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[Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

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[Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Kagura el Sáb Sep 30, 2017 11:09 am

Kagura oteaba aburrida el infinito horizonte desde la cubierta de un enorme barco atracado en el puerto de Jehanna. Después de dejar atrás a aquel trío de extraños jóvenes, se había dirigido directamente a los muelles para subirse a una nave que la llevase de regreso a Akaneia. Era consciente de que pronto zarparían, pero aun así no podía dejar de darle vueltas a un mal presentimiento que la carcomía por dentro. En su opinión, que la hubiesen forzado a abandonar Hoshido en los tiempos tan difíciles que corrían había sido un disparate, por mucho que a ella le gustase viajar por el mundo siempre que tenía la ocasión. Su clan sabía muy bien que el ejército estaba perdiendo la guerra contra los emergidos, y que cuantos más soldados hubiese defendiendo el reino, más oportunidades tendrían de recuperar el control de las zonas invadidas. Sin haber recibido más noticias de Hoshido desde su partida hacia Magvel, Kagura tenía mucho miedo de encontrarse cara a cara con un panorama aún peor ni bien pusiese un pie de nuevo en su tierra.

La ladrona suspiró y trató de alejar esos pensamientos negativos. Tenía que intentar mantenerse optimista para no terminar con la cara larga la mayor parte del trayecto. ¿Qué más daba que el viaje a Jehanna no hubiese servido de nada? Tendría que avisar a los líderes del clan de que esos rumores de que se había recuperado un documento de los emergidos eran falsos. Luego se daría un buen baño en las termas de la mansión, y terminaría el día tomando té hoshidano antes de irse a dormir. Mas sus cavilaciones fueron interrumpidas por el grito de un marinero que avisaba al resto de la tripulación que estaban listos para zarpar. Kagura se apartó para no entorpecer las labores de navegación, y se sentó en una esquina del navío mientras escuchaba cómo los demás pasajeros se despedían de sus seres queridos. Sin saber muy bien cómo, empezó a recordar su primer viaje en barco…

—    —

Había sido dos años atrás, cuando tan solo contaba con catorce años y seguía siendo una aprendiz bajo la tutela de los líderes de su clan. La joven Kagura era mucho más impulsiva y rebelde, y vestía todos los días con un vestido hoshidano rojo, abierto a la altura de sendos muslos, mientras que unos pantalones holgados y negros cubrían el resto de sus piernas. Los líderes le ordenaban por activa y por pasiva que empezase a llevar atavíos más apagados y, por tanto, más apropiados para pasar desapercibida. Mas la ladrona hacía oídos sordos a esas demandas, negándose a obedecer tradiciones tan anticuadas. Quizá por ese motivo, y con la intención de que empezase a madurar, terminasen por encargarle la misión más importante que le habían encomendado hasta la fecha: escoltar a un noble que deseaba viajar a las islas de Durban. Y para asegurarse de que la muchacha se abstuviese cometer errores que pudiesen traer la deshonra al clan, dos ninjas de mayor rango la acompañarían para asistirla en caso de que surgiese una emergencia.

¿Ya hemos llegado? ¿Ya hemos llegado? —exclamó Kagura impaciente mientras señalaba la silueta de una isla lejana que empezaba a dibujarse en el horizonte.

No, pequeña —respondió Okoi con una sonrisa—. Pero no te preocupes. Llegaremos al puerto de la capital al mediodía.

¡Jo, jo! ¡Eso si no nos atacan los bandidos primero! —bromeó Kage mientras se llevaba la mano al mentón—. He oído que en estas aguas tranquilas navegan hordas de piratas dispuestos a saquear cualquier nave con la que se encuentren. Eh, ¿os imagináis a una banda pirata de emergidos? Apuesto que…

Pero Kage se calló de inmediato al ver la mirada furiosa de Okoi clavada en él. La mujer ninja odiaba que su compañero no midiese sus palabras frente a Kagura, y detestaba aún más que bromease con el asunto de los emergidos. Esas extrañas criaturas habían empezado a surgir por todas partes del mundo, y ni siquiera la amplia red de espionaje del clan disponía de información que explicase los orígenes y motivaciones de esos ejércitos tan obcecados en invadir cualquier territorio con el que se tropezasen.

El gran barco en el viajaban estaba decorado con motivos hoshidanos excesivamente recargados. Preparado para resistir largas travesías, contaba con cuatro pisos bajo la cubierta para almacenar víveres y oro, y se impulsaba gracias al viento y a la fuerza de una recia tripulación de marineros que se turnaban para tirar de los remos. Las velas estaban bordadas con el emblema de Hoshido, así como los numerosos estandartes dispuestos por doquier, mientras que el mascarón de proa tenía forma de un aterrador dragón con las fauces abiertas. En mitad de la cubierta se erigía una pequeña caseta de madera en la que se alojaba el noble propietario del navío. Se trataba de un aristócrata arrogante y confiado, razón por la cual había considerado innecesario contratar a muchos guardias. Sin más protección que una docena de samuráis y lanceros con naginata, pretendía atravesar los mares de Durban sin que ningún barco pirata reparase en el suyo.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Valkoinen el Dom Oct 01, 2017 9:23 pm

Hace dos años, una banda pirata llamada Vapaus, navegaba por las aguas de Durban, rumbo a Hoshido, en busca de sake, una bebida que a pesar de ser bastante conocida, no habían probado ni gota. La tripulación no llegaba al medio centenar de piratas, pero eran conocidos en Durban como una de las bandas que consiguió escaparse de un barco del ejército. Muy pocas eran las afortunadas de salir con vida después de enfrentarse a uno. Entre la tripulación había un chico de unos 20 años llamado Valkoinen, solía vestir unos pantalones a media pierna, sin nada de ropa en el torso y un pañuelo marrón que le tapaba la cabeza. Siendo un bebé fue encontrado por el capitán de la tripulación en un barco que abordaron y desde entonces ha sido criado por piratas.

En la tripulación había una posición fija, la del capitán, aunque habían excepciones. El resto de la banda rotaba posiciones diariamente, para que las tareas no fueran pesadas. La mayoría se encargaba de remar cuando hacía falta, otro grupo se encargaba de la limpieza del barco, otro del mantenimiento, otro de la alimentación y otro de la organización. Algunos de los piratas tenían posiciones fijas porque no sabían hacer algo diferente a lo que estaban acostumbrados, pero por lo demás no había ningún problema, a excepción de Valkoinen, que se quejaba de todo.

Un día, mientras se dirigían a Hoshido, el joven pirata tenía el trabajo de remar por la noche, cosa que como de costumbre, le disgustaba. Se había pasado todo el día sin hacer nada, paseándose por la cubierta, bebiendo en la bodega a escondidas y molestando a los pescadores del día. Cuando le tocó el turno de remar, entró de golpe en el camarote del capitán.

- ¡Viejo que me duele el hombro! ¡Déjame ir de pesca hoy anda! - La voz resonó por todo el camarote sin previo aviso, lo que ocasionó la mala reacción del capitán, lanzándole una pata de madera que perteneció a una silla hace mucho tiempo. El lanzamiento dio de lleno en la frente del joven, provocándole bastante dolor.

- ¡Te he dicho muchas veces que no me llames viejo! ¡Llámame capitán! - dijo enfurecido. - Y que no me entere que hayas faltado a tu trabajo, lo lamentarás. Con 20 años y no vales ni un pimiento, ni hablar bien sabes. Debería de haberte dado antes de que se te quedara la manía de llamarme viejo, a día de hoy ya no lo harías. - Valkoinen se giró y salió del camarote, frotando con la mano derecha la zona de la frente golpeada y maldiciendo al capitán entredientes, como de costumbre. El capitán era bastante permisivo, pero a la vez era muy temperamental y a la mínima que algo no le gustaba lo expresaba con violencia. A pesar de ello, sólo se dedicaba a robar mercancías, y oro a veces. No le gustaba para nada matar. Matar suponía terminar con la libertad de una persona y él era el primero en estar a favor de la libertad. A diferencia de otros piratas, ellos tenían en su bandera negra dos remos cruzados, en vez de huesos o espadas.

