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[Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

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[Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Hrist el Dom Sep 24, 2017 8:15 pm

Como de costumbre, el día no parecía muy acogedor. El cielo estaba encapotado aunque no amenazaba lluvia. No iba a ser uno de esos peculiares, escasos días, en que el sol agraciaba con su presencia las calles de Windmire. Como buena nohria, estaba acostumbrada a ello, pero el haber estado en parajes extranjeros, donde el sol brillaba más asiduamente y el cielo se teñía de múltiples colores según avanzaba el día, le hacía desear que en su tierra natal el astro ardiente se dejase ver un pelín más a menudo.

Hrist caminaba con paso tranquilo, moviéndose entre el gentío del mercadillo. Había visto algunas cosas interesantes en que gastarse el dinero, pero aún no era el momento. Algunas todavía estaban fuera del alcance de su bolsillo, y también le urgía más adquirir otras en su lugar. Tenía que reservar parte de lo que iba cobrando para comprarse un arma nueva, y así tenerla de retén, para cuando se rompiese la que tenía. Por otro lado, quizás empezaba a ser el momento de pensar en renovar su capa de viaje. La que tenía estaba ya muy usada. No llegaba al punto de estar tan fina como una hoja de pergamino, pero ya no era lo que en su momento fue. Tenía alguna esquina que insistía en descoserse por más puntadas que le diese para remendarla, y ya no abrigaba tanto cuando el frío acuciaba. Pese a todo, aún aguantaba.

A medida que se alejaba de la zona del mercadillo, las calles dejaban de estar inhumanamente atiborradas de transeúntes, y era más fácil ver dónde ponía los pies. Las calles de la zona comercial estaban concurridas, pero se podía pasar sin tener que apartar a nadie.  
Tras llevar unos minutos alejada del bullicio comercial, le dio la sensación de que llevaba detrás a la misma persona desde hacía bastante rato. O era una falsa alarma, o ya podía mentalizarse de que le iban a estropear el día. Había que añadir a eso que algunas calles laterales eran extremadamente solitarias, un lugar ideal para trapicheos varios y ajenos al submundo extraoficial de las callejuelas de Windmire.  

"Por favor, que no sea nada, que no sea nada…", pensó. En esos momentos no tenía a Logi pegado a sus faldas, pero podía llamarle con su silbato, y lo tendría al lado en menos que se dice “wyvern”. Sin embargo, una cosa era liarse a puñetazos y cuchilladas a las afueras de la ciudad, donde uno estaba abandonado a su suerte y todo valía, y otra muy distinta era hacerlo donde se supone que la guardia vigila. Que un wyvern se pusiese agresivo en medio de una calle pacífica ya era, de por sí, problemático. Si la guardia pillaba a Logi atacando a gente dentro de las murallas de la ciudad, iba a tener que dar bastantes explicaciones y rezar para que no estuviesen untados por los bajos fondos. O que fuesen guardias que siguen la ley excesivamente al dedillo, hasta el punto de perjudicar al ciudadano en vez de protegerlo.

Una de las personas que pasó de largo, apoyada en la pared con desgana, pareció seguirla con la mirada. Difícilmente iba a ser porque la mercenaria le pareciese guapa. Iba ataviada con la capa de viaje, que le cubría casi todo el cuerpo, así que poco había para lucir. Disimuladamente, fingiendo prestar atención a una discusión que se oía desde una ventana cercana, miró de reojo para comprobar el tendido. La persona que supuestamente la seguía no estaba, y la que había dejado atrás hacía unos segundos empezaba a caminar hacia ella. Cuanto antes llegase a la taberna, mejor.
Al llegar a la siguiente esquina, se vio rodeada por tres hombres. Había sido tan rápido que ni entendía cómo había sucedido. Uno de ellos debía de haber estado acechando entre las sombras, porque sólo identificó a dos de ellos: el que la seguía desde el mercadillo, y el que la miró hacía poco. Pero qué más daba. Querían “todo lo de valor que llevase encima”. La jinete de wyvern se los miró uno a uno, con la respiración en calma.

- Va a ser que no, caballero. – Dijo escuetamente. Claro,  siendo una chica, tenía que ser fácil. Aunque les sacase prácticamente una cabeza a dos de ellos. Era curioso cómo la gente tenía unas prioridades tan variopintas.  

Uno de ellos, el más alto, la agarró por el cuello de la capa. Cuando iba a actuar, creyó ver, al fondo del callejón lateral, una silueta corpulenta que se dirigía hacia ellos.
"Oh, no… Oh no, oh no, oh no… con cuatro sí que no…". Podía salirse del apuro con un mínimo aceptable de heridas sin su montura si sólo eran tres. Pero, con cuatro, ya era tentar en exceso a la suerte. Lo sabía por propia experiencia. De modo que la joven descargó una contundente patada al eje de gravedad del sujeto. Antes de que pudiese reaccionar nadie, le regaló un puñetazo que lo tiró al suelo.

Abofeteó con fuerza a otro individuo para pararlo en seco y ganar algo de tiempo. - A tomar vientos… - murmuró en voz baja, casi inaudible. Era importante saber cuándo rendirse. Pero más aún era saber cuándo había que salir por patas.

