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Berkut, the lost heir [ID]

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Berkut, the lost heir [ID]

Mensaje por Berkut el Dom Oct 08, 2017 7:38 pm

Berkut
Knight
¿Acaso una oveja puede dirigir una manada de lobos? ¡No!

Datos
Nombre: Berkut

Edad: 18

Clase: Knight

Especialización: Lanzas

Afiliación: Sindhu

Ocupación: Antiguo príncipe de Rigel / Soldado de Sindhu

Personalidad
Como noble típico que es, Berkut es un hombre que da una importancia extrema a la posición social de cada individuo. Ser noble o ser plebeyo es algo con lo que se nace y, como consecuencia, ello implica que los nobles poseen unas capacidades que aquellos que simplemente se dedican a labrar la tierra no tienen ni tendrán por mucho que lo intenten. Algunas de estas diferencias (que no todas), consistirían en la capacidad de liderazgo de tropas o el simple hecho de poder combatir a un nivel aceptable. Cree que los plebeyos que luchan contra los emergidos solo están alargando lo inevitable y que la única esperanza son ellos, los nobles.

Su desprecio por los plebeyos (o, más bien, su interno deseo a subestimarlos), solo es superable por el odio que siente hacia un tipo de entidades específicas: los laguz. Aquellas bestias (según él) que decidieron tomar su país y privarlo de lo que por derecho iba a ser suyo o de ese primo que tiene son el objeto de su ira y odio más intensos. De hecho, ese odio es muy superior al que siente hacia ese primo suyo.

Otra característica (y esta una positiva, al fin) es el sentido del deber y el honor que tiene. Si bien en ocasiones puede acabar haciendo que haga algo que no debería (algo arriesgado en ocasiones), lo cierto es que es una persona honorable hasta decir basta. Un buen aliado que tener en ese sentido, por lo menos, pues si es fiel a la amistad que hayas conseguido forjar con él, entonces intentará aconsejar en la medida de lo posible usando los conocimientos que adquirió gracias a su posición social. Además, cabe destacar que si es por el bien de instruir para evitar faltas de conocimiento y los errores que ello lleva, es capaz de olvidar (parcialmente, eso sí), que está tratando con un plebeyo (en caso de ser ese el caso).

Fuera de los asuntos de la batalla, Berkut es, también, un noble de los pies a la cabeza. Si en la batalla puede ser un fiero enemigo, lejos de ella actuará siempre con la dignidad que su educación le ha otorgado, tratando siempre de la forma más respetuosa posible a todo aquel que conozca. Siempre y cuando sea alguien de una posición elevada, claro. Con aquellos que no tienen ningún tipo de título nobiliario, sin embargo, es capaz de ser más… directo, por así decirlo. No se cortará ningún pelo con este tipo de personas. Si Berkut piensa que la persona en cuestión es idiota, por ejemplo, se lo dirá a la cara. ¿Supongo que eso significa que es sincero? Al menos está claro que no miente.

Como buen caballero que es, ha sido también educado para tratar a las damas (de nuevo, no plebeyas) con el más absoluto respeto. Jamás dirá algo que pueda resultar ofensivo a la mujer en cuestión, al menos no voluntariamente (y, de nuevo, si no es una plebeya). Siempre procurará en la medida de lo posible honrarla lo mejor que pueda, incluso si sucede que es una de otro país y, por circunstancias superiores, pudiera estar del bando enemigo.

Y es que de esto también hay que hablar. Berkut es una persona que no tolera el uso de sortilegios oscuros ni maldiciones ni similares en el campo de batalla. Férreo creyente de la voluntad de Duma, siempre busca fortalecerse en todo momento. Ello hace que no pueda ver en absoluto con buenos ojos recurrir a medios que no sean los aceptados según su moral en el campo de batalla. Estos medios implicarían actos tales como un secuestro o maldiciones, entre tantos.

