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[Social] Por ti rompería todas mis reglas. [Priv. Eliwood | +18]

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[Social] Por ti rompería todas mis reglas. [Priv. Eliwood | +18]

Mensaje por Marth el Lun Oct 02, 2017 5:23 pm

No había encontrado comodidad en su habitación. No es que hubiese algo malo en ella, todo estaba perfecto e incluso de haberlo querido no habría encontrado razón para quejarse, desde el tapizado de las paredes de piedra, el recubrimiento de madera del piso, las gruesas cortinas de un cálido color borra vino, la cama era amplia y cómoda, tenía sábanas de algodón suaves y frescas pero sobre estas habían pieles y en el baúl a los pies pesadas mantas de lana tupida que evitaría que la persona más friolenta sintiese siquiera un escalofrío nocturno. Tenía un baño equipado con todas las comodidades, desde aceites perfumados, talcos, toallas, diferentes tipos de contenedores de plata y latón, espejo y peines de manera que incluso si el príncipe no hubiese traído más que su presencia no habría sentido nada en falta. El fuego estaba bajo, apenas una pequeñísima llama entre las brasas, apenas daba calor, suficiente para mantener caliente la jarra de leche que el príncipe había dejado al borde de la chimenea, estaba sentado en una cómoda silla tapizada y sobre su regazo tenía un libro abierto, una novela que apenas le quedaban unas pocas decenas de páginas para ser finalizada, esta había sido su compañera en el largo viaje desde su hogar a aquel marquesado. Había intentado distraerse leyendo pero no lo había logrado, aún tenía presente, demasiado presente lo que había ocurrido en el  estudio apenas unas puertas a la derecha de la suya, la temática de la novela no había ayudado.

Suspiró y se inclinó un poco al frente para tomar la jarra y beber un poco de la leche ligeramente azucarada, la lámpara de aceite daba una luz fuerte para leer pero no tanto como para mantener iluminada la totalidad de la habitación, aún habían zonas en semi oscuridad donde las sombras danzaban por efecto del fuego. Había decidido no acudir a la invitación del marqués. No era un comportamiento correcto y con la mente más despejada no solo la gran lista de reglas sociales se había desplegado si no también una profunda vergüenza causada por la inexperiencia. Si decidía ir, cosa que ya había decidido que no, solo sería para ponerse en ridículo. Solo el recuerdo le hacía volver a encender sus mejillas avergonzado. El pelirrojo le había llevado con elegancia y soltura por la experiencia mientras él solo había dejado su mente en blanco y le había permitido llevarle sin ser realmente una parte activa de la situación. El marqués era un hombre completo, ya habiendo tenido mujer e hijo sin embargo él apenas era un niño el cual había recibido su primer beso no mucho tiempo atrás de labios de ese mismo hombre.

Apoyó sus manos en la jarra para sentir el calor seco del fuego contra la madera lustrada, observó un poco las páginas del libro. “Estaba segura que lo amaba, él había llegado a su vida como un remolino tal salvaje como su corcel y con el mismo ímpetu había embestido su corazón. [...] Lady Lisbeth estaba lista para dar el siguiente paso, en contra de los deseos de su padre que le había dada su mano a un ruin pero acaudalado noble de Bern, ella podría casarse por el bien de su familia pero no entregaría su corazón y mucho menos su tesoro más preciado a un barón cruel y sádico. [...] ...las fuertes manos varoniles bajaron por la cintura delgada como el cuello de un cisne de Lady Lisbeth, Sir Kent separó los labios de su cuello, el suave gemido provino lasivo, arrastrado desde su garganta [...] los lazos de su corsé cedieron ante los ágiles dedos del caballero Lycio... [...] ...fue muy suave en su entrar, el dolor apenas se hizo presente antes de que el placer tomase lug...”. Los ojos del príncipe habían saltado a diferentes partes de a página antes de que cerrase el libro presurosamente y se levantase alterado. La jarra hizo un sonido tosco al ser dejada con violencia en la pequeña mesa junto al libro cerrado, la pequeña borla de hilo rojo que caía del arcapáginas aún se mecía al borde de la mesa cuando el príncipe cerró apresurada la puerta del baño y se lavaba el rostro con agua fresca, se secaba y retocaba con los talcos perfumados.