Dicho y hecho, empezó a correr como alma que lleva a los emergidos, sujetando firmemente su silbato. Ese cacharrito le salvaría el trasero si cometían el error de acorralarla en una esquina oscura. Si no había testigos, no era culpa suya si una panda de desarrapados se metía con quién no debía y lo pagaba caro.
Con la capa hondeando aparatosamente alrededor del cuerpo, sus andares no eran muy elegantes, pero le importaba tres puñetas. Esprintó calle abajo, aparentando toda la calma y tranquilidad que podía, teniendo en cuenta que la perseguían tres gamberros (¿quizás cuatro?) con ganas de juerga.
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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 27, 2017 4:30 pm

-Vaya mierda.- Dijo en voz alta mientras miraba el cielo, he venido a esta ciudad para encontrarme esto mas oscuro que el sobaco de un grillo, pero bueno ya que había venido pensó que seria buena idea darse una vuelta por los bajos fondos ya que cerca de ahí había una taberna la cual tenia un amigo bastante simpático, no era la primera vez que estaba aquí alguna vez que otra he venido a este lugar para trabajo y cada día deseaba que saliera un poco el sol pero no había manera. Como siempre llamaba bastante la atención a pesar de venir varias veces, hombre corpulento, alto, con un parche y cara de loco, todos los ingredientes para que las personas se alejasen mientras yo andaba, al menos no tenia que preocuparme por el bullicio.

Pero en un momento desaparecí de esas calles para adentrarme en aquellos callejones, sin bullicio, con peor olor de lo que había en aquel gentío que deje atrás, justamente como lo recordaba en aquel sitio parecía que no había cambiado nada, incluso estaba la misma mugre en el mismo sitio. En todos las ciudades siempre hay algún sitio como este para gente como yo que se maneja bien por estos sitios, a medida que pasaba me daba cuenta que habían varias personas cerrando aquellas persianas de madera las cuales hacían ese ruido característico cuando las cerraban. Aunque me percate que mas adelante parecía que había un poco mas de bullicio, por lo general no me suelo inmiscuir en los asuntos de ningún rufián de estos, pero hoy me sentía curioso, así que me acerque para observar lo que pasaba, nada nuevo unos deshechos intentando robar a alguien parecía una mujer pero no la podía distinguir así que decidí acercarme. En cuanto estaba mas cerca pude confirmar que era una mujer la cual le dio un par de golpes a los indeseables y los dejo maltrechos, acto seguido se fue corriendo calle abajo ¿quizás se pensó que iba a por ella también?.

Cuando termine de acercarme del todo, finalice lo que estaba haciendo aquella chica y me los lleve a los tres encima del hombro, comencé a seguir el rastro de aquella mujer, ya lo hice antes no creo que supusiera ningún problema por lo menos ya sabia en que dirección se dirigía ahora solo faltaba encontrarla. Estuve un rato buscando y buscando pero parecía que al fin había dado con ella, una chica alta, rubia y un cuerpo bien formado, por lo menos de espaldas que era lo que podía ver, creo que estos chicos se metieron con la persona equivocada, acto seguido le toque el hombro y le dije - Estos son tuyos, se te habían caído en aquel callejón.- Mientras digo esto dejo a los tres en el suelo mientras me rió a carcajadas como solo un loco podía hacer - Si no tienes nada que hacer con ellos, podemos irnos a tomar algo por las molestias, no lo conozco de nada pero no quiero que pienses que todos somos iguales algunos tenemos nuestro código.- Mientras me incorporaba de dejar en el suelo a los ladrones, le alargue la mano invitándola a venir conmigo - Me gustan las chicas como tu, fuertes, astutas, saber como actuar en cada situación y si me lo permites con un cuerpo bien formado, hiciste bien yo también me hubiese deshecho rápidamente de ellos por si venían mas, en estos sitios no sabes en quien puedes confiar, y perdona por no presentarme me llamo Vanthalion.-  Le di una sonrisa amable y amigable para que sintiera que era de confianza, aunque aun seguía con mi brazo esperando que cogiera mi mano y me acompañase a algún sitio.  No sabia muy bien como iba a reaccionar pero espero que al menos no me lance una patada como aquella.
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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Hrist el Dom Oct 01, 2017 11:14 am

Tras serpentear por algunos callejones, llegó a una callejuela que daba de nuevo a las calles transitadas por gente menos conflictiva. Paró unos instantes para recuperar el aliento, apoyándose en la pared casi sin fuerzas, sin soltar el dichoso silbato. O más bien dejó que la pared la aguantase. Esprintar largas distancias no era su fuerte, pero si la adrenalina le decía que era eso o palmarla, era capaz de esprintar de una tacada todo lo que no había corrido en su vida. Si luego tardaba más o menos en desmayarse ya era otro asunto. A malas, siempre podía ir a rastras por el suelo, entre jadeo y jadeo, hasta que hubiese recuperado suficiente aguante para caminar más de dos metros seguidos de pie.

Lo importante era que ya estaba fuera de peligro, sola.

- Yupi. – Acertó a mascullar, con la mejilla apachurrada de mala manera contra el muro, con un ojo medio entornado y el otro abierto del todo, en una extraña mueca, mezcla de agotamiento y hastío. El fresquito de la pared la reconfortaba. El aire, algo viciado en aquel sitio, le entraba por los pulmones dejando un frío rastro en la tráquea. – Atajo de energúmenos… - si le hubiese llegado a pasar eso en el exterior, fuera del alcance de la vigilancia de la guardia, no hubiese tenido tantos miramientos. No tenía por costumbre cebarse con nadie que la atacase, especialmente si no le pagaban por ello. Pero si les daba la oportunidad de dejarla en paz reiteradas veces, y pese a ello insistían y se ponían más chulos, no se hubiese conformado con romperles las piernas y partirles la cara.