Finalmente, cabe destacar el que es, sin duda, el mayor defecto de nuestro joven de cabellos oscuros. Como noble que se ha educado en un ambiente de nobles, creció con la idea de que los plebeyos siempre serán inferiores en todo a la clase superior. Esto hizo que se desarrollase un inmenso orgullo que roza el egocentrismo. ¿Qué pasaría si llegase algún plebeyo que le demostrase lo contrario? La respuesta es simple: haría lo que fuera para volver a probar que él, como noble que es, es superior a esa “basura”. En ocasiones, esas actividades pueden llegar a superar sus más fervientes creencias y llegando a realizar actos que él mismo consideraría un deshonor. Pero, ¿qué más grande deshonra puede haber que que un plebeyo demuestre superarlo en el mismo campo varias veces? Cualquier cosa es, sin duda, menos severa que ello.

Historia del personaje
Hace mucho tiempo existía un país llamado Rigel, en Valentia. Era un imperio dirigido por el emperador Rudolf, quien era bastante conocido en su pueblo por su forma de gobernar. El protagonista de nuestra historia, Berkut, no es otro que su sobrino, lo que en principio haría que no tuviera acceso al trono.

Sin embargo, se dio una gran casualidad: no había ninguna descendencia de Rudolf lista para gobernar. Ello hizo que la corona, después de la muerte del padre de Berkut, pasase al joven de cabellos oscuros, convirtiéndose así desde pequeño en el príncipe de Rigel. Sin embargo, por muy príncipe que fuese, él siempre supo que no sería posible conseguir el trono que por derecho se merece si ocurría que era un debilucho, puesto que el país seguía claramente la religión de Duma, cuya norma principal es el respeto al poder y conseguirlo cuanto antes para ser aceptado entre la nobleza.

Es por ello que Berkut no tuvo apenas aficiones que implicasen actividades externas salvo lo que podría considerarse duelos de entrenamiento entre él y su instructor personal. Por otro lado, puesto que él mismo conocía que el poder de por sí no le serviría de nada, decidió cultivar también su mente con la lectura y logró desarollar una cierta afición por la escritura, la cual pudo desarrollar contactando con los hijos de algunos nobles, con quienes se carteaba.

Sin embargo, toda esta paz fue amenazada cuando se descubrió que su tío tenía un hijo ilegítimo. Hubo tal caos que Berkut, asustado, pensó que perdería su posición como príncipe, dejándolo así sin nada. Hubo quienes decían que ese hijo del que no se sabía nada debería gobernar por seguir de forma directa la línea de sangre, mientras que otros se negaban a que el hijo de una simple plebeya gobernase. Su odio a los plebeyos y, en especial, a ese primo suyo que nació del vientre de una criada, le hizo darle quizás demasiada importancia al estatus social de cada individuo.

Pero aquella amenaza se pasó con el tiempo. El aquel entonces joven Berkut no sabía por qué, pero lo cierto es que se sintió muy aliviado cuando no había noticias sobre su primo y no decidió investigar en absoluto. Quién sabe lo que se podría decir si el príncipe quisiera saber algo de ese bastardo. En el peor de los casos, hasta podría haber quienes creyesen que el mismísimo príncipe estaba dispuesto a ceder el trono al niño que creció como plebeyo.

El tiempo pasó y el príncipe Berkut fue madurando hasta llegar al encantador (cuando quiere) jovencito que es. Pero, ¿cómo no hablar de la serie de catastróficas desdichas que fueron aconteciendo? Por supuesto, es importante explicar una de ellas. Antes incluso de la llegada de los tan despreciados emergidos, Rigel tuvo que hacer frente a una amenaza externa llamada Valm, que había demostrado ser mucho más poderoso de lo que los nobles de Rigel (incluido él) jamás podrían haber deducido. Como es de esperar, Berkut salió al combate junto con otros cuantos soldados, mas cabe decir que las batallas probaron ser demasiado duras para este joven príncipe. Las fuerzas de Rigel eran diezmadas y estaba clara la victoria del país enemigo y, con ello, las ambiciones de Berkut probaban ser cada vez más difíciles de cumplir.