Cuando bajó a la sala de remo, se encontró con quien estaba al mando de los remeros ese día, lo saludó normalmente y se dirigió a su posición para empezar a remar. El barco era pequeño, de tres pisos y la cubierta, siempre llevaban consigo lo mínimo. En el primer piso descansaban y se alimentaban, en el segundo se encontraba la sala de remos y en el tercero el almacén, donde guardaban todo lo que conseguían. La noche fue calmada, como también lo estuvo el mar, sólo se escuchaba el sonido de la madera al mover los remos y el sonido de los remos al introducirse en el agua.

Después de que estuviese remando toda la noche, los primeros rayos de luz del día empezaron a entrar entre los huecos del remo y el agujero donde se apoyaba. Ese era el momento en el que debían parar para descansar, un nuevo día, un nuevo trabajo. Valkoinen, cansado, abandonó la sala para dirigirse a la cubierta, como todo pirata hacía en esos momentos para saber el papel que tenían que cumplir por órdenes del capitán. En el momento que iba a dar la orden, el vigía situado en la cofa empezó a gritar mientras señalaba a babor.

- ¡Barco a la vista! ¡Lleva una bandera hoshidana! ¡Y por el aspecto que tiene diría que es de alguien con importancia! - El capitán inmediatamente se acercó a la borda para comprobarlo y efectivamente, era un barco que pedía ser abordado.

- ¡Estamos de suerte! ¡Nos han ahorrado todo el viaje para llegar allí! ¡Preparad los tablones y cuerdas! ¡Rumbo al barco Hoshidano! ¡Quiero movimiento, quiero a todos listos para cuando llegue el momento de abordar! - Toda la tripulación, incluido Valkoinen, empezaron a coger sus armas y los elementos esenciales para el asalto. Allí estaban todos, sonriendo por la suerte que habían tenido, al acecho de sus presas. La mitad de la tripulación se quedaría en su propio navío por si sucedía algún improvisto, pero los demás iban decididos a llevarse el botín. La emoción iba acelerando sus corazones a medida que se acercaban más y más.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Kagura el Lun Oct 09, 2017 12:19 pm

Bajo el amparo de los primeros rayos de luz de aquella tranquila mañana, el enorme barco hoshidano cruzaba el vasto mar de las islas de Durban con la ayuda de las frías corrientes de viento procedentes del norte. Las aguas cristalinas por las que navegaba la valiente tripulación akanea no tenían nada que ver con el océano turbulento que semanas atrás habían tenido que atravesar con tal de llegar hasta Elibe, por lo que los marineros agradecían en silencio poder disfrutar de unos momentos de tranquilidad antes de arribar al puerto de la capital. A pesar de que la travesía hasta entonces había sido larga y complicaba, por fin podían empezar a ver cómo se dibujaban en el horizonte las puntiagudas siluetas de las islas que conformaban el archipiélago tropical. El señor Ginjiro, daimyo de algunas tierras que la familia real de Hoshido le había cedido a cambio de lealtad, era el desagradable propietario de aquel navío. Sangre noble corría por sus venas, así como el emblema de su clan ondeaba orgulloso en algunos de los estandartes que coronaban la cubierta del barco. Rara vez salía de su pequeña caseta de madera, y cuando lo hacía, era tan solo para gritarles a sus hombres. En cambio, Ginjiro nunca osaba meterse con Kagura, Okoi o Kage. Bien sabía que los tres ninjas seguían directamente las órdenes de la realeza hoshidana, y que también tenían permiso para tomar el mando de los guardias que custodiaban el navío si surgía algún imprevisto. De tratarlos de forma déspota durante el viaje, el aristócrata tendría que responder directamente ante la reina.

Jo, ¡pues yo quiero bajarme ya mismo de este barco! —se quejó Kagura mientras apoyaba sus dos brazos sobre el pasamanos de una barandilla. A su lado descansaba su inseparable parasol azul. Si bien al principio la muchacha de cabello pelirrojo se había mostrado muy entusiasmada ante lo que sería su primer viaje por mar, no tardó demasiado en cansarse de la monotonía de la travesía. Sus labores como escolta del noble se limitaban a patrullar una y otra vez las cubiertas del navío para asegurarse de que todo estuviese en orden. Aunque debido a su corta edad, ningún miembro de la tripulación la llegaba a tomar en serio. Por otra parte, Okoi y Kage, quienes se dedicaban a pasar los días jugando a diferentes juegos tradicionales de Hoshido, siempre la pillaban cuando ella decidía escaquearse de sus quehaceres.

Ya te lo he dicho, pequeña: llegaremos al mediodía —le dijo la mujer a la muchacha pelirroja con una sonrisa cariñosa—. Tienes que ser paciente. Ya verás que la misión terminará antes de que te des cuenta.

¡Eso me lo lleváis diciendo desde que salimos de Hoshido! ¡Que tengo que ser paciente y todo eso! ¡Pero es que este maldito viaje parece no tener fin! —explotó Kagura, hundiendo su rostro cansado entre sus brazos. Llevaba ya varias noches sin poder dormir apropiadamente, sobre todo por el vaivén de las olas que hacía que se cayese de su hamaca. ¡Invento extranjero tenía que ser!

¡Jo, jo! De nada sirve que te quejes. Si no cumples con las órdenes, el líder se pondrá hecho una furia —intervino Kage, en cuyo rostro se dibujó de repente una expresión pícara—. Lo que me recuerda… ¡¡que ya es hora de que te pongas a patrullar de nuevo!!

¡¡Arg!! ¡Está bien, ya voy! —respondió Kagura con fastidio, recogiendo su parasol desganada.

¡Jo, jo! Vamos mejorando. Esta vez solo he tenido que pedírtelo una vez.

La muchacha no se dignó a responder. Si algo había aprendido durante todas esas semanas en altamar, era que oponerse a lo que le mandaban los dos adultos no servía para nada. Si intentaba esconderse para evitar tener que hacer sus rondas, la encontraban. Si intentaba mentirles diciéndoles que ya había patrullado, descubrían su mentira. Si intentaba contaminarles la comida con un potente somnífero, éstos descubrían el veneno y la obligaban a barrer la cubierta del barco como castigo. Con el tiempo, Kagura había llegado a la conclusión de que se ahorraba disgustos haciendo exactamente lo que ellos pedían cuando ellos lo pedían.

Esperad un segundo los dos —dijo de repente Okoi. Con la vista puesta en el mar, tenía el ceño fruncido como si intentase escudriñar su horizonte. Los antiguos barcos hoshidanos no contaban con vigías en las alturas, por lo que los guardias y los ninjas se ocupaban de llevar a cabo la labor de centinelas desde la cubierta.

¿Qué pasa? ¿Hemos llegado ya? —preguntó Kage después de removerle cariñosamente el pelo a Kagura, sin prestar atención a las continuas protestas de ella.

No, nada de eso. Creo que… se nos está acercando un barco. Tiene una bandera negra. Deben de ser piratas —explicó Okoi. En sus palabras no existía atisbo de sorpresa o de preocupación.

¡Jo, jo! Piratas, ¿eh? Iré a avisar a los guardias para que se preparen... —dijo Kage. En su rostro se formó una sonrisa torcida y maliciosa.