No oía los pasos de sus perseguidores. De hecho, ni siquiera refriega alguna a lo lejos. Entre el leve zumbido de su pulso, y de la respiración agitada de su pecho, le llegaban algunos pasos lejanos, confusos, algo erráticos a lo lejos. Nada de lo que preocuparse, con un poco de suerte.

Se estaba muy bien, ahí, apalancada contra la pared. Tanto, que le daba pereza volver a mantenerse en pie por sí misma. Acalorada, se quitó la capa de viaje de encima. Intentó abanicarse un poco con ella, especialmente la parte de la nuca, bajo la coleta. Pero no sirvió de mucho. Aguantó el silbato con la boca, con cuidado de no hacerlo sonar, y empezó a sacudir un poco la capa delante de ella. Unas maravillosas mini ráfagas de aire le calmaron levemente los calores.  

Mientras gozaba del suave airecito acariciando su silueta, en su limbo imaginario, con una estúpida sonrisa de satisfacción en los labios y una expresión ausente en los ojos, unos toquecitos en el hombro la trajeron de vuelta a la realidad de golpe. Se giró bruscamente, conteniendo la respiración para no hacer sonar el silbato, por si era una falsa alarma. Pisó un poco la capa mientras tiraba de ella, con tan mala pata que cayó de culo al suelo. Pero gracias a Grima, cayó con suficiente control como para que las nalgas hiciesen su trabajo y amortiguasen el impacto. Antes de poder mirar a la cara a quién había llamado su atención, había empezado a retroceder, por instinto.

- Q-Que… Que se me ha caído… ¿qué…? –balbuceó como pudo, con el cacharrito entre los labios. Una enorme e imponente figura la miraba desde arriba, soltando unas enérgicas carcajadas, que resonaron en las calles cercanas y en los oídos de la jinete de wyvern, que quedó unos instantes congelada, con el vello erizado y los ojos como platos. Unas carcajadas de mago oscuro villano, de esos que coronan sus discursos con una risa potente y maníaca, para que quede claro que estaban ahí para causar pesadillas y hace ondear sus capas siniestras al vuelo. Si hubiese oído esa risa antes de irse a dormir, no habría pegado ojo seguro.
Acto seguido, el desconocido se agachó para soltar unos bultos en el suelo: los tres individuos que querían meterse con ella. Tras incorporarse, le propuso ir a tomar algo y le tendió la mano.
Fue entonces cuando se fijó detenidamente en él.

- Por los mofletes de Anankos… - Se le escapó en un susurro, prácticamente inaudible.
Era un hombre joven, de pelo negro y ojos ámbar. Corpulento, probablemente más alto que Hrist. Vestía unos ropajes que no le parecieron nohrios, y a la vista saltaba que contaba con muchos enfrentamientos a sus espaldas, si es que el parche y la cicatriz tenían algo que ver. Seguro que podía cargarla como un fardo a sus espaldas sin el menor esfuerzo.
Con cautela, alargó su mano hacia la de él para aceptar la invitación. Entonces soltó la última parrafada de un tirón. Que le gustaban las chicas como ella, astutas, fuertes, que supiesen lo que hacer en cada momento… Vaya, qué detalle, era de agradecer que la considerase competente. Y con… con un… “un cuerpo bien formado”.

- ¿Bien f-formado…? - Las mejillas y las orejas empezaban a arderle, y un rictus amenazaba con manifestarse en sus labios. A lo mejor podía disimularlo como consecuencia de la carrera que se había echado. Esperaba que el desconocido no se diese cuenta de ello, o que no lo malinterpretase ni se ofendiera. Pocas veces le decía cosas así sin tintes de burla.
A pesar de aparentar normalidad, notaba todos y cada uno de los músculos de la cara, y del resto del cuerpo, tensos. A Grima rogaba no estar poniendo ninguna cara rara a causa de la tensión, pero no había ningún espejo cerca para comprobarlo.  

Le debió de parecer que la wyvern rider se le había colgado el raciocinio y que necesitaba un empujoncito para levantarse, porque en cuanto ésta le agarró la mano, el misterioso individuo dio un suave tirón de ella para incorporarla, con sorprendente precisión. Finalmente, se presentó como Vanthalion.

- H-Hrist. –atinó a decir, con un hilo de voz más leve e inestable de lo que hubiese querido, con la mirada fija en la sonrisa de Vanthalion. – Soy Hrist. – Corrigió, algo más convincente. Tenía la capa colgando de la mano libre, como una niña pequeña que se despierta a media noche y descubre a unos ladrones in fraganti. Sólo le faltaba el wyvern de peluche. La estampa debía de ser algo ridícula. – Encantada. – Respiraba con un ritmo algo más pausado, pero seguía algo agitada, por el súbito encuentro, y por la peculiar descripción de su figura. ¿La tomaría en serio? – Gracias. – logró responder, con un grado mínimamente satisfactorio de tranquilidad. Aunque sin poder alzar el volumen demasiado. Se sentía algo intimidada, pero a medida que pasaban los segundos iba recobrando firmeza.