Ya se había vestido para ir a la cama hacía varios minutos, con un pijama de dos piezas, pantalón y camisa, de tono azul real y bordes plateados tenía sobre su pecho el escudo de su país, se abotonó hasta el cuello su camisa y se puso sobre sus hombros una capa de lana y piel de claro blanco, ya no tenía joya alguna encima más que su anillo, pero careciendo de su tiara su cabello caía un poco más natural a los lados de su rostro juvenil. Estaba haciendo una idiotez, lo sabía, pero confiaba en el golpear fuerte de su pecho cada vez que recordaba el tacto de los labios del pelirrojo. Apagó la lámpara y dejó que solo las brasas iluminasen muy tenuemente la habitación como si simplemente se hubiese dormido. Abrió la puerta y espió hacia el desierto pasillo, cuando volteó su mirada al otro lado casi suelta una exclamación cubriendo su boca de inmediato. Parado junto a su puerta, en silencio pero observándole se encontraba uno de sus caballeros reales. Soltó suavemente el aire que se había juntado abruptamente en sus pulmones y dudó cuando el caballero le preguntó si había algo en que pudiese ayudarle. Abrió un poco más la puerta y observó a ambos lados del pasillo nuevamente - ¿Estamos solos? - cortamente el caballero le informó de los sirvientes que se habían retirado hacía varios minutos a dormir y de los guardias de Pherae que habían hecho su recorrido y regresarían recién en casi una hora. Aliviado el príncipe apoyó su mano en el antebrazo sobre la placa fría de armadura - Tengo... asuntos pendientes con el marqués... asuntos que deben permanecer en secreto. Permanece en tu puesto aquí pero evita que cualquiera ingrese a la habitación del marqués o a la mía sin notificármelo... Y despídelos antes de hacerlo, no pueden verme en la habitación de Lord Eliwood a estas horas de la noche. - el caballero asintió a las indicaciones, sin ser su deber juzgar pero levando varios años de experiencia y ventaja al menor comenzando a comprender aquel nerviosismo le tranquilizó declarando su discreción.

Los pies descalzos del peliazul apenas hicieron ruido en el pasillo hasta llegar a la puerta que le había indicado con anterioridad el marqués, no lejos de la suya propia. Nervioso y sintiendo el golpear de su pulso contra su pecho apoyó su mano en la puerta, no para abrirla si no para darse unos segundos más para considerar sus acciones. Cerró sus ojos y pensó en la doncella de su novela, la joven que siguió a su corazón y leía en palabras lo que sus sentimientos apenas podían expresar entre tanta confusión. El camino del amor no era el camino de la política y su padre no aprobaría aquel comportamiento, no solo por el género de su compañero si no también por las acciones fuera de un compromiso real... y sin mencionar el riesgo de si llegaban a descubrirles y lo que haría en su reputación. Hizo un gesto de preocupación y miró sobre su hombro al caballero que no le observaba directamente, si no que su miada estaba en el pasillo, tan relajado como su mano sobre el mango de su espada, al sentirse observado miró al príncipe. No vio ninguna reprobación en su mirada, solo la expectación de quien espera ordenes, aquello le tranquilizó lo suficiente como para golpear suavemente, primero dos golpecitos como roces sobre la madera y un tercero un poco más fuerte, no tanto como para despertar a alguien dormido o llamar la atención de alguien fuera de la habitación.

Sintió un leve alivio al hacer aquello pero de inmediato el pánico le heló las manos y presionó sobre su estómago. Estaba en pijama, no estaba presentable en lo absoluto... Lady Lisbeth había estado vistiendo galas pero se había escapado con Sir Kent de su fiesta de compromiso, él en cambio estaba saliendo a media noche de su habitación. ¿Qué si el marqués se encontraba vistiendo tan elegantemente como antes? No podría soportar la humillación. Retrocedió un paso aún dudando si regresar a su habitación o solo esperar.