Sin embargo, lejos de lo que cabría esperar de un barco mercante normal y corriente, en la que los marineros seguramente tratarían de resistirse desde el principio ante un ataque en altamar, la cubierta del navío hoshidano quedó desierta por completo en cuestión de minutos. Podían verse barriles y cajas repletas de armas, pero ningún soldado alrededor dispuesto a blandirlas. Hileras de cuerdas tiradas por el suelo, pero sin ningún marinero dispuesto a hacer nudos con ellas. Reinaba un silencio siniestro y fantasmagórico, interrumpido tan solo por la puerta de la caseta del daimyo, que con el viento se mecía emitiendo un chirrido que ponía los pelos de punta. El majestuoso barco de Hoshido, carente de tripulantes, parecía invitar a los piratas a acercarse, al igual que una planta carnívora atraía a sus presas.

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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Valkoinen el Mar Oct 10, 2017 7:59 pm

El sol se elevaba lentamente mientras el pequeño barco pirata se acercaba al gran barco hoshidano, los reportes del vigía decían que por muy extraño que pareciese, no había señal de vida en la cubierta de aquel barco. Nadie podía creérselo por lo que empezaron a reírse de aquello, sería ridículo llevar un barco de tales dimensiones sin una tripulación considerable, sin mencionar que sobresalía lo que parecía ser el tejado de una especie de caseta. Para llegar a construir tal nave debieron pasar muchos años de arduo esfuerzo, pero bueno, lo único que esperaban era que el botín fuese acorde con la grandeza del enorme barco.

A medida que se iban acercando, iban contemplando la grandeza del barco que querían abordar y las risas empezaron a disminuir, creciendo en ellos la duda de que hacer para subir en él llegado el momento. La diferencia de altura era considerable, iban a tener problemas para abordar, tenían una gran desventaja, la tripulación enemiga lo tendría muy fácil para evitar el abordaje. No obstante, considerando que lo que decía el vigía era cierto, o eran pocos o no había nadie por allí y de ser así, la desventaja no supondría ningún problema.

- ¡Dejad de cuchichear de una vez! ¡Aquí o se trabaja, o pa'l agua! En esta tripulación todo el mundo es libre de hacer lo que quiera mientras trabaje en lo que se deba y ahora el trabajo de todos es ir a por los víveres de ese barco y no hay nada más que hablar. - El capitán puso en orden, otra vez, las inseguridades de su tripulación, era su deber al fin y al cabo. Al recobrar la compostura se mantuvo un silencio sepulcral lo cual le daba mal rollo al joven pirata. Ya estaba acostumbrado a las charlas, pero no al silencio, era lo que más odiaba en esas situaciones así que empezó a trepar por las cuerdas que se unían al mástil y cuando llegó a una altura donde era reconocible por todos empezó a soltar unas palabras:

- Esto son unos piratas en alta mar que avistan un barco mercantil y el capitán dice: "¡A-bordar el barco!", y la tripulación decoró su barco.
- Tras otro incómodo silencio para Valkoinen, toda la tripulación empezó a abuchearlo al mismo tiempo que movían con sus manos los pañuelos de tela de un lado a otro. También se podía escuchar algún que otro insulto, independientemente de lo malo que era el chiste, el silencio se había roto. Se ve que el trabajo más difícil es siempre mantener la cabeza libre de pensamientos a la hora de hacer algo. Al bajar de las cuerdas se llevó un capón por parte del viejo por alterar la tranquilidad que había conseguido tras sus anteriores palabras, aunque esbozaba una ligera sonrisa en su rostro, como el resto de la tripulación.

Poco a poco pasaba el tiempo, los piratas estaban impacientes por abordar y cuando estuvieron suficientemente cerca apreciaron por completo el aspecto fantasmal que tenía la nave hoshidana, tal como había dicho el vigía a cargo. Con lo grande que era la cubierta pasaban casi desapercibidos lo que aparentaban ser los guardias, no tardaron mucho en perderlos de vista por culpa de la diferencia de tamaño. Los tablones que habían sacado eran completamente inútiles para usar por lo que los dejaron en su sitio y cogieron el resto de cuerdas que tenían a mano. El navío pirata estaba empezando a hacer maniobras para quedar en paralelo junto al otro barco.

- Aquí hay algo que me da mala espina viejo... ¿No es demasiado grande para que haya tan poca gente? ¿Será alguna estrategia enemiga para emboscarnos? - El capitán tenía lo mismo en mente y no quería arriesgarse a meter la pata y caer en la posible trampa, por lo que mandó a Valkoinen a subir para que detallara la situación. El joven pirata empezó a rechistar nuevamente por el trabajo.

- Deja de quejarte, bastante que te he perdonado el chiste, el llamarme viejo y el mencionar una cosa tan obvia como la de la trampa. Tómalo como un castigo niñato inmaduro. - Las palabras del capitán eran duras, pero el joven era capaz de entender que no iban en serio, por no decir que era la persona perfecta para infiltraciones por lo ágil y escurridizo que resultaba ser.

Aún entre maldiciones quitó de mala gana la cuerda de uno de sus compañeros, en su extremo había un gancho atado a la cuerda, perfecto para sujetarse en la madera. Empezó a balancear la cuerda hasta conseguir suficiente impulso como para lanzar el gancho hasta la borda enemiga. El vigía le indicó donde lanzarlo, pues era el único que conseguía ver claramete las zonas que estaban vacías y la escasa actividad por parte de los guardias. Después de lanzarlo, comprobó que el gancho estaba bien agarrado y que subir por la cuerda sería seguro y una vez hecho, decidió subir. Al llegar al final se asomó por lo que parecía ser una barandilla, situada alrededor de la cubierta, era un barco extraño para él, nunca había visto uno así, tal vez el resto de la tripulación sí, pero ese no era su caso. Quedó asombrado tras ver el gran espacio libre que tenían, se podían ver algunas cajas con armas y barriles, tal vez llenos de alguna bebida o simplemente agua. El escaso personal visible no parecía inmutarse por lo que subió del todo.

- ¡Chicos, vía libre! -exclamó a pleno pulmón- ¡Hey vosotros, si nos dais todo lo que llevéis sin resistencia no os pasará nada! - Tan descuidado como de costumbre, empezó gritar a la tripulación del navío hoshidano. Según su pensamiento, ya que se habían tomado la molestia de dejarlo subir, tampoco debería importarles que se llevaran sus recursos. Tras las voces del pirata, el resto de la tripulación empezó a gritar y a lanzar los ganchos también. Poco a poco se fueron dispersando por la cubierta y el capitán repitió el mensaje de Valkoinen en un tono de voz aún más alta, que si les dejaban tomar lo que tenían no habrían problemas.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Kagura el Sáb Nov 11, 2017 3:45 pm

Sin apartar la vista del barco pirata, Kagura y Okoi permanecían inmóviles en mitad de la cubierta. Tampoco se inmutaron cuando los primeros tripulantes de la nave enemiga empezaron a abordar la suya con la ayuda de ganchos y cuerdas, limitándose a observar a los invasores en silencio. La aprendiz de kunoichi posó su mirada nerviosa en el grupo de aquellos rufianes que vestían atuendos extraños y desgastados, ya que era la primera vez que veía extranjeros de cerca. Notó que a diferencia de los hombres de Hoshido, éstos en su mayoría eran muy altos, y presentaban unos rasgos físicos más fornidos y robustos. Sin perder el tiempo, uno de los piratas más jóvenes se adelantó de repente y anunció en voz alta que si les entregaban todo lo que tenían, les dejarían en paz. La muchacha de cabello pelirrojo frunció el ceño al escuchar la demanda. ¿Cómo osaban esos bandidos a exigirles nada? ¿Acaso no tenían idea de que a quiénes se estaban dirigiendo? Con la mano cerrada en un puño se dispuso a protestar, pero se detuvo en cuanto sintió la mano de Okoi acariciando su cabeza.