Después de asegurarse de que no tenía una postura agresiva, y de que aquella sonrisa no parecía tan psicótica como al principio, le pareció que quizás le debía una disculpa por su reacción.
- Perdona, estaba distraída y no te había oído llegar. – Respiró hondo, mientras echaba una mirada a los tres bultos que había traído a cuestas el chico. – ¿Los has traído a cuestas todo este rato? – Su tono desprendía una nota de admiración. Realmente tenía que ser una pesadilla estar en el bando contrario a él. – ¿Te apetece tomar algo? Invito yo. –Era lo único que se le ocurría para romper el hielo y compensarle el numerito montado.


Última edición por Hrist el Miér Nov 01, 2017 3:43 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 07, 2017 8:17 pm

Sin duda alguna con cada cosa que decía me parecía cada vez mas encantadora aquella mujer, he pasado mucho tiempo con muchas mujeres, pero ninguna de tal belleza, quizás alguien había tirado algo en el aire o ¿es que me estaba haciendo demasiado viejo? fuera lo que fuese me sentía a gusto teniendo a alguien así a mi lado, quizás en algún momento podamos practicar el arte de la espada. Me acerque hacia ella pose mis labios en su oreja mientras le susurraba - Esta bien invitas tu, pero si te gano bebiendo ¿que te parece deberme una cita? o ¿crees que no podrías contra mi?.- Me aleje de su oído mientras me reía, en un momento de mi risa incontrolada pude observar que tenia un silbato mmmm solo conozco a dos personas que llevan silbatos el viejo Tommy que pastorea ovejas y a otro que monta un wyvern. Veamos pinta de pastora no lleva así que seguramente seria la segunda opción -Vaya bonito silbato, ¿un regalo de alguien especial? aunque quizás prefieras contarme un poco mas de ti tomando esa copa que has dicho, pero recuerda la apuesta que te he dicho.- Mientras terminaba de decir esto ultimo patee a los tres individuos y caminaba mientras le hacia una seña para que me siguiera.

Me dedique por el camino a preguntarle un poco de ella, aunque el refrán que dice la curiosidad mato al gato sea cierta, siempre me gusta saber un poco mas con la persona que beberé - Pareces de por aquí, deberías saber que incluso para una chica fuerte como tu, estos callejones no dejan de ser peligrosos ¿algo en especial que buscabas por aquí o simplemente querías pasarlo bien?.- Quizás la chica pensaba que era demasiado hablador o a lo mejor un tanto pesado, pero bueno una de las cosas buenas que tenia era mi labia y mi facilidad para socializar, quizás por eso me he metido en mas de un lió, pero bueno por eso mismo me hice un nombre - Perdón si te incomoda que vaya con estas confianzas, pero me gusta hablar bastante y conocer con quien voy a beber, ¿decías que te llamabas Hrist no? un nombre extraño pero que tiene su fuerza, sin duda te pega, por cierto ahí atrás antes ¿pensaste que estaba con esa calaña?.- Comencé a reírme a carcajadas, incluso me salio de la risa una pequeña lagrima - Tengo una lista de quienes debo matar, pero tu no estas en ella así que no te preocupes y aunque estuvieras en ella serias a la única que le perdonaría la vida.- Esto ultimo lo dije susurrando en su oído con tono pícaro mientras esbozaba una sonrisa.

Cerre los ojos por un momento mientras respiraba profundamente aquel aire que se notaba pesado, quizás disfrutando del momento de estar acompañado por primera vez por alguien que de verdad despertaba curiosidad en mi, o simplemente estaba haciendo el imbécil y quería parecer interesante. Pero lo que estaba claro es que el aire de aquel lugar no lo notaba tan pesado en la vida, esta era la primera vez que notaba esa sensación, ya fuese en Nohr, Hoshido, Regna Ferox o donde fuese. ¿Realmente era porque me estaba haciendo mayor? o ¿quizás era una sensación que me provocaba esta persona?. ¿Como podía explicar esta curiosidad cuando solo la conocía de hoy? demasiadas preguntas pasaban en mi cabeza y pocas respuestas tenia, pero lo bueno es que mientras estaba haciendo el inútil, lleguemos a la taberna y cosa que hice como buen caballero era abrirle la puerta para que pasara primero. El ambiente era igual como lo recordaba, algo oscuro pero se podía escuchar a alguien cantando, se olía ese aire a alcohol y podías ver a algunos disfrutando de partidas de poker mientras tenían sus jarras de un litro en la mano. Acto seguido pase yo también mientras la puerta se cerraba y iba directo a saludar al tabernero panzon y con larga barba con un choque de manos -¿Que tal lo llevas maldito gordo seboso?.- Mientras me reía a carcajadas y el me contestaba - Seguro que mejor que tu, te recuerdo que aun puedo ver con los dos ojos mientras que tu solo con uno y casi te quedas sin ese también.- Se notaba demasiado el buen rollo que había entre el y yo, al fin de cuentas soy un mercenario me he movido por muchos sitios y es normal que finalmente tengas esa amistad tan especial.

Tabernero (Para que te hagas una idea):
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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Hrist el Sáb Oct 14, 2017 7:03 pm

Vanthalion aceptó su invitación. Bien, era un buen comienzo. “De bien nacidos es ser bien agradecido”, le decía mamá constantemente. Ya que se había tomado la molestia de acudir a ayudarla, qué menos que invitarle a algo para compensarle. De buenas a primeras, no le veía malas intenciones. Ni segundas, tampoco.
O bueno, quizás se había precipitado un pelín. A tal conclusión llegó cuando le susurró al oído jugarse una cita bebiendo. ¿Una cita? Es decir, una cita… ¿cita? ¿cita de cita? ¿O una cita de broma, quizás? ¿Y de verdad le estaba, de alguna manera, apostando algo a base de copas?

