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[Social] ¡En busca del sol! [Priv. Brynjar]

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[Social] ¡En busca del sol! [Priv. Brynjar]

Mensaje por Suryha el Dom Sep 24, 2017 6:40 pm

Giró por uno de los pasillos del castillo con la seguridad de aquél que los sabía con certeza hacia donde se dirigía. Los bellos adornos que animaban las paredes de los ya conocidos tallos de relieves de la isla y sabía que, mientras pasaba al lado de armas y armaduras en muestra con orgullo, acabaría en aquellos pasillos que daban al centro del castillo, allí donde solo algunos, con permiso especial, podían pasar: ya fuesen aquellos que querían hablar con el Jarl, o los invitados a la Isla. Él por su parte, simplemente se saltaba toda aquella guardia como si fuese la cosa más lógica que hacer en aquellas circunstancias. Por un lado le temían, por el otro, Bryn le consentía. Pero aquél día era diferente: usualmente no tenía que pisar la sala del trono, al Jarl, tan extraño como el duque poco duque que era, por su comportamiento, no entiendan nada raro, llevaba el día prácticamente sin salir de aquella sala y... Simplemente se había aburrido de esperar.

Giró de nuevo, en silencio. Sus pasos, sutiles, no eran más que un pequeño y distante resonar en la fría piedra que formaba el palacio y avanzó de nuevo, por un pasillo más simple, casi más oscuro, más frío. ¿Por qué esa parte del palacio era siempre mucho más fría de lo que era el resto? A veces pensaba que las buenas intenciones de Brynjar para hacer sentir bien a sus invitados, y en cambio estar en un lugar tan frío como aquél, era un poco extraño, sin duda fuera de la norma, del código que clasificaba a los nobles de una forma y a la gente normal de otra. Brynjar no era ese tipo de sujetos, por su sorpresa era mucho más humano que muchos nobles que él había tenido la desdicha de conocer y, mientras si en algún momento habría podido negarse rotundamente a permanecer bajo las órdenes de un Lord, el marcado era diferente a todos ellos, ante él, siquiera a él, le molestaba arrodillarse y mantener la cabeza gacha, muy a pesar de saber que eso no era algo que el Lord de Mitgard podría desear y que, al hacerlo, iría en contra de sus designios.

Entonces los vio: allí al frente, al final del penumbroso pasillo, dos guardias, firmes, con lanza en mano permanecían cuidando las enormes puertas de hierro que daban a la sala del trono con envidiable solemnidad. Pero, al igual que supo el orgullo con el que cargaban, también supo el recelo que los hizo tensarse al ver su diminuta figura, pero igual de bien supo que se mantuvieron lo más serenos posible. Les obsequió una sonrisa animada, una que dejó entrever sus colmillos, diminutos en comparación a su forma de dragón y, a pesar de que la cortesía dictaba que debía de pararse y llamar; hizo todo lo opuesto. Avanzó, sin frenar y extendió ambas manos al frente, mientras los guardias se movían, intentando advertirle quizás de que lo estaba haciendo terriblemente mal. Demasiado tarde; Suryha ya estaba empujando la gruesa puerta al frente, abriéndola sin el menor remordimiento ¿Por qué tenerlo? Sabía que al menos allí, Brynjar no le iba a marcar límites que fuesen muy allá de él.

¡Brynjar! Debes estar terriblemente aburrido ¿Verdad, verdad? Ya lo sabía yo –Fue su "cortés" saludo. Dejando a los pobres guardias desorientados entre qué hacer: ¿dejarlo o llevarlo hacia fuera con la fuerza? Si se atrevían a ponerle una mano encima del miedo a poder quedar enterrados vivos entre los escombros del castillo, claro. Al final se decantaron por realizar una apresurada reverencia, sujetar las puertas de hierro y tirar hacia atrás, desapareciendo. Sury abrió los ojos; satisfecho y miró hacia delante unos segundos antes de continuar. El lugar era simple, amplio, casi a penumbra si no fuese por aquella vidriera que dejaba pasar toda la luz e iluminar el centro, delante del trono, simple, de hierro, de aquél señor del frío. Aquella vidriera que a él tanta mala espina le causaba cada vez que la veía; se le helaba la sangre por dentro, pero era emocionante y por ello siempre había sonreído. El resto solo eran pilares altos, paredes igual de altas, frías y estandartes del ducado colgando de un lado y otro.