Déjame esto a mí, pequeña —le dijo con una amplia sonrisa, antes de voltear su rostro y dirigirse al portavoz de los piratas—. Bandidos, estáis invadiendo el barco de un daimyo hoshidano. Si os marcháis de regreso por donde habéis venido, prometemos no haceros ningún daño.

Honrando los valores característicos del pacífico reino de Hoshido, la tripulación prefería no enzarzarse en una batalla en altamar. Los guardias eran pocos, y los marineros no sabían utilizar armas para protegerse. Por ese motivo, las dos kunoichis intentarían en primer lugar disuadir a los piratas de seguir adelante con el saqueo.

No obstante, debajo de la cubierta exterior y aguardando a recibir una señal específica, el pequeño grupo de seis lanceros contenía la respiración con sus armas en ristre. Las hojas de las naginatas eran lo suficientemente finas como para atravesar las estrechas rendijas existentes entre los tablones de madera que había sobre sus cabezas. Desde ese piso del barco podían escucharse también los murmullos inquietos de los piratas, pues aparte de las dos ninjas hoshidanas que habían decidido quedarse fuera para intentar negociar con los bandidos, el resto de la tripulación se había refugiado en los niveles inferiores del navío. No había necesidad de provocar un derramamiento de sangre innecesario, pese a que el daimyo Ginjiro deseaba castigar a los invasores por su osadía y atrevimiento. Después de una breve e intensa discusión, el aristócrata se había retirado a regañadientes al pequeño habitáculo donde guardaba su tesoro, no sin antes maldecir a sus subordinados por preferir seguir las órdenes y estrategias de los shinobis enviados por la familia real.

De los cuatro pisos del barco —cinco, si se contaba la cubierta—, en el primero esperaban pacientemente los seis lanceros y los seis samuráis. Eran guardias y guerreros profesionales, bien preparados para enfrentarse a cualquier amenaza y salir victoriosos del encuentro. Con un fuerte código de honor impreso en sus ideales, estaban dispuestos a dar su vida con tal de proteger a su señor, por muy arrogante y desagradable que éste fuera con ellos. Por otra parte, el segundo piso estaba ocupado por los treinta y cinco marineros que se encargaban de la navegación. Remaban cuando las aguas estaban calmas y el viento no soplaba, así como plegaban las velas cuando llegaban a un puerto en el que adquirir nuevas provisiones. Las naves hoshidanas tradicionales no estaban preparadas para soportar travesías tan largas y peligrosas, aparte de que en todo el reino había pocos marinos que supiesen manejar el Umimaru, nombre por el que llamaban cariñosamente al barco híbrido del señor Ginjiro.

En el tercer piso se encontraban las hamacas donde la tripulación dormía, pese a que no había nadie para proteger esa zona. Allí no llegaba el más mínimo rayo de luz natural, por lo que se trataba de un lugar sombrío y húmedo. A pesar de la disposición de varias lámparas hoshidanas de color rojo, orientarse en mitad de tanta oscuridad suponía cada noche una tarea ardua. La iluminación del cuarto y último piso, donde los marineros remaban siguiendo el ritmo marcado por un músico con tambor, era casi idéntica. Sin embargo, la luz que se filtraba parcialmente a través de las aberturas que atravesaban los remos, facilitaba que la tripulación pudiese dar cuatro pasos sin tropezarse con algo en el intento. El habitáculo del tesoro se encontraba protegido también en el último piso, aunque para acceder se necesitaba una llave especial de la que solo existían dos copias: una la tenía Ginjiro, y la otra Kagura. La cerradura era imposible de forzar con mediocres juegos de ganzúas.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Valkoinen el Jue Nov 23, 2017 6:35 pm

Tras acariciar la cabeza de una niña con cabellos anaranjados, una mujer invitó a los piratas a abandonar el barco. ¿Daimyo? ¿Qué se suponía que era esa palabra? No tenía pinta de ser nada bueno, el resto de la tripulación parecía algo preocupada. De todas formas, ninguno de los bandos quería sangre, pero su objetivo ya estaba fijado en el momento que fue avistado el barco hoshidano.

¡¿A qué esperáis panda de holgazanes?! —preguntó el molesto capitán, harto de tanta duda—. Ya habéis oído todo lo que hacía falta. ¿No quieren rendirse? Pues lo de siempre, somanta de palos y a dormir.

Las claras intenciones de aquel hombre nunca daban una pizca de duda, siempre seguro de sí mismo. No tenía planeada ninguna retirada después de haber logrado subir al gran navío sin problemas. No pasaron ni tres segundos y ya estaban alzando sus desafiladas espadas y hachas en el aire, acompañadas de un grito que ensordeció los oídos del joven pirata. Desde hace un tiempo empezó a entender el motivo por el que los llamaban bárbaros en muchas ocasiones, tanto escándalo en poco tiempo era muy molesto y no entendía ni porque lo hacían, le parecía una estupidez gritar. En vez de estar perdiendo el tiempo de esa forma, se fijó en las presas, pues parecían demasiado confiadas para soltar aquellas palabras ante una clara desventaja en cuanto a número. Vestían ropas aparentemente finas y ligeras, le resultaron extrañas a primera vista, pero al contrario del barco y la palabra daimyo, era capaz de reconocer esa vestimenta, ya la había visto en otras ocasiones. A decir verdad, le encantaban, sólo de verlas pensaba en lo cómodas que serían para pelear.

Mientras que él se quedaba embobado mirando las ropas, el resto de la tripulación empezó a correr para bajar al piso debajo de la cubierta, en busca del tesoro. No se tardó en averiguar que habían planeado los hoshidanos en caso de tener que defenderse. Unas lanzas con gran filo empezaron a salir entre los pequeños huecos que había entre los tablones de madera. De seis ataques, cinco dieron en el blanco. Un par de pies de sus compañeros fueron atravesados por las plantas, a otro par les hicieron un corte severo en una pierna y al quinto le cortaron el tendón de Aquiles. No eran heridas letales, pero era seguro que no se podrían mover de allí por un buen tiempo. Tras los primeros heridos, una segunda tanda volvió a sorprenderles.

¡Vamos! ¡Corred hacia el piso de abajo blandengues! ¡Y que otros ayuden a salir a los heridos del barco! —las palabras del capitán despertaron a los que quedaron sorprendidos por el ataque inesperado—. Ahora sí que la habéis hecho... —dijo en voz baja mientras se dirigía hacia la mujer que instantes atrás se comunicó con ellos— ¡Todos al ataque! ¡Y que no vea ninguna naginata saliendo de abajo!

La tripulación reaccionó a tiempo para acatar las órdenes que habían recibido, unos empezaron a evacuar a sus compañeros y otros se dirigieron a bajar de la cubierta para enfrentarse a los soldados enemigos. Por otro lado, Valkoinen se movió después de las palabras del capitán, dejando su empane de lado; pero como no sabía que debía hacer, siguió la espalda del capitán hasta llegar enfrente de la niña y la mujer, esquivando algún que otro lanzazo. Acto seguido, el capitán se abalanzó contra la mujer que habló, sin importarle el resto de cosas que pasaban alrededor. El joven pirata, por el contrario, se quedó mirando a la niña pelinaranja durante un tiempo, más detenidamente en el llamativo color del vestido que llevaba puesto. Aunque lo que le sorprendía realmente era verla tan llamativa a pesar de su estatura. No era capaz de ponerle edad por culpa de su altura, a sus ojos era bajita y le sacaba un par de cabezas, por lo que deducía que sería más joven que él, pero aun así no era capaz de decidir si tenía poca edad y era su estatura normal o si era más mayor de baja estatura para su edad.