- ¿Te parece bien? Genial, escoge tú el sitio, entonces. – preguntó con una sonrisa cuando él aceptó la invitación, ahora ya más tranquila. - ¿Una cita? ¿Una cita, “cita”? ¿O una cita en plan “Vamos juntos a hacer llorar a unos cuantos gamberros?” – Bromeó, sin querer comprometerse a nada así sin antes calibrar al individuo y sus intenciones, aunque un poquitín sorprendida. El ejercicio de fortaleza mental, para no alarmarse cuando acercó su cara a la de ella de repente, fue titánico. Instintivamente, estaba preparada para reaccionar, esperando una agresión, pero afortunadamente contuvo el acto reflejo lo suficiente, hasta darse cuenta de que lo que pretendía era hablarle al oído. - Oooh… ¿eso es una apuesta? – Preguntó, como si nada, pero en el fondo tenía un poco de curiosidad. ¿Qué intenciones tenía? ¿Estaba de broma? ¿Iba en serio? ¿Le decía lo mismo a todas? Se imaginó al grandullón haciendo la misma propuesta a toda mujercita a la que echase una mano. Una combinación que arrojaba un resultado, ciertamente, peculiar.  

El chico parecía algo impredecible, pero no tenía pinta de estar mareando la perdiz para luego aprovecharse de ella en cuanto le diese la espalda. Realmente, dado lo corpulento que era, y la facilidad con la que había acabado con aquellos tres desgraciados, la podría haber hecho picadillo sin molestarse en avisarla primero.

Vaya, entonces te debo parecer igual de dura con una jarra en la mano, ¿no? – Comentó, arqueando ambas cejas, un poco sorprendida, a la par que entretenida con la imagen que se debía estar formando él. O la veía facililla de emborrachar, o le parecía que tenía buen aguante con la bebida - ¿Esto? Es un silbato para llamar a mi wyvern. – Le explicó, al ver que el cacharrito había llamado su atención. – Es que no sé silbar, todavía. – Reconoció un poco avergonzada, encogiéndose de hombros, con una fugaz sonrisa.  

Empezaron a caminar. Hrist siguió sus pasos, preguntándose dónde le apetecería tomarse algo. La caminata se amenizó con un poquito de conversación, especialmente por parte del cazador de vándalos. Sus preguntas denotaban curiosidad, y para qué negarlo, la jinete de wyvern también tenía la mente inquieta al respecto. Que alguien se prestase a ayudarla sin querer desplumarla después no era algo que sucediese con asiduidad.

- Sí, ya sé que no son unas calles muy de fiar. – Admitió, bajando un poco la vista. No frecuentaba esas partes de la ciudad, pero las conocía. Más por necesidad y por trabajo, que por gusto. - ¿Pasarlo bien? ¿Ahí? Uy, no, no, quita, quita… Me empezaron a seguir al salir del mercadillo, y pensaba atajar por ahí para llegar antes a mi wyvern. Si tengo que liarla parda con mi montura, mejor hacerlo en zonas donde no vigile mucho la guardia… Que luego hay que darles explicaciones, y no ayuda mucho que intenten reducir por la fuerza a un animal que les supera en tamaño y peso.  - Logi era obediente, pero si interpretaba que estaban agrediendo a su jinete, se volvía difícil de controlar. No imposible, pero harto complicado de hacerle quedarse quieto y mantener las mandíbulas cerradas.

- No, no, qué va… Pregunta lo que te parezca. – Tampoco le había preguntado nada del otro mundo. Había dado con gente muchísimo más maleducada y entrometida, desde luego. O incluso, pese a tener modales ejemplares, personas infinitamente más inquisitivas. – Buenoooo… - La mercenaria hizo memoria de la situación. – A ver, me vi rodeada de tres individuos, y un cuarto desconocido se acercaba corriendo. – Argumentó. – Entre arriesgarme a un cuatro contra uno, y arriesgarme a una carrera entre las callejuelas, preferí la segunda opción, la verdad. – entre carcajadas, Vanthalion se había preguntado si lo había tomado por uno de ellos. Y, como si nada, como el que comenta “¡Mira! ¡Ahí hay una libélula!”, mencionó cierta lista negra. – Interesante lista. – Añadió, asintiendo levemente con la cabeza, con disimulo, pero mirándolo fijamente. Tomó nota mental de no ponerse a malas con él en el futuro. – Hoy por ti, mañana por mí, ¿no? – Sonrió de nuevo, para intentar acostumbrarse a esa costumbre de que le dijese cosas al oído. Qué grata sorpresa. ¿Así que le perdonaría la vida si llegase a constar en esa lista de la muerte? Ese hombre era una persona interesante: Vanthalion, el hombre que susurraba a las chiquillas asombradas, el terror de los niñatos pandilleros. El hombre de la lista negra.

A lo mejor Nohr no se había librado de los emergidos gracias a su poderío militar. A lo mejor, lo que había pasado, es que aquéllos se habían cruzado en el camino de Vanthalion, cometieron la torpeza de cabrearlo, y éste habría empezado a apuntar sus nombres en esa maldita lista.

