, recuperando la compostura al pararse derecho y aclararse la garganta. Entonces recordó algo importante que le hiso abrir los ojos como platos, alzar las orejas hacia adelante y erizo todo el pelo de sus colas, haciéndolas mas mullidas y espesas que de costumbre.
 
- Ehem… b-bueno, respecto a Seraphiel es un muy bien amigo mío y es mucho más tolerante con los humanos que el invitado que llego a tener en el castillo. Esto…. se dio en el momento en que estaba pasando el rato en Shindhu y habíamos bebido un par de copas por lo que termine invitándole a que viniese de visita a Altea… Trate de avisarle antes, amo, pero estaba usted tan ocupado que no hubo manera. -
 
Artemis ladeo la mirada hacia otro lado, meneando sus colas ligeramente nervioso sin atreverse a ver directamente al chico pues ciertamente aun que su amigo solo fuera de visita seguía siendo alguien importante de un reino distinto a Altea. Por supuesto, tampoco planeaba decirle que prácticamente se había robado a la chica en Daein y con altas posibilidades, aun que probablemente Etoile andase muy feliz por ser libre de nuevo, su dueño no estaría tanto.
 
- P-pero ya me encargue de todo!, como es un buen amigo mío pedí que le preparasen una habitación de invitado aquí en el castillo, yo se que fue muy irresponsable de mi parte y que debí haberle avisado inmediatamente pero acordamos que no sería nada oficial y como los garcitos se agobian fácilmente con el gentío pues quería hacer su visita algo discreta. Y… es que cuando hable de lo grandiosa que es Altea me miro con esos ojitos que solo las garzas tienen… ay amo… como le dice uno que no a eso? -
 
Artemis solía tener una personalidad tranquila y tan seguro de sí mismo en todo lo que hacía y decía pues generalmente tenía la certeza de saber donde ponía las patas, por lo que aquella actitud nerviosa era, quizá, la primera vez que la mostraba frente al chico al pensar que había hecho algo malo.
 
- Esto… pero puedo ponerle sobre aviso, amo, cuando me confirme la fecha de su visita por si quiere conocerlo -

Porque había sacado todo ese tema y por qué había sobre reaccionado tanto?, la respuesta estaba por supuesto en la discreta mirada con la que el chico miro al baile, a una doncella de cabello verde según parecía y, temiendo haber tocado un tema que no debía se centro intencionalmente en el tema que parecía agradar mas al chico… aun que no descartaba que quizá se molestase con el por invitar gente importante al castillo sin su permiso pero lo hecho, hecho estaba así que solo le quedaba lidiar con el resultado.
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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Marth el Dom Abr 15, 2018 3:01 am

Su atención fue llamada por el golpear de las colas del zorro en el piso, signo claro de su desagrado ya plasmado en su voz al mencionar al príncipe de blancas alas y fuerte personalidad. Curioso el joven príncipe miró con atención y escuchó las palabras del zorro, más amigo que mascota. Había escuchado lo que el príncipe había pasado y en su lugar de ver a su pueblo morir así también guardaría mucho resentimiento, los accidentes pasaban pero no había nada de accidente en lo que había ocurrido a su reino. Justificaba su actitud y comprendió que Artemis nunca podría entender al príncipe blanco como él, a parte hablaba como un hombre enamorado y él sabía lo irracional que hacían las mujeres a los hombres. Era verdad que podían haber más garzas como raza, como podían haber más humanos, pero Alteanos eran unos pocos, escogidos y marcados por Naga aún menos y si muriesen todos menos él se sentiría tan solo como la garza real.

Sin embargo su ceño liso se funció con una sola arruga cuando mostró su descontento a los atrevimientos que el zorro se tomaba en su propio castillo, sin solicitarle permisos ni anunciar a un invitado de peso político. Apretó sus labios dejándolo terminar de hablar antes de él mismo responder con la voz tensa - Dejando de lado mi opinión ante un embajador real que se altera con la gente... ¿No le parece que solicitar una habitación en el castillo hace bastante oficial una visita de alguien con un puesto tan pesado políticamente? Artemis, usted vive en este castillo pero no es ni por asomo amo de este lugar como para disponer sin mi permiso del mismo. Lord Seraphiel será recibido, pero como corresponde y brindaré su respectivo anuncio a la reina al respecto. Si no quiere que sea una visita oficial y sea solo personal podría haberle hospedado en las posadas, las hay de buen nivel cercanas al castillo para los visitantes nobles pero estando en el castillo no puede ser pasada por alto su visita. - regañó en tono tranquilo pero firme, agregó casi de inmediato - Es etiqueta básica de la corte, Artemis, debería de saberlo. -