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Re: [Social] Por ti rompería todas mis reglas. [Priv. Eliwood | +18]

Mensaje por Eliwood el Dom Oct 22, 2017 9:42 pm

Hacía demasiado tiempo que Eliwood no se hallaba en ese fuerte en particular; tanto, que hasta había olvidado lo que contenía y por qué era un sitio tan agradable de visitar. Un fuerte destinado a nada más que control y observación fronteriza no era un sitio con mucho que ver en sus alrededores ni precisamente decorado en galas en su interior, pero un par de objetos ornamentales había, incluyendo dos viejas y algo maltrechas banderas de la Liga en cada pared lateral, cada una en un lindo marco y tras un vidrio protector. Por largos minutos el actual gobernador se había entretenido mirándolas, intentando recordar por sí sólo por qué estaban allí, qué suceso o período conmemoraban antes de permitirse leer la pequeña fecha bordada en la esquina inferior de cada una. Luego, estaban las vistas. Los sitios distantes y solitarios no solían ser sus favoritos, no sobre las ciudades pobladas y vivaces, pero de tanto en tanto podía apreciar una calma como la de al pie de las montañas. La vista desde el tercer piso del fuerte, construcción más alta que ancha, daba una perspectiva agradable hacia el interior de Lycia, pudiendo vislumbrarse bajo las estrellas la silueta de un pueblo distante y su molino detenido. Sentado de lado en el alféizar, lo tenía todo al alcance. Y tanto le había entretenido ese reencuentro con un sitio no visitado en años, que apenas y se había puesto cómodo, todavía vestido a esas horas; sólo la capa y la primera pieza del traje blanco habían sido retiradas, siguiendo él en el formal pantalón, así como la prenda azul oscuro de pecho cruzado que portara bajo el traje, e inclusive zapatos puestos. Apenas una mano había retirado el guante de la otra, quitando y jugueteando con la alianza matrimonial que había tenido puesta debajo.

Había sopesado la idea de guardársela en el bolsillo por la noche. No había motivo para que siguiera usando el anillo, de por sí, pero casi siempre lo hacía y le pareció lo más respetuoso en cierta forma. Todo dependía de lo que ocurriese o no en el resto de la noche; de si hubiese o no toque en su puerta e invitado en su habitación. Seguía satisfecho con haber dejado esa decisión enteramente en manos del muchacho que tan dulce parecía hacia él. Marth siempre se había presentado ante él con la férrea voluntad de la majestad misma, siempre había obrado y hablado como alguien mayor y consciente, al mismo nivel que el marqués o más, un rey en todo menos nombre, pero en ese y sólo ese aspecto su edad verdadera había hecho acto de presencia. Eliwood, pues, había juzgado que aunque bastante le agradara tener esa clase de compañía otra vez, de ninguna forma sabría los límites o la disposición del príncipe mejor que él. Debía ser él mismo quien dictara. Para esa decisión le había dejado horas de por medio, y la posibilidad de sólo dormir en paz para emprender viaje a Pherae la madrugada siguiente. Había tiempo de sobra para todo. Jamás había estado en la naturaleza del pelirrojo presionar a quienes apreciaba, de todas formas.