Imaginaos cuán grande fue su sorpresa cuando llegó una tercera fuerza, que parecía haber estado esperando el momento en que la guerra estuviera en su punto más álgido. Este tercer ejército, sin ningún tipo de compasión, arolló y destruyó las fuerzas de los otros dos, ya agotados de tanta batalla una tras otra. Aquel día, Berkut estuvo más cerca de la muerte de lo que jamás lo habría estado. Y cuando más cerca estuvo de la muerte, más se alejaban aún sus ambiciones que, cuando el fatídico momento llegó, ya fueron irrealizables.

Los meses pasaron… ¿O quizá fue incluso un año? El príncipe se sintió especialmente desorientado entre el timpo que pasó inconsciente y todo lo que necesito para estar recuperado por completo. Lo único que supo hasta que pudo salir y ver el mundo exterior era lo que su mentor, otro de los supervivientes, le había estado explicando. Sin embargo, el mismo mentor se guardó lo que para su príncipe debía ser la peor de las noticias.

Oh, ¿dije “príncipe”? Quería decir “antiguo príncipe”, pues ya había sido completamente destronado. Lo que vio a lo lejos era algo a lo que no podía dar crédito. Sus orbes reflejaban la figura de unos seres voladores que jamás había visto. “Monstruos”, pensó él al principio. Todo un error, pues su mentor le explicó todo lo que necesitaba saber y aquello sumió al príncipe en la más absoluta desesperación.

Lo había perdido todo. Primero fue el imperio de Valm, luego los emergidos y, finalmente, ese… bicharraco infernal, usando las mismas palabras que el príncipe utilizó para describir al nuevo rey de un país que ya no era siquiera Rigel, sino Senay. Ahora ese halcón que pensaba que podía gobernar (y, si uno lo observaba con completa objetividad, no lo estaba haciendo nada mal) estaba sentado en el trono que le correspondía a él por derecho. Respetar las creencias del pueblo no fue más que un flaco favor para el príncipe, quien ya de por sí no cabía en sí de ira contra aquel laguz y todos los nobles traidores que decidieron ponerse bajo sus órdenes. Pero, claro, ¿qué diantres podía hacer un príncipe que ya ni lo es contra un usurpador que se había granjeado el favor de los plebeyos y los nobles? Más humillación fue para Berkut descubrir que aquel monstruo había solucionado muchos de los problemas que él no pudo arreglar en su ausencia. Aquello sería lo único que agradecería al laguz, pero nada más.

Así, completamente impotente y avergonzado, fue como empezó la travesía de Berkut en solitario, pues hasta su antiguo mentor decidió quedarse en aquella tierra. Ni él mismo comprendía por qué decidió no acabar con su vida por traición a Rigel. ¿Quizá fuera porque le debía su vida? ¿O quizá se debería a un respeto por el laguz que jamás admitiría bajo ningún concepto? Berkut fue huyendo de todos los emergidos que se fue encontrando. Después de todo, ¿qué podría hacer él solo? Ya habría sido difícil con el apoyo de los nobles que prefirieron quedarse con aquel laguz (de hecho, ni siquiera entabló conversación con los que consideraba “traidores”). Es por ello que en su huida empezó a buscar a los pocos nobles supervivientes en todo el continente (sobra decir que no pocos se mostraron reacios a seguirlo, siendo un príncipe de otra tierra ya destruida, principalmente), con la esperanza de realizar pequeñas tácticas de guerrilla. Su misión fue un estrepitoso fracaso. Sin embargo, la dirección a la que huyó no fue ninguna pataleta del joven, por mucho que pudiera parecerlo a simple vista. Su objetivo era un país que podía ser considerado para muchos el mismísimo paraíso de la dama Mila, mientras que para otros (como él), era un lugar muy agridulce. Se trataba de Sindhu, una tierra gobernada por una manakete.