De todos modos, dejó de darle importancia al asunto y recordó la verdadera misión que tenían, llevarse el botín. El capitán parecía que se había olvidado de aquello... Para empezar, en la cubierta no había ningún indicio de que estuviese por allí, de lo contrario, ¿para qué pondrían soldados en un piso más abajo? Tal vez estuviese allí, pero tampoco podía fiarse de eso, igual se trataba de otra distracción y estaba en la cubierta. Aunque también había más pisos, era un barco demasiado grande y podría esconderse en cualquier lugar. Duda tras duda su mente seguía en blanco, mirando inconscientemente el rostro de la niña sin pestañear. Por algún motivo, el pelo anaranjado de la chica que estaba parada delante de él, le recordó una fruta cítrica que comió hace tiempo.

Niña mandarina... —soltó en voz baja pero apreciable—. Maldita sea... Este barco es demasiado grande como para saber donde está el maldito botín... Oye chiquilla, ¿dónde guardáis lo valioso del barco? —preguntó de mala gana—. No te preocupes por nada, después de que me contestes te dejo tranquila. No soy ningún maleante de esos que van golpeando niños por ahí. Cuando lo tenga dejaremos el barco sin dañar nada, por muy ratas de mar que seamos, cumplimos lo que decimos.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Kagura el Mar Dic 19, 2017 8:32 pm

Tal y como habían previsto, los piratas se negaron en redondo a abandonar el barco hoshidano. Estimulados por las órdenes de un hombre que debía ser su capitán, los rufianes alzaron sus voces al unísono junto a sus armas, y dejaron claras sus intenciones antes de abalanzarse en dirección a las escaleras que daban al piso de debajo de la cubierta. Kagura, que había estado atenta a todo lo que acontecía a su alrededor, se llevó una mano a la frente al presenciar semejante derroche de imprudencia por parte de aquellos que se acababan de declarar sus enemigos. Con sus gritos estaban delatando su posición a los lanceros que aguardaban abajo, por lo que las dos mujeres ni siquiera tuvieron la necesidad de dar la señal acordada antes de que las hojas de seis naginatas surgiesen de entre los huecos existentes en la madera del suelo. Más allá de las lesiones que los cortes pudiesen ocasionarles, los bandidos ignoraban que de antemano Kage había imbuido esas armas con un veneno especial que, si bien no era letal, induciría una parálisis temporal a sus víctimas para que no pudiesen reunirse con sus compañeros más adelante una vez hubiesen tratado sus heridas.

Ugh, ¿cómo pueden ser tan inútiles? —preguntó Kagura a Okoi sin esperar una respuesta. Al principio se había alegrado de saber que estaban a punto de sufrir un abordaje pirata. Principalmente porque eso significaba que podría escaquearse de patrullar por enésima vez el navío. Además de que después de pasar tanto tiempo en altamar, necesitaba desentumecer los músculos con algo de acción. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que con un buen combate? No obstante, aquellos piratas distaban mucho de la imagen de temibles y sanguinarios saqueadores que les había atribuido en su imaginación. Eran torpes, olían mal y encima la mayoría eran muy feos. La muchacha pelirroja alzó la mirada para ver a su mentora. Su interés por incorporarse a la batalla decrecía por momentos, pero no quería irse a buscar un rincón apartado en el que echar una siestecilla dejando sola a Okoi. A diferencia de muchos otros miembros del clan, ella había sido de las pocas en aceptarla como una más pese a su condición de marcada, así que le profesaba un profundo respeto.

Pequeña, saca tus dagas —dijo la mujer. En sus labios ya no existía atisbo alguno de las cálidas sonrisas que solía dedicarle a menudo, mientras que su expresión cariñosa había sido sustituida por otra más seria y sombría. Kagura también podía percibirlo. La tensión que precedía a un combate inevitable.

Debéis de ser un hombre bien instruido si conocéis el nombre de nuestras armas —dijo la kunoichi al capitán pirata, antes de que éste se abalanzase contra ella para atacarla. Okoi era una atractiva mujer de tez blanca y de cabello tan negro como el carbón. De figura esbelta, vestía siempre que estaba de misión con el uniforme típico de los ninjas hoshidanos. Se trataba de una persona cariñosa con los suyos, y responsable con el deber. Por ese motivo todo el clan la respetaba casi tanto como al líder.

Kagura volteó su rostro hacia la derecha para seguir con la vista a su mentora y al capitán pirata, que acababan de enzarzarse en un violento enfrentamiento. Mientras tanto y para frenar el avance de los bandidos, los seis samuráis que esperaban en el segundo piso salieron a combatirlos junto a los lanceros. De un momento a otro, la cubierta se había convertido en un auténtico campo de batalla. La aprendiz de ninja suspiró con fastidio al verse en mitad de aquella vorágine confusa de violencia sin sentido. Ahora no podría echarse la siesta que quería. Fue entonces cuando se percató por el rabillo del ojo de que uno de los rufianes estaba mirándola fijamente y sin pestañear. Una señal de alerta la despertó de su ensimismamiento y recordó que Kage le había advertido que los hombres extranjeros eran gente muy libidinosa, entregada a sus impulsos primarios sobre todo cuando una niña de su edad estaba de por medio. Kagura ignoraba qué demonios quería decir eso, pero estaba segura de que no debía de ser algo bueno. Dispuesta a hacerse respetar, giró bruscamente el rostro para encarar al desconocido y desafiarlo con la mirada. Pero antes de que pudiese decirle nada, el pirata habló. La muchacha de cabello pelirrojo parpadeó varias veces al escuchar el extraño nombre por el que éste la llamó.

¡Eh! ¡¿Y tú a quién llamas niña mandarina, cabeza lechuga?! —le interrumpió a la vez que se apartaba para esquivar la espada desviada de un bandido que luchaba contra un lancero hoshidano—. ¿Lo pillas? Lechuga. Porque tu pelo parece verde.

Mas el extraño continuó hablándole. Quería saber dónde estaba el tesoro que el señor Ginjiro llevaba siempre consigo a todas partes. Al oír esto, Kagura frunció el ceño para imitar a la apariencia de un severo samurái. Aunque tuvo que volverse a apartar para eludir el acero de otra arma, mantuvo su fingida compostura serena apoyándose sobre su parasol azul como si fuese un bastón.

¡Ja! ¿Te crees que te voy a decir que la cámara del tesoro del daimyo está en el último piso del barco y que yo tengo la llave para abrir la puerta? ¡Insensato!

La aprendiz de ninja tardó unos segundos en percatarse de que le había revelado toda la información que el pirata le acababa de pedir y más. Al darse cuenta de su metedura de pata, sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa y se tapó la boca con sus dos manos, dejando caer el parasol a sus pies. Esperaba que nadie más la hubiese oído, o el líder del clan la castigaría con severidad si llegaba a enterarse de lo sucedido. “Genial, ahora tengo que encargarme de este panoli si quiero librarme de limpiar toda la mansión del clan otra vez…” Sin que hubiese rastro de sus verdaderas intenciones, Kagura extrajo del interior de su bolsillo un kunai de bronce y, con un rápido movimiento de mano, lo arrojó en dirección al cuello del pirata despistado.

