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[Campaña de liberación] In the name of her glory [Priv. Seraphiel]

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[Campaña de liberación] In the name of her glory [Priv. Seraphiel]

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 14, 2017 8:13 pm

-…La reina Sissi nos prometió el fin de los emergidos. Nos prometió salvar nuestras tierras de esos malditos seres, nos prometió vivir sin temer su aparición… Yo la creí, ¿sabe? Creí con ella con todo mi corazón y alma…- Un laguz de larga melena azabache agachaba su cabeza y mantenía la vista fija en una copa de cerámica llena de agua fresca, líquido que ofrecía el reflejo de un alma triste y cansada, un ala  que había pasado por demasiado dolor. -Hace tres noches… Hace tres noches nos encontramos con un grupo de habitantes de la selva que se habían encontrado con los emergidos… - La voz se cortó súbitamente mientras la mente volvía atrás en el tiempo, al fatídico instante en el que sus ojos tropezaron con la carnicería que los emergidos dejaban allá por donde pasaban, allá donde encontraban vida que masacrar. -No tenéis que castigaros con malas memorias como esa. Nada ni nadie os obliga a recordar lo que visteis.-  Una segunda voz rompió el silencio, una más tranquila pero con un tono que invitaba a todo el que la escuchara a silenciar sus propias palabras y prestar atención en lo que aquella persona tuviera que decir… Difícilmente podría Bâhir desempeñar sus cargos educativos y diplomáticos si no contara con tales cualidades.

-No me obligo señor. Pero lo que vi no me abandonará hasta que Naga me acoja entre sus brazos. Me quita el sueño por las noches y atormenta mis pensamientos durante el día… Es igual que en Hatari.- Las manos del león comenzaron a temblar levemente, pero fueron rápidamente sostenidas por las oscuras palmas del Beorc, quien consiguió que ni una sola gota de agua se derramara de la copa al actuar antes de que el temblor tomara más fuerza. -Se a lo que os referís… Yo también he visto sus actos. En el desierto vi caravanas sin supervivientes, manadas de lobos de las cuales solo quedaban huesos y pieles. Grotescas imágenes como esas son duras de apartar de la mente, por lo que debéis daros paciencia.- La última palabra del mago provocó un intento de risa en la garganta del Laguz, aunque sonó de forma breve y baja, como si no fuera sino la sombra de un alegre sonido que había dejado de hacerse tiempo atrás. -Paciencia… Tuve paciencia cuando los emergidos comenzaron a tomar el desierto. Tuve paciencia cuando se nos dijo que viajaríamos una vez más en busca de un nuevo hogar. Tuve paciencia cuando llegamos a Valentia, cuando se nos dijo que la jungla sería nuestra casa… Paciencia, fe, esperanza… Todo tiene un límite, y cuando acaba uno se pregunta a quien debe mirar, a quien debe culpar de todo lo que sucede…- Una gota de sudor frío recorrió la espalda del estratega, quien era capaz de percibir el mensaje tras aquellas palabras de forma clara y concisa, como si fuera algo tan trasparente y cristalino como el agua bajo su mentón.

-Entiendo vuestras dudas, pero no debéis desconfiar ni dudar en nuestra Reina.- “Es en mí en quien debéis hacerlo, es por mi culpa que todo esto ha pasado.” -Debéis entender que la jungla es nueva para todos nosotros, y adaptarse a ella no es tan sencillo como deseamos al inicio.- La mirada del Beorc buscó los ojos del león en el reflejo de la bebida, pero la oscuridad de su cabello había tapado sus pupilas por completo. -Por ello os pido que aguantéis un poco más… Confiad en mi palabra y en la palabra de la Reina cuando os dice que tiempos mejores están cerca.- De forma suave, Bâhir retiró sus manos de las del Laguz, sintiendo tranquilidad al ver cómo estas ya no temblaban, manteniendo así el agua estable dentro del recipiente creado a mano con obvia maestría. -¿Qué pruebas podéis darme de ello? ¿Podéis mostrarme algo para hacerme creer tales palabras?- El leve crujido de la madera de la silla de la que Bâhir se alzaba fue apagado por las palabras del león, quien por primera vez alzó su mirada y clavó sus doradas pupilas en las del hombre nacido entre las dunas de Hatari, devolviendo este el gesto a la par que en su rostro se formaba una leve sonrisa, una muestra física de esperanza y confianza en el futuro. -Que a pesar de todo lo que nos han lanzado los emergidos, seguimos vivos y seguimos luchando.-