Y había pasado bastante tiempo desde el retiro de cada noble a su propia habitación, pero el toque en la puerta llegó igualmente, cuando Eliwood no había dejado siquiera la ventana. Honestamente sorprendido, el hombre alzó ambas cejas un tanto. Quizás el joven príncipe, actuando con la misma mente sagaz de siempre, había esperado en efecto a que los pocos servidores también durmieran. Podía creerse eso como algo muy propio del alteano. Alzándose de su lugar y apresurándose a echar a bolsillo su dorado anillo, el varón de mayor edad acudió a la puerta, notando recién en el camino que en mente había anticipado un "no hoy" mucho más que un "sí". Le sorprendía y le divertía un poco ese desarrollo; cualquier forma en la que se subestimara al príncipe Marth, al parecer, estaba destinada a probarse errónea. Una sonrisa franca se dibujó en sus facciones. Decidido desde ya a actuar con discreción, abrió la puerta cuidadoso de no hacer ruido con esta, ni siquiera de moverse demasiado, y apenas comprobó una mirada rápida la identidad de la persona fuera, extendió una mano para atrapar el brazo ajeno, bajando con rapidez a su mano para atraerle sin dilación dentro. Hablar en la puerta estaría lejos de ser buena idea.

Con la misma fluidez con que le tomó la mano y le hizo avanzar, lo soltó delicadamente, enfocándose en cerrar la puerta de regreso. Sólo entonces se volvió hacia el joven, mirando con mayor atención su atavío y su actitud. La ropa de dormir le sentaba más adorable que cualquier otra cosa, aunque era digno detalle verlo sin joyas sobre su persona por una vez; relajado, en ese sentido. Aunque su rostro no reflejaba precisamente lo mismo. Sosteniéndole la mirada, Eliwood se cuestionó de inmediato si la decisión fría y responsable que había asumido de parte de príncipe era exactamente así. De momento, suponiendo desatinado seguir adelante, sólo dio el par de pasos necesarios par separarse de la puerta, hacia el interior de la habitación, en relajado ademán. - ¿Decidió pasar la noche aquí? - Murmuró a la ligera. Al detenerse junto al menor, llevó su mano a posarse en su cadera un momento, acercándose así a darle el beso más leve que podía como saludo; uno apenas en la mejilla, casto y rápido. Se aseguraba de no ser frío con él cuando sólo pretendía ser cuidadoso. No obstante, enseguida apartó su mano y continuó por un par de pasos más, deteniéndose donde el afombrado amortiguaba más aún el sonido de sus zapatos. Le sonrió pacientemente. - Lamento cuestionarlo, sólo pienso que debería asegurarme. Nada sucede sin su "sí". - Dijo. Porque, por más que le hubiera sorprendido y agradado el suceso, lo cierto era que le parecía haberlo juzgado mal. Quizás Marth pensara estar seguro también, pero a su parecer no lo lucía del todo. Aún se podía retractar, o en su defecto, demostrarse incapaz de dar la aprobación clara.
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Re: [Social] Por ti rompería todas mis reglas. [Priv. Eliwood | +18]

Mensaje por Marth el Miér Nov 29, 2017 12:03 am

Estaba a punto de regresar a su habitación sin poder contener más sus nervios, miraba por el pasillo temeroso que en cualquier momento de alguna de las puertas saliera algún noble o caballero, incluso sirviente, y le viese en una vestimenta impropia en la puerta de la habitación del marqués. Al escuchar la puerta se acercó un poco buscando resguardo de miradas invisibles, aún asociaba al pelirrojo con seguridad y confianza lo cual era muy bueno para el mayor. La visión que se abrió frente suyo le hizo quedar helado, efectivamente el marqués se encontraba vestido, incluso con sus botas aún puestas. Entreabrió sus labios intentando buscar excusas pero enmudeció con el tacto. Dio un paso hacia el interior de la habitación mirando al rostro del pelirrojo que no parecía haber perdido ni una pisca de la frescura del día, una mirada rápida sobre su hombro para ver a su caballero, mirando al frente como si allí no ocurriese absolutamente nada y la puerta se cerró a su espalda con el mismo silencio y cuidado con el que la había abierto. Avanzó unos pasos, sus pies descalzos sin hacer ruido en el piso alfombrado, la temperatura era agradable y no hacía frío pese a la ventana abierta pero igual se cernió la capa contra su pecho cerrando un poco - Lamento mucho presentarme en tal condición. - murmuraba como si temiese ser escuchado, nervioso nuevamente y no tanto por la situación en la que se encontraba si no por como estaba vestido, a tal punto que pasó por alto en un principio las preguntas del marqués - No sabia que se encontraba esperándome en vestimenta casual, debido a la hora y naturaleza de dicho encuentro yo creí... - al notar lo que acababa de insinuar se detuvo en seco y mordió su labio, intentaba evitar mostrar señales de vergüenza pero ya el tono rojo subía a sus mejillas - Lo siento... lo siento mucho. - se disculpó bajando un poco su cabeza arrepentido.