¡No es nada personal! —le gritó mientras una sonrisa sanguinaria se formaba en su rostro.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Valkoinen el Vie Mar 16, 2018 10:38 pm

Cuando los primeros heridos empezaron a ser tratados, se dieron cuenta que estaban afectados por una especie de veneno paralizante. Esto les iba a impedir volver al terreno de batalla, aunque por el pequeño número que eran, no deberían de tener problemas a la hora de pararle los pies al enemigo. Poco después, los lanceros que estaban en el piso de abajo empezaron a subir, provocando así un mayor escándalo a la hora de pelear. Habían armas volando por aquí y por allá, todo un caos, una mala organización por parte de los que comenzaron el combate. El mayor responsable, el capitán, obviando dirigir a sus hombres y centrándose en aquella mujer. Pero como no era la primera vez que se enfrentaba a hoshidanos conocía bien las armas típicas de allí, era quien mejor conocía el estilo de pelea que tenían y por tanto, tenía que tomar acción en el asunto. Al cabo de un rato empezarón a esparcir el mensaje que aquel tipo de lanzas estaban envenenados y que lo mejor sería mantener la distancia para evitar ser cortados e infectados por el veneno, ya que podría significar la derrota total de la tripulación.

Mientras que el mensaje iba circulando, la niña que estaba ahí delante tenía una mirada desafiante, no sólo su mirada era desafiante, pues no tardó en responder al mote que le puso segundos atrás. Era la primera vez que lo llamaban cabeza lechuga, pero no era de extrañar, su pelo era muy extraño. Dependiendo de si había mucha luz o poca se ve de un color u otro, en esta ocasión se veía verdoso, bajo la luz del sol. De cualquier forma, no le molestaba lo que le dijeran, estaba acostumbrado a ser llamado de muchas formas durante las travesías en el barco por sus camaradas.

Después de preguntarle donde estaba lo más valioso del barco, recibió una contestación en forma de pregunta, seguido de un "Insensato". Por la forma de hablar se sentía muy confiada en guardar el secreto y en un primer momento el pirata pensó que eso era una mentira, un farol para engañarlo. Las acciones que hizo la niña después, cambiaron el parecer del pirata. Taparse la boca y dejar caer el paraguas que llevaba, después de decir aquello, eran unas acciones de estar sorprendida. En ese momento pasó por su cabeza que la insensata era ella y a la vez demasiado inocente como para actuar de la forma en la que lo hizo.

Buena niña, así me gusta. Hoy en día cuesta encontrar gente que te responda a todo tan pronto. Pero ya que estás, que es el dai... —antes de terminar de hablar, un objeto puntiagudo se dirigía hacia él. No le daba tiempo a sacar su daga para rechazarlo, por lo que optó por mover la cabeza hacia el lado izquierdo, provocando que el objeto le hiciese un pequeño corte en el cuello, nada grave. Estaba sorprendido por la velocidad del lanzamiento, ni se había dado cuenta que la chica se lo había sacado y lanzado hasta ir a mitad trayecto.

El bonito rostro de la pelinaranja ahora rebosaba de sed de sangre mientras que el pirata tenía una cara de sorpresa, con los ojos más abiertos que de costumbre. No tardó en recuperar la compostura, llevándose la mano derecha en la herida que le había hecho. Efectivamente, del corte salía algo de sangre, si hubiese tardado más en reaccionar podría haber muerto allí mismo. —La niñita ha salido juguetona, ¿eh? Bueno, ¿por dónde me había quedado? Ah sí, ya. ¿Qué es eso de daimyo? ¿Y qué es eso que me has lanzado? Menudas cosas más raras que tenéis los hoshidanos... —preguntaba con curiosidad al mismo tiempo que con un tono burlón—. El caso es, que si tienes la llave, deberías correr en vez de enfrentrame. O ya que estás tan amable, prestarmela. Tranquila, después te la devuelvo, no es que me importe una llave.

Ya sabía la respuesta por adelantado, por la cara que ponía la chica, le iba a tocar pelear. Con precaución puso su mano cerca de la cintura, sostenindo el mango de una de sus dagas y acuclillándose un poco, preparado para moverse. Acto seguido dio un salto hacia delante y algo hacia su derecha, situandose a escasos pasos a la izquierda de la niña con la misma posición que había adoptado antes del salto. Los ojos serios del joven se quedaron mirandola, esperando alguna respuesta, dialogada o con acción. —Señorita, entonces... ¿Jugamos al "En busca del tesoro"? ¿O al "Pilla pilla"?
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Kagura el Sáb Ago 04, 2018 11:18 pm

¡Eh! ¡De niñita nada, abuelete! —le espetó Kagura con desdén al pirata como respuesta a su inesperado comentario. El rostro de la muchacha pelirroja, que hasta hacía unos segundos reflejaba una sed de sangre que contrastaba en demasía con su apariencia inocente, se relajó durante un momento para pasar a adoptar una expresión enfurruñada. Eso le había dolido. Ya sabía que por alguna extraña razón aparentaba ser algo más joven de lo que se esperaría de alguien de su edad, ¡pero esa no era justificación para que se lo recordasen constantemente! Además, tenía catorce años recién cumplidos aunque pareciese tener diez. Okoi decía que ya era toda una señorita después de todo, así que lo mínimo que esperaba del forastero era que se disculpase amablemente en vez de seguir en su empeño de ponerle apodos nuevos.

Por otra parte, se alegraba de que este se las hubiese ingeniado para esquivar su primer kunai, ya que eso significaba que podría jugar un poco más con él antes de darle el golpe de gracia. Kage le había dicho que era preferible no matar a nadie, ya que se encontraban en tierras extranjeras y debían evitar cualquier tipo de malentendido con las autoridades locales. Sin embargo, el pirata seguía empeñado en provocarla. Y si había algo que ella odiase más que le diesen órdenes, era que no la tomasen en serio. Con cada burla y sarcasmo, quedaba aún más patente que el “cabeza de lechuga” no la consideraba una amenaza, tomándose incluso la libertad de formularle otras dos preguntas nuevas. Quería saber qué era un daimyo, y qué eran los kunais. Pero esa vez Kagura no respondió, negándose a hablar por temor a decir más de la cuenta. Si seguía facilitándole al extranjero información de manera tan descuidada, lo más seguro era que Kage decidiese obligarla a limpiar la cubierta del barco como castigo durante lo que quedaba de trayecto, ya que después de todo, se suponía que una kunoichi debía de ser discreta con los secretos de su trabajo. Al menos eso era lo que le repetían constantemente sus maestros en Hoshido.

Pero la osadía del extranjero parecía no conocer límites. Con un descaro equiparable al que la aprendiz de ninja manifestaba sin darse cuenta, le aconsejó que huyese en vez de enfrentarle. O que le entregase la llave de la cámara del señor Ginjiro, ya que estaban en ello. Ninguno daba la impresión de darse cuenta de que la situación en sí estaba resultando algo extravagante, con ellos dos enzarzados en un duelo estéril de insultos y ofensas diversas mientras que los demás piratas y hoshidanos combatían ferozmente a su alrededor, pero tampoco parecía importarles demasiado. Quizá consciente de que aquella discusión no los llevaba a ningún sitio, el pirata se adaptó una postura claramente ofensiva, dando a entender que estaba preparado para la acción.

Kagura previno la inminente arremetida con facilidad, pero decidió no actuar todavía para que su oponente se confiase. Con un ágil salto horizontal, el joven ladrón se colocó a una escasa distancia de ella antes de dedicarle un nuevo comentario para provocarla. “¡¿Pero este tipo quién se cree que es?!”, pensó la muchacha pelirroja mientras fruncía el ceño con rabia. ¡Ya empezaba a cansarse de que siguiese tratándola como si fuera una niña pequeña! Por lo que decidió que era el momento de enseñarle buenos modales. Así que, sin contestarle todavía, utilizó el empeine de uno de sus pies para impulsar su parasol azul del suelo, y atraparlo al vuelo con sus manos en un abrir y cerrar de ojos. No quiso darle tiempo al pirata para nada, por lo que acto seguido se dispuso a propinarle una rápida estocada con la punta de acero del instrumento en la boca del estómago.

¡Te lo diré solo una vez, así que presta atención! —le espetó de repente con un tono de voz autoritario y mucho más serio—. ¡¡No-Soy-Una-Niña!!