Igual podrían hacer buenas migas. Conocer gente nueva era bueno, y trabar nuevas amistades, emocionante. Sobre todo con gente tan peculiar.  

Le diré a mi wyvern que tienes trato de favor, entonces. –Añadió con una media carcajada.

A todas estas, a ella también le picaba la curiosidad. Se había fijado en su atuendo, que gritaba a los cuatro vientos “Hecho fuera de Nohr”.

- Perdona si te parezco indiscreta… ¿De dónde eres? - ¿Hoshidano? ¿De alguna zona de Valentia? Se le ocurrían dos o tres sitios, pero realmente no sabía por cuál decantarse. – Debes de estar muy curtido en esto de repartir leña si has despachado a aquellos membrillos tú solito sin despeinarte. – No tenía problema en reconocerlo, ser capaz de hacer algo así le parecía algo a lo que aspirar. Una meta en su camino a fortalecerse y crecer como soldado de fortuna. – Gracias. – Le abrió la puerta para que entrase ella primero en la taberna. Era un detalle que se agradecía. No pedía que la llevasen en bandeja de plata por el mero hecho de ser mujer, pero de tanto en tanto era agradable algún pequeño gesto de cortesía.  Definitivamente, iba por buen camino para caerle bien a la wyvern rider.  

A juzgar por el tipo de ambiente de la taberna, debía de frecuentar ambientes similares, de los de jarras pesadas cargadas hasta los bordes de bebidas alcohólicas y partidas de cartas que se volvían asuntos serios si se bebía de más. Hrist no sentía especial predilección por tales bebidas. De hecho, siempre tomaba bebidas sin alcohol. Sin embargo, no por ello no estaba familiarizada con ello. No pocas veces el contrato y el pago se negociaban entre copas. Y demasiadas copas podían nublar el juicio. Conocía sus límites, y con eso le bastaba. Según acabase de perfilar al tal Vanthalion, así iría más o menos lejos bebiendo.

Y hablando del duque de Izumo, el susodicho intercambió saludos con el tabernero, muy familiarmente. Era un hombre ancho, algo panzón, y con una espesa cabellera rojiza y una frondosa barba, tanto, que los árboles del mismísimo Bosque de Forlorn empalidecerían de envidia. Y eso teniendo en cuenta que se trataba de unos árboles de copas tan tupidas que tapaban la luz del sol. Debían de conocerse de muchos años si llamarse “maldito gordo seboso” y referirse con sorna mordaz a la falta de un ojo les parecía algo natural y amistoso. Pero ella no era nadie para juzgar.

- ¿Y bien…? - Esperó a que acabasen de hablar, y se dirigió a su acompañante buscando una respuesta en su mirada, un poquito incómoda, intentando no parecer una cría entrometida entre dos hombres creciditos cargados de testosterona. - ¿Qué te apetece beber? – Cualquier cosa capaz de tumbar a un wyvern si se consumía en suficiente cantidad, seguro. – No suelo beber alcohol, pero por ser tú, haré una excepción. – Añadió, sonriendo un poco. Si él podía perdonarle la vida en caso de constar en la lista de la muerte, ella podía hacer la vista gorda con el tema de la bebida. Mientras no fuese nada que le acabase taladrando los intestinos (bebidas de sospechoso color y de aroma dudosamente apetecible, pero que supuestamente hacían furor entre la clientela), no tenía que haber problemas.


Última edición por Hrist el Miér Nov 01, 2017 3:45 pm, editado 1 vez
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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Invitado el Lun Oct 23, 2017 8:20 am

Era una chica muy interesante la verdad mientras íbamos yendo para la taberna estuvimos hablando de todo un poco y me contó un poquito mas de ella. Una jinete wyvern interesante oficio pero parecía que le venia como anillo al dedo quizás en otro sitio que la vería seria de mercenaria pero sin duda ser una jinete wyvern también le pega y quizás yo hasta podría enseñarle a silbar - Quizás también necesitemos otra cita para enseñarte a silbar como es debido.- Mientras decía esto le sonreía amablemente - Y lo de la otra cita no te preocupes en cuanto terminemos la apuesta podemos pensar algo bastante satisfactorio para los dos.- Se empezó a reír con un tono picanton, a un así no entendía demasiado bien porque se extrañaba tanto o quizás era mi sensación, pero vamos era una chica guapa y fuerte cualquiera que haga esta oficio desearía tener una mujer así a su lado.

- Y claro que eso es una apuesta, lo mejor de ser alguien por libre son las apuestas, la diversión y las peleas.- Con esto ultimo que dijo se le puso una sonrisa cual psicópata mientras recordaba alguna de sus presas, quizás después de tantos años su único sitio estaba en peleas y alguna que otra cosa mas importante, el destino tendía a ser muy curioso y quien sabe a lo mejor acabe ensartado en la espada de alguien o simplemente viviendo sus vidas como un señor y su esposa una vida que pensaba que era un tanto aburrida pero quizás tenia su encanto sino porque la gente disfrutaría tanto. - Y créeme cuando te digo que ya me pareces lo suficientemente fuerte sin una jarra.- Para finalizar le guiño el único ojo que tenia mientras seguía caminando con esos andares que penetraban en el interior de cualquier persona y que recorría todo el cuerpo hasta ponerte los pelos de punta.