[…]

Bâhir cerró la puerta de la vivienda con suavidad, comenzando a caminar en el preciso instante en el que sintió la madera encajar a la perfección en el contorno de la misma. Sus pasos, tan tranquilos como sus acciones y palabras, eran acompañados por los de dos Laguz de apariencia joven pero edad superior a la del Beorc entre ellos, quien repasaba en ese instante todo lo que sabía sobre lo que le había llevado a aquella aldea en la jungla del reino, una de las muchas que habían hecho del húmedo y desconocido territorio su hogar.

Se había reportado un aumento de las apariciones de emergidos por la zona, quienes parecían haber adoptado una táctica de guerra de guerrillas contra aldeas y caravanas comerciales, asaltándolas con rapidez y regresando a la jungla en cuanto terminaban su oscuro trabajo, dejando solo muerte y desesperación a sus espaldas. Al saber de tales actos, Bâhir se decidió a tomar cartas de forma personal en el asunto, sabiendo poco después que Seraphiel, embajador del reino, le apoyaría en tal decisión, por lo que había acordado encontrarse con él en la plaza central del poblado en el que se encontraba en ese mismo instante. Sus pasos le dirigían hacia el lugar exacto de encuentro, y una vez este se produjera el estratega tenía claro que habría mucho trabajo que hacer en el menor tiempo posible, pues si estaban allí no era para admirar la belleza de la jungla, sino para encontrar y acabar con la mayor cantidad posible de emergidos  que por la zona se escondían.
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Re: [Campaña de liberación] In the name of her glory [Priv. Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Dom Oct 15, 2017 7:55 am

Permaneció en silencio sentado sobre uno de los tejados de aquellas casas que formaban la plaza central de la ciudad. Sus azulados ojos, tan parecidos al cielo, permanecieron fijos en un punto en concreto durante largos e interminables minutos. Observó a los habitantes ir y venir de un lado a otro con la paciencia digna de alguien que sabía que su tiempo corría de forma bien diferente al resto. Quizás dentro de unos años, cuando aquellos niños que ahora jugaban de forma tan despreocupada y que se volverían adultos, él seguiría igual, sin dejar que los años hicieran malla en él hasta dentro de quizás un sigo más de vida. Había perdido Hatari, había visto la desesperación en los ojos de todos aquellos que en su momento habían decidido seguir a la Reina, había visto cuerpos carentes de vida ser tragados por las arenas del desierto y las lágrimas de sus familiares perdidas para siempre de la misma forma.

Y ahora, ahora después de tanto sufrimiento, los emergidos volvían a aparecer, volvían a pisar aquella hermosa tierra, a destruirla con su arrogancia infundada y simple deseo de destruir. No lo permitiría de nuevo, no dejaría que aquellas personas sufrieran por segunda vez y solo entonces se percató de que en algún momento, su propio odio hacia los humanos que en algún momento destruyeron su bosque se iba amainando, iba desapareciendo suavemente, dejando solo una ligera sombra de la inquietante oscuridad que alguna vez fue. ¿Qué pasaría cuando la ola de enemigos desaparecería? ¿Volvería a odiar tanto a los Beorcs como en algún momento lo hizo? Eso siempre y que... Realmente desaparecieran, quizás no ahora, ni en un futuro cercano, pero deseaba que desaparecieran en algún momento. Él ayudaría, quería hacerlo, pero sabía que, a pesar de todo, la simple intención no bastaba, que debía actuar, pero que solo no podía hacer nada tampoco. Fue entonces que escuchó de Bâhir, que accedió a ayudarlo con lo que pudiese.