No hostigó demasiado al zorro, no era una persona sádica y tenía suficiente fe en la comprensión del joven como para considerar que una vez dicho su error y su descontento este sabría actuar a futuro de manera de no volver a cometer el mismo error. Pensativo se quedó observando el baile en el interior, la visita de alguien de ese peso de Sindhu apresuraba un poco sus planes para con aquel país extremista a sus ojos. Habían muchos movimientos políticos y religiosos que le comenzaban a preocupar dentro de Akaneia y quizás un apoyo de un país de misma religión fuese un buen aliado, sobretodo uno con tanto comercio y de alto crecimiento económico como lo era Sindhu, pero a su vez su política tan radical contra el racismo le parecía una tontería irreal, era como considerar que las manzanas y los corderos eran lo mismo solo por que ambos eran alimentos. Sin mencionar que su política tan opuesta a los dioses oscuros era incluso más terminante que la suya propia lo que podía invitar a agresiones que le sorprendía que aún no hubiesen explotado. Sin embargo estaba sinceramente enamorado de las joyas de ese lugar, había recibido vendedores mercaderes de aquel país trayendo gemas y joyas delicadas y telas exóticas que habían captado la atención del chico y una alianza podía garantizarle viajes seguros a dichas tierras. Un poco ido en sus pensamientos olvidó por un instante su compañía y al reparar en ello se sobresaltó un poco volviendo su vista al zorro - Lo siento... no quiero ser duro con usted, pero espero que entienda el peso de las acciones que comete... más pasado de copas en países extranjeros. -


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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Artemis el Lun Abr 16, 2018 12:06 am

Aquella fue una reacción esperada, tomando el regaño que recibía por su imprudencia como era. Agazapo las orejas hacia atrás y agacho la mirada, dejando de menear sus inquietas colas, inclinándose para quedar arrodillado en el piso a una altura más baja que su señor para mostrar respeto y en parte porque era una posición que los canes adoptaban por instinto al ser reprendidos. Quizá era para mejor que el chico apenas notase sus ausencias en el castillo y no le hiciese muchas preguntas acerca de sus "vacaciones" ocasionales pues de saber lo que hacía en tierras extranjeras, aun que con pertinente cuidado para no manchar el nombre de Altea o de su dueño, seguro al pobre terminaba por darle un ataque… lo mejor sería permanecer en Altea una buena temporada aun después de la visita de Seraphiel y dedicar su tiempo de ocio, que usualmente era mucho, a "tareas importantes" que en Altea requerían su atención.  La mascota real de Altea se entretenía usualmente buscando y atrapando criminales que tuviesen una recompensa siendo sus habilidades sumamente útiles para tales labores, todos sabían que no era un soldado ni tenía ningún tipo de autoridad, pues era una mascota al fin y al cabo, pero sus agudos sentidos olfativo y auditivo así como su extraño poder para ver los nombres verdaderos y nacionalidades originales de los que pretendían entrar en Altea por mar o por tierra siempre fue bien apreciada en las inspecciones y los puertos fronterizos, especialmente los de Plegia.

Realizar esas pequeñas ayudas a la comunidad habían desembocado en que los habitantes le tomaran cariño a la mascota real siendo especialmente cariñoso y permisivo con los niños quienes adoraban acariciarle cada vez que salía del castillo, dudaba mucho que su amo estuviese al tanto incluso de un orfanato al que daba como donación todas las recompensas que obtenía por atrapar criminales o en todo caso si lo sabia dudaba que le molestar pues nunca le dijo nada al respecto, después de todo ni un solo centavo del castillo era tocado y realizaba un servicio comunitario que a su vez le entretenía, ganar/ganar.