Vaya parecía que no buscaba placer, bueno es comprensible hay mujeres que si buscan eso pero sinceramente la mayoría que frecuentan estas calles son hombres algunos ladrones, otros desesperados y finalmente las ratas de cloaca que les parece mas fácil pedir que hacer algo con su vida - La verdad es que hiciste lo correcto, personalmente no me gusta ese tipo de gente y te lo dice un tipo que es mercenario y tiene las manos manchadas, pero siempre tienes que tener un código de honor o mas bien un código de moral, creo que robar, violar o matar por placer es algo de lo mas bajo del mundo no digo que no disfrutes de tu trabajo en mi caso disfruto haciendo lo que hago, pero hay algunos pasos que seguir en este mundo si no los cumples mejor desaparece.- Mi cara cambio a feliz a estar seria, estos temas siempre me ponían bastante cabreado pero supongo que no puedo hacer que todo el mundo siga mi visión de la vida o quizás simplemente sea un chapado a la antigua.

Cada vez que mas le escuchaba, mas me parecía alguien agradable y simpática era reconfortante hablar con alguien que de verdad fuese una persona, no todos en mi oficio son personas algunos son mucho mas terribles que los emergidos y eso es lo que da mas miedo las personas han llegado un punto de ser peor que los propios monstruos que tememos, resurgí de mis pensamientos filosóficos y le conteste - Bueno no me considero de ninguna parte, pero si e nacido en Hoshido algo que quizás me gustaría poder no recordarlo, pero bueno todo lo que nos pasa nos hace ser como somos en un futuro o eso dicen lo mas filósofos.- Esboce una sonrisa mientras ya estábamos casi en la taberna se podía ver al final del callejón pero antes le respondí a lo ultimo que dijo - Si la verdad es que he peleado demasiado, la cicatriz que tengo fue gracias a un emergido, pero bueno ellos se llevan casi mi ojo yo me lleve la "vida" de unos cuantos de ellos .- Empece a reírme a carcajadas mientras ya estábamos en la puerta de aquella taberna.

Mientras hablaba un poco con el tabernero, Hrist vino a preguntarme - Ooo si disculpa mi charla repentina, dos jarras grandes de hidromiel queremos ponernos a tono.- Me reí y una vez que saco las jarras las lleve a una mesa - Ven sígueme por aquí te gustara el sitio siempre me coloco en esta mesa ya es como mi mesa vip.- Me reí de nuevo, mientras íbamos hacia una mesa alejada donde al lado tenia una chimenea, para esos tiempos un poco fríos y nublados justo como ahora no hacia un frió excesivo pero podías sentir esa humedad fresca que te destempla así que era perfecta, estábamos calientes y con bebida - Y bueno antes de comenzar la apuesta, si quieres saber algo mas de mi se te ve interesada en mi tanto como yo estoy interesado en ti así que quizás seria justo que nos conociésemos un poco mejor, y hablando de la apuesta había pensado una competición de beber o un pulso tu decides lo que te parezca mejor.- Simplemente espere su respuesta mientras le daba un trago a la bebida y la saboreaba estaba tan rica como siempre.
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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Hrist el Jue Nov 09, 2017 5:11 pm

Era un hombre peculiar, desde luego. Tan pronto molía a palos a unos cuantos gamberros de pacotilla, como se ponía a reír como un poseso. Ducho con la espada y bien peinado. ¡Si hasta sabía silbar! Muy completo, sí señor.

-Con eso ya van dos citas. –Le respondió la mercenaria. Además de buen espadachín, también era hábil negociante. –Para ti cualquier excusa es buena para una cita ¿eh? Me las cuelas sin que me dé cuenta… –Torció un poquitín la sonrisa, cerrando los ojos, asumiendo que el tipo tenía labia. -¿Tú crees que lo mío tiene arreglo? Llevo años intentando silbar, y lo único que consigo es que mi wyvern me dé un soplido en la cara para que pare… -medio admitió en tono jocoso. –hahahaha… -con una risa nerviosa, un poco forzada, desvió la mirada unos instantes, con un leve tic en el ojo izquierdo, en un intento fútil de evitar contagiarse de esa risa tonta pervertidilla del muchacho, aunque seguía sin estar segura del todo de dónde se estaba metiendo. ¿Algo satisfactorio para los dos? Puede que sí, aunque a lo mejor la idea de “satisfactorio” que tenía cada uno difería en mayor o menor medida. Pero lo primero era agradecerle el cable que le había echado.

Se le hacía tan raro que le dijesen cosas así, con tanta naturalidad y tan directas, que tuvo que recordar que, a sus veinte años, algún cumplido tenía que caerle de vez en cuando, no sólo los “ay, pero qué mona estás, hija mía” de sus padres, o el “pitufa, das unas leches como panes, tu abuela estaría orgullosa de ti, hehehehe” del abuelo.

-Apuestas y peleas, ¿eh? –Le iba la marcha, al parecer. Una combinación peligrosa, si no tienes freno. Ella era más de mirar cómo la gente se partía la cara tras una borrachera, tomando nota de qué no hacer cuando se está ebrio y peleando a la vez. –Yo soy más de mirármelo desde una distancia prudencial. –le comentó, intentando aguantar la intranquilidad que le producía la mirada tan penetrante del joven. Con un solo ojo le bastaba para ponerla en alerta, incluso en medio de una conversación distendida. –Los problemas ya vienen solos sin que yo los llame.