Y cuando los niños volvieron a sus casas, su atención viajó a la realidad de nuevo. Parpadeó, extendió hacia atrás sus alas y al ver como el hombre de Hatari iba acercándose a la plaza acompañado, se despegó de su improvisado asiento y en vez de caer en el vacío, batió con suficiente fuerza sus alas como para mantenerlo en el aire, fue bajando con suficiente cuidado y posó ambos pies en el suelo firme, ante el Beorc, levantó la barbilla y lo observó fijamente, sus alas permanecieron a medio plegar y al final– Bâhir... –Entrecerró suave sus ojos, algo en los ajenos le causaba un agridulce sentimiento– ¿Está todo bien? –Se atrevió a preguntar, como siempre de todas formas– Te noto algo... –¿Cuál sería la palabra correcta a todo eso? ¿Molesto? No, no, no era eso– ¿Inquieto?... ¿Preocupado?... ¿Triste? –Ladeó suave hacia un costado su cabeza. No le culpaba de todas formas, la situación no era realmente digna para que uno sintiese felicidad.

Dio un paso a un lado, plegó del todo sus alas y señaló con un gesto breve de la cabeza el camino a seguir hacia la selva– ¿La conoces bien? –Se refirió, claramente, a la selva a la que iban a ir– Estuve vagando un buen rato por ella. Me gustan los bosques y al poder volar y usar los árboles como escondite, logré ver algunos asentamientos de emergidos y caníbales. A veces acaban teniendo pequeñas batallas entre ellos. De todas formas, no puedo hacer nada directamente contra ellos más que informar a los que sí pueden y ayudarlos luego –Explicó breve y conciso, pero en un tono suave y calmado, a pesar de seguir existiendo en él un deje de preocupación e inquietud.
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Re: [Campaña de liberación] In the name of her glory [Priv. Seraphiel]

Mensaje por Invitado el Mar Oct 17, 2017 8:23 pm

Mientras caminaba por la calle que llevaba a la plaza central de la villa, Bâhir enfocaba su vista en los rostros de sus habitantes. La población era mayoritariamente Laguz, pero también pudo ver a varios Beorc entre ellos, tanto locales de la jungla como refugiados del ducado que se había convertido en reino tras el exilo de la ciudad redonda y las arenas que la envolvían. Los rostros que sus ojos cataban eran diferentes entre sí, pero mostraban gamas de emociones similares si uno sabía fijarse. Los más jóvenes se mantenían despreocupados y felices, ignorantes de lo que sucedía a su alrededor, como si el haber tenido que abandonar un hogar y encontrar otro no les hubiera pasado factura, como si el largo viaje hubiera quedado ya olvidado, y todo lo que su mente apreciaba era la realidad en la que ahora se encontraban, una muy diferente a la que habían visto desde su nacimiento.

Pero, a medida que la edad avanzaba, los rostros se volvían más serios y adustos, al igual que los cinturones que portaban pesaban más al llevar algún arma cargada en los mismos, aunque fuera una simple daga. Los adultos vivían con miedo e incertidumbre, con una constante duda sobre si el sol que veían sobre sus cabezas sería el último que verían en vida, si aquella mañana había sido su despertar final, o si se sumirían en un sueño sin fin en cuanto sus cabezas se apoyaran en almohadas y sus parpados se cerraran por el peso del cansancio de un día lleno de trabajo y miedo, por ellos mismos y por aquellos a su alrededor.

Aquella imagen era la que más dolía a Bâhir, la de las almas rotas y los corazones con dudas. Su conversación con el león había sido solo el encuentro más directo con alguien así, y ahora que conocía su pensamiento veía en cada pupila, en cada mirada, el mismo dolor y miedo que había visto en el Laguz de pelo azabache. Dudas sobre su propia vida y seguridad, sobre si la decisión que habían tomado era la correcta, sobre si la decisión de Sissi había sido correcta. “Yo he causado todo esto… Yo he de solucionarlo.” Pensamientos pesados como montañas cruzaron una vez más la mente del estratega,  quien había repetido tantas veces aquellas palabras en su interior que se habían convertido en un mantra, en lo primero que pensaba por las mañanas al ver las calles de la Universidad o la Capital, y lo último que recordaba cuando se disponía a reposar en las noches. Una carga pesada, pero debía aceptarla y continuar con ella sobre sus hombros hasta que acabara con todo el dolor que había causado… O ese dolor acabara con él.

Solo la aparición de la Garza ante sus ojos hizo que sus pensamientos se enfocaran de nuevo en la tarea que le había llevado allí.