Aquel lugar, como ya acabamos de indicar, está gobernado por una manakete, dato que para nuestro príncipe impresionado por la fuerza era equivalente a decir que era una dragona. Es de esperar que nuestro creyente de Duma se sintiera atraído desde el momento en que escuchó hablar de la laguz. En este lugar, además, parecía reinar la paz y hacían frente a los emergidos. Para él, esto era equivalente a escuchar que aquel lugar era un santuario donde reponer fuerzas y unirlas con las del gobierno del país para recuperar su patria más adelante.

Sin embargo, sí que he indicado que era un lugar agridulce para Berkut. ¿Por qué? Simple: la extrema convivencia que había ya no solo entre nobles y plebeyos (la cual, hasta cierto punto, podía aceptar, vista su situación personal), sino entre humanos (donde aprendió que el término correcto era “beorc”) y laguz (así como su apelativo ofensivo, “subhumano”). Los laguz dragones y los manakete eran casi adorados por el príncipe desde el primer momento en que los vio. Los gatos, tigres, lobos, leones y cuervos, quizá no tanto, pero podía tolerarlos. Su fuerza era incuestionable. El problema eran los halcones y esos laguz tan débiles conocidos como garzas, cada uno por distintos motivos, incluso si lo intentaba ocultar. Después de todo, ¿qué puede hacer si no callar y asentir? En este nuevo país él no tenía ningún poder, por muy humillante que le resultara.

Y tampoco es que pudiera, simplemente, marcharse sin más. Berkut estaba destinado a grandes cosas y estaba seguro de que la existencia de este país era, sin duda, un paso para llegar a ellas. Pero no podría cumplir ninguna de ellas si los emergidos y las otras amenazas estaban de por medio. Por ahora decidió aliarse con las fuerzas de Sindhu, una decisión que probablemente ni siquiera los mismos Duma y Mila podrían haber planeado para este hombre. ¿Acaso superará el odio que siente hacia los halcones? ¿O será consumido por él? ¿Acaso descubrirá que existe algo más que el poder? ¿O, por el contrario, será engullido por el mismo? Por suceder, es hasta posible que el ambiente de Sindhu acabe contagiándose en él, convirtiéndolo en alguien que deje el poder en segundo plano, por muy poco probable que ello parezca.

Lo único que está claro es que las cartas se han echado y que el futuro de este hombre será escrito por quienes le rodeen. Ni siquiera por él mismo.


Extras
Gustos:
La lectura.
La escritura.
La fuerza.
Su caballo, Obsidiano. Un corcel de un color tan negro como la gema que se usó para bautizarlo.
Las reuniones entre nobles.
El baile. Se le da, además, bastante bien.
Los duelos de entrenamiento. Cuando era joven los solía hacer. Una pena que no tenga tiempo a estas alturas.
Que le traten de una forma que él considera adecuada (en pocas palabras, que los plebeyos lo reconozcan como lo que es, un noble superior a ellos).
Los dragones divinos. Ello también incluye los laguz manakete o dragón.

Disgustos:
Los plebeyos.
Su primo.
Todo aquello que implique una deshonra.
Fallar a sus seres queridos.
Todo tipo de laguz que no sea manakete o dragón. Sin embargo, es capaz de reconocer su fuerza (es algo, al menos).
Los emergidos. Su odio a ellos solo es comparable con el odio que siente a los halcones. Por suerte, estos laguz sufren de un poco de menos odio. Solo un poco.
No las desprecia, pero es cierto que no comprende el sentido de la existencia de las garzas. Esos laguz son tan débiles que, para él, su mera existencia ya es un insulto a su fe.
Los extremistas en la fe, sean de la religión que sean. Especialmente si le dicen algo similar a “paz y amor a todo el mundo”, o similares. Le repugnan.
Que un plebeyo intente tratarlo de igual.