Su mirada se posó en sus pies, uñas cortas y cuidadas, no era una imagen desagradable pero no era digna de quien portaba botas lustradas a juego con su ropa. Levantó su mirada antes de su cabeza y tomando un pequeño respiro repasó lo que le había dicho, el pelirrojo esperaba una respuesta que él no le estaba dando. Levantó su mentón intentando mostrarse seguro - Si, tiene mi afirmativa. - nuevamente sintió que estaba haciendo algo mal, pero no su actuar si no sus palabras, demasiado rígidas, formales, distantes, no eran acordes a la situación, no sonaban naturales y mucho menos sonaban como las que leía en sus novelas. Intentó buscar palabras más adecuadas pero tras unos instantes en que no pudo encontrar como expresarse solo decidió mantener su postura formal, siempre con un tono bajo, casi susurrante - Lamento mi torpeza, si fuese tan amable de excusarme unos momentos para poder ponerme un atuendo más adecuado. Claramente estoy desentonando con usted y no me siento ni a gusto de esta manera, ni tampoco siento que sea una vista agradable para usted verme en tales ropas. - pese a que cada prenda  sobre él valía menos de lo que un hombre común podía lograr ganar en un par de años de trabajo, el príncipe hablaba como si estuviese vestido con harapos. Su pijama de dos piezas tenía bordados tan detallados como cualquiera de sus otras prendas y el brillo de la tela así como su caída delataban que era de una seda liviana, y la capa se veía que era de varios animales, blancos todos, siendo de pelo corto en su cuerpo pero pelo más largo en los bordes, la tela exterior era de cuero de descarne en un tono beige muy pálido y por la suavidad con la que caía parecía casi ser una tela.

Dudoso de su estadía se giró hacia la puerta pero no avanzó, esperando que el pelirrojo volviera a abrirla para permitirle paso, estaba en su habitación y ahora era el otro quien dictaba cuando podía retirarse. Respetaba mucho la etiqueta y para él eso era básico. Sin embargo una parte de si no quería irse, con solo observar al otro ya sentía que todos esos nervios habían valido la pena. El estilo casual en que tenía su ropa le sentaba mucho mejor que la formalidad, podía ver sus manos, con apenas signos de la edad cerca de sus articulaciones, pero fuera de eso pálidas y suaves a la vista. La prenda sobre su pecho cruzada dejaba parte de este al descubierto y subiendo por su cuello podía adivinar los músculos delgados pero firmes del lord, en otro momento no habría podido siquiera adivinarlo pues siempre utilizando ropas de cuello alto no podía ver más allá de su rostro. Inconscientemente llevó su mano a la unión de sus clavículas, justo en la base de su cuello donde estaba su marca que era prueba irrefutable de su linaje casi que sagrado en su tierra, pero ahora oculta bajo los botones de su pijama. No movió su mirada de aquel punto en donde la piel pálida del otro se perdía bajo la tela azul oscuro de su ropa, como si con esto pudiese adivinar algo más que había debajo.