Sin esperar una respuesta por parte de su oponente, volvió su mirada hacia atrás durante un instante para ver qué tal iba la batalla en la cubierta. Los lanceros habían salido por fin al exterior para unirse a los samuráis en el campo de batalla, pero sus esfuerzos no eran los suficientes para frenar a todos los piratas. “Oh, no…”. Algunos bandidos lograban escabullirse al siguiente piso, y sin nadie que los detuviese, podrían hacerle daño a los marineros que aguardaban indefensos en el interior del navío. Por ese motivo Kagura, ignorando a su actual adversario, se dio la vuelta y empezó a perseguir a los intrusos.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Valkoinen el Sáb Sep 01, 2018 3:49 pm

Que le llamase abuelte cuando todavía no le salía ni vello facial le resultó más ofensivo que lo anterior, sintió como si le hubiesen echado una jarra de agua fría por encima en pleno invierno. Era la primera vez que alguien se lo decía. Normalmente le decían cosas como crío, niño, novato o cualquier término que estuviese relacionado con tener poca experiencia, tal como lo estaba haciendo él con la muchacha. Sin embargo aguantó el duro golpe, como si nada hubiese pasado, a pesar de estar rabioso por dentro. Aunque era normal defenderse después de haber sido atacada primero con los diferentes motes.

Cuando por fin empezaba la acción, recibió un golpe fuerte en la boca del estómago. Cayó en el suelo en agonía a causa de los problemas que tenía para respirar. Pasaron unos segundos hasta que pudo volver a hacerlo. En ese momento maldijo haber bajado la guardia tan sólo para provocarla, si hubiese sido un arma punzante podría estar perfectamente muriéndose. Eso sin contar el tono de voz con el que le dedicaba unas palabras. Desde luego algo era seguro, tenía carácter.

No vio a nadie que hubiese visto tal lamentable escena, pero si alguno de sus compañeros o el propio capitán se daban cuenta de lo que había pasado, se burlarían de él durante un buen tiempo. Siempre decían que las damas eran inofensivas, pero vaya que era mentira. Hasta su capitán estaba luchando con todo. Tampoco era la primera vez que le tomaban el pelo de esa forma. Ya se enterarían más tarde, cuando regresaran a su barco, si es que lo conseguían.

Por suerte sólo fue un dolor temporal y fue recuperándose poco a poco hasta volverse a poner de pie, pero para ese entonces, la jovencita ya no estaba allí. La había perdido de vista, no la veía por la cubierta por lo que supuso que había ido al piso inferior. Tampoco le dio mayor importancia, ahora sabía quien tenía la llave y la tripulación estaba haciendo un gran trabajo, aunque era penoso lo mucho que estaban tardando en mantener bajo control a un puñado de espadachines y lanceros por lo que decidió ayudar un poco en cubierta antes de bajar a por su "presa". Sacó su daga y con mucho cuidado iba acercándose a los espadachines que estaban en mitad de la batalla para intentar golpearles con la empuñadura y dejarlos inconscientes. Muchos de los intentos de golpeo resultaron en fracaso, estaban muy bien entrenados y la capacidad de percibir al enemigo y reaccionar eran increíbles. Era de esperarse que pudiesen plantar cara a tantos hombres a pesar de estar en clara desventaja numérica. Aunque eran sus enemigos, sentía cierto respeto por su forma de pelear.

Al final, tan sólo consiguió noquear a dos espadachines y un lancero, aunque sus ataques igualmente sirvieron como distracción para detener a otros. En cambio, su capitán seguía disfrutando de su lucha con la otra mujer, estaban más parejos que los piratas contra los hoshidanos. De cualquier forma, la situación estaba ya bastante controlada, por lo que decidió ir a buscar la llave. Bajó con prisa al piso de abajo, donde unos cuantos de su tripulación estaban atacando a los marineros para que no pudiesen rebelarse. Allí la encontró, enfrentándose contra los piratas. Pero esta vez no tenía intención de dejarla ir sin la llave.

¡Oye tú! —gritó señalando con su índice a la chica que le golpeó antes—. ¿Qué no te enseñaron que a los "abueletes" se les respeta? ¿Qué significa eso de ir golpeando a gente mayor? —preguntó retóricamente, aprovechándose de lo que le dijo minutos atrás en la cubierta—. Bueno al final no te decantaste por ninguno de los dos juegos que te planteé y elegiste el "golpea y corre", pero eso da igual —salió corriendo hacia la chica, con la empuñadura de la daga por delante para devolverle el golpe en el estómago—. Porque me voy a llevar la llave igualmente.

Estuvo cerca de terminar la frase diciendo "niña", pero se lo pensó dos veces antes de volver a enfadarla. Había demostrado que tenía habilidad suficiente como para saberse defender y para plantar cara, sobretodo lo segundo. También recordó su mirada sedienta de sangre, esa mirada tampoco era normal que la tuviese alguien que no hubiese peleado antes o que no se haya visto en alguna situación compleja. Esta vez sería más cauto, ya no por no volver a cometer el mismo error, sino porque había compañeros suyos en la misma sala, a la que no le prestó mucha atención, pero la suficiente para ver que era enorme en comparación a la de otros barcos.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Kagura el Miér Sep 05, 2018 3:43 pm

Antes de bajar al segundo piso para ayudar a los marineros a defenderse de los piratas, Kagura dirigió una última mirada a su oponente para asegurarse de que estaba fuera de juego. Aunque estaba preocupada por el devenir de la batalla en la cubierta, se permitió detenerse un momento para dedicarle una sonrisa pícara y maliciosa. Sus enemigos solían subestimar el peligro que suponía la robusta punta de metal de su parasol, tal y como había hecho también el hombre joven tan solo unos instantes atrás, y que ahora yacía a sus pies mientras trataba de recuperar el aliento. La muchacha de cabello pelirrojo podría no ser más que una adolescente de apariencia inofensiva, pero detrás de su rostro angelical se escondía su verdadera naturaleza. Como aprendiz de ninja, sus maestros le habían estado enseñando desde muy pequeña una amplia variedad de disciplinas poco ordinarias. Las técnicas de combate con o sin armas, el empleo del sigilo y de disfraces para misiones delicadas, o inclusive el estudio de venenos formaban parte de un estricto adiestramiento destinado a acostumbrarla a la sangre y al infame acto del asesinato. El sentido del honor de los shinobi variaba en demasía del de los samuráis, puesto que encontraban dignidad en la hoja nocturna que se deslizaba suavemente sobre el cuello de un enemigo desprevenido, o en el acto de infiltrarse a hurtadillas en el castillo de un daimyo que se rebelaba contra la familia real de Hoshido. Trabajan en las sombras haciendo el trabajo sucio que nadie más se atrevía a realizar, pero en el caso de Kagura, poco importaba que hubiese recibido una tutela tan inusual. Disfrutaba presumiendo de su enorme letalidad y no titubeaba a la hora de revelar secretos por accidente. Podría contar con las habilidades de una kunoichi bien entrenada, pero también seguía siendo en el fondo una joven rebelde e inquieta en busca de diversión y aventuras.

Ese fue el principal motivo por el cual, en lugar de aprovechar la vulnerabilidad del rufián de pelo verdoso para acabar con él de inmediato, decidió dejarlo estar. Verlo tendido en el suelo con expresión adolorida satisfizo su lado más sanguinario de momento, por lo que consideró oportuno esperar a que se recuperase antes de seguir jugando con él. Recordó una vez más que Kage le había dicho que era preferible no acabar con la vida de nadie en aras de evitar un posible conflicto diplomático, pero la muchacha pelirroja sabía que mientras tuviese la misión de proteger al señor Ginjiro no le quedaba más opción que acabar tarde o temprano con el pirata. Esos fueron sus pensamientos mientras se dirigía escaleras abajo, con la firme intención de encarar a los otros bandidos que debían de estar amenazando a los marineros indefensos.