- Tiene una estatura de un metro y setenta y cuatro centímetros.

- Gracias a los emergidos, Berkut ha tenido la oportunidad de conocer a unos pocos nobles en sus viajes, mientras huía, con los que compartir sus ideales de liberar todos los países del yugo que les somete. No hay mal que por bien no venga pero, ¿acaso fue casualidad que jamás dijera explícitamente que el único yugo fuesen los emergidos? Quién sabe, quizá fuese por esto mismo que apenas pudo llevarse a ninguno a Sindhu.

- Es un pequeño gran maniático de la limpieza. Con las cosas ajenas no lo es tanto (aunque algún comentario hará), pero lo cierto es que su habitación debe estar impecable en todo momento y, además, todo lo que sea suyo debe estar en perfecto estado (a lo que él llama “aceptable”).

-Su afición a la escritura es alto secreto, pues no encaja con la imagen de soldado que hasta entonces ha dado. ¿Qué soldado que se precie reconocería que se le da bien escribir cartas de amor?

- Tuvo un primer amor de pequeño, pero no funcionó. La persona en cuestión se asustó un poco de él porque lo conoció cuando su posición como príncipe peligraba.

Prueba de rol
¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Soy Berkut! ¡El príncipe de Rigel!

¡No solo ese maldito y asqueroso imperio de las narices diezmó nuestras tropas! ¡Esos monstruos descerebrados mostraron la mayor de las cobardías al aprovecharse de nuestra situación! ¡Malditos sean! ¡Malditos sean los emergidos y el Imperio de Valm!

¡Pero maldito aún más sea ese asqueroso pajarraco! ¡No solo ha actuado cual carroñero al cosechar las ganancias que podría sacar de Rigel! ¡Encima ha tenido que apoderarse de él! ¡De mi Rigel! ¡Y encima todos los demás nobles abandonaron su lealtad hacia mi tío y decidieron aceptarlo como rey! ¡A esa bestia! No toleraré esta humillación… ¡Ya verá ese pajarraco asqueroso! ¡Después de los emergidos irá él! ¡Recuperaré lo que por derecho me pertenece de nacimiento!

Para ello haré lo que sea necesario. Lucharé contra los emergidos. Si es necesario, hasta lucharé codo con codo con esa aberración. Siguen siendo ciudadanos de Rigel, al fin y al cabo. Pero no pienso dejar que deje reposar sus plumas tranquilo. Acabaré con él y con todos esos traidores. Si… ¡Acabaré hasta con el último de esos malditos desgraciados que no hicieron más que rendirse ante su propia inutilidad, ignorando por completo su orgullo de noble!

Usaré todo lo que esté a mi alcance. Por ahora, entraré a formar parte de la guardia de ese país, Sindhu, siempre siendo sincero respecto a mis orígenes ante todo. Estando al lado de una dragona divina, mentir sería completamente inútil, además de que así podré conseguir más poder con el que cumplir mis propósitos. Además, conocer más sobre los… los laguz puede probar a ser una experiencia muy enriquecedora. Por mucho que me moleste, son poderosos. Y el gran Duma ya nos dio como orden que debíamos hacernos poderosos nosotros. Sin poder, no somos nada.

Y eso es lo que necesito. Poder para poder saber exactamente cómo llevar a cabo mi venganza y aprender todo lo que sea necesario de esos seres. Todavía debo acostumbrarme a su terminología. Laguz… Laguz… No subhumano. Es laguz… Bueno. Todos son laguz menos aquel pajarraco. ¡Malditos sean él y sus seguidores!
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Knight

Cargo :
Ex-príncipe de Rigel | Soldado

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
277


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Re: Berkut, the lost heir [ID]

Mensaje por Eliwood el Lun Oct 09, 2017 12:44 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Llave maestra [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1236


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