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Mensaje por Eliwood el Lun Dic 11, 2017 3:32 pm

Con el príncipe adentrándose en la habitación y la puerta cerrada tras él, lo que Eliwood tomaba como la única parte difícil le parecía ya dejada atrás. Por lo demás, la privacidad no estaría siendo un problema, ni debería haber nada más que lo fuese. Anticipaba que perdurara de todos modos cierto nivel de nerviosismo de parte de su invitado, misma razón por la que serían tan importantes sus palabras, pero no esperaba que fuera su vestimenta, de todas las posibles cosas que podían estar preocupándolo, la que más lo afectara. Le tomó varios momentos comprender que lo era. Casi no creía lo dicho. Las disculpas que ofrecía lucían sinceras, mortificadas inclusive, hasta ofreciendo ir a cambiarse y regresar. Comprendió, por primera vez, que la preocupación del alteano por la imagen por lejos trascendía la suya, y aunque se le hacía entrañable a su modo, a fin de cuentas no le quería sufriendo tanto por una falla que no existía. Con un suspiro incrédulo, terminó negando con la cabeza. - Realmente, Marth... -

No hallaba con facilidad las palabras correctas para tranquilizarlo. El príncipe tampoco estaba dejándole mucha oportunidad de pensarlas, ya girándose hacia la puerta como si en efecto la solución lógica, la decisión tomada, fuera dar una rápida marcha atrás. Eliwood debió apresurarse a detenerlo; una escapada nocturna podía ser disimulada, pero idas y vueltas como esas no tanto, constituirían ya más descuido del que sabía que podían permitirse. Cuidando no exaltarlo, mantener la situación tal y como estaba, no hizo más que moverse con mesura hasta posicionarse ante el joven, alzando las manos en tácita petición de que aguardase. - Oh, no, en absoluto. No va a preocuparse de tal cosa como su vestimenta. Luce precioso, de todas formas, como siempre se le ve. No ha de tomarme a mi como ejemplo cuando sólo estaba por acostarme. - Mantuvo su sonrisa leve y habló con suavidad, inclusive una pizca de humor al referirse a sí mismo, igualando el bajo y secretivo volumen que Marth quizás inconscientemente había tomado. Tan sólo después de sus palabras estimó correcto un amago de contacto físico, un cuidadoso alzar de la mano a la mejilla del alteano, rozando con el dorso de los dedos la piel como lisa porcelana para confortarlo. Y todo eso, para completa sorpresa del pelirrojo, transcurría después de que Marth le hubiese repetido sin duda alguna su afirmativa, a todas luces seguro de lo que todavía quería, como en toda ocasión desde que el marqués le había conocido.

Su inquietud no parecía ir a aquello en absoluto. Fue tal impresión la que guió los siguientes actos del hombre mayor, primero siguiendo la mirada del príncipe, captando detalle de sus gestos, su interés en su persona. Había demostrado de forma más que suficiente querer estar allí, querer a lo que había accedido entre ambos. Su mano dejó el rostro ajeno, decidiendo sus siguientes palabras con un leve brillo de entretención en la mirada. - Además... si está seguro, su ropa no debería ser problema. Puedo pedirle que prescinda, ¿no? - Su tono no fue más que perfectamente casual. No podía estar seguro de que el otro tomara sus palabras como literales de inmediato, pero en breve habría de hacerle saber que lo eran. Contando con que el alteano no se iría al haber sido insistido que permaneciese, el caballero se apartó en dirección a una de las velas que mantenían iluminada la habitación. Con un rápido soplido apagó la que le acompañaba cerca de la ventana, dirigiéndose luego a la del escritorio para hacer lo mismo. Con cada una, la visibilidad en el dormitorio disminuía un poco. Llegó a la última de ellas, la que puesta en la mesita de noche daba el último tinte de cálida luz al entorno inmediato, a Marth cerca y a Eliwood deteniéndose ante el mueble, junto a la cama. Decidió que así estaba perfecto y con la misma absoluta tranquilidad de antes, el mismo indicio jovial en la mirada, se giró en dirección al regente para terminar. - Sí, justo allí, justo ahora. Si está seguro de que quiere estar aquí conmigo, quítese lo que viste. Ah, todo, por favor. - Indicó, y en ese mismo instante moría ya por la reacción que el menor fuese a darle. Serle así de claro no era nada menos que intencional. No había verdadera necesidad de continuar probando cuan dispuesto estaba el otro, pero se le antojaba interesante modo de sostener control sobre el momento.
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