-Seraphiel.- Una leve inclinación de cabeza fue el saludo que el profesor mostró al diplomático del reino, pasando entonces a recuperar una postura recta, cruzando ambos brazos sobre su pecho y agarrándose de los codos. -Un poco de todo tal vez. No son días de alegría por desgracia.- El alado Laguz siempre había sido bueno leyendo las emociones de otros, y el mago no se habrá sorprendido si hubiera descubierto la causa de su afligimiento en aquel mismo momento. Pero aquello era algo que debía quedar en su interior. Era una carga que solo él debía llevar, y nadie necesitaba saber de ella. -Yo no. Pero algunos ciudadanos han accedido por voluntad propia a acompañarnos.- Los ojos de Bâhir miraron hacia la densa jungla, hacia el infinito verde en el que se escondían las dos mayores amenazas para los habitantes de aquel lugar. -Que ambos entren en conflicto era de esperar. Son dos depredadores alfa en un mismo territorio.- No era una forma de expresarse que le gustara, pero era la más indicada para referirse a caníbales y emergidos por igual. -¿Viste alguno cerca de nuestra posición? ¿Y cual es su tamaño aproximado?- Como siempre que empezaba a enfocarse en pensamientos más esquemáticos e importantes, el nacido en el desierto llevó una de sus manos a su afeitado mentón, acariciando la barbilla con el pulgar mientras dirigía su mirada, de nuevo, al rubio Laguz. -No tienes que entrar en pelea si así lo deseas. Tener ojos amigos en el cielo será más seguro para ti y será una gran ayuda adicional para todos.- Si había algo a lo que Bâhir no estaba dispuesto, era a poner en riesgo más vidas de las necesarias, y la del embajador estaba entre ellas aunque se hubiera ofrecido a ayudarle desde el primer momento. Si podía mantenerle lejos de la refriega y evitar riesgos innecesarios para él, mejor.
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Re: [Campaña de liberación] In the name of her glory [Priv. Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Jue Oct 26, 2017 2:46 am

Aguardó paciente las palabras del estratega, sus ojos fijos en él, siguieron buscando la realidad de su inquietud, realidad que no tardó en percibir, pero que mantuvo silenciada, para él mismo además que para el otro también. Suavizó su mirada, sonrió. Así que era eso ¿Eh? No se sorprendía de todas formas, todos tenían sus propias inquietudes, sus propios problemas a los que encontrar solución. Pero sí consideró que estaba equivocado, a pesar de que no se lo diría eventualmente, solo cuando la soledad les permitiera hablar, tranquilamente, sin oídos ajenos quienes no tenían derecho de escuchar como tal.

Dio un paso hacia un lado, sus alas se balancearon en un intento de mantener el equilibrio, casi más por inercia que por necesidad. Fijó hacia la selva también su atención y permaneció nuevamente callado, escuchando las palabras del otro.  Depredadores alfa... A él le desagradaban por igual: caníbales y emergidos. Solo que los primeros estaban allí por naturaleza, de natural en los segundos no había nada y eso, en el fondo lo inquietaba. Respecto a los ciudadanos... ¿Qué podía decir de ellos? Realmente no quería que se metieran en problemas, no quería verlos sufrir por manos enemigas, preferiría honestamente que permanecieran en la ciudad, pero, sabía que eran mucho más fuertes que él.

Suspiró en silencio y se cruzó suave de brazos, balanceó su cabeza hacia un lado y otros– No. Están más adentrados en la selva. Pero siguen un buen camino para llegar a la ciudad. En unas horas podrían lograrlo –Informó a pesar de todo en un tono de voz bastante calmado, un pequeño matiz de preocupación, pero se mantuvo calmo, incluso para si mismos– Tenían el tamaño de un Beorc, no más altos que tú. Logré ver soldados de oscuras armaduras, habían lanceros y espadachines, unos pocos arqueros y... No vi magos. No eran un grupo demasiado grande en comparación a otros ¿Unas decenas? Probablemente hayan quedado menos si lucharon con los caníbales –Una ligera mueca se apoderó de sus facciones ante la desagradable idea que recorrió su mente. ¿Usar emergidos como comida? Se estremeció, sus plumas terminaron erizándose.