- Entiendo amo, lamento haber sido impertinente. Tendré cuidado con mis amistades de ahora en adelante y no volveré a hacer nada de esto sin su consentimiento previo. -

Su disculpa era sincera pues si bien pocas veces podía convivir con su dueño le sabia mal que le hiciese pasar un mal rato ahora que por fin podían hablar y pasar una agradable velada, sus orejas se mantenían agachadas hacia atrás y sus colas permanecían quietas, apenas rozando el pulido piso del castillo.

- Se que no estoy en posición de pedir nada pero me gustaría permanecer con mi ami… hum… con Lord Seraphiel en su estadía entonces. Usted ha visto mejor que nadie mi eficacia en el campo de batalla así que me gustaría, si se puede, encargarme de la seguridad del embajador. Sé que estoy siendo egoísta pero prometo no meter las narices en ningún tipo de asunto político que pueda comprometer a Altea… Me limitare a ser un buen zorro guardián y nada mas -

Callo un momento, ladeando la mirada aun con las orejas en posición sumisa, sin levantarse todavía de su posición hasta que el chico se lo permitiera… mal que males había sido criado como un esclavo y contaba con sus propios protocolos que debía obedecer aun si no deseaba que, lo sé sea que le hubiesen hecho desde edad muy temprana sus "adiestradores", le retorciera las entrañas hasta dejarlo postrado de dolor. Si había hecho mal debía disculparse con una reverencia y no levantarse hasta que le diesen permiso de, así pasar horas o días, también tenía prohibido actuar contra los deseo de quien sea que fuese su dueño actual, el príncipe en ese caso, por lo que cada orden y mandato tenía que ser acatado y obedecido al instante, sin cuestionarse siquiera.

- Cuando Lord Seraphiel me dio un Tour por la nueva Sindhu me pareció que era un lugar sin duda hermoso, pero Altea lo es también y… si, en parte tenia la lengua un poco suelta por el "aturde dragones" pero también nació de mi corazón mostrarle a mi mejor amigo lo bella que es también Altea y porque estoy tan orgulloso de vivir aquí y de portar esta placa en mi cuello. Supongo que "el camino al infierno esta empedrado con buenas intenciones" -

Tampoco mentía con eso pues era verdad que estaba orgulloso de ser lo que era y servir a quien serbia aun que si lo pensaba un poco dudaba que pudiese cumplir la promesa que les había hecho a "sus niños" pues llevar a un embajador real a visitar un orfanato ciertamente seria visto con malos ojos ahora que se planteaba aquello de forma más lúcida. Dudaba que la Reina misma o Seraphiel tuviesen algún inconveniente pero las normas de etiqueta en Altea y los reinos humanos eran por lo general quisquillosas con las clases sociales.

- Admito, amo, que me queda mucho por aprender todavía. Se de protocolos y etiqueta pero más en pantomima que en lo que son realmente… le recuerdo que fui entrenado, no educado, y ciertamente le aseguro que mis entrenadores estaban más interesados en forrarse los bolsillos haciéndome aprender "trucos" que en enseñarme protocolos basicos. -

Se las había apañado bien hasta ahora con buenos modales al comer, saber hacer reverencias y hablar de forma correcta y elegante pero era verdad que nadie se molestaría en enseñarle etiqueta, por básica que fuese, a un animal que mal que le pesara era considerado uno en Altea.

- Supongo que debo dejar de momento los libros de carácter histórico o bélico y ponerme de lleno a buscar los volúmenes de "Protocolos nobiliarios" para no volver a cometer estos errores… no creí necesitarlos, porque soy una mascota, pero con esto me queda claro que tengo mas responsabilidades para con usted de las que pensaba. -

No estaba seguro si a estas Alturas su dueño ya se había dado cuenta, le había gastado un par de pequeñas bromas inocentes al respecto "tomando prestados" algunos libros de la biblioteca real o activamente cambiándolos de estanterías dejándole la indirecta de que el también podía leer y escribir, incluso imaginaba que el mapa que le entrego en Regna Ferox ya seria prueba suficiente de que poseía dichas capacidades… pero no estaba de mas confirmarlo en ese momento, sonriéndole de nuevo a su dueño y meneando sus colas alegremente una vez más, aun que manteniendo las orejas agachadas estando aun arrodillado casi como los cachorros que buscan la reconciliación de su dueño después de haber hecho algo malo.
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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Marth el Vie Jul 27, 2018 9:59 pm