Y continuó:– ¡Así que vine yo a salvarte! –Avanzó, a paso firme, animado, con la barbilla alta, cierto orgullo en su porte y una sinuosidad de alguien que vivió durante muchos años, como un gato consciente de que poseía más de una simple vida– Así que Bryn, préstame atención por un instante largo ¿Quieres? –Rompió la distancia con largas zancadas y subió el peldaño que levantaba el trono. Levantó una de sus rodillas, posandola sobre el reposabrazos, de por si amplio, se impulsó y apoyó una mano en el pecho del Jarl para mantener el equilibrio– Te tengo una propuesta ~ –Pero ahí, antes de que pudiera continuar, las puertas de hierro se volvieron a abrir, cortesía de las guardias y ahí, en el umbral, una mujer, probablemente una de las sirvientas, permaneció estética, sin saber qué hacer por la situación. Sury parpadeó, se retiró, pero solo para poder sentarse en el reposabrazos del trono, cruzándose de piernas en silencio y con una divertida sonrisa en los labios. En su mano en cambio, siguió firmemente sujeta, lo que parecía un mapa.
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Re: [Social] ¡En busca del sol! [Priv. Brynjar]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 11, 2017 3:00 pm

Silencio. ¿Cuánto tiempo llevaba conviviendo diariamente con el silencio? Con una calma superficial, falsa... efímera.

Silencio... ¿cuándo se había habituado a él?


Con algunos documentos escritos perfectamente en pergaminos tratados con diferentes aceites grasos para evitar su deterioro en el frío clima de Niftheim, observaba los informes que quedaban expresados con aquel singular y único modo de escritura propio de aquellas tierras y que demostraba también que, quien había realizado dicho informe era un perteneciente originario de Mitgard. Uno de los tenientes de las tropas que habían salido a realizar una revisión a los alrededores de la ciudad para asegurar que aquel amasijo de hierro y carne que se hacían ver como un ejército pero eran solo autómatas con sed de sangre y la suficiente inteligencia como para elaborar estrategias no rondara cerca y poder permitir a la gente salir a las calles y... bueno, en sí realizar su vida cotidiana con toda la naturalidad con la que se podría hacer en un estado de alarma continua como era esa. Sin duda... esa situación era un verdadero dolor de cabeza. Un dolor de cabeza continuo, seguido y sin descanso, pues era impredecible saber cuándo o cómo y por dónde aparecerían más tropas de esa grisácea apariencia.

Ya se había avistado tropas tanto por la zona sur de la isla, asaltando los puertos principales, como también hombres en los peligrosos bosques esparcidos por todo el terreno de Niftheim, lo cual daba señales de que aquellas tropas podían ser capaces de acceder por otras zonas más escabrosas de la isla, como podrían ser los acantilados o incluso río arriba a pesar de las dificultades que eso conllevara. Un riesgo que parecían merecerles la pena aun así, porque era habitual encontrar avisos y ataques, si bien no diarios, prácticamente siéndolo. Ya que si no era una pelea, sí se llegaban a ver rastros de que habían pasado por allí y, podían estar al acecho...

Suspiró. Y el suspiro resonó por toda la amplia sala, amplificándose por el eco que retumbó. La luz desapareció por unos instantes, dejando de filtrarse por la amplia cristalera que era la que realmente iluminaba con intensidad toda la sala del trono. Una nube debió de enturbiar la dirección del sol... Y ahí, también los verdosos orbes del Jarl se enturbiaron. Preocupados, incluso molestos. Tal vez... Sí, podría llegar incluso a verse frustración reflejada en ellos. Frustración por saber que era una situación que, a pesar de mantenerla medianamente a raya, causaba muchos problemas. Y podría causar verdaderos desastres con que solo se despistase un pequeño detalle...

Sus ojos se cerraron. Con la cabeza apoyada en el rígido respaldo. Esperando a que todo ese torbellino de malos pensamientos se pasara...

Pero se cumplió, ese deseo se cumplió aunque no de la manera que hubiera esperado: la puerta se abrió de golpe, la pequeña figura dorada se internó en la sala como quien sabe que tiene todo el derecho a hacerlo, y su voz rompió con todo el silencio anteriormente traído de vuelta tras su suspiro. Los orbes del Jarl se fijaron en el culpable de aquel caos, y su pregunta llegó a sus oídos, mas tuvo que pensarse qué responderle a aquello que, en un inicio no parecía tener sentido. Mas una respuesta acudió rauda a sus labios ya entreabiertos. - No te confundas. Aquí el que se aburre eres tú. Por eso estás aquí - Una verdad incuestionable, una acusación directa. La luz volvió a iluminar de lleno la sala, aunque nunca diera al Jarl de lleno, si no que quedaba oculto bajo las sombras del trono. Y vio los movimientos del laguz, cómo se disponía a romper el espacio vital para directamente quedar frente a él. Incluso sintiendo sobre su pecho cubierto por una oscura chaqueta parda el apoyo que estaba usando el contrario para quedar frente a él de aquella manera. Y suspirando suavemente, resignado, decidió hacerle caso: prestar atención. Alzó una de sus manos para dejar sobre el reposabrazos libre los informes aún a medio leer, y su otra mano se alzó mientras se inclinaba más contra el respaldo para quedar mejor acomodado en el incómodo trono, pasándose la mano por los claros cabellos ondulados que quedaban libres de la trenza que los amarraba y que caía por uno de sus hombros.