No puedo entrar directamente en una pelea –Acercó una de sus alas, con suavidad pasó sus dedos por sus plumas de puntas doradas– Mi raza no me lo permite –Curioso ¿Cierto? Estar limitado por el tipo de raza en la que habías nacido. Si hubiese sido un dragón, probablemente habría podido pisotear a los emergidos con su enorme cuerpo, si hubiese sido un halcón, sus garras y su pico habrían sido suficientes para ello. Pero no, claro que no, no era un gato, ni un lobo, era una garza, la raza laguz más débil de entre los hermanos alados– Puedo ayudar, sí, pero no directamente. Seré su apoyo –Dejó una última pluma en su respectivo lugar y avanzó unos pasos al frente, extendiendo a un lado y otro sus alas para batirlas con fuerza y levantarse en el aire– ¿Vamos? ~
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Re: [Campaña de liberación] In the name of her glory [Priv. Seraphiel]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 01, 2017 8:10 am

El estratega siempre había respetado a Seraphiel, y no solo por ser un Laguz mucho más anciano que él. Su capacidad para analizar a las personas y descubrir sus emociones era digna de admirar, y su voz siempre aportaba consejos útiles cuando el consejo de la reina se reunía. Pero esa misma cualidad que respetaba era la misma que estaba enfrentando en ese momento, y a la que trataba de derrotar usando su voz y rostro como armas para que la garza no fuera capaz de ver la verdad tras sus palabras. Muy probablemente aquel sería un intento inútil, pero si había algo que el mago no deseaba era que otros se preocuparan por la carga que él llevaba sobre sus hombros, y menos en un momento como aquel, donde la concentración debía de ser máxima y estar en todo menos en asuntos mundanos como quien era culpable de que.

-Imagino que la senda para llegar a su campamento no existe y debemos atravesar la vegetación de la jungla, ¿no?- La barbilla del mago acogió en su parte las baja los dedos de su mano derecha, adoptando una posición de reflexión y pensamiento en la que era fácil ver al nacido en los desiertos de Hatari, al norte del mundo conocido. La información que Seraphiel le entregaba era de vital importancia, pues el tipo de armamento al cual se enfrentarían sería un factor fundamental a la hora de decidir qué clase de estrategia usarían contra los mil veces malditos emergidos.  -Parecen haberse adaptado a pelear entre la maleza. Acertar una flecha entre miles de plantas es complicado hasta para el más experto de los arqueros.- La ausencia de magos y la poca cantidad de arqueros serían beneficiosos en primera instancia, pues los combatientes no tendrían que preocuparse en ningún momento por flechas lloviendo del cielo o bolas de fuego y derivados impactando en sus cuerpos hasta convertirlos en cenizas. Por fortuna extra, su número se habría reducido si, como el garzo le había dicho, habían entablado combate con los caníbales de la zona en más de una ocasión. Sin embargo, tal encuentro llevaba al Beorc de oscura piel a preguntarse si tal lucha había sido un asalto de los seres de rojos ojos, o un voraz asalto de los devoradores de carne humana en busca de alimento.

-Disculpad mi ignorancia.- Una leve inclinación de cabeza, señal de respeto, acompaño a las palabras de disculpa de Bâhir tras darse cuenta del estúpido ofrecimiento que había realizado a Seraphiel. Puede que al alado Laguz no le hubiera importado, pero el mago allí veía un error imperdonable tras haber pasado tantos años de su vida rodeado por tales seres. -Como ya dije, tener vuestra mirada cuidando de nosotros desde las alturas será el mejor apoyo con el que podamos contar.- La mirada del estratega, tras estas palabras, se dirigió a su alrededor, donde todos los voluntarios para pelear contra los emergidos se habían reunido ya. Una leve brisa fue lo que le hizo regresar la atención al frente, donde comprobó que el embajador del reino estaba ya en las alturas, dispuesto a partir. -Vamos pues. Que vuestras alas guíen nuestros pasos.- Tras poner fin a sus palabras, Bâhir comenzó a caminar hacia la salida de la villa, siguiendo la figura de su alado compañero como guía para saber a dónde dirigir a los Laguz que les acompañaban en tan peligrosa misión. La maleza les esperaba con sus mil peligros listos, pero todos estaban listos para afrontar cualquier cosa que pudiera aparecer frente a ellos.