Marth ignoraba los escapes de Artemis, y era mejor así, tal como el susto que se había llevado al verlo en tierras Feroxis donde después por varias semanas el príncipe había quedado preocupado si el zorro había regresado seguro a su hogar o habría sufrido algún daño por algún ataque. Su alivio había sido grande al recibir noticias de que efectivamente había regresado a salvo y asumió que se habría quedado, no que ni bien enviada la misiva el zorro había vuelto a los caminos y nada menos que a Sindhu, donde sabía que habían caníbales y peligrosos laguz viviendo en ese lugar. Quería pensar que Artemis había tomado las precauciones necesarias para viajar y su joven mente no se martirizaba sobreanalizando ese tipo de cosas, pues el zorro estaba allí con él y sano y salvo, cuestionar más sería llorar sobre leche derramada.
Su mente estaba ocupada en los temas internacionales y los problemas internos en el gobierno, pese a que había escuchado comentarios sobre Artemis y lo útil que era en el castillo, no había indagdo demasiado en las actividades del can, solo había tomado la felicidad que aquel hecho le daba.

El arrepentimiento mostrado ablandaba el corazón del joven quien no podía mantener ninguna clase de enojo para con su mascota y sonrió con suavidad a sus palabras. Tomaba aquella falta de prudencia como simpleza de mente de la mascota, tenía una idea un poco baja de los laguz en general a excepción de los manaketes y le costababa mucho verlos como seres tan inteligentes como los humanos. Por eso concedió su deseo sin pretender hacerle entender mejor el asunto - Puede permanecer con su amigo durante su estadía. Procuraré que tenga las actividades necesarias de un embajador así como un guía de la corte que le muestre y hable sobre la ciudad, su cultura y arquitectura, pero en los ratos de ocio, mientras me prometa que no habrán actividades poco propias de un noble, pueden ocuparlos como deseen. - y claro que estaba como “actividades poco propias” cualquier clase de rotura de etiqueta pero el príncipe no estaría presente en ese momento como para controlar, mientras las consecuencias no escalasen muy alto... no tenía manera de enterarse tampoco.

No pudo ocultar su sorpresa alzando sus cejas y entreabriendo sus delgados labios cuando la mascota real, considerado apenas un poco más que un animal bien adiestrado, decía saber leer. Y no solo eso, si no que leía libros de la biblioteca del castillo. El orgullo le llenó el pecho de inmediato, no solo por que creía honestamente que estaba frente a uno de los pocos laguz que sabían leer y escribir, siempre sin contar a los manaketes, y este perteneciendo a la casa de Altea, si no que también estaba prácticamente seguro que sabía por que alguno de los sabios o magos que se encontraban en el castillo le había enseñado. Era un gran descubrimiento para él, pues pese a haber recibido el mapa, no se había detenido demasiado a pensar en como había el zorro conseguido aquello, incluso podía haber hablad con un escriba en una taberna o un cronista en alguna ciudad para que trascribiese lo que sabía sobre el mapa - ¿Sabe leer? Es maravilloso... no deja de sorprenderme día a día, Artemis. - dijo con el tono un tanto agudo que delataba su alegría. Le hizo un gesto con su mano de que se levantase, no le gustaba tenerle así en el piso como si esperase alguna clase de castigo físico de su parte, cosa que no vendría nunca de mano del príncipe quien rechazaba la violencia innecesaria y siendo el zorro una criatura racional, prefería hablarle a castigarle físicamente. Premiando, sin embargo, el interés que mostraba su mascota le ofreció con sinceridad lo que esperaba le alegrease y entusiasmase - Si realmente desea aprender modales e instruirse en protocolo diplomático puedo hablar con uno de los tutores del castillo para que lo tome como pupilo. - no significaría que lo haría embajador pero al menos podría contar con la educación de alguien capacitado para ello... y quizás si la mentalidad del príncipe cambiase respecto a los laguz podría considerar un puesto más oficial en la corte a un no-humano.