Pero al poco la situación volvió a cambiar de sopetón: la figura frente a él desapareció para quedar acomodada en el reposabrazos donde no había dejado los informes, y el albino marcado fue capaz de apreciar la figura de una de las sirvientas del castillo que, anonadada, no pareció ser capaz de decir palabra en ese momento, claramente turbada. - ¿Ocurre algo? - Inquirió a pesar de todo con una seria naturalidad propia de su porte, observando con curiosidad a la sirvienta que, necesitó carraspear para retomar el habla. - M-mi Jarl... Siento interrumpir, pero... - La ceja de Brynjar se arqueó con casi incredulidad ante aquello. Pero si ya le interrumpían casi a diario en un millar de cosas y situaciones. ¿Ya para qué disculparse? Si no era por un aviso de ataque, era por una llegada de tropas, si no por problemas en la ciudad, peleas... Y ya para colmo, si llegaba esa figura demente que era su hermanastro, pues una interrupción más. - No es inconveniente. Prosigue - La apremió de aquella forma que, al parecer pareció intimidar a la pobre muchacha ya que se acongojó y reculó hacia atrás un paso. - Bueno... creí oportuno decir que la señora Freya ha salido del castillo... pero...[/b]
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Re: [Social] ¡En busca del sol! [Priv. Brynjar]

Mensaje por Suryha el Sáb Dic 23, 2017 3:38 pm

En sus labios la sonrisa fue desapareciendo al escuchar nombrar aquella dragona. Soltó el mapa de su mano para que fuese rondando hasta el hueco que había entre el reposabrazo donde estaba sentado y el lugar en el que descansaba Brynjar. Miró hacia el susodicho, ignorando por unos instantes a la sirvienta que probablemente seguiría observando algo descolocada, inquieta entre qué hacer o qué decir.

¿Mandaste a que vigilen a nuestra madre? –Inquirió con cierto tono de maldad. Se inclinó un poco hacia el frente, sujetándose del firme hierro bajo sus manos. Un trono. Claro, Brynjar era el Jarl de aquél lugar, no era de extrañarse que se sentara en el trono que alguna vez perteneció a su padre, y a su padre antes que él. ¿O quizás no?

Según lo que había entendido, había sido ese hijo del hombre el primero en instaurar una meritocrácia en el reino– ¿Pero? Continúa –Apremió, volteando a la muchacha su afilada mirada, quizás algo peligrosa, pero no amenazante como tal. Notó la sirvienta apretujar las telas de su falda y sonrió internamente, divertido. De un salto bajó de su asiento, terminando de pie en el suelo firme, a un lado del trono.

Dirigió una furtiva mirada a la muchacha, que había retrocedido un paso más– A-Al parecer la señora Freya... Se está encontrando con antiguos nobles de la época del señor... –Así que era eso. Chasqué su lengua, dio la espalda a la muchacha para no asustarla más de lo que ya había hecho por sus inacciones y dirigió una mirada de desacuerdo y hastío al Jarl– Pero ahora no hay nada extraño... P-Pero consideramos que debía de... De saber eso...

Espero que se la coman los osos... –Susurró en bajo, furtivo antes de caminar unos pasos a su izquierda, alejándose un poco del trono, aunque solo para dar media vuelta y quedar a espaldas del mismo– Por cierto ¿Recuerdas ese reno de entonces? El que me hizo caer en medio de la plaza. Pues encontré un grupo bastaaante grande y mucho más amistosos que ese reno –Fue hablando, rodeó con sus brazos el cuello del otro y simplemente permaneció así, haciendo caso omiso a cualquier cosa que podrían decir.

No le interesaba, no había forma de que le interesara lo que estuviese sucediendo con aquella mujer, sus intenciones de maldad sin medida, su violencia y rebeldía. Eventualmente habría preferido no tener nada que ver con ella ahora mismo, ni escucharla nombrar, a pesar de que no parecía ser algo que iba a poder simplemente ignorar tan fácilmente.

Hablar de renos era mucho más divertido, sin duda.
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