-Oh, ¿eres merecenario? –Casualidades de la vida, se había cruzado con un compañero de oficio. –Yo también me dedico a ello. -¿Llevas mucho en esto? –De hecho, entre la gente que conocía del oficio, había pocos que fuesen tan claros con sus principios. Sabía de tres o cuatro nombres que no le hacían ascos a ningún trabajo, fuese del tipo que fuese, y fuese con la gente que fuese, y cuya caladura moral iba más allá de la mera ambigüedad. –Hay gente para todo en este mundo… –Admitió. –Ahí tienes razón, no te lo niego. –Al final resultaría que bajo ese parche y esa melena negro azabache habría alguien complejo. Las apariencias engañaban, eso estaba claro. No sabía si llamarlo código de honor, o de moral, pero lo que le habían inculcado sus padres solía ser lo que tomaba como referencia a la hora de marcar los límites en la clase de trabajos que aceptaba. En efecto, del mero hecho de hacer tu trabajo y estar satisfecho con ello, a recrearse en según qué actos y en el sufrimiento ajeno, había un buen trecho. Pero dado el visible enfurruñamiento de Vanthalion, consideró más apropiado no ahondar más ni revelar sus políticas de trabajo.

-¿De Hoshido? Yo soy de Nohr –Le explicó, contenta de encontrar pronto otro tema sobre el que buscar cosas en común. –Oh, bueno, bueno, no importa, ¡cambiamos de tema! –rectificó rápido, haciendo el gesto de espantar el tema de conversación con las manos para alejarlo, ante la confesión inesperada de él, que prefería olvidar su lugar de origen. Ugh, otra metedura de pata… -Bueno, yo de momento no tengo ninguna cicatriz de la que presumir, pero dedicándome a esto, es muy probable que tarde o temprano me caiga alguna que otra. –Era algo natural en su oficio. Si tenía suerte, sería una marca o cicatriz en un sitio poco visible, tapado por la ropa o el pelo. Hasta el momento, todas sus heridas habían sanado más o menos bien. Pero la suerte no era infinita. –Bueno, no te quejarás, te llevaste la mejor parte del trato, ¿no? –A juzgar por sus carcajadas, no debía parecerle nada del otro mundo.

Ya en la taberna, la dirigió a su “mesa vip”. Un rincón muy acogedor, cerca de la chimenea, de ésos tan solicitados en invierno y los días lluviosos, con el crepitar de las llamas de fondo. Cayó en la cuenta de que ella no solía tener un rincón preferido en las tabernas por donde pasaba. Sí que tenía zonas de la barra que le gustaban más o menos, pero no solía prestar mucha atención a las mesas. Quizás que tomase nota y empezase a buscar los rinconcitos cómodos de ese tipo de locales, desde donde tener una buena panorámica de la clientela, y reposar cómodamente en una silla mientras filtraba las conversaciones ajenas.

-Pues mira, ahora que lo dices –sí que había alguna cuestión que le despertaba curiosidad. -, me comentaste antes que te has enfrentado alguna vez a emergidos –de ahí la presencia del parche en su cara, en el que posó su mirada unos instantes. -¿Qué impresión te dieron esos seres? –Preguntó, frunciendo levemente el ceño, esperando que no le pareciese una pregunta absurda. Realmente, el comportamiento de esa gente era todo un misterio que la desconcertaba. –Sientes… ¿Sientes la misma adrenalina que cuando te enfrentas a humanos normales y corrientes? –Ambas cejas se le levantaron un poco, suavizando la expresión de su rostro.
Las pocas veces que ella había intercambiado golpes con aquellos enigmáticos individuos, había tenido que cargar con una agobiante sensación de estar ante lo desconocido. Físicamente eran humanos, pero sus motivaciones y patrones de comportamiento parecían erráticos y faltos de una lógica identificable.
-Mmmm… voto por el pulso. –Prefería irse con la mano y el brazo doloridos, que pasarse de bebida y luego no ser capaz de dirigir bien a Logi. Si bebía demasiado, tendría que pasar luego un buen rato haciendo la digestión hasta estar segura de que los efectos del alcohol habían pasado. Tal como decía su abuelo: “Si bebes, ¡no vueles!”. Así que dio un generoso sorbo a su jarra de hidromiel, dándose el lujo de cerrar momentáneamente los ojos para saborearla mejor. Se relamió los labios durante unos instantes, pensativa, la mirada perdida, con algún rescoldo de pensamiento sobre emergidos aún en el cerebro, antes de volver a la realidad. -¿Izquierda o derecha? –quiso saber, para quitarse el guantelete y las coderas de uno u otro brazo.

Iba a perder, lo sabía de sobras, pero se lo pasaba mejor echando pulsos que bebiendo porque sí. Pese a sus ropajes anchos, estaba segura de que Vanthalion tenía unos brazos más curtidos y resistentes a la fatiga que ella. Tampoco tenía idea de su edad, pero estaba claro que no era un novatillo de veinte años recién cumplidos. Ese chico hacía años que había aprendido a ir solo por la vida.
Afiliación :
- NOHR -

Clase :
Wyvern Rider

Cargo :
Mercenaria

Inventario :
Hacha L. De bronce [1]
Vulnerary [3]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1258


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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 18, 2018 1:45 pm

Tema cerrado. 30G a Hrist.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Llave maestra [1]
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2205


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Re: [Social] ¿Qué hace una moza como tú en sitio como éste? [Priv. Vanthalion Deathwing]

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