La verde jungla les esperaba con sus brazos abiertos, y no tardaron demasiado en adentrarse en la misma hasta que la villa y sus muros quedaron ocultos tras las numerosas hojas y lianas de las plantas autóctonas. Solo gracias a que podían ver a Seraphiel sobre ellos, para lo cual debían esforzarse los integrantes del grupo a causa de la densidad de vegetación que cubría sus cabezas, los Laguz dirigidos por el Beorc  sabían que no se habían perdido ni desviado de su camino... Pero este mismo Beorc, quien revisaba las alturas cada poco tiempo para asegurarse de que el garzo seguía sobre ellos, no tenía la mente ocupada con el camino a recorrer, sino con aquello que les esperaba al final del mismo. ¿Como enfrentaría a los emergidos en una zona tan apretada y de difícil maniobrabilidad? Y lo que era peor aunque fuera una remota posibilidad, ¿que harían si los caníbales autóctonos decidían atacar en medio de la refriega?
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Re: [Campaña de liberación] In the name of her glory [Priv. Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Jue Ene 25, 2018 5:15 am

Al parecer esos desagradables seres tienen una particular habilidad para adaptarse rápidamente a los cambios –Ladeó hacia un costado su rostro, su cabello descendió por sus hombros, casi brillando bajo el sol, tomando casi un tono dorado– Es la única cosa que envidio un poco de ellos –Porque él, su raza, necesitaba varios días de descanso para acostumbrarse a un cambio radical, y lo mismo pasaría de ser pequeños cambios.

En cambio tenía el presentimiento que para los emergidos era llegar. entender el funcionamiento de las cosas y acostumbrarse a ellas, empezar a actuar como si siempre hubiesen actuado así. Pero no los soportaba, habían destruido su hogar, ahora su odio estaba más dirigido hacia aquellos oscuros seres que hacia los seres humanos, eso no podía ser perdonado ¿Acaso estaría bien que sintiese eso?

Sonrió de lado, suave. Sabía que eran certeros, él mismo había sido herido en algunas ocasiones por aquellas flechas, sabía lo mortales que esos seres podían ser con sus ataques y aun así... No los entendía, su oscuridad le impedía darse cuenta de lo que sentían, de cualquier fuese la cosa que pudiesen estar pensando.

Pero se vio sacado de sus cavilaciones al ver la reverencia del beorc, removió sus alas en un inútil intento de salir volando, permaneció en el sitio, pero no las plegó y en cambio se cruzó de brazos, extrañado– No necesitas ser tan formal conmigo, lo sabes –Pronunció suave, en voz baja, dulce casi. No le agradaban esas muestras de reverencia, nunca se había sentido a gusto con ellas a pesar de que fuese el primero en apelar a la cortesía cuando hablaba con los soberanos.

Pero aun así, se dispuso a avanzar hacia el interior del bosque, sabiendo y sintiendo por partes iguales, que el grupo conducido por el beorc lo seguirían y aun así fue bastante lento, de tanto en tanto apoyaba sus pies sobre una rama, plegaba sus alas y bajaba la mirada hacia el pequeño grupo. Seguidamente volvía a mirar hacia el frente, en busca del rastro de aquellos seres, de la oscuridad que plagaba el bosque ya de por si misterioso para él. No llegaba aún a entenderlo, no llegaba a ponerse en contacto con él como habría querido, quizás por ser diferente, por estar acostumbrado a los caníbales que lo popolaban, puede que por rechazar a los extranjeros.

Pero fue cuando intentó volver a extender sus alas y volar que percibió algo. Aun así no paró, extendió sus alas y planeó, rozando tierra en un movimiento suave y elegante, plegando sus claras alas detrás de su espalda a la par que apoyaba una mano en un gran árbol y volteaba, atento, en dirección a Bâhir– Vayan con cuidado, están cerca... –Les susurró– Usando la maleza como escondite... –Pero sería complicado engañarlo a él, por mucho que no llegase a entender aquél bosque como habría deseado hacerlo. Giró su rostro en dirección al frente, ahí estaban, los notaba, abominables criaturas.
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