La madera del Umimaru crujía bajo el peso de los guerreros que luchaban con fiereza en la cubierta. El barco, que se tambaleaba a capricho de las olas, hacía que los hoshidanos empezasen a marearse a causa del largo rato que llevaban resistiendo el abordaje, a la vez que los piratas ganaban terreno al estar más acostumbrados a combatir en el mar. La balanza de la victoria amenazaba con favorecer al bando invasor a la larga, a pesar de que los samuráis y los lanceros procuraban esforzarse para repeler el ataque. Algunos guerreros de Hoshido ya habían caído totalmente incapacitados a manos de los bandidos, quienes por fortuna tampoco parecían dispuestos a reclamar vidas innecesariamente. La batalla estaba adquiriendo un cariz bastante esperpéntico, ya que a diferencia de las expectativas más sangrientas y pesimistas de los subordinados del daimyo, de momento no había habido ninguna baja. Piratas y hoshidanos combatían con todas sus fuerzas, pero también como si la lucha no fuese más que una especie de obra de teatro. No obstante, y mientras bajaba las escaleras, Kagura agradecía contar con un excelente sentido del equilibrio, que no dudó en utilizar a la hora de decidirse a plantar cara a los piratas que se habían escabullido en el siguiente piso para sonsacar información del tesoro a los marinos. Pero antes de que siquiera pudiese herir a alguno con un kunai, escuchó una voz familiar a su espalda que la acusaba de ser maleducada y la amenazaba con robarle la llave del tesoro.

¿E-eh…? —fue lo único que llegó a gesticular a la vez que se daba la vuelta, pues notó como la empuñadura de la daga del bandido del pelo verde se hundía en su estómago, haciéndola retroceder varios pasos antes de que cayese de rodillas al suelo.

¡Uugh! —se quejó a la vez que se llevaba las manos al abdomen. Piratas y marineros quedaron absortos de repente, interrumpiendo lo que fuese que estaban haciendo instantes atrás. Enfocaban sus miradas en la escena que tenían delante. Pero no para contemplar la venganza del pirata ofendido, sino para seguir con los ojos la parábola que describía ahora en el aire un objeto brillante y dorado. Se trataba de la famosa llave del tesoro que hasta hacía apenas un segundo había estado portando la aprendiz de ninja, pero que, debido al impacto de la embestida del pirata de pelo verde, se había terminado desprendiendo de su ropa. La llave cayó con estrépito al suelo, pero el barco volvió a balancearse, así que esta terminó por caerse a través de una rendija que daba al tercer piso del Umimaru, aquel en donde la tripulación dormía y estaba todo a oscuras.

¡No! ¡¡Mi llave!! —gritó Kagura mientras se incorporaba súbitamente del suelo para bajar al siguiente nivel y recuperar lo que era suyo.
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Re: [Entrenamiento] Travesía interrumpida [Flashback][Priv. Valkoinen]

Mensaje por Valkoinen el Sáb Sep 08, 2018 7:10 pm

La pelirroja estaba preparándose para atacar, concentrada en el resto de piratas. Era el momento idóneo para abalanzarse contra ella. A penas pudo reaccionar al inesperado golpe que dio en el blanco, creando en el interior del pirata cierta satisfacción al hacer que experimentara el mismo dolor o similar al que sintió él. La chica terminó cayendo de rodillas tras retroceder unos pasos. Y mientras el pirata se regocijaba de la situación, se creó un silencio absoluto durante unos segundos. Los piratas pararon de moverse inconscientemente al ver que los marineros dejaron de moverse repentinamente. Todos en la sala se quedaron contemplando como la llave que custodiaba su compañera salió volando por los aires. Ese mismo silencio fue el que hizo reaccionar al pirata. "¿Qué les sucede?", "¿Por qué se han parado?", "¿Qué están mirando?" eran las preguntas que le venían a la cabeza, hasta que escuchó un sonido metálico golpear la madera sobre la que estaban. Se giró instantáneamente guiado por sus oídos y allí estaba la llave que tanto buscaba. Estaba tan centrado en vengarse que no se dio cuenta del momento en que la llave se había despegado de su rival.

La llave no estaba muy lejos de donde se encontraba él, saltó con todo hacia ella para poder cogerla, pero debido al tambaleo del barco causado por las olas, no logró atraparla y cayó de lado al suelo. La llave se deslizó entre los tablones de madera para caer al piso de abajo. Se quedó mirando la rendija atónito e incrédulo con el brazo todavía estirado después de lo que había sucedido, había estado muy cerca de conseguirla. La rápida reincorporación de la pelirroja provocó que reaccionara. — ¡¿A qué estáis esperando?! ¡Apresadlos a todos! —ordenó elevando su voz para "despertarlos" mientras se levantaba. Con apresarlos se refería a dejarlos incapacitados y atarlos para que no molestaran de nuevo—. ¡Y llevad uno a cubierta! Ese se encargará de desatar al resto de sus compañeros más tarde —terminó de explicar. A pesar de ser el más joven de la tripulación, era de los más inteligentes. Y aunque muchas veces metiese la pata y lo consideraran un mocoso, cuando tenía ese tipo de ocurrencias le hacían caso. Sus palabras incitaron a que los piratas y los marineros volviesen a ponerse en movimiento—. Ya me encargo yo de la llave —anunció antes de salir corriendo tras la pelirroja.

Cuando llegó al siguiente piso se dio cuenta enseguida que apenas tenía iluminación, todo estaba envuelto de oscuridad. El ruido del piso de arriba era apreciable en el de abajo, pues estaba casi en completo silencio. Lo único que se escuchaba allí abajo era una serie de crujidos de la madera con un tiempo bastante regular. Dedució que en esa sala no había nadie a excepción de la chica con sombrilla y que precisamente era ella quien provocaba esos sonidos. Poco a poco empezó a caminar lo más sigilosamente posible, pegando su mano a la pared para guiarse. Desafortunadamente el ruido que provocaban los tablones también le afectaban. Con el tambaleo del barco, se podía apreciar un sonido que se deslizaba por los tablones ¿Sería la llave?

Al no poder ver con claridad tendría que arriesgarse a seguir el dichoso ruido. El sonido estaba retirado de la pared, por lo que tuvo que soltarse y dar unos cuantos pasos, pero tropezó con una especie de tela a mediana altura y con el movimiento del navío, terminó por quedar sobre esa especie de tela. Empezó a balancearse hacia delante y hacia atrás, la sensación que tenía ya la había experimentado, y no una vez ni dos, sino muchas más. Se trataba de una hamaca. En uno de los balanceos cayó al suelo de cara con los brazos por delante. Eso provocó un estruendo que resonó en la silenciosa sala. Pero no había tiempo que perder, aprovechó su caída para gatear por el suelo palpando la madera y siguiendo el sonido de lo que podría ser la llave arrastrándose. Por el tacto de la madera, se trataba de una madera bastante nueva, pero parecía estar más gastada que la de los otros pisos por la humedad.

Al final, cuando se pensaba que estaba delante de la llave, llevó sus manos al suelo y tras desplazarlas un poco, la halló. No tenía donde guardarla, por lo que la sostenía en su mano izquierda. Volvió a ponerse de pie y empezó a andar hacia donde pensaba que estaba la salida, pero al haber dado vueltas y no ver nada, no consiguió salir. Iba con las manos por delante en busca de una pared que lo guiase hacia fuera, aunque tuviese que dar una vuelta larga y tonta.
Afiliación :
- DURBAN -

Clase :
Thief

Cargo :
Espía Real

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [1]
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1197


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