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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

Mensaje por Artemis el Mar Jul 31, 2018 5:30 am

La felicidad  se vio reflejada casi de inmediato en los ojos del zorro, volviendo a menear alegremente sus colas una vez más en un solo y elegante vaivén a la par que una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro.

- Lo prometo, no causare ningún problema! -

Respondió enérgicamente como un niño emocionado. Artemis era quizá un laguz bastante entendido y más civilizado que muchos de sus congéneres pero pese a ser sumamente inteligente compartía varias características con sus parientes animales no tan lejanos siendo tan expresivo e inquieto como lo sería cualquier zorro y quizá igual o más leal que un perro. Mal que bien Artemis se encariñaba con facilidad de las personas y si en un principio acepto vivir como mascota como forma de sobrevivencia había llegado a realmente querer al príncipe al grado de hacer todo tipo de locuras con tal de ser útil, en la mayoría de los casos siquiera buscaba crédito o reconocimiento por ello, le bastaba con el simple hecho de ayudar a su amo de cualquier forma posible. Como si no fuese suficientemente buena la noticia de poder pasar tiempo de calidad con su amigo en Altea el que algún tutor le tomase de pupilo para enseñarle cosas de humanos, protocolos y cosas de nobles estaba más allá de lo que jamás habría podido soñar siquiera, los ojos celestes del laguz se iluminaron y de no estar en una fiesta tan importante ya se le abra arrojado encima en su forma animal para hacerle toda clase de mimos, que curiosamente no estaban mal vistos cuando adoptaba su forma de bestia pero podrían considerarse indecorosos cuando mantenía su forma humanoide.

Era curioso como su forma física cambiaba el trato que recibía de todos los humanos que le rodeaban en general ahora que se ponía a pensarlo un poco. Como zorro podía comer aperitivos a deshoras que le daban a veces los cocineros, recibía constantes caricias de sus cuidadoras y por lo menos unas palmadas en la cabeza por parte de los otros sirvientes…. podía correr por todos lados (con las garras limadas para no dañar el piso del castillo), tirarse en el pasto del jardín, saltarle encima a uno que otro soldado a modo de juego y fuera del más que merecido regaño por morder zapatos de cuero fino la cosa no pasaba a mayores; en su forma humana debía ser más cuidadoso al actuar, más correcto, debía sentarse derecho y evitar correr en los pasillos además de que recibía un trato más respetuoso y serio por parte de los sirvientes, los seres humanos eran criaturas extrañas.

- Aprenderé bien amo, juro por el escudo de Altea que porto al cuello que seré el mejor pupilo que haya visto este castillo alguna vez. No le defraudare. -

Comento poniéndose de pie con una sonrisa tan amplia que mostraba todos los blancos colmillos del laguz, para el era inevitable el arrodillarse frente a su amo una vez cometida alguna falta pues mal que bien estaba entrenado para recibir castigos físicos y aceptarlos con total sumisión... sabia que su amo jamas seria capaz de castigarle de aquella forma pero no podía desobedecer el código de esclavo al cual lo habían adoctrinado desde cachorro. Fue entonces que las orejas de Artemis se alzaron, mirando hacia adentro donde la fiesta aun seguía su curso para después posar su mirada en el cielo.

- Ya casi es la hora de que mi verdadero trabajo aquí comience, amo, tenga por seguro que les hare abrir tanto la boca del asombro que las quijadas se les van a desprender de la cara. Es una ocasión especial así que les dedicare una danza tan inolvidable que los presentes les hablaran a sus nietos de esta fiesta y claro, le mostrare a usted cuanto he mejorado en este tiempo. -

Comento sacando el pecho orgulloso pues si bien se dedicaba a todo tipo de actividades auto impuestas para ayudar al reino de su amo no había descuidado en ningún momento la verdadera razón por la que estaba allí: "Entretener". Era ya de por si atractivo para la mayoría de los humanos que él había conocido que un zorro supiese bailar mas acompañado el espectáculo con "juegos de luces" azules, cambios de forma y acrobacias ciertamente aquello se volvía una escena difícil de olvidar, un espectáculo que Artemis solo reservaba para ocasiones como aquella y claro, cada que su amo se lo pidiese.
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Re: [Social] Una sociedad de hipócritas. [Privado Artemis]

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